La doctrina del corazón. Annie Besant

LA DOCTRINA DEL CORAZON

DE ANNIE BESANT

 

PREFACIO

 

Aprended a discernir lo real de lo irreal, lo efímero de lo eterno.

Aprended, sobre todo a separar el saber de la cabeza, de la sabiduría del alma; los “ojos”, del “corazón”.

 

LA VOZ DEL SILENCIO

 

Bajo el titulo de LA DOCTRINA DEL CORAZON se ha impreso aquí una serie de documentos que consisten principalmente en extractos de cartas de amigos de la India. No se los da considerándolos como "au­toridad", sino meramente contenedores de pensamientos que algunos de nosotros hemos hallado provechosos y que deseamos compartir con otros. Ellos son para aquellos que resueltamente se esfuerzan en vivir la VIDA PURA, y van dirigidos especialmente a aquellos que saben que esa vida lleva a la entrada definitiva en el Sendero del Discipulado, bajo los Grandes Seres que por el anduvieron en el pasado, y Quienes perma­necen en la tierra para ayudar a caminar por el a su turno. Los pensa­mientos contenidos en esas cartas son pensamientos que pertenecen a todas las religiones, pero las frases y los sentimientos son indios. La devoción es de noble e intensa calidad conocida en el Oriente como Bhakti - la devoción que se entrega a si misma completamente y sin reserva a Dios y al Divino Hombre por medio del cual Dios se manifiesta en carne a los devotos. Ese Bhakti no ha encontrado mejor expresión en ninguna parte, excepto en el induismo; y los autores de esas cartas son indos, acostumbrados a la fluida riqueza del sánscrito, quienes se esfuerzan en poner a tono la dureza del idioma ingles con la dulzura poética de su lengua materna. La dignidad fría y reservada del anglo­sajón y su reticencia emocional son completamente ajenas al desbor­dante sentimiento religioso que fluye del corazón oriental, tan natu­ralmente como el cantar de la alondra. Aquí y allá en Occidente halla­mos al verdadero Bhakti devoto, tales como Tomás de Kempis, Santa Teresa, San Juan de la Cruz, San Francisco de Asís, Sta. Isabel de Hungría. Para la mayor parte, sin embargo, el sentir religioso en Occidente, por profundo y reservado que sea, tiende al silencio y a recogerse en si mismo. Estas cartas no servirán de ayuda a aquellos que se abstienen de expresar sus sentimientos religiosos, no van dirigidas a ellos. Vayamos ahora a la consideración de uno de los contrastes nota­bles de la PUREZA DE VIDA. Todos nosotros reconocemos el hecho de que el Ocultismo nos exige perentoriamente la observancia de reglas de carácter que necesitan cierto aislamiento y rígida autodisciplina. Tanto de nuestra bien amada Maestra H . P . B. , como de las tradiciones de la Vida Oculta, hemos aprendido que la renunciación y el severo gobierno de si mismo se exigen de quien desea pasar por la entrada del Templo. El Bhagavad Gita constantemente reitera las enseñanzas de la indiferencia al dolor y el placer, del equilibrio perfecto en todas las circunstancias, sin las cuales no es posible el Yoga verdadero. Reconocido por todos, en teoría, en este aspecto de la Vida Oculta, algu­nos, obedientemente, se esfuerzan en amoldarse a su semejanza. Otro aspecto de la Vida Oculta hace hincapié sobre La Voz del Silencio, y consiste en esa benevolencia hacia todo lo que siente; es esa inmediata respuesta a toda necesidad humana, cuya expresión perfecta en Aquellos a Quienes servimos Les ha merecido el titulo de "Maestros de la Compasión". Es a esto, en su aspecto practico de cada día, a lo cual estas cartas dirigen nuestros pensamientos, y es lo que la mayor parte descuidamos en nuestra vida, por mucho que su belleza y su perfección puedan tocar nuestro corazón. El verdadero ocultista, al mismo tiempo que es el juez mas severo consigo mismo, el mas rígido de los jefes, a su alrededor es el mas benévolo de los amigos, el mas caballeroso de los auxiliares. Alcanzar esa caballerosidad y cua­lidad de benevolencia, por lo tanto, debería ser la meta de cada uno de nosotros y pueden ser alcanzadas solamente por medio de la practica incesante de la caballerosidad y benevolencia hacia todo cuan­to nos rodea, sin excepción. Todo aspirante a ocultista debería ser la persona, en su propio hogar y en su circulo, hacia quien cada cual mas prontamente se dirija en la tristeza, en la ansiedad, en el pecado -seguro de hallar benevolencia, seguro de hallar auxilio. El mas ina­tractivo y el mas ofuscado, el mas tonto y el mas repulsivo deberían sentir que en él, por lo menos, tienen un amigo. Todo anhelo hacia una vida mejor, el brote de todo deseo de servicio inegoista, todo pe­queño deseo de vivir mas noblemente, deberían hallar en el a uno pronto para animar y fortalecer, de manera que todo germen del bien pueda ceder bajo la cálida y estimuladora presencia de su naturaleza benigna. Alcanzar ese poder de servicio es cuestión de entrenamiento de si mismo en el vivir de cada día. En primer lugar debemos reconocer que el Ego en todos es uno; de modo que en toda persona con quien vengamos en contacto nos desentenderemos de cuanto sea inatractivo en la vestimenta moral y sólo reconozcamos al Ego, presente en su co­razón. En segundo lugar debemos darnos cuenta -en el sentir, no únicamente en teoría -que el Ego esta procurando expresarse por medio de la vestimenta mortal que lo obstruye, y que la naturaleza interna es completamente bella, pero desfigurada por nosotros por medio de las envolturas que la rodean. Luego debemos identificarnos con el EGO, el que en verdad es en esencia nuestro EGO y cooperar con EL, en su lucha contra los elementos bajos que obstruyen su expresión. Y puesto que hemos de operar con nuestra propia naturaleza inferior, la única forma de ayudar eficazmente es mirar las cosas según ese hermano las mira, con sus limitaciones, sus prejuicios, su visión desfigurada; y viéndolas así, y siendo así afectados por ellas en nuestra naturaleza in­ferior, ayudarlo según su sentir y no el nuestro, porque solamente así puede darse ayuda verdadera. He allí el entrenamiento oculto. Apren­damos a separarnos de nuestra naturaleza inferior, a estudiarla, a sen­tir sus sentimientos sin ser afectados por ellos, y así, en tanto que emocionalmente experimentamos, intelectualmente juzgamos. Debemos utilizar este método por amor a nuestro hermano, y al sentir como el siente, tal como la nota sincronizada emite la nota de su cuerda correspondiente, así debemos usar nuestro "yo" desemba­razado para juzgar, aconsejar, elevar, pero siempre usándolo de tal manera que nuestro hermano sea consciente de su noble naturaleza que se expresa por medio de nuestros labios. Debemos desear compartir lo que tengamos de mejor; no es el retener sino el dar lo que es la vida del espíritu. A menudo, lo que tengamos de "mejor" puede ser inatractivo para aquel a quien deseamos ayudar, así como la poesía elevada es para su pequeñuelo; en tal caso debemos dar lo mejor que el pueda asimilar, conservando lo demás no por exagerada parsimonia, sino porque el no lo quiere todavía. Es así como los Maestros de la Compasión nos ayudan a nosotros que somos como niños para Ellos; de igual manera debemos tratar de ayudar a aquellos que son mas jóvenes que nosotros en la vida del espíritu. No olvidemos que la persona que por casualidad se encuentra con nosotros en un  momento dado es persona enviada a nosotros por el Maestro para que la sirvamos en ese  momento. Si por descuido, impa­ciencia o indiferencia dejamos de ayudarla, hemos fracasado en el ser­vicio del trabajo de nuestro Maestro. A menudo dejamos de ejecutar ese deber inmediato por hallarnos absortos en otro trabajo, dejando de comprender que la ayuda al alma humana enviada a nosotros es trabajo nuestro en ese momento; y es necesario que recordemos este peligro, sutil en extremo porque suele usarse el seudo deber para dis­frazar el deber, y que el fracaso en el discernimiento es fracaso en el éxito. No debemos apegarnos a trabajo alguno, cualquiera que sea su naturaleza; no obstante, siempre en el trabajo, pero libre el alma y "atenta", lista a escuchar la más ligera voz que venga de El, quien bien puede necesitar nuestro servicio para servir por medio de nos­otros a alguien que El desea ayudar. La severidad hacia el yo inferior, antes mencionada, es condición para este servicio de auxilio, pues solamente aquel que no tiene sus propios afines, que por lo que hace a su persona es indiferente al placer y al dolor, es suficientemente libre para mostrar perfecta bene­volencia a los otros. No necesitando cosa alguna, puede darlo todo. No amándose a si mismo, vuelvese la encarnación del amor para los otros. En Ocultismo, el libro de la vida es al que volvemos nuestra principal atención. Estudiamos otros libros meramente para pasar la vi­da. Pues el estudio aun de las obras de Ocultismo es solamente medio hacia la espiritualidad si nos esforzamos en vivir la Vida Oculta; es la vida y no el conocimiento, el corazón purificado y no el cerebro bien repleto, lo que nos lleva a los Pies de nuestro Maestro. La palabra "devoción" es la llave para todo progreso verdadero en la vida espiritual. Y si en el trabajo buscamos el conocimiento del movimiento espiritual y no el éxito agradable, el servicio a los Maes­tros y no nuestra propia satisfacción, no podremos desanimarnos ante fracasos temporales ni ante las nubes o la inercia que podamos expe­rimentar en nuestra vida interna. Servir por amor al servicio, y no por el placer que sintamos en servir, es dar un paso definitivo hacia adelante; porque entonces comenzamos a adquirir ese balance, ese equilibrio que nos vuelve aptos para servir contentos, ora en el fracaso, ora en el éxito, sea en la obs­curidad interna, sea en la luminosidad externa. Cuando hayamos logra­do dominar la personalidad hasta sentir verdadero placer en ejecutar el trabajo del Maestro, el que es penoso para la naturaleza inferior, el próximo paso es hacerlo abnegada y completamente cuando ese pla­cer desaparece y todo el gozo y luz se hallan cubiertos de nubes. De otra manera, sirviendo a los Grandes Seres podemos estar sirviendo al yo -sirviendo por lo que podemos alcanzar de Ellos, en vez de hacer­lo por puro amor al Amor. Mientras esta sutil forma de egoísmo prevalece, estamos en peli­gro de abandonar el servicio si la obscuridad permanece por largo tiempo a nuestro alrededor, y si interiormente nos sentimos muertos y desesperanzados. Es en esa noche del espíritu cuando el mas noble servicio se puede prestar, y tiempo en que las ultimas celadas del yo inferior se destrozan. Demos énfasis a la devoción, debido a que por todas partes halla­mos que los aspirantes se encuentran en peligro, y el progreso del trabajo de los Maestros obstruido por el predominio del yo personal. Allí esta nuestro enemigo, allí nuestro campo de batalla. Una vez vis­to esto, el aspirante debería recibir con agasajo en su vida diaria todo cuanto elimine una pequeñita parte de su personalidad, y debería serle grato a todas las "desagradables personas" que le sigan las pisadas y le irriten la sensibilidad y le descompongan su amor pro­pio. Ellas son sus mejores amistades, sus ayudantes mas útiles y nunca deberían ser recompensadas con nada que no sea la gratitud por el servicio que hacen al magullar a nuestro mas peligroso enemigo. Mi­rando así el vivir de cada día, este se vuelve una Escuela de Ocultismo, y comenzamos a aprender ese perfecto equilibrio requerido en los elevados pasos del discipulado, antes que el conocimiento profundo -y por lo tanto el poder- pueda ser colocado en nuestras manos. Donde no hay tranquilo gobierno de si mismo, indiferencia a los asuntos per­sonales, devoción serena para trabajar en pro de otros, no hay verda­dero Ocultismo, no hay verdadera vida espiritual. El psiquisrno infe­rior no pide ninguna de estas cualidades, y por lo tanto se adhieren a el con anhelo los seudo-ocultistas. Pero la Logia Blanca las exige a sus postulantes y hace de su adquisición el requisito de entrada en la Corte de los Neófitos. Por lo tanto, que sea la meta de todo aspirante el entrenarse para poder servir, practicar rigurosa disciplina de si mis­mo a fin de que "cuando el Maestro mire en su corazón, no halle m­ácula en el". Entonces El lo llevara de la mano y lo dirigirá adelante.

 

 

EL DESASTRE pende sobre la cabeza del hombre que pone la fe en los atavíos antes que en la paz de la vida interna, la cual no depende de los estados mentales o emocionales de la vida exterior. En efecto, cuanto mas embarazosas las circunstancias y mayor el sacrificio respec­tivo de vivir entre ellas, tanto mas cerca se halla uno de la meta final y lejos de la mismísima naturaleza de las pruebas a ser subyugadas. No es cuerdo, por lo tanto, dejarse atraer demasiado por ninguna mani­festación exterior de la vida religiosa, pues todo cuanto se halla en el plano de la materia es efímero y fugaz, y ha de llevar al desengaño. Quienquiera que sea atraído fuertemente hacia cualesquiera de las mo­dalidades externas del vivir, tarde o temprano ha de aprender la com­parativa significación de todas las cosas externas. Y cuanto mas pronto se pase por las experiencias requeridas por el Karma del pasado, tan­to mejor para el individuo. Es desagradable en verdad verse repentina­mente arrojado de su elemento, pero la copa que cura la torpeza es siempre amarga, y debe apurársela si ha de erradicarse la enfermedad. Cuando la suave brisa que viene del Loto de Sus Pies susurra sobre el alma, entonces comprendes tu que las peores circunstancias inherentes no son lo suficientemente fuertes para malograr la encantadora música interna. Así como el europeo atraído por el Ocultismo se siente mas cerca de los Grandes Seres cuando pone sus pies en la India, tal se siente el indo cuando asciende a las nevadas alturas de Hawavat. No obstante, es completamente una ilusión, porque no nos acercamos a los Señores de la Pureza por medio de locomoción física, sino volviéndonos mas puros y mas fuertes por medio del sufrimiento constante del pobre mundo alucinado con respecto a nuestros reverenciados Señores, he re­cordado estas palabras: "El silbido de la serpiente hace mas daño al sublime Himavat que la calumnia y el abuso del mundo a algunos de nosotros". Si se admite alguna vez, como debe serlo por todos cuantos tienen algún conocimiento de Ocultismo, que hay huestes de agentes invisibles que constantemente toman parte en los asuntos humanos - Elementales y Elementarios de toda graduación generando toda clase de ilusiones y disfrazándose en toda vestidura, como también miembros de la Lo­gia Negra que se deleitan en engañar y alucinar a todos los novicios de la verdadera sabiduría- uno debe reconocer también que la naturale­za en su grande misericordia y absoluta justicia, debe haber dotado al hombre con alguna facultad de discernir entre las voces de esos habi­tantes aéreos y la de los Maestros. Imagino que todos han de acep­tar que la razón, la intuición y la conciencia son nuestras mas altas facultades, medios únicos por los cuales podemos diferenciar lo verda­dero de lo falso, lo bueno de lo malo, lo correcto de lo incorrecto, siendo esto así, de ello se desprende que todo cuanto deje de ilu­minar la razón y satisfacer las mas escrupulosas demandas de la natu­raleza moral no debe considerarse nunca como comunicación de los Maestros. Debe recordarse también que los Maestros de la Compasión, que Sus palabras iluminan y expanden, nunca confunden y fatigan la men­te; ellas alivian, no perturban; ellas elevan, no degradan. Nunca usan Ellos métodos que marchitan y paralizan la razón y la intuición. ¿Cual sería el resultado inevitable si los Señores del Amor y la Luz forza­ran a sus discípulos con comunicaciones repugnantes bien para la mente como para el sentido de ética? La credulidad ciega tomaría el puesto de la fe inteligente; la parálisis moral en vez del crecimiento espiritual seguiría, dejando a los neófitos completamente desvalidos, sin nada que los guíe, constantemente a merced de ninfas retozonas, y peor todavía: al capricho de todo malévolo Dugpa. ¿Es esta la suerte del discipulado? ¿Puede ser tal el sendero del Amor y la sabiduría? No creo que persona razonable alguna pueda creerlo por mucho ni poco tiempo, aunque momentáneamente se arro­je sobre ella encanto alguno y se le haga tragar los mas grandes ab­surdos. Entre las muchas dudas que asaltan la mente del discípulo para causarle zozobra se halla la duda de si la debilidad física puede o no puede ser impedimento para el progreso espiritual. El proceso de asimilación del alimento espiritual no implica agotamiento de las ener­gias físicas; el progreso espiritual puede proseguir aun cuando el cuer­po sufra. Es falacia enorme, debido a la falta de conocimiento y equilibrio, suponer que la tortura del cuerpo y la inanición lo vuelven receptivo a las experiencias espirituales. Es en virtud de hacer aquello que de la mejor manera puede servir al propósito de los Grandes Seres que se alcanza progreso verdadero y continuo. Cuando el tiempo apropiado llega para que las experiencias espirituales sean grabadas en el cere­bro de la conciencia, el cuerpo no ofrece obstáculo alguno. La pequeña dificultad que el cuerpo puede presentar podría ser eliminada en un segundo. Es engaño pensar que un esfuerzo físico pueda adelantar el progreso espiritual siquiera sea un solo paso. EI medio de acercarse a Ellos es hacer aquello que adelante mas aun Su deseo, y hecho es­to, no es necesario hacer otra cosa.

 

 

Me parece que hay una dulzura característica en ser resignadamen­te paciente, en someter alegremente nuestra propia voluntad a Aquellos que saben lo mejor y que siempre guían directamente. No existe tal co­sa como la voluntad personal, mientras Ellos hallan ocasión para tra­bajar por medio de él en bien de otros. El puede sentirse a veces como abandonado mientras esta solo, pero siempre los hallara a su lado cuando hay trabajo que hacer. Periodos de noches pueden alternarse con periodos de días; y ciertamente ha de estar bien que la obscuridad venga cuando ha de afectarnos a nosotros solamente, aun cuando nues­tro dolor personal deba intensificarse por ello. Sentir Su presencia e influencia es en verdad la mas divina de las dadivas imaginables, pero aun eso debemos estar prontos a sacrificar, si renunciando a lo que con­sideramos es lo mejor y lo mas elevado, el beneficio final del mundo se vuelve mas fácil de alcanzar. Tratad de daros cuenta de la belleza del sufrimiento, cuando este solamente os haga mas aptos para el trabajo. Seguramente nunca debe­mos anhelar la paz si es que en la lucha el mundo debe recibir ayuda. Tratad de sentir que aun cuando la obscuridad parezca estar alrededor de vosotros, sin embargo no es real. Si en ocasiones Ellos se cubren con un velo exterior de indiferencia, de Maya, es solamente para derramar Sus bendiciones con mayor abundancia cuando la estación sea oportu­na. Las palabras no son de mucha eficacia cuando la obscuridad pre­valece, no obstante, el discípulo debe procurar mantener firme la fe en la proximidad de los Grandes Seres, y sentir que aun cuando la luz se ha retirado temporalmente de la conciencia mental, no obstante, bajo Su sabia y misericordiosa distribución ella crece diariamente en su interior. Cuando la mente se torna sensitiva otra vez, ella reconoce con sorpresa y alegría cuanto ha avanzado el trabajo espiritual sin ella haber tenido conciencia alguna de los detalles. Nosotros conocemos la Ley. En el mundo espiritual las noches de grandes y pequeños horro­res invariablemente siguen al día, y el sabio, sabedor de que la obs­curidad es el resultado de una ley natural, cesa de impacientarse. Podemos estar seguros que la obscuridad ha de terminar a su vez. Re­cordad siempre que detrás de la espesura del humo esta siempre la luz de los Pies del Loto de los Grandes Señores de la tierra. Permaneced firmes y nunca perdáis la fe en Ellos, y así no hay nada que temer. Pruebas podéis tener, y en verdad debéis tenerlas, empero seguros de­béis estar de resistirlas. Cuando la obscuridad, que pende como un manto sobre el alma, se disipa entonces podemos ver que en realidad era una sombra fugaz. No obstante, esa oscuridad en tanto que dura, es lo suficientemente real para ocasionar ruina a algunas almas nobles que no habían adquirido aun bastante fortaleza para resistir.

 

 

La vida espiritual y el amor no se acaban por el hecho de gas­tarlos. El gasto tan solo aumenta el acopio y lo hace mas rico y mas intenso. Tratad de ser tan felices y contentos como podáis, porque en el gozo se halla la real vida espiritual. La tristeza es solamente el resultado de nuestra ignorancia y de la ausencia de una visión clara. Así pues, debéis resistir, tanto como podáis, todo sentimiento de tris­teza porque obscurece la atmósfera espiritual. Y aun cuando no po­dais detener completamente su aparición, no debéis dejaros vencer completamente por él. Recordad que en el mismo corazón del universo esta la Beatitud.

 

 

La desesperación no debe hallar lugar en el corazón del discípulo devoto, pues ella debilita la fe y la devoción, y de este modo pro­vee campo para que las Fuerzas Negras combatan allí. Tal sentir es un hechizo lanzado por ellas para torturar al discípulo y si fuere posi­ble sacar provecho de esa ilusión para ellas. He aprendido por me­dio de la mas amarga experiencia que la confianza en si mismo es completamente ineficaz, aun engañadora, bajo pruebas de esta natu­raleza y que la única forma de escapar ileso de tales ilusiones es el dedicarse completamente a Ellos. La razón de esto, asimismo, es completamente sencilla. Para que la fuerza sea efectiva en su oposición, debe hallarse en el mismo plano donde opera el poder que se quiere contrarrestar. Ahora bien, como esas dificultades e ilusiones no provie­nen del ego, este es incapaz de actuar contra ellas. Proviniendo como provienen de las Fuerzas Negras, pueden ser neutralizadas solamente por los Hermanos Blancos. Por lo tanto, para seguridad es necesario someternos - cada cual separadamente- y ser libres de todo Aham­kara[1].

 

 

Conociendo como conocemos que nuestra Sociedad (La Sociedad Teosófica) o, en cuanto a eso, todo movimiento de alguna importan­cia -se halla bajo la vigilancia y protección de Fuerzas mucho mas sabias y elevadas que nuestro pequeño yo, no debemos preocuparnos mucho acerca del destino final de la Sociedad; pero si, contentémonos cumpliendo consciente y diligentemente nuestros deberes para con ella, desempeñando según nuestro leal saber y entender el papel que nos sea asignado. Sin duda, el cuidado y la abnegación tienen sus funcio­nes propias en la economía de la Naturaleza. En el hombre común ellas ponen a trabajar el cerebro y aun los músculos en acción; y si no fuera por éstos el mundo no habría llegado a la mitad del progre­so alcanzado en los niveles intelectual y físico. Pero en cierta etapa de la evolución humana estos son reemplazados por el sentido del de­ber y el amor a la Verdad; y la claridad de visión e ímpetu para trabajar de tal manera nunca pueden ser proveídas por ninguna suma de energía molecular o vigor de nervios. Por consiguiente, despojaos de todo desaliento, y con el Alma vuelta hacia la Fuente de la Luz trabajad animosamente con rumbo a ese gran fin por el cual estáis aquí abrazando con el corazón a toda la humanidad, empero, perfec­tamente resignados por lo qua hace al resultado de vuestra labor. Así lo han enseñado nuestros Sabios, así exhortó SHRI KRISHNA a Arjuna en el campo de batalla, y así hemos de dirigir nuestras energías. Mis propios sentimientos con respecto a los sufrimientos del mun­do son precisamente idénticos a los vuestros. Nada me duele más que el ciego y frenético empeño con el cual una gran mayoría de nues­tros hermanos del género humano se dedican a la búsqueda del pla­cer de los sentidos, y la vista errónea y eternamente vacía que tienen de la vida. El espectáculo de esta ignorancia y locura me toca el cora­zón mucho más tiernamente que las penalidades físicas que las gen­tes padecen. Y a pesar de que la noble oración de Rantideva me con­movió profundamente años atrás, con el vislumbre que desde entonces se me ha permitido en la naturaleza interior de las cosas, considero los sentimientos del Buda como más sabios y más trascendentales. Y aunque gustosamente sufriría la agonía para aliviar las torturas a que está sujeto un discípulo, no obstante, habiendo observado bien así las causas como las consecuencias íntimas de los sufrimientos de un discípulo, mi aflicción por ellas no es en intensidad la mitad de lo que es por causa de la miseria de esos ignorantes desventurados que inteligentemente pagan la mera pena de sus pasados errores. Las funciones del intelecto son meramente la comparación y la raciocinación; el conocimiento espiritual está más allá de esa esfera de acción. Posiblemente vosotros estáis ahítos de sutilezas en vuestro medio ambiente actual; pero el mundo, después de todo, es solamente una escuela, una academia de entrenamiento, y ninguna experien­cia por penosa o ridícula que sea, carece de uso y valor para el hom­bre pensador. Los males con los cuales nos encontramos nos hacen más prudentes solamente, y los errores inexcusables que cometemos, nos han de servir bien en el futuro. Así pues, no debemos quejarnos de ningún acontecimiento por inenvidiable que parezca.

 

 

El Karma, según lo enseñan el Gita y el Yoga Vasishtha, significa actos y voliciones procedentes de Vasana, o el deseo. Se halla dis­tintamente establecido en esos códigos de ética que nada que se haga como puro cumplimiento del deber, nada que obedezca a un senti­do de, digámoslo así, "debe ser", puede manchar la naturaleza moral del actor, aun cuando esté equivocado en la concepción de lo que es deber y decoro. El error, por supuesto, tiene que ser expiado por me­dio del sufrimiento, el cual ha de ser en proporción con las consecuen­cias del error; pero ciertamente no puede manchar ni degradar el carácter de Jivatma (EI ego individualizado).

 

 

Es conveniente usar todos los acontecimientos de la vida como lecciones a convertirse en ventajas, el dolor causado por la separación de amistades que bien queremos puede usarse en esta forma. ¿Que son el tiempo y el espacio en el plano del Espíritu? Ilusiones del cere­bro, entidades irreales meramente, que adquieren apariencia de re­alidad debido a la impotencia de la mente, involucros que aprisionan al Jivatma. El sufrimiento meramente da impulso más potente y fres­co para vivir del todo en el Espíritu. Buena voluntad nos viene al fin a cada uno de nosotros como resultados del dolor; por lo tanto no de­bemos murmurar. Más aun, sabiendo que nada de consecuencia puede ocurrir a los discípulos que no sea la voluntad de sus Señores, debe­mos considerar todo pequeño incidente como un paso hacia el progreso espiritual, como medio hacia ese desarrollo interno que nos ha de habilitar para servirles mejor, e igualmente a la Humanidad. Si podemos servirles solamente, si en medio de todas las tormen­tas y conflagraciones nuestra alma se vuelve a los Pies de Su Loto, ¿que importan el dolor y los sufrimientos que éstos puedan inflingir a nuestras vestimentas transitorias? Comprendemos un poco la signifi­cación interna de esos sufrimientos, estas vicisitudes de las circuns­tancias externas - que cierta suma de dolor sobrellevado significa igual suma de mal Karma eliminado; que cierta cantidad de fuerza ganada en el servicio, significa lección bien aprendida. ¿No son estos pensamientos suficientes para sostenernos en medio de cualquiera suma de tales miserias ilusorias? ¡Cuan dulce es el sufrimiento cuando se sabe y se tiene fe, cuan diferente de las desdichas del ignorante y del escéptico del incrédulo! Casi podríamos desear que todo el sufri­miento y toda la miseria del mundo fueran nuestros a fin de que el resto de nuestros semejantes pudieran ser liberados y ser felices. La crucifixión del Señor Jesucristo simboliza esta fase de la mente del discípulo. ¿No lo creéis así? Solamente sed firmes siempre en la fe y la devoción, y no os desviéis del sagrado sendero del Loto y la Ver­dad. Esta es vuestra parte - el resto lo harán por vosotros los Compa­sivos Señores a quienes servís -. Vosotros sabéis todo esto, y si lo re­pito, es solamente para fortaleceros en vuestro conocimiento; pues a menudo olvidamos algunas de nuestras mejores lecciones; y en tiempos de dificultades el deber de un amigo es antes bien recordaros vues­tros propios asertos que inculcaros nuevas verdades. Es así como Drau­padi a menudo solía consolar a su sabio esposo Yudhisthira cuando horrendo infortunio momentaneamente daba en tierra con su acostum­brada serenidad; e igualmente así Vasishtha mismo recibía alivio y con­suelo cuando se hallaba desgarrado por los golpes de la muerte de sus hijos. ¡Verdaderamente indecible es el lado de Maya de este mun­do! ¡Cuan bello y romantico de una parte y sin embargo, cuan terrible y desdichado de la otra! Si, Maya es el misterio de todos los misterios, y quien ha comprendido Maya ha hallado su propia unidad con BRAH­MAN -la Suprema Bienaventuranza y la Suprema Luz.

 

 

La preciosa imagen vista de Kali de pie sobre Shiva postrado es ilustración de la utilidad - el uso más elevado - de la Ira y el Odio. La complexión negra representa la Ira; con la espada, ella significa también proeza física; y toda la vista significa que mientras el hom­bre tiene ira y odio y fuerza física, debería usarlas en la supre­sión de las otras pasiones, en la masacre de los deseos de la carne. Ella representa, asimismo, lo que realmente ocurre cuando la men­te se vuelve por primera vez hacia la vida superior. Hasta allí carece­mos aun de sabiduría y equilibrio mental, y por lo tanto quebranta­mos los deseos con nuestras propias pasiones, dirigimos nuestra ira contra nuestros vicios, y así los subyugamos; empleamos igualmente nuestro orgullo contra las indignas tendencias del cuerpo y también contra las de la mente, y en esa forma subimos al primer peldaño de la escala. Shiva postrado nos enseña que cuando uno esta comprome­tido en guerra como esta no tiene en cuenta los más elevados princi­pios, más aun, el Atma, de hecho los pisotea, y hasta no haber venci­do al ultimo de los enemigos de su YO no llega a reconocer su actual posición durante la batalla con respecto a Atma. De este modo Kali halla a Shiva a sus pies solamente cuando ella ha matado al ultimo Deitya, la personificación de Ahamkara, y entonces ella se ruboriza ante su furia insana. En tanto que las pasiones todas no hayan sido subyugadas, debemos usarlas para su propia exterminación, neutralizando la fuerza de una con la otra; y solamente así podremos, al prin­cipio, lograr destruir el egoísmo y alcanzar el primer vislumbre de nuestro verdadero Atma - Shiva dentro de nosotros - al que descono­cemos mientras los deseos rugen y crujen en el corazón.

 

 

Bien podemos siempre poner de lado nuestro miope deseo per­sonal a fin de servir a Ellos con fidelidad. Experiencia mía es que sola­mente siguiendo así Su guía uno evita siempre algún peligroso pre­cipicio hacia el cual inconscientemente corría. Difícil parece por el momento desprenderse de cuanto nos gusta, pero al fin, solamente el gozo resulta de sacrificio tal. No hay entrenamiento mejor que los po­cos breves años de nuestra vida, cuando al impulso de puros desenga­ños buscamos abrigo ante los benditos Pies de los Señores, puesto que en ninguna otra parte hay lugar pare el descanso. Y entonces crece en el discípulo el habito de pensar siempre que su único refugio esta en Ellos; y cuando no piensa en Ellos se siente desdichado. Así, des­de la misma obscuridad de la desesperación aparece una luz que nun­ca se extingue. Aquellos cuyos ojos penetran las vastas lejanías del futuro, veladas a los ojos mortales, han hecho y harán lo que sea me­jor para el mundo. Se deben sacrificar los resultados inmediatos y las satisfacciones temporales si la finalidad ha de asegurarse sin riesgo de fracaso. Cuanto mas queramos que sean ciertas las posibilidades de éxito final, tanto menos debemos anhelar los días de la cosecha. Sola­mente en virtud del dolor podemos alcanzar la perfección y la pureza; solamente a costa del dolor podemos hacernos servidores dignos del Huérfano que incesantemente llora por alimento espiritual. La vida es digna de poseerla solamente cuando la sacrificamos a Sus Pies. Regocijémonos por el hecho de tener oportunidades para servir en la Gran Causa por medio de sacrificios personales, pues tal sufri­miento puede ser usado por Ellos para atraer a la pobre errante Hu­manidad, un pequeño paso hacia lo alto. Cualquier dolor que un discípulo puede sufrir es prenda de igual ganancia para el mundo. El debe, por lo tanto, sufrir con buena voluntad y alegremente, puesto que el ve un poquito mas claramente que los ciegos mortales por quie­nes sufre. En todo el curso de la evolución hay una ley, tan dolorosa­mente evidente, aun a los ojos del mas bisoño, según la cual todo cuanto sea digno de adquirirse no ha de obtenerse sin el sacrificio correspondiente. Aquel que renuncia todo sentir del yo, y hace de si mismo un instrumento para que con el trabajen las Divinas Manos, no debe te­mer las tribulaciones y dificultades del riguroso mundo. "Según Tu diriges, así trabajo yo". Este es el camino mas fácil para salir de la esfera del Karma individual, pues aquel que pone todas sus facultades a los Pies de los Señores no aumenta Karma para si; y así, según Shri Krishna promete: "Yo tomo sobre Mí el saldo de sus cuentas" El discípulo no debe pensar en el fruto de sus acciones. Tal enseñó el Gran Maestro Cristiano: "No os preocupéis por el mañana".

 

 

No permitáis que los impulsos guíen la conducta. El entusiasmo pertenece al sentimiento, no a la conducta. El entusiasmo en la con­ducta no tiene lugar en el Ocultismo verdadero, pues el Ocultista debe ser dueño de si mismo. Una de las cosas mas difíciles en la vida del Ocultista es mantener el balance al nivel - este poder emana de la real penetración espiritual. El Ocultista tiene que vivir mas en la vida interna que en la externa. El siente, comprende, sabe mas y mas, pero exhibe menos y menos. Aun los sacrificios que tiene que hacer pertene­cen mas y mas al mundo interno que al externo. En la ordinaria de­voción religiosa todo el sacrificio y fuerza de que nuestra naturaleza es capaz se usan adhiriéndose a lo externo y en superar el ridículo y las tentaciones del plano físico. Pero estas deben servir para ma­yores objetos en la vida del Ocultista. Debe considerarse la propor­ción, y subordinarse lo externo. En una palabra: nunca ser peculiar. Así como el Hamsa toma la leche solamente y deja el agua en que ambas están mezcladas, tal hace el Ocultista, extracta y retiene la vida y la quinta esencia de todas las diversas cualidades y arroja las cáscaras en que ellas están alojadas.

 

 

¿Como pueden las gentes suponer que los Maestros deben inter­venir en la vida y acciones de los individuos, argüir que Ellos no exis­ten o discutir Su indiferencia moral, porque Ellos no intervienen? Con igual razón, las gentes podrían poner en duda la existencia de alguna Ley moral en el Universo, y argumentar que la existencia de iniqui­dades y practicas infames en la humanidad es contra la suposición de tal Ley. ¿Por qué olvidan que los Maestros son Jivanmuktas y que la­boran con la Ley, se identifican con la Ley, y que en efecto son el mis­mo espíritu de la Ley? No hay motivo para sentirse doloridos, pues el tribunal al que nos sometemos en asuntos de conciencia no es la opinión publica sino nuestro Yo Superior. Batalla como esta es la que purifica el corazón y eleva el alma, y no la furiosa lucha hacia la cual nuestras pasiones o acaso "la justa indignación" o lo que se ha llamado "justo resentimiento” nos impelen. ¿Que son para nosotros las inquietudes y las dificultades? ¿No les damos la bienvenida así como a los placeres y las facilidades? ¿Pues no son ellas nuestras mejores entrenadoras y educadoras, llenas de saludables lecciones? ¿No nos incumbe, por lo tanto, ir con mas equilibrio a lo largo de todas las mudanzas de la vida y las vicisitu­des de la fortuna? ¿Y no sería mayor descrédito para nosotros si dejásemos de preservar la tranquilidad mental y el equilibrio emocio­nal que deberían siempre caracterizar la disposición del discípulo? Ciertamente el debería permanecer sereno en medio de las tormentas y tempestades exteriores. Este es un mundo completamente enloquecido si miramos su exterior solamente; no obstante, ¡cuan engañadora es su locura! Es la verdadera locura de la demencia, donde quien la pade­ce ignora su condición - mas aun, se cree perfectamente sano. ¡0h! si la armonía y la música que reinan en el Alma de las cosas no nos fueran perceptibles a nosotros, cuyos ojos han sido abiertos a la com­pleta locura que penetra la corteza exterior, cuan intolerable nos seria la vida. ¿No pensáis que no es completamente agradable estar triste, cuan­do estamos obedeciendo los deseos de nuestros Señores y nos hallamos en el desempeño de nuestro deber? Debéis tener no solamente paz y satisfacción, sino también alegría y vivacidad cuando servís a Aque­llos cuyo servicio es nuestro mas grande privilegio y cuya memoria es nuestro mas verdadero deleite.

 

 

Que Ellos nunca nos han de olvidar es tan cierto como la Muerte. Pero es nuestro deber unirnos a Ellos con real y profunda devoción. Si nuestra devoción es real y profunda no hay la mas remota casualidad de que caigamos lejos de Sus santos Pies. Pero vosotros Sabéis lo que significa real y profunda devoción. Sabéis tan bien como yo que nada que no sea completa renuncia de la voluntad personal, el anonadamiento absoluto del elemento personal en el hombre, puede constituir Bhakti propio y genuino. Es solamente cuando toda la na­turaleza humana esta en perfecta armonía con la Divina Ley, cuando no hay una nota discordante en ninguna parte del sistema, cuando todos los pensamientos de uno, ideas, imágenes, deseos, voluntarias e involuntarias emociones vibran en contestación, en completa concordancia con el "Gran Aliento", que se alcanza el verdadero ideal de devoción, y no antes de ello. Nos elevamos mas allá de la posibilidad de fracaso solamente cuando se ha llegado a esa etapa de Bhakti, la única que asegura progreso perpetuo y éxito indudable. El discípulo no fracasa debido a falta de cuidado y amor de parte de los Grandes Maestros sino, a pesar de esos desvelos a causa de su contumacia y debilidad innata. Y no podemos decir que la contumacia sea imposible en quie­nes asoman ideas de separatividad - impregnadas a lo largo de eones de ilusorio pensar y corrupción no erradicadas completamente aun.

 

 

No debemos engañarnos a nosotros mismos de ningún modo. Al­gunas verdades son en verdad amargas; pero el curso mas cuerdo es conocerlas y hacerles frente. Deleitarse en un fantástico paraíso es sola­mente cerrar la puerta del verdadero Eliseo. Es verdad que si nos sen­tamos deliberadamente para descubrir si existe o no existe en nosotros todavía algún rastro de separatividad o personalidad o algún deseo de contrarrestar el curso natural de los acontecimientos, podemos no hallar motivo alguno, razón alguna para dicha aseveración o deseo. Según sabemos y creemos que la idea de aislamiento es mero produc­to de Maya, que la ignorancia y los deseos personales emanan solamen­te del sentimiento de aislamiento y que son la raíz de todas nues­tras miserias, no podemos por menos que rechazar con desdén esas falsas e ilusorias nociones cuando razonamos sobre ellas o acerca de ellas. Pero si analizamos los hechos actuales y nos observamos todo el día y tomamos notas de las varias modalidades de nuestro ser, variables con las diferentes circunstancias, una conclusión diferente se impondrá en nosotros por si misma, y hemos de hallar que la actual comprensión en nuestra propia vida del conocimiento y creencia nuestro es todavía lejano incidente, y que ocurre solamente por breve momento tal vez, cuando estamos completamente olvidados del cuerpo o de cual­quier otro medio material, y nos hallamos completamente absortos en la contemplación de lo Divino - mas aun, nos hallamos sumergidos en la Divinidad Misma. Para nosotros, gracias a la merced de los Señores, las cosas de la tierra son mas sencillas y mas inteligibles que para el hombre del mun­do, y es por eso que con anhelo dedicamos las energías de nuestra vi­da a Su Servicio. Toda actividad, caridad, benevolencia, patriotismo, etcétera - el cínico dirá con alegre desdén - es permuta, es pura cuestión de concesiones mutuas. Pero el mas noble aspecto que aun esta desdeñada honradez mercantil -estrictamente interpretada y aplicada a las mas elevadas esferas de la vida - presenta a las miradas superio­res, esta mas allá del alcance del mofador arrogante; y así, el se ríe y desecha la honradez, llamándola mercantil, y el mundo tonto y fes­tivo, ávido de un poquito de alegría, ríe con el y lo llama hombre sa­gaz e ingenioso. Si miramos la superficie de esta maravillosa esfe­ra nuestra, nada sino tristeza y tenebrosidad cubrirán nuestra alma, y la desesperación paralizara todo esfuerzo tendiente a mejorar tal condición. Pero si miramos en lo mas hondo, todas las inconsistencias se desvanecen, y todo parece bello y armonioso, y el corazón se llena de alborozo y alegría, y con liberalidad abre sus tesoros al universo circundante. Así pues, no debemos sentirnos descorazonados ante ningún panorama amenazador que veamos, ni lamentar la locura ni la cegue­dad de los hombres en cuyo medio hemos nacido.

 

 

Hay leyes fijas de moral, así como hay leyes físicas uniformes. Estas leyes de moral pueden ser violadas por el hombre, pues esta dotado de individualidad y de la libertad a ella inherente. Cada una de esas violaciones se convierte en fuerza moral en dirección opues­ta a aquello hacia lo cual la evolución se encamina, y es inherente al plano moral. Y en virtud de la ley de reacción cada una posee la ten­dencia de evocar la operación de la ley correspondiente. Ahora bien, ­cuando estas fuerzas opuestas se acumulan y adquieren forma gigan­tesca, la fuerza reaccionadora se vuelve necesariamente violenta y re­sulta en revoluciones morales y espirituales, en guerras piadosas, cru­zadas religiosas y reacciones semejantes. Extended esta teoría y comprenderéis la necesidad de la aparición de Avatares sobre la tierra. Cuan fáciles se vuelven las cosas cuando se nos abren los ojos; inver­samente, que incomprensibles parecen ellas cuando la visión espiritual es ciega, nebulosa e inactiva. La naturaleza en su infinita generosidad ha provisto al hombre en los planos exteriores con facsímiles exactos de su funcionamiento interno, y en verdad, aquellos que tienen ojos para ver, pueden ver, y aquellos que tienen oídos para oír pueden oír. Cuan intenso es el anhelo de llevar auxilio al Alma que sufre, en sus horas de horrenda prueba de melancólica obscuridad. Pero la ex­periencia muestra a quienes han pasado por pruebas similares, que es mejor para aquellos el no percibir en ese tiempo la ayuda que les es dada, y que sean agobiados con el triste sentir de la soledad y el hallarse totalmente desamparados. Si fuese de otra manera, la mitad de los efectos de la aflicción se perdería, y la fortaleza y el conocimiento que siguen a cada una de tales tribulaciones tendrían que adquirirse durante años y años de andar a tientas y tambaleando. La Ley de Acción y reacción opera en todas partes... A aquel cuya devoción es completa, es decir, a aquel que de hecho como también en pensamien­to consagra todas sus energías y todo cuanto posee a la Suprema Dei­dad, y se da cuenta de su propia insignificancia así como también de la falsedad de la idea de separatividad -a aquel solamente, no es per­mitido a las fuerzas de la obscuridad acercársele-, y su Alma esta pro­tegida de todo peligro. El pasaje del Gita en que podéis estar pensan­do debe interpretarse que significa que nadie que haya despertado en sí el sentimiento de devoción puede apostatar por siempre pero no hay garantía para él contra aberraciones temporales. Si, en un sen­tido, todo ser viviente, desde el Ángel más sublime hasta los mas in­significantes protozoarios, están bajo la protección del Logos y su sis­tema, y son llevados a través de varias etapas y modalidades de exis­tencia de regreso a Su seno, a gozar allí las bendiciones de Moksha por una eternidad. Lo exterior siempre revela lo interior a los ojos que ven, y los lu­gares y las gentes son siempre interesantes. Por otra parte, lo ex­terior no es aquello tan vil y despreciable como puede usted imaginarse durante la primera intensidad y agudeza de Vairagya, o disgusto ex­presado. Pues si fuera así, toda la creación seria un desatino y un derro­che de energía sin propósito. Pero sabéis que de hecho no es así; que por el contrario hay una filosofía sabia y profunda aun en estas ilu­sorias manifestaciones y vestiduras externas, y que Carlyle en su Sartor­ Resartus ha mostrado una parte de esta filosofía. ¿Por qué entonces retirarnos con desagrado y con horror aun de los más indeseables des­echos? ¿No son también benditas y llenas de sabias lecciones las vestiduras con que la Suprema Divinidad se disfraza? Con razón decís que todas las cosas, tersas e impuras, tienen lugar apropiado en la Natu­raleza y que por su misma diferencia y variedad constituyen la perfección del Supremo LOGOS.

 

 

¿Por qué debe cortarse la comunicación con el mundo interno, causando melancolía y pesadumbre al corazón? Porque el exterior tie­ne todavía algunas lecciones que enseñar, y una de ellas es que el también es divino en su esencia, divino en su substancia y sus méto­dos, que por lo tano debéis serle más bondadosos. De otra parte, la tristeza y la melancolía tienen su uso y filosofía. Se necesita de ellas para la evolución y el pimpollecer del Alma humana como del gozo y el encanto. Sin embargo, se las necesita solamente en las primeras etapas de nuestro crecimiento, y se pasa sin ellas cuando el Ego ha flo­recido y ha abierto su corazón al Divino Sol.

 

 

Vosotros sabéis como opera la evolución. Comenzamos sin sensa­ción alguna. Gradualmente la desarrollamos, y en cierto punto de nues­tra peregrinación la poseemos en el mas intenso grado. Luego viene un periodo en el cual se considera la sensación como Maya, y así comienza a disminuir y el conocimiento predomina, hasta que al fin este incinera toda la sensación, y entonces poseemos absoluta paz. Pero, ninguna en la nesciencia, como en los comienzos de nuestra vida en el reino mine­ral, mas si en la omnisciencia; paz, no en la completa apatía como si fuera la muerte, tal como la vemos en las piedras, sino en vida absolu­ta y absoluto amor. Esto halla descanso, porque da vida a todo lo que es, y derrama sus bendiciones en todo el Universo. Pero los extremos se tocan, y así en uno de los aspectos los principios coinciden.

 

 

Deseo aclarar dos puntos: (1) Que la psique no entrenada siempre corre el riesgo de promover cosas realmente dichas por el enemigo co­mo si fueran preceptos del Maestro; y (2) Que el Maestro no dice na­da que el intelecto de Su auditorio no pueda comprender, y contra lo cual no se rebele su sentido de moral. Las palabras del Maestro, por mucho que ellas se opongan a los pensamientos previos de uno, nunca dejan de llevar consigo la mas absoluta convicción, bien así al intelecto como al sentido de moral de la persona a quien van dirigidas. Ellas vie­nen como revelación y rectifican un error que inmediatamente se tor­na evidente; fluyen como columna de luz que disipa la melancolía, no demandan credulidad o fe ciega.

 

 

Bien conocéis vosotros cuanto el enemigo ha estado trabajando contra nosotros, y si faltamos en la devoción a los Maestros, o en el desempeño de las obligaciones que Ellos han tenido a bien encomen­darnos, el nos dará dificultades sin fin. Pero no hacemos mucho caso de tales dificultades; podemos sobrellevarlas con eterna paciencia y sin incomodarnos. Lo que nos tortura y perturba nuestra tranquilidad mental es el arrancarnos del lado de nuestros Señores, con lo cual de cuando en cuando estamos amenazados. Ninguna otra cosa puede ator­mentarnos - ningún dolor personal, ninguna perdida física por gran­de que sea su intensidad. Pues sabemos sin duda alguna que todo cuan­to es persona es transitorio y fugaz, que todo cuanto es físico es ilu­sorio y falso, y que nada sino el destino y la ignorancia lloran por las cosas que son del mundo de las sombras.

 

 

Poco gana el discípulo de las enseñanzas en el plano intelectual. El conocimiento que desciende del Alma hacia el intelecto es el cono­cimiento único digno de poseerse, y tan seguro como la sucesión de los días el acervo de conocimiento del discípulo aumenta. Y con el au­mento de tal conocimiento viene la eliminación de todo lo que le sir­ve de obstáculo en el Sendero.

 

 

La vía del dolor es una a la cual llega a acostumbrarse quien­quiera que vive la vida del Espíritu. Nosotros sabemos que el dolor no puede durar por siempre, y aun cuando durase no importaría mucho. Nosotros no esperamos ser de mucho servicio a los Maestros o a la Hu­manidad, sin tomar de los enemigos nuestra completa medida de su­frimiento. Pero la ira de los Monarcas de la Obscuridad es a veces te­rrible de encarar, y ellos perfectamente lo aterran a uno con el Maya que en ocasiones crean. Pero el corazón puro no tiene nada que temer y está seguro del triunfo. El discípulo no debe afligirse a causa del dolor temporal y la ilusión que ellos tratan de crear. Ocasiones hay en que ellos parecen ejecutar continuos estragos internos, y entonces el mismo tiene que sentarse sobre las ruinas, en paciente espera del mo­mento en que el asúrico[2] Maya se retire. Siempre debe dejar que las olas de la duda y la inquietud pasen sobre el manteniéndose firme en el áncora que él ha hallado. El enemigo no puede causar daño real o considerable, en tanto se mantenga devoto a Ellos con toda su Alma y con toda su fortaleza. "Quien se une a Mi, fácilmente cruza el océano de la muerte y el del mundo por medio de Mi ayuda”.

 

 

Nada puede sucederle al discípulo que no sea para su bien. Una vez que una persona deliberadamente se pone en las Manos de los benévolos Maestros, Ellos miran que todo suceda en debido tiempo - el tiempo en el cual se obtengan las ventajas más grandes, tanto pa­ra el discípulo como para el mundo. Por lo tanto, jovial y alegremen­te, el debe aceptar todo cuanto le venga, "sin pensar en el mañana."... La corteza agitada por enfurecida mar se halla mas en paz que la vida del peregrino en marcha hacia el templo del Espíritu. Una vida paci­fica significaría estancamiento y muerte en el caso de uno que no haya adquirido el derecho a la paz en virtud de la completa destrucción del enemigo - la personalidad.

 

 

Vosotros no debéis caer en las falacias que comete el ignorante. Todo amor verdadero es atributo del Espíritu, y Prana y Bhakti son dos aspectos de la Divina Prakriti (Naturaleza) la que hace digna de vivirse la vida del aspirante a las aguas de la inmortalidad. En la tempestuosa obscuridad de la vida del discípulo la única luz viene del Amor, pues el Amor y Ananda (el Arrobamiento) en el sentido mas elevado son idénticos, y cuando mas puro y espiritual es el Amor, tan­to mas participa este en la naturaleza de Ananda y tanto menos se mezcla con elementos discordantes. Solamente el santo amor del Maes­tro es tan majestuosamente sereno al extremo de no haber nada en el que no participe de lo Divino.

 

 

Discreción y economía son tan necesarios en Ocultismo como en toda esfera de actividad. En efecto, en la vida del Ocultista todas las facultades de la mente humana consideradas como virtudes en el sen­tido corriente son puestas al uso y ejercicio mas grandes, y son adi­tamentos necesarios de la vida real, la única que sola puede formar al discípulo. No puede ayudarse al mundo tan fácilmente como lo imagi­nan muchos, aunque hubiera mas agentes. El conocimiento de parte del discípulo no es el único que se necesita. Mirad alrededor y reflexio­nad, antes de decidir si el conocimiento y la devoción de los pocos pue­den acelerar las manos del reloj. Ni aun la menor tentativa puede ha­cerse sin provocar la hostilidad feroz del otro lado. ¿Y esta el mundo preparado para sobrevivir a la reacción? Vosotros comprenderéis cuan sabios son nuestros Señores al no ir mas lejos de lo que Ellos van, si solamente aprendéis de todo cuanto habéis visto.

 

 

¿De que valdría la vida si no sufriéramos - sufrir para volver mas puro al mundo que lanza quejidos ante nuestros ojos; sufrir para ganar un poquito mas de las aguas de la vida con que matar la sed de algunos labios resecos? En efecto, a no ser por el sufrimiento que es el destino del discípulo que con pies sangrantes va por el Sendero, él podría descarriarse y perder de vista la meta en la cual sus ojos deben estar siempre fijos. El Maya del mundo fenomenal es tan turbador, tan fascinador que tal me parece que a la eliminación del dolor debe inevitablemente seguir el olvido de las realidades de la existencia, y que con la desaparición de la sombra de la vida espiritual su luz desaparecería también. En tanto que el hombre no haya sido transformado en Dios, es inútil esperar hallarse en no interrumpido gozo de la biena­venturanza espiritual; y en tiempos de su ausencia solamente el sufri­miento mantiene firme los pies del discípulo y lo libra de la muerte, que seguramente le llegaría con el olvido de la realidad del mundo espiritual.

 

 

El discípulo no debería inquietarse ni sorprenderse cuando las fuerzas espirituales dirigidas contra él por el adversario hallan su cam­po de acción en un plano mas elevado que el del intelecto físico. Es verdad que las moribundas ascuas en alguna invisible y obscura grieta pueden, de acuerdo con su propia naturaleza, ser agitadas y converti­das en llama; pero la llama es algo que forma la señal de la destrucción final de alguna debilidad que debe ser incinerada. En tanto que la mancha de la personalidad no se lave y desaparezca, el vicio en sus múltiples formas puede hallar abrigo en alguna olvidada parte del corazón, aunque no halle expresión en la vida mental. Y la única ma­nera de volver inmaculado el santuario del corazón es dejar que los rayos de luz del proyector penetren en las obscuras grietas y con calma presenciar el trabajo de su destrucción. Nunca debe el discípulo per­mitir que ese proceso purificador lo haga desmayar, cualesquiera sean las monstruosidades que deba presenciar. El debe mantenerse firme a los Pies de Aquel que mora en la gloriosa región purificadora de todo lo que es material; entonces él no tiene nada que temer ni que le cause ansiedad. El tiene fe en Aquellos que lo protegen y ayudan y hace bien en dejar las actividades del plano espiritual al cuidado y dirección de Ellos. Cuando el obscuro ciclo termine, él percibirá el brillar del oro cuando la escoria se ha calcinado. En esta mundana esfera nuestra, como en todos los planos de exis­tencia, la noche se alterna con el día - sombras hay aun bajo la misma lámpara. Empero, ¡cuan extraño que los hombres de cultura y erudición fantaseen que con el avance de la Ciencia, de la tosca Ciencia materialista, las miserias individuales, raciales y nacionales han de cesar para siempre y por siempre - enfermedades, plagas y sequías, guerras e inundaciones, mas aun que cataclismos, todos han de ser cosas de re­moto pasado!

 

 

El interés que tenemos en todos los asuntos de esta efímera esfera pertenece solamente a las emociones y al intelecto, y no puede tocar el Alma. En tanto que nos identifiquemos con el cuerpo y la mente, las vicisitudes que agobian a la Sociedad Teosófica y los peligros que ame­nazan su vida o solidaridad pueden ser influencia deprimente para nues­tro espíritu - influencia frenética en ocasiones. Pero tan pronto como vivamos en el espíritu para comprender la naturaleza ilusoria de la existencia externa, el carácter cambiante de todo organismo humano y la inmutabilidad de la Vida interna, sea que la conciencia cerebral re­fleje o no el conocimiento, sentiremos calma interna y despreocupación, - si tal vale decir - en este mundo de sombras y permaneceremos inafectados por las revoluciones y erupciones de la tierra. Una vez que se ha llegado al Ego Superior, el conocimiento de que las Leyes y los Poderes que gobiernan el universo son infinitamente sabios se vuelve instintivo, y la Paz en medio de las angustias externas es inevitable.

 

 

Hablando corrientemente y de un modo general, en el plano en que vivimos hay tres puntos de vista para considerar la miseria en general. Podemos considerarla, por ejemplo: (1) Como prueba o en­sayo del carácter; (2) Como agencia de retribución o justo castigo; (3) Como medio de educación en el sentido mas amplio de la palabra. Al examinar estos tres puntos de vista viéneme a la mente la resistencia "mortal" al dolor (experimentada a veces por algunos aspirantes), pa­recida en mucho a la idéntica relación que hay entre el confinamien­to aislado y la prisión con trabajo forzado. Sin duda alguna, esta ilustración es un tanto cruda, no obstante, me parece muy sugestiva, pues he hallado que la analogía es buen auxilio en la comprensión de lo abstracto y de las proposiciones sutiles: tal es el motivo de este plan para explicar las cosas. Otra vez, todas las fuerzas operan aquí hacia la evolución de una humanidad perfeccionada, y es solamente por me­dio del desarrollo armonioso de todas nuestras facultades superiores y nobles virtudes que podemos alcanzar la perfección. Y este desarrollo armonioso es posible solamente mediante el ejercicio apropiado de esas facultades y virtudes, mientras que ese ejercicio, a su vez, requiere condiciones particulares para cada distinto atributo. El sufrimiento in­tenso y positivo ni prueba ni compensa o pone en actividad las mismas aptitudes y méritos de la humanidad como un pesado, melancólico va­cio interno. Paciencia, sufrimiento resignado, fe, devoción, se desarrollan mejor durante una lobreguez mental que durante una lucha dura y activa. La ley de acción y reacción se aplica en el plano moral, y las virtudes evocadas por ese "embotamiento" mental son las mas apropiadas para combatirlo y vencerlo, y ciertamente no son las mismas con las cuales confrontéis el dolor actual, por atormentador que sea. Una palabra más sobre este asunto y continuaré. Ese estado mental indica que el peregrino esta en la línea divisoria entre lo conocido y lo des­conocido con definida tendencia al segundo. Ella marca un grado defi­nido de crecimiento espiritual e indica el estado en que el Alma en su marcha progresiva, vaga pero inequívocamente, ha comprendido el carácter evasivo del mundo material, esta insatisfecha y disgustada con las cosas groseras que ve y conoce, y ansía las cosas mas reales, conocimiento mas substancial. La explicación precedente, aun cuando sucinta e inconexa, espero que os satisfará respecto de la utilidad de vairagya - del sentir la au­sencia total de la vida y la realidad tanto en vosotros mismos como en el mundo que os circunda - en la economía de la Naturaleza, y os muestre como ella sirve de criterio para la firmeza mental y la sen­cillez del corazón, de que manera como medida punitiva actúa como antídoto contra el egoísmo intelectual - el inexcusable error filosófico de identificar el Ego con la personalidad - la locura de tratar de nutrir el Alma con grosero alimento material; y además, como desarrolla ella o, antes bien, tiende a desarrollar la verdadera fe y devoción, y despier­ta la Razón superior y el Amor de lo Divino.

 

 

De lo alto a lo bajo, la vida es una alteración entre el movi­miento y el reposo, entre la luz y la obscuridad, entre el placer y el dolor. Así pues, nunca permitáis que vuestro corazón se hunda en la desesperación ni dejéis que lo arrastre cualquier corriente de pensa­miento adversa. Habéis comprobado intelectualmente, y en la actuali­dad estáis experimentando el fantástico e ilusorio carácter de las cosas per­ceptibles por los órganos sensorios y aun por la mente, y la efímera naturaleza de todos los placeres físicos y emocionales. Manteneos fir­mes, por lo tanto, en la senda que os ha de llevar a una visión de la verdadera vida, por escabrosas que sean las regiones por donde ella ha de cruzar, por privados de alegría que sean los desiertos que de cuando en cuando ella ha de atravesar. Sobre todo, tened fe en los Compasivos Maestros, con alma y corazón dedicaos a Su servicio, y todo ha de tener buen fin.

 

 

Todo lo necesario para la extirpación de cualquier vicio es: (1) Conocimiento exacto del vicio en sí mismo. (2) El reconocimiento - un agudo sentir de que es un vicio, que es necesidad el mantenerlo, y que es indigno; y finalmente (3) La voluntad de "exterminarlo". Esa voluntad ha de penetrar en la esfera subconsciente donde mo­ra el vicio y pausadamente, pero con certeza, lo exterminara.

 

 

La verdadera tranquilidad mental nunca es producto de la indi­ferencia y la impasibilidad; ella puede proceder solamente de la introspección alta y profunda de la sabiduría.

 

 

El discípulo de la Gran Logia de Ellos, por humilde que sea, debe vivir en lo Eterno, y su vida debe ser la vida del Amor Universal; de lo contrario, el debe abandonar sus altas aspiraciones. El servicio activo que cada discípulo debe prestar al mundo es diferente para diferentes clases de estudiantes, y esta determinado por la naturaleza peculiar, disposición y capacidad del individuo. Por supuesto, vosotros sabéis que mientras no se alcance la perfección, deberá mantenerse la variedad aun en el modo de servicio que el chela debe llevar a cabo.

 

 

Es simplemente imposible presuponer la eficacia de la Verdad en todas sus fases y conexiones en la obra de impulsar el avance de la evolución del Alma humana. Debemos amar a la Verdad, buscar la Ver­dad y vivir la Verdad; solamente así puede el estudiante de Ocultismo ver la Divina Luz, la que es Verdad Sublime. Donde quiera que hay la menor inclinación hacia la falsedad en cualquier forma, allí hay sombra e ignorancia y su prole - el dolor. Y esta inclinación hacia la falsedad pertenece a la baja personalidad, sin duda. Es aquí que nuestros in­tereses chocan; es aquí que la lucha por la existencia se halla en plena acción, y es aquí, por lo tanto, que la cobardía, la improbidad y el fraude hallan amplio campo. Los "signos y síntomas" del funcionamiento de este yo inferior no pueden nunca permanecer ocultos para quien ama sinceramente la Verdad y busca la Verdad y siente devoción por los Grandes Seres en lo íntimo de su conducta. A menos que el corazón sea perverso, nun­ca dejaran de hallar coyuntura las dudas acerca de la rectitud de cual­quier acto en particular, y entonces el verdadero discípulo se ha de preguntar: "¿Complacerá a mi Maestro el que yo haga tal o cual co­sa?" o " ¿Fue orden Suya que yo actuara de tal manera?" La verdadera respuesta ha de asomar pronto, y el aprenderá entonces a enmendar su línea de conducta y armonizar sus deseos con la Divina Voluntad, y mas tarde alcanzará la paz y la sabiduría.

 

 

La Teosofía no es cosa que pueda arrojarse y martillarse (por grado o por fuerza) en la cabeza o el corazón de cualquiera. Debe asimilarse con facilidad en el natural curso de la evolución, debe ser aspirada e inhalada como el aire que nos rodea. De lo contrario, valiéndose de una expresión común, causaría indigestión.

 

 

Al sentir el crecimiento de la propia Alma, uno se da cuenta de que los acontecimientos externos parecen no tocarla. Esto, una vez mas, es la mejor prueba del desarrollo espiritual, y quien lo sienta, por in­significante y leve que sea, no necesita preocuparse por ningún fenó­meno de Ocultismo. Desde el mismo comienzo de mi noviciado se me ha enseñado a confiar mas en la calma interior que en ningún fenó­meno de los planos físicos, astral o espiritual. Y, teniendo condiciones favorables y fuerza en sí mismo, mientras menos fenómenos ve uno, mas fácil es alcanzar real y substancial progreso espiritual. Así, mi humilde consejo para vosotros es que dediquéis vuestra atención siem­pre al crecimiento de la calma interna, y no al deseo de conocer en detalle el proceso por medio del cual se efectúa el crecimiento. Si sois pacientes, puros y devotos, lo conoceréis todo con el tiempo, pero re­cordad siempre que el contentamiento perfecto y resignado es el alma de la vida espiritual.

 

 

 El progreso espiritual no es siempre el resultado de actos de bondad y de sa­crificio, si bien estas cualidades serán las primeras en ser alcanzadas a su debido tiempo.

 

 

Es verdad que en el deseo de ganar el afecto de las personas a nuestro alrededor, hay un matiz de personalidad que, si fuera elimi­nado, nos haría ángeles, pero debemos recordar que en el transcurrir de un futuro largo, muy largo, nuestras acciones han de verse mati­zadas con un leve sentir del "yo". Constante esfuerzo nuestro debe ser eliminar, matar aquel sentimiento tanto como fuere posible. No obstante, como el "yo" ha de mostrarse en alguna forma, sería mucho mejor que exista como factor inapreciable de una conducta noble, afec­tuosa y conducente al bienestar general, en vez de que el corazón se vuelva duro, que el carácter en general se torne anguloso, que el "yo" se manifieste en colores mucho menos atractivos y bellos. Ni por un momento sugiero con esto que no se hagan esfuerzos en orden a bo­rrar esa leve mancha; lo que quiero dar a entender es que el bello ro­paje que sirve de vestidura a la mente no debe arrojarse al fuego sim­plemente porque su blancura no es inmaculada. Debemos tener en men­te que todas nuestras acciones son mas o menos el resultado de dos factores: el deseo de la complacencia de si mismo y el deseo de benefi­ciar al mundo; y nuestro esfuerzo constante debería ser atenuar el primer elemento en todo cuanto sea posible, puesto que tal vez no sea completamente eliminado hasta que deje de existir el germen de la personalidad. Este germen podrá ser matado por medio de procesos que el discípulo aprende a medida que progresa, con la devoción y las bue­nas acciones.

 

 

Los Maestros están siempre cerca de aquellos servidores Suyos que por medio de la renuncia de si mismo se han dedicado en cuerpo, men­te y alma a Su servicio. Aun una palabra bondadosa a Ellos dirigida no queda sin recompensa. En tiempos de severa prueba, de acuerdo con una benéfica ley, Ellos suelen dejar que el discípulo, cualquiera sea su sexo, luche solo en la batalla y sin ayuda de Ellos, pero quie­nquiera que de valor a Su servidor recibirá su recompensa sin duda al­guna.

 

 

Conservándose sereno y desapasionado, no hay duda que, tal como los días pasan, uno se acerca mas y mas a esa influencia que es la esencia de la vida, y un día el discípulo se sorprenderá de haber crecido maravillosamente sin conocer ni percibir el proceso del creci­miento. Pues, en verdad, el Alma en su verdadero crecer, "crece como la flor, inconscientemente", pero ganando en dulzura y belleza al em­beber la luz solar del Espíritu. La lealtad combativa a persona o causa alguna es escasamente recomendable en el discípulo, y ciertamente no es indicio de progreso espiritual .

 

 

El primer paso, en casi todos los casos, tiene el efecto de pertur­bar un panal de avispas. Todos los sobrantes de vuestro mal Karma os rodean y se os adhieren firmemente, y volverían voluble y trémulo a quien no supiera mantenerse firme. Pero aquel cuyo máximo objetivo sea el de dar su vida por otros si fuese necesario, sin preocuparse por si mismo, no tiene nada que temer. Las sacudidas mismas de los altos y bajos de esa vorágine de miserias y tribulaciones dan fuerza y con­fianza, y forjan el crecimiento del Alma.

 

 

Recordad que el sufrimiento por el cual el discípulo tiene que pasar es porción de su entrenamiento - emana de su deseo de que­brantar la personalidad en él. Y al final él hallara que la flor de su Alma se embellece mas encantadoramente, pues que la tormenta sobre la cual ha triunfado y que el amor y la benevolencia del Maestro com­pensan con creces todos sus sufrimientos y sacrificios. Es una prueba momentánea solamente porque en fin de fines el ha sacrificado nada y lo ha ganado todo.

 

 

El amor en el mas elevado de los planos reposa solo en las sere­nas alturas del jubilo, y nada puede echar sombras sobre su nívea emi­nencia.

 

 

Piedad y Compasión son los sentimientos apropiados que debemos abrigar respecto de la humanidad que yerra, y no debemos dar cabida a otras emociones, tales como el resentimiento, la molestia o el veja­men. Estas ultimas pueden no solamente hacernos daño a nosotros mismos sino también a aquellos contra quienes las abrigamos; mas aun; a aquellos que desearíamos mejorar y librar de errores. A medida que crecemos espiritualmente, nuestros pensamientos crecen increíblemente en poder dinámico, y nadie sino aquellos que en realidad lo han experimentado saben que aun un pensa­miento pasajero de un iniciado halla forma objetiva.

 

 

Sorprende como las Fuerzas de la Obscuridad parecen arrastrar completamente, al parecer, en una ráfaga todos nuestros tesoros espi­rituales. Es sorprendente porque después de todo es una ilusión, y uno halla que es así tan pronto como la paz se restablece y la luz albora otra vez sobre uno. Vosotros os dais cuenta que no habéis perdido nada, pues todos los tesoros están allí, y la tormenta y la perdida son tan solo una quimera.

 

 

Por desgarradoras que las perspectivas en ocasiones parezcan, por tenebroso y triste que el estado de cosas sea, no debemos ni por un momento dar lugar a la desesperación, pues la desesperación debilita la mente y así nos vuelve menos aptos para servir a los Maestros.

 

 

Sabed por seguro que los Señores de la Compasión están siempre a la mira de sus verdaderos devotos, y que nunca permiten a los cora­zones rectos y a los que diligentemente buscan la luz, permanecer por ningún tiempo en la ilusión; los Sabios Señores sacan aun de las depre­siones temporales, lecciones que les sirvan con oportunidad a los de­votos, el resto de su vida.

 

 

Es simplemente nuestra ignorancia y ceguera que dan la aparien­cia de extrañeza e ininteligibilidad a nuestro trabajo. Si llegamos a ver las cosas en su verdadera luz y en su amplia y profunda significación, todo aparecerá perfectamente justo y claro, y como la mas perfecta expresión de la razón superior. En todo el conjunto de la vida manifestada no existe  la menor pizca de dolor y miseria que no sea absolutamente necesaria para los fines de la mas alta evolución, se deriva directamente de la Ley de Justicia y Compensación - la Ley del Karma y el gobierno moral del Universo. El que cada acto de abnegación de parte de las mónadas huma­nas fortalece las manos de los Maestros y trae refuerzo, podría decirse, a las Fuerzas del Bien, ha de hacerse manifiesto asimismo antes que nosotros seamos cosa del pasado - por lo menos a un buen numero de la presente raza.

 

 

No nos sería de mucho beneficio si supiéramos exactamente en detalle lo que nos fuere a acontecer. Pues los resultados no nos inte­resan, y tendríamos cuidado tan solo de nuestro deber; en tanto que vemos claro nuestro camino es de poca importancia el resultado de los pasos que tomamos en este plano. La vida interna es la verdadera vida; y si la fe en la guía de nuestros Maestros es firme, no debemos tener duda que cualesquiera sean las apariencias en esta esfera ilusoria, todo ha de ir bien en el interior y el mundo ha de ir adelante en su línea de evolución. Hay bastante solaz en esta idea, hay consoladora bendición en estos pensamientos, y esto debería ser suficiente para vigorizarnos en el cumplimiento de nuestros deberes actuales y estimularnos para mayor actividad y mas ardua labor.

 

 

Hay grande diferencia entre quien sabe que la vida espiritual es una realidad y el hombre que solamente balbucea acerca de ella sin percibirla, que intenta asirla sin lograrlo, y no inhala su fragante alien­to ni siente el tacto de ella.

 

 

Hay mucho mas sabiduría en Aquellos que nos vigilan de lo que somos capaces de imaginar, y si solamente pudiéramos poner nuestra fe en esto, no caeríamos en inexcusables errores y estaríamos seguros de evitar innumerables y aun innecesarias zozobras. Pues no pocos de nuestros errores podrían rastrear su origen al exceso de ansiedad y terror, a la mucha tirantez de nervios y aun al fervor excesivo. Vosotros podéis ver ahora que la devoción sincera es factor poderoso en la promoción del crecimiento del Alma, aun cuando no se vea ni se comprenda por el momento; y no me acusaréis de haberos dicho que pongáis a un lado toda idea de fenómenos y conocimiento espiri­tual, poder psíquico y experiencias anormales. Pues en el sereno sol de la paz toda flor del Alma sonríe y crece, rica en su radiante color peculiar. Y luego, día vendrá en que el discípulo mire con asombro la belleza y fragancia delicada de cada flor, se regocije, y regocijándose comprenda que esa belleza y ese resplandor emanan del Señor a Quien el ha servido. El proceso del crecimiento no es el trillado y detestable articulo conocido a los chapuceros en Ocultismo. Es algo misterioso, tan dulce, tan sublime, que nadie puede hablar de ello, pero puede conocerlo solamente por medio del servicio.

 

 

Vosotros habéis probado algunas gotas de las ambrosiacas aguas de la Paz, y al probarlas habéis hallado fortaleza. Sabed ahora y para siempre que en la quietud del Alma reside el verdadero conocimiento, y que de la divina tranquilidad del corazón proviene la fuerza. La expe­riencia celestial de la paz y el gozo es por lo tanto la sola vida espiri­tual, y el solo crecimiento en la paz significa crecimiento del Alma. Presenciar fenómenos anormales con los sentidos físicos puede solamente incitar la curiosidad, pero no promover el crecimiento. Devoción y paz forman la atmósfera donde mora el Alma, y la mayor suma que de ellas poseáis determinará la mayor suma de vida que vuestra alma posea. Depended siempre, por lo tanto de las experiencias de vuestro Yo superior como prueba de vuestro progreso, como también de la re­alidad del mundo espiritual; y no deis ninguna importancia a los fenó­menos físicos, los que nunca son, ni jamás han de ser, fuente de forta­leza y solaz.

 

 

Los humildes y devotos servidores de los Maestros forman en realidad una cadena, por medio de la cual cada eslabón conduce hacia los Señores de Compasión. La solidez de la trabazón de cada eslabón con el próximo, significa, por consiguiente, la fuerza de la cadena que siempre nos lleva a Ellos. Así pues, nunca se debería caer en el engaño popular de considerar como una debilidad el amor que tan ampliamente participa de lo divino. Aun el amor común, si es verdadero, profundo e inegoista, es manifestación elevada y pura del Ego Superior, y si se abriga en el pecho con constancia y deseo de sacrificio de si mismo, lleva en definitiva a la comprensión clara del mundo espiritual más que cualquiera otro acto o emoción humana.. ¡Y que hay del amor que tiene por base la común aspiración de alcanzar el Trono de Dios, que de la oración conjunta para sufrir por la ignorante y descarriada huma­nidad, y que de la mutua promesa de sacrificar la propia felicidad y comodidad por el mejor servicio de Aquellos que constantemente con sus bendiciones están construyendo un baluarte entre las terribles fuerzas del mal y la indefensa huérfana - la Humanidad !. Pero las ideas del mundo se hallan todas tergiversadas por el egoísmo y la vileza de la naturaleza humana. Y si en el amor hubiere debi­lidad, no sé dónde se encuentre la fortaleza. La fortaleza verdadera no consiste en la lucha y en la oposición; pero si, se halla todopoderosa en el amor y en la paz interna. Así, el hombre que tiene interés en vivir y crecer debe amar y sufrir por el amor. ¿Cuando es que el mundo, ciego en su ignorancia y envanecimien­to, ha hecho amplia justicia a sus verdaderos salvadores y a sus mas devotos servidores? Es bastante que uno vea, y con ese ver intente despertar, hasta donde fuese posible, los errores de las gentes que nos rodean. El deseo de que todos tengan ojos para ver y reconocer el Po­der que labora por su regeneración debe permanecer incumplido hasta que la presente lobreguez, que pende cual manto oscurecedor sobre la visión espiritual, haya sido levantado completamente.

 

TRADUJO: RUPERT AMAYA  (M.S.T.)

FIN

 

 

 

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2003

 

 

 

 

 

[1] Ilusion que consiste en creer a nuestro Yo separado del Yo universal. N del T.

[2] Ilusión diabólica. N del T.