Genealogía del hombre. Annie Besant

Genealogía del Hombre

 

de Annie Besant

 

______________________________________________________________

 

PREFACIO

 

Al mandar estas conferencias a los estudiantes de Teosofía, deseo advertirles que no tienen la pretensión de ser una exposición más “autorizada" que la de los demás libros que han salido de mi pluma,: Quizás podrá parecer superfluo que repita una adver­tencia que con tanta frecuencia he hecho; pero la tendencia a considerar la simple labor de una estudiante como una enseñanza autorizada se repite una y otra vez, y de aquí la necesidad de repetir lo que tantas veces se ha dicho. En estas conferencias trato un asunto sumamente complicado y difícil. Además, no he tenido la oportunidad de consultar con nadie acerca de la exacti­tud de las observaciones hechas, por medio de las cuales he llenado los vacíos que se observan en la serie de hechos que nos dejó H. P. B. De aquí que estas conferencias solo sean las obser­vaciones todavía no demostradas de una simple estudiante, lleva­das a cabo solo con la ayuda de los pobres y escasos poderes que poseo, y realizadas en medio del tumulto de las ocupaciones de la vida. Las cosas que he tenido ocasión de observar han arrojado mucha luz sobre mi espíritu, y han resultado beneficiosas a la par que interesantes para los muchos asiduos estudiantes en cuya pre­sencia se dieron estas conferencias. Ellas han solventado muchos enigmas, y han hecho inteligibles muchos datos antes confusos y de difícil comprensión. Sin embargo, es muy posible que, en cuanto a los detalles, existan muchos errores, si bien parece ser que los principales hechos nuevamente observados son exactos. Con respecto a fijar fechas, por lo que a los antiguos. tiempos se refiere, me creo completamente incompetente. Fácil es el obser­var la presencia del hombre junto con la de algunas especies de animales sobre este globo, pero esto no es suficiente para fijar fechas precisas. Por lo que a este punto se refiere, he tomado por norma la Doctrina Secreta, debido a que, a medida que mi conocimiento se ha aumentado paulatinamente, me ha demostrado la exactitud por punto general de este maravilloso libro, así como que H. P. B. poseía una suma de conocimiento oculto que nin­guno de entre nosotros puede pretender sobrepujar.

Quizás deba añadir que estas materias, tales como son tratadas en estas conferencias, no tienen una gran importancia. Sin em­bargo, todo lo que se refiere a nuestro pasado es sumamente interesante, a pesar de los errores de detalle, los cuales no son obstáculo que nos impida adquirir el conocimiento de las verdades y principios capitales. Por mi parte he hecho cuanto me ha sido dable para descubrir la verdad y evitar las equivocaciones y erro­res, pero la exactitud en semejantes materias es más cuestión de poder que de buen deseo.

Por lo tanto, al publicar mi pequeño libro, lo hago con el pleno conocimiento de su insuficiencia, si bien con la esperanza de que podrá ser de utilidad a mis compañeros de estudio, a lo menos temporalmente, hasta que llegue el momento en que todos sepamos más.

 

ANNIE BESANT

 

 

PRIMERA CONFERENCIA

La Genealogía Espiritual

 

Queridos amigos: Muchos de vosotros sabéis que durante los­ últimos cincuenta años, la ciencia de los países Occidentales ha tratado de hallar las huellas de lo que se llama la genealogía del hombre. En Alemania, en Francia y en Inglaterra, los hombres de Ciencia han tratado de ordenar el gran número de hechos recogidos, a fin de hallar un árbol genealógico y comprender el sistema por medio del cual el hombre ha evolucionado desde la niebla de fuego hasta el Ser humano civilizado. La gran difi­cultad con que se ha tropezado para hallar las genealogías del hombre, estriba en el hecho de que dichas genealogías sólo se han buscado en su naturaleza física. En las huellas de su cuerpo, los hombres de Ciencia siguen paso a paso el camino a lo largo del cual este maravilloso y complicado organismo ha sido cons­truido célula tras célula en todos los reinos de la naturaleza; y esto lo han hecho con una paciencia digna del mayor encomio y con bastante éxito, aunque su ignorancia de los ciclos sucesivos de progreso ha causado mucha confusión, muchos enlazamien­tos de tipos separados por incalculables eones de tiempo, y mucho ­revolver de arriba abajo las series y sucesiones, así como el tras­ladar los descendientes en el lugar que antes ocupaban los ante­cesores y viceversa.

Ahora bien; una vez habéis seguido punto por punto las huellas de la genealogía del cuerpo del hombre, esto no obstante no os halláis en posesión de su genealogía. El hombre no es el cuerpo; el cuerpo no es más que el vestido que el hombre lleva; y aquél jamás puede ser comprendido si de su genealogía excluís al Espíritu que lo hace eterno, y a la inteligencia que es un aspecto de este Espíritu, el cual se diferencia en este mundo de materia, y se manifiesta como intelecto y como mente. De esta suerte las genealogías científicas del hombre son todas práctica­mente excluidas por la naturaleza parcial de la genealogía, y por el hecho de que se examina exclusivamente la parte humana menos importante del hombre. En las enseñanzas Teosóficas, las cuales nos han sido legadas por los grandes Rishis del pasado, y además, apoyadas, comprobadas y perpetuadas en las escrituras de todas las grandes religiones del mundo, hallaréis una genealogías más verdadera que trata de cada una de las partes de la naturaleza del hombre. No es sólo en los Shástras Indos, aunque son los más completos acerca de este punto, en donde podéis hallar huellas de esta revelación primitiva, y en donde podéis ver algo referente al dilatado camino que el hombre ha recorrido en su viaje desde el mineral hasta Dios; más aun, mejor debiera decir desde Dios al mineral, y luego desde el mineral a Dios, puesto  que, como en verdad se ha dicho, no sólo en los escritos Indos, sino también por nuestros hermanos del Islam, "De Dios procedemos, y a Dios volvemos".

Así, pues, con el objeto de que nos sea factible trazar con algún acierto la genealogía del hombre, creo que obraremos acer­tadamente siguiendo los amplios derroteros delineados por el gran "discípulo de los Rishis H. P. B., a quien saludo aquí con toda la efusión de mi alma agradecida, por la luz y conocimiento que ella ha traído al mundo moderno. Desde el mismo principio de estas conferencias me complazco en reconocer mi deuda a su gran obra la Doctrina Secreta, de la cual todo el plan y los innumera­bles detalles son tomados. Por mi parte he añadido algunos hechos; he llenado alguno que otro vacío, y he puesto quizás un puente a algunas lagunas. Sin embargo, la mayor parte de los materiales son suyos, pues son extraídos del archivo de su vasto conocimiento oculto, de su gran repertorio de verdades [1].

H. P. B. nos enseña que, al tratar de comprender al hombre y su genealogía, debemos tener en cuenta tres grandes líneas de evolución. Primero; la evolución espiritual que es de con mucho la más importante, puesto que el Espíritu es el dueño de la materia, el que la guía, la moldea y le da forma; y a menos de que la genealogía espiritual sea conocida, el hombre permane­cerá siendo siempre un problema insoluble. Segundo; en el polo opuesto de la naturaleza humana, esto es, el físico, está la genea­logía del cuerpo del hombre. La genealogía espiritual es el descenso gradual del Espíritu en la Materia. La genealogía física es el resultado de la ascensión del Espíritu a través de la Materia, a la cual moldea para dar lugar a la manifestación de sus propios e inherentes poderes. Tercero; examinando estas dos grandes líneas, una de ellas descendiendo de arriba abajo, y otra ascendiendo. de abajo arriba, llegamos a un punto en que una tercera línea de evolución en la genealogía del hombre se junta con am­bas, y las une para formar el ser humano. Esto constituye la evolución intelectual; esto es, la llegada del Ego con el fin de tomar posesión de su tabernáculo físico, así como para unir este tabernáculo con el Espíritu que lo ha cobijado, y que por medio de su sutil influencia lo ha moldeado y construido. Una vez hemos trazado la evolución espiritual, la física y la intelectual, entonces se presenta a nuestra vista una vasta perspectiva en la cual podemos ver la completa genealogía del hombre bosquejada en amplios y comprensibles perfiles, y así podemos principiar a comprender algo de la maravilla de esta Naturaleza Humana que es Dios; Dios en forma manifestada, divino en esencia y en poderes. H. P. B. dice: "Para la formación de los tres Upadhis perió­dicos, existe en la naturaleza un triple esquema evolucionario; o mejor dicho, tres esquemas distintos de evolución, los cuales en nuestro sistema están inextricablemente entrelazados y entremezclados constantemente. ..

1ro) El Monádico, como su nom­bre indica, es el que se refiere al progreso y desarrollo en las fases de actividad todavía elevadas de las Mónadas, en conjunción con:

2do) El Intelectual, representado por los Manasa Dhyanis (los Devas Solares, o Agnishvatta Pitris ), los dadores de la inteligencia y de la conciencia al hombre; y

3ro) El físico, representado por los Chhayas de los Pitris Lunares, entorno de los cuales la Natura­leza ha condensado el actual cuerpo físico. .. La unión de estas tres corrientes en el hombre, es lo que lo hacen el ser complejo que ahora es" [2].

Ahora bien; ésta es la gran tarea que debemos llevar a cabo en estas conferencias. A mis débiles manos, a mi imperfecta oratoria ha sido confiada esta labor, labor demasiado importante en verdad para mí, que tan limitada soy en conocimiento y poderes para realizar tamaña empresa, y por lo tanto, para poder prome­terme un éxito completo. Así pues, todo lo que puedo esperar de mi trabajo, es presentaros los resultados de un estudio dirigido por un conocimiento muy superior al mío, esperando con esto, no imponeros autoritariamente un esquema que debéis aceptar, sino exponeros los datos que una estudiante puede proporcionar a sus compañeros de estudio, los cuales os pueden ser de utilidad en vuestras investigaciones, y serviros, si es que tengo tal fortuna, a manera de norte y guía a través del intrincado laberinto de la naturaleza, de modo que puedan ayudaros en vuestros esfuerzos para franquearlo.

Hoy nos ocuparemos de la primera de estas tres ¡¡neas de la genealogía humana, la genealogía espiritual del hombre. A fin de comprenderla bien, debemos principiar con delinear dos amplios bosquejos. Primero, el bosquejo de aquellas grandes Jerarquías de Inteligencias espirituales que en pasados Kalpas, en pasados universos, habiendo completado su evolución humana, se han ele­vado lo suficiente para llegar a ser cooperadores con Ishvara en la formación de un nuevo Brahmanda. Estas son las Jerarquías que dirigen y moldean los Arquitectos, los Constructores de sis­temas solares. Nos es indispensable tener alguna idea, por vaga, por imperfecta, por pobre que sea, de estas grandes Jerarquías que pueblan nuestro sistema solar, y a quienes somos deudores de nuestra evolución espiritual; alguna:' idea expuesta con veneración y respeto por imperfecta que sea, puesto que Ellas son la vida del universo, Ellas son las directoras de la evolución espiritual, inte­lectual y física. El segundo bosquejo es el del Campo de la Evo­lución, el lugar en donde la evolución se verifica.

Ahora bien; en los antiguos anales ocultos, idénticos en este punto con las más antiguas enseñanzas Indas, hallamos que nues­tro sistema solar cuenta una existencia que se extiende más allá de lo que para nosotros es un ilimitado pasado, pues según se dice, tiene al presente una edad de l.955.884.703 años[3] ; un pe­ríodo tan enorme que al mentado no hago más que proferir pala­bras, las cuales no llevan idea alguna a la mente humana, como no sea la de una antigüedad ilimitada. Retrocediendo hacia este remoto pasado, vemos, empleando el magnifico símil de Manu, a Ishvara apareciendo como una Montaña de Luz para iluminar las tinieblas. No existen palabras mejor apropiadas que éstas para dar una idea del amanecer de un nuevo universo. Las palabras son casi obstáculos en el camino de la comprensión de la vaga idea de la aparición de la Luz en medio de las tinieblas inson­dables. Este es el simil que escogió el Creador de la Humanidad, cuando quiso describir a los hombres el amanecer de un sistema solar. Luego se nos dice -y nosotros sólo podemos repetir res­petuosamente lo que se nos dice- que Ishvara Se desarrolla en una triple manifestación, en tres Formas, y de esta maravillosa luz vemos surgir en prodigiosos y magníficos contornos tres pode­rosas y divinas formas. Estas Formas son los poderes, los Aspec­tos de Ishvara, las cuales deben manifestarse en el futuro universo. Ishvara es quien crea, quien conserva, y quien destruye, cuando se aproxima el fin del sistema. Al Uno en tres Formas, o al Tres cuya esencia es Una, podemos llamarlo como bien nos plazca. Nosotros percibimos confusamente en tres upadhis lo que aparece con el objeto de obrar, pero esto no divide a la Conciencia que todo lo comprende y abarca, la cual anima las tres Formas. A estas prodigiosas Formas les damos el nombre de LOGOS, em­pleando este término griego que significa la PALABRA, debido a que la idea de sonido expresa mejor los incalculables poderes de la Deidad manifestada, sonido que crea, conserva y destruye. Al presente esta triplicidad aparece en todas las religiones, ex­cepto acá y allá, en donde por causas accidentales y de poca monta, no ha sido todavía clara y definitivamente aceptada. Re­troceded a la lejana Caldea; estudiad en los exhumados restos de las abiertas tumbas del desolado Egipto los secretos que sus momias os revelan, y en todas partes, del mismo modo que en los Shastras Indos, veis surgir el Tres del Uno; Uno en la divini­dad de Su naturaleza, Tres en Sus poderes manifestados.

Luego, en tomo de esta brillante Trimurti, vemos, permane­ciendo en la luz que procede de Ella, a los frutos de pasados universos; esto es, a Aquellos que han conseguido elevarse a esta maravillosa altura espiritual; y las próximas Formas que confu­samente vislumbramos en medio de esta luz, son de Aquellos que son llamados los Siete. Las palabras descriptivas, los nombres dados a este número, los Siete, difieren en las diversas religiones. El Indo habla de los siete hijos de Aditi - el octavo fue Marttan­da, el sol; teniendo cada hijo, o Aditya, su particular "casa" propia. Han sido llamados los Siete Espíritus del Sol; los siete Dioses del Misterio fue Su nombre en el antiguo Egipto. En la religión de Zoroastro eran llamados los siete Amshaspends. Entre los Judíos, Ellos son los siete Sephiroth; entre los Cristianos y Mahometanos, Ellos son los siete Arcángeles. Los nombres no tienen importancia alguna. Lo importante es que todas las reli­giones Los presentan como permaneciendo en tomo de la Trinidad manifestada, siendo los Virreyes, por decirlo así, de Ishvara en el vasto Imperio del sistema solar, teniendo cada uno Su propio reino, y administrando cada uno Su propio y particular departa­mento. Los Teosofistas Les damos el nombre de Logos Plane­tarios, porque estos siete Espíritus del Sol han sido constantemente identificados con los siete planetas sagrados, los cuales son Sus cuerpos físicos. Estos planetas en su forma externa son globos aquí, algunos de los globos que forman nuestro sistema solar; pero en su naturaleza espiritual son los poderosos Hijos de Aditi. cada uno de los cuales posee Su propia casa, esto es, su planeta particular, gobernando en Su propio reino, un departamento de­finido del universo solar. En tomo de estos Hijos de Aditi, en un más amplio circulo, existen además los grandes Seres, las Jerar­quías creadoras, o las Doce Ordenes Creadoras del universo. Cada una de estas Ordenes está presidida por uno de los Doce grandes Dioses que se mencionan en todas las historias antiguas, apare­ciendo grandes y magníficos desde la gran distancia en que Ellos moran. Estos Dioses están simbolizados en los familiares Signos del Zodiaco, pues el Zodiaco no es una invención moderna, sino que fue legado a la Cuarta Raza por los grandes Instructores, y en vuestros propios anales podéis leer los nombres de algunos de Ellos, uno de los cuales, Asuramaya, es conocido como el primero de los grandes astrónomos; él fue quien dio los Zodiacos al Egipto y a la India. Estos círculos astronómicos son los símbolos, los cuadros sobre los cuales está escrito el plan del sistema solar, y en las tradiciones del pasado hallamos el norte y gula para salir del laberinto, y comprendemos por qué se nos dice que un planeta "rige", o es el Señor de uno de los signos del Zodiaco, puesto que el planeta es el Espíritu Planetario, y Su signo del Zodiaco es una de las grandes Jerarquías Creadoras, la cual contiene en sí misma a las restantes Jerarquías como subjerarquías, y éstas, bajo Su gobierno y dirección, construyen Su reino, y ayudan a evolucionar a las Mónadas que en él se hallan. Si tenéis esto en cuenta, este cuadro, aunque sorprendente, no se os hará confuso y de difícil comprensión. Primero aparece la gran Trinidad; en torno de esta Trinidad los siete Espíritus que son sus Virreyes en Su universo; en torno de estos Espíritus las doce Jerarquías Creadoras, cuya misión es construir el universo. En la presente etapa de evolución, de estas doce Jerarquías Creadoras, cinco de ellas han desapare­cido del alcance de la vista de aun los más grandes y más desarro­llados Instructores de nuestro mundo; cuatro de ellas han alcanzado la liberación, y una está tocando los umbrales de la misma. Así, pues, y por lo que a nuestra particular evolución se refiere, solo tenemos que ver al presente con siete de Ellas, las cuales afectan, por decirlo así, a nuestro fragmento Deifico, la porción de Ishvara[4] , el Jivatma, el ser viviente, que pronto veremos que, en su naturaleza más espiritual y elevada, es una parte integrante de una de estas Jerarquías. Tratemos de obtener una vislumbre de las principales características de Ellas, puesto que no es indispen­sable describirlas por muy imperfectamente que lo hagamos, a fin de que no aparezcan completamente confusas a nuestros ojos, cegados por la esplendorosa luz en la cual moran.

Primero viene la Orden que únicamente se puede describir por medio de palabras relacionadas con el fuego; se les llama Hálitos Ígneos Informes, Señores del Fuego, llamas Divinas, Fuegos Divinos, Leones de Fuego, Leones de Vida; nombre tras nombre, epíteto tras epíteto, refiriéndose todos a los atributos del fuego, pues se ha escrito que Ellos son la Vida y el Corazón del universo, el Atma, la Voluntad Kosmica, pues por medio y a través de Ellos pasa el Rayo divino de Paramatma que despierta Atma en la Mónada del hombre.

Por debajo de Ellos está la segunda gran Jerarquía, doble en su naturaleza, las "dobles unidades", Fuego y Éter, la Razón manifestada, la Sabiduría del sistema, lo que llamamos Buddbi Kósmico, lo qUé despierta Buddhi en la Mónada del hombre. Por debajo de Estos está la tercera, Mahat, o Manas Kósmico, "'las Tríadas", Fuego, Eter, Agua, la actividad Kosmica, que también vierte una parte de su esencia sobre la Monada del hombre .a medida que éste desciende.

Estas son las Ordenes Creadoras Arupa, las cuales moran en una materia demasiado sutil para asumir una forma limitada, materia en la cual todas las "formas" están entremezcladas y se .compenetran mutuamente.

Más abajo de estas Ordenes, hay las Ordenes Creadoras Rupa, y la primera de ellas, la cuarta entre las Jerarquías, es la nuestra, la Jerarquía de las Monadas humanas, que, sin embargo, no han abandonado el seno de nuestro Supremo Hacedor, en donde en realidad permanecemos constantemente inseparables de El, aun­que a nosotros, supeditados como estamos por las férreas mallas de la materia, se nos figura que somos distintos, y que estamos completamente separados. Nosotros podemos percibir confusa­mente que estas Monadas están allí, en la gloria de su origen, junto con una "determinada individualidad espiritual", que, según se ha escrito, se separa cada vez más y más en los planos infe­riores. Después que hayamos concluido el imperfecto bosquejo de las siete grandes Jerarquías, lo cual nos proporcionará una ojeada a vista de pájaro del conjunto de nuestro tema, volveremos a ocuparnos de las Monadas. Los llamados Jivas Imperecederos, son la cuarta de las siete Ordenes Creadoras -no de las doce- con las cuales estamos relacionados. Luego siguen las tres últimas Ordenes que contienen una gran parte de lo que ya ha evolucionado en nuestro esquema planetario en pasados Kalpas, y de las cuales podemos saber algo más, puesto que están relacionadas con nuestra especial evolución.

La quinta Jerarquía es llamada la de Makara, y tiene por símbolo el pentágono. En éste aparecen los aspectos duales espi­rituales y duales físicos de la naturaleza, los positivos y los negativos en lucha entre sí; estos últimos son los turbulentos, los "rebeldes" de un gran número de mitos. Pronto tendremos bas­tantes datos acerca de estos rebeldes, los cuales son llamados los Asuras, nacidos del primer Cuerpo de Brahma, el Cuerpo que, rechazado, se convirtió en Tinieblas. Una gran hueste de Seres de esta Jerarquía proceden de un pasado universo, y surgen en su completo desarrollo, por así decido, del Logos Planetario. Estos Seres parece que también son llamados Asuras, y pertenecen a este universo por su evolución, pero nosotros estamos especial­mente relacionados con los nacidos del Cuerpo de Tinieblas. Estos son Seres de un gran poder y conocimiento espiritual, pero llevan profundamente oculto en si mismo el germen, la esencia de Aham­kara, de aquella que yo creo que constituye la facultad que es necesaria para la evolución humana. Ellos son el fruto de la primera Cadena planetaria, palabra ésta que se hará más familiar y comprensible a medida que prosigamos en nuestro estudio.

La sexta de estas grandes Jerarquías contiene algo que tam­bién podemos comprender; contiene a los nacidos del Cuerpo de Brahma que es conocido como el Cuerpo de Luz, o del Día. Entre esta hueste de Devas se ve brillar con especial resplandor a un grupo de Ellos; son los Pitris de los Devas, los cuales son cono­cidos con el nombre de Agnishvattas, Aquellos que son llamados los _séxtuples Dhyanis"; Ellos son los que lo dan todo al hombre excepto el Atma y el cuerpo físico, y por lo tanto son llamados los dadores de los  cinco principios medios humanos". Ellos diri­gen a la Mónada a fin de que le sea factible obtener los átomos permanentes relacionados con estos principios, o el "quíntuple plasma". Ellos son el fruto de la segunda Cadena planetaria. Esta Jerarquía incluye además grandes huestes de Devas, los más ele­vados Espíritus de la Naturaleza, o Elementales del Reino Medio. La séptima Jerarquía contiene aquellos a quienes conocemos bajo el nombre de Pitris Lunares, o los Pitris Barhishad, nacidos del Cuerpo de Brahma llamado el Crepúsculo, el Sandhya. Estos Pitris Barhishad están relacionados con la evolución física del hombre, del mismo modo que los Pitris Agnishvatta lo están con la intelectual; así es que a medida que prosigamos en nuestro estudio trabaremos conocimiento con ambos. Además, aquellos que vemos agruparse a su alrededor, y que pertenecen a su Je­rarquía, son sus agentes en la obra que deben llevar a cabo; vastas huestes de Devas, los Espíritus inferiores de la Naturaleza, o Elementales del Reino más Inferior, los cuales están ocupados en la actual construcción del cuerpo del hombre. Y aquí se hallan también los espíritus de los átomos, las semillas de la evolución en Kalpas futuros, pero con ellos no tenemos nosotros aquí nada que ver.

Así, las siete grandes Jerarquías, u Ordenes Creadoras, se pre­sentan ante nuestra vista en su esplendor, prontas para llevar a cabo la misión que les está encomendada, la misión de guiar a sus hermanos más jóvenes a lo largo del sendero de la evolución, y la de dirigir el desarrollo de poderes espirituales en un universo de materia.

Ahora echemos una ojeada al segundo gran bosquejo, el del Campo de la Evolución. Sobre éste no me extenderé mucho,

puesto que sus contornos se harán claros y visibles a medida que estudiemos la evolución física; sin embargo, no podemos hacer comprensible a nuestro espíritu los puntos referentes a la evolu­ción espiritual, a menos de que tengamos a la vista los amplios contornos del Campo en el cual dicha evolución tiene lugar. La llamo Campo, traduciéndolo del término Kshetra del Bhagavad Gita, porque es el tipo genuino de Materia. Esta palabra expresa mejor que cualquier otro vocablo que yo pueda inventar, todo lo que está incluido bajo el nombre de Materia en la cual la evolución tiene lugar. Al presente nosotros estamos limitados al reino de un Logos Planetario, al reino al cual pertenecemos, puesto que cada Lagos Planetario preside sobre un Campo de Evolución, y esto debemos estudiado. Aquí sólo trato de los principios fundamentales. Primero debemos comprender claramente las diversas fases que el Campo presenta. Estas fases se presentan una y otra vez, y en cuanto lleguemos a comprenderlas bien, serán para nosotros a manera del hilo de Ariana para salir del laberinto. Existen siete grandes etapas de evolución espiritual, durante tres de las cuales el Espíritu desciende. A medida que el Espíritu desciende confiere cualidades a la Materia; le da ciertos poderes, ciertas cualidades, ciertos atributos, y estas cualidades, poderes y atributos son el fruto de las tres primeras etapas del descenso del Espíritu. Luego sigue una etapa, la cuarta, única en su clase, en que la Materia, habiendo de esta suerte sido dotada con diversos poderes y atributos, entra en múltiples relaciones con el Espíritu animador que ahora la compenetra. Esto constituye la gran batalla del universo, el conflicto entre el Espíritu y la Ma­teria, la batalla de Kurukshetra entre las grandes huestes de los dos ejércitos enemigos. Aquí, en esta parte del Campo, es en donde está el punto de equilibrio. El Espíritu, entrando en innu­merables relaciones con la Materia, es al principio vencido. Más adelante llega el punto de equilibrio, en el cual ninguno de los dos combatientes lleva la ventaja. Luego el Espíritu principia a triunfar lentamente de la Materia, de suerte que, cuando esta cuarta etapa ha pasado, el Espíritu es el dueño de la Materia, y está pronto para ascender a través de las tres restantes etapas que completan las siete. En estas tres restantes etapas el Espíritu organiza la Materia que ha subyugado y animado, y la hace servir para sus designios, así como le da la forma que necesita para manifestarse, de modo que la Materia se convierte en el vehículo por medio del cual todos los poderes del Espíritu pueden manifestarse y hacerse activos. Las tres últimas etapas tienen por objeto este ascenso espiritual. Por lo tanto, hay tres etapas des­cendentes destinadas a dar las cualidades; una de lucha que cons­tituye las múltiples relaciones, y tres ascendentes en las cuales la Materia es modelada por el Espíritu en los vehículos perfec­tos que le son indispensables para su manifestación.

Para mayor claridad podemos presentar nuestro esquema en forma tabular:

 

                                Tres descendentes         Cualidades                   Materialización

Siete Etapas              Una equilibrio                Relaciones                   Conflicto

                                Tres ascendentes          Organismos                  Espiritualización

 

Esforzaos en conservar fija en vuestra mente esta idea esencial, puesto que se repite constantemente en cada una de las etapas y a todas las rige, sean cuales fueren las circunstancias especiales que puedan caracterizar a cualquiera de ellas. Esta idea os servirá siempre y en todos los casos de norte y guía, cuando os halléis perdidos en medio del laberinto de las Cadenas, Rondas, Globos y Razas, que tan fecundo manantial son de confusiones para el estudiante de Teosofía.

Después de esto, ¿qué es lo que debemos esforzamos en comprender? Lo que se llama una Cadena planetaria. Considerada una Cadena planetaria como un todo, constituye los Upadhis de un Lagos Planetario, en los cuales Su vida encarna. Siete son las etapas que deben recorrerse, y por lo tanto siete deben ser las Cadenas. Tres Cadenas durante las cuales el Espíritu desciende constantemente; una Cadena, la cuarta, durante la cual el Espíritu y la Materia están entremezclados y entretejidos teniendo entre si innumerables relaciones; luego tres Cadenas ascendentes, al fin d_ las cuales todo vuelve al seno del Lagos Planetario, para sumergirse en Ishvara con el fruto recolectado durante la evolución. Una Cadena planetaria puede así ser considerada como los cuerpos en los cuales la vida del Logos Planetario se reencarna siete veces, principiando cada Cadena con el fruto recolectado por su prede­cesora, y transmitiendo cada Cadena a su sucesora los frutos que ha recogido. El período durante el cual una Cadena planetaria persiste, es llamado un Manvántara planetario, y cada Manvántara es seguido de un Pralaya planetario. Los seres cuyos más eleva­dos principios han sido desarrollados durante el Manvántara, pasan a su conclusión a un estado de felicidad supra consciente, el Nirvana planetario, al paso que aquellos que no están tan desarrollados se sumergen en un apacible sueño. Estos "nirvanis" no vuelven a nacer hasta que la siguiente sucesiva Cadena ha desarrollado upadhis a propósito para su ulterior evolución, en cuyo momento vuelven a proseguir su ulterior desarrollo y progreso.

Estudiemos ahora una sola Cadena planetaria, y veamos cómo está formada, y qué son los eslabones que la constituyen. Cada eslabón de la Cadena es una Ronda o circulo de vida; una oleada de vida constituye un círculo completo, sobre el principio ya enunciado, pasando a través de siete etapas. Durante tres etapas la oleada de vida desciende a la materia, y da nacimiento a formas cada vez más materiales. En la cuarta etapa la oleada de vida de­sarrolla formas con las cuales se origina el conflicto. En las tres restantes la oleada de vida asciende, y las formas a las cuales ha dado nacimiento se hacen cada vez más espirituales. Además, cada Ronda de la oleada de vida desarrolla un reino de la natu­raleza -los tres elementales, el mineral, el vegetal, el animal y el humano- hasta la más elevada perfección de su tipo peculiar, hallándose los tipos futuros que no pertenecen a esta Ronda indu­dablemente presentes, pero más o menos embrionarios, compa­rados con su futuro desarrollo. Así, pues, siete Rondas, siete círculos sucesivos de la oleada de vida, son los eslabones que componen una Cadena planetaria.

Examinemos una sola Ronda, un solo círculo de vida, y vere­mos que ésta tiene también sus propias y peculiares siete etapas; pero esta vez cada etapa es un Globo, un mundo. En los tres primeros son desarrolladas las formas; en el que se halla en medio, tiene lugar la lucha entre las formas y los Espíritus que las cobi­jan, y de este modo las formas son animadas; en los tres últimos los Espíritus moldean las formas a voluntad. Para distinguir estos Globos unos de otros, se han empleado las letras del alfabeto desde la A hasta la G; los Globos que se hallan en el arco des­cendente y los que están en el arco ascendente, se corresponden entre si. En los Globos del arco ascendente se desarrolla a la perfección aquello que sólo es un bosquejo embrionario en los Globos del arco descendente, en tanto que el Globo intermedio es el punto de equilibrio, de conflicto, de vuelta. El Globo A es de sutil materia mental, y es arquetipo, esto es, contiene los arquetipos de las formas que deben ser desarrolladas durante la Ronda. H. P. B. dice: "La palabra 'arquetipo' no debe ser tomada aquí en el sentido que los Platónicos le dieron, esto es, el mundo tal como existía en la mente de la Deidad, sino en el de un mundo formado como un primer modelo que debe ser copiado y perfeccionado por los mundos que le suceden naturalmente"[5], El Globo G, que se halla en el arco ascendente, corresponde, por lo que a la clase de materia se refiere, con el Globo A, y contiene los arquetipos de este último Globo concluidos en sus detalles y perfeccionados. El Globo B es de materia mental más densa, y es creador o intelectual; es decir, contiene los tipos concretos derivados de los arquetipos, las cualidades determinadas, las for­mas toscas e imperfectas. El Globo F, del arco ascendente, corres­ponde con el Globo B, y contiene estas formas elaboradas y perfeccionadas. El Globo e es de materia astral, y es sustancial o formativo; esto es, construye las toscas formas de materia más densa, y su correspondiente Globo E las presenta de materia similar, pero primorosamente adaptadas para sus funciones. El Globo D es de materia física, y es el punto de vuelta, el campo de batalla entre el Espíritu y la Materia. Sobre cada Globo tiene sucesivamente lugar una etapa en el reino que se desarrolla en la Ronda, de modo que cuando la oleada de vida ha completado su circulo en tomo de los siete Globos, esto es, ha completado una Ronda, este reino está completamente desarrollado. Todos los reinos adelantan una etapa en su embrionaria carrera en conformidad con la característica de la Ronda en la cual se desarro­llan. Así, en la primera Ronda, el Reino Elemental más elevado se completa, los dos restantes reinos elementales y el mineral descubren todos sus tipos, y los reinos vegetal, animal y humano son solo esbozados, mas no todavía principiados, y así sucesiva­mente. Este punto se tratara tunas detalladamente cuando nos ocupemos de la evolución física. En los Puranas se da el nombre de Dvipas a los Globos de nuestra Cadena, siendo Jambudvipa nuestra tierra.

Desde el momento en que nos sea dable comprender en donde al presente nos hallamos, nuestro Campo de Evolución debe ser claramente percibido. Nuestro Logos Planetario, llamado Brah­ma, en Su para nosotros función creadora, ha conducido ya Su reino dentro de la cuarta etapa de su evolución; nos hallamos en la cuarta Cadena planetaria. De la primera Cadena plane­taria, la arquetipo, nada sabemos excepto que se la llama Su Cuerpo de Tinieblas, o de la Noche, y que sus frutos fueron los Asuras. De la segunda Cadena planetaria, la creadora, tampoco sabemos nada, salvo que fue Su Cuerpo de Luz, o del Dia, y produjo los Pitris Agnishvatta. De la tercera Cadena planetaria, la formativa, sabemos algo, puesto que su Globo D fue la Luna, fue Su Cuerpo del Crepúsculo, desarrol1o los Pitris Barhishads y siete clases de Monadas para su sucesora; a esta Cadena la lla­mamos la Cadena Lunar. La cuarta Cadena planetaria, la física, la terrestre, cuyo Globo D es nuestra Tierra, es Su Cuerpo del Amanecer, y esta evolucionando hombres.

Una vez expuestos los amplios contornos de las Jerarquías y del Campo, podemos volver al estudio de la cuarta Jerarquía, la de las Monadas Humanas, aquellas que han de convertirse en "Hombres" durante la Cadena planetaria terrestre. Esta Cadena es la cuarta, la Cadena de la lucha, del equilibrio, la Cadena en la cual el Espíritu y la Materia se entremezclan y confunden, de modo que lo mas elevado y lo mas inferior, los dos polos de la naturaleza se unen y forman un ser complejo, el Hombre: el Hombre que es el punto de partida para una evolución mas elevada. Por lo demás, estas Monadas se hallan al presente en el cuarto Globo, el Globo D, el cual es nuestra tierra, el Globo de lucha y de equilibrio, el Globo típico de esta Cadena, hallán­dose colocado con respecto a los demás Globos, en la misma situación que esta Cadena esta colocada con respecto a las demás Cadenas. Las Monadas se hallan, pues, en el mismo centro de la lucha, en el punto mas recio y culminante del combate y de las mayores dificultades, se hallan verdaderamente en el Kuruskshetra planetario. Aquí, en el cuarto Globo de la cuarta Cadena, deben tener lugar los mas grandes conflictos entre el Espíritu y la Materia, para concluir al fin con el triunfo del Espíritu.

He empleado la palabra "Monada Humana". Permítaseme definir lo que se quiere dar a entender en ocultismo por la pala­bra "Hombre". El "Hombre" es aquel ser en el universo, en cualquier punto del universo en donde se halle, en quien el mAs elevado Espíritu y la Materia mas inferior y grosera se han unido por medio de la Inteligencia, constituyendo así un Dios manifestado, que, a través del ilimitado futuro que tiene ante si, vencerá al fin todos los obstáculos que se le presenten. El "Hombre" no es necesariamente la forma que al presente veis, puesto que puede tener un millón de formas. El "Hombre" signi­fica aquel ser en quien el Espíritu y la Materia se han dado la mano, en quien ambos se han puesto de acuerdo, o se están poniendo de acuerdo, se están equilibrando, en quien al fin el Espíritu ha vencido o vencerá a la Materia.

En los escritos ocultos se emplea la palabra "Hombre" para describir a todos aquellos seres en quienes concurren estas con­diciones. Esta palabra no esta simplemente limitada a nosotros, que solo somos una pequeña raza de la gran Jerarquía humana. Para demostrar la posición que el "Hombre" ocupa en la evolu­ción, y que esta posición es la intermedia que acabo de describir, H. P. B. ha dicho que cada ser en este universo ha pasado, o debe pasar por el reino humano; si se halla mas allá del mismo, debe haber pasado por e1; si no lo ha alcanzado, tendrá que pasar por el en lo futuro. Este paso del ser a través del reino humano no esta limitado a este globo ni a esta raza. El "Hombre" es el campo de batalla entre la Materia y el Espíritu, y cada ser debe, como Yudhishthira, tener su Kuruskshetra y vencer, antes de que pueda entrar en su reino divino. Tal es el "Hombre".La Monada es el Espíritu divino, el polo superior del hombre, nacida del Mismo Ishvara, o mas bien, nacida dentro de El como un centro en Su vida, "una porción de El Mismo". Levanta tu cabeza, Oh Lanu; ¿ves tu una o innumerables luces brillando en el oscuro y estrellado cielo de media noche? "Yo percibo una Llama, oh Gurudeva; veo innumerables e inseparables chispas brillando en ella" [6]. La Llama es lshvara en Su manifestación como el Primer LOGOS; las inseparables chispas son las Monadas humanas y otras. Para manifestarse la voluntad de Ishvara obra sobre estas porciones de Si mismo, inseparables de El, y esta voluntad las dirige hacia el mundo de materia, y así pasan al Segundo LOGOS y viven en El, los Hijos del Padre. Del Tercer LOGOS reciben el impulso que da a cada una de ellas una "indi­vidualidad espiritual", el confuso sentimiento de la separitividad. Así entran en las corrientes en que el Tres se divide en Siete, tomando cada grupo el color especial del Logos Planetario del cual procede, y entonces los siete colores se entremezclan en un maravilloso haz de brillantes luces -la primera gran danza coral celeste, el Rasalita solar- hasta que en cada Logos Planetario se perciben los siete rayos de color, un séxtuple esplendor, domi­nando en cada uno de ellos Su color peculiar, el cual presta su matiz a todos los rayos que con el se hallan entremezclados. De aquí que se diga que "cada hombre nace bajo la influencia de un planeta", puesto que en cada Globo de cada Cadena Pla­netaria aparecen los siete grupos de Monadas, presentando cada uno de ellos el peculiar color de su "Estrella Padre".

La Monada no esta todavía pronta para emprender su largo peregrinaje, pues su atención no esta dirigida al exterior, y los tres aspectos de su naturaleza., que son las reproducciones de los tres aspectos de Ishvara, dormitan en ella, y no son dirigidos hacia el universo. Pero luego estos aspectos principian a desper­tarse en ella por medio de las Ordenes Creadoras. De la primera Jerarquía Creadora procede el impulso de vida que despierta la Voluntad, el aspecto  atmico; de la segunda se deriva el impulso que de una manera parecida despierta la Sabiduría, el aspecto buddhico; y de la tercera se origina el impulso que despierta la Actividad, el aspecto manasico. Habiendo de esta suerte sido despertada su atención hacia lo externo, la Monada esta pronta para su descenso.

Una vez franqueadas estas etapas preparatorias, la gran hueste de las Monadas que deben alcanzar la condición humana, han alcanzado su punto de residencia, en donde moraran durante edades innumerables. Esta Monadas son la cuarta Jerarquía Creadora, pronta para su larga peregrinación. Cada una de ellas es "un Dhyan Chohan individual distinto de los demás"[7], pero son demasiado sutiles, demasiado elevados en su naturaleza para po­der entrar en el quíntuple universo, el universo de la mas grosera materia. Sin embargo, deben agenciarse un vehículo a fin de que sus poderes divinos puedan manifestarse en los mundos que tienen ante si, por cuyo motivo, y así como las poderosas vibraciones del Sol lanzan materia en las vibraciones que llamamos sus rayos, de la propia suerte hace la Monada vibrar la atómica materia de los planos atmico, buddhico y manasico que la rodean, del mismo modo que el éter del espacio rodea al Sol, y de este modo se construye un Rayo triple, como triple es su naturaleza. La Monada es ayudada en esta tarea por la quinta y sexta Jerar­quías Creadoras, las cuales han pasado antes por experiencias similares. La quinta Jerarquía dirige la oleada vibratoria desde el aspecto Voluntad hacia el átomo atmico, y el átomo atmico, vibrando como el aspecto Voluntad, es llamado Atma. La sexta Jerarquía dirige la oleada vibratoria desde el aspecto Sabiduría hacia el Átomo buddhico, y el átomo buddhico, vibrando como el aspecto Sabiduría, es llamado Buddhi. Además, la sexta Jerarquía dirige también la oleada vibratoria del aspecto Actividad hacia el átomo manasico, y el átomo manasico, vibrando como el aspecto Actividad, es llamado Manas. Así, Atma-Buddhi-Manas, es Mo­nada en el mundo de la manifestación, el Rayo de la verdadera Monada, se forma mas allá del quíntuple universo.

Aquí yace el misterio del Vigilante, del Espectador, del inactivo Atma, que mora constantemente en su triple naturaleza en su propio plano, y vive en el mundo de los mortales por medio de su rayo, el cual anima sus sombras, las pasajeras vidas terres­tres. En las Stanzas de Dzyan esta escrito: "Dijo la Llama a la Chispa: Tu eres yo misma, mi Imagen y mi Sombra. Yo me he revestido de ti, y tu eres mi vahan (vehículo ), hasta el dia, sea con nosotros, en que tu volverás a ser yo misma y otras, tu misma y yo" [8]. La Llama, la Monada, extiende el hilo de Vida, el triple hilo tejido de su propia naturaleza, y en este el Sutratma, "el Alma Hilo", son enzarzadas todas las encarnaciones, las sombras. "El Vigilante y sus Sombras -siendo estas ultimas tantas como  reencarnaciones tiene la Monada- son uno. El Vigilante, o el Prototipo Divino, se halla en el extremo superior de la escala del ser, y la Sombra en el inferior" [9]. El, el Vigilante, es nuestro Padre en el cielo, y "Yo y mi Padre somos uno". Nosotros somos las sombras en nuestras personalidades, y la imagen -el Hijo del Padre- en nuestras individualidades. Las innumerables sombras son lanzadas por el Rayo, y son las perlas enzarzadas en el hilo de Vida. Las sombras ejecutan su labor en los planos inferiores, y son impulsadas por la Monada por medio de su Imagen o Rayo, al principio tan débilmente que su influencia apenas es percep­tible, pero mas adelante con un poder siempre creciente. "El hilo entre el Silencioso Vigilante y sus Sombras se hace mas resistente y radiante con cada cambio".

Ahora debemos dar al Hijo el nombre del Padre, a la Imagen el nombre del Vigilante, y llamarlo la Monada, pues no hay otro nombre por medio del cual se pueda describir correctamente, y en realidad e1 es una y la misma cosa. Pero la Imagen esta ahora revestida de materia, velada por Avidya, y, cegada por la envol­tura que todavía no conoce, es débil y limitada en el mundo en que ha entrado. Con el tiempo llega a ser dueña del mundo, pero antes tiene que aprender a obedecer. "Aunque o1 fuese un hijo, esto no obstante aprendió a obedecer debido a los sufrimien­tos que experimenta, y habiéndose hecho perfecto" [10], se hizo Dueño de la Vida y de la Muerte. El hijo olvida el lugar de su nacimiento a medida que se sume en la materia, y solo gradual­mente los choques externos despiertan su dormida divinidad y hacen que responda y se manifieste.

Como hemos visto, las Monadas están ahora prontas para pasar a la primera Cadena planetaria, la Cadena Arquetipo. Todo lo que de estas Monadas sabemos es que las mas avanzadas de ellas se convirtieron en Asuras. y pasaron a formar parte de la quinta Jerarquía Creadora. Otras, menos avanzadas, continuaron su evolución en la segunda Cadena planetaria, la Creadora, y las mas avanzadas de ostas se convirtieron en Agnishvattas, y en­traron en la sexta Jerarquía Creadora. Una vez mas las menos avanzadas prosiguieron su evolución en la tercera Cadena planetaria, la lunar, y aquí las vemos surgir de ella clasificadas en tres grandes grupos.

1° En primer termino hay los verdaderos Pitris, llamados a veces Pitris Lunares, pero que con mejor propiedad se pueden llamar los Pitris Barhishads, que son las entidades mas avanzadas de la Cadena Lunar, los cuales pasaron a su conclusión a la séptima Jerarquía Creadora. Estos Pitris son los "Dioses Lunares", los "Señores de la Luna de los cuerpos aéreos", cuyo deber es dirigir la evolución física en la cuarta Cadena planetaria, la te­rrestre. Aunque menos desarrolladas, pertenecen a esta clase de Pitris otras dos clases de Monadas, llamadas diversamente Dhyanis Menores y Pitris Solares, las cuales constituyen las categorías de la Cadena lunar que siguen inmediatamente después de los Pitris Barhishads; la primera clase había desarrollado ya el cuerpo cau­sal, y la segunda estaba pronta para su formación, hallándose de esta suerte todas ellas demasiado avanzadas en su evolución para formar parte de la cuarta Cadena en sus primeras Rondas, por cuyo motivo solo entraron a formar parte de ella a la mitad próximamente de la cuarta Ronda, durante la tercera y cuarta Razas Raíz. Por lo tanto, este primer gran grupo comprende tres clases de Monadas.

2° Cuatro clases de Monadas suficientemente desarrolladas para alcanzar la etapa humana durante las tres y media primeras Rondas de la Cadena terrestre. Estas Monadas son también con frecuencia llamadas "Pitris lunares", y este nombre no esta del todo mal aplicado, puesto que proceden de la Cadena lunar; sin embargo, no son los "antecesores" de los hombres, sino que se están desarrollando en hombres, por cuyo motivo no deben ser llamadas Pitris. Como quiera que sea, H. P. B. les dio este nombre, el cual ha tornado carta de naturaleza en la terminología Teoso­fica. Esto importa poco, con tal que no sean confundidas con los genuinos Pitris Lunares del Grupo primero, los Señores de la Luna.

3° Tres clases de Monadas procedentes de la evolución lunar que se quedaron demasiado rezagadas del avance general. Estas Monadas solo serán humanas a la conclusión de la séptima Ronda de la Cadena terrestre, y formaran la humanidad de la quinta Cadena Planetaria, la que sucederá a la nuestra. Al presente se hallan subiendo su lento camino ascendente en los reinos mineral, vegetal y animal.

Las siete clases que constituyen los Grupos 29 y 39, son las siete clases de "Pitris lunares" mencionados a menudo por H. P. B. A fin de evitar confusiones, los llamare simplemente "Monadas de la Cadena lunar" -termino también empleado por ella- o Monadas exlunares, y limitare el empleo de la palabra "Pitris Lunares" a los "Señores de la Luna de los cuerpos aéreos". Se dice que las Monadas de la Cadena lunar están clasificadas según su "evolución, conciencia y merito" [11] y que esto fijo su herencia en el transcurso del tiempo.

Estas siete clases de Monadas, que son el resultado de estas diferencias evolucionarias, no deben ser confundidas con los siete tipos de Monadas que son el resultado de los colores recibidos de los siete Logos Planetarios antes mencionados. En cada una de las siete clases se hallaran Monadas de todos los siete tipos, de modo que cada clase tiene representantes de cada uno de los siete colores. Por tanto, estos siete tipos aparecen simultáneamente y uno al lado del otro, cuando una clase entra a formar parte de la Cadena planetaria, y cada clase sucesiva presenta por si sola los siete tipos.

Para la exposición de la genealogía monádica del hombre, omitimos al presente al Grupo primero, a los Pitris Lunares, por­que están relacionados con la evolución física, así como a las dos clases de Dhyanis Menores, porque se hallan en el Nirvana lunar, asimilándose los resultados espirituales y mentales de pasadas ex­periencias, y no entraran a formar parte de la Cadena terrestre pasta la quinta Ronda. Aquí solo debemos ocuparnos de los Gru­pos segundo y tercero, esto es, de las siete clases que sucesivamente vienen a la tierra.

La Monada, Atma-Buddhi-Manas, cobija las formas que evolu­cionan no descendiendo mas allá del nivel atómico del piano manasico, y allí únicamente esta representada por el átomo mana­sico, adquirido por su Cadena, como antes se ha dicho, con la ayuda de las Ordenes Creadoras quinta y sexta. Es emitido un hilo de vida revestido de materia buddhica, el cual se une a los átomos disponibles apropiándoselos en cada etapa sucesiva como "átomos permanentes", y estos átomos forman parte de las formas preparadas para la Monada por la agencia de los Señores de la Luna, en el orden que estudiaremos al tratar de la "Evolución Física". Bastara decir aquí que en cada Globo están represen­tados los siete reinos; tres reinos elementales, un reino mineral, otro vegetal, otro animal y otro humano. Los reinos que son peculiares a la Ronda que tiene lugar, o a las precedentes, están plenamente representados, mas aquellos que se hallan mas allí de la evolución de esta Ronda solo lo están embrionariamente. Aunque podrá parecer extraño tratar a nuestra actual humanidad de embrionaria, sin embargo, así es en realidad, cuando se la compara con los esplendorosos seres imposibles de imaginar al presente que constituirán la humanidad de la séptima Cadena, la humana. Cada reino esta dividido en siete etapas, departa­mentos o provincias, como lo vemos claramente cuando estudiamos al hombre en sus siete Razas Raíz, aunque estas etapas no son tan visibles a nuestros ojos en los reinos inferiores. Y en realidad solo reconocemos su existencia por el hecho de que las Monadas marchan mas lentamente en proporción de lo que están menos desarrolladas, siendo arrastradas gradualmente en su lento movi­miento de avance, y quedándose las mas jóvenes cada vez mas y mas rezagadas a medida que viajan a lo largo de los Globos de la Cadena terrestre.

Cuando las Monadas exlunares de la primera clase del Grupo segundo -las mas desarrolladas- llegan al Globo A de la Cadena terrestre, pasan rápidamente a través de las formas -preparadas por los Pitris Barhishads- de los seis reinos inferiores, y alcanzan la etapa mas inferior del reino humano. Dichas Monadas repiten este proceso en los Globos B, C, D, E, F y G, pasando por una etapa humana en cada Globo, hasta que en el Globo G completan las siete etapas humanas y de esta suerte han pasado a través de todas las cuarenta y nueve etapas -siete en cada uno de los, siete reinos- que constituyen una Ronda. Debo advertiros que "hu­mano" no significa aquí nada semejante a lo "humano" que conocemos. Hasta que las Monadas llegan al Globo D de la Ronda no hallan ninguna forma física humana.

Las Monadas exlunares de la segunda clase siguen a las de la clase primera, pero viajan con menos rapidez que sus predece­soras, de modo que al fin de la Ronda solo han completado el reino animal y han tocado los bordes del humano; solo en la próxima Ronda completaran las siete etapas del reino humano.

Las Monadas exlunares de la tercera clase siguen a las de la clase segunda, pero se quedan algo mas atrás que estas, pues solo están prontas para pasar desde el reino vegetal al animal a la conclusión de la primera Ronda, al paso que las de la cuarta clase solo están prontas para salir del reino mineral.

Las restantes tres clases que constituyen el Grupo tercero de las Monadas exlunares, se hallan respectivamente en los bordes del reino mineral la primera de dichas clases, en el mas elevado reino elemental la clase segunda, y en el reino elemental medio la tercera clase, a la conclusión de la primera Ronda.

Por consiguiente, la clase primera ha pasado a través de cua­renta y nueve etapas; la clase segunda por cuarenta y dos etapas; la clase tercera por treinta y cinco; la clase cuarta por veintiocho; la clase quinta por veintiuna; la clase sexta por catorce; y la clase séptima por siete. O, tomando a esta ultima clase como a unidad, la clase primera ha viajado siete veces mas rápidamente; la se­gunda clase seis veces; la tercera clase cinco veces; la cuarta clase cuatro veces; la quinta clase tres veces; y la sexta clase dos veces.

Debe tenerse en cuenta que en la primera Ronda solo se hallan en el Globo A los arquetipos del reino mineral, y que el tipo mas denso de materia que se desarrolla en esta Ronda, solo es alcanzado en el reino mineral en el Globo D, existiendo solo como gérmenes mentales, los mas elevados tipos vegetales, animales y humanos.

En la segunda Ronda, solo las Monadas exlunares de la primera clase entraron en el reino humano vigorizando los gérmenes en los cuales moraron; las de la segunda clase alcanzaron el reino humano y adquirieron una etapa de progreso en cada Globo, com­pletando las siete etapas en el Globo G; la tercera clase llego al reino humano en esta segunda Ronda, mientras que la cuarta clase completo el reino vegetal y estuvo pronta para el animal.

En la tercera Ronda, las Monadas exlunares de la primera y segunda clase trabajaron todavía en el desenvolvimiento de los gérmenes de la humanidad, mientras que la tercera clase recorrió las siete etapas del reino humano en esta Ronda, y la cuarta clase alcanzo justamente las fronteras de este mismo reino, pasando así al reino humano al principio de la cuarta Ronda.

Mientras tanto, las tres restantes clases mas atrasadas subían lentamente su camino, de modo que en la cuarta Ronda todas habían pasado mas allá de los reinos elementales, y al presente son las Monadas que animan a los animales, vegetales y mine­rales; pero no alcanzaran el reino humano en esta Cadena, debido a que la naturaleza no produce ya en ella formas humanas de un tipo suficientemente inferior para su humanización. Frecuentemente se llama a la cuarta Ronda, la ronda humana, debido a que al principio de la misma aparecen en el Globo A los arquetipos de cada Raza Raíz; pero en realidad es la Ronda en la que el mineral alcanza su perfección; esto es, el punto de su mayor dureza y densidad. Cuando las primeras Monadas en evolución llegaron al Globo D en la cuarta Ronda, estaban prontas para desarrollar al hombre según un muy elevado tipo, y el Chhaya de los Pitris Barhishad fue entonces la forma a la que el átomo fisico permanente se unió, siendo el Chhaya de materia etérea. El Aiteraya Brahmaya esboza en cortas frases esta larga evolución, este paso de las Monadas a través de los reinos mineral, vegetal y animal, para culminar en el reino humano. Dice: "En las hierbas y árboles se percibe la vida; en los seres que alientan y respiran se per­cibe la inteligencia, y en ellos el Yo esta mas manifestado. En estos últimos se percibe también la vida, mas la inteligencia no se percibe en los primeros. En el hombre el Yo esta mas mani­fiesto, esta dotado de un mayor conocimiento. El hombre habla de aquello que sabe; ve aquello que conoce; sabe lo que ocurrió ayer; conoce lo visible y lo invisible; por medio de lo mortal aspira a lo inmortal. De esta suerte esta dotado el hombre"[12] Acerca de este punto se lee en el comentario de Sayana: "En lo inconsciente, la tierra, las piedras, etc., solo Sat esta manifestado, y el Atma no ha alcanzado todavía la forma de Jiva. Los Jivas inmóviles, esto es, las hierbas y los árboles, así como los móviles que poseen Prana como aliento, ambos son etapas de manifesta­ción en un grado mas elevado".

Las Monadas mas avanzadas cobijan entonces las formas em­brionarias de la primera Raza Raíz, y dirigen el desenvolvimiento de los fetos humanos en la matriz del tiempo. Sus Rayos vivifican las envolturas de materia que las envuelve y les construyen órganos apropiados que les permiten comunicarse con el mundo exterior. El sentido auditivo es el primero que debe ser desarro­llado, el cual en lo futuro responderá al grado de vibraciones conocido como sonido. Despierta en su propio plano, la conciencia monádica responde confusamente, muy confusamente a través de la materia que la envuelve, de suerte que las formas son casi insensibles. En el plano fisico, estas formas sienten la presencia del fuego, el primer contacto al que la conciencia responde allí por medio de las primitivas formas.

Cuando la Monada pasa a la segunda Raza Raíz, añade el sentido del tacto a su conciencia del plano fisico, y principia a responder al contacto del aire del mismo modo que al del fuego. Cuando escuchamos, percibimos débiles sonidos a manera de cantos procedentes de las variadas e indefinibles formas que re­presentan a la humanidad; simples vocales inarticuladas a manera de sonidos que indican débilmente la presencia de emociones causadas por ocultos resortes. La conciencia que allí existe, reside mas bien en el plano superior que en el inferior. Allí tiene lugar un sueño apacible y tranquilo que procede del interior, al paso que la percepción del placer y del dolor que proceden del ex­terior, apenas si se deja sentir. Es la conciencia monádica despier­ta en los planos elevados, pero no en los inferiores, y las formas solo responden allí muy débilmente, casi son insensibles. Sin embargo, responden con alguna mayor intensidad que las de la primera Raza.

Con la entrada de la Monada en la tercera Raza Raíz, el progreso se acelera. El sentido visual se añade lenta y gradualmente a los sentidos auditivo y del tacto, y con esto el conoci­miento del mundo externo se hace mas claro y definido. El lenguaje, que durante la primera y segunda subrazas, solo con­siste en meros gritos, gritos de placer y dolor, de amor y cólera, se convierte en monosilábico en la tercera subraza. La conciencia del contacto del agua se añade a los del fuego y aire, y la forma humana, tosca e imperfecta, pero ahora clara y distintamente humana, cobijada por la Monada, esta pronta para recibir la inte­ligencia que la hará hombre. Ahora responde clara y distintamen­te a los impulsos de vida que le llegan de arriba, pero en el plano fisico es estúpida e ignorante, y hallándose sacudida por choques de dolor y placer procedentes del exterior a los cuales cede ciega­mente, se ve por este motivo arrastrada de acá para allá. La Monada no puede dominar a su vehículo fisico, el cual responde a los enérgicos choques de su plan con tanta mayor fuerza cuanta mayor es la suma de vida que recibe de arriba. Esta vida es transmutada en sensaciones, y fluye a lo largo de los canales de los instintos animales. Para la Monada, el aumentar este flujo de vida es lo mismo que aumentar el peligro; es como aumentar la presión del vapor de una maquina que no tiene quien la guíe.

Entonces llegan los Hijos de la Mente para añadir el elemento indispensable a la seguridad y al progreso. Ahora debe principiar la evolución intelectual, y oscurecer por algún tiempo lo espiri­tual. Lo espiritual debe ceder ante el empuje de la inteligencia, y retirarse por el momento, dejando que esta coja las riendas y guíe las próximas etapas de la evolución. La Monada principiara a dirigir sutil y silenciosamente a la inteligencia, trabajando indi­rectamente por medio de ella, estimulándola por medio de sus energías, desarrollándola por un incesante flujo de potente in­fluencia procedente del interior, al propio tiempo que la inteli­gencia lucha con los vehículos inferiores, para ser vencida y esclavizada al principio, pero para vencer y dominar al fin lenta y gradualmente. Y aquí dejamos la evolución monádica que ahora continua silenciosamente debajo de la superficie, hasta el momento en que la triunfante inteligencia se sumergirá en el espíritu.

Tal es, brevemente expuesta, nuestra genealogía por lo que al lado del Espíritu se refiere. Vemos que procedemos de Dios; vemos a los grupos de los Grandes Seres que nos educaron en nuestra infancia; vemos las etapas de nuestro desarrollo y creci­miento, y como pasamos desde una Cadena a otra, desde una a otra Ronda, desde un Globo a otro, hasta que llegamos a nuestra tierra y tocamos el suelo que conocemos. Luego percibimos con­fusamente la llegada de los "Hijos de la Noche", los "Hijos de la Sabiduría Tenebrosa", aquellos que traen ahamkara para formar al hombre, y sabemos que esto constituye una parte de nuestra genealogía, que ellos son también nosotros mismos. Vemos al Espíritu oscurecido, y sabemos que el Espíritu debe perfeccionarse en el silencio, en tanto que el guerreador Intelecto continua combatiendo, hasta el momento en que depositara sus trofeos a los pies del Espíritu, y el hombre, haciéndose divino, reinará sobre la tierra.

 

SEGUNDA CONFERENCIA

La Genealogía Física

 

Queridos amigos: Al ocuparnos esta mañana del lado fisico de la evolución del hombre, nos hallaremos con la dificultad con que siempre tropezamos cuando nos proponemos tratar de lo Fisico; y esto es debido a que nos hallamos en presencia de una masa de detalles cuya naturaleza es muy complicada. Como todos sabéis, hasta el estudio de la Ciencia Moderna se hace harto difícil cuando trata una parte de su conjunto y vosotros deseáis comprender a fondo el relato que os hace. Con mucha mayor razón es mas grande la dificultad cuando debéis tratar las cosas tales como ellas son, en todos sus diversos pianos y estados, y cuando, en vez de limitaros a la diferenciación del tattva fisico, debéis además tener en cuenta las diferenciaciones de los tattvas que pertenecen a los planos superiores. Digo esto, porque me veré en el caso de poner algún tanto a prueba vuestra atención, si es que realmente deseáis investigar las etapas de la evolución física del hombre, y deseáis haceros cargo del papel que desempeña en el mundo en que es el mas elevado prototipo de vida que existe; el prototipo del cual son extraídas todas las semillas de vida, por lo que a la presente evolución se refiere; el prototipo que se halla a la cabeza de la evolución del globo, y de quien dependen la vida y la dirección de los diversos reinos de la natu­raleza que le son inferiores. Necesitamos comprender y descubrir por que en el cuerpo del hombre existen los gérmenes de vida que informan a todos los grandes reinos del globo. La única teoría que parece ofrecer un vislumbre de la verdad, aunque solo de un fragmento de ella, es la teoría de Weissman, la cual, en su asombrosa complicación, es muy difícil de comprender, pero que, sin embargo, nos demuestra que, hasta desde el punto de vista de la Ciencia moderna, podéis hallar complicaciones tan variadas, tan numerosas, tan entremezcladas, dentro de los limites de un germen, que podéis hallar en el las huellas de millares de generaciones, y la posibilidad de cualquiera de estas huellas evo­lucionando y apareciendo en el hombre actual.

Ahora bien; con respecto a la evolución física, existe una nume­rosa clase de seres que la dirigen, que la gobiernan, que, de hecho, dan los modelos sobre los cuales toda esta evolución se moldea. Esta clase de seres es la que en la literatura Inda os es conocida bajo el nombre genérico de Pitris o antecesores. Existe una gran confusión acerca de estos Pitris, y esto por una razón muy sencilla. Ante todo, los Pitris originales -los únicos a quienes, en gracia a la claridad, quisiera, si posible fuese, llamar por este nombre- reaparecen una y otra vez bajo diferentes caracteres. Aparecen en cada Ronda, y cuando descendemos a la evolución de nuestro Globo, aparecen en los diversos ciclos del desarrollo sobre el mismo. Entonces los hallamos, por decirlo así, casi sumergidos en el hombre; entonces los vemos renacer bajo nuevos caracteres, de modo que se parecen a los actores que representan en el proscenio de un teatro, los cuales se visten con diversos trajes, y aparecen bajo distintos caracteres, aunque son los mismos hombres vestidos con diferentes ropajes. Este cambio de carac­teres ha confundido naturalmente al estudiante que no ha sido capaz de comprender a los seres por quienes estos caracteres eran representados, y por lo tanto, una parte de nuestra labor de hoy, será destinada a describir estos seres, y ver de que modo los Pitris reaparecen ciclo tras ciclo, pero siempre con la característica de que son los Señores del reino fisico, los guías, los moldeadores y los arquitectos del hombre mortal. Este mismo nombre de Pitris se aplica también a aquellos seres conocidos como Agnishvattas, los cuales nada tienen que ver con el cuerpo fisico del hombre. A estos Pitris los dejaremos a un lado por el momento. Ellos son los que constituyen las tres clases mas elevadas de entre las siete clases de Pitris, los cuales os son mis o menos familiares en los Sastras Indos, pero están clasifi­cados como siendo Arupa, sin forma, y pertenecen a una evolución distinta. Están relacionados con los Devas, y a veces se les llama Pitris de los Devas. Están, además, relacionados con la evolución intelectual del hombre, y deberemos mencionarlos bajo otro nom­bre, el de Manasaputras, nombre que incluye a estos seres y a otros muchos.

Los Pitris que están relacionados con el linaje fisico del hom­bre, que son literalmente sus antecesores físicos, los antecesores de su cuerpo, constituyen cuatro grandes clases, las cuales en las enseñanzas ocultas se les da un solo nombre, el de Barhishad. Ahora bien; este nombre aparece también como el de otra clase además de las cuatro, lo cual es un motivo mas de confusión para nosotros. El nombre genérico es el de Pitris Barhishad, o los que poseen el fuego creador. Aunque veis que este nombre se aplica preferentemente a los hijos de uno de los Hijos nacidos de la mente de Brahma, esto no obstante, no es menos cierto que también se usa para las cuatro clases de Pitris Rupa que están relacionados con la evolución física. Por lo tanto, cuando mencione a los Pitris Barhishad, si empleo este termino sin mas aditamento, me  referiré a las cuatro clases de Pitris Rupa.

Ahora bien; estas cuatro clases, los Pitris Barhishad, proceden de la Luna. Ya sabéis que se ha hablado de la Luna como del vestíbulo de Svarga, como siendo una de las Lokas, como la morada de los Pitris. Esto es indudablemente exacto, por lo que a los seres humanos se refiere, puesto que estos pasan desde Pretaloka a Pitriloka, y luego a Svarga. En un sentido cósmico, la Luna sirve de vestíbulo a través del cual sus habitantes entran en la tierra. Estos Pitris llegan a la Cadena Terrestre procedentes de la Cadena Lunar, por cuyo motivo los llamamos Pitris Lunares, Pitris que proceden de la Luna.

Ahora bien; si deseamos comprender la naturaleza de estos Pitris, la primera pregunta que se nos ocurre es: ¿Que hicieron en la Luna, y cual fue el resultado de su estancia allí ? Ya sabemos que la Cadena Lunar es la que precedió a la nuestra, y que estamos unidos por los mAs estrechos lazos con la evolución que tuvo lugar en la Luna, y en la Cadena Lunar. Os podréis pacer cargo de la labor llevada a cabo por los Pitris Lunares en la Cadena Lunar, si por un momento pensáis en Aquellos a quienes comúnmente llamamos los Maestros en nuestra tierra. Ellos son Maestros que, habiendo pasado por la evolución humana aquí, han trascendido a la humanidad. Ellos son la eflorescencia de la humanidad, como pan sido llamados los que pan vencido todas las dificultades de la materia, y se han hecho aquí Dueños de la misma, y son los Guardianes, los Protectores de la humanidad. Esta misma labor fue llevada a cabo por los Pitris Lunares en la evolución que tuvo lugar en la Cadena Lunar. Ellos pasaron a través de toda esta evolución, a través de la equivalente etapa humana, y fueron los éxitos de la misma. Ellos se elevaron mas y mas, hasta que consiguieron dominar por completo toda la materia de la Cadena Lunar, y la emplearon para su servicio. Por esta razón se les llama a veces los Cubos, debido a que en la Cadena Lunar dominaron la materia en su cuaternario o cuádruple forma, y trajeron esta materia consigo para su ulterior evolución en la Cadena Terrestre. Consideradlos, pues, como a los Señores de la Luna, nombre que con frecuencia se les da en los escritos ocultos. También se les llama los "Hijos del Crepúsculo", por una raz6n que luego veremos, la cual los relaciona del mismo modo con la Luna, e igualmente se les denomina Hom­bres celestiales, Hijos de la Luna, Progenitores. No los confun­dais -puesto que esta es una de las dificultades con que el estudiante tropieza con aquellas clases de Pitris, las ex ­Monadas de la Cadena Lunar, que vinieron de la Luna para entrar en la evolución humana en nuestro Globo. Estas clases de Pitris nada tienen que ver con los grandes Pitris Lunares, excepto que evolucionaron bajo su protección y amparo sobre la Luna, del mismo modo que nosotros evolucionamos aquí bajo el amparo de los Maestros de Compasi6n y Sabiduría. Estos Pitris inferiores, que con tanta frecuencia han sido confundidos con los otros, son las ex-Monadas procedentes de la Luna que constituyen la masa de nuestra humanidad actual, y que también se hallan aprisionadas en los reinos animal, vegetal y mineral de nuestro Globo, hallándose todas las formas de nuestra Cadena ocupadas por estas Monadas procedentes de la Luna. A estas Monadas se las llama también Pitris, pero no son los grandes Pitris Lunares.

No ignoráis que esta identidad de nombre aparece tambien en la literatura Inda, en los shraddhas y en la conversación ordi­naria cuando se halla de los Pitris, pues cada difunto, en una cierta etapa, despues de la etapa Preta, entra en Pitriloka, y se le clasifica entre los Pitris, a pesar de lo cual sabeis muy bien que estos seres humanos, a los cuales se clasifica entre los Pitris, se hallan mas bien bajo su amparo y protección, y son defendidos, vigilados y dirigidos por aquellos que participan de su naturaleza, y así no confundís a los Pitris de nuestra humanidad que perma­necen en Pitriloka por un determinado tiempo después de la muerte, con los grandes y poderosos Pitris que constantemente son invocados en el shaddha, y que son hijos de los Hijos nacidos de la mente de Brahma. La confusión es por esta causa muy común, y ha persistido en nuestra propia nomenclatura. Permítasenos, pues, en gracia al objetivo que nos proponemos en estas conferencias, dar el nombre de Pitris únicamente a los Señores de la Luna, y así no los confundiremos con nuestra humanidad ordinaria, a la cual dirigen, por lo que a la evolución física se refiere.

Ahora bien al fin de su evolución en la Cadena Lunar, estos Pitris se sumergen en el Logos planetario, el Gobernador de la Cadena. Como diríamos ahora, han alcanzado el Nirvana, han entrado en la conciencia del gran Señor bajo cuyo gobierno han evolucionado; han pasado a formar parte de Su ser; se han con­vertido, por decirlo así, en los gérmenes de vida de Su cuerpo.

Cuando la Cadena Terrestre principia, la cual es el nuevo cuerpo del Logos Planetario -llamado a veces, a causa de Sus funciones, Brahma, el Creador, la reflexión del gran Brahma del sistema- estos Pitris nacen de Su "Cuerpo del Crepúsculo". Los cuatro Cuerpos de Brahma son las cuatro Cadenas planetarias. La primera es Su Cuerpo de Tinieblas; la segunda Su Cuerpo del Dia; la tercera, la lunar, Su Cuerpo del Crepúsculo; la cuarta, la terrestre, el punto de vuelta, Su Cuerpo del Amanecer. Na­cidos así de El, estos Pitris son llamados los Hijos del Crepúsculo, los nacidos de la Voluntad, y los Señores del Yoga. A veces se les llama también Svayambhuva, puesto que no nacieron, sino que salieron del Cuerpo del Señor. En el Vishnu Purina se dice que nacieron de Su Cuerpo del Crepúsculo, cuando El estaba medi­tando en Si Mismo como Padre del mundo, y en el nacimiento del mundo que debía contener hombres; y el Vardha Purana se expresa de un modo parecido, diciendo que nacieron del color del humo cuando El meditaba sobre la producción de todas las especies de seres. Cuando El pensaba en Si Mismo como Padre, entonces fue cuando salieron de Su Cuerpo del Crepúsculo estos Pitris nacidos de la voluntad, los Señores de la Cadena Lunar.

Poseyendo estos Pitris la cuádruple materia, así como el fuego Creador, podían dar al hombre su doble etéreo , prana, Kama animal y el germen animal de la mente. Mas allá de esto nada podían dar, pero esto bastaba para llevar a cabo la evolución física, para la construcción del hombre animal, y todas las demos formas inferiores.

Se dice que estos Pitris se hallan bajo el poder de Yama, el Señor de la Muerte, al cual se da el nombre de `Pitripati", el Señor de los Pitris. De aquí que los cuerpos que dan al hombre son mortales, nacidos bajo el imperio del Señor del Cambio y de la Muerte. Ellos no pueden dar lo inmortal, sino únicamente lo mortal, bajo el imperio del Señor de la Muerte. Los hombres son su progenie, y por lo tanto deben formar parte del reino de la Muerte; y así los hijos de la Tierra difieren de los hijos de Buddha, el planeta Mercurio, pues sus hombres son inmortales, mientras que los hijos de la Tierra son mortales. Por otra parte, estos Pitris evolucionaran por medio de la labor que llevan a cabo en la Cadena terrestre, y de esta suerte escaparan al imperio del Señor de la Muerte, y en la próxima Cadena planetaria, la quinta, ejer­cerán de Nanasaputras, los Hijos de la Mente y Señores de la Muerte.

Tal es nuestra primera vislumbre de los Pitris Lunares. Como ya he dicho, los veremos reaparecer una y otra vez. Primero los vemos aparecer en su carácter de Dueños y Señores de la materia, cuando en esta Cadena deben aparecer formas vivientes, cuando los Globos son formados, pero todavía se hallan desprovistos de seres vivientes, cuando la materia del Globo solo se halla mol­deada en forma globular. Los encontramos al principio de la primera Ronda. De como podré haceros una descripción de lo que el "Ojo Divino" puede percibir cuando es dirigido por algún Yogui a esta primera Ronda? Yo bien quisiera haceros una descripción que, aun cuando necesariamente imperfecta, llevara a vuestra mente alguna idea definida. Imaginaos a una enorme masa de palpitante materia, agitándose y girando Con vertiginosa rapidez, revolviéndose, precipitándose y dividiéndose en confusas y turbu­lentas masas, y combinándose lentamente, según las tres distintas densidades, en siete tenues formas. En estricta verdad, apenas podemos darles el nombre de formas, pues hasta cuando descen­demos a la cuarta, la mas material de estas formas, solo podemos percibir un débil vislumbre del primer rupa de la Tierra, una mera película de akasha, tenue, radiante, luminosa e ígnea. Nada hay visible en esta Ronda, excepto el fuego que de ella forma parte. Percibimos confusamente estas siete formas, de las cuales la cuarta, la que debe ser nuestra Tierra, es la más perceptible. Por encima de ella, en el arco descendente, se vislumbran tres sombras de más en más vagas Y vaporosas, y en el arco ascendente de la misma, otras tantas sombras apenas perceptibles. En con­junto, un vasto panorama de llamas que asumen y luego pierden la forma de globos, enorme, maravilloso, que inspira terror, y en el cual existe una fuerza irresistible Y una energía indomable.

Las cuatro clases de Barhishad, o Pitris Lunares, los Pitris Rupa, presiden respectivamente las cuatro Rondas sucesivas de nuestra Cadena terrestre. Los que poseen los cuerpos más sutiles dirigen la primera Ronda; los que le siguen en orden sucesivo la segunda; los siguientes la tercera, y los que poseen los cuerpos más densos dirigen la cuarta, la Ronda en que se forma la materia más densa. Cada una de estas cuatro clases tiene sus peculiares siete grados, o subclases, de suerte que en cualquier Ronda o Globo nos hallamos con las llamadas "siete clases de Pitris", Y más de un estudiante, al notar esto, se ha quedado perplejo y confun­dido, recordando que existe otro pasaje en que se habla de siete clases de Pitris, entre las cuales están incluidos los Pitris Agnish­vatta, mientras que aquellas siete clases están todas constituidas por Pitris Barhishad. Esta confusión cesa desde el momento en que el estudiante se da cuenta de que cada una de las siete grandes clases, las cuales se hallan divididas en Arupa y Rupa, están constituidas por siete subclases, distintas unas de otras por diferencias en su evolución. Así, pues, en las cuatro grandes clases de Pitris Rupa tenemos veintiocho subclases, siete en cada clase, y solo con estas subclases estamos relacionados en cada Ronda sucesiva. Solo una de las grandes clases está relacionada con cada Ronda, y esta única clase es la que constituye las sub­clases, esto es, "las siete clases de Pitris Lunares" de que se habla.

Estas cuatro clases se distinguen por las diferencias de sus upadhis. La primera no tiene ningún upadhi inferior al Karana sharira; la segunda tiene para vehículo activo el cuerpo mental; la tercera emplea el cuerpo astral, y la cuarta se halla revestida con el doble etéreo. Así, pues, a medida que los Globos se hacen cada vez más densos en las Rondas sucesivas, los Pitris que sucesivamente dirigen la evolución física, aportan a su labor estos cada vez mas densos vehículos de actividad, los cuales les son indispensables para la tarea que se les ha encomendado. Cuanto mas estudiamos el plan de la evolución, tanto mas nos quedamos extasiados ante la exquisita trabazón de todas sus partes.

Los Pitris Barhishad pertenecen -como se dijo en la primera conferencia- a la ultima de las Jerarquías u Ordenes Creadoras, llamada por nosotros la séptima, aunque en realidad es la duodécima. Estos Pitris tienen bajo su inmediata dirección, grandes huestes de espíritus de la naturaleza, los cuales son los actuales constructores de las formas, los masones, mientras que Ellos pue­den ser comparados con los arquitectos, nombre que en realidad se les da con frecuencia. Ellos dan las formulas, los modelos, los pianos que son seguidos y al momento ejecutados por sus subor­dinados los innumerables seres que seleccionan las partículas materiales y las colocan en el sitio que les corresponde. Puedo hacer notar de paso que, desde el momento en que en la literatura Inda se aplica la palabra "Deva" al conjunto de estos seres, la necesidad de los familiares treinta y tres crores de Devas para llevar a cabo los trabajos de la naturaleza se hace clara y evidente, y no debe causar sorpresa alguna.

Cuando los Puranas hablan de la tierra y sus seis Globos, os presentan aquella extraña pintura de la que me temo que mas de un erudito indo se habrá reído con frecuencia. Me refiero a las siete zonas, o a los siete dvipas, como se les llama, y a los admirables océanos de leche y crema, etc., que separan a los unos de los otros. "Que fábulas tan necias escribieron los antiguos", dicen nuestros modernos críticos. Sin embargo, los antiguos escri­bieron mucho mas sabiamente que los científicos del siglo x, puesto que por medio de una grafica pintura nos dan una idea de la aparición de la Cadena planetaria, y de que cada dvipa o mundo, es un Globo de dicha Cadena, y que lo que se llama el océano, es la materia que existe entre cada uno de los Globos, los cuales están separados por un mar que nadie puede cruzar, excepto aquellos que han sabido construirse sus upadhis supe­riores, y son por lo tanto aptos para navegar a través de estos maravillosos mares de materia. Si os fuese posible elevaros a un piano superior, y desde allí contemplar la Cadena planetaria, veríais con entera claridad y exactitud lo que se describe en los Puranas; esto es, veríais a los siete dvipas y a los siete océanos que los rodean; a revueltas masas de materia de diversas densi­dades agitándose entre los Globos, las cuales, según el modo de clasificar terrestre, aparecen liquidas en su aspecto general. La equivocación ha consistido en que la gente ha tratado de iden­tificar estos dvipas con cosas del globo físico, siendo así que son los siete mundos de la Cadena, los cuales son completamente dis­tintos entre si, siendo el Jambudvipa nuestra tierra, nuestro mundo. Estas descripciones puede que no estén de acuerdo con las moder­nas ideas de precisión y exactitud de la nomenclatura científica, pero ellas aportan una idea gráfica y vivida a la mente ordinaria para la cual se destinan. El vidente moderno reconoce fácilmente las cosas descritas cuando, desde el punto de vista en que los escritores puranicos contemplaron la escena, dirige del mismo modo su mirada hacia este maravilloso panorama, Y percibe a su vez los siete Globos en medio de los océanos de inorgánica ma­teria que los circundan.

Volvamos a nuestra descripción del fuego, y a los tenues globos que giran entre agitadas llamas. La primera clase de Pitris Lunares desciende sobre el primero de estos globos, que es el más sutil, el más sutil de todos. Ellos dan los primeros modelos de las formas que todos aquellos que les seguirán después emplearán como tabernáculo. Estos modelos están basados en las Ideas contenidas en la mente del Lagos Pla­netario, pero ellos moldean las formas, ellos dan la primera forma a la materia Ígnea que debe servir de morada a las recién lle­gadas Mónadas procedentes de la Cadena Lunar. Deben asimi­larse la materia de la Cadena, pues de otro modo, ¿cómo habrían de ser aptos para construir con ella las formas? No pueden traba­jar con materia que no es la suya. Por lo tanto, lo primero que deben hacer es pasar ellos mismos a través de cada clase de ma­teria, y, reuniéndola en torno de sus cuerpos aéreos, moldearla por medio de su fuego creador en formas germinales, las cuales se desarrollarán Y perfeccionarán gradual y lentamente, Y se con­vertirán en el decurso del tiempo en las formas que conocemos en la cuarta Ronda en nuestro cuarto Globo. Cada subclase de Pitris debe moldear en cada reino de cada Globo siete formas típicas, pues en cada reino de la naturaleza hay siete tipos exis­tentes el uno al lado del otro, los cuales corresponden con los siete tipos que constituyen cada una de las siete subclases de Pitris de cada Ronda. Estas formas típicas son meras películas de materia ígnea en la primera Ronda.

Ahora bien; la característica del primer Globo, el Globo A, es que nada hay en el que tenga forma tal como nosotros la conocemos; tan distinto es todo lo que allí existe de las formas que nos son conocidas, que ha sido llamado Arupa, sin forma.

Sin embargo, existe forma, aunque no es forma tal como la que es conocida por el hombre mortal. A estas formas se les da el nom­bre de arquetipos, esto es, formas ideales formadas de la sustancia del pensamiento abstracto, vagas, inconstantes e indefinidas, in­comprensibles e inconcebibles a la mente concreta y que solo pueden ser comprendidas debido a que cuando una de tales formas pasa a un piano inferior, estalla en innumerables formas concretas, las cuales se parecen a su original y presentan sus características esenciales, asumiendo rasgos de su imagen. Esto se os hará quizás mas fácilmente comprensible si os recuerdo un curioso recurso empleado en los primeros tiempos de la ciencia biológica para demostrar el tipo de una clase. El profesor Owen, al tratar de la gran complejidad de la clase de los mamíferos, procuro indagar y se esforzó en combinar lo que era común a todos ellos. Encontró cosas idénticas existentes en cada clase de mamíferos, como por ejemplo la columna vertebral, los cuatro miembros, y así sucesivamente.

Después de un detenido estudio de un gran numero de formas mamíferos, combino todas las cosas que eran comunes a cada una de ellas, y las reunió en una forma que no se parecía a nada de cuanto vive en el aire y en la tierra, o en las aguas del mar, y a esta forma le dio el nombre de mamífero arquetipo. Esto fue un esfuerzo de la imaginación de un hombre de Ciencia para guiar y ayudar la investigación científica, quien "construyo con mas fidelidad de lo que el pensaba". Estas formas arquetipos existen en la mente del Logos como las ideas de cada reino; esto es, los minerales arquetipos, los vegetales arquetipos, los animales arquetipos, y los hombres arquetipos. Ellas existen como ideas; ideas Platónicas se las llama con frecuencia, debido a que Platón insistió tanto sobre ellas en su filosofía. Estas ideas se hallan en la mente del Logos, y los Arquetipos, que son los Pitris Barhishad, las reproducir en el Globo mas elevado de la Cadena planetaria. Este es el Globo A, por cuyo motivo se le llama el Globo arquetipo, puesto que contiene los arquetipos de las formas que evolucionan en cada Ronda. En los Puranas se describe o se alude a veces a estas formas, y sus descripciones os parecen extrañas, grotescas e ininteligibles. Muchos de nuestros eruditos, que conocen algo de la ciencia mo­derna, se ríen de los antiguos Rishis que trataron de describir estas extraordinarias formas, distintas de todo lo que la humana mente puede concebir. Pero los Rishis sabían algo más que lo que la ciencia moderna sabe; conocían las formas arquetipos, la base y fundamento de todas las formas, y aquellas extrañas criaturas de que se os habla en los primitivos relatos Puranicos son arque­tipos, y no formas tales como las que existen en los planos infe­riores. No conozco lenguaje alguno, ni descripción alguna que pueda dar una mejor idea de esta maravillosa estructura, que la que podéis hallar en los relatos Puranicos, por muy oscuros, extraños y grotescos que puedan parecer. Estos relatos son cuando menos la mejor descripción que en lenguaje humano se pueda dar. Analicemos el primer punto. Como tuve ocasión de manifes­taros ayer, en cada Ronda tiene lugar una evolución elemental, mineral, vegetal, animal y humana de una clase especial. Las formas que todavía no han nacido en los Globos de la Cadena, ya no existen en la mente del Logos creador, sino que rodean a dichos Globos como embriones, de suerte que en la atmósfera de estos Globos podríais leer su historia. Esto es una de las cosas que se quiere dar a entender por medio de la frase “leer en la luz astral". En el primer Globo de la primera Ronda de nuestra Cadena, los Pitris formas los arquetipos de los tres reinos elemen­tales y del mineral; sólo los tipos del más elevado reino elemental alcanzan la perfección; los tipos de los reinos elementales medio e inferiores son tipos embrionarios, Y los del reino mineral son meros gérmenes, aunque contienen todas las posibilidades del reino mineral perfecto de la cuarta Ronda. La primera clase de Pitris Barhishad forma estos arquetipos de tenue y sutil materia, poblando con ellos el Globo ígneo. En la atmósfera que rodea al Globo, las otras tres clases de Pitris Barhishad se ocupan en desarrollar los embriones del futuro reino vegetal para la segunda Ronda; los embriones del reino animal para la tercera Ronda, y los embriones del reino humano para la cuarta Ronda. Estos embriones no tienen semejanza alguna con las futuras formas vegetales, animales y humanas, pues no son mas que meras cristalizaciones -si es que esta palabra puede aplicarse a una clase de materia tan sutil- meras agregaciones de sustancia. Estos em­briones se hallan en la matriz de la naturaleza del mismo modo que los embriones en la matriz (de la madre, y con verdad se ha dicho que cuando lleguemos a comprender el misterio del desarro­llo y crecimiento humano, todo el proceso de la actividad crea­dora se presentara claro ante nuestros ojos. Nuestros Pitris trabajan en este primer Globo A, y como se ha dicho, forman los arquetipos, revistiéndose con las formas que ellos mismos han creado. Luego pasan rápidamente a través de las formas embrionarias que existen en la atmósfera que los rodea, afectándolas con el primer impulso de la naciente vida fetal. Después pasan al segundo Globo, el Globo B, en donde moldean las múltiples formas concretas que proceden del arquetipo original. Poco es el cambio que se percibe en las formas que existen en la atmósfera. Todo el esfuerzo se consagra a lo elemental y al mineral, en los cuales se realiza un gran progreso. Mas adelante pasan al tercer Globo de la Cadena, el Globo C, en donde mol­dean formas mucho mas densas; sin embargo, esto no es mas que la densificación del fuego, tal como podéis percibirlo en, las capas mas blancas, mas amarillas, o mas rojo brillantes de una lla­ma. En el fuego de los Globos sucesivos solo hay estas diferencias. Por ultimo pasan a la Tierra, en donde el mineral afecta lo fisico, permaneciendo todavía las demás formas en la atmósfera que los rodea. Las formas germinales de los minerales aparecen confusamente en nuestra ígnea y brillante Tierra como sutiles y luminosas películas, y así continúan hasta que el séptimo Globo es alcanzado, y todo el reino mineral germinal esta formado, aun­que formado solo de tenues capas; no de minerales como los que os son familiares -salidos, cristalizados y en otras distintas for­mas- sino siempre en masas brillantes y gaseosas. Todo lo que entonces existe en el reino mineral, se encuentra en el ultimo Globo de la primera Ronda, en gérmenes sutiles y tenues que deben ser enriquecidos, densificados, fortalecidos y mezclados en las Rondas sucesivas. Podemos reasumir la tarea de estos Pitris diciendo que en el Globo A, dan las siete formas arquetipos para cada reino; en el Globo B propagan las formas que contienen las esencias de cada arquetipo; en el Globo C, densifican estas formas; en el Globo D las moldean en materia mas densa todavía; en el Globo E las hacen mas complicadas y las refinan ligera­mente; en el Globo F las construyen de materia mas sutil; y finalmente, en el Globo G las perfeccionan. Este es le método seguido en cada Ronda, y de este modo trabajan los Pitris, aun­que en la primera Ronda solo refine la materia que los rodea y moran en ella por algún tiempo con el fin de asimilársela. En su construcción solo emplean los cuatro subplanos superiores de la materia de cada plano. Ahora bien; a medida que la primera clase de Pitris Barhishad llevan a cabo esta labor en cada Globo, las Monadas exlunares, que van llegando a la Cadena terrestre, se introducen en las formas que ellos moldean y abandonan. Las Monadas proceden­tes de la Luna pasan primero por los reinos elementales, y después de estos al reino mineral y a otras formas abandonadas por los Pitris. Como vimos ayer, las siete clases de estas Monadas se hallan en distintas etapas de evolución, por cuyo motivo desde las mas elevadas a las mas inferiores presentan poderes en escala cada vez mas y mas descendente. Algunas de ellas, las mas jóvenes, apenas habían alcanzado la vida senciente en la Cadena Lunar; otras habían pasado por los reinos lunares y hablan alcan­zado los tipos de las formas animales lunares. Esta diferencia de desarrollo, de evolución de la conciencia, es de suma importancia. Cuanto mas desarrollada esta la Monada, tanto mas rápido es su progreso a través del reino de las formas. De aquí que exista un abismo cada vez mas hondo entre una y otra clase de Monadas a medida que evolucionan. Las menos evolucionadas se quedan cada vez mas y mas atas a causas del rápido progreso realizado por las mas desarrolladas. Quizás me será dable sim­bolizar mejor este punto -solo simbolizarlo, puesto que la diferen­cia de retardo en cada clase es de 1/7- si os recuerdo el método aritmético de aumentar bien sea por medio de la suma o por medio de la elevación a potencia. Suponed que principio con 3 y continuo añadiendo 3, en cuyo caso tendremos 3, 6, 9, 12. Esto puede ser tornado como simbólico de un grado de progreso. Su­poned ahora que procedo por progresión geométrica -3, 9, 27, 81. Mi primer método solo me dio 12 a la cuarta operación, al paso que el segundo me da 81 y esta diferencia en los totales es debido a la diferencia de grado de progresión. Algo de esto sucede con las Monadas exlunares, puesto que, en el Globo A, cuando la primera clase ha alcanzado la mas inferior de las siete etapas de la forma humana suborganica, habiendo con esto pasado a través de cuarenta y tres tipos de formas, la ultima clase solo ha pasado por una etapa, la mas inferior de las siete etapas del reino elemental mas inferior. Las primeras avanzan siete veces mas rápidamente que las ultimas. Al fin de la primera Ronda, la primera clase de Monadas exlunares ha pasado a través de cuarenta y nueve etapas de evolución de la forma; siete etapas en cada uno de los siete reinos. Las mas inferiores, la séptima clase, solo ha pasado durante este mismo tiempo a través de siete etapas de evolución de la forma, las siete que constituyen el reino elemental mas inferior. En las restantes Rondas, las Mona­das de la primera clase no pasan a través de los reinos inferiores, sino que entran directamente en el reino humano. A la conclusión de la primera Ronda sobreviene el Pralaya, y entonces tienen lugar edades de reposo, a pesar de lo cual la obra de la construcción de las formas continua. Después principia la segunda Ronda, y la segunda gran clase de Pitris Barhishad llevan a cabo la labor que les es propia. Traen los arquetipos de las formas vegetales al Globo A, las moldean en formas concretas en el Globo B, las densifican en el Globo C, y esas formas afectan lo fisico en el Globo D, permaneciendo lo animal y humano en la atmósfera, y progresando todo. Los em­briones humanos que en la primera Ronda solo asumen la extraña cristalina clase de forma análoga a la del reino mineral, surgen ahora como una planta o un árbol de una gigantesca forma filamentosa no reconocible como humana, puesto que el sello del reino vegetal se halla todavía impreso en el embrión humano en vías de desarrollo. Durante esta Ronda todos los cuerpos son construidos con partículas gaseosas, partícula do los subplanos terceros. En la tercera Ronda los mundos son mucho mas densos, aun­ que todavía luminosos y etéreos. Ahora se desarrollan los animales. La tercera gran clase de Pitris Barhishad son los que tienen a su cargo esta Ronda, y a medida que la obra de densificación prosigue, traen los arquetipos de los animales embrionarios y los moldean en formas concretas que, en el Globo D, asumen formas mas perfectas y definidas. Mirando los embriones humanos que durante la segunda Ronda han sido gradualmente desarrollados, los vemos, permaneciendo todavía en la atmósfera que rodea al Globo, asumiendo extrañas formas animales; monstruos repulsivos a nuestros ojos, apareciendo como enormes monos, y con el sello del reino animal profundamente impreso en ellos. En su desarro­llo el embrión humano todavía presenta este aspecto. Durante esta Ronda todos los cuerpos son construidos de partículas acuosas, partículas de los segundos subplanos.

En la cuarta Ronda, la cuarta clase de Pitris Barhishad, los que poseen la forma mas densa, entran en acción, y traen los arquetipos humanos al primer Globo. Estos arquetipos son una cosa tan maravillosa como magnifica, demostrando lo que el hombre será, así como lo que ahora es, pues en ellos están conte­nidos los arquetipos de las siete Razas. El sexto y séptimo de estos arquetipos irradian el esplendor de su belleza, y hacen entrever lo que serán los tipos desarrollados en las Razas y Rondas futuras. Descendiendo lentamente, multiplicándose y densificán­dose a medida que se aproximan, percibimos entonces a las formas que deben ser desarrolladas en el cuarto Globo - nuestra tierra. Al fin tocamos la tierra sólida. Ahora parece que respiramos de nuevo, después de nuestro viaje a través del espacio. Hemos llegado a la tierra, mas no a la tierra tal como ahora la conoce­mos, sino a nuestra tierra, la cual nos es por lo tanto mas familiar. Habiendo llegado aquí y -respirado, examinemos a nuestro mundo por un momento. Es un mundo bien extraño en verdad; un mundo de tan terrible confusión, de tan grandes convulsiones, que solo podéis oír el estallido de montanas que se hunden, el estruendo de volcanes vomitando ardiente lava, el fragor de gigan­tescas olas envueltas en piedras y en avalanchas de lava que arras­tran a medida que se precipitan en imponentes oleadas, levantando como si fuesen ligeras plumas, a masas que casi son como mon­tanas. A todo esto el fuego se esparce por doquier, y tienen lugar horrorosas tempestades, se desatan vientos huracanados, y en fin, una inmensa agitación y desorden en donde se os figuraría que la vida no puede existir. Esto recuerda a la primera Ronda en minia­tura, excepto que la mayor densidad de la materia hacen el tu­multo y ruido mucho mas intensos que en aquellos mundos sutiles. Sin embargo, también aquí parece ser el fuego el agente dominan­te, fuego furioso, tumultuoso.

Estas convulsiones continúan sin interrupción durante un periodo de 20 crores (200.000.000 de años), "después de los cuales se hacen periódicas, y solo tienen lugar a largos intervalos"[13]. Los Pitris son aquí los dueños de toda esta tumultuosa masa de materia.

Trescientos millones de años han pasado en esta cuarta Ronda sobre el Globo D, durante los cuales los espíritus de la naturaleza han trabajado constantemente en el, formando los minerales, los vegetales y los animales de las especies inferiores. Estos espíritus trabajan en medio del gran tumulto y confusión, y de los restos de la precedente Ronda han utilizado las cáscaras vacías, las for­mas abandonadas cuando la oleada de vida dejo el Globo D, y las han moldeado en nuevos organismos vivientes, resultando con ello extraños monstruos híbridos, una mezcla de todas las especies, medio humanos y medio animales. Entre los fuegos, los remolinos de espuma y las nubes, aparecen formas de reptiles de toda clase y condición, las cuales fueron producidas por la "inexperta mano de la Naturaleza", como diría la Ciencia, pero que nosotros vemos que son la obra de los Devas inferiores, los espíritus de la natu­raleza, faltos del auxilio del poder director de los Señores de la forma. Los Señores vienen a ver si la tierra esta pronta para la formación del hombre cuando la incesante agitación toca a su termino. Entonces todas estas formas inferiores son barridas, y la superficie de la tierra es a manera de un vasto océano de espu­mosa agua tibia, vacía de habitantes, permaneciendo la tierra firme debajo de este desierto liquido. En un punto dado aparece gradualmente la primera tierra. Es el pico del Monte Meru, el extremo del Polo Norte, el principio de la imperecedera Tierra Sagrada, la Tierra Bendita, la Tierra de los Devas, llamada también Shvetadvipa, la Isla Blanca, la Tierra Central, y a veces Jambudvipa, nombre dado a la tierra como un todo. Los Parsis la llaman Airyana Vaejo, y dicen con verdad que su gran profeta Zarathushtra nació allí. El Monte Meru, el eje del globo, aunque surgiendo en el Polo, tiene sus raíces profundamente arraigadas en la cordillera de montañas del Himalaya, el "cinturón de la tierra". A medida que la tierra surge lentamente de las turgentes olas del tibio globo liquido, y a medida que su centro el Monte Meru surge en el Polo a manera del Loto de siete hojas, aparecen gradualmente siete grandes promontorios, a cuyos picos se les da a veces el nombre de Pushkara, aunque este nombre pertenece con mas propiedad al séptimo continente, constituyendo estos pro­montorios y su centro la Tierra Imperecedera. En esta tierra deben nacer por turno cada una de las razas humanas, sea cual fuere el punto en donde son conducidas después de su nacimiento. Ella es el lugar del nacimiento de cada Raza bajo el imperio de Dhruva, el Señor de la Estrella Polar. "La Estrella Polar tiene puesto su vigilante ojo sobre ella, desde el amanecer hasta la conclusión del corpúsculo de un Dia del Gran Aliento"[14]

 Esta tierra aparece y esta pronta para recibir a sus habitantes, siendo su clima una deliciosa primavera. Entonces se cumplen los im­periosos mandatos de los Señores que son los Gobernadores de todo. Escuchad algunos de los magníficos versos de las Stanzas del Libro de la Sabiduría:

"Los grandes Chohans, llamados los Señores de la Luna, los de los cuerpos aéreos: Crean hombres, hombres de vuestra natu­raleza. Les dan sus formas internas. La naturaleza construirá las cáscaras externas. Varones-Hembras ellos serán. los Señores de la Llama también! ... Ellos fueron cada uno a la tierra que teman designada. Siete de ellos, cada uno a su lote. Los Señores de la Llama permanecen detrás. Ellos no querían ir, ellos no querían crear. Las Siete Huestes, los Señores nacidos de la Voluntad, producen hombres de si mismos, cada uno en su propia zona. Siete veces siete sombras de hombres futuros nacieron, cada una de ellas de su propio color y especie, cada una de ellas inferior a su Padre. Los Padres, los sin hueso, no podían dar vida a seres con hueso. Su progenie era Bhuta, sin forma ni mente. Por lo tanto ellos son llamados el chhaya" [15].

Hay cuatro clases de Monadas lunares prontas para la encarnación humana, y los Pitris Barhishad, descendiendo a nuestra tierra, a la Tierra Imperecedera, segregan de sus cuerpos etéreos un chhaya, una "sombra", un germen de vida que contiene en si las potencialidades de desarrollarse en una forma humana. Esta sombra es enorme, filamentosa, sin sexo, un Bhuta vacío flotando en la densa atmósfera y en los hirvientes mares. Los Pitris moldean y perfeccionan estas enormes e indefinidas formas proteicas de materia etérea que presentan diversos aspectos, y que contienen los gérmenes de todas formas que los Pitris aportan procedentes de anteriores evoluciones, las cuales son del color de la luna, amarillo-blanco de variados matices. En las cuatro clases de Pitris Barhishad que así proporcionan el germen de vida para la construcción de la forma de su progenie, el hombre fisico, hay, como hemos visto, siete distintas subclases, y cada subclase pro­vee de habitantes uno de los siete promontorios: "Siete de ellos, cada uno en su lote ... producen hombres de si mismos, cada uno en su propia zona". Pero se dice: "Siete veces siete sombras de hombres futuros nacieron", y por lo tanto es muy natural pre­guntar:¿ De donde procede este séxtuple aumento? Cada clase de Pitris Barhishad, no solo contiene sus siete subclases en dis­tintas etapas de desarrollo, como ya se ha dicho antes, sino que cada una de estas siete subclases, esta constituida por grados sucesivos de evolución, y contiene, por lo tanto, individuos de cada uno de los siete tipos que también se han mencionado ante­riormente, y de aquí las "siete veces siete". Hallándose las Mona­das exlunares en diversos grados de evolución, no podían hallar tabernáculos a propósito para su ulterior desarrollo en los chhayas de un solo grado evolucionario, por cuyo motivo estas cuatro clases de Monadas pasaron a los respectivos chhayas que les correspondían según era el desenvolvimiento que habían alcan­zado a su paso por las tres y media Rondas precedentes. Muchas formas, muchas especies, muchos tipos fueron indispensables para que cada Monada pudiese tener su tabernáculo apropiado, y para que las cuarenta y nueve sombras de hombres futuros fuesen provistas de las condiciones indispensables.

Estas formas proteicas, salidas de los cuerpos etéreos de sus progenitores -a la manera que se ve salir el doble etéreo del costado de un medium fueron la primera Raza humana. "Hu­mana " diréis. "Pero, no es esto que se llama humano, esta ex­traña, incoherente y confusa forma, mas semejante a una masa de limo viscoso -como el supuesto Barthybius- que a un ser humano? Por que llamáis humana a esta forma? ¿Por que llamáis humana a la primera aglomeración fetal de células que se forma en la matriz de la madre, la cual es tan distinta de la forma hu­mana? Por que llamáis a esta aglomeración un embrión humano?

Por que en esta forma, que no es humana, evoluciona el hombre futuro, y por lo tanto el desarrollo debe ser humano y no otra cosa? Por esto, aunque esta forma nada tiene de humana en apariencia, aunque no es mAs que el mero embrión del hombre futuro, esto no obstante la llamamos "humana", debido a que la Monada que la informa ha alcanzado la etapa humana, y llama­mos a la forma por el nombre de la vida que en ella reside, y no por la mera apariencia externa. Por esta razón decimos que estas formas constituyen la primera Raza humana.

Estas enormes formas son impelidas de acá para allá, y son insensibles y pasivas. Como hemos visto, hallándose la conciencia en el nivel atmico, solo puede afectar muy ligeramente a estos toscos cuerpos, los cuales únicamente poseen por modo muy imperfecto el sentido auditivo y una confusa conciencia del fuego. Debido a que la conciencia que animaba a estas formas era de una naturaleza tan elevada, se las ha llamado a veces la Raza de los Dioses, así como los hijos de Yoga -los Pitris emitiendo sus chhayas cuando se hallaban sumergidos en la meditación yoga- y hasta los nacidos de si mismos, por no haber sido pro­creados por padres humanos. Estas formas son el segundo Adam de las Escrituras Judías. Los Pitris suministraron sus chhayas etéreos, los animaron con su propio fuego eléctrico, los galvanizaron, por decirlo así, poniéndolos en actividad, y el Sol les ayudo en su tarea derramando sobre ellos sus vivificantes rayos, el fuego solar, al mismo tiempo que los espíritus de la naturaleza pres­taron su concurso a la obra al recibir el mandato de su Goberna­dor. "Estas tres entidades produjeron por medio de sus esfuerzos aunados un buen rupa. Este rupa podía permanecer en pie, andar, correr, inclinarse y volar. Sin embargo, no era todavía mas que un chhaya, una sombra sin sentido"[16]. El planeta presidente de esta primera raza es el Sol, o mas bien el místico planeta Urano, al que el Sol representa.

La multiplicación de estos seres tuvo lugar por división o por brotación, las únicas formas de reproducción posibles para ellos, como lo son aun hoy dia para el protisha, su mas cercano semejante fisico. Estos seres crecían, aumentaban en tamaño, y entonces se dividían; al principio en dos mitades iguales, y en  sus ultimas etapas en porciones desiguales, produciendo una pro­genie de un tamaño menor que el suyo, la cual crecía a su vez y producía sus vástagos. Un estudio de la ameba y de la hidra pueden servir de ilustración para comprender estos métodos de reproducción. En esta primera Raza no se puede hablar de nin­guna subraza, si bien podemos mencionar siete etapas de desarrollo cambios evolucionarios. Ninguno de estos seres podía morir; "ni el fuego ni el agua podían destruirlos"[17]; el fuego era su ele­mento, y eran inconscientes del agua. Cuando llega el tiempo en que debe aparece la segunda Raza Raiz, los espiritus de la naturaleza aportan en torno de los chhayas partículas de materia mas densa, y con ellas forman una envoltura de una clase mas tupida que los envuelve, de suerte que "lo exterior de los chhayas de la primera Raza, se convirtió en lo interior de los chhayas de la segunda" [18]. De este modo la primera Raza se desvaneció, se absorbió, se convirtió imperceptiblemente en la segunda, y el chhaya que constituía todo el cuerpo de la primera, se convirtió en el doble etéreo de la segunda. Durante las edades, cuya duración desconocemos, en las cuales vivió la primera Raza, la tierra adquirió gradualmente condiciones mas tranquilas y estables, y los cataclismos no fueron ya por mas tiempo de carácter general, sino solo locales. Sobre la superficie del liquido desierto apareció gradualmente mas tierra, extendiéndose los promontorios del primer continente, formando as' una vasta herradura de caballo, el segundo continente, llamado el Hiperbóreo, o Plaksha. Este continente ocupaba el área llamada ahora Asia del Norte, junto con Groenlandia y el Kamschatka, y estaba limitado al sur por el gran mar que existía en donde ahora el desierto de Gobi extiende sus arenosas soledades; Spitzberg, Suecia y Noruega formaban parte del mismo, y se extendía por el sud-oeste mas allá de las Islas Británicas. La Bahía de Baffin era entonces tierra, la cual incluía las islas actualmente existentes en ella. El clima era tropical, y una rica y exuberante vegetación cubría las risueñas llanuras. No debemos dar al nombre Hiperbóreo el significado que al presente se le da, pues este continente Hiperbóreo era una tierra cálida y risueña, llena de exuberante vitalidad. El nombre Hiperbóreo adquirió su triste significado durante los últimos tiempos, cuando esta tierra quedo sin habi­tantes a causa del cambio de clima, y debido a los muchos cataclismos que la cuartearon y dividieron.

Como hemos visto, la segunda Raza aparece y presenta durante su existencia dos tipos marcados, respondiendo ligeramente a la conciencia Buddhica; presenta la dualidad que es característica de esta conciencia procedente de sus cambios físicos, de sus dos sen­tidos, el auditivo y el del tacto, y de su conciencia del fuego y del agua, bastante notable ya en este punto de la evolución Monadica. Estos tipos son llamados Kimpurushas, los hijos del Sol y la Luna, "el Padre Amarillo y la Madre Blanca" [19], de aquí el fuego y el agua, y nacieron bajo el planeta Brihaspati, Júpiter. Su color era de un amarillo dorado, a veces casi brillante como el de la naranja; otras veces presentaba los matices mas pálidos del limón, y estas formas de magníficos colores, filamentosas, cuyas estructuras se parecían a un árbol, algunas a tipos animales, y otras asumían un aspecto semihumano, completamente hetero­géneas en apariencia, agitándose, flotando por el espacio, desli­zándose y trepando de acá para allá; llamándose unas a otras por medio de sonidos parecidos a los que emite una flauta, a través de espléndidos bosques tropicales, cuyo verdor brillaba al recibir los rayos del sol; con floridas enredaderas adornadas de brillantes flores; todo esto constituye un hermoso cuadro de sober­bios matices, el esplendor de la naturaleza en su exuberante juventud, rebosando de vida, de color y de movimiento, perfiles trazados por una mano de gigante, esparciendo por doquier los colores de una superabundante e inagotable paleta. Como hemos dicho, en esta segunda Raza aparecen dos tipos principales, el primitivo y el mas avanzado. En el primer tipo no existen huellas de sexo; sus individuos son unisexuales, y se mul­tiplican por expansion y brotacion como la primera Raza. A medida que estas formas adquieren mas solidez, y se revisten con una capa de particulas terrestres mas densa, esta clase de repro­duccion se hace imposible; en este punto surgen de ellas pequeños llamados, en sentido figurado, "gotas de sudor"; puesto que brotan como el sudor de la piel humana; son viscosos, opalescentes y se endurecen gradualmente; crecen, se desarrollan y asumen diversos aspectos. Recordareis que en los Puranas se dice que todas las razas nacieron de los poros de la piel de sus progenitores. Re­cordareis asimismo que Virabhadra, comisionado por Mahadeva para inutilizar el sacrificio de Daksha, produjo miríadas de extrañas formas de los poros de su piel. Muchas huellas de esta clase de reproducción pueden hallarse en los relatos Puranicos, y los datos aquí aducidos referentes al lado fisico de la evolución del hombre, os harán comprender mucho mejor que antes el significado de dichos relatos. En el decurso del tiempo principian a notarse ligeros indicios de sexualidad en estos "nacidos del sudor" de la segunda raza, puesto que presentan señales de los dos sexos, por cuyo motivo se les llama andróginos latentes. Cuando estu­diamos el desenvolvimiento de los reinos inferiores actuales, vemos que todas estas etapas de desarrollo subsisten todavía, y percibi­mos con que firmeza y regularidad han sido dirigidos los espíritus de la naturaleza a lo largo de un plan único, el cual ha sido constantemente modificado en sus detalles, pero que en sus prin­cipios esenciales siempre ha permanecido el mismo. De los gérmenes expelidos por esta segunda Raza de "hombres", se desarrolló gradualmente el reino de los mamíferos en toda su inmensa varie­dad de formas, siendo los animales inferiores a los mamíferos formados por los espíritus de la naturaleza de los tipos desarrolla­dos en la tercera Ronda, ayudados a veces por emanaciones humanas.

Mientras tanto la tierra cambia lentamente. "La gran Madre trabajaba debajo de las aguas ... trabajaba asiduamente para la tercera (Raza ), y su busto y ombligo aparecieron sobre las aguas. Esto fue el Cinturón, el sagrado Himavat que rodea al mundo" [20]. El mar inmenso que se extendía hacia el sud de Plaksha cubría el desierto de Gobi, el Tibet y Mongolia, y de entre las aguas del sud de este mar surgió la gran cordillera de los Himalayas. La tierra apareció lentamente al sud, extendiéndose desde el pie de la cordillera de los Himalayas, sud de Ceilán y Sumatra, hasta mas allá de la Australia, Tasmania e Isla de Pascua. Hacia el occidente surgió también Madagascar y parte del África, sumándose además a todo esto, la Noruega, la Suecia, la Siberia oriental y occidental y Kamschatka que se apropio de su prede­cesor -un vasto continente- la enorme Lemuria, la cuna de la raza en la que apareció la inteligencia humana. En la historia antigua esta tierra es llamada Shalmali. En el curso de las edades, este gran continente sufrió muchas disgregaciones, y fue dividido en grandes islas. De tiempo en tiempo, erupciones volcánicas y grandes terremotos segregaron enormes fragmentos de su gigan­tesca masa. Noruega principia a hundirse lentamente, y esta antigua tierra desaparece por momento de la vista. 700.000 años antes del Periodo Terciario, el Periodo Eoceno Terciario, hubo una gran erupción de fuegos volcánicos; se produjeron hendiduras en el fondo del océano, y la Lemuria, como tal, desapareció, de­jando únicamente fragmentos tales como la Australia y Mada­gascar como huellas de su historia, con la Isla de Pascua sumer­gida y vuelta a reaparecer. Durante la vida de la Lemuria, a la mitad poco mAs o menos de su curso de desarrollo, tuvo lugar el gran cambio de clima que destruyo los restos de la segunda Raza, junto con su progenie la tercera primitiva. "El eje de la rueda se inclino. El Sol y la Luna no brillaron ya por mas tiempo sobre las cabezas de esta parte de los nacidos del sudor. La gente conoció la nieve y el hielo, y los hombres, las plantas y los animales fueron detenidos en su crecimiento y disminuyeron de estatura"[21] . Los brillantes colores de los trópicos desaparecieron ante el helado soplo del viento del norte; los días y noches polares de seis meses principiaron, y durante un determinado periodo los restos de Plaksha solo presentaron una mezquina y raquítica población. Mas allá de Plaksha, en la región polar, sonreía siempre la Impe­recedera Tierra Sagrada.

La tercera Raza presentaba, como podemos deducir por analogía, tres tipos bien marcados, a los cuales llamaremos el primitivo, el median y el mAs avanzado de la tercera. Así como la primera raza, en contacto con Atma, presentaba una unidad, y la segunda, en contacto con Atma-Buddhi, una dualidad, del mismo modo la tercera, en contacto con Atma-Buddhi-Manas, presentaba una triplicidad.

En el primer tipo, el primitivo de la tercera, el modo de reproducción es similar al del mas avanzado de la segunda; esto es, se verifica por medio de la expulsión de cuerpos blandos y viscosos, el "sudor". Estos cuerpos se endurecen durante la se­gunda subraza: "las gotas se densifican y redondean. El Sol lo calienta, la Luna lo enfría y moldea, y el viento lo nutre hasta su madurez". Estos blandos cuerpos se endurecen gradualmente, y asumen la forma de huevos, el huevo que desde aquel entonces hasta el presente es el lugar natal del germen. La forma pasaba entonces dentro del huevo sus primeras etapas de desarrollo, siendo mas humana en sus contornos y latentemente andrógina. Este tipo primitivo de la tercera incluye dos subrazas. La primera subraza nació del sudor, y las características de los sexos apenas se hacían visibles en el cuerpo. La segunda subraza nació todavía del sudor, y se desarrollo en seres andróginos bien caracterizados y definidos, claramente humanos en el tipo, habiéndose densifi­cado y endurecido la cubierta externa de la envoltura. A estos seres se les llama los Hijos del Yoga pasivo, tan abstraídos parecían estar de las cosas externas. En el segundo tipo, el mediano de la tercera, en la tercera subraza, los pequeñuelos se desarrollaban dentro de la envoltura, que era entonces una cáscara, desenvol­viendo los dobles órganos sexuales, y cuando nacían, rompiendo la envoltura, estaban completamente desarrollados, como sucede con el polluelo en nuestros días, pudiendo andar y correr. Ellos eran los hermafroditas de los cuales hablaremos luego, pues se convirtieron en los vehículos de los Señores de Sabiduría, y esta circunstancia les da el nombre de medianos de la tercera. En la cuarta subraza, la reproducción tuvo todavía lugar por medio de huevos, pero al desarrollarse los pequeñuelos, uno de los sexos principio a predominar sobre el otro, hasta que del huevo sur­gieron varones y hembras. A medida que este proceso continuo, los tiernos vástagos se hicieron cada vez mas y mas desvalidos, hasta que al fin de la cuarta subraza ya no les fue posible andar al surgir de la envoltura protectora. El embrión humano repro­duce todavía estas etapas en su desarrollo, puesto que presenta la forma parecida a la ameba de la primera Raza; la forma fila­mentosa de la segunda; la carencia de sexo de las primeras etapas es reemplazada por un estado andrógino, y gradualmente predo­minan las características del varón o de la hembra que determinan el sexo, como sucede en la tercera. Puede hacerse notar que las huellas de la dualidad de sexo no desaparecen ni aun en la madu­rez del embrión, pues el varón conserva los órganos rudimentarios de la hembra, así como la hembra los del varón.

Es sumamente interesante hacer notar las muchas huellas que se hallan en la literatura Inda, así como en los "mitos", que en­cierran más verdades que la historia, de los variados modos de reproducción comunes en los tiempos primitivos. En el relato, del sacrificio de Daksha se citan diversos modos; "por medio del huevo, por la exhalación de fluidos, por la vegetación, por los poros de la piel, y, finalmente, sólo por medio de la matriz"[22] . En el tipo tercero, el más avanzado de la tercera, la quinta subraza, la reproducción todavía se verificaba al principio por medio de la producción de huevos, dentro de los cuales se desa­rrollaba la criatura humana; pero gradualmente el huevo fue conservado dentro de la madre, y el niño nació, como en nuestros días, débil y desvalido. En la sexta y séptima subrazas, la repro­ducción sexual fue universal. Este más avanzado tipo de la tercera está pronto para recibir a los Manasaputras.

La separación de los sexos, en la cuarta subraza, a la mitad de la tercera raza raíz, tuvo lugar en la última parte del Periodo Secundario, hace de ello 18.000.000 de años, y en este punto hablan transcurrido a lo menos 18.000.000 de años o quizás más desde que la raza existía, puesto que principió en el periodo Jurásico del Secundario, o edad Mesozoica, el periodo de los Rep­tiles, como a veces se le llama. Después de la separación de los sexos, las más primitivas subrazas perecieron rápidamente, debido principalmente a la catástrofe que ya se ha mencionado. Los Reyes Divinos, como veremos, descendieron a la tierra antes de la separación de los sexos, y habitaron en las formas más perfec­tas de dicha tercera raza raíz. Estos Reyes eran llamados los Andróginos Divinos, los Hermafroditas Divinos, y dieron a estas formas una belleza divina; las transformaron en gigantes cuyas facciones y continente presentaban un soberbio aspecto. Con su venida, y la subsecuente separación de los sexos, concluyó el Satya Yuga en la tierra.

El primitivo de la tercera nació bajo el imperio de Shukra, Venus, y bajo su influencia se desarrollaron los hermafroditas, y las razas fueron separadas bajo el imperio de Lohitanga, Marte, que es la encarnación de Kama, la naturaleza pasional. Como todas las demás formas, entonces existentes sobre la tierra, el hombre era de estatura gigantesca, comparado con su talla actual; era el contemporáneo del piterodáctico, el megolosauro y otros gigantescos animales, y tenía que luchar con ellos. En esta tercera Raza fueron desarrollados los órganos visuales; al principio fue desarrollado un ojo único que estaba situado en medio de la frente -llamado más tarde "el tercer ojo"- y luego los dos ojos; pero estos últimos fueron poco usados por la tercera Raza hasta su séptima subraza, y únicamente en la cuarta Raza -habiéndose el tercer ojo retirado al interior para convertirse en la glándula pineal- se convirtieron en los órganos normales de la visión. El color de la tercera Raza era rojo, variando mucho en sus matices. Los Divinos Andróginos eran de un hermoso color rojo-dorado, bril1ando y resplandeciendo de un modo indescriptible, y aña­diendo a la gloria y hermosura de su aspecto general, el ojo único que brillaba a manera de una joya desde su deslumbrante foco. Causa una impresión desagradable pasar desde ellos a los colores rojos terrestres de las toscas e imperfectas formas de los primeros hombres y mujeres después de la separación de sexos. De estatura gigantesca y bien proporcionados, se comprende que estos hombres y mujeres debían estar dotados de una tremenda fuerza, tan por encima de la de los hombres de nuestra actual generación, como los Anoplatoides y los Paleotoides que los rodea­ban en sus últimos tiempos, se hallaban por encima de los bueyes, ciervos y cerdos, y de los caballos, tapires y rinocerontes que son sus descendientes. La cabeza con la frente achatada, el cár­deno ojo lánguido y triste bril1ando sobre la aplastada nariz, las abultadas y salientes quijadas, todo esto constituía un conjunto repulsivo al gusto moderno. La memoria del tercer ojo persistió en la historia de Grecia, en donde se habla de hombres que sólo poseían un ojo, los Cíclopes, como se les llamó posteriormente, y de Ulises, un hombre de la cuarta Raza, que mató a un Cíclope de la tercera, el cual tenía un ojo central. Este tercer ojo, desarro­llado bajo la influencia de la Mónada, del Espíritu en el hombre, poseía muchos más grandes poderes de visión que los dos ojos posteriores, o, por hablar con más propiedad, ofrecía menos obstáculos al poder perceptivo de la Mónada. Pero a medida que la Mónada cedió el terreno a la inteligencia, lo fisico triunfó, y los dos débiles órganos de visión que se llaman nuestros ojos se desarrollaron gradualmente, creando as! mayores obstáculos al amplio poder perceptivo de la Mónada, pero proporcionando, sin embargo, una definición más precisa de los objetos, y por ende una visión más sutil y perspicaz que antes. El tercer ojo propor­cionaba impresiones de lo fisico en masa más bien que en detalle, y su perdida temporal dio por resultado una vista más penetrante. Estos aparentes salvajes, salvajes en la forma, eran, sin embargo, intuitivos, respondiendo fácilmente a los impulsos que les dirigían los Reyes Divinos que los gobernaban, bajo cuya tutela constru­yeron grandes ciudades, enormes templos ciclópeos, fuertes y macizos, construidos con tanta solidez que todavía quedan frag­mentos de ellos, y Shamballah, la Ciudad Santa, la Sagrada Man­sión, todavía permanece en pie como testigo de la fuerza que la construyó, y de la inteligencia que la dirigió. Cuando tratemos de la Evolución Intelectual, diremos algo acerca de esta civilización, Antes de dejar la Evolución Física, en la que los Petris Barhishad juegan tan importante papel, echemos una ojeada a su subsecuente participación en la evolución de la Raza. Después de dar sus chhayas para la primera Raza, abandonan la tierra, ascendiendo a Mahaloka por un determinado periodo. "Habiendo proyectado sus sombras y formado hombres de un elemento, los Progenitores reascienden a Mahaloka, de donde descienden perió­dicamente, cuando el mundo es renovado, para dar nacimiento a nuevos hombres" [23] A cada nueva Raza, esto es, al nacer una nueva Raza descienden constantemente, guiándola por algún tiem­po, y encarnando en ella con el objeto de ayudar al Manu de la Raza. Renacen como los hijos de alguno de los Hijos nacidos de la Mente de Brahma, el Logos Planetario, los Hijos llamados los Sapta Rishis, los siete Rishis, y de nuevo ejecutan sus fun­ciones moldeando las formas, elaborando las de la tercera Raza para los cambios futuros, y preparando los Andróginos que deben servir de vehículos a los Hijos de Sabiduría. Después de la sepa­ración en sexos, los hijos de Atri, a quienes se da el nombre especifico de Barhishad -llamados también en algunos Puranas los Hijos de Marichi -presiden la ulterior evolución de la tercera Raza, . a la que en la literatura Inda se da el nombre de Danavas. Recordaréis la historia de la perversión moral de los Danavas relatada en el Mahábharata; como ahamkara -el principio inte­lectual- tomó posesión de ellos; como el Devi Shri moró con ellos en sus primitivos tiempos, cuando eran puros y piadosos, y les abandonó en cuanto se hicieron egoístas y ambiciosos. Estos Pitris se convirtieron en los Reyes Divinos de los últimos Lemu­rianos, gobernando bajo la influencia de los Andróginos Divinos, y enseñaron artes y ciencias a la infanta humanidad que tenían a su cargo. Ellos son, por lo tanto, llamados "los Pitris de los Dana­vas", y estos mismos seres son también "los Pitris de los Daityas", los Atlantes, entre los cuales aparecen también como los primi­tivos Reyes Divinos.

En la quinta Raza, aparecen individuos de las cuatro grandes clases de Pitris para ayudar al Manu Vaivasvata a establecer Su forma de gobierno entre la primera familia de esta Raza. Los hijos de Bhrigu, aquellos en quienes el cuerpo causal es el vehículo activo, son los Somapas, los Kavyas y los Saumyas, y son los que dan sus chhayas para el tipo Sukshma Sharira de los Egos más avanzados prontos entonces para la encarnación, los cuales for­maron la casta de los Brahmanes en aquellos primitivos tiempos. Los hijos de Angiras, los Havishmats, en quienes el cuerpo mental es el vehículo activo, dan sus chhayas para el tipo del Sukshma Sharira de la casta guerrera, los kshattriyas. Los hijos de Pulastya, los Ajapas, en quienes el cuerpo astral es el vehículo activo, dan sus chhayas para el tipo del Sukshma sharira de los Vaishyas. Los hijos de Vashishta -llamados a veces los hijos de Daksha ­los Sukalins, en quienes el doble etéreo es el vehículo activo, dan sus chhayas como tipo del Sukshma Sharira de los Shudras. Te­niendo cada uno de estos tipos un color distinto predominante en él, estas cuatro castas fueron llamadas los cuatro Varnas, o los cuatro colores, y para el ojo del clarividente, el Sukshma Sharira de cada casta era al momento reconocible por su color dominante, debido dicho color a la relativa densidad de sus materiales.

Este es el secreto de la dificultad del cambio de casta, aparte de todas las cualidades morales. El Sukshma Sharira formado por Karma para la nueva encarnación, tiene que ser reconstruido, si se ha de cambiar de casta. Esto es una cosa que no puede hacerse por medio de un decreto legislativo, ni por la decisión de ninguna asamblea de hombres. Sin embargo, puede hacerse; se ha hecho . en el pasado, y se hace al presente, pero sólo con la ayuda de los Pitris. Esta fue la ayuda que Vishvamitra procuro obtener por  medio de los tapas y del yoga, hasta que al fin obtuvo la asis­tencia de los Pitris, quienes le dieron un nuevo chhaya, el chhaya del Brahman. No es, pues, exacto que el cambio desde una a otra casta sea una cosa imposible, ni podéis.. considerarlo así, si realmente creéis en vuestros libros sagrados. Pero es difícil, muy difícil, y únicamente puede hacerse con la ayuda de los Pitris, mas no por medio de la palabra del hombre. La verdad acerca de este punto existe entre dos extremos: entre el hombre que dice que la casta sólo es debida al nacimiento, y el que sostiene que la casta sólo es debida al mérito. Ninguno de ellos acierta por completo. El nacimiento tiene bastante que ver con este asunto, porque el cuerpo fisico y el Sukshma Sharira son mode­lados bajo un plan similar, y porque al aparecer el Ego con un Sukshma Sharira de un determinado tipo, su cuerpo físico está moldeado hasta donde es posible sobre este mismo tipo. Hasta aquí hemos trazado la genealogía espiritual y la física. Mañana nos ocuparemos del lazo que une a los dos, la genealogía intelectual del hombre.

 

Siete

Características

Cadena

Ronda

etapas

 

 

 

 

 

 

 

1

  1. Cualidades

Formas muy cambiables

(4° Cadena) desarrolla el

 

comunicadas a la más

Elevados poderes espirituales

primer reino elemental, y

 

elevada materia mental

obtenidos por ahamkara

los tipos del mineral. Fuego,

 

para hacerla capaz de

A la conclusión todo se reúne en el

 formas que solo son meras

 

organizarse

Manú semilla

películas

 

 

 

 

2

  1. Cualidades

Formas mas estables

Desarrolla el segundo reino

 

comunicadas a la

Poderes psíquicos mas

elemental y los tipos del

 

materia mental inferior

elevados e inteligencia.

vegetal, Gas, formas,

 

para hacerla capaz de

A la conclusión todo se reúne en el

envolturas conteniendo auras

 

 

Manú semilla

internas

 

 

 

 

3

Descenso. Cualidades

Formas densificadas

Desarrolla el tercer reino

 

comunicadas a la

Los poderes psíquicos y 

elemental y los tipos del

 

materia astral para hacerla

deseos inferiores

animal. Líquidos, formas

 

capaz de organizarse.

A la conclusión todo se reúne en el

cubiertas conteniendo diversos

 

 

Manú semilla

modos de desarrollo

 

 

 

 

4

Equilibrio. Cualidades

Formas materializadas

Desarrolla el mineral hasta la

 

comunicadas a la materia

hasta lo físico. Punto de la

perfección y los tipos humanos

 

física y organización de

mayor complexidad

Sólido, formas, cuerpos con

 

lo fisico como vehículo

A la conclusión todo se reúne en el

complicados organismos

 

 

Manú semilla

 

 

 

 

 

5

Ascenso. Organización de

Formas mas plásticas y menos

Desarrolla el vegetal hasta la

 

lo astral como vehículo

complicadas en órganos

perfección y confiere un 

 

 

A la conclusión todo se reúne en el

determinado desenvolvimiento

 

 

Manú semilla

a la humanidad

 

 

 

 

6

Ascenso. Organización de

Las formas se hacen mas sencillas

Desarrolla el animal hasta la

 

lo mental como vehículo

y las percepciones mas sutiles, a

perfección y añade un grado 

 

 

pesar de que los órganos se simplifican

de desenvolvimiento mas a la

 

 

A la conclusión todo se reúne en el

humanidad

 

 

Manú semilla

 

 

 

 

 

7

Ascenso. Organización de

Las formas son muy sencillas; cada

Desarrolla el hombre

 

lo causal como vehículo

una de sus partes hace perfectamente

hasta la perfección

 

 

las veces de todas ellas

 

 

 

A la conclusión todo se reúne en el

 

 

 

Manú Planetario

 

 

 

Siete

Globo

Raza

Individuo

etapas

 

 

 

 

 

 

 

1

(4° Ronda)

(4° globo) Espiritual en lo

Reunión de células

 

Arquetipos del reino

referente a la conciencia

forma semejante a la

 

elemental y del mineral

vida mineral casi insensible

piedra

 

Embriones de los tres

encerrada en el cuerpo. Un

 

 

reinos más elevados

sentido, el auditivo

 

 

 

 

 

2

Formas concretas muy

Espiritual. Semejante al

Diferenciación del tronco

 

sutiles compuestas de

vegetal haciéndose cada

y miembros; forma

 

la materia mental mas

vez mas capaz de responder.

semejante al vegetal

 

inferior

Dos sentidos, el auditivo y

 

 

 

el del tacto. Andrógino latente

 

 

 

 

 

3

Las formas reciben la

Psíquica y luego inteligente

Semejante a la forma

 

cubierta astral, y los

Semejante a la forma animal

animal; sexo dual,

 

poderes de recibir y

tres sentidos, el auditivo, el

predominando un sexo

 

trasmitir las vibraciones

del tacto y el de la vista

 

 

sensibles

Andrógino latente, hermafrodita,

 

 

 

de sexo dual

 

 

 

 

 

4

las formas reciben los

Intelectual humana. Su estatura

Nacidos de individuos

 

vehículos físicos y el

disminuye. Cuatro sentidos añadido

separados. Infancia

 

espíritu principia a emplear

el del gusto. Gran densidad de

 

 

la materia para manifestarse

forma

 

 

 

 

 

 

 

 

 

5

Las formas emplean lo astral

Altamente inteligente. Cinco

Adolescencia. Sentidos

 

y lo físico se hace

sentidos, añadiendo el del olfato.

muy sutiles

 

subconsciente

Fuertes y pronunciadas tendencias

 

 

 

a la separatividad

 

 

 

 

 

6

Las formas emplean lo mental

Desarrollo espiritual. Sexto

Juventud. Despertar de

 

y lo astral se hace también

sentido, clarividencia astral,

las facultades razonadoras

 

subconsciente

tendencias unificadoras

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

7

Las formas emplean lo causal

Espiritual. Séptimo sentido,

Madurez

 

En el descenso lo mental queda

clarividencia mental.

 

 

también semivelado. En el ascenso

conocimiento perfecto de la

 

 

los vehículos inferiores son

unidad

 

 

abandonados en los respectivos

 

 

 

planos a medida que pasan

 

 

 

en pralaya

 

 

 

TERCERA CONFERENCIA

La Genealogía Intelectual

 

Queridos amigos: en los dos últimos días estudiamos dos aspectos de la genealogía del hombre. La primera mañana analizamos su genealogía espiritual, tratando de percibir algunos vislumbres de las numerosas y grandes Jerarquías de Inteligencias espirituales que cooperaron al desarrollo del Espíritu, de la Mó­nada, en su larga peregrinación a través de los mundos. A la mañana siguiente trazamos el perfeccionamiento de la Materia, organizándose en formas cada vez más perfectas, y vimos de qué modo estas combinaciones de la Materia fueron dirigidas por otras Inteligencias espirituales que, habiendo conquistado la Ma­teria en su evolución anterior, eran aptas para dominarla y mol­dearla en beneficio de las desvalidas y recién llegadas Mónadas humanas. Ahora bien; estas dos líneas de evolución, aproximán­dose la una a la otra, se hallan separadas por un abismo. La una ha procedido descendiendo de las esferas celestiales, en tanto que la otra ha procedido ascendiendo del limo y Iodo de la tierra. Pero ahora se hallan la una en frente de la otra, y entre ellas hay un abismo que las separa, mas no existe puente alguno por medio del cual puedan darse la mano y ponerse en contacto. Esta es la situación en que nos hallamos esta mañana, y esto se halla gráficamente descrito en un antiguo Comentario Oculto en donde se dice: "Los que moldean al hombre físico en los nuevos Manvántaras descienden de los mundos materiales. Estos seres son Espíritus inferiores que poseen un cuerpo dual. Son los mol­deadores y creadores de nuestro cuerpo de ilusión. Las Dos Letras (la Mónada, llamada también el Doble Dragón) descien­de desde las esferas de expectación a las formas proyectadas por los Pitris. Pero estas formas son a manera de una bóveda que no tiene muros ni columnas sobre los cuales descansar. El hombre necesita cuatro Llamas y tres Fuegos par ser uno sobre la tierra, y le es indispensable la esencia de cuarenta y nueve fuegos para ser perfecto. Los Dioses de Voluntad, los que han dejado las esferas superiores, son los que completan al Manu de ilusión. El Doble Dragón no tiene dominio sobre la mera forma. Es a manera de la brisa en donde no existen árboles para recibirla y albergarla. No puede afectar a la forma en donde no existe ningún agente transmisor, y la forma no lo conoce. ., Estas formas son como las dos líneas de un triángulo que ha perdido la línea que constituye su base"[24]. Esta es la descripción conte­nida en el Comentario Oculto referente a la posición en la cual la evolución humana se hal1a ahora; esto es, arriba la Mónada, o Doble Dragón, y debajo la forma física que no conoce al Espíritu que la cobija. Nada más puede hacerse por medio de ninguno de el1os. La Mónada no puede descender más. El Doble Dragón no puede respirar la densa atmósfera de la tierra. La vacía forma, desvalida e insensible, no puede elevarse más. Esta forma es el bhuta, la sombra que no puede subir más arriba la escala de la evolución. Es la insensibilidad, la debilidad y la impotencia que piden auxilio del exterior.

Pero el plan divino para construir al hombre no puede fracasar más aquí que en otros aspectos, y, por lo tanto, aquel1os que son aptos para colocar un puente en el abismo que existe entre lo espiritual y lo material, descienden de las esferas celestes. Ellos construirán el puente del intelecto, el puente de la mente. Ahora bien; la mente no puede ser dada por los Señores del Crepúsculo, pues aun cuando la poseen, no existe en el1os por modo tan tras­cendente que les permita despojarse de el1a para ayudar a los demás. Aquellos que pueden ceder su mente es porque la han trascendido, pues sólo cuando trascendemos podemos dar. En tanto que nos identificamos todavía con algo, este algo forma parte de nosotros mismos, y no podemos hacer participes de él a los demás.

Por lo tanto, la mente no puede ser dada por los Señores del Crepúsculo. Es indudable que han obtenido la inteligencia para sí mismos, pero todavía no han alcanzado la etapa en la cual pueden dar esta inteligencia a los demás. Los magníficos versos del Libro de Dzyan nos bosquejan las dificultades que tuvieron que afrontar aquellos que tanto hicieron para formar al hombre, a pesar de que entonces habían alcanzado ya la plenitud de sus poderes. Escuchad: "El Aliento necesitaba una forma; los Padres la dieron. El Aliento necesitaba un cuerpo grosero; la tierra lo molde6. El Aliento necesitaba el Espíritu de vida; los Lhas So­lares lo infundieron en su forma. El Aliento necesitaba un dupli­cado de su cuerpo. Nosotros le daremos el nuestro, dijeron los Dhyanis. El Aliento necesitaba un vehículo de deseos; helo aquí, dijo el Desecador de las Aguas". Hasta aquí habían llegado. "Pero el aliento necesitaba una mente para comprender el uni­verso: Nosotros no podemos darla, dijeron los Padres. Yo jamás la he tenido, dijo el Espíritu de la tierra. La forma se consumiría si yo le diese la mía, dijo el gran Fuego... El hombre perma­neció un Bhuta vacío y sin sentidos" [25].

Por este motivo se necesitaba del auxilio de aquellos que ha­bían conquistado la mente, que eran los Señores de la Mente, a fin de que estimulasen y ayudaran a despertar los poderes del Manas latentes en las formas. Al propio tiempo, muchos de ellos se encarnaron en estas formas, y así vinieron a ser los Reyes, los Instructores, los Directores de la evolución humana. Ellos serán los Antecesores Intelectuales, del mismo modo que los Pitris Lunares fueron los Antecesores Físicos.

Dieciocho millones de años han transcurrido desde que los Señores de la Llama descendieron sobre la tierra. Ahora sabemos que han venido a la tierra tres clases distintas de grandes Seres. Insistiremos por un momento acerca de estos Seres, puesto que, oculto en su variada naturaleza, yace el ,secreto del desarrollo intelectual del hombre. Teniendo en cuenta su influencia sobre estas formas, así como las diversas etapas a través de las cuales dichas formas han pasado, podremos, cuando lo comprendamos, resolver el problema de las diferencias que se notan en el desarro­llo intelectual de la raza humana. Recordad que entre el número de aquellos que se llaman "hombres" halláis seres que se están extinguiendo rápidamente: hombres tales como los Veddas de Ceilán; seres que viven en los árboles y apenas poseen un lenguaje, pues solo profieren gritos inarticulados como los animales; seres tales como los hombres salvajes de Borneo, apenas distinguibles de los monos gigantes; hombres tales como los aborígenes de Australia, cuya inteligencia está tan poco desarrollada que no recuerdan lo que han hecho el día anterior; que no saben contar más que hasta dos; uno, dos; más allá de dos, significa todo para ellos. Comparad a estos individuos que son clasificados, y correc­tamente clasificados, como seres pertenecientes al género humano, con hombres tales como Newton, y Descartes; con hombres tales como los antiguos grandes Instructores de la India, o como el gran Rishi Vyasa, quien todavía uso la forma humana; o tomad a los grandes Instructores, los grandes Místicos, y colocadlos al lado de estas razas retrogradas que van desapareciendo por mo­mentos. Parece que la palabra "humano" apenas puede abarcar a estos dos tipos de hombres; parece que la diferencia de inteli­gencia es demasiado grande para poder ser explicada solamente por la evolución. Por lo tanto, solo nos será dable resolver este problema por medía de la comprensión del misterio de la inteli­gencia, del misterio de los Hijos de la Mente.

Ahora bien; los seres que vienen a la tierra son llamados por este último nombre. Se les llama Manasaputras, literalmente los Hijos de la Mente. Sin embargo, este nombre, por sí solo, única­mente nos da la idea de que estos seres estaban dotados de mente, Y esto ha producido bastante confusión en la mente de nuestros estudiantes, debido a que a algunos Manasaputras se les aplican los más elevados calificativos, y se les llama por nombres que denotan la más elevada inteligencia espiritual, al paso que también se da este mismo nombre a seres que evidentemente tienen una muy limitada inteligencia. Debéis tener en cuenta que el nombre Manasaputra solo significa lo que dice, un hijo de la mente, esto es, un ser que posee mente, que posee inteli­gencia, pues del mismo modo que la palabra "hombre" es un término genérico que abarca un gran número de tipos humanos, y nada nos dice con respecto al grado de desarrollo del hombre, lo mismo sucede con el término Manasaputra empleado por H. P. B. siguiendo la costumbre de los antiguos Shastras hindúes, teniendo este término una muy amplia significación, y abarcando muchos, muchísimos grados de progreso en la escala de la inteligencia.

Dividamos, pues, las primeras tres grandes clases de seres que se hallan muy por encima de nuestra humanidad cuando llegan a nuestro globo. La cuarta clase la constituyen los Pitris Solares de la Luna. A los que pertenecen a la primera clase se les llama los Hijos de la Noche, los Hijos de la Sabiduría Tene­brosa, los Señores de la Sabiduría Tenebrosa, y la palabra "Tenebrosa" o "Noche", les es aplicada una y otra vez. Hablando con entera exactitud, este adjetivo debería ser empleado para distinguidos de los Pitris Agnishvatta, los cuales constituyen la segunda clase de los Manasaputras, y son llamados los Señores de la Llama, o los Hijos de Sabiduría. A fin, pues, de evitar confusiones, emplearé este adjetivo cuando se trate de la primera clase. Esta primera clase la constituyen los Asuras, los nacidos del Cuerpo de Brahma, los cuales, una vez rechazados, se convir­tieron en el Cuerpo de la Noche. Si examináis las Escrituras indas, veréis que en ellas se habla de seres a quienes se llama Asuras, los cuales juegan un papel muy importante en la primitiva his­toria del mundo, abarcando este nombre Asuras, una clase mucho más numerosa que aquella con la cual nos hallamos al presente relacionados. Vale la pena de que nos detengamos a reflexionar un momento acerca de este asunto, puesto que la influencia del moderno pensamiento religioso ha lanzado un tinte tenebroso sobre este nombre, y lo ha hecho casi equivalente al "Diablo" cristiano, entidad que no tiene representante en el hinduismo.

La palabra Asura se deriva de asu, aliento o vida, significando asumat simplemente un ser viviente. En el Rigveda, Varuna, Indra y Agní, son llamados Asuras, los seres vivientes, y esto designa a seres espirituales, mas en modo alguno a los que son malos. Ver­dad es que posteriormente los Asuras y los Suras se presentan en abierta oposición entre sí, puesto que sus funciones en la evolución fueron distintas. Además, los Suras eran sobre todo mucho más pasivos que los Asuras, más movidos por el sentimiento de la unidad y de un objetivo colectivo, y de aquí que se some­tiesen más dócilmente a las leyes del sistema, prosiguiendo metó­dicamente su labor uniforme, y conservando las cosas en statu qua; por el contrario, los Asuras eran turbulentos y agresivos, de carácter independiente y separatista, predispuestos al descon­tento y ansiosos de cambio. Los Suras representan el Orden, los Asuras el Progreso, por cuyo motivo se hallan constantemente en abierta oposición, aunque en realidad son ambos igualmente necesarios. Recordaréis que, en el sondeo del océano, los Asuras estaban a un extremo de Shesha, y los Suras al otro, ocupados ambos en dicho sondeo, y que tuvo lugar un combate para ob­tener la Amrita, el néctar de inmortalidad, el cual fue negado a los Asuras, por más que ellos deseaban ardientemente saborearlo. Veamos por qué les fue negado. El principio que está encarnado en los Asuras, su misma esencia, su característica dominante, es Ahamkara, el yo constituyendo una potencia independiente, el deseo de estar separado. Esta es la fuerza que predomina en ellos, su sello característico, y por medio de él podéis reconocerlos. Ellos son siempre los rebeldes, y doquiera que ellos están hay lucha. Ahamkara se desarrolla en la lucha, en el aislamiento, en la rebelión, y pone en acción todas las fuerzas rebeldes, y de esta suerte forma el yo. Llega un momento en que este yo comprende que la más noble y ventajosa manifestación de sí mismo está en la voluntad divina, que él es el yo del universo, y entonces el Asura rompe los lazos de la materia y conoce que es uno con el Supremo con quien peleaba. Entonces puede beber el néctar de inmortalidad que constantemente es vertido en la copa de la unidad única, el cual puede ser bebido por aquellos en quienes la separatividad no se ha desarrollado todavía, así como por aquellos que la han trascendido, mas no por aquellos en quienes ella se ha­lla triunfante, y que constituye su misma esencia. Estos son, pues, los seres que constituyen la primera clase de los Manasaputras que descendieron a nuestra tierra. Ellos habían desarrollado una ex­traordinaria inteligencia; habían alcanzado la etapa humana en la primera Cadena planetaria, y, durante incalculables eones de tiempo, se habían desarrollado y progresado pasando a través de las más sutiles esferas, desempeñando el papel de Pitris Barhishad en la segunda Cadena, el de Pitris Agnishvatta en la tercera, y en la nuestra vinieron como los Hijos de la Sabiduría Tenebrosa para asistir a la tremenda lucha de la cuarta Cadena, en su cuar­ta Ronda y cuarto Globo, el punto non plus ultra de la separati­vidad de la materia, y del triunfo de Ahamkara. Cuando los "Hi­jos" reciben la orden del Lagos Planetario de que deben "crear sus Imágenes", dan principio a su última lucha para obtener la independencia, la lucha que, a su conclusión, les demostrará la verdadera naturaleza del "yo". Ellos no quieren crear: "Una tercera parte rehusa; dos obedecen. La maldición es pronunciada. Ellos nacerán en la Cuarta; sufrirán y harán sufrir"[26]. Ellos serán los "Señores de la Faz Oscura" de los Atlantes, y lucharán contra los "Señores de la Faz Resplandeciente"[27] y, por medio de su terrible y desastrosa derrota, aprenderán la lección final, volviendo a buscar la unidad a través de las más avanzadas razas humanas. Estos Asuras constituyen la quinta de las grandes Ordenes Crea­doras, la de Makara, con justicia llamada la más misteriosa de todas.

La segunda clase de Manasaputras es aquella que tan cono­cida es de los Teosofistas bajo el nombre de Pitris Agnishvatta. Ellos son el fruto de la segunda Cadena planetaria, nacidos del Cuerpo de Luz o del Día de Brahma; espléndidos y radiantes Seres, Pitris de los Devas, los Suras de las más sutiles esferas, y semejantes a Devas en su naturaleza, con el sentimiento de la unidad más fuertemente arraigado que el de la separatividad. En la evolución ocupan diversos grados, siendo los unos más avanzados que los otros. Constituyen una parte de la sexta Orden Creadora. En la historia antigua se les llama por diversos nom­bres. El ocultista los llama los Hijos de Sabiduría -no de la Sa­biduría Tenebrosa, tenedlo en cuenta- los Señores de la Llama, los Hijos del Fuego, los Dhyanis del Fuego, el "Corazón del Sis­tema"; también los llama Triángulos --debido a que los tres as­pectos Atma Buddhi Manas están todos activos en ellos- los cua­les en la tierra se convierten en Pentágonos, puesto que Manas se hace dual, y Buddhi se refleja en Kama, y de esta suerte se hacen quíntuples. No pueden dar el Atma al hombre; ésta es una tarea demasiado elevada para ellos; pero mandan su energía en materia etérea, y de esta suerte forman el verdadero Prana humano, proporcionando así el "plasma espiritual", el lado de la vida de los átomos permanentes que fluye "del séxtuple Hombre Celeste" [28]. Los llama, además, los Pranidhananath, los Señores de Profunda meditación, los Señores de Yoga. Ellos son los Vírgenes, los Kumaras que no pueden crear al hombre de carne cuando Brahma desea poblar la tierra, pues son demasiado puros y sutiles para llevar a cabo semejante tarea. En la tercera Cadena formaron los hombres de la misma, pero en la presente la materia era más densa, y ellos más sutiles. Después de llevar a cabo su tarea en la tierra -la tarea de que hablaremos esta mañana renacieron como hijos de Marichi, o de Pulastya, como dicen algunos y se convirtieron en los Pitris de los Devas. Su morada celeste es Viraja Loka, siendo llamados posteriormente los Va­rajas, otro de sus muchos sobrenombres. Muchas son las formas que han asumido, y muchos son sus nombres en los Puranas; ellos son los Ajitas, los Satyas, los Haris, los Vaikunthas, los Sadhyas, los Adityas, los Rajasas, etcétera [29].

La tercera clase de Manasaputras la constituyen Seres que descienden a nuestra tierra procedentes de otra Cadena plane­taria. No son, como las otras dos clases, los resultados de la evo­lución de nuestras propias Cadenas en sus primeras fases, sino que proceden de fuera; proceden de la Cadena de la cual el pla­neta Venus, Shukra, es el Globo D. En la historia antigua habréis quizás notado ciertas frases que demuestran la existencia de rela­ciones entre nuestra tierra y Shukra, el planeta Venus. Habréis leído que Shukra fue el preceptor de los Asuras, Danavas y Daityas, y además que Shukra se encarnó como Ushanas en nues­tra tierra. ¿Cuál es el significado de estas embrolladas frases? Esto se refiere a la tercera clase de Manasaputras. La evolución de Venus es anterior a la de nuestro globo; es un planeta más antiguo que el nuestro, puesto que se halla en su séptima Ronda, en tanto que nosotros sólo nos hallamos en la cuarta, por cuyo motivo, y en virtud de que la evolución de su humanidad ha alcanzado un grado de desarrollo mucho más elevado que el nuestro, puede obrar como un padre sobre la tierra. De aquí que se diga que Venus adoptó a la tierra como hija, debido a que la tierra es su hermana más joven. Esto, traducido en lenguaje más inteligible, significa que Venus mandó a la tierra algunos de sus propios hijos; Hombres que poseían un poder y un cono­cimiento maravillosos; Hombres de su séptima Ronda. Venus mandó estos Hombres a la joven tierra a fin de que obrasen en ella como Instructores de su humanidad. El deber de estos Hom­bres no era el de sembrar los destellos de la mente, sino el de tomar cuerpos en la tierra, y convertirse así en los Instructores y Guías de su infantil humanidad. Ellos descendieron a la tierra cuando su tercera Raza estaba bajo la tutela de Shukra, el planeta del cual procedían, constituyendo una brillante y espléndida hueste que, atrayendo en tomo de si materia diáfana y transpa­rente, se construyó vestiduras externas a través de las cuales brillaban Sus sutiles y radiantes cuerpos. El Principal de Ellos, Su Jefe, es conocido bajo diversos nombres místicos en los escritos antiguos. H. P. B. Lo llama el Pedestal de la Jerarquía oculta, el frondoso Árbol Bayan, porque por El, por Su creación de los Hijos de la voluntad y del yoga, fue formada la Jerarquía oculta que protege a la tierra, la cual es el Árbol de Vida bajo el cual hallamos nosotros refugio. Lo llama también el Gran Iniciador, porque sólo de El procede el poder de la verdadera Iniciación. Por estos y otros nombres descriptivos se Le designa en Su misteriosa Existencia. A veces se Le llama el Virgen, el Kumara, el Solo y Único sobre todos los demás. En torno de El se agrupan una pequeña, una muy pequeña hueste de Seres procedentes de Su misma esfera, de Su mismo planeta, los cuales descienden a la tierra para trabajar con El para el desarrollo de la huma­nidad. La humanidad de la cuarta Ronda no se había desarrollado lo suficiente para poder proporcionar algunos de sus hijos para llevar a cabo la gran empresa; todos necesitaban ser enseñados; ninguno de ellos podía enseñar. De aquí la necesidad del auxilio exterior. Esta pequeña hueste de Seres constituye lo que se ha venido en llamar el plantel de los Adeptos, el núcleo de la primera gran Logia Blanca de la tierra, la cual desde aquel día, hace de esto más de dieciocho millones de años, hasta el presente, en este moderno siglo xx - jamás ha cesado de funcionar; jamás ha cam­biado su carácter. Es la única suprema Logia de los Guías e Instructores de la humanidad, sin los cuales la evolución espiritual sería prácticamente imposible, sin los cuales la tierra yacería en las tinieblas, y durante largas edades no podría hallar el camino que conduce al Supremo. Estos Seres, los Hijos de Venus, son, pues, los .que constituyen la tercera clase de Manasaputras, el núcleo o base de la gran Logia Blanca.

Hay, además, otra clase de Manasaputras, y éstos son los Pitris Solares de la Luna, divididos en dos grandes clases según su estado evolucionario. Estos seres pasaron al Nirvana lunar durante el periodo que medió entre la Cadena Lunar y la terrestre, y permanecieron allí, además, durante todo el inmenso lapso de tiempo que abarcan las tres y media Rondas de la Cadena terrestre que han pasado. Acerca de este punto dice un Maestro: "Estos fracasos han progresado y se han espiritualizado demasiado, para poder ser lanzados forzosamente desde el estado Dhyán-chohánico al vórtice de una nueva y primordial evolución a través de los reinos inferiores"[30]. Los "éxitos" de la Luna fueron los Pitris Lu­nares, los Señores del Crepúsculo, siendo el resto "fracasos", comparativamente hablando. La segunda clase de estos Pitris encarnó en la humanidad terrestre después de la separación de sexos en la tercera Raza, y la primera clase encarnó durante la cuarta Raza, la Atlante. Sin embargo, desde la primeras etapas de la actividad de la. tierra en esta cuarta Ronda, vagaban en torno de ella como si esperasen el momento en que sus tabernacu­los estuviesen prontos para recibirlos.

Ahora debemos estudiar la llegada de los Hijos de la Mente por orden regular, examinando las condiciones en que se hallaba la tercera Raza a su llegada, as! como los diversos acontecimien­tos que tuvieron lugar y se siguieron inmediatamente después de esta llegada. La segunda Raza Raíz recibió un impulso prepa­ratorio con el fin de apresurar su desarrollo, y fue "dotada con una rudimentaria Y débil chispa" de inteligencia. Pero a nosotros no nos interesa esto, y por lo tanto podemos pasar al estudio de la definitiva llegada de los Mánasaputras.

Debemos volver por un momento a la stanza ya citada: "En la cuarta se dice a los Hijos que deben crear Sus Imágenes. Una tercera parte rehúsan, y dos obedecen. La maldición se pronun­cia. Ellos nacerán en la cuarta; sufrirán y harán sufrir". Ahora bien, estas sentencias son un buen ejemplo de la dificultad que existen en desenredar Y comprender los escritos antiguos. La palabra "cuarta" aparece dos veces, Y es empleada en dos sentidos diametralmente opuestos. En la primera sentencia debéis añadir la palabra Ronda: en la cuarta Ronda, los Hijos de la Mente, los Mánasaputras, reciben la orden de crear sus Imágenes; una tercera parte los Asuras, los rebeldes -rehusaron, Y las dos restantes- los Pitris Agnishvátta y los hijos de Venus obedecieron. La maldición fue pronunciada; ellos, los Asuras, nacerán en la cuarta Raza, su­frirán y harán sufrir. Este es un buen ejemplo, como he dicho, de las dificultades que existen cuando se trata de traducir los libros antiguos. Las Rondas, los Kalpas, los Globos y las Razas, están indiferentemente mezclados y confundidos entre sí. Se da el número simbólico, y el lector tiene que descubrir a qué ciclo especial de la evolución se refiere dicho número. Una vez os halláis en posesión de la llave o clave, la clave de los ciclos, en­tonces podéis introducirla en la cerradura; pero en tanto que no poseéis la clave, las sentencias son más a propósito para confundir que para ilustrar, y a esto se le da el nombre de "velo". Esto no quiere decir que se afirme algo que no sea exacto, sino que la verdad está expuesta de un modo que necesita explicaciones complementarias para poder ser comprendida por los no iniciados. La clave se da cuando el hombre está pronto para recibirla. Pero como era indispensable conservar el conocimiento bajo una forma adecuada que no pudiese ser fácilmente comprendida hasta que los hombres estuviesen suficientemente maduros para ello a causa de los graves males que sobrevinieron en los antiguos tiem­pos Atlantes, por haberse concedido el conocimiento a seres que no estaban aún moralmente bien preparados para recibirlo- las palabras exactas y precisas que ponen a uno en condiciones de poder fijar el tiempo y lugar, fueron borradas de los comentarios que habían pasado a ser del dominio público. Debido, pues, a la supresión de estas específicas palabras, el conjunto del texto re­sultó confuso y enmarañado. Esto lo notaréis exactamente del mismo modo en los Puranas, puesto que en gran parte son prác­ticamente ininteligibles en tanto no se poseen algunas de las claves; y, como sabéis muy bien, el objetivo de la Teosofía es proporcionar estas claves a los hombres.

Una tercera parte se negó a obedecer, y por lo tanto deberán nacer en la cuarta Raza. Ellos vendrán, y vendrán en la Raza Atlante, en la cual desempeñarán un importante papel. Por el momento permanecen detrás. La sentencia de renacer bajo las peores condiciones ha caído sobre ellos. Ellos no quieren des­cender en el momento oportuno, no quieren ayudar la evolución humana. Se ha dicho que descendieron y contemplaron las formas, "las viles formas de la primitiva tercera" Raza. Notad la aparición de Ahamkara, el sentimiento de la separatividad, el orgullo, el menosprecio y el desdén. Ellos contemplaron estas formas, la primitiva tercera, y las despreciaron. "Ellos rechazaron", "Ellos desdeñaron", son las frases empleadas. Ahamkara reinaba supre­mo; ellos no quisieron descender. De aquí la maldición, maldición que vino en una forma terrible, haciendo su labor más difícil cuando llegaron, haciendo su lucha más viva, más penosa y más agitada, y aprendiendo de esta suerte la necesaria lección. Aquí podemos dejar por el momento a nuestros Asmas esperando que les llegue su tiempo.

Las dos terceras partes obedecieron. Estos son los Pitris Ag­nishvatta y los hijos de Venus, los cuales se prestan a ejecutar la labor que les corresponde, y a cumplir con su deber. La tercera Raza se desarrolla. Recordad lo que os dije ayer relativo a las tres etapas de la tercera Raza. En la primera etapa la forma sexual; en la segunda la hermafrodita, teniendo lugar la separa­ción cuando el hermafrodita se divide en dos sexos. Los hombres divinos de Venus descendieron cuando el tiempo estuvo maduro para la segunda etapa de la tercera Raza, y por medio de su influencia el andrógino latente fue desarrollado en un herma­frodita definido, produciéndose de esta suerte algunas muy bellas y magníficas formas. "Por medio de Shukra fue que los "dobles unos" de la tercera descendieran de los primeros nacidos del Sudor" [31]. Mientras tanto, la mayoría de la tercera y cuarta sub­razas desarrolló lenta y gradualmente la forma humana; formas para nosotros repulsivas, semejantes a la forma animal, y cuyo tipo era parecido al del mono. Unas pocas de estas formas, espe­cialmente moldeadas y favorecidas por residir en ellas los hijos de Venus, eran "de estatura gigantesca, así como de gran fuerza y belleza" [32].

Echemos por un momento una rápida ojeada sobre la tierra y veamos las diferencias de la forma. Hay en ella el maravilloso Hermafrodita, hermoso, fuerte y poderoso, desarrollado bajo la inmediata dirección de los Señores de Venus para su propio uso, siendo ellos una humanidad perfeccionada, varón-hembra, que hablan pasado más allá de la separación de los sexos. No con­tenían Mónadas exlunares, sino que fueron desarrollados como formas, obrando los recién llegados huéspedes de Venus como las Mónadas de las mismas. Hay la tercera y cuarta subrazas desarrollándose lentamente, pasando a través de la etapa hermafrodita, y separándose gradualmente en varón y hembra, como se ha expli­cado en la última conferencia. Estas subrazas están habitadas por las cuatro clases de Mónadas exlunares que han alcanzado la etapa humana, las tres clases de ellas que se convirtieron en humanas en la primera, segunda y tercera Ronda, las cuales se hallan en distintos grados de desarrollo, y las formas que habitan desarrollan las características humanas en un grado proporcional a la etapa de progreso alcanzado por las Mónadas que las animan. Detrás de estas Mónadas siguen las menos desarrolladas, las cuales habitan formas cada vez más inferiores, hasta que llegáis a las que sólo principiaron su evolución humana en la cuarta Ronda. Las formas habitadas por estas últimas Mónadas son, por supuesto, muy toscas e imperfectas, muy parecidas a las formas animales, y se las llama los de "cabeza estrecha". Estas formas, descuidadas y menospreciadas por sus hermanos más avanzados, se convir­tieron, como más adelante veremos, en el origen de una terrible degradación, hecho que puede servir de lección a las clases más desarrolladas -de lección, ¡ay! que por desgracia se necesita de­masiado todavía- de la Némesis transmitida al conjunto de la raza humana por la ley del Karma colectivo, cuando los más avanzados descuidan y desprecian a los inferiores, puesto que estos últimos reaccionan a su vez sobre los primeros por medio de la degradación a que los arrastran.

Cuando la tierra se halla en estas diversas circunstancias, descienden los Señores de Venus, y, tras ellos, vienen inmediatamente los Señores de la Llama, los Pitris Agnishvatta. Algunos de los Señores de Venus se construyen cuerpos por medio de la voluntad y del yoga, como antes se ha dicho, y otros pasan a habitar las formas hermafroditas que se desarrollaron de los naci­dos del huevo. Cuando los Pitris Agnishvatta llegan, algunos de ellos sacan las formas embrionarias del interior de los huevos, las desarrollan y entran en ellas. "Aquellos que entraron se convirtieron en Arhats" [33]. De este modo fue establecida sobre la tierra la primera gran Jerarquía oculta con los diversos grados que en ella aparecen, la cual desde aquel momento ha proseguido en su benéfica labor.

Entonces principia la obra del gradual desenvolvimiento de la humanidad, confiriendo al "hombre animar' el destello de la inte­ligencia, y de esta suerte se desarrollan la sexta y séptima subrazas. Esta es la obra especial de los Pitris Agnishvatta. Los Señores de Venus no toman parte en ella. Estos Señores constituyen el grado más elevado de la Jerarquía de los Sabios, y son los que forman y educan a los grandes Instructores de la humanidad, y de entre los cuales en muy raros casos aparece Uno de Ellos entre los hombres. Se nos dice de Ellos que habitan en Sham­ballah, la mística Ciudad Santa situada en el centro del Desierto de Gobi. Ellos descendieron allí procedentes del lejano Norte, de la Tierra de los Dioses, en donde se hallaba situada Su primitiva morada, y construyendo Shamballah se fijaron allí en donde per­manecen todavía. Se dice que Samballah se halla situada sobre el corazón de la Tierra, frase mística que significa que dentro de ella moran Aquellos que son el Corazón de la vida de la huma­nidad, puesto que de Ellos y a través de Ellos fluyen todas las corrientes de la vida espiritual. Así como del corazón del hombre sale la sangre vital que nutre todas las partes del cuerpo, Y vuelve allí cargada de impurezas para ser purificada y de nuevo expe­lida, de la propia suerte de este Corazón espiritual surgen las corrientes de la vida espiritual. Estas corrientes vuelven a este Corazón cargadas de impurezas cuando se han corrompido a causa de haberse puesto en contacto con el mundo inferior. Allí son estas corrientes una Y otra vez purificadas y de nuevo expeli­das. De esta suerte tiene lugar el sacrificio perpetuo por medio del cual la evolución humana es favorecida y estimulada.

Cuando los Señores de Venus -los Dragones de Sabiduría, como a veces se Les llama- descendieron a nuestra tierra, trajeron consigo las semillas de diversos tipos de seres vivientes desarrolla­dos en Venus, con el objeto de beneficiar y apresurar la evolución terrestre. Recordaréis que cuando se describe la llegada de Manu con otros Rishis, se dice que trajo Consigo en Su nave -el Arca- ­muchas semillas de vida. Y estas semillas no eran únicamente las de la vida espiritual e intelectual, sino también las de la vida física tal como existía en Venus. El trigo, por ejemplo, no perte­nece a nuestra tierra, y muchos son los botánicos que se hallan perplejos con respecto a su origen. Por medio del cruzamiento. del trigo producido por las semillas procedentes de Venus con las hierbas indígenas de la tierra, los primeros Instructores desa­rrollaron los diversos granos alimenticios. Las abejas y hormigas, con sus especiales sistemas sociales y bien dirigidos esfuerzos, proceden de Venus; proceden de una esfera en donde toda evolución ha progresado mucho más que la nuestra, de modo que hasta en los reinos de la vida vegetal y animal, todo se halla en un nivel mucho más elevado que el que nosotros hemos alcanzado hasta el presente.

Estos Dragones de Sabiduría son los primitivos Adeptos de la tercera Raza, y más adelante de la cuarta y quinta" [34]dice H. P. B. Ellos eran los "Hijos del Fuego", los discípulos inmediatos de los "Padres", la "Llama Primordial" [35]. Ellos dieron los Buddhas; esto es, el Buddha supremo y el Bodhisattva a la Tercera Raza, así como muchos Arhats, formando también parte de esta gloriosa cohorte unos pocos Pitris Agnishvatta. También entraron a formar parte de esta gloriosa cohorte veinticuatro de los Se­ñores que tenían estas mismas categorías en la cuarta y quinta Razas, siendo la mayor parte de estos Seres Pitris Agoishvatta, los cuales son conocidos entre los Jainas como los veinticuatro Tirthankaras [36].

Los divinos Hermafroditas del punto medio de la tercera Raza, los "Padres inmaculados", como Se les llama, crearon Hijos por medio de la voluntad y del yoga, para la encarnación de los más elevados Agnishvatta, los "Antecesores -los antepasados espi­rituales- de todos los subsecuentes y presentes Arhats o Mahat­mas"[37], esto es, sus Gurús; y se nos dice que, en la séptima Raza, estos Hijos de la voluntad y del yoga, junto con otros como ellos, producirán hijos nacidos de la mente [38].

Estos Hijos son Aquellos que, vigilando la evolución de las últimas tercera y cuarta Razas, se irritaron con los hijos de los Atlantes, como más adelante veremos, cuando éstos cayeron en la degradación y fueron víctimas de la gran catástrofe que los sumergió debajo de las aguas del océano. Constantemente se habla de Ellos como de los Instructores divinos, Aquellos que dirigen la evolución espiritual humana, y guían las fuerzas cósmicas para favorecerla y estimularla. Los Reyes divinos de las más primitivas dinastías que dirigieron el desarrollo intelectual de la humanidad, que le enseñaron las artes y las ciencias, y que guiaron su evolu­ción social, eran algunos de los más elevados Pitris Agnishvata. Estos Pitris eran los Titan-Kaborim, a los cuales se alude en los anales de los pueblos más antiguos. H. P. B. dice: "Ellos son en verdad los grandes y benéficos poderosos Dioses", como Cassius Hermane Los llama. En Tebas, Corea y Demeter, los Kabirim tenían un santuario, y en Ménfis los Kabiri tenían un templo tan sagrado, que nadie, excepto los sacerdotes, podían entrar en sus sagrados recintos. .. Ellos fueron, además, en el principio de los tiempos, los Directores de la humanidad, cuando encarnaron como Reyes de las dinastías divinas. Ellos dieron el primer impulso a la civilización, y dirigieron la inteligencia con la cual habían dotado al hombre, hacia la invención y perfeccionamiento de todas las artes y ciencias. Por esto se dice que los Kabiri aparecie­ron como los bienhechores de los hombres, y como tales vivieron durante edades en la memoria de los pueblos. A estos Kabiri o Titanes se atribuye la invención de la escritura. .. de las leyes y de la legislatura, de la arquitectura, así como de las diversas formas de la llamada magia. y del empleo medicinal de las plan­tas"[39]Los ocultistas llaman también Mánushis a estos Seres divinos, quienes enseñaron la lengua sagrada, el Senzar, a la ter­cera y cuarta Razas [40].

Pasemos desde los Directores, a la humanidad que Ellos diri­gen. Los grados más elevados de esta humanidad, los inmediatos discípulos y ministros de los Reyes divinos, eran Agnishváttas de las clases inferiores, algunos de los cuales se desarrollaron gradual­mente en Arhats en los cuerpos del tipo más perfecto de la cuarta y quinta subrazas. La segunda clase de Pitris Solares de la Luna encarnaron en la sexta y séptima subrazas, guiando la evolución hu­mana bajo la inmediata dirección de estos Agnishváttas, hasta que fueron reemplazados por la primera clase que encarnó en la cuar­ta Raza. Por debajo de esta primera clase encarnaron las cuatro clases de Mónadas exlunares antes mencionadas, presentando así a nuestra vista una inmensa variedad de grados humanos; desde los hombres semidivinos que rodean a los Reyes divinos, hasta los tipos semianimales de cabeza estrecha. En todas las clases eleva­das funcionaba activamente el tercer ojo, de suerte que los mun­dos astrales eran para ellos tan visibles como el fisico. Estos poderes disminuyeron en las clases inferiores, hasta que en los de cabeza estrecha la visión se hizo muy imperfecta. Como hemos visto, en la sexta y séptima subrazas el tercer ojo se retiró gradual­mente al interior, hasta que al fin desapareció por completo entre los Atlantes.

Durante la primera parte de la tercera Raza, vemos en la Lemuria el amanecer de una civilización refinada, en la cual los Mayores guían a los jóvenes, quienes son todavía obedientes, dóciles e intuitivos, siguiendo los más jóvenes, ciega y sumisamente, los preceptos de sus superiores. La organización es debida únicamente a los Mayores; de aquí su perfección. Pero es evidente que este estado de cosas no puede ser permanente, puesto que esto no es más que la perfección de la infancia cuidadosamente guiada y protegida, mas no la perfección de la virilidad que se gobierna y dirige por sí misma. Dirigida por los Reyes divinos, la sexta subraza construyó las primeras ciudades de piedra y lava en la región de Madagascar. A estas ciudades se guiaron otras muchas, de las cuales acá y allá todavía quedan grandes fragmen­tos; piedras que ningún ingeniero moderno podría manejar; minas de vastos templos - ruinas ciclópeas, como se las llama. Hasta los primitivos griegos y egipcios tomaron por modelo los tipos de tales construcciones, y en los templos de Egipto, tales como el de Karnac, vemos huellas de las construcciones Lemurianas prac­ticadas por sus últimos descendientes de la cuarta Raza. Además, en algunos de los antiguos templos de la India del Sud, se ven huellas de este macizo y sólido estilo de construcción. Juzgando por las ruinas de Karnac, podéis colegir las construcciones de aquellos que eran todavía mucho más fuertes y poderosos que los que subieron y colocaron aquellas enormes piedras; o podéis ver la gran pirámide de Egipto, y de esta suerte haceros cargo del conocimiento y habilidad que dio origen a su estupenda fuerza y poder. Pero aquellas piedras no fueron subidas por el mero esfuerzo muscular, ni por medio de ningún ingenioso aparato más potente que las modernas máquinas, sino que lo fueron por aquellos que conocían y podían dominar las fuerzas del magne­tismo terrestre, de suerte que la piedra perdía su peso especifico y flotaba suspensa en el aire, siendo guiada por el simple contacto de un dedo hacia el sitio en donde debía posarse. Algunas de las extraordinarias piedras oscilatorias que fueron colocadas por dedos Lemurianos, o, para emplear un término que os es más familiar," por los dedos de los Danavas, todavía subsisten. Los Danavas eran la sexta y séptima subrazas de la Tercera Raza. Estas piedras constituyen uno de los enigmas que la Ciencia moderna no ha conseguido descifrar, pretendiendo solventarlo acudiendo a la teoría de la corrosión por medio del hielo y del agua, solución que es a todas luces inadecuada. ¿Y, qué son ellas, las piedras oscilatorias? Instrumentos por medio de los cuales se podían trans­mitir mensajes de Los de arriba a los de abajo, pues los movi­mientos de la piedra escribían tales mensajes, del mismo modo que los movimientos de la aguja del telégrafo Morse los escribe hoy día. Acabo de mencionar a los Danavas, y recordaréis que, según los antiguos relatos, los Danavas eran puros y piadosos en sus primitivos tiempos, y que posteriormente se pervirtieron lenta y gradualmente. Sigamos este proceso descendente y veamos de qué modo tuvo lugar.

Nos hallamos todavía en el arco descendente, si bien muy cerca de su conclusión. La materia se hace rápidamente más densa, y los cuerpos cada vez más y más materiales. Estos cuerpos son gigantescos, fuertes y vigorosos, y, con la separación de los sexos, el instinto creador que es inherente a toda vida, toma al surgir una vehemente forma de pasión sexual hasta aquí desco­nocida. En la producción de nuevas formas, este instinto creador había funcionado blanda y suavemente en los sin sexo. Pero ahora surgen la violenta excitación física y la pasión sexual mezcladas con el placer que en ellos va envuelto, primero en los animales, y luego en el hombre. Los Pitris Agnishvatta y los Pitris Solares que habían encarnado, revestidos de cuerpos que en cada naci­miento se hacían más densos y más robustos, conscientes de su poder intelectual y sintiéndose como Dioses sobre la tierra, atra­yeron hacia sus cuerpos fuertes corrientes de vitalidad que en estos cuerpos densos fueron transmutadas en corrientes de pasión sexual hasta aquí desconocidas. Estos Pitris fueron con frecuencia atraídos por mujeres de las clases menos desarrolladas, y, despo­sándose con ellas, dieron nacimiento a una progenie de un tipo inferior al suyo. Los brillantes Hijos de la Luz se casaron con las más sensuales mujeres; "los Hijos de Dios vieron que las hijas de los hombres eran hermosas, y las tomaron por esposas., dice la antigua tradición Hebraica con bastante exactitud[41] , y de esta suerte la humanidad descendió más profundamente en la materia. Fue necesario descender a las últimas profundidades de la ma­teria a fin de conquistarla, y en este primer Kurukshetra muchos fueron vencidos. Entonces tuvo lugar una división entre aquellos que, en la tremenda lucha permanecieron fieles a las leyes de la Jerarquía Divina, y los que, habiendo sucumbido a los embriaga­dores deleites de los sentidos, quedaron prisioneros de la grosera materia, volviendo desde aquel momento las espaldas a los Se­ñores de la Luz. Después que se hubieron separado surgieron pendencias y guerras entre ellos. Los más puros se dirigieron lentamente hacia el norte, y los más groseros vagaron por doquier, hacia el sud, oriente y occidente, e hicieron alianza con los más groseros Elementales, y de este modo se convirtieron en adora­dores de la materia más bien que del Espíritu. Estos últimos fueron los progenitores de la Raza Atlante, la Raza en la cual la materia debía llegar a su estado más denso, y alcanzar sus ma­yores triunfos. Esta es la primera división entre los partidarios de la luz y los partidarios de las tinieblas, división que será más marcada y de resultados más terribles entre los Atlantes. Las deificadas estatuas de estos gigantes Lemures eran adoradas como las de los Dioses y Héroes en la cuarta y quinta Razas, y muchos antiguos mitos recuerdan sus grandes hazañas, sus colosales com­bates y su gran fuerza.

A medida que la separación prosiguió, grandes y gigantescas convulsiones principiaron a dividir la Lemuria en fragmentos. Los terremotos hacían trepidar la tierra, y los volcanes lanzaban por doquier impetuosos torrentes de ardiente lava. El enorme conti­nente se dividió en grandes islas, cada una de -las cuales era tan grande como un continente, y éstas a su vez se dividieron y cuar­tearon debido a nuevas convulsiones, hasta que por último, algunos 700.000 años antes del principio de la edad Terciaria, la Lemuria,

como tal, desapareció devastada por el fuego, arrasada por la lava, barrenada por grandes explosiones de gases mezclados con agua, y, entre abrasadoras llamas y rugientes olas, se hundieron isla tras isla en medio de torbellinos de fuego yagua. De las diversas regiones que no fueron destruidas, algunas formaron parte del continente Atlante, y otras que se quedaron aisladas, tales como la Australia, sirvieron de albergue por largo tiempo a individuos sobrevivientes de la tercera Raza. Los aborígenes australianos y tasmanianos, al presente casi extinguidos, pertenecen a la séptima subraza de los Lemures. Los malayos y papuanos descienden de un cruzamiento entre esta subraza y los Atlantes, y los hoten­totes constituyen otro resto. Los Dravidianos del sud de la India son una mezcla de esta séptima subraza con la segunda subraza

Atlante. Allí donde se ve una raza realmente oscura, tal como la negra, la descendencia Lemuriana se halla fuertemente marcada.

Otro hecho debemos tener en cuenta antes de concluir hoy con la tarea que nos hemos impuesto, dado que. se derivo por haberse negado los Asuras a ocupar el lugar que en justicia les correspondía en la evolución, lo cual dio origen a la terrible degradación -un retroceso en vez de un progreso- de aquellos que debían haberse convertido en verdaderos hombres.

Con respecto a este punto, los anales ocultos están en com­pleto desacuerdo con las enseñanzas científicas modernas. La Ciencia moderna presupone un común antecesor animal para los monos antropoides y el hombre. El Ocultismo afirma que los mo­nos antropoides son los últimos descendientes de una mezcla de los reinos humano y animal que tuvo lugar durante la tercera Raza. Recordaréis que la clase más inferior humana de las Mo­nadas exlunares -aquellas que habían llegado a las fronteras del reino humano a la conclusión de la tercera Ronda, los de "cabeza estrecha"- no estaban prontas para recibir el destello de la inte­ligencia. Se habían separado en sexos, pero estaban regidas por completo por los instintos animales. En la séptima subraza, al­gunas de ellas se aparearon con animales semejantes a monos, no muy distintos de ellas en cuanto a la forma, pero que estaban animados por Monadas mucho menos desarrolladas que las suyas, puesto que dichas Monadas todavía formaban parte del reino animal, y esta unión dio origen a una raza semihumana y semi­ animal. Más adelante, algunos de sus descendientes se unieron a su vez con algunos de los más degradados de los últimos Atlantes, y los seres conocidos como Sátiros en la antigua historia griega, los moradores de los bosques y lugares solitarios, el terror de todos los hombres más ventajosamente desarrollados, excesi­vamente bestiales - fueron la progenie de esta degradante unión.

De estos últimos, según el Ocultismo, descienden los monos antro­poides, los cuales serán los únicos que de todo el reino animal existente hoy día, alcanzarán el tipo humano en nuestra Cadena.

En la sexta y séptima Razas de esta Ronda en nuestro globo, obtendrán la forma astral humana, y en la quinta Ronda entrarán definitivamente en el reino humano. Tal fue el pecado de los "sin mente" y sus resultados.

"Visto que los Lhas (Asuras), que no habían construido hom­bres, lloraban, diciendo: "Los Amanasa (sin mente) han profa­nado nuestras futuras moradas. Esto es Karma. Moremos en las otras. Procuremos instruirlos mejor, no sea que sucediera algo peor. Ellos así lo hicieron. .. Entonces todos los hombres fueron dotados de Manas"[42]. La tierra estaba pronto para la evolución Atlante. La cuarta Raza nació.

           

CUARTA CONFERENCIA

Las Razas Humanas

 

Queridos amigos: Hemos visto que el hombre se separó en sexos a la mitad de la tercera Raza, hace de ello unos 18.000.000 de años. Sin embargo, mientras el tercer ojo no quedó comple­tamente obstruido por la densa materia, la Mónada ejerció direc­tamente alguna ligera influencia sobre sus vehículos. Esta influencia disminuyó a medida que la densidad de la materia aumentó, y desarrollándose más y más la mente inferior, arrastró a la Mónada hasta el fondo, obligando a que pasasen a través de ella toda clase de influencias. En los tiempos en que la cuarta Raza nació, la parte más avanzada de la humanidad había negado a este estado, y de aquí que se diga que los Atlantes eran la "primera raza verdaderamente humana y terrestre".[43]

El continente Atlante surgió lentamente a medida que el con­tinente Lemur se cuarteó, debido a los terremotos Y erupciones volcánicas: el uno surgió a medida que el otro se hundió. Los tipos más idóneos para la cuarta Raza -los más intelectualmente desarrollados, los más robustos y más densos de cuerpo- fueron elegidos de la tercera Raza por el Manu de la cuarta, y fueron con­ducidos hacia el norte, hacia la Imperecedera Tierra Sagrada, para ser aislados y desarrollados, Y para establecerlos, al abandonar esta "una de las razas, en las partes norte del Asia no afectadas por las grandes catástrofes Lemures. Las primeras dos subrazas de los Atlantes fueron contemporáneas de la sexta y séptima subrazas Lemures durante la última parte de la Edad Secundaria que precedió a la gran catástrofe Lemur que tuvo lugar 700.000 años antes de la conclusión de dicha edad. El período más glorioso de espiritualidad de la cuarta Raza -el de su dinastía divina- se desarrolló en la Edad Eocena, y el primer gran cataclismo que la destruyó tuvo lugar cerca de la mitad de la Edad Miocena, hace de ellos unos cuatro millones de años. Otra grande y esplén­dida civilización -la Tolteca- se desarrolló después de este primer cataclismo, la cual fue destruida por la catástrofe de hace 850.000 años #. Otras civilizaciones se siguieron a ésta, pero ninguna de ellas rayó a tanta altura. De estas últimas hablaremos luego. El último resto del continente Atlante, la isla llamada Poseidonis por Platón, se sumergió 11.000 años hace, 95o4 años antes de Cristo. El enorme continente que nosotros llamamos Atlante, el con­tinente de la cuarta Raza, llamado Kusha en los anales ocultos, abarcaba el norte de Asia -intacto, como se ha dicho, desde los tiempos Lemures extendiéndose más allá del norte del gran mar que ahora es el Desierto de Gobi. Se extendía hacia el oriente en una grande y compacta .lengua de tierra que incluía la China y el Japón, pasando más allá de ellos a través del actual Océano.

# Existe una gran oscuridad acerca de estas fechas. H. P. B. coloca la primera catástrofe a la mitad de la Edad Miocena

(D. S., II, 751, 755; Y en la nota de la página 328 dice que "la mayor parte del continente Atlante pereció algunos millones de años hace". La catástrofe de hace 850.000 años, la de la Edad Pliocena, la llama la de la Ruta y Daitya, evidentemente porque la tierra que posteriormente formó las islas así llamadas, fue entonces separada de América, y coloca la primera división de la Raza Aria cerca de 200.000 años antes de esta catástrofe, esto es, más de un millón de años hace. De este modo la edad de la quinta Raza se fija una vez más (II, 9), Y esto coincide con otras autoridades, pudiendo ser considerada provi­sionalmente como exacta. Pero esto está en abierta oposición con un dato aislado (II, 755) que coloca este millón de años antes de la catástrofe Miocena, contradiciendo por completo los otros datos que concuerdan entre si, y que generalmente han sido aceptados. Entre la Doctrina Secreta y la Historia de los Atlantes existe una seria discrepancia. La catástrofe de hace 850.000 años es la segunda, según la Doctrina Secreta, pero según la Historia de los Atlantes es la primera. La tercera (o segunda) catástrofe de hace 200.000 años no se menciona en la Doctrina Secreta, al paso que en la Historia de los Atlantes se habla de ella como de una cosa "relativamente insignificante'. Además, la Doctrina Secreta tampoco se ocupa de la catás­trofe de hace 80.000 años. El hecho es que las convulsiones y la división de los hechos del océano continuaron mas o menos violentamente durante edades, y una u otra convulsión debía ser elegida como dato para hacer constar este hecho. Por lo que a mi se refiere, no poseo dato alguno para poder fijar fechas antiguas y, por lo tanto, en este bosquejo he tomado los de la Doctrina Secreta.

Pacífico del norte, tocando casi las costas occidentales de la América del Norte. Hacia el sud abarcaba la India y Ceilán, Burmah y la península Malaya, y hacia el oriente incluía la Persia, la Arabia y Siria, el Mar Rojo y Abisinia, ocupando . la cuenca del Mediterráneo, cubriendo el sud de Italia y España y proyectándose desde Escocia e Irlanda, hallándose sobre la su­perficie de las aguas lo que es ahora mar, se extendía hacia el occidente, abarcando el actual Océano Atlántico y una gran parte del Norte y Sud de América. La catástrofe que lo dividi6 a la mitad de la Edad Miocena, hace cerca de cuatro millones de años, en siete islas de diversos tamaños, hizo aparecer sobre la superficie de las aguas Noruega y Suecia, una gran parte del sud de Europa, Egipto, casi toda el América, y una gran porción del Norte de América, al paso que, hundiéndose el norte de Asia, separ6 a los Atlantes de la Imperecedera Tierra Sagrada. Las tierras posteriormente llamadas Ruta y Daitya, al presente lecho del Atlántico, fueron separadas de América; sin embargo, una lengua de tierra las unja, lengua que se sumergi6 en la catástrofe de hace 850.000 años, en el último periodo Plioceno, dejando a las dos tierras como islas separadas. Estas dos islas perecieron a su vez hace de ello unos 200.000 años, dejando Poseidonis en medio del Atlántico. Con respecto a las fechas en que ocurrieron las catástrofes, y a la relativa distribuci6n de mar y tierra, debe recor­darse que estas fechas varían según sean las catástrofes elegidas por el cronista, y el punto entre periodos enormemente separados en el cual se hace el mapa. Los informes de que se dispone son fragmentarios, Y no siempre es fácil hacerlos concordar; de aquí que las fechas más arriba dadas deben ser consideradas como provisionales.

Los Lemures elegidos como progenitores del tronco Atlante, y guiados por su Manu a la Imperecedera Tierra Sagrada, fueron divididos en grupos, ocupando las siete zonas o promontorios de la tierra. "Así, dos por dos, en las siete zonas", dice el Libro de Dzyam, "La tercera Raza dio nacimiento a la cuarta[44]., hace de ello cerca de ocho millones de años, en la última parte de la Edad Secundaria. Nacieron bajo el imperio de la Luna y Saturno -Soma y Shani- y mucha de la magia negra que se desarrollo entre ellos, especialmente en la subraza Tolteca, fue obtenida por medio de un hábil empleo de los "rayos oscuros" de la luna, las emanaciones de la parte oscura de la luna. A Saturno fue en parte debido al gran desarrollo de la mente concreta que distinguió a esta subraza, y una gran parte del saber Egipcio fue obte­nido bajo su influencia. Eran también llamados los "hijos de Padmapani", siendo la flor del loto un símbolo de la generación, una alusión al hecho de que la cuarta Raza fue generada por la unión de los sexos. La gran densidad alcanzada entonces por el cuerpo humano, trajo a la mente el claro conocimiento de los choques ocasionados por los sólidos, a cuyos choques las formas más sutiles de los primitivos tiempos apenas habían ofrecido resistencia.

En la primera subraza de la cuarta Raza, la Rmoahal, de hermoso color, encarnaron los Asuras, la primera clase de Pítris Solares y Mónadas exlunares. Después de largas edades, cuando el tipo Atlante fue definitivamente formado, se dirigieron hacia el sud, y bajo la dirección y gobierno de sus Reyes divinos, los Pitris Agnishvatta, desarrollaron gradualmente una poderosa civilización. Rechazaron ante sí a los Lemures que todavía habitaban en Africa y en las tierras contiguas que habían surgido del Atlántico, construyendo grandes ciudades, y convirtiéndose en un pueblo fijo y estable. El tercer ojo funcionaba todavía, pero los dos ojos físicos ordinarios se habían desarrollado y lo reemplazaban. El mundo astral no se había cerrado todavía por completo a la visión ordinaria, de suerte que aún existía bastante susceptibilidad a las impresiones astrales, y mucha docilidad a los mandatos de sus Gobernadores divinos en los cuales confiaban, y quienes eran prácticamente adorados por aquellos a quienes Ellos dirigían y educaban. Los Asuras no eran aún bastante dueños de sus cuer­pos para poder dirigir su atenci6n al dominio de los demás,' y la joven civilización continuó tranquilamente su marcha. La segunda subraza, los Tlavatli, de color amarillo, se desarrolló en la tierra que ahora se halla debajo del Atlántico, dirigida y guiada todavía desde arriba por los Reyes divinos. A medida que pasaron los tiempos, los Asuras se colocaron asidua y regularmente a la cabeza de la evolución humana, pero todavía eran dóciles a los mandatos de los Señores de la Luz, gobernando grandes comarcas y trabajando por el mejoramiento de la agricultura y arquitectura, las cuales hicieron grandes progresos bajo su acertada dirección. Nada hay en la civilización Atlante tan pacíficamente grande como este primer período que transcurrió bajo el gobierno de los Reyes divinos. Mientras tanto, bajo el cielo occidental, princi­piaban a desarrollarse las semillas de una subraza más intelectual a la par que más densamente física, la subraza llamada Tolteca, destinada a llevar la civilización de la cuarta Raza a su más elevado nivel material, y también a sufrir su más tremenda calda. Los más poderosos Asuras y los mejores Pitris Solares encarnaron en ella, estableciéndose en tierras que no habían sido afectadas por la gran convulsión que dividió el continente Atlante en las siete grandes islas. Esta convulsión destruyó la mayor parte de la primera y segunda subrazas, dejando sólo algunos restos. Los res­tos de la primera subraza se dirigieron hacia el norte, disminuyeron de estatura, y cayeron en la barbarie. Los restos de la segunda subraza se dirigieron hacia el sud y oriente, y se mezclaron con los Lemures que todavía quedaban en las comarcas que invadie­ron, dando asi origen a los pueblos Dravidianos.

De este modo fue despejado el campo para dar lugar a la acción de la gran subraza Tolteca, raza hermosa y bien propor­cionada, gigantesca todavía, de unos veintisiete pies de estatura, pero de aspecto agradable, de color desde el rojo al rojo-oscuro. Sus cuerpos y los de la cuarta y quinta subrazas, eran de una materia más densa que ninguno de los que les precedieron o siguieron después; estos cuerpos poseían una dureza y solidez sufi­cientes para poder doblar una barra de nuestro hierro actual si se arrojaba violentamente contra ellos o para romper una barra de nuestro acero si se les golpeaba fuertemente con ella. Uno de nuestros cuchillos no hubiera podido cortar su carne, y más que a su carne cortaría un trozo de nuestra piedra actual. Inútil será añadir que los minerales de su tiempo eran mucho más duros que los nuestros, y que su relativa dureza con respecto a estos cuerpos humanos, era tanta como la de nuestros minerales con respecto a nuestros cuerpos actuales. Otra peculiaridad era el extraordinario poder que poseían de curarse las heridas. Con la mayor facilidad se curaban las más profundas y graves heridas que recibían en las batallas o por accidentes, pues la carne se volvía a unir y sanaba con la más asombrosa rapidez. No experi­mentaban sacudimientos nerviosos a causa de graves heridas, ni sufrían muy intensamente debido a las torturas físicas que la cruel­dad humana infringía deliberadamente. La estructura nerviosa era robusta pero no delicada, ni estaba primorosamente equilibrada en su entrelazamiento interno. De aquí que pudiese soportar sin detrimento, sacudimientos y choques que postrarían a un hombre de la quinta Raza, y sufrir tensiones violentas y convulsiones que, a este hombre de la quinta Raza, le producirían la ruina del sistema nervioso. Una carne semejante a la roca, y unos nervios semejantes a alambres de acero, describiría a la perfección los cuerpos de estas subrazas. El naciente sentido del gusto solo respondía a los estimulantes cuya naturaleza era muy poderosa, y no podía distinguir ningún sabor delicado. La carne pútrida, el pescado cuyo sabor era muy fuerte y pronunciado, el ajo y todas las plantas de sabor muy acre y picante; los sólidos y líquidos más ásperos y amargos, eran para ellos los únicos manjares ape­titosos. Todo lo demás era insípido y carecía de sabor para ellos. Como que no poseían el sentido del olfato, podían vivir tranquilos en medio de la mayor inmundicia, y aunque las clases elevadas eran más escrupulosas en cuanto a sus personas y moradas, la vecindad de la inmundicia no les inquietaba en lo mínimo, con tal que no ofendiese su vista. Las huellas de estas peculiaridades físicas todavía persisten en un gran número de sus descendientes. Los Indios del Norte de América se reponen de heridas que matarían al hombre de la quinta Raza, ya sea que dichas heridas afecten los tejidos o el sistema nervioso. Estos indios pueden soportar valientemente torturas bajo las cuales el hombre de la quinta raza desfallecería al momento. Los burmanos conservan carne y pescado, y cuando estos alimentos se hallan en estado de descomposición, los saborean como un manjar delicado, y todos pueden vivir entre pestilenciales hedores que producirían náuseas al hombre de la quinta Raza.

El tercer ojo, que, como hemos visto, se había retirado al interior, y se había oscurecido más y más con el incremento de la densidad de la materia, desapareció por completo como órgano físico durante la subraza Tolteca, pero continuo funcionando acti­vamente durante largas edades en las subrazas sucesivas. Hasta después de su completa desaparición como órgano físico, los hombres fueron susceptibles a los impulsos astrales, y la impresio­nabilidad súper física era de carácter común entre ellos. En los tiempos de la degradación Tolteca, las clases elevadas recurrieron _ a la magia negra con el fin de despojar de esta facultad a aque­llos a quienes ellos oprimían y esclavizaban. No solo dejaron de estimular y desarrollar esta facultad, como se hacia en los tiempos primitivos, sino que hicieron cuanto estuvo en su mano para entorpecerla y hasta destruirla. A pesar de todo, ella subsiste todavía bastante extendida entre muchas naciones y tribus de la cuarta Raza. El lenguaje era en estos tiempos aglutinativo, así entre los ToItecas como entre la cuarta y quinta subrazas -la Turania y la Semitica- y éste era el más antiguo lenguaje Rakshasa, lla­mado así como típico de los gigantes Turanios, a quienes se aplico especialmente el nombre de Rakshasas. A medida que los tiempos pasaron, el lenguaje se hizo inflexivo, y en esta forma paso a la quinta Raza.

Su estatura, como se ha dicho, era gigantesca; Titanes, Gigan­tes, son los nombres que con frecuencia se les aplican, pero esta estatura disminuyo gradualmente subraza tras subraza. Las esta­tuas de la Isla de Pascua tienen cerca de veintisiete pies de altura, y representan la cuarta Raza humana en su periodo medio. Las estatuas de Bamián, cinco en número, dice H. P. B. que son obra de la cuarta Raza de Iniciados, y representan la gradual disminución de estatura de las cinco razas. La primera de dichas esta­tuas tiene 173 pies de altura, representando la primera raza; la segunda, la de los nacidos del Sudor, 120 pies; la tercera, la de la tercera Raza, 60 pies; la cuarta y quinta son más pequeñas, siendo la última de ellas un poco más alta que un hombre de elevada estatura de la quinta raza. Estas estatuas han sido recu­biertas de yeso, y se las ha hecho representar al Señor Buddha, pero las estatuas originales cortadas en la roca que están recubier­tas de yeso fueron labradas muchas edades antes de Su venida[45]. En la tercera subraza, la ToIteca encarnaron algunos de los más grandes Asuras, Inteligencias de un poder y conocimiento altamente desarrollados, hallando en el tipo más hermoso y ele­vado de los cuerpos Toltecas, vehículos que, por otra parte, adquirieron rápidamente un desarrollo todavía mayor bajo la estimulante presión del interior. Detrás de ellos vinieron los Asuras que ya anteriormente habían encarnado en la primera y segunda subrazas, así como vinieron también los Pitris Solares que en estas mismas subrazas habían pasado por sus primeras encarnaciones terrestres. Tales eran las clases elevadas de los primitivos Toltecas, y por debajo de ellas había una gran masa de pueblo menos desarrollado, aunque dócil y flexible, y a pro­pósito para ser gobernado y dirigido. Después de estos Asuras y Pitris Solares vinieron los Reyes divinos para ayudarles a desa­rrollar una gran civilización, y los Dragones de Sabiduría velaron este nuevo desenvolvimiento de la raza humana que tanto pro­metía en el vigor de su espléndida y fogosa juventud. De aquí que se diga que esta subraza, llamada los Daityas en los Puranas, fue instruida por Shukra, dirigiéndola los Reyes divinos Agnish­vatta bajo las inmediatas órdenes y protección de los Dragones de Sabiduría de Venus. De aquí que se diga también que Shukra es el preceptor de los Asuras.

Bajo estas favorables condiciones, esto es, bajo la protección de estos Instructores y Gobernadores divinos por una parte, y de un pueblo apto para ser instruido por otra, la civilización Tolteca creció y se desarrolló. En ella floreció Asuramaya, el más grande de los astrónomos, quien dio principio a los anales astronómicos desde entonces conservados por la Logia Blanca, y quien cons­truyó el Zodiaco, que sucesivamente fue transmitido de genera­ción en generación hasta los Atlantes de Ruta, de quienes lo heredaron los Egipcios en el decurso de las edades. De tiempo en tiempo apareció entre ellos el misterioso Narada, el Hijo de voluntad y de yoga, El que había aprendido el secreto de aparecer sobre la tierra durante edades incalculables, pasando de un cuerpo a otro, árbitro del destino de las naciones, guía y director de las giratorias ruedas del cambio, y de quien proceden las chispas que dan lugar a las guerras y convulsiones naturales. El estudio de las energías de la naturaleza fue llevado a un grado tal de perfección por estos activos discípulos de los Sabios, que todavía no ha sido alcanzado por ningún hombre hasta el presente. Con­siguieron subyugar las sutiles energías del éter, y aprendieron a surcar los aires en navíos aéreos, del mismo modo que los buques de vapor surcan las aguas de los mares; estos navíos aéreos fueron empleados en las grandes guerras que marcaron los últimos tiempos de la supremacía Tolteca. En los relatos antiguos pueden encontrarse muchos datos referentes a combates librados en los aires entre ejércitos enemigos. En estos últimos tiempos, emplea­ron los conocimientos que en química poseían para construir armas que llevaron la destrucción a lo lejos. Elevaban por los aires un buque de guerra, y cuando se hallaba sobre las cabezas de los combatientes, dejaba caer súbitamente sobre ellos una lluvia de pesados vapores venenosos que narcotizaban o mataban a millares de indefensos guerreros; o arrojaban enormes bombas que explo­taban al chocar contra el suelo, esparciendo por doquier cientos de miles de balas o flechas incandescentes que sembraban la tierra de mutilados cadáveres.

En los primitivos tiempos, sus estudios científicos fueron diri­gidos a fines mas humanos y benéficos; al fomento y desarrollo de la agricultura; a la cría y mejoramiento de los tipos animales; a la producción de granos alimenticios; al cultivo de los árboles fru­tales; a la fertilización del suelo, y al empleo de la luz de diversos colores para estimular el crecimiento de los animales y plantas, e impedir en ellos el desarrollo de enfermedades.

Hacían, además, use en gran escala de la alquimia, la madre de la química, para producir lo que ahora se llaman metales "preciosos", pero que entonces solo se estimaban por su belleza como agentes decorativos. El oro era empleado en abundancia en casas y templos, y en las moradas de los ricos, en los palacios de los gobernadores, y en los templos destinados al culto, se veían profusión de columnas doradas. También llevaron a cabo muchas magnificas aleaciones con el objeto de embellecer y decorar sus edificios y palacios, contribuyendo su brillo metálico al esplendor de las ciudades.

La arquitectura fue el arte que rayo a mayor altura entre los Toltecas, pues algunas de sus grandes ciudades eran modelos de solidez y belleza. La mas hermosa de ellas era la famosa "Ciudad de las Puertas de Oro", construida sobre una colina coronada por el magnifico Templo de Oro, a la vez que por un templo y un palacio, con sus galerías sostenidas por columnas y patios rica­mente adornados, todo lo cual constituía la morada de los Reyes divinos que a tan espléndidas alturas elevaron el Imperio Tolteca. La pintura y el dorado eran profusamente empleados para embe­llecer el exterior de ]as casas, así como la estatuaria, los bajo relieves y ]as molduras de toda clase [46].

El sistema de gobierno establecido por los Reyes divinos, estaba basado en la idea general de que el conocimiento y el poder deben llevar consigo los cuidados y la responsabilidad, y que la debilidad solo era un motivo de protección, mas no una razón para tiranizar y oprimir. La educación era de carácter general, si bien de muchas clases, conforme con las aptitudes que presentaba el educando. En los tiempos en que la civilización Tolteca alcanzo su mayor esplendor, cada capital de provincia poseía su colegio central, con un departamento para cada arte, ciencia y rama de literatura, con colegios subalternos establecidos a través de toda la provincia, por medio de los cuales se comu­nicaba el conocimiento de todos los descubrimientos que tendían al mejoramiento de la aplicación de la Ciencia a la producción. El progreso en las Ciencias era estimulado por medio de una ley según la cual se hacían pasar individuos desde los deberes activos que consistían en ejecutar una determinada labor, cuando estos individuos hablan ya pasado mas allá del cenit de sus fuerzas físicas, a los trabajos del laboratorio y del estudio, si es que no hacían falta para dirigir grandes empresas industriales, para desem­peñar funciones judiciales, o para dirigir la nave del Estado. Las clases menos desarrolladas eran educadas para la agricultura, para las manufacturas, y para toda clase de labores manuales, y su bienestar y comodidad, a los que se atendía por medio de pro­visiones de abundante alimento y abrigo, eran consideradas como uno de los principales deberes del gobierno. Un gobernador cuyo pueblo estuviese descontento, mal gobernado, mal abastecido, era depuesto de su empleo como siendo inepto o negligente en el desempeño de su cometido, y por cualquier disturbio de carácter algún tanto grave, era castigado por medio de una multa o bien se le encarcelaba.

Muchas huellas de estos métodos y costumbres pueden encon­trarse todavía en los fragmentos de la literatura mas antigua, ocultas en los libros de naciones que cuentan con un remoto pasado. Estas huellas aparecen en algunos de los libros chinos, y algunos de los fragmentos descubiertos de civilizaciones rela­tivamente modernas, aunque al presente desaparecidas, demuestran el paternal y solicito cuidado ejercido por los Gobernadores sobre su pueblo. La magnifica, aunque gastada y decadente civilización del Perú, destruida por Pizarro y sus españoles, pre­sentaba algunas débiles huellas del mundo antiguo del cual la derivo.

El Imperio Tolteca se extendió desde su centro, el continente Atlante propiamente dicho, la tierra que ahora se halla sumer­gida debajo del Océano Atlántico, hacia el occidente sobre la tierra que entonces estaba comprendida en el Norte y Sud de América; también se extendió hacia el oriente en el norte de África y Egipto, supeditando a su gobierno muchas naciones procedentes de la mezcla de la segunda subraza con los Lemures, y de la -cuarta y quinta subrazas mas jóvenes que se desarrollaban en sus respectivos centros.

Cuando el Imperio Tolteca hubo alcanzado su punto mas elevado, la dinastía divina toco a su fin, pues la sabiduría de la gran Jerarquía vio que habla llegado el tiempo en que la huma­nidad debía marchar por si sola durante un determinado periodo, obteniendo el conocimiento por medio de sus propias experiencias, y la fuerza por medio de sus fracasos y caídas. Después de esto se siguió una larga serie de Reyes Adeptos, discípulos de los grandes Señores, pero ahora el ahamkara de los Asuras encarnados, fomen­tado por el poder y el mando, principio a tomar peligrosas pro­porciones a medida que su fuerza y predominio aumento, y a medida que la potente mano de los Reyes divinos abandono las riendas del poder, y los destinos del Imperio pasaron a ser regidos por una autoridad mas débil. Las Stanzas describen su historia en un breve y sustancioso bosquejo: "Entonces la tercera y cuarta crecieron en orgullo. Nosotros somos los Reyes; nosotros somos los Dioses, dijeron. Tomaron esposas de hermosa apariencia que eligieron de entre los sin mente, los de cabeza estrecha. De esta suerte procrearon monstruos, machos y hembras, también Khado, de escasa mentalidad. Construyeron templos para el cuerpo humano. A varones y hembras ellos adoraron. Entonces el tercer ojo cesó de funcionar. Construyeron grandes ciudades; de tierras y metales raros las construyeron. De los fuegos vomi­tados, de la piedra blanca y negra de las montañas labraron sus propias imagenes segun su talla y semejanza, y las adoraron. Labraron grandes estatuas, de nueve yatis[47] a de altura, la talla de sus cuerpos. Fuegos internos habían destruido la tierra de sus padres. El agua amenazaba a la cuarta[48].

Permítasenos aclarar y completar este bosquejo. Ante todo debo decir, con todo el respeto debido, que "la tercera y cuarta" no significan, como se dice en la nota de la pagina 284, la tercera y cuarta Razas, sino la tercera y cuarta subrazas de la cuarta Raza. En la primera sloka de la Stanza X se dice por modo claro y distinto que: "la tercera Raza dio nacimiento a la cuarta", y luego se mencionan las cuatro primeras subrazas que sucesiva­mente nacieron. Incluir en esta etapa a la tercera Raza, cuyos degradados restos fueron esparcidos entre las naciones de la cuar­ta Raza, es una incongruencia evidente, y con ello se falsea la historia; al paso que, si leemos "tercera y cuarta" aplicándolas a las subrazas, el conjunto de la historia tiene una trabazón lógica y razonable. En esta etapa de la tercera subraza, la del domino Tolteca, la cuarta subraza, la Turania, habla crecido en poder en los países orientales, aunque todavía era tributaria del Empe­rador blanco de la Ciudad de las Puertas de Oro, y en la ultima lucha se alió con los rebeldes del sud. Estas subrazas eran la "tercera y cuarta" que "creció en orgullo". La quinta subraza era también de carácter pendenciero, y fue siguiendo su turbu­lento sistema para alcanzar el poder en el norte, pero, por el momento, nada tenemos que decir con respecto a ella. Los Asuras encarnados se revelaron gradualmente contra el gobierno del Emperador Blanco; al principio secretamente, desobe­deciendo las Ordenes procedentes de la capital, y esparciendo la idea de que el lejano Soberano era mucho menos útil al pueblo que los Virreyes que este tenia cerca de si. De este modo consi­guieron obtener un poder e influencia cada vez mayores, usur­pando en todos sentidos la autoridad imperial. Para aumentar su poderío y grandeza a los ojos del pueblo, lo deslumbraban con la exhibición de poderes mágicos, empleando los grandes recursos del conocimiento súper físico que poseían para engran­decerse, y se rodeaban del mayor misterio para inspirar respeto y terror a los ignorantes. Con el objeto de conseguir que el pueblo se alejara cada vez mas del Emperador Blanco, introduje­ron gradualmente muchos cambios en el culto religioso, y sustitu­yeron las suntuosas fiestas, los brillantes espectáculos y las pompas exteriores, al grandioso y algún tanto severo ritual instituido por los Reyes divinos. Los templos primitivos eran de sólida grandeza, relucientes de oro y ricos en joyas, pero todo era puro y casto, sencillo y grandioso. Un brillante Sol de oro era el objeto central, la imagen y símbolo del Sol celestial, y este, a su vez, no era mas que el símbolo, el ropaje radiante del Señor de la Luz y Amor, el Gobernador del sistema solar, en el cual El velaba Su Presencia de luz inefable. El culto consistía en cantos sonoros y grandiosas masas de rítmica danza, con guirnaldas de flores y nubes de oloroso incienso que flotaban por los aires, conjunto espléndido y majestuoso sin duda, pero sin embargo de un carácter tan puro y sencillo como severo y elevado. Contigua al Templo de Oro de la capital, existía la Cámara Blanca, o Cueva de la Iniciación, en donde los discípulos de los Dragones de Sabiduría recibían el óleo santo, en donde brillaba la Estrella de la Iniciación sobre la cabeza del Hierofante, y en donde de tiempo en tiempo aparecían las radiantes formas de los Hijos del Fuego. Esto era lo que confería al Templo su augusta santidad, y hacia que fuese el foco del poder espiritual. Hacia él dirigía su corazón el pueblo; en torno de él brillaba constantemente la aureola de su devoción; el era el símbolo visible de la protección de los Dragones de Sabiduría.

Bien sabían los ambiciosos Asuras que mientras el Templo de Oro y la Cámara Blanca fuesen el punto hacia donde estuviesen dirigidas todas las miradas, el corazón agradecido del Imperio Tolteca, el corazón del pueblo permanecería allí. De aquí que determinaron crear una nueva capital, y establecieron en ella un Emperador rival llamado Thevatat, construyendo en su palacio un nuevo templo y una nueva cámara de iniciación. Para dar a este nuevo centro el carácter de súper físico, llamaron en su ayuda a poderosos Elementales del mundo astral inferior, los cuales apa­recían en medio de ellos en los grandes festivales, y recibían, vestidos exteriormente de una manera deslumbrante, las ofrendas y adoraciones del pueblo. Después de algún tiempo, para tener a estos terribles seres mas estrechamente consagrados a su servicio, principiaron por ofrecerles sacrificios de animales, y en los grandes festivales hasta sacrificios humanos. Después de estos sacri­ficios principiaron las practicas licenciosas, puesto que la crueldad y la lujuria tienen su natural afinidad, hasta que las orgías de la clase mas vil y abyecta ocuparon las noches que se seguían a los días empleados en representar combates y sangrientos sacrificios.

El próximo paso hacia su perdición y ruina fue dado cuando los jefes de los Asuras se proclamaron a si mismos objeto del culto divino: "Nosotros somos los Reyes; nosotros somos los Dioses", y, esculpiendo grandes estatuas de si mismos, las colocaron en los templos como objetos de adoración, y el poder creador del hom­bre, reflexión del poder divino, fue sustituido a aquella energía espiritual de la cual era el representante fisico. De este modo se entronizo el falicismo con todo su sequito de repugnantes abominaciones.

Los grandes poderes súper físicos de los Asuras, convertidos ahora en Magos negros del tipo mas terrible, impusieron un reinado de terror en aquella parte de la tierra que dominaban. Con el fin de aterrorizar y oprimir, se recurrió a las mas negras practicas de la magia. Ayudados por las mujeres semianimales de los de cabeza estrecha de la tercera Raza, y por procedimientos mágicos de indecible asquerosidad, producían monstruos pode­rosos, los cuales poseían la fuerza del bruto y la astucia del salvaje, y animaban estas viles formas con elementales de los peores tipos. Estos elementales eran sus guardas y mensajeros, los símbolos terribles de su poder y los Señores de la Faz Oscura se elevaron a las alturas del poder, y personificaron a ahamkara, convirtiéndose en los verdaderos Reyes del Averno.

De este modo fueron amalgamadas en torno de un centro único todas las fuerzas de la materia, mientras que por otra parte el Emperador Blanco reunía las suyas para resistir. Entre tanto en las esferas elevadas continuaban los preparativos para el futuro. Entre los Hijos de la Luz, algunos de los cuales habían alcanzado la iluminación suprema, y se habían convertido en Buddhas, existía una gran reserva de fuerza espiritual dispuesta para la elevación del mundo, después de su sumersión en la materia. Doscientos mil años debían pasar todavía antes de que tuviese lugar la gran lucha, cuando los Dragones de Sabiduría comisionaron a uno de sus miembros, Vaivasvata, para elegir de entre la turbulenta quinta subraza, la Semítica, las semillas de la quinta Raza Raíz, y conducidas a la Imperecedera Tierra Sa­grada, la cuna, como se ha dicho antes, de cada Raza Raíz. Un millón de anos han transcurrido desde que las semillas de la quinta Raza fueron segregadas de la cuarta. Hacia esta inexpug­nable fortaleza fueron conducidas sucesivas emigraciones que debían constituir la Raza Elegida, a fin de preservarla de las agitaciones venideras, y tenerla lejos de las escenas de lucha y exterminio. En esta pacifica y risueña tierra podemos ver a Vaivasvata aleccionando a Sus discípulos y a la infantil y aun embrionaria Raza. En ella existe el futuro Zarathushtra, el futuro Hermes, el futuro Orfeo, el futuro Gautama, el futuro Maitreya y muchos otros, velando todos sobre la progresiva semilla. Pero debemos dejar esta pacifica escena y volver a las convulsiones y tumultos de la turbulenta Raza cuarta. Los ejércitos de los Señores de la Faz Oscura principiaron entonces a avanzar hacia el norte, y entre estos y los del Emperador Blanco se libraron una larga serie de combates. Unas veces salían victoriosas las fuerzas oscuras y otras veces las blancas, a pesar de lo cual la balanza de la victoria se inclinaba a favor de las primeras, pues el ciclo era contrario al triunfo del Espíritu, era el tiempo del triunfo de la Materia. Por doquier fluían huestes que se alistaban en las banderas de los Señores Oscuros, pues estos apelaban a las pasiones del lado animal del hombre, fomen­tando un odio feroz contra los partidarios de la Buena Ley, el odio que siempre siente el lujurioso por el "pálido asceta", el odio del impúdico hacia aquellos cuya pureza es un constante reproche para o1. Lentamente, y en medio del flujo y reflujo de las vic­torias y derrotas, y entre fieros combates y grandes matanzas, la corriente de las fuerzas oscuras prosiguió avanzando. Al fin el Emperador Blanco fue arrojado de su capital, y la Ciudad de las Puertas de Oro, en donde los Reyes divinos habían gobernado, y que había estado embalsamada por los efluvios espirituales que emanaban de los Santos Seres, fue presa de los Señores de la Faz Oscura, y el Emperador Oscuro, el famoso Hiranyakha, fue entronizado en el sitio en donde la Buena Ley había sido procla­mada. Se hallo a la Cueva de la Iniciación convertida en un montón de ruinas; a las grandes columnas de la entrada divididas en dos partes, y la bóveda hecha pedazos. Pero en el Templo de Oro, en donde había oficiado un Sacerdocio divino, la sangre de inocentes animales fluyo en inmundas corrientes, y allí donde el Disco del Sol había brillado, las grandes estatuas de los magos negros proyectaron su siniestra mirada.

Al fin la copa del mal se lleno. Unos 50.000 años habían pasado desde la profanación del Templo de Oro. La hechicería había sentado sus reales por doquier, y la etapa mas inferior de materialidad había sido alcanzada. Habla llegado el momento en que la tierra debía ser aligerada de la carga de crueldad, lujuria y opresión bajo la cual estaba sumida.

Los Dragones de Sabiduría vieron que habían llegado los tiem­pos, y que las fuerzas de la naturaleza debían ser dirigidas contra "la oscura casta de los hechiceros". Con este objeto se circularon desde Shambhallah las ordenes oportunas, así para llevar a cabo la sumersión de esta tierra profanada hasta lo indecible, como para salvar a los que quisieran obedecer la intimación de abandonarla, puesto que estaba condenada a perecer. Acerca de este punto dice el Comentario: "Y el gran Rey de la Brillante Faz, el Jefe de todos los de la faz amarilla, se entristeció, al ver los pecados de los de la faz negra. Así, pues, mando sus vehículos aéreos a todos sus jefes hermanos con hombres piadosos que los tripulaban, diciendo: Preparaos. Levantaos vosotros, hombres de la Buena Ley, y cruzad la tierra mientras este seta. Los Señores de la Tem­pestad se aproximan. Sus carros se hallan próximos a la tierra. Solo una noche y dos días mas deben vivir los Señores de la Faz Oscura sobre esta paciente tierra. Ella esta condenada a perecer, y ellos deben sumergirse con ella. Los Señores inferiores de los Fuegos están preparando sus mágicas armas. Pero los Señores de Mirada Tenebrosa son mas fuertes que ellos, y estos últimos son sus esclavos. Ellos son hábiles en el ejercicio de las armas. Venid y emplead las vuestras. Que los Señores de la Faz Brillante hagan que los vehículos aéreos de los Señores de la Faz Oscura pasen a sus manos, a fin de que ninguno de ellos pueda por su medio escapar a las aguas, evitar el castigo de los Cuatro, y salvar a sus perversos secuaces. Que los de Faz Amarilla suman en el sueño a todos los de Faz Negra. Que asimismo se les evite todo dolor y sufrimiento. Que los hombres adictos a los Dioses Solares impidan que los que se hallan bajo el imperio de los Dioses Lunares, sufran o escapen a su destino. Y que los de Faz Amarilla den su agua de vida a los animales parlantes de los de Faz Negra para que no despierten a sus amos. La hora ha sonado; la negra noche se acerca ... Que su destino se cumpla. Nosotros somos los servidores de los grandes Cuatro. Que vuel­van los Reyes de Luz... Llovieron estrellas (meteoros) sobre las tierras de las Fases Negras; pero ellos dormían. Las bestias par­lantes permanecían tranquilas. Los Señores inferiores esperaban ordenes, pero estas no llegaron porque sus amos dormían. Las aguas se elevaron y cubrieron los valles desde uno a otro extremo de la tierra. Las tierras elevadas permanecieron en pie; la parte baja de la tierra continuo seca. Allí moraban los que escaparon a la catástrofe; los hombres de Faz Amarilla y de corazón puro. Cuando los Señores de la Faz Oscura despertaron y buscaron sus vehículos aéreos para escapar de las aguas, no los encontraron"[49] .

Este es un fragmento de la historia tal como se cuenta en el Comentario. Los "animales parlantes" son los monstruos antes mencionados, y el "agua de vida" es la sangre. Los hombres de la Buena Ley escaparon al desastre que amagaba, y entonces la tem­pestad estallo. Furiosas ráfagas de un viento impetuoso convir­tieron las aguas del océano en elevadas montañas; convulsiones subterráneas precipitaban inmensas olas sobre la tierra que crujía; lluvias torrenciales sumergieron los valles y cañadas convirtiendo los ríos en cataratas; los montes y cerros, sacudidos y cuarteados por los terremotos, eran lanzados por los aires, y caían en avalan­chas de fragmentos sobre la llanura. Parecía que la tierra se dividía y desgarraba sacudida por los choques de las rugientes olas, por el furioso ímpetu de los desbordados ríos, y por el ensordecedor estruendo de las aguas mezclado con los gritos de los hombres y los aullidos de los animales que se ahogaban. De este modo feneció la gloria de los Atlantes, sepultada debajo de las aguas, dejando el recuerdo de un diluvio que se exagero en la literatura de las naciones, y dando lugar a muchas leyendas y poesías en tiempos posteriores. De este modo fue la tierra aligerada de su pesada carga, y el Negro Arte recibió un golpe del que jamás se ha repuesto. Y los mismos Asuras recibieron una lección que labro su redención, y los condujo gradualmente hacia un progreso estable y seguro. La cuarta subraza, la Turania, no debe interesarnos mucho.

Sus individuos eran preeminentemente los Rakshasas, gigantes de un tipo brutal y feroz, y sus guerras con la joven quinta Raza ocupan bastante lugar en la historia de la India. Como hemos visto, de la quinta subraza, la Semítica, procedieron las semillas de la quinta Raza. Sus individuos eran un pueblo de carácter turbulento y guerrero y una rama de una de sus familias, elegida por el Manu Vaivasvata para semilla de la quinta Raza, y recha­zada después porque carecía de plasticidad, es la muy lejana antecesora del pueblo judío.

La sexta rubraza, la Akkadia, nació después de la catástrofe que destruyo las dos terceras partes de la subraza Tolteca, diri­giéndose la tercera parte que sobrevivió hacia el norte y mezclán­dose mas adelante con la naciente quinta Raza. Los pelasgos descienden de esta sexta subraza, con alguna mezcla de la sangre de la séptima subraza. Los etruscos y cartagineses se derivan de la misma raíz, así como también los escitas.

La séptima subraza, la Mongolia, se desarrollo de la Turania, la cuarta subraza y de ellas descienden los chinos del interior, no los del litoral; los malayos, tibetanos, hungaros, finlandeses y esquimales. Algunos de sus retoños se mezclaron con los toltecas en Norteamérica, y así los pieles rojas tienen alguna sangre Mongolia. Los japoneses son uno de sus últimos retoños. Una gran parte de esta subraza se dirigió hacia occidente, estableciéndose en el Asia Menor, Grecia y comarcas contiguas. Allí se hermoseo debido a la mezcla de la sangre de la quinta Raza, de la segunda subraza de la quinta, y dio nacimiento a los antiguos griegos y fenicios.

Después de la desaparición de Poseidonis, la postración y decaimiento de las dispersas tribus Atlantes fue rápida, aunque los Atlantes del este de Asia se conservaron incólumes. Los polinesios, samoanos y tongas son reliquias sobrevivientes. Algu­nas de estas tribus se degradaron hasta el punto de mezclarse con las híbridas criaturas que fueron el producto del pecado de los sin mente. Otras se mezclaron con los degradados restos de la séptima subraza de los Lemures, y los Veddas de Ceilan son los descendientes de semejantes enlaces, del mismo modo que lo son los hombres velludos de Borneo, los isleños de Andaman, los bosquimanos, y algunos aborígenes australianos. La mayor parte de los habitantes de la tierra pertenecen todavía a la cuarta Raza, pero los únicos que al parecer tienen algún porvenir ante si, son los japoneses, y quizás los chinos. Dirijámonos ahora hacia el norte, hacia la Tierra Sagrada, y veamos a nuestro Manu, al santo Vaivasvata, desenvolviendo con una paciencia infinita a Su Raza elegida. Edades tras edades trabaja El allí; El y Su hueste de cooperadores, formando el núcleo de la futura humanidad, combatiendo lo que es malo, estimulando lo que es bueno, alentando, advirtiendo, persuadien­do, corrigiendo. Allí el quinto sentido es añadido a los otros cuatro, y el hombre es formado tal como lo conocemos ahora. Allí El dirige el renacimiento de los grandes Asuras, y les enseña a emplear sus poderes para mas nobles fines. Allí El atrae a las mas brillantes inteligencias, a los caracteres mas puros, para que renazcan en las formas que El desarrolla. Y allí moran estas inteligencias bajo la protección de la Estrella Polar, lejos de los tumultos y convulsiones de la tierra, modelándose gradualmente en un nuevo y mas perfecto tipo. Mientras tanto la superficie del globo sufre múltiples trans­formaciones con respecto a sus tierras y mares. El nuevo con­tinente Krauncha, Europa, Asia, África, América y Australia actua­les no ha nacido todavía. Con grandes dificultades aparecen una porción después de otra, en tanto que otras porciones se sumergen, hasta que la gran convulsión de hace 200.000 años deja a Poseidonis sola en medio del Atlántico, y a la configuración de los grandes continentes casi tal como es hoy dia. Este quinto "continente" -incluyendo este termino toda la superficie de la tierra preparada para una Raza Raíz- perecerá en el decurso de las edades debido a los terremotos y fuegos volcánicos, casi del mismo modo que pereció la Lemuria en los antiguos tiempos. El mundo es destruido por turno unas veces por el fuego y otras por el agua, y nuestro mundo perecerá por el fuego, como le sucedió a la Lemuria. La quinta Raza se desarrollo bajo la protección de Buddha -Mercurio- pues el desenvolvimiento de la mente era su prin­cipal objetivo, y así el planeta del conocimiento derramo sus benéficos efluvios sobre ella a la hora de su nacimiento. De aquí que, en los relatos Puranicos, se diga que Buddha es el hijo de Indu, siendo Indu, la Luna, el Señor de la cuarta Raza, el proge­nitor, y Buddha, el Señor de la quinta Raza, la progenie.

Cuando el Manu hubo formado el tipo de Su Raza, la condujo hacia el Asia Central, y allí se estableció por un largo periodo de tiempo, y allí se fijo la residencia de la Raza, de donde debían surgir sus diversos brotes.

Entonces tuvo lugar la primera gran emigración, hace de ello quizás unos 850.000 años. La primera subraza llamada a menudo la Aria, aunque este nombre abarca a toda la quinta Raza- fue conducida hacia el sud, a través del gran cinturón de los Hima­layas, y se estableció en la India del norte, en Aryavarta. A su cabeza estaban los "siete Rishis"; Marichi, Atri, Pulastya, Pulaha (Kavi?), Angiras (Kratn?, Kardama), y Daksha -variando estos nombres en los distintos catálogos- los cuales habían durante largo tiempo dirigido su evolución. En el Manusmriti vemos estos nombres tales como acabamos de darlos, excepto que Daksha es llamado Prachetas. Con estos se hallaban además otros tres, completando así los "diez Rishis", Vashishtha, Bhrigu y Narada. Estos Rishis condujeron a la primera subraza hacia la India, dividida ya en cuatro castas por el Manu, habiendo los Pitris. Barhishad -como hemos visto al estudiar la evolución física­ prestado su concurso para la formación del tipo del cuerpo sutil para cada casta. No disponemos de tiempo aquí para trazar la dilatada historia de esta gran subraza; por otra parte, ella nos es mas o menos familiar a todos. Bajo la dirección de sus Reyes divinos peleo contra los pueblos que ocupaban las tierras de donde procedía; contra los Titanes que quedaban de la tercera Raza, y contra los Daityas y Rakshasas de la cuarta. ¡Quien no conoce la historia de Ramachandra peleando contra los Rakshasas bajo las ordenes de su gran Rey Ravana, y extendiendo Su imperio desde los Himalayas pasta el mar del sud? Debe bastarnos el recordar que estos Arios recibieron directamente el Zodiaco de manos de los Hijos de voluntad y de yoga, quienes vivieron entre ellos como Instructores -de "Las Serpientes que volvieron a descender, que hicieron la paz con la quinta, y que la enseñaron e instru­yeron"[50], se nos dice- que trajeron consigo del Asia Central el lenguaje senzar, la "lengua sacerdotal secreta", el verdadero "len­guaje de los Dioses", del cual se derivo el sánscrito, la lengua del misterio de los Iniciados todavía, y que de entre ellos sur­gieron los veinticuatro Buddhas, todavía reverenciados entre los Jainas como los veinticuatro Tirthamkaras. La segunda subraza de la quinta Raza, la Ario-Semítica, emi­gro desde el Asia Central hacia el occidente; pobló el Afghanistan, paso a lo largo del Oxus, y, cruzando el Eufrates, penetro en la Arabia y la Siria. Esta subraza, deteniéndose a lo largo de esta marcha, arianizó un gran numero de tribus turanias y akkadias, y los grandes Imperios de Asiria y Babilonia surgieron como re­sultado de sus energías. Como ya se ha dicho, los fenicios, los últimos egipcios y los antiguos griegos procedieron de su unión con la séptima subraza Atlante. "Las ultimas siete dinastías de que se habla en los anales egipcios y caldeos", dice H. P. B., pertenecen a la quinta Raza [51]. Algunos brotes de esta Raza se dirigieron hacia el oriente, y mezclándose con la subraza Mongolia que habitaba a lo largo del litoral de la China, dio nacimiento .a los chinos de las costas, así como a la familia que actualmente se sienta en el Trono del Dragón de China.

La tercera subraza, la Irania, se dirigió, siguiendo las huellas de la segunda, y guiada por Zarathustra, hacia el norte y oriente, pero en su mayor parte se estableció en el Afghanistan y Persia, viviendo el gran Profeta en este ultimo pass. Algunos de sus brotes llegaron hasta la Arabia, y luego penetraron en Egipto, mezclándose allí con los egipcios atlantes.

Estas dos ultimas subrazas atrajeron a la población de la cuarta Raza al culto de Surya, el Sol, a cuyos sacerdotes se les daba el nombre de Magas. Estos Magas pretendían proceder de Shakudvipa, o Shvetadvipa, la Isla Blanca, y esta pretensión estaba bastante bien fundada, teniendo en cuenta su remoto origen, pues toda verdadera doctrina procedió de los Moradores de esta Tierra Bendita, ya sea que este nombre se emplease para significar la Imperecedera Tierra Sagrada, o en sustitución del de Ciudad Santa, Shamballah, situada en el Desierto de Gobi. Dirigidos por los Instructores de la segunda subraza, estos Impe­rios abrazaron el Sabeísmo, el culto de los Seres que gobiernan las esferas celestes, los "Ángeles de las Estrellas", y el culto caldeo rayo a las mayores alturas de sabiduría y pureza, pues los Magos ,caldeos eran astrónomos y astrólogos que estaban profundamente versados en la ciencia de los cuerpos celestes, y ellos eran quienes dirigían el Estado por medio de instrucciones basadas en el estudio de las estrellas. En los tiempos de la tercera subraza, dirigida por sus Instructores, a cuya cabeza se hallaba el primer Zara­thushtra -cuyo nombre paso desde uno a otro Instructor hasta el numero de catorce- fue prohibido el culto de los Ángeles de las Estrellas a consecuencia de los abusos que se cometian, y se dio al Fuego como a único símbolo permisible de la Deidad. Los sabios de Persia, llamados también frecuentemente Magos, eran mas partidarios de la química que de la astronomía, y esto era debido en parte a la gran importancia que la primera tiene por lo que a la agricultura se refiere, a la cual la subraza Irania se dedicaba preferentemente. Esta preferencia por la química les condujo a un gran desarrollo de la alquimia, y muchas huellas de su poder pueden encontrarse en Egipto con respecto a la misma.

La cuarta subraza, Ia Celtica, emigró, dirigida por Orfeo, hacia occidente, pasando mas allá de los limites de sus predecesoras. Primero pobló la Grecia con los últimos griegos; luego se esparció por Italia y hacia el norte de Francia, y mas todavía hacia el norte, penetro en las antiguas tierras Atlantes de Irlanda y Es­cocia, poblando, además, la mas joven tierra de Inglaterra. Es interesante observar de que modo la familiar simbología del Dra­gón y de la Serpiente, como nombres aplicados a los Iniciados elevados, aparecen entre todos estos pueblos tan estrechamente relacionados. Los Hierofantes de Babilonia y Egipto, los druidas, los fenicios, todos son hijos del Dragón o Serpientes. Este símbolo procedió de los Atlantes, y hasta de los Lemures, y así paso sucesivamente a la quinta Raza. En México, y esparcido por América se presenta a cada paso como uno de los símbolos univer­sales perteneciente a los primitivos Instructores de la humanidad.

La quinta subraza, la Teutonica, emigro también hacia occi­dente, poblando toda la Europa Central, y actualmente se esta esparciendo por el mundo. Ha poblado la mayor parte de la América del Norte, expulsando al antiguo tronco Atlante. Se ha posesionado de Australia y de Nueva Zelanda, los restos de la todavía mas antigua Lemuria, y las pobres reliquias de esta decadente Raza se van extinguiendo ante ella. Alta pasea su orgu­llosa cabeza sobre las comarcas del globo, destinada a constituir un vasto Imperio, y a dirigir los destinos de la civilización. Sin embargo, también fenecerá a medida que se vayan sucediendo las edades, y Krauncha seguirá a Plaksha, Shalmali y Kusha. Entonces debe alzarse Shaka como continente de la sexta Raza Raíz, surgiendo del punto en donde se halla actualmente la América del Norte, pues la mayor parte de esta tierra había sido previamente cuarteada por los terremotos y fuegos volcánicos. Shaka fenecerá a su vez sumergido por las olas, como lo fue Kusha; y Pushkara, el séptimo continente, surgirá y florecerá, siendo su centro cerca del punto en donde ahora se halla enclavada la América del Sud. Entonces llegará el fin de nuestro globo, la conclusión de su larga y extraordinaria historia, sumer­giéndose en un sueño tranquilo, después de su dilatado dia de labor y vigilia. Pues los mundos fenecen; una Ronda se sucede a otra Ronda, una Cadena sigue a otra Cadena; pero el Espíritu eterno que ahora se reviste de cuerpos humanos, el, el solo per­siste, y el persiste eternamente.

 

INDICE                                                                                         Pag

Prefacio ................................................................................... 1

La Genealogía Espiritual ............................................................ 1

La Genealogía Física ............................................................... 10

La Genealogía Intelectual ......................................................... 23

Las Razas Humanas ................................................................ 32

 

Este libro llegó a nosotros gratuitamente, de la misma forma , nosotros lo  distribuímos. La verdad y la cultura es para todos . Bendiciones.

 

 

  1. pleyades-com.org

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 

 

[1] Teniendo esto en cuenta, las referencias a la Doctrina Secreta solo se citan cuando hay algún motivo especial para ello. En realidad puede decirse que todas estas conferencias se refieren constantemente a dicha obra.

 

[2] Doctrina Secreta l,  2o3 - 2o4

[3] Doctrina Secreta, II, 72 Y nota

[4] Una porción de Mi mismo, un ser viviente. Bhagavad Gita, XV, 7

[5] Doctrina Secreta, 1, 221, nota.

[6]  Catecismo Oculto, citado en la Doctrina Secreta, I, 145.

 

[7]  Doctrina Secreta, I, 285.

 

[8] Doctrina Secreta, I, 286

[9] Doctrina Secreta, I, 285-2, Ibid.-285.

[10] Hebreos, V, 8, 9.

 

[11] Doctrina Secreta, I, 195.

 

[12] Aitareyaranyaka, II, Ill. 2.

 

 

[13] Comentario citado en la D. S., II, 236

[14] Comentario citado en la D. S., II, 6.

 

[15] Stanzas, D. S., II, 17, 18.

 

[16] Stanzas, D. S., II, 18.

 

[17] Stanzas, D. S., II, 18.

[18] Stanzas,  D. S., II, 20.

[19] Stanzas, D. S., II, 19.

 

[20] Comentario, D. S., II, 419.

 

[21] Comentario, D. S., II, 343, 344.

[22] D. S., ll, 193, citado del Vayu Purana

 

[23] Comentario, D. S., 11, 96.

 

[24] Catecismo, D. S., ll, 60.

 

[25] Stanzas, D. S., ll, 19.

 

[26] Stanzas de Dzyan, D. S., l, 64

[27] D. S., ll, 445.

[28] D. S., l, 224.

[29] D. S., ll, 94.

 

[30] D. S., 1, 210.

 

[31] D. S., ll 181.

 

[32] D.S., ll, 181.

[33] Stanzas, D. S., II, 21.

 

[34] D. S., ll, 220.

 

[35] Stanzas, D.S., 1, 60

 

[36] D. S., ll, 44l, nota.

 

[37] D. S., ll, l83.

 

[38] D. S., ll, 288.

 

[39] D. S., ll, 380.

 

[40] D. S., l, 26.

 

[41] Génesis, v. 2.

[42] Stanzas, D. S., II, 22

[43] D. S., II, 218.

 

[44] Stanzas, D. S., II, 23.

 

[45] D. S, II, 353, 355

[46] En la interesante Historia de los Atlantes, por W. Scott Elliot, se hallaran muchos detalles referentes a este punto

[47] Veintisiete pies. - N. T.

[48] Stanzas, D. S., II, 23-24.

[49] Comentario, D. S., II, 445-446

[50] Stanzas, D. S., II, 24.

 

[51] D. S., II, 447