Arturo E. El cuerpo causal y el ego

ARTURO E. POWELL

 

EL CUERPO CAUSAL y EL EGO

Traducido del inglés por KATIE VAN OPPEN

 

DEDICATORIA

 

Este libro, como los tres que le han precedido, está dedicado con gratitud y aprecio, a todos aquéllos que con sus laboriosas investigaciones han proporcionado los materiales con los cuales el mismo ha sido realizado.

 

INTRODUCCIÓN

 

Esta obra constituye la cuarta y última de la serie de compilaciones que tratan de los cuerpos del hombre. El mismo plan se ha adoptado para la serie completa. Se han consultado minuciosamente, unos cuarenta volúmenes, la mayoría de ellos escritos por la Doctora Annie Besant y por el Obispo C. W. Leadbeater. El extraído material ha sido distribuido, ordenado y clasificado en secciones adecuadas para ofrecer al estudiante de Teosofía moderna, una explicación coherente, consecutiva y ordenada de los cuerpos más sutiles del hombre.

 

Además, se ha incluido considerable información acerca de los planos o mundos relacionados con los cuatro cuerpos del hombre. Por consiguiente, se puede decir en verdad, que en estos cuatro libros se encontrará la sustancia de casi todo cuanto han publicado los dos principales escritores mencionados sobre los misterios y complejidades de la Sabiduría Antigua, con excepción de ciertas especialidades bien marcadas (tal como la Química Oculta).

 

El compilador, por lo tanto, confía que la intensa labor a la que ha dedicado alrededor de tres años y medio, servirá para facilitar el camino para quienes deseen conseguir un conocimiento comprensivo de lo que podemos llamar los aspectos técnicos de la Teosofía moderna.

 

Teniendo en cuenta que, con toda probabilidad, nuestro conocimiento oculto de los planos más sutiles que el físico, aumentará enormemente en un cercano futuro; nos ha parecido conveniente emprender la tarea nada fácil de arreglar los datos que ya poseemos, en forma de libro de texto, antes de que la masa de material resulte demasiado voluminosa para ordenarla. Con tal ordenamiento de los materiales a nuestra disposición, construiremos un delineamiento o armazón, al que podemos ir agregando, nuevos datos e informes a medida que estén más a nuestro alcance.

 

Unas dos terceras partes de los diagramas que aparecen en esta obra son originales; los restantes, con ligeras modificaciones, han sido tomados de las obras del Obispo Leadbeater, y unos pocos del "Estudio sobre la Conciencia", de la Doctora Annie Besant.

 

Otra división del conocimiento teosófico, gran parte completo en sí mismo y por tanto especializado, es el Plan de Evolución del hombre. Esta división trata de los Globos (tal como el de la Tierra), las Rondas, Cadenas, Razas, Sub-razas, etc. El compilador confía que en un futuro cercano, podrá ofrecer un volumen dedicado a esta especialización de la Teosofía técnica.

 

  1. E. P.

 

 

 

 

Capítulo I

 

DESCRIPCIÓN GENERAL

 

En los tres volúmenes anteriores de esta serie, a saber: "El Doble Etérico", "El Cuerpo Astral” y "El Cuerpo Mental"; se ha estudiado la historia de la vida de cada una de las tres envolturas inferiores del hombre. En dichos estudios, nos ha sido suficiente tomar cada una de esas tres envolturas, tal como existen en el hombre y analizar cómo actúa, las leyes de su crecimiento, la muerte de la misma y luego la formación a base del núcleo proporcionado por los átomos permanentes y la unidad mental, de una nueva envoltura de la misma clase, que permita al hombre continuar su evolución en los tres planos inferiores.

 

Al emprender el estudio del cuerpo causal del hombre, entramos en una nueva fase del nuestro trabajo y tendremos que dar mucha mayor amplitud a nuestra perspectiva de la evolución del ser humano. La razón de esto reside en que mientras los cuerpos etérico, astral y mental existen durante una sola encarnación, es decir que son netamente mortales, el cuerpo causal persiste durante la entera evolución del hombre, pasando por muchas encarnaciones, y por consiguiente, es relativamente inmortal. Decimos relativamente inmortal, deliberadamente, pues, como se verá a su debido tiempo, se llega a un punto en que el hombre habiendo terminado su evolución humana puramente normal, comienza su evolución supernormal, y pierde de hecho el cuerpo causal en el que ha vivido y evolucionado durante las pasadas etapas de su desarrollo.

 

Por este motivo al tratar del cuerpo causal humano, ya no nos encontramos dentro de los confines de la personalidad, observando alguno de los cuerpos de la misma y viendo desde su propio punto de vista cómo sirve a la evolución del nombre real que lo utiliza; sino que hemos de situarnos al lado del hombre mismo, mirando desde arriba de dichos cuerpos y considerándolos como otros tantos instrumentos temporarios construidos para el uso del hombre mismo, los que se abandonan, una vez que han cumplido su propósito, como se deja a un lado una herramienta rota.

 

A fin de que nuestro estudio resulte comprensivo y para completarlo de modo que sea intelectualmente satisfactorio, habremos de descubrir y estudiar el origen y nacimiento del cuerpo causal; es decir, cómo fue formado en primer lugar. Al encontrar que tuvo un principio, vemos en seguida no sólo que ha de tener un fin, sino que también ha de haber alguna otra forma de conciencia que se sirve de dicho cuerpo, así como el Ego en el cuerpo causal utiliza los vehículos de la personalidad. Esta otra forma de conciencia, es naturalmente la Mónada humana. De ahí que, para poder comprender plenamente la parte que el cuerpo causal desempeña en el proceso de evolución humana, tendremos que estudiar también la Mónada.

 

Retornando al nacimiento o formación del cuerpo causal, de inmediato nos vemos obligados a entrar a considerar el tema algo complicado de las Almas-Grupales. Buscando el origen de éstas, nos remontamos paso a paso a las Tres Grandes Emanaciones de la Vida Divina, de las cuales surgen todas las formas de vida manifestada. Al estudiar las Tres Emanaciones, necesariamente tendremos que considerar también hasta cierto punto, la formación del mundo material en el que se proyectan dichas Emanaciones.

 

Para que nuestro estudio del cuerpo causal sea comprensivo, habremos de describir, aunque sólo en breve delineamiento, la formación del campo de evolución; la afluencia a tal campo de las grandes corrientes de vida; el advenimiento de las Mónadas, con la ayuda de los átomos permanentes, en el universo material; el desenvolvimiento gradual de la vida en las Almas grupales, hasta que, con el tiempo y después de largos períodos de existencia, se alcanza el punto de Individualización, cuando aparece por vez primera el cuerpo causal.

 

Desde este momento, nuestro estudio seguirá el mismo curso de las obras anteriores de esta serie. Tendremos que tratar sucesivamente de las funciones del cuerpo causal, de la composición y estructura del mismo, de la naturaleza del pensamiento causal, del desenvolvimiento y facultades del cuerpo causal, y la parte de la vida después de la muerte, pasada en dicho cuerpo en los mundos celestiales superiores.

 

Luego examinaremos más detalladamente la entidad, o sea el Ego que habita y utiliza el cuerpo causal y que se proyecta desde el mismo, personalidad tras personalidad, durante el ciclo de reencarnaciones. Deberemos examinar lo que se denomina Trishna, la "sed", verdadera causa de la reencarnación; los átomos permanentes y el mecanismo de aquélla; la actitud que el Ego asume hacia todo el proceso de la misma y hacia las personalidades que proyecta él a los mundos inferiores.

 

Toda la relación del Ego con la personalidad, su vínculo con la misma y la manera cómo la usa, habrá de ser cuidadosamente exami­nada. Dedicaremos un capítulo especial a ciertos auxilios sacramentales para fortalecer y mejorar el vínculo entre el Ego y la personalidad y otro a un análisis razonado de la memoria de vidas pasadas.

 

Después describiremos, hasta donde sea posible, la vida del Ego en su propio plano. Esto nos lleva a la Iniciación en la Gran Fraternidad Blanca, en que el cuerpo causal se desvanecedor un tiempo. Habremos de intentar alguna descripción de la conciencia búdica y un suscinto epítome de los hechos ya conocidos con respecto a las Iniciaciones Segunda y Superiores.

 

Finalmente terminaremos nuestra larga exposición con la relación del Ego con su "Padre en el Cielo" o sea la Mónada.

 

De manera que el campo que intentamos abarcar en esta obra es muchísimo más extenso que los volúmenes anteriores de esta serie. Se espera que esta obra permitirá al estudiante de Teosofía obtener una amplia comprensión del maravilloso panorama de la evolución humana y le hará ver en perspectiva exacta, la parte que desempeña cada uno

de los cuatro cuerpos sutiles del hombre: el etérico, el astral, el mental y y el causal.

 

 

 

Capítulo II

 

EL CAMPO DE EVOLUCIÓN

 

Por "campo de evolución" queremos significar el universo material en el cual la evolución se desarrolla. Estrictamente hablando, vida o espíritu y materia, no son en realidad existencias separadas y distintas, sino más bien polos opuestos de un solo noúmeno; pero a los fines del análisis y del estudio intelectual, es conveniente considerar estos dos aspectos o polos como si fueran separados y distintos, algo así como un constructor considera separadamente los planos y secciones de un edificio, aunque éstos sean meramente partes integrantes de una sola entidad — el edificio mismo.

 

El campo de evolución en nuestro sistema solar se compone de siete planos o mundos. Podemos considerar a éstos como formando tres grupos, a saber:

 

  1. — El campo de manifestación egoica únicamente.

 

  1. — El campo de evolución super-normal.

 

  1. — El campo de evolución normal para los reinos humano, animal, vegetal, mineral y elemental.

 

Estos datos están contenidos en la Tabla que sigue.

 

Podemos concebir los planos Adi y Anupadaka, como existentes antes de la formación del sistema solar e imaginar el plano Adi compuesto de una parte de materia del espacio simbolizada por puntos, que marca el Logos para formar la base material del sistema que Él está a punto de producir.

 

El plano Anupadaka,  simbolizado por líneas, nos lo podemos, imaginar como compuesto de la misma materia modificada o coloreada por la vida individual del Logos o sea su conciencia, que compenetra todas las cosas de alguna manera, y así difiere este plano del correspondiente en otro sistema solar. Estas ideas podemos simbolizarlas en líneas generales, como en el Diagrama I:

 

 

LOS CAMPOS DE EVOLUCIÓN

 

Número de

Nombre

 

 

Campo de Evolución

 

Grupo            Serie

 

Sánscrito         Castellano

 

I

1

Adi

No tiene   (a)

Logóico

 

2

Anupadaka

 

No tiene  (a)

 

II

3

 

Atma

 

Espíritu

Super-normal. humana. Es decir, "Iniciados".

 

4

Buddhi

Intuición

 

III

5

 

Manas

 

Mente

 

Normal, humana, ani­mal, vegetal,   mineral y entidades elementa­les.

 

6

 

Kama

 

Emoción

 

 

7

Sthula

Actividad física

 

  • Adi significa literalmente  "primero".
  • Anupadaka significa literalmente "sin vestidura".

 

 

 

Primera Etapa

 

 

El Logos delimita Su Universo en el plano Adi

 

 

Segunda Etapa

 

El Logos modifica esta materia con Su propia vida individual en el plano Anupadaka.

 

Diagrama I. — Principio de un Universo

 

Podemos ilustrar este proceso preparatorio por medio dé dos series de símbolos: uno, que muestra la triple manifestación de la conciencia del Logos, y el otro, el triple cambio en la materia en correspondencia con el triple cambio de conciencia.

 

Tomando primeramente la manifestación de la conciencia una vez que el lugar del universo ha sido demarcado (véase Diagrama II): 1. El Logos mismo aparece como un punto en el centro de la esfera. 2. El Logos avanza desde el punto en tres direcciones hasta la circunferencia o círculo de materia. 3. La conciencia del Logos vuelve sobre sí misma, manifestando en cada punto de contacto con el círculo, uno de los tres aspectos fundamentales de la conciencia, conocidos como Voluntad, Sabiduría y Actividad, o con otros términos. La unión de los tres aspectos o fases de manifestación en los puntos de contacto con el círculo, da el triángulo básico de contacto con la materia. Este triángulo, junto con los tres formados por las líneas trazadas por él punto, produce la "divina Tetrada", llamada a veces, el Cuaternario Cósmico.

 

EL SITIO ESTÁ MARCADO

eL LOGOS APARECE COMO UN PUNTO

EL LOGOS SALE EN TRES DIRECCIONES

LA CONCIENCIA VUELVE SOBRE SI MISMA

 

 

 

 

 

 

 

Diagrama II. — Manifestación de la Conciencia del Logos

 

Tomando ahora los cambios producidos en la materia universal en correspondencia con las manifestaciones de conciencia, tenemos en la esfera de sustancia primordial, la materia virgen del espacio (véase Diagrama III): 1. El Logos aparece como un punto, irradiando la esfera de materia. 2. El punto vibrando entre el centro y la circunferencia, trazando así la línea que marca la separación entre el espíritu y la materia. 3. El punto con la línea que gira con el mismo, vibrando en ángulo recto con la anterior vibración, forma la Cruz primordial dentro del círculo.

 

MATERIA VIRGEN DEL ESPACIO

EL LOGOS APARECE COMO UN PUNTO EN LA ESFERA DE LA MATERIA

EL PUNTO VIBRA ENTRE EL CENTRO Y LA CIRCUNSFERENCIA

EL PUNTO Y LA LINEA VIBRAN EN ANGULO RECTO CON LA VIBRACION ANTERIOR

 

 

 

 

 

 

Diagrama III.  —  La  Respuesta  de la  Materia

 

Así se dice que la Cruz "procede" del Padre (el punto) y del Hijo (el diámetro). Representa al Tercer Logos, la Mente Creadora, la Actividad divina dispuesta para manifestarnos como Creador.

 

 

 

 

Capítulo III

 

EL ADVENIMIENTO DE LAS MÓNADAS

 

Antes de considerar la actividad creadora del Tercer Logos y la minuciosa preparación del campo de evolución, hemos de ver cómo se originan las Mónadas o unidades de conciencia, para cuya evolución en la materia se prepara el campo de un universo. En un capítulo posterior trataremos el tema de la actividad del Tercer Logos.

 

Las innumerables unidades de conciencia que se han de desarrollar en un universo, son generadas dentro de la vida divina, antes de que esté formado su campo de evolución. De este advenimiento se ha escrito: "Eso determinado, Yo me multiplicaré y naceré". (Chhandopanishat, VI. II. 3); así los Muchos surgen del Uno por un acto de voluntad. Este acto de voluntad es el del Primer Logos, el Señor indiviso, el Padre.

 

Se describe las Mónadas como chispas del Fuego Supremo, como fragmentos Divinos. El Catecismo Oculto citado en la Doctrina Secreta, tomo I, pág. 239, dice: "Levanta tu cabeza, ¡oh Lanu!; ¿ves una o innumerables luces encima de ti, ardiendo en el cielo oscuro de la media noche? Yo percibo una Llama, ¡oh Gurudeva!; veo innumerables y no separadas centellas que en ella brillan". La Llama es Ishvara en Su manifestación como Primer Logos; las chispas no separadas son las Mónadas humanas y otras. Se han de notar especialmente las palabras "no separadas", pues significan que las Mónadas son el Logos Mismo.

 

Se puede definir la Mónada como fragmento de vida divina separada, como entidad individual, por la película más sutil de materia; materia tan rarificada que, aunque da a cada una forma separada, no ofrece obstáculo a la libre intercomunicación de una vida así encerrada, con las vidas similares que la rodean.

 

Por lo tanto, una Mónada no es pura conciencia o Ser puro, samvit; es decir, una abstracción. En el universo concreto están siempre el Yo y sus envolturas, por muy tenues que sean éstas, de manera que una unidad de conciencia es inseparable de la materia. Es por esto que una Mónada es conciencia más materia.

 

La Mónada de la Teosofía es el Jivatma de la filosofía hindú, el Purusha de la filosofía Samkya, el Yo particularizado de la Vedanta.

 

Como la vida de las Mónadas proviene del Primer Logos, podemos describirlas como hijos del Padre; lo mismo que el Segundos Logos es igualmente Hijo del Padre; pero las Mónadas son Hijos más jóvenes, sin ninguno de sus poderes divinos que las capacite para actuar en materia más densa que la de su propio plano —el Anupadaka—; en tanto que él Segundo Logos,con edades de evolución tras de Él, está preparado para ejercer Sus divinos poderes como "el primogénito entre muchos hermanos".

 

Aunque las raíces de su vida se encuentran en el plano Adi, la morada de las Mónadas está en el plano Anupadaka, todavía sin formas, por medio de los cuales pueden expresarse, esperando el día de la "manifestación de los Hijos de Dios". Permanecen en dicho plano, mientras el Tercer Logos emprende la obra externa de manifestación, dando forma a la materia del universo objetivo. Describiremos esta obra en el capítulo siguiente.

 

El diagrama IV indica las Mónadas esperando en su propio plano mientras se forma el mundo en el que se han de desarrollar.

 

Estas Unidades de Conciencia conocidas como Mónadas, se describen como los Hijos, que moran desde el principio de una edad creadora, en el "seno del Padre" y que no "han alcanzado todavía perfección por el sufrimiento". Cada una de ellas es verdaderamente "igual al Padre" en cuanto a su Divinidad; pero inferior al Padre, en cuanto a su naturaleza humana" —según las palabras del Credo Atanasio—. Cada una de ellas ha de penetrar en la materia, a fin de "hacer todas las cosas sujetas a ella". (1ª Corintios, XV, 28). Ha de ser "sembrado de debilidad" para que "pueda ser resucitado en poder". (Ibid., XV, 43). De la condición estática envolviendo todas las potencialidades divinas, ha de llegar a ser dinámica, desarrollando todos los poderes divinos.

 

Aunque omnisciente y omnipresente en su propio plano —el Anupadaka— es inconsciente, "insensible" en todos los demás; ha de velar su gloria en materia que lo ciega, a fin de llegar a ser omnisciente y omnispresente en todos los planos, capaz de responder a todas las vibraciones divinas en el universo y no solamente a las que se encuentran en los más elevados niveles.

 

 

Los cinco planos inferiores

 

aún no están formados por

 

el Tercer Logos

 

 

 

Diagrama IV. — El Advenimiento de las Mónadas

 

Como las Mónadas derivan su ser del Primer Logos, la voluntad de Éste de manifestarse es también la voluntad de aquéllas. De ahí que todo el proceso de la evolución del "Yo" individual es una actividad escogida por las Mónadas mismas. Estamos aquí en los mundos de materia, porque como Mónadas hemos querido vivir; somos Auto-impulsados, Auto-determinados.

 

Este impulso divino, buscando siempre la más amplia manifestación de vida, es perceptible en toda la naturaleza y con frecuencia se lo denomina la Voluntad-de-vivir. Aparece en la semilla al asomar su brote hacia la luz, en el capullo rompiendo su prisión y expandiéndose a la claridad del sol. Es el genio creador del pintor, el escultor, el poeta, el músico, y el artífice. El placer más sutil, el sabor más intenso de exquisita delicia, proviene de este impulso interior a crear. Todas las cesas sienten más vitalidad cuando se multiplican por creación. La expansión, el incremento, provienen de la Voluntad-de-vivir; la fructificación es Suprema felicidad de vivir, el gozo de estar vivo.

 

 

 

Capítulo IV

 

FORMACIÓN DE LOS CINCO PLANOS

 

Volvamos ahora al proceso de creación. El Tercer Legos, la Mente Universal, actúa sobre la materia del espacio —Mulaprakriti, la celes­tial Virgen María— cambiando del equilibrio estable en equilibrio ines­table Jas tres cualidades de la misma, Tamas (Inercia), Rajas (Movilidad), y Sattva (Ritmo); poniéndolas por consiguiente en movimiento continuo, una en relación con las otras.

 

El Tercer Logos crea así los átomos de los cinco planos inferiores — Atma, Buddhi, Manas, Kama y Sthula. "Fohat los electrifica dándoles vida y separa la sustancia primordial, o materia pregenética, en átomos."

 

Hemos de advertir entre paréntesis, que hay tres etapas en la for­mación de estos átomos:

 

(1)     La fijación, de los límites dentro de los cuales la vida del Logos vibrará. Esto se conoce como la "divina medida" o Tamantra, cuyo significado literal es: La medida de "Eso", siendo "Eso" el Espíritu divino.

 

(2)     La demarcación de los ejes de crecimiento del átomo; las líneas que determinan su forma corresponden a los ejes de los cristales.

 

(3)     Por la intensidad de la vibración y de la relación angular de los ejes entre sí, se determina la superficie o pared del átomo.

 

Bajo la actividad directiva del Tercer Logos, se despiertan en los átomos de cada plano, nuevos poderes y posibilidades de atracción y de repulsión: de manera que se congregan en moléculas; de estas moléculas simples se forman otras más complejas, hasta que en cada uno de los cinco planos hay seis subplanos inferiores, habiendo >siete en total en cada plano.

 

La materia de los subplanos así formados, no es, sin embargo, la existente ahora; las que producen nuevas integraciones en las formas de materia con las cuales estamos familiarizados, son las energías más fuertemente atrayentes y cohesivas del Segundo Logos, o sea el aspecto Sabiduría o Amor.

 

Además, las corrientes giratorias de los átomos, conocidas como es pirillas, no están constituidas por el Tercer Logos, sino por la Mónadas, de las que trataremos más adelante. Las espirillas alcanzan plena actividad en el curso de la evolución, normalmente una, en cada Ronda. Muchas de las prácticas de Yoga van dirigidas a producir un desenvolvimiento más rápido de las espirillas.

 

De manera que en todo átomo van involucradas innumerables posibilidades de responder a los tres aspectos de conciencia; posibilidades que se desenvuelven en el átomo durante el curso de la evolución.

 

A esta obra del Tercer Logos, se la denomina corrientemente la Primera Oleada do Vida o la Primera Emanación.

 

El Diagrama V ilustra esta obra del Tercer Logos o Primera Emanación. Hemos do considerar esta cuestión y el ascenso de la Primera Emanación con mayor amplitud en capítulos posteriores, al tratar lo que se refiere a la Segunda Emanación.

 

 

Diagrama V — La Formación de los Cinco Planos Inferiores

 

 

 

Capítulo V

 

LOS REINOS DE VIDA

 

La Segunda Gran Oleada de Vida Divina, procedente del Segundo Logos o Segunda Persona de la Trinidad, desciende a la materia vivificada por el Tercer Logos; ésta es conocida generalmente corno la Se­gunda Emanación. La Segunda Persona de la Trinidad toma forma así, no sólo de la materia "virgen" o improductiva, sino de la materia ya animada por la vida de la Tercera Persona. Tanto la vida como la ma­teria ¡la cubren como vestimenta. Es así exacta la afirmación que "encarna del Espíritu Santo y de la Virgen María", lo cual es el verdadero significado de este importante párrafo del Credo cristiano.

 

Lenta y gradualmente, esta irresistible corriente de vida fluye a través de los diversos planos y reinos, permaneciendo en cada uno de ellos un período igual en duración a la total encarnación de una cadena planetaria, que comprende muchos millones de años. (Nota: Una cadena planetaria consta de siete globos de materia de varios grados, alrededor de cuyos globos pasa siete veces completa la corriente de vidas evolucionantes).

 

En los diversos estados de este descenso, la vida de la Segunda Emanación recibe diversos nombres. En conjunto se la llama frecuentemente esencia monádica; aunque este término está más bien limitado a la porción revestida únicamente de la materia atómica de los distintos planos. Se le dio originalmente este nombre porque llegó a ser adecuado para proporcionar átomos permanentes a las Mónadas.

 

Cuando esta vida anima materia de los subplanos inferiores de cada plano, es decir, todos los que están por debajo del atómico que se com­ponen de materia molecular —se la llama Esencia Elemental—. Este nombre se ha tomado de los escritos de ocultistas medievales, quienes lo aplicaron a la materia de que estaban compuestos los cuerpos de los espíritus de la naturaleza, pues llamaban a éstos "Elementales", divi­diéndolos en clases pertenecientes a los "Elementos" de Fuego. Aire, Agua y Tierra.

 

Cuando la Emanación u Oleada de Vida Divina, que en evos anteriores ha terminado su evolución descendente por el plano búdico, baja al nivel más elevado del plano mental, anima grandes masas de materia atómica mental. En esta, su condición más simple, no combina los átomos en moléculas a fin de crear un cuerpo para sí, sino que, en virtud de su atracción, les aplica una inmensa fuerza compresora.

 

Podemos imaginar que esta fuerza, al llegar por vez primera en su descenso a este plano, no está adaptada a las vibraciones del mismo y es incapaz de responder a ellas. Durante el evo que permanecerá en este nivel, su evolución consistirá en adaptarse a vibrar en todos los grados posibles allí, para que, en un momento dado, pueda animar y utilizar cualquier combinación de la materia de dicho plano. Durante este prolongado período de evolución, habrá experimentado todas las combinaciones posibles de la materia de los tres niveles arupa (sin forma) o causales; pero al terminar el tiempo vuelve al subplano atómico, no como era antes, naturalmente, sino trayendo latentes en sí, todos los poderes que ha adquirido.

 

La Oleada de Vida, después de reunir la materia del plano causal, combina entonces lo que en estos niveles corresponde a sustancias, y con éstas construye formas que ella habita; esto se llama el Primer Reino Elemental.

 

Como estamos tratando de la esencia monódica en su arco descendente, el progreso para ella significa descenso a la materia en vez de ascenso hacia los planos superiores, como en el caso del hombre. Por lo tanto, esta esencia,  aún en el plano causal, no está más evolucionada que nosotros; pero tai vez sería más correcto decir que está menos involucionada, por cuanto la evolución de la misma en el sentido estricto del término, aún no ha comenzado.

 

El Primer Reino Elemental consta de siete subdivisiones, la más elevada de las cuales corresponde al primer subplano; la segunda, tercera y cuarta corresponden al segundo subplano; la quinta, sexta y séptima corresponden al tercero.

 

Después de evolucionar a través de diferentes formas, durante un completo período de cadena en dicho Reino, la oleada de vida que constantemente presiona hacia abajo, se identifica con estas formas a tal punto que, en vez de ocuparlas y abandonarlas periódicamente, está en condición de retenerlas permanentemente y hacerlas parte de sí misma. Al llegar a este estado, puede proceder a ocupar temporalmente formas en un nivel todavía más bajo. En consecuencia, la oleada de vida toma formas en los subplanos mentales inferiores o rupa (forma) del plano mental y entonces es conocida como el Segundo Reino Elemental. El estudiante ha de tener en cuenta que la vida animante reside en el nivel mental superior o causal, mientras que los vehículos por medio de los cuales se manifiesta, se encuentran en el plano mental inferior.

 

El Segundo Reino Elemental consta de siete subdivisiones, la más elevada de las cuales corresponde al cuarto subplano; la segunda y la tercera subdivisiones corresponden al quinto; la cuarta y la quinta al sexto; la sexta y séptima al séptimo.

 

Para mayor claridad, damos la siguiente Tabla de las subdivisiones de los Reinos Elementales Primero y Segundo:

 

Planos

Subplanos

               Elemental

 

 

 

Subdivisiones

Reinos

 

1

1

 

Mental superior

2

2:3:4

Primero

 

3

5:6:7

 

 

4

1

 

Mental inferior

5

2:3

Segundo

 

6

4:5

 

 

7

6:7

 

 

Después de pasar un período de cadenas en este estado, la constante presión hacia abajo produce la repetición del proceso. Una vez más, la vida se ha identificado con sus formas y ha tomado su residencia en los niveles del mental inferior. Luego toma formas de materia astral y se convierte en el Tercer Reino Elemental.

 

Como vimos en "El Cuerpo Astral" y en "El Cuerpo Mental", las esencias elementales tanto mental como astral, están estrechamente vinculadas al hombre y entran en gran medida en la composición de sus vehículos.

 

Después de permanecer todo un período de cadenas en el Tercer Reino Elemental, la vida de nuevo se identifica con tales formas y así puede animar la parte etérica del reino mineral, llegando a ser la vida que vivifica a ese reino.

 

En el curso de la evolución mineral, la presión hacia abajo da motivo a que la vida se identifique con las formas etéricas y desde éstas anima la materia más densa de los minerales que percibimos con nuestros sentidos.

 

Lo que conocemos como reino mineral, comprende naturalmente, no sólo lo que se llama por lo general minerales, sino también líquidos, gases, y muchas sustancias etéricas no conocidas todavía por la ciencia ortodoxa occidental.

 

Mientras se encuentra en el reino mineral, se denomina a veces a la vida "La Mónada mineral", así como en estados posteriores se la llama "Mónada vegetal" y "Mónada animal". Estos nombres confunden, porque parecen sugerir que una gran Mónada anima a todo el reino, lo cual no es así; porque hasta cuando la esencia monádica aparece por vez primera entre nosotros como Primer Reino Elemental, ya no es una Mónada, sino muchísimas Mónadas; no una sola gran corriente de vida, sino muchas corrientes paralelas, cada una de las cuales posee características propias.

 

En cuanto la Emanación haya alcanzado el punto central del reino mineral, la presión hacia abajo cesa y es reemplazada por la tendencia hacia arriba. La "exhalación" ha cesado y comienza la "inhalación" o atracción hacia adentro.

 

Se observará que si no hubiese más que una Emanación de vida que pasara de un reino al siguiente, habría en un tiempo dado un solo reino en existencia. Sabemos que esto no es así; la razón es que el Logos envía una constante sucesión de oleadas de vida, de modo que en cualquier momento encontramos varias de ellas en acción. Así, nosotros mismos representamos una de esas oleadas; la que sigue inmediatamente a la nuestra anima ahora al reino animal; la siguiente está ahora en el reino vegetal; y la cuarta se encuentra en estado mineral; mientras que la quinta, la sexta y la séptima están representadas por los Reinos Elementales. Todas estas son ondulaciones sucesivas de la misma gran Emanación procedente del Segundo Aspecto del Logos.

 

Todo el plan tiende, cada vez más, hacia la diferenciación; las co­rrientes, a medida que descienden de reino en reino, se dividen y subdividen más y más. Es posible que antes de que tenga lugar toda esta evolución, haya un punto en que podamos pensar que esta gran Emanación es homogénea; pero de ello nada se sabe.

 

El proceso de subdivisión continúa hasta que —al término de la primera gran etapa de la evolución— se divide finalmente en individualidades o sea en nombres, siendo cada uno de ellos un alma separada y distinta, aunque al principio, como es natural, sin desenvolvimiento.

 

Considerando la obra de la Segunda Oleada de Vida o Segunda Emanación en conjunto, podemos justamente considerar su descenso re­lacionado con la preparación de tejidos primarios, de los cuales se for­marán, a su debido tiempo, cuerpos sutiles y densos. A este proceso en ciertas escrituras antiguas se llama precisamente "tejido". Los materiales son preparados por el Tercer Logos; el Segundo Logos los teje en hilos y telas, de los cuales se harán las futuras vestiduras exteriores o sea los cuerpos.

 

Podemos considerarlo al Tercer Logos como el Químico en su laboratorio; al Segundo Logos como el Tejedor trabajando en una fábrica. Así, el Segundo Logos "teje" varias clases de telas, es decir el material del cual se harán más tarde los cuerpos causal y mental de los hombres. De la tela de material astral o sustancia de deseos se formarán después los cuerpos astrales de los humanos.

 

De esta manera se da forma a los materiales del mecanismo de la conciencia; las características de cada clase de material son determinadas por la naturaleza de los Conglomerados de partículas, textura, color, densidad, etc.

 

Todo este movimiento en descenso de la Oleada de Vida á través de les planos, dando cualidades a los muchos grados de materia, es la preparación para la evolución; a esto con frecuencia y más propiamente se le llama involución.

 

Una vez alcanzado el estado más bajo de inmersión en la materia, tanto la Primera como la Segunda Emanación inician su largo ascenso a través de los planos; esto es la evolución propiamente dicha.

 

El Diagrama VI es un intento de ilustrar gráficamente la Primera Emanación procedente del Tercer Logos, que forma la materia de los cinco planos inferiores y la Segunda Emanación que toma la materia vivificada por el Tercer Logos, la moldea y la anima para producir los tres Reinos Elementales y el Reino Mineral, y, en debida sucesión, los Reinos Vegetal y Animal.

 

Se indica también en el Diagrama VI la Tercera Emanación procedente del Primer Logos; Emanación que origina la formación de entidades individuales o seres humanos. De esto nos ocuparemos extensamente más adelante en nuestro estudio.

 

El estudiante ha de conservar cuidadosamente la exacta posición de las figuras que representan a cada reino en el Diagrama VI. Así el mineral está representado en toda su amplitud en la parte más densa del plano físico, demostrando que la vida allí, tal cual es, tiene pleno dominio sobre la materia física densa. Pero se estrecha más y más a medida que asciende por los subplanos etéricos, indicando que el dominio sobre la materia etérica aún no es perfecto.

 

La puntita que penetra en el plano astral indica que un poco de conciencia actúa en la materia astral. Esta conciencia es el principio de deseo, que en el reino mineral se expresa como afinidad química, etc. Nos referiremos nuevamente a este punto al tratar de las Almas-Grupales minerales.

 

Diagrama VI – Los Reinos de la Vida

La faja que representa el reino vegetal tiene toda su amplitud en el plano físico, tanto en el denso como en el etérico. La parte que representa la conciencia astral es naturalmente mucho mayor; porque el deseo está más desarrollado en el reino vegetal que en el mineral. Quienes se dedican al estudio de la vida de las plantas saben que numerosos integrantes del reino vegetal muestran gran ingenuidad y sagacidad para alcanzar sus fines, por limitados que éstos nos parezcan desde nuestro punto de vista.

 

La faja correspondiente al reino animal aparece en toda su amplitud en el subplano astral inferior, mostrando que el animal es capaz de experimentar plenamente los deseos más bajos; pero el estrechamiento de la faja en los subplanos superiores indica que su capacidad para sentir deseos superiores es mucho más limitada. No obstante la posibilidad existe; ocurre en casos excepcionales que el animal manifiesta afecto y fidelidad de calidad muy elevada.

 

La faja que representa el reino animal muestra también que éste ya ha desarrollado la inteligencia, la cual necesita materia mental para expresarse. Se acepta generalmente, ahora, que algunos animales tanto domésticos como salvajes, ejercitan indudablemente el poder de razonamiento de causa a efecto, aunque las líneas sobre las cuales pueden razonar son naturalmente pocas y limitadas y la facultad carece todavía de potencia.

 

Como la faja representa el promedio de los animales, la punta penetra en el subplano más bajo del plano mental únicamente; pero en los animales domésticos altamente evolucionados, la punta fácilmente puede extenderse al más elevado de los cuatro subplanos inferiores, aun­que no dejarla de ser siempre un punto y no toda la amplitud de la faja.

 

Ya que estamos considerando los grados relativos de conciencia en los diversos reinos, podemos adelantar algo, e indicar el estado alcanzado por el hombre. La faja, que en el Diagrama VI representa al reino humano, aparece en toda su amplitud hasta el subplano más bajo del plano mental, indicando que la facultad de raciocinio del hombre está plena­mente desarrollada hasta ese nivel. En las subdivisiones superiores del plano mental inferior, la facultad de raciocinio no está aún plenamente desarrollada, como lo indica el estrechamiento de la faja.

 

No obstante, la punta que penetra en el plano mental superior o causal, introduce un factor enteramente nuevo, por cuanto el hombre posee un cuerpo causal y un ego permanente que reencarna.

 

En la gran mayoría de los humanos, la conciencia no se eleva más allá del tercer subplano mental. A medida que avanza su desenvolvimiento el ego solo es capaz de elevar su conciencia gradualmente al se­gundo o al primero de los subplanos del mental.

 

La faja de la extrema derecha representa a un hombre mucho más avanzado que el corriente. Aquí tenemos indicada la conciencia del hombre altamente espiritual, que ha evolucionado más allá del cuerpo causal, de manera que el hombre puede actuar libremente en el plano búdico y también posee conciencia —por lo menos mientras se encuentra fuera del cuerpo— en el plano de Atma.

 

Se observará que el centro de conciencia del hombre en tal grado indicada por la parte más ancha de la faja, no está como en la mayoría de los hombres, en los planos físico y astral, sino entre los planos mental superior y búdico. Estos están mucho más desarrollados que sus partes inferiores y pese a que todavía retiene él su cuerpo físico, este cuerpo está indicado sólo por una punta; la explicación reside en el hecho de que lo retiene únicamente por la comodidad de trabajar en él, y no porque sus pensamientos y deseos estén radicados en él. Tal hombre ha trascendido todo karma que lo ligue a la encarnación; conserva los cuerpos inferiores sólo para poder trabajar por medio de ellos en favor de la humanidad y derramar en los planos inferiores fuerzas que de otra manera no podrían llegar a ellos.

 

Después de esta necesaria digresión para explicar los grados rela­tivos de conciencia alcanzados por cada uno de los reinos de la naturaleza, es importante hacer notar que el proceso evolutivo, que da expresión a la conciencia involutiva, ha de empezar por los contactos recibidos en su cuerpo más exterior, es decir en el plano físico. La conciencia sólo puede darse cuenta de algo externo por impactos con su propio exterior. Hasta entonces, ella sueña dentro de sí misma, a medida que los débiles estremecimientos internos, procedentes de la Mónada, ejercen ligera presión en el Jivatma (Atma-Buddhi-Manas) como un manantial de agua pugna por brotar de debajo de la tierra.

 

En capítulos sucesivos, trataremos a su debido tiempo del proceso de su ascenso y de la Tercera Emanación, que dan por resultado la formación del cuerpo causal del hombre.

 

Volviendo a la Segunda Emanación, hemos de hacer notar, que no sólo se divide en grado casi infinito, sino que además parece diferen­ciarse en sí misma, de manera que llega por millones de canales en cada plano y subplano. Así, en el plano búdico aparece como principio Crístico en el hombre; en los cuerpos mental y astral de éste, vivifica varias capas de materia, apareciendo en la parte superior del astral como una noble emoción y en la parte inferior como una mera precipitación de fuerza vital, que vivifica la materia de dicho cuerpo. En su manifestación más baja, se precipita desde el cuerpo astral a los chakras o centros de fuerza eterices, donde se une a Kundalini, que surge del interior del cuerpo humano.

 

De pasada haremos notar también, que Kundalini o fuego serpentino que surge del interior del ser humano, pertenece a la Primera Emanación y existe en todos los planos de los cuales conocemos algo. Esta fuerza de Kundalini es naturalmente muy distinta de Prana o Vitalidad, perteneciente a la Segunda Emanación, y también de Fohat, o sea de todas las formas de energía física; tales como electricidad, luz, calor, etc. (véase "El Doble Etéreo", "El Cuerpo Astral" y "El Cuerpo Mental).

 

Kundalini viene al cuerpo humano desde el "laboratorio del Espíritu Santo" en las profundidades de la tierra, donde todavía se producen nuevos elementos químicos, mostrando creciente complejidad de forma, vida y actividad cada vez más enérgicas.

 

Pero Kundalini no es la parte de la Primera Emanación dedicada a construir elementos químicos; es más bien un mayor desenvolvimiento de la fuerza que se encuentra en el centro viviente de tales elementos, como el radio. Kundalini es parte de la Primera Emanación después de haber alcanzado la máxima inmersión en la materia y ascendido una vez más a las alturas de las cuales procede.

 

Se ha dicho ya, que, hablando en general, la Oleada de Vida, que desciende a través de los mundos de materia, causa diferenciación siempre creciente en su retorno hacia arriba; pero produce sin embargo la reintegración en la unidad.

 

 

 

Capítulo VI

 

LA ANEXIÓN DE LOS ÁTOMOS

 

I — TRIADA SUPERIOR

 

Como vimos en el capítulo precedente, la Segunda Emanación no sólo fluye por los cinco planos, trayendo a la existencia los reinos de vida elemental y otros, sino que con ella pone en actividad a las Mónadas, las que, aunque listas para iniciar su evolución, han estado esperando en el plano Anupadaka, hasta que la materia de los planos estuviera preparada para ellas.

 

Decir que las "Mónadas" "salen", sería en cierto modo inexacto. Más bien irradian sus rayos de vida. Ellas mismas permanecen siempre "en el seno del Padre", mientras los rayos de vida llegan al océano de materia, apropiándose allí, como veremos luego en detalle, de los materiales necesarios para su evolución en los planos inferiores.

 

La irradiación de las Mónadas ha sido descrita gráficamente por H. P. Blavatsky como sigue: "El triángulo primordial (es decir, la Mónada de triple faz, de Voluntad, Sabiduría y Actividad) tan pronto ha reflejado en el Hombre Celestial (es decir, Atma-Buddhi-Manas), que es el más elevado de los siete inferiores, desaparece volviendo al "Silencio y a la Oscuridad”.

 

 

Las Mónadas mismas, por consiguiente, permanecen siempre más allá del quíntuplo universo, y, en este sentido, son espectadoras. Moran más allá de los cinco planos de materia. Ellas son el Yo, manteniéndose auto-conscientes y auto-determinadas. Reinan en paz inmutable y viven en eternidad. Pero como hemos visto, se apropian materia, tomando átomos de diversos planos.

 

Las Mónadas son de siete tipos o “Rayos”, lo mismo que la materia es de siete clases o “Rayos”. El proceso por el cual aparecen los siete tipos es como sigue: los tres aspectos de conciencia del Logos o Yo Universal son: Voluntad (Ichchha), Sabiduría (Jna nam), y Actividad (Kri ya). Las tres cualidades de la materia correspondiente son: Inercia (Tamas), Movilidad (Rajas) y Ritmo (Sattva). Estos aspectos y cualidades están relacionados como sigue:

 

El Aspecto de Voluntad impone en la materia, la cualidad de Inercia o Tamas; el poder de resistencia, estabilidad, quietud.

El Aspecto de Actividad da a la materia la cualidad de responder a la acción, Movilidad o Rajas.

El Aspecto de Sabiduría da a la materia Ritmo o Sattva (armonía). El Diagrama VII muestra dichas correspondencias. Toda Mónada tiene tres aspectos de conciencia, la proporción de los cuales en las diferentes Mónadas, varía de siete maneras, a saber:

 

 

Aspecto   dominante

Aspecto   secundario

Aspecto terciario

Voluntad

Sabiduría

Actividad

Voluntad

Actividad

Sabiduría

Sabiduría

Voluntad

Actividad

Sabiduría

Actividad

Voluntad

Actividad

Voluntad

Sabiduría

Actividad

Sabiduría

Voluntad

 

 

En la variedad séptima, los tres aspectos son igualen.

 

Los siete tipos de materia se forman de una manera similar, por medio de proporciones variables de las tres cualidades Tamas, Rajas y Sattva. La corriente de vida conocida como la Segunda Emanación, en realidad está compuesta de siete corrientes y en cada una de éstas se encuentra uno de los siete tipos de materia combinada.

 

El Diagrama VIII es un intento de demostrar los siete tipos de Mónadas, con las correspondientes clases de materia.

 

Otra manera de expresar la misma verdad, o sea que cada Mónada pertenece a uno u otro de los siete Rayos, consiste en decir que apareció ésta originariamente por uno u otro de los siete Logos planetarios, a los cuales se puede considerar como centros de fuerza dentro del Logos Solar; canales por los cuales fluye la fuerza de Aquél.

 

 

Diagrama VIII — Los Siete tipos de Mónadas y los Siete tipos de Materia

 

No obstante, aunque cada Mónada, como se ha dicho, pertenece fundamentalmente a un Rayo, tiene en sí misma algo de todos los Rayos, No hay en ella ni una onza de fuerza, ni un grano de materia que no sea en realidad parte de uno u otro de los Siete Logos Planetarios. Ella es, literalmente, un compacto de sustancia de Aquéllos; no de uno, sino de todos, aunque siempre predomina uno. Por consiguiente ni el más leve movimiento de cualquiera de osos grandes Ángeles Estelares puede ocurrir sin afectar en algo a cada Mónada; porque éstas son hue­so de Su Hueso, carne de Su Carne, Espíritu de Su Espíritu. Este hecho es la base de la Astrología.

 

Además, los cuerpos de esas Mónadas que vinieron originariamente por un determinado Logos Planetario, durante toda su evolución continuaron teniendo partículas de ese Logos, más que de cualquier otro; de esta manera, se podrá distinguir a los hombres como pertenecientes principalmente a uno u otro de los siete Rayos o Logos.

 

Aunque la regla general es que una Mónada se mantenga en el mismo Rayo durante toda su evolución, de manera que con el tiempo, vuelva mediante el mismo Ángel lanetario por el que vino la primera vez; sin embargo hay excepciones, aunque relativamente raras; porque es posible que una Mónada cambie su Rayo, para volver por mediación de un Ángel Planetario distinto al que la trajo la primera vez. Tales traslados se hacen generalmente a los Rayos primero y segundo, pues hay relativamente pocas personas en estos dos Rayos en los niveles inferiores de evolución.

 

Antes de entrar a describir el método por el cual los átomos se adhieren a las Mónadas, tenemos que tratar aún de otro factor.

 

La Segunda Emanación, además de formar el Reino Elemental y los otros, trae consigo también los seres evolucionados de diverso grado de desenvolvimiento, quienes constituyen los habitantes normales y tí­picos de los tres Reinos Elementales. Estos seres han sido traídos por el Logos de una evolución precedente. Ellos son entonces enviados a ha­bitar el plano para el cual su desenvolvimiento los ha preparado; coope­ran con la obra del Logos y más tarde con el hombre en el plan general de la evolución, y de ellos deriva el hombre sus cuerpos perecederos.

 

Tales seres son conocidos en algunas religiones como Ángeles; por los hindúes, como Devas; palabra que literalmente significa Resplandecientes. Platón habla de ellos como "dioses menores". La traducción de la palabra "Deva" como "dios", ha dado lugar a mala interpretación del pensamiento oriental. Los "treinta y tres crores (330 millones) de dioses", no son dioses en el sentido occidental de la palabra, sino Devas o Seres Resplandecientes.

 

De tales Devas u Ángeles hay muchos grados, incluyendo representantes en cada uno de los cinco planos inferiores, o sea, los de Atma, Buddhi, Manas, Kama y la parte etérica del plano físico.

 

Sus cuerpos están compuestos de la esencia elemental del Reino al que pertenecen; son centellantes, de muchos matices, cambiando la forma a voluntad de la entidad misma. Constituyen una numerosa hueste siempre en actividad, trabajando con la Esencia Elemental para mejorar la calidad de la misma v tomándola para construir sus propios cuerpos, desechándola para luego tomar otras partes con el fin de hacerla más sensitiva.

 

En el mental superior o causal del Primer Reino Elemental, los Devas o Ángeles preparan los materiales para revestir los pensamientos abstractos. En el Segundo Reino Elemental, en el plano mental inferior, preparan los materiales para revestir los pensamientos concretos. En el Tercer Reino Elemental, en el plano astral, preparan los materiales para revestir los deseos.

 

En la etapa que estamos considerando ahora, el único trabajo que los Devas o Ángeles tienen que hacer es mejorar la Esencia Elemental, más tarde se ocuparán constantemente en modelar las formas, ayudar en la construcción de sus nuevos cuerpos a los Egos humanos en camino de encarnar, trayendo los materiales requeridos y ayudando en la distribución de los mismos. Cuanto menos avanzado es el Ego, mayor es el trabajo directivo de los Devas; tratándose de animales, hacen casi todo el trabajo y prácticamente todo en cuanto a los vegetales y minerales. Son activos agentes del Logos, ejecutando todos los detalles de Su plan mundial, y ayudan a las incontables vidas evolucionantes a encontrar los materiales que éstas necesitan para su vestimenta y sus necesidades. Entre los Devas se incluyen los vastos números del reino de las hadas, conocidos como espíritus de la naturaleza; duendes, gnomos y otros mu­chos nombres.

 

En las obras "El Cuerpo Astral" y "El Cuerpo Mental", se describen estas huestes de seres, por lo que no necesitamos describirlos aquí. Lo único que nos concierne ahora es el origen de los mismos y la parte que desempeñan en ayudar a las Mónadas a iniciar su evolución en los planos inferiores.

 

El término Deva no es, estrictamente hablando, de significado lo suficientemente extenso para comprender todos los agentes vivientes que se emplean en el trabajo vinculado con las Mónadas y el largo peregrinaje de éstas por los mundos inferiores. Este trabajo lo ejecutan no me­nos de siete órdenes de seres, conocidos colectivamente como Jerarquías Creadoras, siendo las Mónadas mismas, curiosamente, una de tales Je­rarquías.

 

Para nuestros actuales propósitos y a fin de que la descripción no resulte demasiado complicada y confusa, designaremos a todos esos agen­tes con el simple término de Devas. En un capítulo aparte, volveremos sobre el asunto más detalladamente y daremos los nombres y funciones (hasta donde son conocidos) de las siete Jerarquías Creadoras.

Vemos por consiguiente que, antes de que cualquier conciencia encarnada (exceptuando la del Logos y de Sus Jerarquías Creadoras) pudo aparecer o hacer algo, hubo que realizar un vasto trabajo preliminar, para preparar el "aspecto forma" del campo de evolución.

 

Tenemos ahora los factores necesarios para poder considerar la adherencia de los átomos a las Mónadas. Estos tres factores son: (1) Los átomos de los diversos planos. (2) El hecho de estar preparadas las Mó­nadas en el plano Anupadaka. (3) La ayuda de los Devas, sin los cuales las Mónadas serían impotentes por sí mismas para desarrollar su evolución.

 

Una Mónada, como hemos visto, posee tres aspectos de conciencia, cada uno de los cuales, al llegar el momento de iniciar el proceso evolu­tivo, inicia lo que podemos llamar una onda vibratoria, haciendo vibrar así la materia atómica de los planos Atma, Buddhi y Manas, que la rodean.

 

Devas de un universo anterior que han pasado ellos mismos por experiencia similar, guían la onda vibratoria del aspecto Voluntad de la Mónada a un átomo de Atma, el cual viene a quedar "adherido" a la Mónada y es el átomo permanente átmico de la misma; llamándoselo así, porque permanece en la Mónada durante el entero proceso de evolución de la misma.

 

Similarmente, la onda vibratoria del aspecto Sabiduría de la Mónada es guiada por los Devas a un átomo de Buddhi, el que viene a ser el átomo permanente búdico. Así también, la onda vibratoria del aspecto Actividad de la Mónada es guiada por los Devas a un átomo de Manas, el que viene a ser el tercer átomo permanente. Así se forma Atma-Buddhi-Manas, que se llama con frecuencia el Rayo de la Mónada.

 

El Diagrama IX ilustra gráficamente el proceso que acabamos de explicar.

 

La descripción gráfica del proceso es como sigue: Del luminoso océano de Atma se desprende un hilito de luz, separado del resto por una película de materia búdica; de éste cuelga una chispa que se encierra en una envoltura en forma de huevo, de materia perteneciente a los subplanos sin forma del plano mental. "La chispa suspendida de la llama por el hilo más fino de Fohat". (Libro de Dzyan, VII, 5).

 

Diagrama IX. — Anexión de los Átomos Permanentes: Atmico, Búdico y Mental.

 

Como ya se dijo, los átomos adheridos a las Mónadas vienen a ser los "átomos permanentes"; H. P. Blavatsky los llama "átomos-vida". Los átomos restantes de los diversos planos, no adheridos a las Mónadas, permanecen y continúan llamándose la Esencia Monádica de cada plano. La expresión quizás es un poco engañosa; pero fue aplicada en el primer caso porque (como se dijo en el Capítulo V) la esencia en este estado es apropiada para adherirse a las Mónadas como átomos perma­nentes, aunque no toda ella se adhiere en realidad.

 

Atma-Buddhi-Manas, el Rayo de la Mónada, es conocido por otros muchos nombres; tales como el Hombre Celestial, el Hombre Espiritual, la Tríada Superior o Espiritual, el Yo Superior, el Yo Separado y otros. Se le aplica también el término Jivatma, aunque el mismo, que literalmente se puede traducir como Vida-Yo Propia, es aplicable igualmente a la Mónada. Se le conoce también como "naturaleza humana" del Hijo Divino del Primer Logos, animado por la Divinidad, es decir, por la Mónada. Puede también ser considerado como recipiente en el cual la Mónada vierte su vida.

 

Aquí tenemos el misterio del Vigilante, el Espectador, del Alma sin acción, es decir la Mónada, la que mora siempre en su naturaleza más elevada en su propio plano, y vive en el mundo por medio de su Rayo (Atma-Buddhi-Manas) el que, a su vez, anima a sus "sombras" las vidas o encarnaciones del yo inferior sobre la tierra. El Diagrama X representa la Mónada y su Tríada Superior.

 

Diagrama X – La Mónada y la Tríada Superior

 

Es importante recordar que Atma-Buddhi-Manas o Tríada Superior es de naturaleza idéntica a la de la Mónada; de hecho es la Mónada, aunque de fuerza disminuida por los velos de materia que la envuelven. Esta disminución del poder no nos ha de hacer perder de vista la identidad de naturaleza, porque se debe tener siempre en cuenta que la conciencia es una unidad, aunque sus manifestaciones varíen a causa del predominio de uno u otro de sus aspectos y de la densidad relativa de los materiales en que trabaje en cualquier momento dado.

 

La Mónada, una vez que se ha apropiado los tres átomos para su utilización, ha iniciado su obra. Ella en su propia naturaleza no puede descender más abajo del plano Anupadaka; por eso se dice que está en "Silencio y Oscuridad", o sea inmanifestada; pero vive y trabaja en, y por medio de los átomos que se ha apropiado.

 

Aunque la Mónada, en su propio plano, el Anupadaka, en lo que respecta a su vida interna, os fuerte, consciente, capaz; en los planos inferiores (a causa de las limitaciones en tiempo y espacio) es un mero germen, un embrión, impotente, sin sentido, desvalida. Bien que, al principio, la materia de los planos inferiores la esclaviza, lenta y seguramente moldeará la materia para expresarse. En esto está vigilada y ayudada por la sostenedora y preservadora vida del Segundo Logos, hasta que, con el tiempo, puede vivir en los mundos inferiores tan plenamente como en los superiores; convertirse a su vez, en un Logos creador, y producir de sí misma un universo. Porque un Logos no crea de la nada; Él lo desenvuelve todo de Sí Mismo.

 

Esta plena manifestación de los tres aspectos de conciencia expresada por la Mónada, tiene lugar en el mismo orden que la manifestación del triple Logos en el universo. El tercer aspecto, Actividad, revelado como mente creadora, como acumulador de conocimiento, es el primero en perfeccionar sus vehículos. El segundo aspecto, Sabiduría, revelado como Razón Pura y Compasiva, o Intuición, es el segunde que resplan­dece; éste es Krishna, el Cristo, en el hombre. El tercer aspecto, Voluntad, el Poder divino del Yo, Atma, es el último en revelarse.

 

 

 

Capítulo VII

 

LA ANEXIÓN DE LOS ÁTOMOS

 

II — TRIADA INFERIOR

 

Una vez formada la Tríada espiritual Atma-Buddhi-Manas, el ca­lor de la corriente de vida Logóica despierta dentro de la misma una reacción de débiles estremecimientos de vida. Después de larga prepa­ración, emana de  la Tríada un pequeñísimo hilo, como una raicilla; un hilito de vida color dorado envuelto en materia búdica.

 

Este hilo es llamado a veces el Sutratma, literalmente el Hilo del Yo debido a que las partículas permanentes se ensartarán en él, como se ensartan las perlas de un collar. El término, sin embargo, se emplea en varios sentidos, pero siempre para significar la idea de un hilo que conecta varias partículas separadas. Y es así en este sentido que se atri­buye al Ego reencarnante, como el hilo en que se ensartan muchas vidas separadas; al Segundo Logos, como el hilo en el que se alinean los seres de Su universo y así sucesivamente. De manera que el Sutratma denota una función más bien que una entidad o una clase especial de entidades.

 

De cada Tríada aparece uno de estos hilos, el cual al principió, ondea vagamente en las siete grandes corrientes de vida. Luego, cada uno es anclado, lo mismo que ocurre en el caso de la Tríada Superior, por mediación de los Devas, en una molécula mental o unidad mental como se la llama comúnmente: siendo ésta una partícula del cuarto subplano mental o sea el más elevado del plano mental inferior.

Alrededor de esta unidad mental se agregan partículas temporarias de esencia mental del Segundo Reino Elemental, las que se dispersan y reagrupan repetidas veces. Las vibraciones de la esencia despiertan gradualmente a la unidad mental, la que reacciona débilmente; lo cual origina leves estremecimientos hacia arriba en la simiente de la conciencia de la Tríada, produciendo en ésta movimientos internos casi imperceptibles.

 

No se puede decir que la unidad mental está siempre rodeada de una forma propia; porque puede haber varias o muchas de ellas sumergidas en una determinada aglomeración de esencia, mientras que otras aglomeraciones contengan una sola unidad mental o ninguna.

 

Así, con inconcebible lentitud, las unidades mentales llegan a poseer ciertas cualidades, es decir que adquieren el poder de vibrar de ciertas maneras que están vinculadas con el pensamiento y lo harán posible en una etapa posterior.

 

En esto, las unidades mentales son ayudadas por los Devas del Segundo Reino Elemental, los cuales dirigen a ella las vibraciones a las que comienzan a responder gradualmente y las rodean con la esencia elemental que ellos desprenden de sus propios cuerpos.

 

Además, cada uno de los siete grupos típicos está separado de los demás por un delicado tabique de esencia monádica (materia atómica animada por la vida del Segundo Logos) que es el principio de la envoltura de la futura Alma-Grupal.

 

El Diagrama XI-A, ilustra el proceso que acabamos  de describir.

 

Todo este proceso se repite en el subplano inferior siguiente (Véase Diagrama XI-B). El hilo de vida envainado en materia búdica, con la unidad mental agregada, puja hacia el plano astral donde de manera similar se une a un átomo astral. Alrededor de este átomo permanente astral se reúnen anexiones temporarias de esencia mental del Tercer Reino Elemental, esparciéndose y juntándose como antes.

 

 

Siguen resultados similares a los anteriores; los átomos astrales son estimulados gradualmente hasta provocar reacciones suaves, las que ascienden hasta la simiente de la conciencia, produciendo en ella de nuevo, leves movimientos internos. En esa forma, los átomos permanentes astrales adquieren el poder de vibrar de ciertas maneras vinculadas con la sensación que luego se hará posible. Como antes, este proceso es ayudado por la acción de los Devas del Tercer Reino Elemental.

 

La materia divisoria de cada uno de los siete grupos adquiere una segunda capa, formada de esencia monádica astral, acercándose un paso más hacia la envoltura del Alma-Grupal futura.

 

Una vez más se repite el proceso (Véase Diagrama XI-C) al pasar la gran oleada de vida al plano físico. El hilo de vida envuelto en ma­teria búdica, con la unidad mental y el átomo permanente astral adheridos, avanza y se anexa un átomo permanente físico. Alrededor de este átomo se agrupa, como antes, materia etérica. Sin embargo la materia física más pesada es más coherente que la materia más sutil de los planos superiores, y en consecuencia, se observa un término de vida mucho más largo.

 

Luego a medida que se forman los tipos etéricos de los proto-metales, y luego los pro-metales, los metales, los no-metales y los minerales, los Devas de los subplanos etéricos sumergen los átomos permanentes físicos en uno u otro de los siete tipos etéricos al que pertenecen. De esta manera empieza la larga evolución física del átomo permanente.

 

Diagrama XII – La Mónada y sus Átomos

 

En el subplano atómico del físico se agrega una tercera capa a la división separadora, que formará la envoltura de las futuras Almas-Grupales.

 

De esta manera se forma lo que con frecuencia se llama la Tríada Inferior, que consiste en una unidad mental, un átomo permanente astral y un átomo físico.

 

El Diagrama XII muestra el estado alcanzado en el proceso; La Mónada con sus tres Aspectos posee una Tríada Superior de Atma-Buddhi-Manas, la Tríada Superior, a su vez, se ha provisto de una Tríada Inferior compuesta de Manas-Inferior-Kama-Sthula.

 

Se recordará que la materia de cada plano es de siete tipos funda­mentales, según que predomine uno u otro de los tres grandes atributos de la materia: Tamas, Rajas o Sattva. De manera que es posible elegir entre los átomos permanentes de cualquiera de estos tipos. Parece, sin embargo, que cada Mónada extrae todos sus átomos permanentes del mismo tipo de materia. La selección la hace la Mónada, aunque como hemos visto, la adherencia en sí, la hacen los Devas.

 

La Mónada misma pertenece, naturalmente, a uno de los siete tipos fundamentales de Mónadas y esta es su primera gran característica determinante o sea su "color" básico, nota-clave o "temperamento".

 

En el caso que la Mónada decida utilizar el nuevo peregrinaje para fortalecer y aumentar esta característica especial, los Devas adherirán a su Sutratma átomos permanentes que pertenezcan al grupo o tipo de materia correspondiente al tipo de la Mónada. Tal selección resultaría en un color secundario —el de los átomos permanentes— haciendo resaltar y fortalecer el primero; en la evolución posterior los poderes y debilidades de este doble temperamento se manifestarían con potencia.

 

Pero en el caso que la Mónada decida utilizar su nuevo peregrinaje para desarrollar otro aspecto de su naturaleza, entonces, los Devas adherirán al Sutratma átomos pertenecientes a otro grupo de materia en el que predomine el aspecto que la Mónada desea desarrollar. Esta selec­ción resultaría en una "nota-clave" o "temperamento" secundario que modificaría al primero, con los resultados correspondientes en una evolución posterior. Es evidente que esta última selección es muchísimo más frecuente y tiende a mayor complejidad de carácter, especialmente en las últimas etapas de la evolución humana, en que la influencia de la Mónada se hace sentir más fuertemente.

 

Aunque los átomos permanentes, tanto de la Tríada Superior como de la Inferior pertenecen al mismo tipo, por ser los cuerpos de la Superior, relativamente permanentes, una vez formados, reproducen definitivamente la nota-clave de sus átomos permanentes. Pero en el caso de los cuerpos de la Tríada Inferior, actúan varias otras causas en la determinación de la selección de los materiales para tales cuerpos.

 

La Mónada no puede ejercer ninguna acción directa sobre los átomos permanentes; ni puede existir tal acción directa hasta tanto la Tríada Superior haya alcanzado un elevado grado de evolución. Pero la Mónada puede afectar y afecta a la Tríada Superior, y mediante ésta, ejerce una acción indirecta y continua sobre los átomos permanentes.

 

La mayor parte de su energía y toda la capacidad directriz de la Tríada Superior provienen del Segundo Logos. Pero su propia y especial actividad no está en ocuparse de la obra del Segundo Logos de modelar y construir; va más bien dirigida a la evolución de los átomos mismos, asociada con el Tercer Logos. Esta energía de la Tríada Superior se limita a los subplanos atómicos, y, hasta la Cuarta Ronda, parece agotarse principalmente en los átomos permanentes.

El objeto de los átomos permanentes es, naturalmente, conservar en sí como poderes de vibración, los resultados de todas las experiencias por las que ha pasado. Como ilustración de este proceso podemos tomar el átomo permanente físico.

 

Un impacto físico de cualquier clase establece en el cuerpo físico con el cual choca, vibraciones correspondientes a las del mismo. Estas serán trasmitidas al átomo permanente físico por concusión .directa si son violentas, y en todos los casos, por la tela de vida búdica. Tal vibración, forzada sobre el átomo desde el exterior, se convierte desde ese momento en un poder vibratorio, una tendencia a repetirse. De manera que, du­rante toda la vida del cuerpo físico, cada impacto deja su impresión en el átomo permanente correspondiente. Al término de la vida del cuerpo físico, su átomo permanente ha acumulado de esta manera, innumerables poderes de vibración.

 

El mismo proceso tiene lugar en el átomo permanente o unidad de cada uno de los cuerpos del hombre. Además el estudiante se habrá familiarizado con la idea de que los átomos permanentes, como su nombre lo indica, permanecen en la entidad humana durante todas sus muchas encarnaciones; son en efecto, las únicas partes de los diversos cuerpos que sobreviven y quedan permanentemente con el ego evolucionante en el cuerpo causal.

 

El vórtice, o sea el átomo, es la vida del Tercer Logos: la envoltura del átomo, formada gradualmente en la superficie de este vórtice, es producido por el descenso de la vida del Segundo Logos. Pero Él no vivifica las espirillas, sólo traza débilmente el alineamiento de éstas como sutiles canales de materia. Es la vida de la Mónada la que, al descender, vivifica la primera espirilla, haciéndola parte activa del átomo. Esto ocurre en la primera Ronda. Similarmente en cada Ronda sucesiva vivifica y pone en actividad otra espirilla.

 

La primera serie de espirillas la utiliza el prana lo que afecta el cuerpo físico denso; la segunda, el prana que utiliza el doble etérico; la tercera la emplea el prana afectando el cuerpo astral y desarrollando así el poder de sensación; la cuarta la emplea el prana de kama-manas, adaptándola para la formación del cerebro, como instrumento del pensamiento.

 

Como ahora estamos en la Cuarta Ronda, el número normal de espirillas en actividad es cuatro, tanto en los átomos permanentes como en los comúnmente no adheridos. Pero en el caso de un hombre altamente evolucionado, el átomo permanente puede tener cinco y hasta seis espirillas en actividad. La quinta serie de espirillas se desarrollará en el curso normal, en la Quinta Ronda; aunque como se dijo antes, tratándose de personas avanzadas y mediante ciertas prácticas de Yoga, pueden poner en actividad, ahora mismo, la quinta y sexta serie de espirillas.

 

Además de actuar sobre los átomos permanentes, la Mónada también comienza a actuar de manera similar sobre otros átomos atraídos alrededor del permanente. Tal vivificación, sin embargo, es sólo temporal; pues cuando el cuerpo físico se desintegra, tales átomos vuelven al repositorio general de materia atómica. Entonces pueden ser tomados y utilizados por otra Mónada y ser revivificados más fácilmente, debido a su experiencia anterior.

Tal acción se desarrolla en todos los átomos permanentes de la Mónada; razón por la que evolucionan más rápidamente de lo que podrían hacerlo de otra manera, debido a su asociación con la Mónada.

 

Capítulo VIII

 

LAS JERARQUÍAS CREADORAS

 

Como prometimos en el Capítulo VI, vamos ahora a describir en detalle las jerarquías de seres de varios grados de poder y de inteligencia, que construyen el universo y ayudan a las Mónadas a emprender su inmenso peregrinaje a través de los mundos de materia.

 

Lo que se conoce sobre este tema es generalmente algo fragmentario y mal definido; aun reconociéndolo así, hemos de tratar de sacar el mejor partido de los hechos conocidos que tenemos a nuestra disposición.

 

Hemos visto ya que la Existencia Una, el Supremo, de Quien precede toda vida manifestada, se expresa de triple manera, como Trimurti, la Trinidad. Esto está aceptado por casi todas las religiones, bajo diferentes nombres, a saber: Sat, Chit, Ananda; Brahma, Vishnu, Shiva; Ichchha, Jnana, Kriya; Cochmah, Binhah, Kether; Padre, Hijo, Espíritu Santo; Poder, Sabiduría, Amor, Voluntad, Sabiduría, Actividad, etc., etc.

 

Alrededor de la Trinidad primaria, a la luz que emana de Ella, encontramos a Aquellos que llamamos los Siete. Los hindúes hablan de los siete hijos de Aditi; se los ha llamado los Siete Espíritus en el Sol; en Egipto fueron conocidos como los siete Dioses Misteriosos; la religión de Zoroastro los llama los siete Amesha Spentas; en el judaísmo son los siete Sephiroths; entre los cristianos y los mahometanos son los siete Arcángeles, los siete Espíritus ante el Trono. En Teosofía se los denomina comúnmente los siete Logos planetarios, cada uno a cargo de su propia sección del sistema solar. Siempre han sido identificados con los siete planetas sagrados, los cuales son sus cuerpos físicos.

 

Alrededor de los Siete, en un círculo más amplio, están las Jerarquías Creadoras, como se las llama, o sean las doce órdenes Creadoras del Universo. Estas están encabezada por los Doces Grandes Dioses, que aparecen en los antiguos relatos, y están simbolizados por los conocidos Signos del Zodíaco: porque el Zodíaco es un concepto simbólico muy antiguo en el que está escrito el plan del sistema solar.

 

Al decir que un planeta "rige" o es el Señor de uno de los Signos del Zodíaco, el significado es que el Espíritu o Logos Planetario tiene dominio sobre una de las doce Jerarquías Creadoras, las que, bajo su dirección y contralor, construyen Su reino y ayudan a las Mónadas en su evolución.

 

De manera que las doce Jerarquías Creadoras están ocupadas en la construcción del universo. Estas Jerarquías de Inteligencia completaron su propia evolución en kalpas o universos pasados, y de esta manera se convirtieron en colaboradores de la Voluntad Una, con Ishvara, en la formación de un nuevo universo, o Brahmanda. Ellas son los Arquitectos, los Constructores de sistemas solares. Las Jerarquías llenan nuestro sistema solar, y a ellas nosotros los humanos debemos nuestra evolución espiritual, intelectual y física. Son ellas las que despiertan la conciencia de la Mónada y del Rayo de la misma "a la débil sensación de otros" y del "Yo", y con ésto, un estremecimiento de anhelo por un sentimiento más claramente definido del "yo" y de "otros"; siendo ésta la "Voluntad individual de vivir" que lleva a las Mónadas a mundos más densos, en los que únicamente tal definición más neta es posible.

 

En el actual estado de evolución, cuatro de las doce Jerarquías Creadoras han alcanzado la liberación y una está a punto de alcanzarla. De manera que cinco de ellas han pasado más allá del conocimiento aún de los más grandes y avanzados de los Instructores de nuestro mundo. Por lo tanto sólo quedan siete, de las cuales habremos de tratar.

 

Parte del trabajo que algunas de ellas desempeñan, a saber, la anexión de los átomos permanentes, ya se ha descrito en los Capítulos VI y VII. Esto lo repetimos ahora con los detalles que tenemos a nuestra disposición, para hacer la descripción más completa. Todo el trabajo está clasificado en esferas de actividad, de la que cada una de las siete Je­rarquías restantes es responsable.

 

  1. Órdenes Creadoras Arupa

 

  1. La Primera de las Órdenes Creadoras Arupa, e Incorpóreo, se describe con palabras relacionadas con el fuego. Se las conoce como: Alientos de Fuego Incorpóreos; Señores del  Fuego; Llamas Divinas; Fuegos Divinos; Leones ígneos; Leones de Vida. Se los describe también como la Vida y el Corazón del universo, el Atma, la Voluntad Cósmica.

Por conducto de ellas viene el Rayo divino de Paramatma, que despierta a Atma en los Mónadas.

 

2. La Segunda Orden es de naturaleza doble y se la conoce como: "las unidades dobles" que representan Fuego y Éter, simbolizan a Buddhi cósmico, la Sabiduría del Sistema, la Razón manifestada.

La función de las mismas es despertar a Buddhi en las Mónadas.

 

  1. La Tercera Orden es conocida como "Las Tríadas"; representa Fuego, Éter y Agua. Simbolizan a Mahat, el Manas cósmico o Actividad. Su función es activar a Manas en las Mónadas.

 

  1. Órdenes Creadoras Rupa

 

La Cuarta Jerarquía Creadora está formada por las Mónadas mismas. A primera vista parecerá extraño que las Mónadas sean clasificadas con las demás Órdenes, pero una reflexión hará ver que es apropiado, puesto que las Mónadas intervienen considerablemente en su propia evolución. No son de manera alguna los agentes exteriores únicamente los que determinan su involución y evolución. Recapitularemos breve­mente algunos de los factores debidos a las Mónadas mismas.

 

(1)     Siendo el Primer Logos, la voluntad de Éste a manifestarse, es también la voluntad de ellas; están impulsadas por sí mismas.

 

(2)     Son las Mónadas las que "resplandecen" enviando Su vida, que construye el Rayo o Tríada Superior y trabaja por medio de ésta.

(3)     Las Mónadas son las que eligen la clase de átomos permanente que se han de adherir a ellas.

 

(4)     La Tercera Emanación, a consecuencia de la cual se forma el cuerpo causal, viene por conducto de las Mónadas.

 

(5)     Las Mónadas mismas derraman su vida y vivifican las espirillas en los átomos, tanto en los permanentes como en los otros.

 

(6)     Las Mónadas, a medida que avanza la evolución, constantemente derraman más y más de sus vidas, entrando gradualmente en contacto con su Rayo la Individualidad, y también por conducto de ésta, con la Personalidad.

 

  1. La Quinta Jerarquía se llama de Makara y tiene por símbolo el pentágono. En ella se manifiestan los aspectos doble espiritual y doble físico de su naturaleza; el positivo y el negativo en lucha entre sí. Son los "rebeldes" de numerosos mitos y leyendas. Algunas de ellas son conocidas como Asuras y fueron los frutos de la Primera Cadena. Son

Seres de gran poder y conocimientos espirituales. En sí mismas ocultan profundamente el germen de Ahamkara, o sea la facultad de formar el "Yo", necesario para la evolución humana.

La Quinta Jerarquía guía la onda vibratoria del Aspecto Atma de la Mónada, a un átomo de Atma, que se adhiere a la Mónada como átomo permanente.

 

  1. La Sexta Jerarquía Creadora contiene algunas entidades conocidas como Agnishvattas, y también como los "séptuples Dhyanis". Éstas son el fruto de la Segunda Cadena Planetaria. Esta Jerarquía comprende además grandes huestes de Devas.

Guían la onda vibratoria del aspecto Sabiduría, de la Mónada al átomo permanente búdico.

Además le dan al hombre todo, menos atma y el cuerpo físico; por lo tanto se los llama los "dadores de los cinco principios", o sea Buddhi, Manas, Manas inferior, Kama y Doble Etérico.

Se ocupan especialmente de la evolución intelectual del hombre.

 

  1. La Séptima Jerarquía Creadora contiene las entidades llamadas Pitris Barhishad. Éstas son fruto de la Tercera Cadena.

Se ocupan de la evolución física del hombre.

Pertenecientes también a la Séptima Jerarquía hay vastas huestes de Devas, los Espíritus de la Naturaleza, que intervienen en la construcción del cuerpo del hombre.

 

Para comodidad del estudiante agregaremos la Tabla siguiente de las Jerarquías Creadoras.

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo IX

 

ALMAS GRUPALES

 

Hemos llegado al estado en que la Mónada ha sido provista de una Triada Superior, consistente en un átomo permanente de los planos de Atina, Buddhi y Manas, y de una Triada Inferior compuesta de una unidad mental, un átomo permanente astral y otro físico. Estas partículas de materia son, naturalmente, meros núcleos que permitirán a la Mónada, por medio de su "rayo", ponerse en contacto con los diversos planos, y construir cuerpos o vehículos por medio de los cuales podrá adquirir experiencias y aprender a expresarse en tales planos de existencia.

 

A fin de comprender el mecanismo por medio del cual se alcanzan tales resultados, hemos de estudiar ahora el fenómeno conocido como "Almas Grupales".

 

Hemos visto que a medida que los átomos de la Tríada Inferior son anexados al Sutratma, o hilo de vida, aparecen tenues películas de ma­teria que separan a los siete principales tipos de tríadas entre sí. De esta manera se forman los siete grupos primarios o "rayos" de tríadas, los que por repetida división y subdivisión, con el tiempo, darán lugar a un gran número de Almas Grupales en los diversos reinos de vida.

 

Estos siete grandes tipos de "rayos" de Almas Grupales se mantienen separados y discernibles durante todas las vicisitudes de su evolución; es decir que los siete tipos evolucionan en corrientes paralelas, las que nunca se unen ni se mezclan una con otra. Los siete tipos son claramente distinguibles en todos los reinos. Las formas sucesivas de cada corriente componen una serie conectada de elementales, minerales, vegetales o animales, según sea el caso.

 

Estas siete Almas Grupales primarias aparecen como formas vagas, membranosas, que flotan en el gran océano, como los globos flotarían en el mar. Se ven primeramente en el plano mental, apareciendo delineadas con mayor claridad en el plano astral y aún más en el físico. Flotan una en cada una de las siete corrientes de la Segunda Oleada de Vida.

 

Dentro de cada una de las Almas Grupales Primarias se encuentran, naturalmente, innumerables Tríadas Inferiores, cada una conectada por un radiante hilo dorado a su Tríada Superior, la que, a su vez, depende de la Mónada respectiva. En tal estado no aparece todavía la tela dorada de vida alrededor de las Tríadas; no vendrá a la existencia hasta que se llegue al reino mineral.

 

El Diagrama XIII ilustra aproximadamente la condición alcanzada. El muy reducido número de Tríadas, que las limitaciones del espacio permiten mostrar en las Siete Almas Grupales, se ha de considerar que representa un número inmensamente mayor de Tríadas, cada una conectada con su Tríada Superior y con su Mónada.

 

La condición indicada en el Diagrama es la de las siete Almas Grupales Primarias después que el velo o películas separadora ha recibido las tres capas; éstas se componen de esencia elemental mental, esencia monádica astral y materia atómica del plano físico. Como ya se dijo antes estas películas o velos formarán con el tiempo las envolturas de las Almas grupales propiamente dichas.

 

Diagrama XIII. — Las Siete Almas Grupales Primarias

 

Se ha de notar que estas envolturas están formadas de materia del mismo grupo al que pertenecen las Tríadas mismas.

 

El plan general del proceso evolutivo —o más estrictamente involutivo— es, como hemos visto, una diferenciación gradual de la gran corriente de vida divina, hasta que, por sucesiva división y subdivisión se alcanza individualización definitiva como ser humano; después de lo cual ya no es posible subdivisión ulterior, por cuanto la entidad humana es una entidad indivisible o "Alma".

 

Las Almas Grupales, existentes en los reinos mineral, vegetal y animal, representan así estados intermedios que llevan a diferenciación completa en entidades o unidades humanas separadas. Por eso es que en los reinos mencionados no encontramos un alma en un bloque de mineral, ni en una planta, ni en un animal. En cambio, encontramos un bloque de vida —si podemos emplear tal expresión— que anima a una inmensa cantidad de sustancia mineral, un gran número de plantas o de árboles, o un número de animales. Más adelante nos ocuparemos de estos detalles; por el momento nos vamos a limitar a considerar la función general y el propósito de las Almas Grupales.

 

La mejor analogía de un Alma Grupal es, quizá, la oriental, que la compara al agua en un balde. Si tomamos un vaso del agua del balde, representará al alma, o parte del alma, digamos de una planta o un animal. Por el momento, el agua del vaso está separada de la del balde; además, toma la forma del vaso que la contiene.

 

De manera similar, una parte del Alma Grupal puede ocupar y vivificar una forma vegetal o una forma animal.

Durante su vida en el plano físico, y por algún tiempo después en el astral, el animal posee un olma separada lo mismo que el hombre; pero cuando el animal llega al término de su vida astral, esa alma no reencarna en un solo cuerpo, sino que vuelve al Alma Grupal, la que es una especie de repositorio de sustancia-alma. Es decir que, en nuestra analogía, la muerte del animal sería como verter el agua del vaso de nuevo en el balde. De la misma manera que el agua del vaso se une y se mezcla completamente con la del balde, así también la parte del alma del animal se incorpora y se mezcla con el alma total que integra el Alma Grupal. Así también como no sería posible tomar de nuevo del balde otro vaso de agua conteniendo las mismas moléculas de agua, tam­poco es posible que la misma parte del alma que contribuye a formar el conjunto del Alma Grupal habite otra forma animal determinada.

 

Ampliando nuestra analogía, es evidente que podemos llenar muchos vasos con el agua de un balde simultáneamente; asimismo, es posible que muchas formas animales estén animadas y vivificadas por la misma Alma Grupal.

 

Además, si suponemos que el agua de uno de los vasos llegue a colorearse con algún matiz propio, al volver esa agua al balde, el colorante se distribuirá por toda el agua del balde, con lo cual todo el contenido de éste quedará modificado en cierta medida.

 

Si consideramos la sustancia colorante como representando las experiencias o las cualidades adquiridas por un determinado animal, cuando la parte de alma que vivifica a tal animal vuelve a su Alma Grupal, tales experiencias o cualidades vendrán a ser parte del contenido general de toda Alma Grupal, y serán compartidas por todas las demás partes, pero siempre menos que en la del animal que fue el que las experimentó. Es decir que las experiencias concentradas de un animal determinado se difunden en forma diluida sobre toda el Alma Grupal a la que pertenece el animal.

 

Existe una semblanza exacta entre el Alma Grupal de los reinos Mineral, Vegetal y Animal y el niño humano en su vida prenatal. Así como el niño se nutre con la corriente de vida de la madre, de la misma manera, la envoltura protectora del Alma Grupal alimenta las vidas dentro de ella, recibiendo y distribuyendo las experiencias reunidas.

 

La vida circulante es la del progenitor; las plantas y los animales jóvenes no están aun preparados para la vida individual, y su nutrición ha de depender de su progenitor. Así, las vidas que germinan en el mineral, el vegetal y en el animal son nutridas por la envoltura de esencia elemental y monádica, estremeciéndose con vida Logoica.

 

La evolución de las vidas en estos primitivos estados del Alma Grupal depende de tres factores, a saber: primero y principalmente, de la protectora vida del Logos; segundo, de la cooperadora guía de los Devas; y tercero de su propia presión ciega contra los límites de la forma que la encierra.

 

El mecanismo general del proceso por el cual, y mediante estos tres factores, se despiertan los poderes vibratorios de los átomos de las Tríadas Inferiores, es como sigue:

 

El Segundo Logos, actuando en la envoltura del Alma Grupal, vitaliza a los átomos permanentes físicos. Estos son sumergidos por la acción de los Devas en diversas condiciones ofrecidas por el reino mineral, en el que cada átomo es ligado a muchas partículas minerales. Las experiencias de calor, frío, golpes, presión, sacudidas, etc., por las que pasa la sustancia mineral, son transmitidas a los átomos permanentes anexados, produciendo vagas reaccione de vibración simpática en la profundamente adormecida conciencia interior.

 

Cuando un átomo permanente alcanza cierta capacidad de reacción, o cuando la forma mineral, o sea las partículas a las cuales el átomo permanente está adherido, se desintegra, el Alma Grupal atrae a sí tal átomo de vida.

La experiencia adquirida por el mismo, es decir, las vibraciones que ha tenido que ejecutar, quedan en él como poder de vibrar de cierta manera. Luego, el átomo permanente, habiendo perdido su incorporación en la forma mineral queda, por así decirlo, desnudo en su Alma Grupal; en ella continúa repitiendo las vibraciones que ha aprendido, repitiendo las experiencias de su vida, y establece así pulsaciones que pasan por la envoltura del Alma Grupal y llegan a los demás átomos permanentes contenidos en dicha Alma Grupal. De esta manera, cada átomo afecta y ayuda a todos los demás.

 

Ocurre además otro fenómeno importante. Los átomos que han tenido experiencias de carácter similar, es evidente, que se afectarán más fuertemente entre sí que a otros, cuyas experiencias han sido diferentes. En esta forma se producirá cierta segregación dentro del Alma Grupal, y de la envoltura crecerá una película separadora hacia dentro, divi­diendo entre sí a esos grupos segregados.

 

Volviendo al símil del agua en el balde, podemos concebir una película apenas perceptible formándose a través del balde. Al principio el agua pasará en cierta medida por ese filtro; no obstante, los vasos de agua tomados de un lado del filtro vuelven al mismo lado, de manera que por grados, el agua de un lago llega a diferenciarse de la del otro. Luego, el filtro se densifica gradualmente y llega a ser impenetrable, de manera que con el tiempo se tienen dos partes de agua distintas en vez de una sola.

 

De modo similar, el Alma Grupal después de un tiempo se divide y forma dos Almas Grupales. El proceso se repite una y otra vez, produciendo un creciente número de Almas Grupales cuyo contenido manifiesta una distinción correspondiente y creciente de conciencia, aunque, naturalmente, compartiendo ciertas características fundamentales.

 

Las leyes, en obediencia a las cuales los átomos permanentes de un Alma Grupal son sumergidos en los reinos de la naturaleza, no son claras en manera alguna. Existen indicaciones de que la evolución del mineral, del vegetal y de la parte más baja del reino animal pertenece a la evolución de la tierra misma, más bien que a la de las Tríadas, representantes de las Mónadas, que evolucionan en el sistema solar y vienen a su debido tiempo a la tierra, para proseguir su desarrollo utilizando las condiciones que le ofrece ésta.

 

Así el césped y las pequeñas plantas de toda clase parecen estar relacionadas con su cuerpo y no se han de vincular con las Tríadas ni con sus Mónadas. La vida en el césped, etc., parece ser del Segundo Logos; el cual las mantiene unidas en formas, mientras que la vida de los átomos y moléculas que las componen es la del Tercer Logos, modificada no sólo por el Logos Planetario de nuestro sistema de Cadenas, sino también por una entidad algo oscura, conocida como el Espíritu de la Tierra. Así estos reinos, mientras ofrecen un campo para la evolución de las Mónadas y de sus Triadas, no parecen existir únicamente para tal propósito.

 

De ahí que se encuentren átomos permanentes esparcidos por los reinos vegetal y mineral, aunque no comprendemos todavía las razones que rigen su distribución. Se puede encontrar un átomo permanente, por ejemplo, en una perla, en un rubí o en un diamante; muchos se encontrarán diseminados por las vetas minerales, etc. Pero, por otra parte, mucha sustancia mineral no parece contener átomo permanente alguno.

 

Algo similar puede decirse de las plantas de corta vida; pero en las que es extensa, tal como los árboles, se encuentran átomos permanentes constantemente. Sin embargo, la vida del árbol parece estar más estrechamente unida a la evolución Deva, que la de la conciencia a la cual el átomo permanente está vinculado. De consiguiente, parece que se aprovecha la evolución de la vida y de la conciencia en el árbol a beneficio del átomo permanente. Se puede decir así que es más bien un parásito que se aprovecha de la vida con evolución superior en la que está sumergido. El estudiante ha de reconocer que por ahora el conocimiento que poseemos sobre estas cuestiones es extremadamente fragmentario.

 

Habiendo estudiado la naturaleza general y funciones de las Almas Grupales, podemos pasar a considerar más en detalle las de los Minerales, Vegetales y Animales, empezando por el Mineral.

 

 

 

Capítulo X

 

ALMAS GRUPALES MINERALES

 

El Diagrama XIV es una tentativa de ilustrar un Alma Grupal Mineral. Se observará que la envoltura de la misma tiene tres capas; la externa se compone de materia atómica física; la central de esencia monádica astral; el más interior de esencia mental elemental, es decir, materia del cuarto subplano mental.

 

Podemos definir el Alma Grupal Mineral como una colección de Tríadas encerradas en una triple envoltura de esencia elemental mental, esencia monádica astral y materia atómica física.

 

En el interior del Alma Grupal aparecen algunas Tríadas Inferiores, sujetas naturalmente, a sus respectivas Tríadas Superiores; éstas, a su vez, vinculadas a sus cobijadoras Mónadas. Dichas Tríadas dentro del Alma Grupal no están por el momento sumergidas en sustancia mineral alguna.

 

Debajo del Alma Grupal aparecen varias formas irregulares que representan grupos o masas compactas de sustancias minerales. Dentro de estos bloques aparecen algunas Tríadas Inferiores; las líneas hacia arriba indican que pertenecen a su Alma Grupal progenitura que se cierne sobre ellas.

 

En el extremo derecho del Diagrama aparece un bloque de sustancia mineral que se supone ha sido desintegrado de alguna manera y quebrado en fragmentos. La Tríada Inferior que estuvo antes sumergida en ese bloque aparece retirándose al Alma Grupal que la engendró, como se describió antes.

 

La morada del Alma Grupal Mineral se puede decir que es lo más denso de su envoltura, o sea, el físico; en otras palabras, la actuación del Alma Grupal Mineral ocurre en el plano físico.

 

Todas las Tríadas Inferiores han de pasar por el reino mineral; puesto que es el estado en que la materia alcanza su forma más densa y en el que la gran Oleada de Vida llega al límite de su descenso e inicia su arco ascendente.

 

Además, la conciencia física es la primera que sé ha de despertar; es en el plano físico que la vida se ha de orientar definitivamente hacia afuera y reconocer contactos con el mundo externo. La conciencia apren­de gradualmente a reconocer los impactos desde afuera, a relacionarlos con el mundo externo y a aceptar como propios los cambios que sufren como consecuencia de tales impactos. Expresado de otro modo, es en el plano físico que la conciencia se convierte por vez primera en Auto-conciencia.

 

Mediante prolongadas experiencias, la conciencia siente el placer o el dolor provenientes de los impactos; se identifica con ese placer o dolor, y empieza a considerar no como sí misma lo que toca su superficie externa. Así se establece la primera distinción tosca entre el "No-Yo" y el "Yo".

 

A medida que las experiencias se acumulan, el "Yo" se retira siempre más al interior, y en el transcurso de su entera evolución, velo tras velo de materia es relegado al exterior como perteneciente al "No-Yo". Pero mientras sus atributos cambian constantemente, la distinción fundamental entre sujeto y objeto permanece siempre. El "Yo" es la conciencia que manda, piensa, siente, actúa: el "No-Yo" es aquello sobre el cual recae la acción de la conciencia cuando ésta manda, piensa, siente o actúa.

 

La conciencia, como hemos dicho, se despierta así en el plano físico y se expresa por medio del átomo permanente físico. En este átomo está latente; según el bien conocido aforismo: "Duerme en el mineral"; y en el mismo debe haber algún grado de despertar, de manera que salga de su sueño sin ensueños y se vuelva lo  suficientemente activo  como para pasar al nuevo estado, o sea, el del reino vegetal, en el que está destinado a "soñar".

 

Las reacciones de la conciencia a los estímulos externos en el reino mineral son mayores de lo que muchos alcanzan a comprender. Algunas de tales reacciones indican que hay hasta un principio de conciencia en el átomo permanente astral. Así, los elementos químicos exhiben distintas atracciones mutuas y los compuestos químicos se desintegran al introducirse otro elemento. Dos elementos, por ejemplo, que forman una sal de plata se separan repentinamente uno del otro en presencia de un ácido hidroclórico la plata se une con el cloro del ácido, dejando que el hidrógeno de éste forme otro compuesto con el elemento deshechado antes unido a la plata.

 

Al efectuarse tales intercambios activos, se produce una ligera conmoción en el átomo astral, a consecuencia de las violentas vibraciones físicos generadas por la formación y el quebrantamiento de esos elementos estrechamente unidos.

 

De esta manera la conciencia astral se despierta lentamente de lo físico, una pequeño nube de materia astral es atraída alrededor del átomo permanente astral al producirse esos ligeros estremecimientos. Sin embargo, esta materia astral es mantenida débilmente y parece totalmente exenta de organización.

 

A esta altura parece no haber vibración alguna en la unidad mental.

 

 

Diagrama XIV – Un Alma Grupal Mineral

 

Todavía no se ha hecho una lista detallada de los minerales, vegetales y animales de los siete Rayos o tipos; pero la siguiente lista de joyas y minerales es un principio de clasificación que sin duda alguna se hará en el futuro.

 

 

 

Rayo

Joya de la Cabeza del Rayo

 

Otras Joyas en el  mismo Rayo

 

 

 

1

Diamante

Cristal de Roca.

2

Zafiro

Lapislázuli.  Turquesa, Sodalita.

3

Esmeralda

Aguamarina, Jade, Malaquita.

4

Jaspe

Calcedonia, Ágata, Serpentina.

5

Topacio

Citrina, Mateatita.

6

Rubí

Turmalina, Granate,  Cornalina,  Carbun-

 

 

clo, Tulita, Rodonita.

7

Amatista

Pórfido, Violana.

 

 

 


Capítulo XI

 

ALMAS GRUPALES VEGETALES

 

El Diagrama XV ilustra un Alma Grupal Vegetal. Se observará que la envoltura de ésta tiene ahora sólo dos capas; la exterior está compuesta de esencia monádica astral, es decir, de materia atómica astral; la interior es de materia elemental mental, o sea, de materia del cuarto sub-plano mental. Ha desaparecido, por tanto, la capa física que contenía la envoltura del Alma Grupal Mineral, como si fuera absorbida por el contenido de ésta a fin de fortalecer los propios cuerpos etéricos.

 

Dentro del Alma Grupal aparecen algunas Triadas  Inferiores, ligadas a las respectivas Tríadas Superiores, y éstas a su vez a las Mónadas cobijadoras. Las Tríadas Inferiores que se encuentran dentro del Alma Grupal, no están por el momento asociadas directamente con la vida de planta alguna.

 

Debajo del Alma Grupal aparecen varias formas, que indican grupos de plantas o vidas vegetales. En el interior de algunas de ellas se ven Tríadas Inferiores; las líneas entre éstas y el Alma Grupal indican que pertenecen a ésta, que se encuentra suspendida sobre ellas.

 

Como en el caso del mineral, aparece en A, a la extrema derecha del Diagrama una forma vegetal que se supone destruida como organismo; la Tríada Inferior incrustada en la misma ha quedado libre al destruir la forma y el Alma Grupal la atrae a sí, como indica la flecha.

 

La actividad del Alma Grupal se ha transferido del plano físico al astral, su trabajo consiste en nutrir los cuerpos astrales de las vidas contenidas en ella.

 

Exactamente como en el caso de las Almas Grupales Minerales, repetiríamos que no se ha de suponer que cada hoja de césped, cada planta, y cada árbol tenga dentro un átomo permanente, evolucionando hasta el estado humano durante la vida de nuestro sistema; sino que el reino vegetal existe por su propia cuenta y para otros fines, ofreciendo también un campo de evolución para tales átomos permanentes a los cuales los Devas guían de una plañía a otra a fin de que experimenten las vibraciones que afectan al mundo vegetal, y las acumulen como poderes vibratorios en sí mismas, de la misma forma que lo hicieron en el reino mineral.

 

El método de intercambiar vibraciones y la consiguiente segregación siguen como antes. Las Almas Grupales, por lo tanto, se dividen y subdividen constantemente, no sólo aumentando su número, sino también diferenciándose más unas de otras en sus características principales.

 

Durante el tiempo pasado en el reino vegetal es perceptible en el átomo permanente mayor actividad que mientras se encontraba en el reino mineral. En consecuencia, el átomo permanente astral atrae alre­dedor de sí mismo materia de ese plano, que los Devas distribuyen de manera algo más precisa. En la larga vida de un árbol de la selva, la creciente agregación de materia astral se desarrolla en todas direcciones como forma astral del árbol. Esta forma astral experimenta vibraciones, las que producen "en masa" placer o molestias causadas en el árbol físico por la luz del sol, las tempestades, viento, lluvia, calor, frío, etc.; experiencias que se trasmiten, en cierta medida, al átomo permanente incrustado en el árbol. Como se dijo antes, al perecer el árbol como tal, el átomo permanente retorna al Alma Grupal, llevando consigo la rica cosecha de experiencias, las que comparte, en la forma explicada anteriormente, con las demás Tríadas del Alma Grupal.

 

 

Diagrama XV – Un Alma Grupal Vegetal

 

Además, a medida que la conciencia reacciona mejor en el astral, envía pequeños estremecimientos  al plano físico; éstos excitan sentimientos,  los  que, si bien son derivados realmente del astral, se sienten como si fueran del físico.           

 

Cuando ha habido una larga vida separada, como en un árbol por ejemplo, habrá una ligera excitación en la unidad mental, la que reunirá alrededor de sí una pequeña nube de materia mental; en ésta, la recurrencia de las estaciones, etc., se imprimen lentamente como vaga memoria, que se convierte en una leve anticipación.

 

En efecto, por regla general, parece que cada Triada Inferior durante las últimas etapas de evolución en el mundo vegetal tiene prolongada experiencia en una forma, a fin de que experimente algunos estremecimientos de vida mental y de esta manera esté preparada para aprovechar, a su debido tiempo, de la errante vida del animal, Sin embargo, la regla no es universal; porque al parecer, en algunos casos, el paso al reino animal se efectúa en etapa más temprana, de manera que el primer estremecimiento de la unidad mental ocurre en algunas de las formas estacionarias de vida animal y en organismos animales muy bajos. Pues condiciones similares a las existentes en los reinos mineral y vegetal, también prevalecen, al parecer, en animales del tipo más bajo. En otras palabras, los reinos aparecen superponiéndose en cierta medida.

 

 

Capítulo XII

 

ALMAS GRUPALES ANIMALES

 

Ilustramos en el Diagrama XVI un Alma Grupal Animal. Como se notará en él, la envoltura de la misma tiene una sola capa, que se com­pone de materia del cuarto subplano mental. La capa astral que posee el Alma Grupal Vegetal ha sido absorbida para fortalecer a los indefinidos cuerpos astrales de las Tríadas dentro del Alma Grupal.

 

La actividad de ésta ha sido transferida al plano superior, el mental inferior, y nutre a los informes cuerpos mentales de las Tríadas contenidas en ella, fortaleciéndolas así gradualmente en perfiles menos vagos.

 

 

Diagrama XVI – Un Alma Grupal Animal

 

El Diagrama XVI se ha trazado de manera similar a los Diagramas XVI y XV. En A se indica una forma animal que ha sido destruida como tal. En consecuencia, la Tríada Inferior ha sido atraída al Alma Grupal como indica la flecha.

 

Como en los reinos precedentes, los Devas guían a las Tríadas a formas animales. Asimismo, como en los reinos mineral y vegetal, las formas inferiores de vida animal, tales como microbios, amebas, hidras, etc., muestran un átomo permanente sólo como visitante ocasional, pero es evidente que no depende en absoluto de ellas para su vida y crecimiento, ni se desintegran al   retirarse   al átomo permanente. Estas formas animales  son meramente dueños de casa que, de vez en cuando, reciben átomos permanentes como huéspedes transeúntes; no son, en manera alguna, cuerpos formados alrededor de un átomo permanente.

 

En efecto, antes de que los Devas en etapa muy posterior construyan formas alrededor de esos átomos permanentes, los átomos del reino animal deben haber recibido y acumulado muchas experiencias.

 

Además, es digno de notar que, en la etapa que nos ocupa, la tela dorada de vida no representa en absoluto, la organización del cuerpo del "dueño de casa". Como las raicillas en el suelo atraen a sí partículas de tierra y absorben de ésta las sustancias que necesitan para el organismo que sirven, del mismo modo parece actuar la tela de vida.

 

No es necesario decir que en el reino animal los átomos permanentes reciben vibraciones mucho más variadas que en los reinos inferiores; en consecuencia se diferencian más rápidamente. A medida que esta diferenciación avanza, la multiplicación de Almas Grupales se produce con creciente rapidez, disminuyendo naturalmente en proporción el número de Tríadas Inferiores en cada una de ellas.

 

 

Diagrama XVII – División de un Alma Grupal Animal

 

El Diagrama XVII ilustra la reproducción por división de un Alma Grupal. Las de los reinos mineral y vegetal ya descritas se dividen por un proceso similar.

 

El Alma Grupal se divide repetidas veces, hasta que finalmente cada Tríada Inferior tiene su propia envoltura separada. La Tríada está todavía dentro de la envoltura de esencia elemental que la protege y la nutre. Se acerca a la individualización y el nombre de Alma Grupal ya no le corresponde estrictamente; porque es evidente que la Tríada Inferior no constituye un "grupo". Es una Tríada que se ha separado del "grupo" al que pertenecía anteriormente.

El Diagrama XVIII A muestra la etapa a la que ha llegado; en la envoltura del Alma Grupal se encuentra una sola Tríada Inferior: pero hay todavía varias formas animales adheridas. La nueva etapa se alcanza cuando sólo queda una forma animal agregada al Alma Grupal. Esta etapa se indica en el Diagrama XVIII B. Gran número de animales domésticos más avanzados han logrado este estado, y han llegado a ser realmente entidades separadas que encarnan sucesivamente en varios cuerpos animales; aun cuando no han obtenido todavía la posesión de un cuerpo causal, verdadera indicación de individualidad.

 

Antes de pasar a describir el proceso tan interesante de individualización, observaremos la analogía entre el animal al acercarse a la individualización, y a la vida prenatal humana. El animal en tal condición corresponde a los dos últimos meses del feto humano.

 

Se sabe que un niño sietemesino puede nacer y sobrevivir; pero será más fuerte, más sano y más vigoroso si aprovecha otros dos meses resguardado y nutrido en el seno materno. Así también es mejor para el normal desenvolvimiento del Ego que no rompa demasiado pronto la envoltura del Alma Grupal, sino que permanezca dentro, absorbiendo la vida a través de ella y fortaleciendo con sus elementos la parte más sutil de su propio cuerpo mental. Bajo esta protección y cuando haya alcanzado el límite posible de desarrollo, entonces ha llegado el momento de que se efectúe la individualización.

 

Diagrama  XVIII – Alma Grupal Animal conteniendo una Tríada Inferior

  • Ligada a un grupo de animales
  • Ligada a un animal

 

El conocimiento de estos hechos ha dado motivo a veces para que los ocultistas adviertan a quienes gustan mucho de los animales, que no exageren su afecto hacia ello, ni lo demuestren imprudentemente; porque es posible acelerar inconvenientemente el desarrollo del mismo —como sabemos que puede suceder en el caso de un niño— y forzar la individualización del mismo antes de tiempo. Es evidente que es mejor dejar que se desarrolle naturalmente el ani­mal hasta que esté debidamente preparado para la individualización, en vez de forzar ésta artificialmente, y producir dicho estado, antes de estar el mismo preparado para mantenerse solo y vivir en el mundo como entidad humana separada.

 

Se ha de tener presente que en la actualidad nos encontramos a muy poco más de medio camino de la Cuarta Ronda de la Cuarta Cadena, es decir, algo más de la mitad del camino, en la evolución de esta Cadena de mundos, y que sólo al término de esta evolución alcanzará el reino animal el estado humano. Por tanto, cualquier animal que alcance ahora o se aproxime a la individualización, ha de estar muy por delante de los demás y el número de tales casos es por consiguiente muy reducido. Sin embargo, ocurren ocasionalmente; pero para ello el animal requiere muy estrecha asociación con el hombre.

 

Dos factores actúan en tales circunstancias: (1) las emociones y los pensamientos del hombre actúan constantemente sobre los del animal y tienden a elevarlo a un nivel superior, tanto emocional como intelectualmente; (2) el animal, si es tratado bondadosamente, cobra profundo afecto por su amigo humano, a la vez que desarrolla sus poderes intelectuales, tratando de comprender a su amigo y anticiparse a sus deseos. Se ha descubierto que la individualización, que eleva definitivamente a una entidad del reino animal al humano, puede ocurrir únicamente en ciertas clases de animales — una por cada uno de los siete grandes tipos o "Rayos". En efecto, la individualización sólo ocurre en animales domesticados y no en todas las clases de éstos. De entre ellos sabemos con certeza que se hallan la del elefante, el mono, el perro y el gato, y posiblemente el caballo sea la quinta.

 

Detrás de estos animales que encabezan los tipos, sigue una larga línea de animales salvajes, sobre los cuales la investigación no ha avanzado mucho. Se sabe, sin embargo, que el lobo, el zorro, y otros culminan en el perro; el león, el tigre, el leopardo, el jaguar y el ocelote culminan en el gato doméstico.

 

Se ha de hacer notar también que el animal de cualquier tipo, al individualizarse en un ser humano, lo será del mismo tipo y no de otro.

 

Tanto las abejas como las hormigas (las que, junto con el trigo, fueron traídas de Venus por los Señores de la Llama), viven de manera muy diferente a como viven las criaturas puramente terrestres; pues en ellas un Alma Grupal anima la entera comunidad de abejas u hormigas, de modo que la comunidad actúa como una sola voluntad y las diferentes unidades son, en realidad, miembros de un cuerpo, en el mismo sentido que las manos y los pies son miembros de la estructura humana. Se puede decir de ellas que no sólo tienen un Alma Grupal sino también un cuerpo grupal.

 

Las investigaciones de Maurice Maeterlinck parecen confirmar lo dicho. En su obra "La Vida de las Termitas", escribe:

 

"La población de la colmena, de un hormiguero y de un termitario, parece ser una sola e individual criatura viviente, cuyos órganos, compuestos de innumerables células, están diseminados sólo en apariencia, pero permanecen siempre sujetos a la misma energía o personalidad vital, a la misma ley central. En virtud de esta inmortalidad colectiva, la muerte de cientos de termitas, que son inmediatamente reemplazadas por otras, no afectan al ser central. Durante millones de años el mismo insecto ha seguido viviendo, de manera que no se ha perdido una sola de sus expe­riencias. No ha habido interrupción en su existencia, ni desaparición de sus recuerdos; ha permanecido una memoria individual, y ésta no ha dejado nunca de funcionar y centralizar cada adquisición del alma colectiva. Ellas se bañan en el mismo fluido vital, como las células de nuestro ser; pero, en su caso, este fluido parece estar más difundido, más elástico, más sutil, más psíquico o más etéreo que el de nuestro cuerpo. Y esta unidad central está sin duda ligada al alma universal de la abeja, y probablemente con lo que es actualmente el alma universal."

 

Con respecto al número de seres incorporados a un Alma Grupal, puede haber cuatrillones de moscas o mosquitos; cientos de miles de conejos o gorriones; unos pocos miles de animales como el león, el tigre, el leopardo, el gamo, el lobo, o el jabalí. Entre los animales domésticos como el cordero y el buey, el número es aún menor.

 

En el caso de los siete animales para quienes la individualización es posible, sólo unos pocos centenares están incorporados a cada Alma Grupal, y, a medida que su desenvolvimiento continúa, se separan rápidamente. Mientras puede haber mil perros sin dueño incorporados a un Alma Grupal, en el caso de perros o gatos verdaderamente inteligentes y bien cuidados, habrá sólo diez o doce cuerpos sobre los cuales se cierne el Alma Grupal.

Las Almas Grupales Animales son grandemente afectadas y ayudadas por las influencias que los Maestros de la Sabiduría derraman constantemente, las que afectan en cierta medida a todo dentro de un amplio límite.

 

 

 

Capítulo XIII

 

INDIVIDUALIZACIÓN: SU MECANISMO Y FINALIDAD

 

Llegamos ahora a la etapa en que va a tener lugar un cambio de inmensa importancia para la vida evolucionante, a saber: la individualización del animal, la formación del cuerpo causal, la entrada en el reino humano.

 

A fin de comprender todo el fenómeno y darnos cuenta de su significado, vamos a recapitular brevemente los estados ya pasados. Vimos primeramente que las Mónadas, que derivan su ser del Primer Logos, vienen y moran en el plano Anupadaka durante todas las edades que hemos considerado. Con la ayuda de los Devas cada Mónada se ha apropiado tres átomos permanentes que la representan como un Jivatma en los planos de Atma, Buddhi y Manas; estos tres forman la Triada Superior. Además, a cada Tríada Superior se ha unido también una Tríada Inferior, consistente en una Unidad Mental, un Átomo Permanente Astral y otro Físico.

 

La Tríada Inferior ha sido sumergida sucesivamente en los primeros reinos de vida, resguardada y nutrida por el Alma Grupal. Mediante repetidas subdivisiones,- producidas por diferenciación resultante de la experiencia, cada Tríada Inferior llega a poseer una envoltura para sí, derivada del Alma Grupal. Después de una sucesión de experiencias en una serie de formas animales separadas, la Tríada Inferior reacciona lo suficiente como para justificar un nuevo paso en el plan evolutivo, paso que le dará una nueva cuota (si podemos emplear tal expresión), o aspecto de la Vida Divina.

 

Así como el feto humano es alimentado en el seno materno hasta que el niño es lo suficientemente fuerte para vivir su propia vida independiente en el mundo externo, así también la Tríada es resguardada y alimentada por el Alma Grupal; medio por el cual el Segundo Logos protege y nutre a sus hijitos, hasta que la Tríada es lo bastante fuerte para lanzarse al mundo externo como unidad de vida, completa en sí misma, para seguir su evolución independiente.

 

Así se alcanza el término de la vida prenatal del Jivatma (la Tríada Superior de Atma-Buddhi-Manas) encerrando la vida de la Mónada, por haber llegado el momento de su nacimiento en el mundo inferior. La vida materna del Segundo Logos ha construido para la Mónada los cuerpos en los que puede vivir como entidad separada en el mundo de las formas, y ha de venir a tomar posesión directa de tales cuerpos para emprender su evolución humana.

 

 

Diagrama XIX - Individualización

 

 

Hasta este punto, toda la comunicación de la Mónada con los planos inferiores ha sido por medio del Sutratma, o hilo de vida, en el cual los átomos permanentes están ensartados. (Véase el Diagrama XIX A). Pero llega el momento para una comunicación más plena que la presentada por este delicado hilo en su forma original. En consecuencia, el Sutratma se ensancha (véase Diagrama XIX A), el Rayo de la Mónada brilla y aumenta, tomando la forma de un embudo: "el hilo entre el Silencioso Vigilante y su Sombra se hace más fuerte y radiante". (La Doctrina Secreta. Tomo I. pág. 335).

 

Este descenso de vida monádica va acompañado con corriente muy acrecentada entre los átomos permanentes búdico y manásico (véase Diagrama XIX C).

 

El átomo permanente manásico despierta, enviando vibraciones en todas direcciones. Otros átomos y moléculas manásicas se agrupan alrededor de éste (véase Diagrama XIX D), y se forma un remolino en los tres subplanos superiores del plano mental. Un movimiento giratorio similar tiene lugar en la masa nebulosa que rodea a la unidad mental la que como hemos visto, está envuelta en el Alma Grupal.

 

En tal estado, la envoltura del Alma Grupal se rasga con violencia y es absorbida en el vórtice superior (véase Diagrama XX A). Allí se desintegra, quedando disuelta en la materia del tercer subplano mental y a medida que el remolino disminuye en actividad, forma una envoltura pelicular delicada, que es el cuerpo causal (véase Diagrama XX B). Al describir este proceso, la ilustración dada en el Oriente es la de una tromba. Allí tenemos una gran nube suspendida sobre el mar, en la superficie del cual se forman y mueven ondas constantemente. Finalmente de la nube se extiende un cono invertido de vapor girando vio­lentamente, como un inmenso dedo.

 

Debajo   de   éste   se  forma  rápidamente   un   vórtice   en  el  océano; pero en vez de ser una depresión en la superficie, como lo es el remolino común, es un cono giratorio que se eleva sobre la superficie.

 

Los dos conos se acercan más y más uno al otro, hasta que el poder de atracción es lo suficiente fuerte para anular el espacio intermedio, y, repentinamente, se forma una gran columna mezcla de agua y vapor, donde nada existía antes.

 

De la misma manera, las Almas Grupales animales arrojan constantemente partes de sí mismas a la encarnación, como las ondas tem­porarias en la superficie del mar. Por fin, después que el proceso de diferenciación ha continuado hasta el máximum posible, llega el mo­mento en que una de estas ondas se eleva lo suficientemente alto como para que la nube suspendida se junte a ella. Entonces es atraída a una nueva existencia, ni en la nube, ni en el mar, sino entre los dos, y participando de la naturaleza de ambos. En esta forma queda separada del Alma Grupal de la que ha formado parte hasta entonces y ya no vuelve más al mar. Técnicamente expresado, la vida del animal es levantada en remolino a reunirse con la vida descendente de la Mónada, expresada por medio de la materia mental superior o causal.

 

Podemos pues imaginarnos a la Mónada esperando en su propio elevado plano, mientras se van formando los cuerpos inferiores alrededor de los átomos permanentes agregados a la misma, cobijándolos durante largos períodos de lenta evolución. Una vez que los cuerpos están lo suficientemente evolucionados, la Mónada desciende súbitamente y toma posesión de ellos para utilizarlos en su evolución. A medida que se encuentran con la sustancia mental en ascenso y en desenvolvimiento, se unen a ella, la fertilizan y en el punto de unión for­man el cuerpo causal del vehículo de la individualidad.

 

Diagrama XX. — Formación del Cuerpo Causal

 

 

El descenso de la vida, cuyo resultado es la formación del cuerpo causal, es conocido como la Tercera Oleada de Vida, o Tercera Emanación; procede del Primer Logos, el eterno y amoroso Padre — de Quien vinieron también, como hemos visto, las Mónadas mismas.

 

La acción de las tres Emanaciones al producir una individualidad humana está gráficamente representada en el bien conocido diagrama frente a la página 42 de "El Hombre Visible e Invisible" y en la página 43 de "Los Chakras". Nos hemos aventurado a modificar ligeramente este diagrama (véase Diagrama XXI) de acuerdo con la información adicional dada en "Los Chakras" y en "Los Maestros y el Sendero".

 

La explicación del Diagrama XXI es como sigue: La Primera Oleada de Vida, o Emanación, del Tercer Logos o Aspecto se sumerge verticalmente en la materia, como indica la línea del dibujo, volviéndose más pesada y obscura a medida que desciende. Esto demuestra que el Espíritu Santo vivifica la materia de los diversos planos, primero construyendo los átomos y luego agrupándolos en elementos, (según se describió en el Capítulo V.)

 

A la materia así vivificada, desciende, la Segunda Oleada de Vida, o Emanación, procedente del Segundo Logos o Aspecto, Dios Hijo, a través de los reinos elementales primero, segundo y tercero, hasta el reino mineral; luego asciende por los reinos vegetal y animal al humano, donde se encuentra con el poder descendente del Primer Logos — la Tercera Emanación del Primer Logos o Aspecto.

 

Entretanto la fuerza del Tercer Logos, la Primera Emanación del Tercer Aspecto, después de tocar el punto más bajo, se eleva también. En el sendero de retorno o ascenso es Kundalini, y actúa en los cuerpos de los seres evolucionantes en estrecho contacto con la Fuerza de Vida Primaria, actuando ambas unidas para preparar la criatura al punto en que puede recibir la Emanación del Primer Logos, convertirse en Ego, en ser humano, y llevar adelante a los cuerpos aun después de esto. Podemos pues decir que derivamos el potente poder de Dios de la tierra de abajo, lo mismo que del cielo de arriba y que somos hijos de la tierra y también del Sol. Las dos Fuerzas se unen en nosotros y actúan juntas para nuestra evolución. No podemos tener una sin la otra; pero sí hay gran exceso de una de ellas se corre serios peligros. De ahí el riesgo resultante del desenvolvimiento de las ca­pas más profundas de Kundalini, antes de que la vida del hombre sea pura y refinada.

 

Diagrama XXI – Las Tres Emanaciones

 

Aunque las tres Emanaciones son verdaderamente la Vida de Dios Mismo, existe una distinción vital e importante entre la Primera y la Segunda Emanación por una parte, y la Tercera por la otra; porque la Primera y la Segunda Emanación han descendido lenta y gradualmente, pasando por todos los subplanos atrayendo a su alrededor la materia de esos subplanos y enredándose en ella tan completamente, al punto que es apenas posible distinguirlas por los que son, es decir, reconocerlas como Vida Divina.

 

Pero la Tercera Emanación desciende directamente desde su fuente fin envolverse en manera alguna con la materia intermedia. Es la luz blanca pura, no contaminada por nada a través de lo que ha pasado.

 

Además, aunque en el diagrama, según se publicó originalmente, la Tercera Emanación aparecía como viniendo directamente del Logos, el hecho es, (como vimos en el Capítulo IV) que emanó de Él hace mucho tiempo y está cerniéndose en un punto intermedio, o sea, en el segundo plano, el Anupadaka, donde la conocemos como la Mónada. Por lo tanto, nos hemos aventurado a modificar el diagrama insertando el triángulo representativo de la Mónada en el lugar que le corresponde en la corriente de la tercera Emanación.

 

Ésta "afluencia monádica", que dio por resultado la evolución de la Mónada del estado animal al humano, continuó hasta la mitad de la Cuarta Raza (la Atlante), recibiendo la población humana nuevos miembros. Esto representa el punto medio del plan de evolución de nuestra Cadena Planetaria. Una vez pasado, muy pocos animales alcanzan la individualización. El animal que consigue individualizarse está avanzando con respecto a sus semejantes como lo está el ser humano que alcanza el Adeptado antes que el hombre medio. Ambos efectúase en el punto medio de la evolución, lo que se espera que hagan solo al término de ella. Quienes lo alcanzan en la época normal, o sea, al término de la séptima ronda, se acercarán a su meta tan gradualmente que tendrán que luchar muy poco o nada.

 

La Doctrina Secreta, Tomo I, pág. 242, se refiere a esta cuestión al decir que, después del "punto central de vuelta" del ciclo de evolución, "no pueden entrar nuevas Mónadas en el reino humano. La puerta queda cerrada para este ciclo."

 

El estudiante observará que la Tercera Emanación difiere de las demás en otro importante respecto; en que mientras la Primera y la Segunda Emanación afectan a miles o millones simultáneamente, la Tercera llega a cada uno individualmente, solo cuando está listo para recibirla.

 

La Tercera Emanación, como hemos visto, ha descendido ya al mundo búdico, pero no baja más hasta que el alma del animal da el gran paso hacia arriba. Entonces los dos se unen formando el Ego, como individualidad permanente, de la manera descripta.

 

Aunque hablamos de la individualidad del hombre como permanente, se ha de entender que tal permanencia es solo relativa, porque en una etapa muy posterior de la evolución, el hombre la trasciende y vuelve a la unidad divina de la cual procede. Esta cuestión será tratada en un capítulo posterior.

 

Recapitulando brevemente, vemos que el Logos envía tres ondas poderosas de Su Vida, a través de Sus tres Aspectos sucesivamente: el primero moldea y encarna la materia; el segundo imparte cualidades y construye formas; el tercero hace descender la Mónada humana para unirla con las formas preparadas por el segundo.

 

El estudiante ha de tener en cuenta que antes de la individualización, el fragmento del Alma Crupal ha desempeñado la función de fuerza animante. Después de la individualización, sin embargo, lo que era Alma Grupal se convierte en cuerpo causal, transformándose así en el receptáculo animado por la Chispa Divina, que desciende al mismo desde el mundo superior.

 

Por lo tanto, lo que hasta entonces ha sido vida animante, se convierte a su vez en forma animada, simbolizada en la mitología antigua por la historia medieval del Santo Grial; porque el Cáliz o Grial es el resultado perfeccionado de toda evolución inferior; en el cual se vierte el vino de la Vida Divina, a fin de que el alma del hombre pueda nacer. Así, como se ha dicho, lo que era antes el alma animal, se transforma, en el caso del hombre, en cuerpo causal, ocupado por el ego o alma humana. Todo cuanto ha aprendido en su evolución se transfiere así a este nuevo centro de vida.

Una vez formado el cuerpo causal, la Tríada Superior o Espiritual tiene un cuerpo permanente para ulterior evolución. Cuando a su debido tiempo la conciencia es capaz de funcionar libremente en éste, la Tríada Superior podrá regir y dirigir, mucho más eficazmente que antes, la evolución de los cuerpos inferiores.

 

Los esfuerzos anteriores para regir, no han sido ciertamente muy  inteligentes, de la misma manera que los primeros movimientos del niño tampoco son inteligentes, aunque sabemos que hay una inteligencia vinculada a ellos. La Mónada en tal condición nace literalmente en plano físico; pero se lo ha de considerar allí como un bebé, una verdadera Individualidad, pero ego infantil, y tendrá que pasar un período de tiempo muy largo antes de que su poder sobre el cuerpo físico sea otra cosa que infantil.

 

Podemos considerar al Alma o Ego como lo que individualiza al Espíritu Universal, que enfoca la Luz Universal en un solo punto; el cual es, por así decirlo, un receptáculo en el que se vierte el Espíritu. Por lo tanto lo que en Sí mismo, es Universal, vertido en este receptáculo aparece como separado; siempre idéntico en esencia, pero separado en su manifestación. El objeto de esta separación, según hemos visto, es que el individuo se desarrolle y crezca; que haya una vida individualizada potente en todos los planos del Universo; que conozca en el físico y en otros planos, como conoce en los espirituales, -y no tenga interrupción de continuidad en la conciencia; que pueda construirse los cuerpos que necesita para adquirir conciencia más allá de su propio plano, y después purificarlos gradualmente hasta que no actúen más como velo o como entorpecimiento, sino como medios traslucientes y puros a través de los que pueda pasar el conocimiento de cada plano.

 

Sin embargo, no se ha de imaginar el proceso de individualización como meramente la creación de una forma o receptáculo, para luego verter algo en él, de manera que lo que se vierte inmediatamente toma el perfil y forma precisos de la vasija. El verdadero fenómeno es más análogo a la formación de un sistema solar, de una nebulosa. Saliendo de la primordial materia del espacio, aparece primeramente una ligera neblina, casi demasiado delicada para llamarla siquiera neblina; ésta se densifica gradualmente más, al unirse más estrechamente a las partículas; con el tiempo, se forman dentro de la neblina perfiles que a medida que transcurre el tiempo se vuelven más definidos, hasta formar un sistema con su sol central y los planetas alrededor de éste.

 

Así viene el Espíritu a la individualización. Es como la tenue aparición de una sombra en el vacío universal; la sombra se cambia en neblina, la que se hace más clara y precisa, hasta que con el tiempo, una individualidad viene a la existencia. El Alma, o individuo, no es al principio una cosa completa, sumergiéndose como un buzo en el océano de la materia, sino que se densifica y forma lentamente, hasta que del universo surge una individualidad que se desarrolla constantemente a medida que progresa la evolución de la misma.

 

De este modo la Tercera Emanación forma en el hombre este distintivo "Espíritu del hombre que se eleva a diferencia del "espíritu de la bestia que va hacia abajo", lo que al interpretarlo, significa que mientras el alma del animal después de la muerte del cuerpo vuelve al Alma Grupal a la cual pertenece, el espíritu divino del hombre no puede retroceder, sino que se eleva siempre hacia arriba y adelante, hacia la Divinidad de Quien procedió.

 

Como ya se ha dicho, la vida divina representada por la Tercera Oleada de Vida, parece ser incapaz de descender más abajo del plano Búdico, en el que se cierne como una potente nube, esperando la oportunidad de unirse con la vida de la segundo Emanación que se eleva para encontrarla.

 

Ahora bien, aunque esta nube parece ejercer una constante atracción sobre la esencia por debajo de ella, el esfuerzo que hace posible la unión ha de venir de abajo. En el siguiente capítulo trataremos de la naturaleza de este esfuerzo.

 

La unión de la Tercera Emanación con la Primera y la Segunda es el principio de la evolución intelectual, el advenimiento del Ego para tomar posesión de su tabernáculo físico y a vincular con ese tabernáculo el Espíritu que lo ha cobijado, y que con su sutil influencia lo ha perfilado y moldeado.

 

Acerca de esto dice H. P. Blavatsky: "Existe en la Naturaleza un triple esquema evolucionario, para la formación de los tres Upadhis periódicos; o más bien tres esquemas separados de evolución, que en nuestro sistema se hallan confundidos y entrelazados, por todas partes ... 1º La Monádica está, como el nombre lo implica, relacionada con el desarrollo y desenvolvimiento de la Mónada en fases de actividad cada vez más elevada, en conjunción con: 2º La Intelectual, representada por los Manasa-Dhyanis (los Devas Solares o los Pitris Agnishvatía), los que "conceden inteligencia y conciencia" al hombre: y 3º La Física, representada por los Chhayas de los Pitris Lunares en torno de los cuales se ha formado la Naturaleza y la actual forma física... La unión de estas tres corrientes en él, es lo que hace de él el ser complejo que es en la actualidad. "La Doctrina Secreta", (Tomo I, págs. 242-243).

 

En Ocultismo se define bien al hombre como el ser del universo, en cualquier parte de éste en que se encuentre, en el cual el Espíritu más elevado y la Materia más baja están unidos por la inteligencia, haciendo finalmente de él un Dios manifestado, que avanzará para conquistar en el futuro sin límites que se extiende ante él.

 

El hombre mismo, el ego reencarnante, debiera ser considerado preferentemente, como el Pensador, más que como Mente; por cuanto la palabra Pensador sugiere una Entidad individual, mientras que la palabra Mente sugiere una generalidad vaga y difusa.

 

Si consideramos las fases de involución y evolución en amplio delineamiento, nos las podemos imaginar compuestas de siete etapas. Durante tres de ellas, el Espíritu desciende. A medida que desciende se cierne sobre la materia, impartiéndole cualidades, poderes y atributos. La cuarta etapa está aparte, pues en ella la Materia, imbuida ya de varios poderes y atributos, entra en múltiple relación con el Espíritu que la anima, el que penetra ahora en ella. Esta es la gran batalla del universo; el conflicto entre Espíritu y Materia; la batalla de Kurukshetra, de las inmensas huestes de ejércitos opuestos. El Espíritu, al entrar en innumerables relaciones con la Materia, es al principio dominado; luego viene un punto de equilibrio en que ni uno ni otra tienen ventaja; después, gradualmente, el Espíritu empieza a triunfar sobre la Materia, de manera que, al tér­mino de la cuarta etapa, el Espíritu domina a la Materia y está dispuesto para ascender por las tres etapas que completan las siete.

 

En estas ultimas etapas, el Espíritu organiza a la Materia que ha dominado y animado, la utiliza para sus propios fines, y la modela para expresarse mediante ella, de tal suerte que la Materia se convierte en el medio por el cual los poderes del espíritu se manifestarán y actuarán. Las últimas tres etapas son, por lo tanto, para el ascenso espiritual. En forma de tabla, se puede indicar así:

 

I – II

 

Descenso

Cualidades impartidas

Materialización

Involución

 

Momento crítico Equilibrio

Relaciones Establecidas

Conflicto

Cambio de Involución a Evolución

V. VI. VIL

Ascenso

Organismos construidos

Espiritualización

Evolución

 

 

 

Las siete etapas de involución y evolución

 

Durante las Etapas I., II. y III. El Espíritu desciende, impartiendo cualidades (indicadas por las flechas laterales) a la Materia.

 

Durante la Etapa IV. Espíritu y Materia están en conflicto, indicado por las flechas opuestas, y por las líneas cruzadas, que simbolizan el campo de batalla de la vida.

 

Durante las Etapas V. VI. y VII. el Espíritu asciende, ganando gradualmente dominio sobre la Materia.

 

En el Diagrama también se trata de representar la diversificación de la línea del Espíritu al descender, surgiendo la multiplicidad de la unidad, y el retorno del Espíritu al nivel de su fuente, enriquecido con sus experiencias en la materia y dominando a ésta.

 

El Diagrama XXII ilustra las mismas ideas en forma gráfica.

 

El principio ilustrado recurre una y otra vez en todos los procesos de la Naturaleza; por ejemplo, en el ciclo de la reencarnación humana. Se recomienda por tanto a los estudiantes que procuren comprender claramente este principio, porque les ayudará   a   comprender muchos otros puntos de la "Sabiduría Antigua".

 

Diagrama XXII. - Las Siete Etapas   de Involución y Evolución

 

 

Todo el curso del movimiento hacia abajo a la materia se llama en la India el pravritti marga, o el sendero hacia fuera. Una vez alcanzado el punto más bajo, el hombre entra en el nivritti marga, o sea el sendero de retorno. El hombre vuelve de su labor diaria de cosecha, trayendo su gavilla de espigas, en forma de una conciencia despierta, que lo hice mucho más útil de lo que era antes de su descenso a la materia.

 

En el curso del desenvolvimiento del hombre, la evolución intelectual ha de oscurecer por un tiempo a la espiritual. Ésta debe ceder ante el ímpetu de la inteligencia y retirarse por un tiempo al trasfondo dejando que la inteligencia tome las riendas y guíe durante las siguientes etapas de la evolución.

 

La Mónada empezará silenciosa y sutilmente a animar a la inteligencia, actuando indirectamente por medio de ella, estimulando con sus energías, desenvolviéndola mediante un incesante flujo de influencia desde el interior, mientras la inteligencia se ocupa de los cuerpos inferiores, para conquistar y esclavizarlos primero, y con el tiempo dominarlos y regir.

 

De modo que por un tiempo el espíritu está oscurecido, madurando durante el silencio, mientras el luchador intelecto mantiene la lucha; pero vendrá la hora en que el intelecto pondrá el botín a los pies del espíritu, y el hombre ya divino regirá sobre la "tierra", es decir, sobre los planos inferiores, como amo y no será más esclavo de éstos.

 

El intelecto es esencialmente el principio separativo en el hombre, que separa el "Yo" del "no-yo", que es consciente de sí mismo, v ve a todo lo demás como extraño y ajeno a él. Es el principio combativo, luchador, auto-afirmador, y desde el plano del intelecto, hacia abajo, el mundo presenta una escena de conflicto, enconado en proporción a la medida en que el intelecto toma parte en ella. Aun la pasión es espontáneamente combativa solo cuando está incitada por el sentimiento del deseo y encuentra algún obstáculo entre sí misma y el objeto de su deseo. Se pone cada vez más agresiva a medida que la mente inspira su actividad, porque entonces trata de abastecerse para la gratificación de futuros deseos, y de apropiarse más y más de los repositorios de la naturaleza. Pero el intelecto parece ser espontáneamente combativo, su misma naturaleza es hacer valer sus derechos como diferentes de los demás. Por eso encontramos en el intelecto la raíz de la separatividad, el manantial de divisiones entre los hombres.

 

Por otra parte, se siente la unidad de inmediato en cuanto se alcanza el plano búdico. Pero de esto nos ocuparemos en otro capítulo mucho más adelante.

 

El estudiante, sin embargo, no se ha de formar la idea de que el hombre es únicamente lo que funciona como mente o intelecto en su cuerpo causal. En esencia, como hemos visto, el hombre es una Chispa del Fuego Divino, es decir, la Mónada, y ésta se manifiesta en sus tres aspectos como Espíritu en el mundo de Atma, como Intuición en el de Buddhi, y como Inteligencia en el de Manas. Estos tres aspectos en conjunto constituyen el ego que habita el cuerpo causal construido con el fragmento del Alma Grupal. Así que el hombre, tal como lo conocemos, aunque en realidad es una Mónada que reside en el mundo monádico, se manifiesta como un ego en el mundo mental superior, mostrando los tres aspectos de sí mismo quo designamos Espíritu, Intuición e Inteligencia.

 

El ego es el hombre durante la etapa humana de la evolución; es, en efecto la correspondencia más cercana al concepto ordinario y algo empírico del alma. Vive inmutable (salvo por su crecimiento) desde el momento de la individualización hasta que trascienda la humanidad y se fusione en la divinidad. No es afectado en manera alguna por lo que llamamos nacimiento y muerte; pues lo que consideramos comúnmente su vida es, ciertamente, sólo un día en su vida real. Los cuerpos interiores que nacen y mueren son meras vestiduras, que se pone a los fines de cierta parte de su evolución.

 

Una manera concisa de expresar la situación es decir que el hombre es una individualidad inmortal, que posee una personalidad mortal.

 

En toda la existencia del hombre se producen tres cambios definitivos que exceden a todos les demás en importancia y significación (1). El primero de estos cambios es cuando se individualiza y entra en el reino humano, saliendo del animal y empezando su carrera como ego (2). El segundo cambio es al recibir la Primera de las grandes Iniciaciones (3). El tercero es al alcanzar el Adeptado. En otros capítulos nos ocuparemos de los dos últimos cambios: ahora nos interesa únicamente el primero, la individualización.

 

Alcanzar esta individualización es la meta de la evolución animal, y el desenvolvimiento de la misma sirve una finalidad precisa. Esta es establecer un centro individual fuerte por medio del cual, con el tiempo, pueda fluir la fuerza del Logos.

 

 

Diagrama XXIII – Del Mineral al Hombre

 

Al establecerse por vez primera es, naturalmente, un ego infantil débil e inseguro. A fin de que se haga fuerte y definido es necesario rodearle de egoísmo, el intenso egoísmo del salvaje. Durante muchas vidas se mantiene esta sólida muralla de egoísmo, para que dentro de la misma el centro crezca más y más definido.

 

Por tanto, el egoísmo se puede considerar como una especie de andamiaje, absolutamente necesario para la construcción del edificio pero que ha de ser destruido tan pronto el edificio esté terminado. El andamiaje afea y si no se quitara, el edificio sería inhabitable: sin embargo, sin el andamiaje el edificio no podría ser construido.

 

Como el objeto de crear el centro es que sirva como medio por el cual la fuerza del Logos irradia hacia el mundo, tal radiación sería imposible si el egoísmo persistiera; no obstante, sin el egoísmo en las primeras etapas, no se hubiera podido nunca establecer un centro fuerte.

 

De manera que, a la luz de esta analogía, vemos que hasta las más desagradables de las cualidades tienen su función en el plan de la evolución — en su época propicia. Para muchos, el egoísmo ha llenado su función, por tanto, debieran liberarse definitivamente del mismo. Es inútil y tonto disgustarse con los egoístas porque su conducta indica que lo que en el salvaje era una virtud necesaria todavía persiste en la condición civilizada. La actitud más prudente a adoptar hacia los egoístas es considerarlos como anacronismos —sobrevivientes del salvajismo prehistórico— personas retardadas.

 

El Diagrama XXIII. resume lo dicho en los cuatros capítulos últimos. Ilustra la posición relativa en el plan evolutivo de las etapas que conocemos como Alma Grupal Mineral. Alma Grupal Vegetal, Alma Grupal Animal, el Animal preparado para Individualizarse y el Ser Humano en su Cuerpo Causal.

 

 

 

Capítulo XIV

 

MÉTODOS Y GRADOS DE INDIVIDUALIZACIÓN

 

Se dijo en el capítulo precedente que el esfuerzo que da por resultado la individualización ha de hacerse desde abajo, es decir, por el animal. Este esfuerzo puede efectuarse de una de tres maneras distintas., y así producirá efectos de gran alcance en toda vida futura de la entidad implicada.

 

Al formarse un ego, se han de manifestar los tres aspectos de la Tríada Superior, o sea, Alma, Buddhi y Manas: sin embargo, la primera conexión se hará por medio de uno de los tres, como sigue:

 

(1)         Entre la mente inferior y la superior.

 

(2)         Entre el cuerpo astral y Buddhi.

 

(3)         Entre el cuerpo físico y Atma.

 

De manera que el animal se individualizará en el primer caso por medio del intelecto; en el segundo caso por medio de las emociones, y en el tercer caso por medio de la voluntad. Vamos a considerar ahora brevemente cada uno de estos tres métodos.

 

I. — Individualización por medio del Intelecto. Si el animal está asociado con un ser humanó, que no es predominantemente emotivo, pero cuyas actividades principales son de carácter intelectual, será estimulado el naciente cuerpo mental del animal por tal asociación, y las probabilidades serán que la individualización se efectuará por medio de la mente, como resultado de los esfuerzos del animal para comprender a su amo.

 

II. — Individualización por medio de la Emoción. Si, por otra parte, el amo es de temperamento emocional, de fuertes efectos, las probabilidades serán que el animal se desarrollará principalmente por medio de su cuerpo astral y que la separación final del Alma Grupal se deba a alguna repentina manifestación de intenso afecto que alcanzará el aspecto búdico de la Mónada flotante del animal y ocasionará la formación del

 

III. — Individualización por medio de la Voluntad. En el tercer caso, si el amo es hombre de gran espiritualidad, o de intensa y fuerte voluntad, aunque el animal desarrollará gran afecto y admiración hacia él, estimulará principalmente la voluntad en el animal. Ésta se manifestará en el cuerpo físico como intensa actividad, y en indomable determinación de alcanzar cuanto el animal se proponga, especialmente en servicio de su amo

 

Vemos, por tanto, que el carácter y el tipo del amo tendrá gran influencia en el destino del animal. Gran parte del desenvolvimiento tiene lugar, naturalmente, sin la volición directa del amo del animal, sino sim­plemente por incesante e inevitable acción, debida a la proximidad de las dos entidades. Las vibraciones astrales y mentales del hombre son mucho más fuertes y más complejas que las del animal, y en consecuencia ejercen incesante presión sobre este último.

 

El estudiante no ha de pensar que la "distancia" entre el Atma y el cuerpo físico es mayor que entre la mente inferior y la superior, o entre el cuerpo astral y el búdico. No es en absoluto cuestión de distancia en espacio, sino transmisión de una vibración simpática del reflejo al original. Considerando la cuestión desde este punto de vista, veremos qué cada reflejo ha de estar en conexión directa con el original, cualquiera que sea la "distancia" entre ellos; en efecto, en más estrecha vinculación que con otro objeto alguno fuera de la línea directa, por muy cerca que se encuentre en el espacio.

 

El deseo del animal a elevarse constituye una presión constante hacia arriba en los sentidos ya mencionados, y al punto en que la presión traspone finalmente las restricciones, establece el vínculo requerido entre la Mónada y la personalidad, determina ciertas características del nuevo ego que viene así a la existencia.

 

Por lo común, la formación del vínculo es instantánea, en los casos de individualización por afecto o por voluntad; pero cuando se realiza por el intelecto es más gradual. Esto también influye considerablemente en la corriente de evolución futura de la entidad.

 

De la gran masa de seres que fueron individualizados en cierto punto de la Cadena Lunar, los que alcanzaron la individualización gradualmente por el intelecto vinieron a encarnar en la tierra hace alrededor de un millón de años; desde entonces e! período medio entre encarnaciones ha sido de unos mil doscientos años.

 

Los del grupo que alcanzaron individualización por una instantánea expresión de afecto, o de la voluntad, vinieron a la encarnación terrena hace alrededor de 600.000 años; han tomado un intervalo promedio entre encarnaciones de alrededor de 700 años. Las condiciones actuales de ambos grupos son más o menos las mismas.

 

Al parecer los que se individualizaron por el afecto son capaces de generar algo más fuerza que los que se individualizaron por el intelecto. Sin embargo, una mejor descripción de la diferencia entre las dos clases sería decir que producen una clase diferente de fuerza. El intervalo más corto entre encarnaciones se debe a que el último grupo experimenta la bienaventuranza en forma más concentrada; de consiguiente obtiene los mismos resultados con igual expendio de fuerza, pero en mucho menos tiempo.

 

En efecto, parece probable que el período de la entrada de estos dos grupos respectivamente en la vida terrena se dispuso especialmente de manera que, después de pasar más o menos el mismo número de encar­naciones, llegaran al mismo punto y pudieran trabajar juntos. La necesidad de traer, juntos a la encarnación a diferentes grupo;, para que no sólo puedan desarrollar interrelaciones kármicas mutuas, sino que también puedan todos aprender a trabajar juntos hacia un gran fin, es evidentemente un factor dominante al regular la proporción de fuerza a emplear.

 

Además de diferencias en el método, hay también diferencias en el grado de individualización. Si por ejemplo se va a individualizar un perro paria —lo cual se presume como posible— se individualizará en un tipo más bajo. Probablemente no sería más que un fragmento separado del Alma Grupal, con una Mónada cerniéndose sobre él, conectada quizás por uno o dos hilos de materia espiritual.

 

Un caso de esta clase correspondería a los "hombres-animales lunares", los egos que se individualizaron de la más primitiva etapa del reino animal, en que la individualización fue posible. Éstos iniciaron una vida humana sin nada que pudiera llamarse propiamente un cuerpo causal, pero con la Mónada flotando por encima de la personalidad, a la que estaba ligada únicamente por ciertos hilos de materia nirvánica. Estos fueron los que, en la primera ronda del período de la Tierra, llenaron las formas construidas por los Señores de la Luna, desarrollando así la labor de avanzada para todos los reinos.

 

Por otra parte, un perro o un gato mimado, realmente inteligente y afectuoso, cuyo amo lo cuida debidamente y lo trata como amigo, al individualizarse, obtendrá ciertamente un cuerpo causal equivalente a lo menos al de los Hombres Lunares del Primer Orden.

 

Los diversos tipos intermedios de animales domésticos obtendrán cuerpos "entremezclados", como los de los Hombres-Lunares del Segundo Orden.

 

Esta clase de egos no habían aun desarrollado plenamente el cuerpo causal, pero poseían lo que puede llamarse el esqueleto de tal vehículo, o sea, varias corrientes entrelazadas de fuerza, que indicaban el delineamiento del ovoide que había de venir. En consecuencia, tenían una apariencia algo curiosa, casi como si estuvieran encerrados en una especie de canasto de materia mental.

 

La causa determinante de estos diferentes cuerpos causales está en la etapa en que la individualización tiene lugar. Si el animal, un perro por ejemplo, ha estado durante largo tiempo en contacto con el hombre, y es uno de un pequeño grupo de diez o veinte, al individualizarse se forma un cuerpo causal completo. Si el grupo es de cien —el grado de perro ovejero— se forma un cuerpo causal entrelazado. Si el grupo es de varios centenares —el perro paria— se forma la indicación de un cuerpo causal construida por los hilos de conexión.

 

La cantidad de verdadero trabajo realizado para alcanzar un nivel dado de evolución es casi siempre la misma, pero en algunos casos se hace más en un reino y menos en otro; pues los distintos reinos de la naturaleza se superponen mucho; de manera que un animal que ha alcanzado la cumbre de inteligencia y de afecto en el reino animal, pasaría por alto las condiciones humanas absolutamente primitivas y se manifestaría como individualidad de primera clase desde el principio de su carrera humana. Por otra parte, uno que deje el reino animal en un nivel inferior tendrá que empezar uno correspondientemente bajo en la escala de la humanidad.

 

Esto explica la observación hecha en una ocasión por un Maestro, al referirse a la crueldad y superstición manifestadas por la gran masa de la humanidad: "Se han individualizado demasiado pronto; no son todavía dignos de la forma humana."

 

Los tres métodos de individualización —por intelecto, por el afecto y por la voluntad— son los métodos normales. Algunas veces, sin embargo, se alcanza la individualización por otros medios, que podemos clasificar como anormales o irregulares.

 

Por ejemplo, al principio de la Séptima Ronda de la Cadena Lunar, un cierto grupo de seres estaban a punto de individualizarse, atraídos a ella por asociación con algunos de los habitantes perfeccionados, a los cuales llamaban los Señores de la Luna. Sin embargo, infortunadamente, entró un elemento en su desenvolvimiento haciéndolos envanecerse de su progreso intelectual, que se convirtió en el rasgo dominante de su carácter. Trabajaron, no tanto para merecer la aprobación o afecto de sus amos, sino para mostrar sus ventajas sobre sus semejantes animales y para excitar la envidia de éstos.

 

Este último móvil los indujo a hacer esfuerzos para alcanzar la individualización, de modo que los cuerpos causales formados no tenían casi otro color que anaranjado. Se les permitió individualizarse, porque al parecer, si hubieran continuado en el reino animal se hubieran empeorado en vez de mejorar.

 

Este destacamento —o "cargamento", como a veces se lo llama— constaba de unos dos millones. Se individualizaron por el orgullo; aunque inteligentes a su manera, poseían muy poco de otras cualidades.

 

Los miembros de este "cargamento" anaranjado del Planeta A. de la Cadena Lunar, se negaron a entrar en los vehículos preparados para ellos en la Cadena de la Tierra, mientras que los egos de color dorado del Globo B. y los rosados del Globo C. aceptaron las condiciones, entraron en los vehículos preparados y cumplieron su destino.

 

En toda su historia, estos seres anaranjados causaron inconvenientes a sí mismos y a los demás, debido a su arrogancia y turbulencia. Se los describe como turbulentos y agresivos, independientes y separativos, siempre descontentos y ansiosos de cambios. Algunos de los más inteligentes de ellos llegaron a ser los notorios "Señores de la Faz Oscura" en la Atlántida, más tarde en conquistadores asoladores del mundo, que no se preocuparon de los miles que eran asesinados, o morían de hambre en el curso de satisfacer sus locas ambiciones, y más tarde aún en millonarios inescrupulosos, merecidamente llamados "Napoleones de las finanzas".

 

Otro método anormal de individualización es por el miedo. En al­gunos casos, animales cruelmente tratados por el hombre han desarrollado la astucia en sus grandes esfuerzos para comprender y evitar la crueldad, de manera que han escapado del Alma Grupal y producido un ego poseedor de un grado muy bajo de intelectualidad.

 

Un variante de este tipo de ego, es él en que la crueldad ha producido odio en vez de miedo. Esto explica el tipo de salvaje perverso, cruel y sanguinario del cual se habla a veces; el de los inquisidores de la Edad Media y de los torturadores de niños en la época presente.

 

Otro variante es la entidad que se individualiza por el intenso deseo de ejercer poder sobre otros, como por ejemplo, el toro principal o más fuerte de una manada. Un ego desarrollado de esta manera, con frecuencia manifiesta gran crueldad y parece gozarse en ella, probablemente porque el torturar a otros es una manifestación de poder sobre ellos.

 

Por otra parte, los que se han individualizado en un nivel relativamente bajo, por uno de los métodos regulares —como por el afecto, por ejemplo— nos proporciona un tipo de salvaje igualmente primitivo, pero alegre y de buen carácter. Tales salvajes lo son sólo de nombre, pues son bondadosos, como lo son muchas de las tribus de algunas de las islas de los Mares del Sur.

 

 

 

Capítulo XV

 

FUNCIONES DEL CUERPO CAUSAL

 

El cuerpo causal debe su nombre al hecho de que en el mismo residen las causas que se manifiestan como efectos en los planos inferiores; puesto que las experiencias de vidas pasadas acumuladas en el cuerpo causal, son el origen de la actitud general que asumimos hacia la vida, así como las acciones emprendidas.

 

En sánscrito el cuerpo causal recibe el nombre de Karana Sharira; Karana significa causa.

 

En breves palabras podemos decir que el cuerpo causal desempeña dos funciones:

 

(1)   Servir de vehículo al ego. El cuerpo causal es el "cuerpo de Manas", el aspecto-forma de la individualidad, del hombre real, el Pensador,

 

(2)  Servir de receptáculo, o depósito para la esencia de las experiencias del hombre en sus varias encarnaciones. En el cuerpo causal se entreteje todo cuanto puede perdurar, y en el mismo se conservan los gérmenes de cualidades que el hombre llevará a la próxima encarnación. De manera que la manifestación inferior del hombre, es decir, la expresión del mismo en sus cuerpos mental, astral y físico, depende en último término del crecimiento y desenvolvimiento del hombre real mismo, de aquel "para el cual nunca suena la hora".

 

Como hemos visto en el Capítulo XIII, no existe el hombre, el ser humano real, hasta tanto el cuerpo causal viene a la existencia. Todo ser individual ha de tener necesariamente un cuerpo causal; en efecto, lo que constituye la individualidad es la posesión de un cuerpo causal.

 

La inmensa obra realizada durante largos evos antes del nacimiento del cuerpo causal, tiene por objeto y finalidad construir y desarrollar la materia de los planos físico, astral y mental inferior, hasta que lleguen a ser habitación adecuada para el espíritu divino que ha de ocuparlos como hombre.

 

Según se describe, en su principio el cuerpo causal, o aspecto-forma del hombre real, es una delicada película de la materia más sutil, apenas visible, que marca el principio de la vida individual separada. Esa delicada, casi incolora, película de la materia más sutil es el cuerpo que perdurará durante toda la evolución humana: en él —el hilo del yo o Sutratma según se lo llama a veces— se irán ensartando las encarnaciones sucesivas.

 

Como hemos dicho, el cuerpo causal es el receptáculo de lodo lo duradero — es decir, únicamente lo noble y armonioso y lo que esté de acuerdo con la ley del espíritu; pues todo pensamiento grande y noble, toda emoción pura y elevada, asciende y su esencia entra a formar parte de la sustancia del cuerpo causal. De manera que éste es un verdadero registro —el único registro verdadero — del crecimiento del hombre y de la etapa de evolución que éste haya alcanzado.

 

Todos los diversos cuerpos del hombre han de ser considerados como envolturas o vehículos que permiten al Yo actuar en alguna región determinada del universo. Del mismo modo que el hombre utiliza un carruaje para viajar en la tierra, una embarcación en el mar y un globo o avión en el aire, y siempre es el mismo, así el Yo, el hombre real, utiliza sus diversos cuerpos, cada uno con su fin correspondiente, pero siempre es él mismo, cualquiera que sea el cuerpo que utilice en un momento dado. En relación con el hombre, todos estos cuerpos son transitorios, son sus instrumentos o sirvientes; se desgastan y son renovados, una y otra vez, adaptándose a sus diversas necesidades y a sus poderes en constante desenvolvimiento.

 

Más específicamente, como la mente es dual en su funcionamiento, el hombre necesita, y por tanto, dispone de dos cuerpos mentales. Como vimos en "El Cuerpo Mental", el cuerpo mental, propiamente dicho, sirve de mente concreta; el causal, similarmente, es el órgano del pensamiento abstracto.

 

En el Pensador, morador del cuerpo causal, están comprendidos todos los poderes que clasificamos como Mente, a saber, memoria; intuición, voluntad. El Pensador recoge todas las experiencias de las vidas terrenas por las que pasa, para trasmutarlas en sí mismo, mediante su propia alquimia divina, en esencia de tales experiencias y en conocimiento que es Sabiduría. Aún en una corta vida terrena distinguimos entre el conocimiento que adquirimos en la misma y la sabiduría que, gradualmente, destilamos de tal conocimiento. Sabiduría es el fruto de la experiencia de una vida; la posesión culminante de los ancianos. En sentido más amplio y profundo, Sabiduría es el fruto de muchas encarnaciones, el producto de mucha experiencia y conocimiento. En el Pensador, por tanto, está el acopio de experiencias, recogidas en todas nuestras vidas pasadas y cosechadas en muchos renacimientos.

 

En la clasificación de los cuerpos del hombre como "vainas" se conoce el cuerpo causal como envoltura discernidora, de acuerdo con la tabla siguiente:

 

Principio en el hombre

 Rosha   o  Vaina

Sánscrito

Castellano

Buddhi

Manas Superior Manas Inferior y Kama

Prana

Sthula

Anandamayakosha Vijnanamayakosha

 

Manomayakosha Pranamayakosha Annamayakosha

Vaina de beatitud Vaina   discriminadora

 

Vaina de sentimientos Vaina de vitalidad Vaina de alimento

 

En la palabra Vijnanamayakosha, la partícula "Vi" implica la acción discernidora, separadora y distribuidora de las cosas, pues tal es la función especial de esta vaina. Las experiencias del Manomayakosha se reflejan en el Vijnanamayakosha o cuerpo causal como conceptos ideales. El Manomayakosha recoge y elabora, el Vijnanamayakosha discierne y distribuye. Los cuerpos inferiores reciben y tratan con sensaciones, percepciones, la formación y elaboración de ideas; pero es función del cuerpo causal distribuirlas, discernir entre ellas, ocupándose de ideas puras, separadas de la presentación concreta de las mismas.

 

En el cuerpo causal tenemos, por tanto, lo abstracto, no lo concreto, la acción interior pura, ya no confundida por los sentidos, ni en manera alguna entorpecida por el mundo exterior. En él está pura inteligencia, clara visión, inteligencia no agitada por los sentidos, inteligencia tranquila, potente y serena.

 

En el cuerpo causal está también el poder creador de la meditación, las energías resultantes de la contemplación concentrada. Esta es la vaina creadora del hombre, porque Manas en éste corresponde en el Cosmos a Mahat, o Mente Universal, Divina Ideación, la fuerza moldeadora, dirigente, que es el poder creador del cual todo proviene. En esta vaina o envoltura del hombre existen todas las formas que pueden aparecer, a las que este poder creador puede dar realidad objetiva.

 

La Doctrina Secreta (Tomo I, pág. 185) dice: "Kriyashakti. El poder misterioso del pensamiento que le permite producir resultados externos, perceptibles fenomenales, gracias a su propia energía inherente. Sostenían los antiguos que cualquier idea se manifestará al exterior, si la atención de uno se halla profundamente concentrada sobre ella. Del mismo modo una volición intensa será seguida por el resultado apetecido". Esto es, naturalmente, el secreto de toda verdadera "magia".

 

La inteligencia del hombre es así, como se ha dicho, el reflejo de Brahma, de la Mente Universal, la energía creadora. La facultad creadora de la imaginación del hombre, que en la actualidad trabaja en materia sutil, trabajará igualmente, cuando el hombre sea perfecto, en materia grosera; porque el poder imaginativo del hombre es el reflejo del poder que ha creado el universo. Brahma meditó y todas las formas vinieron a la existencia; de manera que, en el poder creador de la mente residen todas las posibilidades de forma.

 

Por eso, H. P. Blavatsky, a veces llama a manas el ego-deva, o el divino, para distinguirlo del yo personal. Manas superior es divino porque posee pensamiento positivo, que es kriyashakti, o poder de hacer cosas. Manas, mente, es por consiguiente y por su misma naturaleza, actividad. Toda obra se efectúa realmente por poder mental; no es la mano del escultor la que ejecuta el trabajo, sino el poder mental que dirige la mano, porque es bien sabido que el pensamiento precede a la acción. Aunque hay ocasiones en que decimos que el hombre actúa sin pensar, en realidad su acción es consecuencia de pensamientos anteriores; ha establecido un cierto hábito o modo de pensar y actúa instintivamente de acuerdo con tal hábito.

 

Manas superior es divino porque, como ya hemos dicho, es un pensador positivo que emplea la cualidad de su propia vida, la que resplandece desde el interior. Esto es lo que significa la palabra divino, de “div”, resplandecer.

 

La energía emanente de Atma, actuando en el cuerpo causal, es la fuerza que domina y moldea todo lo externo a ella. Por otra parte, la energía procedente de Atma, actuando en el Manomayakosha, es Deseo, la característica del cual es la de ser atraída por objetos externos y la dirección del mismo es regida desde fuera. Pero Atma, actuando en el cuerpo causal es Voluntad, que no acepta decisiones dirigidas desde fuera, sino aquellas iniciadas en el interior, moldeadas en imágenes internas por un proceso de reflexión discernidora. De modo que la energía emanante está dirigida en el cuerpo causal desde dentro, mientras que en los cuer­pos inferiores es atraída desde afuera. Esta es la diferencia esencial entre Voluntad y Deseo. Además, la voluntad es esencialmente una cualidad del ego y no de la personalidad.

 

Chit. o aspecto inteligencia del hombre, es lo primero que se desarrolla; es la facultad analizadora que percibe multiplicidad y diferen­cias; luego viene Ananda, la sabiduría que se da cuenta de la unidad de las cosas, la que realiza la unión, encontrando así el gozo y la beatitud que moran en el corazón de la vida; finalmente viene el tercero o aspecto más elevado. Sat, auto-existencia, la Unidad que está más allá aún de la unión.

 

En el ciclo de las Razas, la Quinta está desarrollando Chit, o aspecto Inteligencia; la Sexta está desarrollando Ananda, o aspecto unión o beatitud, el "Reino de la Felicidad"; la Séptima desarrollará Sat, o aspecto de Auto-existencia.

 

 

 

Capítulo XVI

 

COMPOSICIÓN Y ESTRUCTURA

 

El cuerpo causal se compone de materia de los subplanos primero, segundo y tercero del plano mental.

 

El estudiante recordará que el átomo de materia mental contiene 494 ó 5.764.801 aproximadamente, digamos 5 ¾  millones de "burbujas en Koilon".

 

Corrientemente en las gentes, el cuerpo causal no está plenamente activo; en consecuencia, solo la materia perteneciente al tercer subplano está vivificada. A medida que el ego, durante el largo proceso de evolución, desenvuelve sus posibilidades latentes, la materia superior entra gradualmente en actividad; pero solo está plenamente desarrollada en los hombres perfectos a quienes llamamos Adeptos o Maestros.

 

Es difícil describir cabalmente al cuerpo causal, por cuanto los sentidos correspondientes al mundo causal sen del todo diferentes y superiores a los utilizados en la esfera física. El recuerdo del cuerpo causal que el clarividente puede imprimir en su cerebro físico, lo presenta como un ovoide, que es en realidad la forma de todos los cuerpos superiores que rodean al físico del hombre y se extiende a unas diez pulgadas desde la superficie del cuerpo físico. Un ser humano, procedente del reino animal, que acaba de individualizarse, posee un cuerpo causal del tamaño mínimo.

 

En el caso del hombro primitivo, el cuerpo causal se parece a una burbuja y da la impresión de estar vacío. Es una mera película incolora, al parecer solo lo bastante consistente para mantenerse unido y constituir una entidad reencarnante, pero nada más. Aunque pleno de materia mental, no está activa, manteniéndose incolora y transparente. A medida que el hombre se desarrolla, esta materia entra gradualmente en actividad, gracias a vibraciones que le llegan de los cuerpos inferiores. Esto se produce muy lentamente, por cuanto las actividades del hombre en las primeras etapas de su evolución no son del carácter que puedan expresarse en materia tan refinada como la del cuerpo causal. Pero, cuando el hombre ya es capaz de pensar en abstracto, o de sentir emociones altruistas, la materia de dicho cuerpo es incitada a responder.

 

Las vibraciones así despertadas se manifiestan en el cuerpo causal en colores; de tal modo que, en vez de ser una burbuja transparente, se convierte gradualmente en una esfera llena de materia de los más bellos y delicados matices, en un objeto de belleza inconcebible.

 

El estudiante se habrá familiarizado con el significado de los diversos colores, por el estudio de los fenómenos producidos en los cuerpos astral y mental. Así, el rosa pálido expresa afecto desinteresado; el amarillo indica alto poder intelectual; el azul significa devoción; y el lila azulado significa espiritualidad elevada. Estos mismos colores en los cuerpos inferiores son, por supuesto, menos delicados y también menos vivos.

 

Aunque en el curso de su evolución en los mundos inferiores, el hombre introduce en sus vehículos cualidades indeseables y del todo inade­cuadas para su vida como ego —tales por ejemplo, como la irritabilidad, el orgullo y el sensualismo— ninguna de éstas puede expresarse en el cuerpo causal. El Diagrama XXIV hará ver la razón de este importante fenómeno. Cada sección del cuerpo astral actúa poderosamente sobre la materia del subplano mental correspondiente. Como las vibraciones más burdas del cuerpo astral se expresan únicamente en los subplanos inferiores del mundo astral, afectan solo al cuerpo mental; pero no al causal. Éste, por consiguiente, es afectado únicamente por las tres partes superiores del cuerpo astral, y las vibraciones en éstas representan, exclusivamente, cualidades buenas.

 

El resultado práctico de esto es que el hombre puede llevar a su ego, es decir a su verdadero Yo, nada más que buenas cualidades. Las malas que desarrolla son, desde el punto de vista del ego, sólo transitorias y las ha de poner de lado, puesto que ya no hay en él materia que pueda expresarlas.

 

Diagrama XXIV. — Los subplanos de los planos astral y mental aparecen en el diagrama como disminuyendo en dimensión, al objeto de ilustrar el hecho de su creciente sutileza a medida que nos elevamos de los niveles inferiores a los superiores.

 

Las aberturas entre subplanos adyacentes de cada plano indican que ciertas vibraciones de un subplano dado se pueden transmitir al subplano inmediato superior. Estas aberturas o puertas van estrechándose, para indicar que únicamente afinadas pueden ascender a los subplanos superiores.

 

 

Diagrama XXIV – Efecto del Cuerpo Astral sobre el Mental y el Causal

 

Las aberturas entre cada subplano del astral y el correspondiente subplano mental, indican que existe también la posibilidad de que una vibración astral se comunique en una octava superior al correspondiente subplano mental.

 

El diagrama muestra, además, que el cuerpo mental es afectado más directamente por los cuatro niveles inferiores del plano astral, mientras que el cuerpo causal sólo es afectado por los niveles más elevados de la materia astral.

 

Las ilustraciones coloreadas del cuerpo causal, en sus diversos grados de desenvolvimiento las encontrará el estudiante en la obra del Obispo C. W. Leadbeater, "El Hombre Visible e Invisible", como sigue:

 

Cuerpo causal del salvaje                              Lámina V,  pág. 71

 

Cuerpo causal del hombre medio                  Lámina VIII,  pág. 95

 

 

Cuerpo causal del hombre evolucionado.      Lámina XXI, pág. 119

 

Cuerpo causal del Arhat                                Lámina XXVI,  pág. 137

 

Como ya hemos dicho, el cuerpo causal del salvaje sin evolución es como una gigantesca burbuja de jabón, transparente a la vez que iridescente. Parece casi vacía; lo poco que contiene representa cualidades que ha desarrollado ya dentro del Alma Grupal de que formó parte anteriormente. Las débiles indicaciones de estos grados de vibración se observan en el joven cuerpo causal como nacientes matices de color.

 

Se habrá pensado quizá, que el cuerpo causal del hombre primitivo sería al principio muy pequeño; pero no es así; es del mismo tamaño que el de cualquier otro. En etapa posterior aumenta el tamaño, pero no antes de que haya sido vivificado y llenado de materia activa.

 

En el caso del hombre medio, se produce un perceptible aumento en el contenido de la gran película ovoide. En la misma aparece cierta cantidad de color extraordinariamente delicado y etéreo, aunque llena toda­vía menos de la mitad. Es visible algo de intelecto superior, como también de poder de devoción y de amor desinteresado. Contiene también un leve tinte de violeta sumamente delicado, lo que indica capacidad de sentir amor y devoción dirigidos al ideal más elevado, así como una débil indicación de claro verde de simpatía y compasión.

 

Tan pronto como el hombre empieza a desarrollar la espiritualidad, o aun el intelecto superior, se produce un cambio. El individuo real empieza a manifestar un persistente carácter propio, aparte de ese moldeado por entrenamiento en cada una de sus personalidades sucesivas y por las circunstancias que le rodean. Este carácter se pone de manifiesto en el tamaño, color, luminosidad y precisión del cuerpo causal, de la misma manera que él de la personalidad se manifiesta en el cuerpo mental, con la diferencia de que el vehículo superior es naturalmente más sutil y más bello.

 

En el caso del hombre evolucionado espiritualmente, el cambio observado es enorme. La gloriosa película iridescente está en él completamente llena de los colores más atrayentes, que tipifican las formas más elevadas de amor, devoción y simpatía, ayudados por un intelecto refinado y espiritualizado y por aspiraciones que alcanzan a lo divino. Algunos de tales colores no aparecen en el espectro del plano físico.

 

La materia de tal cuerpo causal, de una finura y delicadeza inconcebibles, es intensamente activa y palpita como fuego viviente, formando un globo radiante de colores centellantes, cuyas elevadas vibraciones envían ondas de tonos cambiantes sobre la superficie —tonalidades de las que la tierra nada sabe— brillantes, suaves y luminosas, como el lenguaje es incapaz de describir.

 

Tal cuerpo causal está cargado de fuego viviente, atraído de un plano aún más elevado, con el cual parece estar conectado por un palpitante hilo de intensa luz, o sea, el sutratma, que trae vividamente a la mente las estancias de Dyzan “La chispa pende de la llama por el más sutil hilo de Fohat”. A medida, que el alma progresa y es capaz de recibir más y más del inagotable océano del Espíritu Divino, que fluye por el hilo corno por un canal, éste se expande y deja pasar un mayor flujo, hasta que en el próximo subplano, los podemos imaginar como una tromba que conecta la tierra y el cielo, y más arriba como un globo por el

 

que se precipita el manantial viviente, hasta que el cuerpo causal parece fundirse en la luz que a él afluye. Como lo expresa la estancia: "El hilo entre el Silencioso Vigilante y su sombra se hace más y más fuerte y radiante a cada Cambio. La Luz del Sol de la mañana se ha cambiado en la gloriosa del mediodía. . . "Esta es tu Rueda actual, dijo la Llama a la Chispa. Tú eres yo misma, mi imagen y mi sombra. Yo me he revestido de ti y tú eres mi Vahan hasta el día "Sed-Con-Nosotros", en que has de volver a ser "yo misma y otros, tu misma y yo".

 

Se ha dicho antes que, en el hombre sin desarrollo, el cuerpo causal aparece al principio como vacío, y, a medida que progresa el ovoide, va llenándose gradualmente. Una vez lleno del todo, no sólo crece en ta­maño, sino que irradia corrientes de fuerzas en varias direcciones. Esta es, en realidad, una de las principales características del hombre evolucionado; o sea, su capacidad para servir de canal para la fuerza superior; porque su actitud de ayudar y su disposición a dar, hace posible el descenso de la fuerza divina, en una constante corriente a él, y por su medio llega a muchos que no son todavía bastante fuertes para recibirla directamente.

 

Además, desde la parte superior del cuerpo causal asciende una corona de brillantes chispas, indicadoras de la actividad de la aspiración espiritual, lo que, naturalmente, aumenta de manera extraordinaria la belleza y la dignidad de la apariencia del hombre. No importa en que esté ocupado el hombre inferior en el plano físico, esta corriente de chispas se eleva constantemente. La razón de esto es que no bien el alma o ego se haya despertado en su propio plano y empiece a comprender algo de sí mismo y de su relación con lo divino, mira siempre hacia arriba, hacia la fuente de donde procede, sin tener en cuenta las actividades que inspire en los planos inferiores.

 

Se ha de tener en cuenta que aún la personalidad más noble no es más que una muy pequeña y parcial expresión del verdadero ser superior; de manera que cuando éste empieza a mirar a su alrededor, encuentra posibilidades ilimitadas ante él, de las cuales en esta constreñida vida física no podemos formarnos una idea.

 

Este mismo ascenso de la aspiración espiritual, que forma tan gloriosa corona en el hombre evolucionado, sirve de canal por el cual desciende el poder divino; de manera que, cuanto mayor y más fuerte sea la aspiración, en mayor medida desciende la gracia desde lo alto.

 

En el caso del cuerpo causal del Arhat, es decir de uno que haya pasado la Cuarta de las grandes Iniciaciones — los colores poseen dos características que son irreconocibles en el plano físico. Son más delicados y etéreos que los descriptos hasta ahora, a la vez que más vivos, más brillantes y más luminosos. El cuerpo causal es mucho más grande que el físico y muestra un magnifico desenvolvimiento del intelecto, del amor y de la devoción, gran riqueza de simpatía y la espiritualidad más elevada.

 

Las listas de colores están dispuestas ahora en anillos concéntricos mientras que, a través de éstos se proyectan corrientes de luz blanca que irradia del centro hacia afuera. La salida de la influencia Divina es así enormemente intensificada, por cuanto el hombre ha llegado a ser un canal casi perfecto para la vida y el poder del Logos. No sólo irradia de él la gloria en luz blanca, sino que todos los colores del arco iris juegan alrededor de (él como destellos cambiantes de nácar. Por eso hay algo en dicha radiación que fortalece las cualidades más elevadas de quienes se acercan a él, no importa cuales sean dichas cualidades. Nadie puede ponerse al alcance de su influencia sin sentirse mejor; resplandece como un sol ante todos cuantos le rodean, pues, como esa luminaria, es ahora una manifestación del Logos.

 

El cuerpo causal de un Adepto o Maestro ha aumentado extraordinariamente en tamaño, y brilla con el esplendor de un sol de belleza inimaginable. No hay palabras, como dice el Obispo Leadbeater, para describirlo; porque el lenguaje humano carece de términos para describir tan radiantes esferas. Un vehículo de tal naturaleza requiere en si mismo estudio aparte, pero que sólo está al alcance de quienes se hallan muy avanzados en el Sendero.

 

Como en el cuerpo causal del Arhat, los colores ya no se mueven en nubes rotatorias, sino que están dispuestos en grandes capas concéntricas, no obstante penetradas por radiaciones de luz viviente que irradian de Él como centro.

 

El orden de los colores varía de acuerdo con el tipo al que pertenece el Adepto; de modo que existe gran variedad en tal disposición. Una tra­dición perfectamente exacta de este hecho se conserva en muchos de los cuadros del Señor Buddha, imperfectamente trazados, que pueden verse en los muros del templo de Ceilán. En ellos se representa usualmente al Gran Maestro rodeado de un aura; aunque el colorido y posición general resultaría inexacto y hasta imposible tratándose del aura de un nombre ordinario, y hasta la de un Maestro, es una burda y material representación del vehículo del Adepto de ese tipo particular al que pertenece este Gran Ser.

 

Se llama a veces al cuerpo causal el "huevo áurico". No obstante, cuando H. P. Blavatsky habló del sagrado huevo áurico, probablemente se refería a los cuatro átomos permanentes —más correctamente, a los átomos físico y astral, a la unidad mental y al átomo mental permanente— dentro de una envoltura de materia de plano átmico o nirvánico.

 

Se conoce también al cuerpo causal como el Augoeides, el hombre glorificado; no es la imagen de ninguno de sus vehículos pasados, sino que contiene la esencia de todo lo mejor en cada uno de ellos. Indica, pues, más o menos perfectamente y a medida que crece en experiencias, lo que la Deidad quiere que sea el hombre. Porque, como hemos visto, observando el cuerpo causal, se puede deducir el grado de evolución que el hombre ha alcanzado. No sólo se conoce su historia pagada, sino también y en medida considerable el porvenir ante él.

 

La forma glorificada dentro del cuerpo causal se aproxima al arquetipo, y se asemeja a éste de acuerdo con el progreso del hombre. La forma humana parece ser el modelo para la evolución más elevada en este sistema particular. Varía ligeramente en planetas diferentes; pero es, en términos generales, la misma en delineamiento general. En otros sistemas solares las formas posiblemente serán diferentes; pero no tenemos infor­mación sobre este punto.

 

Prana o Vitalidad, existe en todos los planos; por consiguiente, ha de desempeñar algún papel en el cuerpo causal; pero, a este respecto, no disponemos de dato alguno.

 

Hemos de hacer notar sin embargo, que después de la formación del cuerpo causal, la complejidad del prana que circula por el sistema nervioso del cuerpo físico aumenta mucho, y parece que se enriquece aún a medida que la evolución humana progresa. Pues, al estar activa la conciencia en el plano mental, el prana de este plano se mezcla con los inferiores, coincidente con la actividad de la conciencia llevada a regiones superiores.

 

En el cuerpo causal, lo mismo que cada uno de los demás vehículos, hay Chakras, o Centros de Fuerza, los que, además de otras funciones, sirven como puntos de conexión por los cuales la fuerza fluye de un vehículo a otro. En la actualidad, sin embargo, no se dispone do información sobre los Chakras del cuerpo causal.

 

 

Capítulo XVII

 

PENSAMIENTO CAUSAL

 

Como sabemos, el plano mental es la esfera de acción de lo que llamamos mente o manas, en el hombre. Ya hemos visto que este plano consta de dos partes, la superior, compuesta de los tres subplanos más elevados, y la inferior que comprende los cuatro subplanos inferiores.

Estas dos divisiones reciben el nombre de arupa, o sin forma, y rupa, con forma, respectivamente.

 

En el hombre, el intelecto tiene como vehículo el cuerpo causal, siendo su función el pensamiento abstracto. La mente tiene como vehículo el cuerpo mental y como función el pensamiento concreto.

 

La Mente adquiere conocimiento al utilizar los sentidos para sus observaciones; actúa sobre sus percepciones y de éstas, forma conceptos. Sus poderes son: la atención, la memoria, el razonamiento por inducción y deducción, la imaginación, etc.                                                      

 

Los nombres arupa y rupa se citan con el fin de indicar cierta cualidad de la materia del plano mental. En la parte inferior del mismo la materia se moldea con gran facilidad en formas definidas, mediante la acción del pensamiento humano; en la división superior no ocurre lo mismo; el pensamiento más abstracto en ella se manifiesta a la vista del clarividente en destellos o corrientes.                                               

 

En el nivel de arupa, la diferencia en los efectos del pensamiento es muy marcada, especialmente en lo que respecta a la esencia elemental.

La perturbación originada en la mera materia del plano es similar si bien es de mayor intensidad en esta forma de materia mucho mas refinada.

Pero, en la esencia elemental no se crea forma alguna y el método de acción cambia por completo.                                                                       

En los subplanos inferiores, el elemental, o forma mental creado allí, flota alrededor de la persona en la que se piensa, aguardando la oportunidad favorable para descargar su energía en el cuerpo mental, en el astral y hasta en el físico. Pero en los tres subplanos superiores el efecto es una especie de destello de la esencia del cuerpo causal del pensador que va directamente al cuerpo causal del objeto de su pensamiento.

 

De manera que, así como en los subplanos inferiores, el pensamiento va dirigido siempre a la personalidad solamente, en los planos superiores afecta al ego reencarnante, el hombre real mismo. Si el mensaje tiene algo que ver con la personalidad, llegará a ésta sólo desde arriba, por mediación del cuerpo causal.

 

Se dice que es muy digno de notar la manera sorprendente en que una idea abstracta, o arupa, se transforma en pensamiento concreto al revestirse de materia de los cuatro subplanos inferiores.

 

El ejemplo más sencillo y típico es el de un triángulo Aunque es difícil describirlo con palabras, por pertenecer éstas al plano de la forma, la idea abstracta de un triángulo en realidad reside en los subplanos superiores. Significa una no-figura, y sin embargo, es una figura. Ésta — que aun no es una figura determinada está circunscrita por tres líneas, aunque no determinadas; sus tres ángulos paseen la propiedad de formar colectivamente dos ángulos rectos: sin embargo, no son ángulos definidos.

 

En los subplanos de arupa, esta idea abstracta de un triángulo tiene existencia real. El sentido del cuerpo causal lo ve o percibe. Es un hecho en conciencia, externo para el observador, aunque no es lo que comúnmente entendemos como forma.

 

Si se pone dicho triángulo en contacto -con la materia de los subplanos inferiores, éste se convierte instantáneamente en un número inde­finido de triángulos, cada uno de los cuales asume una forma definida. Estos serán triángulos de todas las formas conocidas —equiláteros, isósce­les, escalenos, de ángulo recto, agudo, obtuso— entrando todos ellos en existencia visible.

 

Si se hace descender la idea abstracta al cuerpo causal, el observador se convierte en un manantial de triángulos que- irradian en todas direcciones, como un surtidor de agua que brota precipitadamente en una masa más o menos coherente y desciende como una fuente cuyas aguas se separan en gotas y espuma. Esto es quizás, la mejor analogía física que se puede dar del proceso.

 

Como se explicó ampliamente en nuestra obra "El Cuerpo Mental", el cuerpo concreto toma, naturalmente, el perfil de los objetos sobre los cuales pensamos; las ideas abstractas, al proyectarse en los niveles concretos, se presentan, por lo general, en todas clases de figuras perfectas y de gran belleza. Se ha de recordar que muchos pensamientos que aquí abajo son poco más que meras abstracciones se convierten en hechos concretos en el plano mental.

 

De manera que la conciencia causal se ocupa de la esencia de una cosa, mientras que la mente inferior estudia los detalles de la misma. Con la mente hablamos sobre un tema o tratamos de explicarlo; con la conciencia causal tomamos la esencia de la idea del tema y la movemos en conjunto, algo así como movemos las piezas del ajedrez. El plano causal es un mundo de realidades; no nos ocupamos ya de las emociones, ideas o conceptos, sino de la cosa en si.

 

Quizás será conveniente describir más detalladamente el proceso de llegar al pensamiento concreto. Mientras la mente inferior se ocupa ente­ramente de imágenes mentales, resultantes de sensaciones, razona sobre objetos puramente concretos, ocupándose de los atributos que los diferencian unos de otros, el ego, utilizando la conciencia causal, después de haber aprendido a discernir entre objetos fijándose en sus disimilitudes, empieza ahora, a agruparlos a base de un atributo que aparece en un número de objetos en otros aspectos disimilares, y establece un vínculo entre ellos.

 

Extrae y abstrae este atributo común, separando todos los objetos que lo poseen del resto que no lo poseen. De esta manera desarrolla el poder de reconocer identidad en medio de diversidad: un paso hacia el reconocimiento, muy posterior, del Uno subyacente en los muchos.

 

En esta forma el ego clasifica todo cuanto le rodea, desarrollando la facultad de sintetizar, y aprendiendo a construir como también a analizar.

 

Con el tiempo, da otro paso y concibe el atributo común como una idea, aparte de todos los objetos en los cuales aparece, y de esta manera forma una imagen superior a la del objeto concreto; es la imagen de una idea que. no tiene existencia fenomenal en el mundo de la forma, pero que existe en los niveles superiores del plano mental y proporciona materiales con los cuales el ego, el Pensador mismo, puede trabajar

 

La mente inferior llega a la idea abstracta por la razón, y al alcanzar ésta, logra su vuelo más elevado, bordea el mundo sin forma y percibe vagamente lo que está más allá.

 

El Pensador, con su conciencia causal, ve tales ideas y habitualmente vive entre ellas. A medida que ejercita y desarrolla el poder de razona­miento abstracto, se torna efectivo en su propio mundo y empieza su vida activa en su propia esfera.

 

A un hombre así, poco le atrae la vida de los sentidos o de la observación externa, o de aplicar la mente a imágenes de objetos externos. Mora en calma, retraído en sí mismo, concentrado en problemas de filosofía, en los aspectos más 'profundos de la vida y del pensamiento, tratando de comprender las causas, mas que preocupándose de los efectos, se acerca más y más al reconocimiento del Uno subyacente en todas las diversidades de naturaleza externa.

 

El método para pasar del mental inferior a la conciencia causal, por el proceso ordenado de concentración, meditación y contemplación, se describe detalladamente en nuestra obra "El Cuerpo Mental", por lo que no necesitamos repetirlo aquí.

 

En los niveles superiores del plano mental, los pensamientos actúan con mucho más fuerza que en los inferiores; una razón para esto es que, siendo relativamente pocos los capaces de pensar en esos elevados niveles, los pensamientos originados en ellos tienen el campo casi libre: es decir, que no hay muchos otros pensamientos con los cuales contender.

 

La mayoría de los pensamientos del hombre común se inician en los niveles inferiores del cuerpo mental, y, al descender, se revisten de esencia elemental astral adecuada. Pero, cuando el hombre es activo en los niveles causales, su pensamiento comienza en éstos y se reviste primero de esencia elemental de los niveles inferiores del plano mental, y en con­secuencia, es infinitamente más fino, más penetrante y en todo sentido más eficaz.

 

Si el pensamiento se dirige exclusivamente a objetos más elevados, las vibraciones del mismo puede que sean demasiado sutiles para expresarse en el plano astral. Pero, si llegan a afectar tal material inferior, será con un efecto mucho más profundo que el producido por vibraciones generados mucho más cerca del nivel de la materia inferior.

 

Siguiendo este principio un paso más allá, es evidente que el pensamiento del iniciado al nacer en el plano búdico, completamente por encima del mundo mental, se revestirá de la esencial mental de los subplanos causales. Similarmente, el pensamiento del Adepto desciende del plano de Atma, ejerciendo tremendos e incalculables poderes, de regiones más allá de la comprensión de la humanidad corriente.

 

De ahí que se diga con verdad que la obra de un día en niveles como esos, sobrepasa en eficacia el trabajo de muchos años en el plano físico.

 

Los estudiantes que no están acostumbrados al pensamiento causal, es decir, a pensar sobre principios, han de tener cuidado en sus esfuerzos para pensar en abstracto, de no producir dolores de cabeza al principio; que significa naturalmente en este caso, que se está forzando el mecanismo del cerebro. La meditación, practicada regularmente durante algunos años, debiera establecer cierta tendencia de la conciencia causal a ser afectada por la conciencia del cuerpo mental. Una vez establecida tal tendencia, debiera ser posible el pensamiento en los niveles causales, sin el peligro de forzar el mecanismo del pensamiento.

 

Una vez que el esfuerzo para formar un concepto abstracto, digamos el de un triángulo, ha tenido éxito, el estudiante, quizás, se sienta un poco mareado al tratar de captar la idea abstracta; más tarde, la conciencia cambiará repentinamente y se hará clara. Eso indicará que el centro de conciencia se ha transferido del cuerpo mental al causal, y que el estudiante se vuelve consciente, en su cuerpo causal, de una existencia distinta fuera de si mismo.

 

Esto es la "intuición" del cuerpo causal que reconoce lo externo. La "intuición de Buddhi", como veremos en otro capítulo más adelante, reconoce lo interno, permitiendo ver las cosas desde el interior. Con la intuición intelectual, uno se da cuenta de cosas que están fuera de uno mismo.

 

De nuevo hemos de recordar al estudiante que no obstante las diferencias externas de funcionamiento entre la mente superior y la inferior, Manas, el Pensador, es uno, el Yo en el cuerpo causal. Él es la fuente de innumerables energías, de vibraciones de incontables clases. Estas las envía él hacia fuera irradiándolas de sí mismo. Las más sutiles y finas de estas vibraciones se expresan en materia del cuerpo causal, el que es el único bastante sutil para responder a ellas. Tales vibraciones constituyen lo que a veces se denomina Razón Pura, cuyas ideas son abstractas y cuyo método de obtener conocimiento es la intuición. Su misma "naturaleza es conocimiento"; reconoce la verdad a la vista, como congruente con ella.

 

Las vibraciones menos sutiles proceden del Pensador único; atraen materia del mundo mental inferior y se convierten en actividades de la mente inferior, como ya se ha explicado antes.

 

Es, quizás, lamentable que se hable de Buddhi a veces como Razón Pura y se describa la facultad del mismo como intuición. A medida que la psicología progrese, se escogerán y aplicarán términos adecuados, específica y únicamente a las distintas funciones de la conciencia causal y a las facultades de Buddhi.

 

Se dijo antes, refiriéndose a Manas que su misma "naturaleza es conocimiento". Es así, porque Manas es el reflejo en la materia atómica del plano mental, del aspecto cognoscitivo del Yo — del Yo como Conocedor. Por consiguiente, es posible desarrollar el poder de conocer la verdad a la vista. Esto se manifiesta únicamente cuando se trasciende la mente inferior con su lento proceso de razonar. Porque siempre cuando el "Yo" —la expresión del Ser cuya "naturaleza es conocimiento"— se pone en contacto con una verdad, encuentra regulares sus vibraciones, y por consiguiente, capaces de producir una imagen coherente en si mismo; mientras que la falsa origina una imagen deformada, fuera de proporción, que por su mismo reflejo pone de manifiesto su naturaleza.

 

A medida que la mente inferior asume más y más una posición subordinada, estos poderes del ego afirman su predominio y la intuición — que es análoga a la visión directa en el plano físico— toma el lugar del raciocinio, el cual se puede muy bien comparar con el sentido del tacto en el plano físico.

 

Así, la intuición se desarrolla del raciocinio, de la misma manera ininterrumpida y sin cambio en su carácter esencial, como el ojo se desarrolla del tacto. El cambio en el "modo" no ha de impedirnos percibir la ordenada y sucesiva evolución de la facultad.

 

Por supuesto, el estudiante tendrá cuidado de distinguir entre la intuición genuina y la pseudo-intuición del hombre falto de inteligencia, la que es meramente impulso nacido del deseo, no superior sino inferior al razonamiento.

 

El acto de pensar desarrolla las espirillas de los átomos físicos; de ahí que los "que piensan definida y cuidadosamente día tras día, no sólo mejoran sus propios poderes de pensar, sino que también mejoran para otros la cantidad de material de clase superior disponible, facilitando así el pensamiento elevado.

 

En el cuerpo etérico del hombre, el chakra o centro de fuerza frontal que utiliza prana azul oscuro, está asociado con el principio de manas superior.

 

 

Capítulo XVIII

 

DESENVOLVIMIENTO Y FACULTADES DEL CUERPO CAUSAL

 

En el Capítulo XV vimos que en el cuerpo causal sólo se acumulan elementos buenos; los malos no encuentran medios de expresión en ese cuerpo. Podemos ahora considerar esta cuestión un poco más extensamente y estudiar los efectos que la práctica del mal produce, más o menos indirectamente, en el cuerpo causal.

 

En el hombre primitivo, el crecimiento del cuerpo causal es por fuerza excesivamente lento. Como hemos visto, por el método de excitar vibraciones simpáticas, las cualidades superiores desarrolladas por la vida en los planos inferiores son gradualmente incorporadas al cuerpo causal; pero en la vida de un hombre sin desenvolvimiento, habrá muy pocos sentimientos y pensamientos de orden superior que sirvan para nutrir el crecimiento del hombre real. De ahí que el crecimiento sea lento, por cuanto lo restante de la vida no contribuye a ello.

 

Pero hasta el peor de los hombres puede comúnmente manifestarse en el plano causal, aunque sea como entidad enteramente sin desenvolvimiento. Sus vicios, aunque persistan vida tras vida, no pueden mancillar al cuerpo causal. Pueden, sin embargo, hacer más y más difícil el desenvolvimiento de las virtudes opuestas.

 

En todos los casos, la existencia de una mala cualidad en la personalidad significa la falta de la correspondiente buena cualidad en el cuerpo causal; pues un ego no puede ser malo, aunque puede ser imperfecto. Las cualidades desarrolladas por un ego no pueden ser sino buenas, y cuando están bien definidas, se manifiestan en cada una de sus numerosas personalidades; en consecuencia, tales personalidades nunca podrán tener vicios contrarios a esas buenas cualidades. No obstante, una buena cualidad que falte, se puede decir que existe en el ego, aunque no haya sido puesta en actividad. Tan pronto como se pone en actividad, las intensas vibraciones de la misma actúan sobre los vehículos inferiores, y será imposible para el mal opuesto manifestarse de nuevo en los mismos.

 

Cuando existe un vacío en el ego, indicando que hay una cualidad no desarrollada todavía, no quiere decir precisamente que la personalidad adolezca de un vicio determinado; esa personalidad no posee tampoco algo positivo que impida el desarrollo del vicio en cuestión. Por lo tanto, como con toda probabilidad la personalidad estará rodeada de otras personalidades que adolezcan de ese vicio, y como el hombre es un animal imitativo, es más que probable que desarrollará tal vicio. Los vicios, como hemos visto, pertenecen exclusivamente a los vehículos inferiores y no al hombre real que mora en el cuerpo causal. En estos vehículos inferiores la repetición del vicio puede establecer un impulso difícil de dominar; pero si el ego se apronta a crear en sí mismo la virtud opuesta, el vicio se desarraiga y no puede ya existir, ni en esta vida ni en todas las vidas venideras.

 

Por lo tanto, el camino más corto para deshacerse del mal, y de impedir su reaparición, es llenar el vacío en el ego para que la cualidad así desarrollada se manifieste como parte integrante del carácter del hombre en todas sus vidas futuras.

 

Aunque el mal no se puede acumular definitivamente en el cuerpo causal, la práctica del mal puede afectar a ese cuerpo; por cuanto toda intensificación del vicio en los vehículos inferiores, cada indulgencia del mismo en los mundos inferiores, tiende a amortiguar en cierta medida la luminosidad de las virtudes opuestas en el cuerpo causal.

 

El "Yo" no puede "asimilar nada que sea malo", porque esto no puede alcanzar a la conciencia de aquél. Él ego no es consciente del mal; nada sabe acerca del mismo, de manera que no hace impresión alguna en él. El resultado máximo producido en el cuerpo causal por una sucesión muy grande de vidas de tipo bajo es lo que se puede llamar una cierta incapacidad para recibir las buenas impresiones opuestas durante un período de tiempo subsiguiente muy considerable; origina una especie de insensibilidad o parálisis en la materia de dicho cuerpo causal. Esto no es tanto conciencia como inconciencia; la que presenta resistencia a las impresiones del bien opuesto al mal. Este es el límite del daño que puede ocurrir. De manera que cuando la vida viciosa se prolonga mucho, el esfuerzo para producir la primera respuesta al aspecto bueno de la acti­vidad tomará muchas más vidas.

 

Este resultado se observó cuando, al estudiar vidas pasadas, se trató de descubrir por qué una serie de vidas salvajes no dañaban al cuerpo causal. En casos muy prolongados en que había un número anormal de tales vidas, se notó el efecto de insensibilidad mencionado, producido por repetidos impactos del mal sobre el cuerpo causal durante un prolongado período. En tales casos se han de ocupar varias vidas para restablecer,

por así decirlo, la vitalidad responsiva a esa parte del cuerpo causal. Tales casos, sin embargo, son anormales.

 

Podemos continuar el estudio de los efectos del mal todavía más allá. Cuando el mal es sutil y persiste, arrastra, si se nos permite la expresión, algo del individuo mismo. Si se persiste constantemente en el mal, el cuerpo mental se enmaraña tanto con el cuerpo astral que, después de la muerte, no puede liberarse enteramente; algo do su propia sustancia es desgarrado del mismo, y, cuando el cuerpo astral a su vez muere y se desintegra, la materia del cuerpo mental que se había arrebatado, va también a parar al depósito general de materia mental, de manera que el individuo la pierde. En casos ordinarios el daño causado al cuerpo causal no va más allá de esto. En el Capítulo XXV, trataremos con más detalle el aspecto técnico de nuestro tema.

 

En los casos en que el ego se ha fortalecido, tanto en intelecto como en voluntad, pero sin aumentar al mismo tiempo en abnegación y amor, se contrae alrededor de su propio centro separado, en vez de expandirse a medida que se desarrolla; en esta forma construye una muralla de egoísmo, y utiliza los poderes desarrollados para sí, cuando debería emplearlos en beneficio de otros. En tales casos, surge la posibilidad a que aluden tantas de las escrituras del mundo, de que el ego se ponga conscientemente «n contra de la "Ley del Bien" y se oponga deliberadamente a la evolución. Entonces el cuerpo causal mismo muestra los matices oscuros producidos por la contracción y pierde la resplandeciente radiación que le es característica. Un daño como este no puede producirlo un ego de poco desarrollo, ni las deficiencias pasionales o mentales. Un daño de tanto alcance sólo se produce en egos altamente desarrollados y que hayan despertado las energías del plano mental.

 

Es por esta razón que la ambición, el orgullo y el poder del intelecto, empleados para fines egoístas, son mucho más peligrosos y mortales en sus efectos que las faltas más palpables de la naturaleza inferior. De manera que el "fariseo" está con frecuencia más lejos del "reino de Dios" que el "publicano y el pecador". En este sentido se desarrolla el "mago negro", el hombre que domina sus pasiones y deseos, desarrolla la volun­tad y los poderes superiores de la mente, no para ofrecerlos como fuerzas para ayudar el avance de la evolución del todo, sino para adueñarse de todo cuanto pueda para sí mismo como unidad, con el fin de retener y no el de compartir. Tales hombres trabajan para mantener separación en contra de la unidad, esforzándose en retardar en vez de hacer avanzar la evolución. Vibran en desarmonía con el todo, y corren el peligro de llegar a esa separación del ego mismo que significa la pérdida de todos los frutos de la evolución.

 

Hasta ahora hemos hablado principalmente de los efectos del mal en el crecimiento del hombre; veamos ahora el otro lado del cuadro. Todos aquellos que empiezan a comprender algo con respecto al cuerpo causal pueden hacer de la evolución de éste el objeto definido de su vida. Pueden esforzarse en pensar, sentir y obrar sin egoísmos, y así, contribuir al crecimiento y actividad del mismo. Esta evolución avanza vida tras vida, y al contribuir al crecimiento con esfuerzo consciente, actuamos en armonía con la voluntad Divina y cumplimos con el propósito por el que estamos aquí. Nada de lo bueno que hayamos incorporado a nuestro cuerpo causal puede jamás perderse o disiparse; pues éste es el hombre que vive, mientras permanece en el estado de hombre.

 

Vemos por tanto que de acuerdo con la ley de evolución, lo malo, por fuerte que parezca, lleva en sí mismo el germen de su propia destrucción; en cambio todo lo bueno posee la simiente de inmortalidad. El secreto de esto reside en el hecho de que todo lo malo es inarmónico, porque va en contra de la ley cósmica. Por consiguiente, tarde o temprano, la ley lo destruye y el mal desintegra al precipitarse contra ella. Por otra parte, todo lo bueno es tomado y llevado adelante por la ley porque está en armonía con ella; se hace parte de la corriente de evolución, por lo tanto no puede perecer ni ser destruido.

 

Es como si todas las experiencias del hombre pasaran por un cedazo de malla muy fina; sólo lo bueno puede pasar por esa malla; lo malo que­da y es rechazado. En este proceso —el mecanismo mismo del cual se construye el cuerpo causal, el vehículo perdurable del hombre— está no sólo la esperanza de éste, sino también la certeza de su triunfo final. Por lento que sea, el crecimiento se produce; por largo que aparezca el ca­mino, se llega al fin. El individuo, que es nuestro Yo, evoluciona, y no puede ser destruido en absoluto. Aunque con nuestra estupidez podemos hacer que el crecimiento sea más lento de lo necesario, todo lo bueno con que contribuyamos, por poco que sea, dura para siempre y es nuestra posesión durante todas las edades que tenemos por delante.

 

Aunque nada malo puede acumularse en el cuerpo causal, se acumula sin embargo en los vehículos inferiores a los cuales pertenece. Porque bajo la ley de justicia, cada hombre recibe el resultado de sus acciones, sean buenas o malas. Pero el mal necesariamente actúa en los planos inferiores, porque sólo en la materia de esos planos se pueden expresar sus vibraciones, y no tiene ni siquiera un sonido que pueda producir eco en el cuerpo causal. Su fuerza, por consiguiente, se expande en su vida astral o física, sea en ésta o en futuras encarnaciones.

 

Más exactamente, el resultado del mal se acumula en la unidad mental y en los átomos permanentes astral y físico, de manera que el hombre ha de enfrentarse una y otra vez con ese mal; lo cual, naturalmente, es muy diferente a llevarlo al ego y hacerlo verdaderamente parte integral de sí mismo.

 

Los buenos pensamientos y acciones, como es natural, producen efectos en los planos inferiores; pero, además, tienen resultados inmensamente superiores y permanentes sobre el cuerpo causal. Así lo bueno y lo malo proyectan sus efectos en los planos inferiores y se manifiestan en los vehículos inferiores transitorios, pero sólo las buenas cualidades se incor­poran al cuerpo causal como ventaja definitiva para el hombre real.

 

De esta manera se construye el cuerpo causal del hombre, al principio con lentitud; pero en etapas posteriores con creciente rapidez. En cada etapa del crecimiento, el estudio de los colores y estriaciones del cuerpo causal pone de manifiesto el progreso que el ego ha efectuado desde el momento que dicho cuerpo empezó a formarse, al salir la entidad del reino animal, e indica también la etapa de evolución que ha alcanzado actualmente.

 

Según hemos visto, en las últimas etapas de la evolución, los cuerpos causal y mental se expanden extraordinariamente, mostrando la más vistosa radiación de luces multicolores, las que, al quedar en relativo reposo, brillan con intenso esplendor cuando están en gran actividad.

 

A medida que el cuerpo causal es capaz de expresar cada vez mejor al ego, se dilata más y más desde su centro físico, hasta que el hombre puede envolver a centenares y hasta miles de personas dentro del mismo, con lo cual ejercita gran influencia para el bien.

 

La transferencia al cuerpo causal de facultades adquiridas por la personalidad es análoga a como se transfieren al Alma Grupal las experiencias adquiridas por las formas en las cuales encarna dicha Alma Grupal. Así, por ejemplo, suponiendo que una personalidad desarrolla la cualidad de exactitud; cuando esa cualidad vuelve al ego en el cuerpo causal, se ha de difundir parejamente por todo ese cuerpo. La cantidad que fue suficiente para hacer una personalidad exacta, al pasar al ego, será sólo una fracción de lo que éste requiere. En consecuencia, pueden ser nece­sarias varias encarnaciones para desarrollar la cualidad lo suficiente para predominar en alguna vida posterior, sobre todo si el ego no pone en la siguiente personalidad la misma porción de sí mismo, sino simplemente una parte de la masa entera.

 

El estudiante, en sus estudios, debe tener siempre presente que el cuerpo causal no es el ego, sino la parte de materia del plano mental superior que ha sido vivificada y expresa las cualidades que el ego ha ad­quirido.

 

El hombre real mismo —la divina trinidad interna— podemos no verlo; pero a medida que aumenta nuestra visión y conocimiento, más cerca llegamos a lo que está velado en él. Así podemos considerar al cuerpo causal como la concepción más cercana del verdadero hombre que nuestra visión puede damos actualmente.

 

El estudiante recordará también que el tamaño y forma del cuerpo causal determinan los del cuerpo mental. En efecto, el aura de un hombre que tiene dimensiones definidas es la misma que la de una sección del cuerpo causal, y a medida que este crece, esa sección se dilata también y el hombre aparece con un aura más extensa.

 

Además, en el caso de un hombre desarrollado, el cuerpo mental se convierte en el reflejo del cuerpo causal, puesto que dicho hombre aprende a obedecer únicamente los impulsos del yo superior y guía su razón de acuerdo con tales impulsos.

 

En el proceso de meditación (véase "El Cuerpo Mental", pág. 154) a medida que el cuerpo mental se aquieta, la conciencia sale del mismo y pasa al "centro laya", los puntos neutros de contacto entre el cuerpo mental y él causal. El pasaje va acompañado de un desmayo momentáneo o pérdida de conciencia (resultado inevitable de la desaparición de objetos de conciencia) seguido de conciencia en lo superior. De modo que la desaparición de los objetos de conciencia pertenecientes a los mundos inferiores, va seguida de la aparición de objetos de conciencia en el mundo superior. El ego, entonces, puede dar forma a su cuerpo mental de acuerdo con sus elevados pensamientos e impregnarlo con sus propias vibraciones. Puede moldearlo según las sublimes visiones de pianos más allá del suyo, de los cuales ha tenido algún vislumbre en sus momentos de exaltación y puede así trasmitir hacia abajo y afuera; ideas a las cuales el cuerpo mental sería incapaz de responder de otra manera.

 

Tales ideas son las inspiraciones del genio, que penetran en la mente con luz deslumbrante e iluminan a un mundo.

 

A esta altura podemos repetir lo esencial de cuanto expusimos en "El Cuerpo Mental, pág. 154, dirigiendo nuestra atención ahora, no tanto a la conciencia cerebral inferior, como a la del ego actuando en el cuerpo causal. El genio, que es el ego, ve en lugar de argüir; la verdadera intui­ción es una de sus facultades. Manas o mente inferior, utilizando el aparato cerebral, ordena los hechos reunidos por observación, los sopesa con otros y llega a conclusiones basadas en los mismos. Opera por el proceso de razonamiento, empleando los métodos de inducción y de deducción.

 

La intuición, por otra parte, es, como indica la etimología, visión interior, mirar adentro — un proceso tan directo y rápido como la vista física. Es el ejercicio de los ojos de la inteligencia, el reconocimiento infalible de una verdad presentada en el plano mental. La prueba es innecesaria porque está por encima y más allá de la razón. Como es natural, se ha de tener gran cuidado para distinguir lo que es mero impulso kámico de la intuición verdadera. Sólo cuando se han aquietado y están en reposo los deseos y apetitos del yo inferior se deja oír la voz de la mente superior en la personalidad inferior.

 

En "Isis Sin Velo", cap. II pág. 18-19 H. P. Blavatsky explica la cuestión con fuerza y lucidez. "Con la naturaleza física está aliada la razón que le da señorío y predominio sobre los demás seres de la tierra, y con la naturaleza espiritual está aliada la conciencia, que le guía entre las falacias de los sentidos para discernir instantáneamente entre lo justo y lo injusto. Este discernimiento es privativo del espíritu absoluto, puro y sabio por naturaleza, como emanación de la pureza y sabiduría divina. Las decisiones de la conciencia no dependen de la razón, pues sólo podrá manifestarse plenamente cuando se haya substraído a la servidumbre de la naturaleza inferior. La razón no es facultad inherente al espíritu, porque tiene por instrumento el cerebro físico y sirve para deducir el consecuente del antecedente y la conclusión de las premisas, de conformidad con las pruebas suministradas por los sentidos. El espíritu sabe de por sí y no necesita argumentar ni discutir, pues como emanación del eterno espíritu de sabiduría, ha de poseer los mismos atributos esenciales que el todo de que procede. Por lo tanto, no discurrían desacertadamente los antiguos teurgos al decir que el elemento espiritual del hombre no se infundía plenamente en su cuerpo, sino que tan solo cobijaba al alma astral, medianera entre el espíritu y el cuerpo. El hombre que ha subyugado su naturaleza inferior lo bastante para recibir directamente la esplendorosa luz de su augoeides, conoce por intuición la verdad y no puede errar en sus juicios a pesar de cuantos sofismas arguya la fría razón. Entonces alcanza la iluminación, cuyos efectos son la profecía, clarividencia e inspiración divina."

 

Así como podemos encender una mecha y el color de la llama de ésta dependerá de la naturaleza de la misma y del líquido de que esté impregnada, así también, en cada ser humano la llama de manas enciende el cerebro y la mecha kámica, y el color de la luz dependerá de la naturaleza y del desenvolvimiento del aparato cerebral.

 

En su artículo sobre "El Genio" H. P. Blavatshy explica con claridad esta cuestión. Dice: "lo que llamamos las manifestaciones del genio en una persona, no son sino los esfuerzos más o menos exitosos del ego para afirmarse mediante su forma objetiva exterior. Los egos de un Newton, un Esquilo, un Shakespeare, son de la misma esencia y sustancia que los de un patán, un ignorante, un tonto o aún de un idiota. La auto-aseveración de sus genios encarnantes depende de la construcción fisiológica y material del hombre físico. Ningún ego difiere de otro en su esencia y naturaleza primordiales. Lo que convierte a un mortal en un gran hombre y a otro en una persona grosera y tonta es, como ya dijimos, la cualidad y la composición de la vaina o envoltura, la aptitud o inaptitud del cerebro y del cuerpo para trasmitir y dar expresión a la luz del verdadero hombre interno, o sea, el ego".

 

Empleando un símil familiar, diremos que el hombre físico es el instrumento, el ego, el artista ejecutante. La potencialidad de la melodía perfecta depende del instrumento; por hábil que sea el artista, no puede obtener melodía impecable de un instrumento roto o mal construido. Esta armonía depende de la fidelidad de transmisión, de palabra o por acción, al plano objetivo, de un insonoro pensamiento divino surgido de las profundidades mismas de la naturaleza interna o subjetiva del hombre: es decir, de su ego.

 

La capacidad mental, la fuerza intelectual, la agudeza, la sutileza, son manifestaciones del manas inferior del hombre. Estas pueden hasta llegar a constituir lo que H. P. Blavatsky llama "genio artificial", resul­tado de la cultura y de la agudeza puramente intelectual. Con frecuencia su carácter queda demostrado por la presencia en él de elementos kámicos, como pasión, vanidad, arrogancia.

 

En el estado actual de la evolución humana, manas superior rara vez puede manifestarse. Lo que llamamos genio verdadero son destellos ocasionales de la misma. "Contempla en toda manifestación de genio, cuando combinada con virtud, la presencia innegable del exilado celestial, el ego divino cuyo carcelero eres, o hombre de materia." Tales manifestaciones dependen de la acumulación de experiencias anteriores individuales del ego en su vida o vidas precedentes. Porque no obstante ser omnisciente en su esencia y naturaleza, todavía requiere experiencia de las cosas de la tierra, valiéndose de sus personalidades a fin de aplicar a ellas el fruto de su experiencia abstracta. La práctica de ciertas actitudes en el transcurso de una serie de encarnaciones ha de culminar, finalmente, en alguna vida» cómo genio, en un sentido u otro. De lo dicho se deduce claramente que, para la manifestación del verdadero genio, la pureza de vida es esencial;

 

Es importante reconocer la parte que el ego en el cuerpo causal desempeña en nuestros conceptos sobre los objetos externos. Las vibraciones de los nervios presentan al cerebro meras impresiones; es función del ego clasificarlas, combinarlas y ordenarlas. El discernimiento del ego, actuando por medio de la mente., ejerce su acción en todo cuanto los sentidos trasmiten al cerebro. Además este discernimiento no es un instinto inherente de la mente, perfecto desde el principio, sino el resultado de la comparación de un número de experiencias anteriores.

 

Antes de considerar la posibilidad de actuar conscientemente en el plano causal hemos de tener en cuenta que, para que el hombre apegado todavía al cuerpo físico pueda moverse a plena conciencia en el plano mental —sea en el mental inferior o en el superior— ha de ser un Adepto o un alumno Iniciado de Estos; porque hasta tanto que su Maestro le haya enseñado la manera de utilizar su cuerpo mental, el discípulo es incapaz de moverse libremente aún en esferas inferiores de dicho cuerpo.

 

Actuar conscientemente durante la vida física en las esferas superiores denota, naturalmente, todavía mayor progreso, por cuanta significa la unificación del hombre; de manera que, en el mundo físico ya no es una mera personalidad, más o menos influenciado por la individualidad" superior, sino que es esa misma individualidad o ego. Ciertamente que está todavía envuelto y confinado por el cuerpo, no obstante, posee el poder y el conocimiento de un ego altamente evolucionado.

 

En la actualidad, la mayoría de las gentes no son más que conscientes en el cuerpo causal; pueden actuar únicamente en la materia del tercer subplano, es decir, la parte más baja del cuerpo causal; en efecto, sólo la materia más baja de dicho subplano se pone generalmente en acción. Cuando el estudiante está en el Sendero, se abre el segundo subplano. El Adepto por supuesto utiliza todo el cuerpo causal, mientras su conciencia está en el plano físico. Estos detalles se tratarán más ampliamente en un capítulo posterior.

 

Pasando ahora a los poderes más específicos y detallados del cuerpo causal, se recordará, según se explicó en los dos volúmenes anteriores de esta serie, que no es posible para el hombre pasar a otro planeta de nuestra cadena en su cuerpo astral ni en el mental. Pero ello es posible con un cuerpo causal bien desarrollado; aún así, no con la facilidad o rapidez que lo pueden hacer quienes han conseguido elevar su conciencia al plano búdico.

 

Parece, sin embargo, que un cuerpo causal no sería capaz normalmente de moverse en el espacio interestelar. En ese espacio los átomos están muy separados y equidistantes, y es ésta probablemente su condición normal cuando no son perturbados. Esto es lo que se quiere dar a entender cuando se dice que los átomos son "libres". Dentro de la atmósfera de un planeta, nunca se encuentran en tal estado; porque aún cuando no están agrupados en formas, se encuentran de todas maneras enorme­mente comprimidos por la fuerza de atracción.

 

En el aspecto interplanetario, las condiciones no son, probablemente tas mismas que en el interestelar; porque puede haber grandes perturbaciones debidas a la materia de los cometas y de los meteoros, además por­que la tremenda atracción del Sol produce compresión considerable dentro de los limites del sistema.

 

De ahí que la materia atómica del cuerpo causal del hombre esté comprimida por atracción en una forma definida y bastante densa, aun­que los átomos en sí mismos no estén alterados en manera alguna, ni agrupados en moléculas. Mientras que tal cuerpo puede existir cómodamente en su propio plano atómico en la vecindad de un planeta donde se encuentra comprimida la materia, no le sería posible moverse o funcionar en el lejano espacio donde los átomos están "libres" y no comprimidos.

 

El poder de magnificación pertenece al cuerpo causal y está asociado con el chakra frontal, el centro en el entrecejo. Desde la parte central de este chakra se proyecta lo que se puede denominar un pequeño micros­copio, teniendo como lente un átomo solamente. Es en esta forma que se produce un órgano conmesurado en tamaño con los objetos minúsculos que ha de observar. El átomo utilizado puede ser físico, astral, o mental, pero sea el que fuere, requiere una preparación especial. Todas sus espirillas han de estar abiertas, es decir en el estado en que se encontrarán en la séptima ronda de nuestra cadena de mundos.

 

Si se utiliza un átomo de un nivel inferior al causal como órgano visual, será necesario introducir un sistema de contrapartes reflectores. El átomo puede ajustarse a cualquier subplano, de manera que es po­sible aplicar cualquier grado requerido de magnificación para acordar con el objeto bajo examen. Una extensión del mismo poder permite al operador enfocar su propia conciencia en el lente por el que está mirando y luego proyectar ésta a puntos distantes.

 

Se puede utilizar el mismo poder, dispuesto en otra forma, para propósitos de disminución, cuando se desea contemplar como un todo algún objeto demasiado extenso para abarcar en su conjunto por medio de la visión ordinaria.

 

La vista del cuerpo astral nos permite hasta cierto punto pronosticar el futuro. Aún con los sentidos físicos se puede a veces predecir ciertas cosas. Así, por ejemplo, si vemos a un hombre llevando una vida de intemperancia, podemos vaticinar con acierto que si no cambia, dentro de poco perderá la salud y la fortuna. Lo que no podemos saber por medios físicos, es si cambiará o no el hombre.

 

Pero el que posee la vista del cuerpo causal a menudo sabría esto, puesto que para él serían visibles las fuerzas que dicho hombre tiene en reserva. Vería lo que piensa el ego de todo esto y si tiene la fuerza suficiente para intervenir. Ninguna predicción meramente física es segura, porque en este plano inferior no se pueden ver muchas de las causas que influencian la vida. Pero, al elevar la conciencia a los planos superiores, se percibe una cantidad mayor de causas y así es posible ser más exacto al calcular los efectos.

 

Naturalmente es más fácil predecir el futuro del hombre no desarrollado que el de uno más avanzado; por cuanto el hombre común tiene poco, poder de voluntad; karma le asigna ciertos medio ambientes y él es el resultado de éstos; acepta el destino señalado para él porque ignora que lo puede cambiar.

 

El hombre más desarrollado, sin embargo, toma en manos su destino y lo moldea; hace de su futuro lo que él quiere que sea, contrarrestando el karma del pasado al poner en acción nuevas fuerzas. De ahí que su futuro sea más difícil de vaticinar. Pero indudablemente aún en este caso un Adepto que estuviera en condiciones de ver la voluntad latente, también podría calcular cómo usaría ésta.

 

Los que han estudiado "El Cuerpo Mental" recordarán que en esta obra hay una descripción de los Archivos Akásicos, o sea la Memoria de la Naturaleza como se le suele denominar. Para leer estos Archivos es necesario servirse del cuerpo causal, vibrando el mental sólo en simpatía con la actividad del primero. Por esta razón ninguna interpretación sería satisfactoria ni se podría confiar en ella sin un desarrollo muy decidido del cuerpo causal.

 

El Obispo Leadbeater describe un caso interesante y raro en el que, por razón de un exceso temerario de trabajo, cierto hombre despertó las cualidades de su cuerpo causal en tal forma, que pudo, en forma intermitente, leer los Archivos con gran claridad de detalle. Además le fue posible ejercer el poder de magnificación hasta cierto punto, especialmente en cuestión de perfumes. El resultado, característico de esta facultad, fue el de producir cierta rudeza en el olfato, en que el perfume perdía su suavidad, convirtiéndose en algo semejante a un paño de lana, por así decir, o a una palangana de arena. Esto se debía a que la facultad de magnetización, que es un atributo del cuerpo causal, hace que las partículas diminutas físicas que incitan el olfato se aprecian separadamente, como si fueran los granos en el papel de lija, y así se produce esta sen­sación de aspereza.

 

Está por demás observar que se ha de evitar este método de estimular los poderes del cuerpo causal, por cuanto es mucho más probable que dé por resultado un trastorno cerebral o del sistema nervioso en lugar de producir facultades causales como en este caso aislado.

 

Si un hombre eleva su conciencia al subplano más elevado de su cuerpo causal y lo enfoca exclusivamente en la materia atómica del plano mental, se le presentan tres posibilidades en el traslado de su conciencia, correspondientes hasta cierto punto con las tres dimensiones del espacio.

 

Evidentemente, (1) se le abre un camino para hacer descender la conciencia al segundo subplano del mental, o elevarla al subplano inferior del Búdico, siempre que haya desarrollado el cuerpo Búdico lo su­ficientemente como para utilizarlo como vehículo.

 

(2)     Una segunda línea de movimiento lo constituye el camino directo desde la subdivisión atómica de un plano a la correspondiente subdivisión atómica de los planos más arriba o más abajo, sin tocar ninguno de los subplanos intermediarios.

 

(3)     Una tercera posibilidad no es tanto un movimiento en otra línea en ángulo recto a los dos, anteriores, sino más bien una posibilidad de mirar por dicha línea, la que une al ego con la Mónada, de la misma manera que un hombre en el fondo de un pozo podría elevar la vista hacia una estrella en el cielo arriba de él; porque existe una línea de comunicación directa entre el subplano atómico mental en este plano cósmico inferior, y el correspondiente mental atómico en el plano mental cósmico. Aunque estamos todavía muy lejos de poder remontar por esa línea, sin embargo, el Obispo Leadbeater afirma que a lo menos una vez tuvo él la experiencia de poder contemplarlo un momento. Lo que se percibe, dice, es inútil tratar de describir por cuanto no existen palabras humanas que puedan dar la más leve idea de ello. Pero a lo menos resalta esto, con una certeza inquebrantable, que aquello que hasta ahora hemos supuesto ser nuestra conciencia, nuestro intelecto, no es de ninguna manera nuestro, sino de Él. Ni siquiera es un reflejo de Él, sino literal y realmente parte de Su conciencia, una parte de Su intelecto. Ayuda a comprender esto el conocimiento de que el ego humano mismo es una manifestación de la Tercera Emanación que procede de Su Primer Aspecto, el Padre eterno y todo amoroso.

 

El crecimiento y desarrollo del cuerpo causal está muy ayudado por la obra de los Maestros, puesto que Ellos se ocupan más de los egos en cuerpos causales que con los vínculos inferiores de los hombres. Se dedican a derramar influencia espiritual sobre los hombres, irradiando como la luz del sol sobre las flores, evocando en esta forma todo lo más noble y mejor en ellos y estimulando de esta manera el crecimiento de los mismos. Muchas personas están con frecuencia conscientes de influencias auxiliadoras de esta naturaleza, pero son completamente incapaces de descubrir de donde originan. Este trabajo será explicado con mayor detalle en un capítulo posterior.

 

 

Capítulo XIX

 

LA VIDA DESPUÉS DE LA MUERTE; EL QUINTO CIELO

 

En El Cuerpo Astral y El Cuerpo Mental se estudió la vida del hombre después de la muerte, en el plano astral, como asimismo en el mental inferior, en su cuerpo mental y en el Primer, Segundo, Tercer y Cuarto Mundos Celestiales, en los Subplanos Séptimo, Sexto, Quinto y Cuarto respectivamente. Ahora describiremos la vida después de la muerte, pasada en el cuerpo causal en los tres niveles más elevados del plano mental.

 

La distinción entre las dos grandes divisiones del plano mental —la inferior o rupa (forma) y la superior o arupa (sin forma)— es muy marcada: tan distintos, en realidad, son los dos mundos que se requiere diferentes vehículos de conciencia para poder funcionar en ellos.

 

En "El Cuerpo Mental" expusimos ya la razón y propósito generales de la vida en devachán, por lo tanto no será menester repetirlo ahora. También explicamos por qué el devachán es una necesidad para la gran mayoría de las personas. En ciertos casos excepcionales, sin embargo, vimos que el hombre lo suficientemente avanzado, con permiso de una autoridad muy elevada, puede "renunciar al devachán", y tomar una serie de encarnaciones rápidas sin intervalos apreciables entre ellas.

 

Lo primero que llama la atención en el plano mental inferior es que domina la materia; y la conciencia brilla con dificultad a través de las formas. Pero en los planos más elevados, la vida es lo que más se destaca, y existen las formas sólo para los propósitos de la misma. La dificultad en los planos inferiores reside en dar a la vida su debida expresión en las formas; en los planos superiores ocurre todo lo contrario — está en mantener y dar forma a la corriente de vida. Es únicamente más arriba de la línea divisoria entre los planos inferior y superior, donde la luz de la conciencia resplandece con poder propio sin estar sujeta a viento alguno. El símbolo de un fuego espiritual es muy apropiado para representar la conciencia en estos elevados niveles, en contraste con los planos inferiores en que el símbolo del fuego consumidor es más exacto.

 

En los niveles de arupa, la materia está subordinada a la vida, y varía constantemente. Una entidad cambia de forma con rada variación del pensamiento. La materia es un instrumento de la vida de esta entidad y no una expresión de la misma. La forma se construye momentáneamente y varía con cada cambio de dicha vida. Esto es exacto no sólo en los niveles arupa de manas, sino también lo es en forma sutil en el plano de Buddhi. Ocurre otro tanto con respecto al ego espiritual.

 

Por más gloriosa que haya sido la vida en los mundos celestiales del plano mental inferior, llega finalmente a su término. El cuerpo mental desaparece a su vez como sucedió como los otros cuerpos, y empieza la vida del hombre en el cuerpo causal. Durante toda la vida celestial, ha conservado en forma definida la personalidad de la última vida física, y es sólo cuando la conciencia se retira por último en el cuerpo causal que se funde esta sensación de personalidad en la individualidad, y el hombre, por vez primera después de su descenso a la encarnación, se reconoce a sí mismo como el verdadero ego y relativamente permanente.

 

En el cuerpo causal el hombre no necesita "ventanas" —las que, como recordará el estudiante, fueron formadas por sus propios pensa­mientos en los cielos inferiores— porque éste, el plano causal, es su verdadero hogar, y todos sus muros han desaparecido.

 

A esta altura la mayoría de los hombres tienen todavía muy poca conciencia; descansan somnolientos sin observar y apenas despiertos. No obstante, toda visión que podrían tener es exacta, por más limitada que sea ésta por falta de desarrollo.

 

La vida del mundo celestial superior desempeña un papel muy insignificante en la del hombre corriente, porque en este caso el ego no está lo suficientemente desarrollado como paira estar despierto en el cuerpo causal. Los egos retardados, en realidad, jamás alcanzan conscientemente el mundo celestial, mientras que un número aún mayor consiguen sólo algún contacto muy leve con algunos de los subplanos inferiores.

 

Pero en el caso del hombre espiritualmente desarrollado, la vida de ésta, como ego en su propio mundo, es gloriosa y ampliamente satisfactoria.

 

Sin embargo, todo ser humano ha de entrar en contacto consciente o inconscientemente con los niveles superiores del plano mental, antes de poder efectuarse la reencarnación del mismo. A medida que adelanta su evolución, este contacto llega a ser naturalmente más y más definido y real para él. No sólo es más consciente en estos nivelas a medida que progresa, sino que el período pasado en ese mundo de la realidad se extiende, porque se eleva la conciencia lenta pero firmemente a través de los diferentes planos del sistema.

 

El tiempo que pasa en el mundo superior, en el caso de un hombre corriente no desarrollado, puede variar de acuerdo a la etapa de desenvolvimiento, de dos o tres días a un largo período de vida consciente y gloriosa, tratándose de personas excepcionalmente avanzadas.

 

La duración del tiempo pasado en los mundos celestiales entre encarnaciones depende de tres factores principales: (1) la clase a la que pertenece el ego; (2) el método por el cual se individualizó; y (3) la extensión y la naturaleza de su última vida. Como esta cuestión ha sido tratada detalladamente en "El Cuerpo Mental" es innecesario repetirla.

 

Aún al darnos cuenta cabal de la parte reducida de que cada ciclo de vida pasada en el plano físico, para avaluar someramente su verdadera proporción con respecto al total, hemos de tener muy presente la realidad mucho mayor de la vida en los mundos superiores. Es imposible acentuar demasiado este punto, porque la vasta mayoría de las personas se encuentran todavía tan completamente bajo el dominio de los sentidos físicos, que las irrealidades del mundo inferior les parecen la única verdad, mientras que cuanto más se aproxima alguna cosa a lo verídico, tanto más irreal e incomprensible parece ser para ellas.

 

Por razones bastantes comprensibles, el mundo astral ha sido denominado el mundo de la ilusión; pero con todo está siquiera un paso más cerca de la realidad; por alejada que esté la visión astral de la clara y comprensiva percepción del hombre en su propio plano, en el que ve con una claridad que todo lo abarca, es, a lo menos, más aguda y segura que el sentido físico. Y existe la misma relación entre el astral y el físico como entre el mental y el astral, salvo que en el primer caso la proporción se eleva a una potencia mayor. De ahí que no solo es el tiempo que se pasa en estos planos superiores mucho más extenso que la vida ordinaria, sino que todos los momentos de dicho tiempo, si correctamente utilizados, pueden ser enormemente más fructíferos de lo que sería posible tratándose del mismo período de tiempo en el plano físico.

 

A medida que progresa la evolución, el principio, que rige la vida después de la muerte, consiste en que la vida en los niveles inferiores, tanto en el astral como en el plano mental, se acorta gradualmente, en tanto que la vida superior se vuelve más extensa y llena. Finalmente llega el momento en que la conciencia se unifica, es decir cuando el yo superior y el inferior se unen indisolublemente y el hombre no puede ya envolverse en su propia nube de pensamientos, ni confundir lo poco que puede percibir a través de la misma, con todo el gran mundo celestial alrededor de él; entonces percibe las posibilidades de su vida, y así, por vez primera comienza realmente a vivir. Pero, cuando alcanza estas alturas, ya habrá entrado en el Sendero, y se habrá encargado él mismo definitivamente de su futuro progreso.

 

Es únicamente cuando la conciencia se ha retirado de lote cuerpos inferiores y se centra de nuevo en el ego, que se conoce el resultado final de la encarnación recién terminada. Entonces se perciben las cualidades nuevas adquiridas en ese pequeño círculo especial de su evolución. En ese momento se obtiene también un vislumbre de la vida total; el ego durante un segundo tiene un esclarecimiento de conciencia, en el que se da cuenta de los resultados de la vida que acaba de terminar, y algo de lo que resultará de la misma en su próximo nacimiento.

 

No se puede decir que este vislumbre abarque un conocimiento de la naturaleza de la próxima encarnación, salvo en cierto sentido extremadamente vago y general. Indudablemente se vería el objetivo principal de la próxima vida y el progreso específico que deberá alcanzar en ella, pero la visión sería valiosa principalmente como una lección sobre el resultado kármico de su actuación en el pasado. Le ofrece una oportunidad, de la que extrae más o menos ventaja, según el estado de desenvolvimiento alcanzado.

 

Al principio hace escaso uso de dicha oportunidad, por estar muy poco consciente o preparado para comprender los hechos y sus diferentes interrelaciones; pero gradualmente aumenta la capacidad para apreciar lo que percibe y luego viene la facultad de recordar tales vislumbres al finalizar las vidas, como también la de compararlas, y de esta manera llega a estimar el progreso efectuado en el camino a recorrer; además dedicará algún tiempo a sus planes en favor de la vida que le espera. La conciencia se expande gradualmente hasta que llega el ego a pasar una vida apreciable en los niveles superiores del plano mental, cada vez que consigue alcanzarlos.

 

EL QUINTO CIELO: EL TERCER SUBPLANO

 

Este es, naturalmente, el más bajo de los subplanos mentales sin forma, o arupa; es asimismo la más poblada de todas las regiones que conocemos, porque en ella están casi todas las sesenta mil millones de almas que, según dicen, están empeñadas en la actual evolución humana — todas en realidad, salvo el número comparativamente reducido de las que están habilitadas para funcionar en el segundo y primer plano.

 

Como ya hemos visto, cada alma está representada por una forma ovoide, que al principio no es más que una película incolora; pero que más tarde, y a medida que se desarrolla el ego, empezará a presentar cierta iridiscencia trémula, como la de una pompa de jabón, proyectándose los colores en su superficie, como los varios matices producidos por los rayos del sol en la espuma de una cascada.

 

Las almas ligadas a un cuerpo físico se distinguen de las desencarnadas por cierta diferencia en los tipos de vibración establecidos en la superficie de los cuerpos causales, y por esta razón es fácil apreciar con un mero vistazo si un individuo en un momento dado está encarnado o no. La inmensa mayoría, en el cuerpo físico o fuera de él, están solamente semiconscientes y en estado somnoliento, aunque en la actualidad son pocos los cuerpos causales que están en condición de películas incoloras. Los que están completamente despiertos son brillantes y sobresalientes excepciones, destacándose de las multitudes menos radiantes como estrellas de primera magnitud. Entre éstos y los menos desarrollados se encuentra toda variedad de tamaño y belleza, cada uno representando el estado exacto de evolución alcanzado.

 

La mayoría de las almas todavía no están lo suficientemente definidas aún en el grado de conciencia que puedan tener, como para comprender la finalidad de las leyes de la evolución en que están empeñadas. Buscan la encarnación, obedeciendo el impulso de la Voluntad Cósmica, y también a Tanha, o sea la sed ciega de vida manifestada, el deseo de encontrar alguna región en que pueden sentir y estar conscientes de existir. En sus estados más primitivos, tales entidades no pueden sentir las vibraciones intensamente rápidas y penetrantes de la materia altamente refinada de su propio plano; los movimientos fuertes y groseros, pero comparativamente lentos, o sean los de la materia más pesada del plano físico, son los únicos que pueden evocar alguna respuesta en ellas. De consiguiente es sólo en este plano que sienten que viven en alguna medida, y esto explica su deseo ardiente de renacer a la vida terrenal.

 

Así, durante cierto tiempo, el deseo de estos seres está en completa armonía con la ley de evolución. Sólo pueden desarrollarse por medio de estos impactos del exterior, a los que gradualmente son incitados a responder, y en esta primitiva etapa de su evolución sólo pueden recibir estos impactos en la vida terrestre. Paulatinamente va aumentando en ellos la capacidad de responder, y se despiertan primeramente a las vibraciones físicas delicadas y elevadas, y luego, aunque más lentamente todavía, a las del plano astral. Después sus cuerpos astrales, que hasta ahora sólo han sido puentes para hacer llegar sensaciones al ego, se convierten lentamente en vehículos definidos que pueden usar, y la conciencia de los mismos empieza a centralizarse más bien en las emociones que en las sensaciones meramente físicas.

 

En una etapa posterior, pero siempre mediante el mismo proceso de aprender a responder a impactos que vienen del exterior, los egos aprenden a centralizar la conciencia en el cuerpo mental, a vivir en, y de acuerdo con las imágenes mentales que han forjado por sí mismos, y de esta manera llegan a dominar las emociones por medio de la mente.

 

Aún más adelante en el largo camino de la evolución, el centro asciende al cuerpo causal, y los egos se dan cuenta de su verdadera vida. Cuando alcanzan esta etapa, sin embargo, se encontrarán en un subplano más elevado que éste (el tercero) y la existencia terrestre inferior no será ya necesaria para ellos. Pero por el momento nos ocupamos de la mayoría menos evolucionada, que todavía extienden las personalidades —que son ellos mismos en los planos inferiores de la vida—, como tentáculos que tantean y se agitan en el océano de la existencia; sin percibirse de que estas personalidades son los medios de que se valen para nutrirse y crecer. No ven nada del pasado ni del futuro, porque aún no están conscientes en su propio plano. No obstante, como están gradualmente absorbiendo experiencias y asimilándolas, desarrollan una sensación de que es bueno hacer ciertas cosas y malo hacer otras, expresándose esto imperfectamente en la conectada personalidad como el comienzo de una conciencia, o un sentimiento del bien y del mal. Poco a poco y a medida que evolucionan, este sentimiento va delineándose cada vez más nítidamente en la naturaleza inferior convirtiéndose en una guía de conducta más eficiente.

 

Mediante las oportunidades brindadas por el esclarecimiento de conciencia, al cual nos hemos referido anteriormente, los egos más avanzados de este subplano se desarrollan a tal punto que pueden ocuparse del estudio del pasado, perfilando las causas activadas en éste, y aprendiendo mucho por medio de la introspección, de manera que los impulsos enviados hacia abajo se aclaran y se definen más, traduciéndose en la conciencia inferior como firmes convicciones e intuiciones imperativas.

 

Debería ser innecesario señalar que las imágenes mentales de los niveles de rupa o forma no son llevadas al mundo celestial superior. Ya ha terminado toda ilusión, y cada ego conoce su verdadera parentela, la ve y es visto por ella, en su propia y real naturaleza, como el hombre real mortal que pasa de vida a vida, con todos los vínculos intactos ligados a su verdadero ser.

 

En este tercer subplano también se encuentran los cuerpos causales de los comparativamente pocos miembros del reino animal que están individualizados. Hablando estrictamente, éstos no son ya animales, como hemos observado anteriormente. Son casi los únicos ejemplos que se pueden ver en la actualidad del cuerpo causal completamente primitivo, no desarrollado en cuanto a su tamaño, y todavía coloreado aún muy débilmente por las primeras vibraciones de cualidades recién nacidas.

 

Cuando el animal individualizado se retira a su cuerpo causal, para esperar la vuelta de la rueda de la evolución que le ofrecerá la oportunidad de una encarnación humana primitiva, parece perder casi toda conciencia de las cosas exteriores, y pasar su tiempo en una especie de agradable trance de la más profunda paz y contento. Aún entonces, cierto desarrollo interior de alguna naturaleza está ocurriendo con toda seguridad, aunque es difícil para nosotros comprenderlo. En todo caso, está gozando de la mayor felicidad posible para él en el nivel en que se encuentra.

 

 

 

Capítulo XX

 

EL SEXTO CIELO:  SEGUNDO SUBPLANO

 

Del Quinto Cielo atestado de gente, pasamos ahora a un mundo escasamente poblado, como cuando se sale de una gran ciudad para entrar en una campiña tranquila. Porque, en la actual etapa de la evolución humana, sólo una pequeña minoría de individuos han alcanzado esta esfera más elevada en la cual hasta el menos avanzado está definitivamente consciente de si mismo, como también de todo lo que le rodea.

 

Puede, hasta cierto punto, ver el pasado que ha atravesado, y percibe el propósito y el método de evolución. Sabe que está ocupado en una obra de auto-desarrollo y reconoce la etapa de vida física y la que sigue después de la muerte de ésta, las que atraviesa en sus vehículos inferiores.

 

La personalidad, con la que está conectado, la percibe él como parte de sí mismo, y trata de guiarla utilizando sus conocimientos del pasado como repositorio de experiencias del cual formula principios de conducta, convicciones claras e inmutables del bien y del mal. Estas las envía él a la mente inferior, cuyas actividades vigila y dirige.

 

En la primera parte de su vida en este subplano puede fallar repetidas veces en lograr que la mente inferior comprenda en forma lógica las bases de los principios que trata de grabar en ella: no obstante alcanza a hacer la impresión, en tal forma que ideas abstractas como las de la verdad, justicia y honor llegan a establecerse como conceptos aceptados y dominantes en la vida inferior.

 

Tales principios se graban tan firmemente en las fibras mismas del ser que, sea cual fuere la tensión de las circunstancias del tormento de la tentación, llega a ser una imposibilidad actuar en contra de ellos, por cuanto estos principios constituyen la vida misma del ego.

 

Sin embargo, aunque logre guiar el vehículo inferior, su conocimiento de éste y de las acciones del mismo, con frecuencia está muy alejado de ser preciso y claro. Percibe los planos inferiores sólo débilmente y en forma apagada, comprende más bien los principios de los mismos que los detalles, y parte de su evolución en este subplano consiste en acercarse cada vez más conscientemente al contacto directo con la personalidad que lo representa en los planos inferiores de manera tan imperfecta.

 

Sólo las personas que tienen el desarrollo espiritual como meta deliberada viven en este subplano, y por consiguiente han conseguido en gran parte hacerse receptivos a las influencias que proceden de los planos superiores a ellas. La comunicación aumenta y se expande dejando pasar una corriente mayor. Bajo esta influencia el pensamiento adquiere una cualidad particularmente nítida y penetrante, hasta en los individuos menos desarrollados; el efecto se manifiesta en la mente inferior como cierta, tendencia hacia el raciocinio filosófico y abstracto.

 

En seres de evolución más elevada, la visión es muy extensa; recorre con clara percepción el pasado, reconociendo las causas establecidas, la expresión de éstas y los efectos aún no agotados.

 

Los egos que habitan este plano tienen amplias oportunidades de crecer al encontrarse libres del cuerpo físico, puesto que en él pueden recibir instrucción de entidades más adelantadas y ponerse en contacto directo con sus instructores, ya no por medio de imágenes mentales, sino una luminosidad centellante imposible de describir; la esencia misma de la idea pasa como una estrella de un ego a otro, expresándose sus correlaciones como oleadas de luz que proceden de la estrella central, sin necesidad de enunciación separada. En este plano un pensamiento es como una luz colocada en una habitación; aclara todas las cosas en su alrededor sin necesidad de palabras para describirlas.

 

En éste, el Sexto Cielo, el hombre contempla también los vastos tesoros de la Mente Divina en actividad creativa y puede estudiar los arquetipos de todas las formas que evolucionan gradualmente en los mundos inferiores. Puede desenredar los problemas relacionados con la manifestación de estos arquetipos, el bien parcial que aparenta ser el mal, según la limitada visión de los hombres encerrados en la carne. Según la perspectiva más extensa los fenómenos asumen sus débiles proporciones relativas y el hombre percibe la justificación de los métodos divinos en cuanto concierne la evolución de los mundos inferiores.

 

 

 

Capítulo XXI

 

EL SÉPTIMO CIELO: PRIMER SUBPLANO

 

Ésta, la esfera más gloriosa de todas las del mundo celestial, tiene hasta ahora pocos representantes de nuestra humanidad porque en sus alturas moran únicamente los Maestros de la Sabiduría y Compasión y sus Discípulos.

En una de las primeras cartas recibidas de cierto Maestro dice que es imposible comprender la condición del Primer y Segundo Reino Elemental, es decir, los planos causal y mente inferior, salvo en el caso de ser un Iniciado; por lo cual no podemos esperar tener éxito al intentar describirlos en el plano físico.

 

No existen palabras que puedan describir la belleza de forma de color y de sonido en el plano causal, porque el lenguaje mortal no contiene tèrminos con que expresar estos radiantes esplendores.

Al alcanzar el sèptimo cielo, entramos en contacto por vez primera con un plano que es cósmico en su extensión; por cuanto ésta, la parte atómica de nuestro plano mental, es el subplano inferior del cuerpo mental del Logos Planetario. En este nivel, por tanto, se puede encontrar muchas entidades que, por falta de palabras, el lenguaje humano no alcanza a describir. Para nuestras necesidades actuales, por consiguiente, convendrá poner totalmente de lado a estas huestes de seres cósmicos y limitarnos estrictamente a los habitantes pertenecientes al plano mental de nuestra propia cadena de mundos.

 

Los que se hallan en dicho subplano han alcanzado la evolución mental, de manera que

en ellos lo superior brilla siempre a través de lo inferior. Han quitado de sus ojos el velo ilusorio de la personalidad y se dan cuenta de que no son la naturaleza inferior sino que utilizan esta como un medio para adquirir experiencia.                            

 

En los menos evolucionados de éstos, la naturaleza inferior puede tener aún el poder de encadenar y dificultad pero jamás podrán ellos caer en el error de confundir el vehículo con el Yo que lo utiliza. De esto se salvan porque llevan la conciencia no sólo de día en día sino de una encarnación a otra, de manera que las vidas pasadas ya no se consideran tanto en retrospecto sino como continuamente presentes en la conciencia, y el hombre las considera como una sola en lugar de verlas como múltiples vidas.

 

En este subplano, el ego es consciente del mundo celestial inferior, como también del plano en el que se encuentra. Si en este tiene alguna manifestación tal como una forma mental de la vida celestial de sus amigos, puede extraer la máxima utilidad de la misma.                           

 

En el tercer subplano y aun en la parte inferior del segundo, su conciencia de los subplanos debajo de él era todavía débil y su acción en la forma mental instintiva y automática. Pero cuando entró de lleno en el segundo subplano se le aclaró la visión y con agrado reconoció en dichas formas, vehículos mediante los cuales podía expresarse con mayor amplitud en cierto sentido de lo que le era posible por medio de la personalidad.

 

Ahora que funciona en el cuerpo causal, en la magnífica luz y el esplendor del cielo superior, su conciencia está instantánea y perfectamente activa en cualquier punto de las divisiones inferiores a que desea dirigirla, y puede, por consiguiente, proyectar intencionalmente un aumento de energía en alguna forma mental, cuando quiere emplearla con fines educativos.

 

Desde este nivel más elevado del plano mental desciende la mayoría de las influencias proyectadas por los Maestros de la Sabiduría, a medida que trabajan para la evolución de la raza humana, actuando directamente sobre las almas o egos de los hombres, derramando sobre estos las energías inspiradoras que estimulan el crecimiento espiritual, aclaran la inteligencia y purifican las emociones.

 

De ahí recibe el genio la iluminación; allí todos los esfuerzos hacia arriba encuentran su dirección. De la misma manera que, partiendo de un centro todos los rayos del sol caen en todas partes y cada cuerpo, al recibirlos, los aprovecha de acuerdo con la naturaleza propia de cada uno; así, de los Hermanos Mayores de la raza parten la luz y vida que es su función suministrar. Cada uno de dichos cuerpos usa todo lo que puede asimilar, y mediante esto crece y se desarrolla. De esta manera, como en todas partes, la gloria más excelsa del mundo celestial se encuentra en la gloria del servicio, y los que han logrado la evolución mental son los manantiales de donde fluye fuerza para los que aun están ascendiendo.

 

En los tres niveles superiores del plano mental se encuentran las huestes de devas arupa o sin forma, que no poseen cuerpo más denso que el causal. La naturaleza de la vida de estos parece ser tan esen­cialmente distinta a la nuestra como para hacer imposible ninguna descripción de ellos en palabras físicas.

Estos devas tienen que ver con la dirección de los mundos, de las razas y de las naciones.

 

Existe también una clase muy limitada de hombres, conscientes en los niveles arupa del plano mental, que han sido "hechiceros" en el pasado. En ellos está activo el intelecto superior, y con esto el reconocimiento intelectual de la unidad. Ahora perciben que han estado en mal camino, que no es posible retener al mundo e impedir su avance en el arco ascendente. Como están todavía atados por el Karma que han producido, se ven obligados a trabajar del lado negativo, es decir con la desintegración. Pero actúan con un móvil diferente, y tratan de dirigir sus fuerzas contra aquellos individuos que requieren ser fortalecidos en la vida espiritual por medio de la lucha contra la resistencia. Marie Corelli parece haberse dado cuenta de esta verdad al tratar el tema en su obra "Los Dolores de Satanás". El Satanás descrito en esta obra se regocija siempre cuando es vencido; se esfuerza en oponer, pero se alegra cuando el hombre demuestra ser lo suficientemente espiritual para resistir.

 

Este aspecto de la vida es también reconocido en las Puranas hindúes. Hay casos en que un hombre ha evolucionado hasta alcanzar un punto muy elevado de conocimiento, y luego para expiar una parte de su Karma pasado, encarna bajo la forma de un enemigo del bien, como Ravana. Debido a este Karma pasado, está obligado a recoger en sí mismo las fuerzas malignas del mundo para que éstas puedan ser destruidas. En otras religiones existe la misma idea bajo distintas formas.

 

 

 

Capítulo XXII

 

TRISHNA: LA CAUSA DE LA REENCARNACIÓN

 

Hemos casi terminado nuestra consideración de la naturaleza, funciones, crecimiento y desarrollo del cuerpo causal. Habiendo de esta manera estudiado lo que podríamos llamar el lado forma, es necesario ahora tratar de comprender mejor el ego mismo, como ser consciente y activo.

 

En este capítulo iniciaremos el estudio del ego en relación con sus personalidades: esto significa en realidad el aspecto vida de la reencarnación. La primera parte de nuestro tema será consagrado a Trishna — esa "sed" que es la razón principal que incita al ego a buscar la reencarnación. En el siguiente capítulo trataremos más especialmente del aspecto forma de la reencarnación, es decir, su mecanismo.

 

Luego nos ocuparemos de otros aspectos de la actitud del ego hacia la personalidad. Después pasaremos a un estudio de la vida del ego en su propio plano. Finalmente abordaremos en cuanto permitan nuestros materiales, la relación del ego con la Mónada.

 

La razón primaria y esencial de la reencarnación es la Voluntad Cósmica que se hace sentir en el ego, apareciendo en él como un deseo de manifestarse. En obediencia a esto, el ego repite la acción del Logos y se proyecta en los planos inferiores.

 

En sánscrito este deseo se conoce más específicamente como Trishna, o sed, en pali, como Tanha. Es la sed ciega de vida manifestada, el deseo de encontrar alguna región en que el ego pueda (1) expresarse y (2) recibir aquellas impresiones e impactos desde afuera, los únicos que le permitirán estar consciente de vivir, de sentirse vivo.

 

Esto no es el deseo de vivir en el sentido corriente de la palabra, sino más bien el de una manifestación más completa, un deseo de sentirse vivificado y activo en mayor grado, un ansia de esa conciencia plena que comprende el poder de responder a todas las vibraciones posibles procedentes de los medios ambientes en cada plano y en tal forma que el ego pueda alcanzar la perfección de simpatía, es decir, sentir con.

 

Como veremos con mayor claridad más adelante, el ego en su propio plano está lejos de ser del todo consciente, pero la conciencia que tiene, le da una sensación de mucho agrado y despierta en él una especie de hambre de una realización más amplia de la vida. Es esta hambre del ego, en realidad, lo que está por detrás del gran clamor mundial en demanda de una vida más abundante.

 

No es la presión exterior la que le obliga al hombre a volver a la encarnación: encarna porque quiere venir al mundo. Si el ego no quisiera retornar, no lo haría; pero en tanto persista deseo de alguna cosa que el mundo puede proporcionarle, deseará regresar. De modo que no está forzado contra su propia voluntad a volver a este mundo de penas, sino que es su propia e intensa hambre lo que lo atrae de vuelta.

 

Podríamos tomar una analogía del cuerpo físico. Cuando se ha ingerido alimento y éste ha sido completamente absorbido, el cuerpo pide más, tiene hambre. Nadie le obliga al hombre a comer; consigue alimento y lo consume porque lo necesita. De igual modo, mientras el hombre sea imperfecto, mientras no haya asimilado todo lo que este mundo le puede ofrecer y lo haya utilizado completamente, de tal manera que no ansíe más nada de este mundo, volverá a encarnar.

 

Se puede concebir a Trishna como uno de los muchos modos en que se manifiesta la ley universal de periodicidad. En la Filosofía Esotérica, se reconoce esta ley como abarcando la emanación y la reabsorción del universo, el Día y la Noche de Brahma, la expiración y la inspiración del Gran Aliento.

 

De ahí que los hindúes hayan representado al Dios del Deseo como el impulso hacia la manifestación. "Kama. . . es en el Rig Veda la personificación del sentimiento que conduce e impulsa a crear. Fue el Primer Movimiento que impulsó al UNO a crear, después de su manifestación desde el Principio Abstracto puro. Primeramente surgió en Él el deseo, que fue el germen Primordial de la Mente; y que los Sabios, al investigar con su inteligencia han descubierto ser el lazo que relaciona a la Entidad con la No-Entidad." (La Doctrina Secreta, II, 206).

 

Cuando la Inteligencia espiritual entra en contacto con esta sed de sensación, su primer acto es de intensificarla. Como dice la Estancia: "De su propia esencia llenaron (es decir, intensificaron) el Kama". (ídem, 212). Así Kama para el individuo como para el Cosmos llega a ser la primera causa de la reencarnación, y a medida que el Deseo se diferencia en deseos, éstos encadenan al Pensador a la tierra y le traen de vuelta repetidas veces al nacimiento. Las escrituras hindúes y budistas están, naturalmente, repletas de esta afirmación de una verdad.

 

Existirá Trishna en tanto no se alcance la realización de Brahman. Cuando el hombre haya asimilado todo lo adquirido, incorporándolo en sí mismo, entonces Trishna surgirá y lo hará salir para que vaya a adquirir nuevas experiencias.

 

Al principio, es sed de experiencias externas, y es en este sentido que se emplea Trishna generalmente. Sin embargo hay una sed aún más aguda, expresada bien en la frase: "Sedienta está mi alma de Dios, del Dios vivo. Esta es la sed que siente la parte de encontrar la totalidad a que pertenece. Si pensamos en la parte que procede del total pero sin perder jamás el vínculo con éste, entonces veremos que existirá siempre una fuerza de retracción tratando de hacer retornar a dicha parte. El Espíritu, que es divino, no puede encontrar satisfacción permanente fuera de la divinidad; y es este descontento, este deseo de buscar, lo que constituye la raíz de Trishna, que saca al hombre de devachán, o, en realidad, de una condición cualquiera hasta alcanzar el término de la búsqueda.

 

Es muy posible para el hombre llegar a una especie inferior de Moksha — una temporaria liberación del renacimiento. Así en la India ciertos yogis menos desarrollados matan deliberadamente todos los deseos que pertenecen a este mundo determinado. Al darse cuenta de que el mundo es transitorio, de que apenas vale la pena preocuparse mucho de permanecer en él, especialmente si se ha sufrido mucho o se ha desilusionado, el hombre llega a esa forma de vairagya (desligamiento) que se denomina técnicamente "vairagya de tierra candente"; y si bien esto no conduce a la liberación completa, da por resultado una liberación parcial.

 

Como afirma uno de los Upanishads, el hombre nace en el mundo al que le conducen los deseos. De ahí que, habiendo matado todo deseo de algo en este mundo, desaparece del mismo y no renace más en él. Entonces pasa a un loka (mundo) que no es permanente, pero en el que podrá permanecer durante largas épocas. Existen muchos mundos de tal naturaleza, relacionados a menudo con la adoración de una forma Divina particular, con tipos especiales de meditación, etc., y el hombre puede pasar a uno de éstos y quedar allí por tiempo indeterminado. En el caso de los que se han entregado mayormente a la meditación, su deseo está dirigido por completo hacia los objetos de la meditación; por consiguiente permanecen en el mundo mental, donde sus propios deseos les han conducido.

 

Si bien tales personas se han libertado de las penas de este mundo, volverán finalmente a un mundo, a éste si aún existe, sino a otro parecido a éste en el que podrán continuar su evolución desde el punto en que fue suspendido. De ahí que solo postergan las dificultades, y por consiguiente no parece valer la pena adoptar el plan descripto.

 

Es debido a la posibilidad de "matar" el deseo que los instructores ocultistas prescriben en su reemplazo la transmutación del deseo. Lo que se mata resucitará de nuevo: lo que se transmute está cambiado para siempre. Una persona en estado muy imperfecto de evolución, que mata el deseo, destruye al mismo tiempo toda posibilidad de evolución superior, puesto que no tiene nada para transmutar. El deseo está muerto para la vida actual, lo que significa que toda la vida superior de las emociones y mental está muerta durante dicho período.

 

El falso vairagya es una repulsión de lo inferior, producida por desilusión, penas, cansancio de cualquier naturaleza: la verdadera indiferencia hacia las cosas inferiores resulta del deseo de la vida superior, y produce un resultado completamente distinto.

 

En "La Voz del Silencio" se dice que el alma requiere "puntos que le atraen hacia arriba"; al matar el deseo el hombre se libera sólo temporalmente del gusto de la vida; el gusto existe todavía en estado latente, y a su debido tiempo renacerá.

 

Si un individuo que ha matado el deseo en la forma señalada es una persona muy corriente, sin cualidades especiales de intelecto o morales, quedará, como ya se explicó, apartado de este mundo, en condición tal que se encuentra feliz pero en la que no es de ninguna utilidad especial, ni para sí mismo ni para ningún otro ser.

 

Si, por el contrario, es un hombre que ha progresado considerablemente en el Sendero, puede haber alcanzado una etapa de meditación en la que sus poderes mentales son de gran valor. Puede, aunque sea inconscientemente, influenciar al mundo y así ayudar en esa gran corriente de energía mental y espiritual de que se sirven los Maestros para Su obra en el mundo. Este es el repositorio llenado con energía espiritual por los Nirmanakayas (véase "El Cuerpo Mental", pág. 185).

 

Un individuo de esta naturaleza, pleno de espíritu de servicio, pasaría a un mundo en el que podría trabajar en ese sentido especial. Sería un mundo más o menos al nivel del cuerpo causal. Allí podría vivir durante evos, literalmente, proyectando una corriente de pensamiento concentrado para ayudar a los demás, y ayudando así en el abastecimiento de esta reserva de poder espiritual.

 

 

 

Capítulo XXIII

 

LOS ÁTOMOS PERMANENTES Y EL MECANISMO DE LA REENCARNACIÓN

 

En este capítulo nos ocuparemos de la parte que juegan los átomos permanentes en la reencarnación, como también de ciertos otros detalles del mecanismo del renacimiento.

 

Como ya hemos explicado en esta serie de obras, después de la muerte del cuerpo físico, el ego se retira regularmente de un plano tras otro, hasta que por fin está revestido únicamente en el vehículo causal. En la muerte física, la tela de vida, juntamente con el prana, se retiran al corazón, rodeando el átomo permanente físico. Este asciende entonces por el Sushumna-nadi —un canal que atraviesa el corazón hasta el tercer ventrículo— y penetra en la cabeza, llegando hasta el tercer ventrículo del cerebro. Entonces la tela entera envolviendo el átomo permanente, asciende lentamente al punto de unión de las suturas parietal y occipital, y abandona el cuerpo físico — que ahora ha dejado de existir.

 

A medida que el ego desocupa cada uno de sus cuerpos, los átomos permanentes de dichos cuerpos pasan a una condición estática y son retenidos en el cuerpo causal en estado latente. Mientras el hombre se encuentra únicamente en el cuerpo causal, tiene, dentro de dicho cuerpo, el átomo permanente físico, el astral y la molécula permanente mental o unidad, como se denomina ésta comúnmente. Estos tres átomos, envueltos en la tela de vida búdica, tienen el aspecto de una partícula brillante, como un núcleo, en el cuerpo causal. Son, naturalmente, todo lo que le queda al ego de los cuerpos físicos, astral y mental, de su última encarnación.

 

Estas varias etapas están representadas en la parte izquierda del Diagrama XXV. Mientras el hombre está en posesión de todos sus vehículos, los átomos permanentes están representados con rayos proyectados por éstos, indicando que están en funcionamiento activo. A medida que muere cada cuerpo y queda atrás, el átomo permanente involucrado entra en estado latente, como lo muestra el círculo sin rayos, y se retira dentro del cuerpo causal. A medida que los átomos permanentes "se duermen" en esta forma, disminuye la corriente normal de vida en las espirillas, y durante todo el período de reposo la corriente es pequeña y lenta. El diagrama muestra el cuerpo causal, en el plano causal, con las tres partículas permanentes dentro del cuerpo, todos en estado latente.

 

 

Diagrama XXV – El Ciclo de Renacimiento

 

Es necesario que el estudiante se de cuenta de que es necesario para la evolución que sean trasladados estos átomos permanentes, por cuanto el hombre desarrollado ha de dominar todos los planos o mundos, y los átomos permanentes forman el único canal directo, por más imperfecto que sea, entre la tríada espiritual o ego y las formas con las que está conectado. Si fuera concebible que pudiera desarrollarse sin los átomos permanentes, sería posible que llegaría a ser un glorioso arcángel en los planos inferiores, por haberse despojado del poder de sentir y de pensar. Sin embargo no debemos desprendernos de los átomos permanentes: nuestra obra consiste en purificar y desarrollarlos.

 

Podemos observar aquí que los átomos permanentes están mucho más evolucionados que los demás átomos, encontrándose en el mismo estado de desarrollo completo que los de la séptima ronda en los individuos que están a punto de alcanzar el grado de Adepto. Por consiguiente, estos átomos han logrado el desarrollo más elevado posible y come hemos visto, están cargados con todas las cualidades que han traído de encarnaciones anteriores.

 

Cuando una persona alcanza el nivel de un Buddha, es absolutamente imposible para él encontrar átomos que le sean de utilidad, exceptuando los que ya han servido de átomos permanentes a seres humanos.

 

Todos los átomos de todos aquellos que, en conexión con éste mundo, y probablemente también con esta cadena de mundos, que alcanzaron el estado de Arhat y se desprendieron de éstos, han sido reunidos y utilizados en los vehículos del Señor Gautama Buddha. Como no había suficiente de éstos para completar el vehículo se utilizaron también algunos de los mejores átomos comunes disponibles, y éstos fueron galvanizados en actividad por los otros. Estos átomos comunes se reemplazan por átomos permanentes obtenidos de todo nuevo Adepto al tomar él la vestidura Sambhogakaya o Dharmakaya (véase cap. XXXIV). Esta serie de cuerpos es única, y no existe material para formar otra. Fueron usados estos por Gautama Buddha y luego guardados.

 

Estos mismos cuerpos causal, mental y astral del Buddha fueron utilizados por el Cristo juntamente con el cuerpo físico de Jesús, y también por Shankaracharya. Ahora el Señor Maitreya los está usando.

 

Para volver de esta digresión sobre los átomos permanentes, al momento en que la vida en los subplanos mentales superiores llega a su término, observamos que Trishna, es decir el deseo de más experiencias, se afirma nuevamente y el ego dirige la atención hacia el exterior, atravesando el umbral de devachan a lo que se ha denominado el plano de la reencarnación, trayendo consigo los resultados, grandes o pequeños, de su obra de devachan.

 

Con la atención vuelta hacia el exterior, como ya hemos dicho, el ego envía un estremecimiento de vida que activa la unidad mental. La corriente en las espirillas de esta unidad y a su vez en los demás átomos permanentes, que durante el período de reposo ha sido pequeña y lenta, aumenta ahora y la unidad mental, así estimulada, empieza a vibrar con fuerza. Esto está representado en el diagrama, al lado derecho, por una reaparición de los rayos alrededor de la unidad mental.

 

La tela de vida entonces comienza a desplegarse de nuevo, y la vibrante unidad mental, actuando como magneto, atrae a sí materia mental, con poderes vibratorios semejantes a los propios o que concuerdan con ellos.

 

Los devas del Segundo Reino Elemental poseen este material dentro del alcance de la unidad mental, y en las primeras etapas de la evolución, también moldean la materia en una nube amorfa alrededor de la unidad permanente: pero, a medida que procede la evolución, el ego mismo ejerce persistente y acrecentada influencia sobre la forma del material. Esta nube de materia —que por cierto no es un vehículo propiamente dicho— está indicada en el diagrama con un contorno de puntos.

 

Cuando el cuerpo mental está formado en parte, el estremecimiento de la vida del ego vitaliza el átomo permanente, y se efectúa un proceso análogo al anterior, una nube de materia astral es atraída alrededor del átomo astral permanente.

 

Vemos pues, que en su descenso a la encarnación, el ego no recibe cuerpos mentales y astrales ya construidos; sino material del cual se construirán dichos cuerpos durante el curso de la vida subsiguiente. Además, la materia recibida es capaz de proveerle de cuerpos mentales y astrales de exactamente el mismo tipo que los que poseyó al término de sus últi­mas vidas mental y astral respectivamente.

 

El método por cuyo medio el ego obtiene un nuevo cuerpo etérico, dentro del cual se construye el nuevo cuerpo físico como en un molde, ha sido ampliamente descripto en "El Doble Etérico" págs. 87-88 y por eso no hay necesidad de repetirlo aquí. Podemos añadir, sin embargo, que durante la vida humana prenatal, se forma la prolongación del Sutratma, consistiendo de un hilo único, que luego forma una red, una tela reluciente de inconcebible delicadeza y hermosura, con mallas minúsculas, que recuerdan el capullo del gusano de seda.

 

Dentro de las mallas de esta tela se insertan una al lado de otra las partículas más groseras de los cuerpos. De manera que, si se contemplaran éstas con visión búdica, desaparecerían y en su lugar se percibiría esta tela de vida, como se la llama, que sostiene y vivifica todos los cuerpos.

 

Durante la vida prenatal, el hilo se extiende fuera del átomo permanente físico ramificándose en todas direcciones, continuando su crecimiento hasta que el cuerpo físico alcanza su madurez. Durante la vida física el prana o vitalidad fluye por las ramificaciones y las mallas.

 

Parece que es generalmente la presencia del átomo permanente la que determina la fertilización del óvulo, del cual nace el nuevo cuerpo. No obstante, cuando un niño nace muerto, generalmente falta el ego (se supone, por consiguiente, que no ha habido átomo permanente) y por tanto tampoco ningún elemento etérico (véase El Cuerpo Etérico pág. 87).

 

Aunque hay legiones de egos buscando encarnación, muchos de éstos están en estado tan primitivo, que casi cualquier medio ambiente ordinario les seria igualmente adecuado. Sin embargo, sucede a veces que en un momento dado, no hay ningún ego que pueda aprovechar una oportunidad especial: en este caso, aunque el cuerpo esté formado hasta cierto punto por el pensamiento de la madre, no obstante como no hay ningún ego, este cuerpo en realidad nunca está vivo.

 

El ego corriente, naturalmente, no está en ningún sentido en situación -como para elegirse el cuerpo. El lugar de nacimiento está determinado generalmente por la combinada acción de tres fuerzas: éstas son: (1) la ley de evolución, que hace que un ego nazca bajo condiciones que le darán oportunidades de desarrollar precisamente esas cualidades de las cuales tiene mayor necesidad; (2) la ley de Karma, el ego quizá no ha merecido la mejor oportunidad posible, y por consiguiente tiene que arreglarse con uno de segunda categoría. Puede hasta no haber merecido en absoluto ninguna oportunidad mayor, de manera que una vida tumultuosa de poco progreso seria su destino. Insistiremos un poco más adelante sobre este tema del Karma de un ego: (3) la fuerza de los vehículos personales cualesquiera de amor y de odio, que el ego haya formado anteriormente. Es posible que un hombre sea elevado a veces a una posición que no se puede decir que ha merecido a no ser por razón de un fuerte amor personal para alguna persona más adelantada en la evolución que él.

 

Un hombre más avanzado que ya está en el Sendero, puede ejercer selección hasta cierto punto en cuanto se refiere al país y a la familia de su futuro nacimiento; pero tal individuo sería el primero en poner de lado todo deseo personal en el asunto para entregarse de lleno a las manos de la ley eterna, confiando en que lo que le trae ésta ha de ser mucho mejor para él que cualquier selección propia.

 

Los padres no pueden elegir el ego que habilitará el cuerpo al que dan nacimiento, pero si viven de tal manera que ofrecen una oportunidad excepcionalmente buena para el progreso de ese ego avanzado, pueden producir condiciones que hacen extremadamente probable que un ego de esta naturaleza venga a ocupar dicho cuerpo.

 

Hemos visto que a medida que el ego desciende a una nueva encarnación, tiene que cargarse con su pasado, gran parte del cual ha sido almacenado como tendencias vibratorias en sus átomos permanentes. Estos gérmenes o simientes son conocidos a los budistas bajo el nombre de Skandhas, palabra conveniente para la cual no existe todavía término equivalente en nuestro idioma. Estas simientes consisten de cualidades materiales, sensaciones, ideas abstractas, tendencias y poderes mentales, el aroma puro de todos estos ha sido incorporado en el cuerpo causal, y el resto almacenado, como ya se ha dicho, en los átomos permanentes y en la unidad mental.

 

H. P. Blavatsky en su lenguaje vivido, vigoroso e inimitable, da la siguiente descripción del ego que viene a la reencarnación, al encontrarse con sus skandhas: "Espera Karma en la entrada con su tropel de skandhas a que el Ego salga para asumir nueva encarnación. En este momento el destino futuro del ya descansado Ego oscila en las balanzas de la Ley Kármica. En este renacimiento elegido y dispuesto para él por la LEY misteriosa e inexorable, pero de infalibles equidad y sabiduría, tienen su castigo las culpas cometidas en la vida anterior del Ego; pero no en un infierno imaginario de llamas teatrales, y ridículos demonios con cola y cuernos, sino en la misma tierra, plano y región donde las cometiera y en donde ha do expiarlos. Cosechará lo que haya sembrado. En su derredor reunirá Karma a todos aquellos Egos que por su culpa hubiesen sufrido, ya directa, ya indirecta y aún inconscientemente. Serán arrojados por Némesis en el camino del nuevo hombre, que oculta al viejo, al eterno Ego. . . La nueva "personalidad" es un traje nuevo, de forma, color y cualidades características; pero el hombre verdadero que la lleva es el mismo criminal de antes." (Clave de la Teosofía, pág. 95.)

 

De esto resulta que la ley de Karma sea la que guía indefectiblemente al hombre hacia la raza y la nación en que se encuentran las características generales que producirán un cuerpo, y proveerán un ambiente social adecuado a la manifestación del carácter general construido por el ego en vidas previas, para la recolección de la cosecha que ha sembrado.

De esta manera traza Karma la línea que constituye el sendero del ego hacia la nueva encarnación, siendo dicho Karma el conjunto de causas puestas en actividad por el ego mismo.

 

Sin embargo, al considerar este juego de fuerzas cósmicas, hay un factor al que se ha de dar debida importancia: a saber: la pronta aceptación por el ego, en su clara visión, de condiciones para su personalidad, muy lejanas de las que la personalidad podría desear para sí misma. La educación que da la experiencia no es siempre agradable, y para el limi­tado conocimiento de la personalidad, ha de haber mucho de la experiencia terrenal que parece innecesariamente dolorosa, injusta e inútil. Pero el ego, antes de sumergirse en el "olvido del cuerpo", ve las causas que resultan en las condiciones de la encarnación, en la que está por entrar nuevamente, y las oportunidades que ofrecerá ésta para el progreso; por tanto es fácil comprender cuan livianamente pesarán en la balanza todos los dolores y las penas, cuan triviales parecerán a esa visión amplia las alegrías y los pesares de la tierra.

 

Pues qué es cada vida sino un paso en el "Perpetuo progreso de cada alma divina o Ego que se encarna en la evolución de lo externo a lo interno, de lo material a lo espiritual que al fin de cada etapa alcanza la unidad con el principio divino. Ir desde una fuerza a otra fuerza; desde la belleza y perfección de un plano a la superior belleza y perfección de otro plano, con nueva gloria y mayor conocimiento y poder en cada ciclo, es el destino del Ego." (Clave de la Teosofía, pág. 105).

 

Y como lo ha expresado tan gráficamente la Dra. Besant, con semejante destino, ¿qué importa el sufrimiento pasajero de un momento, ni aun la angustia de una vida ensombrecida?

 

Continuando nuestro breve examen de la cuestión del Karma de un ego es posible ver la gran masa de Karma acumulado —conocido bajo el nombre de sanchita o Karma acumulado— cerniéndose por encima del ego. Por lo general no es espectáculo agradable, puesto que por la naturaleza de las cosas, contiene más mal que bien. La razón de esto es la siguiente:

 

En la primera etapa de su desarrollo, la mayoría de los hombres, debido a la ignorancia, han cometido muchos actos que no debieran haber hecho, y por consiguiente han acumulado para sí mismos, como resultado físico, mucho sufrimiento en el plano físico. El hombre civilizado corriente pone mayor empeño en hacer el bien que el mal, y por lo tanto, hablando en general, es probable que tenga más Karma bueno que malo. Pero de ninguna manera va todo el buen Karma a la masa acumulada, y así recibimos la impresión de una preponderancia del mal sobre el bien en dicha masa.

 

Esto requiere por otra parte cierta explicación. El resultado natural de los buenos pensamientos, o de las buenas acciones, es de mejorar al hombre mismo, como también la calidad de sus vehículos, de hacer florecer en él las cualidades de valentía, afecto, devoción, etc. Estos efectos se demuestran en el hombre y en sus vehículos, pero no en la masa de Karma acumulada que le aguarda.

 

No obstante, si dicho hombre ejecuta una buena acción, pensando en la recompensa que le puede traer, entonces el Karma bueno resultante de esa acción le llegará y será almacenado con el resto de lo acumulado, hasta el momento en que podrá ser presentado y materializado activamente.

 

Karma bueno de esta naturaleza, por supuesto, liga al hombre a la tierra tan efectivamente como Karma malo: por consiguiente, el hombre que tiene como meta el verdadero progreso, aprende a actuar sin idea alguna de sí mismo o del resultado de su acción. Esto no quiere decir que puede evitar dicho resultado, sean sus acciones buenas o malas; sino que es posible cambiar el carácter del resultado. Si se olvida de sí mismo por completo, y actúa sólo por bondad de corazón, entonces toda la fuerza del resultado se expande en la formación de su propio carácter y no queda nada para ligarlo a los planos inferiores. La verdad es que en cada caso el hombre recibe lo que necesita; en las palabras del Cristo: "En verdad os digo: Ya tienen su galardón."

 

A veces un ego puede elegir si tomará cierto Karma en la vida actual, bien que a menudo la conciencia cerebral puede no saber nada de esta decisión: las circunstancias muy adversas de las que se queja el hombre pueden ser exactamente lo que él haya elegido deliberadamente para sí, con la finalidad de progresar en su evolución.

 

El alumno de un Maestro puede muchas veces dominar su Karma y modificarlo en gran parte, al poner en movimiento nuevas fuerzas en varias direcciones, las que, naturalmente, alteran la expresión de las anteriores.

 

Todos tenemos detrás nuestro, Karma más o menos malo, y hasta no librarnos de ello, será un continuo estorbo en nuestro trabajo más elevado. Por esta razón uno de los primeros pasos hacia un progreso real consiste en librarnos de lo que nos queda todavía de este mal. Por tanto los Agentes del Karma nos brindan la oportunidad de saldar más de esta deuda de manera que el camino quede libre para nuestro trabajo futuro: esto, con frecuencia puede involucrar un aumento de sufrimiento en varios sentidos.

 

La parte de Karma seleccionado para ser descargado en una vida determinada se conoce como Karma "maduro o prarabhda". Teniendo esto en cuenta se construyen los cuerpos mental, astral y físico "para cierta extensión de vida. Esta es una de las razones porque el suicidio sea error tan lamentable: Constituye una negativa directa de cumplir el Karma seleccionado para dicha encarnación y solo posterga el mal, al mismo tiempo que genera nuevo Karma de naturaleza desagradable.

 

Otra razón contra el suicidio es que cada encarnación cuesta un trabajo considerable de preparación al ego, como también el período cansador de primera infancia durante el cual gradualmente y con mucho es­fuerzo consigue algún control sobre sus nuevos vehículos. Es evidente entonces, que es además su deber y para el propio interés extraer todo el provecho posible de sus vehículos y conservarlos con el mayor cuidado posible. Por cierto que no debiera de ninguna manera entregarlos hasta que la Gran Ley le obliga a hacerlo, salvo en el caso de que lo exija algún deber más elevado impuesto de afuera, tal como el del soldado para con la patria.

 

La selección de Karma "maduro" para determinada encarnación es, por supuesto, un proceso altamente complicado: por ejemplo, tiene que ser lo suficientemente apto para desarrollarse en una época dada del mundo, en familia de un ambiente especial de personas y de circunstancias.

 

Como la voluntad del hombre es libre, puede suceder que el Karma seleccionado para el, en determinada vida, se agote más pronto de lo que los Administradores de Karman habían anticipado, si se puede expresarse así. En tal caso, Ellos le dan más, lo que explica la aseveración que de otra manera sería inquietante, de que "A quién ama el Señor, le castiga". El karma prarabdha o maduro de un individuo se divide en dos partes. La que habrá de expresarse en el cuerpo físico está formada por los Deva-rajas. en el elemental que construye el cuerpo, según descrito en "El Doble Etérico", Cap. XV.

 

La otra parte, considerablemente mayor, indicará su destino por toda la vida; la suerte buena o mala que le corresponderá, constituye otra forma mental que no desciende. Se cierne sobre el embrión, permaneciendo en el plano mental. Desde allí le cobija al hombre, se busca oportunidades para descargarse en seccionas, lanzando de sí un destello como relámpago para derribar, o un dedo para tocar, a veces muy bajo en el plano físico; otras veces es una especie de extensión que alcanza únicamente el plano astral, y a menudo lo que podríamos llamar un rayo horizontal o dedo en el plano mental.

 

Esta forma mental sigue descargándose hasta vaciarse del todo, y luego vuelve a la materia del plano. El hombre, naturalmente, puede modificar la acción de ésta por medio del nuevo Karma que está fabricando constantemente. El hombre corriente por lo general tiene apenas la voluntad suficiente como para crear nuevas causas fuertes, y así el elemental se vacía de todo contenido, según lo que se puede describir como su programa original, aprovechando los períodos astrológicos convenientes a las circunstancias que le rodean, y que hacen su trabajo más fácil o más efectivo. Y de esta manera el horóscopo del hombre puede desarrollarse con considerable exactitud.

 

Más si el hombre está lo bastante desarrollado como para poseer una voluntad fuerte es probable que la acción del elemental se modificará mucho, y la vida no seguirá en absoluto las líneas marcadas por el horóscopo. A veces las modificaciones introducidas son tales que el elemental no puede descargarse completamente antes de la muerte del hombre. En este caso, lo que resta del Karma es absorbido nuevamente en la gran masa de Karma sanchita o acumulado, y de esto se forma otro elemental más o menos parecido, listo para la próxima vida física.

 

La hora y el lugar del nacimiento físico lo determina el "temperamento", a veces denominado "color" o "nota clave" de la persona, esto a su vez es determinado hasta cierto punto por el átomo permanente. El cuerpo físico tendrá que nacer en el mundo en el momento en que las influencias planetarias sean adecuadas para el "temperamento": puesto que nace "bajo" su "Estrella" astrológica. Está demás añadir que no es la Estrella o astro que impone el temperamento, sino éste que fija la época del nacimiento bajo dicho astro. De aquí surgen las correspondencias entre los astros y los caracteres, y la utilidad, para propósitos educativos, de un horóscopo bien trazado como guía del temperamento personal de un niño.

 

Parece probable que en la mayoría de los casos, la hora exacta y forma de muerte de un individuo no sean determinadas con anterioridad o en el momento de su nacimiento. Los astrólogos con frecuencia afirman que no pueden predecir la muerte de una persona, aunque pueden calcular que en ciertas épocas las influencias maléficas estarán muy fuertes, de manera que el hombre puede dejar de existir en una de esas épocas: sin embargo, si no fallece, entonces su vida continuará hasta que llegue otra ocasión determinada en que los aspectos maléficos lo amenacen de nuevo, y así sucesivamente.

 

Es probable que estas incertidumbres representen puntos no definidos que se dejan abiertos para una decisión posterior, dependiente en gran parte de las modificaciones introducidas por la acción del individuo durante su vida y por el uso que hace de sus oportunidades.

 

En todo caso, debiéramos evitar el error de dar importancia exagerada a la hora y a la forma de la muerte. Podemos estar seguros de que Aquellos a quienes incumben tales asuntos poseen una apreciación mucho más exacta de los valores relativos, y consideran el progreso del ego involucrado como la única cosa de mayor importancia.

 

Mientras nos ocupamos del tema de la muerte, se puede mencionar que la objeción básica en contra del asesinato es que interfiere con el curso de la evolución. Al matar a un hombre se le quita la oportunidad de evolucionar, que en caso contrario, hubiera tenido éste al ocupar dicho cuerpo. Naturalmente esa persona tendrá otra oportunidad más tarde en otro cuerpo, pero ha sido demorado, y ha dado mayor molestia a los agentes de Karma para encontrar otro lugar para su evolución.

 

Es evidente que es mucho más serio matar a un hombre que a un animal, puesto que el hombre tiene que desarrollar una personalidad completamente nueva, mientras que el animal vuelve al alma grupal, de donde otra encarnación es un asunto relativamente fácil, pero aun esta cantidad inferior de Karma ha de ser generada en forma inconsciente o inútilmente.

 

Para un ego avanzado, todas las primeras etapas de la infancia son excesivamente cansadoras. A veces una persona realmente avanzada evita todo esto pidiendo a otra prestado un cuerpo adulto, sacrificio que cualquiera de sus discípulos estaría siempre muy dispuesto a hacer.

 

Este método, no obstante, presenta también desventajas. Cada cuerpo tiene sus pequeñas peculiaridades y hábitos propios que no se pueden cambiar muy fácilmente, de manera que ha de ser hasta cierto punto un desajuste para otro ego. En el caso bajo consideración, el hombre retendría sus antiguos cuerpos mental y astral, que son, naturalmente, contrapartes de su cuerpo físico anterior. El adaptar éstos al nuevo cuerpo físico desarrollado por otra persona, evidentemente podría ser asunto muy difícil. Además, si el nuevo cuerpo físico es el de un bebé, es posible adaptarlo paulatinamente, pero en el caso de un adulto habría que hacer la adaptación inmediatamente, lo que significaría un esfuerzo decididamente desagradable.

 

En "El Cuerpo Etérico" se explicó como se construye gradualmente el nuevo cuerpo físico en el molde previsto por el doble etérico, siendo construido éste de antemano para el ego que entra, por un elemental, el cual es una forma mental colectiva de los cuatro Devarajas.

 

Este elemental se encarga del cuerpo desde el comienzo, pero cierto tiempo antes de producirse el nacimiento físico, el ego también se pone en contacto con su futura morada, y desde ese momento en adelante las dos fuerzas obran en conjunto. A veces las características que el elemental está dirigido a imponer son pocas, y por consiguiente éste puede retirarse cuando el cuerpo es de edad aún comparativamente tierna, dejándolo al ego en pleno control de dicho cuerpo. En otros casos, en que las limitaciones son de carácter que se requiere mucho tiempo para su desarrollo, podrá retener su puesto hasta que cumpla el cuerpo los siete años de edad. En la mayoría de los casos, sin embargo, la verdadera obra ejecutada por el ego en los nuevos vehículos, hasta el momento en que se retira el elemental, es inconsiderable. Por cierto está conectado con el cuerpo, pero generalmente presta poca atención a éste, prefiriendo esperar hasta que dicho cuerpo haya alcanzado una etapa en el que reaccione más a sus esfuerzos.

 

Durante el período embriónico, mientras se construye el cuerpo físico con la sustancia de la madre, el ego vela sobre esta última, pero poco puede hacer en la formación misma del cuerpo. El embrión está inconsciente de su futuro, sólo está vagamente consciente de la corriente de vida materna, de sus temores, pensamientos y deseos. Nada de lo que procede del ego puede afectarle, salvo una débil influencia que procede del átomo permanente físico, y porque es incapaz de responder a ellos, no comparte los pensamientos extensivos y las emociones de aspiración del ego, según expresados por éste en su cuerpo causal.

 

Durante los años en que el ego está entrando en pleno contacto con los nuevos vehículos, está llevando, en su propio plano, su propia vida más amplia e intensa. Su relación con el nuevo cuerpo físico se manifiesta en el desarrollo de la conciencia cerebral.

 

Los egos difieren muchísimo en el interés que toman en sus vehículos físicos: algunos los vigilan ansiosamente desde el principio, y se ocupan bastante de ellos, mientras que otros egos se despreocupan casi totalmente de los mismos.

 

El caso del Adepto es muy diferente. Como no hay karma malo para desarrollar, no hay tampoco ningún elemental trabajando y el ego mismo es el único encargado del desenvolvimiento del cuerpo desde el principio; está limitado únicamente por las tendencias heredadas.

 

Esto permite la producción de un instrumento mucho más refinado y delicado: pero también involucra mucho más trabajo para el ego, y durante unos años ocupa una parte considerable de su tiempo y energía. Por consiguiente, debido a esta razón y seguramente por otras también, el Adepto no quiere repetir el proceso más a menudo de lo estrictamente necesario, prefiriendo hacer durar su cuerpo físico todo lo que le sea posible.

 

Mientras que, por varias razones, tales como debilidad heredada, enfermedades, accidentes, auto-indulgencia, preocupaciones y exceso de trabajo, nuestros cuerpos se envejecen y mueren, en el caso del Adepto, ninguna de estas causas está presente, aunque, por supuesto, hemos de recordar que el cuerpo del mismo es adecuado para el trabajo y en condiciones de aguantar en forma incalculablemente mayor que el del hombre común.

 

En el caso del hombre común, parece haber continuidad en la apariencia personal de vida en vida, si bien se han notado ejemplos de gran similitud. Como el cuerpo físico es hasta cierto punto una expresión del ego, y éste no varia, han de haber algunos casos en que se expresa en forma que se asemejan. Pero por regla racial las características de familia y otras se sobreponen a esta tendencia.

 

Cuando un individuo está tan avanzado que la personalidad y el ego se encuentran unificados, la personalidad tiende a dejarse imprimir con las características de la forma glorificada en el cuerpo causal, forma que es, por supuesto, relativamente permanente.

 

Cuando el hombre llega a ser Adepto, todo su karma ya está agotado; el cuerpo físico es la presentación más aproximada que sea posible de esta forma glorificada. Los Maestros, por lo tanto, siguen siendo reconocibles durante un número cualquiera de encarnaciones, de manera que no se esperaría notar mucha diferencia en Sus cuerpos, aun si pertenecieran a otra raza.

 

Se han visto prototipos de lo que parecerán los cuerpos de los hombres de la Séptima Raza, y según las descripciones de los mismos son trascendentalmente hermosos.

 

Con frecuencia se ha recalcado el período de siete años, tratándose del descenso del ego para tomar posesión completa del cuerpo físico. Para esto existe cierta razón de carácter físico. En el embrión humano, hay un determinado grupo de células que, contrario a los demás, no pasan por el proceso de sub-división. Este grupo de células asciende hasta alcanzar la parte superior del embrión, pero no se subdivide: cuando nace el niño, están aún separadas y permanecen en ese estado durante un período con­siderable de la vida pos-natal. No obstante, ocurren cambios dentro de las células debido a los cuales éstas proyectan ramales. Dichos ramales, des­pués de un tiempo, se encuentran, habiendo quedado absorbidos los tabiques divisorios, en tal forma que las células están ahora en completa intercomunicación: de esta manera se construye un canal. Este proceso toma unos cinco años para efectuarse hasta formar una verdadera red que se hace cada vez más complicada.

 

Los fisiólogos y los psicólogos señalan que, hasta que esta red compleja no esté formada, el niño no puede razonar mucho, y que no se le ha de dar ningún proceso complicado de razonamiento que exija de él un esfuerzo demasiado grande. La ciencia material afirma que con el desarrollo de esta red aumenta el poder de raciocinio. El ocultista explicaría este fenómeno diciendo que a medida que se perfecciona el mecanismo físico, el poder de raciocinio ya existente en el ego, está ahora en condi­ciones de manifestarse. El ego tiene que esperar hasta que el cerebro esté preparado antes de producirse un estrecho contacto con éste y poder compenetrarlo.

 

Se afirmó anteriormente que durante el descenso del ego al renacimiento, existen, atraídos alrededor de los átomos permanentes, ciertos materiales para la construcción de los nuevos cuerpos mental y astral. Si se le deja al niñito librado a sí mismo, la acción automática del átomo permanente astral tenderá a producir un cuerpo astral para él, exactamente similar al que tuvo en la vida anterior. Sin embargo no existe ninguna razón porque se ha de usar todos estos materiales, y si se trata al niño en forma inteligente guiándole razonablemente, se le estimulará a desarrollar hasta la plenitud todos los gérmenes que trajo de su vida anterior, mientras que se dejará a los gérmenes del mal que queden en estado latente. Al hacer esto, dichos gérmenes se atrofiarán gradualmente y se desprenderán del niño; el ego desarrollará dentro de sí las virtudes opuestas, y entonces se encontrará libre durante todas sus vidas futuras de las malas cualidades que indicaban estos gérmenes del mal.

Los padres y maestros de escuelas pueden ayudar al niño a alcanzar esta consumación deseable, no tanto con los datos definidos que le pueden enseñar, sino por medio del estímulo que le brindarán mediante el trato racional y bondadoso, dado uniformemente y sobre todo por el afecto que se le prodigará.

 

En "El Cuerpo Astral" y "El Cuerpo Etérico" en los capítulos sobre la Reencarnación, ya hemos subrayado mucho los inmensos servicios que pueden —y deben— rendir al ego, los que son responsables de su crianza y entrenamiento, de manera que es innecesario repetir aquí lo que se dijo en dichas obras.

 

Sin embargo, podemos añadir que. el que en vez de despertar el amor y las cualidades buenas en los niños bajo su cargo, despierta en ellos las malas, tales como el miedo, el engaño y cosas parecidas, está entorpeciendo el progreso de los egos implicados, y en esta forma les está perjudicando en una forma, muy seria. El mal uso de tal oportunidad involucra una terrible caída para el culpable. En algunos casos, por ejemplo, crueldad de esta naturaleza puede resultar en locura, histerismo o neurastenia. En otros, dará por resultado un descenso cataclísmico en la escala social, tal como el renacimiento de un brahmán en el estado de paria, como resultado de crueldad hacia los niños.

 

Bajo el mismo principio, un hombre que, teniendo fortuna y poderes, emplea su posición para oprimir a sus empleados, genera karma muy malo. El único aspecto del asunto que les concierne a los agentes del karma es que el hombre en semejante posición tiene en sus manos una oportunidad de ser una influencia bienhechora en la vida de muchas personas. Aquel que descuida o abusa de tal oportunidad obra por su propio riesgo.

 

 

 

Capítulo XXIV

 

EL EGO Y LA REENCARNACIÓN

 

Ahora vamos a tratar más específicamente de la actitud que toma el ego hacia la encarnación de sí mismo en una personalidad.

 

Como el método señalado para la evolución de las cualidades latentes del ego es el de impactos desde el exterior, evidentemente es necesario que el ego descienda lo suficiente para permitirle encontrar los impactos que pueden afectarlo. El método para lograr este resultado, como ya sabemos, es el de la reencarnación. Para obtener experiencias en ella, el ego proyecta una parte de sí mismo en los planos inferiores y luego se retrae nuevamente, llevando consigo los resultados de su esfuerzo.

 

No se ha de pensar con esto que el ego hace algún movimiento en el espacio. Más bien se esfuerza en enfocar la conciencia en un nivel inferior para producir una impresión a través de una variedad más densa de la materia.

 

Esta proyección de una parte de sí mismo en la encarnación, se ha comparado a menudo con una inversión. El ego espera, si todo va bien, poder recobrar no sólo el total del capital invertido, sino también un interés considerable, y por lo general, consigue esto. Pero, a igual con otras inversiones, de vez en cuando hay pérdidas en lugar de ganancias; puesto que es posible que alguna parte de lo que invierte se enrede en tal forma con la materia inferior que imposibilite recobrarla en su totalidad. De este aspecto de "inversión" trataremos con mayor detalle en el siguiente capítulo.

 

El estudiante ya se habrá dado cuenta cabal de que cada descenso del ego a la encarnación implica un sometimiento a la limitación: por con siguiente ninguna expresión del ego en cualquiera de los planos inferiores puede ser perfecta. Es sólo un indicio de las cualidades de éste, de igual manera que un cuadro es una representación de una escena en tres dimensiones, sobre una superficie de dos dimensiones. De exactamente el mismo modo la cualidad real tal cual existe en el ego, no podrá expresarse en materia de ningún nivel inferior. Las vibraciones de la materia inferior son excesivamente pesadas y lentas para representar al ego; el hilo no está lo suficientemente extendido como para permitirle responder a la nota que suena de lo alto. No obstante puede ser sintonizada para concordar con el ego en una octava inferior, como la voz de un hombre que canta al unísono con la de un niño, expresa el mismo sonido lo más aproximadamente que permitan las capacidades del organismo inferior.

 

No es posible expresar con exactitud en lenguaje físico esta cuestión del descenso del ego; pero hasta que no elevemos la conciencia a aquellos niveles y veamos con claridad lo que pasa, la mejor idea que podemos tener de ella es quizá la del ego introduciendo parte de sí mismo, como una lengua de fuego, en planos más groseros que el propio.

 

El ego, como verdadero morador de un plano superior, es mucho más grande y noble de lo que puede ser cualquiera de sus manifestaciones. La relación entre él y sus personalidades es la de una dimensión con otra — de un cuadrado con una línea, o de un cubo con un cuadrado. Ninguna cantidad de cuadrados formaría jamás un cubo, porque el cuadrado tiene sólo dos dimensiones, mientras que el cubo tiene tres. Del mismo modo ninguna cantidad de expresiones en un plano inferior agotarían jamás la plenitud del ego. Aun si pudiera tomar mil personalidades, no llegaría a expresar todo lo que es. Lo sumo que puede esperar es que la personalidad no contendrá nada que no esté de acuerdo con la intención del mismo, y que expresará del ego todo lo que sea posible manifestar en este mundo inferior.

 

Mientras que el ego puede tener sólo un cuerpo físico, por ser ésa la ley puede animar una cantidad cualquiera de formas mentales construidas por sus amigos, y está bien contento de tener estas oportunidades adicionales para manifestarse, por cuanto dichas formas mentales le permiten desarrollar cualidades en sí mismo.

 

Así como en la conciencia física el hombre puede estar consciente simultáneamente de muchos contactos físicos, como también de emociones y pensamientos, sin haber ninguna confusión entre ellos, así también el ego puede estar consciente mediante su personalidad, y al mismo tiempo por medio de cualquier número de formas mentales que los amigos podrían hacer de él.

 

La persona inteligente reconoce así que el hombre real es el ego, no la personalidad ni el cuerpo físico; percibe que es sólo la vida del ego lo que importa y que todo lo relacionado al cuerpo ha de ser subordinado sin vacilación alguna a esos intereses superiores. Reconoce que esta vida terrenal le es dada para propósitos de progreso y que ese progreso es la única cosa que importa. Él verdadero objetivo de su vida es el desarrollo de su carácter. Comprende que dicho desarrollo está en sus propias ma­nos, y que cuanto antes se perfeccione, tanto más feliz y útil será.

 

Además, aprende muy pronto por medio de la experiencia que no puede haber nada de verdadero valor para él como ego, ni para ningún otro, que no sea bueno también para todos. Así, a su debido tiempo aprende en esta forma a olvidarse por completo, y sólo pide lo que será mejor para la humanidad entera.

 

El desarrollo del ego es pues la finalidad de todo el proceso de descenso a la materia; el ego toma velos de materia precisamente porque a través de éstos es posible para él recibir vibraciones a las que puede responder, para que sus facultades latentes se desenvuelvan por estos medios.

 

Todo el objetivo del ego al descender consiste en llegar a ser más definido a fin de que todos sus bellos, pero vagos sentimientos se cristalicen en una resolución firme de actuar. La serie de sus encarnaciones forman un proceso por medio del cual puede alcanzar precisión y claridad.

 

De ahí que la especialización sea su método de adelanto. Desciende a cada raza o subraza para adquirir las cualidades para cuyo perfeccionamiento está trabajando dicha raza. El fragmento del ego que desciende está altamente especializado. Al desarrollar cierta calidad, el ego la absorbe en sí mismo a su debido tiempo, y hace esto repetidas veces. La personalidad extiende algo de su logro específico a la totalidad al ser absorbida de nuevo en el ego, de manera que éste llega a ser un poco menos vago que anteriormente.

 

En "La Clave de la Teosofía", pág. 124. H. P. Blavatsky describe en lenguaje vivido el objetivo de la reencarnación. Dice: "Imaginaos un ''Espíritu", un ser celeste llamémosle como queramos, divino en esencia pero que no siendo bastante puro una unirse al TODO, ha de purificar su naturaleza hasta conseguirlo, pasando individual y personalmente, es decir, espiritual y físicamente, por todas las experiencias y sensaciones del universo diferenciado. Por consiguiente, después de adquirir experiencia en los reinos inferiores, ascendiendo más y más en la escala del Ser ha de pasar por todas las experiencias de los planos humanos. En su esencia misma es el Pensamiento; pero en su pluralidad, torna el nombre de Manasaputra. "los Hijos de la Mente (universal)". Este 'Pensamiento' individualizado es al que los teósofos llamamos el verdadero Ego humano, la entidad pensante prisionera de la carne. Es entidad espiritual y no materia (Manas o mentes que al encarnarse animan la masa de materia llamada humanidad."

 

El estudiante observará que el término Manasaputra, que significa literalmente los "Hijos de la Mente", empleado en la citación anterior, tiene un sentido especial. Dicho término es amplio e incluye muchos grados de inteligencias, desde los "Hijos de la Llama" mismos, hasta las en­tidades que se individualizaron en la cadena de la Luna y tomaron su primera encarnación humana en la cadena de la Tierra.

 

Se han empleado muchos términos de cuando en cuando para ilustrar la relación entre el ego y sus personalidades, o encarnaciones. Así, cada encarnación ha sido comparada a un día en la escuela. Durante la mañana de cada vida el ego reanuda sus lecciones en el punto en que las dejó la noche anterior. El tiempo y la energía que emplea el alumno se dejan enteramente al propio criterio del mismo. El alumno inteligente percibe que la vida de escuela no es una finalidad en sí, sino simplemente una preparación para un futuro de mayor amplitud y gloria. Coopera con sus Instructores, y se propone trabajar todo lo que puede para que, en cuanto llegue a ser mayor de edad estará capacitado para entrar en su reino como ego glorificado.

 

La sumersión del ego en el mundo físico con el objeto de obtener breves períodos de vida mortal, se ha asemejado al sumergimiento de un ave en el mar en busca de peces. Las personalidades se asemejan también a las hojas de un árbol. Extraen material del exterior, lo transforman en sustancia útil que introducen en el árbol como savia por medio de la cual se alimenta el árbol. Entonces, después de haber servido durante la estación, las hojas se marchitan y caen, para ser reemplazadas después, a su debido tiempo, por una nueva cosecha de éstas.

 

Así como un buzo puede sumergirse en las profundidades del océano para buscar una perla, de la misma manera el ego baja a las profundidades del océano de la vida para buscar la perla de la experiencia; pero no permanece allí mucho tiempo por cuanto el agua no es su propio elemento. Sube de nuevo a su ambiente y se sacude para desprenderse del elemento y dejarlo atrás. Por esta razón se dice acertadamente que el Alma que se ha escapado de la Tierra ha vuelto al lugar que le corresponde, porque su verdadero hogar es la "tierra de los Dioses" y en el globo terrestre es un exilado y prisionero.

 

Al ego se le puede considerar como un labrador que está afuera en un campo, trabajando en la lluvia, expuesto al sol, al frío, al calor, y regresa de noche a su casa. Pero el trabajador es también el propietario, y todos los frutos de su labor van a llenar sus propios silos y a enriquecer sus propios graneros. Cada personalidad es la parte inmediatamente efec­tiva de la individualidad, representando a ésta en el mundo inferior. No hay injusticia en la suerte que le toca a la personalidad, porque el ego sembró el Karma en el pasado y ha de recogerlo. El trabajador que sembró la semilla tendrá que levantar la cosecha que produzca durante el intervalo entre la siembra y la recolección. El que recoge es el mismo que sembró, y si la semilla que sembró fue poca o de pobre calidad encontrará una cosecha pobre cuando, como segador, vuelva nuevamente al campo.

 

Al ego se le ha descrito moviéndose en la eternidad como un péndulo entre los períodos de vida terrestre y la que sigue a ésta. Las horas de la vida póstuma para quién realmente comprende, son la única realidad. Así, muy a menudo, el ego empieza su círculo de vida personal con la entrada al mundo celestial y presta un mínimo de atención a la personalidad durante el período de recolectar materiales.

 

Como ya hemos visto en el ciclo de la encarnación, el período pasado en devachan que, para todos menos los muy primitivos es de extensa duración comparado con los intervalos pasados en la tierra, se le puede llamar con justicia el estado normal. Otra razón para considerarlo normal a este estado y anormal el de la vida terrenal, es que en devachan el hombre está mucho más cerca de la fuente de su vida Divina.

 

También se le puede considerar al ego como el actor de teatro, siendo sus numerosas encarnaciones distintos papeles que representa. A igual del actor, el ego está obligado a representar muchos papeles que a menudo le son desagradables; pero de la misma manera que la abeja recoge la miel de cada flor, el ego recoge en toda personalidad terrenal en la que se ve obligado a revestirse, sólo el néctar de las cualidades morales y de la conciencia, hasta que por fin reúne todas estas cualidades en una y se convierte en ser perfecto, denominado a veces, un Dhyan Chohan.

 

En "La Voz del Silencio" se les llama "sombras" a las personalidades; al candidato para la iniciación se le exhorta así: "Ten paciencia, como aquel que sufre eternamente. Tus sombras viven y se desvanecen; aquello que en ti conoce, porque es el conocimiento, no está dotado de vida efímera, es el hombre que fue, es y será, y para quien jamás sonará la hora."

 

De manera que, a través de las edades, el Pensador Inmortal labora pacientemente en su tarea de elevar al hombre, hasta que se encuentra éste en condiciones de unificarse con lo Divino. Sólo puede extraer un fragmento de su obra en una vida determinada, pero basándose en ese modelo un algo mejorado será moldeada la forma del hombre siguiente, demostrando algún adelanto en cada encarnación, aunque en las primeras etapas este adelanto puede ser apenas perceptible. La obra de reducir lo animal y aumentar lo humano adelanta paulatinamente. En cierta etapa de este progreso, las personalidades empiezan a hacerse traslúcidas, a responder a las vibraciones que emanan del Pensador y a sentir vagamente que éstas son algo más que vidas aisladas, por cuanto están ligadas a una cosa permanente e inmortal. Quizás no reconocerán del todo su objetivo; cero empezarán a vibrar y a reaccionar bajo el contacto del ego. Después de esto el progreso se hace más rápido, aumentando enormemente la velocidad en las últimas etapas.

 

Los ejemplos anteriores son analogías solamente, útiles quizás, pero burdas, porque es cosa muy difícil expresar la relación entre el ego y la personalidad. Hablando en general, quizás la mejor forma de expresarlo es decir que la personalidad es un fragmento del ego, una minúscula parte de él, expresándose bajo serias dificultades. Al encontrarnos con otra persona en el plano físico, sería algo más aproximado a la verdad decir que conocemos una milésima parte del hombre real: además la parte que vemos es la peor. Aun si pudiésemos ver el cuerpo causal de otra persona, veríamos sólo una manifestación del ego en su propio plano, y estaríamos aun bien lejos de contemplar al hombre real.

 

Si consideramos al ego como el hombre real, situado en su propio plano, vemos que en realidad es un ser glorioso. La única forma aquí abajo que nos daría un concepto de lo que realmente es, sería la de considerarlo como un ángel esplendoroso. Pero la expresión de este hermoso ser podría quedar muy lejos de todo esto; y en realidad tiene que ser así; en primer lugar porque es sólo un pequeñísimo fragmento del todo; y en segundo lugar, por estar él tan disminuido por las condiciones bajo las cuales se expresa.

 

Si una persona introduce un dedo en la cavidad de una pared, o en un caño de metal, de tal manera que no puede ni siquiera doblar este dedo, es evidente que mediante él puede expresar muy poco de sí mismo. Semejante a esto es el destino del fragmento del ego introducido en el cuerpo denso.

 

Podríamos desarrollar la analogía un poco más allá al suponer que el dedo tuviera considerable conciencia propia, de modo que, apartado como está del resto del cuerpo, se olvida temporalmente de que es solo parte del cuerpo entero. Al olvidar la libertad de la vida más extensa, trata de adaptarse a la cavidad, dora los costados de la misma y la con­vierte en una cueva confortable al adquirir dinero, propiedad, fama, etc., sin darse cuenta de que sólo empieza a vivir en realidad cuando se retira por completo de dicha cueva y se reconoce como parte del cuerpo. Por inadecuada que sea la imagen, puede servir para dar alguna idea de la relación existente entre la personalidad y el ego.

 

Se encontrarán otras y más pintorescas analogías en ciertos mitos antiguos. Así, Narciso era un joven de gran belleza que se enamoró de su propia imagen reflejada en el agua, y fue atraído de tal manera por ella que se cayó dentro del agua y se ahogó, siendo transformado en flor más tarde por los dioses y sujetado a la tierra. Esto, por supuesto, se refiere al ego que contempla desde arriba las aguas del plano astral y el mundo inferior, reflejándose en la personalidad, identificándose con ésta, y ena­morándose de la imagen de la misma para encontrarse finalmente ligado a la tierra.

 

Así también, Proserpina, al recoger el narciso, fue captada y llevada por el Deseo al mundo inferior; y aunque fue rescatada del cautiverio total por los esfuerzos de su propia madre, sin embargo, después de esto tuvo que pasar la mitad de su vida en el mundo inferior y la otra en el superior: es decir parte en encarnación material y parte fuera.

 

Otra enseñanza de los misterios fue la del minotauro, que significad la naturaleza inferior del hombre —.la personalidad, mitad hombre y mitad animal. Éste fue muerto finalmente por. Teseo, que representa el yo superior o sea la individualidad, que ha crecido lentamente y se ha fortalecido hasta poder empuñar la espada de su Divino Padre, el Espíritu.

 

Guiado en el laberinto de la ilusión que constituyen estos planos inferiores, por medio del hilo del conocimiento oculto que le fuera dado por Ariadne (que representa la intuición) el yo superior puede destruir al inferior, y así escaparse de la tela de la ilusión. No obstante, persiste todavía para él el peligro de que, al desarrollar el orgullo espiritual puede llegar a despreocuparse de la intuición, y así como Teseo se descuidó de Ariadne, dejar de realizar sus más elevadas posibilidades en esta forma y en esta oportunidad.

 

Es sobradamente evidente que sólo se puede conseguir una visión de la reencarnación en su correcta perspectiva al considerarla desde el punto de vista del ego. Cada movimiento de éste hacia los planos inferiores es un vasto movimiento circular. La visión limitada de la personalidad está propensa a tomar un fragmento del arco inferior del círculo y considerarlo como una línea recta, dando indebida importancia a su comienzo y a su fin, mientras que el verdadero punto crítico del círculo escapa su atención. Desde el punto de vista del ego, durante la primera parte de ese pequeño fragmento de la existencia en el plano físico a la que llamamos vida, la fuerza exterior del ego está aun fuerte; en la parte media, en los casos corrientes, esa fuerza se agota, y comienza el gran movimiento hacia adentro.

 

Sin embargo, no hay ningún cambio súbito ni violento, por no ser éste un ángulo, sino parte aun de la curva del mismo círculo que corresponde exactamente al momento de afelio en el curso de un planeta alrededor de su órbita. No obstante es el verdadero punto de cambio de ese pequeño círculo de la evolución, aunque para nosotros no esté marcado en forma alguna. En el antiguo esquema de vida hindú estaba marcado como el final de grihastha o período de "amo de casa" en la existencia terrenal del hombre.

 

En ese sistema antiguo, el hombre pasaba los primeros veintiún años de su vida ocupándose de su educación, el siguiente período de la misma extensión, en cumplir con su obligación, como amo de casa y jefe de familia. Después, habiendo llegado a la edad madura, abandonaba por com­pleto sus preocupaciones terrenales, entregaba su casa y sus propiedades a su hijo y se retiraba con su esposa a una casucha cercana, donde dedicaba los siguientes veintiún años al descanso, conversación espiritual y meditación. Luego llegaba la cuarta etapa de completo aislamiento y contemplación en la jungla, si así lo deseaba. En todo esto, el punto medio de su vida era el decisivo, y es evidente que este punto es mucho más importante que el nacimiento físico o la muerte, puesto que señala el límite de la energía de exteriorización del ego, el cambio, como si fuera, de la expiración a la inspiración de éste.

 

A partir de este último punto, sólo debería existir una continuada absorción de todas las fuerzas del hombre, la atención debía estar más y más retirada de las cosas de la tierra y concentrada en las de los planos superiores. Tales consideraciones no pueden dejar de grabar en nosotros cuan extremadamente mal adaptadas al verdadero progreso son las condiciones de la vida europea moderna.

 

En este arco de la evolución, el punto en que el hombre se desprende de su cuerpo físico no es de especial importancia: en manera alguna tan importante como lo es su muerte en el plano astral y su nacimiento en el mundo celestial, o, expresándolo en otra forma, la transferencia de la conciencia de la materia astral a la mental en el transcurso de la firme retirada ya mencionada.

 

Como dijimos en el Capítulo XIII, todo el curso del movimiento de sumersión en la materia se denomina en la India privitti marga, literalmente el sendero de estudios, de exteríbrización; nivritti marga es el sen­dero de retorno, del retiro, de la renunciación. Estos términos son relati­vos, y pueden aplicarse, a todo el transcurso de la evolución del ego, a una encarnación individual, a una personalidad, etc.

 

En el privitti marga, en el que están la mayoría de los hombres, los deseos son necesarios y útiles, por ser los móviles que les inducen a la actividad. En el nivritti marga ha de terminar el deseo. Lo que fue deseo en el marga pravritti se convierte en voluntad en el marga nivritti; de la misma manera el pensamiento, alerta, inconstante, cambiante, se vuelve razón; el trabajo, la actividad, la acción inquieta, cambia a su vez en sacrificio, quedando quebrantada en esta forma su fuerza ligadora.

 

 

Capítulo XXV

 

EL EGO Y SU "INVERSIÓN"

 

Llegamos ahora al estudio del tema de la reencarnación, en cuanto se refiere a la proyección de la personalidad por el ego como "inversión" efectuada por el mismo.

 

Esta analogía de "inversión" no es mera figura de dicción, sino que tiene cierto aspecto determinado y material. Cuando el ego en el cuerpo causal toma un cuerpo astral y otro mental, la operación involucra el verdadero enredo de una parte de la materia de su cuerpo causal con materia de tipos inferiores astral y mental. Esta "colocación" de una parte de si mismo es, por lo tanto, análoga a una inversión.

 

Como en toda inversión, el ego espera recuperar más de lo que invierte; sin embargo, existe el riesgo de contratiempo, una posibilidad de perder algo de lo que invierte; en realidad, y bajo circunstancias muy excepcionales puede haber hasta pérdida total que lo deje, no en quiebra total, sino exento de capitales disponibles.

 

Elaborando esta analogía, recordaremos que el cuerpo causal consta de materia de los subplanos, primero, segundo y tercero del plano mental. La parte considerablemente mayor pertenece al primer subplano; una parte menor al segundo de estos subplanos y otra aun menor al tercero. Para la vasta mayoría de los hombres no existe todavía ninguna actividad más allá del inferior de estos tres tipos y en él esta actividad es todavía muy parcial. Por consiguiente es solo una parte del tipo más bajo de materia causal la que se puede colocar en niveles inferiores, y únicamente una pequeña fracción se dicha parte puede entreverarse con materia mental y astral. De ahí que sólo una ínfima porción del ego está en actividad en cuanto se refiere a la personalidad.

 

En realidad, y tratándose de personas no desarrolladas, probablemente no hay más de una centésima parte de la materia del segundo plano en actividad. Con respecto a estudiantes ocultistas, por lo general un poco más de la materia del segundo subplano está también en actividad. Los estudiantes más avanzados tienen en actividad una cantidad considerable de ese subplano y en la etapa inferior a la de Arhat está activa alrededor de una mitad del ego.

 

El ego, en estado aún medio latente, tiene dominio muy débil e imperfecto sobre lo que proyecta. Pero, a medida que crece el cuerpo físico del mismo, y se desenvuelven los cuerpos astral y mental, se pone en actividad la materia causal que está mezclada con estos, mediante las vigorosas vibraciones que le llegan a través de ellos. La fracción de fracción que está completamente enredada, da vida y vigor y cierta sensación de individualidad a estos vehículos, los cuales, a su vez, reaccionan fuertemente sobre él y suscitan en el mismo una aguda realización de la vida.

 

Esta aguda realización de vida es por cierto precisamente lo que requiere dicha fracción, el objeto mismo para lo que fue proyectada; y es el ansias de realización lo que constituye Trisfma, del cual ya hemos tratado en un capítulo anterior.

 

Pero por la misma razón que esta pequeña fracción ha tenido estas experiencias y está por tanto mucho más activa que el resto del ego, podrá estar intensificada hasta el punto de creer que ella misma es la totalidad y olvidar momentáneamente su relación con su "Padre que está en los cielos". Podrá, durante un período, identificarse con la materia a través de la que debiera estar trabajando, y resistir la influencia de aquella otra parte que ha sido proyectada pero no mezclada — que forma el eslabón con la gran masa del ego en su propio plano.

 

El Diagrama XXVI puede servir para aclarar esta cuestión un poco más. En el cuerpo causal está representado bajo la forma aproximada de un cáliz en sección. La parte avivada del ego en el tercer plano está ella misma dividida en tres partes que llamaremos (a), (b) y (c). (a) es una parte pequeñísima del ego, y permanece en su propio plano; (b) es una pequeña parte de (a) y está proyectada pero no entreverada con la materia de los planos inferiores: actúa como un eslabón entre (a) y (c); (c) a su vez es una pequeña parte de (b), y está completamente entreverada con la materia de los cuerpos mental y astral.

 

A (a) se le puede considerar, como el cuerpo de un hombre; (b) con el brazo de éste extendido; (c) con la mano que agarra, o más bien las puntas de los dedos introducidas en la materia.

 

 

Diagrama XXVI – El Cuerpo Causal como un cáliz

 

Aquí tenemos un arreglo equilibrado muy delicadamente, que puede ser afectado de varias maneras. La intención es que la mano debiera asir firmemente y guiar a la materia con la que está enredada, dirigida plena y continuamente por el cuerpo (a) por medio del brazo (b). Bajó circunstancias favorable se puede verter fuerza y materia adicionales del cuerpo (a) mediante el brazo (b) a la mano (c), de modo que el dominio se va perfeccionando.

 

La mano (c) puede aumentar de tamaño como también en fuerza y cuanto más sea éste el caso, mejor es siempre que la comunicación por medio del brazo (b) se conserve bien abierta y el cuerpo (a) retenga el control; puesto que el entrevero mismo de la materia causal que constituye la mano (c) la incita a una gran actividad y a cierta exactitud de

respuesta, a grados sutiles de vibración que no alcanzaría en otra forma, y esto, al ser transmitido a través del brazo (b) al cuerpo (a), significa el desarrollo del ego mismo.                                                     

 

Desgraciadamente el curso de los acontecimientos no sigue siempre el plan ideal de actuación señalada más arriba. Cuando el control del cuerpo (a) es débil sucede a veces que la mano (c) se envuelve tanto en la materia inferior que, como se ha dicho antes, llega hasta identificarse con esa materia, durante un periodo olvida su elevado estado y cree ser el ego total.

 

Si la materia os del plano mental inferior, tendremos un hombre completamente egoísta. Quizás sea altamente inteligente, pero no espiritual; con toda probabilidad será intolerante de la espiritualidad, y totalmente incapaz de apreciarla. Posiblemente se considerará práctico, sensato, no sentimental, mientras que en realidad es duro como una muela de molino; y a causa de esta dureza, su vida, desde el punto de vista del ego, es un fracaso y no está efectuando progreso alguno.

 

Si. por otra parte, la materia en la que está tan fatalmente enredado el ego es astral, en el plano físico será una persona que piensa únicamente en su propio deleite, es completamente despiadado cuando persigue algún objetivo que desea ardiente, sin principios en absoluto y de un egoísmo brutal. Tal individuo vive en sus pasiones, de la misma manera que el que está enredado en materia mental vive en la mente. Casos similares a éstos han sido designados "Almas Perdidas" aunque no lo están indefectiblemente.

 

H. P. Blavatsky dice al referirse a tales hombres: "Sin embargo, la personalidad que a causa de vicios haya perdido su Ego Superior, tiene aún esperanza de recuperarlo mientras viva en cuerpo físico; y puede redimirse por la conversión de su naturaleza material. Porque un intenso dolor de contrición, un arrepentimiento sincero o una sola ardiente súplica al ego separado y más que nada, el firme propósito de la enmienda bastan para que de nuevo puede volver el Ego Superior. Aun no está roto por completo el lazo de unión". (Doctrina Secreta VIII, pág. 230).

 

Al volver a nuestra analogía de la inversión, notamos que al efectuar ésta, el ego espera no solamente recobrar la mano (c) sino que está mejorada tanto en calidad como en cantidad. Su calidad ha de haber mejorado puesto que la mano estaría más activa y capaz de reaccionar instantáneamente y con exactitud a una gama mucho más variada de vibraciones de la que era capaz de hacer anteriormente. La mano, al ser reabsorbida comunica necesariamente esta capacidad al cuerpo (a) aunque, naturalmente, la provisión de energía que producía acción tan poderosa de la mano (c), solo podrá originar un movimiento leve al ser distribuida ésta por toda la sustancia del cuerpo (a).

 

Hemos de recordar aquí que, si bien los vehículos pueden responder a los pensamientos y emociones malos, y aunque su excitación bajo tales vibraciones es capaz de producir perturbación en la materia causal entreverada (c); no obstante, es completamente imposible para (c) reproducir él mismo estas vibraciones, o comunicarlas al brazo (b) o al cuerpo (a); sencillamente porque la materia de los tres niveles mentales superiores no puede vibrar al ritmo del plano inferior como tampoco la cuerda de un violín, sincronizada a cierto tono, podría producir una nota inferior a ese tono.

 

La mano (c) también ha de aumentar en cantidad, porque el cuerpo causal, como todos los demás vehículos, está continuamente cambiando su materia, y al dar cierto ejercicio a determinada parte de dicho cuerpo, aumenta en tamaño, fortaleciéndose, como sucede con un músculo físico cuando se usa.

 

Toda vida terrestre es una oportunidad bien calculada de antemano, para llevar a cabo tal desarrollo en calidad y en cantidad, según lo requiere más el ego: el no uso de está oportunidad significa molestias y demora en otra encarnación similar, y sufrimientos probablemente agravados por el karma adicional incurrido.

 

Contra el incremento que el ego tiene el derecho de esperar en cada encarnación, habrá que oponer cierta cantidad de pérdida difícil de evitar en las primeras etapas. Para mayor efectividad, la entremezcla con la materia inferior ha de ser muy grande, y se encuentra que cuando existe este estado es casi siempre imposible recobrar todas las partículas, especialmente en cuanto se refiere a la conexión con el cuerpo astral.

 

Cuando llega la hora de la separación del cuerpo astral, es casi invariablemente una sombra j no un mero cascarón (véase "El Cuerpo Astral", pág. 200) que se deja atrás en el plano astral; y esta misma distri­bución significa que se ha perdido algo de la materia causal. Salvo en el caso de una vida más perversa que la generalidad, esta cantidad debiera ser mucho menor que la conseguida por el desarrollo, de manera que en suma habría cierta ganancia en la transacción.

 

 

Diagrama XXVII – El Ego y su Inversión (I)

 

El Diagrama XXVII ilustra este caso, que se puede considerar el estado normal de las cosas.

 

El estudiante no ha de permitir que la analogía del brazo y la mano le induzca a pensar en el brazo (b) y la mano (c) como accesorios permanentes del ego. Durante el período de una vida, por cierto, se les puede considerar como separados, pero al final de cada una de estas vidas se retiran dentro del cuerpo (a) y el resultado de la experiencia se distri­buye, por así decir, por toda la masa de sustancia que lo compone. Por consiguiente, al llegar la hora en que el ego pone nuevamente parte de sí mismo en encarnación, no estira otra vez el brazo anterior (b) ni la mano anterior (c) puesto que estos han quedado absorbidos en él y convertidos en parte del mismo, de igual manera que una taza de agua vertida en un balde se hace parte del agua de éste, y no se la puede separar del resto.

 

Cualquier materia coloreante —simbolizando las cualidades desarrolladas por la experiencia— que estaba presente en la taza está distribuida en todo el balde de agua, aunque en tinte más pálido. El plan, por consi­guiente, es exactamente paralelo a aquel que hemos estudiado ya en el caso de las almas grupales, salvo que el alma grupal puede proyectar muchos tentáculos simultáneamente, mientras que el ego solo extiende uno a la vez. En cada encarnación es evidente, pues, que la personalidad es completamente distinta de las que la preceden, aunque, por supuesto, el ego detrás de ella no varía.

 

En el caso de los hombres, como los descriptos anteriormente, que viven enteramente en sus pasiones o en sus mentes, no habría beneficio al­guno, en calidad ni en cantidad, puesto que las vibraciones no serían de la categoría de las que se pueden almacenar en el cuerpo causal. Y por otra parte, como el enredo ha sido tan grande, seguramente al producirse la separación habría una pérdida considerable.

 

En casos en que la mano (c) ha dominado sobre el brazo (b) y lo ha obligado a retirarse hacia el cuerpo (a), el brazo (b) se ha debilitado, y su fuerza y sustancia casi se han paralizado por estar retirado dentro del cuerpo, mientras que la mano (c) se ha establecido por cuenta propia y ejecuta movimientos espasmódicos, no controlados por el cerebro. Si la separación pudiera ser completa, correspondería a una amputación en la muñeca. Pero es muy raro que ocurra esto durante la existencia física, aún si queda solo comunicación suficiente entre ellos como para conser­var viva la personalidad. Diagrama XXVIII representa el caso que aca­bamos de describir.

 

Un caso de estos no es desesperanzado, puesto que aun en el último momento por medio de un esfuerzo lo bastante fuerte, se puede verter nuevamente la vida por el brazo paralizado y de esta manera será posible para el ego recobrar alguna parte de la mano (c) en la misma forma que recobró la mayor parte del brazo (b). No obstante, semejante vida ha sido mal gastada, puesto que, si bien el hombre ha logrado salvarse de una fuerte pérdida, no ha ganado nada, y ha desperdiciado mucho tiempo. La catástrofe más desastrosa que le puede acontecer a un ego es que la personalidad capte la parte del ego proyectado, produciendo una separación entre ambos. Tales casos son extremadamente raros, pero han ocurrido. Esta vez, la mano (c) en lugar de rechazar al brazo (b) y obligarlo a retirarse de nuevo hacia el cuerpo (a) lo absorbe gradualmente a este (b) separándolo del cuerpo (a). El Diagrama XXVII ilustra un caso de esta naturaleza. Esto sólo podría ocurrir por medio de persistencia obstinada y deliberada en el mal, en una palabra, mediante la magia negra. Continuando la analogía, esto equivaldría a una amputación a la altura del hombro, o la pérdida de parte del ego de casi todo su capital disponible. Afortunadamente para él, no puede perder todo, por cuanto el brazo (b) y la mano (c) juntos, son una porción pequeña del cuerpo (a) y detrás de éste queda la parte mayor no desarrollada del ego, en los subplanos mentales primero y segundo. Felizmente un hombre, por increíblemente tonto o perverso que fuera, no puede arruinarse por completo, puesto que no puede poner en actividad esta parte superior del cuerpo causal hasta no haber alcanzado un grado tal en que semejante mal es imposible.

 

Existen ciertos hombres que se oponen deliberadamente a la naturaleza, y en vez de trabajar en pro de la unidad, hacia la cual toda la fuerza de la naturaleza se dirige, rebajan todas las facultades que poseen en favor de fines puramente egoístas. Se pasan la vida luchando por la separatividad y durante largo tiempo lo consiguen: se dice que la sensación de estar completamente aislado en el espacio es el destino más terrible que puede acontecerle jamás al hombre.                                                       

 

Este extraño desarrollo del egoísmo, por supuesto, es característico del mago negro, y es entre sus filas solamente que se hallarían individuos en peligro de este terrible destino. Por numerosas y odiosas que sean las variedades del egoísmo., todas ellas pueden clasificarse en una u otra de dos grandes divisiones: ambas de las cuales emplean tales artes ocultas que tengan para propósito egoístas, pero estos propósitos pueden variar.

 

En el tipo más comente y menos formidable, el objeto perseguido es la gratificación del deseo sensual de alguna naturaleza: por supuesto, el resultado de semejante vida es de centralizar la energía del hombre en el cuerpo astral. Habiendo logrado matar en sí mismo todo sentimiento de afecto o de altruismo, toda chispa de impulso superior, no queda nada más que un monstruo despiadado, cruel y lujurioso, que después de la muerte se encuentra incapacitado y sin voluntad de elevarse más allá de las subdivisiones inferiores del plano astral. Todo lo que tiene de mente está completamente en las garras del deseo, y cuando existe lucha, el ego ya no puede recobrar nada de esta mente, y como resultado se encuentra seriamente debilitado.

 

Por ahora se ha apartado de la corriente de evolución, y así, hasta que pueda volver a encarnar, permanece —o así le parece— fuera de esa evolución, en la condición de avichi, sin oleadas. Aun cuando vuelve a encarnar, no puede estar entre los que conoció anteriormente, porque no le quedan suficientes capitales disponibles para proporcionarle alma para animar a una mente y a un cuerpo del mismo nivel de antes. Ahora tendrá que conformarse, por tanto, con ocupar vehículos de un tipo mucho menos evolucionado, perteneciente a una raza más primitiva. De esta manera ha retrocedido mucho en la evolución, y tendrá que subir nuevamente muchos escalones.

 

Diagrama XXVIII – El Ego y su Inversión (II)

 

Con toda probabilidad renacerá como salvaje, posiblemente un jefe entre éstos, por cuanto le quedará todavía algo de intelecto. Se ha dicho que puede retroceder hasta tal punto que ya no encontraría en el mundo, en el estado actual de éste, ningún tipo de cuerpo humano lo bastante bajo para la manifestación que requiere ahora, de manera que estaría incapacitado de tomar parte en este esquema de evolución, y por consi­guiente se vería obligado a esperar hasta que empezara otra, en una con­dición de animación en suspenso.

 

Mientras tanto, la personalidad amputada, habiendo cortado el "hilo plateado que lo liga al Maestro", naturalmente ya no es más una entidad permanente en evolución, sino que queda pleno de vida vigorosa y ente­ramente perversa, sin remordimiento ni responsabilidad alguna. Como está destinada a desintegrarse en el ambiente desagradable de la "octava esfera" trata de mantener alguna especie de existencia en el físico todo el tiempo que le sea posible. La única forma en que puede prolongar su ponzoñosa existencia es por medio del vampirismo de alguna clase; cuando falta esto, han habido casos en que se ha apoderado de cualquier cuerpo asequible, echando fuera al verdadero dueño. El cuerpo seleccionado podría ser el de un niño, porque tiene más probabilidades éste de larga vida, y también porque un ego que aun no ha entrado de lleno en pose­sión sería mas fácilmente desalojado.

 

A pesar de esfuerzos frenéticos, parece que su poder pronto empieza a desfallecer, y se dice que no existe caso alguno en que haya logrado posesionarse de un segundo cuerpo, cuando el primero que robó estuvo ya gastado. Dicha entidad es un demonio del tipo más terrible, un monstruo para quien no hay lugar permanente en el Esquema de evolución al que pertenecemos.

 

Es tendencia natural de este ser, pues, el de alejarse de esta evolución y de ser atraído a esa cloaca astral conocida con el nombre de la "octava esfera" porque lo que entra en ella está fuera del círculo de nuestros siete mundos, o globos, y no puede volver a la evolución de éstos. Allí, rodeado por los aborrecibles residuos de toda la maldad concentrada de edades ya pasadas, y ardiendo siempre con deseo, pero sin posibilidad de satisfacerlo, esta monstruosidad se desintegra lentamente, liberando finalmente de este modo toda la materia mental y causal. Dicha materia jamás se juntará con el ego del cual se ha desprendido, sino que será distribuida en el resto de la materia del plano, para entrar gradualmente en nuevas combinaciones, y así ponerse en mejor uso. Tales entidades, como ya se ha dicho, son rarísimas: y además tienen el poder de prenderse únicamente de aquellos que tienen en su naturaleza defectos pronunciados de la misma especie.

 

El otro tipo de mago negro, de apariencia exterior más decente, es todavía más poderoso. Este es el hombre que, en vez de entregarse totalmente a la sensualidad, tiene por delante una meta de egoísmo más refinado pero aun menos escrupuloso. Su objetivo es la adquisición de un poder oculto más elevado y amplio, pero siempre con el fin de utilizarlo en su propio deleite y adelanto, para hacer avanzar su propia ambición y satisfacer su venganza.

 

Para conseguir esto, adopta el ascetismo más riguroso en cuanto a los deseos físicos, y por medio del hambre, echa fuera las partículas más groseras de su cuerpo astral, con la misma perseverancia que lo hace el aspirante de la Gran Logia Blanca. Pero aunque se trata solo de una especie inferior y menos material de deseo, con el que permitirá que se inmiscuya la mente, el centro de su energía no deja de centrarse enteramente en la personalidad. Entonces, al final de la vida astral, en el momento de efectuarse la separación, el ego no puede recobrar nada de su inversión. Por consiguiente, el resultado para dicho hombre es más o menos análogo al caso anterior, salvo que quedará en contacto con la personalidad durante un período mucho más extenso y compartirá hasta cierto punto las experiencias de la misma en cuanto le sea posible hacer esto.

 

El destino de esta personalidad, sin embargo: es muy distinto al del caso anterior. El comparativamente tenue integumento o túnica astral no es lo suficientemente fuerte para contenerla durante un período largo en el plano astral, y no obstante ha perdido todo contacto con el mundo celestial, que debiera ser su morada; por razón de que todo el esfuerzo de la vida de este hombre ha sido el de matar la clase de pensamientos que normalmente encuentran su resultado en este nivel. Su único afán ha estribado en oponerse a la evolución natural, de separarse de la gran totalidad, y de luchar en contra de ésta; y en lo que se refiere a la perso­nalidad, lo ha logrado. Está separado de la luz y vida del sistema solar: todo lo que le queda es el sentimiento de absoluto aislamiento, de estar solo en el universo.

 

Así en este caso raro, la personalidad perdida comparte en realidad el destino del ego, del cual está en proceso de desprenderse. Pero, en el caso del ego, tal experiencia es sólo temporaria aunque puede perdurar por lo que llamaríamos un período muy largo, y el fin del mismo será la reencarnación, y una nueva oportunidad.

La personalidad, sin embargo, terminará en la desintegración, el invariable fin, naturalmente, de todo aquello que se ha separado de su cauce. En un caso de esta índole, involucrando la pérdida de toda una personalidad, el ego no comete ningún mal intencional. Ha permitido que la personalidad pierda los estribos, y de esto es responsable. Por lo tanto es responsable de debilidad más bien que de un mal directo. Mientras que el ego ha retrocedido terriblemente, sin embargo, continúa: probablemente no lo hará al principio por encontrarse anonadado.

 

Después de semejante experiencia, el ego siempre estaría un poco anormal. Se encontraría descontento, por tener recuerdos de algo más elevado y grande de lo que le es posible alcanzar ahora. Es una condición terrible, pero, sin embargo el ego ha de recibir el karma de sus actos y darse cuenta de que es él mismo quien se lo ha traído encima.

 

Se asegura que existe todavía .una posibilidad aun más remota. De la misma manera que la mano (c) puede absorber al brazo (b) y levantarse en contra del cuerpo (a) estableciéndose por su propia cuenta y separándose enteramente de éste, está dentro de las posibilidades (o a lo menos lo ha estado en el pasado) de que la enfermedad de separatividad y de egoísmo afecten también el cuerpo (a). Aun en este caso es absorbido en el .monstruoso producto del mal, y podrá ser arrebatado de la parte no desarrollada del ego, de manera que el cuerpo causal mismo podrá endurecerse y ser llevado, en vez de ser solo la personalidad la que se separa. El Diagrama XXVIIId ilustra este caso.

 

Un caso de esta naturaleza equivaldría, no a una amputación, sino a una destrucción completa del cuerpo. Tal ego no reencarnaría en la raza humana: a pesar de ser ego caería en las profundidades de la vida animal y necesitaría a lo menos todo un período de Cadena para recobrar el estado que perdió. Esto, si bien en la teoría es posible, en la práctica es casi, imposible. Se notará, sin embargo, que aun en este caso la parte no desarrollada del ego permanece como vehículo de la mónada.

 

Mientras que algunas escrituras antiguas hablan de seres humanos que se hunden en el reino animal, no existe evidencia directa de tales casos. Hay otros en que el hombre puede entrar en contacto con la con­ciencia animal y sufrir enormemente a través de esta (véase El Cuerpo Astral pág. 169-170) pero no es posible reencarnar como animal, aunque haya sido posible en el lejano pasado.

 

Aquí podemos hacer una disgresión, para explicar como sucede que aun en casos como los descriptos arriba no es fácil efectuar una pérdida realmente sensible.

 

Debido al hecho de que los pensamientos y emociones buenas operan en los tipos superiores de la materia, y que es mucho más fácil mover la materia sutil que la más grosera, resulta que una cantidad dada de fuerza expendida en pensamientos y sentimientos buenos, produce quizás cien veces mayor efecto, que exactamente la misma cantidad de fuerza enviada a la materia más densa. Si no fuera así, es evidente que el hombre corriente no progresaría en absoluto.

 

Si un hombre arroja cierta cantidad de energía en alguna cualidad mala, tiene que expresarse a través de la materia astral inferior y más densa; y si bien cualquier clase de materia astral es excesivamente sutil comparada con todo en el plano físico, sin embargo, comparada con la materia más elevada de su propio plano es igualmente grosera, como lo es el plomo en el plano físico cuando se compara éste con el sutilísimo éter. Si. por consiguiente, el hombre ejerciera exactamente la misma cantidad de fuerza en la dirección del bien, tendría que moverse a través de la materia mucho más sutil de los subplanos superiores, y produciría, como se ha dicho, a lo menos cien veces mayor efecto, y si comparamos lo inferior con lo superior, sería probablemente más de mil veces.

 

Aunque tenemos probablemente el derecho de asumir que el 90 % del pensamiento y del sentimiento del hombre poco desarrollado es ego centralizado, si bien no es netamente egoísta; no obstante, si un 10 % de esto es espiritual y altruista, dicho hombre ya debe estar elevándose algo por encima de lo normal. En realidad, bien que estas proporciones produjeran resultados conmensurados, la vasta mayoría de la humanidad tomaría nueve pasos de retroceso por cada uno de adelanto y tendríamos un retroceso tan rápido que pocas encarnaciones bastarían para colocarnos en el reino animal fuera del cual habíamos evolucionado.

 

Afortunadamente para nosotros, no obstante, el efecto de 10 % de fuerza dirigido a objetivos buenos, sobrepasa enormemente el 90 % dedi­cado a propósitos egoístas, y así, en general, el hombre de esta naturaleza avanza apreciablemente de una vida a otra.

 

Un individuo que puede demostrar aunque sea 1 % de bien, avanza un poco, de manera que se comprenderá fácilmente que el hombre cuya cuenta muestra un balance exacto, de modo que no hay ni avance ni retroceso, ha de haber llevado una vida netamente perversa; mientras para conseguir un verdadero descenso en la evolución, esta misma persona tendría que haber sido un villano reacio fuera de lo común.

 

Aparte de estas consideraciones, hemos de tener presente también que el Logos Mismo, por razón de Su irresistible poder, está constantemente impulsando hacia delante y elevando todo el sistema, y que por más lento que nos pueda parecer esta progresión cíclica, es un hecho que no se puede dejar de lado porque su efecto es que el hombre que equilibra exactamente el bien y el mal vuelve, no a la posición actual, sino a la relativa, y por tanto, ha adelantado en algo, y se encuentra como si fuera en una posición un poquito mejor de lo que merecía en realidad y que ha preparado para sí mismo.

 

Es evidente, entonces, que si alguno es tan insensato como para desear realmente retroceder contra la corriente, tendrá que trabajar duro y definitivamente en el sentido del mal. No existe peligro alguno de "deslizarse" para atrás. Esta es una de las ilusiones antiguas, que per­duran del período de la creencia en el "diablo" ortodoxo, que era más fuerte que la Deidad hasta tal punto que todo en el mundo estaba obrando en favor del anterior. La verdad es exactamente lo contrario, y todo lo que le rodea al hombre está planeado para ayudarle con tal de que lo comprenda.

 

 

 


Capítulo XXVI

 

EL EGO Y LA PERSONALIDAD

 

En "El Cuerpo Mental" examinamos la relación entre la personalidad y el ego, principalmente desde el punto de vista de la personalidad. Ahora es necesario estudiar profundamente la relación existente entre el ego y la personalidad, esta vez desde el punto de vista del ego.

 

Recapitularemos primeramente los hechos principales que se refie­ren a la constitución del hombre como Mónada, Ego y Personalidad.

 

El fragmento de la Vida Divina, al que denominamos la Mónada, se manifiesta en el plano de atma como el triple espíritu (véase Diagrama XII, pág.).

 

De estos tres aspectos, uno, el espíritu mismo, permanece en su propio plano, el de atma. El segundo, el de la intuición, o razón pura, como se le denomina, se ubica un grado más abajo, expresándose mediante la materia del plano búdico. El tercer aspecto, el de la inteligencia, se coloca dos grados más abajo, expresándose a través de la materia del plano superior.

 

Esta expresión de la Mónada, en los planos de atma, buddhi y manas, es el ego, o individualidad.

 

El ego se expresa en los planos inferiores como personalidad, la que es también triple en manifestación, siendo además un reflejo exacto de la disposición del mismo. Pero de igual manera que los demás reflejos, se presenta al inverso.

 

La inteligencia, o manas superior, se refleja en manas inferior. La razón pura, o buddhi, se refleja en al cuerpo astral; y en forma mucho más difícil de comprender, el espíritu de atma se refleja en el plano físico.

 

Existe siempre un vehículo o línea de comunicación entre el yo superior, o el ego, y el inferior o sea la personalidad. Este vínculo se llama el antahkarana. Este término sánscrito significa el órgano interno, o instrumento interno. H. P. Blavatsky hablaba de ello como el eslabón, canal o puente entre manas superior y kama manas durante la encarnación. Al referirse a alguien que puede unir kama manas con manas inferior, habla ella de manas inferior, cuando puro y libre de kama, como el antahkarana.

 

Se le puede considerar al antahkarana como el brazo extendido entre la partícula del ego que está consciente y la parte proyectada, la mano. Cuando las dos partes están completamente ligadas, es decir, cuando el ego y la personalidad están perfectamente sintonizados y unidos, entonces el hilo atenuado del antahkarana deja de existir. Su destrucción implica que el ego ya no necesita un instrumento, sino que trabaja directamente en la personalidad; porque cuando una sola voluntad impulsa el ego y la personalidad, entonces ya no hace falta el antahkarana.

 

El término antahkarana, o agencia externa, se emplea también en otro sentido, para denotar el yo superior triple en su totalidad o sea el ego, por ser éste el canal o puente entre la Mónada y el yo inferior.

En sus primeras etapas, la evolución del hombre consiste en la apertura de este antahkarana, o línea de comunicación, de modo que el ego puede afirmarse cada vez más, mediante el mismo, y finalmente dominar del todo a la personalidad, de tal manera que no tenga ya pensamiento o voluntad separada, pero que sea meramente, y como debiera ser, una expresión del ego en los planos inferiores, hasta el punto, naturalmente, en que las limitaciones de los planos inferiores lo permitan.

 

El vínculo que liga el yo inferior al superior es con frecuencia un hilo — un hilo plateado, como conviene a un emblema de pureza.

 

En el cuerpo, el corazón es el centro para la tríada superior, atma buddhi manas, de manera que al concentrarse la conciencia en el corazón durante la meditación, es muy susceptible a la influencia del yo su­perior o sea el ego. La cabeza es el asiento del hombre psico-intelectual; tiene sus varias funciones que residen en siete cavidades, incluso el cuerpo pituitario y la glándula pineal. Aquel que durante la concentración puede transportar la conciencia desde el cerebro al corazón, está capacitado para unir kama-manas con manas superior, por medio de manas inferior. Éste cuando puro y libre de kama, es el antahkarana. Entonces estará el individuo en condiciones de poder captar algunas de las indicaciones de la tríada superior.

 

El hombre a quien le falta en absoluto todo entrenamiento casi no tiene comunicación alguna con el ego; el Iniciado, por lo contrario, tiene plena comunicación. Por consiguiente encontramos, como podríamos suponer, que hay individuos en todas las etapas entre estos dos extremos.

 

El estudiante ya habrá apreciado la enorme importancia de apercibirse de la existencia de este nexo entre el yo superior y el inferior, y de hacer todo lo que puede para fortalecer dicho vínculo para que el ego y la personalidad estén en condiciones de llegar a funcionar gradualmente como una sola entidad. El leit motif de esta serie de cuatro libros explicatorios de la constitución del hombre y de los varios cuerpos mediante los cuales funciona, se puede considerar el de ayudar al estudiante en esta tarea.

 

Al tratar de apreciar y de darse cuenta así, mediante numerosas formas y muchos expedientes, de la gran diferencia entre los puntos de vista de la personalidad y del ego. hemos de tener presente siempre, como se ha dicho repetidas veces, que existe solo una conciencia;; sin embargo, con frecuencia notamos dos, y somos inducidos a pensar si en realidad el ego está totalmente desconectado del cuerpo físico. No obstante, hay que darse cuenta que existe una sola conciencia, la diferencia aparente es producida únicamente por las limitaciones de los varios vehículos.

 

No hemos de imaginar, por consiguiente, que existen dos entidades en el hombre. No existe nunca yo inferior alguno como ser separado, pero, según hemos visto ya, el ego proyecta una pequeñísima parte de sí mismo en la personalidad, para experimentar las vibraciones de los planos inferiores.

 

La identidad fundamental existente entre manas superior y manas inferior, se ha de tener continuamente presente. Para mayor claridad distinguimos entre ellos: pero la diferencia es una de actividad funcionante y no de naturaleza. Manas inferior es uno con manas superior, del mismo modo que el rayo es uno con el sol.

 

El diminuto fragmento del ego proyectado en la personalidad, es el punto de conciencia que los clarividentes pueden observar moviéndose de un lado para otro en el hombre. Según un sistema de simbología aparece como "el hombre dorado, del tamaño de un pulgar", que mora en el corazón. Otros lo ven más bien bajo la forma de una estrella, una estrella refulgente de luz.

 

Un individuo puede mantener esta Estrella de Conciencia donde quiere; es decir, en cualquiera de los siete chacras o centros principales del cuerpo. Cuál de entre éstos sea más natural al hombre, depende principalmente en su tipo o "rayo", y probablemente también en su raza y subraza.

 

Los hombres de la Quinta Raza Raíz casi siempre preservan esta conciencia en el cerebro, en el centro que depende del cuerpo pituitario. Sin embargo, existen personas de otras razas a quienes les es más natural conservarlo habitualmente en el corazón, el laríngeo o en el plexo solar.

 

La Estrella de la Conciencia es así el representante del ego en los planos inferiores, y como se manifiesta mediante los vehículos inferiores, la llamamos la personalidad, el hombre tal cual lo conocen sus amigos en este plano inferior.

 

Aunque, como ya hemos observado, el ego es sólo un fragmento de la Mónada, sin embargo es completo como ego en su cuerpo causal, aun cuando sus poderes están sin desarrollar; siempre que en la personalidad haya un reflejo de su vida.

 

Además, mientras en el caso del hombre corriente, la conciencia del ego en su propio plano es solo vaga y parcial, sin embargo, en cuanto es activo, siempre apoya el bien, puesto que desea lo favorable a su propia evolución.

 

En realidad, el deseo invariable del ego es de progresar, de desarrollar el yo superior, y de sintonizar los vehículos inferiores como instrumentos suyos.

 

Cualquiera de esos pensamientos que nosotros llamamos malos son imposibles para el ego; dado que en él, en cuanto se desarrolla alguna cualidad, es pura. Si, por ejemplo, hay cariño éste será completamente faltó de celos, de envidia o de egoísmo. Es un espejo del amor divino, en el grado en, que el ego puede reproducirlo en su propio nivel.

 

Además, no es fácil que se equivoque el ego. Aparentemente nada lo engaña; pero es muy evidente que ignora ciertos asuntos porque en realidad el propósito mismo de la encarnación consiste en despejar esa ignorancia.

 

Pero como hemos visto, el fragmento del ego que ha sido proyectado en materia inferior, se vuelve tan agudo y vividamente consciente en dicha materia, que piensa y actúa como si fuera un ser separado; se olvida de que pertenece a la conciencia mucho menos desarrollada pero más extensa del ego, se establece por cuenta propia en los asuntos de la vida y trata de andar como le place y no atenerse a los deseos del ego.

 

Además, el ego con todos sus grandes poderes, es mucho menos exacto que la mente inferior, y la personalidad, apreciando sobre todo los poderes de discernimiento de la mente inferior que se propone desarrollar, a veces, como resultado de esto, llega a despreciar el yo mucho más elevado pero más vago, y adquiere el hábito de creerse, independiente del ego.

 

Observaremos aquí que durante todo el transcurso de nuestra evolución siempre existe el peligro de que el hombre se identifique con el punto donde está más consciente, o con el vehículo en que se encuentra más ampliamente consciente.

 

De ahí que, como hemos visto, a veces parece como si el fragmento trabajara en contra del entero; pero el hombre informado no se deja engañar, y mediante la aguda y alerta conciencia del fragmento, alcanza la verdadera conciencia que está detrás, todavía tan poco desarrollada. Esto es lo que llama el Señor Sinnett "jurando lealtad al ser superior".

 

Ya hemos visto que, según la naturaleza de las cosas, no puede haber mal en el cuerpo causal, o sea en el ego. Pero siempre que exista una laguna en el cuerpo causal hay la posibilidad de que los vehículos inferiores puedan comprometerse en alguna clase de acción mala. Así, por ejemplo, el elemento astral puede tomar posesión del hombre y precipitarlo a cometer un crimen. En tal caso el ego no están aun lo suficientemente alerta como para intervenir e impedir la acción, o quizás no comprende que la pasión o la gula del cuerpo astral puede obligar al yo inferior a cometer un crimen. El mal, por consiguiente, no procede del Yo Superior, sino de cierta carencia de éste; puesto que, si el ego fuera más desarrollado, detendría al hombre en el borde mismo del pensamiento malo y no se cometería el crimen.

 

En el hombre corriente, el ego no tiene mucho control de la personalidad ni un concepto claro de su propósito al protegerla; y como hemos visto, la pequeña parte que nos enfrenta en la personalidad desarrolla modalidades y opiniones propias. Se está desenvolviendo a fuerza de la experiencia que adquiere, y ésta la pasa al ego; pero junto con este, verdadero desarrollo, por lo general recoge mucho que difícilmente merece ese nombre. Adquiere conocimientos, pero también prejuicios, que no son verdaderos conocimientos en absoluto. No se libera completamente de estos prejuicios —prejuicios se observará, de conocimiento, de sentimiento y de acción— hasta no alcanzar el hombre el estado de Adepto. Gradualmente descubre la naturaleza de éstos, y progresa dejándolos atrás, pero tiene siempre muchas limitaciones de las cuales el ego está enteramente libre. Los padres y maestros durante la infancia y pubertad del niño pueden hacer mucho para ayudarle al ego a desarrollar los vehículos y a utilizarlos para los fines propios de éste. Porque es una gran ventaja cuando se despiertan primeramente los gérmenes buenos y no los malos en los niños. Si, por ejemplo, mediante extremo cuidado prenatal, y durante varios años después, los padres logran excitar solo las tendencias buenas, entonces el ego naturalmente lo encontrará fácil expresarse por estas líneas, y se establecerá un hábito decidido en ese sentido. Luego, cuando llega una incitación mala, ésta encuentra una reacción fuerte en el sentido del bien, que en vano trata de vencer.

 

De igual manera, si las tendencias malas han sido incitadas prime­ramente, entonces las reacciones hacia lo bueno tendrán que luchar contra la predisposición al mal. En la personalidad existe en este caso, una propensión al mal, una presteza para recibirlo y entregarse a él. En el caso contrario hay fuerte aversión al mal, lo que facilita mucho la obra del ego.

En el hombre de promedio se encuentra una continua tensión entre los cuerpos astral y mental, ni el uno ni el otro está tampoco en armonía con el ego ni dispuesto a actuar como vehículo del mismo. Lo que hace falta entonces es la purificación de la personalidad, como también el ensanche del canal entre ésta y el ego.

 

Hasta no efectuarse esto, la personalidad ve todas las cosas y todo el mundo desde su propio y muy limitado punto de vista. El ego no puede percibir lo que en realidad ocurre, ve únicamente la imagen torcida de la personalidad, como una máquina fotográfica con lente defectuoso, que falsea los rayos de luz, y una placa también defectuosa que produce un resultado borroso, indistinto y desigual.

 

De ahí que, en la mayoría de los casos, el ego no puede derivar sa­tisfacción alguna de la personalidad, hasta no encontrarse en el mundo celestial. El ego discierne lo bueno de lo falso; reconoce la verdad cuando la ve y rechaza lo falso. Pero, en general, cuando echa una mirada hacia abajo a la personalidad, encuentra una confusión tan desbaratada de for­mas mentales inconsecuentes que no puede distinguir nada definido. Se aleja en desesperación, decidido a esperar la tranquilidad del mundo celestial antes de hacer la tentativa de extraer los fragmentos de verdad de este caos inconveniente.

 

Bajo las condiciones más pacíficas del devachan a medida que las emociones y los pensamientos de la reciente vida física van surgiendo uno por uno, y aparecen en la vivida luz de aquel mundo, estos pensamientos son examinados con visión clara, la escoria es arrojada fuera y el tesoro conservado.

 

Naturalmente, el discípulo ha de tratar de producir esta condición mientras está todavía en cuerpo físico, mediante la purificación de la personalidad y la sintonización de ésta con el ego o alma.

 

Aunque es indudable que el ego está expresado solo muy parcialmente a través del cuerpo físico, sin embargo sería incorrecto hablar de él como desconectado de dicho cuerpo. Si imaginamos al ego como cuerpo sólido y el plano físico como una superficie, entonces, al colocar el sólido en la superficie, evidentemente la figura plana, que representa el contacto del sólido con la superficie, sería una expresión muy parcial del anterior. Además si los varios lados del sólido fuesen colocados sobre la superficie sucesivamente, podríamos recibir impresiones que serían muy distintas entre sí. Todas serían imperfectas y parciales porque en todos los casos el sólido se extendería en una dirección completamente diferente, que no se podría describir de ninguna manera en la superficie plana.

 

En el caso de un individuo de promedio, obtendríamos un simbolismo casi exacto de los hechos al suponer que el sólido fuera consciente solo en cuanto se refiere a la comunicación con la superficie. No obstante, los resultados alcanzados mediante la expresión de tal conciencia serían inherentes en el sólido considerado como totalidad, y estarían presentes en cualquier expresión posterior del mismo, si bien éste podría variar considerablemente en las expresiones anteriores.

 

Cuando el ego aun no está desarrollado, puede responder únicamente a muy pocas de las vibraciones extremadamente delicadas del plano mental superior, de manera que éstas pasan a través de él sin afectarlo. Al principio se requiere vibraciones poderosas y comparativamente groseras para afectarlo: como éstas no existen  en su propio plano, tienen que proyectarse a niveles inferiores para poder hallarlo.

 

Por esta razón al principio le llega la conciencia plena sólo en los vehículos inferiores y más densos, y tiene la atención enfocada durante un largo período de tiempo en el plano físico; de manera que, si bien ese plano es muy inferior al suyo, y ofrece mucho menos campo de actividad, no obstante en estas primeras etapas se siente con mucho más plenitud de vida cuando está actuando en él.

 

A medida que acrecienta su conciencia y se extiende su campo de acción, empieza el ego a actuar cada vez más en la materia de la etapa inmediatamente superior, es decir en materia astral. En etapa posterior, cuando haya logrado trabajar libremente en materia astral, empezaría a poder expresarse también a través de la materia del cuerpo mental. Todavía más adelante, arriba al final de su esfuerzo actual cuando trabaja llana y nítidamente en la materia del cuerpo causal en el plano mental superior, como lo hace ahora en el plano físico.

 

Cuando un ego se desarrolla lo suficiente para pasar bajo la influencia directa de un Maestro, la suma de esta influencia, que podrá pasar a la personalidad, dependerá de la conexión entre dicha personalidad y el ego, que varía mucho en distintos casos: existe, en realidad, una infinita variedad en la vida humana.

 

A medida que la fuerza espiritual envía sus rayos al ego, una parte de ésta ha de fluir siempre por la personalidad, puesto que lo inferior está sujeto a lo superior, de la misma manera que la mano está sujeta al cuerpo por medio del brazo. Pero la personalidad sólo puede recibir lo que está capacitada para recibir.

 

Existe también otro factor importante en esta acción. El Maestro a menudo actúa sobre cualidades en el ego que en la personalidad están muy poco activas, de modo que en un caso de esta índole, baja muy poca fuerza a la personalidad. Así como solo las experiencias de la personalidad compatibles con la naturaleza y los intereses del ego pueden pasar a éste, así también únicamente los impulsos a que puede responder serán los que se expresarán en la personalidad. También hemos de tener pre­sente que en tanto el ego tiende a excluir lo material y recibir lo espiritual, así también la tendencia general de la personalidad —a lo menos en las primeras etapas— es de excluir lo espiritual y recibir lo material.

 

A veces un clarividente puede percibir estas influencias en actuación. Un día podrá notar una característica muy intensificada en la personalidad, sin ninguna razón aparente; a menudo se encontrará el origen de esto en lo que está ocurriendo en algún nivel más elevado —es decir, el estimule de esta cualidad, en el ego. Un individuo, por ejemplo, podrá encontrarse desbordando con afecto y devoción, y completamente incapaz de explicar el motivo de esto en el plano físico. La causa radica generalmente en el estimulo del ego, o por otra parte, puede ocurrir que en ese momento el ego está interesándose especialmente en la personalidad.

 

La relación entre un discípulo y su Maestro no es del todo distinta a la de la personalidad con el ego. De la misma manera que se puede considerar que el ego proyecta una pequeño fragmento de sí mismo en la personalidad, expresándose —por más imperfectamente que sea— mediante esa personalidad, así también el discípulo no solo representa al Maestro, sino que es el Maestro en cierto sentido muy real, pero bajo enormes limitaciones; consistiendo éstas, no solo en las condiciones de los planos inferiores mismos, sino también en la personalidad del discípulo, la que no está de ninguna manera transcendida.

 

Además, si bien el ego del discípulo hubiera alcanzado perfecto control de sus vehículos inferiores, existiría aun la diferencia entre el tamaño del ego del discípulo y el del Maestro, aunque el primero es por supuesto, un ego más pequeño que el del Maestro a quien sigue, y por tanto sólo puede ser un representante incompleto de éste.

 

La meditación es un método de atraer la atención del ego: sin embargo, se ha de tener presente que en la práctica de la meditación, en vez de tratar de interrumpirle al ego y atraerlo a la personalidad, debiéramos esforzarnos para alcanzarlo en su actividad superior. Por cierto se invita la actividad superior mediante la meditación, que es siempre efectiva, aunque en el plano físico las cosas puedan parecer muy abarridas y absolutamente desanimadas. El sentimiento de aburrimiento en la personalidad puede, en realidad, ser debido a la elevación del ego y su consiguiente despreocupación en enviarle energía a la personalidad.

 

La meditación y el estudio de temas espirituales en esta vida terre­nal producen indudablemente una gran diferencia en la vida del ego; puesto que la meditación, conscientemente llevada, abre el camino entre la personalidad y el ego y lo mantiene abierto. Es necesario, empero, considerar que la meditación física no está directamente en favor del ego, sino en el entretenimiento de los diversos vehículos destinados a ser canal de éste. En realidad, durante la meditación física, el ego considera a la personalidad más o menos como en otro momento cualquiera — por lo general con cierto desprecio. No obstante, la fuerza que baja es siempre la del ego, pero, como es solo parte muy pequeña, tiende a dar una idea muy parcial de las cosas.

 

La persona corriente, que no se ha ocupado seriamente de asuntos espirituales, tiene únicamente un hilo de nexo entre la personalidad y el ego; este canal es en realidad frecuentemente tan angosto que parece a veces estar casi bloqueado. En alguna ocasión especial —como por ejemplo, la "conversión"— la fuerza podrá traspasar nuevamente. En individuos de mayor desarrollo, hay siempre una corriente constante, hasta cierto punto, entre el ego y la personalidad.

 

Estas consideraciones han de hacernos comprender que no es de ninguna manera siempre exacto juzgar el ego según su manifestación en la personalidad. Así, por ejemplo, un ego de un tipo intensamente práctico podrá parecer mucho más en el plano físico que otro de desarrollo mucho más elevado, cuya energía está por casualidad concentrada casi exclusivamente en niveles causales o búdicos. De ahí que las personas que juzgan meramente por las apariencias están con frecuencia completamente equivocadas en su estimación del desarrollo relativo de otros.

 

Cada uno de los descensos sucesivos del ego a los planos inferiores es una limitación tan indescriptible que el hombre a quien encontramos aquí abajo en el plano físico es, a más y mejor, un fragmento de otro fragmento, y, como expresión del verdadero hombre es tan inadecuado como para no proporcionarnos nada que se asemeja ni remotamente, a una idea de lo que será dicho hombre, al término de su evolución.

 

Hasta no poder ver al ego, no se tiene noción alguna de lo grande que es en realidad, cuan infinitamente más sabio y fuerte que la entidad encarnada. Cada uno, en verdad, es siempre mucho mejor de lo que parece ser. El santo más excelso nunca expresó plenamente su eso- en ese plano más elevado es todavía más santo que jamás podrá serlo aquí abajo. Pero, magnífico como es no deja de ser, si se puede decir así vago en su magnificencia.

 

En verdad existen tres formas en que puede desarrollarse el ego e influenciar la vida. (1) La del científico y filósofo; estos desenvuelven no solo la mente inferior sino también la superior, de manera que gran parte de su clase de pensamiento comprensivo y más abstracto baja a la conciencia.

 

(2)     El método de utilizar las emociones superiores, tales como el cariño, la devoción o la simpatía y así despertar en gran parte el principio búdico, sin alcanzar desarrollo especial del cuerpo causal intermedio. Sin embargo, el cuerpo causal no dejará de encontrarse afectado puesto que todo el desenvolvimiento búdico reacciona en forma muy poderosa en todo el cuerpo causal. Estas personas no están desarrollando necesariamente un vehículo búdico en el que podrán quedar permanentemente pero el empleo de las emociones sin duda alguna, evoca vibraciones en la materia búdica. Por consiguiente en el vehículo búdico aun en formación existe cierto movimiento, de modo que muchas de sus vibraciones bajan y se ciernen sobre el cuerpo astral. Así el hombre puede recibir una cantidad considerable de influencia del plano búdico cuando el vehículo se halla todavía muy lejos de estar en completo desarrollo.

 

(3)     El método más oculto en el que la voluntad se pone en actividad reaccionando el cuerpo físico en cierta forma sobre la materia átmica. Se conoce muy poco como actúa esto.

 

El método de la mayoría de los estudiantes es el de la devoción, y profundo sentimiento hacia sus semejantes.

 

El ego con desarrollo regular puede a veces ser algo inconsiderado con su propio cuerpo, porque lo proyectado en la personalidad significa igual cantidad sustraída del ego, y por consiguiente puede éste escatimar semejante desgaste de fuerza. El ego puede estar algo impaciente, y retirarse un poco de la personalidad: en tales casos empero, siempre habría una corriente de energía entre el ego y la personalidad, lo que no es posible tratándose del hombre común. En éste el fragmento del ego está, como si fuera, proyectado, y luego dejado para luchar solo, aunque no se le abandona del todo. Sin embargo, en el estado más avanzado ya mencionado, existe una continua comunicación entre los dos a lo largo del canal. El ego puede entonces retirarse cuando quiere, y dejar atrás un representante muy inferior al hombre real. Vemos así que las relaciones entre el ser superior y el inferior varían mucho en distintas personas, y en diferentes grados de desarrollo.

 

Un ego, ocupado en sus propios asuntos en su propio plano, puede olvidar de prestar debida atención a su personalidad durante cierto tiempo, de la misma manera que un hombre bueno y pensante, bajo cierta premura de negocios, puede llegar a olvidar de su caballo o de su perro. A veces, cuando sucede esto, la personalidad le hace presente a su memoria cuando comete alguna tontería que ocasiona sufrimiento.

 

Se puede observar a veces que después de terminar una obra especial que en gran parte ha requerido la cooperación del ego —como, por ejemplo, conferenciar ante un público numeroso— el ego retira su energía, y deja a la personalidad con sólo lo suficiente como para sentirse algo deprimido. Durante un tiempo, reconoció el ego que la obra tenía cierta importancia, y por lo tanto proyectó un poco más de sí mismo, pero después dejó a la infortunada personalidad algo deprimida.

 

Hemos de recordar siempre que el ego proyecta en la personalidad sólo una pequeñísima parte de sí mismo: como esa parte se enreda constantemente en intereses que, por el hecho de ser tan parciales, van a menudo en sentido distinto a las actividades generales del ego mismo, éste no presta mayor atención a la vida inferior de la personalidad, salvo en el caso de pasarle algo fuera de lo usual.

 

En la vida física del hombre de mundo corriente, hay poco que le interesa al ego, solo de vez en cuando ocurre algo de verdadera importancia, que durante un momento puede atraer su atención, de manera que extrae de esto todo lo que le es de utilidad.

 

El individuo de promedio vive en partes; más de la mitad del tiempo no está alerta en absoluto a la vida real y más elevada. Si se queja porque el ego se preocupa muy poco de él, que se pregunte cuánta atención le ha dado él al ego. ¿Cuántas veces, por ejemplo, en un día determinado ha pensado siquiera en el ego?

 

Si desea él atraer la atención del ego, ha de buscar la forma en que la personalidad le sea útil a éste. En cuanto empieza a dedicar la mayor parte de sus pensamientos a cosas más elevadas —en otras palabras, tan pronto empiece realmente a vivir— es probable que el ego se ocupe algo más de él.

 

El ego se da bien cuenta de que ciertas partes necesarias de su evolución solo se alcanzarán mediante la personalidad y a través de sus cuerpos mental, astral y físico. Sabe, pues, que llegará el momento en que tendrá que atender a esto, tomarlo en mano y controlarlo.

 

Pero podemos comprender muy bien que la tarea a menudo es poco seductora, que una personalidad dada, le puede parecer bien poco atrayente o promisora. Si observamos muchas de las personalidades en nuestro alrededor con cuerpos físicos, saturados de drogas y venenos, cuerpos astrales mal olientes de gula y sensualidad, y cuerpos mentales sin interés alguno más allá de adquirir dinero, quizás con "aficiones" de las variedades más groseras, no es difícil comprender por qué un ego, examinándolo desde una altura sublime, decidiera postergar todo esfuerzo serio hasta otra encarnación, con la esperanza que el próximo conjunto de vehículos sea más asequible a la influencia suya que estos en los cuales descansa su mirada horrorizada. Es fácil imaginar lo que diría a sí mismo: Es imposible realizar nada con esto: arriesgaré conseguir algo mejor en otra oportunidad; es difícil que sea peor que esto, y mientras tanto tengo asuntos de mayor trascendencia que atender aquí arriba.

 

En las primeras etapas de una nueva encarnación con frecuencia sucede un estado de cosas similar. Como ya hemos visto, desde el nacimiento del niño, el ego se cierne sobre él, y en ciertos casos empieza a influenciar su desarrollo mientras este todavía es muy pequeño. Pero, por regla general, le presta poca atención hasta más o menos los siete años de edad, época en que la obra del elemental kármico debiera estar casi terminada.

 

Pero los niños difieren tanto que no sorprende encontrar que la relación entre los egos y las personalidades involucradas también difiere considerablemente. Algunas personalidades infantiles son inteligentes y responsivas, otras pesada» y voluntariosas. Cuando la estupidez y la poca responsabilidad son muy marcadas, el ego a menudo retira todo interés activo durante cierto tiempo, con la esperanza de que a medida que crezca el cuerpo del niño, aumentará la inteligencia o se tornará este más responsivo.

 

Para nosotros una decisión tal nos parece imprudente, puesto que si el ego descuida a su personalidad actual, es poco probable que estará la próxima en mejores condiciones; y si permite que el cuerpo infantil se desarrolle sin su influencia, es muy probable que se fortifiquen las cualidades indeseables que se han estado manifestando, en lugar de desaparecer. Pero no estamos en posición de juzgar, porque nuestro conocimiento del problema es tan imperfecto, y no vemos nada de los asuntos superiores a los cuales se dedica el ego.

 

De esto se comprenderá cuan difícil es juzgar con alguna precisión, el lugar que un individuo cualquiera que encontramos en el plano físico ocupa en la evolución. En un caso, las causas kármicas podrán haber producido una personalidad regularmente buena, con un ego poco avanzado. En otro, estas mismas causas pueden haber originado una personalidad inferior o defectuosa, si bien pertenece a un ego comparativamente avanzado.

 

Cuando el alma decide dirigir toda la fuerza de su energía a la personalidad, el cambio que es capaz de producir será muy grande. Nadie que no haya investigado el asunto puede imaginarse lo maravilloso, rápido y radical que puede ser un cambio de esta naturaleza, donde las condiciones son favorables —es decir, cuando el ego es bastante fuerte y la personalidad no irremediablemente viciada— sobre todo cuando ésta de su parte hace un esfuerzo decidido en el sentido de convertirse en expresión del ego y volverse atrayente a éste.

 

Para comprender como puede ser esto, es necesario, pues, considerar el asunto desde dos puntos de vista simultáneamente. La mayoría de nosotros aquí abajo somos decididamente personalidades; pensamos y actuamos exclusivamente como tales; sin embargo sabemos todo el tiempo que en realidad somos egos, y aquellos entre nosotros que, por medio de muchos años de meditación hemos alcanzado una mayor sensibilidad hacia las influencias más sutiles, estamos conscientes a menudo de la intervención del yo superior.

 

Cuanto más podamos convertir en hábito el acto de identificarnos con el ego, tanto más clara y cuerdamente veremos los problemas de la vida. Pero, en la medida en que nos sentimos ser personalidades, es evidente que nuestro deber y nuestro interés residen en abrirnos al ego, trata de alcanzarlo, y establecer persistentemente en nosotros las vibraciones que le serán de utilidad. A lo menos debiéramos cerciorarnos de no obstruirle el camino al ego y de hacer siempre lo mejor que podamos para él, dentro de nuestras posibilidades.

 

Puesto que el egoísmo es la intensificación de la personalidad, el primer paso ha de ser el de librarnos de este vicio. Luego, la mente deberá conservarse siempre repleta de pensamientos elevados; porque, si está continuamente ocupada con asuntos inferiores —aunque sean estos muy

 

estimables en su lugar— al ego no le será posible utilizarla como canai de expresión.

 

Cuando el ego hace un esfuerzo tentativo, cuando baja un dedo explicativo, como podríamos decir, se le ha de recibir con entusiasmo, y se le obedecerá instantáneamente, para permitirle posesionarse hasta cierto punto de la mente, en cuanto se refiere a estos planos superiores.

 

La personalidad debiera por así decir, ponerse a un lado y dejar al ego, al "guerrero" luchar en él.

 

Al hacer esto, sin embargo, la personalidad habrá de cuidar de que esté ella dedicada a la obra y no a la parte personal, ha de vigilar que en un impulso de la personalidad, tenga bien presente todo el tiempo que es el ego que opera en ella.

 

Bien que la vaguedad del ego, en el caso de que este 110 estuviera desarrollado, puede quizás impedirle indicar una línea especial de tra­bajo, sin embago. cuando la personalidad, siendo más definida, haya encontrado la obra, el ego puede derramarse en ésta como en realidad lo hace, capacitando de este modo a la personalidad para que la ejecute en forma mejor y en una actitud mucho más noble de lo que hubiera alcanzado sin esta ayuda.

 

"Pero si no lo buscas, si pasas a su lado sin percibirle, entonces no hay salvaguardia para ti. Tu cerebro se turbará, tu corazón se tornará irresoluto, y en medio del polvo del campo de batalla, tu vista y sentidos se obscurecerán; y no distinguirás tus amigos de tus enemigos."

 

(Luz en el Sendero)

 

Esto es lo que ocurre cuando la personalidad no  busca la guía más elevada del ego.

 

Esle es un paso necesario que ha de tomar el hombre que ha resuel­to hollar el Sendero que conduce a la Iniciación, puesto que en ella lo inferior y lo superior se convierten en uno. o mejor dicho lo inferior es absorbido por lo superior, de manera que no quedaría nada en la per­sonalidad que no fuera representativo del ego, siendo lo inferior mera­mente expresión de lo superior. De esto empero nos ocuparemos con mayor amplitud en el Capítulo XXXI, que trata específicamente de la Iniciación.

 

Por lo tanto, es evidente que la personalidad debiera esforzarse en averiguar lo que desea el ego, y suministrarle las oportunidades que necesita. El estudio de las cosas internas, como ya mencionado, y el hecho de llevar la vida espiritual, despiertan al ego y atraen la atención del mismo. Para dar un ejemplo; supongamos que se trata de un ego cuyo método principal de manifestación es mediante el cariño. Dicha cualidad es lo que el ego desea exhibir a través de su personalidad; en consecuencia, si ésta trata de sentir cariño fuerte y hace una especiali­dad de ello, el ego rápidamente vertirá más de sí mismo en esa personalidad, debido a que encuentra en ella precisamente lo que buscaba.

 

En el salvaje, el yo se expresa en toda clase de emociones y pasio­nes, de las cuales el ego no podría de ninguna manera aprobar, pero, en el ser desarrollado no existen emociones fuera de las que quiera entretener. En vez de dejarse arrastrar por ellas, las selecciona con toda, tranquilidad. Por ejemplo diría: "El amor es cosa buena; me permitiré sentir el amor. La devoción es cosa buena, me permitiré sentir devoción. La simpatía es hermosa: me dejaré experimentar la simpatía." Y esto lo hace con los ojos abiertos, intencionalmente. Así las emociones están bajo el dominio de la mente, y ésta es una expresión del cuerpo causal, de manera que el hombre se va acercando mucho a la condición de completa unidad entre el yo superior y el inferior.

 

La conexión entre el ego y el cuerpo mental es de la mayor importancia, y se ha de hacer todo el esfuerzo posible para mantenerla activa y alerta; porque el ego es la fuerza que está detrás de este cuerpo que usa las cualidades y los poderes de la personalidad. Para que podamos pensar en algo hemos de recordarlo primero; para que podamos recordarlo, hay que prestar atención a ello; y el hecho de prestar atención es el descenso del ego a sus vehículos con el fin de mirar a través de ellos.

 

Muchos hombres con cuerpo mental y cerebro buenos hacen poco uso de éstos por prestar limitada atención a la vida —es decir, por razón de que el ego está proyectando poco de sí mismo en estos planos inferiores, y debido a ésto los vehículos están abandonados a su propio albedrío. El remedio ya se ha expuesto; consiste en darle al ego las condiciones que requiere, y entonces no habrá motivo alguno para quejarse de su respuesta.

 

Parece que las experiencias actuales de la personalidad no pueden transmitirse al ego: pero es posible pasarle la esencia de las mismas. Al ego le preocupa muy poco los detalles, pero necesita la esencia de dichas experiencias. Siendo así, es evidente que el hombre corriente tiene en su vida muy poco que le atrae al ego.

 

El sistema de entregar los resultados de la obra inferior, pero no las experiencias detalladas, procede todo el tiempo hasta alcanzar el grado de Adepto.

 

El estudiante haría bien de seguir el consejo dado en "Luz en el Sendero": esperarle al ego y dejarle luchar a través de él; pero al mismo tiempo recordar siempre que él es el ego. Por lo tanto identificarse con él y procurar que lo inferior ceda a lo superior. Aun si cae repetidas veces, no hay razón alguna para desanimarse, puesto que el fracaso mismo es hasta cierto punto un éxito, porque mediante él aprendemos, y así tenemos más preparación para afrentar el problema que sigue. No se espera de nosotros lograr invariablemente, sino que hagamos siempre lo mejor que podamos.

 

Además, hemos de recordar que el ego se ha asociado con la personalidad porque tiene ansias, o sed (Trishna) de experiencias vividas. A medida que se desenvuelve éste el hambre abate un poco, y a veces, cuando es adelantado y se ha vuelto más sensible a los deleites y actividades de su propio plano, va al otro extremo y descuida la personalidad que está como apresada en las garras del karma, sumergida en condiciones que están ahora repletas de penas y de aburrimiento para el ego, porque siente que las ha traspasado.

 

Esta disminución de la sed ha ocurrido a medida que el ego desarro­lló la personalidad. Al alcanzar la conciencia plena en el plano astral, lo físico empezó a parecerle aburrido en comparación; al alcanzar el mundo mental inferior lo encontró al astral pesado y triste; y los cuatro niveles inferiores perdieron su atractivo cuando comenzó a disfrutar de la vida todavía más luminosa y vivida del cuerpo causal.

 

Como ya se señaló, es necesario tener presente siempre que la conciencia es una, por consiguiente, es muy erróneo concebir al ego, o el yo superior como algo "en lo alto" un algo esencialmente extraño a nosotros, y en consecuencia difícil de alcanzar. A menudo hablamos del enorme esfuerzo requerido para llegar al ser superior; otras veces hablamos de la inspiración, etc., que viene del ser superior a nosotros que estamos más abajo. En todos estos casos, cometemos el error fundamental de identificarnos con lo que nos es ajeno, en vez de reconocer lo que somos en verdad. La primera condición del logro espiritual consiste en la certeza, más allá de duda alguna, de que somos el ego o yo superior; la segunda es de tener plena confianza en nuestros poderes como ego, y la valentía de usarlos libremente.

 

Por lo tanto, en vez de considerar la conciencia de la personalidad como usual y normal, debiéramos acostumbrarnos a pensar en ella corno anormal e innatural, y la vida del ego como nuestra verdadera vida, de la que nos mantenemos aislados mediante continuo esfuerzo.

 

Esta actitud hacia los varios cuerpos se ha de adoptar en la vida práctica. Así no se ha de permitir al cuerpo físico que trabaje por cuenta propia, sino que deliberada y conscientemente se lo entrenará a obedecer los mandatos del ego. De esta suerte se producirá lo que llaman los Herméticos la "regeneración" del cuerpo. Esta es una verdadera transformación que, al efectuarse, quebranta para siempre el dominio del cuerpo físico sobre la conciencia, convirtiéndolo al contrario en un instrumento para el uso del ego.

 

Se ha de efectuar un cambio similar con relación al cuerpo astral. En lugar de permitir que el mundo dé las emociones lo influya y determine su actividad, el ego mismo debería decidir y determinar las emociones que sostendrá, los sentimientos que permitirá irradiar de su cuerpo astral. Así la conciencia del ego se desenmarañará del cuerpo astral, y dicho cuerpo se subordinará a los deseos del ego.

 

Quizás lo más esencial de todo sea el gobierno del cuerpo mental, porque el pensamiento es la manifestación de la suprema Energía Creadora. No hemos de permitir nunca que se inciten las imágenes mentales desde el exterior: al contrario, cuando se construyen estas, han de ser creadas por la acción deliberada y auto-consciente del ego mismo. Existe gran peligro en una imaginación indisciplinada. Si no fuera por la imaginación, los objetos externos del deseo no tendrían poder sobre nosotros. El ego por lo tanto, ha de adquirir pleno control sobre la imaginación permitiéndola ejercer su función sólo en los sentidos determinados por éste.

 

La imaginación no controlada actúa también como un factor poderoso en socavar y debilitar la voluntad. Con demasiada frecuencia después de tomar alguna determinación, se le permite a la imaginación entretenerse con los aspectos desagradables de lo que se ha decidido llevar a cabo, hasta que finalmente se le hace aparecer esto tan desagradable que se abandona totalmente la idea de realizarlo. Shakespeare pronunció una profunda verdad psicológica al hacer decir a Hamlet: “el matiz nativo de la resolución tiene un tinte enfermizo con el pálido color de la imaginación.”

 

El remedio para este infortunado hábito es evidente: la voluntad y la atención han de estar irrevocablemente concentradas, no en las dificultades o cosas desagradables que imaginamos que nos confrontan, sino en la tarea que se ha de realizar. "Dadnos nervio con constante afirmativos," decía Emerson.

 

Al proseguir un poco más con el análisis, tendríamos que abandonar la idea muy propalada de que la voluntad hace o que realizamos alguna cosa por un esfuerzo de voluntad. Ejecutar y desempeñar no son funciones de la voluntad, sino de un aspecto bien distinto del ego, la actividad, creativa.

 

La voluntad es el Regidor, el Rey que dice "ésto se hará" pero que no va y hace las cosas Él mismo, hablando psicológicamente, la voluntad es el poder de sostener la conciencia enfocada en determinada cosa y excluir todo lo demás. En sí, es perfectamente serena, tranquila e inamovible, por ser como ya se ha dicho, el poder de mantener una cosa y apartarse del resto.

 

Es casi imposible fijar límites al poder de la voluntad humana cuando ésta es correctamente dirigida. Es una extensión de mucho mayor envergadura de lo que el hombre corriente ni siquiera supone, de modo que los resultados alcanzados por medio de ella le parecen asombrosos y sobrenaturales. Un estudio de sus poderes nos hace percibir gradualmente el significado de la afirmación de que si la fe fuese suficiente podría levantar las montañas y arrojarlas al mar; y aun esa descripción oriental nos parece poco exagerada cuando se examinan ejemplos auténticos de lo que se ha logrado mediante este maravilloso poder. Quizás el factor de mayor importancia en el empleo exitoso de la voluntad reside en la perfecta confianza, que naturalmente se puede adquirir de varias maneras, según el tipo de persona de que se trata.

 

En cuanto un individuo se da cuenta de que existe el mundo interno y espiritual del ego. que es inmensamente más importante en todo sentido que el externo, puede muy bien adoptar la actitud de un actor, que desempeña su papel en el mundo, solo por razón de la verdadera vida interior. El actor representa varios papeles en períodos distintos, de la misma manera que volvemos en nuestras encarnaciones y llevamos distinta clase de cuerpos. Pero todo el tiempo ese actor tiene su vida real como hombre y también como artista, y por razón de llevar esa vida propia, quiere desempeñar bien su papel en la vida temporaria del escenario. Del mismo modo, debiéramos desear obrar bien en nuestra vida física temporaria aquí, en razón de la gran realidad que hay detrás, de la cual esta vida es un fragmento muy reducido.

 

Si nos damos bien cuenta de esto veremos la relativa importancia de esta vida externa: que su único valor para nosotros consiste en que desempeñemos bien nuestro papel, cualquiera que sea éste. Que clase de papel es, y lo que nos acontece en esta existencia mímica — son cosas de poca importancia. Podrá ser asunto del actor pasar por toda clase de penas y dificultades imaginables; pero éstas no le molestan en lo mas mínimo. Por ejemplo, puede tocarle que lo maten todas las noches en un duelo; ¿qué le importa la muerte fingida? Lo único que le preocupa es que se comporte bien.

 

De ahí que no debiera ser difícil darse cuenta de que el mundo en torno nuestro se un mundo mímico, y que en realidad no importa que experiencias nos pueden llegar. Todas las cosas que acontecen a personas desde el exterior son el resultado del karma de las mismas. Las causas se originaron hace mucho tiempo en otras vidas, y no se pueden cambiar ahora. Por lo tanto es inútil preocuparse por las cosas que suceden: éstas han de ser soportadas filosóficamente. La manera en que se sobrellevan amolda el carácter para el futuro, y ésto os lo único que importa Se ha de usar el karma para aumentar la valentía, la paciencia y varias otras cualidades buenas, para después desecharlo de la mente.

 

Así el divino Ser, tanteando, luchando y esforzándose, a medida que procede la evolución, va convirtiéndose en el verdadero Regidor, el Regidor inmortal interno. El individuo que se da cuenta de que él mismo es ese Regidor Inmortal, situado dentro de sus vehículos de expresión auto-creados, adquiere una sensación de dignidad y de poder que se hace cada vez más fuerte y dominante sobre la naturaleza inferior. El conocimiento de la verdad nos libera.

 

El Regidor Interno puede estar obstaculizado todavía por las mismas formas que labró para la auto-expresión; pero, al reconocerse a sí mismo como Regidor, puede trabajar constantemente con el fin de subyugar por completo su reino. Sabe que ha venido al mundo para determinado objetivo, el de capacitarse para ser colaborador de la Voluntad Suprema, y que podrá hacer todo y aguantar todo lo que sea necesario para realizar este fin.

 

Sabe también que es divino, y que su auto-realización es solo cues­tión de tiempo. Siente interiormente la divinidad, aunque ésta todavía no se exterioriza; su tarea consiste en llegar a manifestar lo que es, esencialmente. Es rey de jure pero todavía no lo es de jacto.

 

Como Príncipe, nacido para reinar, se somete con paciencia a la disciplina que le capacita para recibir la corona, de la misma manera que la Voluntad divina en nosotros evoluciona hasta llegar a la edad en que los poderes reales pasarán a su dominio, y por lo tanto puede someterse con paciencia a la necesaria disciplina de la vida.

 

Una correcta perspectiva de la relación entre el yo y sus personalidades sucesivas sería suficiente para subsanar los malos entendidos que han surgido con respecto a las enseñanzas del Señor Buddha. Este predicó constantemente en contra de la idea que evidentemente prevalecía en su época, la de la continuación de la personalidad. Pero mientras enseñaba que no dura para siempre nada de aquello con lo que generalmente se identifican los hombres, hizo afirmaciones inequívocas relativas a las vidas sucesivas de éstos. Citó ejemplos de vidas anteriores, y compró las encarnaciones a días que podían haber pasado en este pueblo o en aquél.

 

Sin embargo, la Iglesia meridional búdica enseña ahora que solo persiste el karma, no el ego; como si el hombre en una sola vida hiciera cierta cantidad de karma y luego muriera, sin dejar nada, luego nacía otra persona que tenía que cargar con el karma que en realidad no había originado.

 

Con extraña falta de lógica, empero, y a pesar de la enseñanza formal de lo contrario, persiste la creencia práctica en la continuada existencia del individuo, porque, por ejemplo, los monjes budistas hablan de alcanzar nirvana, y reconocen que esto requerirá muchas vidas.

 

El verdadero significado de esta enseñanza del Buddha reside en el gran énfasis que puso en la parte externa y temporaria del hombre que no persiste, y la implicación de que las partes no temporarias o externas de éste, en realidad, sobreviven como ego imperecedero — el verdadero hombre. Sin embargo sus enseñanzas, profundizaban todavía más que esto. Existe un pasaje en el Shn Vakya Sudha que advierte al aspirante que, al repetir la gran fórmula "Yo soy Aquello" ha de tener cuidado de lo que quiere decir con "Yo". Explica que el individuo separado ha de ser considerado como triple y que lo que constituye unión con Brahman, es únicamente el más elevado de estos tres lo que se proclama con "Tu eres Aquello" y expresiones parecidas. Ya hemos visto con harta frecuencia que la personalidad no es "Yo": y aun el "tú" en mi no es "yo": por ser este último algo, indistinguible del Yo universal, en el que los muchos y el Uno se unifican. Las enseñanzas del Señor Buddha niegan la persistencia del "tú" que los hombres llaman "yo".

 

Diagrama XXIX – El Ego y sus Personalidades

 

A menudo hay mucha sabiduría encerrada en la etimología. Así, la palabra misma "persona" está compuesta de las dos palabras latinas per y sona y por lo tanto significa "aquello a través del cual viene el sonido" es decir la máscara que llevaba al actor romano para indicar el rol que en ese momento desempeñaba. Así hablamos con propiedad del grupo de vehículos temporarios que el ego asume al descender a la encarnación, como sus "personalidades." Casi igualmente instructivos son los vocablos individual e individualidad que son muy apropiados cuando aplicados al ego; porque individualidad significa aquello que no es divisible sin pérdida de identidad: subsistiendo corno uno e individualidad se define como existencia separada y distinta. En una etapa todavía más adelantada, la palabra existe deriva de ex, fuera, y sistere, hacer destacar. Así al ego o individualidad se le hace destacar (de la Mónada), y manifestarse mediante la máscara de la personalidad. El Diagrama XXIX es una tentativa de ilustrar un aspecto de la relación entre el ego y sus personalidades suce­sivas. En él vemos, primero, la Mónada, derivando su vida de lo No Manifestado, y proyectándose más abajo que el ego, con sus triples características o aspectos. El ego a su vez proyecta, de sí mismo, a los planos inferiores, una serie de personalidades sucesivas. Estas están representadas en el dibujo como extendiéndose a medida que se desarrollan, hasta que finalmente la última personalidad es equilateral, estando cabal y simétricamente desarrollada, expresando en esta forma la naturaleza y los poderes del ego con la aptitud que le permiten sus limitaciones inherentes.

 

A medida que se desarrollan las personalidades, la conciencia per­sonal puede unificarse con la vida del ego —en cuanto sea posible ésto— y entonces hay solo una conciencia: aun en la conciencia personal habrá siempre la conciencia del ego, que sabrá todo lo que ocurre. Pero, como ya hemos dicho, en muchas personas de hoy en día existe a menudo considerable oposición entre la personalidad y el ego.

 

El hombre que ha logrado elevar la conciencia al nivel del cuerpo causal, y unificado así la conciencia del ser inferior con el superior, de la personalidad con la individualidad o ego, tiene, por supuesto, la conciencia del ego a su disposición durante el resto de la vida física. Esta no estará afectada en absoluto por la muerte del cuerpo físico, ni siquiera por la segunda y tercera muerte en las que deja atrás los cuerpos astral y mental respectivamente.

 

La conciencia en realidad reside en el ego todo el tiempo, y actúa a través de cualquier vehículo que pueda estar usando en cualquier momento dado.

 

Para él, toda la serie de encarnaciones es solo una vida extensa: y lo que llamamos una encarnación lo considera él un día de esa vida. En toda su evolución humana su conciencia está en plena actividad. Incidentalmente, podemos observar que está generando karma tanto en un período como en otro; y a pesar de que su condición en determinado momento es el resultado de las causas que ha puesto en operación en el pasado, sin embargo no hay ningún instante en que no está modificando sus condiciones por medio del ejercicio del pensamiento y de la voluntad. Si bien se puede aplicar esta consideración a todos los hombres, no obstante es evidente que el que posee conciencia egoica estará en condiciones de modificar el karma con mayor deliberación y con más efecto calculado que el que no ha alcanzado conciencia egoica continuada.

 

H. P. Blavatsky habla del Yo Superior como el "gran Maestro", si bien está empleando el término Maestro en sentido poco usual, distinto al que se emplea por lo general y en la actualidad. Es, dice, el equivalente de Avalokiteshvara, y lo mismo que Adi-Buddha para los ocultistas budistas, Atma para los Brahmanes, y Cristo para los gnósticos antiguos.

 

 

Capítulo XXVII

 

EL EGO EN LA PERSONALIDAD

 

Hay un número de formas en que se puede observar más específica, mente la actividad del ego a medida que actúa éste mediante la conciencia de la personalidad. En primer lugar, como ya se ha señalado más de una vez, ninguna cosa mala o egoísta puede afectar al ego, por razón del mecanismo mismo de los planos superiores, y por tanto podemos decir que éste no tiene nada que ver con el asunto. Sólo los pensamientos y sentimientos altruistas lo pueden afectar; los inferiores afectan a los átomos permanentes, no al ego, y como hemos visto, correspondiente a éstos encontramos vacíos en el cuerpo causal, y no colores "malos". El ego está ocupado exclusivamente con sentimientos y pensamientos ca­rentes de todo egoísmo.

 

La mayoría de las personas son conscientes de épocas en que están plenos de esplendorosa inspiración y exaltación, de ardiente devoción y gozo. Estos momentos, por supuesto, son precisamente aquéllos en que el ego logra imprimirse en la conciencia inferior; pero lo que se siente entonces, en realidad está allí todo el tiempo, si bien la personalidad no se da siempre cuenta de ello. El aspirante ha de tratar de percibir por medio de la razón y también por la fe, que el ego siempre está presente, y entonces le parecerá que lo siente realmente, aún en los momentos en que el vínculo es imperfecto y cuando no lo percibe en la conciencia personal.

 

Además, es evidente que mientras la mente está respondiendo a los llamados de los planos físico, astral y mental, no es probable que oiga el mensaje que el ego está tratando de trasmitir a la personalidad desde sus propios planos superiores.

 

Un impulso emotivo, que pertenece al plano astral, se toma a veces equivocadamente por verdadera inspiración intelectual, porque lo que ocurre en el vehículo búdico, si baja a la personalidad, está reflejado en el cuerpo astral. Un ejemplo clásico de este fenómeno se encontrará en las reuniones de despertar religioso. Las grandes sacudidas emotivas como éstas, si bien son a veces beneficiosas, en muchos casos son per. judiciales, porque tienden a producir un desequilibrio mental en las personas.

 

Se puede dar dos reglas sencillas pero excelentes, para distinguir entre la intuición verdadera y un mero impulso. Primero: si se pone el tema de lado durante un tiempo, y se "duerme sobre" ello, con toda probabilidad desvanecerá el impulso; la intuición genuina siempre está relacionada con algo altruista; si contiene un ápice de egoísmo, se puede estar seguro que se trata sólo de un impulso astral y no de una verdadera intuición búdica.

 

La influencia del ego se siente a menudo en ocasiones en que uno parece conocer con convicción interna que una cosa es verídica, sin poder razonarla. El ego sabe, y su conocimiento está bien fundamentado, pero a veces no puede imprimir sus razones en el cerebro físico, aunque el mero hecho de conocer halla modo para llegarle. Por esta razón, cuando nos presentan una verdad nueva, sabemos enseguida si podemos aceptarla o no.

 

Eso no es superstición, sino una intensa convicción interna, Superficialmente,- parecerá un abandono de la razón en favor de la intuición; pero se ha de recordar que buddhi que traducimos por "intuición", se conoce en la India como "razón pura". Es la razón del ego, que es de tipo más elevado que lo que tenemos en los planos inferiores.

 

Más específicamente, podemos decir .que manas da inspiración; buddhi da intuición en cuanto al bien o el mal; atma es la conciencia dirigente, ordenando que el hombre siga aquello que sabe que es lo mejor, aún cuando la mente este tratando de inventar alguna excusa o de hacer de otra manera.

 

Además, las manifestaciones del genio son sólo el momentáneo dominio del cerebro por la conciencia más extensa del ego, obligándola a una percepción, a una fuerza de concentración y amplitud de perspectiva que es la causa de su noble alcance. Esta conciencia mayor es el verdadero Yo, el hombre real. Muchas cosas que percibimos en torno nuestro, o que nos acontecen, son indicios de esta conciencia mayor, susurros, apenas articulados aún, pero promisores del futuro, que proceden de nuestra patria,desde el mundo al que realmente pertenecemos. Son la voz del espíritu viviente, no nacido, imperecedero, antiguo, perpetuo y constante. Son la voz del Dios interno, hablando en el cuerpo del hombre.

 

La vida nos enseña de dos maneras, por la enseñanza que nos da el mundo, y por la intuición — el trabajo del ser interno. A medida que se desarrollan los hombres, aumenta su intuición, y no dependen tanto como anteriormente, de la instrucción que da el mundo. Esto es otra forma de decir que el hombre que utiliza sus poderes internos puede aprender mucho más de una poco de experiencia que lo que otros pueden de mucha. A causa de la actividad de su inteligencia innata, el hombre desarrollado puede percibir el mayor significado aún en cosas pequeñas; pero la mente no desarrollada está llena de curiosidad, tiene ansias de verdad, porque, no pudiendo pensar con facilidad, agota pronto el significado obvio de las cosas ordinarias. Esta es la mente que ansia milagros en relación con su experiencia religiosa, por estar ciega a los incontables milagros que la rodean en todo momento.

 

Lo que llamamos los dictados de la conciencia proceden de arriba, y representan por lo general el conocimiento que posee el ego del tema. Pero aquí es necesario una palabra de cautela. El ego mismo está todavía desarrollado sólo parcialmente. Sus conocimientos sobre un tema deter­minado pueden ser muy limitados o inexactos, o razona basándose únicamente en los hechos que tiene por delante.

 

Debido a esto, la conciencia del hombre a veces le hace extraviar, porque el ego joven que sabe poco, sin embargo, puede imprimir su voluntad en la personalidad. Pero como regla general el ego que no es desarrollado no lo es tampoco en su poder de imprimirse en los vehículos inferiores; y quizás es mejor que sea así.

 

Algunas veces, empero, como ya se observó, un ego a quien le falta desenvolvimiento en tolerancia y conocimientos amplios, puede, no obstante, tener la voluntad bastante fuerte como para imprimir órdenes en el cerebro físico, que demuestran que es un ego muy joven, y que no comprende.

 

Por eso, cuando la conciencia parece dictar algo que es contrario a las grandes leyes de la verdad, y de la justicia (como fue posiblemente el caso entre los inquisidores) el hombre debiera pensar con mucho cuidado si la regla universal no es más grande que la aplicación particular que parece estar en conflicto con dicha regla. Se ha de emplear la inteligencia siempre en tal forma que sea ésta instrumento del ego y no un obstáculo en el camino de su desarrollo.

 

Un curioso ejemplo de la manera en que el ego puede manifestarse a la personalidad es el descrito en "El Cuerpo Mental", pág. 264. Cierta oradora, mientras pronuncia una frase de su conferencia, ve materializarse habitualmente la siguiente frase frente a ella, en tres formas distintas, de las que selecciona ella concientemente la que le parece mejor. Es evidente que ésto es obra del ego, aunque es un poco difícil comprender porqué adopta este método de comunicación, en vez de se­leccionar él mismo la forma en que la .perece mejor, e imprimir sólo esa forma en la conciencia personal.

 

Los místicos saben cómo la "Voz del Silencio" difiere para personas en distintas etapas. La voz del silencio para uno cualquiera es la que procede de la parte de él mismo que es más elevada que la que puede alcanzar la conciencia, y esto, naturalmente, varía según progresa su evolución.

 

Para los que están trabajando ahora con la personalidad, la voz del ego es la voz del silencio, pero cuando la personalidad está dominada y unificada con el ego de manera que éste puede obrar perfectamente a través de la misma, es la voz del alma —el espíritu trino en el plano nirvánico. Cuando se haya alcanzado ésta, habrá aún la voz del silencio, la de la Mónada. Cuando el hombre identifica al ego con la Mónada y alcance el estado de Adepto, encontrará una voz del silencio que le lle­gará desde lo alto, pero entonces será posiblemente la de uno de los Ministros de la Deidad, uno de los Logos Planetarios. Quizás para Él a su vez será la del Logos Solar Mismo. La "Voz del Silencio", por consiguiente, sea cual fuere el nivel de donde procede, es siempre esencialmente divina.

 

El ego actúa en el cuerpo físico mediante las dos grandes divisiones del sistema nervioso — el simpático y el cerebro-espinal. El simpático está conectado mayormente con el cuerpo astral, el cerebro-espinal con el cuerpo mental, llegando dicho sistema a estar cada vez más, bajo la influencia del ego, a medida que avanza éste en poder intelectual.

 

Al desarrollarse el sistema cerebro-espinal, el ego pasó al sistema simpático más y más de las partes de su conciencia ya definitivamente establecida, hacia las cuales no necesitaba dirigir más la atención para mantenerlas en funcionamiento. Es posible por medio de los métodos del Hatha Yoga, por ejemplo, hacer que el ego recobre control directo sobre partes del sistema simpático; es evidente que hacer esto no constituye un paso en adelante, sino de retroceso en la evolución."

 

El estudiante debe recordar que el ego siempre se está esforzando hacia arriba, tratando de liberarse de los planos inferiores y de las cargas que impiden su ascenso. No quiere molestarse, por ejemplo, en cuidar las funciones vitales del cuerpo, y dedica su atención a la maquinaria sólo cuando algo anda mal. Como ya se dijo anteriormente, se puede recuperar todas estas funciones, pero no vale la pena hacer esto. Al contrario, cuanto más podemos entregar a dicho automatismo, mejor; puesto que cuanto menos utilizamos la conciencia de vigilia para las cosas que se repiten continuamente, más tendremos de ésta para trabajar en lo que realmente requiere nuestra atención, que probablemente sea de una importancia mucho mayor, en todo caso desde el punto de vista del ego.

 

De vez en cuando podrá estar el hombre dominado por una "idea fija", resultando en locura en algunos casos, en otros, en la devoción inflexible o la determinación del santo o del mártir. Estas dos clases tienen diferente origen psicológico, que pasaremos ahora a estudiar.

 

Una idea fija que es locura es la que el ego ha entregado al sistema simpático de manera que ha llegado a ser parte del "sub-consciente". Puede ser una modalidad o idea pasada que el ego ha dejado atrás; o algún hecho olvidado que de repente se reafirma, sin estar acompañado del medio ambiente que le corresponde; o la conexión de dos ideas incon­gruentes, etcétera.

 

Hay un sinnúmero de ideas semejantes con las que el ego ha tenido que ver en el pasado, y que no ha desechado completamente del mecanismo de la conciencia; de modo que han demorado allí, aunque el ego mismo ya no las necesita más. Siempre cuando parte del mecanismo de la conciencia puede responder a ellas existe la posibilidad de que dichas ideas surjan arriba del horizonte o “umbral” de la conciencia.

 

Al surgir una idea semejante, como lo hace, sin razón de ser, sin razonabilidad, con el ímpetu, la precipitación, el impulso y la fuerza apasionada del pasado, domina el mecanismo más sutil producido por el ego para sus propósitos más elevados, porque las ideas tales como las que estamos considerando son más fuertes en el plano físico que las que llamamos ideas mentales corrientes, puesto que por el hecho de ser sus vibraciones más lentas y groseras, producen un resultado mayor en materia más densa. Es mucho más fácil por ejemplo afectar el cuerpo físico por medio del impulso de una emoción salvaje, que mediante el razonamiento sutil del filósofo.

 

Podemos afirmar pues, que la idea fija del loco es por lo general una que ha dejado su rastro en el sistema simpático, y que, durante algún disturbio o debilitamiento del sistema cerebro-espinal puede afirmarse en la conciencia. Surge desde abajo.

 

La idea fija del santo o del mártir, por lo contrario, es cosa muy distinta. Ésta desciende del ego mismo, que está tratando de imprimir en el cerebro físico su propia emoción más elevada, su propio conocimiento de mayor extensión. El ego, que puede ver más lejos en los planos elevados que en la envoltura física, trata de imprimir su voluntad, su propio deseo de lo superior y sublime, en esa envoltura. Este impulso llega con poder todo-dominador; no puede aprobar la razón, debido a que el cerebro todavía no está pronto para razonar sobre esas líneas de conocimiento superior, de visión e intuición más profundas; pero baja con la fuerza del ego, en un cuerpo preparado para ello y así se afirma con poder dominador, guiándole al hombre a la acción heroica, al mar­tirio, a la santidad. Tales ideas vienen no como en el caso anterior, desde abajo, sino de arriba, no del subconsciente, sino del superconsciente.

 

Como se dijo en "EL Cuerpo Mental" pág. 263, no hay por qué huir de la verdad de que existe con frecuencia cierta inestabilidad psicológica asociada con el genio, según expresado en el dicho que el genio está muy cerca de la locura y en la afirmación de Lombroso y otros, que muchos de los santos fueron neuropáticos. Cuanto más delicada la maquinaria tanto más fácil será forzarla demasiado, o hacerla salir de su engranaje; por eso es cierto a veces que la misma inestabilidad del genio o del santo es condición propia de su inspiración, por no estar el cerebro normal lo suficientemente desarrollado ni bastante delicado como para responder a esas oleadas que vienen de la conciencia superior.

 

Así los impulsos, que llamamos la inspiración del genio, bajan de la superconsciencia, desde el reino del ego mismo. Estas inspiraciones de la conciencia superior no sólo suelen causar a veces inestabilidad cerebral, sino que, como es bien sabido, con frecuencia están acompañadas de gran irregularidad en la conducta moral. La razón de esto es interesante y de importancia.

 

Al bajar alguna fuerza de un plano más elevado a uno inferior, está sujeta a transmutación en el vehículo en el que aparece. Según la naturaleza de éste será la transmutación de la fuerza, siendo parte de la misma transformada por el vehículo en el que actúa, en aquella forma de energía a la que se presta con mayor facilidad.

 

Por consiguiente, si un órgano, por ejemplo, tiene cierta tendencia a la excitación sexual, la bajada de la fuerza del genio aumentará enor­memente la fuerza de sexualidad, por la parte de ésta que se trasmite en vitalidad. Podemos observar aquí, como ejemplo del funcionamiento de este principio, que en la Tercera Raza, la bajada de la vida espiritual a los canales del hombre animal, aumentó tan enormemente sus poderes animales que fue necesario que los Hijos de la Mente vinieran en su ayuda, o la humanidad se hubiera hundido en el más vil de todos los excesos animales, acrecentando la fuerza misma de la vida espiritual, la hondura del sumergimiento en la degradación. La acción que se ha de aprender de esto es claramente la gran importancia de purificar en primer lugar la naturaleza inferior antes de invitar la entrada de las fuerzas superiores. La primera regla es. como enseñó el Buddha: "Dejad de hacer el mal".

 

En las palabras de "La Voz del Silencio": "Sé precavido, no sea que pongas un pie todavía manchado en el peldaño inferior de la escala. ¡Ay de aquel que se atreva a ensuciar con sus pies fangosos un escalón tan solo! El cieno inmundo y pegajoso se secará, se hará tenaz, pegará sus pies en aquel sitio y como el pájaro cogido en la liga del cazador astuto, quedará imposibilitado para un nuevo progreso. Sus vicios adquirirá forma, y le arrastrarán hasta el fondo. Sus pecados levantarán la voz, semejante a la risa y al plañido del chacal después de la puesta del sol; sus pensamientos se convertirán en un ejército, y se lo llevarán tras sí como a un esclavo.

 

"Mata tus deseos, Lanú; reduce tus vicios a la impotencia, antes de dar el primer paso en el solemne viaje.

 

"Ahoga tus pecados, enmudécelos para siempre, antes de levantar fifi pie para subir la escala.

 

"Aquieta tus pensamientos, y fija toda la atención en tu Maestro, a quien todavía no ves, pero a quien tu sientes."

 

Sería casi innecesario advertirle al estudiante que uno de los significados de "tu Maestro" es su propio ego.

 

El hombre en el Sendero ha de cumplir con su trabajo esmerada­mente. En el umbral se pueden corregir errores con mucha facilidad; pero si el discípulo en las primeras etapas de su aprendizaje espiritual no se libera totalmente del deseo de poder, por ejemplo, éste se hará cada vez más fuerte. Si no lo desarraiga donde está basado en los planos físico, astral y mental, sino que le permite echar raíces en el plano espiritual del ego, los encontrará muy difíciles de estirpar. La ambición establecida así en el cuerpo causal se lleva de vida en vida. Por eso el aspirante ha de precaverse de permitir que la ambición espiritual toque el cuerpo causal, y de esta manera construir en él elementos de separatividad que encierran la vida cada vez más.

 

El individuo que es un genio en alguna línea puede a menudo encontrar suma facilidad en aplicar extremada concentración en su línea específica de trabajo; pero, al descansar de esto, su vida ordinaria con toda posibilidad puede estar todavía plena de remolinos en los cuerpos mental y astral. Tales remolinos pueden cristalizarse, y esto lo hacen constantemente, en prejuicios permanentes, y producen verdaderas congestiones de materia que se asemejan a verrugas en el cuerpo mental (véase "El Cuerpo Mental" pág. 38). Esto, naturalmente no es lo que se requiere: el estudiante de ocultismo tiene por objetivo nada menos que la completa destrucción de los remolinos, para enderezar la mente inferior y hacer de ella en todo momento, una servidora tranquila y obediente del ser superior.

 

Durante el sueño del cuerpo físico, aunque el ego deja el cuerpo, sin embargo siempre mantiene un estrecho conexo con éste, de modo que bajo circunstancias ordinarias sería pronto llamado de vuelta por el cuerpo en el caso que fuera objeto de algún ataque; por ejemplo, una tentativa de obsesión.

 

Si bien existen causas muy variadas que producen el sonambulismo véase "El Cuerpo Astral" pág. 113, hay algunos casos en que parece que el ego puede actuar con mayor facilidad sobre el cuerpo físico durante la existencia de los vehículos intermediarios, mental y astral — casos éstos en que el hombre durante el sueño puede escribir poesía o pintar cuadros, cosa que sería mucho más allá de sus capacidades en el estado de vigilia.

 

A menudo el ego inculca sus ideas en la personalidad en sueños, empleando series de símbolos, de los que cada ego tiene su sistema propio, aunque algunas formas en los sueños parecen ser generales. Así se dice que soñar con agua significa penas de alguna clase, aunque no parece haber ninguna verdadera relación entre las dos cosas. Pero, aunque no exista este nexo, el ego —o bien otra entidad que desea comunicar— podría emplear el símbolo, sencillamente porque la personalidad lo comprende y por medio de ello puede advertirla de alguna desgracia que la amenaza.

 

Los sueños proféticos se han de atribuir exclusivamente a la acción del ego, que o bien prevee por si mismo, o se le comunica algún acontecimiento futuro, para el que desea preparar su conciencia inferior. Esto puede ser de un grado de claridad o de exactitud cualquiera, según el poder del ego de asimilarlo en sí mismo, y, habiendo logrado esto, de inculcarlo en su cerebro cuando se encuentra éste en estado de vigilia.

 

A veces el acontecimiento es uno de gran importancia, tal como la muerte o el desastre, de modo que el móvil del ego es obvio cuando trata éste de inculcarlo. En otras ocasiones, sin embargo, el hecho predicho es aparentemente de poca importancia, de manera que es difícil comprender por qué el ego se haya molestado. Pero en tales casos, se ha de tener presente que el hecho recordado puede haber sido un detalle insignificante de alguna visión mucho más grande, el resto de la cual no ha pasado al cerebro físico. Historias de sueños proféticos semejantes son, naturalmente, muy comunes. Se encontrarán varios de éstos en "Sueños" por el Obispo C. W. Leadbeater.

 

Para hacer llegar impresiones desde el ego al cerebro físico, es evidente que éste ha de estar tranquilo. Todo le que viene del cuerpo causal tiene que pasar por los cuerpos mental y astral, y si cualquiera de estos está perturbado, refleja imperfectamente, de la misma manera que el más leve movimiento en la superficie de un lago quebrantará y torcerá las imágenes reflejadas en ella. Es necesario también desarraigar en absoluto todos los prejuicios, porque si no éstos producirán el efecto de vidrios de color, matizando todo lo que se percibe a través de ellos y produciendo así una impresión falsa.

 

Si el hombre ha de oír la "queda, pequeña voz" con acierto y exactitud, tendrá que estar tranquilo- el hombre externo habrá de estar in conmovido ante todas las cosas externas, el clamor de las grandes oleadas de la vida que se precipitan contra él, como asimismo ante el delicado murmullo del oleaje más leve. Tendrá que aprender a estar muy quedo, no entretener deseos ni adversiones. Salvo en raras ocasiones, cuando esta vez es excepcionalmente fuerte, es sólo cuando los deseos y las adversiones personales hayan dejado de existir, cuando la voz del mundo exterior ya no le gobierna más, que el hombre puede oír la voz interna que debiera ser su guía infalible.

 

 

 

Capítulo XXVIII

 

EL EGO Y LA PERSONALIDAD

 

AYUDAS SACRAMENTALES

 

Los sacramentos de la religión cristiana, como también los de la Masonería, tienen conexión tan estrecha en la relación entre el ego y la personalidad, que justifican la dedicación de un capítulo aparte para la consideración de esta fase importante de nuestro tema.

 

Consideraremos en primer lugar los sacramentos del cristianismo, según las prácticas de la Iglesia Liberal Católica.

 

La Iglesia se pone en camino para encontrar al alma, o ego, tan pronto como ésta Centra en su nueva serie de cuerpos, ofreciéndole la bienvenida y la ayuda, logrando esto por medio de la ceremonia del bautismo.

 

Por razón de que no es factible alcanzar al ego mismo, trata con los vehículos de este en el plano físico. Ya hemos visto que lo que más necesita el ego es ordenar sus nuevos cuerpos para poder trabajar a través de ellos. Como viene cargado de los resultados de sus vidas pasadas, tiene dentro de sí la simiente de buenas cualidades y también de malas. A estas semillas del mal se les ha llamado con frecuencia el "pecado original" y han sido conectadas equivocadamente con la supuesta acción de Adán y Eva.

 

Evidentemente es de gran importancia para el niño hacer todo lo posible con el fin de exterminar los gérmenes del mal y estimular los del bien; es con este fin que ha sido ideado expresamente el sacramento del bautismo. El agua usada es magnetizada por tener en vista el efecto de sus vibraciones en los vehículos superiores de manera que todos los gérmenes de cualidades buenas en los cuerpos astral y mental informes del niño, puedan por ese medio recibir un fuerte estímulo, mientras que aíslan y amortiguan los del mal.

 

La ceremonia tiene también otro aspecto, el de consagrar y dedicar los nuevos vehículos a la verdadera expresión del alma interna y cuando se efectúa esto en forma correcta e inteligente, es indudable que su efecto es potente y puede influir toda la vida futura del niño.

 

La ceremonia del bautismo pone en actividad una nueva fuente en favor del ego para dirigir sus vehículos en el sentido debido.

 

En la creencia de que el niño en el bautismo recibe un ángel guardián se basa en la verdad que se construye una nueva forma mental, o elemental artificial, pleno de fuerza divina y también animado por una clase más elevada de espíritu de la naturaleza, conocido con el nombre de silfo. Este permanece con el niño como factor en favor del bien, de manera que en realidad viene a ser un ángel guardián. Incidentalmente, por medio de esta obra el silfo se individualiza, y de silfo pasa a ser un serafín, merced a su asociación con una forma mental empapada de la vida y el pensamiento del Jefe Mismo de la Iglesia.

 

El sacramento del bautismo no puede cambiar la disposición del hombre, pero puede hacer que sus vehículos sean un poco más fáciles para manejar. No convierte de pronto un diablo en ángel, o a un hombre muy perverso en uno muy bueno, pero seguramente le da mejor oportunidad. Esta es su finalidad y el límite de su poder.

 

Además, el objetivo de esta ceremonia consiste más especialmente en abrir los chakras o centros de fuerza, y en acelerar mucho su movimiento. Cuando se haya efectuado esto (para detalles el estudiante puede consultar "La Ciencia de los Sacramentos") y está construida la forma mental del "ángel guardián" se efectúa la entrada de la triple fuerza espiritual en el momento preciso del bautismo, mediante el agua consa­grada.

 

Cuando se invocan los nombres de la Trinidad, fluye indudablemente la fuerza de las Tres Personas de la Deidad Solar Misma, aunque nos llega a nosotros mediante los grados intermediarios del Cristo, quién es el Jefe de la Iglesia y del sacerdote ordenado. El pensamiento que en realidad anima la forma mental del ángel guardián es el del Cristo Mismo.

 

El bautismo es primariamente para los niños de corta edad, y su omisión en la infancia no puede suplirse plenamente por el de la vida posterior. El adulto necesariamente resolvió para sí el problema de los vehículos, v sus corrientes ya están fluyendo más o menos como el bautismo las hubiera hecho fluir; pero se encontrará en general que los "rincones" no han sido saneados, que gran parte del aura parece no estar vivificada, y existe gran cantidad de materia indeterminada, con la que no se está haciendo nada: por consiguiente tiene cierta tendencia a salirse ésta de la circulación general, de asentarse y formar depósito, y así trabar gradualmente la maquinaria y estorbar su funcionamiento eficiente. El Bautismo en la infancia evita en gran parte este resultado desagradable.

 

En el caso de personas mayores, reciben un tipo de silfo muy distinto al de los niños, una entidad más conocedora del mundo, capaz de desarrollarse en inteligencia más aguda. Este tiene cierto cinismo, y paciencia incansable, pero no parece que esperara mucho, mientras que el ángel del niño es optimista — más vago quizás que el otro, pero lleno de amor y de esperanza, como también de proyectos para el futuro.

Con todo, el bautismo de los adultos ejerce influencia sana y benéfica; la unción con el sagrado crisma tiene su utilidad en desembarazar la puerta por la que sale y entra el hombre durante el sueño, y también es buena la construcción del escudo por delante y por detrás, especialmente en el caso de los que son jóvenes y solteros.

 

En el sacramento de la Confirmación, el obispo pronuncia una bendición preliminar, que tiene por objeto ensanchar el nexo entre el ego y sus vehículos, con el fin de preparar el camino para lo que vendrá. Podríamos decir que la finalidad es de ensanchar tanto el alma como los vehículos hasta su capacidad máxima, de manera que puedan recibir un caudal mayor de la emanación Divina.

 

Al formar la señal de la cruz en los lugares apropiados, el obispo vierte poder en el candidato, poder que es definitivamente el de la Tercera Persona de la Trinidad. Este viene en tres oleadas, y actúa en tres niveles sobre los principios del candidato.

 

El poder divino se precipita por el ego del obispo, penetrando en la mente superior del candidato: sube a buddhi y luego se abre camino al atma. En cada caso se efectúa la obra mediante el aspecto de la Tercera Persona de cada uno de estos principios.

 

Algunos candidatos son naturalmente mucho más predispuestos que otros a abrirse. En algunos el efecto producido es enorme y duradero; en otros casos es a menudo leve, porque hasta ahora lo que tiene que animar está tan poco desarrollado que es apenas capaz de reacción alguna.

 

Cuando se haya logrado el despertar en todo lo que sea posible, viene lo que se puede llamar la carga y el sellado de atma, buddhi y manas.

 

El efecto en atma se refleja en el eterice doble, en cuanto lo permita el desarrollo de éste; en buddhi se produce en el cuerpo astral; y en manas superior está reflejado en el cuerpo mental.

 

La finalidad de la Confirmación es pues la de ajustar los vínculos en todo el ascenso, de producir un nexo más estrecho entre el ego y la personalidad, como asimismo entre el ego y la Mónada. El resultado no es meramente temporal; la apertura de los nexos ensancha el canal a través del cual puede pasar una corriente constante. La confirmación arma y capacita al niño para la vida y facilita la actuación del ego sobre sus vehículos y a través de éstos.

 

Pasando a las Órdenes Menores, encontramos que el propósito es que el Clérigo tenga como objetivo el control del cuerpo físico; el Portero ha de purificar y dominar el cuerpo astral; el Lector tiene que aprender a servirse de las fuerzas de la mente; la ordinación del Exorcista está dirigida al cuerpo causal, y su propósito es el de desarrollar la vo­luntad, y de dar al ego dominio más perfecto de los vehículos inferiores. El grado de Monaguillo está destinado a ayudar al hombre a vivificar la intuición, la facultad búdica.

 

 

En esta serie de diagramas se emplean, los símbolos siguientes:

 

Principio latente

Algo despierto

En parte despierto y brillando

Despierto y brillando

Primer grado de nexo con el Cristo

Segundo nexo y más fuerte

Nexo completo con el Cristo

Nexo con el Logos

 

 

En Diagrama XXXI hemos representado la condición del lego culto e inteligente. El hombre real, la Mónada, está representado en su propio plano, el de Anupadaka. Se expresa o se manifiesta en sus aspectos en el plano de atma; a éstos los llamaremos Atma (1), Atma (2), y Amia (3), estando marcado en los diagramas como Al, A2 y A3 respectivamente.

 

De estos tres aspectos, el primero (Al), permanece en el plano de atma: el segundo desciende, o se mueve hacia el exterior, al plano de buddhi, donde lo llamaremos Buddhi (1) marcándolo Bl. El tercero desciende o sale por dos planos, manifestándose en el mundo mental superior como Manas, o M: también a este aspecto, a medida que desciende o se mueve a través del plano de Buddhi, lo llamaremos Buddhi (2) ó B2.

 

Estas tres manifestaciones, Al, Bl o M, tomados en conjunto, constituyen, como ya lo sabemos, el alma o ego, en cuerpo causal, según indicado en el diagrama por medio de la línea de puntos que los encierra.

 

 

 

Diagrama XXXI.  — Principios del Lego Inteligente y Culto

 

 

Vemos así que, además de los principios de Atma, Buddhi y Manas, expresados en el ego como Al, Bl y M, hay también, aún en estado latente y sin desarrollo, otro aspecto de Buddhi (B2) y dos de Atma (Al y A2), formando así tres aspectos que tienen que salir todavía de latencia y desarrollarse en actividad. Ahora bien, en el Cristo Mismo, el Hombre perfecto, también existen estos principios, en exactamente el mismo orden; pero en Su caso, están naturalmente en pleno desarrollo, y más aún, son místicamente uno con la segunda Persona de la Trinidad. Una de las dádivas conferidas por la ordenación es el eslabonamiento de ciertos de estos principios en el ordenado, con los corespondientes principios del Cristo, de modo que se forja un canal definido, por el cual fluirá la fuerza espiritual y la sabiduría hasta el limite más amplio de la receptividad del ordenado.

 

La Ordenación al grado de Sub-Diácono no confiere poder alguno, sino que ayuda a preparar el camino para la Ordenación al grado de Diácono, la más baja de las tres Órdenes Mayores. El obispo trata, por consiguiente, de abrir con suavidad la conexión (el antakarana) entre el ego y los vehículos inferiores del Sub-diácono. (Véase Diagrama XXXIIa)

 

Diagrama XXXII. — Los Principios del Sub-Diácono y del Diácono.

 

En la ordenación del diácono se ensancha el vínculo entre el ego y sus vehículos para convertirlos en canal, y también se liga el manas superior (M) con el correspondiente principio del Cristo. En algunos casos, Buddhi (Bl) puede estar también activo, e inducido a brillar débilmente estableciendo así una tenue línea de conexión entre éste y manas superior. Estos efectos están indicados en el Diagrama XXXIIb.

 

Esta apertura del canal dista tanto de la ordinaria que sólo se puede efectuarla gradualmente, y en la ordenación de un diácono el primer paso hacia este fin se puede considerar como una verdadera operación mayor de cirugía psíquica.

 

La influencia trina, de la que es tan especialmente custodio el obispo, como veremos luego, es llamada a manifestación y vertida, en forma tal que, al actuar sobre los principios correspondientes en el ordenado, éstos se activan muchísimo, a lo menos durante un tiempo, y se vuelven más receptivos, comparado con lo que fueron antes.

 

Al terminar la ceremonia de ordenación, el obispo hace la cruz final, que tiene el propósito expreso de agrandar los costados del muy dilatado eslabón "entre el ego y la personalidad, de endurecer y mantenerlos más firmemente en su nueva forma. Es como si se erigiera interiormente una especie de armazón, un forro para impedir la contracción del canal ampliado.

 

El establecimiento de la liga entre el diácono y el Cristo permite que el manas superior del Cristo influya en el del diácono, y lo estimule a una actividad benéfica. Inútil es decir que esto no significa que lo hará; dicho resultado dependerá del diácono. Pero a lo menos ha abierto camino, y le corresponderá a éste extraer el provecho que pueda.

 

En el caso del sacerdote, la conexión se lleva un paso más adelante y toman lugar varios acontecimientos importantes.

 

La primera imposición de las manos hace brillar con indescriptible fulgor a atma y buddhi en el sacerdote, mediante la vibración correspondiente, en armonía con la luz enceguecedora de los principios correspondientes en el Cristo. El brillo es generalmente leve en atma, pero más marcado en buddhi. El influjo se precipita en el atma, buddhi y manas del ordenado, por medio de los principios correspondientes del obispo mismo.

 

Además, se establece una línea entre atma y buddhi, mientras que se intensifica la ya existente entre buddhi y manas superior. El canal entre manas superior y los vehículos inferiores también se ensancha. (Véase Diagrama XXXIIIc).

 

En la segunda imposición de las manos, el principio hasta ahora latente de buddhi (B2) se pone en actividad, y se liga con el del Cristo, mientras que se fortifica el lazo entre este principio y manas superior.

 

El eslabón entre el atma, buddhi y manas del sacerdote (Al, Bl y M) se abre todavía más, para permitir el paso de mayor fuerza (Véase Diagrama XXXIIId).

 

De esta manera y en sentido muy real, se convierte en avanzada de la conciencia del Cristo, convirtiéndose en "servidor Suyo" — el vocablo inglés "parson" (cura) en realidad tiene el mismo significado que la persona que representa al Cristo en determinada parroquia.

 

En el ordenamiento del sacerdote, el ego de éste se activa en forma definida, para que pueda actuar directamente sobre otros egos en el nivel del cuerpo causal. En realidad esta es la relación que le da el poder de enderezar las distorsiones originadas por la desviación del sendero del bien, que se conoce en terminología eclesiástica como el poder de "perdonar el pecado".

 

El ungir de las manos del sacerdote con el aceite de catecúmenos, es constructivo en sus efectos, una dedicación de éstas para los propósitos del oficio del sacerdote, y las amolda para la transmisión del poder del Cristo. La mano del sacerdote es así un instrumento especializado que puede trasmitir la bendición. El ungimiento lleva las fuerzas abridoras a actuar sobre las manos, y concede a éstas poder, mediante el cual, y por las líneas marcadas en el ungimiento, puede fluir la influencia al exterior.

 

El proceso es análogo a la magnetización del acero; el ungir actúa en tal forma que pueden pasar fuerzas por las manos, y simultáneamente las atempera para poder soportar dichas fuerzas y trasmitir el poder sin peligro alguno.

 

El obispo hace una cruz con la intención de preparar la distribución de la fuerza que se precipita por la línea diagonal entre Atma (1), Buddhi (1) y Manas, y otra cruz prepara la distribución de la fuerza que fluye de Buddhi (2).

 

El desarrollo de un sacerdote ideal es posible para el hombre muy resuelto, que durante años trabaja en fortalecer los lazos entre sus propios vehículos y los de Cristo. Puede intensificar el vínculo formado con Buddhi (2) y Manas, y activar vigorosamente a Atma (1) y Buddhi (1) convirtiéndose en canal de extraordinario poder. (Véase Diagrama XXXIIIe).

 

Diagrama  XXXIII.  —  Los  Principios del Sacerdote.

 

En la consagración de un obispo, cuando se pronuncian las palabras mismas de consagración, se efectúa una conexión entre Buddhi (2) y Atma (3) y los canales entre el primero y Manas, y los correspondientes principios del Cristo son ampliados enormemente. (Véase Diagrama XXXIVf).

 

Así, mediante Atma, Buddhi está vinculada directamente con el Trino Espíritu del Cristo, de manera que la bendición desde ese nivel fluye por él, puesto que estos tres aspectos, naturalmente, son uno solo; de ahí la razón porque el obispo hace la triple señal de la cruz, en vez de hacerla como el sacerdote con una sola.

 

Éste, atrae la bendición a través de sus propios principios, Atma (1), Buddhi (1) y Manas, y la emite con su cuerpo causal. El obispo, por estar más desarrollado puede dejar traspasar el poder inmediatamente y desde luego con mucha mayor intensidad.

 

 

En el caso del obispo, también se abre una línea enteramente nueva, enlazando al Buddhi  (1) del obispo directamente con el Cristo, dándole así la potencialidad de un desarrollo mucho más allá de nuestra imagina­ción. Es esta maravillosa fuerza Crística que le permita transmitir su poder a otros.

 

Diagrama XXXIV. — Los principios del Obispo.

 

 

Más tarde se abre el camino para la influencia del asombroso desenvolvimiento de Buddhi, para verterse «n los vehículos mental y astral, lo que recién ahora se ha hecho posible.

 

En el ungir de la cabeza del obispo con crisma, el poder del triple espíritu de reflejarse en los vehículos inferiores se intensifica, el triple espíritu Atma (1), Atma (2) y Atma (3) arde, y el camino está abierto para el paso al cerebro físico de la corriente de nuevas fuerzas. (Véase Diagrama XXXIVg).

 

Las tres líneas conectando a Atma (3), Buddhi (2) y Manas (véase Diagrama XXXIVg) indican que el obispo puede llegar hasta el cuerpo causal y así proyectar en bendición el poder triple del Triple Espíritu.

 

La acción del crisma tiende a convertir el centro de fuerza en la parte superior de la cabeza —el chakra brahamaranda— que en la mayoría de los hombres es una depresión en forma de un platillo en cono que gira rápidamente y se proyecta desde la cabeza hacia arriba.

 

El ungir de las manos del obispo con crisma pone en orden el mecanismo para la distribución de las tres clases de fuerza, desde los Tres Aspectos de la Trinidad.

 

La línea directa de comunicación entre buddhi y el cuerpo astral se abre completamente, de modo que, en el caso de que llegara a desarrollarse buddhi o intuición, le sea posible fluir inmediatamente en lo que es destinado a ser su medio de expresión en la vida física.

 

El desarrollo de un obispo ideal es posible para el que aprovecha toda oportunidad. Cada uno de sus principios se convierte en canal responsivo al poder del Cristo, y llega a ser un verdadero sol de energía espiritual y una bendición. Esta etapa está indicada en el Diagrama XXXIVh).

 

El Hombre Perfecto no sólo está ligado al Cristo, y también a su propio Yo Superior, la Mónada, sino que se convierte cada vez más en epifanía del Logos, o Deidad, que produjo el sistema solar. Se vuelve el Maestro, para Quien la encarnación ya no es necesaria. Diagrama XXXV indica esta etapa.

Otra provisión de la religión cristiana es el poder de la Absolución, investido en los sacerdotes. Como esto afecta las relaciones entre los varios cuerpos del hombre, será de utilidad considerarlo brevemente aquí.

 

Los cuerpos del hombre, naturalmente, no están separados en el espacio, sino que se interpenetran. Observados desde abajo, sin embargo, dan la impresión de estar unidos por innumerables hilitos o líneas de fuego. Toda acción que obra en contra de la evolución, pone cierta tensión desigual en éstos — los tuerce y enreda. Cuando el hombre yerra mucho, la confusión es tal que impide seriamente la comunicación entre los cuerpos superiores y los inferiores; ya no es más su verdadero ser, y sólo puede manifestarse con plenitud el lado inferior de su carácter.

 

Si bien las fuerzas naturales enderezarán la distorsión a su debido tiempo, sin embargo la Iglesia proporciona la ejecución más rápida de este trabajo, puesto que el poder de desenmarañar este enredo de sustancia más elevada, es uno de los poderes conferidos específicamente al sacerdote en la ordenación. La colaboración del individuo mismo, por supuesto, es también necesaria; porque, "si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda iniquidad."

 

El afecto de la "absolución" está estrictamente limitado a la corrección de la distorsión descrita anteriormente. Reabre ciertos canales, cerrados en gran parte por los pensamientos o acciones malas; pero de ninguna manera contrarresta esto las consecuencias físicas de dicha acción, ni evita tampoco la necesidad de restitución cuando se ha cometido alguna falta. La acción del sacerdote desenmaraña el enredo etérico, astral y mental producido por la acción equivocada, o más bien por la actitud mental que hizo posible esa acción; pero en manera alguna libera al hombre de la penalidad kármica de su acto. "No os engañéis Dios no se deja burlar; porque todo cuanto el hombre sembrare, eso también segará".

 

Se puede mencionar otro dato informativo en cuanto a la obra del sacerdote en la Santa Eucaristía. Al hacer las tres cruces, en "bendiga, aprueba y ratifique", sobre las ofrendas, el sacerdote introduce su "tubo" a través de la materia etérica, astral y mental inferior respectivamente, y las dos cruces hechas por separado sobre la oblea y el cáliz, prolongan este mismo tubo, ahora en dos ramales, por el mental superior hasta el plano más elevado. Al hacer esto ha de emplear las fuerzas de su propio cuerpo causal, impulsando el pensamiento hacia arriba hasta alcanzar el nivel más elevado posible.

 

Volviendo ahora a la Masonería, encontramos que los tres Oficiales principales representan a Atma, Buddhi y Manas en el hombre, y los tres oficiales subalternos la mente inferior, la naturaleza emocional o cuerpo astral y el doble etéreo; el G. T. E. o R. representa el cuerpo físico. Como en esta obra nos ocupamos principalmente del cuerpo causal, observaremos especialmente que la mente superior está representada por el S. V. Entre los devas, los espíritus de la naturaleza y los elementales asociados con el S. V. predomina un matiz dorado.

 

Cuando el V. M. crea, recibe y constituye el candidato en a... los tres toques de m... e sobre la e... f. . . comunican distintos aspectos de poder, correspondientes a los tres aspectos de la Trinidad. El primer toque confiere fortaleza al cerebro, el segundo, amor al corazón; y el tercero habilidad práctica al brazo derecho.

 

Diagrama   XXXV.   — El Hombre Perfecto.

 

 

El efecto general de esta efusión de poder es de ampliar algún tanto el  canal de comunicación entre el ego y la personalidad del candidato. El grado de a... corresponde al de subdiácono del sistema cristiano. En un punto análogo en la ceremonia del Segundo Grado, hay mayor amplitud en el enlace del ego con la personalidad, de modo que para la efusión de energía se abre un definido canal que el candidato podrá utilizar eficazmente si procede a actuar en él y por su medio.

 

En este grado hay cierto paralelismo entre el grado de C. . . y la ordenación eclesiástica del diaconado. Al propio tiempo se establece un lazo entre el candidato y el J. D. T. L. V. M. en todas las Logias donde como tal se le reconoce.

 

Como en el caso de la amplitud de la conciencia, el lazo que se forma es para que el candidato haga lo que guste hacer de él. Puede serle muy beneficioso y modificar toda su conducta, capacitándolo para adelantar rápidamente en el sendero de la iniciación; o por el contrario puede menospreciarlo y no servirle de provecho.

 

La comprobación de un M. M. por la escuadra y el compás significa que a un M. M. se le comprueba y reconoce por la circunstancia de que tanto el ser superior como el inferior actúan ordenadamente y funcionan en completa armonía.

 

El M. M. es simbólicamente el Iniciado de cuarto grado, el Arhat. En esta etapa de realización terminó ya la lucha contra el cuaternario inferior que ha quedado reducido a obediente instrumento en manos de la tríada superior, cuyos tres instrumentos están ya en actividad.

 

En el c.. . esperan encontrar los genuinos s. . .s de un M. M.; en otras palabras, descubrirá el supremo secreto de la vida cuando encuentre en sí mismo a la Mónada, que está más allá de la tríada superior, y entonces se convencerá por propia experiencia de que es y siempre ha sido esencialmente uno con Dios.

 

En anteriores grados, la conciencia del candidato hubo de ascender de la e. . . al c.. . esto es, del cuadrilátero al triángulo, del ser inferior al superior; pero ahora ha de ascender desde el triángulo hasta el punto — del ser superior a la Mónada.

 

La Mónada comienza ya a fluir con su voluntad en el ser superior, como antes éste influyó con su voluntad en el cuaternario inferior. El n. .. representa la acción de la Mónada, según gira alrededor de un eje central y emite una línea desde su propio cuerpo al tejer la tela de la vida como desde su propio cuerpo teje la araña su tela.

 

El 1... señala aquel escogido sendero o rayo de la Mónada, esto es la línea de vida y acción que el arhat debe descubrir y en la que debe especializarse para progresar rápidamente. Y el c. .. representa el triángulo, las facultades del trino espíritu que debe emplear en su obra.

 

Las corrientes de fuerzas etéreas, que circulan por la columna vertebral de todo ser humano y alrededor de él, en la Masonería son activadas a fin de apresurar la evolución del candidato. Este estímulo se aplica en el momento en que el V. M. crea, recibe y constituye. En el primer grado afecta al Ida o aspecto femenino de la energía, con lo que facilita al candidato el dominio de las pasiones y emociones. En el segundo grado afecta el Pingala o aspecto masculino y lo robustece a fin de facilitar el dominio de la mente. En el Tercer Grado se despierta la energía central, el Sushumna, y abre camino a la influencia superior del espíritu.

 

Al pasar por este canal del Sushumna deja el yogi a voluntad su cuerpo físico de modo que puede conservar su plena conciencia en los planos superiores y recordar sus experiencias al restituirse al plano físico.

 

Ida es de color, carmesí, pingala es amarillo, y sushumna un azul profundo.

 

El estímulo de estos nervios y las fuerzas que por ellos fluyen son tan solo una pequeña parte del beneficio otorgado por el V. M. cuando esgrime la espada en el momento de la admisión. Ya traté de la ampliación de relaciones entre la individualidad y la personalidad, y de la formación de un lazo entre ciertos principios del candidato y los correspondientes vehículos del J. D. T. L. V. M. Los cambios efectuados son análogos a los decretos en la pág. 168 et seq., aunque de no tan señalado carácter.

 

Aunque estos efectos son absolutamente reales, infalibles y universales, sus resultados en la vida espiritual del candidato dependen enteramente de él mismo.

 

El A.. . como personalidad ha de disponer su cuerpo físico para más alto empleo; pero al propio tiempo, como ego, debe fomentar la activa inteligencia en su cuerpo causal, exactamente lo mismo que hace el discípulo de un Maestro, cuando se predispone para la Iniciación.

 

Análogamente, el C. .. predispone en el cuaternario inferior su naturaleza emocional, mientras que en la tríada superior fomenta el intuicional amor en su cuerpo búdico.

 

El M. M. ordena su mente inferior, mientras como ego fortalece su voluntad espiritual, o atma.

 


Capítulo XXIX

 

EL RECUERDO DE LAS VIDAS PASADAS

 

Una ojeada al Diagrama XXV debiera ser suficiente para indicar al lector la razón mecánica por qué el cerebro físico del hombre no puede recordar normalmente las vidas pasadas de éste; puesto que es evidente que el cuerpo físico no puede tener ni recuerdo, ni rastro de encarnación en la que no participó. Precisamente es aplicable la misma consideración a sus cuerpos astral y mental, dado que estos son nuevos para cada encarnación.

 

Así vemos que el cuerpo causal, siendo el único que persiste de una encarnación a otra, el nivel más bajo en el que se puede esperar conseguir datos verdaderamente dignos de confianza referente a las vidas anteriores, es el del cuerpo causal, porque nada inferior a éste puede darnos evidencia de primera mano.

 

En vidas pasadas, el ego —o más bien una parte pequeña del mismo— estuvo presente en su cuerpo causal, de manera que es un testigo verdadero. Todos los vehículos inferiores, no siendo testigos, sólo pueden repetir lo que reciben del ego. Por consiguiente, si tenemos presente lo imperfecto que es la comunicación entre el ego y la personalidad en el hombre corriente, vemos enseguida la poca confianza que se puede tener en testimonio de segunda, tercera o cuarta mano.

 

Si bien es cierto que de los cuerpos astrales y mentales se puede a veces obtener representaciones aisladas de acontecimientos de la vida pasada del hombre, no es posible conseguir un relato secuencial y coherente de ella; y esas mismas representaciones son únicamente reflejos del cuerpo causal, probablemente muy apagados y esfumados, que de vez en cuando encuentran camino para llegar a la conciencia inferior.

 

Por tanto es muy evidente que, para leer las vidas anteriores con exactitud, en primer lugar es necesario desarrollar las facultades del cuerpo causal. Esto, empero, se podría hacer en niveles inferiores, por medio de la psicometrización de los átomos permanentes, pero como esto sería una hazaña mucho más difícil que el desarrollo de los sentidos del cuerpo causal, sería difícil intentarlo con probabilidades de éxito. Incluso el método que acabamos de mencionar, existen cuatro otros para leer las vidas pasadas, a saber:

 

(1)        Psicometrización de los átomos permanentes.

 

(2)        Tomar del ego mismo el recuerdo de lo que aconteció.

 

(3)        Psicometrizar al ego, o mejor dicho su cuerpo causal y ver uno mismo las experiencias por las que ha pasado. Este método es más seguro que (2), porque el ego, habiendo visto estas cosas a través de una personalidad anterior, puede tener impresiones de éstas aun imperfectas o basadas en prejuicios.

 

(4)        Utilizar las facultades búdicas, aunándose íntegramente con el ego que está bajo investigación, y leer las experiencias del mismo como si fuesen nuestras propias, es decir, interiormente y no desde afuera. Este método por supuesto requiere un desenvolvimiento mucho más grande.

 

Los métodos (3) y (4) han sido empleados por los que prepararon la serie de encarnaciones publicadas durante los últimos pocos años en "El Teósofo", habiendo aparecido algunos de éstos en forma de libros. Los investigadores tuvieron además la ventaja de la inteligente cooperación del ego cuyas encarnaciones se describían.

 

La presencia física del ente de quien se leen las vidas es una ven­taja, sin ser esto imprescindible. Es útil en el caso de que este pueda mantener sus vehículos perfectamente serenos, pero si se excita echa a perder todo.

 

El medio ambiente no es de esencial importancia, pero la tranquilidad es esencial por cuanto si las impresiones se han de recibir con claridad, es necesario que esté tranquilo el cerebro físico.

 

También es necesario extirpar en absoluto todo prejuicio, sino esta producirá el efecto de los vidrios de color que matizan todo lo que ve a través de ellos, dando así una impresión falsa.

 

Podemos decir que existen dos posibles fuentes de error: (1) interés personal (2) puntos de vista limitados.

 

Dado el hecho que existen diferencias fundamentales de temperamento, es inevitable que colorean las vistas tomadas de otros planos. Todos los que se encuentran más abajo del nivel de Adepto es seguro que hasta cierto punto estarán influenciados en esta forma. El hombre mundano da demasiada importancia a los detalles y omite las cosas de valor, por tener el hábito de hacer esto en su vida diaria. De otra parte, el hombre que se inicia en el Sendero puede, en su entusiasmo y durante un tiempo, perder contacto con la vida humana corriente de la que acaba de salir. Pero aun en este caso tiene la ventaja, porque los que ven el interior de las cosas, están más cercanos a la verdad que los que solo perciben el exterior.

 

Para reducir esta fuente de error al grado mínimo, es costumbre que trabajen juntas personas de tipo radicalmente diferentes.

 

El segundo peligro mencionado es el de un punto de vista limitado, de tomar una parte por la totalidad. Así, es posible ver una parte pequeña de una comunidad dada, y aplicarla a la comunidad entera, es decir, caer en el error común de generalizar sobre una base de información insuficiente.

 

Existe, sin embargo, el aura general de una época o de un país, que por lo general impide equivocaciones muy grandes de esta naturaleza. Un psíquico, que no ha sido entrenado a sentir esta aura .general, es a menudo inconsciente de ella, y puede así caer en muchos errores. La observación continuada durante un tiempo prolongado demuestra que todos los psíquicos que no están entrenados son a veces dignos de confianza y otras veces todo lo contrario y aquellos que los consultan corren el riesgo consiguiente de ser engañados.

 

Cuando se contemplan las vidas pasadas, es más seguro si se retiene la plena conciencia física para poder anotar todo mientras se va observando, que de abandonar el cuerpo físico durante las observaciones y confiar en la memoria para su reproducción. Este último plan, sin embargo, se ha adoptado cuando el estudiante, si bien es capaz de ver el cuerpo causal, solo lo puede hacer cuando está dormido el cuerpo físico.

 

La identificación de egos ofrece a veces cierta dificultad, porque los egos como es natural, cambian considerablemente en el transcurso de algunos millares de años. Algunos investigadores sienten cierta intuición en cuanto a la identidad de un ego determinado, y, aunque tal intuición a menudo puede estar acertada también con toda seguridad en otras estará equivocada. El método más seguro de identificación, aunque más trabajoso, es el de pasar rápidamente los archivos en revista, y seguir al ego concernido a través de ellos, hasta encontrarlo en la época actual.

 

En ciertos casos, los egos de individuos corrientes son reconocibles inmediatamente, aún después de miles de años: eso no habla muy bien en favor de dichos individuos, puesto que significa que han progresado poco.

 

El tratar de reconocer veinte mil años más atrás, a uno a quien se conoce en la actualidad, es análogo a encontrar como adulto a una persona conocida hace mucho tiempo en el estado de niño. De cuando en cuando el reconocimiento es posible, otras veces el cambio es demasiado grande.

 

Aquellos que más tarde han alcanzado el estado de Maestros de la Sabiduría, con frecuencia son reconocibles inmediatamente, aun después de miles de años, pero eso se debe a otra razón. Al estar los vehículos ya plenamente armonizados con el ego, toman la forma de la semblanza fiel del Augoides, y así varían poco de vida en vida. De la misma manera, al cambiar el ego mismo en reflejo fiel de la Mónada tampoco cambia mucho, aunque sigue creciendo gradualmente: por esta razón es fácil reconocerlo.

 

Como ya se ha descrito la naturaleza de los Archivos Akásicos en "El Cuerpo Mental", sólo se mencionará aquí ciertos puntos de aplicación inmediata.

 

Al examinar una vida pasada, el método más fácil es de dejar pasar el registro en su ritmo natural; pero como esto significaría el trabajo de un día dedicado a revisar los acontecimientos de cada día, es evidente que esto no es práctico, salvo cuando se trata de períodos cortos. No obstante, es posible examinar rápidamente un período de miles de años o se puede retener un cuadro determinado todo el tiempo deseado.

 

Lo que se describe como el desarrollo del registro no es en realidad ningún movimiento de éste, sino que ocurre en la conciencia del observador. Pero la impresión que da es exactamente como si el registro mismo se desenvolviera. Se puede decir que los registros están colocados unos sobre otros en capas, los más recientes arriba y los más antiguos abajo de éstos. Sin embargo aun este símil es engañoso, puesto que da la idea de grosor mientras que los registros no ocupan un espacio mayor que el que toma un reflejo en la superficie del espejo. En realidad la conciencia no se mueve en absoluto en el espacio, sino mejor dicho, se pone, en guisa de manto, una u otra de las láminas del registro, y, al hacer esto se encuentra en medio de la acción de la historia.

 

El método de conseguir las fechas ha sido ya descrito en "El Cuerpo Mental".

 

Por regla general es algo más fácil leer las vidas para adelante que en sentido inverso, porque en el primer caso trabajamos con la corriente natural del tiempo, en lugar de ir en contra de ella.

 

Los idiomas empleados son casi siempre ininteligibles para el investigador, pero eso tiene poca importancia puesto que los pensamientos atrás de las palabras son accesibles. En varias ocasiones, los investigadores han copiado inscripciones públicas que no podían comprender, y después las han hecho traducir en el plano físico por alguno familiar con este idioma antiguo.

 

No se ha de considerar a los registros como inherentes originalmente en materia de alguna especie, si bien están reflejados en ellas. Para leerlos, no es necesario ponerse en contacto directo con ningún agrupamiento específico de materia, dado que una vez establecida la conexión se puede leerlos desde cualquier distancia.

 

No obstante, es cierto que cada átomo contiene el registro, o quizá tiene el poder de poner al clarividente en relación con éste y con todo cuanto haya acontecido dentro del radio de su percepción. En realidad, es a causa de este fenómeno que la psicometría es posible. Pero ligado a esto existe una curiosa limitación, consistente en que el psicómetro normal ve mediante dicho fenómeno, solo lo que hubiera visto si hubiese ocupado el lugar en que estaba colocado el objeto psicometrizado.

 

Por ejemplo, si un hombre psicometriza un guijarro que durante las edades ha descansado en un valle, verá únicamente lo que ha transcurrido durante este período en dicho valle. Su perspectiva estará limitada por las colinas circundantes como si hubiese estado situado todo ese tiempo en el lugar donde estaba el guijarro, y fuera testigo de todas estas cosas.

 

Existe, empero, una extensión del poder psicométrico, por medio del cual un individuo puede ver los pensamientos y sentimientos de los protagonistas en su drama, como también sus cuerpos físicos. Hay asimismo otra extensión mediante la cual, habiéndose establecido primeramente en este valle, puede hacer de él la base de otras operaciones, y de esta manera pasar por sobre las colinas que Me circundan y ver lo que está más allá de ellas, como asimismo lo que ha sucedido allí desde que fue retirado guijarro, y hasta cierto punto aun lo que aconteció antes de que llegara allí. Pero la persona capaz de hacer todo esto pronto podrá dispensar totalmente de la piedra.

 

Al usar los sentidos del cuerpo causal, es aparente que todos los objetos emiten imágenes del pasado.

 

Ya hemos observado que la vida se vuelve continuada a medida que se van perfeccionando las facultades internas. No sólo se puede alcanzar la conciencia del ego, sino que es posible retroceder, aun hasta el alma grupal animal, y mirar a través de los ojos animales al mundo que existía entonces. Se dice que la diferencia de perspectiva es tan diferente que imposibilita toda descripción.

 

Sin semejante continuidad de conciencia, no existe memoria detallada del pasado, ni aún de los acontecimientos más sobresalientes. Sin embargo, existe este hecho, que estamos casi siempre seguros de reconocer y aceptar instantáneamente, tan pronto como se nos aparece en el presente, todo lo que hemos conocido en el pasado.

 

De ahí que, si bien uno puede apreciar intelectualmente la verdad de la encarnación, la prueba práctica se puede conseguir solo en el cuerpo causal, en el que el ego conoce su pasado.

 

Cuando el hombre, utilizando la conciencia de su cuerpo causal, tiene presente siempre la memoria de todas sus vidas pasadas, es, por supuesto, rapaz de dirigir conscientemente las varias manifestaciones infe­riores de si mismo en cada punto de su progreso.

 

Durante las etapas en que el hombre es todavía incapaz de hacer esto, el ego puede grabar su propósito en los átomos permanentes, de manera que el propósito será transferido de vida en vida. El conocimiento de esto no será inherente en el hombre, como parte de su dotación, por así decir, sino que cuando se le presenta en su próxima encarnación, reconocerá inmediatamente la verdad que encierra, la aceptará, y actuará de acuerdo con ella.

 

En el caso de un renacimiento muy rápido, aumenta considerablemente la posibilidad de recobrar la memoria de la encarnación pasada. El Diagrama XXV debiera facilitar la comprensión del mecanismo de esta posibilidad. Ha habido gran cantidad de átomos y moléculas en los anteriores cuerpos mental y astral que han conservado cierta afinidad con la unidad mental y el átomo permanente astral, y como consecuencia es posible utilizar gran parte del material viejo en la construcción de los nuevos cuerpos mental y astral. Con la ayuda de éstos, es evidente que la memoria de la última encarnación ha de conseguirse con mayor facilidad que en los casos en que ha habido un largo intervalo entre las vidas y todos los materiales viejos han sido dispersados y esparcidos en los varios planos.

 

Todavía no comprendemos las leyes que gobiernan el poder de imprimir el conocimiento detallado de una vida en el cerebro físico de la siguiente. La evidencia asequible en la actualidad, parecería demostrar que por lo general los detalles se olvidan pero los principios amplios aparecen a la mente nueva como auto-evidentes.

 

Es una experiencia común, al oír una verdad por vez primera, de sentir que uno la ha conocido antes, aunque nunca haya podido formularla en palabras.

 

En otros casos existe apenas ese grado de recuerdo: no obstante, al presentarse la nueva verdad, es instantáneamente reconocida como tal.

 

Si aceptamos la verdad de la tradición, aun el Buddha Mismo que encarnó con la intención determinada de ayudar al mundo, no conoció con nitidez nada de su misión después de haber ocupado Su nuevo cuerpo, si bien que recobró conocimiento cabal de ésta, pero solo después de buscarlo durante años. Sin duda habría podido hacerlo desde un principio, si así lo hubiese deseado, pero no lo quiso, sometiéndose más bien a lo que parece ser la suerte común.

 

Por otra parte, puede ser que el Buddha no haya tomado el cuerpo del Príncipe Siddartha desde el momento de nacer, sino cuando se desvaneció éste, después de las largas austeridades do los seis años en que buscaba la verdad. Si es así, no existiría recuerdo alguno, puesto que la entidad en el cuerpo no era el Buddha, sino otra.

 

En todo caso, podemos estar seguros de que el ego; que es el verdadero hombre, siempre sabe lo que ha aprendido una vez: pero no siempre es capaz de fijarlo en su nuevo cerebro sin la ayuda de alguna sugerencia del exterior.

 

Parece ser regla invariable que el que ha aceptado la verdad oculta en una vida siempre la encuentra en la siguiente, y así revivifica el recuerdo aletargado. Quizá podemos decir que la oportunidad de recuperar la verdad en esta forma, es el karma directo de haberlo aceptado y de haber tratado de vivir de acuerdo con éste en la encarnación anterior.

 

 

 

Capítulo   XXX

 

EL EGO EN SU PROPIO PLANO

 

Ahora pasaremos a considerar al ego como entidad consciente en su propio plano, es decir, en el mundo mental superior o causal, enteramente aparte de las expresiones parciales del mismo en los planos inferiores. Desde el momento en que el alma se separa del alma grupal y comienza la existencia aparte como ser humano, es entidad consciente: pero esta conciencia es de naturaleza excesivamente vaga. Las fuerzas del mundo mental superior pasan a través de ella casi sin afectarla, porque todavía no puede responder sino a muy pocas de estas vibraciones tan extremadamente sutiles. La única sensación a la que se puede comparar esta condición, es la que sobreviene a ciertas personas de vez en cuando al despertarse por la mañana. Existe cierto estado intermediario entre el dormir y el despertar en el cual el hombre está felizmente inconsciente de que existe, y no se da cuenta todavía de los objetos que le rodean, ni es capaz de hacer movimiento alguno. En realidad, sabe a veces que cualquier movimiento rompería el encanto de dicha felicidad obligándole a bajar al mundo corriente de vigilia, y por esta razón trata de prolongarla quedándose tranquilo el mayor tiempo posible.

 

Esta condición en la que se tiene conciencia de existir y de intenso gozo, se asemeja mucho a la del ego de la persona corriente, que está en el plano mental superior. Como hemos visto con anterioridad, el hombre está completamente centrado allí solo durante el corto tiempo que media entre el final de una vida en devachan y el comienzo de su siguiente descenso a la encarnación. Durante este corto período, obtiene un fugaz vislumbre del pasado y del futuro, un vistazo de retrospección y de previsión; durante muchos siglos éstos son sus únicos momentos de despertar pleno, y después de este despertar momentáneo, le sobreviene de nuevo el sueño. Como hemos visto, es el deseo de una manifestación más completa, de encontrarse con vida más amplia lo que le lleva a esforzarse a encarnar.

 

Una estancia en el “Libro de Dzyan” afirma que "Aquellos que recibieron sólo una chispa quedaron desprovistos de conocimiento: la chispa ardía poco".

 

H. P. Blavatsky explica luego que "los que no recibieron sino una chispa constituyen la masa humana que tiene que adquirir su intelectualidad durante la presente evolución manvantárica."  (Doctrina Secreta V pág. 200)

 

En el caso de la mayoría de los hombres, la chispa está ardiendo aún sin llama, y pasarán muchos siglos antes de que su lento acrecen­tamiento los lleve al estado de llama brillante.

 

El cuerpo causal del hombre corriente hasta entonces tiene apenas conciencia de todo fuera de sí mismo y en su propio plano. La inmensa mayoría de los egos se encuentran en un sueño semiconsciente, aunque en la actualidad unos cuantos están ahora en la condición de meras películas incoloras. La mayoría de las gentes no están todavía lo suficientemente definidas, ni siquiera en la poca conciencia que tienen, como para comprender el propósito o las leyes de la evolución en la que están empeñadas.

 

Si bien el ego común se encuentra aún en condición de somnolencia, sin embargo, durante la vida física y hasta cierto punto es capaz de velar sobre la personalidad, como también de hacer algún pequeño esfuerzo.

 

Al ego de promedio en el cuerpo causal se le puede comparar al pollito dentro del huevo, inconsciente por completo de la fuente de calor que, no obstante, estimula su crecimiento.

 

Cuando llega el ego al punto en que rompe y sale del huevo, capacitándose para alguna clase de reacción, todo el proceso toma otro cariz y se acelera enormemente.

 

El proceso del despertar es ayudado considerablemente por los Maestros de la Sabiduría. Quienes derraman su fuerza espiritual como el sol irradia su luz, inundando todo el plano y afectando hasta cierto punto todo lo que encuentra dentro de su radio. Como mencionado ya en el Capítulo XII hasta las almas grupales de los animales en el plano mental inferior son muy afectadas y ayudadas por esta influencia.

 

Es en el plano mental donde se efectúa gran parte de la importante obra de los Maestros: esto es más especialmente el caso en el plano de las causas, en el que la individualidad o ego puede recibir una acción directa. Es desde este plano que Ellos dispensan las más bellas influencias espirituales al mundo del pensamiento: desde allí impulsan grandes y beneficiosos movimientos de todas clases. Allí también se distribuye gran parte de la fuerza espiritual derramada por el glorioso auto-sacrificio de los Nirmanakayas. Es en dicho plano donde se da enseñanza directa a los alumnos, discípulos de los Maestros que están lo suficientemente avanzados como para recibirla en esta forma, puesto que allí se puede impartirla con mucho más facilidad y en forma más completa que en los planos inferiores.

 

En el hombre desarrollado el ego está totalmente despierto. Con el tiempo descubre que hay muchas cosas que puede hacer, y cuando ocurre esto, puede elevarse a una condición en la que tiene vida definida en su propio plano, si bien en muchos casos esta condición continúa siendo solamente soñadora.

 

El ego de la persona corriente, como ya hemos visto, tiene conciencia análoga a los vegetales, y parece apenas un poco consciente de otros egos. Pero a medida que se desarrolla, no solo ayuda a otros sino que lleva vida propia entre sus iguales, en compañía de los grandes Arupadevas, y de toda suerte de espléndido Ángeles o Devas. El ego joven está probablemente poco despierto aún a toda esta vida gloriosa, de igual modo que una criatura en brazos conoce poco de los intereses del mundo que le rodea; pero, a medida que la conciencia se desenvuelve penetra paulatinamente en todo este esplendor, y se encanta con su vivacidad y belleza.

 

El ego de desarrollo tal goza de la compañía de todos los intelectos más destacados que el mundo haya producido jamás, incluso, como se ha dicho, el reino dévico de los ángeles, y también el humano. La vida del ego en su propio plano es gloriosa, más allá de todo concepto posible n la personalidad. Si uno pudiera imaginar una existencia en compañía de los grandes hombres del mundo —artistas, poetas, científicos, y hasta de los Maestros Mismos— solo entonces empezaría a tener una leve idea de la vida del ego.

 

No sabría la personalidad, por supuesto, lo que hace el ego, sólo en el caso de que los dos se hubiesen unificado. Así, el ego puede conocer al Maestro, mientras que la personalidad no le conoce. El ego ha de haber estado durante largo tiempo cabalmente consciente y activo en su propio plano antes de que pueda penetrar en su vida física algún conocimiento de esa existencia.

 

No se debe confundir la conciencia que resulta de la unificación del ser superior con el inferior, mencionado en el capítulo XXVI. Cuando se logra ésta, la conciencia del hombre reside continuamente en el ego, y desde allí actúa a través de cualquier vehículo que pueda estar utilizando. Pero, en el caso del hombre que aun no ha logrado esa unión, la conciencia del ego en su propio plano entra en actividad únicamente cuando ya no esta obstaculizado por ningún vehículo inferior y existe sólo hasta el momento de encarnar; porque tan pronto toma cuerpo inferior, la conciencia ya no puede manifestarse sino temporáneamente a través de dicho cuerpo.

 

El plano causal es el hogar relativamente duradero y real del ego, porque él está aquí libre de las limitaciones de la personalidad, y es simplemente él mismo, la entidad reencarnante. Si bien la conciencia de éste podrá ser apagada, soñadora, poco observadora y apenas despierta sin embargo, su visión es exacta, por limitada que sea. No solo se encuentra libre de las ilusiones de la personalidad y del medio refractor del yo inferior, sino que el pensamiento mismo no asume ya las mismas formas limitadas que toma en niveles inferiores al causal.

 

En algunos de los escritos de la literatura más antigua hay aseveraciones que parecen dar a entender que el ego superior no requiere evolución alguna, siendo ya perfecto y como un Dios en su propio plano. Dondequiera se emplean tales expresiones, y sea cual fuere la terminología utilizada, se ha de tomar a éstas como refiriéndose únicamente al atma, el verdadero "Dios" en el hombre, que por cierto está mucho más allá de la necesidad de ninguna clase de evolución que podamos comprender.

 

Asimismo, H. P. Blavatsky afirma que Manas, o sea el Ego Superior, como "parte de la Mente Universal, es incondicionalmente omnisciente en su propio plano"': significa naturalmente que esto es así sólo cuando ha desarrollado plenamente la auto-conciencia por medio de sus experiencias evolutivas, y "es el vehículo de todo conocimiento del pasado, del presente y del futuro".

El ego reencarnante evoluciona, sin duda alguna, como es perfectamente evidente a los que poseen visión causal. Al principio no tiene sino poco poder activo en cualquier plano, y es su intención llegar a ser completamente activo en todos ellos, hasta en el físico.

 

El ego que está despierto y que tiene vida real en su propio plano es cosa gloriosa, dándonos por vez primera alguna idea de aquello a lo que se destina el hombre. Tales egos desarrollados están todavía separados, pero intelectualmente se dan cuenta cabal de su unidad interna, puesto que se ven mutuamente y no pueden ya equivocarse más o dejar de comprender.

 

No es fácil explicar en palabras físicas las diferencias existentes entre los egos, puesto que en muchos sentidos cada uno de ellos es mucho más grande que todo cuanto estamos acostumbrados en nuestro plano. Se puede impartir algún leve reflejo de la impresión producida cuando se conversa con ellos, al decir que un ego avanzado nos hace recordar un embajador de los más corteses, pleno de sabiduría y de bondad, mientras que el hombre menos desarrollado se asemeja más al propietario campesino, rústico y vigoroso. El ego que se encuentra ya en el Sendero y está aproximándose al Adeptado, tiene mucha semejanza con los Grandes Ángeles, e irradia influencias espirituales de extraordinaria potencia. Por lo tanto no es de asombrarse que el ego se precipite con energía en el torbellino de intensa actividad en su propio plano, y que le parezca éste de muchísimo mayor importancia e interés que los afanes alejados y débiles de una personalidad limitada y a medio formar, velada en la densa oscuridad del mundo inferior.

 

Cierta persona que vio un ego lo describe como joven radiante, o Apolón griego, esculpido en reluciente mármol, y sin embargo, inmaterial, con inspiración como su nota clave. Otro ego se asemejaba algo a la escultura de Demetrio en el Museo Británico. Era una figura con dignidad, serena y tranquila, meditando, como si fuera, en el mundo que ayudó a fomentar y proteger.

 

Así, cada ego tiene su apariencia propia, radiante de belleza, expresando su misión o genio particular.

 

Entre tales seres los pensamientos no toman ya forma ni flotan, como sucede en los niveles inferiores, sino que pasan como relámpagos de uno a otro. Ahora nos encontramos cara a cara con el cuerpo duradero del ego, cuerpo este más antiguo que las colinas, y expresión verdadera de la Divina Gloria que siempre está por detrás de él brillando cada vez más, a medida que se van desarrollando sus poderes. Ya no se trata más de formas exteriores, sino de percibir las cosas en sí, la realidad que se encuentra por detrás de la expresión perfecta. Aquí la causa y el efecto son uno, claramente visible en su unidad, como los dos lados de una moneda. Aquí hemos dejado lo concreto por lo abstracto; ya no tenemos más la multiplicidad de las formas, sino la idea que encarna en todas éstas.

 

El ego en su propio plano puede percibir en el instante mismo, por supuesto sin el uso de nervios; de ahí surge cierta clase de sueño, en el que el hombre se despierta por razón de un sonido físico o un toque. En el pequeñísimo intervalo de tiempo entre el impacto y el despertar del hombre, a menudo el ego compone una especie de drama, o escenas que conducen al acontecimiento que despierta el cuerpo físico y tienen su culminación en éste. Sin embargo,  este hábito parece ser peculiar al ego que está comparativamente sin desarrollo en todo cuanto se refiere a la espiritualidad. A medida que se desenvuelve el ego y llega a comprender su posición y responsabilidades, se eleva por encima de estos deportes graciosos de su niñez.

 

Parece que, del mismo modo que el hombre primitivo plasma todo fenómeno en forma de, mito, así también el ego primitivo dramatiza todo acontecimiento que se presenta a su observación. Pero el hombre que ha logrado conciencia plena se encuentra ocupado tan de lleno en el trabajo de los planos superiores que no dedica nada de energía a tales asuntos, y, por consiguiente ya no sueña más de esta manera.

 

El empleo de símbolos parece ser una característica del ego al encontrarse fuera del cuerpo durante el sueño: es decir, que aquello que en el mundo físico sería una idea, y requeriría muchas palabras para expresar, se transfiere perfectamente al ego por medio de una sola imagen simbólica. Cuando se recuerda tal pensamiento en el cerebro físico, puede haber confusión si no se acuerda también de la clave. Así, las actividades del ego en su propio plano originan a veces otra clase de sueños. (véase "El Cuerpo Astral" pág. 117).

 

El ego en su propio plano utiliza abstracciones en la misma forma que hacemos nosotros en el plano físico al tratar con hechos concretos. En el plano del ego, la esencia de todo es asequible; no se ocupa más de detalles, no necesita ya hablar en torno de un tema o tratar de explicarlo. Toma la esencia de la idea del tema y la mueve como un todo, del mismo modo que se mueve una pieza cuando se juega un partido de ajedrez. Su mundo es uno de realidades, en el que la decepción no solo es imposible, sino que es también inconcebible. Ya no tiene que ver con emociones, ideas o conceptos sino con la cosa en sí.

 

Es imposible expresar en palabras el intercambio ordinario entre hombres en cuerpos causales en completo estado de desarrollo. Lo que en la tierra sería un sistema de filosofía, requiriendo muchos volúmenes para explicarlo, existe allí en un solo objeto definido — un pensamiento que se puede echar en la mesa como un naipe.

 

Una ópera o un oratorio, que para presentarlo aquí ocuparía toda una orquesta durante muchas horas, en el plano causal es solo un poderoso acorde. Los métodos de toda una escuela de pintura están condenados en una idea magnífica y estas ideas son las fichas intelectuales empleadas por los egos al discurrir entre ellos.

 

En este plano como dijimos con anterioridad, el ego tiene completamente abierto ante sí todas las vidas que ha pasado. Percibe estas vidas como una vasta totalidad, de la que sus descensos en la encarnación han sido solo días fugaces. Ve las causas kármicas que le han hecho lo que es: ve el karma que tiene todavía por delante y que ha de realizarse antes de cerrar la "larga y triste cuenta," y así comprende con infalible certeza el lugar exacto que ocupa en la evolución. Aquí percibe el gran esquema de la evolución, y lo que es para él la Divina Voluntad.

 

Cuando el ego trata asuntos similares en su propio plano y en los inferiores, todas las ideas son completas, correctamente terminadas y perfectas.

 

Más aún, cualquier cosa incompleta para él sería insatisfactoria; en realidad, apenas lo consideraría ni siquiera una idea. Para él una causa incluye su efecto, y por consiguiente, en la perspectiva más amplia que puede tomar, siempre se hace justicia poética, y ninguna historia puede jamás terminar mal.

 

Estas características del ego se reflejan hasta cierto punto en sus vehículos inferiores, y éstas las encontramos apareciendo en nosotros mismos de varias maneras. Así los niños exigen siempre que los cuentos de hadas terminen bien, que se premie a la virtud y que el vicio sea desterrado; y todas las personas sin sofismos y de mentalidad sana sienten lo mismo. Los que claman por un realismo del mal son precisamente aquellos cuyos puntos de vista de la vida se han vuelto malsanos y desnaturalizados, porque en su filosofía de miopes, no alcanzan nunca a ver la totalidad de algún incidente en su acabado, sino únicamente un fragmento de lo que se presenta en una encarnación, por lo general el mero hollejo de la misma.

 

En la Cuarta Raza Raíz, que se ocupó principalmente del perfeccionamiento del cuerpo astral y de sus emociones, es a menudo muy marcada esta característica de dar un acabado a Las historias y de exagerar: esto se evidencia con claridad en los antiguos relatos celtas. El deseo de exactitud y de verdad científica es un desarrollo relativamente reciente, y pertenece en forma especial a la Quinta Raza Raíz por ocuparse ésta más en el desarrollo de la mente y del cuerpo mental. Las personas de la Quinta Raza exigen, pues, que una cosa sea verídica, de otro modo les interesa poco: las razas antiguas, en vez. exigen que sea agradable, y rehúsan limitarse en su apreciación a consideraciones tales como si en realidad ha ocurrido esto alguna vez o si sería posible qué se materializara jamás en el plano físico.

 

Éste deseo de verosimilitud es, pues, la aparición de otra cualidad del ego, de su poder de ver con exactitud, de percibir una cosa tal como es, viéndola como un todo y no solo parcialmente. Al comprender esto debiéramos fomentar esta cualidad de exactitud e insistir en ella conservando nuestra foja de hechos separada de nuestros pensamientos y anhelos en cuanto a estas realidades.

 

Empero, al cultivar la veracidad, no hay necesidad de extinguir el romance. Es necesario ser exacto; sin ser un Gradgrind (Nota del traductor, personaje de una obra de Dickens, que pesa y mide todo según una regla inflexible y sin demostrar indulgencia alguna). No es imprescindible perder de vista la belleza y el romance que están por detrás de las cosas, simplemente porque hemos adquirido conocimientos científicos de detalles, muchos de los cuales pueden ser áridos y superficiales. Así el azúcar no deja de ser dulce y agradable al gusto porque hemos aprendido que su fórmula química es C12 H22 O11.

 

La medida de tiempo y espacio para el ego es tan enteramente distinta de la que usamos en la vida de vigilia, que desde nuestro punto de vista parece como si para él no existiera ni uno ni otro.

 

Los acontecimientos que en el plano físico ocurren en sucesión, aparecen en el plano mental como si tomaran lugar simultáneamente y en el mismo punto. Esto a lo menos es el efecto en la conciencia del ego, aunque parezca probable que la absoluta simultaneidad es el atributo de un plano aun más elevado, y que la sensación de esto en el plano mental es sencillamente el resultado de una sucesión tan rápida, que los espacios de tiempo infinitesimales son tan veloces como la impresión de una rueda continuada de fuego, producida por un palo con el extremo ardiendo, haciéndolo girar rápidamente. La razón de esto es naturalmente debido a que el ojo humano no puede distinguir como separadas, impresiones similares que se suceden en intervalos menores de alrededor de una décima parte de segundo.

 

Se encontrarán ejemplos específicos de lo que podemos calificar de inmensa velocidad en la que actúa el ego en su propio plano, en “Sueños” por el Obispo Leadbeater, donde se relatan y se explican un número de sueños que dependen de este fenómeno.

 

Un resultado producido por el método del ego para medir el tiempo, consiste en que, hasta cierto grado, sea posible la previsión. Si se sabe descifrarlos, el presente, el pasado, y hasta cierto punto el futuro, están abiertos para él. Indudablemente, de vez en cuando prevé acontecimientos que serian de interés o de importancia para la personalidad inferior, y hace esfuerzos más o menos logrados para fijarlos en ella.

 

Él hombre, fuera de toda duda, posee el libre albedrío; de ahí que la previsión del futuro sea posible solo hasta cierto punto. En el caso del hombre corriente, es quizás, en gran parte probable, puesto que no ha desarrollado ninguna voluntad propia que valga la pena mencionar, y por consiguiente es mayormente el esclavo de las circunstancias. Su Karma le sitúa en ciertas condiciones y la acción de éstas sobre él es factor de tanto más importancia en su historia que se puede prever su curso futuro con seguridad casi matemática.

 

Cuando consideremos el vasto número de acontecimientos que pueden ser muy poco afectados por la acción humana, y también la relación compleja y extendida de causas y efectos, no nos debe asombrar que, en el plano donde es visible el resultado de todas las causas en acción actualmente, sea posible predecir parte considerable del futuro con gran exactitud en cuanto a detalle. Se ha comprobado repetidas veces que ésto es posible, no solo mediante sueños proféticos, sino por medio de la "doble vista" de los habitantes del norte de Escocia, y las predicciones de los clarividentes; y es en la predicción de los efectos de las causas ya en existencia que se basa gran parte del esquema de la astrología.

 

Sin embargo, cuando tiene que ver con un hombre desarrollado, entonces falla la profecía, por no ser éste esclavo de las circunstancias, sino que las domina en gran parte. Los sucesos principales de su vida por cierto están fijados de antemano por su karma pasado, pero la forma en que permite que estos le afecten, el método por medio del cual los manejará y quizás triunfará sobre ellos éstos le pertenecen y no se pueden prever sino como probabilidades. Tales acciones de él, se convierten a su vez en causas, y así se producen en su vida, cadenas de efectos que no fueron previstos en el plan original, y, por consiguiente, no se hubieron podido predecir con exactitud alguna.

 

Podemos decir pues, que el curso de la vida del hombre de desarrollo corriente, carente de toda voluntad digna de mencionar, se puede "prever a veces con bastante nitidez, pero el ego al tomar su futuro en las manos con valentía, imposibilita toda previsión exacta.

 

El ego que tiene cierto grado de desarrollo, meditará en su propio nivel, si bien tal meditación no sintonizará necesariamente con ninguna meditación que pueda estar efectuando la personalidad. El yoga del ego que tiene un desarrollo regular es de tratar de elevar la conciencia, primero al plano búdico, y luego por las varias etapas del mismo. Esto lo lleva a cabo sin referirse a lo que puede estar haciendo la personalidad en dicho momento. Un ego de esta naturaleza, también enviaría probablemente un poco de sí mismo en la meditación personal, aunque sus meditaciones fueran muy distintas.

 

Se ha de recordar que el ego no es solo manas o mente, sino la tríada espiritual de Atma-Buddhi-Manas. En nuestra actual etapa de conciencia, el ego se sitúa en el cuerpo causal en el plano mental superior, pero a medida que se desarrolla, su conciencia estará centrada en el plano búdico: aun más tarde, al llegar al estado de Adepto, estará centrado en el plano de Atma.

 

Pero no se ha de suponer, que al tomar lugar este desarrollo nuevo se pierde en algún sentido el manas; puesto que el ego al elevarse al plano búdico se lleva consigo a manas, a esa expresión de manas que ha existido todo el tiempo en el plano búdico.

 

De igual manera, al elevarse al plano de atma, manas y buddhi existen en él, con la plenitud de siempre; de tal suerte que el triple espíritu está ahora en plena manifestación en su propio plano en todos sus tres aspectos.

 

El espíritu, es verdaderamente séptuplo, porque es triple en su pro­pio plano, el de atma, doble en el búdico, y único en el mental, la unidad que es su síntesis constituye siete. Así, aunque se eleve a lo superior, retiene la nitidez de lo inferior.

 

La descripción de la trinidad humana que se considera la más clara y la mejor se encuentra en "La Clave de la Teosofía" por H. H. Blavatsky:

 

"YO SUPERIOR es Atma, el yugo inseparable del YO UNO y Universal. El Dios que esta encima mas bien que dentro de nosotros. Feliz quien logre saturar de el su Ego interior.

 

EGO ESPIRITUAL divino es el alma espiritual o Buddhi, íntimamente unido a Manas o mente, sin el que no es Ego, sino tan solo el vehículo Átmico,

 

EL EGO INTERNO O SUPERIOR es Manas, llamado el "quinto principio", cuando se le considera separado de Buddhi. Manas unido a Buddhi es el Ego Espiritual. . . Es la individualidad permanente; el "Ego" que se reencarna." (La Clave de la Teosofía).

 

En cuanto el ego se vuelve aunque siquiera parcialmente consciente de lo que le rodea, como también de otros egos, empieza a llevar una vida en su propio plano y tiene intereses y actividades en éste. Pero aun entonces debemos recordar, como hemos visto en capítulos anteriores, que proyecta sólo parte muy pequeña de sí mismo en la personalidad y que esta parte se enreda constantemente en intereses que, por ser tan parciales, con frecuencia van en sentido distinto a las actividades generales del ego mismo y que entonces éste no presta especial atención a la vida inferior de la personalidad salvo en el caso de que le suceda a ésta algo fuera de lo común.

 

Al alcanzar esta etapa, el ego pasa generalmente bajo la influencia de un Maestro. En realidad y muy a menudo, su primera conciencia nítida de algo exterior a él, es su contacto con ese Maestro. El enorme poder de la influencia del Maestro lo magnetiza, armoniza sus vibraciones con las de El y multiplica en muchas veces el ritmo de su desenvolvimiento. Irradia sobre él como la luz del sol en una flor, y el ego evoluciona rápidamente bajo su influencia. Ésta es la razón porque las etapas primeras del progreso son tan lentas, que parecen casi imperceptibles; pero cuando el Maestro dirige la atención hacia el hombre, le desarrolla y estimula la voluntad de éste a que tome parte en la obra, entonces la rapidez de su adelanto aumenta en progresión geométrica.

 

En los capítulos sobre el devachan, vimos que un ego muy querido por numerosas personas puede participar en muchos cielos simultáneamente, vivificando las imágenes mentales que de él hacen sus amistades. Estas imágenes son naturalmente de gran beneficio evolutivo para el ego involucrado, dándole oportunidades adicionales para desarrollar cualidades, tales, por ejemplo como el cariño. Esto es evidentemente el resultado directo y la recompensa de esas cualidades simpáticas que atraen al hombre la consideración afectuosa de un número elevado de sus semejantes.

 

De vez en cuando la acción de una fuerza de esta naturaleza en el ego de un amigo que sobrevive, puede manifestarse hasta en la personalidad de este amigo en el plano físico. Porque, mientras que recae la acción sobre el ego por medio de la imagen mental especifica, sin embargo la personalidad del sobreviviente es una manifestación de este mismo ego, y si éste se modifica considerablemente, es a lo menos posible que dicha modificación aparezca en la manifestación física en este plano inferior.

 

Es evidente, sin embargo, que existen dos posibles limitaciones de la perfección, como asimismo del intercambio entre el ego concernido y los que hacen imágenes de él. En primer lugar, esta imagen puede ser parcial e imperfecta, de modo que muchas de las cualidades superiores del ego no estarían ni siquiera representadas, y por lo tanto no aptas para reflejarse a través de ella.

 

En segundo lugar, es posible que no sea el ego en realidad tan bueno como la imagen formada de él, de manera que no puede llenarla completamente. Esto, empero, es improbable que ocurra, y solo podría suceder en el caso en que un ser del todo indigno hubiese sido idolatrado im­prudentemente. Estos aspectos del tema, sin embargo, han sido ya trata­os con amplitud en "El Cuerpo Mental" páginas 188-189.

 

Diagrama XXXVI. — El Ego y sus Imágenes  Mentales en Devachan.

 

 

Cuando mayor el desarrollo del ego, tanto más cumplidamente puede expresarse a través de las imágenes mentales, llegando estas a ser siempre expresiones más completas de él mismo. Al alcanzar el nivel de Maestro, él las emplea conscientemente como medio para ayudar e instruir a sus discípulos.

 

Para ayudar al estudiante a alcanzar una comprensión perfectamente nítida del mecanismo y resultado de las imágenes mentales en devachan, se ha agregado los Diagramas XXXVI y XXXVII. Diagrama XXXVI representa un ego X, en su cuerpo mental X, en devachan, rodeado de las imágenes a', b', c', d', e', y f de sus seis amigos A, B, C, D, E y F, respectivamente.

 

De estos A y F también están en devachan, en sus respectivos cuerpos mentales a y f: B y E están en el plano astral en sus correspondientes cuerpos astrales b y e; C y D están aun viviendo en el mundo físico en cuerpos físicos c y d.

 

El diagrama demuestra que las imágenes mentales construidas por X de sus seis amigos, están animadas por los egos A, B, C, D, E y F y por lo tanto conectadas directamente con los mismos, y no con las expresiones personales de dichos egos, bien que éstas expresiones personales estén en el plano físico, astral o mental.

 

Es también evidente en el diagrama que las personalidades a, b, d, c, etc., no pueden saber nada de lo que sucede a través de las imágenes mentales a' b' c' etc., salvo por medio de sus propios egos A, B, C, etc. Diagrama XXXVII demuestra cuatro egos A, B, C, y D todos ami­gos mutuos, estando A, B, y C en devachan, mientras que D está aun en cuerpo físico.

 

Cada cual, A, B, y C, forma una imagen mental de cada una de sus tres amigos, estando cada una de estas imágenes animada por los respectivos egos.

 

Diagrama XXXVII.—Egos en Devachan.

 

 

A, B y C poseen cada uno tres expresiones de sí mismo: una a través de su propia personalidad, y tres más mediante las imágenes mentales que sus tres amigos han construido de él.

 

Una comprensión de la forma en que el ego puede aparecer simultáneamente en las imágenes devánicas de un número de personas (como también otros fenómenos del mundo egótico) demuestra que, para trasladarse de un lugar a otro, no es necesario que viaje el ego.

 

En "El Cuerpo Mental" describimos el acorde de un hombre, y explicamos como se usa este acorde para encontrarle, dondequiera que esté en los tres mundos. Este acorde consta de su nota propia, más las de los tres vehículos inferiores — mental, astral y físico. Si el hombre no tiene ninguno de estos en ese momento, se mantiene el mismo mecanismo, puesto que el cuerpo causal tiene siempre la unidad mental ligada a él, como también los átomos permanentes astral y físico, bastando estos para dar el sonido distintivo.

 

La combinación de sonidos produce el acorde del hombre en su verdadero nombre oculto. A esto no se le ha de confundir con el nombre oculto del Augoeides, que es el acorde de los tres principios del ego, producidos por las vibraciones de los átomos de atma, buddhi y manas, y la Mónada por detrás de los mismos.

 

 

Capítulo  XXXI

 

LA INICIACIÓN

 

En "El Cuerpo Astral" y "El Cuerpo Mental" se trató el tema del Discipulado, en cuanto se refería a los cuerpos astral y mental del discípulo, o alumno de un Maestro. Ahora será necesario recapitular brevemente los datos principales relacionados con las etapas de Probación y Filiación, puesto que en cada uno de éstos está afectado hasta cierto

punto el cuerpo causal: luego y en cuanto se refiere al ego en su cuerpo causal, describiremos el gran paso de la Iniciación, que es la culminación del Discipulado.           

 

En la etapa de Probación, el Maestro construye una imagen viviente del alumno, modelando con materia mental, astral y etérea una representación exacta de los cuerpos correspondientes del neófito, y conserva esta imagen a mano, para poderla observar de tanto en tanto. Se conecta esta imagen con el hombre mismo, de manera que toda modificación de pensamiento o de sentimiento en los vehículos propios de éste se reproduce en la imagen. Así el Maestro puede seguir el progreso del alumno, y estimar en que momento estará pronto para tomar el siguiente paso.

 

Cuando el discípulo es Aceptado. El Maestro disuelve las "imágenes vivientes" por no ser ya necesarias. La conciencia del alumno se une entonces con la del Maestro en tal forma que todo lo que el primero siente o piensa está dentro de los cuerpos astral y mental del Maestro; y si fuera necesario entonces, el Maestro puede erigir una barrera y así separar temporalmente la conciencia del alumno de la de Él.

 

En la etapa de "Filiación, el vínculo con el Maestro es tal que no solo la mente inferior, sino también el ego en el cuerpo causal del alumno está envuelto en el del Maestro, y éste ya no puede correr un velo para interceptar la comunicación entre El y su discípulo.

 

Si bien estas etapas ayudan mucho en la preparación del individuo para tomar la primera gran iniciación, sin embargo, hablando técnica­mente, no tienen nada que ver con la Iniciación, o grados en el Sendero, que pertenecen a una categoría completamente distinta. La Probación, v la Filiación representan la relación del alumno con su propio Maestro: las Iniciaciones por otra parte, son indicios de la relación existente entre el hombre y la Gran Fraternidad Blanca, y su augusto Jefe.

 

Hablando estrictamente entonces, la Gran Fraternidad Blanca no tiene nada que ver con las relaciones entre el Maestro y Su discípulo; eso es asunto exclusivamente para la consideración particular del Maestro Mismo. Siempre que el Maestro considere que el discípulo esté preparado para la primera iniciación, da aviso de este hecho, presenta al candidato, y la Fraternidad averigua únicamente si éste está preparado para dicha Iniciación, y no cuál es la relación entre dicho candidato y determinado Maestro.

 

Al mismo tiempo, es cierto que el candidato para Iniciación ha de ser presentado y secundado por dos de los miembros superiores de la Fraternidad, y es seguro que el Maestro no presentaría a una persona para las pruebas de Iniciación si no tuviera con respecto a éste la absoluta certeza de su idoneidad, lo que solo alcanzaría como consecuencia de una identificación íntima con la conciencia del candidato, como aquella de la que acabamos de hablar.

 

Ya se dijo (véase Capítulo III, pág. 68) que en la existencia del hombre hay tres grandes etapas que, dada su importancia exceden todas las demás: estas son:

 

  1. INDIVIDUALIZACIÓN: Al empezar el hombre su carrera como ego humano.

 

  1. LA PRIMERA INICIACIÓN: Cuando el hombre llega  a ser miembro de la Gran Fraternidad Blanca.

 

  1. LA QUINTA INICIACIÓN: Cuando quita éste el reino humano y entra en la etapa superhumana: ésta es la meta puesta delante de toda la humanidad.

 

Se dice del hombre que ha tomado la Primera Iniciación que "entra en la corriente". Las palabras empleadas al admitir al candidato en la Fraternidad incluyen esta afirmación: "Ahora estás en salvo para siempre; has entrado en la corriente; ahora puedes alcanzar la ribera opuesta." El cristiano le llama el hombre que está "salvado" o "seguro". Esto significa que está bien seguro de seguir en esa corriente actual de evolución, que está seguro de no faltar en "el día del juicio", o sea la gran separación en la próxima "quinta" Ronda y que no será como el escolar que está demasiado retardado para seguir con el resto de la clase.

 

La importancia de la Iniciación no reside en la exaltación del individuo, sino en el hecho de que ahora se ha unificado definitivamente con una gran Orden, la "Comunión de los Santos", como se denomina en terminología cristiana.

 

El candidato se ha convertido ahora en algo más que hombre individual puesto que es una unidad en una fuerza magna. La Fraternidad no es solo un grupo de hombres, cada uno de los cuales tiene sus propios deberes para cumplir; es también una estupenda unidad un instrumento flexible en la mano del Señor del Mundo, un arma poderosa de la cual puede Él servirse. Ninguna unidad en todo el esquema pierde la más mínima fracción de su individualidad, sino que ha añadido a ésta algo, mil veces más grande.

 

Cuando se inicia al ego —el estudiante ha de notar que es el ego al que se inicia, no a la personalidad— entra éste a formar parte de la organización más íntima del mundo, se une con el gran mar de con­ciencia de la Gran Fraternidad Blanca. No podrá el nuevo iniciado comprender durante mucho tiempo todo lo que implica esta unión, tendrá que penetrar mucho en los santuarios antes de poder darse cuenta de lo estrecho que es el vínculo, y cuan grande la conciencia del Rey Mismo, el Señor del Mundo, conciencia que todos los Hermanos comparten hasta cierto punto con Él. Es incomprensible e inexpresable aquí abajo; como indeciblemente metafísico y sutil, pero, sin embargo, es una gloriosa realidad, real hasta tal punto que., cuando empezamos a darnos cuenta de ello, todo lo demás nos parece irreal.

 

Vimos anteriormente (véase "El Cuerpo Mental" pág. 284) que el alumno aceptado puede poner su pensamiento al lado del pensamiento del Maestro; así el Iniciado puede ahora poner el suyo junto al pensamiento de la Fraternidad y atraer a sí exactamente aquella parte de esa magna conciencia a la que él, en su nivel, puede responder.

 

En el momento de la gran ceremonia en la que aparece la Estrella de la Iniciación, se extiende una línea de luz refulgente desde dicha Estrella al corazón del Iniciador y de El al corazón del candidato. Bajo la influencia de ese poderoso magnetismo, la pequeña Estrella Plateada de la Conciencia, que representa la Mónada en el candidato, acrece en refulgente luminosidad, hasta colmar su cuerpo causal, y durante un maravilloso momento la Mónada y el ego son uno, como serán permanentemente uno cuando alcance el Adeptado.

 

En esta oportunidad la Mónada se identifica por un instante con la fracción de sí mismo que es el ego, y es la Mónada Quién pronuncia los votos.

 

El efecto de la Iniciación en el cuerpo astral ha sido descrito ya en "El Cuerpo Astral" pág. 289.

 

Tan maravillosa es la expansión de conciencia del Iniciado que es muy exacto calificar el cambio como un nuevo nacimiento. El Iniciado empieza a llevar una vida nueva "como niño pequeño", la vida del Cristo; el Cristo, la conciencia búdica o intuitiva, nace dentro de su corazón

 

Ahora tiene también el poder de pronunciar la bendición de la Fraternidad, una tremenda y preponderante fuerza que puede otorgar o enviar a cualquiera de acuerdo a lo que considere él más apropiado a útil. El poder de la Fraternidad efunde a través de él, todo lo que é permita. Le corresponde a él usar el poder y recordar que tiene toda la responsabilidad de dirigirlo, para cualquier propósito que pueda determinar. La bendición pronunciada por el Oficiante en la Iniciación significa: "Yo te bendigo; vierto mi fuerza y mi bendición en ti; ve que a tu vez pases constantemente esta fuerza en bendición a otros."

 

Si el Iniciado posee la cualidad de Shradda —perfecta confianza e su Maestro y en la Fraternidad, y la absoluta seguridad de que por la razón de ser él uno de Ellos, todas las cosas le son posibles— puede pasar por el mundo como un verdadero Ángel de luz, derramando alegría bendición a lo largo de su camino.

 

Antes de la Iniciación, el alumno probablemente se ejercitó ya en el desarrollo de la conciencia búdica, de manera que por lo general ha tenido experiencia en este nivel. Pero al no ser así, entonces ocurre su primera experiencia en la Iniciación.

 

Sin embargo, en la Iniciación el hombre no alcanza plena conciencia búdica ni tampoco desarrolla en esa oportunidad un cuerpo búdico en sentido alguno. Pero, en vista del hecho de que, a no ser así, algunas de las enseñanzas que se darán en el nivel búdico serian incomprensibles para él, parecería ser indispensable cierto desarrollo de los vehículos búdicos.

 

Cuando se eleva la conciencia búdica al cuerpo causal a éste le ocurre una cosa muy extraña: desaparece, y el Iniciado no está bajo ni ninguna obligación de tomarlo de nuevo: pero naturalmente, esto no es posible hasta no agotar todo el karma de los planos inferiores; puesto que el hombre no está libre de los resultados avasalladores en los planos inferiores, hasta no desinteresarse completamente de ellos. Si un individuo al ayudar a otro siente plena unidad con él, entonces consigue el resultado de su acción en el plano búdico y no en ninguno de los planos inferiores.

 

Otro factor interesante que conviene tener presente es que existe siempre un karma general perteneciente a una orden o a una nación, y cada individuo, hasta cierto punto, es responsable de la acción de todos. Así por ejemplo, el sacerdote tiene cierta responsabilidad para con todo lo que hace el sacerdocio colectivo, aunque puede no aprobarlo personalmente.

 

El solo hecho de enfocarse en el vehículo búdico es lo que produce la desaparición del cuerpo causal. Tan pronto, empero, como la conciencia desciende nuevamente al plano mental superior, reaparece el cuerpo causal. No es igual a lo que era antes, porque se han disipado las partículas, pero en todo sentido parece ser el mismo cuerpo.

 

En el plano búdico, el hilo más fino que podemos concebir representa al hombre corriente. En cuanto piensa con regularidad en temas superiores, y dirige la atención a estos, empieza a ensanchar el hilo. Este se asemeja cada vez más a un cable, y luego toma la forma de un embudo, porque, según aparece a la visión clarividente, se ensancha en la parte superior y desciende al cuerpo causal. Más tarde, el cuerpo causal se dilata por razón de la entrada pujante de fuerzas, y el embudo aumenta mucho en tamaño ensanchándose en los dos extremos. En la Primera Iniciación (para muchos antecede sin embargo esta experiencia) el hombre, como hemos visto, abandona el cuerpo causal, y se precipita en el plano búdico. Cuando ocurre ésto el embudo toma la forma de una esfera. En este nivel existen naturalmente otras dimensiones, de modo que no se puede describir el fenómeno en pleno, pero ésto es tal cual aparece al que puede verlo.

 

En vista de lo que se dijo más arriba, es decir, que no existe obligación alguna de tomar de nuevo el cuerpo causal, resulta que el tiempo que le resta al Iniciado, antes de alcanzar el nivel de Adeptado, no involucra en absoluto un descenso al plano físico y por consiguiente pue­de no tomar lo que comúnmente llamamos encarnaciones.

 

No obstante, en la gran mayoría de los casos, las encarnaciones en el plano físico se toman porque el hombre tiene que cumplir en dicho plano, algún trabajo para la Gran Fraternidad.

 

La conciencia búdica nos da la realización de la Conciencia Una, compenetrando todo — en realidad la Conciencia Una de Dios. Tal realización da una sensación de la mayor seguridad y confianza, el mayor impulso y estímulo imaginables; bien que al principio podría ser alarmante, por razón de que una persona podría sentir que se pierde. Esto por supuesto no es el caso. El Cristo dijo: "El que perdiere su vida por mi causa, la hallará." Cristo representa el principio búdico y está diciendo: ''El que, por mi causa —es decir por el desarrollo del Cristo Interno en él— ponga a un lado el vehículo causal, donde ha estado viviendo durante tanto tiempo, encontrará a sí mismo, hallará aquella vida que es mucho más noble y mucho más elevada." "Para hacer esto se requiere valor, y es una experiencia alarmante hallarse de pleno en el vehículo búdico por vez primera y encontrar que ha desaparecido el cuerpo causal, del cual ha estado uno dependiendo durante millones de años; pero cuando le llegue la experiencia, el hombre sabrá por encima de toda duda que el Yo es uno. La idea no se puede transferir, sino que se conocerá al experimentarla, y nada podrá mover nunca esa certidumbre.

 

Cuando la conciencia búdica actúa plenamente en el cerebro físico, da un valor tan nuevo a los factores de la vida que el individuo no contempla ya a una persona o cosa sino que es aquélla persona o cosa. Podrá reconocer los móviles de otros como los suyos propios, aunque comprenda que otra parte de si, poseyendo conocimientos mayores, o perspectivas distintas, podría actuar en forma completamente diferente.

 

No se ha de suponer, empero, que cuando el hombre entra en la subdivisión inferior del plano búdico es plenamente consciente enseguida de su unidad con todo lo que existe. Tal perfección de sensación viene solo como resultado de mucha lucha y trabajo, cuando ha alcanzado la sub-división más elevada del plano búdico. Paso a paso, subplano por subplano, ha de abrirse camino el aspirante, porque, aun hasta en ese nivel, es todavía necesario el esfuerzo si se ha de progresar.

 

El estudiante tiene ahora por delante la obra de desarrollarse en un subplano después de otro. Se encuentra definitivamente en el Sendero de la Santidad, y en el sistema budista se le describe como el Sotpatti o Shoan, "él que ha entrado en la corriente": entre los hindúes se le llama el Parivrajaka. que significa el "errante", el que siente no tener ya lugar alguno como morada o refugio en los tres mundos inferiores.

 

El tema de conciencia búdica se considerará con un poco más amplitud en el capítulo siguiente.

 

Tres factores, todos interdependientes, están comprendidos en la capacidad del hombre para tomar la primera Iniciación. Primero: Ha de estar en posesión de un número suficiente de las bien conocidas "Condiciones" (véase "El Cuerpo Mental", pág. 277) Segundo: el ego debe haber entrenado sus vehículos inferiores de tal manera que pueda funcionar perfectamente a través de ellos cuando así lo desea: vale decir que debe haber efectuado lo que se llama la unión del ser inferior con el superior. Tercero: ha de ser lo suficientemente fuerte para soportar la gran tensión producida, que alcanza hasta el cuerpo físico mismo.

 

Los Iniciados, empero, no son todos de manera alguna de desarrollo igual, como tampoco son iguales en conocimiento todos los hombres que reciben el título de Maestro en Artes. Si bien existe cierto grado de preparación para poder pasar una Iniciación, podrán algunos haber alcanzado mucho más de lo exigido como mínimo en ciertas direcciones.

 

De ahí que, por razones análogas, podrá existir considerable variación en el intervalo entre las iniciaciones. Para el individuo que acaba de pasar la Primera Iniciación es posible, no obstante, poseer en grado considerable las condiciones requeridas para la Segunda; por consiguiente el intervalo entre las dos Iniciaciones puede ser para él de corta e inusitada duración. De otra parte, el candidato que ha tenido solo las suficientes fuerzas en todo sentido como para permitirle pasar la Primera Iniciación, tendrá que desarrollar lentamente en sí mismo todas las facultades adicionales y los conocimientos necesarios para la Segunda, de modo que el intervalo que le corresponde sería probablemente muy largo.

 

La Iniciación tiene el efecto de cambiar la "polaridad" de los vehículos mental y causal del hombre, de manera que éste se encuentra capacitado para servir en formas que serían imposibles para otros, por más desarrollados que estuviesen en otros sentidos.

 

Al comparar la Primera Iniciación con la Quinta, hemos visto que para aquella se ha de unificar el Yo superior con el inferior, de manera que no haya sino el ego actuando en la personalidad: para la última, no habrá en el ego nada que no fuera aprobado o inspirado por la Mónada.

 

Siempre que hace contacto la Mónada con nuestras vidas aquí abajo, viene como un dios de lo alto. En todos los casos de Iniciación desciende como un relámpago, y por momento breve se unifica con el ego, en la misma forma que la Mónada y el ego serían permanentemente uno al alcanzar el Adeptado. En ciertos momentos importantes y críticos desciende la Mónada como un destello de luz, así como en el caso citado en "Las Vidas de Alcyone", en que Alcyone hizo promesa al Señor Buddha.

 

Así, en la Primera Iniciación, la personalidad deja de tener voluntad propia —salvo cuando se olvida— y vive únicamente para servir a lo más elevado. El ego está ahora activo mediante la personalidad en los planos inferiores, está empezando a darse cuenta de la existencia de la Mónada y a vivir según la voluntad de ésta.

 

La Mónada misma ha determinado el camino para la evolución del ego; y éste no puede escoger otro, por estar llegando a su propia expresión y liberándose de la esclavitud misma de los planos elevados.

 

Otra forma de expresar esta verdad sería decir que, así como el hombre en el Sendero de Probación tiene que aprender a liberarse de todo cuanto llamamos la personalidad, el Iniciado, asimismo, ha de libe­rarse de su individualidad, del ego reencarnante; de modo que, al término del Sendero, estará su vida completamente bajo la dirección de la Mónada.

 

La individualidad, o ego. es cosa muy maravillosa, compleja, extremadamente bella y adaptada en forma asombrosa a su medio circundante: realmente es un ser glorioso.'La idea del Yo separado está impregnado profundamente en nuestras mentes, y constituye parte del ego mismo, que es lo único permanente en nosotros, según alcanzan nuestros conocimientos. En las primeras etapas esta idea del yo separado tuvo que ser desarrollada y fortificada, siendo esto en realidad el manantial de nuestra fortaleza en el pasado. Pero, no obstante, esta "gigantesca hierba mala" tendrá que ser desarraigada en un momento u otro. Los fuertes la podrán arrancar de sí en el comienzo de su desarrollo. Los débiles tendrán que esperar y dejarla que siga creciendo mientras estén desenvolviendo las fuerzas suficientes para exterminarla. Para ellos es infortunado, puesto que cuanto más tiempo se la permite persistir, tanto más se entreteje en la naturaleza del hombre.

 

Por este motivo, todos los sistemas de enseñanza ocultista están de acuerdo en aconsejar a los estudiantes de tratar de liberarse desde el comienzo, de la ilusión de la separatividad. El hombre tiene que aprender que por detrás de la individualidad misma está la Mónada; ésta le parecerá ser el verdadero Yo cuando él haya logrado poner de lado a la individualidad. Más allá aún de eso, a su debido tiempo, y por sus .propios medios tendrá que aprender a darse cuenta de que la Mónada misma es solamente una chispa de la Llama Eterna.

 

Solo a medida que el yo inferior se purifica de todo hálito de pasión, que el manas inferior se libera de kama, .podrá el "ser resplandeciente" hacer impresión en ella. H. P. Blavatsky escribe: "Cuando esta trinidad —Atma-Buddhi-Manas— anticipándose a la triunfante reunión final más allá de las puertas de la muerte corporal, se convierte durante unos pocos segundos en una unidad, entonces se permite al candidato, en el momento de la iniciación, el contemplar su futuro yo. Esto es lo que debemos entender por el "Resplandeciente" de que habla el Desatir persa; por el Augoeides —el que brilla por sí mismo— "bendita visión residente en la pura luz" de los filósofos iniciados griegos; y por las palabras de Porfirio, cuando dice que Plotino se había unido con su "dios" seis veces durante su vida, y así sucesivamente" (Isis Sin Velo, II pág. 129).

 

Esta "trinidad" convertida en unidad es el "Cristo" de todos los mís­ticos. Cuando, en la última Iniciación se haya extendido al candidato en el suelo o piedra del altar, y haya representado así la crucifixión de la carne, o sea de la naturaleza inferior, y cuando se haya "resucitado" de esta "muerte" como conquistador triunfante sobre el pecado y la muerte, entonces, en el momento supremo, verá por delante de él la gloriosa pre­sencia, y se hará "uno con Cristo", será él mismo el Cristo. En adelante, podrá vivir en cuerpo físico, pero éste se habrá convertido en instrumento obediente; él se habrá unido con su verdadero Ser, Manas unificado con Atma-Buddhi, y, mediante la personalidad en la que habita, manejará sus poderes con toda plenitud, como inteligencia inmortal y espiritual.

 

Mientras estuvo aun luchando en las cadenas de la naturaleza inferior, Cristo, el ego espiritual, fue crucificado diariamente en él; pero en el Adepto perfecto, el Cristo ha resucitado triunfante, señor de sí mismo y de la naturaleza. El largo peregrinaje ha terminado, el ciclo de la necesidad ha sido hollado, la rueda del renacimiento deja de girar, el Hijo del Hombre se ha perfeccionado mediante el sufrimiento.

 

Hasta no alcanzar este punto, "el Cristo" es el objeto de la aspiración. El "rayo" está siempre esforzándose por retornar a su fuente, el manas inferior aspirando siempre a volver de nuevo a ser uno con el superior. Es esta continua ansia de unión que se manifiesta como oración, como aspiración, como "la búsqueda de Dios" "Sedienta está mi alma de Dios, del Dios vivo" clama el ardiente cristiano. Este clamor es el impulso inextinguible del ser inferior hacia el superior. Si la persona ora al Buddha, a Vishnú, al Cristo, a la Virgen, al Padre, es, naturalmente solo cuestión de dialecto, no de verdad esencial.

 

Con todo, el Manas unido al Atma-Buddhi es el verdadero objetivo, denominado distintamente, el hombre ideal, el Dios personal, el Dios-Hombre, Dios Encarnado, La Palabra hecha carne, el Cristo que ha de "nacer en" cada uno, con Quien el creyente ha de unificarse.

 

En cuanto el hombre entra en el Sendero y converge todas sus "energías en el mismo, su ritmo de progreso se acelera enormemente. Este no será por progresión aritmética alguna, es decir en la relación de 2, 4, 6, 8, etc., ni por progresión geométrica, a saber, en la relación de 2. 4. 8, 16, etc., sino por poderes en la relación de 2, 4, 16, 256, etc. Este hecho debiera alentar mucho al estudiante esmerado.

 

 

 

Capítulo XXXII

 

CONCIENCIA BÚDICA

 

En vista de que la Primera Iniciación comprende la experiencia de la conciencia búdica, es deseable ampliar lo que se dijo en el capítulo anterior referente a la naturaleza de la conciencia en el plano búdico.

 

Sería por demás decirle al estudiante que toda la descripción de la conciencia búdica es esencial y necesariamente defectiva. Es imposible dar en palabras, más de un mero indicio de lo que es la conciencia superior, porque el cerebro físico es incapaz de captar la realidad.

 

Es bastante difícil formar un concepto de los fenómenos del plano astral, por haber sólo cuatro dimensiones en dicho mundo. En el búdico no es menos de seis el número de dimensiones, por tanto es evidente que las dificultades aumentan enormemente.

 

Existe un diagrama ingenioso (por el cual el autor está muy obligado al dibujante desconocido) reproducido como Diagrama XXXVIII, en la página que ilustra gráficamente la diferencia fundamental entre el plano búdico y todos los planos inferiores a éste.

 

En el diagrama se ve un número de rayos que se superponen en un punto determinado. Dicho punto es el comienzo del plano búdico.

 

Las puntas de los rayos representan la conciencia física de los hombres: están separadas y distintas una de otra. Ascendiendo los rayos en dirección al centro, vemos que la conciencia astral es un poco más ancha, de modo que las conciencias de los hombres separados se aproximan más entre sí. Las conciencias mentales inferiores se acercan todavía más, mientras que las superiores en su nivel más elevado se encuentran en el punto donde comienza la conciencia búdica.

 

Se verá ahora que la conciencia búdica de cada individuo y "hombre" separado se superpone a las conciencias separadas de cada lado del mismo. Esta es una ilustración gráfica del aspecto de "superposición" de la conciencia búdica, en la que se experimenta la sensación de unión con los demás.

 

A medida que se eleva la conciencia todavía más a los planos superiores, se notará que se sobreponen más y más a las de cada lado de ella, hasta que, finalmente, alcanzando el "centro" hay unión casi completa de conciencia. No obstante, cada rayo separado existe todavía y tiene su propia dirección y perspectiva. Al mirar desde el exterior hacia los mun­dos inferiores, cada conciencia encara una dirección distinta: es un aspecto de la conciencia central única. Por otra parte, al mirar hacia el centro, todas estas direcciones divergentes se encuentran y se unen entre sí.

 

 

Diagrama XXXVIII _ Unidad en Diversidad

 

El sentido de unión es característico en el plano búdico. En dicho plano, todas las limitaciones empiezan a desaparecer, y la conciencia del hombre se expande hasta que se da cuenta, y no solo teóricamente, de que la conciencia de sus prójimos está incluida en la suya; siente, sabe y experimenta con absoluta perfección de simpatía, todo lo que está en ellos, puesto que en realidad es parte de sí mismo.

 

En este plano el hombre conoce, no con mera apreciación intelectual, sino mediante una experiencia definida, el hecho de que la humanidad es una fraternidad, merced a la unidad espiritual que subyace en todo. Si bien no deja de ser él mismo y tener conciencia propia, sin embargo ésta se ha expansionado en una simpatía tan perfecta con la conciencia de los demás, que se da cuenta de que en verdad él es solo parte de un todo poderoso.

 

Del mismo modo que un ser que se mantuviera en el sol, bañado en la luz de éste e irradiándola, no sentiría diferencia alguna entre un rayo y otro, sino que irradiaría por uno de éstos con la misma facilidad como por otra, así el hombre en el. plano búdico siente la hermandad, y la infunde a cualquiera que necesita su ayuda. Ve a todos los seres como si fuesen él mismo, y siente que todo lo que tiene les pertenece tanto a ellos como a sí mismo: en muchos casos les pertenece más a ellos que a él, por ser la necesidad de estos mayor que la suya, dado que la fortaleza de los mismos es me­nor.

 

Como el conocimiento es el elemento predominante en el cuerpo causal, y al final será la sabiduría, así el elemento de conciencia predominante en el cuerpo búdico es la suprema felicidad y el amor. La serenidad de la sabiduría caracteriza al primero, mientras que la más tierna compasión fluye inagotablemente del otro.

 

De ahí que al cuerpo búdico lo llamen los vedantistas Anandamaya-kosha, o vaina del gozo. Esta es la "casa no fabricada con las manos, eterna en los cielos", de que habló San Pablo, el Iniciado. El ponía la caridad, el amor puro, por encima que todas las demás virtudes, dado que únicamente por medio de ésta puede el hombre en la tierra, contribuir a esa gloriosa morada. Por análoga razón, los budistas llaman a la separatividad la "gran herejía" y porque la unión o yoga sea la meta del hindú.

 

Una persona egoísta no podría funcionar en el plano búdico, puesto que la esencia misma de ese plano es la simpatía y perfecta comprensión que excluye todo egoísmo.

 

Existe cierta relación muy estrecha entre los cuerpos astral y búdico, siendo aquel en algunos sentidos un reflejo de éste. Pero no se ha de suponer por esto que se puede saltar de la conciencia astral a la búdica sin desarrollar los cuerpos intermediarios.

 

Aunque en los niveles más elevados del plano búdico el hombre se unifica con todos los demás, no hemos de creer por eso que siente igual hacia todos. En realidad, no hay razón para presumir que sentiremos alguna vez del mismo modo hacia todos: porque aun el Señor Buddha tuvo Su discípulo favorito, Ananda, y el Cristo consideraba a San Juan, el Bien Amado, en forma distinta a los demás. Lo que es cierto es que dentro de poco los hombres amarán a todos como ahora quieren a sus más íntimos y amados, pero entonces éstos habrán desarrollado cierta clase de amor del que ahora no tenemos ningún concepto.

 

No existe la separación en el plano búdico. En este plano, como ya se ha dicho, las conciencias no se fusionan instantáneamente en el nivel más bajo, sino que se van extendiéndose cada vez más, hasta que, al alcanzar el nivel más elevado, el hombre se encuentra unificado conscientemente con la humanidad. Dicho nivel es el más bajo en que la separatividad no existe en absoluto: en su plenitud la unidad consciente con todo corresponde al plano átmico o nirvánico.

 

A todo ego que logra alcanzar este estado de conciencia le parece haber absorbido o incluido todos los demás; percibe que todos son facetas de una Conciencia mayor; en realidad, ha llegado a la realización de la fórmula antigua: "Tú eres Aquello".

 

Se ha de recordar que si bien la conciencia búdica lleva al hombre á la unión con los Maestros Mismos, sin embargo y necesariamente, le pone también en armonía con el vicioso y el criminal. Se habrá de experimentar las sensaciones de éstos como también la gloria y el esplendor de la vida superior. Al abandonar la separatividad y realizar la unidad, el hombre encuentra que está fundiéndose en la Vida Divina y que la actitud de amor es la única que puede adoptar hacia sus semejantes, sean éstos elevados o lo contrario.

 

El ego, mientras vive en el cuerpo causal, ya reconoce la Conciencia Divina en todo; cuando considera a otro ego, su conciencia Se eleva, por así decir, para reconocer lo Divino en este.

 

Pero en el plano búdico, no se precipita ya para saludarlo desde el exterior porque está enaltecido en su corazón. Él es esa conciencia, y ésta le pertenece. No existe más el "tú" y el "yo" puesto que ambos son uno — facetas de algo que trasciende, y sin embargo incluye a ambos.

 

No es sólo que comprendemos a otro, sino que nos sentimos actuar a través de él, y apreciamos sus móviles como si fueran nuestros, aunque, como hemos dicho en el capítulo anterior, podemos comprender perfectamente que otra parte de nosotros mismos, que posee mayores conocimientos o una perspectiva diferente, podría actuar en forma muy distinta.

 

El sentido de propiedad personal en cuanto a cualidades y a ideas se pierde por completo, puesto que no nos apercibimos de que estas cosas son verdaderamente comunes a todos, por ser parte de la gran realidad que está igualmente por detrás de cuanto existe.

 

De ahí que el orgullo personal individual llega a ser absolutamente imposible, porque comprendemos ahora que esto es como el crecimiento de una hoja entre los millares de hojas en un mismo árbol, y que la verdad importante no radica en el tamaño ni en la forma de dicha hoja determinada, sino en su relación con el árbol como un todo; a causa de que es sólo del árbol entero que podemos afirmar un crecimiento permanente.

 

Hemos dejado por completo de culpar a otros porque se diferencian de nosotros; al contrario, notamos las diferencias sencillamente como otras manifestaciones de nuestra propia actividad, debido a que ahora vemos razones antes veladas para nosotros. Aun al vicioso se le ve como parte de nosotros mismos — una parte débil; de manera que no deseamos culparle sino ayudarle, enviando fuerza a esa parte débil de nosotros, para que todo el cuerpo de la humanidad pueda ser vigorosa y sana.

 

Así, al elevarse el hombre al plano búdico, puede adquirir la experiencia de otros; por eso no es necesario que cada ego pase por toda experiencia como individuo separado. Si no quisiera sentir el sufrimiento ajeno, podría retirarse: pero optaría por sentirlo, en el afán de ayudar. Envuelve en su propia conciencia al que sufre, y aunque éste ignorara en absoluto tal hecho, sin embargo, disminuirían hasta cierto punto sus sufrimientos.

 

En el plano búdico hay una facultad completamente nueva que no tiene nada en común con las existentes en los planos inferiores; porque el hombre reconoce objetos por un método enteramente diferente, en el que no actúan las vibraciones externas. El objeto se hace parte de sí mismo, y lo estudia él desde el interior y no del exterior.

 

Con un método de aprehensión tal, es evidente que muchos objetos familiares se vuelven enteramente irreconocibles. La visión astral misma nos permite ver los objetos desde todos los lados a la vez, como también desde arriba y desde abajo; agregado a esto la complicación de que todo lo interior del cuerpo está al descubierto para nuestra vista, como si cada partícula estuviera colocada separadamente en una mesa; mas el hecho de que, al observar esta partícula estamos al mismo tiempo dentro y mirando a través de ella, es aparente que llega a ser imposible señalar semblanza alguna con el objeto que conocíamos en el mundo físico.

 

Si bien la intuición del cuerpo causal reconoce el exterior, la de buddhi reconoce lo interior, la intelectual nos permite darnos cuenta de algo fuera de uno: con la búdica se ven las cosas desde dentro.

 

Si al actuar entonces en el cuerpo físico, queremos comprender a otra persona con el fin de ayudarla, volvemos la conciencia a su cuerpo causal, y estudiamos sus peculiaridades; éstas están bien marcadas, y se ven con claridad pero siempre del exterior. Si, cuando deseamos el mismo conocimiento, levantamos la conciencia al nivel búdico, encontramos la conciencia del otro individuo como parte de nosotros mismos. Hallamos un punto de conciencia que podríamos llamar una cavidad en vez de punto. Podemos hacer que nuestras vibraciones fluyan por ese agujero y penetren la conciencia de dicho individuo en cualquier nivel deseado y ver todo, por consiguiente, tal cual lo percibe él — desde el interior, en vez de hacerlo desde el exterior. Se comprenderá fácilmente como se presta esto a la perfecta comprensión y armonía.

 

Empero, en todo este extraño avance, como ya se observó, no hay sensación alguna de pérdida de individualidad aunque desaparece por completo la de separatividad. A pesar de que esto pueda parecer una paradoja, no obstante es la verdad. El hombre recuerda todo lo que queda detrás de él. No ha cambiado en ningún sentido salvo que ahora es mucho más de lo que era entonces, y siente que incluye también dentro de sí muchas otras manifestaciones.

 

Si en este momento y lugar un centenar de nosotros pudiésemos elevar la conciencia simultáneamente al mundo búdico, seríamos todos una conciencia única, pero para cada cual esa conciencia parecería ser la suya propia, sin absolutamente alteración alguna, excepto que ahora incluiría también a todas las demás.

 

La visión búdica revela a la persona, no como cosa encerrada, sino como Estrella irradiando en todas direcciones: los rayos de esta estrella penetran la conciencia del observador, de manera que siente que son parte de sí mismo, aunque no enteramente. Todos los observadores están de acuerdo que es imposible describir el estado búdico de conciencia a no ser por una serie de contradicciones.

 

Se adquiere el poder de identificación, no sólo en cuanto a la conciencia de las personas, sino con respecto a todo lo demás en el plano búdico. Todo se aprende, como se dijo, desde adentro, en vez de desde afuera. Lo que examinamos ha llegado a ser parte de nosotros mismos; lo observamos como si fuera una especie de síntoma en nosotros. Es evidente que esta característica constituye una diferencia fundamental. Antes de poder lograrlo se ha de conseguir un estado de completo inegoísmo, puesto que en cuanto haya algo personal en el punto de vista del discípulo, no podrá hacer progreso alguno en conciencia búdica, por depender ésta de la supresión de la personalidad.

 

H. P. Blavatsky afirma que: "Buddhi es la facultad de conocer, el canal por el que el conocimiento divino llega al Ego, el discernimiento del bien y del mal, y también es conciencia divina y el alma espiritual, que es el vehículo de Atma. (La Doctrina Secreta, I pág. 17). A veces se le denomina el principio del discernimiento espiritual.

 

En el sistema Yoga, turiya, un estado de trance muy elevado, está relacionado con la conciencia búdica, de la misma manera que lo es sushupti con la conciencia mental, svapna con el astral y jagrat con el físico. Sin embargo se usan estos términos con otros significados también, por ser éstos relativos más bien que absolutos, (véase "El Cuerpo Mental", pág. 141.)

 

En las Seis Etapas de la Mente, dadas en El Cuerpo Mental, pág. 141 la de niruddha, o sea la Auto-controlada, corresponde a la actividad en el plano búdico.

 

En el cuerpo físico, el prana amarillo que entra por el chakra o centro de fuerza cardíaca representa el principio de buddhi.

 

Aunque en el nivel búdico el hombre tiene todavía un cuerpo definido, sin embargo su conciencia parece estar igualmente presente en un vasto número de otros cuerpos. La tela de vida construida de materia búdica se extiende hasta incluir estas otras personas, de manera que, en vez de numerosas telitas separadas, hay una enorme tela que abarca a todos en una vida común.

 

Muchos de éstos pueden, por supuesto, estar completamente inconscientes de este cambio, y para ellos su propia partecita definida de la tela les parecerá aun tan separada como antes — o sería así si conocieran ellos algo sobre la tela de la vida. De modo que, desde este punto de vista y en este nivel parece que toda la humanidad estuviera ligada entre sí por medio de hilos dorados formando una unidad compleja, no ya un hombre, sino hombre en abstracto.

 

En el plano búdico, y en cierta forma por supuesto completamente incomprensible para el cerebro físico, el pasado, el presente y el futuro existen todos simultáneamente. Tampoco en este plano está el hombre sujeto a limitaciones del espacio, tal como las conocemos en el físico. Por esta razón, al leer los Archivos Akásicos (véase "El Cuerpo Mental", pág. 227) no se precisa más pasar una serie de acontecimientos en revista como en el plano mental, puesto que como ya hemos dicho antes, para él, el pasado el presente y el futuro están simultáneamente presentes.

 

El pleno desarrollo de conciencia en el plano búdico permite la precisión perfecta, aunque naturalmente, no se le permite llevar —en realidad no sería capaz de hacerlo— todo el resultado a la conciencia inferior. A pesar de esto es evidente que hay mucha previsión clara cuando él quiere ejercer este poder; y aun cuando no lo ejerce, pasan frecuentes destellos de presciencia a su vida ordinaria, de suerte que a menudo tiene intuición instantánea de como saldrán las cosas, aun antes de empren­derlas.

 

La extensión del plano búdico es tan grande que lo que podemos llamar los cuerpos búdicos de los distintos planetas de nuestra cadena se encuentran de modo que hay un solo cuerpo búdico para toda la cadena. Es por esta razón que es posible para el hombre pasar de uno de estos planetas a otro en el cuerpo búdico.

 

Podemos observar aquí que un átomo de materia búdica contiene 493 o sea 117.649 "burbujas en koilon".

 

El que puede elevar la conciencia al plano búdico se encuentra en unión tan absoluta con todas las demás personas que si deseara encontrar a una de ellas sólo tendría que extenderse por la línea de dicha persona para poder hallarla.

 

Lo que sigue se puede tomar como ejemplo del funcionamiento de la conciencia búdica. Toda la belleza, sea de forma o de color, sea en la naturaleza o en la estructura humana, en grandes logros del arte o en el utensilio más humilde del hogar, es sólo una expresión de la Belleza Única; y por tanto, en la cosa más modesta, con tal que sea bella, está contenida implícitamente toda Belleza, y mediante ella se podrá alcanzar a Aquél, Quien es la Belleza Misma. Para comprender esto cabalmente se requiere conciencia búdica, pero la idea, aun en esferas muy inferiores puede ser fructífera y de utilidad.

 

Como lo ha expresado un Maestro: "No ven que así como existe sólo Un Amor, así también hay sólo Una Belleza. Todo lo que sea bello, en cualquier plano lo es por formar parte de dicha Belleza, y si esto se remonta lo suficiente, su conexión quedará manifestada. Toda Belleza es de Dios, como lo es todo Amor; y en virtud de estas Sus Cualidades, el puro de corazón podrá siempre alcanzar a Él."

 

En todo caso, el desarrollo perfecto del vehículo búdico pertenece a la etapa del Arhat, aunque los que están aun lejos de esa altura pueden conseguir, en varias formas, momentos de conciencia búdica.

 

Buddhi en el espíritu humano es la Razón pura y compasiva, el Aspecto Sabiduría, el Cristo en el hombre.

 

En el curso normal de la evolución, la conciencia búdica se desarrollará gradualmente en la sexta subraza de la Quinta Raza Raíz, y más aún en la Sexta Raza misma.

 

Se puede notar la llegada de la sexta subraza en las personas que se encuentran   dispersas en la  quinta,  en quienes la ternura es señal de poder. Es un espíritu sintetizador el que caracteriza a la sexta raza; sus componentes pueden amalgar la diversidad de opinión o de carácter, reunir alrededor de ellos los elementos más desparejos y amoldarlos en un conjunto, porque saben absorber diversidades; y luego proyectan a éstas nuevamente como unidades utilizando las capacidades más variadas, encontrando cada cual su lugar, y fusionando todos en una totalidad fuerte.

 

En ellas la compasión está muy marcada: es esa cualidad que está afectada enseguida por la presencia de debilidad, responde a ésta con paciencia, con ternura y con protección. La sensación de unidad y de compasión será una fuerza y un poder que se utilizará en el servicio, siendo la medida de fuerza también la de responsabilidad.

 

 

Capítulo XXXIII

 

EL EGO Y LA MÓNADA

 

En el Capítulo III estudiamos el Advenimiento de las Mónadas y consideramos en forma breve la naturaleza general de las mismas. En el capítulo sobre la Iniciación hemos tratado de los efectos que produce esta en la relación entre la Mónada y el ego. Ahora sería conveniente ocuparnos de los nuevos datos disponibles con referencia a la relación entre el ego y la Mónada, y estudiar también un poco más detenidamente la naturaleza de la misma y su actitud hacia sus manifestaciones en los mundos inferiores.

 

Al considerar la naturaleza de la Mónada en sí, estamos confrontados con la dificultad de que para nuestras investigaciones no existe ninguna observación directa de esta en su propio plano. El plano en el que reside —el Anupadaka— por ahora está más allá del alcance de nuestras investigaciones clarividentes, en la actualidad lo más elevado que estos pueden conocer del hombre por observación directa es la manifestación de la Mónada como Espíritu Trino en el plano de Atma. En esta etapa aun mismo es incomprensible; puesto que sus tres aspectos son muy distintos y aparentemente separados, y no obstante son todos básicamente uno e iguales.

 

Si bien nadie inferior al grado de Adepto puede ver a la Mónada, sin embargo el Arhat puede saber que existe, puesto que, en el plano de Atma, es posible percibir la triple manifestación, y los rayos que forman esa triple manifestación están convergiendo claramente, a medida que se elevan al punto culminante. Así se ve que tendrán que unificarse, aunque no se llega a distinguir la unión misma.

 

En otra oportunidad (véase pág. 97) nos hemos referido a la posibilidad de enfocar la conciencia en el nivel más elevado del cuerpo causal, siguiendo la línea que une al ego con la Mónada, y mediante esta visión, darnos cuenta de la identidad con la Deidad.

 

Quizás la forma menos errónea en la que podemos imaginarnos la verdadera naturaleza de la Mónada, sería pensar en ella como parte de Dios — parte empero, de Aquello que es indivisible. Aunque, infortunadamente, esta es una paradoja para el intelecto finito, no obstante encierra una verdad eterna mucho más allá de nuestra comprensión; porque cada Mónada mientras está envuelta en los velos de la materia, es literalmente parte de Dios, separada en apariencia y temporalmente, aunque en realidad está por un solo instante verdaderamente apartado de El. No puede estar nunca alejado de Dios puesto que la materia misma en la que se vela, es también una manifestación de lo Divino. Si bien, para nosotros, la materia parece cosa mala porque nos agobia, entorpece nuestras facultades y nos detiene en el camino, con todo, es sólo así porque no nos damos cuenta de que también es divina en su esencia, dado que no existe más que Dios.

 

Es error pensar en la Mónada como algo muy lejano; porque está muy próxima a nosotros; es nuestro verdadero YO, la raíz misma de nuestro ser, la sola y única realidad. Pese a que esté oculta, inmanifestable, envuelta en el silencio y la oscuridad, nuestra conciencia es, no obstante, la expresión limitada de ese YO, el Dios manifestado en nuestros cuerpos, que son las vestimentas del Mismo.

 

La Mónada ha sido descrita en varias formas tales como el Hombre Eterno, un fragmento de la Vida de Dios hecho a la imagen de Él, una chispa en el Fuego Divino, el "Dios oculto" como fue conocida a los egipcios; Ella es el Dios en nosotros, nuestro Dios personal, el verdadero Yo, un fragmento de lo Eterno, el verdadero y único "yo" permanente en el hombre. Las Mónadas también han sido, descritas como centros de fuerza en el Logos.

 

En vez de hablar de Mónadas humanas, tal vez sería más correcto decir "la Mónada manifestándose en el reino humano", aunque tal exactitud pedántica podría ser todavía más confusa. H. P. Blavatsky escribió: "La Mónada Espiritual es una, universal, ilimitada e indivisa, cuyos rayos, sin embargo, forman lo que nosotros llamamos "Mónadas individuales" de los hombres."  (La Doctrina Secreta, I pág. 237).

 

Como lo expresa el Catecismo Oculto:

 

"Yo percibo una Llama, ¡Oh Gurudeva! veo innumerables y no separadas centellas que en ella brillan.

 

"Dices bien. Y ahora mira en torno de ti, y en ti mismo. Aquella luz que arde dentro de ti, ¿la sientes de alguna manera diferente de la luz que brilla en tus hermanos los hombres?

 

"No es en modo alguno diferente, aunque el prisionero es mantenido en cautiverio por el Karma y aunque sus vestiduras exteriores engañen al ignorante al decir: "tu alma" y "mi alma". (La Doctrina Se­creta, I pág. 45).

 

Para tomar una analogía del plano físico, reconocemos que la electricidad es una en todo el mundo, y aunque puede estar activa en esta máquina o en aquella, no tiene el dueño de alguna de éstas el derecho exclusivo a dicha electricidad, ni puede reclamarla como su propiedad. Así también la Mónada es una en todas partes, aunque se manifiesta en varios sentidos y a través de seres humanos aparentemente separados y distintos.

 

Pero, a pesar de tener el mismo origen y la misma naturaleza fundamental, sin embargo, cada Mónada posee una individualidad propia y muy distinta; y en su manifestación en el plano de Atma, como triple luz de gloria deslumbrante, .aun en este estado, cada Mónada posee ciertas cualidades que la distinguen de todas las demás.

 

La conciencia de la Mónada en su propio plano es completa; pero si bien en su propio mundo comparte el conocimiento divino, en el mundo inferior y en .todos sentidos es inconsciente; no puede alcanzar en forma alguna los planos inferiores de la vida, por ser la materia en estos de un carácter no sujeto a sus influencias. Ella que ha estado en unión con todo en torno suyo, si fuera precipitada en materia más densa se encontraría completamente aislada, como si estuviera en el vacío del espacio, inconsciente de todos los impactos y contactos de la materia.

 

A pesar de esto, en ella está todo, por virtud de la Vida Una que comparte: pero tiene que manifestarse: por eso hablamos de hacer que la conciencia latente se despierte a la vida. Todo está en la Mónada, literalmente, todo conocimiento divino; pero, en evidenciar esto, de manera que ella lo pueda conocer, está toda la obra de la evolución.

 

Esta es la razón de su viaje evolutivo, de descenso y luego de ascenso, es con el propósito de adquirir este conocimiento, de subyugar la materia completamente como vehículo, hasta que la Mónada responda en cada plano a las vibraciones de materia externa similar y sea capaz de exteriorizar modos de conciencia que reaccionan a dichas expresiones permitiéndole darse cuenta de las mismas.

 

El obispo Arundale relata en forma interesante la aparición y evolución de las Mónadas. Al observar el mundo, dice él, ve a nuestro Señor, el Sol, expresado en innumerables soles. Cada Mónada es un sol en miniatura. El Sol divino lanza soles chispeantes cargados con todos Sus atributos. Comienza el proceso de la evolución, y estas chispas irrumpen en color; arco-iris con corazones solares, o centros. Cada átomo de luz es un átomo de Divinidad inconsciente, cumpliendo lenta pero decididamente la voluntad del Sol, para que llegue éste a desarrollarse en Divinidad auto-consciente. Cada átomo es un Sol inconsciente, y llegará a ser un Sol auto-consciente.

 

Al comenzar la manifestación, la Mónada es "arrojada dentro de la materia" para propeler e impulsar la evolución (véase “La Doctrina Secreta”, V pág. 130): ella es la causa principal de toda evolución, la fuerza impulsora en la raíz de todas las cosas.

 

Esto explica la misteriosa presión que tanto preocupa a la ciencia ortodoxa, la razón por qué las cosas avanzan; cuál es la fuerza que produce la evolución, qué es lo que origina toda la variedad que encontramos en el mundo y la "tendencia a variar" que está siempre presente.

 

La Mónada conoce desde el principio cual es su meta en la evolución y toma la orientación general de ésta. Pero hasta que la parte de ella que se expresa en el ego no haya alcanzado un grado bastante elevado, está apenas consciente de los detalles aquí abajo, o en todo caso se interesa muy poco en ellos. A esta altura parece no conocer a otras Mónadas, sino que descansa en beatitud indescriptible sin tener ninguna conciencia activa de lo que la rodea.

 

El propósito, pues, del descenso de la Mónada a la materia, es el de conseguir nitidez y exactitud en los detalles materiales. Para este fin, como hemos visto ya en los capítulos anteriores de esta obra, un átomo de cada uno de los planos de Atma. Buddhi y Manas está ligado a la Mónada: el poder de distinguir que posee estos átomos, da una precisión que no existía en la conciencia de la Mónada en su propio plano.

 

Pero se puede preguntar, si la Mónada es de la esencia de la Divinidad en el comienzo y vuelve a ésta al finalizar su largo peregrinaje, si la Mónada todo lo sabe y es toda bondad al emprender su viaje a tra­vés de la materia, ¿por qué es necesario para ella pasar por toda esta evolución, incluyendo, como ocurre, tanta pena y sufrimiento, sólo para retornar al fin a su punto de partida?

 

La pregunta está basada en un falso concepto de los hechos. Cuando lo que llamamos la Mónada humana salió de lo Divino, en realidad no era Mónada humana, menos aún una Mónada perfectamente sabia y buena; vuelve finalmente bajo la forma de millones de poderosos Adeptos, cada uno en condiciones de desarrollarse en un Logos.

 

A igual del hombre que no puede nadar, al ser arrojado al agua profunda, está a la merced de ésta, pero finalmente aprende a nadar y a moverse libremente; así también sucede con la Mónada. Al término de su peregrinaje de inmersión en la materia, estará libre del Sistema Solar, podrá funcionar en cualquier parte de éste, crear a voluntad y moverse a gusto. Todo poder que desarrolle mediante la materia más densa lo retiene para siempre y bajo todas las condiciones: lo implícito se ha convertido en explícito, lo potencial en actual. Es su propia Voluntad la de venir a vivir en todas las esferas, y no en una sola, lo que la atrae a la manifestación.

 

Porque en la Mónada al principio no había individualización desarrollada: era sencillamente una masa de esencia monádica. La diferencia entre su condición al exteriorizarse y la de regresar es exactamente análoga a la que existe entre una gran masa de materia luminosa y el sistema solar que se formará eventualmente de ella. La núbula es indudablemente bella, y en cierto sentido inútil. El sol formado de ella por evolución paulatina, infunde vida, calor y luz en muchos mundos y en los habitantes de éstos.

 

O podemos tomar otra analogía. El cuerpo humano está compuesto de millones de diminutas partículas y algunas de éstas son arrojadas constantemente al exterior de dicho cuerpo. Supongamos que fuera posible para cada una de estas partículas pasar por una especie de evolución, por medio de la cual y con el tiempo, llegaría a convertirse en un ser humano, no diríamos entonces que por haber sido en cierto sentido humana en los comienzos de dicha evolución, por consiguiente no habría logrado nada al terminarla.

 

De igual manera la esencia monádica aparece como mera emanación de fuerza, si bien es fuerza Divina.

 

El advenimiento y curso evolutivo de la Mónada se puede comparar a la aparición del largo día de Brahma, del Saguna-Brahma, Sachchida-nanda, la Divina Triplicidad. Ese acto de manifestación cósmica se ha reproducido en nuestro sistema solar por medio del Logos Solar y también por la Mónada, que es un fragmento del Logos. Cuando termine la evolución humana, ella se reabsorbe nuevamente y comienza la evolución superhumana.

 

Mientras que la Mónada en su propio mundo está casi sin limitaciones, a lo menos en lo que concierne nuestro sistema solar, no obstante, en toda etapa de su descenso a la materia no sólo se vela cada vez más en la ilusión, sino que en realidad pierde sus poderes.

 

Si podemos suponer que en el comienzo de su evolución la Mónada puede moverse y ver en una infinidad de direcciones en ese espacio que llamamos dimensiones, entonces en cada paso de descenso, separa una de éstas, hasta que, para la conciencia del cerebro físico quedan sólo tres de ellas. Así, por medio de la involución en la materia, la Mónada está separada del conocimiento de todo, salvo parte minúscula de los mundos que la rodean. Además lo que le rodea se percibe en forma imperfecta. Para los que pueden entrenarse en apreciar más de tres dimensiones, existe un excelente método para llegar a cierta comprensión de lo que parece la conciencia en los planos más allá del físico y lo que abarca éste; aunque al mismo tiempo tal método de acercamiento hace sentir la inutilidad de toda esperanza de llegar a comprender a la Mónada en toda su plenitud, puesto que ella está elevada por muchos planos y dimensiones más allá del punto de donde estamos tratando de considerarla.

 

Se puede decir con corrección de todos los sacrificios y limitaciones originados por el descenso a la materia, que estos traen consigo sufrimiento; pero el ego los emprende gozosamente en cuanto se da cuenta cabal de la situación: no tiene el ego la perfección de la Mónada y por esto no comprende muy bien al principio; tiene que aprender. Así la enorme limitación de cada nuevo ascenso en la materia es un hecho inevitable, de manera que cierto sufrimiento inseparable acompaña la manifestación. Tenemos que aceptar esta limitación como el medio para alcanzar un fin como parte del Plan Divino.

 

En dos sentidos toda la vida manifestada está afligida, si el hombre no sabe llevarla. Uno de éstos es hasta cierto punto inevitable, pero el otro está totalmente equivocado y es fácil evitarlo. Como hemos dicho, para la Mónada que es el verdadero Espíritu del hombre, toda la vida manifestada es dolor, solamente porque esta es una limitación: de la cual nosotros en nuestro cerebro no podemos ni siquiera concebir, por no te­ner idea alguna de la gloriosa libertad de la vida superior.

 

Es en este sentido que se ha dicho siempre que el Cristo —la Segunda Persona de la Trinidad— se ofreció como Sacrificio al descender en la materia. Sin duda alguna es un sacrificio, puesto que es limitación indeciblemente grande lo que separa a El de todos los gloriosos poderes que son Suyos, en su Propio nivel.

 

Lo mismo es cierto de la Mónada del hombre: indudablemente se sacrifica mucho al ponerse en contacto con la materia inferior, al cerner sobre ella a través de las largas edades de su desarrollo hasta alcanzar el nivel humano, cuando proyecta un pequeño fragmento de sí mismo, como si fuera la punta de un dedo, y así forma el ego o alma individual.

 

La segunda clase de sufrimiento que es posible evitar totalmente, se debe al "deseo", empleando esta palabra en sentido amplio para incluir todos los deseos por las cosas inferiores, como también la ambición del poder, dinero, posición, etcétera. Todo deseo de esta naturaleza produce necesariamente disturbios y sufrimientos; a ello se debe que, desde este punto de vista, lo que más se requiere para el progreso es la serenidad.

 

Por esta razón tenemos las dos primeras de las Cuatro Verdades Nobles que enseñó el Señor Buddha: la existencia del sufrimiento y la causa del dolor.

 

Al pasar ahora a una consideración más específica del ego en su relación con la Mónada, hemos de darnos cuenta de que el proceso de individualización, por medio del cual aparece el ego, no toma lugar en la esfera espiritual, sino que Atma-Buddhi, según percibido a través de Manas, parece compartir la individualidad de Manas.

 

El ego mismo no es el verdadero y eterno hombre puesto que tuvo comienzo — entró en existencia en el momento de la individualización; y todo lo que tiene principio ha de tener fin. Por consiguiente, aun el ego que ha perdurado desde que salió del reino animal también es impermanente. La Mónada, y sólo ella, es el único hombre real y permanente.

 

Podemos considerar al ego como manifestación de la Mónada en el plano mental superior; pero hemos de comprender que está infinitamente alejado de ser manifestación perfecta. Cada descenso de plano en plano significa mucho más que un simple velar del Espíritu; también abarca una disminución real en la cantidad de Espíritu expresada.

Bien que sea incorrecto y engañoso hablar del Espíritu en términos de cantidad, sin embargo si se trata de expresar estos temas superiores no es posible evitar del todo estas incongruencias. Lo más que podemos aproximarnos con el cerebro físico a una idea de lo que le pasa a la Mónada al envolverse en materia, es al decir que sólo se puede ver parte de ella, aun esa parte se muestra en tres aspectos distintos, en lugar de la esplendorosa totalidad que es realmente en su propio mundo.

 

 

Diagrama XXXIX – Mónada, Ego y Personalidad

 

Así que el segundo aspecto del espíritu trino, al descender una etapa y manifestarse como buddhi o intuición, no es la totalidad de ese aspecto que manifiesta, sino sólo una fracción del mismo. Igualmente el tercer aspecto al bajar dos planos y manifestarse como intelecto, es sólo fracción de fracción de lo que realmente es el aspecto intelecto. Por consiguiente el ego no es una manifestación velada de la Mónada completa sino la de una fracción ínfima de ella.

 

Siguiendo la antigua máxima, "como arriba, así abajo" tal como es el ego con respecto a la Mónada, así es la personalidad en cuanto al ego. Al alcanzar la personalidad, el fraccionamiento es tal, que la parte que podemos ver no se asemeja en ninguna proporción apreciable a la realidad de lo que, sin embargo, es la única representación posible para nosotros. No obstante, y de este fragmento completamente inadecuado, tratamos de comprender el total. Nuestra dificultad cuando tratamos de comprender la Mónada es de la misma naturaleza, pero en mucho mayor grado que la que encontramos cuando intentábamos comprender al ego.

 

El Diagrama XXXIX es un ensayo, por inadecuado que sea éste, de representar gráficamente la relación entre la Mónada, el ego y la personalidad.

 

La Mónada ha sido comparada con la llama: el ego o triple espíritu con el fuego; y la personalidad con el combustible.

 

La correspondencia entre la Mónada en su relación con el ego, y la de ésta con respecto a la personalidad, se puede ampliar algo más.

 

Como el ego es triple, así también lo es la Mónada: los tres constituyentes de ésta existen en los tres primeros planos de nuestro Sistema, a saber, el Adi, el Anupadaka y el Atma. En este plano la Mónada toma para sí una manifestación, que llamamos la Mónada en su vestidura o a veces el triple atma o espíritu trino. Ésta es para la Mónada_ lo que el cuerpo causal es para el ego.

 

De la misma manera que el ego toma tres cuerpos inferiores (mental, astral y físico), el primero de los cuales (el mental) está en la parte inferior de su propio plano, y el inferior (el físico) dos planos más abajo, así la Mónada —considerándola como triple alma o espíritu— toma tres manifestaciones inferiores (atma, buddhi, manas), la primera de las cuales está en la parte inferior de su propio plano, y los dos inferiores, dos planos más abajo de éste.

 

 

Diagrama XL – Relaciones Monádicas y Egoicas

 

Se verá así que el cuerpo causal es para la Mónada lo que el cuerpo físico es para el ego. Si vemos al ego como el alma del cuerpo físico, podemos a su vez considerar a la Mónada como el alma del ego; puesto que, de la misma manera que el cuerpo causal toma de la personalidad todo lo que sea útil para ayudarle en su crecimiento, así el cuerpo causal, mediante su lado interno o superior, pasa al tercer aspecto de atma la esencia de todas las experiencias que pueden haber penetrado en él. Lo que se vierte así en el aspecto manásico de atma, lo habilita para actuar sin el cuerpo causal, es decir sin un vehículo permanente que lo limita. Esto explica el fenómeno del perecimiento del cuerpo causal, o sea la individualidad, con lo que ya nos hemos ocupado en el Capítulo XXXI.

 

El Diagrama XL es una tentativa de ilustrar estas correspondencias y relaciones algo complejas.

 

Toda la tríada superior, atma-buddhi-manas se puede considerar también como el buddhi de la tríada aún más inclusiva de la Mónada, Ego y Personalidad. Este buddhi mayor es triple —voluntad, sabiduría y actividad— y su tercer aspecto, kriyashakto entra en operación en el cuerpo a su debido tiempo, para activar sus órganos y liberar sus poderes latentes.

 

La afirmación en Luz en el Sendero de que el "guerrero" en el hombre es "eterno y seguro", se puede tomar como relativamente exacta del ego con relación al yo inferior, y absolutamente correcta al referirse a la Mónada con relación al ego. Éste, como hemos visto, puede equivocarse en la etapa primitiva, pero es mucho menos propenso a cometer errores que la personalidad. La Mónada, por otra parte, no se equivoca aunque sus conocimientos en cuanto a las condiciones en la tierra podrán ser algo vagas. Pero su instinto tiene que estar del lado del bien por el hecho de que es divino. Ni el ego ni la Mónada tienen aún conocimientos exactos, porque su evolución no es completa. Son como guías, para nosotros y no se puede hacer otra cosa que seguirlas; pero aun como guías ellos mismos están a desenvolvimiento.

 

Podemos observar aquí que la triple manifestación de la Mónada es la  que llama el cristianismo las "tres personas en un solo Dios", al enseñar en el credo Atanásico que los hombres han de adorar "Un Dios en a Trinidad y la Trinidad en la Unidad, sin confundir las personas ni dividir la sustancia" — es  decir, nunca confundir la obra y la función de las tres manifestaciones separadas, cada una en su propio plano; y, sin embargo, no olvidando nunca, ni por un solo momento, la eterna unidad de la "sustancia", la que está igualmente por detrás de todos en el plano supremo en que estos tres son uno.

 

Tales consideraciones no son únicamente de valor teórico sino que tienen también el significado completo de tales enseñanzas, no obstante, debiéramos siquiera saber que existen estas tres líneas de fuerzas y que al mismo tiempo, dicha fuerza es una y la misma. Sin saber esto no podemos comprender el método por el cual vino a existencia nuestro mundo, ni nos será posible comprender al hombre, a quien "creó Dios a Su propia imagen", que, por consiguiente, es tres y, no obstante, uno —atma-buddhi-manas, y sin embargo, es un Espíritu.

 

Podemos considerar las tres partes del yo superior como tres aspectos de una gran conciencia o mente. Son todas ellas tres modalidades de conocimiento. Atma no es el Yo, sino que es esta conciencia que conoce al Yo. Buddhi es esta conciencia que conoce la vida en las formas, por percepción propia y directa. Manas es la misma conciencia mirando hacia el exterior al mundo de los objetos. Kama-Manas es una parte de ésta, sumergida en dicho mundo y afectada por él. El verdadero yo es la Mónada, cuya vida es mayor que la conciencia, o sea la vida de esta mente completa, el Yo Superior.

 

Se puede expresar la misma verdad en forma algo diferente —en realidad en muchas formas. Atma, Buddhi y Manas en el hombre reflejan en sus esferas más pequeñas las características del Yo, como también la voluntad que da auto-dirección. Manas en el polo opuesto, es conciencia del mundo, y su poder de voluntad ejecuta todo nuestro trabajo, hasta lo efectuado mediante las manos. Pero buddhi, entre los dos, es la esencia misma de la conciencia de subjetividad.

 

Más allá de este miembro medio, de .carácter trino, está la Mónada en el hombre, representante en él de Parabrahman, el estado de su verdadera y absoluta nirvana, más allá de la conciencia. El atma es el estado de su falsa nirvana relativa, del plano nirvánico o átmico, su última ilusión que persiste entre las Iniciaciones Cuarta (Arhat) y Quinta (Adepto).

 

Como la Mónada está más arriba de la trinidad de conciencia, así los cuerpos personales están fuera o debajo de ella — son conocidos solamente al reflejarse en manas.

 

Podemos imaginar quizás —aunque aquí vamos mucho más lejos del conocimiento actual— que cuando nos hemos dado cuenta plena y finalmente de que la Mónada es el verdadero hombre, encontraremos más allá una extensión todavía más gloriosa. Hallaremos que la Chispa no ha sido nunca separada del Fuego, pero que del mismo modo en que el ego se mantiene por detrás de la personalidad y la Mónada del ego, así se encuentra un Ángel Planetario por detrás de la Mónada, y la Deidad Solar del Ángel Planetario. Tal vez aun más allá en forma infinitamente superior y por esta razón completamente incomprensible para nosotros en la actualidad, exista una Deidad aún mayor allende la Deidad Solar y por detrás de Este, y a través de muchas etapas, se ha de encontrar al Supremo quien está sobre todo lo manifestado. Pero aquí nos falla hasta el pensamiento y la real y única reverencia está en el silencio.

 

Como es natural en el hombre de promedio, la Mónada está poco en comunicación con el ego y la personalidad inferior, aunque ambos son, sin embargo y en cierta forma, expresiones de ella. Del mismo modo que para la personalidad el aprender a expresar más cabalmente al ego es evolucionar, así también lo es para el ego el aprender a expresar a la Mónada con mayor plenitud; y el ego con el tiempo aprende a controlar y a dominar la personalidad de la misma manera que la Monada a su vez aprende a dominar al ego.

 

Diagrama XLI es una ilustración tosca de la relación entre la Mónada, el Ego y la Personalidad y las etapas por medio de las cuales estos tres llegan paulatinamente a entrar en mutuo contacto.

 

 

 

MÓNADA

 

 

 

EGO

 

 

PERSONALIDAD

 

Diagrama XLI – Mónada, Ego y Personalidad (II)

 

A la izquierda del diagrama encontramos al ego representado como muy pequeño; es un ego infantil; completo pero pequeño y sin desarrollo; la personalidad también es menuda, indicando su condición primitiva. A medida que evoluciona la personalidad se ensancha gradualmente hasta que por fin se vuelve equilateral, indicando que está bien desarrollada, redondeada y simétrica. También se observará que el vínculo entre la personalidad y el ego, al .principio muy estrecho, se ha extendido hasta que alcanza casi la anchura total de la personalidad.

 

Mientras ha transcurrido esto el ego se ha ido aumentando simul­táneamente en tamaño, y el canal entre él y la Mónada también se ha ensanchado.

 

Así, a mano derecha del diagrama tenemos un canal fuerte y ancho entre la Mónada y el Ego, estando este último en estado de desarrollo, ejerciendo pleno control sobre la personalidad simétricamente evolucionada, mediante un vínculo amplio y bien desarrollado.

 

Finalmente llegará la hora en que la Mónada y el ego se volverán uno, como ocurrió con la personalidad y el ego. Ésta es la unificación del eso con la Mónada; y, al lograr esto, el hombre habrá alcanzado el objeto de su descenso en la materia, se habrá convertido en Superhombre, Adepto.

 

El Diagrama XLII representa esta consumación. Aquí vemos a la Mónada, Ego y Personalidad perfectamente alineados, verdaderamente un “aunamiento”. La misma vida compenetra a todas sus tres manifestaciones, pero la personalidad, debido a su tamaño y constitución, puede expresar menos de la vida una que el ego y éste a su vez, por razones similares, expresa toda la vida divina que irradia de este velo y de más lejos, por más delgado que sea dicho velo de materia separado —que hace de ella un ser distinto.

 

Al alcanzar esta consumación, entra entonces la entidad y por vez primera en su vida real, porque todo este estupendo proceso de evolución es una preparación para la verdadera vida del espíritu que comienza solo cuando el hombre se convierte en más que hombre. La humanidad es el último grado de la escuela mundial y cuando el hombre sale de ésta, entra en la vida del Espíritu glorificado, la vida de Cristo,

 

Diagrama XLII – Mónada, Ego y Personalidad: “aunamiento”

 

Este diagrama es una tentativa de indicar:

I. El completo alineamiento, o unificación de Mónada, Ego y Personalidad.

  1. El consiguiente centro único de conciencia.
  2. La vida una fluyendo por todos los tres.
  3. Las limitaciones impuestas en las manifestaciones de la vida una por las barreras limítrofes de Personalidad, Ego y Mónada.
  4. La verdad de que la Personalidad, el Ego y aun la Mónada no son sino velos mayávicos o ilusorios impuestos en la Vida Divina.
  5. La verdad de que la Vida Una es ilimitada y universal, según indicado por la circularidad del aura de irradiación, transcendiendo así sus expresiones a través de la Mónada, el Ego y la Personalidad.

 

"Con una parte de Mi Mismo me manifiesto, pero permanezco." Dicha vida tiene una gloria y un esplendor allende toda comparación y comprensión: pero, que cada uno de nosotros la logrará es una certeza absoluta, de la que no podríamos escapar aun si quisiéramos. Si actuamos en forma egoísta, si nos erguimos en contra de la corriente de la evolución, podemos retardar nuestro progreso, pero a la larga no nos será posible impedirlo.

 

De modo que existe correspondencia muy estrecha entre la relación de la Mónada con el ego y entre éste y la personalidad. Llega finalmente el momento en que el ego mismo se convierte en un vehículo animado por la Mónada, ahora en plena actividad, de la misma manera que el ego durante largas épocas fue la fuerza vitalizadora de la personalidad. Todas las múltiples experiencias del ego, todas las esplendorosas cualidades desarrolladas en él, pasan íntegras a la Mónada misma, encontrando en ella una realización muchísimo mas plena que aquella que el ego les hubiera podido otorgar.

 

Surge la pregunta, ¿la Mónada, en el caso del hombre corriente, hace algo que afecta o que pudiera afectar a su personalidad aquí abajo? Tal intervención parece ser muy rara. El ego, de parte de la Mónada trata de conseguir perfecto control de la personalidad, y de usarla como instrumento; pero como este objeto aun no está del todo realizado, la Mónada puede muy bien sentir que aun no ha llegado la hora para intervenir desde su propio nivel, y de hacer valer toda su fuerza cuando la que está ya en acción es más que suficiente para el propósito requerido. Pero, en cuanto el ego está ya en acción y a punto de lograr el éxito en su esfuerzo de dominar a sus vehículos, entonces sí interviene a veces la Mónada.

 

En el curso de investigar las vidas de unos miles de individuos, sólo se encontraron trazos de tal intervención en unos cuantos de ellos. El ejemplo más sobresaliente es el que se presentó en la vigésima novena vida de Alcyone cuando dio éste su palabra al Señor Buddha de dedicarse en vidas futuras al conseguimiento del estado de Buddha, con el fin de ayudar a la humanidad.

 

Como esta era una promesa para un futuro muy lejano, era evidente que la personalidad mediante la cual fue dada, no podía de manera alguna cumplirla. La investigación reveló que el ego mismo, aunque henchido de entusiasmo por la idea, fue impelido por una fuerza interior más poderosa que no hubiera podido resistir aun si hubiera querido hacerlo. Siguiendo todavía más lejos los indicios, se encontró que dicha fuerza impulsora venía indudablemente de la Mónada. Ella había decidido y registrado su decisión. La voluntadle la misma, actuando por medio del ego, claramente no tendría dificultad alguna en armonizar todas las futuras personalidades con su gran intención.

 

Se encontraron otros ejemplos del mismo fenómeno. Ciertas Mónadas habían respondido ya al llamado de las Autoridades superiores, después de decidir que sus personalidad representativos ayudarían en la obra de la Sexta Raza Raíz en California, algunos centenares de años más adelante. A causa de esta decisión, nada de lo que harían dichas personalidades durante el tiempo de intervalo podría en manera alguna impedir el cumplimiento de esta decisión.

 

La fuerza compulsora no viene pues de afuera, sino del interior, del verdadero hombre mismo. Cuando la Mónada ha decidido, la cosa se cumplirá, y está bien que la personalidad ceda amablemente y con prontitud, reconociendo la voz de arriba y colaborando gozosamente. Si no hace ésto, entonces tendrá mucho sufrimiento inútil. Es siempre el hombre mismo que hace ésto, y tiene que darse cuenta, en la personalidad, que el ego es el mismo, y por ahora tiene que aceptar como verdad que la Mónada es él en grado mayor — la última y mayor expresión de él.

 

Lo que se conoce como la gran Compañía de Servidores nos proporciona otro ejemplo. Los Servidores son una categoría aparte, a los cuales las Mónadas parecen estar ligadas ab initio, y no importa cuanto tiempo les pueda tomar a éstos para expresarse en la conciencia exterior. En cierto sentido, es una especie de predestinación, habiéndolo resuelto la Mónada. (Para datos más extensos sobre lo referente a los Servidores,

véase el articulo titulado "Los Servidores" por C. W. Leadbeater en "El Teósofo", Septiembre, 1913).

 

En vista de la consideración general de que en un universo perfectamente ordenado no cabe la casualidad, parecería probable que el modo mismo de individualización del remo animal fuera en cierta forma predeterminado por la Mónada misma o para ella, con el propósito de prepararla para cualquier parte de la gran obra que habría de emprender en el futuro.

 

 

Diagrama XLIII – El Simbolismo de la Santa Eucaristía

 

Porque llegará la hora en todos seremos parte del gran Hombre Celestial, no como mito o símbolo poético en absoluto, sino como hecho vivid y actual, que ciertos investigadores ellos mismos han constatado. Dicho cuerpo celestial consta de muchos miembros; cada uno de éstos tiene su propia función para cumplir, y las células vivientes que han de formar parte de ellos necesitan experiencias muy diversas para prepararlos. Puede muy bien ser que desde el comienzo de la evolución se hayan seleccionado las partes, que cada Mónada tenga su predestinada línea de evolución, y su libertad de acción está relacionada en primer término según el ritmo con el que progresará a lo largo de esa línea.

 

En la Celebración de la Santa Eucaristía hay mucho simbolismo referente a la Mónada, al Ego y a la Personalidad. Hablando brevemente en primer lugar de las Tres Personas de la Trinidad, la Hostia representa a Dios, el Padre, como también la Deidad entera e indivisible; el Vino representa a Dios el Hijo, Cuya vida es vertida en el cáliz de forma material; el Agua representa a Dios el Espíritu Santo, el Espíritu que se cernía sobre la faz de las aguas, y que, no obstante, es al mismo tiempo Él Mismo simbolizado por el agua.

 

Hablando luego de la Deidad en el hombre, la Hostia representa a la Mónada, la totalidad, la causa invisible de todo; la patena significa el Triple Atma o Espíritu a través del cual actúa la Mónada sobre la materia; el Vino indica la individualidad, vertida en el cáliz del cuerpo causal; el Agua representa la personalidad que está tan íntimamente mezclada con ella. Pasando el efecto de la Comunión en el comunicante, la fuerza de la Hostia es esencialmente Monádica, y actúa muy potentemente sobre lo que en el hombre representa la acción directa de la Mónada; la fuerza del Cáliz es más de la del ego; el Vino tiene una fuerza muy potente sobre los niveles astrales superiores, y el Agua irradia hasta vibraciones etéricas.

 

Cuando el sacerdote hace las tres cruces con la Hostia sobre el Cáliz, pone voluntad fuerte en que la influencia desde el nivel Monádico descienda al ego en triple manifestación de Atma, Buddhi y Manas; y luego al hacer las dos cruces entre el Cáliz y su propio pecho, atrae esa influencia en sus propios cuerpos mental y astral, de manera que a través de él puede irradiar ésta plenamente sobre la gente.

 

Esto simboliza las etapas anteriores de la evolución, en las que la Mónada se cierne sobre sus manifestaciones inferiores, actuando sobre ellos pero sin tocarlas. Así el sacerdote sostiene la Hostia sobre el Cáliz, pero no toca nunca una con el otro hasta no llegar el momento señalado.

 

Cuando el sacerdote deja caer el fragmento de la Hostia en el Cáliz, denota con ésto el descenso de un rayo de la Mónada en el ego.

 

Para facilitar la memorización de este sistema de símbolos se ha añadido el Diagrama XLIII.

 

 

 

 

Capítulo   XXXIV

 

LA SEGUNDA INICIACIÓN Y OTRAS MÁS ELEVADAS

 

Cada etapa del Sendero propiamente dicho está dividida en cuatro pasos:

 

El primero es su Maggo o camino, durante el cual el estudiante está luchando para librarse de las ligaduras.

 

El segundo es su Phala, literalmente fruto o resultado, cuando el hombre encuentra que se manifiestan cada vez más los resultados de sus esfuerzos.

 

El tercero es su Bhavagga, o consumación, el período en que, habiéndose culminado el resultado, puede cumplir él satisfactoriamente con el trabajo que corresponde al lugar en que a la sazón se encuentra firmemente ubicado.

 

El cuarto es su Gotrabhu, que significa el momento en que ha llegado a un estado adecuado para recibir la siguiente iniciación. Esto significa cabal y total liberación de las ligaduras de su etapa en el Sendero.

 

La primera de las tres ligaduras, o Samyojana, que el candidato ha de romper antes de que pueda tomar la Segunda Iniciación, es Sakkaya-ditthi, el engaño del yo. Esta es la "Yo-soy-yo" conciencia que, por estar conectada con la personalidad, no es más que una ilusión, y de la que ha de liberarse en el primer peldaño del verdadero Sendero de ascensión. Pero librarse totalmente de la atadura significa mas aún que esto, puesto que involucra la realización de la verdad de que la individualidad es también en realidad una con el Todo, que por tanto no puede tener intereses algunos opuestos a los de sus hermanos, y que está progresando realmente cuando mas ayuda en el progreso ajeno.

 

La segunda ligadura es Vichikichcha, duda o incertidumbre. El candidato ha de llegar a la certeza de la convicción, fundada ésta en el experimento individual, o razonamiento matemático. Cree, no porque se lo han dicho, sino porque los hechos son ahora autoevidentes. Éste es el único método conocido al ocultista para resolver la duda.

 

La tercera ligadura es Silabbataparamasa o superstición. Esto incluye toda clase de creencias erróneas y toda dependencia en ritos exteriores y ceremonias para purificar el corazón. El nombre ha de reconocer que debe buscar la liberación dentro de sí, y que, por más valiosos que podrán ser los auxilios, tales como ceremonias, etc., en desarrollar la voluntad, la sabiduría y el amor, no pueden, con todo, tomar el lugar de ese empeño, único medio por el cual lo logrará. El conocimiento de la permanencia espiritual del verdadero ego trae confianza en nuestra propia fuerza espi­ritual, y disipa así la superstición.

 

La conciencia búdica está relacionada directamente con estas tres ligaduras, puesto que todas ellas se eliminan por medio de dicha conciencia. Al reconocer la unidad, el hombre no puede tener ilusión alguna de separatividad. Al ver él mismo las grandes leyes de la vida en operación, ya no puede dudar más. Percibe todos los caminos que conducen a la Beatitud única y que todos ellos son buenos, de modo que no puede ya mantener la superstición de que una forma dada de creencia es necesaria para el que

ha alcanzado esta altura.      

La Segunda Iniciación se efectúa en el mundo mental inferior, así que el candidato tiene que haber desarrollado el poder de funcionar libremente en el cuerpo mental.

 

En esta Iniciación continúa rápidamente el desarrollo del cuerpo mental y a esta altura o cerca de ella el alumno aprende a usar el mayavirupa (véase EL Cuerpo Mental, pág. 163).

 

En la Segunda Iniciación, se otorga la Clave del Conocimiento, el Iniciador vierte desde Sus propios cuerpos mental y causal, rayos' de poder que, cayendo sobre los cuerpos mental y causal del Iniciado, estimulan los gérmenes de poderes similares existentes allí, en crecimiento súbito y esplendoroso. Como si un pimpollo, estimulado por los rayos del sol, se convirtiera súbitamente en toda la gloria de la flor abierta, así eflorecen los cuerpos mental y causal repentinamente en los poderes latentes en ellos, expandiéndose en radiante belleza. A través de ellos, la ya expandida buddhi o intuición puede actuar libremente, habiendo liberado, para el trabajo, el gran poder nuevo.

 

El período después de la Segunda Iniciación, en muchos aspectos, es el más peligroso de todas en el Sendero; es en esta etapa que, si existe alguna debilidad en el carácter de un candidato, éste la descubrirá. En casi todos los casos, el peligro viene por el orgullo. Está indicado en el relato de los Evangelios por la tentación en el desierto.

 

De la misma manera que la Primera Iniciación corresponde al nuevo nacimiento, así también se puede comparar la Segunda Iniciación al bautismo del Espíritu Santo y al Fuego, puesto que es el poder de la Tercera Persona de la Trinidad el que es vertido en ese momento, en lo que se puede describir, si bien inadecuadamente, como una inundación de fuego.

 

En esta etapa los budistas llaman al hombre un Sakadagamin, el que regresa sólo una vez más, significando que no le falta sino una encarna­ción más para conseguir el estado de Arhat, o sea la Cuarta Iniciación.

 

El nombre hindú para este paso es el Kitichaka, el hombre que construye una casita, el que ha llegado a un sitio de paz.

 

En esta etapa ya no se desprende de ligaduras adicionales sino que éste es por lo general un período de considerable avance psíquico e intelectual. El hombre ha de tener la conciencia astral bajo su mando durante la vida física de vigilia, y durante el sueño el mundo celestial estará abierto a él.

 

Al pasar la Tercera Iniciación, el hombre se convierte en el Anaga-Tnin, que significa literalmente "el que no regresa", porque se supone de él que alcanzará la próxima Iniciación en esa misma encarnación. El nombre hindú para esta etapa es Hamsa, que significa un cisne, pero también se considera el término como una forma de la frase Soham, "Aquello soy yo". Además existe una tradición de que el cisne puede separar la leche del agua, y el Sabio similarmente puede darse cuenta del verdadero valor de los fenómenos de la vida para los seres vivientes.

 

Esta Iniciación está representada en el simbolismo cristiano por la Transfiguración del Cristo. Él subió a un monte alto en lugar apartado y "resplandeció su rostro como el sol, y sus vestido se tornaron blancos como la luz resplandecientes, blancos como la nieve; cuales ningún bata­nero en la tierra los puede emblanquecer." Esta descripción sugiere el Augoeides, el hombre glorificado, y es descripción exacta de lo que acontece en esta Iniciación, porque la Segunda Iniciación está relacionada principalmente con la vivificación del cuerpo mental inferior, de modo que a esta altura, es el cuerpo causal el que se desarrolla especialmente. El ego es llevado a una relación más íntima con la Mónada, y así se transforma él verdaderamente.

 

Hasta la personalidad está afectada por esta emanación maravillosa. El ser superior y el inferior se unificaron en la Primera Iniciación, y esta unidad no se pierde jamás, pero el desarrollo del ser superior que ocurre entonces no se podrá medir nunca en los mundos inferiores de la forma, por más que los dos sean uno, aun hasta el último extremo, posible.

 

En esta etapa, el hombre es llevado ante el Rey Espiritual del Mundo, el Jefe de la Jerarquía Oculta, Quien, en este grado, o confiere El Mismo la Iniciación o la delega para ese fin a uno de Sus Discípulos, los tres Señores de la Llama. En este caso, el candidato es presentado al Rey poco después de tomar Iniciación. Así el "Cristo" es llevado a la presencia de Su "Padre"; el buddhi en el Iniciado es elevado, hasta unificarse con su origen en el plano nirvánico, y así se efectúa una unión sublime entre el primer principio y el segundo del hombre.

 

El Anagamin mientras desempeña su trabajo cotidiano goza de todas las maravillosas oportunidades concedidas por la posesión plena de las facultades del plano mental superior, y durante el sueño el cuerpo entre al plano búdico.

 

A esta altura tiene que arrojar de sí todos los restos que pueden haber quedado de la cuarta y quinta ligadura — apego al placer de la sensación, tipificado por el amor terrenal, y toda posibilidad de enojo y de odio. Deberá liberarse de la posibilidad de estar esclavizado en alguna forma por las cosas externas. Ha de superarse a todas consideraciones conectadas con la mera personalidad de todos los que lo rodean, reconociendo que el verdadero cariño que florece en el Sendero es el existente entre egos. Por consiguiente el cariño es fuerte y permanente y no hay temor de disminución ni de fluctuación, porque en ese "amor perfecto que echa fuera el temor".

 

La Cuarta Iniciación es conocida como la del Arhat, que significa el valeroso, el capaz, el venerable o perfecto. Los hindúes llaman al Arhat el Paramahansa, el que está por encima o mas allá del Hamsa. En el sistema cristiano la Cuarta Iniciación está indicada por el sufrimiento en la Huerta de Getsemani, la Crucifixión y la Resurrección del Cristo. Esta Iniciación difiere de las demás en que tiene el doble aspecto de sufrimiento y de victoria, de ahí que se ha empleado una serie de acontecimientos para representarla. El tipo de sufrimiento que acompaña la Iniciación despeja cualquier vestigio de karma que pudiera presentarse aún en el camino del Iniciado. La paciencia y el gozo con que éste lo soporta, tienen gran valor en el reforzamiento de su carácter y ayudan a determinar la extensión de su utilidad en la obra que tiene por delante. El Iniciado tiene que experimentar durante un momento la condición llamada Avichi, que significa "sin olas", aquello que no tiene vibración. El hombre está absolutamente solo en el espacio, y se siente separado de toda vida, aún la del Logos; es sin duda la experiencia más horrible que puede experimentar el ser humano. Parece producir dos resultados: (1) que el candidato puede sentir con aquellos a quienes les llega Avichi como consecuencia de sus acciones y (2) para que pueda aprender a mantenerse aislado de todo lo externo, probar y darse cuenta de su propia y absoluta certeza de que él es uno con el Logos y que todo sentimiento parecido de soledad tiene que ser sólo una ilusión.

 

Avichi para el mago negro corresponde a nirvana para el Adepto Blanco Estos dos tipos de hombres, antítesis entre sí, son yogis y cada uno consigue el resultado de la ley que ha seguido. Uno alcanza el kaivalyan —realización de la unidad, completo aislamiento— de Avichi, el otro el kaivalyan de Nirvana.

 

Para el Arhat, mientras esté aún en cuerpo físico, la conciencia del plano búdico es suya, por ser dicho plano su hogar normal.

 

En realidad, encontrarse en el nivel de Arhat involucra el poder de usar plenamente el vehículo búdico.

 

Cuando el Arhat se eleva al plano búdico, no se ha de suponer que pierde manas en forma alguna, .puesto que consigo eleva a manas en la expresión de éste que ha existido siempre en el plano búdico, pero que recién ahora se ha vivificado. Todavía es triple, pero en lugar de encontrarse en tres planos, está ahora en dos, con atma desarrollado en su propio plano, buddhi en el suyo y manas al nivel de éste, elevado hasta la intuición. Luego el Arhat se desprende del cuerpo causal, porque ya no le hace más falta. Cuando quiere bajar de nuevo para manifestarse en el plano mental, tiene que construir un nuevo cuerpo causal, pero en caso contrario, no necesita ninguno.

 

En forma similar, pero en grado más avanzado, el buddhi y el intelecto glorificado serán elevados al plano átmico, y el triple espíritu será completamente vivificado. Entonces las tres manifestaciones convergerán en una. Este es un poder al alcance del Adepto, porque como veremos a su debido tiempo, Él unifica a la Mónada con el ego, del mismo modo que el discípulo está tratando de unir al ego con la personalidad.

 

Esta elevación de manas superior desde el cuerpo causal para que se encuentre junto con buddhi en el plano búdico, es el aspecto o condición del ego al que llamaba H. P. Blavatsky, el ego espiritual que es buddhi, más el aspecto manásico del Uno elevado al Buddhi, cuando se desprende éste del vehículo causal. Dicho estado —el de Arhat— es denominado por los místicos cristianos el de iluminación espiritual, del Cristo en el hombre.

 

H. P. Blavatsky tiene también una clasificación en que habla de cuatro divisiones de la mente:

 

(1)   Manas-taijasi, el resplandeciente, o iluminado manas, que es realmente buddhi, o a lo menos ese estado del hombre en el cual su manas se ha fundido con buddhi, no teniendo ninguna voluntad propia separada.

 

(2)    Manas propiamente dicho, el manas superior, la menta abstracta y pensante.

 

(3)    Antahkarana, el eslabón, canal o puente sobre el manas superior y el kama-manas durante la encarnación.

 

(4)   Kama-manas que, basándose en esta teoría, vendría a ser la personalidad.

 

Cuando el Arhat deja el cuerpo físico en el sueño o en el trance, enseguida pasa a la gloria indecible del plano nirvánico. Su afán diario ahora es de llegar más y más alto en este plano, ascendiendo por. los cinco subplanos en los cuales existe el ego humano. Tiene un número de planos accesibles y puede enfocar la conciencia en el nivel que quiera, aunque siempre habrá un trasfondo de conciencia búdica y nirvánica.

 

Aún a la altura de atma existe una envoltura de cierta clase para el Espíritu, porque en un sentido parece como si fuera un átomo, pero en otro parecería ser el plano entero. El Arhat siente como si estuviera en todas partes, pero que le es posible enfocar donde quiere en sí mismo, o donde disminuye por un momento esa emanación de fuerza que para él es un cuerpo. Tiene que ocuparse en desechar las cinco restantes de las diez grandes ligaduras; éstas son:

 

(6)     Ruparaga — deseo de belleza de forma, o de existencia física en una forma, inclusa la del mundo celestial.

 

(7)     Aruparaga —deseo de vida sin forma.

 

(8)     Mano —orgullo.

 

(9)     Uddhachcha —agitación o irritabilidad, la posibilidad de estar perturbado por algún motivo.

 

(10)  Avija—ignorancia.

 

La Iniciación de Arhat puede ser considerada como a medio camino entre la Primera Iniciación y la Quinta.

 

En la primera mitad del Sendero —desde la Primera hasta la Quinta Iniciación— el Arhat está ocupado liberándose de estas limitaciones per­sonales, de la ilusión de "ello". En la segunda mitad trabaja para liberarse de la ilusión de "tu". Por lo general se dice que se toma siete vidas, como promedio y en tiempos normales, entre la Primera y la Cuarta Iniciación, y siete vidas también entre la Cuarta y la Quinta. Pero estas cifras son susceptibles de mucho aumento o disminución. En la mayoría de los casos el período actual no es muy grande, puesto que en el mundo celestial se toman las vidas en sucesión inmediata y sin intervalos entre ellas.

 

El Arhat cuyo ego está funcionando perfectamente en el cuerpo causal no necesita encarnarse nuevamente en cuerpo físico, y pasar por la gira cansadora de nacimiento y muerte que es tan desagradable —de todos modos desde el punto de vista del ego mismo. Sin embargo ha de descender hasta el plano astral. Mientras está en el cuerpo astral, en cualquier momento que lo desee, puede gozar de la conciencia nirvánica. Si está .en cuerpo físico, podrá alcanzar dicha conciencia sólo cuando sale del cuerpo en sueño o en trance, como ya se explicó más arriba.

 

La conciencia Nirvánica significa conciencia en cualquier parte del sistema solar.

 

La Quinta Iniciación convierte al Arhat en Maestro, Adepto o Super­hombre. Los budistas le llaman el Asekha —literalmente, el no-discípulo— porque El no tiene ya nada que aprender, y ha agotado las posibilidades de los reinos humanos de la naturaleza. Los hindúes le denominan el Jivamukhta, una vida liberada, o ser libre, porque Su voluntad está uni­ficada con la Universal, la del Uno y Único. Se halla siempre en la luz de Nirvana, hasta en Su conciencia de vigilia si desea permanecer en la tierra en cuerpo físico. Al dejar este cuerpo se eleva aún más para entrar en el plano Monádico que supera no solamente a nuestras palabras para describir este estado, sino también a nuestros pensamientos.

 

Como lo expresa la "Doctrina Secreta":  el Adepto "comienza su Samadhi en el plano Atanco," siendo uno para El todos los planos inferiores a éste.

 

El hombre alcanza el Adeptado cuando eleva la conciencia habitual al nivel nirvánico: lo que lo diferencia y le hace Adepto es que ha unificado a la Mónada con el ego. Y, puesto que se ha unido a la Mónada ya ha alcanzado el nivel de la tercera manifestación de la Deidad o Logos, o sea la más inferior de éstas.

 

En el simbolismo cristiano la Ascensión y el Descenso del Espíritu Santo representan el logro del Adoptado, porque Este asciende más allá de la humanidad y de esta tierra, aunque, si así lo desea, como en el caso del Cristo, puede volver para enseñar y ayudar. Al ascender se une con el Espíritu Santo, y lo primero que hace invariablemente con su nuevo poder, es derramarlo sobre Sus discípulos, como hizo Cristo cuando envió lenguas como de fuego sobre las cabezas de Sus discípulos, en la Fiesta de Pentecostés.

 

En la Iniciación Asekha, se le ve al Atma como una luz clara, una estrella, y al expandirse cuando desaparece el último obstáculo en el postrer desmoronamiento de la muralla, se convierte en luz infinita.

 

Previo a esto, el Arhat cuando se coloca en tren de meditación puede sentir la paz subyacente de Atma pero vuelve continuamente al sufrimiento. Más, cuando alcanza el plano átmico en plena conciencia y la de buddhi se funde con ésta, sólo se percibe una luz. Esto se expresa así en "La Voz del Silencio": "Los Tres que moran en la gloria y bienaventuranza inefables han perdido ahora sus nombres en el mundo de Maya. Se han convertido en una estrella única, el fuego que arde pero que no consume, aquel fuego que es el Upadhi de la llama."

 

Mientras estuvo el hombre en el cuerpo causal, vio a los Sagrados Tres como separados, pero ahora los ve como los tres aspectos del triple Atma. Buddhi y Manas, que fueron "gemelos sobre una línea" en la conciencia búdica durante la etapa anterior, ahora son uno con atma, el fuego que es el vehículo de la llama monádica.

 

Luego dice el Instructor: "¿En dónde está tu individualidad, Lanú? ¿En dónde está el Lanú mismo? Es la chispa perdida en el fuego, la gota en el océano, el rayo siempre presente convertido en la Radiación universal y eterna." El que fue discípulo ahora es Maestro. Está en el centro, y de El irradia el triple atma.

 

El Adepto tiene el poder de obtener, cualquier conocimiento que le hace falta, casi en un momento. Puede unificarse y llegar al corazón de esto instantáneamente y luego observar los detalles circundantes según los requiere En alguna parte del plano búdico o nirvánico captaría la idea subyacente, por ejemplo de alguna ciencia específica o rama de conocimiento, y se identificaría con ésta. Entonces, desde este punto de vista recogería cualquier detalle que le haría falta. A un Maestro no parece que necesitara tener los conocimientos almacenados en el cerebro como nos pasa a nosotros, sino que puede dirigir una facultad cualquiera a lo que desea, y mediante ésta, saber al instante mismo todo lo referente al tema deseado. No tendría necesidad de informarse por medio de la lectura, sino que dirigía Su visión toda comprensiva al tema y así en alguna manera absorbería el conocimiento.

 

Puede ser ésta la explicación de cómo librarse de avidya -ignorancia. Como ya hemos visto, con la facultad búdica ya no es menester juntar datos del exterior, en vez, se sumerge uno en la conciencia de lo que sea, mineral, planta, deva, etc., y la comprende desde el interior.

 

H. P. Blavatsky ha señalado que el cuerpo físico de un Maestro es un mero vehículo. No transfiere nada, sino que es simplemente un punto de contacto con el plano físico, un cuerpo conservado como instrumento, requerido para el trabajo que efectúa y abandonado cuando ya no le hace falta. La misma consideración se puede aplicar a los cuerpos astral y mental.

 

Los Maestros ayudan en el progreso de la humanidad en una infinidad de maneras. Desde la esfera más elevada, vierten en todo el mundo luz y vida, que pueden ser recogidas y asimiladas tan libremente como la claridad del sol por todos los que son lo suficientemente receptivos para absorberlas. El cuerpo físico vive mediante la Vida de Dios enfocada en el sol, y el mundo espiritual vive por medio de esa misma Vida enfocada en la Jerarquía Oculta.

 

Ciertos Maestros están conectados especialmente con las religiones y usan éstas como repositorios en los que vierten energía espiritual, para ser distribuida luego a los fieles de cada religión por medio de los debidamente señalados "medios de gracia".

 

Luego está la gran obra intelectual, en la que los Maestros envían pensamientos de elevado poder intelectual para ser recogidos por hombres de genio, que los asimilan y los dan al mundo. También en este misma nivel envían Sus deseos a Sus discípulos, indicándoles las tareas en las que han de ocuparse.

 

En el mundo mental inferior, los Maestros generan las formas mentales que influyen a la mente concreta, guiándola en líneas de actividad útiles en  este mundo, y enseñan a los que están viviendo en el mundo celestial.

 

En el mundo intermediario, toman Ellos a Su cargo la obra de ayudar a los llamados muertos, por lo general directamente, y vigilan la enseñanza de los pupilos menores enviando ayuda en muchos casos de necesidad.

 

En el mundo físico, observan las tendencias de los acontecimientos, y en cuanto permite la ley, corrigen las corrientes malas, equilibran constantemente las fuerzas que trabajan con la evolución y las que operan en contra de la misma, fortaleciendo el bien y debilitando el mal. También trabajan con los Ángeles o Devas de las Naciones que guían las fuerzas espirituales, como los otros dirigen en lo material.

 

Toda la tierra está dividida en zonas especiales, cada una a cargo de un Maestro. Estas zonas, que consisten en países enormes y hasta continentes, corresponden en algo a las "parroquias" en la organización de la Iglesia. En este sentido se puede decir que Europa está a cargo de un Adepto: otro se encarga de la India y así sucesivamente.

 

El Adepto tiene que considerar todos los diferentes grados y formas de evolución — no solamente a la humanidad, sino también al gran reino de los Ángeles o Devas, las varias clases de espíritus de la naturaleza, los animales, vegetales y minerales, los reinos elementales y muchos otros reinos de los cuales la humanidad ni siquiera ha oído hablar.

 

Una gran parte de la obra de los Adeptos está en niveles mucho más allá de los físicos, puesta que están ocupados en enviar Su propio poder, como también la fuerza del gran repositorio suministrado por los Nirmanakayas. Es el karma del mundo que tenga éste cierta cantidad de fuerza elevadora a su servicio; debido a ella la humanidad esta evolucionando como unidad, el hecho de la fraternidad permite que cada ser progrese mucho más de lo que hubiera sido remotamente posible si estuviera enteramente aislado.

 

La Gran Logia Blanca irradia la provisión de fuerza del gran repositorio a todos los egos, sin excepción, en el plano mental superior, dando así la más grande ayuda posible al desarrollo de la vida interior.

 

Bien que el Adepto puede irradiar Su fuerza simultáneamente sobre una vasta cantidad de personas que pueden sumar varios millones, sin embargo es tal la cualidad asombrosa de este poder que El vierte, que se adapta a cada unidad de estos millones como si dicha unidad fuera el único beneficiario de Su influencia, y da la impresión de que, lo que para nosotros sería la atención completa, fuera dada a él exclusivamente.

 

Esto se desprende del hecho de que la conciencia nirvánica o átmica del Maestro es una especie de punto, que sin embargo incluye el plano entero. El puede bajar este punto varios planos, o bien extenderlo como si fuera algo análogo a una burbuja. En el exterior de esta enorme esfera se encuentran todos los cuerpos causales que Él está tratando de afectar, y, al llenar toda la esfera Él parece ser todo para cada individuo.

 

De esta manera colma con su Vida los ideales de millones de seres humanos y es para ellos respectivamente el Cristo ideal, el Rama ideal, el Krishna ideal, un Ángel o tal vez un guía espíritu.

 

En este departamento de Su Trabajo, los Maestros aprovechan frecuentemente ocasiones especiales y ciertos lugares en que existe fuerte corriente magnética, tales como el lugar donde algún santo haya vivido y muerto, o donde alguna reliquia de tal persona crea un ambiente propicio. Los Maestros aprovechan tales condiciones y hacen que su propia fuerza irradie por estos canales ya preparados. Cuando una enorme con­centración de peregrinos se reúnen en actitud receptiva, los Maestros toman también esta oportunidad para hacer llegar Sus fuerzas a la multitud a través de los canales mediante los cuales se les ha enseñado a dichos peregrinos a esperar ayuda y bendición.

 

Otro ejemplo de los métodos de trabajo de los Maestros en el nivel causal lo proporcionan los talismanes que un Maestro puede vincular con su propio cuerpo causal, de modo que su influencia perdura a través de las edades. Esto se hizo con ciertos objetos físicos enterrados por Apolonio de Tyana en varios puntos de futura importancia.

 

El Adepto, habiéndose unificado con el Tercer Aspecto del Logos que se manifiesta en el plano átmico, Su próximo paso consiste en unificarse con ese Aspecto que está representado por el Cristo en el seno del Padre. Más tarde se supone que Él se acercará cada vez más a la Deidad del sistema Solar.

 

Al completarse la vida humana, el Hombre Perfeccionado generalmente abandona sus varios cuerpos materiales, mas retiene el poder de tomar de nuevo cualquiera de éstos, si alguna vez los necesitara en el curso de Su trabajo. En la mayoría de los casos, uno que alcanza este nivel no necesita ya cuerpo físico. No se reserva más cuerpo astral, mental y ni siquiera uno causal, sino que vive permanentemente en Su propio nivel elevado.

 

De los que alcanzan el Adeptado son pocos en comparación de los que permanecen en nuestra tierra como miembros de la Jerarquía Oculta, como se explicará con mayor amplitud más adelante.

 

Mas allá de la Iniciación Quinta o Asekha, el Sendero superior se subdivide en siete grandes ramales, entre los cuales el Adepto ha de escoger. Son los siguientes:

 

  1. Puede entrar en la beatífica omnisciencia y omnipotencia de Nirvana, con actividades que sobrepasan muchísimo a nuestros conocimientos, o llegar a ser, tal vez en un futuro mundo, un Avatara o Divina Encarnación. Esto a veces se llama "tomar la vestidura de Dharmakaya." El Dharmakaya no conserva nada inferior a la Mónada, si bien no sabemos lo que puede ser esta vestidura de la Mónada en su propio plano.

 

  1. Podrá entrar en "el Período Espiritual" — frase que abarca signicados desconocidos, entre ellos probablemente el de "tomar la vestidura Sambhogakaya". Retiene Su manifestación como Trino Espíritu, y es probable que puede descender y mostrarse en un Augoeides temporal.

 

  1. Puede formar parte de ese repositorio de fuerzas espirituales del cual extraen los Agentes del Logos lo que necesitan para Su trabajo, "tomando la vestidura Nirmanakaya". El Nirmanakaya parece conservar Su Augoeides, es decir Su cuerpo causal y todos Sus átomos permanentes, y por lo tanto tiene el poder de manifestarse en cualquier nivel que le plazca. Se dice de los Nirmanakayas en "La Voz del Silencio" que forman una Muralla de Guardia, que preserva al mundo de otras y peores miserias y sufrimientos.

 

  1. Puede quedar como miembro de la Jerarquía Oculta, que rige y vigila el mundo en el que El ha alcanzado la perfección.

 

  1. Puede pasar a la siguiente Cadena, para ayudar a construir sus formas.

 

  1. Puede entrar en la esplendorosa Evolución de los Ángeles o Devas.

 

  1. Puede entregarse al servicio inmediato del Logos, para  ser utilizado por Él en cualquier parte del Sistema Solar; Su Servidor y Mensajero, que vive únicamente para desempeñar Su voluntad y trabajar en Su obra en todo el Sistema sobre el cual gobierna el Logos. A esto lo llaman integrar el "Personal". Parece que este Camino es considerado como muy difícil, tal vez el sacrificio mayor abierto al Adepto, y por tanto lleva en sí una distinción muy grande.

 

Los que integran el Personal General no tienen cuerpo físico, sino que forman uno para Sí Mismo por medio de Kriyashakti —el "poder de hacer"— de la materia del globo adonde es enviado. Entre el Personal hay Seres de escalas muy distintas, desde el estado de Arhat para arriba.

 

Mas allá de la Iniciación del Adepto está la Sexta Iniciación, la de Chohan, término que significa "Señor", La misma palabra se emplea también para designar les Jefes de los Rayos Tres a Siete.

 

El Rayo al que pertenece un Adepto afecta no solamente Su apariencia, sino también la obra que tiene que efectuar. La siguiente tabla muestra brevemente ciertos datos referentes a los Rayos:

 

 

 

Rayo

Jefe de Rayo

Características del  Rayo

Observaciones

 

Chohan Morya.

 

El Maestro Júpiter es­tá   también   en   este Rayo, y es el Guardián de la India. Es un gran estudiante de las cien­cias más abstrusas, de las cuales la química y la   astrología   son   los cascarones exteriores.

 

Chohan Kuthumi: fue Pitágoras anteriormen­te (Siglo VI. B. C.).

Sabiduría.

Este Rayo da grandes Instructores al mundo.

 

El Chohan Veneciano.

Adaptabilidad Tacto.

La Astrología está re­lacionada con este Ra­yo.

 

Chohan Serapis.

Belleza y Armonía.

Muchos artistas están en este Rayo.

 

Chohan Hilarión:  an­teriormente   Jamblico. (Siglo IV).

Ciencia: conocimiento detallado.

 

 

Chohan Jesús: ante­riormente Apolonio de Tyana (1er. Siglo) y también Ramanyja-charya (Siglo XII).

Bhakti o Devoción.

El Rayo de los Místi­cos.

VII

Chohan Rakoczi: antes el  Conde de St. Germain   (Siglo XVIII); Francisco  Bacon   (Si­glo XVII); Roberto el Monje   (Siglo   XVI) Hunjadi Janos   (Siglo XV); Cristian Rosenkreutz   (Siglo   XIV) Rogelio   Bacon   (Siglo XIII); Proclo el Neo platónico (Vto. Siglo) San Albano (Siglo III)

Servicio ordenado: Ceremonial.

Obra mediante la ma­gia ceremonial, y em­plea   los   servicios   de grandes Ángeles

 

Los siguientes son ejemplos de los métodos probables que utilizarán los representantes de los diferentes rayos:

 

El hombre de Primer Rayo alcanzaría su objetivo por la fuerza pura de una voluntad irresistible, sin condescender a emplear cosa alguna como medio.

 

El del Segundo también obraría por medio de la fuerza de la voluntad, pero con plena comprensión de los varios métodos posibles y la dirección consciente de su voluntad en el canal del método mas adecuado.

 

El del Tercer Rayo usaría las fuerzas del plano mental, fijándose mucho en el momento oportuno en que las influencias estuvieran más favorables para el éxito.

 

El del Cuarto Rayo emplearía las fuerzas físicas más sutiles del éter.

 

El del Quinto Rayo pondría en movimiento las corrientes de lo que se llamaba antes la luz astral.

 

El del Sexto Rayo lograría sus resultados por la fuerza de la fe sincera en su Deidad particular, y en la eficacia de la oración dirigida al Mismo.

 

El del Séptimo Rayo emplearía la magia ceremonial detallada, y probablemente invocaría la ayuda de espíritus no humanos, si le fuera posible.

 

Al intentar la cura de enfermedades:

 

El hombre de Primer Rayo extraería simplemente la salud y la fuerza del gran manantial de Vida Universal.

 

El del Segundo Rayo comprendería a fondo la naturaleza de la dolencia, y sabría exactamente como ejercer su poder de voluntad sobre ella para sacar el mejor provecho de la misma.

 

El del Tercer Rayo invocaría a los Grandes Espíritus Planetarios, y escogería un momento en que las influencias planetarias fueran beneficiosas para la aplicación de sus remedios.

 

El del Cuarto Rayo confiaría principalmente en los medios físicos, tales como el masaje.

 

El del Quinto Rayo emplearía las drogas.

 

El del Sexto se valdría de la curación por la fe.

 

El del Séptimo Rayo utilizaría mantrams o invocaciones mágicas.

 

Mas allá de la Iniciación Chohan, en los Rayos Tres a Siete, la Iniciación mayor que se puede tomar en nuestro globo es la del Maha-chohan: es posible, no obstante, ir más lejos en los Rayos Primero y Segundo, según indicado en la siguiente tabla de Iniciaciones, en el que se verá que la del Buddha es posible en los Rayos Segundo y Primero, y que el Adepto puede avanzar todavía mas en el Primero.

 

 

 

I

N I C I A C I O N E S

9

Señor del Mundo.

 

 

 

8

Pratyeka Buddha

Buddha

 

 

7

Manu

Boddhi-sattva

Mahachohan

 

6

Chohan

Chohan

Chohan

Chohan

Chohan

Chohan

Chohan

 

5

Asekha

Asekha

Asekha

Asekha

Asekha

Asekha

Asekha

 

4

Primer Rayo

Segundo Rayo

Tercer Rayo

Cuarto Rayo

Quinto Rayo

Sexto Rayo

Séptimo Rayo

3

2

1

 

TABLA DE INICIACIONES

El Gobierno Oculto consta de tres departamentos, regidos por tres oficiales, quienes no son meramente reflejos de los Tres Aspectos del Legos, sino que, en sentido muy real, son verdaderas manifestaciones de Ellos. Estos tres son (1) el Señor del Mundo, que está unificado con el Primer Aspecto, en el plano Adi, y ejerce la Voluntad divina en la tierra; (2)     el Señor Buddha que está unificado con el Segundo Aspecto, que mora

en el plano Anupadaka, y envía la Sabiduría divina a la humanidad; y (3)     el Mahachohan, que es Uno con el Tercer Aspecto, que reside en el plano nirvánico o átmico, y ejerce la Actividad divina — representando al Espíritu Santo. La tabla que sigue expone estos hechos:

 

Logos

Poderes Divinos

Planos de la Naturaleza

Triangulo de Agentes

Rayos

Primer Aspecto

 

Adi u Originario.

El Señor del Mundo

1

Segundo Aspecto

Sabiduría.

Anupadaka o Monádico.

E1 Señor Buddha

2

Tercer Aspecto

 

Átmico o Espiritual.

El  Mahachohan

3-7

 

En este gran Triángulo, el Señor del Mundo y el Señor Buddha son diferentes del Mahachohan, por estar ocupados en trabajos que no descienden al plano físico, sino que llegan solamente hasta el nivel del cuerpo búdico, en el caso del Señor Buddha; y en el átmico en el del Señor del Mundo. No obstante, sin Su trabajo nada de lo que está en esferas inferiores sería posible; de manera que posibilitan la transmisión de Su influencia hasta el plano más bajo, mediante Sus Representantes, el Manú y el Boddhisattva, respectivamente.

 

 

Diagrama XLIV – Los Grandes Triángulos de la Jerarquía

 

El Manú y el Bodhisattva están paralelos con el Mahachohan, formando así otro Triángulo para administrar los poderes del Logos, abarcando todos los planos inferiores e incluso el físico. Estos dos triángulos están expresados en el Diagrama XLIV.


EL LOGOS

 

Segundo Aspecto. Primer Aspecto. Tercer Aspecto.

 

Diagrama XLV – La Jerarquía Oculta

 

Las varias relaciones descriptas arriba esta sumarizadas en Diagrama XLV, reproducido, con leves modificaciones, de "Los Maestros y el Sendero".

 

 

 

Capítulo XXXV

 

CONCLUSIÓN

 

Al finalizar esta serie de cuatro libros que tratan de los cuerpos etéreo, astral, mental y causal del hombre, juntamente con un considerable acopio de fenómenos de los varios planos a que pertenecen estos cuerpos, tal vez sea de utilidad echar una mirada sobre todo el camino recorrido y extraer algunas conclusiones generales.

 

Volviendo al asunto importante de la investigación clarividente, parece ser un hecho que, por ahora, lo que podríamos llamar clarividencia objetiva es comparativamente rara. Por clarividencia objetiva significamos ese tipo definido y determinado de percepción superior, o aprehensión que objetiviza las cosas percibidas: la que, en realidad, las hace tan objetivas en su propio grado, como lo son los fenómenos ordinarios en el plano físico.

 

Sin embargo existe otro tipo de clara visión que podríamos denominar clarividencia subjetiva. En este tipo existe una forma de percepción, llamada quizás con mayor propiedad aprehensión, que no objetiviza lo que está observando sino que más bien lo siente o lo conoce en forma más sutil e interior. Para esto será suficiente una simple ilustración.

 

Mientras que relativamente pocas personas pueden ver las auras, de manera tal que sean perfectamente objetivas, hay muchas más que las pueden "sentir", y saber sin ver realmente cuales son sus características generales, tal como tamaño, cualidad, color, etcétera. Parecen ver, bien literalmente, con "el ojo de la mente".

 

En ambos casos de clara visión, el estudiante inteligente y experimentado ejercerá toda cautela y prudencia, y tomará siempre un punto de vista estrictamente conservador de lo que ve y de lo que cree ver, de lo que siente o cree sentir. Mientras que sería en alto grado insensato y contrario a todos los cánones del método científico pasar por alto, o desacreditar con demasiada severidad aquello que se ha visto o comprendido, «ría igualmente poco inteligente, y por cierto más peligroso, aceptar con imprudencia y sin cuidadosa corroboración, todo lo que se ve o se ha captado. El estudiante, al penetrar en terreno de lo desconocido, ha de tratar de mantener ese cuidadoso equilibrio entre la cautela y la temeridad que es lo único que conduce al verdadero conocimiento y lo mantiene en ese "camino del medio" descrito tantas veces como angosto tal cual el filo de una navaja.

 

Según mencionado en un volumen anterior, el haber tratado de dar pruebas de las afirmaciones hechas en estos libros hubiera sido completamente imposible, por varias razones, o a lo menos impracticable; puesto que si bien se hubiera podido presentar comprobación rígida e intelectual para gran parte del contenido de esta obra, con toda seguridad no se hubiera podido darla por no estar ésta disponible actualmente. Hablando

comparativamente, son pocas las cosas —algunos dirían, nada— que se puede comprobar sin reservas: hechos, fenómenos, observaciones son una cosa; pruebas de estos hechos, etc., y más aún la habilidad para apreciar tales pruebas, es algo completamente distinto. Los hombres todavía no parecen poder idear un sistema para demostrar si ciertas cosas son exactas o no, un sistema tan digno de confianza, digamos, como lo es una balanza para controlar el peso de los objetos.

 

Y sin embargo, entre todos los fenómenos de la vida hay muchas cosas de suprema importancia de las cuales el hombre tiene que formar una opinión, si ha de vivir como ser racional y dirigir su vida con acierto. No puede esperar hasta que se presente la prueba clara e inequívoca. Al hacer esto incurriría en el riesgo de rechazar, sólo por razón de pruebas insuficientes, datos que, si son exactos podrían ser para él de incalculable importancia y valor.

 

Solo una actitud parecería razonable y justa. Como acabamos de decir, debemos resolvernos en una forma o en otra, aun cuando no se presente la prueba. En el caso de que la prueba intelectual sea insuficiente, a veces es tan poco inteligente no creer en ella como creer. Existe una superstición de la desconfianza como la hay de la creencia, y es dudoso de cual de estas dos formas de superstición padece más la raza humana en los tiempos actuales.

 

La prueba, hoy en día, y quizás siempre, es asunto individual para cada uno. Hay una teoría a la que no le falta el respaldo de la evidencia y de la experiencia, que para el hombre es posible entrenarse de tal manera que cuando se le presenta una verdad por vez primera, algo dentro de él la acoge y él sabe entonces que es exacta. A esto se puede llamar intuición, o lo que sea; tiene muchos nombres; pero es un fenómeno al alcance de cualquier observador que podrá comprobar para sí su veracidad.

 

Como ha dicho la Dra. Besant: "A medida que se desarrolla gradualmente ese sentido superior en uno de conocer la verdad cuando esta se presenta, podrá absorber más y más de la verdad. Entonces crecerá en ti una honda convicción interna, y cuando te presenten una verdad, sabrás que es verídica. Este sentido corresponde a la vista en el plano físico. Es la facultad de buddhi, razón pura." (Talks on the Path of Occultism, pág. 210).

 

De esta manera, el hombre inteligente observa ejemplos de este fenómeno en sí mismo y en otros, y reconociendo su importancia enorme y trascendental, comienza deliberadamente a entrenar y perfeccionar esta facultad en si mismo. Es evidente que podrá llegar a ser de incalculable valor para él, especialmente en su vida psicológica y espiritual.

 

Extraños y extraordinarios, tal vez hasta imposibles como pueden parecerles a algunos lectores las afirmaciones hechas en estos cuatro libros, por cierto (en vista de que todas éstas proceden de investigadores sinceros y honestos) sería una política más inteligente la de no rechazarlas simplemente porque no se pueden comprobar, pero, si no producen ce uno reacción que responda a su veracidad, de ponerlas a un lado por el momento, "archivarlas" para "referencia futura". Mientras que, y si en caso contrario, producen una vibración de respuesta, que en aquellos que han desarrollado la facultad mencionada más arriba es a menudo del tódo inconfundible, entonces se podrá aceptarlas experimentalmente siquiera por ahora, como veraces con toda probabilidad. Un acrecentado número de estudiantes de ocultismo hallan que a medida que pasa el tiempo y que van desarrollando sus propios poderes internos, pueden verificar para sí mismos muchas afirmaciones que, algunos meses o años antes, habían aceptado en la forma indicada aquí, fundadas éstas en la autoridad de otras personas. Esto en cuanto a la cuestión abstrusa y complicada de pruebas de las enseñanzas de la Sabiduría Antigua, en su guisa de Teosofía Moderna.

 

Volviendo al aspecto ético de lo que se ha dicho en estos cuatro libros, sin duda habrá observado el lector que han sido tocados sólo de vez en cuando y someramente las consideraciones morales y éticas que surgen de un estudio de la constitución oculta del hombre. Esto se ha hecho deliberadamente, con el criterio de que los hechos hablan por sí solos y señalan su propia moral. Si un hombre está constituido como descrito, si tiene cuerpos etéreo, astral, mental y causal de la naturaleza descripta, por cierto no pueden existir dos opiniones en cuanto a la manera en que debiera vivir y llevar las relaciones con sus semejantes, y con el mundo en general, aunque fuera sólo por su propio interés. Si lo hace o no, es natural y exclusivamente asunto propio del mismo.

 

Y ahora unas cuantas palabras dirigidas más especialmente a los estudiantes de ocultismo, y el método general de encarar los temas tratados en estos cuatro volúmenes.

 

Las enseñanzas de la Sabiduría Antigua pueden sin duda ser presentadas en muchas formas, completamente distintas entre sí. Un mecánico las presentaría de un modo: un artista de otro: el científico describiría los hechos en forma muy distinta a la que adoptaría el poeta o el místico. Según los tipos o los temperamentos de los hombres y sus condiciones y conocimientos así serían sus presentaciones de las verdades eternas.

 

De esto resulta que para uno puede haber peligro en el método de presentación de otro. Parece ser completamente específica la presentación adoptada en estos libros, según dirían muchas personas, es mecánica, aun materialista. Que así sea; pero en la naturaleza de las cosas tiene que haber un aspecto material en todo fenómeno, no importa cuan espiritual sea éste, porque, el espíritu no puede existir sin la materia. Pero el estudiante verdaderamente ocultista se guardará de encerrarse en ningún sistema mecánico y rígido. Mientras que su mente "ordenada" puede gozar de categorías y tabulaciones precisas de hechos, sin embargo no tiene que permitir que éstos lleguen a constituir una prisión con ventanas enrejadas, limitando y restringiendo sus puntos de vista sólo en direcciones determinadas y estrechas.

 

La disección, el análisis, la categorización son necesarias para el intelecto: pero después de todo no son más que el andamio por medio del cual se levanta la estructura completa en todas sus partes. Además, ¿no ha dicho H. G. Wells tan admirablemente?: "estas cosas —número, definición, clase y forma abstracta— sostengo, son meramente condiciones de actividad inevitables; condiciones éstas más bien lamentables que hechos esenciales. Las pinzas de la mente son instrumentos toscos y dañan un poco la verdad al apresarla." (First and Last Things, Book I, "Metaphysics", pág. 19).

 

La estructura del conocimiento es una totalidad, compuesta, en verdad, de sus múltiples partes, mayor sin embargo que la suma aritmética de todas ellas, y su total cumpliendo una función que ninguna de sus partes, ni grupo cualquiera de estas puedes desempeñar.

 

Con el hombre sucede lo mismo: podemos, con el fin de estudio y de mayor comprensión, dividirlo en Mónada, Ego y personalidad; sus cuerpos en físico, etéreo, astral, mental y causal: sin embargo el hombre mismo no es ninguna de estas cosas, ni tampoco todas ellas reunidas. Estos son todos medios con los cuales expresa partes, aspectos o funciones de sí mismo: pero él "permanece" una entidad, un misterio, a decir la verdad, distinto de todas estas categorías en que le dividimos y mucho más grande que estas.

 

El Obispo Leadbeater (en la Ciencia de los Sacramentos) da una analogía que puede ser útil en esta oportunidad. Si se hace pasar una corriente eléctrica alrededor de una barra de hierro blando, por un alambre de plata alemana y dentro de un tubo lleno de vapor de mercurio, producirá respectivamente, magnetismo, calor y fuego. La corriente es la misma, pero sus manifestaciones varían según la naturaleza de la materia a través de la cual está actuando. Lo mismo sucede con el hombre: la corriente de vida afluyendo en él está dividida en diferentes variedades de manifestación, según los cuerpos a través de los cuales se expresa. Estudiamos estos cuerpos por turno y sus métodos de funcionar; pero el hombre mismo, lo que resulta en conciencia de varias clases en los varios cuerpos, es el número por detrás de todos estos fenómenos externos y noten, que la verdadera naturaleza de la electricidad elude todavía a nuestros hombres de ciencia, y el hombre mismo en su verdadera naturaleza hace otro tanto.

 

Por esta razón es muy concebible, hasta probable, que estaría dentro de las posibilidades presentar las verdades de la Sabiduría Antigua, digamos, únicamente desde el punto de vista de la conciencia más bien que de la forma, sin mención alguna de atma, buddhi, manas o el sinnúmero de otros términos técnicos con los cuales estas páginas están tan generosamente salpicadas. El verdadero estudiante, el amante sincero de la verdad reconocerá a ésta, no importa bajo que guisa, en que "jerga" —para usar una palabra desagradable— puede estar expresada, o velada; pero que sea por sobre todas las cosas tolerante y bondadoso: todos los caminos conducen a una meta única: que cada peregrino encuentre el suyo y lo siga, ofrendando a los que siguen otros senderos, buena voluntad, amistad y bondad, sin límites y sin superioridad .

 

En vista de lo que se dijo más arriba, en cuanto a los defectos inherentes a 'los procesos y categorización intelectuales, el estudiante tiene que precaverse, por la fuerza, de poner demasiada fe en diagramas, por útiles que sean éstos para la mente trabajadora. Que el estudiante no deje de emplearlos como andamio, como escalas por las que puede subir, pero que esté en guardia por si se convierten en jaulas que le aprisionan. He aquí una prueba: si su comprensión es genuina y amplia, el concepto sintético que ha engendrado, pertenecerá a un mundo mucho más elevado que aquel que proporciona la forma o diagrama: pero, desde el momento en que pone uno la idea en la mente inferior y categorizadora esta idea se proyectará en innumerables formas, variando éstas según los materiales que selecciona de su repositorio de conocimientos, para la expresión de lo que, por su naturaleza propia, es incapaz de encerrarse en gráfico alguno por más ingenioso o apropiado que sea éste. Los diagramas, como todas las clases de categorías-son sirvientes admirables pero amos tiránicos.

 

El compilador abriga la esperanza de que los años de trabajo expendiado en estos volúmenes proporcionará a muchos de sus lectores siquiera la misma claridad de ideas, y sobre todo, entusiasmo y amor cada vez más profundo hacia el Bramha-Vidya, la ciencia noble, el conocimiento de Dios y del hombre, como lo han dado éstos al autor mismo. Del conocimiento procede la comprensión; de la comprensión viene esa serenidad y paz que son tan inconmensurablemente superiores a todo conocimiento y a toda comprensión.

 

"El valor del conocimiento" escribió la Dra. Besant "está comprobado por su poder de purificar y ennoblecer la vida, y todos los estudiantes sinceros desean aplicar el conocimiento teórico adquirido en sus estudios de la Teosofía a la evolución de su propio carácter y a la ayuda de sus semejantes... La emoción que impele al bien vivir se desperdicia en parte si la clara luz de la inteligencia no ilumina la senda de la conducta; porque así como el no vidente se extravía del camino sin apercibirse de ello hasta caer en la zanja, así el ego, cegado por la ignorancia, se aparta del camino del recto vivir, hasta hundirse en la fosa de la mala acción.

En verdad es Avidya —la privación del conocimiento— el primer paso de la unidad a la separatividad, y sólo cuando disminuye ésta, aminora también la separatividad, hasta que su desaparición restablece la Eterna Paz."

 

OBRAS CONSULTADAS                                                               

 

Título      

    Autor                     

Edición

La Sabiduría Antigua

A. Besant

1897

Los Chakras

C. W. Leadbeater

1927

El Mundo Cambiante

A. Besant

1909

La Clarividencia 

C. W. Leadbeater

1908

La Muerte y Después

A. Besant

1901

El Plano Devachánico

C. W. Leadbeater

1902

Los Sueños 

C. W. Leadbeater

1903

Evolución de la Vida y de la Forma

A. Besant

1899

Dioses en el Destierro 

J. J. van der Leeuw

1926

La Vida Oculta en la Masonería

C. W. Leadbeater

1926

El Lado Oculto de las Cosas

C. W. Leadbeater

1913

El Vestíbulo Externo

  1. Besant

1910

La Vida Interna

C. W. Leadbeater

1910/11

Introducción al Yoga  

A. Besant

1908

Karma

A. Besant 

1897

La Vida Después de la Muerte

C. W. Leadbeater

1917

El Hombre y sus Cuerpos

A. Besant

1900

El Hombre Visible e Invisible

C. W. Leadbeater

1902

El Hombre: de Dónde y Cómo Vino y a Dónde Va

Besant y Leadbeater

1913

Los Maestros y el Sendero 

C. W. Leadbeater

1925

La  Mónada  

C W. Leadbeater

1920

Nirvana

G. S. Arundale

1926

El Otro Lado de la Muerte

C. W. Leadbeater

1904

Genealogía  del Hombre

A. Besant 

1908

Reencarnación

A. Besant

1898

La Ciencia de los Sacramentos

C. W. Leadbeater

1920

El Yo y sus Envolturas 

A. Besant

1902

Los Siete Principios del Hombre 

A. Besant 

1904

Algunos Vislumbres de Ocultismo 

C. W. Leadbeater

1909

Estudio Sobre la Conciencia  

A. Besant 

1904

Pláticas Sobre el Sendero del Ocultismo 

Besant y Leadbeater

1926

Pláticas con una Clase 

A. Besant

1921

Un Libro de Texto de Teosofía 

C. W. Leadbeater 

1914

La Teosofía  

A. Besant 

 

La Teosofía y la Nueva Psicología 

A. Besant 

1909

El Poder del Pensamiento

A. Besant

1903