El secreto de los secretos. Osho

 OSHO

EL SECRETO de los SECRETOS

 

Charlas sobre

el Secreto de la Flor Dorada

Título original: The Secret of Secrets

Índice

 

Introducción                                                                                                 2

 

  1. El secreto de la magia de la vida                                                3
  2. Ojos vacíos                                                                               20
  3. El momento atómico                                                                 34
  4. ¡No hablo por hablar!                                                                51
  5. Volver a ser uno                                                                       66
  6. Nacido con alegría                                                                             81
  7. Hacer girar la llave                                                                             97
  8. Lo real es para siempre                                                           114
  9. Montado en un milagro                                                           130
  10. La síntesis de Zorba y Buda                                                    146
  11. La totalidad y el círculo sagrado                                                       160
  12. Crear un equilibrio                                                                           178
  13. Un corazón que escucha                                                         194
  14. El Nuevo Hombre                                                                    210
  15. Más allá de la indolencia y la distracción                                 224
  16. En el lago del vacío                                                                 240
  17. Un poco de cielo                                                                     255
  18. El amor es el único amigo                                                       274
  19. La Flor Dorada se está abriendo                                              289
  20. Las palabras no pueden contenerlo                                         305
  21. El espíritu vuelve y toca el cielo                                                        321
  22. La soledad es suprema                                                           336
  23. La luna recoge las diez mil aguas                                            352
  24. Me molas, tío                                                                          370
  25. Con el vacío, se resuelve la cuestión                                       385
  26. Debido al amor, estamos juntos                                              402
  27. La contemplación del vacío                                                     418
  28. El Tao ya está sucediendo                                                      434
  29. Donde se unen lo positivo y lo negativo                                  448
  30. Este mundo mismo, el paraíso                                                 464
  31. La dimensión festiva                                                              477

 

Acerca de Osho                                                                                493

 

Introducción

 

¿Revelaré el secreto de los secretos justo al principio de este libro? ¿Te lo contaré ahora, incluso antes de haber empezado?

Muy bien, aquí está: el secreto de los secretos no se encuentra en las palabras escritas en estas páginas ni en la hermosa técnica de meditación que Osho ofrece en una de estas charlas.

No, amigo mío; siento tener que decirte que un secreto tan profundo no puede descubrirse tan fácilmente; de otro modo, este pobre mundo nuestro ya se habría convertido en un paraíso.

Sin embargo, el secreto de los secretos puede ser tuyo. Porque es posible que, mientras lees este libro, de pronto sientas que te escurres entre las palabras, que caes en huecos secretos y desapareces en un espacio dulce y medio olvidado que hay dentro de ti y que apenas te atreves a creer que existe.

Sí, Osho tiene la facultad de hacer esto, esa delicada facultad de una rosa mística, la facultad de llevarte a lo profundo de ti mismo e introducirte en tu propio ser, devolviéndote a ti mismo... Un regalo inconmensurable.

Y esto no son meramente buenos deseos. Es mi experiencia personal. Éste es el misterio y la magia. Éste es el secreto de los secretos.

Lo único que se necesita por tu parte es un poco de apertura, un poco de receptividad y un poco de inocencia... Y, ya ves..., este viaje ha comenzado.

Con gran gratitud y amor sincero,

 

Anand Subhuti

Capítulo 1

El secreto de la magia de la vida

 

Osho, el Maestro Lu-Tsu dijo:

A lo que existe por sí mismo se le llama el Camino, Tao. El Tao no tiene nombre ni forma. Es la esencia única, el espíritu primordial único. La esencia y la vida no pueden verse. Están contenidas en la luz del cielo. La luz del cielo no puede verse. Está contenida en los dos ojos.

 

El Gran Uno es el término otorgado a lo que no tiene nada por encima de sí. El secreto de la magia de la vida consiste en usar la acción para alcanzar la no-acción.

 

La Flor Dorada es la luz. Se usa la Flor Dorada como símbolo. La frase «El rastro de la región del agua tiene solo un sabor» se refiere a ella.

 

El trabajo relacionado con la circulación de la luz depende enteramente del movimiento que fluye hacia atrás, a fin de que los pensamientos converjan. El corazón celestial yace entre el sol y la luna.

 

El Libro del castillo amarillo dice: «En el ámbito de un centímetro cuadrado de la casa de un metro cuadrado, se puede regular la vida.» En medio del metro cuadrado reside el esplendor. En la sala púrpura de la ciudad de jade reside el Dios del Vacío Supremo y la Vida. Por tanto, cuando circula la luz, las energías de todo el cuerpo aparecen ante su trono, igual que, cuando un rey sagrado ha establecido la capital y ha dictado las reglas fundamentales del orden, los sirvientes y las criadas obedecen sus órdenes por voluntad propia, y todos hacen su trabajo.

 

Por tanto, solo tienes que hacer que circule la luz; ése es el secreto más profundo y más maravilloso. La luz es fácil de mover, pero difícil de fijar Si se hace que circule el tiempo suficiente, se cristaliza. Es la condición de la que se dice: «Vuelas hacia arriba silenciosamente por la mañana.»

 

Al poner en práctica este principio fundamental, no necesitas buscar otros métodos, sino que simplemente debes concentrar tus pensamientos en él. Recogiendo así los pensamientos, uno puede volar y nacerá en el cielo.

 

La Flor Dorada es el Elixir de la Vida, Aunque actúa con mucha precisión, es tan fluida que requiere una inteligencia y una claridad supremas, así como la absorción y tranquilidad más completas. Las personas sin este grado más alto de inteligencia y entendimiento no encuentran el camino; las personas sin esta capacidad suprema para la absorción y la tranquilidad no pueden adherirse a ella rápidamente.

 

El secreto de la magia de la vida

Una parábola.

 

HABÍA UN MAGO MUY RICO que tenía muchísimas ovejas. Pero al mismo tiempo este mago era muy tacaño. No quería contratar pastores ni tampoco construir una cerca en torno a los pastos en los que pacían sus ovejas. En consecuencia, las ovejas a menudo entraban en el bosque, se caían por barrancos y así sucesivamente, y sobre todo se escapaban, porque sabían que el mago quería su carne y sus pieles, y eso no les gustaba.

El mago al fin encontró un remedio. Hipnotizó a sus ovejas y les sugirió, para empezar, que eran inmortales y que no se les hacía ningún daño cuando se las desollaba, sino que, por el contrario, eso era muy bueno para ellas e incluso agradable.

En segundo lugar les sugirió que el mago era un buen amo que amaba a su rebaño tanto que estaba dispuesto a hacer cualquier cosa por él. Y en tercer lugar les sugirió que si les iba a pasar algo, no iba a suceder entonces; en cualquier caso, no en ese día, y, por tanto, no necesitaban pensar en ello.

Además, el mago sugirió a sus ovejas que no eran ovejas en absoluto. A algunas de ellas les sugirió que eran leones, a otras que eran águilas, a otras que eran hombres y a otras que eran magos.

Y después de esto se acabaron todas sus preocupaciones concernientes a las ovejas. Nunca volvieron a escaparse, sino que esperaban calladamente el momento en que el mago requería su carne y sus pieles.

 

A George Gurdjieff le encantaba esta parábola. Toda su filosofía está contenida en esta pequeña parábola. Y esta parábola representa al hombre en el estado de inconsciencia corriente. Es una de las ilustraciones más bellas del hombre tal como es: el hombre es una máquina.

El hombre no ha nacido para ser una máquina, pero el hombre vive como una máquina y muere como una máquina. El hombre tiene la semilla de un gran florecimiento de la conciencia; el hombre tiene la posibilidad de convertirse en Dios. Pero no sucede. No sucede porque el hombre ha sido hipnotizado... por la sociedad, por el estado, por la iglesia organizada, por los intereses creados. La sociedad necesita vuestra carne y vuestras pieles, y naturalmente eso no le gusta a nadie. Así, pues, todo el proceso de socialización, de civilización, no es otra cosa que una hipnosis profunda.

El hombre está siendo hipnotizado desde el momento mismo en que nace. Está siendo hipnotizado: que la sociedad existe en su favor, por su bien. Eso es totalmente incorrecto. Está siendo hipnotizado: que es inmortal. No lo es. Puede serlo, pero no lo es. Y si la hipnosis persiste, el hombre nunca será inmortal.

Solo vives como ser mortal porque vives en el cuerpo. El cuerpo va a morir. Lo que nace tiene que morir; el nacimiento es el comienzo del cuerpo y la muerte, el fin. ¿Conoces algo más en ti que el cuerpo? ¿Has experimentado algo más elevado que el cuerpo, más profundo que el cuerpo? ¿Has visto algo en ti que ya existiese antes de que nacieras? Si has visto eso, entonces eres inmortal. Si conoces tu rostro, tu rostro original, el rostro que tenías antes de nacer, entonces sabes que también seguirás existiendo después de la muerte; si no, no.

El hombre puede ser inmortal, pero el hombre vive rodeado de muerte porque vive identificado con el cuerpo. La sociedad no te permite que conozcas más que el cuerpo. A la sociedad solo le interesa tu cuerpo; a tu cuerpo se le puede sacar partido; tu alma es peligrosa. Un hombre con alma siempre es peligroso, porque un hombre con alma es un hombre libre, no puede ser hecho esclavo. Un hombre que tiene un alma inmortal tiene un compromiso más hondo con la existencia misma, con Dios mismo. No le importan en absoluto las estructuras artificiales de la sociedad, la civilización y la cultura; esas cosas son cárceles para él. No existe como cristiano o hindú o mahometano. No puede formar parte de una multitud. Existe como individuo.

El cuerpo forma parte de una multitud, pero tu alma no. Tu alma es profundamente individual. Su sabor es el de la libertad. Pero a tu alma no se le puede sacar partido en el mercado. La sociedad solo necesita tu cuerpo. Y para la sociedad es muy peligroso que empieces a poner empeño en tu alma, porque entonces cambias de interés. De ser extrovertido pasas a ser introvertido; empiezas a ir hacia dentro. La sociedad está fuera, la sociedad quiere que sigas siendo extrovertido —interesado en el dinero, el poder, el prestigio y todo eso— para que tu energía siga yendo hacia fuera. Si empiezas a ir hacia dentro, eso significa que te has vuelto un marginado, que ya no formas parte del juego que se juega en el exterior. Ya no le perteneces. Empiezas a sumergirte en lo profundo de tu propio ser. Y ahí está la fuente de la inmortalidad.

La sociedad impide que vayas hacia dentro. Y la mejor manera de hacerlo es darte la idea falsa de que estás yendo hacia dentro. El mago les dijo a las ovejas que eran leones, les sugirió que eran inmortales, las hipnotizó para que creyeran que no solo eran hombres, sino grandes magos.

Cuando vas a la iglesia no estás yendo hacia dentro; cuando vas al templo no estás yendo hacia dentro. Pero la sociedad te ha hipnotizado para que creas que si quieres ir hacia dentro tienes que ir a la iglesia. Pero la iglesia está tan fuera como todo lo demás. La sociedad te ha hipnotizado para que creas que si quieres ir hacia dentro tienes que ir al sacerdote. Y el sacerdote es un agente del estado y la sociedad. El sacerdote siempre ha estado en contra de los místicos, porque si vas a un místico empezarás a ir hacia dentro.

Un místico vive de una manera totalmente diferente. Su energía tiene una gestalt distinta: su río va hacia dentro. De modo que alguien que va a un místico y se armoniza con el místico, comenzará a ir hacia dentro de forma natural, sencilla, espontánea. Ése es todo el propósito de estar con un maestro, con un místico.

Este libro. El secreto de la Flor Dorada, es uno de los tratados más esotéricos del mundo. Te mostrará el camino para llegar a ser más que el cuerpo. Te mostrará la forma de ir más allá de la muerte. Te mostrará el camino para florecer, cómo no seguir siendo una semilla, sino convertirte en una flor dorada; lo que en India hemos llamado el loto de mil pétalos, en China lo llaman la flor dorada. Es un símbolo.

La flor representa la perfección, la totalidad. La flor representa la expresión primordial del potencial, la actualización del potencial. La flor representa la belleza, la grandeza, el esplendor de ser. Y a menos que te hayas vuelto un loto de mil pétalos o una flor dorada...

Recuerda, tienes que llegar lejos. Recuerda, tienes que salirte de las trampas que la sociedad ha puesto a tu alrededor. Recuerda que aún no has hecho el trabajo para el que has venido a la Tierra. Recuerda que eres solo una semilla, que aún no eres un alma.

Este tratado. El secreto de la Flor Dorada, es muy antiguo, posiblemente uno de los tratados más antiguos del mundo; con certeza, veinticinco siglos de antigüedad, aunque es muy posible que sea aún más antiguo. Pero se le puede seguir el rastro veinticinco siglos con mucha facilidad. Y este tratado es también una gran síntesis de todas las grandes religiones. Eso es excepcional, único. La Biblia pertenece a los cristianos, el Talmud pertenece a los judíos, los Vedas pertenecen a los hindúes, el Dhammapada pertenece a los budistas, el Tao Te Ching pertenece a los taoístas. Pero este pequeño libro, El secreto de la Flor Dorada, no le pertenece a nadie en particular, o les pertenece a todos.

Está hondamente basado en las enseñanzas taoístas; es un florecimiento del enfoque taoísta de la vida y la existencia. Pero no es solo eso: Zaratustra también ha tenido su papel; se han incorporado en él las enseñanzas de Zaratustra. También se han incorporado en él las enseñanzas budistas, y una cierta escuela esotérica de los cristianos, los nestorianos, también han tenido su papel. De manera que también el cristianismo y el judaísmo se han vuelto parte de él.

Es uno de los enfoques más sintéticos. Combina todo lo que es bello en todas las tradiciones del mundo. Durante siglos, solo se transmitió oralmente y el libro permaneció esotérico. No estaba disponible al público porque enseñaba algo muy secreto; solo estaba disponible a los discípulos. El maestro se lo decía al discípulo tan solo cuando consideraba que había llegado el momento, porque te ofrece un secreto tan potencial que si no lo comprendes correctamente, si haces algo erróneo con él, con seguridad se producirán efectos dañinos. Hay que comprenderlo correctamente, y solo se debe poner en práctica en presencia de un maestro. Es un método poderoso; es tan poderoso como la energía atómica.

Los secretos de la energía atómica permanecen ocultos al gran público. Si empiezan a filtrarse al público, habrá un gran peligro. Si la gente puede elaborar bombas atómicas en privado, se producirá un gran caos. La investigación atómica se mantiene rodeada de un gran secreto. Exactamente de la misma forma, este libro te enseña uno de los métodos más potenciales de explosión interna. Durante siglos se guardaron los secretos; solo se ofrecían a los discípulos en privado, en la intimidad, y las personas que seguían esta particular escuela esotérica resistieron todas las tentaciones de escribir el libro. De hecho, todas las religiones del mundo se han resistido durante mucho tiempo a escribir sus enseñanzas espirituales.

Tiene una cierta belleza que algo sea transferido oralmente. Para empezar, está vivo; el maestro está tras ello. No es palabra muerta; la palabra tiene alma, alas. La experiencia del maestro la sustenta; el maestro es su testigo. No es solo especulación, no es solo una filosofía, sino algo existencial, experimentado, vivido. Y el maestro ha recorrido el camino, conoce los peligros del camino, conoce los escollos, conoce los puntos en los que se pierde la gente, y pondrá todo su cuidado para que el discípulo no se descamine.

Cuanto más te acercas a la verdad, mayor es la posibilidad de que te descamines, porque cuando te acercas a la verdad, te vuelves muy egoísta. Piensas: «Ahora sé»; piensas: «Ahora soy.» Y si el ego saca provecho de la situación, volverás a caer a tu viejo valle oscuro, perderás la cima. Cuando te acercas a la verdad, surge un gran deseo de compartirla con la gente. Pero aún no la has alcanzado en su totalidad y es peligroso compartir verdades a medias, porque las verdades a medias son más peligrosas que las mentiras, ya que son poderosas. Las mentiras son impotentes. Tarde o temprano, la gente descubrirá por sí misma que es una mentira. Pero una verdad a medias puede persistir durante siglos, puede tener efectos durante siglos.

Nadie puede llegar con una verdad a medias. Y la persona que recorra tan solo la mitad del camino no pertenecerá ni a este mundo ni al otro. Estará en un limbo, y esa es una situación muy extraña: pierdes lo viejo y no ganas lo nuevo; te vuelves un caos. El orden antiguo se ha ido y el nuevo no ha sucedido. Te vuelves una nube, te vuelves confusión. En vez de volverte más claro, en vez de estar más vivo, en vez de llenarte más de luz, tu vida se convierte en un conflicto entre dos polaridades. Estás dividido, empiezas a estar hecho pedazos. La mitad de ti pertenece a la tierra y la otra mitad pertenece al cielo. No estás en ninguna parte. No eres nadie. Esto puede crear locura. De modo que, durante siglos, El secreto de la Flor Dorada solo se transmitió oralmente.

En segundo lugar, con la tradición oral el libro permanece siempre vivo. Así es como se convirtió en una síntesis. Básicamente, nació en el ambiente taoísta de China. Pero luego Bodhidharma llegó a China... Un nuevo maestro con un mensaje nuevo desde India, el mensaje de Buda. Y las personas que seguían El secreto de la Flor Dorada eran personas muy abiertas; no formaban parte de ninguna iglesia establecida. Vieron inmediatamente que Bodhidharma también lo había alcanzado; era muy palpable, muy obvio. Permitieron que las enseñanzas de Bodhidharma formaran parte de su enseñanza. Y lo mismo sucedió con los maestros zoroastristas, con los cristianos nestorianos: una y otra vez, algo llegaba a China, y si merecía la pena, era incorporado.

Y la enseñanza oral permanece viva, creciendo, como un río. Llegan nuevas corrientes de agua y se vuelven parte de ella. Una vez que una enseñanza está escrita, ya no puede incorporar nada. Entonces se vuelve rígida, pierde fluidez; se vuelve muerta, es un cadáver. Ahora El secreto de la Flor Dorada no está creciendo; no ha crecido durante siglos. Desde que fue escrito, no ha crecido.

¿Por qué he elegido hablar de él? Para que aún pueda crecer. Es un mensaje tan hermoso para el mundo, que no debería morir. Me gustaría revivirlo. Y ahora puedo hablar a personas que son discípulos, que han venido a mí y que están dispuestas a morir para renacer, que están dispuestas a morir para florecer. La semilla tiene que morir, solo entonces puede crecer; la semilla tiene que desaparecer, solo entonces puede suceder el árbol.

Os hablaré de este pequeño pero inmensamente valioso libro para que el libro pueda volver a estar vivo. Puede volver a estar vivo entre tú y yo. Puede empezar a fluir de nuevo. Y tiene algo de inmensa importancia. Si lo comprendes y lo practicas, te beneficiarás.

Pero lo primero que hay que comprender es: recuerda que has sido hipnotizado y que tienes que pasar por un proceso de des-hipnotización. Recuerda que has sido condicionado y que tienes que ser des-condicionado. Recuerda que la muerte se está acercando. No pienses que no va a suceder hoy; puede suceder en cualquier momento.

De hecho, todo lo que sucede siempre sucede ahora. La semilla muere ahora, el capullo se convierte en flor ahora, el pájaro empieza a cantar su llamada ahora. Todo lo que sucede en algún momento sucede solo en el espacio que provee el ahora, este momento. Nunca sucede nada en el pasado y nunca sucede nada en el futuro. Todo lo que sucede siempre sucede en el presente; ésa es la única manera en que suceden las cosas, porque el presente es el único tiempo que existe.

El pasado es tan solo tu recuerdo y el futuro es tan solo tu imaginación. Pero has sido hipnotizado para vivir en el pasado y has sido hipnotizado para vivir en el futuro. Elige: o pasado o futuro. Pero ninguna sociedad te permite vivir en el presente.

Los cristianos, los hindúes y los mahometanos... te condicionan para que vivas en el pasado. Su edad de oro fue en el pasado. Los comunistas, los socialistas, los fascistas... te condicionan para que vivas en el futuro; su edad de oro es en el futuro. La utopía está llegando: cuando llegue la revolución, entonces podrás vivir de verdad, entonces será una edad de oro. Has tomado el pasado, que es falso, o el futuro, que también es falso. Ninguna sociedad te dice que vivas en el presente, en el aquí-ahora.

Ser un sannyasin, ser alguien que busca de verdad, significa vivir aquí-ahora..., y no existe otra vida. Pero para eso tendrás que des-automatizarte, tendrás que volverte un hombre y no una máquina. Tendrás que volverte un poco más consciente. No eres consciente.

 

Una vez, estaba sentado junto a un hombre moribundo; era un profesor en la misma universidad en la que yo era profesor. Estaba en la cima de su carrera y entonces tuvo un ataque al corazón..., que siempre llega cuando estás en la cima. El éxito siempre viene seguido de un ataque al corazón. ¿Qué más puede venir después? Así que tuvo un ataque al corazón y se estaba muriendo. Fui a verlo. Estaba muy triste —¿quién quiere morirse?— y sentía mucha desesperación y angustia. Le dije: «No necesitas preocuparte. No vas a morir.»

Él dijo: «¿Qué estás diciendo? Pero los médicos... Todos los médicos dicen que no tengo ninguna posibilidad de sobrevivir. ¿Por qué dices que no voy a morir?»

Le dije: «En primer lugar, no puedes morir porque nunca has vivido. No has cumplido el primer requisito para morir. Durante estos cincuenta y cinco años has estado como un sonámbulo; has estado soñando; no has vivido. Te he observado durante años.»

Se quedó pasmado. Se enfadó; se enfadó tanto que por un momento se olvidó completamente de la muerte. Tenía los ojos inflamados de rabia y dijo: «¿Es ésta la manera de tratar a un moribundo? ¿No puedes ser un poco amable? ¿Por qué eres tan duro conmigo? Me estoy muriendo y tú me vienes con semejante filosofía: "Nunca has vivido". ¿Es éste el momento de decir tales cosas?»

Le escuché en silencio. Me quedé completamente en silencio. Entonces la ira desapareció y empezó a llorar, y sus ojos se cubrieron de grandes lágrimas. Me tomó la mano con mucho amor y luego dijo: «Quizá tengas razón. Nunca he vivido. Puede que no estés siendo grosero, sino simplemente sincero. Y sé que nadie más me diría esto.» Y entonces, una gran gratitud; y por un momento se volvió tan consciente que se podía ver la luz en su rostro... Estaba allí; era todo aura. Y me dio las gracias. Esa noche murió. Permanecí con él hasta el último momento.

Y dijo: «Si no hubieras estado aquí, me habría perdido también mi muerte, igual que me he perdido mi vida. Pero estoy muriendo conscientemente. Al menos estoy contento con una cosa: no estoy muriéndome inconscientemente.»

Y su muerte fue hermosa. Murió sin ningún pesar, murió de una manera relajada. Su corazón casi le dio la bienvenida a la muerte. Murió lleno de gratitud. Murió piadosamente. Su próxima vida tendrá una cualidad diferente.

 

Si la muerte es tan hermosa, te trae una nueva vida.

Pero hay que vivir cada momento, ya sea de vida, de amor, de ira, de muerte. Sea lo que sea, hay que vivir cada momento tan conscientemente como sea posible.

 

Un campesino, llevado por su imaginación, se encontró en un huerto robando pepinos.

«Me llevaré este saco de pepinos», pensó, «y con el dinero que obtenga por ellos me compraré una gallina. La gallina pondrá huevos, se sentará sobre ellos y empollará una nidada de polluelos, y alimentaré a los polluelos hasta que crezcan; luego los venderé y me compraré un lechón. Alimentaré al lechón hasta que se convierta en una gran cerda, la preñaré y tendrá una camada de cerdos, y los venderé. Con el dinero que consiga por los cerdos me compraré una casa con jardín; plantaré pepinos en el jardín y no dejaré que nadie me los robe; los vigilaré. Contrataré a un vigilante fuerte, y de vez en cuando saldré al jardín y gritaré: "¡Eh, tú! ¡Pon cuidado!"».

El campesino estaba tan embelesado por este pensamiento que gritó con todas sus fuerzas. El vigilante le oyó y vino corriendo. Pilló al campesino y le dio una buena paliza.

 

Pero así es como vive el hombre: en sueños, en su imaginación, en proyecciones. Así es como vives tú, y ésa no es la manera de vivir esta vida tan hermosa, tan tremendamente valiosa; eso es un desperdicio total. Tienes que estar más atento al momento, al presente. Tienes que unificar tu consciencia. La consciencia es tu tesoro, y todos los métodos que se han inventado, que se han concebido a lo largo de los siglos, no son más que formas de crear más consciencia en ti, de crear más fuego en ti, de hacer que tu vida sea apasionada, como una llama. La gente vive vidas insulsas. La gente vive distraídamente. La gente vive sin prestar atención. ¿Cómo puedes vivir con tanta falta de atención a tu alrededor? La falta de atención es oscuridad; la atención es luz. Y este tratado te enseñará a crear más luz en ti, para que un día... la flor dorada...

 

Dos psiquiatras se encontraron en la calle. «Tú estás bien», dijo uno. «¿Qué tal estoy yo?»

 

Las personas se preguntan unas a otras. Nadie sabe cómo está, todos miran a los ojos de los demás, recogiendo información sobre sí mismos de los demás. Por eso se ha vuelto tan importante la opinión de los demás. Si alguien dice que eres tonto, te enfadas. ¿Por qué? O te pones triste. ¿Por qué? Te abrumas. Pensabas que eras sabio porque otros te habían dicho que eras sabio. Dependías de la opinión de los demás. Ahora otra persona dice que eres tonto. Puede quebrantar tu sabiduría con facilidad, con mucha facilidad. Ha tirado una piedra y tú habías hecho un castillo con naipes. Ahora se ha colapsado. Por eso te enfadas tanto, te da tanta rabia, te pones tan violento y te quedas tan preocupado, tan ansioso. Estás siempre al acecho de lo que piensan los demás, porque solo sabes lo que los demás piensan de ti; no sabes nada sobre ti mismo. Pero ¿qué tipo de situación es ésta? Si yo no puedo saber nada acerca de mí mismo, ¿quién más puede saber algo sobre mí? Nadie puede percibirme desde fuera; no estoy accesible de esa manera. Desde fuera solo se puede percibir mi cuerpo. Desde dentro puedo conocer mi consciencia.

Incluso cuando estás ante un espejo, solo ves tu cuerpo; no ves tu consciencia en el espejo. Ni siquiera tú puedes verla en el espejo..., tu propia consciencia. Tienes que verla directamente. Nunca se refleja, nunca se reflecta en nada; es invisible. Tienes que cerrar los ojos y serla. Y ésa es la única manera de conocerla. Pero la gente vive tan inconscientemente... Viven simplemente por la opinión de los demás. Lo que dicen los demás se convierte en su alma. Los demás pueden quitársela en cualquier momento. La gente sigue siendo mendiga.

¿Has sabido algo acerca de ti mismo directamente? ¿Te has encontrado alguna vez contigo mismo directamente, sin meter en ello la opinión de los demás? Si no lo has hecho, aún no has vivido. La vida comienza solo al encontrarte a ti mismo, al verte a ti mismo directamente, inmediatamente. La vida existe solo cuando eres capaz de verte tal como eres, no como los demás piensan sobre ti. ¿Qué pueden pensar sobre ti? ¿Qué pueden decir sobre ti? Pueden ver tu conducta, no pueden verte a ti. Si quieres verte a ti mismo, solo tú puedes hacerlo, nadie más. No pueden hacerlo los sirvientes, no puedes delegarlo a nadie más. Tampoco pueden hacerlo los expertos. Pero estamos muy interesados en las opiniones de los demás porque estamos absolutamente ausentes; no hay nadie despierto en nuestro interior. Profundamente dormidos, estamos roncando en nuestro interior.

 

El profesor distraído fue a que le cortaran el pelo. Se sentó en la silla del peluquero, pero no se quitó el sombrero.

«Me temo que tendrá que quitarse el sombrero», dijo el peluquero.

«¡Oh, lo siento!», dijo el profesor. «No sabía que había señoras presentes.»

 

Observa tu propio despiste. Observarlo creará atención en ti. Observa lo que está sucediendo en tu interior: pensamientos que pasan, recuerdos que surgen, una nube de ira, una noche oscura de tristeza o una hermosa mañana de alegría. Observa todo lo que pasa en tu interior, vuélvete cada vez más atento. Poco a poco, te volverás una atención integrada. Y el método que se enseña en El secreto de la Flor Dorada es cómo integrarte en tu luz interna. Ésta es la historia de este libro antes de que entremos en los sutras.

El libro viene de un círculo esotérico de China. Se dice que el fundador de este círculo esotérico fue el conocido experto taoísta Lu Yen. ¿Dónde obtuvo Lu Yen esta enseñanza secreta? Él la atribuye al Maestro Kuan Yiu-hsi, para quien, según la tradición, Lao Tse escribió su Tao Te Ching.

Lao Tse nunca escribió una sola palabra en toda su vida. Se negó una y otra vez a escribir algo. Comunicó a sus discípulos lo que había llegado a saber, pero no estaba dispuesto a escribir porque decía: «El Tao que puede ser dicho no es el verdadero Tao.» El Tao que puede ser expresado ya está falsificado. Solo puede aprenderse en contacto íntimo con el maestro. No hay otra manera de comunicarlo. Solo puede aprenderse en una comunión profunda en la que confluyen el discípulo y el maestro, en la que el discípulo no se reserva nada, en la que el discípulo y el maestro se superponen, en la que sus conciencias se funden. El Tao solo puede comunicarse en semejante encuentro, en semejante comunión. De manera que se negó una y otra vez.

Tuvo una vida muy larga. Pero cuando iba a morir, se fue de China montado en un búfalo de agua. ¿Por qué un búfalo de agua? Toda su enseñanza había sido la enseñanza del camino de la corriente de agua.

Decía: hay que ser como el agua...: fluida, líquida, fresca; siempre yendo hacia el océano..., y deberías ser como el agua: suave, femenina, receptiva, amorosa, no-violenta. No deberías ser como una roca. La roca parece muy fuerte, pero no lo es; y el agua parece muy débil, pero no lo es. No te dejes engañar nunca por las apariencias. Al final el agua vence a la roca, la roca se destruye, se convierte en arena y va al mar. Al final la roca desaparece... contra la suave agua.

La roca es masculina; es la mente masculina, es la mente agresiva. El agua es femenina, suave, amorosa; no es agresiva en absoluto. Pero lo no agresivo vence. El agua siempre está dispuesta a rendirse, pero con esa rendición conquista... Ése el método de la mujer. La mujer siempre se rinde y conquista con ello. Y el hombre quiere conquistar y el resultado final no es más que una rendición. Por eso, Lao Tse eligió un búfalo de agua cuando abandonó el país. ¿Adonde iba? Iba a los Himalayas para morir en esa belleza eterna.

Un hombre verdadero sabe vivir y sabe morir. Un hombre verdadero vive con totalidad, muere con totalidad. Un hombre verdadero vive con bendición y muere con bendición.

Iba a la soledad absoluta de los Himalayas, pero le pillaron en la frontera. Y el hombre que dio con él en la frontera era el Maestro Kuan Yiu-hsi. Era guarda en el último puesto de la frontera china. Lao Tse tenía que pasar por ese puesto; no había otra manera de salir del país. Y Kuan Yiu-hsi le persuadió: «Te vas a morir, estás abandonando el país para siempre, y pronto dejarás el cuerpo. Por favor, escribe unas pocas palabras. No te permitiré salir del país si no las escribes. Tienes que pagar este precio.» Y Lao Tse tuvo que sentarse en la cabaña de Kuan Yiu-hsi durante tres días, y allí escribió el Tao Te Ching.

Se dice que la tradición de El secreto de la Flor Dorada se originó con Lu Yen. El propio Lu Yen la atribuye al Maestro Kuan Yiu-hsi, para el que, según la tradición, Lao Tse escribió su Tao Te Ching. Kuan significa «el paso fronterizo Hanku»; por eso se le llama Maestro Kuan, es decir, «maestro del paso Hanku». Y debió de ser un gran conocedor, de lo contrario le habría resultado imposible convencer a Lao Tse para que escribiera; se había negado toda su vida. No pudo rehusar la invitación de este hombre. Este hombre debía de tener algo a lo que ni siquiera Lao Tse pudo decir que no.

Así es como la tradición de La Flor Dorada se conecta con Lao Tse. Pero no comenzó con Lao Tse. El propio Lao Tse dice que todo lo que él dice ya ha sido dicho antes, una y otra vez, a lo largo de los siglos. No está trayendo una nueva verdad al mundo, sino solo una nueva expresión. Siempre es así: la verdad es la misma, solo las expresiones son diferentes.

Lo que dijo Lao Tse es lo mismo que había dicho Krishna antes que él. Lo que dijo Krishna es lo mismo que dijo Buda después. Lo que dijo Buda es lo mismo que han dicho Mahoma, Jesús, Zaratustra, aunque sus expresiones son tan diferentes que necesitarás una gran inteligencia para llegar hasta el núcleo mismo. La estructura es diferente, el lenguaje es diferente, sus maneras de decirlo son diferentes; es natural, porque son personas diferentes, individuos diferentes, con su propia unicidad. Pero la verdad no es nueva ni vieja, y donde está la verdad, es eterna.

El libro El secreto de la Flor Dorada es una de las fuentes eternas en las que uno puede volver a estar vivo, uno puede volver a encontrar la puerta a lo divino.

Los sutras:

 

El Maestro Lu-Tsu dijo:

A lo que existe por si mismo se le llama el Camino, Tao.

 

La palabra Tao significa esencialmente «el Camino». No se puede decir nada sobre la meta. La meta permanece esquiva, inexpresable, inefable. Pero se puede decir algo acerca del Camino. Por eso, los taoístas nunca han usado las palabras «Dios», «verdad», «nirvana»; no, simplemente usan la palabra «Camino». Buda dice: «Buda sólo puede mostrarte el Camino. Si sigues el sendero, llegarás a la verdad.»

La verdad tendrá que ser tu propia experiencia. Nadie puede definir la verdad, pero se puede definir el Camino, se puede clarificar el Camino. El maestro no puede darte la verdad, pero el maestro puede darte el Camino. Y una vez que tienes el Camino, lo único que hay que hacer es andarlo. Eso tiene que hacerlo el discípulo. Yo no puedo andar por ti y no puedo comer por ti. No puedo vivir por ti y no puedo morir por ti. Estas cosas tiene que hacerlas uno mismo. Pero te puedo mostrar el Camino, he andado el Camino.

Tao significa simplemente «el Camino».

 

A lo que existe por sí mismo se le llama el Camino.

 

Y la definición es bella. Lu-Tsu dice: «Lo que existe por sí mismo, lo que no necesita el apoyo de nadie, lo que siempre ha existido camines por él o no...»

No importa que alguien camine por él o no; siempre existe. De hecho, toda la existencia lo sigue sin darse cuenta. Si puedes seguirlo dándote cuenta, tu vida se convierte en una gran bendición. Si lo sigues sin darte cuenta, entonces seguirás andando dando traspiés; entonces no podrás disfrutarlo como debería ser disfrutado.

A un hombre se le puede llevar al jardín y puede ser inconsciente; puede que esté borracho o puede que esté en coma o bajo el efecto del cloroformo. Se le puede llevar al jardín; está inconsciente. Sus oídos oirán las canciones de los pájaros; pero él no lo sabrá. La fragancia de las flores llegará a las ventanas de su nariz traída por la brisa; pero él no lo sabrá. El sol brillará sobre él e irradiará su luz sobre él; pero él no lo sabrá. La brisa le acariciará; pero él no lo sabrá. Puedes ponerle bajo la sombra de un gran árbol y de su frescor; pero él no lo sabrá. Así es el hombre.

Somos el Tao porque ¿dónde, si no, podemos estar? Vivir es estar en el Camino. Vivir es vivir en Dios, respirar es respirar en Dios. ¿Dónde, si no, podemos estar? Pero igual que el pez vive en el océano y no se da cuenta en absoluto del océano, nosotros vivimos en el Tao y no nos damos cuenta en absoluto del Tao. De hecho, es tan obvio... Por eso no nos damos cuenta. El pez conoce el océano tan bien... El pez nace en él, el pez nunca ha estado fuera de él, el pez lo da por supuesto; por eso el pez no es consciente de él. Nosotros estamos en el Camino, estamos en Dios, vivimos en el Tao, a través del Tao; pero no somos conscientes de él. El Tao existe porque sin el Tao los árboles no crecerían, y las estrellas no se moverían, y la sangre no circularía, y la respiración no entraría. La vida desaparecería.

La vida solo es posible si hay una ley fundamental que la mantenga. La vida solo es posible si hay algo que la sustente. Observa el orden inmenso de la existencia. No es un caos; es un cosmos. ¿Qué hace que sea un cosmos? ¿Por qué hay tanta armonía? Debe de haber una ley que hace que la armonía se mantenga, fluyendo; que hace que todo siga concertado. Pero no lo conocemos. No sabemos nada acerca de nuestro propio ser, y estamos unidos mediante nuestro ser con el Tao.

 

El Tao no tiene nombre ni forma. Es la esencia única, el espíritu primordial único.

 

Es el océano de la vida que nos rodea, está dentro y fuera..., la esencia pura. Es la existencia, es el espíritu primordial. Ningún nombre puede contenerlo. Todos los nombres son su nombre. Y no tiene ninguna forma particular, porque todas las formas son formas del Tao. El Tao existe en millones de formas. En el árbol es verde, en la flor es rojo, en el hombre es hombre, en el pez es pez. Es la misma ley. Puedes poner la palabra «Dios» en vez de «Tao» y será lo mismo. Lo que los cristianos y los mahometanos llaman Dios los taoístas lo llaman Tao, los budistas lo llaman dhamma, los judíos solían llamarlo logos; pero todos quieren decir lo mismo. Ningún nombre puede contenerlo, o bien cualquier nombre puede expresarlo.

 

La esencia y la vida no pueden verse. Están contenidas en la luz del cielo. La luz del cielo no puede verse. Está contenida en los dos ojos.

 

Puedes ver la forma, puedes ver el cuerpo —el cuerpo es la forma, la sustancia que rodea a la esencia—, pero no puedes ver la esencia. La esencia es invisible para los ojos, inasequible para los sentidos. Hay que sentirla directamente, no a través de ningún medio.

Tú ves mi cuerpo, yo veo tu cuerpo: sucede a través de un medio. Mis ojos me están diciendo que estás aquí, tus ojos te están diciendo que estoy aquí; pero ¿quién sabe?... Puede que los ojos estén engañando; a veces engañan. Por la noche, en la oscuridad, ves una cuerda como si fuera una serpiente, y cuando la ves como una serpiente, te afecta como una serpiente: tienes miedo, echas a correr. O en el desierto puedes ver un oasis que no existe, que es tan solo un fenómeno proyectado, porque tienes tanta sed que quieres que exista, de manera que lo creas. Los ojos engañan a veces, así que ¿quién sabe?...

Si la verdad se conoce a través de un medio, entonces siempre permanecerá sospechosa, dudosa; no puede tener ninguna certeza, no puede tener certeza absoluta. Y una verdad que no es absolutamente certera no es una verdad en absoluto. La verdad tiene que ser absolutamente certera; no puede ser solo aproximadamente certera. Así que solo hay una manera: hay que conocerla sin ningún medio, hay que conocerla directamente, inmediatamente; hay que conocerla sin los sentidos. Y así es como se conoce: no puedes ver la vida, pero puedes sentirla. Es una experiencia subjetiva, no un objeto.

 

La esencia y la vida no pueden verse. Están contenidas en la luz del cielo. La luz del cielo no puede verse. Está contenida en los dos ojos.

 

Tienes estos dos ojos. Para los taoístas, estos dos ojos son muy significativos. Solo la ciencia moderna ha sido capaz de ver la verdad de esto. Estos dos ojos no son solo los ojos visibles. Estos dos ojos representan lo masculino y lo femenino que hay en ti. Ahora, la ciencia moderna dice que la mente del hombre está dividida en dos hemisferios, y un hemisferio es masculino, el otro es femenino. La parte derecha de tu mente es femenina y la parte izquierda es masculina. De modo que uno de tus ojos representa a lo masculino que hay en ti y tu otro ojo representa a lo femenino que hay en ti. Y cuando tus partes masculina y femenina se encuentran dentro de ti, a ese encuentro se le llama cielo..., a ese encuentro, esa comunión interna de tus partes masculina y femenina.

Jesús dice: «Cuando tus dos ojos se vuelvan uno, habrá luz.» Está hablando como un alquimista taoísta: cuando tus dos ojos se vuelvan uno, habrá luz. Cuando tus dos ojos se vuelven uno, cuando tus partes masculina y femenina desaparecen la una en la otra..., ésa es la experiencia orgásmica suprema. Cuando tienes ganas de hacer el amor con una mujer o con un hombre, es solo un atisbo de ello, un atisbo muy fugaz. Es tan momentáneo que para cuando tomas consciencia de ello, ya se ha acabado. Tomas consciencia de ello solo en el pasado; es muy fugaz. Pero es un atisbo, un atisbo del encuentro del hombre y la mujer.

Esto es un encuentro externo. Es un milagro que suceda incluso un solo momento. Pero hay una posibilidad profunda, y ése ha sido el trabajo del Tantra, del Tao, del yoga y todas las grandes enseñanzas secretas del mundo: ayudarte a tomar conciencia de tus partes femenina y masculina en tu interior, lo que los tántricas llaman Shiva y Shakti, y lo que los taoístas llaman yin y yang. La polaridad, lo positivo y negativo dentro de ti, el día y la noche dentro de ti..., tienen que encontrarse ahí.

 

La luz del cielo no puede verse. Está contenida en los dos ojos.

 

Pero a menos que se vuelvan uno, no serás consciente de ella.

 

Está contenida en los dos ojos.

 

Pero no puedes verla a menos que se vuelvan uno. Entonces se libera, entonces hay una gran explosión de luz. Zaratustra lo llama «explosión de fuego», Lao Tse lo llama «explosión de luz». Es lo mismo.

Seguro que conoces la frase de Juan el Bautista. Solía decirles a sus discípulos: «Yo os bautizo con agua. Después de mí vendrá uno que os bautizará con fuego.» Eso es lo que quería decir: «Después de mí vendrá uno que os bautizará con fuego»... El bautismo del agua es un bautismo externo; para Juan el Bautista, el agua representa el flujo hacia afuera.

Recuerda esto: que hacia afuera y hacia abajo son sinónimos, y hacia arriba y hacia dentro son sinónimos; lo que va hacia abajo también va hacia fuera, y lo que va hacia arriba también va hacia adentro, y viceversa. El agua siempre va hacia abajo; por eso representa el flujo hacia afuera, se aleja de sí misma; su viaje es un viaje exterior. El fuego va hacia arriba, siempre hacia arriba, y hacia arriba es sinónimo de hacia dentro; su viaje es siempre interior.

Juan el Bautista está diciendo: te bautizo con agua, te doy el cuerpo externo de la religión. Después de mí vendrá Cristo, que te dará el bautismo interno, el bautismo de fuego.

El propio Jesús dice una y otra vez: «Arrepentíos. ¡Arrepentíos!», y la palabra ha sido mal interpretada por los cristianos. Han hecho un arrepentimiento de faltas. No tiene nada que ver con faltas. La palabra «arrepentir» en realidad significa regresar, entrar, volver. Significa retomar: restaurar tu originalidad. La palabra «arrepentir» significa metanoia, retornar: un giro de ciento ochenta grados. Si continúas fluyendo hacia afuera, sigues siendo agua. Si vuelves hacia dentro, te vuelves fuego.

Y cuando los dos ojos, cuando estas dos llamas, cuando estos dos hemisferios de tu conciencia se unen, se unifican absolutamente y te vuelves una llama; esa única llama es lo que Plotino denomina el «vuelo de lo uno a lo uno».

 

El Gran Uno es el término otorgado a lo que no tiene nada por encima de sí.

 

Y si te vuelves ese uno, te has vuelto el Gran Uno. Ésta es la manera taoísta de decir algo sobre Dios sin usar la palabra Dios: si te vuelves uno, te has vuelto Dios.

 

El secreto de la magia de la vida consiste en usar la acción para alcanzar la no-acción.

 

Estas son palabras potenciales. ¿Cuál es el secreto de hacer de estos dos ojos uno? ¿Cómo hacer que lo masculino y lo femenino sean uno en ti? ¿Cómo dejar que tu mujer y tu hombre se disuelvan el uno en el otro para que ya no haya una dualidad, para que ya no seas una casa dividida, contra ti mismo, para que ya no haya ningún conflicto ni tensión, para que todo sea uno? En esa unidad está el gozo, porque desaparece toda la tensión, desaparecen todos los conflictos, desaparece toda la ansiedad. ¿Cómo volverse ese uno?

 

El secreto de la magia de la vida consiste en usar la acción para alcanzar la no-acción.

 

El hombre representa la acción, la mujer representa la no-acción. Tienes que usar la acción para alcanzar la no-acción, tienes que hacer esfuerzos para llegar a un estado sin esfuerzo. Tienes que ir y poner todas tus energías, tienes que volverte tan activo que no quede nada atrás: toda la energía está involucrada en esa creatividad; y entonces, de pronto, cuando toda la energía está involucrada, sucede una transformación. De igual manera que a los cien grados el agua se evapora, cuando la acción se vuelve total se evapora y queda la no-acción.

Primero tienes que aprender a bailar, y tienes que poner todas tus energías en el baile. Y un día sucede esa extraña experiencia en la que de repente el que baila desaparece en la danza y la danza sucede sin ningún esfuerzo. Entonces es inacción. Primero tienes que aprender la acción para llegar a la inacción. De eso es lo único de lo que trata la meditación.

La gente viene y me pregunta por qué enseño meditaciones activas. Porque ésa es la única manera de encontrar la inacción: baila con absoluta totalidad, baila con frenesí, baila como loco. Y si toda tu energía está involucrada en ello, llega un momento en que de pronto ves que la danza está sucediendo por sí sola, no hay ningún esfuerzo en ella: es acción sin acción.

 

La Flor Dorada es la luz. Se usa la Flor Dorada como símbolo. La frase «El rastro de la región del agua tiene solo un sabor» se refiere a ella.

 

La flor dorada es un símbolo, el símbolo de cuando tus energías ya no son duales y se han vuelto una: se libera una gran luz, y la luz es dorada. Es como si se hubiera abierto en ti una flor de luz dorada. Y no es solo un símbolo. Es un símbolo, pero es casi literalmente cierto; sucede exactamente así. Ahora mismo existes como oscuridad, como una noche oscura. Entonces existes como un amanecer. No puedes ver el sol en ninguna parte, pero la luz está ahí. No tiene fuente: es una luz sin fuente. Pero una vez que has conocido esa luz dorada en ti, te has vuelto inmortal. Entonces no hay muerte porque la luz nunca muere.

Toda la vida, toda la existencia consiste en nada más que luz: todo son formas de luz. Puedes preguntarles también a los físicos modernos, y la física moderna está en perfecto acuerdo con el Tao, que todo es luz; las formas siguen cambiando, pero la luz continúa. La luz es eterna.

Muchas escrituras del mundo comienzan con la palabra «luz». «Al principio Dios dijo: "Hágase la luz".» Ése es el principio. Si alguna vez hubo un principio, no puede ser de otra forma; tuvo que haber sido con la luz. Pero nunca ha habido un principio; ¡eso es solo una parábola! La luz ha existido siempre. El Corán dice que Dios es luz. Uno de los nombres de Dios dados por los sufíes es Noor. Noor significa luz.

Y el sabor es el mismo: suceda en mí o suceda en ti, el sabor es el mismo. El gusto del estado búdico es el mismo. Buda ha dicho: «El sabor del estado búdico es como el océano. Puedes probarlo en el norte o en el sur, o en esta parte o en esa otra, en la orilla o en el medio; pero el sabor del océano es el mismo. Así es el sabor del estado búdico.» En el momento en que una persona alcanza esta luz eterna, su vida tiene un sabor único. Ese sabor lo contiene la consciencia absoluta: su inconsciente ha desaparecido, ya no hay ninguna parte oscura en su ser.

Si un freudiano observa a semejante hombre, solo encontrará consciencia, solo consciencia; no encontrará el inconsciente. Si un freudiano te observa a ti, solo una parte es consciente. Frente a esa parte hay nueve partes que son inconscientes: solo una décima parte de tu mente es consciente. Un buda es cien por cien consciencia.

 

El trabajo relacionado con la circulación de la luz depende enteramente del movimiento que fluye hacia atrás, afín de que los pensamientos converjan. El corazón celestial yace entre el sol y la luna.

 

De nuevo, recuerda que el sol representa la energía masculina y la luna representa la energía femenina. Y el corazón está entre los dos. El corazón no es ni masculino ni femenino, y ésa es la belleza del corazón: el corazón es divino, ni masculino ni femenino, y está exactamente entre los dos.

Si te inclinas demasiado hacia la energía masculina, eres demasiado activo y no sabes ser pasivo. Eso es lo que ha sucedido en Occidente: Occidente es solar; demasiada actividad. La gente se está volviendo loca con tanta actividad. Demasiada velocidad: todo hay que hacerlo inmediatamente; no hay paciencia, no hay espera. Han olvidado cómo ser pasivos, cómo ser pacientes, cómo esperar a las cosas. Han perdido toda su capacidad de estar inactivos. No saben cómo ir de vacaciones. Incluso si se van de vacaciones, están más activos que nunca.

En Occidente, las personas tienen ataques al corazón los domingos más que ningún otro día, porque es fiesta y la gente está demasiado ocupada. Trabajando toda la semana piensan que descansarán cuando llegue el día de fiesta, y cuando llega el día de fiesta tienen mil y una cosas que hacer. No es que tengan que hacerlas, no son necesarias —no, en absoluto—; pero no pueden vivir descansando. No pueden tumbarse simplemente en la hierba y estar con la tierra; no pueden sentarse simplemente en silencio bajo un árbol y no hacer nada. No, empezarán a hacer mil y una cosas por la casa. Repararán esto y desmontarán aquello; abrirán el motor de su coche y empezarán a hacer cosas en él. Harán algo, pero permanecerán activos.

Durante toda su vida, la gente piensa que cuando se jubile disfrutará. Pero no pueden disfrutar, no pueden descansar. La gente se muere rápidamente cuando se jubila. Los psicólogos dicen que se mueren diez años antes porque no saben qué otra cosa hacer. La muerte parece ser la única manera de librarse de una vida que se ha vuelto sin sentido, que nunca ha tenido sentido, que ha sido solo un ajetreo. La gente se apresura, sin saber adonde va. Lo único que saben es que tienen que ir cada vez más y más deprisa sin preocuparse nunca: ¿adonde vas exactamente? Puede que estés corriendo en círculos. Eso es exactamente lo que está sucediendo: la gente está corriendo en círculos.

Occidente es solar, Oriente es lunar. Oriente se ha vuelto demasiado pasivo, demasiado fatalista: «No hay que hacer nada. Simplemente espera. Dios lo hará.» Éste es otro tipo de tontería y estupidez. Oriente es pobre, holgazán, piojoso, y la gente no se preocupa por nada. Hay miseria por todas partes, pobreza, mendigos, enfermedad... Nadie se preocupa, todo se acepta. «¿Qué vas a hacer? Es la voluntad de Dios. Tenemos que aceptarlo. Solo hay que esperar. Cuando todo sea demasiado, vendrá Dios. ¿Qué otra cosa podemos hacer?» Ésta es la mente femenina.

El secreto de la Flor Dorada dice que tienes que estar exactamente en el medio: ni masculino ni femenina, sin inclinarte a ningún extremo; entonces hay equilibrio. Entonces eres activo y, sin embargo, permaneces inactivo en lo hondo de ti; entonces eres inactivo y, sin embargo, permaneces activo por fuera. Por fuera eres solar, por dentro eres lunar. Deja que el sol y la luna se encuentren dentro de ti y quédate justo en el medio. Y en el medio está la trascendencia.

 

El trabajo relacionado con la circulación de la luz depende enteramente del movimiento que fluye hacia atrás, a fin de que los pensamientos converjan.

 

El hombre es un centro y también una circunferencia. Si vas hacia la circunferencia tendrás muchos pensamientos. La circunferencia consta de muchos, el centro es uno. Si vas hacia el centro los pensamientos empiezan a desaparecer. En el centro mismo todos los pensamientos desaparecen: solo hay consciencia. Eso es lo que dice este tratado secreto:

 

... a fin de que los pensamientos converjan.

 

La luz tiene que ir hacia dentro.

Cuando miras un árbol tus ojos lanzan su luz sobre el árbol: la luz va hacia afuera. Cuando cierras los ojos la luz empieza a ir hacia dentro: metanoia, arrepentimiento, retorno. Y cuando la luz recae sobre tu propio ser hay autoconocimiento, te conoces a ti mismo. Y ese autoconocimiento te da libertad: libertad de todas las ataduras, libertad de todos los enmarañamientos, libertad de la muerte, libertad del cuerpo. Crea el alma en ti.

Eso es lo que Gurdjieff solía decirles a sus discípulos: que no naces con un alma, sino que tienes que crearla con metanoia.

 

El libro del Castillo Amarillo dice: «En el ámbito de un centímetro cuadrado de la casa de un metro cuadrado, se puede regular la vida.»

 

En este pequeño templo de tu cuerpo se puede regular la vida.

 

En medio del centímetro cuadrado reside el esplendor. En la sala púrpura de la ciudad de jade reside el Dios del Vacío Supremo y la Vida.

 

Observa la contradicción: el vacío y la vida. La vida es masculina, el vacío es femenino. La vida y el vacío: ambos son aspectos del Dios interno. Cuando no has elegido a uno en detrimento del otro, cuando no has elegido en absoluto —has sido simplemente un observador— te vuelves ese Dios del que un aspecto es la vida y el otro aspecto es la muerte; del que un aspecto es la perfección y el otro aspecto es la nada.

 

Por tanto, cuando circula la luz, las energías de todo el cuerpo aparecen ante su trono...

 

Y cuando la luz va hacia dentro y circula dentro de tu ser, porque no hay ningún drenaje..., eso es la meditación, eso es lo que hacía Buda bajo el árbol bodhi: te sientas en silencio, cierras todas las puertas y la luz circula por dentro. Entonces, por primera vez, tomas consciencia del cuerpo y de todo lo que contiene el cuerpo: todos sus misterios. Este pequeño cuerpo contiene todos los misterios del universo. Es un cosmos en miniatura.

 

Por tanto, cuando circula la luz, las energías de todo el cuerpo aparecen ante su trono, igual que, cuando un rey sagrado ha establecido la capital y ha dictado las reglas fundamentales del orden, todos los estados vienen con tributos; o como, cuando el amo está callado y en calma, los sirvientes y las criadas obedecen sus órdenes por voluntad propia, y todos hacen su trabajo.

 

Y cuando esta luz se mueve dentro de ti, el cuerpo se vuelve un sirviente, los sentidos se vuelven criados obedientes; no necesitas tratar de controlarlos. Te siguen por voluntad propia.

Ésta es la belleza del Tao: nunca impone nada, no quiere cultivar ningún carácter. Dice: simplemente, llénate de luz y todo lo demás vendrá solo.

 

Por tanto, tan solo tienes que hacer que circule la luz; ése es el secreto más profundo y más maravilloso. La luz es fácil de mover, pero difícil de fijar. Si se hace que circule el tiempo suficiente, se cristaliza. Es la condición de la que se dice: « Vuelas hacia arriba silenciosamente por la mañana.»

 

En este sutra se dice algo muy significativo: «La luz es fácil de mover, es difícil fijarla; así que no trates de fijarla.»

Es ahí donde el yoga intenta hacer algo que no se puede hacer fácilmente. De ahí la dificultad, la laboriosidad del yoga: el yoga trata de fijar la luz. Trata también de fijar la luz entre los dos ojos, exactamente entre las dos cejas, en el centro del tercer ojo. El yoga intenta fijarla. Ésa es la diferencia entre el Tao y el yoga: el yoga quiere fijarla... Concéntrate en el tercer ojo. En resumidas cuentas, ésa es toda la filosofía del yoga: si puedes concentrar toda tu consciencia en el tercer ojo, te transformarás, tus dos ojos se volverán uno y estarás lleno de luz.

Y más allá del tercer ojo... El tercer ojo es el sexto centro en el mapa de la consciencia del yoga; más allá del sexto está el séptimo. Al séptimo se le llama «el loto de mil pétalos». Si la luz está concentrada en el tercer ojo, cuando sea demasiada saltará al séptimo centro, empezará a ascender como agua en un estanque. Y el salto al séptimo centro abrirá el capullo que ha estado siendo un capullo durante siglos, durante millones de vidas.

El Tao trabaja desde una ruta diferente. El Tao dice: fijar la luz es muy difícil; no te preocupes por fijarla; el camino fácil es hacer que circule.

La mente siempre encuentra fácil la circulación: la naturaleza de la mente es moverse; a la mente siempre le resulta difícil concentrarse. Por tanto, ¿por qué no usar la capacidad de la mente? ¿Por qué no aprovecharla?

El Tao es una ciencia espontánea: no cultives, no fuerces, no te crees problemas innecesarios; utiliza la capacidad natural de la mente: que se mueve, que le gusta el movimiento, que es una vagabunda. Úsala, deja que circule la luz. Más adelante veremos cómo hacerla circular: descubre caminos y deja que circule.

Mediante su circulación los taoístas llegaron a descubrir los setecientos puntos de la acupuntura. Circulándola por todo el cuerpo tomaron conciencia de que hay setecientos puntos en los que la luz se vuelve muy, muy ardiente, y los contaron exactamente. Ahora la ciencia lo corrobora: hay exactamente setecientos puntos. Ahora incluso se han inventado máquinas que pueden trazar un esbozo de tus setecientos puntos, y dónde falta luz en tus puntos, dónde no se está moviendo la energía en los meridianos correctos. ¿Cómo llegaron a descubrir esto los taoístas? No tenían máquinas ni tecnología. Su única técnica era entrar en su interior y hacer circular la luz.

Veremos el método efectivo: cómo circularla. Esto es solo para crear un contexto para que puedas comprender cuál es exactamente su enfoque.

Dicen que si circulas la luz y sigues circulándola, llegado cierto punto se cristaliza por sí sola; no necesitas preocuparte por fijarla. Circula, circula, circula...; en un momento, de repente, te das cuenta de que todo ha parado, y ha sucedido lo que el yoga trataba de hacer que sucediera. En el Tao sucede; en el yoga es un duro y largo viaje de esfuerzo. El yoga es masculino.

El Tao no es femenino; el Tao es ambos: una síntesis. La circulación es energía masculina y la fijación es energía femenina. Alcanza lo no-activo, alcanza lo pasivo a través de la acción; mediante el esfuerzo alcanza el estado sin esfuerzo.

 

Al poner en práctica este principio fundamental no necesitas buscar otros métodos, sino que, simplemente, debes concentrar tus pensamientos en él. Recogiendo así los pensamientos, uno puede volar y nacerá en el cielo.

 

La Flor Dorada es el Elixir de la Vida...

 

Es el secreto de toda inmortalidad. Esto es lo que los alquimistas occidentales llamaban la piedra filosofal, lo que en India se llama amrit, elixir, néctar. Esto es un tratado alquímico: te ofrece los secretos para transformar tu química en alquimia, para transformar el metal base en oro. Ahora mismo eres solo un metal base, pero contienes los secretos. Si se ponen en funcionamiento esos secretos te transformas en oro. El oro es inmortal.

 

La Flor Dorada es el Elixir de la Vida. Aunque actúa con mucha precisión, es tan fluida que requiere una inteligencia y una claridad supremas, así como la absorción y tranquilidad más completas. Las personas sin este grado más alto de inteligencia y entendimiento no encuentran el camino; las personas sin esta capacidad suprema para la absorción y la tranquilidad no pueden adherirse a ella rápidamente.

 

Dos requisitos... Primero, se requiere inteligencia y claridad. No te preocupes por ello. No empieces a pensar que si no eres inteligente, entonces, ¿qué?... Todo el mundo nace inteligente. La inteligencia es una cualidad intrínseca: de igual manera que todo el mundo nace respirando, todo el mundo nace inteligente. La idea de que algunas personas son inteligentes y algunas no lo son es absolutamente errónea y ha deshumanizado a muchísima gente; es muy insultante, degradante.

Todos nacen inteligentes, aunque su inteligencia puede diferir en su expresión. Uno es inteligente en la música, otro es inteligente en las matemáticas; pero si haces que las matemáticas sean el criterio, entonces parece que el músico no es inteligente. Si los pones a los dos en un examen en que las matemáticas son el criterio, el músico suspende. Cambia el criterio, haz que la música sea el criterio y ponlos a los dos en un examen en el que la música decidirá; entonces el matemático parece estúpido.

Porque hemos elegido ciertos criterios, por eso tantas personas han sido condenadas como estúpidas. No lo son. Nunca he conocido a una sola persona que sea estúpida, no sucede; pero puede que su inteligencia sea un tipo diferente de inteligencia. La poesía requiere un tipo diferente de inteligencia que hacer negocios. Un poeta no puede ser un hombre de negocios y al hombre de negocios le resultará muy difícil ser poeta. Se requiere un tipo de inteligencia para ser político; se necesita otro tipo de inteligencia para ser pintor. Y hay millones de posibilidades.

Recuerda: todo el mundo nace inteligente, de manera que eso no es prohibitivo para nadie. Simplemente tienes que encontrar tu inteligencia, dónde está. Y una vez que hayas encontrado tu inteligencia, tendrás claridad. La gente vive sin claridad porque vive con ideas erróneas acerca de sí misma. Alguien te ha dicho —un maestro de tu escuela, el director, una universidad— que no eres inteligente. Pero su criterio es solo un criterio elegido, su criterio no es aplicable a todos. Las universidades todavía no son universales: no permiten todo tipo de inteligencia, no aceptan todas las manifestaciones de la inteligencia. Una vez que hayas aceptado tu inteligencia y empieces a respetarla, tendrás claridad, no habrá problema.

El poeta se siente estúpido porque no puede ser un buen hombre de negocios. Esto crea confusión. Se vuelve inferior ante sí mismo, irrespetuoso, reprobador. Intenta tener éxito en los negocios, pero no puede. Esto crea mucho humo a su alrededor. Si comprende simplemente que es un poeta y que no tiene que ser un hombre de negocios, y que triunfar como hombre de negocios será un suicidio para él... tiene que triunfar como poeta. Ésa es su inteligencia, y su inteligencia tiene que florecer a su propia manera. No tiene que imitar a nadie. Puede que la sociedad no le pague por ello, porque la poesía no es tan necesaria como las bombas; el amor no es tan necesario como el odio.

Es por eso que se permite el asesinato en las películas, en la radio, en la televisión; no se considera obsceno. Pero no se permite hacer el amor; se considera obsceno. Esta sociedad vive por el odio, no por el amor. Si alguien está asesinando, eso está perfectamente bien. Si alguien te pone una daga en el corazón y la sangre fluye como una fuente, eso está perfectamente bien. Pero si alguien te abraza, te besa, te ama, la sociedad tiene miedo. Esto es extraño: que el amor sea obsceno y el asesinato no, que se condene a los amantes y se premie a los soldados, que la guerra esté bien y el amor esté mal.

Si aceptas tu inteligencia, si te aceptas a ti mismo, tendrás claridad, absoluta claridad; todas las nubes desaparecerán.

Y lo segundo: necesitas absorción y tranquilidad. La inteligencia y la claridad forman parte de la mente masculina; la absorción y la tranquilidad forman parte de la mente femenina. Solo una mujer puede absorber, por eso se queda embarazada: tiene el útero.

Estas dos cosas son necesarias juntas. Si no eres inteligente no serás capaz de comprender lo que se te dice; no comprenderás lo que el maestro te está impartiendo. Y si no eres femenino, no serás capaz de absorberlo, no serás capaz de quedar embarazado de ello. Y se requieren ambas cosas: tienes que ser inteligente, absolutamente inteligente para ver de qué se trata, y tienes que ser absolutamente absorbente para mantenerlo dentro de ti, para que se vuelva parte de ti.

Esto es solo el contexto. Poco a poco, nos adentraremos en las técnicas para hacer circular la luz. Escucha con atención, con inteligencia. Absórbelo. Puede que sea una de las experiencias más sobresalientes de tu vida.

 

Suficiente por hoy.

 

 

Capítulo 2

 

Ojos vacíos

 

La primera pregunta:

Últimamente, varios amigos me han preguntado si era escéptico con respecto a sannyas, el ashram y Tú. Tuve que admitir la verdad y dije: «Sí, a veces lo soy.» Esto ha hecho que me sienta culpable. ¿He cometido algún delito sacrílego e imperdonable o es natural ser escéptico al no estar seguro? No sé si estás iluminado. Solo siento tu belleza y tu confianza.

 

Bhava, la fe le tiene miedo a la duda; miedo, porque la ha reprimido. Y todo lo que reprimas te seguirá dando miedo, porque siempre está ahí, en lo hondo de ti, esperando a tomar venganza, y en cuanto surja la oportunidad explotará en ti con toda su fuerza. La fe se asienta sobre un terremoto y cada día la duda se hace más fuerte, porque cada día tienes que reprimirla. Tarde o temprano, es más de lo que puedes reprimir, es más que tu fe. Entonces simplemente se deshace de tu fe.

Pero la confianza no le tiene miedo a la duda, porque la confianza no está en contra de la duda. La confianza usa la duda, la confianza sabe usar la energía contenida en la duda misma. Ésa es la diferencia entre la fe y la confianza. La fe es falsa; crea un tipo falso de religión, crea hipócritas. La confianza tiene una belleza y una verdad sublimes. Crece con la duda, usa la duda como abono, transforma la duda. La duda es su amiga, la duda no es su enemiga.

Y a menos que tu confianza haya pasado por muchas dudas, permanecerá impotente. ¿De dónde va a sacar la fuerza, de dónde va a sacar la integración? Si no hay retos, permanecerá débil.

La duda es un reto. Si tu confianza puede responder al reto, puede hacerse amiga de tu duda, crecerá por medio de ella. Y no serás una persona dividida, dudando en lo más hondo y siendo creyente sólo en la superficie; tendrás un tipo de unidad, serás un individuo, indiviso. Y esa individualidad es lo que se llama «alma» en las religiones antiguas.

Al alma se llega por la duda, no creyendo. La creencia es solo una máscara: estás escondiendo tu rostro original. La confianza es una transformación: cada vez tienes más luz. Y como estás usando la duda como reto, como oportunidad, nunca hay represión. Poco a poco, la duda desaparece, porque su energía ha sido tomada por la confianza.

En realidad, la duda no es otra cosa que la confianza que crece; la duda es confianza en camino. Piensa siempre en la duda de esa manera: que la duda es confianza en camino. La duda es una indagación y la confianza es la consumación de esa indagación. La duda es la pregunta y la confianza es la respuesta. La respuesta no está en contra de la pregunta; no habrá posibilidad de ninguna respuesta si no hay ninguna pregunta. La pregunta ha creado la ocasión para que suceda la respuesta.

Así que, por favor, nunca te sientas culpable a mi alrededor. Estoy totalmente en contra de cualquier tipo de culpabilidad. La culpabilidad es absolutamente errónea. Pero ha sido utilizada por los sacerdotes, los políticos y los puritanos a lo largo de los tiempos, durante siglos. La culpabilidad es una estrategia, una estrategia para explotar a las personas: haz que se sientan culpables. Una vez que hayas logrado que se sientan culpables, serán tus esclavos. Debido a la culpabilidad, nunca estarán lo suficientemente integradas; debido a la culpabilidad permanecerán divididas. Debido a la culpabilidad nunca serán capaces de aceptarse a sí mismas, estarán siempre censurándose. Debido a la culpabilidad estarán dispuestas a creer en cualquier cosa. Harán cualquier cosa para librarse de la culpabilidad. Repetirán cualquier tontería, cualquier ritual sin sentido para librarse de la culpabilidad.

A lo largo de los siglos, el sacerdote ha hecho que la gente se sienta culpable. Todas las denominadas religiones existen por tu culpabilidad, no existen por la existencia de Dios. No tienen nada que ver con Dios y Dios no tiene nada que ver con ellas; existen por tu culpabilidad. Tienes miedo, sabes que estás mal: tienes que buscar la ayuda de alguien que no esté mal. Sabes que eres indigno: tienes que doblegarte, tienes que servir a los que son dignos. Sabes que no puedes confiar en ti mismo, porque estás dividido.

Solo una persona indivisa puede confiar en sí misma: en su sensación, en su intuición. Tú estás siempre vacilando, temblando por dentro; necesitas alguien en quien apoyarte. Y cuando te apoyas en alguien, cuando te vuelves dependiente de alguien, permaneces infantil, nunca creces. Tu edad mental sigue siendo la de un niño. Nunca alcanzas ninguna madurez, nunca llegas a ser independiente. Y el sacerdote no quiere que te vuelvas independiente. Si eres independiente te ha perdido; si eres dependiente eres todo su mercado, todo su negocio.

Estoy absolutamente en contra de cualquier tipo de culpabilidad. Recuérdalo siempre: si empiezas a sentirte culpable acerca de algo a mi alrededor, lo estás haciendo por ti mismo. Estás cargando aún con las voces de tus padres, de los sacerdotes que hay dentro de ti; todavía no me has oído, aún no me has escuchado. Quiero que estés totalmente libre de toda culpabilidad. Cuando estás libre de culpabilidad, eres una persona religiosa. Ésa es mi definición de una persona religiosa.

Usa la duda... La duda es bella. Porque solo a través de la duda alcanza madurez la confianza. ¿Cómo va a ser de otra manera? Tiene que ser bella. Solo a través de la duda se centra la confianza; solo a través de la duda germina, florece la confianza. Es la noche oscura de la duda la que acerca más a ti la mañana dorada. La noche oscura no está en contra del amanecer; la noche oscura es el útero del amanecer. El amanecer está gestándose en el ser mismo de la noche oscura.

Piensa en la duda y la confianza como complementarias: como lo son el hombre y la mujer, como lo son la noche y el día, el verano y el invierno, la vida y la muerte. Piensa siempre en esos pares, inevitablemente, en términos de complementariedad; nunca pienses en términos de oposición; aunque pueden parecer opuestos en la superficie, en el fondo son amigos, ayudándose mutuamente.

Piensa en una persona que no tiene confianza: tampoco tendrá ninguna duda, porque no tiene nada sobre lo que dudar. Piensa simplemente en una persona que no tiene confianza en absoluto: ¿cómo va a dudar?, ¿qué puede dudar? Solo una persona con confianza tiene algo que dudar. Porque confías, por eso dudas. Tu duda demuestra tu confianza, no a la inversa. Piensa en una persona que no puede dudar: ¿cómo va a confiar? Si ni siquiera es capaz de dudar, ¿cómo va a ser capaz de confiar? La confianza es la forma más elevada de la misma energía; la duda es el peldaño más bajo de la misma escalera y la confianza es el peldaño más alto de la misma escalera. Usa la duda, úsala con alegría.

No hay necesidad de sentirse culpable en absoluto. Es perfectamente humano y natural sentir grandes dudas acerca de mí a veces y grandes dudas acerca de lo que está pasando aquí. Es perfectamente humano; no hay nada extraordinario en ello. Si no sucede, entonces hay algo que parece que no es normal. Pero recuerda que hay que llegar a la confianza: usa la duda, pero no olvides el objetivo, no olvides el peldaño más alto de la escalera. Incluso si estás en el más bajo, mira el más alto: tienes que llegar allí. De hecho, la duda te está empujando hacia eso, porque nadie puede sentirse a gusto con la duda.

¿No lo has observado? Cuando hay duda hay desasosiego. No cambies ese desasosiego, no interpretes ese desasosiego como culpabilidad. Sí, hay desasosiego, porque la duda quiere decir que no te sientes seguro acerca del terreno que pisas. La duda quiere decir que eres ambiguo, la duda quiere decir que aún no eres una unidad; ¿cómo vas a estar a gusto? Eres una multitud: no eres una persona, eres muchas personas; ¿cómo vas a estar a gusto? Debe de haber mucho ruido dentro de ti; una parte de ti te tira en esta dirección y otra parte en aquella dirección. ¿Cómo vas a crecer si tiran de ti en tantas direcciones simultáneamente? Tendrá que haber desasosiego, tensión, angustia, ansiedad.

Nadie puede vivir con la duda y en la duda. La duda te empuja hacia la confianza. La duda dice: «Ve y encuentra un lugar en el que puedas relajarte, en el que puedas ser, totalmente.» La duda es tu amiga. Dice simplemente: «Éste no es tu hogar. Sigue; busca, explora, indaga.» Crea el afán de indagar, de explorar.

En cuanto empiezas a considerar la duda como una amiga, una ocasión, no en contra de la confianza sino empujándote hacia ella, de pronto la culpabilidad desaparece, hay una gran alegría. Incluso cuando dudas, dudas con alegría, dudas conscientemente, y usas la duda para encontrar la confianza. Es absolutamente normal.

Dices: «No sé si estás iluminado.» ¿Cómo vas a saberlo? No hay forma de saberlo a menos que te ilumines. ¿Cómo vas a saber lo que me ha sucedido a menos que te suceda a ti también? Está absolutamente bien que sientas que no puedes confiar en mí a veces. El milagro es que a veces puedes confiar: esos pocos momentos serán suficientes. No te preocupes: la confianza tiene un poder tan infinito. La confianza es como la luz y la duda es como la oscuridad. Tan solo una pequeña vela de confianza es suficiente para destruir la oscuridad de siglos.

La oscuridad no puede decir: «He vivido en este lugar durante tanto tiempo, no puedo irme tan fácilmente. Y no puedo irme tan solo por esta pequeña vela.» Incluso una pequeña vela tiene más potencial que la oscuridad de generaciones, de siglos, de miles de vidas. Pero tendrá que irse... Cuando llega la luz, tiene que irse.

Esos pocos momentos de confianza —no importa que sean pocos y a grandes intervalos, no te preocupes— son suficientes para destruir todas tus dudas poco a poco. Y con «destruir» simplemente quiero decir liberar la energía contenida en la duda. Se rompe la cáscara llamada duda... y dentro de ti encontrarás la energía pura para confiar. Una vez que se libere, habrá cada vez más confianza disponible para ti.

Dices: «No sé si estás iluminado.» Está muy bien que no creas. Si empiezas a creer dejarás de buscar. Un creyente nunca avanza: ya ha creído. Por eso hay millones de personas rezando en las iglesias, los templos, las mezquitas, los gurudwaras, pero su oración sale de la creencia. Como sale de la creencia, esos millones de personas siguen siendo irreligiosas: no tratan de alcanzar a Dios, no buscan a Dios...; ya han aceptado. Su aceptación es poco convincente; no han luchado por ella, no se la han ganado.

Tienes que luchar, tienes que esforzarte, tienes que ganártelo. No hay nada en la vida que no tenga un precio; tienes que pagar el precio. Ellos no han pagado el precio... ¿y piensan que solo por rezar en un templo lo alcanzarán? Son tontos redomados, están perdiendo el tiempo. Toda su oración es solo una ilusión.

La persona verdaderamente religiosa no puede creer; busca. Como no puede creer, permanece en la duda, y nadie puede estar tranquilo con dudas. Tienes que buscar e indagar y encontrar. La duda sigue carcomiendo tu ser, te sigue acuciando: «Busca, indaga, encuentra, y no te contentes hasta que lo hayas encontrado.»

Es bueno que no puedas creer. Solo recuerda: no hay necesidad de creer y no hay necesidad de descreer. Y eso es lo que está sucediendo. Y estoy contento.

Dices: «Solo siento tu belleza y tu confianza.»

Eso es todo lo que se requiere. Eso es suficiente, más que suficiente. Eso se convertirá en la barca a la otra orilla... si puedes sentir mi amor, si puedes sentir mi confianza en ti, si puedes sentir mi esperanza en ti, si puedes ver que ha sucedido algo hermoso..., aunque no sepas exactamente qué es. No puedes definirlo y no puedes explicarlo, pero si puedes siquiera sentir ese algo del más allá... Eso es la belleza. La belleza es siempre del más allá.

Cuando ves una rosa y dices: «Qué hermosa», ¿qué quieres decir? Estás diciendo que has visto algo del más allá, algo invisible se ha vuelto visible para ti. No puedes demostrarlo. Si hay alguien a tu lado que niega ver ninguna belleza en la rosa, no puedes demostrárselo; no hay manera. Tendrás que encogerte de hombros. Dirás: «Entonces no se puede hacer nada. Yo lo veo y tú no, y eso es todo.»

No puedes ir a un científico a que diseccione la rosa y descubra si contiene belleza o no. No la contiene. La belleza no está contenida en la rosa. La belleza es del más allá; simplemente danza sobre la rosa: los que tienen ojos la verán, los que no tienen ojos no la verán. Puedes llevar la rosa a un farmacéutico: la diseccionará, descubrirá todo lo que hay en la rosa; pero la belleza no está en la rosa. La rosa fue solo una ocasión para que descendiera la belleza del más allá. La rosa fue solo una pantalla para que la belleza jugara sobre ella. La rosa fue solo un escenario para que sucediera la obra. No es la obra misma. Te llevas la rosa, diseccionas la rosa, la cortas en pedazos, encuentras todos sus componentes; pero la belleza no es un componente de la rosa, aunque sin la rosa la belleza no puede descender.

Es como cuando sale el sol por la mañana y los rayos bailan en el estanque de los lotos. No ves los rayos mismos, no puedes verlos. Eso es lo que dice El secreto de la Flor Dorada: no puedes ver la esencia, no puedes ver la vida; lo único que puedes ver son las consecuencias.

¿Has visto alguna vez la luz misma? No, nunca la has visto. Si piensas que has visto la luz misma, no has pensado en ello, no has reflexionado sobre ello. Has visto cosas alumbradas, no has visto la luz misma. Has visto el estanque alumbrado, has visto el loto alumbrado, has visto la cara alumbrada de tu mujer o tu marido o tu hijo. Has visto el mundo alumbrado, pero ¿has visto la luz misma? Si no hay nada sobre lo que la luz pueda jugar, no podrás verla.

Por eso, en el momento en que los astronautas se alejan de la Tierra, incluso durante el día, el cielo es oscuro, absolutamente oscuro, porque no se puede ver la luz misma y no hay nada sobre lo que la luz puede jugar. Por eso es oscuro el espacio infinito. Ves la luz sobre las estrellas porque las estrellas se vuelven el campo de juego de la luz, pero lo que rodea a las estrellas es todo oscuridad, porque no hay nada que obstruya la luz. Y a menos que la luz sea obstruida, no puedes verla.

No puedes ver la iluminación, solo puedes ver su consecuencia. No puedes ver lo que me ha sucedido, pero puedes ver que me ha sucedido algo; algo como X. Tampoco hay necesidad de llamarlo iluminación, X servirá. Ha sucedido algo misterioso. Y cuanto más me sientas, más consciente te volverás de ello, y cuanto más consciente de ello te vuelvas, algo en tu interior empezará a responder a ello. Lo que me ha sucedido a mi puede provocar un proceso en ti. No puede ser la causa de tu iluminación, recuerda. Tu iluminación no será el efecto de mi iluminación. No hay una relación de causa y efecto entre el maestro y el discípulo; hay un tipo de relación totalmente diferente.

En este mismo siglo, Carl Gustav Jung fue capaz de ahondar en el misterio de ese tipo diferente de relación. Él la llama «sincronicidad». La causa y efecto es una relación científica, la sincronicidad es una relación poética. Lo que se quiere decir con sincronicidad es que si algo ha sucedido en alguna parte y te haces disponible a ello, permaneces vulnerable a ello; algo paralelo puede empezar a responder en ti. Pero no ha sido la causa de ello, no puede causarlo.

Es como si alguien está tocando una música muy hermosa y surge en ti un gran deseo de bailar: no está causado por la música, es una respuesta paralela en ti. Se ha activado algo que estaba profundamente dormido en ti: la energía de bailar; no ha sido causado, sólo activado, provocado, inspirado. Es sincronicidad. Si es una causa, le sucederá a todo el mundo.

Por ejemplo, estás aquí, tres mil sannyasins están presentes. Estoy disponible para todos vosotros, pero no todos vosotros estáis disponibles para mí o, incluso si estáis disponibles para mí, estáis disponibles de maneras diferentes. La cualidad difiere, la cantidad difiere. Si puedo ser la causa de vuestra iluminación, entonces los tres mil os iluminaréis. Sin embargo, no soy la causa, solo puedo ser un agente catalítico. Pero para eso tenéis que estar abiertos a mí. Si yo fuera la causa, no habría necesidad de que estuvierais abiertos a mí. El fuego arde, esté la madera abierta o no; es una causa. El agua se evapora cuando se calienta a cien grados; no importa que esté abierta al calor o no.

La causa y efecto es una relación ciega; es materialista, es entre materia y materia. Pero la sincronicidad no es material; es espiritual, es poética, es una historia de amor. Si te abres a mí, empezará a pasarte algo. Y recuerda, yo no soy la causa de ello. No necesitas darme las gracias, no necesitas estarme agradecido. Yo no soy la causa de ello. Si alguien es la causa de ello, eres tú, porque te abriste a mí. Yo no habría podido hacerlo solo. Yo no hago nada. Lo único que se necesita es: estoy presente; estate tú también presente aquí y algo empezará a suceder. Y nadie lo está haciendo; ni yo lo estoy haciendo ni tú lo estás haciendo. Yo estoy disponible, tú te haces disponible, y estas dos energías entran en una historia de amor; empiezan a bailar juntas.

De manera que no te preocupes de no poder saber acerca de mi iluminación. Esto es suficiente. Dices: «Solo siento tu belleza y tu confianza.» Esto servirá. Y cuando haya sucedido en ti, lo sabrás. Para conocer a un Buda hay que volverse un Buda; para conocer a un Cristo hay que volverse un Cristo.

 

 

La segunda pregunta:

En las últimas semanas, justo cuando me siento sobrecogida por el misterio y el milagro de la vida y este mundo, de pronto siento que todo lo externo desciende cada vez más cerca hasta que entra por mis ojos. Entonces me encuentro mirando lo que parece una pantalla unidimensional en mis ojos. Es como si no hubiera nada más que yo, y estoy tan sola. Pero entonces hay gente en la escena interactuando conmigo, y me siento confusa. ¿Y qué pasa contigo? Tú también pareces solo parte de la imagen.

Aunque esto solo dura unos pocos segundos, me siento muy aterrorizada cuando sucede. ¿Es esto mi mente que juega conmigo? ¿Cómo podría estar realmente tan sola?

 

Maitri, uno siempre está solo. La soledad es suprema; pero la soledad no es aislamiento. No estás aislada. Y es ahí donde radica todo el malentendido y lo que hace que te sientas aterrorizada. Estar aislada significa que echas en falta al otro. Estar aislada es un estado negativo. Estar aislada significa que te sientes vacía, que estás buscando al otro: crees en el otro, dependes del otro... y el otro no está. Y como el otro no está, hay una gran nada; pero esa nada es un tipo de nada negativa. Buscas a tientas al otro, y no puedes encontrar al otro, y todo empieza a desaparecer. Y cuando todo comienza a desaparecer, el problema real es: tú no puedes seguir siendo tú misma.

Cuando todo lo demás haya desaparecido, tú también tendrás que desaparecer, porque dependes de los demás, eres solo un reflejo de los demás. Has visto tu rostro en los ojos de los otros; han sido espejos. Ahora ya no hay espejos: ¿quién eres? Todo ha desaparecido; entonces, ¿cómo puedes permanecer en este aislamiento? Tú también te empiezas a evaporar y eso crea un gran miedo: el miedo a la muerte.

El ego empieza a morir y el ego empieza a buscar en alguna parte a alguien a quien aferrarse. Y ésa es la razón por la que enseguida empiezas a interactuar con la gente. Debido al miedo a la muerte, empiezas a estar ocupada con otros de nuevo. Y entonces habrá una gran confusión, porque tu ser natural estaba entrando en una profunda nada. Pero te asustaste y te sacaste de ella. Creaste una contradicción en la energía: la energía iba hacia dentro y tú saliste de un salto, por eso hay confusión.

Pero la soledad es suprema. Y cuando digo que la soledad es suprema, quiero decir que solo hay una, no hay muchas. No estás separada de la existencia. Nadie está separado de nadie; la existencia es absolutamente una. La idea misma de la separación es nuestra desdicha; la idea misma de que «Soy una isla» crea el infierno. Nadie es una isla, pertenecemos al continente; formamos parte de esta existencia oceánica. El pasado, el presente, el futuro, en todas las direcciones y todas las dimensiones, todo es uno. De hecho, la palabra «solo» significa todo-uno: eso es la soledad. Todo-uno es solo*.

Pero para eso, Maitri, tendrás que entrar un poco más en esta nada. Primero la nada es negativa; lo negativo es el núcleo externo, la cáscara. Si profundizas un poco más, encontrarás la nada positiva. La nada positiva es lo que Buda llama nirvana, iluminación, shunya. Cuando has profundizado y has cruzado la cáscara —la parte negativa dura, la parte oscura—, de pronto hay luz, la noche ha terminado. Y entonces sientes un tipo totalmente nuevo de soledad que nunca has sentido antes, y entonces conoces la diferencia entre aislamiento y soledad. En el aislamiento buscabas al otro, en la soledad el otro ha desaparecido y el ego también ha desaparecido. Ahora no hay nadie dentro ni nadie fuera, y todo es uno.

Esta unidad, esta absoluta unidad trae consigo una bendición. Entonces no hay miedo, no puede haberlo, porque ahora no puede haber muerte; ¿cómo va a haber miedo? La muerte ya ha sucedido, lo que podía morir ya ha muerto. Ahora estás en el mundo de la inmortalidad, has encontrado el elixir. Éste es el néctar del que hablaremos una y otra vez en estos sutras de El secreto de la Flor Dorada. Este es el néctar, amrit. Éste es el elixir, la piedra filosofal. Una vez que lo has saboreado, toda muerte ha desaparecido, todo tiempo ha desaparecido, todas las distinciones han desaparecido. Ahora verás el árbol como tu extensión, la nube como tu extensión, o tú como la extensión del árbol. Ahora el centro está en todas partes y en ninguna parte. El «yo» ya no existe. La palabra misma se ha vuelto absolutamente falsa.

 

Una vez, un misionero cristiano le preguntó a un maestro Zen: «¿No es el punto final del viaje del hombre la unión con Dios?»

El maestro Zen dijo: «El punto final del viaje del hombre no es la unión con Dios, porque nunca ha habido una separación. Lo único que se necesita es el destello de lucidez que hace que lo veas.»

 

El Tao, el Zen, el Tantra... Su lucidez es mucho más profunda que las denominadas religiones del mercado. El cristianismo piensa en términos de unirse con Dios, de ser uno con Dios; pero la lucidez del maestro Zen es mucho más penetrante y profunda. Dice: «¿Pero cuándo ha habido separación? ¿Cuándo? No la ha habido en absoluto; has estado soñando que estás separado. ¡Simplemente, sal del sueño! No hay unión, siempre has sido uno con la existencia. Ni por un solo momento ha habido una separación, no hay posibilidad de separación.»

 

 

* Juego de palabras con all-oneness y aloneness, y all-one y alone, que se pierde con la traducción. (N. del T.)

Maitri, estás llegando a un entendimiento muy, muy importante, significativo. Si no te asustas y te sales de esta experiencia, puede que alcances el destello de lucidez que hace que lo veas: que todo es uno.

Pero siempre llega el miedo. No es nuevo. Todo buscador tiene que pasar por ello. Y es realmente tanto que antes de pensar en ello ya te has salido. Es tan aterrador que no te da tiempo, espacio, para considerarlo: ¿qué hacer? Es como si ardiera tu casa... Ya no piensas: «¿Debería salir corriendo o no?» No hay más alternativas; simplemente sales corriendo de la casa sin pensar. No hay tiempo para pensar. Después puedes pensar: cuando estás fuera de la casa, sentado bajo un árbol, puedes permitirte el lujo de pensar y considerar. Pero cuando la casa arde, ¿cómo vas a pensar? Es necesaria inmediatamente la acción, y el pensamiento nunca es inmediato. Ése es el problema.

Cuando entras en tu soledad, al principio te sientes aislado, porque has vivido con la idea del otro. Era una idea que era un sueño; el otro no existe. «Yo» y «tú»: ambos son falsos. Martin Buber dice que la cualidad suprema de la oración es un diálogo entre «yo» y «tú.» Ahí es donde el judaísmo se quedó estancado: la oración suprema no es un diálogo, en absoluto; la oración suprema es un monólogo, porque el otro no existe.

 

Un maestro Zen solía exclamar su propio nombre por la mañana, todas las mañanas. Gritaba su propio nombre y decía: «¿Qué tal estás?» Y respondía: «Estoy perfectamente bien, señor.»

 

Pensarás que está loco..., pero esto es oración. No hay «yo», no hay «tú»; tienes que hacer los dos papeles. Es un juego, una representación. La oración es un juego: jugar con tu propio ser. No hay «otro».

Pero el judaísmo se quedó estancado en la idea de «yo» y «tú». Por eso estaban tan en contra de Jesús, porque él declaraba..., aunque no de una manera tan drástica como lo declara un maestro Zen... No podía ser más drástico en la situación en la que se encontraba. Pero aún así dijo: «Yo y mi Padre somos uno.» Pero eso fue suficiente para enfurecer a la gente. La gente estaba muy enfadada: «¿Qué está diciendo? ¿Se está declarando Dios?»

No está diciendo nada, no se está declarando Dios. Simplemente está diciendo que no hay Dios y no hay devoto; solo hay uno. Puedes llamarlo devoto en cierta situación, puedes llamarlo Dios en otra situación. Por eso dice: «Yo y mi Padre somos uno. Si miras mi cuerpo, soy el hijo; si miras mi alma, soy el padre. Si miras mi forma, soy un hombre, el hijo del hombre; si miras mi esencia, soy el hijo de Dios.» Por eso sigue repitiéndolo una y otra vez. A veces dice: «Soy el hijo del hombre», y a veces dice: «Soy el hijo de Dios.» Parece contradictorio; no lo es.

Maitri, dices: «En las últimas semanas, justo cuando me siento sobrecogida por el misterio y el milagro de la vida y este mundo, de pronto siento que todo lo externo desciende cada vez más cerca hasta que entra por mis ojos.»

Todo lo que ves es una proyección de tus ojos. El mundo, tal como es, aún no lo has visto. Lo que has visto es una proyección, de modo que cuando empieces a ir hacia dentro, todo lo que has proyectado en el mundo se acercará más y más y más a tus ojos y desaparecerá en tus ojos. Este mundo es una proyección de tus ojos. No ves lo que es; proyectas un sueño sobre ello.

Por ejemplo, hay un gran diamante, el Kohinoor. En realidad, es solo una piedra como cualquier otra, pero hemos proyectado mucho valor en ella. Muchas personas han muerto debido al Kohinoor; el que lo poseía era asesinado. Ahora observa toda la tontería que supone esto: esa piedra ha resultado muy asesina... debido a las proyecciones de la gente. Es una de las cosas más valiosas del mundo, la cosa más costosa del mundo; pero si el hombre desaparece de la Tierra, ¿será algo más que cualquier otro guijarro? Estará ahí tirado con los demás guijarros, de la misma manera. No habrá distinción, no habrá diferencia.

¿De dónde viene la diferencia? Nuestros ojos proyectan, nosotros lo hacemos especial. Seguimos vertiendo nuestro deseo, nuestra avaricia, sobre él. Se vuelve muy valioso, y también muy peligroso. Si estás meditando acerca del Kohinoor, viéndolo, viéndolo en silencio, llegará un momento en que verás que algo del Kohinoor se acerca más y más a tus ojos y luego desaparece en tus ojos. Entonces abres los ojos: el Kohinoor ha desaparecido; hay algo, pero no lo has conocido antes y lo que conocías antes ya no está.

Una experiencia muy hermosa, enormemente significativa; entra en ella, entra más y más hondamente en ella. Deja que desaparezca el mundo entero. Sí, yo también desapareceré en eso, porque lo que yo soy aún no lo has visto, y lo que ves es tu proyección. Tu proyección desaparecerá, y cuando han desaparecido todas tus proyecciones, el mundo llega en toda su desnudez, tal como es.

¡Y qué maravilla! Entonces las cosas pequeñas son tan hermosas; entonces las piedras corrientes son tan asombrosas. No pueden ser asombrosas debido al Kohinoor; lo has proyectado todo en el Kohinoor, no has dejado nada de amor para ninguna otra cosa. Cuando desaparece la proyección y abres los ojos, los ojos vacíos..., sin proyectar nada en absoluto, simplemente viendo lo que es, sin ninguna idea de lo que es, sin nombres, sin etiquetas, sin interpretaciones, simplemente viendo, vacío, pasivo..., el mundo llega a tener un significado, una significación totalmente diferente.

«De pronto siento que todo lo externo desciende cada vez más cerca, hasta que entra por mis ojos. Entonces me encuentro mirando lo que parece una pantalla unidimensional en mis ojos.»

Perfectamente bien y perfectamente correcto. Ésa es la manera de entrar más hondamente en meditación.

«Es como si no hubiera nada más que yo, y estoy tan sola.»

El único problema es que tú todavía estás ahí, por eso te sientes tan sola. Quieres decir aislada. El «yo» se queda solo, «tú» ha desaparecido, y sin el «tú», el «yo» se siente aislado. El «yo» existe solamente en relación; el «yo» no es una entidad, sino una relación: no puede existir sin el «tú», necesita el «tú». ¿Cómo va a existir el amante sin la persona amada? Cuando la persona amada ya no está, el amante empieza a desaparecer. Necesitas a la persona amada; el amor es una relación. Así también el «yo» es una relación. Y como todavía estás protegiendo al «yo» de alguna manera, no has tenido el valor suficiente para dejar que se vaya también.

Igual que ha desaparecido el mundo entero, deja que desaparezca también este «yo.» Al principio será aterrador; será un proceso de muerte..., es un proceso de muerte. Parecerá que te estás suicidando, parecerá... ¿Quién sabe adonde estás yendo, si vas a volver otra vez o no? Parecerá que está explotando en ti la locura, y surgirá un gran miedo, y en ese miedo te saldrás una y otra vez. Sucederá muchas veces. Poco a poco, tendrás que aprender a no tener tanto miedo; no hay nada que temer: estás muy cerca del tesoro.

Hay momentos es que es necesario un maestro para ayudarte, para darte valor, para tomarte de la mano, para decirte: «Todo está perfectamente bien. ¡Entra!»

Yo tuve que pasar por lo mismo y también estaba tan asustado como tú. Y me salí muchas veces, como te estás saliendo tú. Y tú tienes más suerte que yo, porque yo no tenía ningún maestro, nadie que me diera valor, nadie que me tomara de la mano. Estaba simplemente luchando conmigo mismo. No había nadie que pudiera decirme lo que iba a suceder. Tuve que andar a tientas y entrar en ello..., y era peligroso, era enloquecedor. Y las personas que estaban a mi alrededor en aquellos días habían empezado a creer que me había vuelto loco. Todos los que me querían estaban preocupados. Mis amigos estaban preocupados, mis profesores, mis catedráticos de la universidad estaban preocupados, todo el mundo estaba preocupado. Pero tuve que ir. Muchas veces me salí. El miedo era tan intenso. Estoy perfectamente familiarizado con el miedo.

Pero un día tienes que afrontarlo y pasar por él, porque recaes en él una y otra vez y te sales corriendo y lo de fuera ya no tiene sentido. Lo de fuera está todo vacío, y entras en ti y surge el miedo... Tienes que elegir entre los dos. Lo externo ya no es relevante. Puedes seguir haciendo gestos vacíos, pero ¿durante cuánto tiempo puedes engañarte a ti mismo? Sabes que la pantalla está vacía y que todas tus proyecciones están muertas, y entras en ti y surge el miedo; surge una gran tormenta de miedo. Pero no hay otro camino: hay que pasar por ello para saber exactamente qué sucede después de esta muerte. Cuanto antes te armes de valor, mejor.

Y te digo de nuevo que tienes más suerte, porque yo estoy delante de ti en ese vacío absoluto, llamándote: «¡Venga! Venid todos. ¡Venid!» Y sigo llamándote como Cristo llamó a Lázaro para que saliera de la tumba: «¡Lázaro, sal!» En realidad, esa parábola no es un hecho histórico. Es una parábola. Es una parábola acerca de ir del exterior al interior.

El exterior se vuelve una tumba cuando pierde sentido. El exterior se vuelve una insignificancia, un páramo, una tumba. Ya no crece nada en él, ya no florece nada en él, ninguna posibilidad de ninguna canción ni danza, y vives tan solo en movimientos vacíos, gestos vacíos.

Pero el maestro está donde te da miedo ir, y te llama desde ahí. No estoy fuera de ti; me encontrarás en esa nada interna; no como yo, por supuesto; no como una persona, sino como una presencia; no separado de ti, sino uno contigo.

Por eso insisto tanto sobre sannyas. A menos que seas un sannyasin, me resultará difícil llamarte desde dentro. Puedo llamarte desde fuera, pero entonces sigues siendo solo un estudiante. Puedo enseñarte algunas cosas... Eso se convertirá en conocimientos; pero no puedo llamarte desde dentro, desde tu mismo corazón. Y eso es lo necesario. Eso solo es posible si te vuelves un discípulo, si eres un sannyasin, si estás dispuesto a ir conmigo, si estás listo para confiar en mí, al menos en algunos momentos. Yo usaré esos «algunos momentos» y tarde o temprano se volverán tu estado mismo de ser.

Así que continúa. Deja que este «mi», este «yo» desaparezca también. Y una vez que este «yo» desaparece no hay aislamiento, hay soledad. Y la soledad es bella; la soledad es libertad, es una sensación muy positiva de bienestar, una sensación positiva de gran alegría. Es un gran momento, muy festivo. Es una celebración.

«Es como si no hubiera nada más que yo, y estoy tan sola.» Sí, si el «yo» permanece seguirás aislada.

«Pero entonces hay gente en la escena interactuando conmigo, y me siento confusa. ¿Y qué pasa contigo? Tú también pareces ser solo parte de la imagen.»

Permite que me vuelva parte de la imagen en el exterior; solo entonces puedo empezar a trabajar desde el interior. Déjame desaparecer del exterior para que puedas verme dentro. Y ésa será mi verdad. Y ésa es la verdad de Cristo y ésa es la verdad de Buda y Krishna. Ésa es la verdad de todos los maestros, de todos los que han despertado.

«Aunque esto solo dura unos pocos segundos, me siento muy aterrorizada cuando sucede.» Es natural, pero ármate de valor Estoy contigo. Entra.

«¿Es esto mi mente que juega conmigo?»

No, en absoluto. La mente crea el miedo, no esta experiencia. La mente está jugando cuando crea el miedo. No es la mente cuando ves que todas tus proyecciones se acercan más y más y desaparecen en tus ojos; no es la mente cuando todo se vuelve una pantalla blanca vacía. No es la mente, es meditación: es el movimiento hacia la no-mente. La mente crea el miedo: cuando se acerca mucho a la no-mente, se asusta tanto de la muerte que crea el miedo, y en ese miedo vuelves a salirte rápidamente.

La próxima vez que suceda, entra, a pesar del miedo. Sé simplemente como el elefante que sigue avanzando aunque los perros no paren de ladrar. Deja que ladren los perros de la mente, tú sigue avanzando como un elefante. No te preocupes en absoluto por la mente, por lo que esté diciendo.

 

 

La tercera pregunta:

¿Qué sucede cuando un iluminado recae en la ilusión?

 

Las flores caídas no saltan de vuelta a la rama. Eso no es posible. La persona iluminada no puede recaer en la ilusión. No hay manera; no hay manera por muchas razones.

La primera: la persona iluminada ya no existe; ¿quién recaerá? Existe la iluminación; no existe una persona iluminada. La iluminación está perfectamente ahí, pero no hay nadie que esté iluminado. Eso es solo una manera de hablar, una falacia lingüística. ¿Quién recaerá? El que podía recaer ha desaparecido. ¿Y dónde puede recaer? Una vez que has descubierto que es una ilusión, ya no existe. Una vez que lo has visto, ya no existe, se ha acabado. ¿Adonde vas a volver? No es posible.

Pero la idea surge en nuestra mente porque nunca hemos visto nada así en la vida. Alcanzamos algo y recaemos: estamos enamorados y luego volvemos a no estarlo; nos enamoramos y nos desenamoramos; somos felices y luego somos infelices; nos sentimos bien y luego empezamos a sentirnos mal. Conocemos la dualidad. La dualidad nunca desaparece; de manera que naturalmente pensamos que también con la iluminación uno puede recaer.

La iluminación es la realización de lo no-dual. Por eso los maestros Zen dicen que samsara es nirvana: el mundo mismo es nirvana, la ilusión misma es la verdad. No queda ninguna distinción. No es que esto sea verdad y eso sea ilusión. Todo es verdad, solo la verdad existe. ¿Dónde vas a recaer? Has ido más allá del punto sin retorno. Nadie ha recaído nunca. Y no te preocupes por esas personas; deberías preocuparte por ti mismo.

Primero ilumínate y luego trata de recaer. Y entonces verás: es más fácil iluminarse, es muy difícil recaer. Yo lo he intentado, pero no lo he conseguido.

 

 

La última pregunta:

Por favor, explica el gozo y la desdicha, porque siempre que encuentro el amor o la belleza, solo siento un tremendo dolor, pero no gozo, y no lo comprendo.

 

Suparna, te han dicho una y otra vez, te han enseñado una y otra vez que estar alegre está mal y ser infeliz está bien. Puede que no te lo hayan dicho directamente, pero indirectamente has sido condicionado e hipnotizado para la desdicha. Has empezado a creer que la desdicha es natural. Ves desdicha en todas partes; la desdicha abunda, todo el mundo es desdichado. Parece ser que así son las cosas.

Cuando naciste, eras un niño feliz; como todo niño es feliz. No ha sucedido de otra forma; nunca. Siempre que nace un niño, es feliz, absolutamente feliz, y ésa es la razón por la que los niños parecen muy egoístas: solo piensan en sí mismos, no están preocupados por el mundo, y les hacen felices las cosas pequeñas. Una mariposa en el jardín, y su absoluta alegría y asombro... con las cosas pequeñas, por nada; pero son felices, son naturalmente felices.

Pero poco a poco, magullamos su felicidad, la destruimos. No podemos tolerar tanta felicidad. El mundo es muy desdichado y tenemos que prepararles para el mundo. De modo que indirectamente empezamos a indoctrinarles: «El mundo es desdicha. No puedes permitirte ser feliz. La felicidad es solo una esperanza. ¿Cómo puedes ser feliz? ¡No seas tan egoísta! Hay tanta desdicha en todas partes... Ten compasión de los demás, ten consideración.» Poco a poco, al niño empieza a darle la impresión de que ser feliz es una especie de pecado. ¿Cómo puedes ser feliz cuando el mundo es tan desdichado?

La gente me escribe cartas preguntándome: «¿Cómo puedes enseñar meditación a la gente cuando hay tanto sufrimiento en el mundo? ¿Cómo se puede ser feliz cuando la gente se está muriendo de hambre?» ¡Como si siendo infeliz les ayudaras! Como si no siendo meditativo les prestaras algún tipo de servicio. Como si desaparecieran las guerras si no meditas, y desapareciera la pobreza si no eres feliz. Pero se ha puesto la desdicha en un pedestal, se rinde culto al sufrimiento.

Tengo siempre la sospecha de que el cristianismo se ha vuelto la mayor religión debido a la cruz. Representa la desdicha, el sufrimiento. Krishna no podía convertirse en una gran religión debido a su flauta, debido a su danza. Incluso los que le veneran se sienten un poco culpables por él. «¿Cómo puedes ser tan feliz y bailar con tus amigas? Y no solo una..., ¡miles! ¡Y cantando y tocando la flauta! La gente se está muriendo y hay muerte y hambruna y guerra y violencia y todo tipo de cosas que pasan en todas partes. Es un infierno, ¡y tú estás tocando la flauta! Parece insensible, parece que eres cruel.» Jesús parece más indicado, muriendo en la cruz. Mira el rostro de Jesús. De la manera en que los cristianos le han pintado, tiene la cara larga, muy triste; lleva sobre sus hombros todo el peso del mundo. Ha venido a cargar él mismo con los pecados de toda la gente. Parece ser el mayor de los sirvientes..., nada egoísta. Pero tengo la sensación de que los cristianos han representado a Cristo erróneamente.

Este Cristo es un mito; el verdadero Cristo era más como Krishna. De hecho, si profundizas más en la palabra «Cristo» te sorprenderás: viene de Krishna, su raíz es Krishna. Jesús debió de haber sido un hombre muy alegre; de lo contrario, ¿cómo podemos imaginárnoslo comiendo, bebiendo, festivamente? Hay tantas escenas en las que se han juntado amigos y están comiendo y bebiendo y chismeando. No siempre está diciendo evangelios, ¡a veces también está diciendo chismes! Y parece ser el único mensajero de Dios que bebe y come bien y disfruta los pequeños placeres de la vida.

Tengo la impresión de que si los maestros Zen fueran a crear una religión a partir de Jesús, le harían reír en la cruz... Una carcajada desde el vientre. ¡Jesús tendría una barriga tan grande como la de Bodhidharma, y su barriga estaría convulsionándose como un terremoto de tanta risa! Y eso habría sido muchísimo más verdadero.

Incluso en Japón y en China, la estatua de Buda se hace con una gran barriga. En India no hacen esa barriga tan grande; no, en absoluto. El concepto indio, el concepto yóguico, es que el vientre tiene que ser muy pequeño y el pecho tiene que ser grande, porque la respiración yóguica es una respiración falsa, no es natural. Puede convertirte en un Mohamed Ali, pero no en un Buda. Te dará la forma de un mister Universo, ¿pero has visto algún otro tipo de personas en el mundo que sean más feas? Mister Universo parece ser el más feo. No creo que ninguna mujer pueda enamorarse de un mister Universo. Parece tan animal... Todo músculo, pero no hombre; solo algún tipo de mecanismo. Mira solo cómo se mueven sus músculos: como un tipo de mecanismo, una máquina, pero sin alma. La estatua india de Buda es la estatua yóguica. Cuando hacen la estatua de Buda en China, la hacen con una gran barriga.

Cuando te ríes y cuando respiras naturalmente, lentamente el vientre se vuelve más grande, porque entonces respiras desde el vientre y no desde el pecho; la respiración baja del todo. Si el zen hiciera una religión con el cristianismo, Jesús estaría en la cruz, pero riéndose...; una risa tal que resonaría a lo largo de los siglos. Pero puede que esa religión no tuviese éxito, porque ¿cómo iba a complacer a la gente que solo conoce el llanto y las lágrimas? Parecería completamente excéntrico, estrafalario. Estar en la cruz y triste parece perfectamente correcto, porque todo el mundo está en una cierta cruz y triste.

Y te deben haber enseñado desde la misma infancia que el mundo es un mal lugar. ¿Cómo vas a ser feliz en este lugar? Estamos padeciendo una especie de castigo. Dios ordenó a Adán y Eva que abandonaran el Paraíso porque desobedecieron, y la humanidad está bajo esa maldición. ¿Cómo vas a ser feliz? Ser cristiano y ser feliz es una contradicción.

Así que te deben haber enseñado que el mundo es un lugar desdichado: el sufrimiento está perfectamente bien en él, en armonía con él, y todo el mundo es desdichado; será muy duro y cruel por tu parte ser feliz y estar alegre. Por eso, incluso cuando hay momentos que disfrutar, la gente se siente culpable y se contiene.

 

Larson se llevó a Charlotte al campo en coche y lo aparcó en un paraje desolado. «Si tratas de aprovecharte de mí», dijo Charlotte, «gritaré».

«¿De qué te va a servir?», preguntó Larson. «No hay un alma en kilómetros a la redonda.»

«Ya lo sé», dijo Charlotte, «pero quiero satisfacer a mi conciencia antes de empezar a pasármelo bien».

 

La gente incluso hace el amor con la cara triste, como si estuviera en la cruz...; serios, cumpliendo una obligación; e incluso si quieren disfrutar, lo ocultan. No les parece bien. Se sienten culpables.

Si la gente realmente hace el amor con alegría gritará, chillará, llorará, gemirá, se reirá. Nunca se sabe qué tipo de emociones aparecerán, de modo que es mejor controlarse a uno mismo; si no, parecerás tonto. ¿Y qué pensarán los vecinos? Y las paredes modernas son tan finas que incluso tienes que hacer el amor en una postura de yoga, shavasana, la postura del cuerpo muerto, y acabar con ello cuanto antes, sin dejar que se vuelva algo orgásmico. «¿Qué estás haciendo? ¡Y Jesús sufrió por ti en la cruz! ¿Y tú gritas de alegría? ¡Piensa en Jesús, el pobre Jesús, y lo que pensará de ti! Y piensa en Dios, que es una especie de mirón que siempre está mirando por los ojos de las cerraduras... ¿Qué va a pensar de ti?»

Si piensas en todos los dioses y luego en los ángeles, y los cristos, y los santos, y todos están mirando y tú estás haciendo el amor..., ¡y con tanto deleite!, ¡sufrirás en el infierno! Es mejor controlarse; es bueno sentirse culpable. Por eso la gente después de hacer el amor siente una especie de tristeza, una especie de frustración, como si hubiera hecho algo criminal. Han vuelto a pasárselo bien, y eso no está bien.

Observa: cuando te estás sintiendo desdichado, algo se siente bien. Parecerá una contradicción, pero es así: cuando eres infeliz te sientes gozoso y cuando eres dichoso te sientes infeliz.

Dices: «Por favor, explica el gozo y la desdicha, porque siempre que encuentro el amor o la belleza, solo siento un tremendo dolor, pero no gozo, y no lo comprendo.»

No podrás comprenderlo en absoluto, porque todo tu entendimiento ha sido envenenado. Tendrás que echar a un lado toda la mente. No hay necesidad de comprender. Tienes que entrar en ello con inocencia, no con entendimiento, porque ese entendimiento es de nuevo un tipo de cálculo: ese entendimiento es de nuevo el entendimiento que te ha dado la sociedad. ¡Y ese entendimiento está creando todo el problema! Tienes que volverte un niño otra vez, inocente.

Pero quieres comprender. Olvídate de comprender. Comprender es de nuevo un cálculo, astucia.

He oído que:

 

Una pareja de ancianos fue al médico. El hombre dijo: «Queremos saber si hacemos el amor correctamente. ¿Podría mirarnos?»

«Adelante», dijo el médico. Hicieron el amor.

«Hacen el amor perfectamente», dijo el médico. «Son diez dólares.» Volvieron seis semanas seguidas e hicieron lo mismo. En la séptima visita, el médico dijo: «¿Para qué vienen aquí con esto? Ya les dije que hacen el amor correctamente.»

«Ella no puede venir a mi casa», dijo el hombre, «y yo no puedo ir a la suya. Un motel cuesta veinte dólares. Usted nos cobra diez dólares y el seguro nos devuelve ocho dólares».

 

No seas calculador, no seas astuto con la vida. ¿Qué tipo de amor será ése? Negocio, negocio y negocio... El conocimiento es necesario para los negocios, la inocencia es necesaria para la vida. El conocimiento es esencial en el mercado, pero no es necesario en absoluto cuando te adentras en las desdichas; no puedes saber, solo puedes ser. Echa a un lado este pensamiento, desecha todo este condicionamiento y empieza a adentrarte. Cuando te sientas alegre, siéntete alegre; ayúdate a ti mismo a sentirte alegre: baila, canta.

Los viejos hábitos te echarán para atrás; no los escuches. Tendrás que librarte de los viejos hábitos poco a poco. Será una especie de lucha, porque ningún hábito te abandona fácilmente. Pero estos hábitos están en tu contra y en contra de Dios, porque todo lo que está en contra de la alegría está en contra de Dios. Si se puede definir a Dios con una palabra, esa palabra es «gozo» y nada más.

Suparna, cuando sientas algo hermoso y surja en ti el dolor, ese dolor no está en tu ser, ese dolor está en tu mente: tu ser está tratando de entrar en lo bello, pero tu mente está echándote para atrás. Cuando sientas que surge el amor, que surge el gozo, y también el dolor, elige el gozo. Abandona el dolor, ignóralo. Al ignorarlo morirá. Si sigues prestándole atención, lo alimentarás. La atención es comida. Nunca prestes atención a nada que sea incorrecto; de lo contrario, lo estás ayudando a seguir ahí, lo estás fortaleciendo más y más. Simplemente di: «Muy bien, quédate ahí. No eres más que un residuo de mi pasado. Quédate ahí. Yo voy a seguir, no te voy a escuchar.»

Si escuchas las provocaciones gozosas y vas siempre con ellas, vas en la buena dirección: vas hacia Dios. No prestes oído nunca a nada que te dé culpabilidad, dolor, desdicha: te estás alejando de Dios. Cuando eres infeliz, estás en el infierno, lo más lejos posible de Dios, y cuando estás absolutamente alegre, estás en Dios, estás en el cielo.

Dices: «Por favor, explica el gozo y la desdicha...»

La desdicha es antinatural; el gozo es tu naturaleza. La desdicha te la enseñan otros, el gozo lo da Dios. La desdicha es un condicionamiento; el gozo es tu alma interna, tu esencia. La desdicha es personalidad, tan solo la estructura en torno a ti; el gozo es tu libertad, no está estructurado.

«Por favor, explica el gozo y la desdicha, porque siempre que encuentro el amor o la belleza, solo siento un tremendo dolor, pero no gozo, y no lo comprendo.»

No trates de comprender esto en absoluto. Simplemente deja que el dolor esté ahí, acéptalo durante unos días. Y entra en el amor, entra en el amor como loco, y entra en la belleza. Baila alrededor de un árbol y sentirás que algo de la forma del árbol ha empezado a llegarte. Baila bajo las estrellas. Al principio puede que sientas que tus piernas no se mueven y que tú tienes que moverte; como te has visto forzado a vivir sin bailar durante mucho tiempo, tus piernas han olvidado el lenguaje de la danza. Pero pronto lo aprenderán, porque es un lenguaje natural.

Todo niño sabe bailar, todo niño sabe estar alegre. Tú tendrás que aprenderlo de nuevo, pero como es natural, se tarda poco. Tan solo unos pocos esfuerzos y, de pronto, un día has salido de la trampa. Tienes que tirar tus muletas. Incluso si a veces te caes, está perfectamente bien, pero tienes que valerte de tus propias piernas. Hay que tirar las muletas de la sociedad, de la religión organizada, de los sacerdotes. Incluso si durante unos días sientes que has perdido algo..., es natural sentir que has perdido algo durante unos pocos días, tienes que aceptarlo. Pero si sigues avanzando hacia lo natural, encontrarás el Tao en tu vida. El Tao es un florecimiento natural. Sigue a la naturaleza.

Nadie quiere ser infeliz y todos los son. No están siguiendo a la naturaleza. Nadie quiere ser otra cosa que dichoso y nadie es dichoso. Escucha al deseo: el deseo más profundo indica el camino correcto. Tu anhelo es de gozo, de belleza, de algo que te sobrecoja, de algo que te lleve a la otra orilla, de algo que sea tan tremendo e increíble que el pasado y el futuro se desvanezcan y te quedes aquí-ahora.

Pero no trates de comprender. Si empiezas a intentar comprender, serás una víctima del psicoanálisis, y el análisis es un proceso sin fin. Puedes seguir analizando y analizando y nunca acabar. No hay una sola persona en el mundo que esté totalmente psicoanalizada. No puede haberla.

Ahí es donde difiero del psicoanálisis. No empieces a analizarte. Deja a un lado toda la mente. ¡Salta fuera de ella! No hay necesidad de comprender. Lo único necesario es vivir, vivir auténticamente. Lo único que es necesario es vivir.

 

Suficiente por hoy.

 

 

Capítulo 3

 

El momento atómico

 

Osho, el Maestro Lu-Tsu dijo:

Solo el espíritu primordial y la verdadera naturaleza vencen al tiempo y al espacio.

 

El espíritu primordial está más allá de las diferencias polares. Es el lugar del que derivan su ser el cielo y la tierra. Cuando los estudiantes comprenden la manera de captar el espíritu primordial, superan los opuestos polares de la luz y la oscuridad y ya no se demoran en los tres mundos. Pero solo quien ha vislumbrado el rostro original de la naturaleza humana es capaz de hacer esto.

 

Cuando los hombres se liberan del útero, el espíritu primordial reside en el centímetro cuadrado, pero el espíritu consciente reside debajo, en el corazón. Este corazón depende del mundo externo. Si un hombre no come siquiera un día, este corazón se siente extremadamente incómodo. Si oye algo terrorífico, palpita; si se enfrenta con la muerte, se pone triste; si ve algo hermoso, se abruma. Pero el corazón celestial de la cabeza ¿cuándo se ha movido lo más mínimo? Preguntas: «¿No se puede mover el corazón celestial?» Entonces yo respondo: ¡Cómo va a moverse el verdadero pensamiento en el centímetro cuadrado!

 

El corazón de abajo se mueve como un comandante fuerte y poderoso que desprecia al soberano celestial por su debilidad y que ha usurpado el liderazgo en los asuntos de estado. Pero cuando el castillo primordial puede ser fortificado y defendido, entonces es como si se sentara en el trono un soberano fuerte y sabio. Los ojos empiezan a hacer circular la luz como dos ministros a la derecha y a la izquierda que apoyan al soberano con todas sus fuerzas. Cuando el mando esté en el centro de este modo, todos los héroes rebeldes se presentarán con las lanzas del revés, listos para recibir órdenes.

 

El camino al Elixir de la Vida conoce como magia suprema: agua seminal, espíritu del fuego y pensamiento de la tierra; estos tres. ¿Qué es el agua seminal? Es la energía verdadera, única; el eros. El espíritu del fuego es la luz, el logos. El pensamiento de la tierra es la intuición.

 

 

El momento atómico

 

Un día, un rey llamó a su bufón más listo y le dio una vara delante de toda la corte diciendo: «Acepta esta vara como báculo de autoridad y consérvala hasta que encuentres a uno más tonto que tú. Si realmente lo encuentras, dale el báculo.»

Pasado algún tiempo, el rey estaba enfermo y yacía en su lecho de muerte. Quiso ver a su bufón, de cuya veracidad no dudaba. Cuando llegó el bufón, el rey le dijo: «Te he llamado para decirte que me voy a un viaje largo.»

«¿Adonde va?», preguntó el bufón.

«A un país lejano, a otro mundo.»

«Mi amo, ¿se ha preparado para su viaje y su estancia allí?»

«No, en absoluto, mi pequeño tonto.»

«¿Tiene amigos que le den la bienvenida allí?»

«¡Ninguno!», respondió el rey.

Entonces el bufón meneó la cabeza con tristeza y puso el báculo en la mano del rey diciendo: «Tome este báculo vuestra majestad. Le pertenece, porque se va a otro mundo sin prepararse. Sin duda este báculo le pertenece a usted y a nadie más.»

La vida es una ocasión para prepararse para la muerte y el más allá. Si no te preparas para la muerte y para el más allá, eres un tonto; estás desaprovechando una gran oportunidad. La vida es solo una oportunidad.

Esta vida que conoces no es la vida real. Es solo una oportunidad para alcanzar la vida real. La vida real está oculta en alguna parte en esta vida, pero hay que suscitarla, hay que despertarla. Está profundamente dormida. Aún no es consciente de sí misma. Y si tu vida real no es consciente de sí misma, todo lo que llamas tu vida no será otra cosa que un largo sueño. Y tampoco puede ser dulce; será una pesadilla.

Vivir sin estar enraizado en la vida real es vivir como un árbol que no está enraizado en la tierra. Por eso no hay belleza, por eso no hay gracia. Por eso no ves el resplandor del hombre del que hablan los budas.

Jesús dice una y otra vez: «El Reino de Dios está dentro de ti.» Pero no pareces ser un emperador. Jesús les dice a sus discípulos: «Mirad los lirios del campo. ¡Qué bellos son! Ni Salomón, el gran rey, fue tan bello en todo su esplendor como estas pobres flores de lirio.» ¿Por qué son tan bellos los lirios y el hombre es tan feo? ¿Por qué solo el hombre es feo? ¿Has visto alguna vez un loro feo, o un pavo real feo, o un león feo, o un ciervo feo? La fealdad parece ser algo humano. Un pavo real es un pavo real y un ciervo es simplemente un ciervo, pero el hombre no es necesariamente un hombre.

Un hombre sólo es un hombre cuando es un Buda o un Cristo o un Krishna..., cuando ha tomado consciencia de todo su ser; de lo contrario, vives andando a tientas. Vives en las cuevas oscuras del inconsciente. Solo parece que eres consciente. Tu consciencia es muy frágil. Es muy momentánea, es una superficie muy fina. No tiene siquiera la profundidad de la piel; un pequeño rasguño y pierdes tu consciencia.

Alguien te insulta: solo una palabra o una mirada y toda tu consciencia se ha ido, y eres rabia, ira, violencia, agresión. En un momento desaparece tu humanidad: vuelves a ser salvaje, de nuevo un animal; y el hombre puede caer por debajo de los animales, porque cuando cae no hay nada que lo detenga. El hombre puede elevarse por encima de los ángeles, pero raramente sucede porque elevarse por encima de los ángeles es una tarea ardua, cuesta arriba; hay que esforzarse para ello. Explorar lo desconocido requiere trabajo duro, requiere agallas, valentía.

Millones de personas nacen y mueren, pero nunca viven. Su vida es solo aparente, porque permanecen enraizadas en la inconsciencia. Y todo lo que haces en la superficie puede que no diga la verdad sobre ti en absoluto; de hecho, la realidad es justo lo contrario. Por eso Sigmund Freud tiene que penetrar en tus sueños para ver tu realidad. Observa la ironía de esto: hay que buscar tu realidad en tus sueños, no en tu realidad. No se te puede creer... lo que digas sobre ti mismo. Hay que preguntar a tus sueños, porque te has vuelto tan falso y llevas tantas máscaras que es casi imposible penetrar hasta tu rostro original.

Pero es muy difícil conocer tu rostro original, incluso con los sueños y el análisis de los sueños. ¿Quién va a hacer el análisis? Freud es tan inconsciente como tú. Una persona inconsciente está tratando de interpretar los sueños de otra persona inconsciente. Sus interpretaciones están abocadas a ser muy limitadas; sus interpretaciones reflejarán más sobre sí mismo que sobre ti. Por eso, si vas a un analista freudiano con el mismo sueño, tendrás una interpretación diferente que si vas a una analista jungiano o a un analista adleriano..., y ahora hay tantos. Y te extrañará: un solo sueño tiene diferentes interpretaciones. No están diciendo nada sobre ti, están diciendo algo sobre sí mismos. El jungiano está diciendo: «Soy jungiano. Ésta es mi interpretación.» Tus sueños no pueden revelar tu verdad. Si tus actividades conscientes no pueden revelarte, ¿cómo van a revelarte tus actividades del sueño? Pero, a pesar de todo, Freud anda por buen camino. Hay que profundizar un poco más.

Hay que ir más allá de los sueños hasta el estado mental en el que no existe ningún pensamiento, ningún sueño, ningún deseo; cuando todo pensamiento... Y soñar es un tipo de pensamiento, un tipo primitivo de pensamiento —pensar en imágenes—, pero sigue siendo pensamiento. Cuando hayas ido más allá del pensamiento, y si aún puedes permanecer alerta, consciente; si en lo profundo del centro de tu ser sigue ardiendo una lámpara, una pequeña vela de luz, entonces verás tu rostro original. Y ver tu rostro original es volver al Jardín del Edén. Entonces tiras toda tu ropa.

Tu personalidad consiste únicamente en ropa Y ropa y ropa..., ropa encima de ropa. Recuerda dos palabras que serán muy importantes para comprender este libro extraño pero inmensamente valioso, El secreto de la Flor Dorada: una palabra es «esencia», la otra palabra es «personalidad». Personalidad viene de una raíz, persona, que significa máscara. En la Antigüedad, los actores en los dramas griegos solían llevar máscaras. Persona significa «máscara»; personalidad viene de persona. Los actores solían llevar una máscara. Tú llevas muchas, porque necesitas máscaras diferentes en situaciones diferentes. Cuando hablas con tu jefe necesitas un tipo de máscara y cuando hablas con tu sirviente, por supuesto, necesitas otro tipo de máscara. ¿Cómo vas a usar la misma máscara?

¿Lo has observado alguna vez? Cuando estás hablando con tu jefe, eres todo sonrisas; tu misma respiración dice: «Sí, señor.» Aunque estés ofendido, enfadado, estás dispuesto a besarle los pies. Y cuando le estás hablando a tu sirviente, ¿has visto la arrogancia que hay en tu rostro? No has sonreído en ningún momento. ¿Cómo vas a sonreír mientras le hablas a tu sirviente? Es imposible. Tienes que deshumanizarle. ¿Cómo vas a sonreír y tratarle como a un ser humano? Tienes que poseerle como una cosa: es un esclavo. Tienes que comportarte de manera distinta a como te comportas con tu jefe. Entonces, tú eres un sirviente; él permanece arrogante, él permanece mandón. Cuando estás hablando con un amigo tienes que usar una máscara diferente. Por supuesto, cuando estás hablando con un extraño es necesaria otra máscara. Tienes que usar muchas máscaras y tienes muchas caras, y vas cambiándolas según cambian las circunstancias. Tu personalidad consiste solamente en caras falsas.

¿Y qué es la esencia? La esencia es tu rostro original sin máscaras. La esencia es lo que trajiste al mundo cuando naciste. La esencia es lo que ya estaba contigo cuando estabas en el útero. La esencia es lo que te dio Dios..., o comoquiera que llames a la totalidad, al todo, a la existencia. La esencia es un regalo que te hace la existencia.

La personalidad es un regalo de la sociedad, los padres, la escuela, la universidad, la cultura, la civilización. La personalidad no eres tú, es falsa..., y seguimos abrillantando la personalidad, y nos hemos olvidado completamente de la esencia. Y a menos que recuerdes la esencia, habrás vivido en vano, porque la vida real consiste en la esencia. Una vida verdadera es la vida de la esencia. Puedes llamarla alma, o Dios dentro de ti, o como quieras. Pero recuerda la diferencia: no eres tu ropa..., ni siquiera tu ropa psicológica.

Recuerda a Moisés. Cuando estuvo cara a cara con Dios, cuando vio a Dios en las montañas como fuego que salía de un arbusto verde, y el arbusto no ardía, el arbusto estaba tan fresco, tan verde como siempre..., se quedó pasmado. No daba crédito a sus ojos. Era imposible..., ¡semejante fuego! El arbusto estaba en llamas y, sin embargo, el arbusto no ardía. Y entonces oyó que llegaba a él una voz del arbusto: «Moisés, quítate los zapatos, porque estás en terreno sagrado.»

Ésta es una de las parábolas judías más hermosas: Dios es el fuego, tu personalidad es solo el arbusto; y Dios es un fuego fresco..., no quemará tu personalidad; la personalidad permanecerá verde. Dios te da tanta libertad que si quieres ser falso, lo permite, está conforme con ello. Si quieres ser irreal, está permitido. Libertad significa que puedes ser correcto o estar en el error; depende de ti. Tu esencia está ahí, la llama está ahí, y tu personalidad también está ahí.

La personalidad es falsa y, naturalmente, pensarás: «¿por qué no la quema el fuego que hay dentro de ti?» El fuego es fresco, el fuego no puede quemarla. Si has decidido tener esta personalidad, el fuego lo permite: puedes permanecer verde en tu personalidad; la personalidad puede seguir acumulando más y más follaje. Puedes volverte más y más falso, puedes volverte completamente falso, puedes perderte en la falsedad de la personalidad y Dios no interferirá.

Recuerda esto: Dios nunca interfiere, la libertad es total. Ésa es la dignidad del hombre, la gloria del hombre, y también su agonía. Si no se te hubiera dado libertad, no serías falso. Ningún otro animal es falso, ningún animal tiene personalidad. Y no cuento a las mascotas: como viven contigo, están destruidas; empiezan a tener personalidad. Tus perros olvidan su esencia. Puede que el perro esté enfadado, pero sigue meneando la cola: eso es la personalidad. Sabe quién es el jefe y sabe cómo halagar el ego del jefe; se ha vuelto diplomático. Es tan político como la gente que vive en Nueva Delhi: sigue meneando la cola.

¿Has visto al perro perplejo algunas veces? Llega un extraño y el perro no sabe cómo comportarse, qué rostro mostrarle al extraño. Como se siente dudoso, ladra: puede que esto sea lo apropiado, pero sigue meneando la cola. Está esperando las pistas correctas del jefe: si la persona que ha entrado en la casa es un amigo o un enemigo. Si es un enemigo, dejará de menear la cola; si es un amigo, dejará de ladrarle. Está esperando una pista, una señal: cómo se comporta el amo. Se ha vuelto una sombra del amo. Ya no es un perro auténtico.

Vivir con seres humanos es contagioso: destruyen. Incluso destruyes a los animales si viven contigo; no les permites su esencia natural. Los civilizas, igual que tú te has vuelto civilizado. No dejas que la naturaleza siga su camino, no dejas que fluya el Tao.

La esencia es lo que traes al mundo; la personalidad es lo que el mundo impone sobre la esencia. El mundo le tiene mucho miedo a la esencia porque la esencia siempre es rebelde. La esencia siempre es individualista, y el mundo no necesita individuos. Necesita ovejas. No necesita rebeldes. No necesita personas como Buda, Krishna, Lao Tse...; no, esas personas son peligrosas. Quiere personas que sean obedientes: obedientes al statu quo, obedientes a los intereses creados, obedientes a la iglesia organizada, obedientes al Estado y a los estúpidos políticos.

La sociedad requiere obediencia, y la sociedad requiere eficiencia. Cuanto más mecánico eres, más eficiente eres. Cuando estás más vivo, no puedes ser tan eficiente. Una máquina es más eficiente que el hombre. El empeño de la sociedad es rebajar al hombre y convertirlo en una máquina. ¿Y cómo rebajarlo y convertirlo en una máquina? Haz que sea cada vez más inconsciente, haz que sea cada vez más como un robot, haz que su esencia desaparezca completamente de su conciencia, haz que se vuelva perfectamente falso. Haz que sea un marido, haz que sea una esposa, un sirviente, un jefe, esto y lo otro; pero no dejes que sea su ser esencial. No permitas eso, porque ese ser esencial no obedece a nadie más que a Dios. No tiene ningún otro compromiso, su único compromiso es con la fuente. No conoce ningún otro amo.

Ese tipo de ser será muy inconveniente para esta denominada sociedad, porque esta sociedad no está creada para satisfacer las necesidades de los seres humanos. Está creada para explotar a los seres humanos. No es apropiada para ti ni para tu crecimiento. No tiene ninguna intención de ayudarte a crecer, tiene todas las intenciones de no dejarte crecer, porque cuanto más creces más independiente te vuelves, y cuanto menos creces más dependiente permaneces. Y una persona dependiente es cumplidora, porque una persona dependiente siempre tiene miedo. Una persona dependiente siempre necesita a alguien en quien apoyarse..., siempre necesita a alguien en quien apoyarse. Es infantil. Se apoya en los padres, se apoya en los sacerdotes, se apoya en los políticos. No sabe valerse por sí misma. La sociedad sigue cubriéndote con muchísimos ropajes; no solo físicos, sino también psicológicos.

La sociedad le tiene mucho miedo a la desnudez física, porque la desnudez física es el principio de la desnudez psicológica. A la sociedad le entra pánico al ver a un hombre desnudo, porque esto es el principio: si está físicamente desnudo, ha dado el primer paso. ¿Quién va a impedir ahora que se quede psicológicamente desnudo?

Y la voz que llamó a Moisés desde el arbusto ardiente dijo: «Quítate los zapatos.» Es algo muy simbólico. «Quítate la ropa», dice. «Quítate los zapatos.» Los zapatos te cubren los pies. Los zapatos te cubren. «Ponte desnudo en el suelo. Sin zapatos.» El zapato representa la personalidad, y la desnudez representa la esencia. «Estás en terreno sagrado, quítate los zapatos.»

En el momento que encuentres tu esencia, el arbusto ardiente que hay dentro de ti, tendrás que quitarte los zapatos, tendrás que quitarte toda tu ropa, tendrás que quitarte todo lo que está ocultando tu esencia. Eso es la revolución, metanoia. Ése es el momento decisivo de tu vida: la sociedad desaparece y te vuelves un individuo..., y solo los individuos pueden relacionarse con Dios. Pero será necesaria una gran consciencia.

 

Una vez, en 1933, Gurdjieff invitó a Fritz Peters a una demostración de esto en el apartamento que aquél tenía en el Hotel Henry Hudson de Nueva York, donde iba a tener lugar un encuentro.

Peters era un joven discípulo de Gurdjieff, y Gurdjieff era uno de los maestros más grandes que el mundo ha visto..., y no un maestro convencional en absoluto, porque ningún maestro puede ser convencional. El convencionalismo es la cualidad del sacerdote, no del maestro. El maestro siempre es revolucionario. Y éste es un bello experimento. Escucha con atención:

 

Cuando llegó Peters, le pidieron que lavara los platos y que preparase verdura para algunas personas muy importantes que iban a venir a cenar. Gurdjieff dijo que necesitaba que Peters le diera una lección de inglés que constara de todas las partes y funciones del cuerpo «que no estaban en el diccionario». Para cuando Gurdjieff había dominado las palabrotas y las frases obscenas, empezaron a llegar los invitados, que resultaron ser unos quince neoyorquinos muy bien vestidos, muchos de los cuales eran reporteros o periodistas.

Tras poner en escena una entrada tardía y obsequiosa, Gurdjieff comenzó a responder humildemente en la mesa a las preguntas indiferentes de los invitados acerca de su trabajo y de sus razones para visitar América. Luego, con un guiño a su profesor de inglés, de pronto cambió de tono y explicó que la triste degeneración de la humanidad y su transformación en una sustancia tan solo describible con una palabrota eran particularmente notables en América; por eso había venido a observar al desnudo este fenómeno. La causa de este alarmante estado de cosas, continuó diciendo, radicaba en el hecho de que la gente, sobre todo los americanos, nunca seguía los dictados de la inteligencia o del decoro, sino solo los de sus órganos genitales. Entonces, dirigiéndose a una mujer particularmente atractiva, elogió su indumentaria y su maquillaje. Luego le dijo que, en confianza y para ser honesto, la verdadera razón por la que iba así vestida y arreglada era el irresistible deseo sexual que sentía por alguna persona en particular..., todo ello explicado minuciosa y gráficamente por Gurdjieff con su recién adquirido vocabulario. Antes de que los invitados pudieran reaccionar, se embarcó en una perorata acerca de sus propias proezas sexuales, seguida de descripciones íntimas y detalladas de los hábitos sexuales de varias razas y naciones.

Para cuando acabó la cena y los invitados, como de costumbre, estaban bien servidos de buen armagnac añejo, perdieron sus inhibiciones y se sumaron al intercambio de obscenidades, que no tardó en volverse más que verbal. Gurdjieff se retiró con la dama a la que había insultado, y los demás, que para entonces ya estaban condicionados para creer que lo que se estaba cociendo esa noche era una orgía o algo así, empezaron a enredarse físicamente en diferentes habitaciones del apartamento, desnudándose gradualmente.

Justo cuando la juerga llegaba al clímax, Gurdjieff se separó bruscamente y empezó a ordenar a gritos que cesara la celebración. Proclamó que la lección se había cumplido cabalmente, que los invitados habían verificado sobradamente con su comportamiento la validez de las observaciones que había hecho antes; que gracias a él ahora eran parcialmente conscientes de su verdadera condición y que aceptaría gustosamente cheques y efectivo como pago de esta importante lección. Peters comprobó, sin sorpresa, conociendo a Gurdjieff, que la recaudación ascendía a varios miles de dólares.

Cuando se habían ido todos, Gurdjieff entró en la cocina para ayudar a Peters con los platos, preguntándole al mismo tiempo si había disfrutado la velada. «Me sentí asqueado», fue la respuesta. Gurdjieff se rió y observó cuidadosamente a su compañero con una mirada penetrante. «Está bien esa sensación que tienes, ese asco. Pero ahora es necesario que te hagas una pregunta: ¿con quién te sientes asqueado?»

Ésta es la verdadera situación. Lo que muestras en la superficie es una cosa. Esos invitados se enojaron, se enfadaron con la observación de George Gurdjieff de que la humanidad se ha vuelto muy degradada, que lo que haces en la superficie es una cosa y lo que quieres en lo hondo de ti es otra cosa. Puede que des explicaciones y puede que racionalices, pero tus racionalizaciones son solo racionalizaciones y nada más. En el fondo es otra cosa lo que sigue actuando en el inconsciente. Ni siquiera eres consciente de ello.

Los psicólogos dicen que cuando violan a una mujer, en la mayoría de los casos la mujer quería ser violada; tenía ese deseo. Lo estaba invitando, estaba usando ciertos gestos: su manera de andar, su manera de vestir, su manera de hablar..., todo eran gestos que invitaban la violación; y luego un día sucede. Y entonces se muestra sorprendida, furiosa, violenta; va a la policía, lucha en los tribunales. Si hubiera observado a fondo su propia mente se habría sorprendido: fue su propio esfuerzo, su propio deseo lo que se cumplió.

Hay personas que siguen viviendo de esta manera doble, sin ser siquiera conscientes de cuáles son sus verdaderos motivos internos. Observa, y esa observación te pondrá muy, muy alerta. Simplemente observa. ¿Cuál es tu verdadero motivo? No trates de convencerte a ti mismo de que no es así. Vuélvete un espejo y ve tu comportamiento. Vuélvete un observador silencioso de tu conducta, siempre alerta a por qué estás haciendo cierta cosa, de dónde viene..., y entonces verás que tienes un ser doble. Uno es la personalidad que dice una cosa y el otro es tu realidad, que sigue haciendo justo lo contrario. Y de alguna manera ambos se las arreglan para seguir juntos, y de ahí el conflicto, la fricción y la pérdida de energía.

Y esto sucede casi en todos los casos en que tienes un deseo dentro y justo el opuesto por fuera. ¿Y por qué el opuesto? Porque mediante el opuesto estás reprimiendo ese deseo. La persona que se siente inferior en lo hondo de sí misma por fuera pretende ser muy superior. Solo las personas inferiores quieren ser superiores. A las que son realmente superiores les da exactamente igual. Todas las personas que tienen complejo de inferioridad se hacen políticos, porque ésa es la única manera de probar que son muy superiores. La persona que tiene la expresión en su rostro de que es más santa que nadie sabe que en lo más hondo la verdad es justo lo contrario: se siente culpable, se siente muy indigna, sabe que es malvada. Pero la única manera de ocultárselo al mundo es tener una máscara de santidad.

Los que llamáis santos no son en absoluto diferentes de los pecadores. La única diferencia es que los pecadores son honestos y vuestros santos no son honestos. De cada mil santos, si puedes encontrar siquiera uno que sea realmente santo, eso será más que suficiente, más de lo que puede esperarse; noventa y nueve están simplemente fingiendo. Y no estoy diciendo que estén fingiendo solo para ti. El fingimiento cala tan hondo que no solo están engañando a los demás, se empiezan a engañar a sí mismos. De hecho, para engañarte a ti mismo, primero tienes que engañar a otros; solo entonces puedes creer en ello. Cuando otros empiezan a creer que eres un santo, solo entonces puedes creértelo.

Al verdadero santo no le conciernen los demás en absoluto. Sabe quién es. Incluso si el mundo entero dice que no es un santo, eso no importa. Su entendimiento es interno, su encuentro consigo mismo es directo, su experiencia es inmediata y existencial. Conoce su propia esencia. Y conocer la propia esencia es el primer paso para conocer a Dios, para volverse inmortal, para ir más allá de la muerte.

 

Henri Bergson habló al principio de este siglo. Dijo: «La extensión del cuerpo que ha traído la tecnología exige una extensión correspondiente del alma.»

 

El hombre moderno parece tener menos alma que en ninguna otra era y la razón de ello es ésta: la ciencia y la tecnología han añadido mucho con cuerpo. El cuerpo se ha vuelto más fuerte, vive más tiempo. El cerebro se ha vuelto más fuerte, ha adquirido más conocimientos. Comparada con cuerpo y al cerebro —y el cerebro es parte del cuerpo—, el alma ha permanecido muy, muy pobre. Ha sido casi descuidada, ignorada. Nadie se ocupa de ella.

¿Quién piensa en su propia esencia? Ir a la iglesia o al templo no servirá de nada. Tendrás que ir dentro de ti: tendrás que quitarte los zapatos, tendrás que adentrarte en tu esencia desnuda. Solo entonces serás capaz de reconectarte con el cosmos. Es desde ahí desde donde puedes volver a entrar en contacto con la realidad.

Ahora los sutras:

 

El Maestro Lu-Tsu dijo: Solo el espíritu primordial y la verdadera naturaleza vencen al tiempo y al espacio.

 

Lo que os he estado diciendo sobre la esencia, el Maestro Lu-Tzu lo llama «el espíritu primordial». El espíritu primordial es tu alma esencial, lo que has traído de Dios: no enseñado, no condicionado, como eras en el vientre de tu madre. ¿Cómo existías en el vientre de tu madre? No te enseñaron nada, no tenías mente; existías en un estado de no-mente, y por eso era un estado de dicha.

Los psicólogos dicen que debido a la experiencia en el vientre de la madre, esos nueve meses, el hombre ha estado buscando a Dios; porque el recuerdo de la experiencia de esos nueve meses le obsesiona. Esos nueve meses fueron lo más bello que has conocido. Quizá lo hayas olvidado conscientemente, pero en el fondo de las células mismas de tu cuerpo, en las fibras mismas de tu ser, esos días aún están palpitando, esos días todavía los lleva tu existencia. Puede que no estén conscientemente en tu mente, pero están ahí. Igual que cuando te duermes profundamente por la noche, no sabes dónde estás y lo que te sucede, pero por la mañana sientes la relajación, la frescura, la alegría. La vida te ha sucedido de nuevo; todo el polvo que habías acumulado ha desaparecido. Te sientes fresco de nuevo, te sientes rejuvenecido; tu cuerpo transmite esa sensación. Tu cuerpo está calmado y sosegado y recuerda algo. El recuerdo no está en el cerebro; no sabes qué ha sucedido exactamente, adónde has ido.

Solo un buda sabe adónde va en su sueño profundo, porque incluso en su sueño profundo permanece alerta. Tú no estás alerta ni siquiera cuando estás consciente..., lo que denominas consciencia; no estás alerta cuando estás en lo que llamas estado despierto. Tienes los ojos abiertos, pero tu mente sigue urdiendo y trenzando mil y un pensamientos. La charla interna continúa, el ruido interno continúa. Ves y, sin embargo, no ves; oyes y, sin embargo, no oyes, porque en lo hondo de ti hay un muro de pensamientos, sueños..., flotando continuamente en el cielo de tu conciencia. No estás alerta ni siquiera cuando estás despierto. El buda está alerta incluso cuando está profundamente dormido. Solo él sabe adónde va.

¿Adónde va? Va a la esencia, a la fuente, al espíritu primordial. Y si entras en la fuente primordial aunque sea durante unos pocos momentos por la noche, rejuveneces. El hombre que no puede entrar en un sueño profundo está realmente en el infierno. Se va a la cama cansado, exhausto, aburrido de la vida, y se levanta por la mañana aún más cansado, más aburrido, más exhausto. Su vida es un infierno.

En el sueño profundo simplemente vuelves a la fuente primordial de tu ser. Esa fuente primordial siempre está ahí; no la has perdido, solo las has olvidado. Y esa fuente primordial está más allá de todas las dualidades: no es ni luz ni oscuridad, es transcendental; no es ni vida ni muerte como tú las conoces, es transcendental; no es ni hombre ni mujer como tú los conoces, es transcendental. Está más allá de todo tipo de dualidades. Es Dios.

 

Solo el espíritu primordial y la verdadera naturaleza vencen al tiempo y al espacio.

 

Cuando estás en el espíritu primordial estás en tu verdadera naturaleza. Cuando estás en tu personalidad eres falso, eres solo un fenómeno plástico. Observa, y te sorprenderá cuántas cosas son de plástico en ti. Sonríes cuando no hay sonrisa en tu corazón; entonces es de plástico. Te muestras compasivo cuando no hay compasión en ti; es de plástico. Muestras alegría cuando no hay alegría en ti; es de plástico. Incluso puedes llorar y gemir sin que tu corazón sienta nada; entonces esas lágrimas son de plástico. Observa cuántas cosas son de plástico en ti. Y recuerda: todo lo que es de plástico no es tú. Dios no te ha hecho de plástico; Dios te ha dado vida eterna. Pero esa vida eterna solo puedes encontrarla cuando te quitas los zapatos, te quitas la personalidad.

Desecha todas las personas, todas las máscaras. Deja que desaparezcan todas las máscaras. Será doloroso, porque te has identificado con esas máscaras; piensas que son tus caras. Va a ser casi un proceso muy doloroso de muerte. Y no solo una vez: tendrás que morir muchas veces, porque cada vez que caiga una cara te parecerá que ha sucedido una muerte. Pero volverá a surgir en ti nueva vida, más fresca, más profunda, más vibrante. Cuando desaparecen todas las caras y solo queda la esencia, has transcendido todas las dualidades, incluso la dualidad del tiempo y el espacio.

Cuando entras en meditación profunda, cuando entras en tu ser esencial, no hay espacio ni tiempo; no puedes decir dónde estás. Todos los dóndes han desaparecido, no puedes precisar el lugar. O no estás en ninguna parte o estás en todas partes. Éstas son las dos únicas posibilidades. Ambas significan lo mismo.

Algunas personas han optado por decir que uno está en todas partes: Aham Brahmasmi, «Soy Dios». «Dios» significa alguien que está en todas partes, que impregna toda la existencia: te vuelves el espacio mismo. Y «Soy siempre, soy eterno»... significa que impregnas el tiempo. Ésta es solo una manera de expresarlo, la manera positiva. El budismo ha elegido la otra, la manera negativa.

Buda dice: «En la meditación profunda no estás en ninguna parte.»

Todo el espacio ha desaparecido. Y no hay tiempo, estás en un estado sin tiempo. Y cuando no hay tiempo ni espacio, ¿cómo vas a existir? El hombre existe sólo en el punto de cruce del tiempo y el espacio. Una línea de tiempo y una línea de espacio se cruzan, y en ese cruce surge el ego. Quita esas dos líneas y el punto del ego desaparece. Era solo un cruce de dos líneas. Era una idea falaz.

De modo que Buda dice: «No hay nadie.»

En la meditación profunda, el tiempo desaparece, el espacio desaparece y tú desapareces; todo desaparece. Solo hay nada, shunya, cero. Ésta es la manera negativa de decir lo mismo.

Puedes decir «Soy Dios», si eliges la expresión positiva, que tiene sus propios peligros, y también su propia belleza; o puedes optar por la expresión negativa, anatta, no-ser, nada..., nirvana. También tiene su propia belleza y sus propios peligros. La idea misma de la nada asquea a la gente; ése es el peligro. ¿Quién quiere ser nada?

En sus cuarenta años de ministerio, le preguntaron una y otra vez a Buda: «¿Por qué deberíamos tratar de ser nada? Eso sería una muerte, la muerte final.»

Y Buda dice: «Sí, es una muerte final. Pero es hermosa.»

Y el interrogador pregunta: «¿Pero para quién es bella? Porque no hay nadie.»

Y Buda dice: «Solo hay belleza, bienaventuranza...; nadie que lo experimente.»

Naturalmente, la mente humana dice: «Pero entonces, ¿para qué? Si no estoy ahí y es muy hermoso, pues que sea hermoso. Pero yo no estoy ahí, así que me da igual que sea hermoso o no. ¿Por qué iba a perderme a mí mismo? Es mejor estar en un mundo que no es tan hermoso, pero en el que al menos existo.»

El objetivo de la nada asquea a la gente. Por eso el budismo desapareció de India y aprendió una lección: en China abandonó el lenguaje negativo, en Tibet abandonó el lenguaje negativo. El budismo indio, el budismo original, era absolutamente negativo. Bajo la influencia de Buda se transformaron miles de personas, pero no puedes encontrar un hombre como Buda todos los días.

El impacto de Buda era tal que la gente estaba dispuesta a morir y volverse nada. Eso era debido a Buda; de otra forma, no hay atractivo, no hay ningún encanto en ser nada. Pero Buda tenía un magnetismo tal, un carisma tal, que miles de personas estaban dispuestas a volverse nada: «Si Buda lo dice, debe de ser así.» Su palabra era tan importante; sus ojos eran testigos de ello: «Él ha desaparecido, así que desaparezcamos también. Y si él lo dice, podemos confiar.»

Pero una vez que Buda desapareció de la Tierra, los sacerdotes budistas no pudieron convencer a la gente; tuvieron que desaparecer completamente de India. Entonces aprendieron una lección: fuera de India, el budismo empezó a utilizar un lenguaje positivo, empezó a usar todo lo que Buda había negado. Sobrevivió, pero no sobrevivió realmente como budismo. Sobrevivió como Vedanta, sobrevivió como un lenguaje positivo, y la mayor contribución de Buda fue la expresión negativa.

La belleza de la expresión negativa es que nunca permite ninguna satisfacción, ninguna gratificación a tu ego. Ése es el peligro del lenguaje positivo. Si dices Aham Brahmasmi: «Soy Dios»; Ana'l haq: «Soy la verdad», el peligro es que la verdad puede volverse secundaria y el «yo» puede volverse primario. La verdad puede convertirse en tu sombra; el énfasis puede empezar a concentrarse en la palabra «yo»: «Yo soy Dios». Si el énfasis permanece en Dios y el «yo» sigue siendo simplemente una sombra de Dios, está perfectamente bien. Pero eso es muy difícil. El «yo» es muy astuto; las formas del ego son muy sutiles. Aprovechará la oportunidad, se lanzará sobre la idea. Dirá: «Sí, yo soy Dios y nadie más lo es. Yo soy la verdad y todos los demás son una mentira.» Pero entonces no lo habrá entendido en absoluto.

Pero una cosa es segura: el tiempo y el espacio desaparecen. O bien tienes que declarar: «Soy todo», todo el espacio, todo el tiempo, «Estoy en todas partes y en todos los momentos», o tienes que usar la expresión de Buda: «No existo. No existe el tiempo. No existe el espacio. Solo existe una absoluta nada silenciosa; de la eternidad a la eternidad, un silencio, ni siquiera una onda.» Pero ambas declaraciones indican lo mismo. Las expresiones son diferentes, los dedos son diferentes, pero señalan la misma luna. Esa luna es tu esencia.

 

El Maestro Lu-Tsu dijo:

Solo el espíritu primordial y la verdadera naturaleza vencen al tiempo y al espacio.

 

Y a menos que venzas al tiempo y al espacio, no vencerás a la muerte. La muerte existe en el tiempo, y la muerte existe en el espacio. A menos que superes el tiempo y el espacio, no superarás la mente y el cuerpo.

Trata de comprender: el cuerpo corresponde al espacio y la mente corresponde al tiempo. La mente es un fenómeno temporal y el cuerpo es un fenómeno espacial. El cuerpo existe en alguna parte y la mente existe en algún momento. Piensa en la mente sin tiempo y no podrás concebirla; la mente es o pasado o presente o futuro, en recuerdo o imaginación o actualidad presente. La mente existe en tres tiempos.

Me estás escuchando atentamente, alerta; la mente está en el presente. Si estás aquí pensando en otras cosas —has leído algo en la Biblia y concuerda conmigo o no concuerda conmigo— te has ido a la imaginación o a los recuerdos. No se puede concebir la mente si el tiempo desaparece; el tiempo es sinónimo con la mente.

El hombre es un cosmos en miniatura, un universo en miniatura. Todo lo que existe fuera a escala mayor existe a escala menor en el hombre. Si puedes comprender al hombre habrás comprendido todo el universo: como es arriba es abajo. El hombre es un constituyente atómico de todo este universo. Si comprendes un átomo, has comprendido toda la materia. Si comprendes a un hombre, si descifras tu propio misterio, has descifrado todos los misterios posibles: pasados, presentes, futuros; todos.

Y hay que recordar estas dos cosas. El cuerpo es espacio, la mente es tiempo. Cuando meditas, desapareces del cuerpo, no sabes quién eres. Hombre, mujer, feo, guapo, negro, blanco... Sencillamente no sabes quién eres. Cuando entras en ti, dejas atrás el cuerpo. Llega un momento en el que ni siquiera puedes ubicar tu cuerpo y ni siquiera puedes sentir su presencia. Ya no estás apegado a la forma; te has vuelto sin forma. Y lo mismo sucede con la mente: no sabes dónde está tu mente, adonde ha ido esa mente. Todo ese ruido, ese ruido del tráfico que estaba constantemente dentro de ti, se vuelve distante, distante, distante, y desaparece. De pronto explota en ti un gran silencio. En ese estado sin espacio y sin tiempo llegas a conocer tu esencia. Y conocer tu propia esencia es tener el primer vislumbre del Tao.

 

El espíritu primordial está más allá de las diferencias polares.

 

Todas las diferencias polares desaparecen. Hombre/mujer, verano/invierno, calor/frío, amor/odio, positivo/negativo, tiempo/espacio, vida/muerte...; todos los opuestos polares desaparecen.

 

El espíritu primordial está más allá de las diferencias polares.

 

Y por eso insisto una y otra vez en que no te apegues a ninguna polaridad. Te han enseñado a apegarte a alguna polaridad. Las denominadas religiones te han estado enseñando: sé mundano o renuncia y vete a los monasterios. Yo te digo que permanezcas en el mundo y no seas de él; de lo contrario, te apegarás a una polaridad. Si te vas al monasterio le tendrás miedo al mercado. ¿Qué tipo de realización es ésa? Si hay miedo no hay realización.

Y conozco personas que han vivido en los Himalayas...; entonces se asustan. Entonces no quieren venir al mundo porque lo que están sintiendo en los Himalayas desaparece cuando vienen al mercado. Si desaparece en el mercado no es realización. Puede que haya sido tan solo que tomaste el silencio de los Himalayas por tu propio silencio. Era prestado. Ciertamente, los Himalayas son silenciosos, y si vives en ese silencio, poco a poco ese silencio comienza a impregnarte. Pero no es tu música, es prestada; vete de los Himalayas y desaparecerá. Esto está creando una falacia. Esto es disfrutar una gloria reflejada que no es tu propia gloria.

Vive en el mercado y crea un Himalaya en el corazón; vuélvete silencioso en el ruido. Sigue siendo un cabeza de familia y a la vez sé un sannyasin. Por eso pongo tanto énfasis en que no quiero que mis sannyasins renuncien. No hay que renunciar a nada. El camino de la renuncia es el camino del escapista, y el camino de la renuncia hará que te apegues a un fenómeno polar. Eso no te dará libertad. La libertad está en la transcendencia, y la transcendencia llega solo cuando vives en los opuestos polares simultáneamente, a la vez.

Así que permanece en el mundo, pero no dejes que el mundo esté en ti. Ama, pero no te pierdas en ello. Relaciónate, pero a la vez permanece solo, completamente solo. Ten perfectamente claro que toda relación es un juego: juega el juego y juégalo con toda la belleza que sea posible y con toda la habilidad que sea posible. Después de todo, un juego es un juego y hay que jugarlo magníficamente. Y sigue todas las reglas del juego, porque un juego no puede existir sin reglas. Pero recuerda siempre que es solo un juego. No te apegues a él, no te vuelvas serio en él. Permite siempre que el sentido del humor permanezca vivo en ti: permanece sincero, pero no serio. Y entonces, poco a poco verás que las polaridades están desapareciendo. ¿Quién es mundano y quién está desapegado del mundo? No eres ni lo uno ni lo otro.

 

El espíritu primordial está más allá de las diferencias polares. Es el lugar del que derivan su ser el cielo y la tierra. Cuando los estudiantes comprenden la manera de captar el espíritu primordial, superan los opuestos polares de la luz y la oscuridad y ya no se demoran en los tres mundos.

 

El mundo del cielo, el mundo de la Tierra y el mundo del infierno —los tres mundos—, todos desaparecen para la persona que sabe transcender las polaridades.

Te dije hace solo unos momentos que el pasado, el presente, el futuro...; éstos son los tres mundos. El pasado es el infierno porque está muerto, es fantasmal: fantasmas que te siguen. El presente es la Tierra: la actualidad, los hechos, lo que existe ahora mismo y aquí. Y el futuro es el cielo: las esperanzas, las aspiraciones, los deseos, los anhelos.

Estos son los tres mundos, y tienes que moverte en estos tres mundos constantemente; vas y vienes todo el tiempo. Del pasado saltas al futuro, del futuro saltas al pasado; sigue y sigue. Y el presente es tan minúsculo que no eres muy consciente de él: está encajonado entre el pasado y el futuro, y éstos son enormes. Y el presente es minúsculo, un momento atómico; tan pequeño que ni siquiera lo ves. En cuanto tomas conciencia de él, ya es pasado.

Para estar presente en el presente es necesario estar muy atento, absolutamente atento. Por eso estar presente en el presente se convierte en la puerta para ir más allá del tiempo. No puedes ir desde el pasado, porque el pasado es tan enorme...; infinito. Puedes seguir y seguir y nunca encontrarás su fin. Por eso digo que el psicoanálisis no será útil: entra en el pasado y sigue desentrañando el pasado, desenterrando el pasado. Puedes seguir y seguir... El psicoanálisis continúa durante años: tres años, siete años, y tampoco entonces está completo. Uno simplemente se aburre del psicoanalista y entonces cambia de psicoanalista y acude a otro y empieza de cero otra vez.

Y me gustaría decirte una cosa: tarde o temprano, el psicoanálisis está abocado a descubrir que esta vida no es el fin del pasado. Sigues yendo hacia atrás y puedes llegar a lo que Janov llama «el grito primordial». El grito primordial es lo último del psicoanálisis: el primer grito del niño cuando empezó a respirar, con el que empezó a respirar... El primer grito. Pero una vez que hayas llegado ahí te sorprenderás: eso tampoco es el principio. Entonces tienes que entrar en el útero.

En Oriente lo hemos intentado. Tenemos un método que va muy lejos, llamado prati prasav: volver, volver. Mahavira lo usó, Buda lo usó... Pasaron por el útero. Y entonces tienes que volver a pasar por la muerte, porque antes del útero moriste, y entonces de nuevo toda la vida..., capa tras capa. Fue a través del psicoanálisis profundo como Oriente tomó conciencia del fenómeno de las muchas vidas. El cristianismo, el judaísmo y el islam no son conscientes de ello. Nunca se esforzaron tanto. Nunca han probado el psicoanálisis.

Freud es el primer judío que lo ha intentado, y, por supuesto, los cristianos, los judíos y todas las supuestas gentes religiosas estuvieron contra él. El miedo es que si el psicoanálisis profundiza más, tarde o temprano se demostrará que la idea hindú de la reencarnación es correcta. Ése es el miedo. Si continúas escarbando encontrarás capa tras capa... ¿Dónde acabarás? Has vivido miles de vidas como hombre y hemos tratado de penetrar en todas ellas; pero tampoco entonces hay final. Un día, de pronto, ves que antes de esta vida no eras un hombre; eras un elefante, o un tigre, o un perro, y entonces empiezas a entrar en las vidas animales. Y después de millones de vidas, un día descubrirás de repente que antes fuiste un arbusto o un árbol, y antes una roca.

En India decimos que has pasado por millones de vidas. ¿Adonde puede llevar? El análisis del pasado no puede llevar a ninguna parte. Puede volverte loco, pero no lleva a ninguna parte. Y lo mismo pasa con el futuro. ¿Dónde parar? ¿Cuándo es ya suficiente? ¿Dónde establecer que «ya no seguiremos mirando hacia adelante»? En Oriente hemos probado eso también, porque hemos trabajado enormemente con el concepto del tiempo. Y ambos son inacabables: la memoria es interminable, la imaginación es interminable. Entre las dos está el momento presente, muy diminuto, tan diminuto que no puedes tomar consciencia de él si no estás absolutamente alerta; se va muy rápido, es muy fugaz.

Pero si tomas consciencia del presente, entonces se abre una puerta, la puerta a la eternidad. Es por ahí por donde la mente va hacia la no-mente. Es por ahí por donde la personalidad va más allá de la personalidad, hasta la esencia.

Sabes perfectamente bien que Jesús fue crucificado. Había dos ladrones que fueron crucificados con él: uno estaba a la izquierda, el otro estaba a la derecha. Puede que nunca lo hayas visto como un símbolo enormemente significativo de que Jesús representa el momento presente. Un ladrón es el pasado, el otro ladrón es el futuro, y Jesús representa el momento presente: el más cercano a Dios, el más cercano a la esencia. Un ladrón se burló de Jesús: el pasado siempre se burla de ti; condenó a Jesús: el pasado siempre te condena. El otro ladrón le preguntó a Jesús acerca del futuro: «¿Qué pasará después de la muerte? ¿Podré verte en el cielo?» Uno es el pasado, el otro es el futuro, y Jesús está encajonado entre los dos ladrones.

¿Y por qué llamarles ladrones? El pasado es un ladrón, el futuro es un ladrón, porque siguen robándote tu presente. Son ladrones. Para mí, esto es una parábola. No sé si algún cristiano estará de acuerdo conmigo o no, pero eso ni me va ni me viene; no me importa si alguien está de acuerdo conmigo o no.

Jesús está presente, aquí-ahora, lo más cercano a la esencia, listo para morir y desaparecer del cuerpo y la mente. Duda un poco; todo el mundo duda. Cuando llegas al presente y ves la eternidad frente a ti..., no pasado, no futuro, solo la eternidad, una dimensión totalmente diferente. El pasado, el presente, el futuro son horizontales; la eternidad es vertical. De nuevo, para mí la cruz es el símbolo del cruce de estas dos líneas.

Una cruz se compone de dos líneas, una horizontal, la otra vertical. Esto es una representación del tiempo y la eternidad. Todo el mundo duda cuando se enfrenta con la eternidad, el no-lugar, la nada o el todo. Es tanto; uno va a desaparecer en ello como una gota. Y el océano es tan grande. Uno no volverá a encontrarse. Incluso una gota que cae al océano desde una hoja de hierba duda.

Jesús dudó, y amo a este hombre porque dudó. Su vacilación muestra que era humano. Su vacilación muestra que era uno de nosotros, era el hijo del hombre. Le gritó a Dios: «¿Me has abandonado? ¿Qué me estás haciendo? ¿Me has dado la espalda? ¿Ya no estás conmigo? Estoy desapareciendo y no veo que tus manos me protejan.» La gota de rocío está cayendo en el océano. «¿Dónde estás? Estoy cayendo en una profunda nada. Ha llegado la muerte, y siempre había confiado en que al llegar la muerte tú estarías esperándome y me abrazarías, me tomarías en tu redil, serías cálido y amoroso. Pero ¿dónde estás? ¿Me has abandonado? ¿Me has dado la espalda? No te veo en ninguna parte.»

En realidad, no se puede ver a Dios. Dios no es una persona; Dios es un nombre positivo para esta nada absoluta.

Pero Jesús ha vivido con la idea judía de Dios como persona, de ahí esta agitación en su mente, el miedo en su mente. No ve. Esperaba ver al amado, al Padre. Solía llamar al Padre Abba; esperaba encontrar a su Padre. Pero parece que no hay nadie. El mundo se ha acabado y más allá no hay nada más que una nada abismal, un abismo sin fondo.

Es muy humana, la vida de Jesús es muy humana, y ésa es su belleza; por eso ha impresionado a tanta gente. Su misma humanidad es conmovedora. Pero entonces lo comprendió: debió haber mirado en lo profundo de la eternidad, la nada; debió haber comprendido que «Dios no puede tener un rostro humano: éste es su rostro»; que «Dios no puede tener manos humanas», que «Esta nada está lista para abrazarme, para llevarme al fondo de su corazón». Y entonces le dijo a Dios: «Que llegue tu reino. Hágase tu voluntad. Sea así, que sea así. Así que eres nada: estoy listo, confío en ti. Confiaré incluso en tu nada.»

Todo cristiano, todo mahometano, todo hindú, todo judío..., todos los que hayan vivido con la idea de la personalidad de Dios tendrán que afrontar esto, tendrán que pasar por este periodo de ansiedad, esta angustia. Ésa es la belleza de la idea budista y la idea taoísta de que Dios es nada, otro nombre para la nada. Alguien que haya vivido desde el principio mismo con la idea de la nada no vacilará, simplemente desaparecerá en ella.

 

El espíritu primordial está más allá de las diferencias polares. Es el lugar del que derivan su ser el cielo y la tierra. Cuando los estudiantes comprenden la manera de captar el espíritu primordial, superan los opuestos polares de la luz y la oscuridad y ya no se demoran en los tres mundos. Pero solo quien ha vislumbrado el rostro original de la naturaleza humana es capaz de hacer esto.

 

A menos que hayas sido capaz de ver tu propia nada, no serás capaz de hacerlo. Primero medita y entra en tu nada interna; entonces serás capaz de entrar en la nada de la existencia misma.

 

Cuando los hombres se liberan del útero, el espíritu primordial reside en el centímetro cuadrado...

 

Esto es un mapa taoísta; no te quedes extrañado. Existen diferentes mapas de la conciencia humana. Los diferentes mapas usan diferentes símbolos. Esto es un mapa taoísta.

Los taoístas dicen que después de que un niño nace del útero, el espíritu primordial empieza a residir en el tercer ojo. Entre los dos ojos, entre los dos, existe el tercero, exactamente en el medio. Lo que el mapa del yoga llama agya chakra, el centro del tercer ojo, eso es lo que los taoístas llaman el lugar de residencia del espíritu primordial.

 

...el espíritu primordial reside en el centímetro cuadrado, pero el espíritu consciente reside debajo, en el corazón.

 

«Pero el espíritu consciente reside... en el corazón», el corazón físico corriente.

 

Este corazón depende del mundo externo. Si un hombre no come siquiera un día, este corazón se siente extremadamente incómodo. Si oye algo terrorífico, palpita; si se enfrenta con la muerte, se pone triste; si ve algo hermoso, se abruma. Pero el corazón celestial de la cabeza...

 

... es decir, del centro del tercer ojo.

 

... ¿cuándo se ha movido lo más mínimo? Preguntas: «¿No se puede mover el corazón celestial?» Entonces yo respondo: ¡Cómo va a moverse el verdadero pensamiento en el centímetro cuadrado!

 

Este corazón físico depende continuamente del mundo externo, se ve afectado por el mundo externo. Es parte del mundo externo dentro de ti. Éste no es el verdadero corazón. Los taoístas dicen que el verdadero corazón está en el tercer ojo; no se mueve, es inamovible; siempre es el mismo. El corazón físico siempre está en el caos, y el corazón espiritual del tercer ojo siempre está en orden. Es el orden mismo. Por eso los hindúes lo han llamado agya chakra, el centro desde el que se origina el orden, desde el que se origina la disciplina. Si algo llega del tercer ojo, se sigue inmediatamente; todo el cuerpo lo sigue, todo el ser lo sigue. Es el centro desde el que emanan los mandamientos. Pero está profundamente dormido. Vives desde el corazón físico. No has conocido aún tu corazón espiritual.

 

El corazón de abajo se mueve como un comandante fuerte y poderoso que desprecia al soberano celestial por su debilidad...

 

Pero el corazón físico piensa que el corazón espiritual es débil porque no se mueve. Y como no se mueve, sigues sin tener conciencia de él. Solo tomas conciencia de las cosas cuando se mueven. Si algo permanece absolutamente inmóvil, no te das cuenta de ello. Y el corazón de abajo se considera muy fuerte y piensa que el corazón celestial, el corazón espiritual, es débil, que está casi muerto, porque no se mueve.

 

...y que ha usurpado el liderazgo en los asuntos de estado.

 

Y debido a esto, el corazón de abajo se ha convertido en tu amo.

 

Pero cuando el castillo primordial puede ser fortificado y defendido, entonces es como si se sentara en el trono un soberano fuerte y sabio.

 

Pero si empiezas a volverte cada vez más alerta y cada vez más consciente, descubrirás que has fortificado el castillo primordial del tercer ojo. Cuando tomes consciencia te sorprenderás: empiezas a operar desde el tercer ojo. Vuélvete un poco consciente y notarás un poco de tensión en el tercer ojo. Cuando te vuelves más consciente, la tensión es mayor en el tercer ojo. Algo empieza a latir en el tercer ojo; algo empieza a palpitar en el tercer ojo.

Una vez que la consciencia ha hecho que funcione el tercer ojo, una vez que la consciencia ha entrado en el tercer ojo y el tercer ojo comienza a funcionar, cobra vida...; por eso los hindúes lo llaman chakra. «Chakra» significa rueda. La rueda necesita energía; cuando llega la energía, la rueda empieza a moverse. Al decir «movimiento», se quiere decir que empieza a funcionar. Entonces sucede una gran revolución en tu ser: inmediatamente, el corazón de abajo se somete al corazón de arriba. Cuando llega lo superior, lo inferior se somete. Solo manda cuando lo superior no está presente. Y ésa es la diferencia entre una religión auténtica y una religión irreal.

La religión irreal te dice: «Intenta controlarte a ti mismo. Haz esto, no hagas eso. Controla tus sentidos. Disciplina tu cuerpo.» La religión auténtica dice: «Simplemente entra en el centro del tercer ojo y deja que funcione el corazón espiritual, y todo estará controlado, y todo estará disciplinado. Deja que llegue el amo y todo se pondrá en orden inmediatamente.»

 

Los ojos empiezan a hacer circular la luz como dos ministros a la derecha y a la izquierda que apoyan al soberano con todas sus fuerzas. Cuando el mando esté en el centro de este modo, todos los héroes rebeldes se presentarán con las lanzas del revés, listos para recibir órdenes.

 

Simplemente deja que entre el amo, y no hay necesidad de hacer ningún esfuerzo para crear orden en tu vida; no hay necesidad de cultivar tu carácter. Por eso digo que no te preocupes por el carácter. Simplemente pon toda tu energía en ser más consciente. A la consciencia le sigue el carácter como tu sombra te sigue a ti. Si tratas de cultivar el carácter, tu carácter será falso, pseudo, y te volverás un hipócrita. Y éste no es el camino para alcanzar lo supremo.

 

El camino al Elixir de la Vida conoce como magia suprema...

 

Ésta es la magia suprema. ¿Por qué llamarlo magia? Porque una vez que el corazón superior ha empezado a funcionar, es como si sucediera un milagro mágico... Tus sentidos nunca estuvieron en orden, tu mente siempre estuvo confusa. Siempre estabas vacilando: ¿hacer esto o hacer lo otro, ser o no ser? Estabas constantemente tenso: ¿adonde ir, qué elegir? De repente, como si alguien hubiera hecho un milagro, toda la confusión desaparece, surge la claridad, la vida se vuelve transparente; simplemente haces lo que hay que hacer. De hecho, una vez que empieza a funcionar el corazón celestial, todo lo que haces es bueno; no puedes ir por mal camino..., es imposible.

 

El camino al Elixir de la Vida conoce como magia suprema...

 

Y son tres los componentes de esta magia suprema:

 

... agua seminal, espíritu del fuego y pensamiento de la tierra...

 

Estos son símbolos taoístas.

 

... estos tres. ¿Qué es el agua seminal? Es la energía verdadera, única, el eros. El espíritu del fuego es la luz, el logos. El pensamiento de la tierra es la intuición.

 

Tendrás que comprender estos tres. El agua seminal es el eros: la energía que ahora conoces como energía sexual, la energía de la pasión. Ahora mismo solo te crea dificultades y nada más. Ahora mismo simula ser tu amiga, pero resulta ser tu enemiga. Cuanto más la sigues, más te lleva al sufrimiento. Por eso se dice que el amor es ciego.

 

Mulla Nasruddin me decía: «El amor es ciego y el matrimonio es lo que te abre los ojos.»

 

El amor es ciego porque aún no tienes ojos, y una gran energía que podría haberse convertido en una gran bendición para ti se vuelve solo sufrimiento. El eros es tu energía.

Y Freud tiene razón al buscar y rebuscarlo todo en tu eros, en tu energía sexual. Pero se equivoca porque no sabe que este estado ordinario de la energía sexual no es su estado natural, es un estado pervertido. En su estado natural, la energía sexual se eleva más y más; te lleva hacia arriba, no hacia abajo. En su estado natural, la energía sexual se convierte en la flor dorada dentro de ti. En el estado pervertido, supuestamente corriente, simplemente te lleva a nuevas prisiones, porque va hacia fuera y hacia abajo. Te disipa. Solo te acerca más y más a la muerte. Si la misma energía empieza a ir hacia arriba, trae una nueva vida, vida en abundancia. Se convierte en «el Elixir de la Vida.»

De igual manera que el barro puede convertirse en un loto —el barro contiene el loto, su semilla—, así tu energía sexual contiene la semilla de la flor dorada. Pero la energía tiene que ir hacia arriba; tú no puedes moverla hacia arriba. Hay personas que intentan hacer que vaya hacia arriba; se vuelven pervertidos sexuales y nada más. No puedes hacerlo directamente, pero puedes hacerlo indirectamente. Una vez que tu tercer ojo, tu corazón espiritual, empieza a funcionar, la energía comienza a moverse por sí misma. Has creado el tercer ojo y la energía se siente atraída como por un imán.

Ahora mismo tu energía se mueve hacia fuera porque tienes imanes fuera que son mucho mayores que los que tienes dentro. Ves a una mujer guapa y la energía empieza a ir hacia fuera; la mujer funciona como un imán. Cuando funciona tu tercer ojo, tienes un imán tan poderoso que nadie puede tirar de ti hacia fuera. Es simplemente una cuestión de tener un imán dentro que sea mayor que el que existe fuera. Entonces la energía va hacia arriba, hacia dentro.

Si vas hacia fuera, entrarás en el mundo de la dualidad. Si vas hacia dentro, entrarás en el mundo de la no-dualidad; te volverás no-polar.

Ésta es exactamente la función de lo que llamo metapsicología, o la psicología de los budas. Esto es religión pura; no la religión de los rituales, sino la religión pura: nada que ver con el cristianismo y el hinduismo, sino algo que ver con tu fuente de energía.

Lo segundo es el espíritu del fuego. Es luz, logos; es mente consciente. El eros yendo hacia arriba te lleva más allá de la mente consciente e inconsciente. El logos es la mente consciente. Es la psicología, es la ciencia.

El pensamiento de la tierra es oscuridad, inconsciencia, intuición. Es la parapsicología, el arte. El pensamiento de la tierra es la intuición, la oscuridad. Las mujeres viven en el pensamiento de la tierra, en la visión intuitiva. Las mujeres viven como seres inconscientes, ilógicos. Los hombres viven en el espíritu del fuego, el logos, la lógica, la mente consciente. Los artistas son femeninos, los científicos son masculinos, y el agua seminal, el eros, la energía única, es no-dual. Te lleva más allá del arte y más allá de la ciencia; te lleva más allá del consciente y del inconsciente; te lleva más allá del hombre y más allá de la mujer. Te lleva a lo no-dual, a lo transcendental.

Pero el secreto de la magia es dejar que funcione tu corazón celestial, que existe entre los dos ojos. Más adelante entraremos en su metodología: cómo ayudarle a funcionar.

 

Suficiente por hoy.

 

 

Capítulo 4

 

¡No hablo por hablar!

 

La primera pregunta:

Al final, el río llega al mar. El cuerpo se va y solo queda la existencia, el infinito. ¿Qué es entonces este afán y el propósito de llegar ahí ahora? ¿No es empujar el río?

 

Hamid, el problema es que el hombre no es un río, el hombre está muy congelado. No hay flujo en el ser del hombre. El hombre es como el hielo, no como el agua. Si el hombre fuese un río, no habría necesidad de empujarlo, al final llegaría al océano: ya habría llegado. En ese mismo flujo se habría vuelto parte del océano: fluir es ser oceánico. Pero el hombre no está fluyendo, por eso hay este afán. El hielo quiere derretirse, por eso hay este afán. Una vez que se ha derretido el hielo, no hay necesidad de empujar nada; entonces todo sucede por sí mismo.

El hombre se ha vuelto una roca. Y la razón por la que el hombre se ha vuelto una roca que no fluye es la mente. El cuerpo fluye perfectamente, y también el alma, pero entre los dos, el enlace —la mente— es hielo congelado. Cuando la mente entra más profundamente en meditación, empieza a derretirse. De eso es de lo que trata la meditación: un esfuerzo para derretir la mente.

Dices: «Al final, el río llega al mar.» Eso es verdad, pero primero vuélvete un río. Dices: «El cuerpo se va y solo queda la existencia, el infinito.» Verdad. Pero entre el cuerpo y el alma hay una mente aferrándose a ti, o tú aferrándote a ella. El cuerpo se va, pero tú no te vuelves el infinito, porque no estás solo rodeado por un cuerpo: ésa es tu limitación física; hay una limitación psicológica dentro de ella. Con la muerte del cuerpo, la mente no morirá; volverá a nacer. Entrará en otro útero porque cargará con muchos deseos que tienen que ser satisfechos. Volverá a buscar un útero, otro cuerpo con el que satisfacer esos deseos. Ése es el fundamento mismo de la teoría de la reencarnación.

La mente desea, y si hay deseos, entonces surgirán oportunidades en las que se satisfarán esos deseos. Dios coopera contigo. Si tienes deseos como los de un perro, te convertirás en un perro, tendrás el cuerpo de un perro. Tu mente crea el cianotipo, y luego el cuerpo lo sigue. El cuerpo es una proyección de la mente, no viceversa. A menos que la mente desaparezca completamente, volverás a nacer una y otra vez. Una vez que se ha ido la mente, entonces es perfectamente cierto, Hamid: el cuerpo desaparece y eres el infinito. De hecho, si no está la mente, eres el infinito..., sin la desaparición del cuerpo, sin la muerte del cuerpo. No hay necesidad de esperar a eso.

Buda es infinito incluso cuando está en el cuerpo, porque sabe que no es el cuerpo. Buda es infinito cuando deja el cuerpo. No hay diferencia para él: vivir en el cuerpo o abandonar el cuerpo es lo mismo. Vives en una casa, pero no piensas que eres la casa. Exactamente de la misma manera, una consciencia despierta vive en el cuerpo, usa el cuerpo igual que tú usas un coche. Te sientas en el coche, conduces el coche, sabes que no eres el coche; puedes salir de él en cualquier momento. No necesitas esperar a que suceda un accidente en el que se destruya el coche para sentir que no eres el coche. Y si no lo sabes cuando está el coche y estás en él, ¿cómo vas a saberlo cuando no esté el coche? Simplemente con la muerte del cuerpo no sabrás que eres infinito. O eres infinito aquí-ahora o nunca lo serás. La infinitud es tu naturaleza.

El verdadero problema no es el cuerpo. El cuerpo no es el culpable, como te han estado diciendo las denominadas religiones: «¡El cuerpo es el culpable!» El cuerpo no es el culpable en absoluto. El cuerpo es absolutamente inocente y bello. La culpable es la mente; la mente es el diablo. Tendrás que disolver la mente; por eso el afán, por eso el propósito de todas las metodologías que se han desarrollado a lo largo de los tiempos: Tao, Yoga, Tantra, Zen, Hasidismo.

Vuélvete un río y entonces no es necesario nada. Eso es lo que dice El secreto de la Flor Dorada: Alcanza la inacción mediante la acción, alcanza la ausencia de esfuerzo mediante el esfuerzo. Pero primero viene el esfuerzo, la acción... Te derretirá, y entonces el río comienza a fluir. En ese mismo flujo ha llegado al océano.

 

 

La segunda pregunta:

Me resulta casi imposible rendirme al ego masculino. En vez de ello, me vuelvo competitiva, dura con resistencia o asustada. ¿Puedes decir algo sobre esto?

 

Sagarpriya, el ego no es masculino ni femenino. El ego es simplemente el ego. Lo que se vuelve duro con resistencia al ego masculino es el ego femenino.

Eres consciente del ego masculino; no eres consciente de tu propio ego. ¿Quién se resiste a rendirse? Toma más consciencia de tu propio ego y entonces todo será más fácil. Todo el mundo es consciente el ego del otro, pero no se puede hacer nada con el ego del otro. Lo único que se puede hacer es solo con uno mismo.

Dices: «Me resulta casi imposible rendirme al ego masculino.» ¿Quién es ésta a la que le resulta casi imposible? ¡Descúbrelo! Y entonces te sorprenderás: el ego es el ego; no es masculino ni femenino. No lo dividas. Los egos no tienen sexo, no tienen género; es la misma enfermedad. Si una mujer tiene cáncer, es cáncer; si un hombre tiene cáncer, es cáncer. No es masculino y femenino. El ego es exactamente igual: el cáncer de la mente.

¿Y quién te dice que te rindas al ego masculino? La rendición, la entrega, nunca es al otro. Cuando dos personas se enamoran, ambas se rinden al amor, ninguna se rinde a la otra. Si el otro pone esfuerzo para que te rindas a él, evítalo: esto no es amor. El amor nunca exige rendición. La rendición, la entrega, sucede de manera natural en el amor. No se exige.

Si el hombre exige rendición por tu parte, no te ama. No te enredes en semejante aventura tan poco amorosa. Te odia; de lo contrario, ¿por qué iba a exigirte que te rindas? Quiere poseerte, quiere reducirte a una cosa. Quiere usarte, aprovecharse de ti. Te considera solo un cuerpo, un mecanismo. No te respeta como persona, como una presencia. Esto es humillante, esto no es amor. Evítalo.

Pero la rendición, la entrega, sucede cuando hay amor. Y nadie la exige, y nadie se rinde al otro: ni el hombre a la mujer ni la mujer al hombre. Ambos se rinden al dios del amor. Ambos se entregan a esta nueva apertura de su ser. Y cuando ambos se rinden al amor, hay belleza y hay libertad. No quedas reducido a un esclavo. De hecho, solo en el amor alcanzas dignidad, solo en el amor alcanzas tu grandeza, solo en el amor emites tu esplendor. Ésta es la indicación del amor verdadero: que te vuelves más de lo que eras antes, no menos, y eres más libre que nunca.

El amor da libertad. Ése es el sabor mismo del amor. Si falta eso, si va en contra de la libertad, entonces evítalo como evitarías la peste. No entres en eso: es otra cosa que se hace pasar por amor. Pero cuando hay amor verás que la entrega ya ha sucedido; es simultánea. En el momento en que sientes amor por alguien, la rendición ya ha sucedido. Eso es el amor: no una rendición al otro —permíteme repetirlo—, sino una rendición a una fuerza desconocida que ha tomado posesión de vosotros dos. Pero eso es totalmente diferente de ti y totalmente diferente del otro. Ambos os habéis doblegado ante una energía desconocida. Os volvéis pilares separados el uno del otro, pero sustentando el mismo techo: sustentáis algo que está más allá de ambos, por encima de ambos, que os transciende; pero permanecéis separados.

El amor hace que seas más un individuo. No borra tu individualidad. Te da tu individualidad, te da tu unicidad. El amor es muy respetuoso.

Sagarpriya, dices: «Me resulta casi imposible rendirme al ego masculino. En vez de ello, me vuelvo competitiva, dura con resistencia o asustada.»

Ésas son las maneras del ego. Puede que el otro tenga ego, puede que no —no conozco al otro, ¿quién es ese otro?—, pero una cosa es segura: tú tienes un ego muy sutil. Ese ego se vuelve competitivo. El ego es competitivo, intrínsecamente competitivo. El ego se llena de resistencia o se asusta, y en el miedo, en la resistencia, en la lucha, en la competitividad, se destruye el amor.

Una cosa es segura: tienes que tomar consciencia de tu actitud sutilmente egoísta en la vida. Deséchalo. Al menos deja que desaparezca por tu parte. Y entonces te sorprenderás: puede que el otro no estuviera exigiendo ninguna rendición; era solo tu ego que proyectaba eso en el otro. Si es así, ahora puedes rendirte al amor. Si no es así y el otro sigue exigiendo —y solo podrás saberlo acertadamente cuando no haya resistencia en ti, cuando no haya miedo en ti ni competitividad en ti—, entonces tendrás claridad, tendrás transparencia, serás capaz de ver el trasfondo de todo y sabrás inmediatamente si el otro te está exigiendo que te rindas a él o si la exigencia viene de algo que está más allá de ambos. Si es de más allá de ambos, ríndete. Si viene del otro, evítalo; esa otra persona está loca. Necesita toda tu compasión; compadécele, pero no te enamores, porque enamorarse de un ególatra es peligroso: te destruirá.

Al menos eso te lo debes a ti misma.

 

 

La tercera pregunta:

Hablaste del silencio que uno encuentra en los Himalayas: que es de los Himalayas, prestado, y se pierde al volver al mercado. ¿Es esto verdad con respecto al silencio que estoy encontrando en Tu presencia? ¿Es prestado? ¿Desaparecerá cuando me vaya de aquí?

 

Kavita, este lugar es un mercado. ¿Puedes encontrar algún otro lugar que sea más como un mercado? Podría haber hecho el ashram en alguna parte de los Himalayas. ¡Me encantan los Himalayas! Para mí es un gran sacrificio no estar en los Himalayas. Pero no he hecho mi ashram en los Himalayas con un cierto propósito: quiero seguir siendo parte del mercado.

Y este ashram funciona casi como parte del mercado. Por eso los indios están tan enojados: no lo entienden. Han conocido ashrams durante siglos, pero este ashram está más allá de su comprensión. No pueden concebir que tengas que pagar para escuchar una charla religiosa. Siempre han escuchado sin pagar; no solo sin pagar, sino que después de la charla el ashram distribuye prasad también. Muchos van a escuchar las charlas no debido a las charlas, sino por el prasad. Aquí tienes que pagar. ¿Qué estoy haciendo?

Quiero que sea absolutamente parte del mercado porque no quiero que mis sannyasins entren en monasterios. Tienen que permanecer en el mundo; su meditación no debería volverse escapista. De manera que la paz que encuentres aquí serás capaz de conservarla dondequiera que vayas. No habrá problema, en absoluto. He estado dirigiéndolo de tal manera que todo lo que puede molestarte en cualquier otra parte esté presente aquí, así que no necesitas asustarte.

Los meditadores siempre le han tenido miedo a unas pocas cosas. Por ejemplo, le han tenido miedo a las mujeres. ¿Puedes encontrar en cualquier parte de India más mujeres hermosas que aquí? ¿Más llenas de vida? Viviendo aquí, estando aquí, te olvidarás completamente del hecho de quién es un hombre y quién es una mujer. ¿Cuánto tiempo puedes seguir persistiendo en hacer la distinción?

El futuro no le pertenece ni al hombre ni a la mujer El futuro será un tipo de androginia. La distinción entre hombre y mujer va a desaparecer más y más.

En el pasado, la distinción estaba muy creada, era muy cultural. Una chica tenía que ser educada de manera diferente a un chico, de manera completamente diferente. No estoy diciendo que no haya diferencia. Hay una diferencia entre el hombre y la mujer, pero la diferencia es solo biológica. Pero la sociedad crea una diferencia psicológica: «Estas cosas solo les están permitidas a los chicos, porque "los chicos son chicos" y estas cosas no les están permitidas a las chicas.» Se crea una diferencia psicológica desde el principio. La diferencia que ves en el mundo entre hombres y mujeres ha sido creada, alimentada, en su noventa y nueve por ciento; no es natural. Hay un uno por ciento de diferencia que es biológica; eso no importa. Viviendo aquí vives en una solidaridad tal que se te acabará olvidando quién es un hombre y quién es una mujer.

En el pasado, con el estilo antiguo de sannyas, la gente tenía que alejarse de las mujeres e irse a las cuevas, a los monasterios. Hay monasterios cristianos en los que nunca ha entrado una mujer, en los que nunca se le ha permitido entrar. En el Monte Athos hay un monasterio... Durante mil doscientos años no se ha permitido que entre una sola mujer. ¿Y para qué hablar de una mujer?... Ni siquiera una niña de seis meses, ni siquiera se ha permitido que entre una bebé de seis meses. ¡Ya ves qué miedo! ¿Y qué tipo de personas debe estar viviendo allí si ni siquiera pueden dejar que entre una niña de seis meses de edad? Maniacos llamados monjes, o monos, pero no hombres; deben de estar locos. Y es en los monasterios donde ha surgido todo tipo de monstruosidades.

La homosexualidad nació por primera vez en los monasterios; es un fenómeno religioso. Tenía que ser así. Si fuerzas a los hombres a vivir juntos en un lugar en el que nunca se permite a una mujer, tarde o temprano llegará la homosexualidad. La masturbación es una práctica monástica, salió de los monasterios. Tiene que haber ahí todo tipo de perversiones.

Hay también monasterios para mujeres; solo se permiten mujeres, nunca ningún hombre, y todo su mundo de fantasía consta de hombres. No pueden conseguir revistas como Playboy, pero ¿quién las necesita cuando tienes suficiente tiempo para fantasear? Su fantasía es tan pornográfica que revistas como Playboy no son nada. Sus fantasías son más psicodélicas.

Estas personas que han vivido en semejantes monasterios, si se les permitiera volver al mundo, naturalmente su meditación, su oración, su religión..., todo ello, se perturbaría.

Los monjes han estado muy asustados del dinero. Naturalmente, si estás en el mundo tienes que afrontar el dinero. No puedes vivir en el mundo sin dinero. Y los monjes han estado tan asustados que ni siquiera tocarían el dinero. Observa el miedo, la obsesión.

Acharya Vinoba Bhave, el principal discípulo de Mahatma Gandhi, no toca el dinero. ¿Pero qué tipo de obsesión es ésta? ¿Cómo va a hacerte daño tocar un billete de diez rupias? Y si puede hacerte daño, ¿qué tipo de espiritualidad es ésta? Menuda espiritualidad impotente. No solo no puede tocarlo, sino que si traes dinero ante él, cierra los ojos; ni siquiera puede mirar. Su gurú, Mahatma Gandhi, solía tener tres monos; se los había regalado alguien. Conociéndole, ese regalo era exactamente el apropiado. Un mono está sentado con las dos manos sobre sus ojos, sin mirar: «No mires muchas cosas en la vida, porque es peligroso.» Otro mono está sentado con las manos sobre las orejas: «No oigas muchas cosas, porque es peligroso.» Y el tercer mono está sentado con las manos sobre la boca: «No digas muchas cosas, porque es peligroso.» Y el monje tiene que hacer estas tres cosas a la vez. Por eso digo que un monje es tres veces un mono.

Semejante persona, que no puede abrir los ojos, no puede abrir los oídos, no puede abrir la boca, si va al mundo, naturalmente tendrá dificultades. Descubrirá que todo ha sido perturbado, todo ha sido destruido. Y en India la calamidad es que esos monos se han convertido en los líderes de este país: personas pervertidas, afectadas de anormalidades, que no son naturales, que no fluyen, que no están en el Tao.

Todo mi esfuerzo aquí es para crear un mundo en miniatura en el que el dinero sea absolutamente aceptado; en el que las mujeres y los hombres vivan juntos con alegría, celebrando, sin miedo; en el que continúe todo lo que pasa en el mundo y a la vez crezca la meditación. Ésta se vuelve cada vez más poderosa, porque están presentes todos los retos.

Kavita, puedes irte a donde quieras; nadie puede arrebatarte tu silencio. ¡Tu silencio es tuyo! No se debe a mí. Lo has conseguido, te lo has ganado.

 

 

Y una pregunta relacionada:

¡Qué más da! ¿Qué quieres decir con «la sociedad y sus normas»? ¿Y qué pasa en este lugar?

Gilipolleces, Osho, gilipolleces. ¡Son todo gilipolleces!

 

La pregunta es de Sucheta. Aún no he sido duro con ella, por eso hace esta pregunta. Pero a partir de ahora lo sabrá: he sido realmente suave con ella, y raramente soy suave con la gente.

Este lugar tiene más normas que ningún otro sitio. Estas normas son estratagemas: para crear cierta situación en ti, un reto.

La pregunta ha surgido en su mente porque quiere trabajar con niños y yo he dicho que no. Le he dicho que trabaje en otra parte.

Si accedo a vuestras preferencias, a lo que queréis, soy «Osho». En esta pregunta no ha escrito «Osho»; otras veces siempre escribe «Amado Osho», «Amado Maestro». La pregunta empieza directamente: «¡Qué más da!»

No puedo dejar que hagáis lo que queráis; de lo contrario, no os estaría ayudando. No puedo permitir que Sucheta trabaje con niños simplemente porque ella lo quiere, porque también tengo que cuidar de los niños: no puedo echar a perder sus vidas. Sucheta, a ti te han dañado tus padres, tu familia, tu sociedad; no puedo enviarte a los niños. Todavía no estás capacitada para eso. Simplemente por que tú lo quieres... Cualquiera puede querer cualquier cosa, pero aquí las cosas tienen que seguir mi criterio, no el tuyo. ¡Recuérdalo! Si no puedes ser lo suficientemente paciente, entonces este lugar no es para ti; entonces te puedes ir. Hay guardas en todas las puertas para impedir que entre gente, pero no he puesto ningún guarda para impedir que salga nadie. Puedes irte inmediatamente.

Si tienes que estar aquí, tienes que seguir mi criterio; solo entonces puedo ayudarte. Sé lo que es necesario. No es siempre lo que te gustaría que fuera lo que necesitas. Tus preferencias proceden de tu mente, y hay que destruir tu mente. No puedo hacer caso de tus preferencias. Todas estas normas las he creado yo. En el momento en que te haces sannyasin, me das esta autoridad: que yo decidiré algunas cosas por ti. Y si quieres vivir en el ashram, entonces tienes que darme el cien por cien de la autoridad: ése es el significado de hacerse residente del ashram. Ella quería estar en el ashram y la he puesto fuera porque aún no está capacitada para ello. Simplemente oye la pregunta y lo verás. Tendrás que ganártelo; y ésta no es la manera de ganártelo, recuerda.

Es muy fácil perder esta oportunidad que se te presenta. Tu ego puede volverse un problema, puede crearte problemas. O escuchas a tu ego o me escuchas a mí. Tendrás que cambiar todo tu patrón de pensamiento, tendrás que cambiar tu lenguaje mismo de la vida; de lo contrario, no lo entenderás correctamente.

Estas normas tienen un cierto propósito.

Madhuri vivía en Lao Tse House y de pronto la envié a vivir en Jesus House. Lloró, pero lo aceptó. Y ahora está más cerca de mí, más cerca que nunca, debido a esa aceptación. Irradiará de mí más amor hacia ella. Puedes vivir muy cerca de mí físicamente; eso es una cosa. Podría haberse resistido, podría haber escrito una carta enojada; pero no ha hecho nada. No ha dicho ni una sola palabra de enfado. Lloró, estuvo triste, y eso es natural, pero sin ira. Vivir conmigo en la misma casa y que luego te envíen a vivir en otra casa es duro, lo sé. Pero aguantó la conmoción y debido a esto le ha sucedido algo inmensamente valioso. Solo más adelante comprenderá que esto fue una bendición. Os lleva tiempo comprender las cosas. Pero yo vivo en una realidad totalmente diferente y decido desde ahí. Y sé que vives en una realidad diferente, que entenderás algunas cosas erróneamente; pero intenta comprenderme. Incuso si no puedes entenderlo a veces, en silencio, con paciencia, haz lo que te digo.

Sucedió...

 

El profesor le preguntó al estudiante: «¿Te gusta Kipling?»

El estudiante dijo. «No sé. Nunca he kipleado.»

 

El consejero matrimonial le dice a la esposa: «¿Suele despertar de mal humor por la mañana?»

La esposa: «No, se levanta antes que yo.»

 

«¿Cómo te fue con tu cita ayer por la noche?», le preguntó un vecino anciano a un hippie.

«Estupendo», respondió. «Por fin la convencí para que me dijera que sí.»

«¡Oh, felicidades! ¿Cuándo va a ser la boda?»

«¿La boda? ¿Qué boda?»

 

Para un hippie es un mundo diferente. «Sí» no significa boda.

 

«Señor cura, usted me dijo que debería gozar de Fe, Esperanza y Caridad.»

«Así es.»

«Pues cuando lo intenté, ellas llamaron a la policía.»

 

Y la última:

 

«¿Está seguro de que era una licencia matrimonial lo que me dio el mes pasado?»

«Sí, señor. ¿Qué ocurre?»

«Pensé que quizá se trataba de un error, porque desde entonces he estado viviendo una vida de perro.»

 

Sucheta, si quieres estar aquí, tendrás que aprender mi lenguaje, mi forma de ver las cosas, y tienes que estar en armonía conmigo; de lo contrario, éste no es tu lugar. Entonces no pierdas el tiempo aquí. Entonces es mejor que te vayas de este sitio pronto, cuanto antes mejor, porque si no estás en armonía conmigo, un día u otro tendrás que irte. Y entonces te sentirás muy mal, porque todos esos días que has estado aquí te parecerán una pérdida de tiempo. Si quieres estar conmigo, entonces hazlo con totalidad, con toda la totalidad que puedas; solo entonces puede suceder algo. Es difícil que suceda porque hay muchos obstáculos por tu parte.

 

 

La quinta pregunta:

Amado Osho, tus comentarios acerca de la violación en tu charla de ayer me parecieron muy ofensivos, particularmente el de que las mujeres que son violadas «lo querían». Se ha demostrado que esto es absolutamente incorrecto.

 

Entonces, ¿por qué no has firmado la pregunta? Lo primero: No dije que todas las mujeres que son violadas lo estaban deseando; dije «en la mayoría de los casos». Recuérdalo; es muy diferente. Y es solo un ejemplo. Hay miles de accidentes de coche, y lo digo de nuevo: la mayoría de las personas que experimentan un accidente de coche lo quería; eran propensas a los accidentes, estaban esperando que pasara algo, lo deseaban en el fondo de su ser, tenían tendencias suicidas.

La mente que conoces no es todo; debajo de ella hay una mente inconsciente mayor. En esa mente inconsciente albergas muchas cosas de las que no eres consciente. Puede que haya una persona que tenga tendencias suicidas, pero que no tenga suficiente valor para suicidarse. Buscará modos y medios para suicidarse de una manera vicaria: un accidente de coche. No será responsable en absoluto; nadie dirá que se suicidó. Nadie dirá más tarde que era un cobarde, que no podía afrontar la vida. Es más fácil tener un accidente de coche que suicidarse.

Y en lo que respecta a la violación, simplemente examina tu inconsciente, examina tus sueños. Es muy poco común encontrar una mujer que no haya soñado que era violada. Hay cierta atracción en ello. ¿Cuál es esa atracción? La atracción es que eres tan irresistible que una persona está dispuesta a perpetrar una violación; eres tan irresistible que una persona está dispuesta a ir a la cárcel durante años, o, si se trata de un país mahometano, está dispuesta a morir. Si se comete una violación en un país mahometano y atrapan al que lo ha hecho, el castigo es la muerte. Y te sorprenderá: se cometen más violaciones en los países mahometanos que en ninguna otra parte.

Quizá la persona que comete la violación quiere suicidarse. Y ésta es una forma hermosa de suicidarse. ¿Se puede encontrar una mejor manera de suicidarse?... Y una forma valiente también. Y morir por amor: muy poético, muy romántico.

El sexo implica algo de violencia. Incluso en el sexo corriente, cuando no hay violación, hay algo de violación. La mujer siempre dice que no. ¿Por qué? Porque si dice que sí con demasiada facilidad, ya no hay esa sensación: «Me necesita, me necesita absolutamente.» Sigue diciendo que no y sigue queriendo decir que sí. Sigue diciendo que no; está provocando al hombre: quiere que el hombre ande en pos de ella, quiere que el hombre la fuerce. El esfuerzo mismo de forzarla, el esfuerzo mismo de arrastrarla a hacer el amor hace que se sienta bien: él la «necesita». Éste es un estado mental muy pobre, pero así es la gente.

Así que primero dije «en la mayoría de los casos». También hay accidentes. Puede que no estés pensando en la violación en absoluto, y llega un loco y te viola. No estoy excluyendo esos casos, por eso no dije «un cien por cien». En la mayoría de los casos, cualquier cosa que te sucede —violación, asesinato, enfermedad— es algo que deseas de algún modo, en alguna parte. Pero no estoy diciendo que sea en todos los casos.

Ahora los psicólogos son conscientes de que cuando las personas son propensas a ciertas enfermedades... Por ejemplo, alrededor de los cuarenta y dos años de edad la gente tiene ataques al corazón. ¿Por qué alrededor de los cuarenta y dos años? Porque ése es el momento en el que la gente empieza a triunfar o ha triunfado. Tienen el dinero que siempre desearon y ahora no saben qué hacer: tienen éxito y están pasmadas por el éxito. Siempre han vivido con la esperanza de que tendrían tanto dinero, tal mujer, tal casa, tal coche..., y lo tienen. ¿Ahora qué? De pronto el corazón deja de latir. ¿Ahora qué? Parecen haber perdido todo el sentido de la dirección. Si no tienen un ataque al corazón serán muy desgraciados. El ataque al corazón les alivia. Ahora pueden decirle al mundo: «Tengo que descansar. Los médicos me han recomendado el descanso. No puedo trabajar mucho.»

No pueden descansar sin una excusa; un ataque al corazón se convierte en la excusa. Si simplemente descansan, la gente dirá: «¿Qué estás haciendo? En la flor de la vida, en el último peldaño del éxito, ¿qué estás haciendo? Puedes tener más dinero. Éste es el momento, porque cuando tienes dinero llega más dinero. Cuando tienes éxito, llega más éxito. ¿Qué estás haciendo relajándote, retirándote?» Y no tendrán ninguna excusa. Un ataque al corazón es una bella excusa. Nadie dirá que han escapado del mundo. Nadie les hará responsables. ¿Qué pueden hacer? Toda la responsabilidad recae en el ataque al corazón. La gente no es consciente de todo lo que tiene lugar en lo profundo de su interior.

Dices: «Tus comentarios acerca de la violación en tu charla de ayer me parecieron muy ofensivos...» Pero ¿por qué son tan ofensivos, y solo para una persona? Nadie más ha escrito, nadie más ha sentido ninguna ofensa. Si eres una señora, y confío en que seas una señora (porque si eres un caballero entonces las cosas serán más complicadas, así que confío en que seas una señora...), ¿por qué te sientes tan ofendida? Debes de llevar el deseo dentro de ti; por eso la ofensa. De lo contrario no hay ofensa.

Soy un loco, voy diciendo cosas. ¿Por qué sentirte ofendida? No soy un científico, no soy un psicólogo, no soy nadie...; simplemente estoy cotilleando; ¿por qué sentirte ofendida? No soy un hombre consistente, no dejo de contradecirme a mí mismo. Espera unos pocos días y me contradeciré. Diré: «¡Nunca ha sucedido! Cuando una mujer es violada, ella nunca es responsable. Es el ego masculino, la violencia masculina.» ¡Simplemente, espera! Tendrás que ser paciente conmigo: ¡Me contradigo!

Pero ¿por qué estás ofendida? Debo de haber tocado un punto sensible en ti; debe de haber ahí algo como una herida. ¿En algún lugar profundo del inconsciente quieres que te violen? Por eso hay tanta ira, tanta ofensa. Y también tienes miedo, naturalmente; por eso no has firmado la pregunta.

Acuérdate siempre de firmarla. Y si te da mucho miedo, puedes escribir el nombre de alguna otra persona, ¡pero fírmala! Entonces puedes disfrutar, y los palos le caerán al otro. No necesitas preocuparte por ello.

Y dices: «Se ha demostrado que esto es absolutamente incorrecto.» ¿Sabes que nada se demuestra nunca absolutamente? ¡Nada! El hombre no ha demostrado nada absolutamente. No existe la posibilidad de demostrar algo absolutamente: nuevos descubrimientos, nuevos hechos, nuevos datos..., y hay que hacer cambios. Ni siquiera los descubrimientos científicos son absolutos; de modo que ¿cómo van a ser absolutos los descubrimientos psicológicos? La psicología aún no es una ciencia, todavía está sin verificar. Como mucho, si te gusta la palabra «científico», puedes llamarla ciencia-ficción. Pero no tiene nada que ver con la ciencia todavía. Está esforzándose para ser científica, pero no creo que llegue a serlo nunca, porque la mente del hombre es como el mercurio: no se puede hacer una ciencia con ella.

Y la mente del hombre no es un fenómeno simple. Hay tantas mentes como personas. Lo único a lo que puede aspirar la psicología es a pensar acerca de la mente corriente. Pero nunca te encuentras con «lo corriente», siempre te encuentras con lo único. No es posible ninguna explicación científica de la mente única.

La psicología aún no es una ciencia, y ni siquiera la ciencia puede aducir lo absoluto. Lo que hizo Newton ya no es correcto. Parecía tan absoluto en aquellos días... Ya no es absoluto. ¿Crees que lo que ha hecho Einstein permanecerá correcto durante mucho tiempo? No puede permanecer; eso no está en la naturaleza misma de las cosas. La vida es un misterio tal que, cuanto más sabes sobre ella, más tendrás que crear nuevas hipótesis... para incluir los nuevos hechos.

¿Has conocido al hombre y a la mujer totalmente? ¿Has sondeado la mente femenina totalmente, para saber absolutamente que esto es absolutamente incorrecto? Todo son conjeturas..., todo son conjeturas. Una puede estar más cerca de la verdad, otra puede no estar tan cerca. Pero lo que dije no debe ser tomado como una afirmación general. Hay que tomarlo como un objeto para la meditación. Simplemente medita sobre ello.

No me interesan las verdades generales. ¡Estoy hablando a discípulos! Tienes que mirar dentro de ti misma. Si eres una mujer discípulo, simplemente mira dentro de ti misma. ¿No hay en alguna parte un deseo acechador de ser violada? Y si lo hay, es mejor saberlo, es mejor traerlo completamente a la consciencia, porque una vez que algo se vuelve consciente, desaparece. Solo puede existir en el inconsciente. En el inconsciente es peligroso; si lo traes a la consciencia, se evapora. Es como arrancar un árbol de la tierra: al traer sus raíces a la luz, el árbol muere. Y eso es exactamente lo que sucede: todo lo que aceche en el inconsciente, en la cámara oscura de tu alma, que es nueve veces mayor que tu mente consciente, tráelo a la mente consciente, tráelo a la luz, y si viene ahí, se marchita.

Lo que digo aquí es para que medites sobre ello. Si te sientes ofendida, entonces es muy bueno para ti meditar sobre ello: entra en ello, indaga dentro de ti misma, y no concluyas desde el mismo principio. No digas: «Esto es erróneo y se ha demostrado que es absolutamente incorrecto.» Primero medita, y no intentes demostrar que es erróneo o correcto. Simplemente entra en tu propio ser con la mente abierta y búscalo. Y te sorprenderá que el deseo está acechando ahí. Tiene una cierta atracción.

 

Una mujer fue a confesarse al cura. Se confesó de que había sido violada. Y confesó que había venido a hablar con el cura porque lo había disfrutado. Por eso se sentía culpable: si no lo hubiera disfrutado, no se le habría ocurrido venir a confesarse.

Luego vino otra vez y volvió a confesarse. Y luego volvió de nuevo.

Y cuando vino por cuarta vez, el cura dijo: «¡Pero esto es demasiado! ¿Te están violando cada semana?»

Ella dijo: «No, se trata de la misma violación.»

«Pero entonces, ¿por qué sigues viniendo?»

Ella dijo: «Disfruto contándolo. Me siento tan bien...»

 

Simplemente entra en ti y descubrirás todo tipo de deseos que acechan en ti. Encontrarás algo del sádico: que quieres torturar a otros. Encontrarás algo del masoquista: que quieres torturarte a ti mismo. Encontrarás todo tipo de cosas en ti, porque el hombre es amplio y el inconsciente no es un lugar ordenado: es un caos, es un manicomio. Pero seguimos reprimiendo todo eso. Nos da miedo ver. Por eso te sentiste tan ofendida. Debo de haber tocado el punto crítico en ti, de ahí la ofensa. No es cuestión de si se ha demostrado que es correcto o erróneo. Y eso no me interesa en absoluto.

Mi interés radica en hacerte cada vez más meditativo, más y más consciente de tus deseos, anhelos, perversiones y obsesiones intrínsecos y más profundos. Si se los puede traer a la luz, desaparecerán. Y si se puede vaciar completamente el inconsciente, te convertirás en un buda.

De modo que no te contentes con discutir conmigo, porque eso es una pérdida de tiempo y de energía. Entra en tu interior. Si no puedes encontrar en ti ningún deseo así, todo bien por ahora. Si lo encuentras, eso también está muy bien: puedes traerlo a la luz y desaparecerá.

 

 

La sexta pregunta:

Me estoy haciendo viejo y estoy perdiendo todo mi interés en las mujeres. ¿Qué debo hacer?

 

Señor, ¡siga perdiendo su interés! Eso está perfectamente bien, no hay nada de malo en ello. Y tenga la seguridad de que ninguna mujer le echará de menos. Por el contrario, estarán todas muy contentas.

Pero, sobre todo en Occidente, desde que Freud abrió la caja de Pandora, ha surgido la idea de que hay que permanecer sexuales hasta el mismo fin, porque el sexo es un sinónimo de la vida. De manera que, incluso si tienes setenta u ochenta años, tienes que seguir interesado en el sexo. Si pierdes el interés en el sexo, eso significa que estás perdiendo el interés en la vida, eso significa que ya no eres necesario, eso significa que ahora eres inútil. Puedes caerte muerto o ir al parlamento, pero eres inútil.

Esta idea de que el sexo y la vida son sinónimos no tiene ningún fundamento. El sexo y la vida son sinónimos a cierta edad. En la infancia no son sinónimos, en la juventud son sinónimos, en la vejez vuelven a no ser sinónimos. Son fases. El niño no está interesado, el joven sí está interesado..., y su único interés es el sexo.

Pero en Occidente prosigue un esfuerzo por permanecer joven: no deberías envejecer. La gente sigue engañándose a sí misma de muchas maneras con que sigue siendo joven. Se encuentran una y otra vez nuevas panaceas, nuevos tipos de elixires que te mantendrán joven para siempre, y la gente es tan tonta que siempre está dispuesta a aceptar cualquier sandez para seguir siendo joven. La vejez es considerada como una especie de enfermedad. Ser viejo significa estar enfermo... en Occidente. Eso no es correcto.

La vejez tiene sus propias cosas bellas, sus propios tesoros, de igual manera que la juventud tiene sus propias cosas bellas y tesoros. Y ciertamente, los tesoros que encuentra una persona mayor son mucho más valiosos que los tesoros de la juventud, porque el anciano ha vivido su juventud. Ha conocido todo eso, ha visto eso, ha pasado por ello. Ha vivido la ilusión y ha conocido la desilusión de todo ello. Ahora es más sabio que nunca; se está volviendo inocente de nuevo. Cuando desaparece el sexo alcanzas un tipo de inocencia: te vuelves un niño de nuevo..., y un niño maduro.

En Oriente tenemos una visión de la vida totalmente diferente. En Oriente hemos respetado a los viejos, no a los jóvenes, porque los viejos están en su punto culminante: el viaje de la vida que llega a su objetivo. En Occidente los viejos son solo algo a desechar; los viejos solo sirven para echarlos a alguna chatarrería. Hacéis casas para los ancianos en las que vais amontonándolos, o en los hospitales. Nadie quiere tener nada que ver con los viejos..., como si fueran insignificantes, inútiles. Y han vivido toda su vida, y han aprendido muchos secretos de la vida: pueden ser grandes maestros; solo ellos pueden ser maestros.

En Oriente éste ha sido el camino tradicional, que la persona mayor debe ser la maestra de los jóvenes, porque ha vivido, crecido, comprendido. Puede darte una dirección mejor, con más madurez, con más claridad. La vejez es la edad para prepararse para la muerte. Y ésa es la mayor preparación, porque vas a emprender el viaje más largo... a lo desconocido. Si permaneces interesado en el sexo, te mantendrá distraído de la muerte. Eso es lo que está sucediendo en Occidente.

En Occidente la gente aún no ha aceptado que la muerte forma parte de la vida. La muerte es un tabú, igual que el sexo era un tabú hace cien años. Nadie hablaba del sexo hace cien años. Era imposible hablar de ello o escribir sobre ello. Era un tabú tal que en la era victoriana las damas solían cubrir también las patas de las sillas..., porque son piernas, y las piernas no debían ser mostradas.

Freud introdujo una gran revolución. El mundo está esperando otro Freud que destruya el tabú, aún más grande, de la muerte. Él destruyó el tabú del sexo, y el mundo es mucho mejor debido a ello. Freud es uno de los grandes benefactores. Es necesario otro Freud que destruya otro tabú... que es más grande.

Hay que aceptar la muerte. Al aceptar la muerte comienzas a aceptar la vejez. Y en la aceptación hay relajación. Y cuando ya no estás interesado en el sexo, puedes enfocar toda tu atención en la muerte. Recuerda, el sexo y la muerte son polos opuestos; si permaneces interesado en el sexo, ¿cuándo te prepararás para la muerte? Tu atención permanecerá enfocada en el sexo y morirás sin ninguna preparación.

La meditación es una preparación para la muerte. Ahora prepárate para la muerte: medita. Ya no estás interesado en las mujeres; bien. Ahora interésate en tu propio ser. La mujer está fuera de ti; ése es un interés en el otro. O, si eres una mujer, entonces el hombre está fuera de ti, y ése es su interés en el otro. Ahora interésate en ti mismo: ahora lánzate al descubrimiento de ti mismo, ahora emprende un viaje interior.

Preguntas: «Me estoy haciendo viejo y estoy perdiendo todo mi interés en las mujeres. ¿Qué debo hacer?» Pierde el interés. Deja que suceda. No intentes crearlo innecesariamente. Si se está yendo por sí mismo, es hermoso.

He oído que...

 

Al volver a su piso muy tarde, Max, de setenta y seis años, se sobresaltó al encontrar a una chica de unos dieciocho años saqueando el apartamento.

«¡Jovencita, eres una ladrona!», dijo. «Voy a llamar a la policía.»

«Señor», imploró ella, «si me detienen de nuevo, me encerrarán durante años. ¡Por favor, no llame a la policía!».

«Lo siento, pero tengo que hacerlo», contestó Max.

«Mire», sollozó ella, «haré cualquier cosa. Le entregaré mi cuerpo».

«De acuerdo», dijo el anciano, «quítate la ropa y métete en la cama».

La chica lo hizo y Max no tardó en seguirla. Lo intentó y lo intentó y lo intentó durante unos veinte minutos. Exhausto y vencido, al final desistió.

«Es inútil», suspiró Max. «No puedo hacerlo. Tendré que llamar a la policía.»

 

Y tú me preguntas qué hacer: «¿Qué debo hacer?» ¿Quieres llamar a la policía? Ya basta. Deja ya esas tonterías; abandona la obsesión. Ahora dirige tu energía hacia la muerte: ahora mira a la muerte cara a cara, ahora encuéntrate con la muerte. Y encontrarse con la muerte es la mayor experiencia de la vida. Y si puedes encontrarte con la muerte, llegarás a saber que eres inmortal, que solo el cuerpo muere y que tú nunca mueres. Y una vez que lo has sabido, estás listo, listo para el viaje. Y cuando llegue la muerte irás a ella riéndote y bailando y cantando.

Y un hombre que puede ir a la muerte riendo, bailando y cantando, con oración, con meditación, llega a conocer el mayor orgasmo que existe en el mundo. El orgasmo sexual no es nada, porque en el orgasmo sexual solo una parte minúscula de tu energía vital deja tu cuerpo y sientes una gran relajación. En la muerte toda tu energía vital deja el cuerpo. Ningún orgasmo sexual puede compararse a ese orgasmo cósmico, a ese orgasmo total que te trae la muerte.

No te pierdas la muerte. La muerte te va a dar el mayor regalo de la vida, el regalo de despedida. Pero solo unas pocas personas lo alcanzan, porque nadie está listo para él. La muerte te pilla desprevenido. Y estás tan asustado, y estás tan ocupado con el sexo que te aferras a la vida.

¿Sabes que sucede casi siempre...? En Oriente ha sido uno de los secretos para conocer a un hombre. Cuando muere un hombre, si se está aferrando demasiado a la vida y aún está interesado en el sexo, morirá con una erección. Eso muestra que el pobre hombre murió sin estar preparado; incluso en la muerte estaba lleno de fantasías sexuales. Sucede casi siempre. A menos que te hayas convertido en un gran meditador, te sucederá también a ti, que cuando te estés muriendo fantasearás con el sexo: estarás haciendo el amor, al menos en tu imaginación. Ésa no es la manera de morir. Eso insulta a la muerte e insulta a Dios y te insulta a ti mismo.

Deja que desaparezca el sexo; ya es hora. Relájate en la no-sexualidad. La no-sexualidad te centrará. Deja de perseguir a las mujeres y empieza a perseguirte a ti mismo; no puedes hacer las dos cosas. Y prepárate: la muerte puede abatirte en cualquier momento. Nunca se sabe cuándo va a llegar: prepárate, permítete disfrutar la meditación todo lo posible. Transforma tu energía sexual en energía meditativa. Es la misma energía, solo cambia la dirección: ya no fluye hacia abajo y hacia fuera, empieza a fluir hacia dentro y hacia arriba. Y esta misma energía abre en ti el capullo de la flor dorada. Este es todo el secreto.

Ahora has llegado naturalmente al punto apropiado, y me estás preguntando: «¿Qué debo hacer?» Estás pidiendo alguna receta para volver a crear la sexualidad que está desapareciendo. Estás pidiendo algún apoyo, estás pidiendo alguna ayuda, para poder seguir jugando el mismo juego tonto..., incluso en la vejez.

Está bien cuando eres joven, porque entonces eres tonto. Es muy raro volverse alerta, consciente y meditativo cuando se es joven. Si puedes hacerlo, tienes una genialidad excepcional. Pero si ni siquiera puedes volverte meditativo en la vejez, entonces eres simplemente estúpido, completamente estúpido. Está bien hacer el tonto cuando eres joven. Esa necedad forma parte del crecimiento, te ayuda. La mujer o el hombre externo se convierten en un espejo; te reflejan, te ayudan a ver quién eres. El amor es muy revelador. Pero al final uno tiene que llegar a verse a sí mismo dentro, no en un espejo. Hay que dejar incluso el espejo. Hay que estar solo. Y la pureza de la soledad es infinita. Y el gozo de la soledad es eterno.

Ahora ha llegado el momento. Deja que se vaya este interés en las mujeres y de pronto descubrirás que surge en ti otro interés...; es casi simultáneo: el interés en la meditación. Y entonces puedes tener el último regalo que puede darte la vida: una muerte meditativa, una muerte en satori, en samadhi, en éxtasis, y conocerás la experiencia orgásmica total. Esa experiencia es suficiente; entonces nunca volverás a la vida, al cuerpo, a esta prisión.

En Oriente éste ha sido nuestro objetivo: cómo no volver a nacer. Porque todo este proceso de nacer y morir una y otra vez es un proceso aburrido. Es absolutamente fútil. En último término, es solo un sueño, y ni siquiera es un sueño agradable, sino una pesadilla.

Mi sugerencia para ti es: has vivido tu vida, has visto los placeres del cuerpo, has sondeado las relaciones y has aprendido lo que se podía aprender de ello; ahora es el momento de ir hacia dentro.

 

 

La última pregunta:

¿Qué es la filosofía?

 

No lo sé, y no creo que nadie lo sepa tampoco. La filosofía es una pasión inútil. Estoy usando las palabras de Jean-Paul Sartre. Él dice: «El hombre es una pasión inútil.» Yo digo que el hombre no es una pasión inútil; pero la filosofía sí lo es.

Me preguntas: «¿Qué es la filosofía?» Nadie la ha definido nunca; ha permanecido ambigua. No es que no se le hayan dado definiciones... Se han dado millones de definiciones, pero todavía falta la definición. Cada filósofo presenta una definición y los demás la refutan. Es un juego: disfrutar la gimnasia de la lógica. Es anatomizar la lógica. Es como el ajedrez: un juego muy intelectual, muy absorbente, pero no tiene ninguna conclusión. No es concluyente. El juego continúa de generación en generación. Poco a poco han surgido dos cosas de este juego: una es la ciencia, la otra es la religión.

La ciencia es objetiva, la religión es subjetiva. La ciencia es experimental, la religión es experiencial. La filosofía no es ninguna de estas cosas; está colgando en un limbo entre las dos. Y poco a poco está desapareciendo, porque lo que es objetivo lo toma la ciencia todos los días, y lo que es subjetivo ya lo ha tomado la religión. No queda nada para la filosofía. De manera que ahora la filosofía moderna solo piensa acerca del lenguaje: análisis del lenguaje.

Los filósofos están formulando las preguntas más absurdas porque han perdido todas las preguntas significativas; esas preguntas las han cubierto la ciencia o la religión. La filosofía se está volviendo cada vez más vacía. Ahora ni siquiera pueden encontrar sus propias preguntas, de manera que toman preguntas de la ciencia y piensan sobre ellas, o toman preguntas de la religión y piensan sobre ellas. Sus preguntas son prestadas. La filosofía es un fenómeno moribundo. No será una sorpresa si un día de pronto te enteras de que la filosofía ha muerto. Está en su lecho de muerte. Puedes ir a cualquier universidad y lo verás: la filosofía está en su lecho de muerte.

Pero ¿por qué has hecho esa pregunta? Es más relevante, más importante, pensar en eso.

No estoy enseñando filosofía aquí. Lo que digo no tiene nada que ver con la filosofía. Es absolutamente experimental y experiencial. Mi empeño es crear una religión científica: la psicología de los budas. De modo que os estoy dando experimentos y os estoy dando posibilidades para experimentar algo que aún no ha sido experimentado. Esto es un laboratorio, un taller. Estamos resueltos a hacer algo; ¡no hablo por hablar aquí! No tiene absolutamente nada que ver con la filosofía.

Soy muy antifilosófico y evito la filosofía porque juega con sombras, pensamientos, especulaciones. Y puedes seguir jugando infinitamente, ad infinítum, ad náuseam; no tiene fin. Una palabra crea otra palabra, una teoría crea otra teoría, y puede seguir y seguir y seguir. En cinco mil años ha existido mucha filosofía en el mundo y no ha servido para nada en absoluto.

Pero hay personas que tienen una actitud filosófica. Y si eres una de ellas, por favor, déjalo; de lo contrario, tú y tu energía os perderéis en un desierto.

Te voy a informar de las cuatro fases de la filosofía con cuatro historias. La primera fase de la filosofía, la primera historia...

 

Una de mis historias favoritas es la de un chico y una chica de Nueva Inglaterra, donde los paseos en trineo son populares durante los fríos inviernos. Mientras paseaban en trineo una tarde de domingo, arropados en sus mantas, la chica se arrimó al chico y le dijo: «Johnny, tengo frío.»

Johnny le echo un vistazo y dijo: «Yo también tengo frío, Jane. ¿Por qué no te acurrucas en las mantas?»

De manera que Jane se metió más en las mantas; pero muy pronto se acercó aún más a Johnny y dijo: «Todavía tengo las manos frías.»

Él no le prestó mucha atención y pronto ella le dio un codazo y dijo: «Johnny, ¿no me has oído? Tengo las manos frías... y, además, nadie me quiere.»

Esta vez él la miró por encima y dijo: «Jane, recuerda que Dios te quiere, y siempre puedes sentarte sobre tus manos para mantenerlas calientes.»

 

Ésta es la primera fase de la filosofía. La segunda fase, la segunda historia:

 

Un grupo de estudio de filósofos había estado reuniéndose durante años para estudiar el Talmud. Un miembro del grupo tenía el pernicioso hábito de tomar tragos de brandy durante las reuniones. Una noche bebió un poco más de lo habitual y se achispó mucho. Sus compañeros decidieron enseñarle una lección. Mientras estaba atontado por la bebida, le llevaron a un cementerio y le acostaron boca abajo entre las tumbas.

Después de un rato, el filósofo se despertó. Miró a su alrededor, asustado y sobrecogido. Entonces empezó a razonar: «¿Estoy vivo? ¿O estoy muerto? Si estoy vivo, ¿qué puedo estar haciendo aquí en el cementerio sobre las tumbas? Y si estoy muerto, ¿por qué tengo ganas de ir al cuarto de baño inmediatamente?»

 

Ésta es la segunda fase de la filosofía. Y la tercera fase, la tercera historia:

 

El profesor Steinberg había estado comiendo en el mismo restaurante del Lower East Side durante veinte años. Cada día, salía de su oficina a mediodía, iba al restaurante y pedía un plato de sopa de pollo; nunca había ningún cambio.

Pero un día el profesor volvió a llamar al camarero después de que le sirviera la sopa.

«¿Sí, profesor?», inquirió el camarero.

«Camarero, por favor, pruebe la sopa.»

«¿Qué quiere decir, que pruebe la sopa? Durante veinte años ha estado comiendo la misma sopa de pollo aquí, todos los días, ¿no? ¿Ha habido alguna vez alguna diferencia?»

El profesor ignoró los comentarios del camarero. «Por favor, pruebe la sopa», repitió.

«Profesor, ¿qué le pasa? Ya sé cómo sabe la sopa.»

«Pruebe la sopa», exigió el profesor.

«De acuerdo, de acuerdo, la probaré. ¿Dónde está la cuchara?»

«¡Aja!», clamó el profesor.

 

Ésta es la tercera fase de la filosofía. Y la cuarte fase, la cuarta historia:

 

Una mujer acudió a un psicólogo filosófico para que tratara su falsa ilusión de que estaba cubierta de plumas. Después de varias sesiones, el filósofo le dijo: «Tengo la impresión de que hemos llegado a la raíz de este problema con nuestras charlas y análisis, y de que ya está superado. ¿Qué piensa usted, señora Smith?»

«Oh», dijo la señora Smith, «creo que hemos tenido algunas sesiones estupendas y tengo la impresión de que ya nos hemos ocupado del problema. Pero», añadió, «lo único que me incomoda ahora es qué voy a hacer con estas plumas».

Ella se llevó las manos a los hombros y empezó a agitar los brazos, y el psicólogo, el filósofo, de pronto dio un salto hacia atrás.

«Espere un momento, señora Smith. No agite esas plumas ante mí.»

 

Ésta es la cuarta fase: poco a poco, la filosofía se convierte en una especie de locura, te lleva a la neurosis, porque la filosofía es un fenómeno de la mente. La ciencia se ha hecho cargo del cuerpo, la religión se ha hecho cargo del alma; solo queda la mente para la filosofía. Y la mente es locura potencial. Si entras demasiado en la mente, poco a poco estarás yendo hacia la locura. Es muy raro encontrar un filósofo que esté cuerdo. Y viceversa también es verdad: es muy raro encontrar un loco que no sea un filósofo.

No estoy enseñando filosofía aquí porque estoy enseñando la no-mente. Y si te vuelves una no-mente, toda la filosofía desaparece: cristiana, hindú, mahometana, budista..., todas las filosofías desaparecen; hegeliana, kantiana, russelliana..., todas las filosofías desaparecen. Si desaparece la mente, ¿dónde va a existir la filosofía? ¿Dónde va a poder crecer? La mente es el criadero de la filosofía.

Deja que desaparezca la mente. Y la belleza de ello es que cuando no hay mente ni nadie que filosofe ni nada sobre lo que filosofar, uno llega a saber. La filosofía es el esfuerzo del ciego. Se dice que la filosofía es un ciego en una habitación oscura en una noche oscura buscando un gato negro que no está ahí...

 

Suficiente por hoy.

 

 

Capítulo 5

 

Volver a ser uno

 

Osho, el Maestro Lu-Tsu dijo:

En el cuerpo está el anima. El anima es femenina, yin; es la sustancia de la consciencia.

 

Pero, además de esto, existe el animus en el que el espíritu se cobija. El animus vive en los ojos; ve, sueña. Pero quien está en una disposición oscura y retraída, y encadenado a su forma corporal, está sujeto por el anima. Por tanto, la concentración del animus se lleva a cabo con la circulación de la luz, y de esta manera se mantiene el espíritu, y el anima subyugada. El método utilizado por los antepasados para escapar del mundo consistía en deshacer completamente la chatarra de oscuridad para volver a lo puramente creativo. Este no es nada más que una reducción del anima y una consumación del animus. Y la circulación de la luz es el medio mágico para reducir la oscuridad y adquirir dominio sobre el anima. Si se sigue este método, se presentará por sí misma mucha agua seminal; se encenderá el espíritu del fuego y el pensamiento de la tierra se solidificará y cristalizará. Y así madura el fruto sagrado.

 

La naturaleza única, cuando desciende a la casa de lo Creativo, se divide en animus y anima. El animus está en el corazón celestial, en el tercer ojo. Es de la naturaleza de la luz; es el poder de la ligereza y la pureza. Es lo que hemos recibido del gran vacío, el gran cielo, lo que es idéntico en forma al principio primordial. El anima comparte la naturaleza de lo oscuro. Es la energía de lo pesado y lo turbio; está ligada al corazón carnal corpóreo. El animus ama la vida. El anima busca la muerte. Todos los deseos sensuales y los impulsos de la ira son efectos del anima. Pero el discípulo comprende cómo hay que destilar completamente el anima oscura para que se transforme en pura luz.

 

 

Volver a ser uno

 

Una vez, la emperatriz Wu le preguntó al Maestro Fa Tsang si podía ofrecerle una demostración práctica y sencilla del principio de la interrelación cósmica, de la relación de lo uno y lo múltiple, de Dios y sus criaturas y de las criaturas entre sí.

Fa Tsang puso manos a la obra y destinó una de las habitaciones del palacio para que hubiera ocho grandes espejos en los ocho puntos de la brújula. Luego colocó dos espejos más, uno en el techo y uno en el suelo. Y se colgó una vela desde el techo en el centro de la habitación.

Cuando entró la emperatriz, Fa Tsang encendió la vela. La emperatriz clamó: «Qué maravilloso. Qué hermoso.»

Fa Tsang señaló el reflejo de la llama en cada uno de los diez espejos y dijo: «Vea, vuestra majestad: esto demuestra la relación de lo uno y lo múltiple, de Dios con cada una de sus criaturas.» La emperatriz dijo: «Sí, efectivamente, Maestro. ¿Y cuál es la relación de cada criatura con las demás?»

Fa Tsang respondió: «Observe, vuestra majestad, cómo cada espejo no solo refleja la llama única del centro; cada espejo refleja también los reflejos de la llama en todos los demás espejos, hasta que un número infinito de llamas los llena a todos. Todos estos reflejos son idénticos mutuamente; en cierto sentido, son intercambiables; en otro sentido, cada uno existe individualmente. Esto muestra la verdadera relación de cada ser con su prójimo, con todo lo que existe. Por supuesto, debo señalar, vuestra majestad», prosiguió Fa Tsang, «que esto es tan solo una parábola aproximada y estática del verdadero estado de cosas en el universo, porque el universo es ilimitado y en él todo está en perpetuo movimiento multidimensional». Entonces el maestro cubrió uno de los reflejos de número infinito de la llama y mostró cómo cada interferencia aparentemente insignificante afecta al organismo total de nuestro mundo. Kegon expresa esta relación con la fórmula: Uno en todo, todo en uno, uno en uno, todo en todo.

Entonces Fa Tsang, para concluir su ejecución, sostuvo una pequeña bola de cristal y dijo: «Ahora observe, vuestra majestad, cómo todos estos espejos grandes y las miríadas de formas que reflejan se reflejan a su vez en esta pequeña esfera. Vea cómo en la realidad última, lo infinitamente pequeño contiene lo infinitamente grande y lo infinitamente grande lo infinitamente pequeño, sin obstrucción. Oh, si pudiera tan solo demostraros la interpenetración mutua sin impedimentos del tiempo y la eternidad, del pasado, el presente y el futuro. Pero, ay, éste es un proceso dinámico que debe ser captado en un nivel diferente...»

 

El hombre no es una isla; nada lo es. Todo está interrelacionado. La independencia, la palabra misma, es falsa; y también la dependencia. La realidad es interdependencia.

Todo está tan profundamente conectado con todo lo demás que nada puede existir aparte. Si puedes comprender una pequeña rosa en su totalidad, con la raíz y todo, habrás comprendido todo el cosmos, porque todo el cosmos está involucrado en esa pequeña flor. En la más pequeña hoja de hierba está contenido todo. Pero recuerda, como Fa Tsang le dijo a la emperatriz: todas las ilustraciones, todas las descripciones, son estáticas, y la existencia es un flujo mecánico. Es un río. Cada cosa sigue moviéndose en cada una de las demás cosas. Es imposible trazar líneas en las que acabe una cosa y comience otra; no hay líneas de demarcación; no puede haberlas. De manera que todas las distinciones existen tan solo con propósitos prácticos; no tienen valor existencial.

Esto es lo primero que hay que comprender. Esto es fundamental para la alquimia taoísta. Una vez que se comprende esto, entonces toda la alquimia del taoísmo se vuelve comprensible. Entonces lo inferior puede transformarse en lo superior, porque lo inferior ya contiene a lo superior. El metal base puede ser transformado en oro porque nada está separado: el metal base ya contiene el oro: como es arriba es abajo, como es abajo es arriba.

La idea misma de que todo está interconectado hace posible la transformación. Si las cosas no están interconectadas, entonces no hay posibilidad de ninguna transformación. Si el mundo consiste en las mónadas del filósofo Liebnitz —individuos atómicos, separados, sin ventanas, sin conectarse mutuamente en absoluto porque no tienen ventanas—, entonces no hay posibilidad de ninguna transformación.

La transformación solo es concebible porque tú eres yo, yo soy tú; nos interpenetramos. ¿Puedes considerarte separado incluso un solo momento? Ni siquiera puedes imaginarte separado. La flor no puede estar separada del árbol; en el momento en que lo está, muere. El árbol no puede estar separado de la tierra, la tierra no puede estar separada de sol, el sol no puede estar separado de las demás estrellas, y así sucesivamente. Separas la hoja y la hoja muere. Separas la flor, la flor muere. Separas el árbol de la tierra, el árbol muere. Separas la tierra del sol y la tierra muere.

La muerte significa separación; la vida significa no-separación. Por eso el ego está destinado a morir, porque ésa es tu idea de la separación. Considerarse a uno mismo desde el punto de vista del ego es la única causa de la muerte, porque el ego ya está muerto. Puedes seguir azotando al caballo muerto, pero ¿durante cuánto tiempo? Va a morir. Ya está muerto, por eso va a morir. Lo que está vivo en ti no puede morir: la vida es eterna. Pero la vida no es tuya, no puedes poseerla. La vida le pertenece a todo. La vida tiene enormidad, infinitud. La muerte es diminuta, la muerte es individual; la vida es universal. De manera que cuando vives formas parte del universo, y cuando mueres, solo mueres porque piensas que estás separado. Cuanto más te sientas parte de la totalidad, más vida tendrás.

Jesús dice: «Ven a mí y te daré vida abundante.» ¿Cuál es el secreto de la vida abundante? El secreto es: muere como ego, desaparece como entidad separada, y todo el universo y todo lo que contiene es tuyo. Deja de poseer y todo es tuyo. Posee y eres minúsculo y limitado, y vas a morir. El secreto de estar más vivo consiste en un fenómeno simple de abandonar la idea de la separación. Y cuando sucede, sientes que la vida se vuelve ardiente en ti. Incluso si sucede en pequeña medida...

Si te enamoras de alguien, la vida es ardiente en ti. Y no es que haya sucedido gran cosa: simplemente dos personas que se sienten una. Aprende la lección del amor: simplemente dos personas que se sienten una, ¡y qué alegría y qué éxtasis! Piensa, si te enamoras de la totalidad, cuánto éxtasis y cuánta alegría van a suceder. Eso es la vida abundante, la vida infinita.

Sepárate... Hay personas que viven de una manera tan egoísta que no pueden amar; son las personas más desgraciadas del mundo. Mi definición del infierno es: vivir separado es el infierno. Vivir sin separación es el cielo; desaparecer completamente, absolutamente en la totalidad, es moksha, nirvana: es la libertad suprema.

Lo segundo que hay que comprender: que la vida es polar. Eso es también fundamental en el enfoque taoísta. Pero la polaridad no es la de la oposición. La polaridad significa que los opuestos son complementarios el uno del otro, se apoyan mutuamente. La vida no puede existir sin la muerte; por eso la muerte no es el enemigo. ¿Cómo va a ser la muerte la enemiga de la vida si la vida no puede existir sin ella? Tiene que ser la amiga: le prepara el terreno a la vida, ayuda a la vida, provoca a la vida, desafía a la vida.

Simplemente piensa: si tu cuerpo fuera a vivir eternamente, no vivirías en absoluto, porque tendrías un infinito para posponerlo todo. «¿Por qué amar hoy si hay mañana? Y si el mañana es infinito, entonces ¿para qué molestarse? ¿Por qué bailar hoy? Ya veremos mañana.» Simplemente imagina: si tu vida corporal fuera a ser eterna, tu postergación se volvería eterna.

No puedes postergar, porque no estás seguro de si va a haber un mañana o no. Nadie sabe si llegará la siguiente respiración o no, por eso solo los tontos postergan. El sabio vive, y el sabio vive aquí-ahora. No puede permitirse la postergación, porque sabe: «Solo este momento es mío, solo este mismo momento es mío. El momento siguiente puede que lo sea, puede que no. ¿Cómo voy a posponer? ¿Cómo voy a decir "mañana"?»

El tonto posterga hasta mañana, el sabio vive ahora. El sabio no conoce otro tiempo que ahora ni otro espacio que aquí, y el tonto se mete en cosas que podían haberse postergado eternamente...; las vive ahora mismo. Si está enfadado, lo vive ahora mismo. Si está amoroso, dice: «Ya veremos mañana.» Todo lo que es estúpido lo sigue viviendo, y todo lo que es luminoso lo sigue postergando. El sabio también posterga, pero solo posterga las estupideces.

 

Gurdjieff solía decirles a sus discípulos: «Cuando murió mi padre, yo tenía solo nueve años. Me llamó para que me acercara a su lecho de muerte y me susurró al oído.» Debió haber amado inmensamente a este niño. Debió haber visto el potencial del chico. Le susurró al oído: «No tengo nada que darte más que un pequeño consejo, y no sé si serás capaz de comprenderlo ahora mismo o no. ¡Pero recuérdalo! Puede que algún día seas lo suficientemente capaz, lo suficientemente maduro para comprenderlo. Simplemente recuérdalo. Y es un consejo sencillo: si quieres hacer algo malo, postérgalo durante veinticuatro horas, y si quieres hacer algo bueno, no lo pospongas nunca ni un solo momento. Si quieres estar enfadado, violento, agresivo, postérgalo durante veinticuatro horas. Si quieres ser amoroso, compartir, no lo pospongas ni un solo momento, ¡Vívelo ahora mismo, inmediatamente!»

Y Gurdjieff solía decirles a sus discípulos: «Ese simple consejo transformó toda mi vida.»

 

¿Cómo vas a enfadarte si puedes postergarlo durante veinticuatro horas? Es imposible. Estar tan calmado y sosegado como para posponerlo durante veinticuatro horas es garantía suficiente de que no te vas a enfadar. ¿Y quién puede enfadarse si puede postergarlo durante veinticuatro horas? Veinticuatro horas de contemplación y todo el absurdo te resultará obvio, y todo te parecerá ridículo. Y Gurdjieff se transformó realmente con este simple mensaje. A veces, mensajes muy simples pueden transformarte..., pero tienes que vivirlos.

La vida existe porque hay muerte. La muerte le da intensidad a la vida, la muerte desafía a la vida. Te provoca para que vivas y para que vivas al máximo, de manera óptima; porque, ¿quién sabe...?, puede que no haya mañana. La muerte siempre está provocándote, acuciándote a vivir, y a vivir con totalidad. Entonces la muerte no está en contra de la vida, sino que es una amiga.

Lo mismo sucede con todas las polaridades: lo negativo y lo positivo, el amor y el odio, la belleza y la fealdad, el día y la noche, el verano y el invierno, y también es el caso del hombre y la mujer. El hombre no puede existir sin la mujer y la mujer no puede existir sin el hombre. Forman parte de un proceso dialéctico. Entre estos dos polos hay tanta atracción como repulsión, porque la atracción y la repulsión no pueden existir separadas. Por eso te sientes atraído hacia la mujer o hacia el hombre y, al mismo tiempo, repelido. Una parte de ti quiere estar con la mujer, una parte de ti quiere estar solo. Siempre estás titubeante.

Si estás con la mujer o con el hombre, empiezas a anhelar libertad: estar a tu aire, estar solo. De pronto te interesa mucho estar solo y ser libre, y no sabes de dónde viene este deseo de ser libre. La mujer o el hombre, la otra persona, lo está provocando. En cuanto hayas dejado al otro, este deseo, este anhelo, este gran anhelo de estar solo desaparecerá. Y entonces te sorprendes, estás realmente sorprendido: cuando estas solo simplemente te sientes solo. No sientes esa alegría que habías imaginado, no ves ninguna libertad; simplemente ves que te rodea la soledad y toda tu existencia se vuelve fría, helada, oscura. Surge de nuevo el deseo de estar con el otro. Ahora anhelas amor, unión.

Éste es el problema entre el hombre y la mujer: se sienten atraídos y repelidos a la vez, simultáneamente. Quieren llegar a estar juntos y quieren estar separados y solos, a su aire. De ahí el conflicto constante entre el hombre y la mujer.

El matrimonio es un asunto de amor-odio, una historia de atracción-repulsión. Si el matrimonio dura mucho, solo puede durar si hay mini-divorcios que suceden cada día; solo entonces puede durar. Si el hombre y la mujer han decidido no luchar, entonces es un matrimonio plástico. Estarán juntos, se las arreglarán para estar juntos, pero nunca estarán realmente juntos; nunca conocerán esos momentos de unidad. Están solo fingiendo. Están siendo corteses, pero no son reales, auténticos.

El matrimonio es una especie de enemistad íntima. Es una enemistad íntima, es una lucha amistosa, es una guerra. Sí, entre dos guerras hay también momentos pacíficos, y son bellos debido a las dos guerras.

Las parejas siguen luchando; así es como mantienen viva la llama del amor. Cuando luchan, se separan. Cuando están lejos el uno del otro en su psicología, empiezan a anhelar al otro, empiezan a echar de menos al otro. Entonces empiezan a buscar y a ir a tientas al otro. Entonces se acercan, y se acercan mucho... porque han probado algo de la soledad. Ahora quieren estar muy cerca el uno del otro. Una vez que han probado la cercanía, quieren volver a estar separados.

Así que no te preocupes por ello. Es un fenómeno fundamental. No puedes escapar de él. La única manera de escapar es tener un matrimonio fingido, que no sea un verdadero matrimonio: permaneced corteses el uno con el otro. Es una especie de contrato en el que: «Te necesito y tú me necesitas a mí», en el que: «Yo te rascaré la espalda y tú me la rascarás a mí», eso es todo, «porque te necesito y tú me necesitas a mí. Eres mi seguridad, yo seré tu seguridad». Es un contrato legal, pero no es un matrimonio.

Ésta es la segunda cosa fundamental que hay que comprender antes de poder adentrarte en los sutras.

Y lo tercero y fundamental: la tercera cosa fundamental es que ningún hombre es solo hombre y ninguna mujer es solo mujer. El hombre es las dos cosas, la mujer es las dos cosas; ambos son ambas cosas. El hombre contiene una mujer dentro de él y lo mismo sucede con la mujer: la mujer contiene un hombre dentro de ella. De manera que no es solo una cuestión del hombre externo o la mujer externa; es también un fenómeno interno, porque lo externo y lo interno se corresponden. Igual que dije: «como es abajo es arriba», puedo decir: «como es fuera es dentro».

Tu realidad interna es también la misma que tu realidad externa: se corresponden, se equilibran. Ahora surgen más complejidades, porque cada hombre tiene una mujer dentro de él y tiene que convenirse con ella. No es solo una cuestión de tener fuera una mujer a la que amas; de ser así, las cosas habrían sido menos complicadas.

Cuando dos personas están enamoradas, en realidad hay cuatro personas. En cada cama hay cuatro personas...; puedes entender la complejidad. Cuando dos personas hacen el amor, hay cuatro personas haciendo el amor, ¡siempre es sexo en grupo!, porque el hombre tiene una mujer dentro de él y la mujer tiene un hombre dentro de ella. Y tiene que ser así, porque cada uno nace del matrimonio de un hombre y una mujer. Habrá en ti algo del padre, el cincuenta por ciento; habrá en ti algo de la madre, el cincuenta por ciento. En cada persona contribuye el padre y contribuye la madre. Puede que biológicamente seas un hombre; eso muestra solo que físicamente tienes el mecanismo del hombre, pero en lo profundo de tu psique no eres ni hombre ni mujer, eres ambas cosas. Por eso digo que tenemos que usar una palabra para ambos, hombre y mujer...

Hasta ahora hemos estado usando «hombre»; eso significa que abarca a ambos. Esto es solo porque el hombre ha sido muy dominante en el pasado. Pero en el futuro puede que el péndulo se balancee al otro polo, y eso será mucho más verdadero, porque [en inglés] la palabra man [hombre] no contiene la palabra woman [mujer], pero la palabra woman contiene man. Será mejor usar woman como palabra general para ambos. Y lo mismo sucede con «él» y «ella». «Ella» contiene «él», pero «él» no contiene «ella». Será mejor usar «ella» y woman para ambos. Será mejor usar «ella» para Dios que «él».

Ambos contienen al otro. Debido a esto, existe la posibilidad de la homosexualidad; debido a esta dualidad fundamental interna. Puedes ser un hombre por fuera y puede que armonices con tu mujer interna. No hay problema en ello. Tu espíritu permanece libre. Por dentro puede identificarse con el hombre interno o puede identificarse con la mujer interna. Si eres un hombre físicamente y te identificas con la mujer interna, la consecuencia será la homosexualidad. Puede suceder de muchas maneras; puede suceder por muchas razones. De modo que la homosexualidad es posible debido a esta dualidad interna.

Y ahora la ciencia es capaz incluso de cambiar tu sexo físico. Eso también es posible, porque se ha descubierto que el hallazgo taoísta es también científicamente cierto. Ahora, cambiando simplemente las hormonas y tu química un poco, el hombre puede convertirse en una mujer y la mujer puede convertirse en un hombre..., incluso fisiológicamente. Eso muestra sencillamente que eres ambos. Incluso la diferencia en el cuerpo es solo de énfasis.

Y a veces sucede también por sí mismo. Se ha descubierto que una mujer se convierte en un hombre o un hombre se convierte en una mujer. La diferencia no debe de haber sido mucha; puede que haya sido muy ligera: cincuenta y uno por ciento hombre, cuarenta y nueve por ciento mujer; la proporción es un poco mayor en el lado de ser un hombre. Puede cambiar en el curso de la vida. Nuevas hormonas, nueva comida, nuevo clima, nueva atmósfera, nuevas emociones, enfermedades o cualquier cosa puede cambiar la proporción, y el hombre puede convertirse en una mujer o la mujer puede convertirse en un hombre. Y ahora la ciencia sabe que puede hacerse muy fácilmente.

Existen todas las posibilidades de que en el futuro la gente se cambie de sexo más a menudo, porque si puedes vivir ambas polaridades en una vida, ¿por qué no? Si puedes disfrutar ambas visiones, ¿por qué no? Tendrás más libertad. Has vivido como hombre treinta y cinco años, y ya es suficiente. Y te gustaría ver cómo es desde el otro lado, porque no hay otra manera de saber cómo es desde el otro lado que estar en ese lado.

Mi propia observación de miles de personas ha sido ésta: que si una persona es un hombre en esta vida, en la próxima vida nace como mujer, y viceversa. Y la razón es simple: se cansa de ser un hombre o se cansa de ser una mujer y empieza a anhelar el otro polo en lo hondo de sí. Y naturalmente, en la siguiente vida, debido a este gran deseo de ser el otro, nace como el otro.

Estos son los tres fundamentos. Primero: todo es interdependiente. Segundo: la vida es polar y las polaridades no son opuestas, sino complementarias. Y tercero: todo es doble por dentro, nada es uno.

En India tenemos el concepto de ardhanarishwar. Eso se corresponde con el enfoque taoísta. Shiva ha sido esculpido, pintado como ambos: mitad hombre, mitad mujer. La mitad de su cuerpo es el de un hombre y la mitad de su cuerpo es el de una mujer. Cuando Occidente descubrió esas estatuas por primera vez, Occidente se rió: parecía muy absurdo. ¿Qué quiere decir? Ahora lo han comprendido. Es una de las cosas más fundamentales de la vida. Así eres tú, igual que Shiva: mitad y mitad.

Estos sutras se ocupan de la polaridad interna, y a menos que transciendas esta polaridad interna no llegarás a lo uno; permanecerás dos. La meditación es una manera de transcender esta polaridad dentro de ti. La meditación te aleja de todos los dualismos.

En la vida corriente permaneces dual y en el espacio de veinticuatro horas cambias muchas veces de un polo al otro. Observa. Puede que seas un hombre, pero a veces eres muy femenino, muy vulnerable. Puede que seas una mujer, pero a veces, durante el día, eres muy masculina. Cuando la mujer es masculina se vuelve muy, muy agresiva; más agresiva de lo que pueda serlo ningún hombre, porque su agresividad está muy fresca, sin usar, de la misma manera que la tierra no usada es muy fértil. Y lo mismo sucede con el hombre. Si un hombre es tierno, es muy tierno; más que la mujer, porque eso es un terreno no usado. Esa parte de su ser no ha sido usada; está fresca, muy viva. De modo que este extraño fenómeno se observa una y otra vez si te vuelves un poco observador.

Generalmente la mujer es amorosa; generalmente el hombre no es amoroso. La mujer solo a veces es beligerante, pero cuando lo es, entonces lo es realmente. El hombre solo es amoroso a veces, pero cuando lo es, lo es realmente. Son partes no usadas de su ser. Cuando se usan tienen frescor.

Esta polaridad interna te mantiene en una especie de angustia, conflicto; sin ella no puedes existir. Lo uno permanece invisible; por eso Dios es invisible. Para volverse visible lo uno tiene que volverse dos. Tienes que escribir con tiza blanca en una pizarra; solo entonces se pueden ver esas letras.

Para existir, uno necesita contraste. Por eso de día no puedes ver las estrellas; por la noche sí puedes: la oscuridad de la noche se convierte en el trasfondo. Las estrellas están ahí tanto como por la noche, no se van a ninguna parte, no pueden irse a ninguna parte. Están donde están. No empiezan a llegar por la noche, no empiezan a esconderse en alguna parte de día; están donde están, pero de día falta el contraste. No puedes verlas, son invisibles.

Dios es invisible. Si quiere volverse visible tendrá que convertirse en hombre y mujer; tendrá que convertirse en dos. Tendrá que volverse materia y espíritu, tendrá que volverse cuerpo y alma, tendrá que volverse esto y lo otro. Solo los dos son visibles. El mundo consta de los dos, el mundo es dual. Y en el momento en que puedas arreglártelas para hacer que esta dualidad desaparezca en la unidad, te volverás invisible. Ése es el significado del dicho taoísta, que parece muy misterioso, de que el hombre del Tao se vuelve invisible. Es muy significativo, pero es una metáfora. No significa que no puedas ver a Lao Tse o que no me puedas ver a mí. Ya me estás viendo; sin embargo, no me estás viendo a mí. Esa parte se ha vuelto invisible. La polaridad ha desaparecido dentro, la dualidad ya no existe. Solo lo dual puede verse, lo no-dual permanece no visto.

Dios tiene que volverse dos; solo entonces es posible el juego, la obra. Las antiguas escrituras indias dicen: «Se sintió muy solo.» Se refieren a Dios. Se sintió muy solo, anheló al otro y por eso se volvió dos. Se volvió hombre y mujer, vaca y toro, y así sucesivamente. Toda la existencia es sexual; con «sexual» quiero decir dual. Toda la existencia es sexual. Tarde o temprano la ciencia va a descubrir que hay planetas que son masculinos y que hay planetas que son femeninos. Tiene que ser así. La astrología antigua dice eso, y estoy totalmente de acuerdo con ella: todo es dual. Por eso se representa al sol como masculino y a la luna como femenina. No es poesía, es un hecho. Puede que la ciencia no lo haya descubierto todavía, pero tiene que ser así. Si todo es dual, entonces no puede haber excepciones.

Tu atracción por la mujer o por el hombre te mantiene en manifestación. Ahora serás capaz de comprender por qué los grandes místicos a lo largo de los tiempos han venido enseñándote cómo ir más allá del sexo: porque a menos que vayas más allá del sexo no entrarás en Dios, a menos que vayas más allá del sexo nunca irás más allá de los dos; permanecerás sujeto a la dualidad del mundo. El «mundo» significa Dios manifiesto, y «Dios» significa el mundo desapareciendo de nuevo en la no-manifestación. Eso también es una dualidad: manifestación, no-manifestación.

En la teología cristiana las cosas no son tan profundas, son muy superficiales. En la teología cristiana solo tienes la creación. ¿Qué hay de la des-creación? ¿Cómo puede haber creación sin des-creación? En la teología oriental ambas están juntas: srushti significa creación, pralaya significa des-creación. Hay un momento en el que Dios se vuelve manifiesto, y luego hay un momento en el que Dios vuelve a ser no-manifiesto: todo desaparece en la nada; llega el cero. Igual que tú, como te dije al principio: estás con tu amado, te cansas, quieres meditar, quieres irte a los Himalayas; Dios también se cansa del mundo, naturalmente, y entonces quiere pasar al retiro, entonces desaparece en la unidad. Llega la disolución, todo desaparece. Pero, una vez más, ¿cuánto tiempo puedes sentarte en una cueva del Himalaya? Incluso Dios se cansa de ello. Empieza a buscar y a indagar y a crear al otro de nuevo.

Y sucede exactamente lo mismo en cada alma individual: vives la vida y entonces te cansas, entonces quieres ir más allá de la vida; has vivido tu cuerpo y estás cansado. Ahora quieres ir más allá del cuerpo. Y entonces puedes comprender mi insistencia, por qué digo que no le tengas miedo al mundo y que no te escapes del mundo, porque el mundo es el lugar mismo en el que sucede la renunciación; es una polaridad. Por eso digo que no te escapes de la mujer o del hombre. Si te escapas, puede que permanezcas interesado.

No te escapes. Vívelo completamente. Disfruta el mundo sin freno, y ese mismo desenfreno se convertirá en renunciación. Solo con ese desenfreno empezarás a sentir que ha llegado la hora de desaparecer en la soledad absoluta. Y solo si estás realmente cansado puedes entrar en esa soledad absoluta.

La gente está abocada a malentenderme. En India soy uno de los hombres peor comprendidos. Piensan que le enseño desenfreno a la gente. Estoy enseñando renunciación. Piensan que estoy enseñando un tipo mundano de sannyas. No lo comprenden. Estoy enseñando el verdadero sannyas, porque el sannyas auténtico surge solo de la experiencia mundana. El verdadero sannyas no es posible en una cueva de los Himalayas. Será irreal, impuesto, y en lo hondo de ti seguirás siendo mundano y continuarás anhelando y soñando con el mundo.

Vive en el mundo. Vive realmente en él para cansarte, para agotarte, para acabar completamente con él..., tanto, que un día de pronto pierda todo sentido para ti, y entonces ha sucedido la renunciación. Para mí, la verdadera renunciación sucede en el mercado y solo en el mercado.

Ahora los sutras.

 

En el cuerpo está el anima. El anima es femenina, yin; es la sustancia de la consciencia.

 

Hay anima en cada ser. Anima significa el principio femenino, el principio pasivo, el principio inactivo, la mujer, «... yin; es la sustancia de la consciencia». No es la consciencia misma, sino la sustancia: sin ella no puede existir la consciencia. Es la materia misma. Es la casa en la que vive la consciencia; sin ella la consciencia no puede vivir. La mujer..., y recuerda que con «mujer» no me refiero solo a la mujer, sino al principio femenino. Y eso tienes que recordarlo continuamente, de lo contrario empezarás a sentir que estos taoístas parecen estar contra la mujer. No lo están. No están diciendo nada en contra o a favor; simplemente están describiendo. Y no están diciendo nada a favor del hombre o a favor de la mujer; están hablando de los principios de femineidad y masculinidad.

 

En el cuerpo está el anima. El anima es femenina..., es la sustancia de la consciencia.

 

Por eso, debido al principio femenino, las mujeres permanecen demasiado apegadas a su cuerpo. El hombre no está tan apegado a su cuerpo; en realidad, es descuidado con su cuerpo. Si no hay ninguna mujer cerca, el hombre se vuelve sucio, polvoriento; la habitación se ensucia como si él no se diera cuenta de todo esto. Cada vez que entras en una habitación puedes ver si el hombre vive solo o si hay una mujer en la casa. Es así de simple. Puedes ver si el hombre está soltero o no con solo ver su habitación. Los libros han almacenado polvo durante meses. No es cuidadoso con su cuerpo, su parte material. Pero la mujer es muy cuidadosa, inmensamente cuidadosa, por eso pasa tanto tiempo delante del espejo.

 

Un día, Mulla Nasruddin estaba cazando moscas. Cazó unas cuantas y le dijo a su mujer: «He encontrado dos moscas hembra y dos moscas macho.»

La mujer dijo: «Eso es asombroso. ¿Cómo descubriste el sexo de las moscas?»

Él dijo: «¡Dos estaban sentadas sobre el espejo y dos estaban leyendo el periódico!»

 

Es muy sencillo. La mujer está intensamente sujeta al cuerpo, a la sustancia, a la casa. Si se hubiera dejado solo al hombre, como mucho habría habido tiendas de campaña, pero no casas. Es la mujer la que ha creado toda la civilización, porque sin casas no habría habido civilización, recuerda. Sin casas no habría ciudades, y la civilización crece en las ciudades. La misma palabra «civilización» viene de «civiles», las personas que viven en las ciudades. La mujer ha creado toda la civilización. El hombre habría seguido siendo un vagabundo, un peregrino, un viajero, un cazador: se habría apresurado de un sitio a otro. Puedes verlo de muchas maneras. Eso tiene muchas manifestaciones.

Occidente está orientado a lo masculino, por eso ves tantos turistas occidentales viajando alrededor del mundo. No ves tantos turistas orientales. Oriente es muy femenino.

La mujer permanece apegada a la propiedad: la casa, el coche, la tierra, sus ornamentos, su ropa. Esto se debe al principio interno: ella es la sustancia de la consciencia. Y recuerda: sin una mujer el espíritu no puede ascender muy alto. A través del hombre nace poesía muy buena, pero la causa es siempre la mujer.

No encuentras grandes poetisas. He examinado la poesía que escriben las mujeres. Ponen mucho empeño, pero no sucede gran cosa. Madhuri escribe muy buena poesía, pero no es realmente poesía. La mujer no puede escribir poesía. Puede inspirar poesía; eso es verdad: nunca llega al mundo poesía muy buena sin que haya una mujer en el trasfondo. Ella inspira. Su presencia, su amor, su afecto la crea. No necesita escribirla, el hombre la escribirá. Pero ella es la inspiración, la causa..., una causa muy sutil. Las mujeres no son grandes pintoras. No es que no pinten. Particularmente en la era moderna, hacen todo lo que hacía el hombre...; hay una gran competición. Piensan que tienen que hacer todas las cosas que ha venido haciendo el hombre. Piensan que el hombre se ha vuelto importante debido a esas cosas. La lógica es falaz. Se convertirán tan solo en hombres de imitación; perderán su propia alma y siempre seguirán siendo de segunda mano. En el mundo de los hombres, para competir con los hombres, seguirán siendo secundarias. Nunca serán primarias. Ésa no es la manera de competir.

Si te vuelves como un hombre, nunca serás tan competente como un hombre; ¿cómo vas a serlo? Su principio masculino le respalda. Te volverás fea, te volverás ruda, perderás toda la suavidad. Por eso el Movimiento de Liberación de las Mujeres se ha convertido en una de las cosas más desastrosas que le han sucedido a las mujeres. Y la razón de ello no es que su ideología sea errónea: su implementación es errónea.

La mujer es igual al hombre, pero no es lo mismo que el hombre...; y no debería serlo. Debería seguir su propia naturaleza, debería escuchar a su propia alma. Ella tiene una vibración diferente, tiene una función diferente que desempeñar en el mundo, un destino diferente. Si sigue al hombre e imita, está perdida. Y cuanto más perdida esté, más desarraigada estará de su ser. Cuanto más falsa, plástica, sintética se vuelva, más desesperada estará. Por eso están tan enfadadas las mujeres del Movimiento de Liberación, continuamente encolerizadas. La rabia es porque se sienten frustradas. No son como quieren ser, no pueden serlo; va en contra de la naturaleza. Tampoco hay necesidad.

 

En el cuerpo está el anima. El anima es femenina, yin; es la sustancia de la consciencia.

 

Medita sobre las palabras, «sustancia de la consciencia», el fundamento mismo de la consciencia. No es la consciencia misma, sino la casa en la que vive la consciencia.

 

Pero, además de esto, existe el animus en el que el espíritu se cobija.

 

El animus es el principio masculino, yang.

 

El animus vive en los ojos: ve, sueña.

 

El principio femenino vive en el cuerpo, es muy material. Por eso las mujeres son siempre materialistas. Sus consideraciones son muy prácticas, son muy pragmáticas.

 

Mulla Nasruddin me dijo un día que él nunca discute con su mujer.

Le pregunté: «¿Cómo te las arreglas? Es casi imposible, o prácticamente imposible.»

Él dijo: «Nos las hemos arreglado perfectamente bien durante muchos años. En la primera noche dispusimos un principio sencillo y lo hemos seguido. Y el principio es: ella decide acerca de las cosas pequeñas y yo decido acerca de las cosas grandes.»

Le pregunté: «¿Qué quieres decir con cosas pequeñas y cosas grandes?»

Él dijo: «Por ejemplo, qué coche comprar, en qué casa vivir, a qué escuela hay que llevar a los niños, qué comida hay que comer, qué ropa hay que comprar... Todas estas cosas pequeñas las decide ella.»

Y yo dije: «¿Qué decides tú?»

Él dijo: «Si Dios existe o no, si existen o no el cielo y el infierno. Todos los grandes problemas..., eso es para mí. Y el principio ha funcionado perfectamente bien. Ella nunca interfiere en las cosas grandes, yo nunca interfiero en las cosas pequeñas. Soy el amo de mi propio mundo y ella es el ama de su propio mundo. Nunca nos inmiscuimos.»

 

El principio femenino está enraizado en la materia, enraizado en el cuerpo. Pero el hombre sueña.

El hombre es un soñador. El principio masculino es el principio del soñar. Ninguna mujer puede comprender por qué la gente está tan interesada en ir a la luna. Le parece una tontería. ¿Para qué? ¿Qué vas a hacer allí? ¿Ir de compras? Mejor ir a M. G. Road que ir a la luna. ¿Qué harás allí? ¿Para qué? ¿Y arriesgando tu vida? Ninguna mujer puede comprender por qué el hombre quiere subir al Everest. ¿Qué vas a hacer allí? Le parece ridículo. Y en el fondo todas las mujeres saben que todos los hombres son infantiles: «Déjales que jueguen, que vayan y hagan sus cosas.» Ella sabe muy bien que los hombres están interesados en tonterías. El partido de fútbol, de cricket..., todo tonterías; sin sentido. Tiras la pelota a ese lado y ellos tiran la pelota a tu lado, y esto sigue y sigue... ¿Qué sentido tiene?

La mujer es práctica, tiene los pies en la tierra. Es terrenal. El principio masculino es como el cielo y el principio femenino es como la tierra. El hombre sueña, planea, desea, aspira a cosas desconocidas. El hombre es un aventurero, dispuesto a arriesgar su vida por cualquier sueño que tome posesión de él.

La mujer vive en los oídos y el hombre vive en los ojos, de ahí el deseo de cotillear que tienen las mujeres. La inmensa alegría de cotillear... Observa a dos mujeres cotilleando: parecen estar en éxtasis.

He oído que...

 

Una vez hubo una competición en China, una competición para decidir quién era el mayor mentiroso del país, y vino mucha gente y dijo muchas mentiras. Pero el hombre que ganó el premio fue el que dijo: «He visto a dos mujeres en el parque sentadas en un banco en silencio durante media hora.»

Él ganó el premio. ¡Es imposible!

 

Debido a la mujer sucedió la caída, el pecado original. La serpiente debió haberlo intentado primero con Adán. Pero Adán no está en los oídos, está en los ojos; debió haber visto a la serpiente tramposa, y debió decir: «Déjame en paz. No me molestes. Tengo mis propios sueños.» Pero la serpiente convenció a Eva. Debió de cotillear con ella. Era el cotilleo de «¿Qué estás haciendo? Aquí está el árbol del conocimiento y Dios te ha engañado. Si comes la fruta de este árbol te volverás tan inmortal como Dios. Si comes la fruta de este árbol sabrás todo lo que sabe Dios. Serás omnisciente, omnipotente, omnipresente.»

Naturalmente, se despertó la curiosidad de la mujer: una cosa tan práctica. La serpiente la convenció. La serpiente es el primer vendedor. Los vendedores no van a los hombres; solo llaman a la puerta cuando el hombre se ha ido a la oficina. Hay que persuadir a la mujer. Solo la mujer tiene oídos.

Los oídos son la parte pasiva de tu ser, la parte receptiva. Algo puede entrar por los oídos. Los ojos son la parte agresiva. No puedes ser agresivo con los oídos, recuerda. Pero con los ojos puedes ser agresivo. Puedes mirar a una persona como si tus ojos fueran dagas. Puedes ofender a la gente con tus ojos o puedes amar a la gente con tus ojos. Puedes llegar a la gente con los ojos o puedes volverte inaccesible. Alguien puede mirarte a los ojos de una manera tan distante que se vuelve inasequible. Alguien puede mirarte tan distraídamente que resulta inaccesible. O alguien puede mirarte con tanto deseo, tanta pasión, tanto anhelo, tanto afecto, que sus ojos casi empiezan a acariciar tu cuerpo. Los ojos son las partes agresivas; pueden proyectar, pueden hacer mella.

En India, a la persona que se queda mirando a las mujeres ofensivamente se le llama luchcha. Y te sorprenderá: la palabra luchcha viene de lochan. Lochan significa «ojos». Está violando con los ojos; sus ojos se convierten casi en sus órganos genitales. Los ojos son peligrosos.

Los oídos son inocentes. Solo reciben. Son femeninos.

 

El animus vive en los ojos: ve, sueña. Pero quien está en una disposición oscura y retraída, y encadenado a su forma corporal, está sujeto por el anima.

 

Pero cuando estás en una disposición retraída, en un humor pasivo, entonces estás encadenado al cuerpo y estás encadenado por el anima. No importa que seas hombre o mujer. Si una mujer está usando sus ojos y trata de ver en vez de tratar de escuchar, se vuelve animus. Si un hombre está tratando de escuchar, se vuelve anima. Un discípulo se vuelve anima; tiene que volverse, porque un discípulo necesita volverse todo oídos y nada más. El maestro es todo ojos y el discípulo es todo oídos. El maestro tiene que ver y tiene que ver lo más profundo que hay en ti, tiene que penetrar hasta tu mismo núcleo. Y el discípulo tiene que escuchar, estar atento, estar disponible..., para permitir que el maestro llegue al núcleo más hondo de su ser.

El discípulo se vuelve femenino. Ésa es la razón por la que las mujeres son las mejores discípulas del mundo. El hombre encuentra una pequeña dificultad en ser un discípulo. Incluso si lo es, lo es a regañadientes. Se resiste, lucha, duda, crea muchísimas maneras para escapar de alguna forma. Si no puede, entonces se relaja sin poder defenderse..., pero porque no puede defenderse. La mujer salta con alegría. Los mayores discípulos han sido mujeres, y la proporción ha permanecido siempre la misma. Si hay cinco discípulos, uno será un hombre, cuatro serán mujeres; ésa ha sido la proporción. Fue así con Mahavira, fue así con Buda, es así conmigo. Siempre ha sido así.

El hombre piensa que las mujeres están aleladas, que son sugestionables, susceptibles a la hipnosis. Ésas son recriminaciones de hombre. El hombre piensa que él mismo no puede ser hipnotizado. Las mujeres están muy dispuestas para ser hipnotizadas, piensa. En cierto sentido, tiene razón, y en cierto sentido está también equivocado. Si la mujer se encuentra con la serpiente, será convertida por la serpiente. Si la mujer se encuentra con un buda, será convertida por un buda. Sí, es sugestionable; todo depende de con quién se encuentre. Si un hombre escucha a la serpiente, no se convertirá; se salvará de la serpiente. Pero si viene a escuchar a Buda, tampoco se convertirá ahí. Ahora se ha perdido su salvación.

 

Por tanto, la concentración del animus se lleva a cabo con la circulación de la luz, y de esta manera se mantiene el espíritu, y el anima subyugada.

 

La luz tiene que circular en los ojos. Los ojos son la parte más alumbrada de tu ser. Los taoístas dicen que tus ojos son paralelos al sol. Si no tienes ojos no puedes ver la luz, y solo lo similar puede ver a lo similar. Tus ojos son luz condensada, por eso puedes ver la luz por tus ojos. Tus oídos son sonido condensado, por eso puedes oír por los oídos.

Hay que subyugar el anima en todos, ya sean hombre o mujer. ¿Por qué? Porque es la forma, es el cuerpo, es la materia. El espíritu tiene que ser el amo, el espíritu tiene que elevarse por encima del cuerpo. El espíritu tiene que hacer que el cuerpo le siga, no viceversa. De manera que no importa que seas un hombre o una mujer; hay que hacer que el anima siga al animus por dentro, porque solo el animus puede buscar e indagar. Y si la mujer viene detrás, el animus puede entrar perfecta y profundamente en la realidad.

Si el poeta sabe que la mujer está detrás de él, apoyándole, su poesía puede elevarse muy alto. Si el hombre sabe que la mujer está siempre con él, tiene una gran fortaleza, puede ir a cualquier aventura; en el momento en que siente que la mujer no está con él, pierde su energía. Entonces solo tiene sueños, pero son impotentes; ya no tienen energía, no pueden cumplirse.

El factor materializador es la mujer, el factor soñador es el hombre. En la búsqueda de Dios o de la verdad, el hombre tiene que dirigir a la mujer y la mujer tiene que seguir. Dentro de ti, el animus tiene que volverse el maestro y el anima tiene que volverse el discípulo; y recuerda de nuevo: no importa que seas hombre o mujer.

 

El método utilizado por los antepasados para escapar del mundo consistía en deshacer completamente la chatarra de oscuridad para volver a lo puramente creativo.

 

La mujer es estática, el hombre es dinámico. Por eso ves que las mujeres parecen tan apacibles y que los hombres parecen tan inquietos. Incluso cuando eras un niño, un niño pequeño, un bebé, ya existía la diferencia. El bebé niño es muy inquieto, está tratando de agarrar esto, de agarrar lo otro, tratando de llegar a alguna parte; es un latoso. Y la bebé niña nunca es latosa; se sienta en silencio abrazando a su muñeca. Ella también es una muñeca, una tremenda apacibilidad. El principio del descanso es femenino y el principio de la inquietud es masculino, de ahí la redondez y la belleza de la mujer y el constante estado febril del hombre.

Pero para crecer necesitarás el principio de la inquietud en ti, porque crecimiento significa cambio. La mujer es básicamente ortodoxa, el hombre es básicamente no convencional. La mujer siempre apoya el statu quo y el hombre siempre está dispuesto a apostar por cualquier revolución estúpida. Ante cualquier cosa que cambia él está a favor. Que sea cambiar para bien o para mal, eso no es tan importante: el cambio es bueno. La mujer siempre es partidaria de lo viejo, lo establecido; que sea bueno o malo no es la cuestión: como siempre ha sido así, tiene que ser así.

El crecimiento necesita que se funda en ti el principio estático. La mujer en ti está congelada; tiene que fundirse para que puedas volverte un río. Pero el río también necesita el apoyo de las orillas, que son estáticas, recuerda. Si el río no tiene orillas, nunca llegará al océano. Y si el río está congelado nunca llegará al océano. De modo que el río tiene que fundirse, volverse agua, y sin embargo, tiene que aceptar el apoyo de las orillas, que son estáticas. El hombre perfecto es el que ha usado su dinamismo como río y su estabilidad como orillas. Éste es el equilibrio perfecto. Entonces has usado tu animus para crecer y has usado tu anima para hacer que tu crecimiento sea un hecho establecido, no solo un fenómeno momentáneo.

 

Esto no es nada más que una reducción del anima y una consumación del animus.

 

Pero por lo común, los hombres, las mujeres..., todo el mundo se ha vuelto estático. Incluso los hombres son muy ortodoxos. Cristianos, hindúes, mahometanos, jainas..., incluso los hombres, son muy ortodoxos. Han caído víctimas de su anima; su animus ha sido subyugado. Tiene que ser liberado.

Ése es todo mi esfuerzo aquí: liberar tu animus de la sujeción del anima. Una vez que el animus es liberado de la sujeción de tu anima, entonces puedes usar también el anima, pero no antes. De ahí mi insistencia en los métodos dinámicos de meditación. Solo muy de vez en cuando sugiero a la gente que vaya a zazen, a vipassana; solo cuando veo que su animus está fluyendo, entonces pueden usar su anima. El vipassana, el zazen son métodos del anima, métodos femeninos. La danza sufí, la meditación dinámica, el nataraj, son métodos del animus.

Primero tienes que volverte un río; solo entonces pueden usarse tus orillas como apoyos.

 

Y la circulación de la luz es el medio mágico para reducir la oscuridad y adquirir dominio sobre el anima. Si se sigue este método, se presentará por si misma mucha agua seminal; se encenderá el espíritu del fuego y el pensamiento de la tierra se solidificará y cristalizará. Y así madura el fruto sagrado.

 

El fruto sagrado no es ni masculino ni femenino. El fruto sagrado madura solo en la totalidad, cuando tu anima y tu animus se apoyan mutuamente como las dos alas de un pájaro. Entonces se libera el eros, se libera el logos, se libera la intuición. Entonces empiezas a volar en el cielo y, sin embargo, permaneces enraizado en la tierra.

Un árbol, para elevarse a lo alto del cielo, necesitará raíces profundas en la tierra. La tierra es anima, el cielo es animus. Y cuanto más alto se eleva el árbol en el cielo, más profundamente tiene que entrar en la tierra: en la misma proporción.

 

La naturaleza única, cuando desciende a la casa de lo creativo, se divide en animus y anima.

 

Dios es uno, pero cuando se vuelve creativo, se divide en dos: el animus y el anima. Sin ello no hay posibilidad de manifestación, sin ello no habrá dialéctica. Dios se divide a sí mismo en tesis y antítesis, porque solo mediante la tesis y la antítesis se produce el desafío, el conflicto, la lucha. Y mediante la lucha, mediante la fricción, se crea energía. Es como cuando golpeas dos piedras y surge el fuego. Es como cuando bates las dos manos y se crea sonido.

Los maestros Zen dicen: «Encuentra el sonido de batir una mano.» ¿Qué quieren decir? Quieren decir que vayas más allá del dos para poder encontrar el Uno. Pero ese Uno es el Dios no manifiesto; ese Uno es la fuente misma de la que hemos venido. Y solo podemos llegar a la fuente cuando ha desaparecido nuestra «dos-idad». Ahora esta dos-idad hay que usarla de una manera tal que la tesis y la antítesis se vuelvan síntesis. Ése es todo el arte de la vida y eso es lo que os estoy enseñando.

Mi sannyasin tiene que ser una síntesis del hombre y la mujer, del día y la noche, del mundo y de la renunciación, de la materia y el espíritu, de la tierra y el cielo.

 

El animus está en el corazón celestial, en el tercer ojo. Es de la naturaleza de la luz; es el poder de la ligereza y la pureza. Es lo que hemos recibido del gran vacío, el gran cielo, lo que es idéntico en forma al principio primordial. El anima comparte la naturaleza de lo oscuro.

 

De ahí el misterio de la mujer. Ningún hombre ha sido nunca capaz de descifrar el misterio. Solo si uno ha ido más allá de ambos, solo si uno se ha vuelto un buda, puede conocer el misterio del hombre y la mujer. De lo contrario, ningún hombre ha sido nunca capaz de sondear las profundidades de una mujer; la mujer permanece misteriosa, oscura, una noche oscura... No puedes ver claramente, como mucho puedes andar a tientas. Nunca puedes ser lógicamente claro acerca de la mujer. Ella nunca sigue la lógica. Su camino es muy zigzagueante; saca conclusiones directamente sin seguir nunca el proceso. El hombre va paso a paso por todo el proceso; es metódico.

La mujer es una poetisa en el sentido de que es intuitiva. Puede que no cree poesía...; es una poetisa sin crear poesía. Su vida es su poesía, y es tan oscura como la poesía: misteriosa, difusa, ambigua. Nada está claro, nada puede estar nunca claro: la mujer no puede ser desmitificada, sigue siendo siempre un signo de interrogación.

El hombre es claro, como la luz. Por eso el hombre parece superficial; la mujer parece profunda. Por eso el hombre parece estar completamente en la superficie: puedes conocerle. Si le conoces, puedes predecirle; pero nunca puedes predecir a una mujer. Ella sigue siendo impredecible; de ahí la oscuridad. Éstas son metáforas.

 

Es la energía de lo pesado y lo turbio...

 

Y la mujer, el principio de lo femenino, te mantiene sujeto a la tierra; es la gravitación.

 

... está ligada al corazón carnal corpóreo. El animus ama la vida. El anima busca la muerte.

 

La mujer es más como la muerte. No te sientas ofendida, esto es solo una descripción. Si las palabras anima y animus, hombre y mujer, te producen disgusto, puedes sustituirlas por X e Y. Pero eso es lo que está haciendo El secreto de la Flor Dorada. Son solo metáforas. Hacerlas antropomórficas ayuda a comprenderlas más claramente.

El hombre está interesado en la vida, la mujer está interesada en la certidumbre. El hombre está interesado en el amor, la mujer está interesada en la seguridad. El hombre está interesado en la aventura, la mujer está interesada en la comodidad, en la conveniencia. La mujer es la muerte. Al decir «muerte» no se da a entender ni se supone una condena, solo que la cualidad de la muerte es la seguridad. Solo estás seguro cuando estás muerto, solo estás seguro cuando no eres: entonces ya no te puede pasar nada.

Pero el hombre quiere buscar e indagar, arriesgar. Por eso el marido sigue buscando otras mujeres y la mujer sigue observando al marido. Ella no puede concebir por qué está interesado él en otras mujeres: «¡Yo estoy aquí!» Pero el principio masculino siempre está interesado en algo nuevo, en lo sensacional, en la nueva emoción. Y a veces sucede que su propia esposa puede ser una belleza y puede que él empiece a tontear con una mujer fea. Nadie entiende... lo que está pasando. «Tienes una mujer tan guapa, y ¿qué estás haciendo?»

Pero no comprendes el principio masculino. El principio masculino es básicamente polígamo y el principio femenino es monógamo. Ella quiere asentarse. Ella está más interesada en el matrimonio que en el amor. Ella solo está interesada en el amor para casarse, y el hombre solo se casa porque está interesado en el amor.

Hay un dicho antiguo que dice que el mundo estaría inmensamente alegre si todos los hombres permanecieran solteros y todas las mujeres estuvieran casadas. Pero ¿cómo hacerlo? Es imposible.

 

El animus ama la vida. El anima busca la muerte. Todos los deseos sensuales y los impulsos de la ira son efectos del anima. Pero el discípulo comprende cómo hay que destilar completamente el anima oscura para que se transforme en pura luz.

 

Pero la alquimia consiste en comprender estos dos principios en cada uno de vosotros, hombre o mujer, y en transformar el anima, la parte oscura en ti, en la parte luminosa; en ayudar a que se mueva la parte oscura, en ayudar a la parte oscura a que ayude a la parte luminosa y no luche con ella.

Si tu anima puede ayudar a tu animus, ése el verdadero matrimonio, el matrimonio interno. Entonces empiezas a estar integrado; entonces tu luz ya no es superficial, tiene la profundidad de la oscuridad; y tu oscuridad ya no es oscura, tiene la luminosidad de la luz. Entonces el anima y el animus se funden el uno en el otro. Y cuando se funden completamente, el mundo ha desaparecido, vuelves a ser uno. Y ser uno es conocer a Dios; permanecer dos es permanecer en el mundo. Y el secreto, el experimento, tiene que suceder dentro de ti; no tiene nada que ver con el mundo externo.

Estos dos principios están luchando continuamente dentro de ti. Llámalos vida/muerte, oscuridad/luz, hombre/mujer, X/Y, lo que quieras, pero estos dos principios están ahí, luchando continuamente. Y ésa es tu angustia, tu desdicha, tu infierno.

Deja que se hagan amigos. Deja que tu energía circule en ellos, no el uno contra el otro. Deja que se acerquen más el uno al otro. Deja que haya un orgasmo interno, una cópula interna entre la mujer y el hombre. Eso es lo que en Tantra se llama yuganaddha, el encuentro del hombre y la mujer dentro de ti. Eso es el Tantra real. El encuentro del hombre y la mujer en el exterior es solo una introducción.

Sudha dirige el grupo de Tantra. Eso es solo una introducción. El verdadero Tantra está aún por empezar. Ella solo os está preparando. El verdadero grupo de Tantra empezará pronto, cuando yo vea que estás listo para entrar en tu interior y encontrarte ahí con tu mujer interna y tu hombre interno. Cuando vea que tu interés externo ya no es tan fuerte para mantenerte fuera, ya no te ata —la cadena se ha roto—, entonces comenzará el verdadero grupo de Tantra. Estoy esperando a que suceda la nueva comuna, porque el nuevo grupo de Tantra requerirá un tipo de clima totalmente diferente, un tipo de atmósfera totalmente diferente.

Éste es el mayor experimento por el que puede pasar un hombre. Y este experimento libera en ti el éxtasis cósmico, el orgasmo total.

 

Suficiente por hoy.

 

 

Capítulo 6

 

Nacido con alegría

 

La primera pregunta:

¿Por qué es tan difícil disfrutar?

 

Rani, es difícil disfrutar porque tendrás que desaparecer. La alegría es posible si tú no estás. Tú y la alegría no podéis coexistir: cuando está la alegría tú estás ausente, cuando estás tú la alegría está ausente. Son como la luz y la oscuridad: no pueden existir juntas en el mismo lugar.

Por eso es difícil disfrutar, no es fácil; porque morir es difícil, morir no es fácil. Y solo los que saben morir momento a momento saben disfrutar. Cuanto más capaz seas de morir, más profunda será tu alegría: su llama será intensa y su florecimiento será grande.

También es difícil disfrutar, Rani, porque has invertido mucho en seguir siendo desgraciada. A menos que lo veas, puedes seguir tratando de disfrutar, pero nunca disfrutarás. Todo eso que has invertido en ser desgraciada tienes que desecharlo. Y desde la misma infancia todo el mundo aprende que el sufrimiento merece la pena. Si eres desgraciado, tus padres están más amorosos. Si estás enfermo, tus padres están más cariñosos. Si eres feliz, sano, a nadie le importa: no te prestan atención. Y la atención es comida para el ego; el ego no puede vivir sin atención, es su respiración misma. De la misma manera que el cuerpo necesita oxígeno, el ego necesita atención.

Cuando estás sano, feliz, tus padres no te prestan la menor atención; no hay necesidad. Pero cuando estás enfermo, pasándolo mal, llorando, gimiendo, toda la familia está atenta a tus necesidades, como si hubieras creado una especie de emergencia. Dejan todas sus labores: la madre viene corriendo desde la cocina, el padre deja el periódico, y todo el mundo se centra en ti. Le da una gran satisfacción a tu ego. Y poco a poco aprendes los métodos del ego: permanece infeliz y la gente te prestará atención; permanece infeliz y simpatizarán contigo, te tendrán lástima. Y cuando estás disfrutando, nadie simpatiza contigo. Por eso la gente le tiene tanto respeto a los ascetas. Alguien está ayunando y la gente dice: «Mira, ¡qué gran santo!» Simplemente está pasándolo mal. Si estás festejando, nadie va a simpatizar contigo, pero ayuna y la gente simpatiza.

Si estás enamorado de una mujer, ¿quién va a simpatizar contigo? Por el contrario, la gente tendrá celos. Eres un competidor. Querrían la misma mujer para ellos mismos. Eres un enemigo. Renuncia al sexo, hazte célibe, vete a una cueva, y la gente vendrá desde lugares lejanos para rendirte honores: «Hay aquí un gran asceta», y simplemente lo estás pasando mal. Pero la desdicha aporta ventajas. La desdicha puede hacer de ti un mahatma.

Esa ha sido toda la historia de la humanidad: la desdicha siempre ha merecido la pena; se ha respetado a la gente desdichada. Y si la desdicha es autoimpuesta, por supuesto, te tienen más respeto; es voluntaria. Mahatma Gandhi se hizo tan conocido en el mundo entero porque era desdichado voluntariamente, imponiéndose sufrimientos. ¿Cómo no le vas a prestar atención? Si hubiera estado disfrutando y viviendo una vida total, una vida completa y sana, te habrías sentido celoso, te habrías vuelto hostil.

Observa estos trucos y estrategias de la mente y serás capaz de desecharlos. No quieras atención, de lo contrario seguirás siendo desdichado. Solo te pueden prestar atención cuando eres infeliz; eso forma parte de un mecanismo natural.

Sucede también en tu cuerpo: si tienes dolor de cabeza, tu atención se va a la cabeza; te olvidas de todo el cuerpo. Si tienes dolor en la pierna, toda tu atención se va a la pierna; te olvidas de todo el cuerpo. Entonces la pierna se vuelve muy importante. Es bueno que las piernas y las cabezas y las manos no sean políticos, porque si no, tendrían dolor continuamente, permanecerían con dolor constantemente. Es bueno que no tengan ego. Si la pierna tuviera algún tipo de ego, estaría creando problemas continuamente, porque solo prestas atención cuando hay un problema: te masajeas la pierna, cuidas de ella.

Éste es también el mecanismo interno: la atención va a la parte que tiene dolor. Y éste es el mecanismo de la familia, de la sociedad, del mundo en general. Una vez que has aprendido el truco, se vuelve inconsciente, se vuelve autónomo; simplemente sigues usando ese truco. El marido llega a casa e inmediatamente la mujer empieza a ser desdichada. Esto es lo que he observado.

Solía quedarme con muchas familias cuando iba viajando por este país. La mujer se está riendo y está contenta, y de repente llega el marido —y yo estoy observando—, y la cara de ella cambia. No es que lo esté haciendo adrede, no; ya no es necesario hacerlo, es automático: al ver que llega el marido, al ver la llave moverse en la cerradura, de pronto sucede en ella un cambio automático. Su cara se vuelve infeliz, porque el marido solo le prestará atención si ella está sufriendo; si no, no.

Hay que tomar consciencia de este mecanismo. Estate a la expectativa para verlo, de lo contrario destruirá todas las posibilidades de alegría en tu vida; las ha destruido. Millones de personas viven sufriendo y en el infierno porque anhelan recibir atención. Es estúpido anhelar atención; no te da nada. Tan solo fortalece el ego... que no eres tú. No es tu esencia; es solo tu personalidad, tu yo falso. Sigue nutriendo al yo falso y el yo esencial sigue pasando hambre.

El yo esencial no necesita recibir atención. El yo esencial puede vivir sin ninguna atención, porque no depende de nadie. Y el yo esencial es capaz de regocijarse en su soledad. Ni siquiera necesita al otro, así que ¿qué decir de la atención? Ni siquiera necesita al otro. Su gozo es interno. No viene del exterior, no depende de ninguna condición. Es incondicional. Es un fenómeno espontáneo, interno, intrínseco.

Observa y ve cómo le sacas partido a la desdicha, y entonces sabrás por qué es tan difícil disfrutar. Deja lo que has invertido en la desdicha y la alegría volverá a fluir.

Nacemos con alegría. La alegría es nuestro mismo ser. No necesita nada para estar alegre. Se puede estar alegre simplemente sentado, solo. La alegría es natural, la desdicha es antinatural. Pero la desdicha es provechosa y la alegría no tiene finalidad: no te aportará ninguna ganancia.

De modo que hay que decidir. Si quieres estar contento, tienes que ser nadie: ésta es la decisión. Si quieres estar contento, tendrás que ser nadie, porque no recibirás ninguna atención. Por el contrario, la gente se sentirá celosa, la gente se mostrará hostil. No le gustarás a la gente. Solo le gustarás a la gente si estás sufriendo; entonces te tendrán lástima. Con esa lástima se satisface tu ego y se satisface su ego. Cuando le tienen lástima a alguien, ellos son superiores y tú eres inferior. Ellos están por delante. Están disfrutando el rollo de la lástima. La lástima es violenta. Están viendo el hecho de que eres desgraciado y ellos no. Están en posición de tener lástima y tú estás en posición de que te tengan lástima. Su ego se satisface y tu ego se satisface porque «Mira», te dices a ti mismo, «qué importante eres: todo el mundo te tiene lástima». De manera que el ego se satisface en ambas partes. Es provechoso, nadie pierde.

Cuando estás contento, gozoso, bailando, cantando, simplemente feliz sin ninguna razón en absoluto, tu ego desaparecerá, porque no recibirá ninguna atención. Y los demás no se sentirán bien, porque no les estás dando la oportunidad de satisfacer su ego.

Ésa es la razón por la que la gente estaba en contra de Jesús y en contra de Buda, y por la que está contra mí. Les gustaría que yo también fuera un asceta; les gustaría que yo también estuviera ayunando, viviendo bajo un árbol como un mendigo; entonces se sentirían muy felices. Vendrían a millares, me adorarían. Pero si vivo a mi propia manera, y mi manera es la de la celebración, mi manera es la de festejar, entonces se quedan consternados. Se sienten completamente felices si alguien abandona el palacio y se vuelve un mendigo. Se sienten completamente felices..., aman a ese hombre. Pero si un mendigo se muda al palacio, estarán contra él. No les gustará la idea en absoluto.

Simplemente observa: tú también haces esas cosas. Si un hombre está tumbado en una cama de clavos, inmediatamente te postras como si estuviera haciendo algo grande, como si estuviera trayendo algún gozo a la humanidad. Es tan solo un masoquista, pero tú le amas, le respetas. Tu respecto parece mórbido, tu respeto parece enfermizo, enfermo, y debido a tu respeto él está tumbado sobre los clavos. Quiere tu atención y ésta es la manera más sencilla de conseguir tu atención y tu respeto. Su ego está satisfecho. Está dispuesto a tumbarse sobre esos clavos y sufrir.

Esto está sucediendo a escala más pequeña o a escala mayor en todas partes. Ten cuidado de no caer en esto; es una trampa muy antigua, y entonces puedes disfrutar, entonces no hay más que disfrute. Si estás dispuesto a convertirte en un don nadie, si no necesitas la atención de los demás, entonces no hay problema en absoluto. Puedes disfrutar... En las pequeñas cosas puedes disfrutar. Cosas muy pequeñas pueden darte la mayor alegría posible.

Observa a Jesús con sus amigos, comiendo, bebiendo... La gente no podía tolerarlo. Le habrían amado si hubiera sido un asceta, pero no lo era.

Un día llegó a un pueblo y María Magdalena vino a ver a este hombre por primera vez. Y se enamoró de este hombre. A este hombre merecía la pena amarle. ¿Cómo vas a evitarlo? ¿Cómo te las va a arreglar para no enamorarte de un hombre así? Ella llevó un perfume muy valioso y lo vertió sobre los pies de Jesús, y lavó los pies de Jesús con ese valioso perfume. Y lloraba de alegría. Y Judas le dijo a Jesús: «Esto está mal. Deberías haber advertido a esta mujer. El perfume era muy valioso. Se podría haber vendido. Podría haber dado de comer a algunos pobres en el pueblo.»

¿A quién le vas a dar la razón, a Judas o a Jesús? Si eres honesto, se la darás a Judas. Si eres honesto contigo mismo, le darás la razón a Judas. Él parece ser el inicio del socialismo, del comunismo, del gandhismo. Parece ser muy correcto lógicamente. Era el discípulo más intelectual de Jesús, el único discípulo culto de Jesús, y su lógica es perfecta.

Pero ¿qué dijo Jesús? Jesús dijo algo absurdo. Dijo: «Podéis alimentar a los pobres cuando yo ya no esté. Siempre habrá pobres, no os preocupéis. Pero mientras yo esté aquí, regocijaos.»

¿Estás de acuerdo con Jesús? Si estás de acuerdo, puedes estar alegre. Si no estás de acuerdo, vas a seguir siendo desdichado. «Pero, mira», te dirá tu cabeza, «Judas parece tener razón». Jesús parece completamente absurdo. ¿Qué está diciendo? «Siempre habrá pobres, pero ahora mismo estáis con el novio: disfrutad, celebrad.» Esto es la celebración.

Pero que la gente estuviera en contra de Jesús parece encajar completamente con lo que llamamos nuestro intelecto. Jesús dice: «No puedo detener a esta mujer, porque está muy contenta. No puedo quebrar su alegría. Mira sus lágrimas, mira su ser. Está de un humor muy festivo. Esto es solo simbólico. Que vierta el valioso perfume sobre mis pies es solo una muestra de que es absolutamente feliz. Está celebrando. No puedo hacer que nadie deje de celebrar.» Entonces, si estás de acuerdo con Jesús, puedes estar alegre.

Así que depende de ti, Rani, si le das la razón a Judas o le das la razón a Jesús.

 

 

La segunda pregunta:

Tú no tuviste ningún maestro. Ningún buda ha tenido un maestro. A veces pienso que escoger un maestro significa impedir la propia iluminación. Me refiero a la necesidad de tener tu propio camino, a la imposibilidad de que te guíen. Por favor, dime a qué te refieres.

 

Andreas, yo nunca le hice a nadie una pregunta semejante. Hacer la pregunta es buscar guía, es querer guía. Una pregunta es siempre una necesidad de que alguien te dé una respuesta. Si tienes preguntas que hacer, tendrás que elegir un maestro.

Un maestro es alguien que está dispuesto a contestarte. Un discípulo es alguien que no solo pregunta por curiosidad, sino que está dispuesto a poner todo su ser en su pregunta, que está dispuesto a transformar su vida según la respuesta que reciba. Si realmente haces la pregunta, ya te has convertido en un discípulo. Ése es el significado de ser un discípulo: preguntar.

Jesús dice: «Pedid y se os dará. Llamad y la puerta se abrirá para vosotros. Buscad y encontraréis.»

«Pedid y se os dará...» Pedir, preguntar, es el principio de ser un discípulo. Y a menos que seas un discípulo, el maestro no se fijará mucho en ti, porque muchos vienen solo como buscadores curiosos: solo por curiosidad, pero no dispuestos a inquirir de verdad. Inquirir requiere compromiso, inquirir requiere implicación; inquirir es arriesgado, peligroso. No es solo intelectual, es existencial. De manera que si quieres preguntar de verdad, recuerda, deja que te ponga sobre aviso: ya te estás volviendo un discípulo. Y si piensas que elegir un maestro es impedir la propia iluminación, por favor, no hagas preguntas.

Y me quedé sorprendido, porque Andreas ha hecho al menos siete preguntas hoy. La mayor parte de las preguntas son suyas.

En segundo lugar, dices: «Tú no tuviste ningún Maestro.» Eso es verdad, no tuve ningún maestro. Eso no significa que no fuera un discípulo. Acepté a toda la existencia como mi maestro. Se requiere más valor para aceptar a toda la existencia como tu maestro. Si no puedes aceptar ni siquiera a un solo hombre como tu maestro, ¿cómo vas a aceptar a toda la existencia como tu maestro: los árboles y las rocas y los ríos y las nubes? Si no puedes amar a un solo ser humano, ¿cómo vas a amar a la totalidad? Es verdad que no tuve ningún maestro, pero eso no significa que no fuera un discípulo. Mi manera de ser un discípulo implicaba una mayor implicación que tu manera de ser un discípulo. Yo confié en las nubes..., lo que es muy difícil. Confié en los árboles..., lo que es casi imposible. Confié en la existencia en sí. Si eso es posible, entonces no necesitas ningún maestro en particular, porque entonces todo es tu maestro.

 

Cuando un gran místico sufí, Hassan, se estaba muriendo, alguien preguntó: «Hassan, ¿quién fue tu maestro?»

Él dijo: «Ahora es demasiado tarde para preguntar. Queda poco tiempo, me estoy muriendo.»

Pero el inquiridor preguntó: «Me puedes decir simplemente el nombre. Todavía estás vivo, todavía estás respirando y hablando; me puedes decir simplemente el nombre.»

Él dijo: «Será difícil, porque tuve miles de maestros. Decir tan solo sus nombres me llevará meses y años. Es demasiado tarde. Pero, desde luego, te hablaré de tres maestros.

»Uno fue un ladrón. Una vez me perdí en el desierto y cuando llegué al pueblo era muy tarde. Ya había pasado la mitad de la noche; las tiendas estaban cerradas, los caravasares estaban cerrados. No había ni un solo ser humano en los caminos. Busqué a alguien a quien preguntar. Encontré a un hombre que estaba intentando hacer un agujero en el muro de una casa. Le pregunté dónde podía hospedarme y me dijo: "Soy un ladrón, y me parece que tú eres un místico sufí"». Su túnica, su aura... «Y el ladrón dijo: "Ahora mismo será difícil encontrar algún sitio en el que quedarte, pero puedes venir a mi casa. Puedes quedarte conmigo..., si puedes quedarte con un ladrón"».

Hassan dijo: «Dudé un poco. Luego, de pronto recordé: si el ladrón no le tiene miedo a un sufí, entonces ¿por qué le iba a tener miedo el sufí a un ladrón? De hecho, él debería tenerme miedo. Así que le dije: "Sí, iré." Y fui, y me quedé con el ladrón. Y el hombre era tan encantador, tan hermoso, que me quedé un mes. Y cada noche me solía decir: "Ahora me voy a trabajar. Tú descansa, reza, haz tu trabajo." Y cuando volvía, yo le preguntaba: "¿Conseguiste algo?" Él decía: "Esta noche, no. Pero mañana lo volveré a intentar." Y nunca caía en la desesperación.

»Durante un mes, volvió continuamente con las manos vacías, pero siempre estaba contento. Y decía: "Lo intentaré mañana. Si Dios quiere, sucederá mañana. Y tú reza también por mí. Al menos puedes decirle a Dios: "Ayuda es este pobre hombre."»

Y entonces Hassan dijo: «Cuando estuve meditando y meditando durante años sin fin y no pasaba nada, muchas veces llegaba el momento en que me sentía tan desesperado, tan desesperanzado, que pensaba en dejar todo este desatino: no hay Dios y toda la oración es solo locura, toda la meditación es falsa... Y de pronto recordaba al ladrón que decía cada noche: "Si Dios quiere, sucederá mañana."

»Así que lo intentaba un día más. Si el ladrón estaba tan esperanzado, con tanta esperanza y confianza, yo debía intentarlo al menos un día más. Y esto pasó muchas veces, pero el ladrón y su recuerdo me ayudaron a esperar un día más. Y un día sucedió... ¡Sucedió! Hice una reverencia. Estaba a miles de millas del ladrón y su casa, pero hice una reverencia en su dirección. Él fue mi primer maestro.

»Y mi segundo maestro fue un perro. Yo estaba sediento e iba hacia el río, y vino un perro; él también estaba sediento. Miró el río, vio otro perro allí, su propia imagen, y se asustó. Ladró y el otro perro también ladró. Pero tenía tanta sed que dudaba. Retrocedía y volvía de nuevo y miraba el río y encontraba allí al perro. Pero tenía tanta sed que de repente se tiró al agua y la imagen desapareció. Bebió el agua, nadó en el agua... Era un verano caluroso. Y yo estaba mirando. Supe que me había llegado un mensaje de Dios: hay que saltar a pesar de todos los miedos.

»Cuando estaba a punto de saltar a lo desconocido, tenía el mismo miedo. Iba hasta el mismo borde, dudaba y retrocedía. Y me acordaba del perro: si el perro pudo arreglárselas, ¿por qué no puedo yo? Y entonces un día salté a lo desconocido: desaparecí y solo lo desconocido quedó atrás. El perro fue mi segundo maestro.

»Y el tercer maestro fue un niño pequeño. Entré en una ciudad y un niño pequeño traía una vela, una vela encendida, que tapaba con sus manos, e iba a la mezquita a poner allí la vela. En broma, le pregunté al chico: "¿Has encendido tú mismo la vela?" Él dijo: "Sí, señor." Y le pregunté de broma: "¿Me puedes decir de dónde vino la luz? Hubo un momento en que la vela estaba apagada, luego hubo un momento en que la vela estaba encendida; ¿me puedes mostrar la fuente de la que vino la luz? Y tú la has encendido, así que debes haber visto llegar a la luz..., ¿de dónde?" Y el chico se rió y apagó la vela de un soplido y dijo: "Ahora has visto irse a la luz; ¿adonde ha ido? ¡Dime!" Y mi ego quedó hecho añicos, y todos mis conocimientos quedaron hechos pedazos. Y en ese momento advertí mi propia estupidez. Desde entonces dejé de dármelas de listo.»

Hassan habló de tres maestros. Y dijo: «Ha habido muchos, y no queda tiempo para hablar de todos ellos.»

 

Sí, esto es verdad; no tuve ningún maestro porque tuve millones de maestros. He aprendido de todas las fuentes posibles. Si puedes ser ese tipo de discípulo, no necesitas tener un maestro. O eliges uno o los eliges a todos, pero en cualquier caso tienes que ser un discípulo. Ser un discípulo es indispensable en el camino.

¿Qué significa ser un discípulo? Significa ser capaz de aprender, estar abierto a aprender, ser vulnerable a la existencia. ¿Qué sucede realmente cuando eliges un maestro? Empiezas a aprender a aprender. Y con un maestro, poco a poco te armonizas con él, y poco a poco comprendes que puedes llegar a armonizarte de la misma manera con toda la existencia.

El maestro es tan solo una miniatura de la totalidad. Al acercarte al maestro empiezas a tomar conciencia de la beatitud, de la cercanía..., del amor, de la intimidad, de la implicación, del compromiso. Y poco a poco comprendes que si simplemente estar tan cerca de una sola persona puede aportar semejante alegría, cuánta más habrá cuando estés cerca de la totalidad. El maestro es solo el principio, el maestro no es el fin. Y el verdadero maestro es solo una puerta: puedes pasar por él e ir más allá. El verdadero maestro te ayuda a ir más allá...

Dices: «Tú no tuviste ningún maestro. Ningún buda ha tenido un maestro. A veces pienso que escoger un maestro significa impedir la propia iluminación.»

La iluminación es simplemente la iluminación; no es ni mía ni tuya. El ego está separado; la esencia no está separada. Pensar en términos de tu propia iluminación es volver a estar atrapado en la red, en la trampa del ego. No lo entiendes. Si piensas en tu propia iluminación igual que piensas en tu propio coche, tu propia casa, tu propia esposa, empiezas a considerar la iluminación como algo que poseerás. No estarás ahí para poseerla. Serás poseído por ella.

Y entregarte a un maestro denota simplemente un experimento de ser poseído por alguien: te mermas a ti mismo y el otro entra en ti y te llena. Aprendes a entregarte. Es tan solo el ABC de la entrega. Pero no puedes aprender el XYZ si ni siquiera has aprendido el ABC. Cuando vas a aprender a nadar, no vas directamente al océano, no vas a las aguas profundas; aprendes en aguas poco profundas, cerca de la orilla, o aprendes en una piscina.

El maestro es como una piscina en la que puedes aprender a nadar. Una vez que has aprendido, todos los océanos son tuyos; entonces puedes ir a cualquier parte. Entonces toda esta existencia te pertenece. Pero ya no estás ahí. De hecho, será mejor decir que tú le perteneces a toda la existencia: no que tú posees la iluminación; la iluminación te posee a ti.

«A veces pienso que escoger un maestro significa impedir la propia iluminación.»

Todavía no tienes un maestro, así que ¿quién ha impedido que te ilumines? ¿Por qué no estás iluminado todavía? Si elegir un maestro impide la iluminación, entonces los que no tienen maestros deben estar iluminados. Elegir al maestro no impide la iluminación. Ser atrapado por el maestro, quedar atrapado en el maestro, impide la iluminación..., y son dos cosas diferentes. Por eso dice Buda: «Si me encuentras en el camino, mátame inmediatamente.» Y yo también te digo: si me ves en el camino, mátame inmediatamente.

El maestro es una escalera: tienes que usarla y tienes que ir más allá. El maestro es una barca: tienes que usarla y cuando hayas llegado a la otra orilla tienes que dejar la barca. No necesitas llevarla sobre la cabeza. Si la llevas en la cabeza, eres estúpido y no has llegado a ninguna parte: debes de estar soñando... porque gente tan estúpida nunca llega a la otra orilla.

Elegir al maestro no impide la iluminación, pero llega un momento en que tienes que ir más allá del maestro; entonces no te aferres: aferrarte al maestro te estancará. Pero si es un maestro verdadero, no te permitirá que te aferres a él. Ésa es la definición de un maestro verdadero: te enseña a implicarte, te enseña a comprometerte, y un día te enseña a volver a descomprometerte, a volver a desimplicarte. Entonces el maestro es perfecto.

Los llamados maestros corrientes solo te enseñan una cosa: cómo apegarte a ellos y luego seguir apegado a ellos. Ésa es la definición de un maestro falso. Evita a los maestros falsos.

Pero encontrar un maestro verdadero no impedirá tu iluminación. No te iluminarás sin él. Es un fenómeno paradójico: tienes que elegir al maestro y tienes que ir más allá del maestro. Si comprendes esta paradoja, mi respuesta te resultará clara.

 

 

La tercera pregunta:

Quiero conquistar el reino de Dios. ¿Cómo hacerlo?

 

Dios no puede ser conquistado. La idea misma es tonta. Tienes que ser conquistado por Dios, tienes que dejar que Dios te conquiste. Por el contrario, tú dices: «Quiero conquistar el reino de Dios.» Éste es el ego masculino, la mente agresiva; piensa siempre en términos de conquistar: conquistar la naturaleza, conquistar a Dios, conquistar el amor. Y habéis destruido todo lo que habéis conquistado. Habéis destruido la belleza de la naturaleza, la ecología, la armonía interna de la naturaleza... con vuestra conquista.

Incluso un hombre como Bertrand Russell escribe un libro llamado La conquista de la naturaleza. Pero es así como la mente occidental ha estado pensando continuamente: en términos de conquistar. Conquista este mundo o conquista el otro mundo, pero sigue siendo un Alejandro.

Ésta no es la manera de acercarse al amor; ésta no es la manera de orar. La palabra misma "conquistar" es fea. Entregarse, dejar que Dios te conquiste, permitirle que entre en ti... No se lo impidas. No necesitas ir en su búsqueda, no necesitas convertirte en un soldado para conquistar. Ésa es la diferencia entre un soldado y un sannyasin: el soldado quiere conquistar, el sannyasin quiere ser conquistado.

 

Hubo un golpe estrepitoso en la puerta del cielo. Apareció San Pedro y dijo: «Caramba, qué ruido más tremendo. ¿Quién está armando este escándalo?»

El hombre andrajoso que estaba allí dijo: «Soy Paddy McGinnis y llevo treinta años manteniendo una posición fuerte en el IRA.»

San Pedro dijo: «Lo siento, señor McGinnis, pero no tenemos constancia de usted. No puede entrar.»

«¿Y quién está diciendo nada de entrar?», dijo Paddy. «¡Estoy aquí para decirles que tienen quince minutos para desalojar el lugar!»

 

Éste es el significado de conquistar a Dios y conquistar el reino de Dios.

Abandona este pensamiento. Este pensamiento no te dará ocasión. Este pensamiento es irreverente. Este pensamiento es incapaz de saber lo que es la veneración, lo que es la oración. Sé un poco más consciente, estate un poco más alerta a lo que preguntas. ¿Quieres poseer a Dios en tus manos? ¿Quieres que Dios esté en tu saldo bancario? Dios no es un tesoro que poner en el banco, y Dios no es una cosa que puedes sostener en tu puño. Dios no es una cosa, Dios no es una propiedad.

Recuerda no usar las palabras que usas en tus arrebatos de ego corrientes; esas palabras te confundirán. Esas palabras muestran tu ambición. Esas palabras son políticas. Esas palabras no son religiosas. Una persona religiosa se entrega, ora, espera, abre su ser, confía. Le dice a Dios: «Venga a nosotros tu reino. Hágase tu voluntad.» Ora: «Deja que me destruya absolutamente, completamente, para que no haya obstáculos. Deja que esté absolutamente vacío para que puedas venir y llenarme totalmente.»

 

 

La cuarta pregunta:

Mis padres, cristianos tradicionales, piensan que eres un sofista peligroso y que alguna fuerza malvada está operando en ti para destruir la religión. ¿Por qué piensan así?

 

No es nada nuevo; siempre ha sido así. No tiene nada que ver con los cristianos; esto es así con los hindúes, esto es así con los budistas, y esto siempre ha sido así. También pensaron de la misma manera sobre Cristo. Son la misma gente. Pensaron también de la misma manera sobre Buda, y son la misma gente. El hombre es un animal muy extraño. Lo más extraño del hombre es que nunca aprende; sigue haciendo lo mismo una y otra vez.

¿Por qué crucificaron a Jesús? ¿Qué había de malo en este hombre? Pensaron que era malvado; pensaron que era un representante del mal, una personificación del demonio. Estaban enfadados. Y por supuesto, la gente que estaba interesada en Jesús era gente joven, porque solo los jóvenes pueden estar interesados en lo nuevo. La generación mayor ha invertido demasiado en lo establecido, está demasiado implicada con el statu quo. ¿Piensas que los seguidores de Jesús eran personas mayores? Él mismo era joven y las personas que le rodeaban eran jóvenes. Los padres estaban enfadados, muy enfadados. Los rabinos estaban enfadados, los sacerdotes estaban enfadados, porque traía una revolución. Si Jesús tenía razón, entonces toda la religión establecida estaba equivocada. Si Jesús tenía razón, entonces ¿qué pasaba con los sacerdotes? Jesús y los sacerdotes; no podían tener razón los dos: o Jesús o los sacerdotes. Los sacerdotes se organizaron contra este hombre. Tenían que matarlo. Y la generación mayor estaba de acuerdo con ellos, naturalmente.

La mente siempre se siente cómoda con lo viejo, porque resulta familiar; uno está acostumbrado a ello. Lo nuevo siempre parece peligroso, se desconfía de ello. Y la religión siempre es nueva. La verdadera religión siempre es nueva, la verdadera religión siempre es rebelde. Siempre que aparezca un hombre como Jesús o Buda, habrá un gran problema. Pero Jesús es crucificado, y entonces poco a poco la vida de Jesús se convierte en la base de una nueva religión establecida. Una vez que el cristianismo se convierte en una religión establecida, apoyada por el Estado y apoyada por los mayores, y que el cristianismo mismo tiene sus propios sacerdotes, entonces no hay problema. Entonces, si aparece un hombre como yo, surgen los problemas.

Dices: «Mis padres, cristianos tradicionales, piensan que eres un sofista peligroso y que alguna fuerza malvada está operando en ti para destruir la religión.»

De alguna manera, están en lo cierto. Lo que llaman religión no es religión, y desde luego yo estoy a favor de destruirlo. Lo que yo llamo religión ellos no lo pueden entender; les resulta imposible de concebir. Se han vuelto demasiado estereotipados en su manera de pensar; su mente está demasiado condicionada, fija. Ya no son fluidos, flexibles; son rígidos. Cuanto mayor se hace una persona, más rígida se vuelve.

Deja que te diga algunas cosas que se decían sobre los cristianos en los primeros días de la cristiandad y entonces comprenderás lo que tus padres dicen sobre mí.

 

Tácito dice: «Hay un grupo, odiado por sus abominaciones, llamado los cristianos.»

Y Suetonio dice: «Los cristianos son una clase de hombres que se entrega a una nueva y malvada superstición.»

Y Celsio dice: «Adoran de manera exagerada a este hombre que apareció recientemente. Son como ranas que celebran un simposio en torno a un cenagal y debaten cuál de ellos es el más pecador.»

Y Luciano dice: «Los pobres desgraciados se han convencido a sí mismos de que van a ser inmortales y vivir para siempre por adorar a ese sofista crucificado y vivir bajo sus leyes... Reciben sus doctrinas por tradición, sin ninguna evidencia definitiva.»

Y Plinio el Joven dice: «Es su costumbre, en un día fijo, reunirse antes de la luz del día y recitar por turnos unas frases hechas dedicadas a Cristo, considerado un dios. El contagio de esta perversa y extravagante superstición ha penetrado no solo en las ciudades, sino también en los pueblos y en el campo. Sin embargo, parece posible detenerlo y corregirlo.»

 

Estas cosas no se dijeron de mí, estas cosas se dijeron de Cristo. Y se han dicho cosas parecidas sobre Buda.

Los hindúes han creado una historia muy bella acerca de Buda. Dicen que fue una reencarnación de Dios. Tenían que decirlo. Los hindúes son más corteses y, por supuesto, más astutos, más sofisticados, y saben jugar con las palabras. Buda fue una reencarnación de Dios, dicen, pero no una buena reencarnación. Pero ¿cómo va a ser mala una reencarnación de Dios? Tienen una hermosa historia para ilustrarlo.

 

Dicen que cuando Dios creó el mundo, creó el infierno y el cielo y la tierra: los tres mundos. Luego pasaron millones de años y nadie fue al infierno; permaneció vacío. Y el Diablo estaba muy enfadado, y también sus discípulos, y estaban esperando y esperando y nadie venía. Y todo estaba preparado: el fuego estaba ardiendo y nadie venía. Por fin, tuvieron que ir a ver a Dios, y el Diablo dijo: «Esto es absurdo. ¿Por qué creaste el infierno si nadie va a ir allí? ¿Y qué estamos haciendo allí? Esperar y esperar. ¿Y cuánto tenemos que esperar? No ha entrado ni una sola alma; todo esto no tiene ningún sentido. O envías a unas cuantas personas para que estemos ocupados... Y hemos ensayado y nos hemos preparado y nos hemos vuelto tan mañosos que estamos impacientes... Tenemos que hacer algo. Nos estás volviendo locos. Envía a algunas personas o abandona todo el proyecto.»

Dios dijo: «Espera. Pronto tendré que ir a la Tierra. Naceré como el Buda Gautama y confundiré a la gente y la llevaré por mal camino. Entonces empezarán a caer al infierno automáticamente.»

Entonces Dios vino como el Buda Gautama y descarrió a la gente, porque el infierno necesita gente. Y como Buda descaminó a la gente, el infierno ha estado repleto.

 

Observa la belleza de la historia y su astucia. Se acepta a Buda como una encarnación de Dios, pero es solo para enviar gente al infierno... Así que ten cuidado con Buda, no le sigas; de lo contrario, irás al infierno. Buda estuvo aquí para ayudar al Diablo, para darle alguna ocupación. Desde entonces el infierno ha estado repleto; no hay sitio, la gente tiene que esperar en la puerta durante años.

Esto siempre ha sido así y esto va a seguir siendo así: la religión, siempre que llega fresca del más allá, es muy devastadora para la tradición, y la gente tradicional se asusta; no es que estén preocupados porque se destruya la religión. No son religiosos en absoluto; de lo contrario, no les asustaría. Su religión es tan solo una formalidad social. Hablan de Dios porque es conveniente hablar de Dios. También van a la iglesia, porque hace que todo sea más fácil. La iglesia funciona como un lubricante. Es una religión de los domingos. Es buena; te mantiene en buena compañía y todo el mundo sabe que eres religioso. Eso te ayuda de muchas maneras.

La iglesia no es más que un Club Rotario o un Lions Club. Si eres Rotario, te ayuda; la gente sabe que debes de ser bueno si perteneces al Club Rotario. Y en el Club Rotario te relacionas con la gente más influyente de la ciudad: surgen amistades, te ayuda en los negocios, en tu vida cotidiana. La iglesia no es más que una especie de club religioso: es conveniente. Nadie es sincero allí. La gente simplemente muestra respeto por Cristo; le presentan sus respetos..., pero ese respeto es pura adulación. No les preocupa en absoluto Cristo, el cristianismo y todas sus enseñanzas.

¿A quién le preocupan las enseñanzas de Cristo? ¿Quién las sigue? Si hubierais seguido a Cristo, el mundo habría sido totalmente diferente: no habría habido ninguna guerra. Y la mitad del mundo es cristiano. Si los cristianos siguieran realmente a Jesús... Jesús dice: «Ama a tus enemigos», y los cristianos siguen bombardeando al enemigo. Fueron cristianos los que bombardearon Japón, los que usaron la primera bomba atómica. Ahora imagina a Jesús mirando esto desde su sitio: ¿qué le estará pasando? ¿Cristianos tirando bombas atómicas? Y él ha dicho a estas personas: «Ama a tus enemigos como a ti mismo.»

¿Quién ha seguido a Jesús? No hay ni rastro de seguimiento. La gente simplemente va a la iglesia. Es una buena sensación... ir a la iglesia, seguir siendo religioso.

He oído que...

 

El avión estaba atravesando unas condiciones atmosféricas especialmente turbulentas, pero el piloto sabía que lo tenía todo bajo control. Intentó calmar a los pasajeros diciendo palabras tranquilizadoras por los altavoces. También pidió a las azafatas que dieran confianza a los pasajeros de que todo iba a ir bien.

Sin embargo, no había manera de sosegar a una pequeña anciana muy religiosa. La azafata le dijo lo capaz que era el piloto y lo digna de confianza que era la tecnología del avión, pero la mujer seguía convencida de que nunca volvería a pisar tierra.

Aturdida, al final la azafata recurrió a la Corte Suprema: «Confíe en la providencia», le dijo en tono conciliador.

Los ojos de la anciana se abrieron aún más: «¿Así de mal están las cosas?», preguntó.

 

Una anciana religiosa... Pero pensar de verdad en Dios significa que la muerte es segura: «¿Así de mal están las cosas?»

Las personas tienen una cara doble. Ni siquiera ellas mismas conocen su rostro original. Las personas tienen personalidades divididas. Tus padres pensarán que son cristianos y religiosos; no son ni cristianos ni religiosos. Si fueran realmente religiosos, me entenderían, porque todo lo que digo es lo mismo, exactamente lo mismo, meticulosamente lo mismo. Puede que mi lenguaje sea diferente al de Jesús —tiene que serlo, han pasado veinte siglos—, pero lo que digo es exactamente la misma obra, la continuación de la misma obra. Pero también comprendo su problema: están perdiendo su control sobre ti y están asustados.

La otra noche estuve leyendo un artículo. En Alemania, los padres han fundado cierta sociedad para impedir que los jóvenes entren en nuevas religiones, especialmente en experiencias místicas orientales; en América están causando muchos problemas a los jóvenes.

Te sorprenderá que los padres estén contratando a secuestradores. Hay jóvenes que están siendo secuestrados por sus padres, y luego son entregados a psicólogos. Ciertos psicólogos están tratando de desprogramarlos. Se les llama desprogramadores. Piensan que los jóvenes han sido condicionados.

Por ejemplo, si te involucras realmente conmigo y tus padres se asustan mucho y tú no quieres volver a tu país, puede que te secuestren. Pueden hacerlo tus propios padres, «por tu propio bien», porque has caído en la trampa de un demonio, de alguna fuerza del mal. Y les parece que... «¿Qué estás haciendo con ropa naranja y barba y el pelo largo y el mala? ¿Y quién es este hombre... con cara de malvado? ¿Y qué hay de malo en llevar un crucifico, en tener una imagen de Jesús? ¿Qué estás haciendo allí?» Y si vienen y ven la meditación dinámica, el Kundalini, se volverán locos. Se preocuparán muchísimo.

Sí, te pueden raptar, y luego te pueden obligar a lo que llaman la desprogramación para descondicionarte. Piensan que te han hipnotizado, así que hay que deshipnotizarte. Y te volverán a enseñar el cristianismo y el catecismo cristiano. Y te obligarán, día tras día, durante meses, a que vuelvas a ser un cristiano y puedas de nuevo a decir: «Sí, creo en Dios y en el Hijo y en el Espíritu Santo», y entonces están tranquilos. Cuando crees en el Espíritu Santo, entonces todo está bien. Y cuando empiezas a leer la Biblia de nuevo, todo está bien: ahora has vuelto, te has vuelto religioso. Cuando empiezas a hacer bombas atómicas otra vez, eres realmente cristiano, católico. Cuando vas al ejército y te cortas la melena y te haces soldado, entonces eres un cristiano, un católico perfecto. Cuando empiezas una competición despiadada en el mundo para conseguir dinero, poder, prestigio; cuando empiezas a destruir a otros para poder ascender más y más y tener posesiones mundanas, eres perfecto, eres una persona religiosa.

Incluso se piensa que los políticos son personas religiosas porque van a la iglesia y escuchan los sermones del cura. ¡Los políticos son «religiosos» y mis sannyasins «no son religiosos»!

Tendrás que comprenderlo. Tendrás que ser muy paciente con tus padres. Tendrás que ser muy cariñoso también. Necesitan compasión. Están presos en una cierta ideología y no pueden ver fuera de ella. Son incapaces de sentir nada nuevo, de ser nada nuevo. Son incapaces de comprender; se han vuelto demasiado rígidos. Toda su ideología se ha convertido en un fenómeno asentado, y tienen miedo. Si ven que eres feliz, solo pueden pensar que te has vuelto loco, porque ellos han vivido una vida infeliz y una vida muy religiosa.

Y saben que las personas religiosas son personas desgraciadas..., tristes, con las caras largas. No pueden creer que puedas ser religioso y bailar, y que puedas ser religioso y te rías, y que puedas ser religioso y, no obstante, ser feliz. Entonces, ¿qué pasa con todos sus santos? ¿Eran tontos? Vivieron con la cara larga toda su vida; la vida les pareció una carga, como si llevaran una montaña sobre la cabeza. Y tú estás tan ligero, tan liviano, sin ninguna carga, sin nada grave en ti. Te ríes tanto... ¿Cómo van a creer que eres religioso? Lo único que parece posible es que te hayan hipnotizado. ¿Cómo vas a ser tan feliz en un mundo tan desgraciado? No es posible. Debes estar viviendo en una especie de ilusión. Por eso dicen: «Este hombre es una fuerza del mal, te ha hipnotizado; la risa que tienes es falsa, la alegría que sientes es falsa.» Su desdicha es buena y verdadera, y tu alegría es falsa. Cuando puedan hacer que te sientas desgraciado de nuevo, se sentirán tranquilos: su hijo ha vuelto a casa, o su hija ha vuelto a casa.

Tendrás que ser comprensivo. No pueden entenderme, no pueden entenderte, pero son tus padres y les debes algo. Sé amoroso con ellos. No seas hostil. No estés resentido con ellos. No empieces a discutir y a pelearte con ellos porque eso les convencerá más de que ellos tienen razón y tú estás equivocado. Sé más amoroso. Nadie les ha amado; han vivido en un mundo falso en el que todo es pretensión. Nadie les ha amado. Si les amas, eso será más convincente que la lógica.

Escúchales. No empieces a discutir. Escúchales pacientemente. Nadie les ha escuchado nunca. Por eso el psicoanálisis se ha vuelto tan importante en el mundo. El psicoanálisis no es más que encontrar un oyente paciente, el psicoanalista, al que puedes hablarle a tus anchas y decirle todo lo que quieras... con sentido, sin sentido: todo lo que quieras.

La gente se siente sofocada, hirviendo por dentro. Quieren decir algo, pero no hay nadie que les escuche. El mundo se ha vuelto sordo. El hombre no puede hablarle a su mujer, porque en cuanto habla empieza el conflicto. Dices algo, ella entiende otra cosa. La mujer no puede hablarle al marido porque hablar es siempre arriesgado. Es mejor quedarse callado y permanecer en silencio. Al menos te da una sensación de paz, de que todo está en calma. Dices una sola palabra y empieza la discusión. Tarde o temprano la gente aprende que es mejor permanecer en silencio, no decir nada.

Nadie les ha escuchado. Simplemente comprende la desdicha del hecho de tener que ir a encontrar una persona que te escuche... Pero tienen que pagar por ello, y el precio es realmente alto. El psicoanálisis es una de las profesiones muy bien pagadas. Es un asunto judío, y los judíos saben cómo hacer negocios. Freud fundó el mayor imperio y sus seguidores están saqueando, disfrutando. ¿Y qué hacen? Simplemente escuchan; no es necesaria ninguna otra ayuda. Si escuchas a una persona durante meses seguidos, años seguidos, se desahoga. Y una vez que se ha desahogado, se siente en calma y tranquila, y piensa que es gracias al psicoanálisis. No es gracias al psicoanálisis.

En las sociedades antiguas, en las sociedades más primitivas, esto no es necesario porque la gente está dispuesta a escuchar. Vete a un pueblo indio: la gente está muy dispuesta a escuchar. Tienen tiempo suficiente para escuchar, nadie tiene prisa. La gente está sentada y hablando y escuchándose los unos a los otros. No puedes convencer a la gente de los pueblos indios de que es necesario el psicoanálisis. Ya se están psicoanalizando los unos a los otros; no necesitan pagar por ello.

Pero en una sociedad altamente sofisticada, culta, civilizada, la gente tiene tanta prisa que nadie está disponible para hablar con nadie. Los padres nunca ven a sus hijos, o incluso si los ven, solo hay palabras corteses: «Hola, ¿qué tal estás?», y se van. O una palmada en la cabeza que es casi mecánica, o un abrazo que es falso, o incluso un beso que es solo un gesto vacío. Pero nadie habla, nadie mira a los ojos a nadie. No hay amistad, no hay amor. Los padres viven en un mundo, los hijos viven en otro.

Los padres están tan asfixiados por su propia desdicha, desvalimiento, confusión, que se han dado al alcohol. Los hijos se están dando a las drogas. Y lo más extraño es que la gente que se da al alcohol está muy en contra de las drogas. Y ellos están haciendo lo mismo; no es diferente. Es lo mismo: alguien que ahoga sus penas para olvidarse de sí mismo y el mundo y sus problemas. Incluso los niños tienen muchos problemas porque les enseñamos a competir, a ser ambiciosos. Los enviamos a la escuela y empieza la competición. «Tienes que ser el primero. Tienes que traer la mejor nota.» Has hecho que se vuelvan ansiosos. Están continuamente trastornados, ansiosos: si serán capaces de lograrlo o no.

Hay niños pequeños con úlceras, jóvenes con ataques al corazón, jóvenes que se vuelven locos, que se suicidan... Esto no había sucedido nunca antes. O si no quieres suicidarte, si no quieres volverte loco, si no quieres tener úlcera, cáncer, ataques al corazón, entonces date a las drogas. Pero entonces el Estado está contra ti; entonces la sociedad está contra ti, y te sientes culpable. Estás haciendo algo ilegal, eres un criminal; te encerrarán en la cárcel.

La única posibilidad de salirse de todo este absurdo es encontrar un nuevo espacio en tu ser mediante la oración, mediante la meditación; encontrar tu fuente original de vida y energía. Y eso es lo que estás haciendo aquí conmigo. Si profundizas realmente en la meditación, no necesitarás alcohol, no necesitarás drogas. Si profundizas realmente en la meditación, tu vida será una vida de amor, de compartir, de alegría: sin competitividad, sin ambición. No te volverás un político, vivirás como un don nadie. No sufrirás de complejo de inferioridad, porque no te compararás con nadie. Y vivirás con mucha gratitud, porque tu vida tendrá alegría. No te apegarás a la desdicha, porque no habrás invertido nada en el sufrimiento. Si no tienes ego, no necesitas invertir nada en el sufrimiento. Entonces puedes festejar y tu vida será una fiesta. Eso es lo que estoy enseñando aquí.

Y para mí esto es la religión: hacer de la vida una celebración, una fiesta; transformar la energía de tal manera que te conviertas en una celebración.

Pero a tus padres les resultará difícil. Ayúdales a comprender. Sé amoroso. Escucha con paciencia sus argumentos y no discutas; en vez de ello, ama. Muestra con tu ser, con tu integridad, con tu paciencia, con tu cariño por ellos, que estás en el buen camino. Depende de ti: solo si puedes demostrarles con tu amor que estás en el buen camino pensarán que el hombre con el que estás no es malo. Si discutes y peleas y te vuelves hostil, lo que parece muy natural, porque ellos se mostrarán hostiles y con ganas de pelear, y la reacción natural será la misma, diente por diente; si haces eso, entonces estarás demostrando que tu maestro es malo y estarás demostrando que vas por mal camino.

Lo que se demuestre que soy en el mundo depende de ti.

 

 

La última pregunta:

¿Se puede transcender el sexo sin entrar en él?

 

Entonces, ¿qué necesidad hay de transcenderlo? La necesidad de transcendencia surge solo porque estás en él. Naces en él, naces de él: eres un fenómeno sexual.

A excepción de Jesús, nadie ha nacido de una virgen. Y los cristianos insisten demasiado en la teoría de que María era virgen, para poder condenar el sexo. Si Jesús también nació del sexo, entonces será difícil condenar el sexo. En realidad, Jesús nació del sexo como todos los demás.

El cuerpo tiene que constituirse de energía masculina y femenina; de lo contrario, el cuerpo no puede constituirse. Decir que María era virgen es decir que en tu casa tienes electricidad de un solo polo: positivo o negativo. Eso será igual de disparatado. La electricidad necesita tener ambos polos, positivo y negativo. Sin esos dos polos no puede existir la electricidad, no puede ser creada..., ni siquiera en casa de Jesús; la electricidad necesitará dos polos. A la electricidad no le importa quién seas: incluso en mi casa necesita dos polos.

Puedes preguntarle a Haridas. Él lo intenta, se pasa el día intentándolo, trabajando continuamente para hacer que la electricidad sea virgen. Pero hasta ahora no lo ha conseguido. Pero más adelante podéis escribir historias sobre mí, como que «en la casa de Osho la electricidad tenía un solo polo». Estas historias siempre se crean posteriormente, porque tienes que demostrar que tu maestro era excepcional.

Los jainas dicen que Mahavira nunca transpiró. Pero ¿qué tipo de tontería es ésa? Se perdió la delicia de sudar al sol. Y vivió desnudo y anduvo desnudo; de hecho, debió haber sudado más que nadie. Si vosotros decís que yo no sudo, puede ser correcto, porque vivo en una habitación con aire acondicionado; pero Mahavira, que iba desnudo, ¿nunca sudó? Algo parece sospechoso, capcioso. Debió de apestar. Para ocultar ese hecho, tienes que encubrirlo y decir que nunca transpiró, y así cortarlo todo de raíz. Nunca defecó, nunca orinó. ¿Cómo vas a imaginar a Mahavira meando? Eso no parece estar bien en absoluto.

Estas historias se crean. Estas historias demuestran simplemente que los seguidores son estúpidos. No dicen nada sobre Mahavira o Cristo o Mahoma; simplemente demuestran que los seguidores que vinieron después eran unos neuróticos. Jesús nació de dos sexos como todo el mundo. Tú vienes del sexo; cada célula de tu cuerpo es una célula sexual. Cada célula de tu cuerpo tiene dos polos: el masculino y el femenino, yin y yang.

Me preguntas: «¿Se puede transcender el sexo sin entrar en él?» La única posibilidad es no nacer. Una vez que has nacido ya eres un ser sexual. Que hagas el amor a una mujer o a un hombre, eso no importa. Puedes ser célibe, pero ser célibe no significa ir más allá de la sexualidad. La sexualidad ya ha calado. En el momento en que entraste en el útero de tu madre te convertiste en un ser sexual. No hay manera de evitarlo. De modo que lo único que puedes hacer es reprimirlo. Te volverás antinatural y toda tu vida será una vida pervertida. La represión es posible, pero la transcendencia no es posible de la manera en que preguntas.

He oído que...

 

Ellen y Dolph habían estado casados treinta años y nunca se habían perdido una noche de gozo conyugal. Un día, Ellen fue a ver a su médico y éste le dijo que debía tener un descanso completo durante seis meses o no sobreviviría.

Ellen y Dolph decidieron permanecer completamente separados durante este periodo. Ella se mudó a un dormitorio del piso de arriba y él se quedó abajo.

Después de tres meses de total abstinencia y soledad, la fuerza de voluntad de Dolph se vino a pique y empezó a subir a la habitación de Ellen. Cuando empezó a subir las escaleras, vio que ella bajaba.

«Amor mío», dijo ella, «bajaba a morir».

«Me alegro, cariño», dijo él, «porque yo subía a matarte».

 

No te vuelvas loco, deja que las cosas sean simples. No hay necesidad de matar o de morir. La represión hará que todo sea muy complicado en tu vida; estarás dividido, esquizofrénico: célibe en la superficie y en el fondo justo lo contrario.

Transcendencia significa la desaparición de la necesidad del otro, la desaparición del deseo de perderse en una mujer o en un hombre. Y esto solo es posible si has comprendido, y la comprensión solo llega con la experiencia. De manera que no te digo que te desprendas de tus relaciones; más bien, que te vuelvas más meditativo en tus relaciones.

Al hacer el amor, haz también de ello una meditación. Y te sorprenderás: si mientras haces el amor entras además en un estado meditativo, comprenderás a un nivel muy profundo lo que está sucediendo, y todo el anhelo que llamamos sexo se volverá consciente. Y una vez que se ha vuelto consciente, puede desaparecer. Y desaparece por si solo; no necesitas hacer, no necesitas practicar nada para ello. Cuando se va por sí mismo es hermoso. Sí, el sexo desaparece; uno lo transciende, pero no luchando contra él. Esto es verdad, y debido a esta verdad ha habido mucho malentendido en el mundo.

El sexo desapareció de la vida de Buda; el sexo desapareció de la vida de Cristo. La gente ha visto que el sexo desaparece, y la gente ha visto que cuando el sexo desaparece hay un gran esplendor: algo del cielo baila en la tierra, el más allá llega a la tierra, lo mundano se impregna de lo sagrado. Y como la gente ha visto estas cosas, surge un gran deseo en ellos de transcender el sexo también. Pero entonces todo va mal: empiezan a luchar contra él.

Es una ciencia secreta, y si no lo haces correctamente, todo irá mal.

 

A un hombre le dijo su amigo que debía elegir una esposa que fuera «una economista en la cocina, una dama en el salón y una prostituta en la cama».

Se vuelven a encontrar algún tiempo después de la boda y el amigo le pregunta si está satisfecho con su elección.

«Bueno,» dice el recién casado, «hice lo que dijiste, pero me parece que he cometido un error en alguna parte. ¡La mujer con la que me he casado ha resultado ser una prostituta en el salón, una dama en la cocina y una economista en la cama!».

 

Tan solo un poco de desarreglo, un par de cosas fuera de su sitio, y todo va mal.

La transcendencia nunca sucede mediante la represión; la transcendencia sucede mediante el entendimiento, la transcendencia sucede mediante la consciencia.

La otra noche le di sannyas a un psicoanalista, un hombre muy hermoso. Le di el nombre Anand Veetkam. Significa «gozo más allá del sexo». Y le dije que si te vuelves meditativo mientras haces el amor, llegarás a conocer algunas cosas inmensamente significativas.

La primera y más significativa es que cuando entras en un profundo orgasmo, cuando está sucediendo el clímax, hay una gran alegría porque en ese momento el sexo desaparece. El sexo te lleva al estado orgásmico, y una vez que ha cumplido su propósito, el sexo desaparece. En el estado orgásmico no queda sexualidad en ti: simplemente estás palpitando y no hay deseo; estás absolutamente aquí-ahora; no hay futuro, ninguna fantasía, ni imaginación, nada. Y cuando sucede el orgasmo, el hombre está solo; puede que la mujer esté ahí, pero él no es consciente de la mujer. Y la mujer está sola; el hombre está ahí, pero ella no es consciente del hombre.

El orgasmo es individual: está sucediendo dentro del hombre, está sucediendo dentro de la mujer. El otro lo ha activado, pero ahí acaba la función del otro; ya no estás interesado en el otro. En el orgasmo profundo simplemente estás dentro de ti mismo, no hay sexo en ello; de ahí el gozo. Y después de un buen orgasmo, te sentirás muy dichoso durante horas, y no volverás a pensar en el sexo durante horas; el deseo se ha ido de ti. ¿Qué ha sucedido? Si te sientes dichoso, no puede haber deseo. Si hay deseo, no puede haber dicha. El deseo y la dicha nunca están juntos.

Y si meditas profundamente mientras haces el amor, tomarás consciencia de que el tiempo desaparece; en el clímax no hay tiempo, de repente estás aquí-ahora. Solo entonces conoces el significado de aquí y ahora; de otro modo, estás en el pasado o en el futuro. Y cuando desaparece el tiempo, desaparece la mente, porque la mente es otro aspecto del tiempo, otro nombre del tiempo. La mente es pasado y futuro. Cuando no hay tiempo no hay mente. Reflexiona: no mente, no tiempo, no deseo sexual..., y hay un gran gozo. Pero la gente se lo pierde porque no está alerta a ello. La gente se pone a hacer el amor inconscientemente, mecánicamente. Hazlo conscientemente, atento, recordando lo que está sucediendo, observando, siendo un testigo, y eso liberará entendimiento en ti; eso irradiará consciencia en ti. Y la consciencia es transcendencia, la consciencia es libertad.

 

Suficiente por hoy.

 

 

Capítulo 7

 

Hacer girar la llave

 

Osho, el Maestro Lu-Tsu dijo:

 

Cuando se hace que la luz se mueva en círculo, todas las energías del cielo y de la tierra, de la luz y de la oscuridad, se cristalizan. Cuando uno comienza a aplicar esta magia es como si, en el medio del ser, hubiera no-ser. Cuando en el transcurso del tiempo el trabajo se completa, y hay un cuerpo más allá del cuerpo, es como si, en el medio del no-ser, hubiera ser. Solo tras el trabajo concentrado de cien días será genuina la luz; solo entonces se convertirá en espíritu del fuego. Después de cien días, se desarrolla por sí mismo en medio de la luz un punto de verdadero polo de luz. Entonces se desarrolla de pronto la perla-simiente. Es como si un hombre y una mujer se abrazaran y tuviera lugar una concepción. Entonces uno debe estar muy calmado y esperar. En medio de la transformación primordial, el resplandor de la luz es lo determinante. En el mundo físico está el sol; en el hombre, el ojo. Esta energía se dirige hacia fuera, fluye hacia abajo. Por tanto, el Camino de la Flor Dorada depende enteramente del método de fluir hacia atrás.

 

La circulación de la luz no es solo una fantasía.

 

Concentrando los pensamientos, uno puede volar; concentrando los deseos, uno cae. Cuando un discípulo se ocupa poco de sus pensamientos y mucho de sus deseos, entra en el camino de la sumersión. Solo mediante la contemplación y la quietud surge la verdadera intuición; para eso es necesario el método de fluir hacia atrás.

 

 

Hacer girar la llave

 

Le preguntaron a un gran maestro: «¿Qué es el Buda?»

«La mente es el Buda», contestó. Cuando el mismo discípulo volvió a hacerle la misma pregunta muchos años después, dijo: «No Buda, no mente.»

«Entonces, ¿por qué dijiste anteriormente "La mente es el Buda"?»

«¡Para que el bebé deje de llorar! Una vez que el bebé ha dejado de llorar, digo: no mente, no Buda.»

 

La filosofía es solo un juguete, un juguete para que el bebé deje de llorar. Y también la teología. En realidad, la religión se constituye de experiencia, de experimentación; no tiene nada que ver con la especulación. En su esencia natural es la ciencia de lo interno; es tan científica como cualquier otra ciencia. La diferencia entre la religión y la ciencia no es su metodología, sino solo su objeto.

La ciencia observa el mundo objetivo en el que fluye nuestra energía, en el que fluye nuestra luz. La religión investiga lo subjetivo, donde nuestra luz no está fluyendo pero se puede hacer que fluya. Por eso la ciencia es más fácil que la religión. No pienses ni un solo momento que la religión es más simple que la ciencia. Es una ciencia más elevada; ¿cómo va a ser más simple que la ciencia? Es una ciencia superior.

Primero la luz tiene que fluir hacia dentro; entonces cae en tu ser, entonces se revela tu ser y puedes entrar en tu ser. Y entrar en el propio ser es entrar en el reino de Dios. Ahí, tú no existes y existe Dios: tú sólo existes en la sombra. Cuando la luz fluye hacia fuera, existes sólo en la sombra. Existes porque permaneces inconsciente de tu verdadero ser. Tu verdadero ser es el ser supremo. Tu verdadero ser es un Ser con S mayúscula. No tiene nada que ver contigo; es el ser de todo. Pero para eso tiene que tener lugar una gran transformación.

La naturaleza te ha preparado para el flujo hacia fuera. La función de la naturaleza ha terminado. Con el hombre, la naturaleza ha alcanzado su clímax; ahora nada más va suceder de manera natural a menos que el hombre tome la decisión de ir más lejos que la naturaleza. La naturaleza te ha llevado al punto desde el que eres capaz de valerte por ti mismo. El hombre ya no es un niño, el hombre se ha hecho adulto. Ahora la naturaleza ya no será tu madre; no es necesario.

La evolución natural se ha detenido con el hombre. Esto es un hecho. Incluso los científicos están tomando cada vez más conciencia de ello: durante miles de años nada le ha sucedido al hombre, el hombre ha permanecido igual; como si el trabajo de la naturaleza estuviera hecho. Ahora el hombre tiene que hacerse cargo del futuro desarrollo. Eso es la religión.

Religión significa que el hombre empieza a valerse por sí mismo, se vuelve el responsable de su propio ser, empieza a buscar y a indagar y a inquirir la realidad: ¿quién soy? Y esto no debería ser solo por curiosidad.

La filosofía es por curiosidad. La religión es una búsqueda muy sincera, muy auténtica; es una investigación. Y hay una gran diferencia entre curiosidad e investigación. La curiosidad es infantil, tan solo un niño con picor en la cabeza; quisieras rascarte y luego te sientes satisfecho. La filosofía es ese rascarse; la religión es una cuestión de vida y muerte. En la filosofía nunca te implicas, permaneces distanciado. Juegas con los juguetes, pero no es una cuestión de vida y muerte. Acumulas conocimientos, pero nunca los practicas.

He oído que...

 

Había una vez un eminente erudito confuciano. Era un caballero de casi ochenta años y se decía que no tenía igual en conocimiento y entendimiento.

Entonces corrió el rumor de que muy lejos de allí había surgido una nueva doctrina que era aún más profunda que su conocimiento. Al anciano caballero esto le pareció intolerable y decidió que había que zanjar la cuestión de una manera u otra.

A pesar de su edad, emprendió un largo viaje. Tras meses de penalidades en el camino, llegó a su destino, se presentó y refirió el propósito de su visita.

Su anfitrión, que era un maestro de la nueva escuela Zen, se limitó a citar: «Evitar hacer el mal, hacer todo el bien posible: ésta es la enseñanza de los budas.»

Al oír esto, el caballero confuciano se puso furioso: «He venido hasta aquí a pesar de los peligros y los riesgos de un viaje tan largo y accidentado, y pese a mi avanzada edad, ¡y tú simplemente citas una pequeña rima que cualquier niño de tres años sabe de memoria! ¿Te estás burlando de mí?»

Pero el maestro Zen contestó: «No me estoy burlando de usted, señor. Por favor, considere que aunque es verdad que cualquier niño de tres años conoce este verso, incluso un hombre de ochenta años pasa por alto vivir de acuerdo a ello.»

 

La religión no es una cuestión de saber, sino de vivir de acuerdo a ella. La religión es la vida, y a menos que la vivas, no sabrás nada acerca de lo que es. Y para vivir la religión hay que dejar de filosofar y hay que empezar a experimentar. Hay que convertirse en un laboratorio. El laboratorio del científico está fuera; el laboratorio de la persona religiosa es su propio ser: su propio cuerpo, su propia alma, su propia mente. El científico tiene que concentrarse en el objeto sobre el que está experimentando: su trabajo tiene que hacerlo con los ojos abiertos. El trabajo de la religión hay que hacerlo con los ojos cerrados: hay que concentrarse en uno mismo.

Y la complejidad es grande, porque en el mundo de la religión el experimentador y lo experimentado son el mismo; de ahí la complejidad, de ahí la rareza, de ahí la incomprensibilidad, de ahí la falta de lógica. El conocedor y lo conocido son el mismo en el mundo de la religión. En el mundo de la ciencia el conocedor está separado, lo conocido está separado; las cosas están bien definidas, demarcadas. Pero en la religión todo se funde, todo se transforma en todo lo demás; ¡ni siquiera el conocedor puede permanecer separado! La religión no te da conocimiento separado del conocedor. Te da experiencia, no separada del conocedor, sino como la esencia misma del conocedor.

Para ser un buscador religioso hay que dejar de filosofar; hay que desechar todos los conocimientos a priori, porque todo conocimiento a priori es un obstáculo. Detiene tu investigación, tu investigación se vuelve deshonesta: se envenena desde el mismo comienzo. ¿Cómo vas a investigar si ya has concluido? Ser cristiano y ser religioso es imposible, o ser hindú y ser religioso es imposible. ¿Cómo vas a ser religioso si eres hindú? Ser hindú significa que ya has concluido, ya has decidido qué es la verdad. ¿Qué sentido tiene ahora la investigación? ¿Qué vas a investigar? Lo único que estarás haciendo será encontrar apoyos, argumentos a favor de lo que ya has concluido. Y puede que tu conclusión sea errónea; nadie lo sabe, porque tu conclusión no es tuya, te la ha dado la sociedad.

A la sociedad le interesa mucho darte conclusiones. A la sociedad no le interesa darte consciencia para que puedas concluir por ti mismo. Antes de que te vuelvas consciente, antes de que comience ninguna investigación, la sociedad te atiborra de todo tipo de conclusiones, para detener la investigación, porque el que investiga es peligroso para la sociedad. El que no investiga es conveniente, el que no investiga es obediente. Simplemente recoge las órdenes, los mandatos, y los sigue. Es conformista, es convencional. Una vez que has atiborrado la mente de alguien con una creencia, le has drogado; la creencia es una droga. Empieza a creer, sigue creyendo... Poco a poco empieza a pensar que su creencia es su experiencia.

La creencia es un sistema de hipnosis. Sigues sugestionando al niño: «Eres hindú, eres hindú»; le llevas al templo, le guías en ceremonias religiosas, supuestamente religiosas, y poco a poco queda condicionado con la idea de que es hindú, y de que todo lo que es hindú es bueno y todo lo que no es hindú es malo.

Y se hace lo mismo en todo tipo de sociedad: has drogado al niño; su fuente misma de consciencia ha sido envenenada. Y si crees algo, empieza a parecer que es verdad. Si empiezas a creer algo, encontrarás todo tipo de apoyos para ello, todo tipo de argumentos para sustentarlo: tu ego se involucra. No es solo una cuestión de verdad, en el fondo es una cuestión de: «¿Quién tiene razón, yo o tú? ¿Cómo voy a estar equivocado yo? Tengo que tener razón». Y optas por todo lo que te respalda. Y la vida es tan compleja que puedes encontrar todo tipo de cosas en la vida..., elijas lo que elijas, decidas lo que decidas. Si eres pesimista, encontrarás todo tipo de argumentos en la vida que sustenten el pesimismo. Si eres optimista, hay todo tipo de argumentos disponibles para ti.

La vida es dual, la vida es paradójica, la vida es multidimensional. Por eso existen tantos tipos de filosofías, «ismos», teologías, en el mundo. Y cada teología vive confinada por sus propias conclusiones y se siente perfectamente bien.

Solo en esta era les está resultando un poco difícil a los creyentes, y esto es una gran bendición, porque han tomado conciencia también de otros creyentes. Ahora el hindú no está tan complacido de sí mismo, no puede estarlo: sabe que hay cristianos. Y el cristiano no puede seguir creyendo que tiene la única patente de la verdad, porque sabe que existen los mahometanos y los taoístas y los budistas y ¿quién sabe?

Esta era está muy confusa; nunca ha sido así antes. Pero recuerda: esta confusión es una gran bendición; algo está en camino, algo tremendamente importante va a suceder. Este caos en la mente es el principio de un nuevo amanecer. En el futuro las personas no serán mahometanas ni hindúes ni budistas. Serán investigadoras. La creencia está desapareciendo y la oscuridad de la creencia está desapareciendo. En el futuro nadie va a creer. La gente investigará, y cuando encuentre, confiará. La creencia es prestada; la confianza es la propia experiencia.

Lo que enseño aquí es ese tipo de religión que va a suceder más y más en el futuro. Os estoy trayendo el futuro en el presente: os estoy haciendo investigadores puros, sin ningún sistema de creencias, listos para entrar en la investigación pero sin ninguna conclusión, abiertos a lo que pueda ser la verdad, dispuestos a aceptarla..., pero solo abiertos a aceptar la verdad.

El hombre que cree es un hombre cerrado: sus ventanas y puertas están cerradas, vive en una especie de prisión. Tiene que vivir en una especie de prisión; si abre las ventanas y las puertas y entra el sol y entra el viento y entra la lluvia, es posible que sus sistemas de creencias se perturben. Si la verdad entra por todos los lados, le resultará imposible proteger su creencia. Tiene que esconderse de la verdad; tiene que vivir en un mundo acotado, sin ventanas, para que nada le perturbe, para que pueda seguir creyendo, sin perturbaciones. Esto es bueno para la sociedad, pero muy arduo para la salud del individuo.

La sociedad te ha estado dando juguetes para que juegues con ellos; igual que tú les das juguetes a los niños para que cuando se involucren en el juego no te molesten. Los padres están a gusto: el padre puede leer el periódico, la madre puede trabajar en la cocina..., el niño está ocupado con los juguetes.

En India, en los pueblos, ésta ha sido la práctica habitual: las mujeres pobres que tienen que trabajar en los campos tienen que llevar con ellas a sus hijos pequeños. Si los hijos son lo suficientemente mayores pueden jugar solos, pero si son muy pequeños y no pueden jugar solos son una constante distracción para la madre. Llorarán, tienen hambre o se han orinado o tienen frío, y la madre tiene que venir y ocuparse de ellos continuamente, y esto la distrae del trabajo y el jefe no lo permitirá. De modo que la práctica corriente es darle un poco de opio al niño. Entonces el niño está profundamente dormido en el sopor gozoso que le ha dado el opio, soñando bellos sueños, y la madre puede seguir trabajando sin distracciones. Esto es bueno para el trabajo, esto es bueno para la madre, esto es bueno para el propietario; pero es muy arriesgado y peligroso para la salud del niño. Para su futuro esto es también venenoso. Pero esto es lo que ha estado sucediendo.

La sociedad te da creencias para que no necesites experimentar, para que no te distraigas con la investigación, porque la investigación tomará tanta energía de ti que no podrás ser un buen empleado o un buen jefe de estación o un buen cobrador o un buen policía. Tu investigación te distraerá; estarás más interesado en lo interno y tu interés en lo externo empezará a desaparecer.

La sociedad quiere que vivas una vida extrovertida; la sociedad quiere que seas eficiente en el mundo, que seas más productivo en el mundo; que la producción sea buena o mala no importa. Si trabajas en una fábrica en la que se crean bombas, tienes que ser eficiente y productivo. Si trabajas en el ejército tienes que ser eficiente y siempre obediente. Estés donde estés, que el trabajo sea bueno o malo no importa; tienes que obedecer lo que haya decidido la sociedad, tienes que estar bajo control.

Si empiezas a investigar, entonces hay peligro: te volverás cada vez más introvertido, tus prioridades cambiarán, tus valores serán diferentes. Puede que no te preocupes mucho por el dinero, puede que no te preocupes mucho por el poder, puede que no sigas siendo ambicioso, puede que ya no seas posesivo, puede que tu interés por la propiedad desaparezca. Empezarás a buscar riquezas internas, el reino de Dios interno. Pero entonces serás cada vez menos eficiente para la sociedad, y la sociedad no puede permitirse eso; aunque será un mundo mejor, en el que hay más personas introvertidas y que van a su aire, en vez de ser traídas y llevadas por otros para que hagan sus cosas. Será un mundo mejor, en el que las personas son más meditativas. Entonces los políticos no podrán armar tantos líos como han estado armando en el pasado. Las guerras desaparecerán automáticamente si las personas son más introvertidas. Entonces ¿quién querrá luchar y quién querrá matar y asesinar?

Y la violencia se pinta de tal modo que parece bella. Asesinato en nombre de la «nación», asesinato en nombre del islam, asesinato en nombre del cristianismo..., y entonces el asesinato se vuelve bello. El asesinato es el asesinato; no importa que asesines por el cristianismo o por la iglesia o por el país o por la nación. Ésas son simplemente excusas para asesinar, excusas para ser destructivo, excusas para estar loco.

Cada diez años estalla una gran guerra en el mundo, porque en cada periodo de diez años la gente acumula tanto pus en su ser que tiene que salir a borbotones. Acumulan tanto veneno en su ser que ya no pueden contenerlo. Explota una locura, una locura global.

Si las personas fueran más introvertidas, las guerras desaparecerían, la política desaparecería. Si las personas fueran más introvertidas, por supuesto, no serían tan eficientes; pero no es necesario: serían más felices. Puede que no estén tan ocupadas continuamente, ocupadas locamente con cosas, pero serán más felices, más alegres, celebrarán más. Crearán suficiente de lo que es necesario, no se preocuparán por lo innecesario.

Pero estamos demasiado preocupados por lo innecesario, lo que no es necesario en absoluto. Nos podemos permitir no tenerlo. Pero no podemos, porque nos han adiestrado de tal manera que tenemos que seguir corriendo y apresurándonos. No conocemos otra forma de ser.

La sociedad te droga con creencias y mata tu investigación desde el mismo comienzo. Religión significa revivir tu investigación; religión significa llevarte de vuelta a tu fuente original.

Y recuerda: no es curiosidad; es una búsqueda muy sincera. Vivir sin conocerse a uno mismo es casi sinónimo de estar muerto. ¿Cómo vas a vivir realmente sin saber quién eres? ¿Qué significará la vida si no te conoces a ti mismo? ¿Qué harás contigo mismo si no sabes quién eres? ¿Cómo decidirás cuál va a ser tu destino? Sí, habrá mucho ruido, pero no habrá música. Habrá mucho cálculo, pero no habrá celebración. Y habrá muchas idas y venidas de aquí para allá, pero no habrá ninguna llegada. Entre el nacimiento y la muerte vivirás en una especie de tensión constante, pero no conocerás la belleza, la bendición de la vida y la existencia, porque ni siquiera pudiste conocer la belleza y la bendición de tu ser interno, que es lo más cercano que se puede conocer, lo primero que hay que conocer.

El primer paso hacia la vida es el del autoconocimiento. No puede ser solo curiosidad. Hay demasiadas personas que preguntan por curiosidad, pero la curiosidad nunca puede transformar tu vida; de nuevo, es solo una comezón que puede satisfacerse muy fácilmente.

 

Había una vez un posadero que, aunque parezca extraño, era incapaz de ganarse la vida. Nada de lo que intentaba surtía efecto. Intentó imponer en su casa una gestión totalmente nueva, pero eso también fue en vano. Desesperado, consultó a una mujer sabia.

«Es muy sencillo», le dijo ella mientras se embolsaba la tarifa. «Debe cambiar el nombre de su posada.»

«Pero ha sido El León Dorado durante siglos», replicó él.

«Debe cambiar el nombre», dijo ella. «Debe llamarla Las Ocho Campanas y el letrero debe tener una hilera de siete campanas.»

«¿Siete?», dijo él. «¡Pero eso es absurdo! ¿De qué servirá eso?»

«Vaya a casa y lo verá», le dijo la mujer sabia.

De manera que se fue a casa e hizo lo que le había dicho. E inmediatamente todo viajero que pasaba por allí se paraba a contar las campanas y luego se apresuraba a entrar en la posada a hacer ver el error, cada uno de ellos, según parece, creyendo que era el único que se había dado cuenta de ello, y todos deseando descansar después de su esfuerzo.

Y el posadero engordó e hizo fortuna.

 

Así es la gente. La posada se llama Las Ocho Campanas y el símbolo tiene solo siete campanas: suficiente para despertar la curiosidad de la gente, suficiente para mantenerla ocupada. Pero este tipo de curiosidad no te va a llevar a ninguna parte.

La gente pregunta acerca de Dios, la gente pregunta acerca de la verdad; pero se puede ver en sus ojos, en la manera en que preguntan, que no hablan en serio. Igual que la gente habla del tiempo, la gente habla también de Dios; es conversación educada. Nadie parece estar implicado, nadie parece estar buscando apasionadamente. Y a menos que tu búsqueda contenga una gran pasión, un tremendo compromiso, una absoluta implicación, no serás capaz de conocer los secretos de tu ser, porque habrá que trabajar mucho. La persona curiosa no puede trabajar tanto. La curiosidad no es suficiente para llevarte lejos; su energía es muy pequeña, muy diminuta. Solo una pasión sincera por saber puede llevarte a través de todas las dificultades que serán necesarias. Es una tarea escarpada.

De modo que lo primero para comprender El secreto de la Flor Dorada es: no ser filosófico, no estar drogado por la sociedad, no creer y tampoco descreer. Recuerda: cuando digo «No creas», no estoy diciendo que deberías descreer; descreer es otra forma de creer, una forma negativa. Cuando digo «No creas», estoy diciendo que hay que desechar tanto la creencia como el descreimiento. Tienes que estar simplemente abierto, sin ninguna conclusión. Sencillamente tienes que ser consciente de tu ignorancia, sin ningún conocimiento que oculte tu ignorancia. Tienes que ser inocente, inocentemente ignorante. Tienes que decir: «No sé.»

Todos los enfoques correctos empiezan con esto: «No sé.» Si ya «sabes» cualquier cosa sin saber, si eres un erudito, entonces esa creencia misma será un obstáculo; esa creencia misma creará experiencias que no son verdaderas. Y cuando estás drogado por una creencia —y la creencia es como el LSD o la marihuana o el hachís—, cuando estás drogado por una creencia, ésta crea su propio mundo proyectado, da libre juego a tu imaginación. Y cuando tu imaginación empieza a entretenerse contigo, ya no formas parte de la realidad: has creado un mundo privado y separado; eres un idiota.

Ése es el significado de la palabra «idiota»: alguien que vive en un mundo privado, que tiene su propia realidad, que ha roto completamente con lo real; alguien cuya imaginación se ha vuelto tan real para él que la realidad simplemente ha desaparecido de su visión. Y eso es lo que sucede cuando tomas LSD o marihuana u otros tipos de drogas: se crea un pequeño mundo de fantasía en ti, lleno de color; al menos parece muy colorido cuando estás perdido en la droga. Y cuando estás en la droga, todo lo que experimentas parece ser la verdad suprema.

Cada día viene a mí alguien que me dice: «Gracias a las drogas tomé conciencia de lo hermoso que es el mundo.» De lo que tomaste conciencia es solo de tu mundo de ensueño; las drogas simplemente te quitan tu facultad crítica. Las drogas solo drogan tu razón, y entonces tu mundo de ensueño abre todas sus puertas y fluye en todas las direcciones. Y cuando no está funcionando la facultad crítica, cuando no está funcionando la razón y la imaginación se apropia de la escena y tiene absoluto poder autónomo, parece que es la verdad suprema. No lo es. No tiene nada que ver con la verdad.

La verdad solo está disponible para los que están completamente no drogados; no solo químicamente, sino también religiosamente. Los que están completamente no drogados, solo ellos, tienen la capacidad de conocer la verdad.

He oído que...

 

Bajo la influencia del óxido nitroso, el gran psicólogo William James llegó a la «verdad» suprema. Él fue uno de los primeros que experimentaron, y en aquellos días la gente no tomaba drogas.

Bajo la influencia del óxido nitroso, sintió que había dado con la verdad suprema. Era un gran psicólogo y también un gran filósofo, pero hizo algo que muy pocas personas hacen: lo escribió inmediatamente en su cuaderno de notas. Todavía tenía el suficiente sentido para saber que algo de inmenso valor había surgido en su consciencia y que tenía que escribirlo inmediatamente. ¿Quién sabe? Puede que lo olvidase cuando saliera de la experiencia de la droga. De manera que lo escribió y esperó el momento en que desaparecieran la droga y su impacto para poder leer la verdad suprema que había encontrado. Pensaba que se había convertido en un Buda o un Cristo, que había visto a Dios o que había visto algo que vieron los visionarios de los Upanishads, o Lao Tse, o Zaratustra, o Mahoma... Algo de esa importancia.

Pero se quedó sorprendido y desconcertado cuando volvió a sus cabales y miró su cuaderno. Lo que había escrito era esto:

 

«Hogamus, Higamus,

El hombre es polígamo.

Higamus, Hogamus,

La mujer es monógama.»

 

Ésta era la verdad suprema que había encontrado.

Cualquier cosa absurda puede parecer suprema cuando no estás en tus cabales, cuando la razón no está funcionando, cuando la facultad crítica se ha dormido completamente... Cualquier estupidez. Pero en ese momento no es estúpida; en ese momento parece la verdad suprema.

Aldous Huxley dice que cuando tomó LSD por primera vez estaba sentado en una habitación muy corriente y justo enfrente de él había una silla muy corriente. Cuando el LSD empezó a surtir efecto en su sistema, en su química, la silla empezó a parecer tan hermosa que no podía dar crédito a sus ojos: nunca había visto algo tan bello en su vida. Era luminosa; la luz irradiaba de la silla en todas las direcciones..., multicolor, psicodélica. La silla es la misma silla; solo tu imaginación está creando todo el juego. Es solo que el LSD te ha vuelto loco. He eliminado cualquier posibilidad de ser crítico.

Por eso digo que la creencia está en contra de la duda, pero la confianza no está en contra de la duda. La confianza crece con la duda, la creencia crece reprimiendo la duda. Ésa es la razón por la que la creencia es una especie de droga. Eso es exactamente lo que hace la droga: reprime tu facultad de dudar, que solo te mantiene alerta para que no te vuelvas un idiota, para que no seas una víctima de tu propia imaginación. Y eso es lo que las religiones han estado haciendo a lo largo de los tiempos. Dicen: «No dudes. Si dudas irás al infierno. ¡Cree! Si llega la duda, reprímela, apártala. Simplemente sigue creyendo. Y creer», dicen, «es ver. Si crees, verás».

La verdad es un fenómeno totalmente diferente. Surge de una consciencia no drogada, una consciencia abierta, que ni cree ni descree, sin ninguna conclusión sujeta a ella, simplemente libre, inocente.

La duda sigue siendo útil. Hasta que llegas a la verdad, la duda ayuda. La duda es amiga de la confianza. El proceso mismo de la duda te ayuda a no volverte víctima de tu imaginación; de lo contrario, la imaginación ha estado haciendo estragos.

Por ejemplo, si has nacido hindú y has estado leyendo acerca de la kundalini, entonces tu imaginación puede crear toda la experiencia: cualquier día, desde la base de la columna, la serpiente empezará a desenrollarse y con un gran sonido callado ascenderá hasta el séptimo chakra. Y si alguna vez has creído en ello, la experiencia te parecerá tan real que no puedes dudar sobre ella. Pero Jesús nunca oyó hablar de la kundalini, Mahoma nunca supo nada acerca de ella..., ni siquiera Buda, que había nacido hindú. Pero como era un hombre que investigaba sinceramente y había desechado todas las creencias, nunca se topó con la kundalini. Mahavira nunca supo nada sobre ella, Zaratustra no habló de ella. De modo que ¿qué ha sucedido? ¿Se la perdieron? Es una creencia; si crees en siete chakras, esos siete chakras se convertirán en hechos en tu vida. Si crees en cualquier cosa, empezarás a verla.

Gopi Krishna, que se ha convertido en un proponente de la energía kundalini en la era moderna, dice que estuvo esforzándose durante trece años, sentándose y esperando a que ascendiera la kundalini. Trece años es mucho tiempo. Si puedes creer en la kundalini durante trece años y puedes esperar y puedes seguir observando profundamente la base de tu columna, no es un milagro que suceda.

Entonces un día sucedió: la serpiente se desenrolló, ascendió rápidamente con mucha energía, penetró en el cerebro con un sonido, el sonido rugiente de una cascada..., y desde entonces Gopi Krishna piensa que ha salido a la luz su genialidad. Piensa que si asciende tu kundalini te convertirás en un genio. Pero no veo qué ha hecho su genialidad. Sí, escribe algunos poemas estúpidos, muy corrientes, de muy mala calidad. Si eso es la genialidad, será mejor que la gente mantenga su kundalini bien abajo, reprimida. Si todo el mundo se vuelve un poeta de cuarta categoría, eso no será una buena situación. ¿Qué tipo de genialidad sale a la luz?

Así no se va a ninguna parte; eso son solo imaginaciones. Y si crees en cierta cosa, empezarás a verla; ése es el peligro. Ni empieces con la creencia. Ésa es la visión del Tao: investiga, experimenta y espera a que la conclusión llegue por sí misma.

Los sutras.

 

El Maestro Lu-Tsu dijo:

Cuando se hace que la luz se mueva en círculo, todas las energías del cielo y de la tierra, de la luz y de la oscuridad, se cristalizan.

 

Tu consciencia está fluyendo hacia fuera; esto es un hecho, en eso no hay nada en lo que creer: cuando miras un objeto tu consciencia fluye hacia el objeto.

Por ejemplo, me estás mirando a mí; entonces te olvidas de ti mismo, enfocas tu atención en mí; entonces tu energía fluye hacia mí, entonces tus ojos están dirigidos a mí: esto es la extroversión. Ves una flor y te encanta, y enfocas tu atención en la flor; te olvidas de ti mismo, solo estás atento a la belleza de la flor. Esto lo sabemos; está sucediendo a cada momento. Pasa una mujer guapa y de pronto tu energía empieza a seguirla.

Conocemos este flujo hacia fuera de la luz. Esto es solo la mitad de la historia. Pero cada vez que la luz fluye hacia fuera, tú pasas a un segundo plano, te olvidas de ti mismo. La luz tiene que fluir de vuelta para que seas a la vez el sujeto y el objeto, simultáneamente; para que te veas a ti mismo. Entonces se revela el autoconocimiento. Normalmente, vivimos solo a medias —medio vivos, medio muertos, ésa es la situación— y poco a poco la luz sigue fluyendo hacia fuera y nunca vuelve. Te vas quedando cada vez más vacío por dentro, hueco. Te conviertes en un agujero negro.

Esto es exactamente lo que sucede a mayor escala en el universo. Ahora los físicos han descubierto los agujeros negros. Los taoístas descubrieron los agujeros negros mucho antes, pero no estaban interesados en los agujeros negros en el espacio lejano, estaban interesados en los agujeros negros en tu interior. Un agujero negro es un estado en el que toda tu energía se ha gastado, agotado; y te has quedado vacío, y has olvidado completamente cómo seguir nutriendo esta fuente de energía. Los científicos dicen que tarde o temprano este sol se convertirá en un agujero negro, porque está liberando energía continuamente pero nada vuelve a él. Es una inmensa fuente de energía. Durante millones de años ha estado dando luz al sistema solar. Durante millones de años están creciendo los árboles, floreciendo las flores, viviendo el hombre, moviéndose los animales, volando los pájaros, gracias a la energía del sol. Pero el sol se está gastando. Poco a poco, un día, se colapsará; no quedará más energía. De pronto desaparecerá toda la luz, desaparecerán de él los últimos rayos. Entonces será un agujero negro.

Y así es como muchas personas viven su vida: se vuelven agujeros negros debido a esta constante extroversión. Ves esto, ves aquello; estás viendo continuamente sin devolver nunca la energía al que ve. De día ves el mundo, de noche ves sueños, pero sigues permaneciendo aferrado a los objetos constantemente. Esto disipa la energía. Para cuando un hombre tiene treinta años está casi acabado; entonces es un agujero negro.

La gente muere alrededor de los treinta, aunque la entierren hacia los setenta, ése es otro asunto; pero muere hacia los treinta. Y veo un grano de verdad en la idea hippie de que no creas a un hombre de más de treinta años. Hay un grano de verdad ahí, porque es raro encontrar a un hombre de más de treinta años que esté vivo. Las personas se vuelven agujeros negros: gastadas, completamente exhaustas. Siguen arrastrándose de alguna manera; viven sin estar vivas, como si el simple impulso del pasado las ayudara a permanecer vivas.

Sucede: si te gusta el ciclismo, tienes que pedalear la bicicleta. Pero a veces puedes dejar de pedalear y con el impulso creado por el pedaleo pasado la bicicleta sigue un rato sin que pedalees. Y si es una cuesta abajo, puede ir lejos. Y después de los treinta o los treinta y cinco, es una cuesta abajo. Los treinta y cinco son la cima; si los setenta son la edad media de morir, entonces los treinta y cinco son la cima. Después de los treinta y cinco vas cuesta abajo: puedes seguir rodando sin ninguna energía.

La experiencia taoísta es que se puede hacer que la energía que gastas en tu extroversión se cristalice más y más en vez de gastarse. Si aprendes la ciencia secreta de hacer que vuelva hacia dentro, es posible. Ésa es toda la ciencia de todos los métodos de concentración.

Algún día, cuando estés delante de un espejo, prueba un pequeño experimento. Estás mirando el espejo, tu propia cara en el espejo, tus propios ojos en el espejo: esto es extroversión. Estás mirando la cara reflejada; tu propia cara, por supuesto, pero es un objeto fuera de ti. Entonces, por un momento, invierte todo el proceso. Empieza a sentir que te está mirando el reflejo que hay en el espejo; no que tú estás mirando el reflejo, sino que el reflejo te está mirando a ti, y estarás en un espacio muy extraño. Inténtalo durante unos minutos y te sentirás muy vivo, y algo con inmenso poder empezará a entrar en ti. Puede incluso que te asustes, porque nunca lo has conocido, nunca has visto el círculo de energía completo.

Y éste me parece, aunque no se menciona en las escrituras taoístas, pero éste me parece el experimento más simple que se puede hacer, y con mucha facilidad. Simplemente, cuando estés delante del espejo de tu baño, primero mira el reflejo: tú estás mirando y el reflejo es el objeto. Luego cambia toda la situación, invierte el proceso. Empieza a sentir que eres el reflejo y que el reflejo te está mirando, e inmediatamente verás que se produce un cambio: una gran energía va hacia ti. Al principio puede que te dé miedo, porque nunca lo has hecho y nunca lo has conocido. Parecerá una locura; puede que te estremezcas, puede que tiembles algo, o puede que te sientas desorientado, porque hasta ahora tu única orientación ha sido la extroversión. La introversión hay que aprenderla poco a poco. Pero el círculo está completo. Y si lo haces unos pocos días, te sorprenderás: cuánta energía más sientes todo el día, con solo unos pocos minutos ante el espejo, dejando que la energía vuelva a ti, para que el círculo esté completo. Y siempre que el círculo está completo hay un gran silencio. El círculo incompleto crea inquietud; cuando el círculo está completo crea descanso, te centra, y estar centrado es ser poderoso. El poder es tuyo. Y eso es solo un experimento; luego puedes probarlo de muchas formas.

Al mirar una rosa, primero mira la rosa unos momentos, unos minutos, y luego empieza el proceso inverso: la rosa te está mirando a ti. Y te sorprenderá cuánta energía te puede dar la rosa. Y se puede hacer lo mismo con los árboles y las estrellas, y con la gente. Y lo mejor es hacerlo con la mujer o el hombre que amas. Miraos a los ojos. Primero comienza mirando al otro y luego empieza a sentir que el otro te está devolviendo la energía. El regalo está volviendo a ti. Te sentirás lleno de nuevo; te sentirás irradiado, bañado, deleitado en un nuevo tipo de energía. Saldrás de ello rejuvenecido, revitalizado.

 

El Maestro Lu-Tsu dijo:

Cuando se hace que la luz se mueva en círculo...

 

Eso es lo que quieren decir con mover la luz en círculo. Tu luz se está moviendo en un arco; simplemente sale y nunca vuelve. Tarde o temprano te vuelves un agujero negro. Si el círculo está completo, te volverás un agujero blanco. Ahora, después de los agujeros negros, los físicos están descubriendo también agujeros blancos. Un agujero blanco está muy preñado de energía, justo lo contrario que el agujero negro.

 

Cuando se hace que la luz se mueva en círculo, todas las energías del cielo y de la tierra...

 

El cielo y la tierra denotan lo interno y lo externo, arriba y abajo, Dios y el mundo, lo invisible y lo visible, lo incognoscible y lo conocible. El cielo representa a Dios y la tierra representa el mundo manifiesto. Se hacen uno cuando el círculo está completo. Entonces no solo eres polvo al polvo; algo del cielo ha penetrado en ti. Entonces ya no eres solo terrenal, ya no eres solo un ser humano: te has vuelto divino.

Recuerda la raíz de la palabra humano: viene de humus. Humus significa «tierra». El hombre está hecho de tierra, por eso se le llama humano. El hombre es polvo, por eso se le llama humano. Cuando el polvo empieza a volverse luminoso con lo divino, entonces conoces el esplendor de la vida. Y eso es posible si la energía vuelve a ti. Y puedes hacer que vuelva, desde cualquier parte; no hay problema, solo tienes que practicar el secreto. Y una vez que le has cogido el truco, la encontrarás, desde cualquier parte.

Al mirar un árbol verde puedes sentirte tan vivo..., como si toda la savia del árbol hubiera fluido hacia ti, todo el jugo del árbol hubiera entrado en tu ser. Mira la luna y te sorprenderás; no hay necesidad de embriagarse con alcohol o ninguna otra droga, te puedes embriagar con la luna. La luna puede devolverte muchísima energía si sabes cómo tomarla.

En India, en el antiquísimo Rig Veda, se habla del soma. Los científicos piensan que ese soma es algo como el LSD. Los científicos piensan que debió de haber sido un tipo de hongo que ha desaparecido de los Himalayas debido al cambio climático o por alguna otra razón. O quizá no ha desaparecido, puede que la gente se haya olvidado de él. Puede que siga creciendo en alguna parte de los profundos valles de los Himalayas y que nos hayamos olvidado de lo que es. Quizá los antiguos visionarios ayudaron deliberadamente a que la humanidad se olvidara de ello; puede que resultara ser demasiado peligroso.

Aldous Huxley dice que el soma era la droga suprema, y que en el futuro, cuando hayamos descubierto el LSD supremo, volveremos a llamarlo soma. Pero te sorprenderá saber que soma en sánscrito es otro nombre para la luna. Por eso, lunes en hindi se dice somwar, el día de la luna. Soma es otro nombre para la luna; no es un hongo, no es un tipo de LSD, no es una droga. Es una ciencia secreta para entrar en comunión con la luna. Y de igual manera que el océano se ve afectado por la luna, si puedes recibir de vuelta la energía de la luna, te sorprenderás: un gran jugo, un gran néctar se derrama sobre ti: puedes embriagarte sin necesidad de ninguna droga.

La luna puede afectarte hasta lo más hondo de tu ser, y te refrescará y calmará, porque la luna es energía femenina. De la misma manera que cuando abrazas a una mujer que amas sientes de pronto que surge en ti una gran calma y quietud, exactamente lo mismo sucede a mayor escala cuando vuelve a ti la energía de la luna.

La luna es el principio femenino, lo mismo que el sol es el principio masculino. La luna es yin, el sol es yang. La luna puede nutrirte. No es necesario ir a los valles de los Himalayas en busca de algún hongo; ese hongo está siempre en el cielo: es la luna. Tienes que aprender el secreto de cómo hacer que vuelva a ti la energía de la luna. Ha habido métodos secretos para obtener energía de la luna y también del sol.

El culto al sol nació de cierta técnica; se erigieron grandes templos al sol. El templo del sol de Konarak era solo una expresión de gratitud al sol. No era solo culto, era una ciencia: cómo obtener energía yang en ti. Es especialmente bueno para las mujeres obtener energía solar, para que su yang oculto, latente, se vuelva activo, y es bueno para los hombres obtener energía lunar, para que su principio femenino latente vuelva a estar vivo, activo. Para una mujer es bueno adorar al sol y para un hombre es bueno adorar a la luna. Pero ese culto no debe ser solo un ritual, tiene que ser este método.

 

Cuando se hace que la luz se mueva en círculo, todas las energías del cielo y de la tierra, de la luz y de la oscuridad, se cristalizan.

 

Luz y oscuridad simbolizan hombre/mujer, ligero/pesado, gracia/gravitación, vida/muerte, movimiento/descanso. Todas estas cosas están representadas por la luz y la oscuridad.

En definitiva, si la energía puede moverse en círculo, poco a poco no sabrás quién eres: si eres un hombre o una mujer. La extroversión es el principio yang; la introversión es el principio yin. El hombre es naturalmente extrovertido; la mujer es naturalmente introvertida. Incluso mientras hace el amor, el hombre mantiene los ojos abiertos: quiere ver, es un voyeur; de ahí la posibilidad de la pornografía. A la mujer no le interesa la pornografía; ninguna mujer le ve el sentido. Incluso cuando está haciendo el amor con su amado, ella cierra los ojos. Es introvertida, su energía se mueve hacia dentro.

Pero la energía tiene que volverse un círculo, de lo contrario uno sigue siendo un hombre o sigue siendo una mujer, y ambos son una mitad, dos mitades del mismo todo; de ahí la atracción y la necesidad del otro. El día que seas capaz de hacer circular tu energía en círculo no necesitarás otra mujer, no necesitarás otro hombre, porque tu propio hombre y tu propia mujer se encontrarán y se fundirán. Estarás entero, y estar entero es ser sagrado.

Esto es Tao y esto es también Tantra: estar entero es ser sagrado.

 

Cuando se hace que la luz se mueva en círculo, todas las energías del cielo y de la tierra, de la luz y de la oscuridad, se cristalizan.

 

Esto es lo que Carl Gustav Jung llamaba «individuación», cristalización. Esto es lo que George Gurdjieff solía llamar «el nacimiento del ser» o «el alma».

De ordinario eres sólo fragmentos, de ordinario eres una multitud, tienes muchos «yos». No tienes un solo «yo», tienes muchos «yos», pequeños «yos», y todos están luchando y compitiendo por dominar. Éste es el misterio del hombre: que es muchos. ¿Cómo vas a estar a gusto si eres muchos? Una parte dice: «Haz esto»; otra parte dice: «No», y una tercera parte dice: «Haz otra cosa.»

No importa lo que hagas, te arrepentirás, porque las otras partes que no querían hacerlo crearán problemas. Seguirán insistiendo en que vas por mal camino, en que la otra alternativa habría sido mucho mejor. «Si hubieras hecho lo que yo decía, ya habrías llegado. Pero, mira, no me escuchaste.» Pero si hubieras escuchado a esa parte, entonces las otras partes se habrían vengado.

El hombre nunca está contento; no puede estarlo, porque es muchos. Si te vuelves uno, la satisfacción llega por sí misma. Si eres muchos, el descontento es natural. Si eres muchos, vives en un conflicto continuo. Si eres uno, el conflicto desaparece; has llegado a casa. Eso es lo que los taoístas llaman cristalización, y el método para alcanzarla es hacer que la luz se mueva en círculo, para que tu yin y tu yang ya no estén separados.

La luz tiene que moverse exactamente igual a como lo hace tu respiración: entra y sale, entra y sale; espiras, inspiras. Imagina una persona que solo espira: no podrá vivir, su cuerpo morirá. O piensa en la persona que solo inspira: también morirá. Y eso es exactamente lo que le ha sucedido a tu alma: tu alma está muerta, porque has espirado la luz o has inspirado la luz. Todavía no has aprendido que la espiración y la inspiración tienen que volverse un círculo, un proceso. Espira profundamente e inspira profundamente.

De la misma manera que la respiración es necesaria para la vida del cuerpo, la consciencia es necesaria para el alma. De modo que no habría que dejar a la consciencia como una mitad; se debería completar el círculo. La mujer tiene que aprender también a ser un hombre, y el hombre también a ser una mujer. Y cuando el hombre y la mujer han alcanzado un equilibrio igual, cuando están absolutamente equilibrados, eso es la cristalización, la individuación: nace el alma.

 

Cuando uno comienza a aplicar esta magia...

 

Y, sí, es magia, porque sus efectos son realmente increíbles.

 

Cuando uno comienza a aplicar esta magia es como si, en el medio del ser, hubiera no-ser.

 

A esto es a lo que me refería al hablar del «agujero negro».

 

Cuando uno comienza a aplicar esta magia es como si, en el medio del ser, hubiera no-ser.

 

Como si estás rodeado de ser, pero eres una isla de no-ser, de nada: un agujero negro. Los árboles están vivos, las estrellas están vivas, los pájaros están vivos, la tierra está viva, el sol y la luna están vivos, todo está vivo, y tú..., tan solo un agujero negro muerto. En este enorme océano de ser, tú eres un no-ser. Ésta es la situación cuando empiezas.

 

Cuando en el transcurso del tiempo el trabajo se completa, y hay un cuerpo más allá del cuerpo, es como si, en el medio del no-ser, hubiera ser.

 

Entonces todo cambia; entonces te conviertes en un ser, un agujero blanco. Te vuelves tan integrado, tan cristalizado, que comparados contigo todos los soles y las lunas y los árboles y los pájaros y los animales parecen no-ser.

Piensa en Buda: él tiene ser, toda la existencia parece pálida comparada con él. Él tiene vida: vida eterna, vida abundante. Toda la existencia es pobre; él es rico. Él es un emperador; toda la existencia es pordiosera.

 

Cuando en el transcurso del tiempo el trabajo se completa, y hay un cuerpo más allá del cuerpo...

 

Cuando este círculo de luz se estabiliza en ti, se cristaliza en ti, empiezas a sentir otro cuerpo dentro del cuerpo. Este cuerpo está hecho de polvo; ese otro cuerpo está hecho de Dios, de divinidad. Este cuerpo tiene forma; ese otro cuerpo no tiene forma. Este cuerpo es burdo; ese otro cuerpo es sutil. Este cuerpo tendrá que morir; ese otro cuerpo no conoce ninguna muerte. Este cuerpo forma parte del tiempo; ese otro cuerpo forma parte de la eternidad.

Cuando nace este segundo cuerpo, y sólo puede nacer cuando has aprendido a inspirar y espirar la luz... Igual que inspiras y espiras la respiración, cuando has aprendido a inspirar y espirar la luz: el segundo cuerpo, el cuerpo de luz... Éste es el cuerpo de la oscuridad; éste es el cuerpo que forma parte de la tierra, parte de la gravitación. Es pesado, se ve empujado hacia abajo. El otro cuerpo es empujado hacia arriba, forma parte de la gracia, es luz y es ligero: está iluminado y no pesa; entonces puedes volar.

Eso es lo que la gente Zen llama «volar sin alas». Entonces todo el cielo y el infinito están disponibles para ti.

 

... como si, en el medio del no-ser, hubiera ser. Solo tras el trabajo concentrado de cien días será genuina la luz.

 

Al principio la luz parecerá casi una imaginación; al principio tiene que ser una imaginación. Solo después de un tiempo, cien días, el

 

... trabajo concentrado de cien días...

 

Depende de lo concentrado que sea tu trabajo; cien días no es un tiempo fijo. Si tu trabajo es completamente concentrado, entonces cien días; de lo contrario, te llevará cien años o cien vidas, no se sabe. Depende de la intensidad. Si tu ser está totalmente involucrado en ello, comprometido con ello; si estás lleno de determinación, si estás dispuesto a arriesgarlo todo por ello, entonces en cien días la luz se volverá genuina. Al principio será una imaginación.

La imaginación no es mala; la imaginación sólo es mala cuando te pone en contra de la realidad, cuando se vuelve una barrera. La imaginación no es mala cuando coopera con la realidad. Entonces es una gran bendición. Al principio te parecerá imaginario; al mirar al espejo, te parecerá: «Esto es todo una imaginación, que el reflejo me está mirando.» Es una imaginación al principio, pero no tardarás en darte cuenta de que no era una imaginación, simplemente estabas girando la llave en la cerradura de la realidad: empieza a suceder.

Al principio, si tocas un árbol con mucho amor, sabes que el árbol no puede responder, y si sientes alguna respuesta por parte del árbol pensarás que es una imaginación. No lo es: el árbol responde, pero te llevará algún tiempo darte cuenta de que esto es verdad. Cuando eres amoroso, el árbol responde con amor: al amor siempre se le responde con amor. Y si no se responde con amor al amor, entonces ten muy claro que tu amor no es amor, eso es todo; entonces alguna otra cosa está haciéndose pasar por amor.

 

... solo entonces se convertirá en espíritu del fuego.

 

Después de cien días de esfuerzo concentrado, se convertirá en espíritu del fuego.

 

Después de cien días, se desarrolla por sí mismo en medio de la luz un punto de verdadero polo de luz.

 

Primero es una luz difusa, la sientes muy levemente; a veces está ahí y a veces no está ahí; es muy pálida y muy frágil. Pero poco a poco se centra mucho, se convierte en un polo de luz.

 

Entonces se desarrolla de pronto la perla-simiente.

 

Entonces, justo en el centro mismo del polo de luz, la perla-simiente.

 

Es como si un hombre y una mujer se abrazaran y tuviera lugar una concepción.

 

Y es exactamente así: el hombre interno y la mujer interna se han abrazado. Es una especie de coito interno. Es Tantra verdadero: tu parte femenina y tu parte masculina están haciéndose el amor, están unidas, y entonces no hay necesidad de separarlas. Con la mujer externa, tendrás que separarte, de lo contrario todo se volverá muy feo. Con la mujer externa, tendrás que separarte, de lo contrario todo se volverá repulsivo. Con el hombre externo, tendrás que separarte; puede que solo sea momentáneo, que tengas la vislumbre de la unidad solo un momento. Pero con el interno no hay necesidad de separarse.

Un buda vive en un estado orgásmico constante: la mujer interna y el hombre interno siguen haciendo el amor. Debes de haber visto el shivalinga en los templos hindúes; es un símbolo. Justo debajo del linga está el yoni, la parte femenina; es un símbolo del encuentro del hombre y la mujer internos. No es solo fálico, como lo interpretarán los freudianos. Es simbólico. Simboliza la polaridad interna.

Y una vez que ha sucedido este encuentro, vuelves a nacer. Cuando Jesús le dice a Nicodemo: «A no ser que nazcas de nuevo...». Eso es lo que quiere decir. No sé lo que dicen los cristianos ni me importa, pero esto es lo que quiere decir. «A no ser que nazcas de nuevo...» Éste es el nacimiento al que se refiere. Y esto es lo que los hindúes llaman dwija, nacido dos veces: te has dado a luz a ti mismo. Si el hombre externo se une a la mujer externa puedes crear un hijo, te reproduces. Si el hombre interno se une a la mujer interna, también creas un hijo, pero tú eres el padre y tú eres el hijo. Comienza en ti una nueva vida: la vida de un buda, la vida de la iluminación, la vida de la inmortalidad.

 

Entonces uno debe estar muy calmado y esperar.

 

Cuando se ha sentido dentro esta concepción, cuando sientes que el hombre interno ha penetrado en la mujer interna y la mujer está embarazada, entonces solo queda esperar..., igual que la mujer espera durante nueve meses. Ella espera con mucha alegría, con mucha oración, con mucha esperanza. No hay nada más que hacer, no es necesario hacer nada; lo que había que hacer ya se ha hecho.

La parte masculina es acción. Hacer circular la luz es la parte masculina. Una vez que ha tenido lugar la concepción y la mujer interna está embarazada, entonces la parte masculina no necesita trabajar, tiene que descansar. Ahora las cosas crecerán por sí mismas.

La meditación es la primera parte. Ahora solo queda la oración. Por eso te digo que sin meditación nunca sabrás lo que es la oración. La oración es la forma más elevada de meditación. La oración es como la fragancia, la meditación es como la flor. Hay que pasar por la meditación.

La gente me pregunta por qué, si su camino es el de la oración, por qué tienen que hacer tantas meditaciones aquí, en el ashram. La oración llegará; tienes que preparar el terreno para que llegue. Tienes que hacer todo tipo de meditaciones: son procesos purificadores. Ésta es tu parte masculina que hay que satisfacer, y luego la parte femenina tomará posesión. ¡Estarás embarazado! Y estar embarazado es estar lleno de oración, porque entonces no queda nada por hacer. El esfuerzo ha terminado y ahora estás relajado. Esto es lo que los taoístas llaman «inacción mediante la acción.»

Has estado haciendo muchos experimentos para mover la luz en círculo; lo has logrado. Después de un prolongado esfuerzo concentrado algo se ha cristalizado en ti; el hombre y la mujer ya no están separados, se han hecho uno; el niño está en camino. Ahora no es necesario nada excepto esperar. Espera con esperanza, espera con confianza. Y esto es la oración.

 

En medio de la transformación primordial, el resplandor de la luz es lo determinante.

 

¿Y qué te alertará de que ha sucedido el embarazo? Empezarás a ver un resplandor interno. Cuando cierres los ojos no verás oscuridad, sino resplandor. Y no solo lo verás tú; los que te aman empezarán a ver un aura en torno a ti.

 

En medio de la transformación primordial, el resplandor de la luz es lo determinante.

 

¿Cómo sabes que una mujer está embarazada? ¿No has visto cierta aura en torno a una mujer embarazada? ¿No has visto que sale algo de luz de sus ojos, de su rostro, de su mismo ser? Es exactamente lo mismo, pero en un plano mucho más elevado: cuando estás embarazado de Dios dentro de ti, verás un resplandor. Cuando cierres los ojos serás todo luz por dentro, una luz sin fuente, que no viene de ninguna parte; una luz muy fresca, luz de luna, pero inmensamente encantadora, mágica, y los que te aman y están muy próximos a ti también empezarán a sentirla.

Por eso dibujamos un aura en torno a las imágenes de los santos. No la ve cualquiera. Si hubieras visto a Cristo, no habrías visto su aura..., pero sus discípulos la vieron. Sin duda, las personas que le crucificaron no vieron esa aura. No podían ver; estaban ciegas, estaban cerradas. El aura de Buda la vieron... sus discípulos.

Estos secretos están disponibles solo para los que aman. Son secretos tan íntimos que no están disponibles para todo el mundo, para todo bicho viviente. Solo están disponibles para los íntimos, para los que están cerca, cada vez más cerca, y para los que están abiertos, vulnerables.

 

En medio de la transformación primordial, el resplandor de la luz es lo determinante. En el mundo físico está el sol; en el hombre, el ojo.

 

Y cuando el resplandor interno empieza a crecer en ti, los ojos se vuelven ardientes, parecen embriagados. Hay una danza en los ojos: los ojos adquieren una luz sutil, una cualidad totalmente diferente. Ahora los ojos no solo ven cosas, también comparten. El Tao no puede ser dividido, pero puede ser compartido, y el Tao se comparte con los ojos.

Cuando te inicio en sannyas, te pido que me mires. Quiero mirarte a los ojos, quiero que mis ojos ahonden en tus ojos, que haya un contacto ahí porque detrás de tus dos ojos está oculto el tercer ojo. Si hay contacto con el tercer ojo, y si estás abierto, sucede en una fracción de segundo; entonces no hace falta tiempo. Si hay contacto con el tercer ojo, sé que ha llegado un discípulo. Si no hay contacto, entonces solo puedo confiar en que te volverás un discípulo algún día. Te doy sannyas con esa esperanza. Pero es una esperanza. Puede que se cumpla, puede que no se cumpla; dependerá de mil y una cosas. Pero cuando veo un discípulo, cuando el tercer ojo empieza a responderme inmediatamente, entonces has venido al sitio que has estado buscando. Ahora no habrá necesidad de ir a ningún sitio; ahora no necesitarás ningún maestro, ninguna enseñanza: has llegado a casa.

 

Esta energía se dirige hacia fuera, fluye hacia abajo.

 

De ordinario, la energía que sale de los ojos fluye hacia fuera. «Hacia fuera» y «hacia abajo» son sinónimos.

 

Por tanto, el Camino de la Flor Dorada depende enteramente del método de fluir hacia atrás.

 

De ordinario la energía va hacia fuera y hacia abajo. Tienes que traerla de vuelta, hacia dentro..., y «hacia dentro» es sinónimo de «hacia arriba». Una vez que empiece a volver a ti y te conviertas en un círculo de energía, te sorprenderás: se ha abierto una nueva dimensión; empiezas a ir hacia arriba, tu vida ya no es horizontal. Ha tomado una nueva ruta: la vertical.

Dios existe en la ruta vertical. No lo encontrarás en el mundo; no es que no esté en el mundo, pero a menos que te muevas verticalmente no lo encontrarás. Igual que un ciego no puede ver la luz, el hombre horizontal no puede ver a Dios.

Son muchos los que vienen a mí y dicen: «Si nos muestras a Dios, creeremos.» Pero ¿cómo voy a mostrarte a Dios? ¿Cómo voy a enseñarle la luz a un ciego, a menos que esté dispuesto a seguir el tratamiento para que se le abran los ojos? Tendré que hacer que pases de tu modo de vida horizontal a un modo de vida vertical. Eso es sannyas: una forma de ser vertical. Y una vez que la luz empieza a ir hacia arriba, la flor dorada se abre.

Éstos son símbolos; no hay ninguna flor dentro de ti. La «flor» representa simplemente el florecimiento; «dorada» representa simplemente su luminosidad, su resplandor.

 

La circulación de la luz no es solo una fantasía.

 

Recuerda: la circulación de la luz no es solo una fantasía. Al principio puede parecer que lo es. Tendrás que ser paciente; pronto se convierte en un hecho. Es un hecho, es un hecho desde el principio, pero como nunca has estado en contacto con ella, al principio parece una fantasía.

 

Concentrando los pensamientos, uno puede volar; concentrando los deseos, uno cae.

 

«Deseo» es el nombre taoísta para la energía que va hacia abajo, hacia fuera, y «pensamiento» es el símbolo taoísta para la energía que va hacia dentro. Así que no lo entiendas mal. Con «pensamiento» los taoístas no se refieren a lo que llamas tus pensamientos; con «pensamiento» quieren decir energía de pensamiento purificada de deseo. Si está purificada de deseo y ha desaparecido todo el deseo, entonces no hay necesidad de salir, porque solo sales cuando estás deseoso de algo. Deseas una casa, deseas dinero, deseas poder, deseas un hombre, una mujer, esto y lo otro...; entonces sales. Si no hay deseo, el pensamiento no necesita salir; empieza a volverse hacia dentro. Sucede el giro de ciento ochenta grados.

El pensamiento libre de deseo va hacia dentro; el pensamiento lleno de deseo va hacia fuera. De ahí la insistencia de todos los budas en no tener deseos.

 

Cuando un discípulo se ocupa poco de sus pensamientos y mucho de sus deseos, entra en el camino de la sumersión.

 

Cuando un discípulo se ocupa poco de su pensamiento y se ocupa demasiado de sus deseos, se hunde en el mundo.

 

Solo mediante la contemplación y la quietud surge la verdadera intuición; para eso es necesario el método de fluir hacia atrás.

 

Hay que purificar de deseo el pensamiento. Una vez que el pensamiento está purificado de deseo, es no-pensamiento. La mente sin deseos es no-mente. Es lo que Patanjali llama samadhi, lo que el Zen llama satori, lo que los taoístas llaman cristalización: el equilibrio de lo que va hacia fuera y lo que va hacia dentro. Y no se pierde nada de energía; va al mundo y vuelve como un pájaro que por la mañana vuela al cielo y al anochecer vuelve al nido.

Haz que tu energía vuelva al nido una y otra vez. No dejes que se vaya para siempre sin volver nunca a ti. Y te convertirás en un depósito, y te volverás tremendamente poderoso por dentro. Solo en ese poder empieza a funcionar la intuición. En ese poder nace el espíritu del fuego. En ese poder surge el verdadero polo de luz. En ese poder se desarrolla de pronto la perla-simiente.

 

Es como si un hombre y una mujer se abrazaran y tuviera lugar una concepción. Entonces uno debe estar muy calmado y esperar.

 

La meditación está completa y comienza la oración. Llevar la meditación a la oración es toda la tarea del Tao.

 

Suficiente por hoy.

 

 

Capítulo 8

 

Lo real es para siempre

 

La primera pregunta:

¿Podrías hablar de la relación entre la desilusión y la celebración? Siento una extraña mezcla de las dos: morir y cobrar vida al mismo tiempo.

 

Venu Gopal, la mente vive en ilusiones. Y vivir en ilusiones es ser desgraciado, porque esas ilusiones no se pueden cumplir. Puedes seguir esperando que sucedan, pero estarás siempre entrando en un espejismo. En cuanto llegues al lugar que esperabas, el espejismo desaparecerá, estarás lleno de desesperación. Y por pura desesperación volverás a tener esperanza.

La esperanza es tan solo un esfuerzo por seguir vivo de alguna manera. Volverás a crear una ilusión. Así es como sigue adelante todo el juego: estás desesperado y por pura desesperación creas una ilusión; con la ilusión se crea más desesperación, y con más desesperación, más ilusiones. Vas de la desesperación a la ilusión, de la ilusión a la desesperación. No queda nada de energía para celebrar. Estás en constante tensión entre la desesperación y la esperanza. Tu vida se vuelve tan solo una tensión entre lo que es y lo que debería ser. No puedes sentir que eres, permaneces absorto en llegar a ser; llegar a ser es sufrimiento, ser es celebración.

La celebración no se debe a que se haya cumplido algún deseo..., porque ningún deseo se cumple nunca. El deseo como tal no puede cumplirse. El deseo es solo una manera de evitar el momento presente. El deseo crea el futuro y te lleva lejos. El deseo es una droga; te mantiene embriagado, no te deja ver la realidad..., lo que es aquí-ahora.

Celebrar significa desechar toda esa historia de llegar a ser: es simplemente estar aquí. Cuando desaparece el llegar a ser, desaparece todo el humo de llegar a ser; queda la llama de ser, y esa llama misma es la celebración.

La celebración no tiene ninguna causa. La celebración existe simplemente porque existimos. Estamos hechos del material llamado celebración. Ése es nuestro estado natural: celebrar..., tan natural como lo es florecer para los árboles, cantar para los pájaros, fluir hasta el océano para los ríos. La celebración es un estado natural. No tiene nada que ver con tus deseos y que se cumplan, con tus esperanzas y que se cumplan; ya es la realidad. Pero para ver la celebración que ya está sucediendo en lo más hondo de tu ser tendrás que desechar el llegar a ser, tendrás que comprender la futilidad del llegar a ser.

De manera que está sucediendo algo inmensamente hermoso, Gopal. Deja que suceda. Sí, es exactamente así: cuando estás absolutamente desilusionado y no creas más ilusiones..., eso es lo que quiero decir con «absolutamente desilusionado». La desilusión llega muchas veces a la vida de todo el mundo, pero debido a la desilusión vuelves a crear nuevas ilusiones. No puedes vivir sin ilusiones; se ha convertido en un hábito, un hábito de muchas vidas. No puedes vivir en la realidad tal como es; quieres que sea otra cosa, siempre estás queriendo que sea otra cosa, y la realidad no tiene la obligación de cambiar para nadie. Y es bueno que no se preocupe por tus deseos, de lo contrario sería un caos, porque hay tanta gente deseando, proyectando.

La realidad sigue siendo lo que es, sin ser influida en absoluto por tu deseo. Nunca repara en tus deseos. Pero una vez que estás absolutamente desilusionado —y al decir «absolutamente desilusionado me refiero a que ya no creas más ilusiones, simplemente permaneces con ello, incluso si es desesperación—, permaneces con ello, permaneces en ello, lo aceptas. En el momento en que aceptas la desesperación, empieza a desaparecer, porque solo puede existir como una sombra de la esperanza; no puede existir por sí misma. No puedes simplemente estar desesperado sin ninguna ilusión, eso es imposible; es tan imposible como que haya una sombra sola caminando por la carretera. Si andas tú, habrá una sombra; pero la sombra no puede andar sola. La desesperación es una sombra de la ilusión. Si estás absolutamente desilusionado, la desesperación empieza a desaparecer y surge en ti un nuevo ser, un ser lozano, una resurrección, una celebración.

Aniruddha ha escrito una pregunta diciendo que cuando vino aquí pensaba que yo era inmenso, especial, extraordinario. Ahora dice: «Al vivir aquí contigo tantos días, me pareces corriente, como cualquier otro hombre. Así que ¿a qué viene tanto jaleo?»

Yo no tengo ninguna obligación de cumplir tus exigencias. Soy simplemente como soy, absolutamente corriente. La realidad es corriente. La rosa es una rosa es una rosa, la roca es una roca, el río es un río. La realidad es absolutamente corriente, completamente corriente. Yo soy un hombre corriente. Entonces, ¿qué diferencia hay entre tú y yo? La diferencia es: yo celebro lo corriente que soy, tú no lo celebras. Ahí está la diferencia. Yo le doy la bienvenida, estoy absolutamente dichoso con ser corriente; tú no lo estás. Yo soy un ser, tú eres un llegar a ser. Ésa es la diferencia. No es que yo sea especial y tú seas corriente; eso es una absoluta tontería. Si yo soy especial, entonces todo el mundo es especial; si tú eres corriente, entonces yo soy corriente. Pertenecemos a la misma realidad. Soy completamente corriente, pero la diferencia es que yo lo estoy celebrando; no tengo ningún resentimiento, no tengo ninguna queja, no estoy tratando de llegar a ser alguien que no soy. Me he aceptado a mí mismo absolutamente; no quiero cambiar ni una sola cosa. En esta relajación, en esta aceptación, la celebración ha empezado a suceder en mí.

Aniruddha dice ahora que está en un aprieto. Ha creado él mismo este aprieto. Yo nunca le he dicho a nadie que soy especial. Ésa era tu idea, tu proyección. Y de hecho, ¿por qué pensaba Aniruddha que yo era especial? En el fondo, él quiere ser especial. En el fondo él quiere ser especial, por eso se quedó aquí, al ver que «Aquí hay un hombre especial, así debe de haber algunos secretos para ser especial. Aprende de este hombre para que tú también llegues a ser especial, para que ya no seas corriente».

La gente condena mucho lo corriente. Yo le tengo un tremendo respeto, porque lo corriente es lo real. Dios es lo más corriente de la existencia; tiene que serlo. ¿Cómo va a ser especial? ¿Comparado a qué? ¿Comparado a quién? Está solo, no puede ser especial. Sólo puede ser corriente, tan corriente como la rosa y el pavo real y el águila, y el río y la roca y la nube.

Pero Aniruddha en el fondo debe de haber tenido el deseo de llegar a ser especial. La gente busca maestros para llegar a ser especial. La gente busca maestros debido a los deseos de sus egos. La búsqueda misma es ególatra. Luego, naturalmente, un día estarás desilusionado. Eso era tu ilusión; yo no tengo nada que ver con ello. Si proyectas algo en mí, ¿cómo puedes hacerme responsable a mí de ello? Tú proyectas; tarde o temprano tu proyección se vendrá abajo. De hecho, yo contribuiré de todas las maneras a que se rompa, a que se desmorone, para que puedas verme como soy, para que un día puedas verte también a ti mismo como eres.

Toda mi enseñanza es: abandona todos esos esfuerzos estúpidos por llegar a ser especial, extraordinario. Simplemente disfruta la realidad tal como es, estés donde estés, seas quien seas. Celébralo. Eso es lo que llamo oración, eso es lo que llamo ser religioso: celebrar el propio ser. Es un regalo de Dios. Simplemente existir es más de lo que se podría pedir. Simplemente ser es el mayor milagro. ¿Qué milagro mayor puede suceder?

Venu Gopal, algo enormemente hermoso está en camino. No vuelvas a crear más ilusiones. La mente lo intentará. No escuches a la mente. Permanece desilusionado. Será una especie de muerte, porque hasta ahora has vivido a base de ilusiones. Ésa ha sido tu nutrición. Te parecerá que te estás muriendo. Pero muere..., y con esta muerte surgirá en ti una nueva vida, resucitarás. Deja que sea una muerte, y una muerte total. No mueras a medias; muere totalmente, completamente. Deja que suceda esta muerte y, al momento siguiente, de esta muerte surge una nueva vida que no has visto y que siempre ha estado dentro de ti, pero tú no estabas disponible para verla.

Y a Aniruddha también me gustaría decirle: Está muy bien, Aniruddha. Ahora estás viendo mi realidad. Soy un hombre corriente y estoy aquí para hacerte corriente a ti también. Estoy aquí para ayudarte a salir de tu actitud ególatra. Estoy aquí para ayudarte a celebrar esta inmensa normalidad. Solo entonces le estás agradecido a Dios.

¿Qué estás tratando de hacer? ¿Intentando volverte otro, intentando condecorarte a ti mismo? Pero todas esas condecoraciones serán falsificaciones. Nunca puedes ser otro, solo puedes ser tú mismo. No hay manera de que la rosa se vuelva un loto. No hay manera de que el loto se vuelva una rosa. Solo puedes ser tú mismo. Si lo permites, habrá celebración, porque no habrá ninguna posibilidad de sufrimiento, y la energía que se volvía sufrimiento se vuelve celebración. Si no dejas que empiece a volverse sufrimiento, ¿qué otra cosa vas a hacer? Es la misma energía que llora en ti. Se puede volver risa. Es la misma energía que se vuelve odio en ti, agria, amarga. Se vuelve amor. Es la misma energía que se puede volver destrucción. Se vuelve creación. La energía no es diferente. Cuando estás involucrado en la actitud ególatra de volverte alguien especial, entonces toda tu vida no será más que una larga tragedia.

¿Cuál es la diferencia entre Alejandro Magno y Buda? Alejandro quiere ser especial, quiere poseer el mundo entero, quiere ser único. ¿Y Buda? Buda simplemente quiere ser él mismo: no hay necesidad de ir a ninguna parte, no hay necesidad en absoluto de llegar a ser algo. No es necesario el futuro, no es necesario el tiempo: Buda puede ser en este mismo momento lo que quiere ser, porque ya lo es. Pero para Alejandro ni siquiera millones de vidas serán suficientes; su viaje permanecerá incompleto. Nunca será capaz de consumarlo. Es un círculo vicioso: se sentirá frustrado una y otra vez, y debido a esa frustración creará ilusiones más grandes, ilusiones más fuertes. Necesitará ilusiones más grandes e ilusiones más fuertes.

Es como una droga, lo repito. Si tomas una droga, cualquier droga, tarde o temprano te acostumbras a ella. Entonces necesitas cantidades mayores de ella, dosis más fuertes de ella, y así sucesivamente. Las ilusiones pequeñas no servirán; una vez que te hayas acostumbrado a ellas, necesitarás ilusiones más grandes.

Así es como la gente se vuelve loca. Un loco es alguien cuyas ilusiones han ido completamente en contra de la realidad. Ahora vive solamente en sus ilusiones: ni siquiera hay intervalos en los que vea la realidad tal como es, no hay siquiera momentos de verdad. Vive simplemente en sus ilusiones: es un loco. Y lo de los demás puede que sea una locura menor, pero es locura. La diferencia es tan solo de grado, de cantidad, pero no de cualidad. A menos que estés dispuesto a relajarte en tu ser tal como eres, no estás cuerdo.

Yo soy corriente, y te digo que Buda es corriente. Y te digo que todos los budas han sido siempre corrientes. Eso es lo que los hace especiales, porque en este mundo nadie quiere ser corriente. Eso es lo que los hace extraordinarios, porque son personas que han preferido ser corrientes. Ésa es su humildad. Jesús dice: «Bienaventurados los mansos, porque de ellos es el reino de Dios.» Con «mansos» se refiere exactamente a esto: ser solo lo que Dios ha querido que seas; no aspirar a nada en absoluto, vivir en un estado relajado.

Está bien, Aniruddha, que tus ilusiones se hayan roto. Agradécemelo, siente gratitud por ello, porque no haya sustentado tu ilusión en absoluto. Que hayas cargado con ella durante tantos meses ha sido obra tuya. Yo no la sustenté.

Pero su pregunta muestra que ahora piensa que soy corriente, de modo que vuelve a surgir un problema para él. Entonces, ¿qué está haciendo aquí? Entonces debería ir de nuevo a alguien que sea extraordinario. Ahora será el momento decisivo para él. Si al ver que soy corriente comprende la belleza de ser corriente, comenzará la celebración. Si se siente frustrado, como si yo le hubiera defraudado, como si yo hubiera estado fingiendo que era extraordinario y ahora él descubre que no lo soy, entonces tendrá nuevas ilusiones. Proyectará sus deseos en alguna otra persona. Encontrará otra pantalla y volverá a sentirse frustrado. Y necesitará dosis cada vez más grandes, y tarde o temprano será víctima de alguien que quiere explotar a la gente, que quiere fingir conforme a tus ilusiones.

Por eso estoy tan en contra de Satya Sai Baba: está tratando de contribuir a tus proyecciones. Ésa es mi crítica de su empeño. Trata de coincidir con tus proyecciones. No es un hombre independiente; depende de ti. Tú proyectas y él tratará de satisfacer tus proyecciones; al menos simulará que estás junto a un hombre especial que puede hacer milagros, que puede hacer que aparezcan cosas de la nada.

Ahora Aniruddha puede ser victima de un hombre como Satya Sai Baba, porque pensará que eso es especial; ningún hombre corriente puede hacerlo. Eso es verdad, aunque los magos corrientes lo hacen. Pero estos trucos son muy peligrosos. Su explotación es muy sutil. Aniruddha puede ser víctima muy fácilmente de cualquier charlatán, de cualquier embaucador. Ahora será el momento decisivo para él. Tendrá que decidir si quiere vivir en el ashram con este hombre que es corriente y desechar todos los deseos de ser extraordinario, todas las proyecciones, y volverse corriente él mismo y dejar que suceda la celebración, o proyectar sus ilusiones en alguna otra parte.

Y entonces puedes seguir y seguir. Así es como has seguido durante siglos. Has seguido y seguido durante muchas vidas; simplemente cambias de pantalla, pero no dejas de proyectar; llevas contigo tu proyector y toda tu película de esperanzas, sueños, deseos.  Simplemente te sientes frustrado con la pantalla —«Esta pantalla no está bien»—, así que encuentras otra pantalla. ¿Cuándo vas a desechar el proyector y la película? ¿Cuándo vas a quemar toda la actitud ególatra? En ese mismo momento sucede la muerte, y la resurrección.

Venu Gopal, dices: «Siento una extraña mezcla de las dos: morir y cobrar vida al mismo tiempo.» Así es como sucederá al principio: morirás un poco y nacerás un poco. Aprende una lección de ello: muere totalmente para poder nacer totalmente. Y entonces sabes: cada momento hay que morir para cada momento volver a ser lozano, joven..., nacer. Esto puede suceder a cada momento, y una vida verdadera consiste en muerte/resurrección, muerte/resurrección. Sucede cada momento. Cada momento hay que morir al pasado; solo entonces se vuelve disponible el presente..., y hay celebración, y hay una gran alegría, y hay un gran florecimiento.

La flor dorada florece si estás dispuesto a morir al pasado, si estás absolutamente en el presente. Y solo puedes estar absolutamente en el presente si no tienes ningún deseo de estar en ninguna otra parte en el futuro, si no tienes ningún deseo de ser otra persona. Esto es lo que llamo iluminación.

 

 

La segunda pregunta:

¿Por qué es tan esencial el amor para el crecimiento espiritual?

 

El amor y la consciencia constituyen la forma más elevada de polaridad, igual que hombre/mujer, vida/muerte, oscuridad/luz, verano/invierno, externo/interno, yin/yang, el cuerpo y el alma, la creación y el creador. El amor y la consciencia forman la polaridad más elevada, la última polaridad, desde la que sucede la transcendencia.

El amor requiere dos. Es una relación; va hacia fuera, es energía que va hacia fuera. Hay un objeto: la persona amada. El objeto se vuelve más importante que tú mismo. Tu alegría está en el objeto. Si la persona que amas es feliz, tú eres feliz; te vuelves parte del objeto. Hay una especie de dependencia, y el otro es necesario. Sin el otro te sentirás solo.

La consciencia es simplemente estar contigo mismo en absoluta soledad, simplemente estando alerta. No es una relación, el otro no es necesario en absoluto. No va hacia fuera, va hacia dentro.

El amor es el movimiento de la luz saliendo de tu ser. La consciencia es el movimiento inverso: el movimiento de la luz de vuelta a la fuente, volviendo a la fuente. Eso es lo que Jesús llama arrepentimiento; no en el sentido de arrepentirse, sino en el sentido de volver a la fuente. Patanjali lo llama pratyahara, volver a casa; Mahavira lo llama pratikraman, volver a uno mismo: el círculo está completo. El secreto de la Flor Dorada está basado, está totalmente basado en este movimiento de vuelta de tu energía. Pero el movimiento de vuelta solo es posible si has salido. Tienes que entrar en el amor, tienes que relacionarte para volver a ti mismo. Parece paradójico.

El niño tiene que perderse en el mundo para volver a ser un niño. La inocencia tiene que entrar en todo el revuelo de la astucia y las calculaciones para volver a ser realmente inocente de nuevo. Un niño es inocente, pero su inocencia es la de la ignorancia. Un santo también es inocente, pero su inocencia no es fruto de la ignorancia, sino de la experiencia, de la madurez, de la sazón. Es inocente de nuevo, pero ese «de nuevo» tiene una gran importancia: su inocencia ya no puede ser perturbada. El niño tendrá que ser perturbado: todo Adán tiene que abandonar el Jardín del Edén, el mundo de la inocencia. Todo Adán tiene que ir al mundo, a su fango, porque allí madurarás, te sazonarás. Solo allí aprenderás, solo allí verás por contraste la belleza de la inocencia, comprenderás el esplendor de la inocencia. El día que te des cuenta de la belleza de la inocencia, que tomes conciencia de ella, habrás vuelto a casa.

Adán no puede convertirse en Cristo si no abandona el paraíso; seguirá siendo un niño. Adán significa el movimiento hacia fuera, Cristo significa el movimiento hacia dentro. Adán significa amor. Cristo significa consciencia. El círculo está completo. La diferencia entre Adán y Cristo es solo de dirección. Adán es extrovertido, y la misma persona, cuando regresa y se vuelve introvertida, es Cristo. Adán es el Cristo potencial, Cristo es el Adán realizado.

El amor es muy esencial. Tienes que perderte a ti mismo para ganarte a ti mismo. El amor es la única posibilidad de perderte a ti mismo totalmente. Cuando estés totalmente perdido, entonces serás capaz de recordar lo que has hecho.

Es como un pez que siempre ha vivido en el océano: nunca será consciente del océano y de su bendición; tiene que ser capturado en una red, un pescador tiene que sacarlo, arrojarlo a la costa. Sólo en la costa, bajo el sol caliente, recordará por primera vez. Aunque ha vivido en el océano durante años, no se daba cuenta, no se daba cuenta en absoluto del océano. Ahora la sed, el calor, hace que sea consciente del océano. Surge un gran anhelo de volver al océano. Hace todos los esfuerzos posibles por saltar de vuelta al océano.

Ése es el estado de un buscador: sediento de volver a la fuente original. Y si este pez puede volver a entrar en el océano..., ¡te puedes imaginar la celebración! Y el pez siempre ha vivido en el océano, pero no había celebración. Ahora existe la posibilidad de la celebración; ahora se sentirá tan regocijado, tan dichoso.

El amor es esencial para el crecimiento espiritual. Y además, el amor funciona como espejo. Es muy difícil conocerte a ti mismo, a menos que hayas mirado tu rostro en los ojos de alguien que te ama. De igual manera que tienes que mirarte en el espejo para ver tu rostro físico, tienes que mirarte en el espejo del amor para ver tu rostro espiritual. El amor es un espejo espiritual: te nutre, te integra, te prepara para el viaje interior, te recuerda tu rostro original.

En los momentos de amor profundo hay vislumbres del rostro original, aunque esas vislumbres lleguen como reflejos. De igual forma que en una noche de luna llena ves la luna reflejada en el lago, en el lago silencioso, así el amor funciona como lago. La luna reflejada en el lago es el comienzo de la búsqueda de la luna real. Si nunca has visto la luna reflejada en el lago, puede que nunca busques la luna real. Volverás una y otra vez al lago buscando la luna, porque al principio pensarás: «Aquí está la luna real, en alguna parte de las profundidades del lago.» Te zambullirás una y otra vez y saldrás con las manos vacías; no encontrarás la luna allí.

Entonces un día caerás en la cuenta de que quizás esta luna es solo un reflejo. Ése es un gran entendimiento. Entonces puedes mirar hacia arriba. Entonces, ¿dónde está la luna si esto es un reflejo? Si es un reflejo, tienes que mirar en la dirección contraria. El reflejo estaba ahí, en lo profundo del lago; lo real debe estar en alguna parte por encima del lago. Por primera vez, miras hacia arriba y ha comenzado el viaje.

El amor te da vislumbres de la meditación, reflejos de la luna en el lago..., aunque son reflejos, no verdaderos. De manera que el amor nunca puede satisfacerte. De hecho, el amor hará que te sientas cada vez más insatisfecho, descontento. El amor te hará cada vez más consciente de lo que es posible, pero no te proveerá esos bienes. Te frustrará, y solo en la profunda frustración existe la posibilidad de volver a tu propio ser. Solo los amantes conocen la alegría de la meditación. Los que nunca han amado y nunca han estado frustrados en el amor, los que nunca se han zambullido en el lago del amor en busca de la luna y nunca se sienten frustrados, nunca mirarán hacia arriba a la luna real del cielo; nunca tomarán conciencia de ella.

La persona que ama está abocada a volverse religiosa tarde o temprano. Pero la persona que no ama —el político, por ejemplo, que no puede amar a nadie, solo ama el poder— nunca se volverá religiosa. O la persona que está obsesionada con el dinero, que solo ama el dinero, que solo conoce un amor, el amor al dinero, nunca se volverá religiosa. Será muy difícil para ella por muchas razones. El dinero se puede poseer; puedes tener dinero y puedes poseerlo. Es fácil poseer dinero; es difícil poseer a una persona amada...; imposible, de hecho. Tratarás de poseerla, pero ¿cómo vas a poseer a una persona viviente? La persona viviente se resistirá de todas las maneras, luchará hasta el final. Nadie quiere perder su libertad.

El amor no es tan valioso como la libertad. El amor es un gran valor, pero no más alto que la libertad. De modo que te gustaría ser amoroso, pero no quisieras ser aprisionado por el amor. Por eso, tarde o temprano te sientes frustrado: tratas de poseer, y cuanto más tratas de poseer, más imposible se vuelve el amor y más y más empieza a alejarse de ti el otro. Cuanto menos posees, más cerca te sientes del otro. Si no posees en absoluto, si hay libertad que fluye entre los amantes, hay un gran amor.

En primer lugar, el esfuerzo por poseer a una persona está destinado a fracasar; en esa frustración serás arrojado de vuelta a ti mismo. En segundo lugar, si has aprendido a no poseer a la persona, si has aprendido que la libertad es un valor más elevado que el amor, un valor mucho más superior que el amor, entonces tarde o temprano verás: la libertad te llevará a ti mismo, la libertad se convertirá en tu consciencia, tu meditación.

La libertad es otro aspecto de la meditación. O empiezas con la libertad y te vuelves consciente, o empiezas con la consciencia y te vuelves libre. Van juntas. El amor es una especie de atadura sutil —van juntas—, pero es una experiencia esencial, muy esencial para la madurez.

Hay una bella definición de lo real a través del amor en el hermoso libro de Margery William, El Conejo de Pana.

 

«¿Qué es REAL?», preguntó un día el Conejo. «¿Significa tener ese zumbido dentro de ti y un agarradero que sobresale?»

«REAL no es como te hicieron», dijo el Caballo de Piel. «Es algo que te sucede. Cuando un niño te ama durante mucho tiempo, no solo para jugar, sino que realmente te ama, entonces te vuelves REAL.»

«¿Hace daño?», preguntó el Conejo.

«A veces», dijo el Caballo de Piel, porque siempre decía la verdad. «Cuando eres REAL, no te importa que te duela.»

«¿Sucede de golpe, como hacerte una herida», preguntó, «o poco a poco?».

«No sucede de golpe», dijo el Caballo de Piel. «Te vuelves REAL. Lleva mucho tiempo. Por eso no les sucede a menudo a las personas que se doblegan fácilmente o que son hirientes o que requieren muchos cuidados. Generalmente, para cuando eres REAL, has perdido la mayor parte de tu pelo y se te han desprendido los ojos y tienes las articulaciones muy blandas y estás muy raído. Pero estas cosas no importan en absoluto, porque una vez que eres REAL no puedes ser feo, excepto para la gente que no comprende... Una vez que eres REAL, no puedes volver a ser irreal. Dura para siempre.»

 

El amor te hace real; de otro modo sigues siendo una fantasía, un sueño, sin ninguna sustancia. El amor te da sustancia, el amor te da integridad, el amor te centra. Pero es solo la mitad del viaje; la otra mitad hay que completarla en la meditación, en la consciencia. Pero el amor te prepara para la otra mitad. El amor es la mitad inicial y la consciencia es la mitad final. Entre la dos alcanzas a Dios. Entre el amor y la consciencia, entre estas dos orillas, fluye el río de ser.

No evites el amor. Pasa por él, con todos sus dolores. Sí, duele; pero si amas no importa. De hecho, todo ese dolor te fortalece. A veces duele muchísimo, terriblemente; pero todas esas heridas son necesarias para provocarte, para desafiarte, para hacer que estés menos adormecido. Todas esas situaciones peligrosas son necesarias para hacer que estés alerta. El amor prepara el terreno, y en el terreno del amor puede crecer la semilla de la meditación..., y solo en el terreno del amor.

De modo que los que escapan del mundo por miedo nunca llegarán a la meditación. Pueden sentarse en cuevas del Himalaya durante vidas y vidas...; no alcanzarán la meditación. No es posible: no se la han ganado. Primero hay que ganársela en el mundo; primero hay que preparar el terreno. Y solo el amor prepara el terreno.

Por eso insisto en que mis sannyasins no renuncien al mundo. Permanece en él, acepta su reto, acepta sus peligros, sus dolores, sus heridas. Pasa por él; no lo evites. No trates de encontrar un atajo, porque no hay ninguno. Es una lucha, es arduo, es un camino cuesta arriba, pero ésa es la manera de llegar a la cima.

Y la alegría será muchísimo mayor que si te dejaran en la cima con un helicóptero, porque llegarías allí sin haber crecido; no podrías disfrutarlo. Piensa en la diferencia... Te esfuerzas por llegara al Everest; es muy peligroso, existen todas las posibilidades de que te mueras por el camino, todas las posibilidades de que nunca llegues a la cima... Es arduo, peligroso; la muerte te espera a cada paso. Hay tantas trampas y tantas posibilidades de fracasar en vez de tener éxito; de cien posibilidades, solo hay una de que puedas llegar. Pero cuanto más te acercas a la cima, más elevada es la alegría que nace en ti; tu espíritu vuela muy alto. Te lo ganas, no es gratis, y cuanto más hayas pagado por ello, más lo disfrutarás. Entonces piensa: te pueden dejar en la cima con un helicóptero. Estarás en la cima y simplemente parecerás un tonto, un estúpido: ¿qué estás haciendo ahí? En menos de quince minutos estarás listo. Dirás: «¡Ya lo he visto! ¡No hay nada que hacer aquí!»

El viaje crea la meta. La meta no está puesta ahí al final del viaje, el viaje la crea a cada paso. El viaje es la meta. El viaje y la meta no están separados, no son dos cosas. El fin y los medios no son dos cosas. El fin está esparcido por todo el camino; todos los medios contienen el fin en ellos.

De modo que nunca te pierdas ninguna oportunidad de vivir, de estar vivo, de ser responsable, de estar comprometido, de estar involucrado. No seas un cobarde. Afronta la vida, vívela, y entonces poco a poco algo se cristalizará dentro de ti.

Sí, lleva tiempo. El Caballo de Piel tiene razón: «Generalmente, para cuando eres REAL, has perdido la mayor parte de tu pelo y se te han desprendido los ojos y tienes las articulaciones muy blandas y estás muy raído. Pero estas cosas no importan en absoluto, porque una vez que eres REAL no puedes ser feo, excepto para la gente que no comprende... Una vez que eres REAL, no puedes volver a ser irreal. Dura para siempre.»

Es para siempre, pero hay que ganárselo. Deja que lo repita: en la vida no puedes conseguir nada gratis, y si lo consigues, no sirve para nada. Tienes que pagar por ello, y cuanto más pagues por ello más provecho sacarás de ello. Si puedes arriesgar toda tu vida en el amor, tu logro será grande: el amor te enviará de vuelta a ti mismo, te dará algunos reflejos de la meditación. Las primeras vislumbres de la meditación suceden en el amor, y entonces surge en ti un gran deseo de alcanzar esas vislumbres..., no solo como vislumbres, sino como estados, para poder vivir en esos estados para siempre. El amor hace que pruebes el gusto de la meditación.

Una experiencia amorosa, orgásmica, es la primera experiencia del samadhi, del éxtasis. Hará que estés más sediento. Ahora sabrás que es posible y ya no puedes estar satisfecho con lo mundano. Lo sagrado ha penetrado en ti, lo sagrado ha llegado a tu corazón. Dios ha tocado tu corazón, has sentido ese contacto. Ahora te gustaría vivir en ese momento para siempre, te gustaría que ese momento se volviera toda tu vida. Lo hace. Y a menos que lo haga, el hombre permanece descontento.

Por un lado, el amor te dará una gran alegría, y por el otro, hará que tengas sed de la alegría eterna.

 

 

La tercera pregunta:

¿Por qué vives como un rey?

 

¿Por qué no? ¡Soy un viejo judío! ¿Conoces a los judíos? Si les haces una pregunta, la contestan con otra pregunta.

 

Hay una historia famosa acerca de un rey. Tenía muchos judíos en su corte porque eran ricos, pero estaba muy enojado con su costumbre. Cada vez que preguntaba algo, le respondían con otra pregunta. Se cansó tanto, estaba tan irritado, que le preguntó a su Gran Visir: «¿Qué hago con esta gente? No puedo expulsarlos de la corte, pero me molestan mucho. Cada vez que pregunto algo siempre me responden con otra pregunta.»

El Visir dijo: «Será bueno que le preguntemos al rabino. Llame al rabino. Es un anciano sabio; nos ayudará y también podrá explicarnos la causa de esta costumbre judía.»

De manera que llamaron al rabino y el rey le preguntó al rabino: «¿Por qué ustedes, los judíos, siempre contestan una pregunta con otra pregunta?»

Y el rabino dijo: «¿Por qué no?»

 

Me preguntas; «¿Por qué vives como un rey?»

Hay cuatro posibilidades después de que te iluminas. La primera posibilidad la siguieron Janak y Marco Aurelio: habían nacido reyes y después de iluminarse siguieron siendo reyes.

La segunda posibilidad la siguieron Jesús y Kabir: habían nacido mendigos y después de iluminarse siguieron siendo mendigos.

La tercera posibilidad la siguieron Mahavira y Buda: habían nacido reyes y después de iluminarse se hicieron mendigos.

Entonces, pensé, para variar... Yo nací mendigo y decidí vivir como un rey. Ésa es la cuarta posibilidad y no hay más, de modo que estoy acabando la última. Alguien tenía que hacerlo; de otro modo, la historia estaría incompleta.

 

Un maestro Zen se estaba muriendo. Justo antes de su último suspiro, abrió los ojos y les pidió a sus discípulos: «Por favor, ayudadme a encontrar una manera alternativa de morir.»

Le preguntaron: «¿Qué tipo de petición es ésta?»

Él dijo: «¿Me debo morir acostado o sentado o de pie? ¿Habéis oído de alguien que se haya muerto sentado?»

Le dijeron: «Sí, hemos oído que muchas personas, especialmente monjes budistas, se sientan en siddhasan, en la postura del loto completo, y se mueren. Hemos oído que muchos mueren sentados.»

«¿Habéis oído», preguntó el maestro, «de alguien que haya muerto de pie?».

Le dijeron: «Es muy raro, pero hemos oído una historia de que una vez un maestro murió de pie.»

Entonces dijo: «Entonces no queda otra alternativa. Moriré posado sobre mi cabeza.»

Y murió... puesto de cabeza. Alguien tenía que hacerlo. Hay que probar todas las alternativas.

 

 

La quinta pregunta:

Mi pregunta tiene que ver con el salto cuántico. ¿Cómo saltar, dónde saltar y quién o qué está saltando?

 

Jamia, el significado del salto cuántico es que no encuentras a nadie dentro de ti que pueda saltar, no encuentras ningún lugar al que poder saltar y no encuentras ninguna manera de saltar Ése es el significado de un salto cuántico. El salto cuántico no es un salto, es una desaparición. El salto cuántico es una discontinuidad absoluta con el pasado. Si es continuo es solo un salto, no cuántico. Ése es el significado de la palabra «cuántico.»

Has sido alguien hasta ahora; si haces algo, entonces seguirás en continuidad con el pasado, porque el que hace será el pasado. Si preguntas cómo realizar el salto cuántico, ¿quién usará la metodología? Lo viejo, el pasado, la mente; la mente acumulada usará la metodología. Pero ¿cómo te volverás nuevo? Es lo viejo tratando de volverse nuevo. Puede que tengas ropa nueva, un nuevo rostro, nuevo barniz; pero seguirás siendo el mismo. Continúas. Un salto cuántico es un momento de comprensión de que el pasado ya no existe, que es solo un recuerdo, solo una invención de la imaginación ahora; no tiene ninguna realidad. Si el pasado ya no existe, ¿quién eres?... Porque consistes solo en tu pasado.

Krishnamurti dice: «El proceso del pensamiento crea al pensador.» Y tiene razón: no es viceversa. Normalmente piensas: «Soy un pensador, por eso existe el proceso del pensamiento.» No es así. No hay un pensador en ti, sino solo un proceso de pensamiento. Y cuando piensas acerca de todo el proceso del pensamiento y lo consideras en su conjunto, nace el pensador.

El pensador no existe. Deja que desaparezcan los pensamientos, y cuando desaparezcan los pensamientos desaparecerá el pensador. Si no hay pensamiento, no hay pensador dentro de ti. De modo que el «pensador» no es más que otro nombre para la continuidad del pensamiento entero. Si puedes comprender esto, que el pasado no es nada más que pensamientos, surgirá en ti de pronto un gran abismo. No existes, no hay nadie dentro. Esto es lo que Buda llama anatta, no-ser, no ego. En ese momento en que no puedes encontrarte a ti mismo ha sucedido el salto cuántico.

 

El emperador Wu de China le preguntó a Bodhidharma: «Mi mente sigue muy tensa, ansiosa. Siempre estoy sintiéndome inquieto, desasosegado. Nunca encuentro ninguna paz mental. Ayúdeme, señor.»

Bodhidharma le miró a los ojos. Y no fue una mirada corriente; Bodhidharma era un maestro muy feroz. El rey era un hombre muy valiente, había luchado y ganado muchas batallas; pero empezó a temblar cuando Bodhidharma le miró a los ojos.

Y dijo: «De acuerdo, venga mañana, por la mañana temprano, a las cuatro, y tráigame su mente y yo la calmaré para siempre.»

Cuando el rey estaba bajando las escaleras, Bodhidharma gritó de nuevo: «¡Escuche, no olvide traerme su mente! Venga a las cuatro y tráigame su mente. ¡Y yo la calmaré para siempre!»

El rey estaba un poco desconcertado. «¿Qué quiere decir con "Traiga la mente, no lo olvide"? ¿Cómo voy a venir sin la mente? Yo y mi mente somos lo mismo. ¡Este hombre parece un loco! Y la manera en que me miró..., esos ojos feroces... ¡Y también parece sanguinario! E ir solo, por la mañana temprano, a las cuatro, cuando está oscuro, a este loco..., y nunca se sabe lo que hará, cómo me tratará.»

Pero no pudo dormir. Decidió muchas veces no ir, pero también sentía una gran atracción, algo como una gran atracción magnética. El hombre era feroz, pero había también mucho amor en sus ojos. Había las dos cosas: sus ojos eran como espadas y también como lotos. No pudo resistirse. Dijo: «Tengo que arriesgarme.» Y a las cuatro tuvo que ir.

Bodhidharma estaba esperando con su gran bastón. Le dijo al rey: «Siéntese enfrente de mí. ¿Y dónde está su mente? ¡Le dije que la trajera!»

Y el rey dijo: «¿Qué tonterías está diciendo? Si yo estoy aquí, entonces mi mente está aquí. La mente es algo que está dentro de mí. ¿Cómo la voy a olvidar? ¿Cómo la voy a "traer"?»

Bodhidharma dijo: «De modo que una cosa es segura: que la mente está dentro. Así que cierre los ojos, entre en sí mismo y trate de encontrarla. Y cuando la agarre, simplemente dígamelo y yo la calmaré para siempre. Pero primero hay que agarrarla, solo entonces puedo tratarla.»

El rey cerró los ojos. Todo esto era una estupidez, pero ya no podía irse; tenía que hacerlo. Cerró los ojos. Y el maestro estaba sentado ahí con su bastón..., y podía pegarle o podía golpearle, así que no era una situación corriente. No podía dormirse. No había dormido en toda la noche; había estado pensando si iba a venir o no..., y la presencia del maestro, y el silencio del bosque, y la oscuridad de la noche, y toda la extraña situación: que este hombre podía incluso cortarle la cabeza... ¡Se puso muy alerta! El peligro era tal que se puso muy atento. Por primera vez en su vida miró dentro de sí.

Pero el libro de El secreto de la Flor Dorada dice que dirigió su luz hacia dentro por primera vez: miró dentro de sí, buscó dentro de sí; buscó realmente, buscó sinceramente, y cuanto más buscó más consciente se volvió de que no hay mente. No hay nadie dentro; es una casa vacía. Solo hemos creído en ella. Hemos aceptado la creencia de otros acerca del alma, el ser, el ego. Nunca lo hemos mirado, nunca lo hemos verificado. Y cuanto más descubría que no se puede encontrar a nadie, más feliz y contento se sentía. Su rostro se relajó, le rodeó la gracia. Pasaron horas, pero para él no había cuestión de tiempo en absoluto. Seguía sentado y sentado, y disfrutando este gozo que estaba saboreando por primera vez en su vida. Algo inmensamente delicioso estaba surgiendo en él.

Entonces empezó a salir el sol, y con los primeros rayos de sol Bodhidharma le dijo: «Señor, ya es suficiente. Ahora abra los ojos. ¿Se ha encontrado dentro o no?»

Y el rey abrió los ojos y miró al maestro. Vio la belleza de que la ferocidad surgía de la compasión, vio el amor, hizo una reverencia, tocó los pies del maestro y dijo: «La ha calmado para siempre. No está ahí. Ahora sé que estaba creando un barullo innecesario acerca de alguien que no existe en absoluto.»

 

Éste es el salto cuántico. Al buscar dentro de ti descubres que no existes; entonces ya no se trata de «cómo» y no se trata de «dónde». Ya ha sucedido.

Jamia, me gustaría decirte: durante unas pocas horas al día, cierra los ojos; ponte tan alerta como lo hizo el emperador Wu; recuérdame ante ti con una espada en la mano, dispuesto a cortarte en cualquier momento si te duermes... y entra en ti. Y un día, el salto cuántico. Solo lo sabrás cuando haya sucedido. Tú no lo haces, no es nada que hagas; es algo que sucede. No puedes hacerlo porque tú eres el obstáculo: ¿cómo vas a poder hacerlo? No hay ninguna parte a la que saltar, nadie que salte, ningún método para saltar. Cuando estas tres cosas se han realizado, ha sucedido.

Entonces vives como un vacío, absolutamente vacío y, sin embargo, absolutamente lleno.

 

 

La sexta pregunta:

Deseo hacerme sannyasin, pero con la mera idea un gran miedo se apodera de mi corazón. Es algo tan nuevo. Y además, no había venido aquí a hacerme discípulo, solo había venido a ver a un amigo que es sannyasin.

 

Pero te has quedado enganchado, ¡estás atrapado! Ahora te resultará muy difícil escapar. Siempre es difícil elegir lo nuevo, pero solo viven los que eligen lo nuevo. Elegir lo viejo es elegir la muerte, no la vida. Elegir lo familiar es permanecer en la prisión de lo familiar. Elegir lo conocido es realmente evitar lo desconocido que está llamando a tu puerta. Elegir lo conocido es rechazar a Dios, porque Dios siempre es desconocido; no solo desconocido, sino incognoscible.

Dios es siempre lozano, tan lozano como las gotas de rocío. Dios es siempre absolutamente nuevo, distinto, sin demarcar, sin programar, sin calcular. Dios solo llega como lo desconocido. Y si te asustas, si te echas atrás, entonces tienes que vivir en lo que llamas tu agujero oscuro.

¿Qué es ese pasado tuyo al que te aferras? ¿Qué tiene para que te aferres a él, excepto que te es familiar? Es todo sufrimiento, es todo tragedia. Pero la gente se aferra incluso a los sufrimientos si le son familiares: parecen amistosos. Incluso si la salud está llamando a tu puerta, no escuchas esa llamada; te aferras a tu tuberculosis, a tu cáncer, porque te son familiares; has vivido con ellos durante tanto tiempo que te parece casi una traición abandonarlos y volverte sano.

Ésa es la razón por la que la gente se aferra a las desdichas. Incluso cuando surgen las oportunidades, cuando se pueden desechar las desdichas y puede comenzar la celebración, continúan aferrándose al sufrimiento. Persisten en él, insisten en él. Incluso si cesa, vuelven a agarrarse a él una y otra vez. Si desaparece una desdicha, crean una desdicha similar, inmediatamente. Ni siquiera se dan un pequeño intervalo para que entre la alegría en su ser.

Pero recuerda: solo viven los que eligen lo nuevo. La vida significa estar dispuesto a entrar en lo que no está calculado, lo que no está programado. La vida significa estar dispuesto a escuchar siempre el reto que llega de la fuente desconocida. Es peligroso, pero vivir es peligroso. El lugar más seguro y libre de riesgos del mundo es la tumba; ahí nunca sucede nada.

 

En un pequeño pueblo, en el que vive Mulla Nasruddin, el comité municipal estaba pensando en crear un muro en torno al cementerio. Mulla Nasruddin era también miembro del comité. Se levantó y dijo: «No es necesario.»

Todo el comité se mostró perplejo, porque todos estaban a favor de hacer un muro en torno al cementerio. La gente no quiere ver tumbas y la gente no quiere ver la muerte. La gente no quiere darse cuenta de que existe la muerte. Por eso los cementerios se hacen fuera de la ciudad, lejos. Solo vas allí cuando tienes que ir, de lo contrario es mejor evitarlo.

El pueblo había crecido y el cementerio, que solía estar fuera del poblado, ya no estaba fuera; la población había crecido y se había esparcido. De manera que todo el comité estaba de acuerdo, pero Mulla dijo: «No es necesario.»

Y el presidente preguntó: «¿Por qué dices que no es necesario?»

Él dijo: «Por dos razones. Una: los que están fuera no quieren entrar, así que no necesitan ningún muro que se lo impida. Y dos: los que están dentro no pueden salir. De modo que ¿qué sentido tiene hacer un muro? El muro solo es necesario para impedir salir a los que están dentro o para impedir que entren los que están fuera. Los que están fuera no quieren entrar; solo entran cuando no les queda más remedio. Cuando tienen que ir, cuando tienen que llevarlos cuatro personas, entonces van. Y cuando están dentro no pueden salir; nunca se ha oído de nadie que haya salido. No tiene sentido.»

 

La tumba es el lugar más seguro y libre de riesgos del mundo, porque nada nuevo sucederá allí nunca. Recuérdalo: no te vuelvas una tumba.

Sannyas es nuevo para ti, y no viniste aquí para hacerte sannyasin. ¿Crees que todos los que son sannyasins aquí vinieron para hacerse sannyasins? ¡Les pilló desprevenidos! Antes de que pudieran escapar, capturé sus corazones. Tú también estás atrapado ahora. Si te escapas, escapas bajo tu propio riesgo. Te arrepentirás para siempre y lo sentirás para siempre, porque tuviste una oportunidad de transformarte, una oportunidad de aprender a soltar, una oportunidad de entrar en tu propio ser, de descansar en tu propio ser; una oportunidad de florecer. Pero te asustaste porque es nuevo.

Medita sobre estas líneas de Robert Frost:

 

Dos caminos se bifurcaron en un bosque amarillo,

Y siento no haber podido recorrer los dos.

Y ser un solo viajero. Estuve ahí mucho tiempo.

Y recorrí uno con la mirada todo lo que pude.

Hasta que dobló en la maleza;

Entonces tomé el otro, tan justo como hermoso,

Y tenía quizás el mejor reclamo,

Y porque estaba cubierto de hierba y pedía que lo usaran;

Aunque, en cuanto a eso, el paso del tiempo

Los había desgastado más o menos lo mismo,

 

Y ambos estaban ahí esa mañana

Con hojas que ninguna pisada había desandado.

¡Oh, guardé el primero para otro día!

Sabiendo, sin embargo, cómo un camino induce a seguir en él,

Dudé si llegaría a volver alguna vez.

Estaré diciendo esto con un suspiro

En alguna parte dentro de eras y eras:

Dos caminos se bifurcaron en un bosque, y yo...

Tomé el menos recorrido,

Y eso lo ha cambiado todo.

 

Elige siempre lo nuevo, lo menos recorrido. Elige siempre lo desconocido, lo menos recorrido: «Y eso lo ha cambiado todo.»

La vida solo crece eligiendo los retos. La vida solo crece entrando en las tormentas. La vida solo crece cuando te arriesgas, cuando te aventuras.

Sannyas requiere valentía. El viejo sannyas no era tan peligroso. La gente piensa que mi sannyas es más fácil que la idea vieja, antigua, de sannyas. Están completamente equivocados. El viejo sannyas era muy simple porque esperaba... No solo esperaba, sino que exigía que renunciaras al mundo. Era sencillo. Te ibas a un monasterio, vivías allí..., sin ser perturbado, sin ser distraído por el mundo. La meditación se volvía toda tu vida, sin ninguna distracción. Era una vida monótona. Las palabras «monasterio» y «monotonía» vienen de la misma raíz, así como la palabra «monje». La vida era asentada, monótona, repetitiva, lo mismo, y el mundo quedaba atrás, muy lejos. Era fácil.

Mi sannyas es mucho más complejo. Tienes que vivir en el mercado y, no obstante, vivir como si estuvieras viviendo en un monasterio. Tienes que aceptar todas las distracciones de la vida y, sin embargo, permanecer sin distraerte. Tienes que estar en el mundo y no ser del mundo.

Os he lanzado un gran desafío. El viejo concepto de sannyas no constituía un reto suficiente. Resultaba muy atractivo para los cobardes, para los escapistas: los que estaban hastiados de la vida, los que estaban cansados de la vida, los que eran incapaces de vivir, los que de alguna manera se sentían incompetentes, inferiores. Les resultaba muy atractivo a los inferiores, los que no tenían talento, los que no tenían inteligencia.

Si vas a los Himalayas o a un monasterio y observas a los monjes, te sorprenderás. Hay una cosa que seguro que encontrarás: sus rostros no muestran signos de inteligencia, sus ojos no brillan con ninguna luz del más allá. Parecen insulsos, insípidos, estúpidos, poco inteligentes, incompetentes. Han escapado de la vida.

Es la vida la que te da agudeza, de otro modo tu espada nunca estará afilada. Es la lucha con la vida lo que provoca que todas las fuentes de tu talento salgan a la superficie. Tienes que ser inteligente para sobrevivir. En el monasterio estás protegido por el monasterio, por la secta, por la iglesia. No necesitas hacer ningún esfuerzo para sobrevivir. Te dan comida, te dan vestimentas, y solo tienes que hacer algo de oración, canturrear un poco, y tienes que repetir, como un loro, las palabras de otros. Naturalmente, si uno se vuelve poco inteligente, eso no es de extrañar. Lo extraño sería que alguien se volviera inteligente allí, porque se han evitado todas las oportunidades para la inteligencia..., porque son las mismas oportunidades que son también oportunidades para la distracción.

La distracción es una oportunidad. Puedes distraerte, eso lo tienes que decidir tú, o puedes permanecer sin distraerte; entonces te centrará, te cristalizará.

Mi sannyas es el fenómeno más complicado que ha sucedido nunca en la Tierra, porque no digo que tienes que dejar el mundo. Te digo que vivas en él; date el gusto, ámalo, disfrútalo, profundiza todo lo que puedas para que se agudice tu inteligencia, se provoque tu vida; para que tus energías latentes se vuelvan dinámicas, fluidas. Y sin embargo, mantente centrado en tu ser: un observador desde la colina. Sigue siendo un actor y deja que la vida sea solo una representación en la que estás desempeñando un cierto papel. Pero no te identifiques con el papel. Recuerda continuamente que es un papel. Que eres un carpintero o un médico o un ingeniero o un profesor, marido, esposa, madre, padre, hijo... Todo eso son papeles, y la Tierra es un gran escenario y hay una gran representación en marcha. Dios es su autor y su director, y vosotros sois solo actores, participantes. Cuando cae el telón, vuestros papeles desaparecen. Volverás a ser un ser puro, no serás el papel que habías representado.

Hay que transformar el mundo en una oportunidad para recordarte a ti mismo, para el auto-recuerdo. Por eso sannyas es arduo. Y sé que todo el mundo duda antes de dar el salto. Pero si ha surgido el deseo, si existe el anhelo, no lo mates, porque eso será suicida. Experimenta con ello, explora esta nueva dimensión. Has vivido de una manera; ¿qué sentido tiene seguir repitiéndola una y otra vez? Vive también este nuevo estilo. ¿Quién sabe? Puede que te topes con Dios de esta manera. ¿Quién sabe? Puede que la realización te espere en este camino.

 

 

La última pregunta:

¿Por qué amo, luego odio y luego muestro indiferencia a la misma persona?

 

Tushara, todavía no sabes lo que es el amor. Todavía no sabes que muchas otras cosas se hacen pasar por amor, te engañan..., muchas cosas. Sí, a veces incluso el odio puede tener la máscara del amor; a veces la pura sexualidad se hace pasar por amor. Y tiene que ser así.

Dices: «¿Por qué amo, luego odio y luego muestro indiferencia a la misma persona?»

Todavía no has amado; es solo el apetito sexual en ti. Y lo llamo apetito intencionadamente. Cuando tienes hambre te interesa la comida. El aroma que llega de la cantina Vrindavan te atrae; todo lo demás se vuelve poco importante. Te encuentras yendo hacia Vrindavan. Una vez que has comido, todo el interés en la comida desaparece, y si has comido demasiado, incluso te sientes repelido por la comida. Si has comido demasiado, más de lo necesario, sientes náuseas..., surge en ti una enfermedad. Y cuando estás saciado de comida, puedes pasar cerca de Vrindavan: no hueles los aromas, puedes seguir pensando mil y un pensamientos y puedes permanecer indiferente a la comida.

Tu amor no es más que apetito sexual. Por eso primero te sientes atraído, «muy enamorado». A esa atracción la llamas amor. Igual que la gente dice que adora los helados, así amas a la gente. ¿Pero cuánto tiempo puedes adorar un helado? Puedes comer, pero ¿cuánto?

 

Una vez me hospedé con una familia en Bombay. Eran personas estupendas, pero tenían una extraña idea de cómo servir a un huésped. Como me estaba hospedando allí, invitaron a mucha gente, dieron una fiesta, y entonces los cuatro hermanos empezaron a forzar a cada invitado a comer más y más. De hecho, empezaron a introducir físicamente comida a la fuerza en la boca de la gente, y la gente empezó a decir «¡No!» con cara pasmada y desconcertada. «¿Qué está pasando?» ¡Y eran cuatro personas haciéndoselo a cada invitado!

Pregunté: «¿Qué ocurre? ¿Qué estáis haciendo? ¡Si no quieren comer, dejadles en paz!»

Ellos dijeron: «Pero ésta es nuestra tradición. En nuestra familia, a menos que el invitado empiece a forcejear, tenemos que..., de lo contrario no hemos sido verdaderos anfitriones.»

Y ésta era su idea de ser un verdadero anfitrión: a menos que el invitado empiece a forcejear... Y eso es lo que pasó realmente. Cuando el invitado... ¿Cuánto tiempo vas a aguantar? ¡Hay un límite! El cuerpo no es infinito y el estómago tiene un límite. Y los invitados empezaron a gritar. Y entonces se pusieron muy contentos porque habían sido buenos anfitriones.

 

En primer lugar, piensas que amas, Tushara, pero eso no es amor; solo un apetito físico, un fenómeno corporal, un fenómeno químico; no tiene nada que ver con el amor.

El amor es algo muy diferente. No tiene que ver necesariamente con el sexo. Puede que el sexo forme parte de él, puede que no forme parte de él. Puedes amar a una persona sin ninguna relación sexual. Eso es lo que llamamos amistad. Ha desaparecido del mundo. Ahora la amistad casi ha desaparecido del mundo, porque solo conocemos un tipo de amor, que es sexual. El amor no sexual se ha vuelto inexistente. En realidad, eso es amor. La amistad es un amor más profundo que la relación sexual, porque la amistad da y no pide nada a cambio.

La relación sexual es una explotación mutua: estás explotando el cuerpo de la otra persona y él o ella está explotando tu cuerpo; ambos os estáis utilizando mutuamente. Pero como decir que es puro sexo parece feo, lo llamamos amor. Estaría muy bien que lo llamaseis simple sexo, sería verdad, sincero, y no surgirían problemas, porque entonces sabrías que es un apetito. Estás satisfecho un momento y luego, si la otra persona sigue exigiendo y tú sigues jugando el juego, habrá odio, porque sentirás repulsa. Y tarde o temprano te volverás indiferente, porque has explorado el cuerpo del otro y él ha explorado tu cuerpo: ya no hay nada nuevo, conocéis los territorios. Ahora ya no hay intriga, ya no hay misterio en el que entrar. Has acabado; surge la indiferencia.

Tushara, lo que llamas amor es solo sexo. Llámalo sexo, no lo llames amor. Y será bueno que lo llames sexo porque entonces sabes que es sexo; no hay necesidad de fingir. Si no finges, no se convertirá en odio. Si finges que es amor y no lo es, tarde o temprano verás que se convierte en odio. Si no finges, si lo llamas simplemente sexo, te sentirás agradecido al otro, no odiarás al otro.

Y nunca se volverá indiferencia, siempre te sentirás agradecido.

Pero llamarlo un gran nombre, «amor», crea toda la dificultad. Entonces surge el problema: ¿por qué se convierte en odio? El amor nunca se convierte en odio. El amor sigue convirtiéndose en más y más amor. Al final el amor se convierte en oración, y en Dios.

Pero esto no es amor. Lo primero, mi sugerencia es: llámalo sexo puro y simple. Y no hay nada de malo en el sexo puro y simple; es natural. No hay necesidad de ocultarlo detrás de la hermosa palabra «amor», no hay necesidad de crear una nube de romance en torno a él. Sé simple, sé auténtico, sincero. Si haces esto, la mitad del trabajo está hecho. Entonces un día serás capaz de ver la diferencia. Un día te enamorarás y verás que no es solo una atracción fisiológica, química, sino algo más elevado, algo superior: dos vibraciones que se armonizan, dos espíritus que se sienten juntos, dos seres que se sienten armoniosos.

Mis propias palabras son: si dos cuerpos se sienten atraídos mutuamente, es sexo; si dos mentes se sienten atraídas mutuamente, es amor; si dos almas se sienten atraídas mutuamente, es oración.

Y la oración es la forma más elevada. El sexo es la forma más baja. No consideres lo bajo como alto; de lo contrario permanecerás descaminado.

 

Un hombre y una mujer habían estado saliendo juntos durante algún tiempo y finalmente ella accedió a ir a la cama con él. Mientras iban a su apartamento, pasaron por delante de algunas tiendas ostentosas. La mujer admiró unos zapatos italianos muy caros.

«No te preocupes, nena, te los compraré», dijo él. Entonces ella vio un auténtico vestido parisino.

«No te preocupes, nena, también te lo compraré.» Por último, un abrigo de visón atrajo su atención. «No te preocupes, nena, te compraré el abrigo.»

Por fin llegaron al apartamento, hicieron el amor y, al irse, volvieron a pasar por delante de las tiendas.

«Ahí está el abrigo que me vas a comprar», dijo ella.

«Apártate de ahí», dijo él con brusquedad.

«Oh, y ahí está el vestido.»

«Apártate de ahí», fue de nuevo la respuesta. Por último ella vio los zapatos y los señaló. Él volvió a responder: «Apártate de ahí.»

Ella empezó a llorar y a gemir: «No lo comprendo. Antes de hacer el amor, me prometiste todas esas cosas. Ahora, tan solo dos horas después, estás rompiendo tus promesas.»

«Nena, así son las cosas. Cuando estoy duro soy blando, pero cuando estoy blando soy duro.»

 

Suficiente por hoy.

 

 

Capítulo 9

 

Montado en un milagro

 

Osho, el Maestro Lu-Tsu dijo:

La liberación está en el ojo...

 

El florecimiento de las semillas del cuerpo humano debe concentrarse hacia arriba en el espacio vacío.

 

La inmortalidad está contenida en esto, y también la superación del mundo.

 

La luz no está solo en el cuerpo, ni tampoco está solo fuera del cuerpo. Las montañas y los ríos y la gran tierra están iluminados por el sol y la luna; todo eso es esta luz. Por tanto, no está solo dentro del cuerpo. El entendimiento y la claridad, la percepción y la iluminación, y todos los movimientos del espíritu, son asimismo esta luz; por tanto, no es solo algo fuera del cuerpo. La flor de la luz del cielo y de la tierra llena todos los mil espacios. Pero también la flor de la luz del cuerpo individual atraviesa el cielo y cubre la tierra. Por tanto, en cuanto circula la luz, el cielo y la tierra, las montañas y los ríos, todos circulan con ella al mismo tiempo. Concentrar la flor de la semilla del cuerpo humano sobre los ojos: ésa es la gran llave del cuerpo humano. ¡Niños, prestad atención! Si durante un día no practicáis la meditación, esta luz sale a raudales, ¿quién sabe adónde? Si solo meditas un cuarto de hora, con ello puedes deshacerte de los diez mil eones y mil nacimientos. Todos los métodos acaban en la quietud. Esta maravillosa magia no se puede sondear.

 

Pero cuando se ha comenzado la práctica, hay que ser constante, desde lo obvio a lo profundo, desde lo burdo a lo sutil. Todo depende de que no haya interrupción. El principio y el fin de la práctica deben ser uno. En medio hay momentos más frescos y más cálidos; de más está decirlo. Pero el objetivo debe ser alcanzar la inmensidad del cielo y las profundidades del mar, para que todos los métodos parezcan bastante fáciles y se den por descontado. Solo entonces hemos adquirido maestría sobre ello.

 

 

Montado en un milagro

 

Según una antigua fábula, cuando Dios estaba creando el mundo se le acercaron cuatro ángeles con interrogantes. «¿Cómo lo estás haciendo?», preguntó el primero. El segundo cuestionó: «¿Por qué?» El tercero dijo: «¿Me lo darás cuando termines?» El cuarto dijo: «¿Puedo ayudarte?»

 

La primera era la pregunta del científico; la segunda, la del filósofo; la tercera, la del político, y la cuarta era la pregunta de la persona religiosa.

La indagación científica de la existencia es la de la observación desapegada. El científico tiene que ser objetivo. Para ser objetivo tiene que permanecer sin involucrarse; no puede participar, porque en cuanto se convierte en un participante se involucra. Por eso, el científico sólo conoce la circunferencia externa de la vida y la existencia. El núcleo central permanece inaccesible a la ciencia; su misma metodología se lo prohíbe.

El filósofo sólo especula, nunca experimenta. Continúa preguntando hasta lo infinito: «¿Por qué?» Y la pregunta es tal que no importa cuál sea la respuesta; se puede preguntar de nuevo: «¿Por qué?» Con la filosofía no existe ninguna posibilidad de conclusión. La filosofía permanece en un estado de no conclusión. Es una actividad fútil, no conduce a ninguna parte.

El político simplemente quiere poseer el mundo, ser su dueño. Es el más peligroso de todos porque es el más violento. Su interés en la vida no radica en la vida misma, sino en su propio poder. Está hambriento de poder, loco por el poder; es un maníaco, es destructivo. En el momento en que posees algo vivo, lo matas, porque en cuanto algo se convierte en una propiedad ya no está vivo. Posees un árbol y ya no está vivo. Posees a una mujer o a un hombre y los has matado. Posees cualquier cosa y el resultado es la muerte, porque solo lo muerto puede poseerse.

La vida es libertad: permanece básicamente libre. No puedes poseerla, no puedes ingresarla en el banco, no puedes trazar una línea a su alrededor. No puedes decir: «Esto es mío»; decir eso es irrespetuoso, decir eso es egoísta, decir eso es una locura.

La vida nos posee. ¿Cómo vas a poseerla? Tenemos que ser poseídos por la vida, más y más. Toda la gestalt tiene que cambiar: de ser posesivo hay que volverse capaz de ser poseído por la totalidad.

El político nunca llega a conocer la verdad de la vida.

La persona religiosa participa. Baila con la vida, canta con la existencia, ayuda a la vida, está rodeada por la existencia y no es desapegada y distante. No hace realmente ninguna pregunta, no persigue el conocimiento; todo su esfuerzo es para estar en armonía con la existencia, para ser totalmente uno con ella. De ahí la palabra oriental para la experiencia suprema: samadhi.

Procede de dos palabras. Sam: sam significa «junto con». La misma raíz está en simpatía, en sinfonía. Y un poco cambiada en síntesis y sincronía. Sam significa «junto con». Adhi significa «el señor, Dios». Samadhi significa «unión con Dios», «ser uno con Dios». Y ése es exactamente el significado de la palabra religión. Significa volverse uno con la existencia; no estar dividido, no permanecer separado, sino hacerse uno. Y solo en esta unidad se llega a saber, a ver, a experimentar y a ser.

La religión es también un gran experimento, el más grande, de hecho; pero con una diferencia: la ciencia experimenta con el objeto, la religión experimenta con el sujeto mismo. Todo su interés es: «¿Quién soy?»

Habría que empezar por el principio. A menos que me conozca a mí mismo, no conoceré ninguna otra cosa. Si en el fondo permanezco ignorante, entonces todo mi conocimiento es solo basura. Está basado en la ignorancia, está enraizado en la ignorancia. Primero la luz tiene que suceder dentro de mí y entonces se puede esparcir, entonces puede ir hasta los mismos límites de la existencia..., si es que hay límites. Pero primero esto tiene que suceder dentro de mí. La primera llama tiene que venir de mi subjetividad. Cuando mi centro esté lleno de luz, solo entonces conocerá realmente lo que se conoce. A menos que te conozcas a ti mismo, a menos que esté presente el que conoce, ¿cómo vas a saber nada más? Si tú mismo estás en una profunda oscuridad, todas las luces que has creado fuera son engaños, ilusiones.

La búsqueda religiosa es la mayor búsqueda de la existencia. Hay que comprender algunas cosas acerca de esta búsqueda.

Lo primero: la religión no puede andar a gatas; tiene que bailar o morir. Y eso es lo que no está sucediendo en el mundo: la religión no está bailando, por eso ha muerto. La religión está gateando y reptando; se ha olvidado de volar. La religión se ha convertido en dogma. El dogma es muerte, es un cadáver. Para fluir y estar viva y volar, la religión tiene que existir como un experimento, no como una teoría; no como teología, sino como meditación: no como una filosofía acerca de Dios, sino como una experiencia personal de Dios. Y tenlo muy claro: saber algo acerca de Dios no es conocer a Dios. Puedes ir sabiendo más y más acerca de algo, pero nunca conocerás a Dios. Saber acerca de algo es dar más y más vueltas sin penetrar en el centro mismo de ello.

La religión no puede andar a gatas, y la religión está andando a gatas. El cristianismo, el hinduismo, el islam..., todas están andando a gatas. Todas se han vuelto apologéticas. Todas le tienen miedo al desarrollo científico en el mundo. Han estado luchando contra la ciencia. Han intentado todo lo que han podido para evitar el desarrollo científico, pero han fracasado. Ahora tratan de obtener todo el apoyo de la ciencia, todo lo que puedan conseguir, pero saben muy bien que se han vuelto secundarias. Solo pueden existir si la ciencia las apoya. Solo pueden existir si el argumento científico se convierte en un sostén. Esto es rastrero. La religión ya no está en su propio terreno, sobre sus propios pies; necesita el apoyo de la ciencia. Está viviendo una existencia prestada, una vida prestada. Su tiempo ha pasado.

¿Por qué ha sucedido esto? En cuanto la religión se convierte en dogma y ya no es experiencia, muere automáticamente. Y un cadáver no puede sostenerse por sí mismo, necesita un soporte. Todas las iglesias y los templos están apoyados, no se sostienen por sí mismos.

Cuando hay un buda se sostiene por sí mismo. Cuando hay un cristo se sostiene por sí mismo. Entonces la religión baila, canta una canción. Entonces está viva, florece: hay mil y una flores, y se libera una gran fragancia.

Mi esfuerzo aquí es para hacer que la religión vuelva a bailar. No hay necesidad de ningún soporte, porque la religión misma es la experiencia auténtica más grande; otros deberían buscar el apoyo de la religión, no la religión el de otros. Si la religión empieza a bailar, la ciencia necesitará su apoyo, porque la ciencia misma está perdiendo terreno. Se está volviendo cada día más fea. Se está volviendo cada día más negativa en su actitud hacia la vida. Se está volviendo cada día más política. Todo lo que descubre la ciencia lo posee el político. Y todo lo que descubre la ciencia sirve a la muerte; ya no sirve a la vida. El noventa por ciento de los logros científicos se encaminan a la guerra. La ciencia está perdiendo su prestigio. A menos que la religión empiece a bailar, ni siquiera la ciencia tendrá ya ningún futuro. La ciencia necesitará algo de energía de la religión para apoyarse. Y si la religión puede volver a estar viva y la ciencia se vuelve una parte, una sombra de la religión, solo entonces puede liberarse de los políticos y su locura; de otro modo parece imposible.

El hombre se está aproximando más y más a la destrucción final de la Tierra. Solo una liberación de energía religiosa puede salvarle, puede salvar a la humanidad. Lo que estamos haciendo aquí puede parecer un experimento muy pequeño, pero su potencial es infinito. El futuro de la humanidad depende de una sola cosa: de si la religión puede volver a guiar al hombre, si la religión puede volverse de nuevo la influencia central del hombre, si la religión puede volver a ser el sueño de la humanidad.

Y recuerda: es un sueño muy difícil..., casi imposible. Soñar con estar con Dios, soñar con estar en Dios, está abocado a ser algo así como un sueño imposible. El hombre ha perdido el ánimo. Ahora sus sueños son diminutos, sus sueños son muy mundanos; ya no sueña con lo transcendental. Y recuerda: si dejas de soñar con lo transcendental, vivirás una vida sin sentido.

El sentido sólo surge en contacto con lo transcendental. El sentido sólo surge cuando formas parte de un todo mayor, cuando formas parte de algo más elevado que tú, algo más grande que tú. Cuando el hombre trata de transcenderse a sí mismo, entonces hay religión. Y eso es lo que llamo la danza de la religión: el hombre tratando de transcenderse a sí mismo. Ningún otro animal puede hacerlo, ningún otro animal es capaz de ello; solo el hombre tiene el potencial y la posibilidad de transcenderse a sí mismo. Unos pocos hombres se han transcendido a sí mismos; unos pocos hombres han llegado a la otra orilla.

Y cuando os hablo, os estoy hablando desde la otra orilla. Por eso no lo digo desde conocimientos prestados, lo digo desde mi propia experiencia. Sé que lo imposible puede volverse posible. Se ha vuelto posible en mí, puede volverse posible en ti. Cuando tu ser interno se llena de luz, cuando no conoces ninguna oscuridad dentro de ti, entonces eres religioso.

Sueña el sueño imposible. Al principio puede parecer casi absurdo. Lo parece. Pero si es lo suficientemente fuerte, transforma tu realidad.

He oído que...

 

Una vez crecieron tres árboles en la ladera de una colina, y mientras se cimbreaban con la brisa soñaban lo que les gustaría ser.

«Me gustaría que me cortaran un día», dijo el primer árbol, «y me convirtieran en la cuna de un bebé».

«Me gustaría ser cortado un día», dijo el segundo, «y convertirme en un gran barco surcando los mares, llevando tesoros y piedras preciosas».

Y el tercero dijo: «Me gustaría estar en la cima de una colina y señalar el cielo a la gente.»

Un día pasaron por allí los leñadores y cortaron el primer árbol. «Quiero ser la cuna de un bebé.» Pero lo convirtieron en un pesebre, y cuando nació el niño Jesús lo pusieron con cuidado en el pesebre porque no había ningún otro sitio en el que ponerlo. Y el árbol dijo: «Esto es muchísimo más maravilloso que lo que nunca soñé.»

Los leñadores dijeron sobre el segundo árbol: «Vamos a convertir este árbol en una barca de pesca.»

Pero el árbol dijo: «¡No! No quiero ser una barca de pesca; quiero ser un gran barco que lleve tesoros y piedras preciosas.» Pero convirtieron al árbol en una barca de pesca y la pusieron en un lago, y un pescador llamado Simón Pedro compró la barca, y Jesús navegó en la barca e impartió sus enseñanzas desde ella. Y el árbol dijo: «Esto es muchísimo más maravilloso que lo que nunca soñé.»

Y del tercer árbol dijeron: «Hagamos una cruz con él.» Pero el árbol dijo: «No quiero ser una cruz..., una cosa vergonzosa en la que muere la gente. Quiero estar en la cima de una colina y señalar el cielo a la gente.» Pero hicieron con él una cruz y Jesús fue clavado en esa cruz. Y a lo largo de los tiempos la gente ha mirado esa cruz y les ha apuntado hacia Dios.

 

Incluso si los árboles sueñan algo, se convierten en ello, así que ¿qué decir del hombre?

El hombre tiene el mayor potencial de la Tierra, de la existencia. Si te falta algo, eso significa que te falta un gran sueño de transcenderte a ti mismo. Te has quedado satisfecho con lo mundano. Has empezado a andar a gatas por la tierra, a reptar por la tierra. No miras hacia arriba. Hay un gran más allá que te llama. Hay un gran más allá que te reta. Y el único hombre que es verdaderamente un hombre es el que acepta el reto del más allá. Todos los demás son solo hombres en el nombre, en la forma, pero no son realmente hombres.

Sé un hombre: acepta el reto de lo desconocido, del más allá. Deja que se convierta en un gran sueño en tu ser. Lo que pareces ser es tan solo una semilla y la semilla tiene que caer a la tierra y tiene que morir, y tiene que convertirse en un árbol y tiene que florecer.

Si cortas la semilla, no encontrarás flores en ella. Ahí es donde la ciencia se está perdiendo: sigue cortando la semilla. Dice: «¿Dices que esta semilla traerá un gran florecimiento? Cortaremos y diseccionaremos la semilla, y veremos.» Y cortan y diseccionan la semilla..., pero no encuentran ninguna flor, así que dicen que no existe la flor. Así es como han llegado a la conclusión de que no hay ningún Dios en la existencia, de que no existe el alma, de que no existe el más allá, de que la vida es solo un accidente y que la vida no tiene ningún destino.

 

Hay un dicho famoso del maestro Zen Ikkyu.

«Si cortas y abres el cerezo, ¿dónde están las flores? Pero en primavera, ¡cómo florecen!»

 

Espera a que llegue la primavera. Si quieres ver, entonces espera a que llegue la primavera; y entonces encontrarás un Buda, no un hombre, y encontrarás un Jesús, no un hombre, y encontrarás un Krishna, no un hombre. Entonces encontrarás la flor, y la semilla ya no se encuentra allí; la semilla ha desaparecido, ha cumplido su función. Estaba protegiendo algo de inmenso valor; estaba llevando un cianotipo. Ahora ya no es necesaria; se ha encontrado la tierra, ha llegado la primavera, y la semilla tuvo la valentía suficiente para morir.

El ego del hombre no es más que una semilla. Es muy protector. La gente me pregunta: «Si el ego es una barrera tal para llegar a Dios, entonces ¿por qué existe el ego para empezar? Si la mente es una barrera tal para llegar a Dios, entonces ¿por qué existe la mente en definitiva?» Existe para protegerte, igual que la cáscara dura de la simiente existe para proteger el potencial. El potencial es muy blando; será destruido si no tiene alrededor la cáscara dura. La cáscara dura no es el enemigo. La cáscara dura será el enemigo sólo si ha llegado la primavera y se ha encontrado la tierra y la semilla rechaza la muerte. Si la cáscara dura dice: «Ahora seguiré protegiéndote, incluso contra la primavera. Te protegeré contra esta tierra», entonces va a haber dificultades. Ahí es donde surge el problema.

El ego en sí no es un problema. El niño lo necesita; de lo contrario, el niño estaría muy indefenso. No sabrá sobrevivir en este mundo de lucha. No sabrá protegerse a sí mismo contra tantos peligros. Es tan blando, tan tierno, que morirá antes de convertirse en un buda. El ego le ayuda. El ego es una especie de coraza, lo mismo que la mente: le protege.

No es tu enemigo. Solo es el enemigo cuando ha llegado el momento y estás listo para entrar en la meditación; has encontrado un maestro, has encontrado un método y estás listo, pero la mente dice: «No, no puedo morir. Piensa en todas las bendiciones que he derramado sobre ti. Piensa en todos los beneficios que te he dado. ¡Piensa en todo lo que he hecho por ti y muéstrate agradecido! Y no intentes destruirme.» Entonces surge el problema: entonces el protector se vuelve destructivo. Entonces tienes que luchar contra tu propia mente, tienes que luchar contra tu propio ego, tienes que luchar contra tu propia coraza, porque la coraza ya no es necesaria. Tienes que liberar tu potencial interno: ha llegado la primavera. De modo que cuando llega la primavera, solo entonces es un problema; de otro modo no es un problema, es una ayuda. Lo que ayuda puede convertirse en un obstáculo. Cuando ya ha pasado su tiempo, tiene que irse.

Sueña lo imposible: sueña con transcenderte a ti mismo, sueña con el nirvana, sueña con moksha, sueña con el reino de Dios. Solo entonces empezarás a trabajar y a avanzar hacia ello, y solo entonces, con ese sueño, tendrán tus pies la cualidad de la danza.

Sin el sueño, te volverás insulso. Ésa es la razón por la que la gente va arrastrándose. ¿Cómo van a bailar? ¿Para qué? ¿Solo para ir todos los días a la oficina y trabajar, y volver a casa y discutir con tu mujer y oír todas las quejas de tus hijos? Y al día siguiente comienza de nuevo la misma rutina..., año tras año. ¿Hay algún motivo en ello para bailar? De hecho, es un milagro que el hombre siga viviendo, que no se suicide. ¿Para qué vive?

No hay nada que le esté esperando, no tiene nada a lo que aspirar. No hay ninguna estrella por la noche; solo hay oscuridad. Es un milagro que el hombre siga vivo, que se las arregle. Las personas que se suicidan parecen más lógicas. Las personas que siguen viviendo parecen muy ilógicas. Desgraciadas, aburridas, arrastrándose..., pero siguen viviendo. Pero eso demuestra algo. Demuestra una cosa: que tu ser más íntimo sabe que existe la posibilidad; cualquier día puede que tomes conciencia del potencial, de lo que es posible; cualquier día el sueño te poseerá... y entonces habrá sentido y habrá danza.

«La religión es arte», dijo William Blake. «La religión es arte, no dinero.» Ésta es una afirmación muy significativa. Y solo un hombre como William Blake pudo haberla hecho. Es un poeta místico.

¿Qué es el arte? «El arte es una manera», dice, «de hacer algo»: pintura, poesía, danza, escultura, música, cerámica, tejer. «El arte es una manera de hacer algo»... No dice nada acerca de crearse a uno mismo. Pero es exactamente lo que es la religión. No es pintura, no es poesía, no es escultura, no es música, sino que es algo por el estilo, pero va más allá: crearse a uno mismo. La religión es también una manera de hacer algo: vivir, amar, ver, ser.

Todo arte es «hacer». Es ayudar a Dios a crear Por eso llamo religioso al hombre que le dijo a Dios: «¿Puedo ayudarte?» Si quieres conocer al creador tendrás que convertirte tú mismo en creador en cierta medida. Puede que la poesía no sea exactamente religión, pero apunta en la dirección correcta. Cuando un poeta está realmente en un estado creativo, conoce algo de la religión, una remota música, distante, porque cuando está en un estado creativo ya no es él mismo. Participa, aunque en una medida muy pequeña, pero participa de Dios: una gota de divinidad entra en él. Por eso los grandes poetas han dicho siempre: «Cuando escribimos poesía, no somos sus creadores. Somos poseídos. Alguna extraña energía entra, canta, baila en nosotros. No sabemos lo que es.» Cuando un pintor está perdido en su pintura, cuando está absolutamente perdido en su pintura, su ego desaparee. Quizá solo unos momentos, pero en esos momentos sin ego Dios pinta a través de él.

Si participas de Dios, Dios participa de ti. El arte es una forma inconsciente de religión. La religión es arte consciente. El arte es como ser religioso en un sueño, pero apunta en la dirección apropiada. El artista es el más próximo al religioso. Pero no se entiende así. No consideras religioso a un poeta o a un pintor; por el contrario, si alguien ayuna, tortura su cuerpo, hace que su ser sea feo, empiezas a pensar que él es religioso. Simplemente está siendo violento consigo mismo. Es simplemente suicida, es neurótico, y piensas que es religioso.

Los neuróticos se vuelven mahatmas: son respetados y venerados como santos; no son religiosos en absoluto. No hay mucha diferencia entre lo que llamáis un santo y un asesino. El asesino mata a otra persona y el que llamáis santo se mata a sí mismo. Pero ambos hacen lo mismo: ambos son violentos, ambos son destructivos. Y cuando eres destructivo estás lo más lejos de Dios, porque Dios es creatividad. Para mí, la estética es el vecino más próximo de lo religioso, no la ética.

Se cuenta que Lenin dijo: «La ética será la estética del futuro.» Yo digo que no, que es justo al contrario: la estética será la ética del futuro. La belleza va a ser la verdad del futuro, porque la belleza se puede crear. Y una persona bella que ama la belleza, que vive la belleza, que crea belleza, es moral... y sin esfuerzo. Su moralidad no es una moralidad cultivada; es simplemente su sentido estético lo que la hace moral. No puede matar, porque no puede pensar que matar sea bello. No puede engañar, no puede ser deshonesta, porque todas esas cosas hacen que se sienta fea. Su criterio es la belleza. Y estoy de acuerdo con William Blake en que la religión es arte.

Todo arte es hacer. Todo hacer requiere un tipo de fe. Ves lo que no existe y trabajas de tal manera que lo que era invisible, intangible, inaudible, toma forma en el tiempo y el espacio. Lo producido será apreciable con los sentidos: una pintura, un poema o un jardín. Sin embargo, el arte no debe ser confundido con el objeto que produce. Es una bella distinción que hay que recordar. Te ayudará inmensamente a entender la religión.

El arte no es una pintura o una escultura. Lo que compran y venden los marchantes de arte son obras de arte, no el arte mismo. Las obras de arte son una forma de propiedad. De igual manera que el arte no es lo mismo que las obras de arte, así la religión no debe confundirse con los objetos y efectos que produce, como los dogmas, las doctrinas, las Biblias, los Coranes, los Gitas, las iglesias, los templos y las catedrales. Eso son obras de arte. Puedes llamarlas obras de arte de la religión, pero no se debería confundir la religión con ellas.

Una iglesia es una iglesia. Puede que sea bella, pero no es la religión en sí misma. Es un derivado, una secuela. El Corán es un bello poema..., pero como obra de arte, como derivado. Sucedió algo en el corazón de Mahoma: eso es religión, pero eso permanece invisible. Como algo se avivó en su alma, empezó a cantar, inició una expresión alocada. Eso es exactamente lo que pensó cuando, por vez primera, solo en las montañas, empezó a sentir la presencia de Dios. Se asustó, se atemorizó tanto que pensó que o se había vuelto loco o se había vuelto poeta.

Corrió a casa. Estaba en un estado febril, temblando. Su mujer pensó que de pronto tenía muchísima fiebre. Le preguntó: «¿Qué te ha sucedido?» Y él dijo: «O me he vuelto loco o me he vuelto poeta. Me está sucediendo algo tremendamente grande y no sé lo que es o de dónde viene. Y no me lo merezco..., no puedo creer lo que ven mis propios ojos, y no puedo creer lo que siente mi propio corazón..., lo que estoy sintiendo. Es tan inmensamente bello, tan grande, tan enorme, que soy incapaz de concebirlo.» Eso es religión.

Varios días con fiebre y Mahoma se calmó y se asentó en su nuevo estado, su éxtasis, su samadhi. Y entonces comenzó el flujo: nació el bello Corán. Pero el Corán es un derivado, igual que el Gita, igual que el Dhammapada. Recuerda siempre que ninguna escritura contiene la religión; no puede contenerla. Todas las escrituras son secuelas de la religión: sombras, huellas dejadas en las riberas del tiempo. Pero una huella es una huella.

Si Buda camina por una playa, naturalmente dejará huellas, pero esas huellas no son el mismo Buda. Esas huellas son hermosas porque pertenecen a Buda; inclínate ante ellas, pero no lo olvides: son solo derivados, y tienes que ser un buda, no un venerador de una huella.

Las obras de arte son una forma de propiedad, por eso se pueden vender y comprar; pero no se puede vender el arte y no se puede comprar el arte. Si le pides a Pablo Picasso que te venda su arte, será imposible. Puede que estés dispuesto a pagar cualquier precio fantástico por ello, pero no puede venderlo. Puede vender sus cuadros, pero no puede vender su arte. No hay manera de venderlo, porque no es una cosa. Siempre es algo invisible. Solo los efectos se hacen visibles.

Dios permanece invisible; solo se hace visible en el mundo. Tú eres invisible; solo el cuerpo es visible. Por eso dice Blake que la religión no es dinero. Tiene razón. Quiere decir que la religión no es una propiedad. La religión no es así, la religión es como el amor: no puedes comprarla, venderla o guardarla en un banco. No puedes poseerla; por el contrario, ella te posee a ti.

La obra de arte puede poseerse; es una propiedad, está muerta. Puedes aprender el Corán y el Gita y la Biblia, pero no puedes aprender la religión. Tienes que vivirla; no hay manera de aprenderla. Tienes que ser poseído por Dios, tienes que volverte disponible a Dios. Tienes que abrir tu ser. Tienes que retirarte, tienes que vaciarte para que pueda entrar Dios y poseerte totalmente. En esa misma posesión, has transcendido la humanidad. Ya no eres un ser humano; eres un dios..., un cristo, un buda.

Estos sutras son el secreto para ayudarte a sacar a la luz este estado búdico que llevas en ti como un cianotipo, que llevas en ti en forma de semilla; para ayudarle a florecer, para ayudarle a convertirse en un gran árbol con mucho follaje y muchas flores.

Los sutras.

 

El Maestro Lu-Tsu dijo:

La liberación está en el ojo...

 

Este potencial del que te he estado hablando, este estado búdico, esta conciencia crística o conciencia krishnica, o como quieras llamarlo, está en el tercer ojo. Justo entre los dos ojos físicos hay un espacio vacío, y ese espacio vacío es la semilla de que seas un dios. A menos que empiece a funcionar el tercer ojo, tu potencial no se realizará.

Por eso.

 

El Maestro Lu-Tsu dijo:

La liberación está en el ojo...

 

Liberarse significa nirvana, moshka, liberación, libertad. Liberarse significa la iluminación. Si tu tercer ojo puede empezar a funcionar..., que está durmiente, sin funcionar, tu energía no ha llegado hasta él... Es un mecanismo; perfecto, pero sin que le llegue nada de energía. Tu energía está fluyendo hacia abajo, a tu sexualidad, a tu ira, a tus asuntos mundanos; tu energía está yendo hacia abajo y hacia afuera. No tienes suficiente energía para llevarla al centro del tercer ojo. A menos que tengas energía abundante, no llegará al tercer ojo.

Tienes que convertirte en un gran depósito de energía. Y cuando te vuelves un depósito y no se malgasta la energía, su nivel empieza a ascender más y más cada día; y un día llega al tercer ojo. Y en el momento en que la energía toca el tercer ojo, inmediatamente, instantáneamente, empieza a funcionar. Y entonces sabes, y entonces ves por vez primera. Entonces tienes la visión de la vida: lo que es. Y solo a través del tercer ojo serás capaz de conocer a Dios, la realidad, lo que es.

A través de los dos ojos físicos conoces el mundo. Y como los ojos son dos, tu mundo está dividido: es dual. Tus dos ojos hacen que el mundo esté dividido. El mundo en sí no está dividido, pero tu manera de verlo lo divide. Es como un rayo que atraviesa un prisma. El rayo es uno; en el momento en que pasa por el prisma, se vuelve siete, se divide en siete colores. Así es como se crea el arco iris: rayos de sol que pasan por gotas de agua suspendidas en las nubes. Esas gotas suspendidas funcionan como prismas, y los rayos de sol que pasan por ellas se dividen inmediatamente en siete colores.

Tu energía pasa por tus dos ojos y el mundo entero se vuelve dual. Entonces ves el día y la noche como opuestos, la vida y la muerte como opuestas, el amor y el odio como opuestos, la materia y la consciencia como opuestas. Tus dos ojos hacen que todas las cosas sean duales y polares, y debido a estos dos ojos no puedes ver la unidad de la existencia. A menos que tus dos ojos se vuelvan un ojo, nunca conocerás lo indivisible, lo universal.

El libro El secreto de la Flor Dorada dice; la energía que va hacia fuera se vuelve dual; si la traes de vuelta vuelve a ser una: pierde la dualidad, se vuelve no-dual. Cuando la energía retrocede desde los dos ojos, empieza a caer en la fuente original.

Si mezclas los siete colores del arco iris en uno, se vuelve blanco, se vuelve un color. El método es el mismo. La energía que va hacia fuera pasa por los dos ojos y toda la existencia se vuelve dual. La energía que retrocede pasa por los dos ojos y entra en uno, el tercer ojo, que está justo entre los dos, y de pronto todo es uno. Esto es el samadhi: eres uno con Dios.

 

La liberación está en el ojo...

 

El florecimiento de las semillas del cuerpo humano debe concentrarse hacia arriba en el espacio vacío.

 

Ahora mismo es un espacio vacío. Pero una vez que la energía empieza a ir hacia dentro, se vuelve llena de luz.

 

La inmortalidad está contenida en esto, y también la superación del mundo.

 

Y en el momento en que has llegado a ese punto en tu ser —Jesús dice: «Cuando tus dos ojos se vuelven uno, has entrado en el reino de Dios»— conoces la inmortalidad, porque ahora sabes que la vida y la muerte no son opuestas, sino dos alas del mismo pájaro. La muerte no destruye la vida, sino que la ayuda a renovarse otra vez. La muerte no es la enemiga, sino la amiga. Simplemente ayuda a la vida a cambiar sus vestimentas, porque se han descompuesto; se han usado y ya no pueden usarse más. Simplemente te ayuda a cambiar de casa, no te pone fin. Solo te ofrece un nuevo comienzo, un nuevo arrendamiento de energía.

Entonces la oscuridad y la luz no son dos cosas. Entonces los opuestos desapareen y se vuelven complementarios. Entonces toda la existencia se vuelve una danza entre la energía masculina y la energía femenina; entonces es una danza orgásmica. Entonces las dos son una, encontrándose, fundiéndose la una en la otra: el conflicto desaparece. Y cuando ves toda la existencia sin ningún conflicto, ciertamente surge una gran alegría: no hay muerte. La muerte solo se ve desde fuera. Ves que otra persona se muere, nunca te has visto morir a ti mismo. Nadie se ha visto nunca morir a sí mismo.

Cuando le dieron veneno a Sócrates, estaba encantado. Sus discípulos estaban llorando y gimiendo, y él dijo: «No lloréis. Pronto me habré ido, y entonces podéis llorar todo lo que queráis. Ahora mismo, ved este gran experimento que me está sucediendo. Me intriga mucho la idea de la muerte: si voy a morir realmente o no. ¡No perdáis esta oportunidad! Sentaos a mi alrededor y observad.»

Un maestro enseña con su vida y también enseña con su muerte. Un maestro usa todas las oportunidades; usará incluso su propia muerte para enseñar a sus discípulos.

Como gritó y estaba muy enfadado y dijo: «¡Dejad de llorar y de gemir y acercaos! ¡No os perdáis esta oportunidad!», los discípulos miraron. Y Sócrates dijo: «Esperad. Me han dado el veneno. Ahora os diré lo que me está sucediendo por dentro, para que podáis tomar conciencia de algo que no podéis ver.» Y luego dijo: «Hasta las rodillas, tengo las piernas muertas. Pero en lo que a mí concierne, estoy intacto y estoy tan entero como antes.»

Luego dijo: «Tengo las piernas completamente muertas, no siento nada de la cintura para abajo.» Le pidió a un discípulo que le tocara los pies, que los pellizcara, pero no sintió nada. Dijo: «No las siento, de modo que tengo muerta la mitad del cuerpo, pero estoy tan entero como siempre. No tengo la sensación interna de estar medio muerto, medio vivo; ¡estoy tan vivo como siempre! La mitad de mi cuerpo se ha ido, pero mi ser no está afectado por ello.»

Y poco a poco se le murieron las manos, y se le empezó a hundir el pecho. Y entonces dijo lo que fueron sus últimas palabras: «Mi lengua ya no podrá decir más palabras. Se me está entumeciendo. Pero lo último que os quiero decir es esto: que aunque casi el noventa por ciento de mi cuerpo está muerto, estoy cien por cien vivo. Si es una indicación de algo, muestra que incluso cuando el cuerpo esté cien por cien muerto, yo estaré vivo, porque he visto cómo se iba el noventa por ciento de mi cuerpo, pero estoy tan entero como antes. De modo que diez por ciento más se irá... No podéis ver lo que está sucediendo dentro de mí, pero yo lo veo.»

Sócrates no es un filósofo corriente como los demás filósofos griegos. Incluso sus propios discípulos, Platón, Aristóteles... De hecho, Aristóteles no es un discípulo, sino un enemigo. No comprende a Sócrates en modo alguno, y lo que propone está absolutamente en contra de Sócrates.

Sócrates es un místico. Su filosofía es tan solo un método para inquirir... y para inquirir muy profundamente. No dejará ni la muerte; inquirió en la muerte. Fue fiel a su método de inquirir hasta el último momento mismo.

La muerte solo se ve desde fuera; ves que se muere otra gente. Pero estar vivo es diferente: puedes verlo desde dentro. Estar vivo es sentir dolor y placer, amar y tener miedo. Estar vivo es ser capaz de crear; pensar en algo que no existe y hacer que suceda. Por eso solo la persona creativa conoce la forma más elevada de la vida, porque cuando creas estás en el punto óptimo de tu energía. Cuando creas formas parte de Dios. Cómo puede hacerse es un misterio. Cómo podemos existir es un misterio. Todo efecto debe tener una causa. Eso es lo que llamamos la ley de la causalidad, eso es lo que nos enseñan; pero no puedo ver ninguna causa para el efecto que soy.

Me despierto montado en un milagro. Mi razón me sirve bien, pero con el misterio de mi ser, fracasa. Mi razón misma es una herramienta de este misterio, por eso no puedo conocerlo.

Tienes que mirar dentro. Primero, para ver lo que es la vida tienes que sentirla desde dentro. Y la mejor manera de sentir tu vida es ser creativo, porque entonces estás en tu punto máximo. Normalmente, la gente vive al mínimo, y todo lo que la gente sigue haciendo lo puede hacer al mínimo, porque esas cosas son solo hábitos; esas cosas son simplemente rutinas que ha aprendido tu cuerpo. Han sido transferidas de tu consciencia a la parte robótica de tu cuerpo, que sigue funcionando por sí misma. Por ejemplo, cuando aprendes a conducir: al principio, cuando estás aprendiendo, estás muy despierto, muy atento, porque hay peligro. Tienes que estar alerta: no sabes lo que va a suceder. Tienes que permanecer consciente de muchas cosas. El volante, la carretera, el embrague, las marchas, el acelerador, el freno..., tantas cosas de las que estar consciente y alerta..., y el tráfico y la gente que pasa, y los coches que pasan. Pero una vez que has aprendido, tus conocimientos se transfieren a la parte robótica de tu cuerpo. Entonces no necesitas preocuparte; puedes hablar con tu amigo, puedes cantar una canción, puedes fumar, pues oír la radio, y tu cuerpo sigue conduciendo. No necesitas estar alerta; solo en situaciones excepcionales. Si va a haber un accidente, despertarás por un momento, porque el peligro es tan grande y el peligro es tan desconocido que la parte robótica no puede hacerle frente; no ha sucedido antes, es nuevo.

De ordinario la vida se convierte en una rutina mecánica, y empiezas a vivir al mínimo. Nunca te activas al máximo. En la creatividad, te activas. Y ése va a ser uno de mis mensajes a mis sannyasins: sé creativo, porque ser creativo es una veneración, ser creativo es una oración, ser creativo es una meditación y ser creativo es estar cerca de Dios. No hay necesidad de ir a la Kaaba, porque Dios está aquí tanto como en la Kaaba. No hay necesidad de ir a los Himalayas, porque Dios está en todas partes, igualmente accesible..., pero accesible solo a los que viven al máximo, cuya llama no es una llama insulsa; los que ponen toda su energía en ello. Y eso solo sucede con la creatividad.

De manera que, para mí, la definición de un sannyasin no es la definición del viejo tipo de santos, sentados aburridamente y sin vida. La definición de un sannyasin es ser creativo. Baila, canta, crea música, pinta, esculpe, o lo que tengas ganas de hacer. Descubre qué te procura tu alegría más íntima... ¡y hazlo! Y hacerlo significa traerlo de lo invisible a lo visible, hacerlo significa hacer que el sueño exista en la Tierra. Haz que el sueño se haga real, transforma lo potencial en real, y ésa es la mayor alegría que existe. El verdadero gozo se alcanza sólo cuando eres capaz de traer algo de lo desconocido a lo conocido, cuando haces, creas; cuando eres capaz de transformar un sueño en realidad, cuando has ayudado a la existencia. Cuando, en cierta forma, a tu manera, has hecho que el mundo sea un poco más bello; cuando has realzado su alegría, entonces eres un sannyasin.

Y conociendo de esta manera, tu vida interna te ayudará a saber que eres inmortal, porque una vez que sabes quién eres en tu capacidad primordial, cuando tu antorcha interna arde por ambos lados a la vez, en su punto óptimo, entonces sabrás que no existe la muerte. Y cuando estás al máximo comienza a funcionar tu tercer ojo..., y sólo cuando estás al máximo. De modo que no vivas como un plomo. No vivas como si fuera una carga, una obligación que hay cumplir. Haz que sea una danza, deja que sea una celebración.

 

La inmortalidad está contenida en esto, y también la superación del mundo.

 

Si puedes dejar que tu energía llegue, que la llama de tu vida llegue al tercer ojo, verás que no existe la muerte, y de pronto verás que ya no estás apegado al mundo.

Hay que recordar la diferencia. El viejo sannyas, el denominado viejo modo de vida religioso, ha estado enseñando a la gente a renunciar al mundo. Yo no enseño renuncia; yo enseño: lleva tu energía vital a su punto óptimo, y una vez que has visto lo verdadero en tu ser, el mundo ya no tiene significado. Ha sucedido lo elevado; lo bajo se vuelve insignificante. No necesitas renunciar a ello; ya ha sido desechado. No necesitas escapar a ninguna parte. Puedes vivir en el mundo, pero lo has superado. Y recuerda: escapar y superar son dos cosas totalmente diferentes. El verdadero sannyasin ha superado el mundo, no ha renunciado a él.

 

La luz no está solo en el cuerpo, ni tampoco está solo fuera del cuerpo.

 

Y una vez que hayas visto la luz dentro, te darás cuenta de que no está solo dentro, también está fuera. No está confinada en ti. Recuerda: la oscuridad es individual, la luz es universal. La muerte es individual, la vida es universal. La desdicha es individual, el gozo es universal. Para que exista la desdicha tienes que existir como un ente separado, y para que venga a la existencia el gozo tienes que volverte parte del todo, tienes que estar en armonía con el todo.

 

La luz no está solo en el cuerpo, ni tampoco está solo fuera del cuerpo. Las montañas y los ríos y la gran tierra están iluminados por el sol y la luna; todo eso es esta luz.

 

Una vez que la hayas visto dentro, la reconocerás en todas partes: en la luna, en el sol... Toda luz es la misma; interna y externa, da lo mismo.

 

Por tanto, no está solo dentro del cuerpo. El entendimiento y la claridad, la percepción y la iluminación, y todos los movimientos del espíritu, son asimismo esta luz...

 

Es la misma luz que ves en la luna, y que ves dentro de ti en el tercer ojo. Una vez que has visto que es la misma luz, lo interno y lo externo ya no son distintos. Lo interno es lo externo, lo externo es lo interno. Por eso dicen los maestros Zen que el samsara es el nirvana; el mundo, el mundo mismo, es la iluminación. Este cuerpo mismo es el Buda, esta misma Tierra es el paraíso. Por eso, cuando Buda se iluminó dijo: «Es increíble, es increíble: en el momento en que me iluminé, la existencia entera se iluminó conmigo.»

A lo largo de los siglos, los meditadores budistas han estado meditando sobre ello: «¿Qué significa? ¿Qué quiere decir "En el momento en que me iluminé, la existencia entera se iluminó"? ¿Cómo puede ser? Porque hay aún muchísimas personas que no están iluminadas. ¿Qué quiso decir?» El meditador mismo piensa: «Yo todavía no me he iluminado, así que ¿cómo se ha iluminado toda la existencia?» Se ha iluminado para el Buda porque ha visto que la distinción entre lo interno y lo externo no era más que el ego, la pequeña fina cortina del ego. Una vez que la cortina ha caído, no hay nada interno, nada externo.

De manera que Buda no puede decir: «Me he iluminado.» Dice: «La totalidad se ha iluminado.» Todos los árboles, y todos los ríos, y todas las montañas, y todas las personas, y todos los animales, y todos los planetas..., todo se ha iluminado, porque ahora él no tiene una identidad separada. No quiere decir que tú te hayas iluminado; simplemente está diciendo: «No puedo decir que me haya iluminado. No era libre, eso sí lo puedo decir. Era ignorante, eso sí lo puedo decir. Era desdichado, eso sí lo puedo decir. Pero ahora ya no soy.»

La existencia es gozosa. La existencia está llena de luz. Y la luz interna y la externa son la misma: no hay nada interno; no hay nada externo. Todas las distinciones desaparecen. Cuando la luz entra en el tercer ojo —el ojo singular, el ojo único— todas las distinciones desaparecen: el arco iris se vuelve de nuevo un solo rayo de luz blanca.

Justo el otro día hubo una pregunta: «Osho, ¿por qué nos dices que vistamos de naranja y tú vas de blanco?»

Es simplemente simbólico, para decirte que tienes que llegar al punto en que desaparecen los colores y solo permanece el rayo blanco único, sin ninguna distinción.

 

El entendimiento y la claridad, la percepción y la iluminación, y todos los movimientos del espíritu son asimismo esta luz; por tanto, no es solo algo fuera del cuerpo.

 

No está ni fuera ni dentro; está en todas partes: también dentro, también fuera. Y es la misma luz, la misma luz que ves brillar en el verdor y la flor, y bailando sobre el loto. Es la misma luz que se convierte en claridad dentro: iluminación, percepción, entendimiento.

Y recuerda: el maestro dice entendimiento, no conocimiento. El maestro dice claridad, no respuestas. Uno simplemente alcanza tanta claridad que las preguntas desaparecen. No es que consigas respuestas; solo que tienes tanta claridad que ya no hay confusión, eso es todo. Es ausencia de preguntas, no presencia de respuestas, por eso se llama entendimiento, no conocimiento.

Justo el otro día, Aniruddha preguntó también: «¿Qué diferencia hay entre nuestro conocimiento y tu conocimiento? No veo ninguna diferencia», dice.

La diferencia no está en el conocimiento. Debe de haber estado pensando que yo sé más que él. La realidad es justo lo contrario: yo no sé más que tú; de hecho, tú sabes y yo no tengo conocimientos. Solo tengo claridad, entendimiento, no conocimientos. Aquí hay muchas personas que saben más que yo —y ése es su problema—, y tendrán que deshacerse de esos conocimientos.

Yo no sé nada, pero solo tengo claridad.

Cuando me haces una pregunta, no es que tenga una respuesta para ella, sino que enfoco mi claridad en ella; trato de comprender, y te doy la respuesta que salga de la claridad. No es conocimiento. Es solo una capacidad de ver.

Los conocimientos hacen que la gente esté ciega. Sus ojos se llenan tanto de conocimientos que no ven. Incluso antes de que hayas hecho la pregunta ya tienen la respuesta preparada. Están listos para responderla. No escuchan tu pregunta, no escuchan al que pregunta, no escuchan a su ser. No miran dentro de él para ver lo que quiere decir; tienen una respuesta preparada. Tienen prisa por responderte... y tienen que probar su respuesta con argumentos y escrituras, y tienen que aportar todo tipo de apoyos para ella.

Yo sólo tengo un tipo de entendimiento, una visión, una capacidad de ver. Por eso dice el maestro:

 

El entendimiento y la claridad, la percepción y la iluminación...

 

No es conocimiento, es solo un cielo absolutamente despejado dentro de ti.

 

La flor de la luz del cielo y de la tierra llena todos los mil espacios. Pero también la flor de la luz del cuerpo individual atraviesa el cielo y cubre la tierra.

 

Es una flor de luz, toda esta existencia. Ésta es la experiencia de los místicos..., que la existencia no está hecha más que de luz: es toda luz, la luz es el componente básico de la existencia. Y los físicos modernos están de acuerdo con esto. Lo llaman electricidad. «Luz» es una palabra demasiado poética para ellos, tienen que rebajarlo al nivel terrenal: lo llaman «electricidad». Pero lo que están diciendo es exactamente lo mismo.

La materia ha desaparecido de la física moderna; la materia ya no existe. En el núcleo más profundo de la materia solo hay electricidad, electrones, partículas eléctricas danzando, partículas de energía danzando, sin materia en ellas, sin peso. Esto lo han experimentado los místicos a lo largo de los siglos, sin excepción; no importa que el místico naciera en India o en China o en Tíbet, da igual. Ésta ha sido la experiencia más fundamental de todos los místicos: que la existencia está hecha de luz y nada más.

El secreto de la Flor Dorada dice: «Esta luz, esta flor de luz, estos pétalos de luz, llenan todos los espacios fuera y también dentro.»

 

Por tanto, en cuanto circula la luz, el cielo y la tierra, las montañas y los ríos, todos circulan con ella al mismo tiempo.

 

Dice con palabras diferentes lo mismo que dijo Buda. En el momento en que veas que la luz circula en ti, podrás ver el alba de la luz en todas partes. La estrellas moviéndose, y las montañas y los ríos..., todo será tan solo raudales de luz, una tremenda danza de energía de luz.

 

Concentrar la flor de la semilla del cuerpo humano sobre los ojos: ésa es la gran llave del cuerpo humano. ¡Niños, prestad atención! Si durante un día no practicáis la meditación, esta luz sale a raudales, ¿quién sabe adónde? Si solo meditas un cuarto de hora, con ello puedes deshacerte de los diez mil eones y mil nacimientos. Todos los métodos acaban en la quietud. Esta maravillosa magia no se puede sondear.

 

El maestro Lu-Tsu dice que tan solo quince minutos en veinticuatro horas serán suficientes. Si puedes sentarte en silencio durante quince minutos, concentrado en el tercer ojo, eso será suficiente para cambiar todo tu futuro. No necesitarás volver a nacer en un cuerpo, no necesitarás volver a ser arrojado al mundo. Has aprendido la lección; te has hecho digno de moverte sin el cuerpo y la limitación del cuerpo. Tu alma será libre, desenmarañada, sin ninguna atadura, y entonces no habrá muerte, ni nacimiento. Serás un florecimiento eterno de luz en esta existencia infinita.

¿Solo quince minutos? Sí, solo quince minutos pueden hacer el milagro. Pero la gente no está dispuesta a dar ni siquiera quince minutos... a la quietud, al silencio.

He oído que...

 

Cuando Ignacio de Loyola oyó la noticia de que un hombre hostil había sido elegido Papa, le preguntaron qué haría si el nuevo cabeza de la iglesia ordenaba que se disolviera la Compañía de Jesús, la obra a la que Loyola había dedicado toda su vida. Respondió: «Quince minutos de oración y todo será lo mismo.»

Una respuesta inmensamente significativa.

 

Un Papa hostil ha llegado al poder y existen todas las posibilidades de que toda la obra de Loyola sea disuelta. Había creado una pequeña sociedad de místicos. El trabajo era esotérico, y el cristianismo siempre ha estado en contra del trabajo esotérico; siempre les ha tenido miedo a los místicos, porque son personas peligrosas: traen la verdad al mundo. Y cuando traen la verdad al mundo, la gente ya no está interesada en rituales, en rituales impotentes. ¿A quién le importa la iglesia entonces?

De manera que el cristianismo ha ido destruyendo consistentemente todas las escuelas místicas, para que nadie pueda salirse de la iglesia, para que nadie pueda tener ninguna otra puerta por la que llegar a Dios, para que todos tengan que acudir al sacerdote. Cuando surge el deseo de buscar y escudriñar a Dios, no quedan otras alternativas. Debido a esta estúpida idea, el cristianismo destruyó la religión en todo el mundo, porque hay tipos diferentes de personas y necesitan tipos diferentes de escuelas y necesitan tipos diferentes de técnicas. Y las que son realmente sinceras en su búsqueda tienen que encontrar grupos esotéricos. No pueden formar parte de la religión formal: eso no es suficiente para ellas; es muy tibia, es muy superficial.

En Occidente, la religión real tuvo que esconderse debido a la iglesia. La gente tiene que crear muchas fachadas falsas con las que ocultarse. La alquimia fue una de esas fachadas; el verdadero trabajo era otra cosa, pero el alquimista estaba intentado crear en torno a sí la idea de que estaba trabajando para transformar el metal base en oro. Eso estaba permitido. La iglesia estaba muy contenta: si estás tratando de convertir el metal base en oro, eso está muy bien, puedes hacerlo. Si lo consigues, la iglesia tendrá más oro, eso es todo; no había ningún miedo a ese respecto. Pero esto era solo una fachada; no era alquimia real, era solo por fuera. Detrás de las cortinas el verdadero trabajo era totalmente diferente: era transformar el ser inferior en el ser superior. Era exactamente el secreto de la flor dorada: cómo transformar tu sexualidad, el metal base, en espiritualidad, el oro.

Pero hubo que pasar por muchos problemas innecesarios: tuvieron que tomar las medidas oportunas por fuera para que la sociedad permaneciera convencida de que su trabajo tenía algo que ver con el oro. Y todo el mundo está interesado en el oro. La iglesia está muy interesada en el oro, no en Dios.

Loyola era un gran místico; había creado la Compañía de Jesús. Y un Papa muy hostil estaba en el poder. Alguien le dijo: «¿Qué vas a hacer? ¿Qué sucederá ahora? La Compañía puede ser disuelta por orden del Papa.»

Loyola dijo: «Quince minutos de oración y todo será lo mismo. Me costará quince minutos entrar en meditación profunda, eso es todo; porque cuando estoy ahí, no importa nada. No importa nada en absoluto.»

 

El maestro Lu-Tsu dice: Únicamente quince minutos...

 

... con ello puedes deshacerte de los diez mil eones y mil nacimientos. Todos los métodos acaban en la quietud.

 

Recuérdalo. No importa cuál sea el método, el objetivo es el mismo: la quietud, el silencio interno absoluto, la ausencia de pensamientos; solo la consciencia sin ningún contenido.

 

Esta maravillosa magia no se puede sondear.

 

Es una profundidad insondable. Cuando desaparecen los pensamientos y simplemente estás silencioso, entonces el silencio es un abismo sin fondo; no se puede sondear. El océano Pacífico se puede sondear: tiene una profundidad de cinco millas; pero el océano Pacífico que hay dentro de ti no se puede sondear: es infinito. Puedes seguir escarbando y escarbando y sumergiéndote cada vez más profundo: no llegarás a sondearlo, no llegarás a su fondo en absoluto.

Solo los pensamientos pueden medirse; la ausencia de pensamientos es inmensurable. Por eso, la ausencia de pensamientos es otro nombre de Dios. Pero recuerda: la ausencia de pensamientos no debería ser algo así como estar dormido, porque eso es muy corriente, sucede todos los días. Profundamente dormido, cuando desaparecen los sueños, caes en ese abismo; por eso dormir es tan rejuvenecedor, tan vigorizante. Por la mañana te sientes vivo otra vez, nuevo, renacido. Pero eso es inconsciente. Patanjali ha dicho que estar profundamente dormido y el samadhi son muy similares, con solo una diferencia: dormido estás inconsciente, en samadhi estás consciente. Pero vas al mismo espacio, al mismo espacio insondable, mágico, dentro de ti, en el que no hay pensamiento, ni deseo, ni vibración en tu mente; todo está calmado. Todos los métodos llevan a él. El yoga, el tantra, el hasidismo, el sufismo; todos los métodos conducen a él. Han sido creados desde ángulos diferentes, para personas diferentes.

 

Pero cuando se ha comenzado la práctica, hay que ser constante, desde lo obvio a lo profundo, desde lo burdo a lo sutil.

 

Al principio es necesario un gran esfuerzo. Hay que seguir adelante, de lo obvio a lo profundo. ¿Qué es lo obvio? Lo obvio es tu continuo proceso de pensamiento. ¿Y qué es lo profundo? Simplemente un estado sin pensamiento. ¿Qué es lo burdo? Todos los contenidos de la mente son burdos. ¿Y qué es lo sutil? Un estado sin contenido es sutil. Hay que seguir perseverando. Al principio, será necesario un gran esfuerzo. Al principio, tienes que estar completamente comprometido con la tarea; solo entonces surge el momento gozoso en el que la meditación ya no requiere ningún esfuerzo.

Primero, la meditación tiene que ser energía masculina. Solo entonces, al final, puede volverse energía femenina. Ésa es la razón de mi insistencia en los métodos dinámicos al principio. Lleva al máximo todo tu esfuerzo, ponlo todo en juego, no te refrenes, y entonces un día podrás relajarte sin esfuerzo. Serás capaz, con solo cerrar los ojos, de llegar al tercer ojo.

 

... cuando se ha comenzado la práctica, hay que ser constante, desde lo obvio a lo profundo, desde lo burdo a lo sutil. Todo depende de que no haya interrupción.

 

Y haz que sea un fenómeno asiduo.

 

El principio y el fin de la práctica deben ser uno. En medio hay momentos más frescos y más cálidos, de más está decirlo. Pero el objetivo debe ser alcanzar la inmensidad del cielo y las profundidades del mar, para que todos los métodos parezcan bastante fáciles y se den por descontado.

Solo entonces hemos adquirido maestría sobre ello.

 

La verdadera maestría es cuando no es necesario ningún esfuerzo, cuando se pueden abandonar todos los esfuerzos. La verdadera maestría es cuando no es necesario ningún método, cuando se pueden abandonar todos los métodos. La verdadera maestría es cuando la meditación ya no es algo que hay que hacer, sino que se convierte en tu estado mismo. Vives en ella, andas en ella, te sientas en ella: sentarse en Zen, caminar en Zen. Comes en ella, duermes en ella, eres ella; ese momento también llega. Pero al principio tienes que poner toda tu energía.

Recuerda: de igual manera que el agua se evapora a los cien grados —no a los noventa y nueve, no a los noventa y nueve coma nueve, sino exactamente a los cien grados—, así, cuando pones toda tu energía, los cien grados en juego, inmediatamente el metal base se convierte en oro: inmediatamente la energía sexual ha penetrado en el mundo espiritual; inmediatamente la energía que salía ha dado un giro de ciento ochenta grados, y los dos ojos se han vuelto uno. Y entonces todo, lo interno y lo externo, está iluminado.

Jesús ha dicho: «Parte la madera y me encontrarás. Golpea la piedra y estoy allí.»

Éste es el estado iluminado: cuando partes la madera y encuentras a Dios, y golpeas la piedra y encuentras a Dios. Entonces hablas sobre Dios, en Dios, como Dios; entonces respiras a Dios; entonces comes a Dios, bebes a Dios..., porque todo es Dios.

Esta experiencia suprema es lo que el Maestro Lu-Tsu dice que se libera. Y está en el tercer ojo.

 

Suficiente por hoy.

 

 

Capítulo 10

 

La síntesis de Zorba y Buda

 

La primera pregunta:

Osho, toda mi vida he dicho «si» y ahora que estoy aquí contigo y el «sí» parece verdaderamente correcto, solo me viene el «no». ¿Qué es este «no»?

 

Bhadra, es muy natural. Si toda tu vida has estado diciendo sí, debe haber sido falso, debe haber sido pseudo. Debes haberte forzado a ti misma a decir que sí; debes haber reprimido continuamente tu no. Y yo enseño relajación, y enseño expresión, de manera que el no reprimido está saliendo, aflorando. Deja que lo haga. Por favor, no lo reprimas más. Si lo reprimes aquí, entonces ¿dónde vas a expresarlo? Una vez que se haya expresado, estarás libre de ello, y entonces llegará el verdadero sí.

El sí que has conocido hasta ahora no era real. Debes haber estado cultivando este sí. Estaba solo en la superficie. En lo profundo siempre ha existido en ti el no. Pero así es como nos educan, así es como nos condicionan. Así es como la gente se vuelve absolutamente falsa, hipócrita..., dividida: sus rostros dicen una cosa, su ser está diciendo justo lo contrario. Así es como toda la humanidad se ha convertido en una especie de esquizofrenia.

Mi enfoque es que tanto el sí como el no son absolutamente necesarios, forman parte del ritmo interno. El hombre que no puede decir no tampoco puede decir sí; y si dice sí, su sí será impotente. Solo el hombre que puede decir «no» vitalmente puede decir «sí» vitalmente. Dependen el uno del otro, igual que la vida y la muerte dependen la una de la otra, igual que la oscuridad y la luz dependen la una de la otra, igual que el amor y el odio dependen el uno del otro. Ésta es la polaridad intrínseca de la vida.

En un mundo mejor, con más libertad, con más entendimiento, a un niño no le enseñarán a decir que sí cuando tenga ganas de decir que no. Le enseñarán a ser valiente. Cuando tenga ganas de decir no, tiene que decir no, y entonces su sí tendrá significado.

A un niño no le enseñarán religión, porque la religión es decir que sí. No le forzarán a ser teísta: hindú, cristiano, mahometano. Los padres, la escuela, la universidad le alentarán a ser honesto, a ser sincero, a esperar a que el sí real llegue por sí mismo.

El mundo se ha vuelto tan falso..., ¿no lo ves? ¿De dónde está saliendo esta falsedad? Millones de personas van a las iglesias, a los templos, a las mezquitas, a las gurudwaras, y ni una sola persona es religiosa. ¿Qué tipo de neurosis es ésta? Van solo como una formalidad, van porque les han enseñado a ir, van porque se han vuelto adictas al hábito de ir. Es solo un hábito. Si no van se sienten culpables, si no van sienten que están traicionando a sus padres, a su sociedad. Si van no hay alegría en ello, simplemente se llevan a rastras a ello. Simplemente esperan allí hasta que acaba el ritual, la oración, para poder escaparse del templo, de la iglesia. Es un tipo de religión fingida. Y la razón de ello es que nunca les han permitido decir que no.

El «no» tiene que venir antes; solo entonces puede llegar el «sí». Para ser realmente teísta, primero hay que pasar por el proceso del ateísmo. Para creer realmente en Dios, primero hay que pasar por la noche oscura de la duda; solo entonces llega el amanecer. No hay otra alternativa.

Es bueno, Bhadra, que esté aflorando el no. Estás siendo auténtica por primera vez en tu vida; deja que suceda, y el si le seguirá, igual que el día le sigue a la noche.

Pero te han hecho esta mala pasada..., y en nombre de grandes cosas: Dios, la oración, el país, el amor, la religión, la iglesia, Jesús, Buda, Krishna. En nombre de estas grandes cosas te han hecho una mala pasada, has sido manipulada. ¿Y cuál es el resultado? Te has convertido en un fenómeno plástico, no tienes la sinceridad que puede hacer que una persona sea realmente religiosa.

Mi propia observación es ésta: que una persona que no le ha dicho «no» a Dios, nunca será capaz de decir «sí», o si dice «sí», su sí no tendrá sentido.

Lo que llaman religión es lo que Gregory Bateson llama «el doble constreñimiento»; se ordena a alguien que haga dos cosas que son mutuamente exclusivas: ser sincero y creer. ¿Cómo vas a ser sincero si te dicen que creas? Creer significa no ser sincero. Creer significa creer en algo que no sabes, a lo que todo tu corazón dice: «No, no sé. ¿Cómo voy a creer?» Creer es insinceridad, y se te dice que seas sincero y que creas: esto genera un doble constreñimiento en ti.

Tu religión, lo que llamáis religión, está basada en la insinceridad. ¿Cómo va a ser religiosa? El principio mismo está envenenado, la fuente misma se ha agriado. A ningún niño se le debería enseñar religión. A todos los niños se les debería enseñar investigación, duda, lógica, razón.

¿Y por qué le tenéis tanto miedo a la lógica, la duda y la razón? Porque si un niño profundiza realmente en la duda, descubrirá la futilidad de la duda por sí mismo. Y de ese descubrimiento surge la confianza, y entonces esa confianza tiene belleza, grandeza.

Si un niño razona hasta el final, llegará al punto en que será capaz de ver que el razonamiento ha llegado a su fin pero la existencia sigue y sigue. La existencia es algo que está más allá del razonamiento. ¡Pero dejad que cada niño lo sienta en sus vísceras!

Una religión, para ser verdadera, tiene que ser una religión de las vísceras, no de la creencia. Dejad que el niño piense todo lo que pueda, con toda su capacidad. Dejad que arda de dudas, de lógica, de razonamientos, al máximo, y verá las limitaciones del intelecto. Tiene que suceder. Y cuando se han visto las limitaciones del intelecto, cuando las has experimentado por ti mismo, empiezas a ir hacia el más allá; empiezas a transcender la mente.

La creencia es de la mente. Este supuesto decir que sí es de la mente. Yo te enseño otro tipo de sí que no le tiene miedo al no, otro tipo de confianza que no le tiene miedo al escepticismo; que, por el contrario, usa el escepticismo como trampolín, que usa la duda como proceso de limpieza.

En la verdad hay que confiar. Confiar es un acto de fe; pero cualquier afirmación de verdad hay que ponerla a prueba. Ponerla a prueba es un acto de duda. Tanto la fe como la duda sirven a la verdad: eso es lo que te enseño. La fe y la duda son dos alas del pájaro llamado confianza; si se le corta un ala, el pájaro no puede volar. Sí y no son dos alas; úsalas, y úsalas en su totalidad. Nunca seas insincero, ni siquiera en nombre de Dios.

La sinceridad es mucho más valiosa que cualquier dogma, que cualquier cristianismo, hinduismo, mahometismo. La sinceridad es la base. Pero ser sincero significa que tienes que dar expresión a todo lo que está dentro de ti. A veces es sí y a veces es no, y tienes que aceptar a los dos.

De manera que, Bhadra, es hermoso lo que está sucediendo, no te preocupes. No estoy tratando de forzar ningún sí en ti. Simplemente te estoy ayudando a pasar por todo el proceso del sí y el no, para que un día tomes conciencia de que no son enemigos: no son opuestos, sino complementarios.

El hombre es un signo de interrogación..., y eso es una bendición; celébralo. Es una bendición porque solo el hombre es un signo de interrogación; ningún perro lo es, ningún árbol lo es. El rosal es bello, pero no tan bello como el hombre, y la luna es bella, pero no tan bella como el hombre..., porque todas esas cosas son inconscientes. Solo el hombre está buscando conscientemente. ¿Y cómo vas a estar buscando si no tienes un signo de interrogación en tu ser?

Dios te envía con un signo de interrogación en tu ser. Celébralo; es una gran responsabilidad, una gran herencia. Haz preguntas, inquiere, duda. Y no te preocupes, porque sé que si dudas el tiempo suficiente llegarás a la confianza. Y esa llegada es increíble, porque entonces has llegado por ti mismo, es tu propia experiencia. Ya no es una creencia; es un saber.

 

Un filósofo le preguntó a Sri Aurobindo: «¿Crees en Dios?», y él dijo: «No.» El filósofo se quedó pasmado un momento. Había recorrido una gran distancia, creyendo que este hombre había llegado a conocer a Dios, y este hombre dice: «No creo en Dios.» Por un momento no tuvo valor para preguntar nada más. Pasmado, se quedó sin habla.

Luego dijo: «Pero pensaba que había visto a Dios.»

Sri Aurobindo se rió y dijo: «Sí, he visto; por eso digo que no creo. Creer es fruto de la ignorancia. ¡Yo sé! No creo.»

 

Y recuérdalo: tienes que saber, no estás aquí para creer. Estoy disponible para ayudarte a saber. Creer es un truco de la mente: sin saber, te da la sensación de que has sabido. El hombre es un signo de interrogación..., y eso es una bendición. Celébralo, báilalo, regocíjate en ello, porque sin ese signo de interrogación no podría haber fe, o duda..., nada más que certeza muerta. Ahí es donde viven los animales: en la certeza muerta. Y ésa es la razón por la que vuestros sacerdotes y vuestros políticos quieren que viváis en la certeza muerta.

La vida titubea. La vida es incierta. La vida es insegura. Por eso es vida: porque se mueve.

Se cuenta que Sócrates dijo: «No me gustaría volverme un cerdo contento. Mejor que ser un cerdo contento, preferiría seguir siendo un Sócrates descontento.»

Medita sobre ello: una afirmación de inmenso valor. El cerdo está contento, con absoluta certeza. Por eso, a las personas obcecadas que piensan que están absolutamente seguras se las llama puercos. Por ejemplo, al pobre Morarji Desai le llaman puerco.

Las personas obcecadas están abocadas a ser estúpidas. Un hombre que está vivo se mueve entre incertidumbres, entra en lo desconocido. No puede vivir en una certeza muerta. Certeza significa simplemente que no has dudado.

Hay otro tipo de saber que es fruto de dudar, que es fruto de crecer. Y cuando llega ese tipo de saber, de nuevo no estás seguro. Pero ahora la incertidumbre tiene un sabor totalmente diferente. Si le hubieras preguntado a Buda acerca de Dios, habría guardado silencio. Ahí es donde es muy superior a Sri Aurobindo. Habría permanecido en absoluto silencio, no habría dicho sí o no. ¿Por qué? Porque dice: «Lo supremo es tan inmensamente enorme que decir sí será equivocado, decir no será equivocado; porque nuestras palabras son tan pequeñas que no pueden contener lo supremo. Lo supremo sólo puede comunicarse mediante el silencio.»

Le preguntaron a un maestro Zen: «¿Puedes decir algo sobre Dios?» Él permaneció en absoluto silencio; escuchó la pregunta con los ojos abiertos y luego cerró los ojos. Pasaron algunos momentos. Al que preguntó, esos momentos se le hicieron muy largos. Estaba esperando y poniéndose nervioso, y el maestro había entrado en algún otro espacio. Había un gran éxtasis en su rostro, pero ninguna respuesta.

Ese éxtasis era la respuesta. Había un absoluto silencio en su ser, y ese silencio estaba vibrando en torno a él. Casi podrías haberlo tocado, era..., era tan sólido. Pero el inquieto interrogador no era consciente de ello en absoluto; estaba demasiado preocupado con su pregunta y estaba esperando la respuesta.

Le dio una pequeña sacudida al maestro y dijo: «¿Qué estás haciendo? Te he hecho una pregunta y has cerrado los ojos y estás sentado en silencio. ¡Contéstame!»

Y el maestro dijo: «Pero es lo que estaba haciendo. Ésta es mi respuesta.»

Ciertamente, esto es muy superior a la respuesta de Sri Aurobindo.

Pero el hombre, el que había preguntado, no estaba satisfecho. Quería algo comunicado verbalmente. Insistió y no dejaba al maestro. De modo que el maestro dijo: «De acuerdo.»

Estaban sentados a la orilla de un río. El maestro escribió en la arena con el dedo: MEDITACIÓN.

Pero la pregunta es sobre Dios y la respuesta sobre la meditación... Parece completamente irrelevante. Y el interrogador tenía razón al decir: «¿Estás de broma o qué? Te estoy preguntado acerca de Dios y tú escribes en la arena: MEDITACIÓN.»

Y el maestro dijo: «Eso es todo lo que puedo decir, y lo que está permitido decir. Preguntas sobre la meta; yo hablo del camino, porque la meta es incomprensible..., tan misteriosa que no se puede decir nada sobre ella: simplemente puedo sentarme en silencio. Si tienes ojos con los que ver, ¡ve! Si tienes oídos con los que oír, ¡oye! Oye mi silencio y la canción que es mi silencio y la música que surge en él. Si no puedes oírlo, eso simplemente muestra que necesitas meditación. Así que medita.»

El hombre dijo: «¿Solo esto..., una palabra, "meditación"? ¿No la explicarás un poco?»

El maestro escribió de nuevo con letras más grandes: MEDITACIÓN. Ésa era su explicación.

El hombre estaba perplejo y dijo: «Pero simplemente estás repitiendo. Escribirlo con letras más grandes no servirá.»

De manera que volvió a escribirlo con letras aún más grandes: MEDITACIÓN. Dijo: «No se puede decir nada más sobre ello. Tendrás que hacerlo. Tendrás que serlo.»

 

Hay un tipo de incertidumbre cuando no sabes, porque ¿cómo vas a estar seguro cuando no sabes? Y hay un tipo de incertidumbre cuando sabes, porque ¿cómo puedes estar seguro acerca de lo supremo? Es tan enorme... Estar seguro acerca de ello lo hará pequeño, estar seguro acerca de ello mostrará que lo tienes a tu disposición, que lo tienes en tus manos. Y Dios no puede ser poseído; por el contrario, tienes que ser poseído por Dios.

Acepta tu no, acepta tu sí y no pienses que son opuestos; no lo son. De la misma manera que no puede haber valentía sin peligro, así tampoco puede haber fe sin incertidumbre, sin duda. El riesgo forma parte del juego en que nacemos para jugar. Debemos aprender a apoyarnos en las posibilidades; no en las certidumbres, sino en las posibilidades.

Solo puedo decirte: Dios es posible. Solo puedo decirte: el «sí» es posible. Apóyate en las posibilidades, no pidas certidumbres. Al pedir certidumbres, creas autoridades; debido a la necesidad de estar seguros os volvéis víctimas de personas que son obcecadas, ignorantes, pero seguras. Solo los loros pueden estar seguros, porque tienen respuestas preparadas. Los eruditos pueden estar seguros porque los eruditos no son más que loros.

Un verdadero hombre de conocimiento te ayudará a estar en silencio: te ayudará a pasar por el sí y por el no, por la fe y por la duda, por momentos más cálidos y por momentos más fríos; te ayudará a pasar por días y noches, cimas y valles, y no te enseñará ningún dogma, sino que solo te enseñará valentía, aventura, indagación.

Escuchando tu pregunta, recuerdo dos historias.

 

Había un niño, de cinco o seis años, que había adquirido el hábito de decir tacos en su conversación ordinaria. Sus padres trataron por todos los medios de romper ese hábito, y al final, desesperados, dieron con un plan que pensaron que funcionaría. Llamaron a su hijo a un consejo de familia y le expusieron los hechos diciendo: «Mira, hijo, no podemos tener en casa a un niño que usa continuamente este tipo de lenguaje. Así es que hemos decidido que si no puedes librarte de ese hábito habrá que hacer algo drástico. Te estamos dando un aviso justo de que la próxima vez que oigamos un taco en tu conversación, sencillamente vas a tener que hacer las maletas e irte de esta casa. No podemos aguantar más ese lenguaje. ¿Comprendes?»

Él no dijo nada, pero asintió con la cabeza. Pero, al parecer, el hábito era demasiado grande para que pudiera dejarlo de repente, y no tardaron en oírle intercalar sus tacos favoritos en la conversación.

Su madre dijo: «Hijo, te lo hemos advertido y ahora vas a irte de esta casa. Vete a hacer la maleta.»

El chico se fue a su habitación, a regañadientes, hizo la maleta, le dijo adiós a su madre y se fue. No tenía ni idea de lo que iba a hacer, de modo que se sentó en las escaleras delanteras tratando de madurar el asunto. Mientras esperaba allí, llegó un vecino, le miró y le preguntó: «Está tu madre en casa, cariño?»

Le miró con cara arisca y dijo: «¿Y yo que coño sé? Ya no vivo aquí.»

 

No puedes forzar, no puedes reprimir, no puedes ordenar estas cosas. Estas cosas requieren entendimiento. Y los padres lo hacen continuamente, diciendo: «No hagas eso; haz esto»..., simplemente dando órdenes, nunca dando comprensión, entendimiento. Los niños necesitan comprender, no que les den órdenes. Necesitan tu amor, necesitan tu ayuda para comprender las cosas. No quieren imitarte. De hecho, no se les debería obligar a imitarte, porque si les obligas a imitarte, estarás destruyendo su propia alma. Dales amor y dales libertad, y ayúdales a volverse conscientes, ayúdales a ser más meditativos.

Pero eso no es lo que se está haciendo. Simplemente obligamos. Obligar a algo parece un procedimiento muy rápido. ¿Por qué tomarse la molestia? Porque no amas lo suficiente, por eso no te tomas la molestia. ¿Por qué tomarse la molestia de hacer que el niño comprenda algo? Es muy sencillo: «Haz esto porque yo lo digo, porque soy tu padre y sé más porque soy mayor que tú.» Tal vez se pueda obligar al niño a hacer ciertas cosas porque está desvalido, pero llevará la herida en el fondo de su ser. Y tú, Bhadra, debes estar llevando muchas heridas en lo hondo de ti.

Mi amor por ti, mi ayuda, está trayendo tus heridas a la superficie. Eso es bueno, porque una vez que las heridas vienen a la superficie, pueden curarse a la luz del sol; no hay otra manera de sanarlas. Te estás curando: no tengas miedo, deja que suban todos esos «no»; los soltarás y te liberarás de ellos.

 

Una niña había desobedecido a sus padres y estos decidieron que debía ser castigada. La subieron a su habitación, la metieron en el armario, cerraron la puerta y dijeron: «Ahora, querida, tómate tu tiempo para pensar y ver si puedes decidir ser más cariñosa con tus padres y no desobedecerles.»

Pasados algunos minutos, la conciencia de los padres empezó a molestarles y subieron, llamaron a la puerta y dijeron: «Cariño, ¿qué tal estás?»

«Oh, estoy bien.»

«¿Qué estás haciendo?», le preguntó su madre.

«Bueno», dijo ella», «escupí en tu vestido, escupí en tu abrigo, escupí en tus zapatos, y ahora estoy aquí sentada esperando a tener más saliva».

 

 

La segunda pregunta:

Osho, por favor, di algo sobre esta noticia: el Indian Express del 18 de agosto informa de que el film de Osho no reflejará la imagen real de India. El ministro de Información, L. K. Advani, dijo en el Parlamento: «A la televisión y a los equipos cinematográficos extranjeros les ha sido denegado el permiso para documentar las actividades del ashram de Osho, ya que sentimos que un film acerca de las actividades del ashram no reflejaría favorablemente la imagen de India en el extranjero.»

 

Esto es verdaderamente sorprendente viniendo de un político, porque los políticos son las personas que destruyen la imagen de los países. Los políticos son las personas más corruptas..., del peón al primer ministro. Su corrupción no va a ayudar a la imagen del país en el mundo. Deberían pensar en ello. Sus continuas trifulcas por razones estúpidas destruyen la imagen de un país, y no se pueden encontrar políticos más pendencieros que los de India. Y las disputas no tienen ninguna base ideológica en absoluto; las disputas son simplemente broncas personales: su propia avaricia personal.

Los políticos indios parecen ser los más avariciosos; avariciosos de poder, hambrientos de poder, luchando continuamente entre sí. Pierden todo su tiempo discutiendo. El país está yéndose al traste y ellos, sentados en Nueva Delhi, lo único que hacen es pelearse entre sí: cómo hacer caer al otro. Todos quieren ser primer ministro. Y cuando ya eres primer ministro, lo único que haces es proteger tu puesto. Primero malgastan todo el tiempo para llegar a primer ministro..., casi toda su vida.

Morarji Desai desperdició toda su vida para llegar a ser primer ministro. Ahora, a los ochenta y tres años, lo ha logrado. Ahora pierde todo el tiempo: ¿cómo permanecer en el puesto hasta la muerte? Y una vez que tienes el puesto no quieres morir. Puedes hacer cualquier cosa. Bebe su propia orina; piensa que eso le va a hacer inmortal.

Ahora bien, ¿que el primer ministro beba orina está mejorando la imagen de India en el extranjero? Deberían pensar en ello. No deberían preocuparse por mí y mi gente. Pero los políticos son las personas más bajas en lo que respecta a la inteligencia. Son las personas más inferiores del mundo.

He oído que...

 

Un político fue al psicoanalista y le dijo: «Padezco de complejo de inferioridad.»

El psiquiatra se ocupó del político; tuvieron muchas sesiones de análisis, y luego le dijo finalmente: «No debe preocuparse.»

El político dijo: «¿No debo preocuparme? ¿Así que no hay problema?»

Y el psiquiatra dijo: «No, no hay problema, porque usted simplemente es inferior. No necesita padecer ningún complejo de inferioridad. Es simplemente así.»

 

Una vez me estaba hospedando en una casa con un político. Estábamos sentados en el césped por la mañana. Él estaba leyendo el periódico. Eso es lo único que leen: es su Corán, su Biblia, su Gita. De pronto alzó la vista, me miró y me dijo: «Nunca podré comprender cómo es que la gente parece morirse siempre en orden alfabético.»

 

Y otra vez, estaba viajando en tren y, por desgracia, en el mismo compartimento había un político. Digo por desgracia porque apestan. Nada apesta como la política. Es lo más sucio del mundo.

Empezó a hablarme y le pregunté si había oído la última broma sobre los políticos.

«Le aviso», me dijo, «de que yo soy político».

«No importa», le dije, «se la contaré muy, muy despacio».

 

No formo parte de ninguna tradición; eso es lo que está creando problemas para los políticos indios. No pertenezco al pasado; pertenezco al futuro. No pueden entenderme; les resulta imposible. Si hubiera pertenecido al pasado, no habría ninguna dificultad. Pero no pertenezco al pasado. Una persona verdaderamente religiosa nunca pertenece al pasado. Buda nunca perteneció al pasado, por eso los hindúes estaban enfadados. Jesús nunca perteneció al pasado, por eso los judíos estaban enfadados. Jesús, Buda, Krishna..., todos señalan el futuro, no el pasado.

No te agarres al pasado o perderás la oportunidad. La tradición no es religión. La religión es siempre un avance, un transcender, un ir más allá.

Si yo hubiera sido hindú no habría habido ninguna dificultad. No lo soy. Si hubiera sido mahometano no habría habido ninguna dificultad. No lo soy. No soy ni budista ni jaina. Y están muy confusos: no pueden clasificarme, no pueden categorizarme. Ninguna persona religiosa puede ser categorizada nunca, porque la religión es básicamente libertad; libertad del pasado, libertad para estar aquí-ahora y libertad para estar disponible al futuro.

Lo que estoy tratando de traeros es algo del futuro: la gente solo podrá comprenderlo después de cientos de años, y entonces esos mismos políticos me rendirán honores, como le rinden honores a Jesús. Y éstas son las personas que le crucificaron, y éstas son las personas que apedrearon a Buda y a Mahavira, y éstas son las personas que envenenaron a Sócrates. Son las mismas personas; ¡cuidado con ellas!

Siempre están en contra del futuro. ¿Por qué están en contra del futuro? Porque sus intereses creados están siempre enraizados en el pasado. Pueden manipular el pasado, no pueden manipular el futuro. Pueden explotar el pasado, no pueden explotar el futuro. Pueden explotar a las personas irreligiosas, no pueden explotar a las personas religiosas. Pueden explotar a los pseudorreligiosos muy fácilmente, porque no hay problema en ello, porque una persona pseudorreligiosa es casi una sombra, no una realidad. Y la persona pseudorreligiosa está siempre dispuesta a ser manipulada, a ser transformada en una esclava.

Estoy creando aquí personas rebeldes; rebeldes en un sentido multidimensional. Los políticos están abocados a tener miedo. Y encontrarán excusas.

Ahora dice: «El film de Osho no reflejará la imagen real de india...»

Me gustaría decirle: ¿comprende el significado de lo real? Lo real significa lo que está sucediendo. Cualquier imagen de India que no me incluya será irreal..., simplemente porque no incluye algo que está sucediendo. ¿Qué quiere decir con «imagen real»?

Una imagen real significa lo que es existencial, lo que está sucediendo. Puede que yo no sea de su agrado, puede que no le guste mi gente, pero no puede decir que no reflejo la imagen real de India. Puede estar contra mí, pero sigo siendo parte de este país. ¡Estoy aquí y voy a seguir aquí! Y mi gente va a aumentar. Esto forma parte de la realidad. Puede que esto sea solo una semilla ahora, pero pronto se convertirá en un gran árbol. ¿Cómo va a negar su realidad?

Tenemos dos millones de sannyasins en todo el mundo. Nadie más puede afirmar eso. Y tenemos casi un millón de seguidores legos, de discípulos legos. Forma parte de la realidad ahora. Tres mil sannyasins están casi siempre presentes aquí. Cada año alrededor de veinticinco mil personas nos visitan de todas las partes del mundo, de todos los países. Ningún otro lugar puede afirmar esto. ¿Cómo puede decir que esto no es real?

Creo, señor Advani, que tendrá que aprender un poco más de lengua. Real es lo que está sucediendo. Puede que usted no esté de acuerdo con lo que pasa —bueno, eso es otra historia—, pero sigue siendo real. Y me gustaría decirle también que no es algo que sea ajeno al espíritu de India; lo que está sucediendo es un fenómeno que es realmente el alma misma de India. Sucedió en tiempos de Buda, sucedió en tiempos de Mahavira, sucedió en tiempos de Krishna. Ha sucedido una y otra vez. La India real, si verdaderamente quiere decir qué es la India real, no está constituida por políticos, sino por místicos. Los políticos van y vienen; los místicos permanecen.

¿Recordáis el nombre de algún político de los tiempos de Buda? ¿Dónde están? Y deben de haber sido tan chillones como el señor Advani. En su propia época deben de haber sido muy chillones, deben de haber hecho mucho alboroto. ¿Recuerdas a los políticos que crucificaron a Jesús? Y si se recuerda el nombre de Poncio Pilatos es solo porque crucificó a Jesús; si no, ¿quién se acordaría? Debe haber habido miles de gobernadores generales en el mundo.

 

Un político le dijo a Sócrates cuando éste se moría: «Sentimos que tuviera que ser condenado a muerte.»

Sócrates abrió los ojos y dijo: «No se preocupe. No pueden matarme; viviré. Y recuerde, su nombre sólo será recordado debido a mí.»

 

Y es así.

La India real es una búsqueda del alma más honda del hombre; no la geografía, no la historia política, sino el viaje interno. El viaje de la meditación es la India real. Mahavira la representa, Buda la representa, Krishna y Cristo y Nanak..., ellos representan la India real. Y yo tengo la herencia de todos ellos... y mucho más.

Pero siempre ha sido así. Si Advani hubiera sido el ministro de Comunicaciones en tiempos de Mahavira habría impedido que la BBC filmara a Mahavira porque Mahavira vivía desnudo. O si hubiera sido ministro en tiempos de Lalla... Lalla fue una mística; vivía desnuda. Sin duda, habría impedido que cualquier equipo de televisión, que cualquier equipo cinematográfico, se acercara a estas personas, por la misma razón: que no representan, que no reflejan la imagen real de India.

¿El señor Advani refleja la imagen real de India? Se irá pronto, acabado. Lo predigo: para las próximas elecciones no se volverá a hablar más de usted: usted y toda su compañía simplemente se irán al traste, porque el país ha visto que usted ha engañado y estafado. En nombre de la democracia, todo tipo de personas equivocadas se han vuelto poderosas en India. Y no han hecho una sola cosa desde que han estado en el poder excepto pelearse.

Debo recordaros los tres monos de Mahatma Gandhi. Debéis haber oído hablar de ellos; esos tres monos son muy famosos. Él tenía siempre una estatua de ellos. Alguien de Japón o de China le había regalado tres monos. Un mono tiene las manos cubriéndole los ojos, representando que no deberías ver nada que sea equivocado. Otro mono tiene las manos cubriéndole los oídos, simbolizando que no deberías oír nada que no merezca la pena oírse. Y el tercer mono tiene las manos cubriéndole la boca: no deberías decir lo que no merece la pena decirse; deberías permanecer en silencio.

Estos tres monos han llegado a gobernar. Ahora se les llama el trimurti: son los tres monos de Gandhi. El mono jefe se cubre los oídos con las manos; no escucha. Todo el país está gritando: «Nos estamos muriendo. Nos morimos de hambre. La población está creciendo.» Pero él no escucha. Se llama Mahatma Morarji Desai. No escucha. El país entero está gritando: «Tu hijo es un criminal, se deberían investigar sus actividades; está acumulando dinero por medios ilegales.» Pero él no escucha. Es el mono jefe de Mahatma Gandhi: mantiene cerrados los oídos y sigue sonriendo; bebe su propia orina y se mantiene sano. Eso es todo lo que hace.

El otro mono mantiene los ojos cerrados, por que representa a los intocables, los pisoteados, los que están abajo del todo..., y los están quemando vivos. Los están matando, despedazando, asesinando, violando. Y esto nunca había sucedido así antes: por todo el país su vida está en peligro. Y el hombre que los representa, Jagjivan Ram, simplemente mantiene los ojos cerrados porque si abre los ojos y ve lo que está sucediendo no podrá decir que es su representante ahí.

Pero el tercer mono, Charan Singh, al que le correspondía guardar silencio y no decir nada, ha traicionado a los otros y ha dicho algo, y por decirlo le han expulsado de la trinidad. Pero está intentando volver a entrar, y los otros dos monos están tratando de mantenerlo fuera, porque empezó a decir cosas que no debería decir. ¿Y por qué empezó a decir cosas? Porque se está haciendo viejo. Tiene ataques al corazón y de todo, y parece que no va a tener la oportunidad de llegar a ser el primer ministro de India. Tiene que hablar: el tiempo pasa rápidamente; tiene que luchar, ya no puede seguir callado.

Estos hombres en Nueva Delhi, que son como monos, ¿piensan que ellos representan a la India real? Simplemente representan a la parte neurótica de India, representan a la gente que tiene complejos de inferioridad. Eso es lo que dice el gran psicólogo Adler: un hombre sólo entra en la política si tiene un complejo de inferioridad. Quiere probarse a sí mismo que es alguien. Tiene que probarlo, de lo contrario hay una gran angustia en su ser, que «soy inferior». Las personas sin talento, las personas sin inteligencia, entran en la política. Los que tienen talento se hacen artistas, pintores, poetas, filósofos, místicos, bailarines. Tienen mil y una cosas más bellas que hacer, no la política. Solo la parte de tercera, la parte menos inteligente de un país, se mete en la política. Los que no pueden hacer otra cosa, al menos pueden meterse en la política. Los políticos son casi criminales ocultos; la misma categoría de personas se vuelven criminales. Si no pueden alcanzar el poder, se vuelven destructivos.

¿Y qué está pasando aquí de malo que les asusta que se llegue a conocer en todo el mundo?

Una cosa: aquí está sucediendo una gran síntesis, algo que nunca ha sucedido antes, y que les asusta... y que necesita suceder. Es fundamental para la supervivencia de la humanidad. Estoy tratando de crear una gran síntesis: la síntesis entre Zorba el Griego y Gautama el Buda, la síntesis entre el materialismo y el espiritualismo. Estoy tratando de crear un materialismo espiritual. Estas dos cosas han permanecido siempre separadas, antagónicas la una de la otra. Y debido a este antagonismo, el hombre ha permanecido esquizofrénico, porque el hombre es ambas cosas, cuerpo y alma. El hombre no es solo alma, el hombre no es solo cuerpo. Insistir en que el hombre es solo cuerpo es materialismo; insistir en que el hombre es solo alma es espiritualismo. Ambos son una mitad; y ambos están equivocados, porque son una mitad. Y ambos son insatisfactorios, ambos han resultado ser insatisfactorios.

El hombre tiene que ser aceptado en su totalidad. En lo que respecta al cuerpo, un hombre tiene que ser Zorba el Griego, y en lo que respecta al alma, un hombre tiene que ser Gautama el Buda. Si el cuerpo y el alma pueden existir juntos, ¿por qué no pueden existir juntos Buda y Zorba en un solo hombre? Ésa será la síntesis más elevada.

Occidente ha permanecido materialista. Sufre de materialismo. Tiene todos los beneficios del materialismo: gran tecnología, casas hermosas, mejores prestaciones médicas, una vida más larga, cuerpos más bellos, cuerpos más sanos. Tiene todos los beneficios del materialismo: es rico, pudiente. Pero sufre porque ha perdido su alma; su mundo interior está vacío, hueco. Occidente tiene todo lo que es necesario por fuera, pero al encauzar lo externo se ha inclinado demasiado hacia el materialismo y ha olvidado su propio mundo interior. Se ha perdido el maestro, se ha perdido el alma; el reino está ahí pero el rey está muerto. De ahí la angustia occidental, de ahí la búsqueda occidental del rey, de ahí la exploración de la meditación, porque la meditación es el único camino para buscar y explorar el rey interno. ¿Adónde ha ido? ¿Dónde está la luz interna?

Oriente ha permanecido espiritual. Tiene todas las bellezas de la espiritualidad: la calma, la quietud, el relajamiento, el amor, la compasión. Tiene una cierta cualidad, el sabor de lo interno; pero el cuerpo está enfermo y hay gran pobreza y hambre por todas partes, y el mundo externo es feo. También ha sufrido mucho. Y los dos están tensos, porque a menos que estés entero estarás tenso.

¿No te das cuenta de que Oriente ya no está interesado en la meditación? Por eso no ves a muchos indios aquí. Oriente ya no está interesado en la meditación, ya no está interesado en Buda; ha cambiado de interés, y es natural. Quiere saber más sobre física, química, ingeniería, ciencia médica. El talento oriental se va a Occidente, a Oxford, a Harvard, a Princeton, para aprender lo que ha sucedido en Occidente. El talento oriental tiene solo un deseo: irse a Occidente y aprender algo de ciencia moderna. La persona oriental con talento no puede creerlo: ¿por qué venís a Oriente los occidentales? Tenéis Oxford y tenéis Harvard, ¿por qué venís aquí? Nosotros estamos tratando de irnos allí y vosotros os venís aquí. Parece muy absurdo.

Pero Occidente tiene que venir a Oriente; Harvard y Oxford han resultado ser insuficientes. Han aportado mucho, pero no han aportado riqueza interior. Occidente es pudiente, y como Occidente es pudiente, Occidente se ha vuelto más consciente de su pobreza interna, de su agujero negro interno, en contraste a su opulencia. Lo externo está tan lleno de luz que, por contraste, el agujero negro interno se ha vuelto muy evidente. Ha comenzado la búsqueda: Occidente está yendo hacia Oriente, Oriente está yendo hacia Occidente.

El intelectual oriental se hace comunista y el intelectual occidental se hace meditador. Esto puede continuar y esto puede llevar de nuevo a otro tipo de sustitución y sufrimiento. Occidente puede volverse Oriente y Oriente puede volverse Occidente y el problema continuará siendo el mismo. Mi esfuerzo aquí es un gran experimento para combinar Oriente y Occidente.

Kipling ha dicho: Oriente y Occidente nunca se encontrarán. Me gustaría decirle a Kipling, ya que debe estar en su tumba, porque es cristiano y no se irá de la tumba hasta el día del juicio final: «Señor, Oriente y Occidente se están encontrando; ya se han encontrado, se están encontrando aquí, en este lugar», que Advani dice que no representa la imagen real de India.

Representa a Oriente, pero representa más que a Oriente: representa a Oriente y a Occidente, representa a toda la humanidad; es un experimento en hermandad universal. Aquí encontrarás cristianos, judíos, mahometanos, parsis, jainas, budistas, hindúes..., todo tipo de personas. Todos han abandonado su identidad, han entrado en una hermandad universal..., ¿y decís que esto no representa la imagen real de India?

Y recuerda también: India no es un país pequeño; es un continente enorme; no es una sola tradición; es muchas tradiciones. Pero las personas que están ahora en el poder son básicamente hindúes chauvinistas. Un tipo muy erróneo de persona ha llegado al poder. Todo su pensamiento es de un hinduismo muy estrecho; tan estrecho que ni siquiera contiene todo el hinduismo actual. Por eso tiene tanto miedo.

Si a estas personas se les permite salirse con la suya, tarde o temprano demolerán Khajuraho, Konarak, porque dirán que no representan la imagen real de India.

¿Por qué están tan en contra de mí? Porque aquí está sucediendo el Yoga, está sucediendo el sufismo, está sucediendo el Zen, está sucediendo el Tao, también el Tantra..., y el Tantra está creando problemas. Esas personas en Nueva Delhi son personas absolutamente frustradas, reprimidas sexualmente.

Khajuraho está naciendo de nuevo aquí. ¿A quién pertenece Khajuraho? Yo no he hecho ese templo. Le sugeriría a Advani: destruya Khajuraho, porque puede que la gente de la BBC lo encuentre y lo filme. Es un hermoso templo, uno de los más bellos de la Tierra, porque no hay nada más bello que el amor, no hay nada más encantador que una pareja poseída por el amor, en un abrazo profundo. No hay nada más divino que eso. Algo de Dios desciende cuando una pareja está profundamente enamorada, en un éxtasis orgásmico. Khajuraho representa eso. Konarak representa eso. Y hay miles de escrituras tántricas. Por favor, destrúyalas antes de que alguien llegue a conocerlas. Destruya el Kama Sutra de Vatsyayana.

¿Por qué me tiene tanto miedo a mí y a mi gente? No le hacen daño a nadie. No se están entrenando para ninguna guerra; se están preparando para una vida más amorosa. Sí, junto al Yoga, al Tao, al Zen; también el Tantra es una parte. Y como algunos periódicos —y ellos también pertenecen a la misma mente reprimida— publican algunas fotos de desnudos en el ashram... Eso es todo lo que tienen contra mí.

Esa desnudez en sí misma forma parte de una larga tradición india. Los digambara munis jainas están desnudos, impídaselo; ellos siguen desnudos. Miles de sannyasins hindúes viven desnudos; impídaselo. Destruya todos los templos de los jainas, porque Mahavira y los otros veintitrés tirthankaras tienen sus estatuas desnudas allí. Y destruya todos los templos hindúes de Shiva, porque el shiva-linga no es más que un símbolo fálico. Solo entonces puede decir...

Primero, destruya todas estas cosas, solo entonces puede decir que Osho y su ashram no reflejan la imagen real de India. Por lo demás, India es un continente enorme; han pasado miles de años y muchas tradiciones han vivido juntas. El Tantra ha existido junto al Yoga.

El Yoga es represivo, el Tantra es expresivo. El Yoga le tiene miedo al sexo, el Tantra se regocija en el sexo. El Yoga dice: «Evita el sexo si quieres llegar a Dios», y el Tantra dice: «Usa el sexo si quieres llegar a Dios.» Y mi propia observación es que el Tantra es mucho más profundo que el Yoga, porque el sexo es la energía que te ha dado Dios; reprimirlo será muy irrespetuoso con Dios. Úsalo. Y es la energía creativa que hay en ti: crea niños, crea nueva vida. Tiene también otros aspectos, aspectos ocultos: si lo usas meditativamente, si lo usas como oración, puede crearte de nuevo, puede darte un renacimiento. Te volverás un dwija, uno que ha nacido dos veces.

La energía del sexo tiene dos polos. Uno es que si va hacia abajo, reproduce niños; un milagro tremendo, el nacimiento de un niño. Si va hacia arriba, te crea a ti: nace una nueva integridad, una nueva individuación, un nuevo centro del ser. El Tantra es una de las mayores ciencias que ha nacido nunca para la transformación del hombre. Y este lugar no es un ashram corriente, de la manera en que los indios se han acostumbrado a los ashrams: aburridos, muertos. Este lugar es una academia alquímica. Estamos haciendo grandes experimentos para expandir la consciencia humana y estamos usando todo tipo de técnicas disponibles a la humanidad, tanto orientales como occidentales. Esto les asusta mucho.

Dice: «El film de Osho no reflejará la imagen real de India... Sentimos que un film acerca de las actividades del ashram no reflejaría favorablemente la imagen de India en el extranjero.»

Pero simplemente impidiendo que lleguen aquí la BBC, la unidad de la TV española, la unidad de la TV australiana, la unidad de la TV alemana y los periodistas, ¿cree que será capaz de impedir que yo llegue a la gente? Si Jesús pudo llegarles sin la BBC, ¿piensa que será capaz de evitar que yo llegue a la gente? Si Buda pudo llegarles sin tener a su disposición ningún medio de comunicación moderno, ¿piensa que será capaz de impedírmelo?

No se puede evitar. La verdad no se puede evitar. Si hay algo verdadero en mí, tiene que llegar a la gente. Les llegará, y la gente llegará a mí. Ningún gobierno puede impedirme que le llegue a la gente. Sí, puede vedar los periódicos, puede vedar las estaciones de televisión, puede vedar la radio. ¿A quién le importa?

A través de mi gente llegaré a millones de personas. Si hay verdad, la gente vendrá del mundo entero, buscando e indagando. Si están sedientos, buscarán e indagarán, porque tengo algo aquí que puede saciar su sed.

Y sin venir aquí siquiera —Advani nunca ha venido aquí, ningún otro ministro ha venido nunca aquí— decir semejantes tonterías no está bien.

Y, señor, le sugeriría... Su gobierno es muy diestro en crear comisiones. Eso es lo único que han hecho este año y medio que han estado en el poder. Lo único que han hecho es crear comisiones. ¿Por qué no crea una comisión para que visite el ashram, para que vea lo que está sucediendo aquí? Recuerde una cosa: tenga cuidado, porque la gente que viene aquí se queda enganchada. Y tenga cuidado también al elegir a quién envía. Toda la información que tiene sobre el ashram la tiene que obtener de la maquinaria de su gobierno. ¿Cómo van a entender? ¿Qué pueden entender? Toda la información que tiene proviene de la maquinaria de su gobierno. ¿Qué van a entender?

De manera que no designe una comisión con algún juez senil, retirado...; eso no servirá. Recuerde que lo que está sucediendo aquí es algo tan científico que solo las personas que sepan algo sobre los avances modernos de la psicología humanística, que sepan algo sobre la terapia de confrontación, gestalt, psicodrama, terapia primal, que sepan algo sobre psicoanálisis, psicosíntesis, que sepan algo sobre EST, Arica, que sepan algo sobre vipassana, zazen, danza sufí... Solo ellas podrán comprender lo que está sucediendo aquí.

Este lugar tiene mucho intelecto, mucha inteligencia, mucho talento. Tenemos cientos de doctores en Literatura, doctores en Ciencias, doctores en Filosofía, y miles de Masters en Ciencias Liberales, Masters en Ciencias y otros títulos académicos. Ninguna otra universidad india puede alegar tanto talento como el que tenemos aquí. ¡Incluso los doctores están limpiando retretes!

Así es que envíe a algunas personas cultas, no a sus parlamentarios —ellos no entenderán nada— y luego decida. Usted también está invitado, señor Advani.

¿Y qué tipo de democracia es ésta? Usted llegó al poder en nombre de la democracia. Ni siquiera Indira se atrevió a interferir con mi trabajo. ¿Y ustedes son demócratas? ¡Nada más que hindúes chauvinistas!

India es un continente enorme. ¿Piensan que Charvaka y su materialismo no son indios? ¿Piensan que Buda, que niega a Dios, que niega el alma, que niega el mundo, que es un nihilista, un nihilista absoluto, un nihilista por excelencia..., piensan que no era hindú? ¿Piensan que Tilopa y Saraha no eran indios, grandes tántricos?

¿Quién piensan ustedes que es indio? ¿Sólo Mahatma Gandhi y Mahatma Morarji Desai?... ¿Estas dos personas son indias? Entonces ni siquiera saben mucho sobre Mahatma Gandhi. Durante toda su vida reprimió el sexo y en su vejez descubrió que había estado en el camino equivocado. Y entonces empezó, tuvo que empezar, a experimentar con el Tantra. ¿Qué les parece esto? En los últimos años de su vida dormía con una chica desnuda. Toda su vida de represión había sido un fracaso, porque incluso cuando tenía setenta años tenía sueños húmedos y fantasías sexuales. Entonces, como último recurso, como último refugio, empezó a considerar el Tantra. Cuando murió era tántrico. ¿Qué les parece eso? ¿Y le llaman Padre de la Nación? Dejen de llamarle Padre de la Nación; él no representa la imagen real de India. ¿Qué piensan de él..., a los setenta años, durmiendo con una chica, una chica de dieciocho años, desnuda? ¿Y le llaman Padre de la Nación?

Y una cosa más. Éstas son las personas, Advani y compañía, que crearon el ambiente en el que este hombre, Mahatma Gandhi, fue asesinado...; estos hindúes chauvinistas. ¿Pero qué tipo de hipocresía es ésta? Ahora le rinden honores y le llaman Padre de la Nación..., ¡y ellos son los asesinos! Crearon el ambiente en el país para que se matara a ese hombre, y ahora le veneran. Están en el poder en su nombre.

India tiene muchas corrientes. Y es hermosa. No es un monolito, por eso es hermosa. Es un arco iris, tiene todos los colores: los budistas tienen una ideología diferente, los jaínas tienen una ideología totalmente diferente y los hindúes tienen muchas ideologías. El hinduismo no es una religión estrecha. En el hinduismo no hay un papa o una iglesia; no es una religión organizada en absoluto. Y ésa es su belleza: permite que todo tipo de personas tenga todo tipo de caminos; dice que todos los caminos llevan a Dios. Es la religión más tolerante del mundo. Pero los hindúes chauvinistas no pueden tolerar; empiezan a intentar que el hinduismo sea tan estrecho como ellos. Éstas son las ideas que tienen en la cabeza. Estas ideas les están creando problemas.

Todo tipo de personas viene a mí. Encontraréis aquí científicos, encontraréis aquí psicólogos..., cientos de ellos. Encontraréis aquí psicoterapeutas, encontraréis poetas, pintores, artistas, músicos, actores. Encontraréis aquí todo tipo de personas con talento..., excepto políticos.

¿Por qué tienen los políticos tanto miedo de venir aquí? Hay una razón: el político es la persona menos religiosa del mundo, la persona más antirreligiosa del mundo. La política y la religión son polos opuestos. La política es ambición; la religión es no-ambición. La política es una exaltación del ego; la religión es la disolución del ego. La política es lucha, es una contienda despiadada; es violenta..., básicamente, esencialmente. La religión es amor: sin contienda, sin comparación. Por eso no encontraréis a políticos aquí.

Y como yo le llamo al pan pan y al vino vino, me tienen miedo, no quieren estar cara a cara conmigo. Señor Advani, les invito a usted y a sus colegas a venir aquí a encontrarse conmigo, a encontrarse con mi gente. Esto les permitirá entender algo de lo que está sucediendo aquí.

Es uno de los mayores experimentos que se han hecho nunca: cómo expandir la consciencia humana sin drogas. Y, permítame decírselo, la política es una droga. Los políticos son alcohólicos. La política es un tipo de neurosis. Puedes ir al parlamento y sentarte a mirar allí durante un día y verás: no verás semejante locura ni en un manicomio. ¿Y estas personas van a decidir quién representa a India?

India es inmensa; dejadme decirlo de nuevo: nadie puede representar a toda India, nadie tiene la autoridad para representar a toda India. No es un sitio pequeño, diminuto; tampoco una sola tradición, una sola religión, una sola lengua. Y estos hindúes chauvinistas están intentando imponer una sola lengua en el país. Detrás del hindi sólo hay chauvinismo hindú. Están tratando de imponer una lengua, el hindi, en todo el país, lo que es un disparate; no se puede hacer, no se debería hacer. Y recuerda, mi propia lengua materna es el hindi, y me encanta. Es una bella lengua. Pero eso es otra historia. Este país tiene muchas lenguas hermosas. No se le debería imponer ninguna lengua al país; eso será violento, antidemocrático. Pero eso es lo que están tratando de hacer... directamente, indirectamente. Y dejadme alertar al país: si estas personas persisten en tratar de imponer el hindi en todo el país, ésa será la razón por la que un día u otro India se dividirá. El sur de India está abocado a seguir su propio camino contra el norte, porque el norte se está volviendo demasiado hindú chauvinista.

Si este país se destruye algún día, la causa estará en estas personas que están en el poder hoy. India no puede tener una sola lengua. Y si puede tener una sola lengua, esa lengua tiene que ser neutral; será el inglés o el esperanto, pero no el hindi, no el gujarati, no el marathi, no el bengalí, no el tamil. Tendrá que ser una lengua neutral. El inglés es neutral; no es la lengua materna de nadie en India. Y el inglés es también internacional, así que es perfectamente apropiado. Yo abogo por una fórmula de dos lenguas: el inglés como lengua nacional, porque es también internacional, y la segunda lengua, la lengua materna. Todo niño debería aprender dos lenguas. Olvídate completamente del hindi, y olvídate completamente de crear un monolito en este país de variedad, de multiplicidad.

Y están tratando de hacer lo mismo también con la religión, de la misma manera. Quieren obligarme a dejar de hacer lo que estoy haciendo aquí porque mi enfoque no es político. No tengo intereses creados en nada: en ninguna lengua, en ninguna provincia, en ninguna religión, en ninguna tradición. Mi enfoque es que todo el pasado es nuestro; y no solo el pasado indio, todo el pasado de la humanidad es nuestro. Por eso he optado por hablar de maestros chinos, maestros japoneses, maestros griegos, maestros hebreos. Voy a hablar de todos los maestros del mundo para que escuchando todas estas canciones diferentes os podáis volver universales.

Le tienen miedo a todo esto. Les gustaría que solo hablara del Bhagavad Gita. El Bhagavad Gita es hermoso y he hablado de él, pero no voy a hablar sólo de esto. No pertenezco a ninguna tradición, a ningún pasado. Reclamo como mío todo el pasado, y también todo el futuro.

A veces sucede que un político quiere venir, pero entonces envía «emisarios», envía a gente, y esas personas vienen y quieren que invite al político. ¿Por qué iba a invitarle? Toda la gente viene aquí; quien quiera venir aquí puede venir aquí. No estamos aquí para rendir honores especiales a nadie; a políticos..., desde luego que no. Me envían mensajes diciendo que «X está dispuesto a venir a inaugurar el ashram», que «Y está dispuesto a poner la primera piedra de la nueva comuna».

No permitiré que ningún político ponga la primera piedra de mi comuna; eso será sacrílego. No permitiré que ningún político venga a inaugurar mi ashram. Los políticos..., ¿qué tienen que ver con la religión? Tienen la vibración más sucia posible.

Pero hubo buenos tiempos en el pasado, y también grandes personas. Escucha esta anécdota.

 

El emperador vino a visitar al maestro Zen Joshu, que estaba meditando en su habitación.

«Dile que entre y haga una reverencia», le dijo el maestro a su horrorizado asistente. El emperador entró e hizo una reverencia.

Cuando después le preguntaron a Joshu acerca de su descortés conducta, explicó: «No lo comprendéis. Si viene un visitante de clase baja, voy a la puerta del templo para recibirle. Para un visitante de clase media, me levanto de mi silla. A un gran emperador no se le puede tratar así.»

El emperador, por supuesto, había estado encantado con su recibimiento.

 

Pero ésos eran muy buenos tiempos: ¡un emperador estaba encantado! Pero estos pobres políticos envían mensajes diciendo que se les debería recibir en la puerta, con guirnaldas; que se les debería tratar como a V VIP. ¡Qué disparate! Si con dejar que entres, eso ya muestra suficiente respeto por ti. Si Sant no te impide que entres, deberías considerarte afortunado.

En la nueva comuna voy a poner un cartel en la puerta: «No se permite la entrada a políticos y perros.»

 

Suficiente por hoy.

 

 

Capítulo 11

 

La totalidad y el círculo sagrado

 

Osho, el Maestro Lu-Tsu dijo:

Nada es posible sin contemplación. Percibir te lleva a la meta.

 

Lo que hay que virar con la reflexión es el corazón autoconsciente, que tiene que dirigirse hacia ese punto en el que el espíritu formativo aún no está manifiesto. En nuestro cuerpo de 180 centímetros debemos tratar de alcanzar la forma que existía antes del asentamiento del cielo y la tierra. Si hoy la gente se sienta y medita durante una o dos horas, mirando solo a su ego y a esto lo llama reflexión, ¿cómo va surgir algo de ello?

 

Uno debería, mirar la punta de su nariz. Pero esto no significa que uno deba fijar sus pensamientos en la punta de la nariz. Tampoco que, mientras los ojos están mirando la punta de la nariz, se deban concentrar los pensamientos en el medio amarillo. Adonde miran los ojos también se dirige el corazón. ¿Cómo va a poder dirigirse hacia arriba y hacia abajo al mismo tiempo? Todo eso significa confundir el dedo con el que uno señala la luna con la luna misma.

 

¿Qué se quiere decir realmente con esto entonces? La expresión «punta de la nariz» se ha elegido ingeniosamente. La nariz debe servir de guía a los ojos. Si no te guías por la nariz, o abres mucho los ojos y oteas la distancia de modo que no se ve la nariz, o cierras demasiado los párpados, y de nuevo no ves la nariz. Pero cuando los ojos están demasiado abiertos se comete el error de dirigirlos hacia fuera, por lo que te distraes fácilmente. Si están demasiado cerrados se comete el error de dejar que se dirijan hacia dentro, por lo que te sumergen fácilmente en una ensoñación distraída. Tan solo cuando los párpados se bajan a medias correctamente se ve la punta de la nariz de la manera adecuada. Por tanto, se toma como guía. Lo más importante es bajar los párpados correctamente y luego dejar que la luz entre por sí sola; sin esfuerzo, queriendo que la luz entre concentradamente. Mirar la punta de la nariz solo sirve como comienzo de la concentración interna, para llevar los ojos en la dirección correcta para mirar, y luego se mantienen como guía: después de eso, se pueden soltar. Ésta es la manera en la que un albañil cuelga una plomada. En cuanto la ha colgado, guía su trabajo con ella sin molestarse continuamente en mirar la plomada.

 

Se mira la punta de la nariz con ambos ojos, sentado derecho y en una posición cómoda, y se mantiene el corazón en el centro en medio de las circunstancias. Eso no significa necesariamente en el medio de la cabeza. Es solo cuestión de fijar el pensamiento en el punto que está exactamente entre los dos ojos. Entonces todo está bien. La luz es algo extremadamente móvil. Cuando fijas el pensamiento en el punto medio entre los dos ojos, la luz entra por sí misma. No es necesario dirigir la atención especialmente al castillo central. Estas pocas palabras contienen lo más importante.

 

«El centro en medio de las circunstancias» es una expresión muy sutil. El centro es omnipresente; todo está contenido en él; está conectado con la puesta en marcha de todo el proceso de la creación.

 

Fijar la contemplación es indispensable; asegura que la iluminación suceda rápidamente. Tan solo, no hay que permanecer sentado rígidamente si surgen pensamientos mundanos, sino que se debe examinar dónde está el pensamiento, dónde comenzó y dónde se desvanece. No se gana nada empujando más allá la reflexión. Hay que contentarse viendo dónde surgió el pensamiento, y no buscar más allá del punto de origen; porque encontrar el corazón de la consciencia, ir detrás de la consciencia con consciencia..., eso no puede hacerse. Conjuntamente queremos poner en calma los estados del corazón, eso es la verdadera contemplación. Lo que la contradice es la falsa contemplación. Eso no lleva a ninguna meta. Cuando el vuelo de los pensamientos sigue extendiéndose más, uno debería parar y comenzar la contemplación. Contempla y luego comienza de nuevo a fijar. Ése es el método doble de hacer que la iluminación suceda rápidamente. Significa la circulación de la luz. La circulación es fijación. La luz es contemplación. Fijación sin contemplación es circulación sin luz. ¡Contemplación sin fijación es luz sin circulación! ¡Toma nota de eso!

 

 

La totalidad y el círculo sagrado

 

Un ciego visitó a sus amigos. Estaba oscuro cuando se fue, y le dieron un farolillo.

«Gracias, pero no lo necesito. La luz y la oscuridad son lo mismo para mí.»

«Sí, pero llévalo de todas formas para que la gente no se choque contigo.»

Se fue y muy pronto alguien se chocó con él y le gritó: «¿Por qué no miras por dónde vas?»

«¡¿Por qué no ves tú mi farolillo?!»

«Perdona, hermano», dijo el otro, «se apagó tu vela».

 

Las escrituras en manos de personas que no saben qué es la meditación son igual que un farolillo en manos de un ciego: absolutamente inútiles; el ciego no puede saber si el farolillo sigue encendido o no. Simplemente cargará con un peso innecesario..., de hecho, no es útil en absoluto; por el contrario, puede ser un obstáculo. Si el ciego hubiera ido andando sin el farolillo, habría sido más cuidadoso, más cauto. Como tenía el farolillo en la mano, debió de ir andando como si tuviera ojos, debió de abandonar toda la cautela.

Eso es lo que le ha sucedido a la humanidad en general: la gente tiene la Biblia, el Corán, el Gita; son lámparas de inmensa belleza y luz, pero vuestros ojos están ciegos. Y el Gita tiene cinco mil años de antigüedad...; la luz se extinguió hace mucho tiempo. Cuando murió Krishna, la luz se apagó. Y lo mismo es el caso con la Biblia y el Corán y todas las demás escrituras sagradas del mundo: cuando muere el maestro, la luz se apaga.

Pero la gente sigue cargando con las escrituras, creyendo en las escrituras, confiando en que su vida seguirá llena de luz porque llevan el mensaje de un gran maestro. Ese mensaje no es nada más que palabras; es una carga innecesaria. Si desaparecen todas las escrituras del mundo, el hombre puede volverse más cauto, puede volverse más alerta, puede empezar a buscar por su cuenta la fuente de la luz. Como no habrá nada en lo que apoyarse, tendrá que aprender a valerse por sí mismo.

 

Te-shan visitó una vez a Lung-t'an y, buscando más y más esclarecimientos, se quedó hasta que se hizo muy tarde. Finalmente, Lung-t'an dijo: «Cada vez es más de noche. ¿Por qué no te retiras?»

Te-shan, despidiéndose, alzó la mampara de bambú y salió. Al ver la intensa oscuridad fuera, volvió y dijo: «Está oscuro fuera.»

Entonces Lung-t'an encendió un farol y se lo ofreció a Te-shan. Justo cuando Te-shan estaba a punto de cogerlo, Lung-t'an lo apagó de improviso. Con esto, Te-shan de pronto alcanzó la iluminación, después de lo cual hizo una reverencia.

Lung-t'an dijo: «¿Qué tipo de verdad viste?»

Te-shan dijo: «Desde hoy nunca pondré en duda las declaraciones de todos los antiguos maestros bajo el cielo.»

Al día siguiente, Lung-t'an acudió ante los discípulos y dijo: «En este grupo hay un hombre cuyos dientes caninos son como árboles de espadas, cuya boca parece un plato ensangrentado, y que no vuelve la cabeza ni siquiera cuando le dan un golpe con una vara. Un día establecerá mi camino en lo alto de la cima de una montaña solitaria.»

Entonces Te-shan, delante de la sala de meditación, sacó sus comentarios de los sutras, alzó una antorcha y dijo: «El profundo análisis sin fin es como poner un solo pelo en el vacío del espacio; el poder mundano es como arrojar una gota de agua en un inmenso barranco.»

Diciendo esto, tomó sus comentarios y los quemó.

 

Si no tienes ojos, incluso la luz es inútil; un farol en tus manos no es nada, absolutamente nada. Pero si tienes ojos, incluso apagar una vela puede convertirse en una experiencia de iluminación. Es una cuestión de ojos.

A este hombre, Lung-t'an, le visitó Te-shan. Lung-t'an es el maestro, Te-shan es su discípulo. Al ver la oscuridad fuera, el discípulo le dijo al maestro: «Está demasiado oscuro.»

El maestro encendió una vela y se la dio al discípulo, y cuando la iba a coger, la apagó. De pronto, todo volvió a estar oscuro, más oscuro que antes. Y este brusco apagón de la vela debió de haber sido un shock... inesperado. Por un momento, el discípulo debió de haber caído en el intervalo entre dos pensamientos. Por un momento, el pensamiento desapareció y hubo contemplación. Por un momento hubo absoluto silencio. En ese silencio pudo comprender.

Al día siguiente quemó todas sus escrituras. Ya no eran necesarias; ahora conocía la verdad a través de su propia experiencia.

Un poco de experiencia es más valiosa que montañas de conocimientos. Tan solo dos pequeños ojos son más valiosos que el sol y la luna y todas las estrellas. El punto fundamental es que la religión es una experiencia. No es una especulación, no es un análisis continuo: es un momento de entendimiento.

Ahora los sutras. Estos sutras tienen un valor inmenso porque te ofrecen la técnica en los términos más sencillos que es posible. Y el método es realmente sencillo..., a menos que estés empeñado en complicarlo.

La mente siempre convierte las cosas sencillas en complejidades; cuidado con eso, porque la mente no puede existir con lo sencillo: no es necesaria. Si las cosas son realmente sencillas, ¿qué necesidad hay de la mente? La mente solo es necesaria cuando las cosas son complejas. Entonces tienes que depender de la mente, porque entonces la mente encontrará una salida del enigma. Pero si no hay enigma, la mente es absolutamente inútil; la puedes desechar. De manera que la mente quiere complejidad. Recuérdalo.

Estos sutras son muy sencillos. La verdad siempre es sencilla, absolutamente sencilla.

 

El Maestro Lu-Tsu dijo:

Nada es posible sin contemplación.

 

¿Qué es la contemplación? Es un momento de no-pensamiento.

La palabra «contemplación» no da la idea correcta de dhyana. En inglés no hay ninguna palabra que pueda traducir la palabra «dhyana».

Hay tres palabras disponibles. Una es «concentración», que se aleja mucho, porque concentración denota esfuerzo, tensión, un estado forzado, no un estado de fluir espontáneamente, y dhyana es una espontaneidad fluida. No hay tensión en ella, de manera que la palabra «concentración» no puede ser su traducción.

Luego la otra palabra es «contemplación». Pero contemplación da la idea de pensar. Cuando dices que alguien está contemplando quieres decir que está pensándose algo.

O la tercera palabra; es «meditación». Pero también eso significa pensar: meditar sobre algo. Ninguna de estas tres palabras conlleva el significado de dhyana. Dhyana significa un estado de no-pensamiento, un estado de silencio, un estado de estar consciente pero sin ningún contenido. El espejo está ahí pero sin reflejar nada, nada en absoluto. Igual que el espejo, la consciencia está ahí, pero nada la ocupa. Esa conciencia no ocupada es dhyana.

Los taoístas usan la palabra «contemplación» para traducirla. Es solo porque hay que usar alguna palabra. Así que recuerda el significado: no es el significado de los diccionarios. Si consultas los diccionarios tendrás una idea totalmente falsa de la contemplación. De hecho, eso es lo que El secreto de la Flor Dorada llama «falsa contemplación». Falsa contemplación significa pensar en algo. Puede ser Dios... Eso es lo que los cristianos llaman contemplación: pensar en Dios, pensar en cosas sagradas, cosas transcendentes. Pero las cosas son cosas; da igual que sean sagradas o malvadas. Y pensar es pensar; da igual que pienses en el sexo o en el samadhi.

Un estado de no-pensamiento, un intervalo... Y siempre está sucediendo, pero no estás alerta. De lo contrario, no hay problema en ello. Llega un pensamiento, luego llega otro, y entre estos dos pensamientos hay siempre un pequeño lapso. Y ese lapso es la puerta a lo divino, ese lapso es contemplación. Si exploras ese lapso en profundidad, empieza a hacerse cada vez más grande.

La mente es como una carretera llena de tráfico: pasa un coche, luego pasa otro coche, y te interesas tanto en los coches que no ves el lapso que hay siempre entre dos coches. De lo contrario, chocarían. No se chocan; hay algo entre ellos que los mantiene separados. Tus pensamientos no se chocan, no se atropellan, no tropiezan entre sí. Ni siquiera se traslapan de forma alguna. Cada pensamiento tiene su propia demarcación, cada pensamiento es definible. Pero el proceso de los pensamientos es tan rápido, tan acelerado, que no ves el lapso a menos que estés realmente esperándolo, buscándolo.

Contemplación significa cambiar la gestalt. Generalmente observamos los pensamientos: un pensamiento, otro pensamiento, otro pensamiento. Cuando cambias la gestalt, observas: un intervalo, otro intervalo. Tu énfasis ya no está en los pensamientos, sino en el intervalo.

Por ejemplo, estáis sentados aquí. Puedo observaros de dos maneras: o una persona, otra persona, otra persona: mi énfasis recae en las personas; puedo contar cuántas personas hay aquí; o puedo olvidarme de las personas y contar los espacios entre las personas, cuántos huecos hay. Éste es el cambio de gestalt. Si cuentas los huecos te sorprenderás: las personas se vuelven difusas, no las ves claramente porque estás observando los huecos, estás contando los huecos.

Algún día, parado al lado de la carretera, simplemente cuenta cuántos huecos pasan y te sorprenderá que no ves el color de los coches, no ves a los conductores y los pasajeros de los coches, pero ves los huecos. Pasa un hueco, pasa otro hueco: sigues contando los huecos. Tu gestalt es diferente.

La contemplación es el cambio de gestalt; no saltar de un pensamiento a otro pensamiento, sino saltar de un lapso a otro lapso. Poco a poco te vuelves muy consciente de los huecos. Y ése es uno de los grandes secretos de la vida, porque es por esos huecos por donde desembocarás en tu propio ser, en tu propio centro.

 

El Maestro Lu-Tsu dijo:

Nada es posible sin contemplación. Percibir te lleva a la meta.

 

Percibir, tan solo percibir..., lo que en India llamamos darshan. Ver te lleva a la meta, sin ir a ninguna parte. No necesitas ir a ninguna parte...; ¡solo ver! Cuando empieces a observar los intervalos, los lapsos, serás capaz de ver quién eres. Y tú eres la meta, tú eres la fuente y la meta, las dos cosas: el principio y el final, el alfa y la omega. Contienes todo lo que siempre has anhelado, tienes todo lo que siempre has deseado. No necesitas ser un mendigo. Si optas por observar los lapsos serás un emperador, si continúas considerando los pensamientos seguirás siendo un mendigo.

 

Percibir te lleva a la meta.

 

Ni siquiera hay que dar un solo paso más allá de ti mismo, porque Dios ya está dentro de ti. Dios ya es lo que hay. Es tu centro más íntimo. Dios no está allá arriba, en alguna parte del cielo; Dios está dentro de ti, en algún lugar en el que los pensamientos ya no te molestan, en el que prevalece el silencio, en el que está presente la consciencia absolutamente no ocupada, sin reflejar nada.

Entonces experimentas por primera vez tu propio sabor; entonces estás lleno de la fragancia de tu propio ser: florece la flor dorada.

 

Lo que hay que virar con la reflexión es el corazón autoconsciente, que tiene que dirigirse hacia ese punto en el que el espíritu formativo aún no está manifiesto.

 

El pensamiento es lo manifiesto; el no-pensamiento es lo no-manifiesto. Si tu gestalt consta solo de pensamientos, no conocerás más que el ego. El ego es llamado «el corazón autoconsciente». Sigue siendo solo un manojo de pensamientos. Ese manojo de pensamientos te da la consciencia de ser: «Existo.»

Descartes, el padre de la filosofía occidental moderna, dice: «Pienso, luego existo.» Su propio sentido es muy diferente porque no es un meditador, pero la afirmación es bella. Yo le doy un significado diferente. Sí, existo... solo si pienso. Si el pensamiento desaparece el yo también desaparece. «Pienso, luego existo»...; este «yo», este corazón autoconsciente, no es más que un continuo de pensamientos. No es realmente una entidad, es una falsa entidad, una ilusión. Es como cuando coges una antorcha con la mano; si empiezas a hacer girar la antorcha verás un círculo de fuego que no existe realmente. Pero la antorcha se mueve tan rápidamente que crea un círculo de fuego ilusorio, crea la ilusión de un círculo de fuego. No existe. Los pensamientos se mueven tan rápidamente que crean la idea de un «yo».

Lu-Tsu dice que hay que pasar del corazón autoconsciente al corazón que no es autoconsciente: hay que pasar del ego al estado sin ego, hay que pasar del yo al no-yo. El yo es la parte manifiesta: diminuta, muy pequeña, burda. El no-yo es la parte no manifiesta: infinita, eterna. El yo es un fenómeno temporal: nacido un día, tendrá que morir un día. El no-yo, lo que Buda llama anatta, no-yo, forma parte de la eternidad: no ha nacido nunca y nunca va a morir; permanece por siempre.

 

En nuestro cuerpo de 180 centímetros debemos tratar de alcanzar la forma que existía antes del asentamiento del cielo y la tierra.

 

Y en tu cuerpo de 180 centímetros tienes aún viva esa cualidad original, vibrando, esa cualidad original que existía antes de que se crearan el cielo y la tierra. La gente Zen la llama «el rostro original»: cuando nada había nacido, ni siquiera la tierra, ni el cielo, todo estaba sin manifestar; cuando todo era silencio, no había nacido ningún sonido; cuando no había ninguna forma y todo carecía de forma, todo estaba en estado de semilla.

Tienes ese silencio original en ti. Los hindúes lo llaman anahat nad. Los budistas tienen una expresión especial para ello: «el sonido de la palmada con una sola mano». Está dentro de ti, es tu realidad. Saborearlo es hacerse inmortal, saborearlo es ser dorado. Entonces el polvo se transforma en lo divino.

La meta de toda alquimia es transformar el metal base en oro.

 

Si hoy la gente se sienta y medita durante una o dos horas, mirando solo a su ego y a esto lo llama reflexión, ¿cómo va surgir algo de ello?

 

Te puedes sentar en meditación y puedes observar solo tu ego. Eso es lo que la gente llama contemplación: observan sus pensamientos, no cambian la gestalt. Lo único que les sucede es: normalmente están ocupados con tantas cosas que no pueden observar sus pensamientos; cuando se sientan especialmente para meditar se olvidan de mundo, por el momento, y los pensamientos se vuelven más definidos, están más alerta a sus pensamientos.

Éste es el estado del filósofo; así es como los filósofos han estado pensando, especulando, filosofando. Esto no es la verdadera contemplación. Y esto nunca te llevará más allá del ego, más allá de la muerte, más allá del tiempo. Y es ahí donde está tu meta.

Deja que lo repita: si quieres meditar tendrás que cambiar la gestalt. Simplemente cerrar los ojos y observar el ego no servirá.

El gran filósofo inglés David Hume escribió: «Escuchando y leyendo una y otra vez la gran máxima y el consejo de todos los grandes maestros, "Conócete a ti mismo, medita", yo también intenté meditar. No encontré nada dentro excepto pensamientos, recuerdos, imaginaciones, sueños. Pero no he encontrado nada más.»

Tiene razón, porque no sabe lo que es la meditación. Es un filósofo, y uno de los filósofos con más talento del mundo, muy muy lógico, consistente, pero solo un filósofo, no un meditador. Debe de haberlo intentado, si lo dice, y debió de encontrarse con muchos pensamientos deambulando en su interior. Y entonces dijo: «Pero no veo ningún ser, no veo ningún silencio, no veo ningún Dios. Todo es fútil.»

Se lo perdió porque no era consciente de que primero tienes que cambiar la gestalt. No tienes que observar los pensamientos, tienes que observar los lapsos, buscar los lapsos; tienes que ir en busca de los lapsos y tienes que meterte en los lapsos. Si se hubiera metido en los lapsos habría visto que desaparecen los pensamientos, desaparecen los sueños, desaparecen los recuerdos..., todo queda atrás. Poco a poco todo se vuelve un ruido muy distante, y luego llega un momento: simplemente desaparece y has ido más allá, has alcanzado la otra orilla.

 

Uno debería mirar la punta de su nariz.

 

Éste es el punto práctico de todo el sutra; muy sencillo, pero trata de comprenderlo correctamente, porque la mente quiere distorsionar incluso las cosas sencillas. La mente es un mecanismo distorsionador.

 

Uno debería mirar la punta de su nariz.

 

¿Por qué? Porque esto ayuda, te alinea con el tercer ojo. Cuando los dos ojos están fijos en la punta de la nariz, eso hace muchas cosas. Lo básico es que tu tercer ojo está exactamente en línea con la punta de la nariz; está solo unos centímetros por encima, pero en la misma línea. Y una vez que estás en línea con el tercer ojo, la atracción del tercer ojo, el tirón, el magnetismo del tercer ojo es tan grande que si te has puesto en línea con él tirará de ti incluso contra tu voluntad. Tienes que estar exactamente en línea con él para que la atracción, la gravitación del tercer ojo empiece a funcionar. Una vez que estés exactamente en línea con él, no habrá necesidad de hacer ningún esfuerzo. De pronto notarás que la gestalt ha cambiado, porque los dos ojos crean la dualidad del mundo y el pensamiento, y el ojo único entre los dos ojos crea los lapsos. Éste es un método sencillo para cambiar la gestalt.

 

Uno debería mirar la punta de su nariz. Pero esto no significa que uno deba fijar sus pensamientos en la punta de la nariz.

 

Así es como la mente puede distorsionarlo. La mente puede decir: «Muy bien, mírate la punta de la nariz. Piensa en la punta de la nariz, concéntrate en ella.» Si te concentras demasiado en la punta de la nariz te lo perderás, porque tienes que estar ahí, en la punta de la nariz, pero muy relajado, para que el tercer ojo pueda atraerte. Si estás demasiado concentrado en la punta de la nariz —arraigado, enfocado, fijado ahí— tu tercer ojo no podrá succionarte, porque tu tercer ojo nunca ha funcionado antes. Su atracción no puede ser muy grande al principio. Poco a poco va creciendo más y más. Una vez que empieza a funcionar y el polvo que se ha acumulado a su alrededor desaparece con el uso y el mecanismo ronronea bien, entonces serás succionado incluso si estás fijado en la punta de la nariz..., pero no al principio. Tienes que ser muy muy ligero, no una carga; sin ninguna tensión ni tirantez. Simplemente tienes que estar ahí, presente, como dejándote ir.

 

Tampoco que, mientras los ojos están mirando la punta de la nariz, se deban concentrar los pensamientos en el medio amarillo.

 

De modo que no te concentres en la punta de la nariz o..., el segundo truco que puede intentar la mente. El maestro simplemente está tratando de alertarte acerca de todas las posibilidades, de todos los juegos de los que es capaz la mente. Primero dirá: «Muy bien, así que el maestro dice: "Concéntrate en la punta de la nariz."» No está diciendo: «Concéntrate en la punta de la nariz», simplemente está diciendo: «Mira. Basta una mirada muy ligera, sin esfuerzo.» O la mente puede decir: «Muy bien, si estás mirándote la punta de la nariz, entonces concéntrate en el tercer ojo.»

La mente está siempre a favor de la concentración, porque la mente se alimenta de concentración, vive de la concentración. Por eso, en vuestras escuelas, colegios, universidades, se enseña concentración, no meditación, porque son todas ellas fábricas para crear la mente; manufacturan la mente.

 

Donde miran los ojos también se dirige el corazón. ¿Cómo va a poder dirigirse hacia arriba y hacia abajo al mismo tiempo?

 

Y entonces la mente puede decir: «Mira, esto es imposible; lo que pide es ilógico. ¿Cómo vas a mirar en dos direcciones simultáneamente, a la punta de la nariz y al tercer ojo? No es posible, no se puede hacer. ¡No seas tonto!»

Es el tercer juego de la mente: condenar algo como ilógico. Primero crea una idea falsa y luego empieza a derruirla. Y cuando la destroza, tiene una gran alegría: una alegría muy masoquista, sádica. Dice: «Mira, esto es lo que quiere decir. ¡Absurdo! Primero mírate la punta de la nariz y entonces mira el tercer ojo. ¿Cómo vas a hacer las dos cosas, mirar arriba y abajo? Es imposible.»

 

Todo eso significa confundir el dedo con el que uno señala la luna con la luna misma.

 

¿Qué se quiere decir realmente con esto entonces? La expresión «punta de la nariz» se ha elegido ingeniosamente. La nariz debe servir de guía a los ojos.

 

Eso es todo; simplemente como guía: de modo que estás en el campo, en el campo de fuerza del tercer ojo, de tal manera que estás muy próximo a la energía magnética del tercer ojo. No puede funcionar de otra manera. Simplemente tienes que estar presente en la fuerza magnética, en su campo, y entonces te lleva hacia dentro. No necesitas entrar, no necesitas hacer ningún esfuerzo para entrar; sucede por sí solo.

 

Si no te guías por la nariz, o abres mucho los ojos y oteas la distancia de modo que no se ve la nariz, o cierras demasiado los párpados, y de nuevo no ves la nariz. Pero cuando los ojos están demasiado abiertos, se comete el error de dirigirlos hacia fuera, por lo que te distraes fácilmente.

 

Y otra función de mirar muy ligeramente la punta de la nariz es ésta: que no te permite abrir los ojos completamente. Si abres mucho los ojos, el mundo entero se vuelve disponible y hay mil y una distracciones. Pasa una mujer guapa y empiezas a seguirla..., al menos en la mente. O alguien se está peleando; no te preocupa, pero empiezas a pensar: «¿Qué va a pasar?» O alguien está gritando y te entra la curiosidad..., y mil y una cosas están pasando continuamente a tu alrededor. Si los ojos están completamente abiertos, te vuelves energía masculina, yang.

Si los ojos están completamente cerrados, entras en una especie de ensueño, empiezas a soñar; te vuelves energía femenina, yin. Para evitar ambas cosas, simplemente mira la punta de la nariz; un truco sencillo, pero el resultado es casi mágico.

Y esto no es solamente así con los taoístas; los budistas lo saben, los hindúes lo saben. A lo largo de los tiempos, todos los meditadores se han topado de alguna manera con el hecho de que si los ojos están medio abiertos, de una forma muy milagrosa escapas de dos trampas. Una es distraerse con el mundo externo; la otra es distraerse con la ensoñación del mundo interno. Permaneces exactamente en el linde entre lo interno y lo externo. Y eso es lo importante: estar en el linde de lo interno y lo externo significa que en ese momento no eres ni masculino ni femenino; tu visión está libre de dualidad, tu visión ha transcendido la división en ti. Solo cuando estás más allá de la división en ti te alineas con el campo magnético del tercer ojo.

 

Si están demasiado cerrados, se comete el error de dejar que se dirijan hacia dentro, por lo que te sumergen fácilmente en una ensoñación distraída. Tan solo cuando los párpados se bajan a medias correctamente se ve la punta de la nariz de la manera adecuada. Por tanto, se toma como guía. Lo más importante es bajar los párpados correctamente, y luego dejar que la luz entre por sí sola...

 

Esto es muy importante recordarlo: no tienes que absorber la luz, no tienes que forzar la entrada de la luz. Si abres la ventana, entra la luz, por sí misma; si abres la puerta, la luz entra a raudales. No necesitas hacer que entre, no necesitas empujarla hacia dentro, no necesitas meterla a la fuerza. ¿Y cómo vas a meter la luz a la fuerza? ¿Cómo vas a empujar a la luz? Lo único necesario es que estés abierto y vulnerable a ella.

Y eso es exactamente lo que sucede cuando te estás mirando la punta de la nariz: simplemente mirando sin ninguna concentración, simplemente mirando sin ninguna modorra, sin ninguna tensión, de repente se abre la ventana del tercer ojo y la luz empieza a entrar a raudales. La luz que siempre ha estado saliendo empieza también a entrar, y el círculo está completo. Y este círculo hace que el hombre sea perfecto. Y este círculo hace que el hombre esté completamente descansado, relajado.

Este círculo hace al hombre completo y sagrado: ya no está dividido. De otra forma, todo el mundo es esquizofrénico, más o menos. Tan solo el hombre que ha sido capaz de crear el círculo de luz y la circulación de la luz, sólo él está más allá de la esquizofrenia, está realmente sano, es realmente no-neurótico. De otra forma, la diferencia entre las personas no es mucha. El neurótico y el llamado no-neurótico solo difieren en grado. De hecho, el paciente y el psicoanalista no son tipos diferentes de persona, son lo mismo: un neurótico tratando de ayudar a otro neurótico. Y a veces sucede: que el que está ayudando puede ser más neurótico que la persona a la que está tratando de ayudar.

Más psicoanalistas se vuelven locos que ninguna otra profesión en el mundo. Más psicoanalistas se suicidan que ninguna otra profesión en el mundo. ¿Por qué? En cierto modo parece razonable, lógico: tratando continuamente con la neurosis, con todo tipo de locuras..., y ellos mismos no están completos; naturalmente, se verán afectados. Se están alimentando de estas neurosis. Cuando un psicoanalista está escuchando al paciente y todas sus tonterías y pamplinas, inconscientemente las está acumulando en sí mismo. El paciente está descargando todas sus sandeces en el psicoanalista. De hecho, le paga para eso. Poco a poco, el psicoanalista tiene tanta neurosis descargada en él que tiene que explotar. Es natural.

Si tuviera que decidir quién debería ser psicoanalista, entonces este proceso de hacer circular la luz sería el requisito básico, el requisito fundamental para un psicoanalista: a menos que una persona sea capaz de hacer circular su luz, no se le permitirá tratar a nadie. Y si una persona es capaz de hacer circular la luz en sí misma, nunca se verá afectada por ningún tipo de neurosis; puede escuchar, puede ayudar, puede permanecer no perturbada. Su circulación de la luz la mantendrá limpia, purificada. Será una persona sagrada. Ésa es la diferencia entre un gurú y un psicoanalista.

Solo un gurú puede ser realmente un psicoanalista, solo un gurú puede ser realmente un terapeuta. Solo una persona que ha alcanzado su totalidad puede ayudar realmente a otros que están en el camino, luchando, tropezando en la oscuridad. De otra forma, un ciego está guiando a otro ciego: ambos van a caer en el mismo pozo.

Este libro, El secreto de la Flor Dorada, debe convertirse en el futuro en la práctica más fundamental para cualquiera que quiera ser psicoterapeuta. Te sorprenderá: Wilhelm, el hombre que tradujo por primera vez este libro a lenguas occidentales, era un gran psicólogo; así es como llegó a interesarse en este libro. Pero después de traducirlo se volvió loco; se quedó muy perturbado. Toda su formación psicoanalítica y este libro crearon una contradicción tal en él, crearon un enigma tal en él, que se volvió más dividido. La traducción de este libro le sumergió en una especie de locura. Se quedó muy desorientado, porque toda su formación, todo su entendimiento, quedó perturbado.

Recuérdalo. El secreto no es muy difícil. Ésa es su dificultad: es tan sencillo que solo tienes que estar en guardia para que la mente no lo haga difícil, no lo tuerza y lo contorsione y lo distorsione.

 

Por tanto, se toma como guía. Lo más importante es bajar los párpados correctamente, y luego dejar que la luz entre por sí sola; sin esfuerzo, queriendo que la luz entre concentradamente.

 

No hay necesidad de hacer que la luz entre concentradamente, lo hace por sí misma. Y cuando llega por sí misma es hermoso. Si empiezas a tratar de hacer que entre fracasarás, tu esfuerzo está condenado a fracasar. Y cuanto más fracases más lo intentarás, y cuanto más lo intentes más garantizado estará tu fracaso. No trates de hacerla entrar. Simplemente ponte en la situación correcta en la que se vuelve asequible.

Por ejemplo, si por la noche sale luna, simplemente acércate a la ventana y sitúate junto a la ventana, y la luna empezará a irradiar su néctar sobre ti. No necesitas hacer nada más. Simplemente ponte en el lugar en el que la luna ya está emanando; simplemente ponte disponible en el ámbito adecuado y las cosas empiezan a suceder..., cosas que tienen un valor inmenso.

 

Mirar la punta de la nariz solo sirve como comienzo de la concentración interna, para llevar los ojos en la dirección correcta para mirar, y luego se mantienen como guía: después de eso, se pueden soltar. Esta es la manera en la que un albañil cuelga una plomada. En cuanto la ha colgado, guía su trabajo con ella sin molestarse continuamente en mirar la plomada.

 

Se mira la punta de la nariz con ambos ojos...

 

Recuerda, tienes que mirar la punta de la nariz con los dos ojos, para que tus dos ojos pierdan su dualidad en la punta de la nariz, para que la luz que está saliendo de tus ojos se haga una en la punta de la nariz, recaiga sobre un único punto. Donde se encuentran los dos ojos, ése es el lugar desde el que se abre la ventana. Y entonces todo está bien. Entonces deja que suceda. Entonces simplemente disfruta, entonces simplemente celebra, deléitate, regocíjate. Entonces no hay que hacer nada.

 

Se mira la punta de la nariz con ambos ojos, sentado derecho...

 

Sirve de ayuda sentarse derecho. Cuando tu columna vertebral está recta, la energía de tu centro sexual también se vuelve disponible para el tercer ojo; son mecanismos fáciles, no tienen nada de complejo. Igual que cuando los dos ojos se juntan en la punta de la nariz estás disponible para el tercer ojo, haz que tu energía sexual esté también disponible para el tercer ojo y entonces el efecto será doble. El efecto será contundente, porque tu centro sexual tiene toda la energía que tienes tú. Cuando la columna está erguida, recta, el centro sexual está también disponible para el tercer ojo. Es mejor acometer el tercer ojo desde ambas dimensiones, tratar de penetrar el tercer ojo desde ambas direcciones.

 

... sentado derecho y en una posición cómoda...

 

El maestro está dejando las cosas muy claras: derecho, desde luego, pero que no sea incómodo, de lo contrario tu incomodidad te distraerá. Ése es el significado de una postura de yoga. La palabra sánscrita asana significa «postura cómoda». La comodidad es su cualidad básica. Si no es cómoda, tu mente se distraerá con la incomodidad. Tiene que ser cómoda.

Si no puedes sentarte en el suelo como lo hacen los orientales, porque han estado sentándose así durante siglos...; si un buscador occidental no puede sentarse en el suelo derecho, cómodamente, y tiene que forzarse a sí mismo y se vuelve incómodo y doloroso, entonces es mejor sentarse derecho en una silla. Pero que el respaldo de la silla sea recto.

Debes haber visto imágenes y estatuas de los reyes y reinas del antiguo Egipto: sus sillas tenían respaldos muy rectos. Siéntate así. Eso también es una postura de yoga. Esos antiguos egipcios conocían los secretos.

En cualquier caso, dos cosas: tu columna debería estar recta y tu postura debería ser cómoda. Si ambas cosas no son posibles..., a veces es así, ambas no son posibles: si haces que tu columna esté recta se vuelve incómodo, si te pones cómodo, tu columna ya no está recta; entonces elige la comodidad. No será tan bueno, pero lo segundo mejor es elegir la comodidad. Entonces olvídate de la columna y su rectitud, porque si la mente está distraída no va a suceder nada. Si es posible tener las dos cosas, entonces es hermoso.

 

Siéntate en una posición cómoda. Sentado derecho y en una posición cómoda, y se mantiene el corazón en el centro en medio de las circunstancias.

 

Y no te escapes del mundo. Vive en el mundo, en sus circunstancias. Se oye el ruido del tráfico, pasa un avión y los trenes están circulando, y hay todo tipo de cosas, todas estas situaciones, el mundo; pero siéntate en silencio en el mundo. Porque escaparse a una cueva del Himalaya siempre es peligroso; peligroso por la sencilla razón de que el silencio de los Himalayas es contagioso y sentirás que te has vuelto silencioso. Y el frescor del aire es contagioso, y pensarás que te has calmado. Será algo prestado, y cuando vuelvas al mercado todo se habrá ido. Y entonces sabrás que todos esos años en los Himalayas fueron una pérdida de tiempo, un puro desperdicio: simplemente estabas engañándote a ti mismo.

Es mejor estar en el mundo y lograr estar centrado, porque entonces no te puede ser arrebatado. De modo que, estés donde estés, tienes que centrarte en esas circunstancias.

 

Eso no significa necesariamente en el medio de la cabeza.

 

Y centrarse no quiere decir que tengas que estar centrado en el medio de la cabeza.

 

Es solo cuestión de fijar el pensamiento en el punto que está exactamente entre los dos ojos.

 

Y recuerda: no concentrarse, sino simplemente permanecer alerta, simplemente una ligera alerta; mira la punta de la nariz y permanece ligeramente alerta al tercer ojo. De hecho, en el momento en que mires la punta de la nariz te pondrás alerta al tercer ojo, porque es el otro polo de la nariz. Un polo es la punta, el polo externo: un extremo; el otro extremo de la nariz está unido al tercer ojo. En el momento en que tomes conciencia de la punta, de pronto tomarás conciencia también del otro extremo. Pero simplemente permanece consciente, consciente sin esfuerzo.

 

Es solo cuestión de fijar el pensamiento en el punto que está exactamente entre los dos ojos. Entonces todo está bien.

 

Una afirmación tremenda:

 

Entonces todo está bien.

 

Has empezado a llegar a casa. Estás en el umbral de una revolución.

 

La luz es algo extremadamente móvil.

 

La luz siempre está moviéndose, la luz es movimiento. Y la luz es el mayor movimiento del mundo. En un solo segundo, la velocidad de la luz es de más de doscientos noventa y nueve mil kilómetros. Nada se mueve a una velocidad mayor que la luz. La luz es velocidad pura, es otro nombre de la velocidad. La luz nunca está inactiva; siempre es dinámica, siempre está moviéndose, siempre fluyendo.

 

La luz es algo extremadamente móvil.

 

Cuando fijas un pensamiento en el punto medio entre los dos ojos, la luz entra por sí misma.

 

No necesitas preocuparte: simplemente abre la ventana y espera. La luz es un fenómeno con tanta movilidad que si la ventana está abierta, entrará. De hecho, ha estado llamando a tu ventana durante muchísimas vidas, pero la ventana no se ha abierto, y no puede forzarla a que se abra. Es igual que si el sol ha salido por la mañana y tú estás profundamente dormido, y los rayos llegan a la ventana y llaman a la ventana..., pero su llamada es silenciosa, no hacen ningún ruido, y esperan ahí. En cuanto te despiertas y abres la ventana, la luz entra a raudales. Y con la luz viene la vida, y con la luz viene el gozo.

 

Cuando fijas el pensamiento en el punto medio entre los dos ojos, la luz entra por sí misma.

 

Recuerda las palabras:

 

... por sí misma.

 

No haces nada, simplemente estás dejando hacer: te has rendido a la luz.

 

No es necesario dirigir la atención especialmente al castillo central. Estas pocas palabras contienen lo más importante.

 

El secreto mismo para transformar todo tu ser, el secreto mismo del reino de Dios, el secreto mismo del nirvana...

 

«El centro en medio de las circunstancias» es una expresión muy sutil. El centro es omnipresente; todo está contenido en él; está conectado con la puesta en marcha de todo el proceso de la creación.

 

Y cuando has llegado al tercer ojo y estás centrado ahí y la luz está entrando a raudales, has alcanzado el punto desde el que ha surgido toda la creación; has alcanzado lo sin forma, lo no manifiesto... Llámalo Dios si quieres. Éste es el punto, éste es el espacio desde el que ha surgido todo, ésta es la semilla misma de toda la existencia. Es omnipotente, es omnipresente, es eterno.

Ya no conocerás ninguna muerte. Ya no conocerás ninguna identificación con ningún cuerpo... joven, viejo, bello, feo. Ya no conocerás ningún tipo de enfermedad; no es que el cuerpo no vaya a tener enfermedades, pero ya no te sucederán a ti porque ya no estás identificado.

Ramana Maharshi murió de cáncer. El cuerpo estaba en una gran agonía, pero él sonreía. Los médicos estaban perplejos, no podían creerlo. No era creíble. El cuerpo estaba en semejante agonía y él estaba en semejante éxtasis. ¿Cómo era posible? Y le preguntaron una y otra vez: «¿Cómo es posible?» Y él decía una y otra vez: «No tiene nada de extraño. No soy el cuerpo. De modo que lo que le pase al cuerpo..., es igual que tú observando mi cuerpo; yo también estoy observando mi cuerpo. Tú no sientes ningún dolor, así que ¿por qué iba a sentirlo yo? Tú eres un testigo, yo soy un testigo. El cuerpo es solo un objeto: un objeto en medio de nosotros dos. Tú ves desde fuera que está en agonía, yo veo desde dentro que está en agonía. Si a ti no te afecta verlo, ¿por qué me iba a afectar a mí?»

En realidad, a los médicos les afectaba. Se sentían muy compasivos. Estaban tristes, se sentían desvalidos; les habría gustado salvar a este..., uno de los hombres más bellos que han caminado por la tierra; pero no podían. Estaban llorando, pero Ramana no estaba afectado en absoluto.

Hay un punto de transcendencia dentro de ti desde el que de pronto te desconectas de todo lo que está manifiesto y te conectas con lo no manifiesto. Estar conectado con lo no manifiesto es ser libre: libre de todo sufrimiento, toda limitación, toda atadura.

 

Fijar la contemplación es indispensable...

 

Y esto es algo que no se puede evitar, es indispensable. Si quieres alcanzar un estado de beatitud tendrás que pasar por esta fijación, este proceso de contemplación, meditación o dhyana.

 

... asegura que la iluminación suceda rápidamente. Tan solo, no hay que permanecer sentado rígidamente si surgen pensamientos mundanos...

 

Ahora el segundo consejo, muy importante, del Maestro:

 

...no hay que permanecer sentado rígidamente si surgen pensamientos mundanos, sino que se debe examinar dónde está el pensamiento, dónde comenzó y dónde se desvanece.

 

Esto no sucederá al primer intento. Estarás mirando la punta de la nariz y surgirán pensamientos. Han estado surgiendo durante muchas vidas, no pueden dejarte en paz tan fácilmente. Se han vuelto parte de ti, se han vuelto casi congénitos. Estás viviendo casi una vida programada.

¿Has observado alguna vez lo que vas haciendo? Entonces, mañana por la mañana haz una cosa: en cuanto te despiertes por la mañana, simplemente observa lo que haces: cómo te levantas de la cama, cómo te mueves, qué pensamientos tienes en la mente... Simplemente observa. Y durante una semana, observa: te sorprenderá... Haces exactamente lo mismo cada mañana, los mismos gestos, la misma cara, y casi el mismo tipo de pensamientos. Te has convertido en un fenómeno programado, y has estado haciendo esto toda tu vida..., y puede que durante muchas vidas; quién sabe.

Cuando te enfades, observa: es siempre el mismo proceso. Pasas por los mismos espacios. Cuando te sientas feliz, observa; cuando te enamores, observa; es casi el mismo proceso. Y sigues haciendo las mismas estupideces una y otra vez, y sigues diciendo las mismas estupideces una otra vez. No estás viviendo una vida consciente. El noventa y nueve por ciento de ti está programado: programado por los demás, programado por la sociedad o programado por ti mismo, pero está programado.

De manera que no es fácil, cuando te sientas por vez primera mirándote la punta de la nariz, que los pensamientos digan: «Ahora no deberíamos ir a este hombre. Mírale al pobre... ¡Qué profundamente está meditando! Y se está mirando la punta de la nariz... Ahora no es el momento de ir a él.» No les importará. Seguirán ajetreándose. Que te mires la punta de la nariz no se lo impedirá. De hecho, puede que incluso lleguen con más fuerza, al ver que «este hombre está tratando de librarse de nuestra sujeción».

Sucede esto: cuando la gente se sienta en silencio a meditar llegan más pensamientos que normalmente, que los que llegan generalmente..., explosiones inusuales. Irrumpen millones de pensamientos, porque disponen de ti... ¿y tú estás tratando de librarte de su poder? Te harán pasar un mal rato.

De modo que los pensamientos están abocados a llegar. ¿Qué vas a hacer con los pensamientos? No puedes seguir sentado ahí visiblemente, tendrás que hacer algo. Luchar no ayudará, porque si empiezas a luchar te olvidarás de mirar la punta de la nariz, de la conciencia del tercer ojo, de la circulación de la luz; te olvidarás de todo y estarás perdido en la selva de los pensamientos. Si empiezas a perseguir los pensamientos estás perdido, si los sigues estás perdido, si luchas contra ellos estás perdido. Entonces, ¿qué hay que hacer?

Y éste es el secreto. Buda también usó el mismo secreto. De hecho, los secretos son casi los mismos, porque el hombre es el mismo: la cerradura es la misma, la llave tiene que ser la misma. Éste es el secreto: Buda lo llama sammasati, recuerdo correcto. Simplemente recuerda: ha llegado este pensamiento, ve dónde está; sin antagonismo, sin justificación, sin condena. Simplemente sé objetivo como es objetivo un científico. Observa dónde está, de dónde viene, adonde va. Observa cómo llega, observa cómo está ahí, observa cómo se va. Y los pensamientos son muy móviles; no permanecen mucho tiempo. Simplemente tienes que observar el surgimiento del pensamiento, la presencia del pensamiento y la ida del pensamiento. No intentes luchar contra él, no intentes seguirlo, simplemente sé un observador silencioso, y te sorprenderás: cuanto más se asienta la observación, menos y menos pensamientos llegan. Cuando la observación es perfecta, los pensamientos desaparecen; solo queda un hueco, solo queda un intervalo.

Pero recuerda otro punto: la mente puede volver a hacer un truco.

 

No se gana nada empujando más allá la reflexión.

 

Pero no trates de empujar la reflexión.

Eso es lo que hace el psicoanálisis freudiano, la libre asociación de pensamientos: llega un pensamiento y entonces esperas a otro pensamiento, y luego a otro, y toda la cadena... Eso es lo que hace todo tipo de psicoanálisis: empiezas a ir hacia atrás en el pasado, pero un pensamiento está conectado a otro, y así sucesivamente, hasta el infinito. No tiene fin. Si entras en ello estarás entrando en un viaje eterno; eso será un puro desperdicio. La mente puede hacer eso, así que sé consciente de ello.

 

No se gana nada empujando más allá la reflexión. Hay que contentarse viendo dónde surgió el pensamiento, y no buscar más allá del punto de origen; porque encontrar el corazón de la consciencia, ir detrás de la consciencia con consciencia... eso no puede hacerse.

 

No puedes ir con la consciencia más allá de la consciencia, de manera que no intentes lo fútil, lo innecesario; de lo contrario, una cosa te llevará a otra y así sucesivamente, y olvidarás completamente lo que estabas tratando de hacer. La punta de la nariz desaparecerá, te olvidarás del tercer ojo; la circulación de la luz estará a muchos kilómetros de ti.

De modo que solo esto: un pensamiento. No entres en la cadena. Surge un pensamiento: observa dónde está, de dónde viene y, cuando desaparezca, observa: ha desaparecido. Date cuenta.

Los budistas dicen cuando surge un pensamiento: «Pensamiento, pensamiento», para que te pongas alerta. Igual que cuando un ladrón entra en la casa dices: «¡Ladrón! ¡ladrón!» y todos se ponen alerta, simplemente di: «Pensamiento, pensamiento», y te pondrás alerta, vigilante. Ha entrado un ladrón: ahora observa lo que está haciendo el ladrón.

En el momento en que tomes consciencia, el pensamiento desaparecerá; te mirará y estará un poco sorprendido, porque nunca has hecho esto antes. Se sentirá poco bienvenido. «¿Qué le ha pasado a este hombre? Siempre ha sido un buen anfitrión, y ahora dice: "¡Ladrón!, ¡ladrón! Pensamiento, pensamiento." ¿Qué le ha sucedido a este hombre?» El pensamiento estará desconcertado, no será capaz de comprender lo que está sucediendo. «¿Se está volviendo loco este hombre, mirándose la punta de la nariz y diciendo: "Pensamiento, pensamiento."?»

La consciencia misma detendrá el movimiento del pensamiento durante un tiempo. Se quedará trabado ahí. Y sigue observando. No condenes, no te deshagas de él, no luches, porque tanto la condena como la justificación harán que te identifiques con el pensamiento. Simplemente sigue ahí, alerta, observando el pensamiento. Entonces empieza a desaparecer. Igual que llegó, desaparece. Salió de la imaginación, desaparece en la imaginación. Cuando desaparezca, vuelve a la contemplación. No necesitas ir al origen mismo de él porque no lo hay; tendrías que ir al origen mismo de la existencia.

Ésa es la razón por la que el psicoanálisis no tiene fin, nunca se acaba. No hay una sola persona en el mundo que esté totalmente psicoanalizada. Nadie puede estar totalmente psicoanalizado. Un año, dos años, tres años, cuatro, cinco, seis, siete... Puedes encontrar personas que hayan estado ahondando en el psicoanálisis durante siete años. ¿Qué piensas entonces..., que paran porque el psicoanálisis está completo? No. Están aburridas del psicoanalista; el psicoanalista está aburrido de ellas. Y todo tiene que acabar en alguna parte. Hay que poner un punto final. ¿Durante cuánto tiempo puedes seguir?

Pero ningún psicoanálisis está nunca completo; no puede estarlo. Es una cebolla infinita: puedes seguir pelándola y pelándola y pelándola, y nunca llegarás al fin. Pero ayuda. Hace que te ajustes mejor a ti mismo y a la sociedad. No te transforma, te hace normalmente anormal, eso es todo. Te ayuda a adaptarte a la sociedad neurótica en la que estás. No te convierte en un ser transformado, luminoso, sino en una persona corriente que acepta todo lo que trae la vida, bueno y malo, y empieza a arrastrarse a sí mima como se arrastran todos los demás. Te enseña una especie de aceptación triste de la vida. Tampoco es aceptación verdadera, porque la aceptación verdadera siempre trae celebración.

Sigmund Freud ha dicho que el hombre no puede ser feliz; como mucho puede estar cómodo. La vida puede volverse más cómoda, eso es todo, pero la felicidad es imposible.

No es imposible. Es imposible mediante el psicoanálisis. Porque han existido personas felices, las hemos visto. Un Buda, un Lao Tse, un Krishna... Hemos visto a estas personas danzarinas. Freud no es feliz, eso es verdad, y no puede ser feliz. A menos que abandone el psicoanálisis y entre en algún proceso meditativo, no será feliz. Le llevará algunas vidas más aprender meditación.

De hecho, le tenía mucho miedo a la meditación. Y no solo Sigmund Freud, sino incluso un hombre como Carl Gustav Jung le tenía miedo. Carl Gustav Jung ha escrito un comentario sobre este libro, El secreto de la Flor Dorada; pero es solo intelectual. No tiene valor existencial. Él mismo no tiene ninguna experiencia de meditación, ¿cómo va a tener algún valor existencial? Y era una persona muy egoísta, y a la persona egoísta le resulta muy difícil entrar en meditación, porque en la puerta misma tienes que desechar tu ego.

Jung vino a India cuando Ramana Maharshi estaba vivo, y mucha gente le sugirió: «Como has venido a India y estás tan interesado en los misterios internos de la vida, ¿por qué no vas a ver a Ramana? Escribes comentarios sobre El secreto de la Flor Dorada y aquí hay una flor dorada en plena floración; ¿por qué no vas a ver a Ramana?» Pero nunca fue. Viajó por India, se reunió con mucha gente, pero nunca fue a ver a Ramana. ¿Por qué? ¿Qué le daba miedo? Le daba miedo encontrarse con este hombre, tenía miedo a enfrentarse con este espejo.

¿Has visto alguna vez el retrato de Jung? Incluso en fotos el ego es muy apreciable. Freud no parece tan egoísta como Jung. Quizá fue su ego lo que le alejó de su maestro, Sigmund Freud; lo que hizo que le traicionara. Mira su retrato, sus ojos: muy astuto, calculador, como si estuviera dispuesto a lanzarse encima de cualquiera; tremendamente egoísta, pero muy listo, inteligente, hábil intelectualmente.

Recuerda, el psicoanálisis o la psicología analítica u otras ramas del mismo juego no pueden conducirte a la felicidad. Pueden conducirte tan solo a una vida tibia de adaptación. No pueden ayudarte a arder de celebración; esto está por encima de su capacidad. ¿Y la razón? La razón es que siguen analizando el pensamiento. El análisis no es necesario.

Por eso, El secreto... dice:

 

Conjuntamente queremos poner en calma los estados del corazón, eso es la verdadera contemplación.

 

Queremos llevar a todo el ser una especie de descanso absoluto. El análisis no servirá, porque el análisis crea agitación, inquietud.

 

Lo que la contradice es la falsa contemplación.

 

El análisis es una falsa contemplación.

 

Eso no lleva a ninguna meta. Cuando el vuelo de los pensamientos sigue extendiéndose más, uno debería parar y comenzar la contemplación.

 

De modo que hay que recordar estas dos cosas; son las dos alas. Una, cuando hay un intervalo y no llega ningún pensamiento: contempla. Cuando llega un pensamiento, observa estas tres cosas: dónde está el pensamiento, de dónde ha venido, adónde va. Por un momento deja de mirar el lapso, mira el pensamiento, observa el pensamiento, dile adiós; cuando se vaya, vuelve inmediatamente a la contemplación.

De nuevo, solo como ejemplo: si estás observando los huecos entre los coches que pasan en la carretera, ¿qué harás cuando llega un coche? Tendrás que mirar también el coche, pero no estás pendiente del coche. No estás pendiente de la marca, los atributos, el año, el color, el conductor, el pasajero. No estás pendiente de todo ese análisis; simplemente te percatas del coche: el coche ha llegado, el coche está delante de ti, el coche se ha ido, y de nuevo vuelves a interesarte en el hueco. Todo tu interés está en el hueco. Pero llega un coche, así es que por un momento le prestas atención. Luego se ha ido y vuelves a caer en el descanso, en la contemplación, en el intervalo.

 

Cuando el vuelo de los pensamientos sigue extendiéndose más, uno debería parar y comenzar la contemplación. Contempla y luego comienza de nuevo a fijar.

 

De manera que cuando llegue el pensamiento, fíjate. Cuando se vaya el pensamiento, contempla.

 

Ése es el método doble de hacer que la iluminación suceda rápidamente. Significa la circulación de la luz. La circulación es fijación. La luz es contemplación.

 

Cuando contemples verás que la luz entra a raudales, y cuando te fijes crearás la circulación, harás posible la circulación. Ambas cosas son necesarias.

 

La luz es contemplación. Fijación sin contemplación es circulación sin luz.

 

Eso es lo que ha sucedido. Esa calamidad le ha sucedido al hatha yoga: fijan, concentran, pero se han olvidado de la luz. Se han olvidado completamente del huésped, tan solo siguen preparando la casa. Se han quedado tan absortos preparando la casa que se han olvidado del propósito para el que estaban preparando la casa, para quién. El hatha yogui prepara continuamente su cuerpo, purifica su cuerpo, hace posturas de yoga, ejercicios de circulación, y sigue haciéndolo, perpetuamente. Se ha olvidado por completo de para qué está haciéndolo. Y la luz está ahí, pero no deja que entre, porque la luz solo puede entrar cuando estás en un estado de dejarte ser completamente.

 

Fijación sin contemplación es circulación sin luz.

 

Ésta es la calamidad que les sucede a los que se denominan yoguis. El otro tipo de calamidad les sucede a los psicoanalistas, a los filósofos.

 

¡Contemplación sin fijación es luz sin circulación!

 

Piensan en la luz, pero no han hechos los preparativos para que entre a raudales; tan solo piensan en la luz. Piensan en el huésped: imaginan mil y una cosas acerca del huésped, pero su casa no está preparada. Los dos se lo pierden.

El Maestro dice:

 

¡Toma nota de eso!

 

De lo contrario, tú también te lo perderás. Prepárate y luego espera. Prepárate. Mira la punta de la nariz, alerta al tercer ojo, con la columna recta, en una postura cómoda; eso es todo lo que tienes que hacer, no es necesario nada más que eso. No hay necesidad de seguir haciendo posturas de yoga durante años, año tras año. Eso es estúpido. Y es por eso por lo que encontrarás que los denominados yoguis son tan estúpidos, tan poco inteligentes. Puede que sus cuerpos sean fuertes y que vivan mucho tiempo, pero ¿para qué?

Sin luz, la vida permanecerá oscura y carente de inteligencia. Da igual que vivas mucho tiempo o poco. Lo importante es vivir en la luz aunque sea un solo momento, y entonces es suficiente: ese único momento es la eternidad.

Y hay filósofos que no dejan de pensar en la luz: qué es, cómo definirla y cuál de las definiciones es la mejor, y están continuamente creando muchas teorías, dogmas, grandes sistemas de pensamiento; pero no están listos para ella... y la luz está esperando en la puerta.

 

¡Toma nota de eso!

 

No caigas en ninguna de estas dos falacias. Si puedes permanecer alerta, es un proceso muy sencillo e inmensamente transformador. En un solo momento, un hombre que comprende adecuadamente puede entrar en un tipo diferente de realidad.

Dios no está lejos. Dios está dentro de ti.

 

Suficiente por hoy.

 

 

Capítulo 12

 

Crear un equilibrio

 

La primera pregunta:

¿Es justo poner a los políticos junto a los perros?

 

LO SIENTO, PIDO DISCULPAS..., porque los perros son tan inocentes. No es justo en absoluto.

 

 

La segunda pregunta:

¿Qué es la neurosis y cuál es su cura?

 

La neurosis nunca ha sido tan epidémica en el pasado como lo es ahora. Se está convirtiendo casi en un estado normal de la mente humana. Hay que comprenderlo.

El pasado era más sano espiritualmente, y el motivo era que no se alimentaba a la mente con tantas cosas simultáneamente, la mente no estaba sobrecargada. La mente moderna está sobrecargada, y lo que permanece sin asimilar crea neurosis. Es como si sigues comiendo y atiborrando tu cuerpo: lo que no es digerido por el cuerpo resultará ser venenoso. Y lo que comes es menos importante que lo que oyes y ves. Por los ojos, por los oídos, por todos tus sentidos, sigues recibiendo mil y una cosas cada momento, y no hay un tiempo extra de asimilación, como si uno estuviera sentado continuamente en la mesa del comedor, comiendo y comiendo, las veinticuatro horas del día. Ésta es la situación de la mente moderna: está sobrecargada, hay muchísimas cosas que la agobian; no es sorprendente que se desajuste. Todo mecanismo tiene un límite. Y la mente es uno de los mecanismos más sutiles y delicados.

Una persona realmente sana es la que se toma el cincuenta por ciento de su tiempo para asimilar sus experiencias. Cincuenta por ciento acción, cincuenta por ciento inacción: ése es el equilibrio correcto. Cincuenta por ciento pensar, cincuenta por ciento meditar: ésa es la cura. La meditación no es más que un tiempo en el que puedes relajarte completamente en ti mismo, cuando cierras todas tus puertas, todos tus sentidos a los estímulos externos. Desapareces del mundo. Te olvidas del mundo, como si ya no existiera: ni periódicos, ni radio, ni televisión, ni gente. Estás solo en tu ser más íntimo, relajado, en casa.

En esos momentos se asimila todo lo que se había acumulado: lo que merece la pena es asimilado, lo que no tiene ningún valor es expulsado. La meditación funciona como una espada de doble filo: por una parte, asimila todo lo que es nutritivo, y por otra, rechaza y expulsa todo lo que es basura. Pero la meditación ha desaparecido del mundo.

Antiguamente la gente era naturalmente meditativa. La vida era poco complicada y la gente tenía tiempo suficiente para sentarse y no hacer nada, o para mirar las estrellas u observar los árboles o escuchar a los pájaros. La gente tenía intervalos de profunda pasividad. En esos momentos te vuelves cada vez más sano y completo.

Neurosis significa que llevas una carga tal en tu mente que te estás muriendo debajo de ella. No te puedes mover; no hay ninguna posibilidad de que vuele tu consciencia. Ni siquiera puedes avanzar a rastras, la carga es excesiva... y la carga continúa aumentando a cada momento. Uno se desmorona. Es muy natural.

Hay que comprender varias cosas. La neurosis es el ratón que prueba interminablemente un callejón sin salida, sin aprender. Sí, no aprender es neurosis: ésa es la primera definición. Sigues probando el callejón sin salida. Has estado enfadado... ¿Cuántas veces has estado enfadado? ¿Y cuántas veces te has arrepentido de estar enfadado? Sin embargo, al menor estímulo tu reacción volverá a ser la misma; no has aprendido nada. Has sido avaricioso y la avaricia ha creado más y más sufrimiento. Lo sabes: la avaricia nunca ha dado la dicha a nadie; pero todavía eres avaricioso, sigues siendo avaricioso. No aprendes. No aprender crea neurosis, es neurosis.

Aprender significa asimilar. Pruebas algo y entonces descubres que no funciona: lo descartas, vas en otra dirección, pruebas otra alternativa. Esto es atinado, esto es inteligente. Dar con la cabeza contra una pared en la que sabes perfectamente bien que no hay ninguna puerta es neurosis.

La gente se está volviendo cada vez más neurótica porque sigue probando el callejón sin salida, sigue intentando lo que no funciona. El hombre que es capaz de aprender nunca se vuelve neurótico; no puede volverse. Inmediatamente ve que eso es una pared. Descarta toda la idea. Empieza a moverse hacia otras dimensiones: hay otras alternativas disponibles. Ha aprendido algo.

 

Se dice de Edison que estuvo intentando un experimento en el que fracasó setecientas veces. Sus colegas se desesperaron. Habían desperdiciado tres años y él seguía probando nuevas alternativas una y otra vez. Y cada mañana llegaba lleno de entusiasmo, el mismo entusiasmo con el que había llegado el primer día, y habían malgastado tres años.

Un día sus colegas se reunieron y le dijeron: «No le vemos el sentido. Hemos fracasado setecientas veces. Es hora de desechar el experimento.»

Se cuenta que Edison dijo: «¿Qué estáis diciendo? ¿Fracasado? Hemos aprendido que setecientas alternativas eran alternativas erróneas. ¡Ha sido un gran experimento! Hoy no vamos a probar el mismo experimento, he encontrado otro. Nos estamos acercando a la verdad. ¿Cuántas alternativas falsas puede haber? Debe de haber un límite. Si hay mil alternativas falsas, entonces ya hemos descartado setecientas y solo quedan trescientas, y entonces estaremos alcanzando el punto correcto.»

 

Esto es aprender: probar un experimento, ver que no funciona; al probar una alternativa y ver que no funciona, el sabio la descarta. El tonto se aferra a ella. El tonto a esto lo llama consistencia. El tonto dice: «Lo hice ayer y lo voy a hacer hoy también. Y lo haré mañana también.» Es testarudo, cabezón. Dice: «¿Cómo voy a dejarlo? He invertido mucho en ello, no puedo cambiarlo.» Y sigue insistiendo y desperdicia toda su vida. Y cuando se acerca la muerte, está desesperado, está descorazonado. Sabe perfectamente bien en lo hondo de sus entrañas que va a fracasar. Ha fracasado tantas veces y todavía está intentando lo mismo sin aprender nada en absoluto. Esto crea neurosis.

El hombre que es capaz de aprender nunca se volverá neurótico. Un discípulo nunca se volverá neurótico. Ser un discípulo significa ser capaz de aprender. Nunca te vuelvas erudito; permanece siempre en el proceso de aprender. La erudición vuelve neurótica a la gente. No es accidental que los profesores, los filósofos, los psiquiatras, los hombres de letras, se vuelvan locos fácilmente: han aprendido y han llegado a la conclusión de que no hay nada más que aprender. En el momento en que decides que no queda nada por aprender, has dejado de crecer. Dejar de crecer es neurosis: ésa es la segunda definición.

El mundo era muy diferente en el pasado, obviamente. Los estímulos sensoriales que recibimos ahora en un día equivalen a los que se recibían en unas seis semanas hace seiscientos años. El equivalente a seis semanas de estimulación, de información, ahora lo recibimos en un solo día: cerca de cuarenta veces la presión de aprender y adaptarnos. El hombre moderno tiene que ser más capaz de aprender que lo ha sido nunca el hombre antes, porque ahora hay más que aprender. El hombre moderno tiene que volverse capaz de adaptarse a nuevas situaciones cada día, porque el mundo está cambiando rápidamente. Es un gran desafío.

Un gran desafío, si se acepta, contribuirá enormemente a la expansión de la consciencia. El hombre moderno va a ser completamente neurótico o el hombre moderno va ser transformado por la presión misma. Depende de cómo te lo tomes. Una cosa es segura: no hay manera de dar marcha atrás. Los estímulos sensoriales seguirán aumentando cada vez más. Recibirás cada vez más información y la vida seguirá cambiando, con ritmos cada vez más rápidos, y tendrás que ser capaz de aprender, de adaptarte a cosas nuevas.

En el pasado, el hombre vivía en un mundo casi estático. Todo era estático: dejabas el mundo exactamente como tu padre te lo había dejado a ti. No habías cambiado nada en absoluto. Nada había cambiado. No existía la posibilidad de aprender demasiado, aprender un poco era suficiente. Y entonces tenías espacios en tu mente, espacios vacíos, que ayudaban a la gente a permanecer cuerda. Ahora ya no hay ningún espacio vacío..., a menos que lo crees deliberadamente.

La meditación es más necesaria hoy que nunca. La meditación es tan necesaria que es casi una cuestión de vida o muerte. En el pasado era un lujo; pocas personas —un Buda, un Mahavira, un Krishna— se interesaban en ella. Otras personas eran naturalmente silenciosas, naturalmente felices, cuerdas. No necesitaban pensar en la meditación; de manera inconsciente, estaban meditando. La vida avanzaba tan silenciosamente, avanzaba tan lentamente, que incluso las personas más estúpidas eran capaces de adaptarse a ella. Ahora el cambio es tan tremendamente rápido, a tanta velocidad, que incluso las personas más inteligentes se sienten incapaces de adaptarse a él. Cada día la vida es diferente, y tienes que aprender de nuevo; tienes que aprender y aprender una y otra vez. Ahora nunca puedes dejar de aprender; tiene que ser el proceso de toda una vida. Hasta el momento mismo de la muerte tendrás que seguir aprendiendo; solo así puedes permanecer cuerdo, puedes evitar la neurosis. Y la presión es grande, cuarenta veces mayor. ¿Cómo relajar esta presión? Tendrás que entrar deliberadamente en momentos meditativos.

Si una persona no medita al menos una hora al día, entonces la neurosis no será accidental; la creará ella misma. Durante una hora, debería desaparecer del mundo y entrar en su propio ser. Durante una hora, debería estar tan sola que nada penetre en ella, ningún recuerdo, ningún pensamiento, ninguna imaginación; durante una hora, ningún contenido en su consciencia, y eso la rejuvenecerá y la refrescará. Eso liberará nuevas fuentes de energía en ella, y volverá al mundo más joven, más lozana, más capaz de aprender, con más admiración en sus ojos, con más asombro en su corazón... Un niño de nuevo.

Está presión de aprender y el viejo hábito de no aprender están volviendo loca a la gente. La mente moderna está realmente sobrecargada y no se da ningún tiempo para digerir y asimilar en el propio ser de cada uno. Ahí es donde aparece la meditación y se vuelve más significativa que nunca: sin dar un tiempo para que la mente descanse en la meditación, reprimimos todos los mensajes que están entrando a raudales en nosotros continuamente. Nos negamos a aprender. Decimos que no tenemos tiempo. Entonces los mensajes comienzan a acumularse.

Si no te concedes el tiempo suficiente para escuchar los mensajes que tu mente está recibiendo constantemente, empiezan a acumularse como se acumulan los archivos sobre tu mesa; pilas de cartas que se acumulan sobre tu mesa porque no tienes suficiente tiempo para leerlas y contestarlas. Exactamente como tu mente se queda desordenada y revuelta: tantos archivos esperando a que los miren, tantas cartas que leer, que responder, tantos desafíos que aceptar, que afrontar.

He oído que...

 

Mulla Nasruddin dijo un día: «Si algo malo sucede hoy, no tendré tiempo en al menos tres meses para considerarlo. Han pasado ya tantas cosas malas que están esperando ahí. Si algo malo sucede hoy», dijo, «no tendré tiempo de considerarlo en por lo menos tres meses».

 

Una cola, puedes ver esa cola dentro de ti, y la cola sigue creciendo. Y cuanto mayor es la cola, menos y menos espacio tienes; cuanto mayor es la cola, más y más ruido dentro de ti, porque todo lo que has acumulado exige tu atención.

Esto comienza generalmente a los cinco años, cuando el verdadero aprendizaje cesa virtualmente, y dura hasta la muerte. Antiguamente eso estaba bien. Cinco o siete años eran suficientes para aprender todo lo que necesitarías en tu vida, eso bastaba: siete años de aprendizaje duraban setenta años de vida. Pero ahora eso no es posible. No puedes dejar de aprender porque siempre están sucediendo cosas nuevas y no puedes afrontar esas cosas nuevas con las ideas viejas. No puedes confiar en tus padres y en sus conocimientos, ni siquiera te puedes fiar de tus profesores de la escuela y la universidad, porque lo que están diciendo ya se ha quedado anticuado. Ha sucedido mucho más; ha pasado mucha agua por el Ganges.

Esta fue mi experiencia: cuando era estudiante me sorprendían los conocimientos de mis profesores, porque tenían treinta años de antigüedad. Los habían aprendido de sus profesores cuando eran jóvenes. Desde entonces no habían mirado lo que había sucedido. Esos conocimientos eran absolutamente inútiles.

Estaba continuamente en conflicto con mis profesores. Me expulsaron de muchas facultades, me echaron, porque los profesores decían que no podían hacerme frente. Y yo no estaba creando ningún problema. Simplemente les hacía tomar conciencia de que lo que estaban diciendo estaba anticuado. Pero eso hiere al ego. Lo habían aprendido cuando estudiaban en la universidad y pensaban que el mundo se había detenido entonces.

Ahora los estudiantes no pueden fiarse de sus profesores y los niños no pueden fiarse de sus padres, por eso está en camino una gran rebelión en todo el mundo. No tiene nada que ver con nada más. Los estudiantes ya no pueden respetar a sus profesores. A menos que esos profesores aprendan continuamente, no pueden ser respetados. ¿Para qué? No hay razón. Y los niños no pueden respetar a sus padres, porque el enfoque de sus padres parece muy primitivo. Los niños pequeños se están dando cuenta de que lo que dicen sus padres está anticuado. Los padres tendrán que aprender continuamente si quieren ayudar a sus hijos a crecer, y los profesores tendrán que aprender continuamente. Ahora nadie puede dejar de aprender. Y esta velocidad va a aumentar constantemente.

De manera que una cosa: no puedes cesar de aprender, de lo contrario te volverás neurótico; porque dejar de aprender significa que estás acumulando información que no has asimilado, digerido, que no se ha convertido en tu sangre y tus huesos y tu médula. Te andará rondando con gran insistencia para que la asimiles.

En segundo lugar: necesitarás tiempo para relajarte; esta presión es excesiva. Necesitarás algo de tiempo para dar tregua a esta presión. Dormir ya no puede ayudarte, porque el dormir mismo se está sobrecargando. Tu día está tan sobrecargado que cuando te vas a dormir solo el cuerpo cae flácido en la cama, pero la mente continúa catalogando cosas. Eso es lo que llamas soñar: no es más que un esfuerzo desesperado de la mente para clasificar las cosas..., porque no le das tiempo para ello.

Tienes que relajarte conscientemente en la meditación. Unos pocos minutos de meditación profunda te mantendrán no-neurótico. En la meditación la mente se despeja: las experiencias se digieren y la sobrecarga desaparece, dejando la mente fresca y joven y clara y limpia.

En el pasado, el volumen de entradas era una décima parte del tiempo de alguien y el tiempo meditativo era nueve décimas partes. Ahora es justo lo contrario: nueve décimas partes de volumen de entradas y una décima parte de tiempo meditativo. Muy raramente te relajas, muy raramente te sientas en silencio, sin hacer nada. Incluso esa décima parte de meditación inconsciente está desapareciendo. Cuando eso suceda, el hombre se volverá completamente loco. Y está sucediendo.

¿Qué quiero decir con tiempo meditativo inconsciente? Simplemente vas al jardín, juegas con tus hijos...; eso es tiempo meditativo inconsciente. O nadas en la piscina...; eso es tiempo meditativo inconsciente. O siegas el césped, o escuchas a los pájaros...; eso es tiempo meditativo inconsciente. Eso también está desapareciendo, porque cuando la gente tiene tiempo, se sienta a ver la televisión, pegada a su asiento.

Ahora la televisión está poniendo en tu mente información tremendamente peligrosa; no serás capaz de digerirla. O lees los periódicos...; te están abasteciendo de todo tipo de tonterías. Cuando tienes tiempo pones la radio o la televisión. O algún día te sientes muy bien y quieres relajarte y vas al cine. ¿Qué tipo de relajación es ésta? La película no te permitirá relajarte, porque te está arrojando información continuamente.

Relajación significa que no te lanzan información. Escuchar a un cuco servirá, porque eso no te abastece de información. Escuchar música servirá, porque eso no te lanza información. La música no tiene lenguaje; es puro sonido. No te da ningún mensaje; simplemente te deleita. Bailar será bueno, la música será buena, trabajar en el jardín será bueno, jugar con los niños será bueno, o simplemente sentarte sin hacer nada será bueno. Ésta es la cura. Y si lo haces conscientemente, el impacto será mayor. Crea un equilibrio.

La neurosis es un estado mental desequilibrado: demasiada actividad y ninguna inactividad en absoluto; demasiado masculino y nada de femenino en absoluto; demasiado yang y demasiado poco yin. Y tienes que estar al cincuenta por ciento, tienes que mantener un equilibrio profundo. Es necesaria una simetría dentro de ti. Tienes que ser un ardhanarishwar: mitad hombre, mitad mujer; entonces nunca te volverás neurótico.

Y ése es todo el proceso del libro. El secreto de la Flor Dorada: hará que desaparezcas como hombre, como mujer; te convertirá en un todo, una unidad; te dará individuación.

El individuo no es ni hombre ni mujer; es simple unidad. Afánate por lograrla entre el tiempo que pasas haciendo y el tiempo que pasas no haciendo. Esto es totalidad, esto es lo que Buda llamó su camino medio, majjhim nikai. Permanece justo en el medio. Y recuerda; puedes desequilibrarte también hacia el otro extremo: puedes volverte demasiado inactivo. Eso también será peligroso. Eso tiene sus propios escollos y peligros. Si te vuelves demasiado inactivo, tu vida pierde su danza, tu vida pierde alegría; empiezas a estar muerto.

Así es que no estoy diciendo que te vuelvas inactivo; estoy diciendo que permitas que haya un equilibrio entre la acción y la inacción. Deja que se equilibren mutuamente y tú simplemente permanece en el medio. Deja que sean dos alas de tu ser. Ninguna de las alas debería ser más grande que la otra.

En Occidente, la acción se ha vuelto demasiado grande, la inacción ha desaparecido. En Oriente, la inacción se ha vuelto demasiado grande y la acción ha desaparecido. Occidente conoce la opulencia, la riqueza externa y la pobreza interna; Oriente conoce la riqueza, la opulencia interna y la pobreza externa. Ambos están sufriendo porque ambos han elegido extremos.

Mi enfoque no es ni oriental ni occidental, mi enfoque no es ni masculino ni femenino, mi enfoque no es ni la acción ni la inacción. Mi enfoque es el equilibrio, la simetría absolutos en ti. Por eso les digo a mis sannyasins: No abandonéis el mundo; estad en el mundo pero no le pertenezcáis. Esto es lo que los taoístas llaman wu wei wu, acción mediante la inacción. El encuentro de yin y yang, anima y animus: eso trae la iluminación. El desequilibrio es neurosis, el equilibrio es iluminación.

 

 

La tercera pregunta:

¿Son todas las mujeres realmente suaves, femeninas y amorosas?

 

No he dicho eso: que todas las mujeres sean realmente suaves, femeninas y amorosas. Tampoco todos los hombres son agresivos, violentos, ambiciosos, duros, porque en lo hondo de ti la consciencia no es ninguna de las dos cosas. El anima y el animus, el varón y la hembra, existen en la química de tu cuerpo. Puedes ser un hombre físicamente, pero puedes haber elegido, en lo hondo de ti, la parte femenina. Puede que una mujer sea una mujer físicamente, pero puede que haya elegido la parte masculina. Ambas partes están disponibles. Entonces el cuerpo permanece femenino pero la mujer se volverá masculina. Eso es lo que les está sucediendo a las mujeres ligadas al Movimiento de Liberación de la Mujer: están desechando su femineidad, se están volviendo agresivas como el hombre. Están tratando de competir con todo tipo de tonterías que tiene el hombre: ellas también quieren tener todas esas tonterías. No se pueden quedar atrás.

La idea de ser iguales está creando la idea tonta de ser similares. Ser iguales no significa ser similares. La igualdad es una dimensión totalmente diferente. La similitud es diferente.

Sí, una mujer puede elegir demasiado su parte masculina, puede identificarse con ella; entonces su suavidad desaparecerá. Un hombre puede elegir su femineidad; entonces su dureza desaparecerá. El cuerpo permanecerá sexualmente hombre o mujer; pero la cualidad que rodea al cuerpo, la vibración, tendrá que ser lo que se ha elegido dentro. Un hombre puede elegir ser una mujer por dentro; una mujer puede elegir ser un hombre por dentro. Y no es una elección que se haga una vez para siempre; puedes cambiarla en cualquier momento. Hay momentos en los que una mujer es muy suave y hay momentos en los que puede ser muy dura, muy cruel. Hay momentos en los que un hombre es muy duro, agresivo; pero hay momentos en los que puede ser muy suave. Incluso Genghis Khan era muy suave con sus hijos. Era muy suave con su mujer.

He oído que...

 

La ruda y recia hija de un capitán general era novia de un joven oficial del batallón de su padre. «¿No podrías hacer algo por Frank ahora que me ha pedido que me case con él?», le preguntó un día a su padre.

«La verdad es que no puedo hacer mucho», replicó el capitán general, «excepto otorgarle una medalla por su galantería».

 

O escucha esto:

 

Era pequeñín, manso, apocado y subyugado, y había solicitado un empleo como vigilante nocturno.

«Sí», dijo el manager, dubitativo, «pero el hecho es que queremos a alguien que sea inquieto y receloso, especialmente por la noche; alguien que piense lo peor de todo el mundo, alguien que duerma con un ojo abierto. El tipo de persona, en suma, que cuando le provocan es el mismo diablo».

«Muy bien», dijo el manso muchacho mientras salía, «les enviaré a mi mujer».

 

Depende de lo que decidas dentro de ti. Es una elección. El cuerpo no es tu elección, pero la vibración que rodeará a tu cuerpo es una elección. Y si eliges conscientemente, tendrás una gran libertad en tu ser, porque sabrás quién eres y lo que estás haciendo con tu cuerpo.

El cuerpo es inmensamente potencial; pueden suceder muchas cosas a través de él, pero la gente lo da por sentado. Es como si te hubieran regalado una hermosa guitarra y tú simplemente la guardas, sin conocer su potencial. Puedes tocar la guitarra, puedes aprender a tocar la guitarra y nacerá una gran música. Y entonces depende de ti el tipo de música que será. Puedes crear música que sea triste, puedes crear música que celebre, puedes crear música que sea violenta, puedes crear música que sea reconfortante, amorosa, silenciosa... Hay muchos tipos de música.

La música clásica tiene una cualidad diferente: te tranquiliza, te aporta silencio, descanso. La música pop moderna te pone inquieto, sexual; te lleva a una especie de frenesí. Los instrumentos son los mismos, como también lo es el cuerpo. Una persona realmente sabia elige tocar el tipo de música que quiere tocar con el cuerpo. Puedes hacer tu cuerpo como un Buda o puedes volverte un Mohammed Ali. Depende de ti. Mira el cuerpo de Buda: qué suave, aunque es un hombre; qué femenino, aunque es un hombre. Ha elegido la gracia.

Depende de ti. Es tu elección. No estás limitado por tu química. Solo puedes estar limitado si permaneces inconsciente en tu química, de lo contrario tu química tiene un potencial infinito: se le puede sacar partido de mil y una maneras. Y aprender a usar el propio cuerpo, a comportarse con el propio cuerpo, a relacionarse con el propio cuerpo, es un gran arte. Millones de personas simplemente dan el cuerpo por sentado; nunca investigan sus posibilidades. Su cuerpo permanece como semilla, nunca se vuelve una flor dorada.

 

 

La cuarta pregunta:

¡Tu charla sobre la política y su veneno fue extraordinaria! He vivido en muchas comunidades, todas sinceras y llenas de buenas intenciones, y sin embargo en todas partes quedé horrorizado por las ambiciones políticas inconscientes y las intrigas que están subyacentes y latentes, pero que afloran a pesar de las buenas intenciones.

¿Cómo te las estás apañando aquí? ¿Estás dándoles juego libre para que la gente pueda sacárselas de encima o las estás cortando de raíz y librándote de las personas que muestran las más ligeras tendencias?

Mi humilde experiencia es que algunas personas nunca jamás pueden poner nada en marcha sin política, sin elevarse más y más en el juego de poder. Están en todas partes, quizás incluso aquí, esparciendo su veneno.

 

Stilwell, yo no creo en reprimir nada, ni siquiera la política venenosa, porque lo reprimido permanece en tu sistema; tarde o temprano se apoderará de ti. Y cuanto más tiempo ha sido reprimido, más peligroso se vuelve, porque cuanto más profundamente penetra en tu inconsciente, más profundamente entra en la fuente misma de tu ser. Y si estás envenenado en tu misma fuente, en tu mismo centro, entonces se vuelve realmente difícil erradicarlo.

Mi enfoque con todo es traerlo a la superficie. De modo que nunca corto nada de raíz, lo ayudo a que se convierta en una flor. Y después del florecimiento, la flor empieza a marchitarse por sí misma. Ésa es la vía natural.

De manera que en mi comuna no se evita nada. Las ambiciones se permiten, se aceptan, como parte de los seres humanos: su ignorancia, su inconsciencia. Pero hago que mi gente tome consciencia de que eso son juegos, así que juégalos pero juégalos conscientemente, ponte cada vez más alerta y nunca dejes que se vuelvan serios. Si no se vuelven serios, no es necesario tenerles miedo. El problema es que, cuando un juego se vuelve muy serio, te olvidas completamente de que es un juego.

Ahí es donde se pierde el político: piensa que está haciendo algo muy serio. Está haciendo algo muy tonto, pero piensa que está haciendo algo muy serio. Lo único necesario es hacerle consciente de que esto es un juego; si quieres jugarlo, juega, pero no te pongas tan serio con ello. Mantén un poco de humor. El sentido del humor es una de las grandes claves para transformar las personalidades humanas.

Sí, tienes razón: ¡aquí también!, porque estas personas vienen del mundo y traen consigo todo tipo de infecciones del mundo. No llegan aquí frescas, ya han sido condicionadas. Ya han puesto en ellas la ambición. Sus padres, la sociedad, la iglesia, la escuela, el colegio, la universidad..., han sido envenenadas en todas partes y traen aquí todo ese veneno. No puedes cortarlo de raíz; de hacerlo se volverán divididas e hipócritas. Entonces en la superficie mostrarán humildad, modestia, y en el fondo pensarán: «No hay nadie más humilde que yo»..., y ya ha entrado la política. En el fondo de sí pensarán: «Soy la más grande persona sin ego del mundo»..., pero la más grande. Ahora ha aparecido un nuevo tipo de ambición. Es la misma ambición, pero ahora la dirección es nueva. Y es más sutil y, por supuesto, también más peligrosa. Y como ahora es «encomiable», es en el nombre de la religión. De modo que ya ni el veneno parece veneno; está etiquetado como néctar. Es veneno religioso, veneno encomiable.

Es más difícil librarse del veneno encomiable, así que no reprimo nada y no contribuyo a ningún tipo de represión. Ayudo a que la gente traiga a la superficie todo lo que lleva dentro. Les ayudo a ser conscientes de ello, a observarlo, a ver lo tonto que es, a ver lo estúpido que es..., no porque yo diga que es estúpido, porque si yo digo algo y tú simplemente lo crees, te reprimirás. Te ayudo; mi función aquí es ayudarte a volverte más consciente por ti mismo. El día que veas que es estúpido, lo desecharás tú mismo.

De manera que he creado todo tipo de juegos aquí. Sí, también hay una jerarquía, para que las personas que quieren jugar puedan jugar el juego de la jerarquía. Pero tarde o temprano —porque todo el esfuerzo está encaminado a hacer que sean más conscientes— toman consciencia de que esto es un juego. Y en el momento en que ellas ven que es un juego, están fuera de él. Ver que algo es un juego hace que te rías de ello: una carcajada acerca de tu propio ser. Y cuando una persona puede reírse de sus propias estupideces, se está volviendo sabia. La risa tiene que salir de la consciencia.

Las personas ambiciosas también se ríen. Justo el otro día leí que cuando Jimmy Carter llegó al poder se reía tan espléndidamente que se le podían contar los dientes. Y algunos los contaron: se le veían once dientes. Ahora solo se le ven siete. Ahora su sonrisa está desapareciendo porque su prestigio está disminuyendo cada día: las expectativas de la gente no se han colmado; no puede cumplir lo que prometió. ¡Solo siete! Pronto serán cinco, tres, dos. Para cuando se vaya, la sonrisa habrá desaparecido completamente. No se le verá ni un solo diente. Eso no es risa verdadera. Incluso esa risa es política, regulada, practicada, cultivada.

Hay un tipo diferente de risa que llega cuando ves todos los tipos de tonterías en las que has estado, y lo seriamente que lo hacías; cuando ves lo ridículo que es todo tu patrón de vida, toda tu gestalt y su estupidez. Pero no porque yo lo diga o porque lo diga Buda o el Maestro Lu-Tsu... No es cuestión de creencia, no es cuestión de que tomes prestado el conocimiento de otra persona: el conocimiento prestado nunca ayuda. Tiene que surgir en ti.

Mi esfuerzo aquí es para hacerte consciente de todo lo que está oculto en ti. Todo lo que has estado haciendo inconscientemente tienes que hacerlo conscientemente, eso es todo. Y a veces suceden milagros.

 

Una vez vino a verme un profesor. Su problema..., y era realmente un problema, porque ser profesor y tener semejante problema es realmente difícil. Su problema era que andaba como una mujer. De manera que por dondequiera que pasaba, los estudiantes venían y soltaban risitas y se reían, y él se sentía muy mal. ¿Qué podía hacer? Y había acudido a médicos y a psicoanalistas, pero no le pudieron ayudar. Le dijeron: «¿Qué podemos hacer nosotros?» Desde su misma infancia había caminado de esa forma. Y trataba de no andar así, y cuanto más lo intentaba, más fracasaba.

Hay una cierta ley... Los hipnotizadores la llaman la ley del efecto inverso: pones mucho empeño en hacer algo y sucede justo lo contrario.

Y estaba poniendo muchísimo empeño. Todo su esfuerzo, toda su mente estaba ocupada en no caminar como una mujer, pero cada vez caminaba más como una mujer. Le dije: «Simplemente haz una cosa..., porque es un milagro que puedas caminar como una mujer, es realmente un milagro.»

Él dijo: «¿Qué estás diciendo?»

Le dije: «¡Es un milagro! Una mujer puede andar de esa manera debido a su musculatura diferente. Debido al útero camina de cierta manera; ningún hombre puede andar así. ¡Eres único!»

Él dijo: «¿Qué estás diciendo? Todo el mundo se ríe de mí.»

Le dije: «Eres realmente único. Has hecho algo milagroso. Es mágico. Olvídalo por completo. Mi sugerencia es que empieces a andar conscientemente como una mujer; haz hincapié en caminar como una mujer.»

Él dijo: «¿Qué me estás sugiriendo? Toda mi vida he intentado no caminar como una mujer y sigo caminando como una mujer. Si empiezo a caminar como una mujer, ¿qué pasará?»

Le dije: «Prueba delante de mí.» Y había allí sentadas al menos veinte o treinta personas.

Él dijo: «¿Aquí?»

Le dije: «Aquí. Prueba.»

¡Lo intentó y no le salió! No podía andar..., no podía andar como una mujer. Y pareció muy sorprendido. Dijo: «¿Qué ha pasado?»

Le dije: «Tienes que comprender la ley del efecto inverso. Ahora vete a la universidad, a cualquier parte, y trata de andar conscientemente como una mujer; porque es muy difícil andar como una mujer a menos que seas una mujer.»

Y desde entonces no ha vuelto a caminar como una mujer. Tomó consciencia de ello. Era un mecanismo inconsciente. La inconsciencia era la causa raíz de ello. Tomas consciencia y desaparece.

Los problemas del hombre están enraizados en el inconsciente. ¿Y qué sigues haciendo? Sigues reprimiendo esos problemas al inconsciente. ¿A qué otra parte vas a reprimirlos? No hay ninguna otra parte a la que reprimirlos. Siempre que reprimes algo, lo reprimes al inconsciente; así es como se crea el inconsciente.

Yo no tengo inconsciente porque nunca reprimo nada. El inconsciente se crea con las represiones. El niño no tiene inconsciente, pero no tardará en tenerlo. Y el anciano tiene más del inconsciente que del consciente, porque ha estado reprimiendo toda su vida. El inconsciente funciona como un sótano: todo lo que es inservible lo tiras al sótano, y se va acumulando ahí... ¡Se convierte en una chatarrería! Eso es tu inconsciente. Y desde el inconsciente afloran cosas y toman posesión de ti.

Todos los fantasmas que toman posesión de ti vienen del inconsciente, no de los cementerios. Tu inconsciente es el cementerio en el que nacen esos fantasmas. Y siempre que encuentren una oportunidad, una ocasión para salir furtivamente y poseerte, te poseerán... Y poseen con mucha fuerza, para desquitarse. Pero reprimirlo es ayudar más al inconsciente. Ésa es la ley del efecto inverso. Tu inconsciente se volverá cada vez más poderoso. Lo estás alimentando y nutriendo.

Todo mi enfoque es que la consciencia es la liberación; ser consciente es la solución. Vuélvete un poco más consciente de lo que sea que estés haciendo.

Sucedió una vez que...

 

Un ladrón se acercó a un gran Maestro, Nagarjuna. Lo hizo por cierta razón. Nagarjuna vivía desnudo...; uno de los grandes místicos indios y uno de los mayores alquimistas. Él habría sido la persona adecuada para comentar El secreto de la Flor Dorada. C. G. Jung no era la persona apropiada para comentarlo.

Llegó a una gran capital. La reina era seguidora de Nagarjuna y se acercó con un bacín de oro y le dijo a Nagarjuna: «Dame tu bacín de madera. Lo guardaré como un tesoro. He traído este bacín de oro para ti.»

La reina tuvo miedo de que quizá Nagarjuna diría: «No toco el oro, soy un asceta.»

Pero Nagarjuna era una persona iluminada. Dijo: «De acuerdo.» Así que tomó el bacín de oro decorado con valiosos diamantes.

Un ladrón vio a Nagarjuna con el bacín de oro, desnudo, y todos esos diamantes brillando al sol. Dijo: «¡Mira! ¿Cómo puede tener esto este hombre? Alguien se lo va a arrebatar. ¿Por qué no yo? Este hombre desnudo no puede conservarlo por mucho tiempo. ¿Dónde lo conseguiría?»

Así es que el ladrón siguió a Nagarjuna. Nagarjuna se estaba quedando fuera de la capital, en las ruinas de un viejo templo que no tenía puertas, ni siquiera ventanas..., nada, sólo muros que se caían; un pequeño cobijo. Aún quedaba un poco de tejado. El ladrón dijo: «¿Cómo protegerá esa cosa tan valiosa? Al menos por la noche se dormirá.»

De manera que esperó fuera, al lado del muro, junto a una ventana. Nagarjuna quiso dormir un poco por la tarde; tenía esa costumbre. Viendo que le seguía el ladrón, sabía perfectamente bien por qué le estaba siguiendo. No estaba siguiendo a Nagarjuna, estaba siguiendo al bacín de oro, así que ¿por qué forzarte a esperar ahí? De todas formas, lo iba a coger. «Cuando me duerma», pensó Nagarjuna, «lo cogerá; así que ¿por qué forzarle a esperar innecesariamente?». Y tiró el bacín por la ventana.

El ladrón no podía creer lo que estaba pasando. Pero este hombre parecía realmente carismático: desnudo, tan hermoso, con un aspecto tan divino, llevando una cosa tan preciosa, ¡y la había tirado! Ahora el ladrón no podía irse; se sentía tan atraído por esa persona, tan cautivado, casi hipnotizado. Miró por la ventana y dijo: «Señor, ¿puedo entrar y hablar un poco contigo?»

Nagarjuna dijo: «Por eso he tirado fuera el bacín, ¡para que pudieras entrar! Habrías entrado cuando yo me hubiera dormido, pero eso no habría tenido sentido. ¡Entra!»

El ladrón entró y dijo: «Mirándote, viendo que puedes tirar una cosa tan valiosa con tanta facilidad —y sé por qué la has tirado, la has tirado para mí—, ha surgido en mí un gran deseo: ¿Llegará un momento, alguna vez, en el que yo también seré tan desapegado, tan desprendido, tan libre de posesiones como tú?»

Nagarjuna dijo: «Ha llegado el momento. Accidentalmente, ya estás atrapado. Te daré el secreto de cómo transcender el mundo, cómo ir más allá, cómo no poseer.»

El hombre dijo: «Pero primero déjame decirte que soy un ladrón. Y he ido a muchos santos antes, pero todos dicen..., porque soy un ladrón muy conocido, todos dicen: "Primero deja de robar, solo entonces puedes meditar." Así que primero deja que te lo diga. Puede que no lo sepas.»

Nagarjuna dijo: «Entonces eso muestra simplemente que nunca hasta ahora has estado con un santo. Deben haber sido ex ladrones; de otra forma, ¿a quién le importa quién eres? ¿Y por qué hacer que sea una condición que primero tengas que dejar de robar? Te daré la meditación, es muy sencilla. Sigue robando; simplemente haz una cosa: hazlo conscientemente, hazlo con total consciencia. Cuando vayas a robar, entra en ello completamente consciente, alerta a lo que estás haciendo, y después de quince días ven a decirme cómo te ha ido.»

Pero para el séptimo día, el ladrón volvió y dijo: «Me engañaste. Durante siete días continuamente he sido incapaz de robar. Y no es que me lo impidieran; llegué a lugares en los que había disponibles grandes tesoros, pero no puedo hacerlo. Si estoy consciente, empiezo a reírme de mi estupidez. ¿Qué estoy haciendo..., robando cosas que me serán arrebatadas? Tarde o temprano, tendré que morir. Todo ello parece tan infantil. Si estoy consciente, no puedo robar; si robo, pierdo mi consciencia. Las dos cosas no pueden estar juntas.»

Nagarjuna dijo: «Entonces decide. Lo que elijas, puedes elegir. Puedes abandonar la consciencia, o si quieres estar consciente, entonces deja de robar.»

Y el hombre dijo: «He saboreado la consciencia. Es imposible dejarla. Dejaré de robar, porque la consciencia es mucho más valiosa, mucho más significativa. Solo la he saboreado un poco, pero da tanta alegría. Y he estado robando toda mi vida y he acumulado muchas cosas valiosas en mi casa, pero nunca me han dado ninguna alegría. Solo hacen que cada vez tenga más miedo.»

La consciencia es la única clave secreta: transforma. No importa cuál sea tu enfermedad, la consciencia es la única medicina: cura todas las enfermedades. Si tienes predisposición política, y todo el mundo la tiene... De una manera u otra, todo el mundo está tratando de estar por encima de los demás, todo el mundo está tratando de ser más poderoso que los demás. Incluso en las relaciones, la política continúa. El marido trata de ser más poderoso que la mujer, la mujer trata de ser más poderosa que el marido; de ahí el conflicto constante, incluso entre padres e hijos. En todas partes hay conflicto. Todo es política, diferentes facetas de la política.

De manera que cuando vienes a mí no puedo esperar que vengas sin política; eso es imposible. Si no tienes política dentro de ti, no necesitarás venir; estés donde estés. Dios vendrá a ti. Cuando vienes aquí, acepto todas tus debilidades humanas. No condeno nada. No te digo que reprimas; no quiero que te sientas culpable de nada. Si quieres jugar el juego de la política, se te permite que lo juegues, con solo una condición: vuélvete cada vez más alerta mientras lo estés jugando; ten sentido del humor, y entonces todo está bien. Tarde o temprano, se desvanecerá por sí mismo.

Y lo mismo sucede con la sensualidad, la sexualidad; lo mismo sucede con la posesividad..., lo mismo sucede con todo con lo que hace sufrir al hombre.

 

 

La quinta pregunta:

Amado Osho, esta mañana durante la charla entré tan profundamente que estaba seguro de que mi cuerpo iba a morir de inmediato. Me asusté mucho y luché para volver a la superficie. Ahora tengo miedo de que vuelva a suceder. ¿Qué debo hacer?

 

Saguna, eres un tonto. Deberías haber dejado que sucediera. Has perdido una gran oportunidad. Si en cualquier momento vuelves a empezar a sentir que te estás muriendo en mi presencia, ¡muere inmediatamente! Eso significa que tu ego estaba a punto de desaparecer y algo inmensamente valioso estaba a punto de suceder. Te lo perdiste.

Pero le sucede a todo el mundo la primera vez: uno se echa atrás por miedo, se escapa de vuelta al ego, se aferra, se agarra. ¿Dónde vas a encontrar un lugar mejor para morir? Si puedes morir en mi presencia, alcanzarás la vida, la vida eterna, la vida abundante. Si puedes morir en satsang, en presencia de un maestro, resucitarás. Pero tienes que tener valor. Acumula valor, y la próxima vez que empiece a suceder, deja que suceda.

 

 

La sexta pregunta:

¿Es el psicoanálisis realmente tan inútil?

 

No, no siempre. A veces también ayuda. Medita sobre esta historia.

 

Félix Simons era un tipo simpático pero tenía un tara social. Aunque tenía treinta y cinco años, nunca había superado su hábito infantil de mearse en la cama. Finalmente, uno de sus amigos le dijo: «Mira, Félix, creo que debes saber la verdad. Todos te queremos mucho, pero nadie soporta entrar en tu casa, porque huele, y estás volviendo loca a tu mujer. ¿Por qué no vas a consultar a un psiquiatra sobre tu problema? La enuresis no es tan infrecuente y se puede curar. ¡Acaba con ello de una vez por todas!»

Félix se convenció. Después de seis meses de tratamiento, se encontró con el mismo amigo.

«Bueno, Félix, ¿seguiste mi consejo?»

«Sí», respondió Félix, «he estado visitando a un psiquiatra tres veces a la semana durante seis meses».

«Bueno, ¿has obtenido algún resultado?»

«Oh», dijo Félix radiante, «¡grandes resultados!».

«¿Ya no te meas en la cama?»

«Sigo meándome, ¡pero ahora estoy orgulloso de ello!»

 

El psicoanálisis solo ayuda de esta manera: hace que te sientas orgulloso de cosas de las que te sentías culpable. La religión ha creado culpabilidad en la gente. El psicoanálisis se ha ido al otro extremo: el psicoanálisis es una reacción a la culpabilidad religiosa. Esto hay que comprenderlo.

La religión ha hecho un gran daño a la humanidad. Ha herido el corazón humano creando culpabilidad. Vive de la culpabilidad. Todo el mundo religioso..., hindú, cristiano, mahometano; éstos son solo nombres diferentes para el mismo truco: cómo crear culpabilidad en la gente. Una vez que has creado culpabilidad en las personas, están atrapadas en tu red, las puedes explotar. La culpabilidad es la tela de araña: haz que las personas se sientan culpables y están en tu poder. Entonces las puedes manipular, las puedes obligar a que se rindan, las puedes forzar a hacer cosas para ti: para la iglesia, para el sacerdote. Se sienten culpables, tienen miedo, van a sufrir..., quieren encontrar una salida.

Primero crea culpabilidad, luego la gente vendrá a ti, porque tendrá que buscar una salida de la culpabilidad. Entonces diles que recen, entonces diles que repitan algún ritual, algún mantra. Pero primero hay que crear culpabilidad.

He oído que...

 

Dos personas estaban haciendo un gran negocio. Eran socios. El negocio era simple. Uno entraba en una ciudad por la noche y arrojaba alquitrán de carbón en las ventanas de la gente, y después de dos o tres días llegaba el otro para limpiarlas. Y hacía saber en la ciudad que sabía limpiar el alquitrán de carbón de las ventanas. Para cuando había limpiado las ventanas, el otro ya le había preparado otra ciudad. Entonces él iba a la otra ciudad. Estaban haciendo un negocio realmente bueno. Eran socios.

 

La religión depende de crear culpabilidad: primero tira alquitrán de carbón en los corazones de las personas y luego diles cómo limpiarlo..., y entonces tendrán que pagar por ello.

El psicoanálisis es una reacción. No lo llamo una revolución, sino tan solo una reacción. Reaccionó contra todo este asunto y empezó a hacer lo opuesto: hace que estés orgulloso de tus cosas. Dice: «Esto es perfectamente normal. Si te meas en la cama, es perfectamente normal. No hay nada de malo en ello. Deberías estar realmente orgulloso de ello.» Te apoya tal como eres.

La religión te condena tal como eres. El psicoanálisis te convence de que ésta es la única manera de la que puedes ser y de que estás perfectamente bien. Estás bien: ése es el mensaje del psicoanálisis. Ambos están equivocados. Ni necesitas sentirte culpable ni necesitas sentirte perfectamente bien. Si te sientes culpable te convertirás en una víctima de la iglesia, del sacerdote, y te explotarán. Si empiezas a sentir que estás perfectamente bien, te adormeces, dejas de crecer.

Tienes que saber una cosa: que la vida significa evolución, crecimiento; la vida significa ascender más y más... a nuevas plenitudes, a nuevos planos del ser. No hay necesidad de que te sientas culpable de lo que eres; pero sí hay una enorme necesidad de que anheles elevarte más, porque eres una semilla, un potencial... y puedes convertirte en Dios. Si te aceptas tal como eres y te asientas en ello, seguirás siendo una semilla; nunca te convertirás en un árbol y nunca podrás tener un diálogo con las estrellas. No podrás jugar con el viento, la lluvia y el sol. Permanecerás encogido en una semilla. ¡Pero no hay necesidad de que te sientas culpable! Una semilla es una semilla; no hay necesidad de sentirse culpable; pero la semilla tiene que convertirse en un árbol. Hay una necesidad auténtica de indagar acerca de tu propio potencial. Nunca te sientas culpable, nunca te sientas orgulloso. Siéntete inmensamente feliz de que se te ha dado una gran oportunidad de crecer.

Y toda esta vida es un desafío para crecer. Ésa es la verdadera religión y ésa es también la verdadera psicología; porque una religión verdadera no puede ser otra cosa que una psicología verdadera. Llamo a esa psicología «la psicología de los budas». No hace que te sientas culpable; te acepta, te ama. Pero no hace que te sientas orgulloso de ser como eres. Te da un gran desafío para ser más de lo que eres. Te da un descontento divino. Hace que ardas en deseos de elevarte más y más; no más alto que los demás, sino más alto que tú mismo. Mañana no debería ser una repetición de hoy: ése es el significado del descontento divino. Hoy no debería ser tan solo una repetición de ayer; de lo contrario, no has vivido. Hoy debe traerte algún nuevo don, algunas flores nuevas, algunos rayos nuevos. Alguna nueva ventana debe abrirse hoy.

Sentirse culpable significa permanecer poseído por el pasado; sentirse orgulloso significa permanecer donde estás, lo que eres. Tener un descontento divino significa crecer, investigar, buscar, explorar. Y la vida no es más que una aventura, una constante aventura en lo desconocido.

De manera que no quiero que te sientas culpable y no quiero que te sientas orgulloso. Cuando dejas las dos cosas, comienza la vida verdadera.

 

 

Y la última pregunta:

¿Por qué es tan difícil la comunicación?

 

No es solo difícil; es imposible. Es verdaderamente un milagro que suceda a veces, porque dos personas son dos personas: sus experiencias pasadas son diferentes, su gestalt es diferente, sus conocimientos son diferentes, sus personalidades son diferentes. Son dos mundos. Hablan lenguas distintas; puede que sea la misma lengua, pero hablan lenguas diferentes. Le dan un significado diferente a las palabras, matices diferentes, tonos diferentes y colores diferentes.

Cuando estás mirando una rosa, si hay cinco personas mirando la rosa, no pienses por un solo momento que estáis mirando la misma flor: ¡no podéis! Solo cinco budas que estén junto a la flor serán capaces de mirar la misma rosa; vosotros no podéis, porque cinco budas significa cinco ceros, cinco no-mentes. Solo dos no-mentes pueden comunicarse, porque ahora no hay nada que obstaculice, nada que interprete: es directo.

Pero cuando hay cinco mentes junto a la rosa, solo creen que están mirando la misma rosa, porque tienen ideas diferentes acerca de la rosa, diferentes impactos pasados de la rosa. Todo eso está en sus ojos, capa sobre capa; esta rosa está muy lejos, muy distante.

Por ejemplo, puede que uno haya amado a una mujer que estaba obsesionada con las rosas, pero ella le traicionó. Ahora la rosa le recordará solo esa traición y la mujer. Ésa no es la experiencia de los otros. Puede que otro haya visto un muerto adornado con una guirnalda de rosas. La rosa le recordará la muerte: puede que sienta un poco de miedo. Puede que el tercero tenga su propia experiencia con la rosa. Dependerá. Y eso es lo que sucede con cada experiencia.

Solo dos no-mentes pueden comunicarse; incluso sin palabras, la comunicación sucede entonces. Es una comunión. Pero las mentes están abocadas al choque, al conflicto.

Te contaré algunas historias.

 

La primera:

Sentado en un restaurante muy elegante, Chico Marx estaba estudiando el enorme menú cuando el camarero principal se acercó a su mesa. El camarero cruzó las manos e inquirió con el porte continental apropiado: «¿Y qué le complace, Monsieur?»

«Las chicas», contestó Chico. «¿Y a ti?»

 

La segunda historia:

El joven marido y su desposada volaron a Miami para su luna de miel y no se les vio el pelo durante días. La mañana del sexto día entraron en el comedor para desayunar. Cuando se les acercaba el camarero para tomar nota de su pedido, la desposada se volvió a su marido y le dijo tímidamente: «Cariño, ya sabes lo que quiero, ¿verdad?»

«Sí, lo sé», respondió él fatigadamente; «¡pero también tenemos que comer en algún momento!»

 

Y la tercera historia:

El jefe había estado persiguiendo a su secretaria durante casi un año. Había estado sugiriéndole todo tipo de cosas. En este atardecer en particular, estaba inusualmente persistente.

«¡Venga!», le decía. «Vayámonos a cenar, luego al teatro, luego a una discoteca y luego subiremos a mi apartamento.»

La rubia replicó: «Me gustaría que comprendiera que soy pertinaz y didáctica en mi repulsa a su proposición salaz, mendaz y denigrante.»

El jefe dijo: «No lo pillo.»

La secretaria respondió: «Eso es exactamente lo que he estado tratando de decirle.»

 

El lenguaje es el problema: experiencias diferentes, mentes diferentes, pasados diferentes, patrones diferentes, hábitos diferentes, personalidades diferentes.

Me preguntas por qué es difícil comunicarse. No es solo difícil, es casi imposible. Si sucede de vez en cuando, siéntete inmensamente afortunado. Sí, de vez en cuando sucede. Cuando estás profundamente enamorado de alguien, sucede. Entonces el lenguaje no es necesario. Entonces vuestras mismas presencias, vuestras mismas vibraciones se comunican. Entonces, por un momento, en profundo amor, os escabullís de vuestras mentes. En profundo amor, durante un momento os volvéis budas, os volvéis no-mentes.

De manera que solo en raros momentos de amor sucede la comunicación; de otra forma es siempre una disputa, un conflicto sutil. Dices algo, el otro entiende otra cosa. El otro dice algo, tú entiendes otra cosa. Si realmente queréis comunicaros, sed cada vez más amorosos, porque es necesario el amor, no el lenguaje. El lenguaje es una barrera, el amor es un puente. Si realmente queréis comunicaros, empezad a escabulliros de vuestra mente. Sed cada vez más ceros, no-mentes, y de pronto veréis que suceden milagros. Está sucediendo aquí.

Las personas nuevas que llegan aquí no están en sintonía conmigo durante unos días: digo algo, ellas comprenden otra cosa. Pero según se van abriendo más y más a mi amor, empieza a suceder la comunicación. Con los que han vivido realmente mucho tiempo conmigo y se han hecho íntimos, con los que ha desaparecido la barrera del lenguaje, una sola mirada a sus ojos o un leve contacto con mi mano y hay comunicación; no solo comunicación, sino comunión. Por eso recientemente he empezado una nueva manera de estar en comunión con mis sannyasins: simplemente tocarles, dejarles sentir mi energía.

Cuanto más intimo te hagas conmigo, menos y menos palabras serán necesarias, ¡porque empezarás a oírme a mí! Entonces no habrá necesidad de palabras. Seguiré hablando a la gente nueva, seguiré hablando para los que vayan llegando... Llegarán más y más. Miles están en camino, pero los que han estado aquí conmigo el tiempo suficiente o la profundidad suficiente... Y la profundidad puede suceder incluso en un solo momento. No es solo cuestión de tiempo, es cuestión de intensidad.

A veces sucede que cuando una persona viene a mí por primera vez, al primer contacto se hace íntima. Como si hubiera estado conmigo durante vidas. Y no soy solo yo quien siente eso, él también siente inmediatamente que ha llegado a casa, que éste es el lugar que ha estado buscando toda su vida, o durante muchas vidas. Entonces la comunicación sucede inmediatamente. Entonces no hay conflicto.

En realidad, el momento en que hay comunicación y no hay conflicto es el momento de tu verdadera iniciación. Entonces lo que digo es secundario. Lo que soy se vuelve primario. Entonces te relacionas conmigo directamente. Entonces no te distraen las palabras..., porque no soy un hombre consistente. Me contradigo, y me contradigo deliberadamente para ayudarte a liberarte de tu expectativa de consistencia, para ayudarte a liberarte del lenguaje. Escuchando cómo me contradigo una y otra y otra vez, poco a poco verás que las palabras son solo juegos; no te tomarás en serio las palabras. El día que sucede ese despertar en ti, te relacionas conmigo directamente. Entonces no es necesario ningún medio; entonces estás conectado.

Amo, soy amor. En el momento en que amas y te vuelves amor, sucede la comunión. La comunión es una función del amor, no del lenguaje. De hecho, el lenguaje funciona como un obstáculo, no como una ayuda.

Recuérdalo: estar conmigo es estar con un vacío, un nadie. No tengo nada que ofrecerte, no tengo nada que enseñarte, no tengo ninguna filosofía. Soy, pero no tengo ninguna filosofía. Soy, pero no tengo nada que ofrecer. Soy, pero no tengo nada que enseñar. Y tienes que aprender a estar con este ser..., y entonces sabrás lo que es la comunión.

La comunión es un fenómeno del amor, un florecimiento del amor. No tiene nada que ver con el lenguaje, con las palabras; nada en absoluto. Es silencio.

 

Suficiente por hoy.

 

 

 

 

 

Capítulo 13

 

Un corazón que escucha

 

Osho, el Maestro Lu-Tsu dijo:

La decisión debe ser puesta en práctica con el corazón calmado y sin buscar el éxito; entonces el éxito llegará por sí mismo. En el primer periodo de soltar hay principalmente dos errores: la indolencia y la distracción. Pero eso se puede remediar; el corazón no debe entrar demasiado completamente en la respiración. La respiración viene del corazón. Lo que sale del corazón es la respiración. En cuanto el corazón se agita se desarrolla energía de la respiración. La energía de la respiración es originalmente actividad transformada del corazón. Cuando nuestras ideas van muy rápidamente, se convierten imperceptiblemente en fantasías que van siempre acompañadas de la activación de una respiración, porque estas respiraciones interna y externa se mantienen unidas como el tono y el eco. Diariamente producimos innumerables respiraciones y tenemos un número igual de fantasías. Y así la claridad del espíritu va desapareciendo, como se seca la madera y mueren las cenizas.

 

Así pues, ¿no debería un hombre, entonces, carecer de imaginaciones en su mente? No se puede estar sin imaginaciones. ¿No deberíamos respirar? No se puede estar sin respirar. El mejor camino es convertir la enfermedad en una medicina. Como el corazón y la respiración son mutuamente dependientes, la circulación de la luz debe estar unida al ritmo de la respiración. Para esto, sobre todo, es necesaria la luz del oído. Hay una luz del ojo y una luz del oído. La luz del ojo es la luz unida del sol y la luna externos. La luz del oído es la semilla unida del sol y la luna internos. Así pues, la semilla es la luz en forma cristalizada. Ambas tienen el mismo origen y solo difieren en el nombre. Por tanto, el entendimiento (el oído) y la claridad (el ojo) son una y la misma luz efectiva.

 

Sentado, después de bajar los párpados, uno usa los ojos para establecer una plomada y luego desvía la luz hacia abajo. Pero si la trasposición hacia abajo no tiene éxito, entonces se dirige el corazón para que escuche la respiración. Uno no debería ser capaz de oír con el oído la entrada y la salida de la respiración. Lo que oyes es que no tiene tono. En cuanto tiene tono, la respiración es agitada y superficial, y no penetra en lo abierto. Entonces hay que hacer que el corazón se vuelva ligero e insignificante. Cuanto más se libera, menos se vuelve; cuanto menos es, más calmado. De pronto se calma tanto que se para. Entonces se manifiesta la verdadera respiración y llega a la consciencia la forma del corazón. Si el corazón es ligero, la respiración es ligera, porque cada movimiento del corazón afecta a la energía de la respiración. Si la respiración es ligera, el corazón es ligero, porque cada movimiento de la energía de la respiración afecta al corazón. Para estabilizar el corazón, hay que comenzar ocupándose de la energía de la respiración. El corazón no puede ser influenciado directamente. Por tanto, se usa la energía de la respiración como asidera, y a esto se le llama mantenimiento de la energía de la respiración concentrada.

 

Niños, ¿no comprendéis la naturaleza del movimiento? El movimiento puede producirse con medios externos. Es solo otro nombre de la maestría. Uno puede hacer que el corazón se mueva simplemente corriendo. ¿No debería uno ser capaz también de ponerlo en reposo con quietud concentrada? Las grandes personas sagradas que sabían cómo se influencian mutuamente el corazón y la energía de la respiración han elaborado un procedimiento más fácil para ayudar a la posteridad.

 

«La gallina puede incubar sus huevos porque su corazón está siempre escuchando.» Ése es un importante encantamiento mágico. La gallina puede incubar sus huevos debido a la energía del calor. Pero la energía del calor solo puede calentar las cáscaras; no puede penetrar al interior. Por tanto, la gallina dirige esta energía hacia dentro con su corazón. Esto lo hace con su oído. De esta manera, concentra todo su corazón. Cuando el corazón penetra, la energía penetra, y el polluelo recibe la energía del calor y comienza a vivir. Por tanto, una gallina, incluso cuando a veces abandona sus huevos, siempre tiene la actitud de escuchar con el oído inclinado. Así no interrumpe la concentración del espíritu. Como la concentración del espíritu no sufre ninguna interrupción, tampoco la energía del calor sufre ninguna interrupción de día o de noche, y el espíritu despierta a la vida. El despertar del espíritu se logra porque primero ha muerto el corazón. Cuando un hombre puede dejar que muera su corazón, entonces el espíritu primordial despierta a la vida. Matar el corazón no significa dejar que se seque y se marchite, sino que significa que se ha vuelto indiviso y fusionado en uno.

 

 

Un corazón que escucha

 

Una historia...

 

Dogo, el anciano maestro zen, tenía un discípulo llamado Soshin. Cuando Soshin llegó de principiante bajo Dogo, esperaba sin duda que el maestro le instruiría en el Zen de la manera en que un maestro de escuela instruye a sus alumnos. Pero Dogo no le dijo nada especial y ciertamente no parecía tener ninguna intención de comunicar nada inusual al discípulo. Finalmente, Soshin no puedo aguantarlo más y le reprochó a su maestro que no le mostrase nada del Zen. «Pero te he estado dando lecciones de Zen desde que llegaste», dijo Dogo.

«¿Ah, sí?», dijo Soshin, «¿y cuándo ha podido ser eso?».

«Cuando me traes mi taza de té por la mañana», dijo Dogo, «la acepto. Cuando me sirves la comida, la como. Cuando te inclinas ante mí, me doy por enterado. ¿De qué otra manera esperas aprender Zen?».

El Tao se puede compartir, pero no se puede dividir. El Tao se puede mostrar, pero no se puede decir.

El maestro vive en el Tao. El discípulo tiene que embeber su espíritu. No es una enseñanza, no puede ser una enseñanza: todas las enseñanzas son superficiales. Tiene que ser más profundo que una enseñanza. Tiene que ser una transferencia de energía. Tiene que ser de corazón a corazón, de alma a alma, de cuerpo a cuerpo. No puede ser verbal. Y el discípulo tiene que ver, mirar, observar, sentir, amar la energía que se está manifestando en el maestro. Poco a poco, lentamente, sentándose simplemente al lado del maestro, el discípulo aprende muchos secretos, aunque nunca se le enseñen.

Uno de los mayores secretos es que al sentarse junto al maestro, el discípulo empieza a respirar de la misma manera que respira el maestro. Se origina una sincronía, y en esa sincronía los dos se unen. Les sucede también a los amantes. Si estás profundamente enamorado de alguien, sentado a su lado, sentado junto a tu amada, te sorprenderá observar que, de repente, sin ninguna razón en absoluto, sin que hagáis nada para ello, estáis respirando del mismo modo. Cuando la amada exhala, tú exhalas; cuando la amada inspira, tú inspiras. Y de pronto estáis conectados, vinculados.

La respiración tiene una importancia tremenda. Así es como la madre se conecta con el niño. Y a veces puede incluso que haya más de mil kilómetros de distancia entre el hijo y la madre, pero el corazón de la madre se ve afectado inmediatamente si el niño está en peligro. Su respiración está tan conectada... Respiran del mismo modo. Y hay una razón obvia para ello. En el útero de la madre el niño estuvo respirando a través de la madre durante nueve meses. No tenía respiración propia. Era la respiración de su madre, y él simplemente seguía la respiración de la madre. La madre respiraba por él, en su nombre; durante nueve meses vivieron en una profunda sincronía. Continúa incluso después de que nazca el niño. Si hay amor verdadero, puede continuar durante toda su vida.

Ahora hay también pruebas científicas de ello. En América, en Rusia y también en otros países se han llevado a cabo recientemente muchos experimentos con pájaros, con animales. Se llevan al hijo y luego lo matan, y observan a la madre con todos los instrumentos sofisticados disponibles. En el momento en que matan al hijo, y puede que suceda a mil kilómetros, inmediatamente cambia la respiración de la madre, inmediatamente, en el momento exacto. Su respiración se estremece, surge en ella un temblor. Siente pánico, dolor, sin ninguna razón, sin ninguna razón aparente: algo intuitivo, algo sin ningún medio entre los dos. No están visiblemente conectados por nada, pero hay también algunos hilos invisibles.

El discípulo no tiene que aprender lo que enseña el maestro, sino cómo es el maestro. A eso es a lo que se refiere Dogo cuando dice: «Pero he estado dándote lecciones de Zen desde que llegaste. Cuando me traes el té por la mañana, lo acepto. ¿No lo has observado..., la manera en que lo acepto? ¿No te has armonizado profundamente conmigo cuando acepto el té que me traes? Cuando me sirves la comida, la como. Cuando te inclinas ante mí, me doy por enterado. ¿De qué otra manera esperas aprender Zen?»

El maestro está diciendo: Observa mis gestos, mi manera de andar, mi manera de sentarme, mi manera de respirar, mi manera de simplemente sentarme contigo, mi manera de mirarte, mi manera de responder de mil y una maneras. No esperes una doctrina; la presencia del maestro es la única doctrina que hay. La verdadera enseñanza no es una enseñanza en absoluto, es una transferencia, una transferencia más allá de las palabras y más allá de las escrituras. Y la transferencia sucede mediante la armonía de la respiración.

También me gustaría decirte que no tengo nada que ofrecerte en cuanto enseñanza, doctrina, filosofía o religión. No tengo nada en absoluto que enseñarte. Tengo mucho que compartir, pero nada que enseñar..., o ¡solo nada que enseñar! Pero para sentir esa nada que me gustaría transferirte tendrás que entrar en armonía conmigo. Y hay pequeñas cosas que perturban, cosas muy pequeñas. Y poco a poco tienes que tomar consciencia de qué es lo que perturba.

En el darshan de la tarde, a veces llamo a unos pocos sannyasins para que me ayuden a transferir energía a alguien. He llamado a Pradeepa muchas veces, pero cada vez que la llamo, después me siento nauseabundo. Estaba perplejo. ¿Qué está pasando? Es una mujer tan hermosa, con mucho amor por mí. Por eso la llamo para que me ayude. Pero ha estado sucediendo cada vez que lo hago. La última vez lo sentí con tanta intensidad que tuve que examinarlo, considerar todo el asunto. Entonces lo entendí. Debe de haber estado comiendo comida no vegetariana: carne, huevos y otras cosas. Eso hace que su aliento sea desagradable, eso perturba toda su armonía interna. Por eso no puede armonizarse conmigo. Y si no puede armonizarse, eso crea una perturbación. Me ama, pero su amor aún es inconsciente. Si ella se vuelve un poco más consciente, lo verá; verá que para estar conmigo tienes que cambiar muchas cosas en ti.

Para estar conmigo y ahondar conmigo, para tener un contacto de corazón a corazón, tendrás que soltar el bagaje innecesario que llevas contigo. Así, no hay necesidad de ser no-vegetariano; no la hay para un meditador. De otra forma estarás creando obstáculos innecesarios. Perturbará tu suavidad, creará un tipo de crueldad en ti. Puede que no seas consciente de ello porque no eres consciente en absoluto, pero cuando vienes a mí yo soy solo un espejo.

Pradeepa debe de estar creando una gran náusea en su propio ser. Puede que se haya acostumbrado a ella, de modo que no es consciente. Pero yo me sentí nauseabundo una y otra vez, porque cuando te relacionas conmigo con energía no sucede en una sola dirección: mi energía entra en ti, tu energía entra en mí. No puede ser en una sola dirección. Se crea un círculo, empieza a suceder la circulación. Esto es solo un ejemplo. Y esto no es solo para Pradeepa, es para todos vosotros.

Si quieres estar en armonía cada vez más profunda conmigo, si quieres compartir el Tao que me ha sucedido, tendrás que ser más consciente, estar más alerta a lo que estás haciendo, lo que estás comiendo, lo que estás leyendo, lo que estás escuchando, adónde estás yendo, con quién te estás relacionando. Tiene que ser un esfuerzo total. Tiene que ser una consciencia de las veinticuatro horas al día, porque las pequeñas cosas se acumulan y su impacto es grande.

Si has estado enfadado con alguien y has estado peleándote con alguien y luego vienes a verme, naturalmente estarás lejos de mí. Por eso dice Jesús que si vas a rezar al templo y te acuerdas de que has hecho daño a alguien, insultado a alguien, de que estás enfadado con alguien, o si has enfurecido a alguien, primero ve a pedir perdón, y solo entonces ven a rezar; de lo contrario, no podrás relacionarte con Dios. Primero vete a pedir disculpas. Primero limpia las cosas.

Sucedió que...

 

Cuando Miguel Ángel estaba trabajando en la Capilla Sixtina, estaba haciendo una pintura de Jesús. La pintura estaba casi completa, solo faltaban los últimos toques finales, pero esos últimos toques finales le estaban resultando muy difíciles. Jesús no le estaba saliendo como Jesús; faltaba algo en el rostro de Jesús: no tenía esa suavidad, esa energía femenina, esa cualidad de amor. Lo intentó y lo intentó durante días, y entonces recordó que se había peleado con un amigo y lo llevaba consigo. Y entonces se acordó del dicho de Jesús, que si vas a rezar y no te sientes bien respecto a un amigo o un hermano, entonces primero vete a pedir perdón.

Salió corriendo de la capilla, fue a ver al amigo, le pidió disculpas y le contó toda la historia. «He estado trabajando durante días enteros, pero no consigo sacar a la luz el rostro de Jesús como debería ser. Permanece en él algo de enfado», porque había algo de enfado dentro de él. Y si hay ira y sentimientos de agravio, y vas a pintar, tus manos pintarán: tu pintura te representará, tu pintura básicamente te reflejará. Y el día que se disculpó y fue perdonado, llegó con un humor completamente diferente. Y en unos pocos minutos de trabajo finalizó la pintura. Y es una de las pinturas más bellas de Jesús. Solo unos pocos toques y la pintura cobró vida y afloró Jesús, porque ahora el corazón de Miguel Ángel estaba en armonía.

 

El Tao se puede compartir. Pero entonces tienes que aprender las maneras de compartirlo con el maestro, y tienes que ser muy cuidadoso con muchas cosas. En cierta forma es muy sencillo y, sin embargo, también muy complejo: sencillo, porque si estás realmente abierto y en armonía, puede suceder en una sola fracción de segundo; complejo, porque tendrás que cambiar tus pequeños hábitos, de los que no eres consciente en absoluto. Tendrás que cambiar toda tu vida.

Por eso digo que no tengo nada que ofrecerte en cuanto a enseñanza; tengo energía que impartirte como provocación. No te doy un sistema de filosofía, una teología; te doy a mí mismo. Es un desafío. Mi esfuerzo aquí es para que despiertes. Tendrás que estar abierto, acompasado, y tendrás que ser cuidadoso con las pequeñas cosas de tu vida. Y la respiración es lo más importante. Tendrás que aprender cómo respirar en satsang, cómo respirar cuando estás en compañía de un maestro, cómo respirar cuando estás enamorado.

La respiración cambia continuamente con tus emociones. Cuando estás enfadado, tu respiración es descompasada, asimétrica. Cuando estás lleno de deseo sexual, tu respiración es casi loca. Cuando estás calmado y tranquilo, alegre, tu respiración tiene una cualidad musical: tu respiración es casi una canción. Cuando te sientes en casa en la existencia, cuando no tienes deseos y te sientes contento, de pronto la respiración casi se detiene. Cuando estás en un estado de sobrecogimiento, de asombro, la respiración se detiene por un momento. Y ésos son los grandes momentos de la vida, porque solo en esos momentos en los que la respiración casi se detiene estás en absoluta armonía con la existencia: estás en Dios y Dios está en ti. Tu experiencia de la respiración tiene que ser más y más profunda, escudriñada, observada, vigilada, analizada. Date cuenta de cómo cambia tu respiración con tus emociones, y viceversa, cómo cambian tus emociones con tu respiración. Por ejemplo, cuando tengas miedo, observa el cambio en tu respiración, y entonces un día trata de cambiar la respiración al mismo patrón que cuando tenías miedo. Y te sorprenderá que si cambias tu respiración para que sea exactamente como era cuando tenías miedo, surgirá el miedo en ti, inmediatamente. Observa tu respiración cuando estés profundamente enamorado de alguien; al tomarle la mano, al abrazar a la persona amada, observa tu respiración. Y luego un día, cuando estés sentado en silencio bajo un árbol, obsérvate a ti mismo de nuevo respirando de la misma manera. Crea el patrón, vuelve a entrar en la misma gestalt, respira de la misma forma que cuando estabas abrazando a tu persona amada, y te sorprenderás: toda la existencia se convierte en tu amada, vuelve a surgir en ti mucho amor. Ambas cosas van juntas. Por eso en Yoga, en Tantra, en Tao, en los tres grandes sistemas de la consciencia humana y la ciencia de la expansión de la consciencia humana, la respiración es uno de los fenómenos clave. Todos estos sistemas trabajaban con la respiración.

Todo el sistema de meditación de Buda depende de una cierta cualidad de la respiración. Buda dice: «Simplemente observa tu respiración, sin cambiarla, sin modificarla en modo alguno. Simplemente observa.» Pero te sorprenderá: en cuanto la observas, cambia; no puedes evitarlo. Buda dice: «No cambies tu respiración, simplemente obsérvala.» Pero en el momento en que la observas, cambia, porque observar tiene su propio ritmo. Por eso dice Buda: «No necesitas cambiarla. Simplemente observa.» Observar traerá consigo su propio tipo de respiración: viene por sí sola. Y poco a poco te sorprenderás: cuanto más observador te vuelves, menos respiras; la respiración se vuelve más larga, más profunda.

Por ejemplo, si estabas respirando dieciséis veces por minuto, ahora puede que respires seis, o cuatro, o tres. Según te vas volviendo más observador, la respiración se hace más profunda, se hace más larga, y cada vez tomas menos respiraciones en el mismo periodo. Entonces puedes hacerlo también desde el otro lado. Respira lentamente, calmadamente, respiraciones largas y profundas, y de pronto verás que surge en ti el estado de observación, como si cada emoción tuviera una polaridad en tu sistema respiratorio: puede ser provocada con tu respiración.

Pero lo mejor es observar cuando estás amando. Cuando estés sentado junto a tu amigo, observa tu respiración, porque ese ritmo amoroso de la respiración es lo más importante. Transformará todo tu ser.

El amor es donde sientes más agudamente lo absurdo, lo falso de tu posición como ser separado. Sin embargo, mediante esta misma separación, este absurdo, eres capaz de expresar lo que no podrías expresar de otra manera. Tu propia otredad te hace capaz de celebrar la identidad. De ahí la paradoja del amor: sois dos y, sin embargo, os sentí uno; sois uno y, sin embargo, sabéis que sois dos. Unidad en dualidad: ésa es la paradoja del amor..., y ésa tiene que ser también la paradoja de la oración, y también de la meditación. A la postre, tienes que sentirte uno con la existencia, como te sientes uno con la persona amada, con tu amante, con tu amigo, con tu madre, con tu hijo, en algunos momentos inusuales y valiosos. Por tu misma otredad eres capaz de celebrar la identidad.

Los Vedas dicen: Tattvamasi, soy eso. Ésta es la mayor declaración de amor: yo soy eso o Tú eres eso. Hay una clara conciencia de separación y, sin embargo, también una profundad unidad. La ola está separada del océano y, no obstante, no está separada del océano.

Observa más y más tus momentos amorosos. Estate alerta. Observa cómo cambia tu respiración, observa cómo vibra tu cuerpo. Al abrazar a tu mujer o a tu hombre, haz de ello un experimento, y te sorprenderás: un día, simplemente abrazándoos, fundiéndoos el uno en el otro, sentaos al menos durante una hora, y os sorprenderéis..., será una de las experiencias más psicodélicas. Durante una hora, sin hacer nada, simplemente abrazándoos, entrando el uno en el otro, fundiéndoos, disolviéndoos el uno en el otro, poco a poco la respiración se unificará. Respiraréis como si fuerais dos cuerpos pero un corazón. Respiraréis juntos. Y cuando respiréis juntos, no por ningún esfuerzo propio, sino simplemente porque estáis sintiendo tanto amor que la respiración se acompasa, ésos serán los mejores momentos, los más preciados; no de este mundo, sino del más allá, de lo remoto. Y en esos momentos tendréis la primera vislumbre de la energía meditativa. En esos momentos la gramática desiste, el lenguaje expira.

En la tentativa de decirlo, el lenguaje expira, y con su misma muerte señala por fin lo que no puede decirse. Y ésa tiene que ser, a un nivel más profundo, la relación con el maestro. Solo entonces puede el Tao saltar como una llama del maestro al discípulo. Tendrás que aprender el arte de la respiración.

Los sutras.

 

El Maestro Lu-Tsu dijo:

La decisión debe ser puesta en práctica con el corazón calmado y sin buscar el éxito; entonces el éxito llegará por sí mismo.

 

Una declaración tremendamente significativa:

 

La decisión debe ser puesta en práctica con el corazón calmado...

 

Lo primero: uno nace sólo cuando se vuelve decidido; con la decisión llega el nacimiento del hombre. Los que viven en la indecisión aún no son realmente hombres. Y millones viven en la indecisión, no pueden decidir acerca de nada. Siempre se apoyan en los demás, alguna otra persona tiene que decidir por ellos. Por eso la gente se mantiene en torno a las autoridades.

Las actitudes autoritarias continúan en el mundo por la sencilla razón de que millones de personas no pueden decidir por sí mismas. Siempre hay que darles una orden. Cuando se les da la orden, la obedecen. Pero esto es esclavitud; así es como están impidiendo el nacimiento de su propia alma. La decisión debe surgir en tu ser, porque cuando eres decidido surge en ti la integridad. Recuerda tomar decisiones; las decisiones te harán individual.

¿Qué es la indecisión? Significa que eres una multitud; hay muchas voces en ti que se contradicen y no puedes decidir si seguir este camino o aquél. Incluso en las cosas pequeñas la gente es indecisa: sobre si ir a ver esta película o aquélla son indecisos. La indecisión se ha convertido casi en su mismo estilo de vida. ¿Comprar esto o comprar lo otro? Simplemente observa a la gente cuando va de compras, ve su indecisión. Siéntate en cualquier tienda y simplemente observa a la gente ir y venir, a los clientes, y te sorprenderá: la gente no sabe decidir. Y los que no saben decidir permanecerán difusos, imprecisos, confusos. Con la decisión llega la claridad. Y si la decisión es de largo alcance, si la decisión tiene algo que ver con tus fundamentos, entonces naces.

Hay muchas personas que vienen a mí y me dicen: «No podemos decidir si dar el salto y tomar sannyas o no.» Quieren que les diga que den el salto. Pero entonces no están entendiendo nada. Si te digo: «Da el salto y toma sannyas», entonces has perdido una oportunidad, una gran oportunidad de tomar una decisión; te has vuelto a apoyar en alguien, y así no crece tu alma. Y ésta es una decisión profunda, de inmensa importancia, porque va a cambiar todo tu modo de vida, va a darte una nueva visión. Tendrás que ir en una nueva dirección. No volverás a ser el mismo. Semejantes decisiones de largo alcance deberías ser capaz de tomarlas por tu cuenta. Deberías arriesgarte. Solo naces con el riesgo, siendo valiente.

Y siempre que tomes una decisión, recuerda: si la tomas, entonces síguela, de lo contrario no tomes una decisión, porque entonces es más peligroso, más peligroso que ser indeciso. Tomar una decisión y no seguirla te volverá muy impotente. Entonces habría sido mejor no haber decidido. Hay personas que deciden y luego nunca siguen sus decisiones. Poco a poco pierden toda su confianza y su fe en su ser. Poco a poco saben perfectamente bien que no van a hacer lo que decidan. Se vuelven divididas, se vuelven engañosas... consigo mismas. Cuando están tomando una decisión, incluso en ese momento saben que no van a seguirla, porque conocen su pasado y sus experiencias pasadas. Lo que decidieron nunca lo siguieron.

Y entonces decisiones muy pequeñas pueden ser muy destructivas. Simplemente una pequeña decisión: «A partir de hoy no fumaré.» Tan solo una decisión muy corriente, que no implica mucho... No importa que fumes o no: la existencia continúa. Puede que en veinte años tengas tuberculosis, pero eso se puede curar, o puede que mueras dos o tres años antes. ¿Y qué?... Nunca has vivido realmente.

Justo el otro día miré una viñeta humorística.

Un hombre le pregunta a una mujer: «¿Crees en la vida después de la muerte?» Y la mujer dice: «¡Es esto!»

No es necesario creer en ello; es esto. Estás viviendo una vida tan muerta; ¿qué más puede haber después de la muerte? Será lo mismo. ¡Esto es lo que hay!

Pero una pequeña decisión, la decisión tan trivial de no fumar, y luego no seguirla es muy peligroso. Perderás la confianza en ti mismo, perderás la fe en tu propio ser. Te volverás desconfiado. Es mejor no tomar semejantes decisiones; sigue fumando. Y si decides, entonces te comprometes. Entonces, pase lo que pase, tienes que hacerlo. Y si puedes hacerlo, verás que surge en ti una claridad, desaparece una nube, algo se asienta, se centra en ti. Una decisión es tremendamente importante y significativa.

 

La decisión debe ser puesta en práctica con el corazón calmado...

 

Eso es lo que quiere decir Lu-Tsu: si decides, entonces haz que todo tu corazón esté en ello, asegúrate de que no te vas a echar atrás. Eso es lo que quiero decir cuando repito una y otra vez a mis sannyasins: «Quema tus naves.» Si no vas a volver, ¿para qué conservar las naves? Tira la escalera, hunde el barco, porque no vas a volver a la vieja orilla. Si mantienes a salvo la nave, al abrigo de un puerto, eso significa que todavía estás vacilando, todavía te lo estás pensando: «Quizás un día tenga que volver.»

Hace unos pocos meses, Anup fue a Estados Unidos, y le dije cuando se iba: «Ahora quema tus naves completamente.» Y él dijo: «Sí, Osho.»

Y ahora viene y le pregunto: «¿Qué ha pasado? ¿Qué ha sido de tus naves?» Y me dice: «No pude hacerlo.»

¿Qué significa eso? Que estará aquí sin entusiasmo. Ha dejado la puerta abierta para volver, ha mantenido allí toda su seguridad, a salvo. Y el problema es que si no está aquí totalmente, no crecerá. Y éste es el círculo vicioso: si no crece, después de unos meses pensará: «Qué bien que no haya quemado mis naves. Si le hubiera hecho caso a Osho y hubiese quemado mis naves, ahora estaría en dificultades. No me está sucediendo nada aquí. Qué bien que lo haya mantenido todo allí y pueda volar de vuelta a casa en cualquier momento.» Y pensará que ha sido listo, que ha hecho lo que era más inteligente hacer.

Pero, en primer lugar, como ha mantenido sus naves a salvo y las puertas abiertas para escapar de vuelta, solo estará aquí de manera muy tibia, de manera indecisa, de manera incierta: vacilando. Y con vacilación no estarás conmigo. Solo puedes estar conmigo si has tomado una decisión con el corazón calmado. ¡Y entonces es posible el crecimiento! El crecimiento solo es posible entonces.

De manera que entiéndelo: si estás aquí totalmente conmigo, es posible el crecimiento y no habrá necesidad de volver y no será necesario tener naves. Pero si no estás aquí totalmente conmigo, entonces serán necesarias las naves. Y te sentirás muy inteligente: que hiciste bien en no hacerme caso. «Mira ahora: no está sucediendo nada aquí, y tengo que volver. ¿Dónde habría acabado si hubiera quemado mis naves?» Así es como funciona la mente lógica: crea sus propias situaciones suicidas.

 

La decisión debe ser puesta en práctica con el corazón calmado y sin buscar el éxito; entonces el éxito llegará por sí mismo.

 

Y lo más importante es que si estás buscando el éxito, ya estás dividido. Entonces tu corazón no está en el trabajo, tu corazón está ya en el resultado. Si estás dividido, no tendrás éxito. El éxito solo les sucede a los corazones que no están divididos, que no están preocupados por la consecuencia, el resultado; que están disfrutando tremendamente el viaje mismo y no están pendientes de la meta. Solo los que llegan sin estar preocupados en absoluto por la meta..., como su mente está tan indivisa en cada momento del viaje, cada momento del viaje se convierte en una meta. Estén donde estén, es la meta. El éxito en el camino espiritual les llega a las personas que no están preocupadas en absoluto por el éxito.

Si te preocupa el éxito, el éxito no vendrá a ti, porque tu mente estará en alguna parte del futuro y no estarás trabajando en el presente, y el éxito solo puede llegar si el trabajo se hace totalmente en el presente. Este momento va a dar a luz al siguiente momento. Si este momento ha sido vivido totalmente, el momento siguiente está abocado a tener una totalidad más profunda, una cualidad más elevada de totalidad. Pero la gente sigue permaneciendo dividida. Tienes que pensar en estos problemas, porque son los problemas de todo el mundo.

Hace solo unos pocos días, Ashoka me escribió una carta diciendo que está aquí pero que aún mantiene una foto de Satya Sai Baba en su habitación. Es su habitación: puede tener en ella la foto de cualquiera. No es solo cuestión de la habitación...; ahora estará en dificultades. Le dije: «Vete a Satya Sai Baba y, por favor, no tengas allí una foto mía en tu habitación, de lo contrario fracasarás también allí. Quédate aquí o allí, pero donde sea quédate con el corazón calmado, con el corazón unificado. Es mejor estar con Satya Sai Baba que estar conmigo si estás aquí solo a medias.» Pero comprendo su problema: sé que allí también mantendrá mi foto, de modo que está destinado a fracasar.

Hay que elegir, hay que decidir. En cada paso del viaje de la vida hay senderos alternativos, y hay que elegir. Y no puedes tener todos los senderos y no puedes caminar por todos los senderos. Y no estoy diciendo lo que está bien y lo que está mal. Estoy diciendo: lo que elijas con totalidad es lo correcto para ti. A veces ha sucedido que un discípulo se ha iluminado incluso con un maestro no iluminado, porque su entrega era absoluta. Y sucede miles de veces que puede que estés con un maestro perfecto y no ocurra nada.

Es más una cuestión de tu totalidad que de la perfección del maestro. Te puedes transformar incluso con la persona errónea. No es que esa persona errónea pueda transformarte, pero si tu decisión es total, tu decisión total te transforma. Eso es mucho más importante; de otra forma puedes estar con un buda y no sucederá nada si estás a medias, si estás dividido. Cualquier tipo de división, en el futuro, en el presente, con la meta y el viaje, este camino o el otro, este maestro o aquél...; cualquier tipo de división es peligrosa. Entonces tu energía se consumirá y le echarás la culpa a otros.

Por ejemplo, si no le sucede nada a Ashoka aquí —y no le va a suceder nada de esta manera—, entonces, naturalmente, llegará a la conclusión de que ha estado en el lugar erróneo. No entenderá que ha estado dividido; solo verá que ha estado en el sitio equivocado, que «Este lugar no era para mí». Pero estés donde estés, si estás dividido, esto sucederá una y otra vez.

Acopia valor. Sé que la mente quiere hacerse la lista. La mente dice: «¿Por qué no quedarte con los dos? ¿Quién sabe? Mantén abiertas las dos alternativas. Si esto no funciona, entonces puede que funcione aquello.» Pero no es así como funciona la vida. Quieres estar en la torre y en la procesión. Es imposible.

Lu-Tsu dice: «... y sin buscar el éxito», porque incluso eso se convertirá en una división. Permanece absolutamente aquí-ahora, sin ninguna división: «...entonces el éxito llegará por sí mismo».

Y cuando el éxito llega por sí mismo, tiene una belleza tremenda. No necesitas tirar de él, se abre como una flor; no necesitas abrir la flor a la fuerza. Y si abres la flor a la fuerza, la habrás matado. Eso no estará bien. Y la habrás abierto antes de que le llegara el momento oportuno y puede que no haya fragancia, porque la flor tiene que esperar el momento oportuno para acumular fragancia, para crear fragancia. Y cuando la fragancia está lista, solo entonces se abre por sí misma, porque ahora tiene algo que compartir con la existencia.

Deberías disfrutar el momento. Deberías estar totalmente en el momento y olvidarte de todo.

Y entonces, un día, de pronto ha llegado el éxito. Un día, de repente, la flor dorada se ha abierto y eres transportado a una realidad reparada.

 

En el primer periodo de soltar hay principalmente dos errores: la indolencia y la distracción.

 

Estos dos errores hay que comprenderlos: uno es el error de la mente femenina, el otro es el error de la mente masculina. La mente femenina puede crear indolencia, holgazanería, porque es pasiva. Y la mente masculina puede crear distracción porque es demasiado activa. Quiere hacer esto y lo otro..., y también aquello. Quiere apresurarse a todas partes, en todas las direcciones. La mente femenina es pasiva; quiere esperar, dejar que sucedan las cosas. Pero eso también puede ser un peligro si se convierte en letargo, si se convierte en holgazanería, si se convierte es una especie de muerte.

Recuerda: la pasividad puede ser positiva o negativa, igual que la actividad puede ser positiva o negativa. La pasividad positiva significa estar alerta, despierto, pero esperando. La pasividad negativa significa estar dormido, roncando y decir que estás esperando.

Viene tu amante; llamará a la puerta en cualquier momento. Puedes esperar de dos maneras. La espera positiva será que la puerta está abierta; tus ojos están fijos en la entrada, tus oídos estarán alerta. Cualquier sonido —el sonido de pasos, un golpe en la puerta, incluso si una hoja muerta revolotea en el viento— y correrás a la puerta. Alguien pasa por la calle y te apresuras a la puerta: puede que haya llegado. Ésta es la espera positiva. Es hermosa.

Pero si cierras la puerta con llave y apagas la luz, y cuando te vas a dormir dices: «Cuando llegue, llamará y entonces le veré», y te pones a roncar, éste es el tipo negativo de pasividad, esto es indolencia. Está muy bien esperar a Dios, pero tu espera debería ser vital, vibrante.

Y el segundo error es la distracción: ésa es la cualidad de la mente masculina. La mente masculina está continuamente distraída. Por eso la mente femenina es monógama y la mente masculina es polígama, continuamente distraída: pasa cualquier mujer y se siente atraído. Se olvida completamente de que ya está casado. Se olvida completamente de la mujer a la que le ha dicho: «Eres mi vida y viviré sólo para ti. Eres mi alegría. Mi amor es para siempre.» En un solo momento se olvida de todas esas tonterías. Se distrae muy fácilmente.

La mente masculina es demasiado activa. La actividad es buena si es positiva. Actividad positiva significa actividad concentrada, actividad sin distracción: cavar un pozo en un sitio continuamente. Actividad negativa significa cavar un pozo aquí durante unos momentos, luego en otro lugar, luego en otro sitio..., destrozando todo el terreno y sin llegar nunca a la fuente de agua. Eso es lo que le sucede a la mente masculina: ama a esta mujer y a esa mujer y nunca llega a la realidad del amor. Sigue siendo un fenómeno superficial. Nunca alcanza la intimidad, nunca se hace profundo. Nunca se convierte en una implicación real mutua con el ser de la otra persona; es contacto superficial, cuerpo a cuerpo, como mucho sexual. Nunca llega al corazón, y desde luego nunca llega al alma, porque para llegar al corazón, para llegar al alma, será necesario el tiempo. Tendrás que esperar y cavar profundamente.

Éstos son los dos errores principales posibles. Cuidado con ellos. No te vuelvas demasiado activo y no te vuelvas demasiado perezoso; permanece en el medio. Inactivamente activo, activamente inactivo, permanece en el medio. Tu acción debería tener la cualidad de la espera, y tu espera debería tener la cualidad de la acción. Y entonces el éxito es absolutamente seguro, no necesitas pensar en ello: llega por sí mismo. Pero estos errores se pueden remediar.

 

Pero eso se puede remediar; el corazón no debe entrar demasiado completamente en la respiración.

 

El maestro Lu-Tsu te está dando uno de los secretos más importantes:

 

...el corazón no debe entrar demasiado completamente en la respiración.

 

Deberías aprender a respirar muy silenciosamente, como si no hubiese ninguna prisa por respirar, como si fueras indiferente a ello, ajeno, distante, remoto. Si puedes ser ajeno, distante y remoto respecto a tu respiración, serás capaz de llegar al punto medio. En ese momento no serás ni masculino ni femenino, serás las dos cosas y ninguna. Serás transcendental. Y entonces ambos errores desaparecerán.

 

La respiración viene del corazón. Lo que sale del corazón es la respiración. En cuanto el corazón se agita se desarrolla energía de la respiración. La energía de la respiración es originalmente actividad transformada del corazón.

 

Cuando estés distraído, observa: tu respiración también será distraída. Cuando no estés distraído, cuando estés sentado en silencio sin distracción, tu respiración será fresca, silenciosa, rítmica; tendrá la cualidad de una música sutil. Y esa cualidad es el punto medio exacto, porque no estás haciendo nada y, sin embargo, no estás profundamente dormido; no estás ni activo ni pasivo: estás equilibrado. Y en ese momento de equilibrio estás lo más cerca de la realidad, de Dios, del cielo.

 

Cuando nuestras ideas van muy rápidamente, se convierten imperceptiblemente en fantasías que van siempre acompañadas de la activación de una respiración, porque estas respiraciones interna y externa se mantienen unidas como el tono y el eco. Diariamente producimos innumerables respiraciones y tenemos un número igual de fantasías. Y así la claridad del espíritu va desapareciendo, como se seca la madera y mueren las cenizas.

 

Recuerda: cada una de tus respiraciones no es solo una respiración, es también un pensamiento, también una emoción, también una sensación, también una fantasía. Pero esto sólo lo comprenderás si observas tu respiración durante unos días. Cuando estés haciendo el amor, observa tu respiración. Te sorprenderás: tu respiración es caótica porque la energía sexual es una energía muy tosca, muy cruda. Las fantasías sexuales son toscas y crudas, animales. La sexualidad no tiene nada de especial: todo animal la tiene. Cuando estás sexualmente excitado, te estás comportando como cualquier otro animal del mundo. No estoy diciendo que tenga nada de malo ser un animal. Lo único que estoy diciendo es un hecho, reflejando un hecho. De modo que cuando estés en el amor sexual, observa tu respiración: pierde todo su equilibrio.

Por eso, en el Tantra, hacer el amor se permite solo cuando has aprendido a hacer el amor manteniendo tu respiración serena, rítmica. Entonces tu manera de hacer el amor adquiere una cualidad totalmente diferente: se vuelve una oración. Entonces es sagrado. Para el observador externo no habrá ninguna diferencia, porque te verá haciendo el amor con una mujer o haciendo el amor con un hombre, y será lo mismo para el observador externo. Pero para el interno, para el que sepa, habrá una gran diferencia. En las antiguas escuelas de Tantra en las que todos estos secretos se desarrollaron, se experimentaron y se observaron, éste era uno de los focos centrales de su experimentación: si un hombre puede hacer el amor sin que su respiración se vea afectada por ello, entonces ya no es sexo, entonces es sagrado, y entonces te llevará a lo profundo de tu propio ser. Abrirá puertas y misterios de la vida. Tu respiración no es solo respiración, porque la respiración es tu vida; contiene todo lo que contiene la vida.

 

Así pues, ¿no debería un hombre, entonces, carecer de imaginaciones en su mente? No se puede estar sin imaginaciones. ¿No deberíamos respirar? No se puede estar sin respirar. El mejor camino es convertir la enfermedad en una medicina.

 

Éste el enfoque del Tantra y éste es también el enfoque del Tao:

 

... convertir la enfermedad en una medicina.

 

Y esto es algo especial del Tao y del Tantra. El Yoga dice: evita el sexo, no entres en él; es peligroso. Pero el Tao y el Tantra dicen: no lo evites. Transforma su energía y entonces la enfermedad misma puede convertirse en la medicina. Y puedes preguntarles a los científicos, eso es exactamente lo que hacen ellos, sobre todo en la alopatía: se preparan inyecciones con la enfermedad misma, para ser inyectada, y se vuelve medicinal. Lo que la alopatía ha descubierto recientemente es un descubrimiento muy antiguo para el Tantra y el Tao.

Todo lo que ha sido creado por Dios debe de tener algún propósito tremendo. No lo evites. Si lo evitas, permanecerás pobre. No te escapes de ello, porque entonces algo en ti permanecerá sin ser vivido. Ésa es la razón por la que los llamados yoguis se ven torturados constantemente por fantasías sexuales. No pueden dormir bien, es imposible, porque todo lo que han estado negando durante el día llega con más ímpetu por la noche. Todo lo que han reprimido en el inconsciente, cuando van a dormir y se retiran los controles vuelve a salir a la superficie: se convierte en sueños. El yogui, el llamado yogui, está continuamente asustado. Le asusta ver a una mujer, le asusta tocar a una mujer. Tiene miedo. ¿Y qué tipo de libertad es ésta? Este miedo no puede traer libertad.

El Tao y el Tantra tienen un enfoque totalmente diferente. Dicen: todo lo que te ha dado Dios transfórmalo, es materia prima; detrás debe haber oculto algo de gran valor.

La energía sexual puede ser transformada si puedes cambiar tu sistema de respiración. La ira puede ser transformada si puedes cambiar tu sistema de respiración. Simplemente observa cómo respiras cuando estás enfadado. Y la próxima vez que te sientas enfadado, no respires como has respirado siempre que estabas enfadado. Y te sorprenderás: tampoco puedes estar enfadado. Si no respiras de cierta manera, la ira no se sustenta, la ira desaparece. En vez de la ira, surge la compasión. Y así desaparece el sexo, y en vez del sexo surge el amor. El amor es absolutamente humano. El sexo no es solo humano, es también animal. Pero ningún animal conoce el amor.

El sexo es animal, el amor es humano, la oración es divina. El sexo tiene que ser transformado en amor, y el amor tiene que ser transformado en oración.

En el sexo, la respiración se vuelve caótica. Por eso he elegido la meditación caótica para ciertos propósitos: es catártica; la meditación caótica, la respiración caótica, impacta en todo lo que has reprimido: ira, sexo, avaricia, celos, rencor, y lo trae a la superficie. Es un gran proceso de limpieza. En el sexo, la respiración es caótica. En el amor, la respiración es musical. En la oración, casi se detiene.

 

Como el corazón y la respiración son mutuamente dependientes, la circulación de la luz debe estar unida al ritmo de la respiración.

 

Cuando espires, deja que la luz salga por tus ojos. Cuando inspires, deja que vuelva a entrar la luz. Establece una conexión entre tu respiración y tu circulación de la luz. De esta manera, le darás algo que hacer a tu respiración para que no necesite tener ninguna otra imaginación. Esto es una imaginación: has dado algo. Por eso dice Lu-Tsu: El hombre «no puede estar sin imaginaciones», al menos no al principio. Solo en la cima más alta puede abandonarse esa imaginación. Pero podemos usarla, podemos convertirla en un punto de apoyo.

Imagina: cuando sale tu respiración sale tu luz, cuando entra tu respiración entra tu luz. Pruébalo de una manera simple: cuando espires, siente que toda la luz que había dentro está siendo expulsada, y cuando inspires siente que toda la luz de la existencia está entrando en ti. Y muy pronto la imaginación estará unida a tu respiración, estará casada con tu respiración; así habrás usado la imaginación. Y luego, poco a poco, deja que tu respiración se vuelva más calmada y más serena.

No hay necesidad de practicar ningún ritmo en particular, como hacen en yoga o en pranayama, porque cada persona tiene que encontrar su propia manera. Tu cuerpo es diferente, tu mente es diferente... Tu respiración no puede ser igual. Tendrás que encontrar tu propio modo. Poco a poco, hay que tener algo en mente: que tiene que volverse calmada y serena y musical.

 

Para esto, sobre todo, es necesaria la luz del oído.

 

Y entonces Lu-Tsu introduce otra cosa. Dice: Igual que la luz entra por los ojos, entra y sale, así también entra por los oídos, entra y sale. Te sorprenderá, porque no vemos que entre o salga ninguna luz por el oído. Pero pregúntales a los físicos modernos. Dicen que el sonido no es más que electricidad, una función de la electricidad. El sonido es electricidad. Eso es lo que Lu-Tsu llama luz en el lenguaje antiguo. El sonido entra y sale por el oído.

El oído es la parte femenina de tu cuerpo, igual que el ojo es la parte masculina de tu cuerpo. Igual que el ojo es extrovertido, el oído es introvertido. Por eso hay dos tipos de meditaciones en el mundo: meditaciones que se ocupan de la energía del ojo y meditaciones que se ocupan de la energía del oído.

Las meditaciones que se ocupan de la energía del oído son meditaciones femeninas, pasivas: solo tienes que escuchar, sin hacer nada. Escuchas a los pájaros, el viento que pasa por los pinos o alguna música, o el ruido del tráfico; simplemente escuchas, sin hacer nada, y llega un gran silencio, una gran paz empieza a descender, a irradiar sobre ti. Desde el oído es más fácil que desde el ojo. Es más fácil con el oído porque el oído es pasivo, no-agresivo: no puede hacer que suceda nada, solo puede dejar que suceda. El oído es una puerta: permite.

 

Hay una luz del ojo y una luz del oído. La luz del ojo es la luz unida del sol y la luna externos.

 

Es extrovertida.

 

La luz del oído es la semilla unida del sol y la luna internos.

 

Es introvertida.

 

Así pues, la semilla es la luz en forma cristalizada. Ambas tienen el mismo origen y solo difieren en el nombre.

 

La luz y el sonido solo difieren en el nombre.

Hay historias en India, y probablemente son historias verdaderas; tarde o temprano la ciencia demostrará que son ciertas. Hay historias en India de que existe un cierto tipo de melodía que puede crear fuego. Puedes poner una vela apagada ante el músico, y si toca cierta melodía, una cierta raga, de pronto se enciende la vela. Parece imposible, parece simplemente una historia..., quizás un mito o puede que una metáfora. Pero si el sonido es electricidad, entonces las vibraciones que forman un cierto patrón pueden crearlo. Ahora se están poniendo en marcha algunos experimentos. Y tengo la sensación de que tarde o temprano será posible científicamente volver a hacerlo.

Es un hecho conocido que cuando un ejército pasa por un puente se les dice que rompan su ritmo. Normalmente caminan con un cierto ritmo: izquierda, derecha, izquierda, derecha, izquierda, derecha. Se ha observado muchas veces que cuando pasa un ejército con un cierto ritmo, el puente se viene abajo. De manera que ahora es un hecho conocido que al pasar por un puente el ejército tiene que abandonar su ritmo de derecha-izquierda, derecha-izquierda; esa cierta vibración es peligrosa para el puente.

En Canadá estuvieron experimentando con las plantas y su relación con la música. Un pequeño experimento, pero inmensamente significativo. Plantaron varias flores de temporada, las mismas flores de temporada, en dos lugares, al mismo tiempo, con el mismo abono, el mismo jardinero para atenderlas..., todo exactamente igual en las dos parcelas. Pero en una parcela se dispuso una grabación del sitar de Ravi Shankar, sonando continuamente, y en la otra parcela, música pop. Y resultó un fenómeno muy revelador. En la parcela en la que sonaba música pop, todas las plantas empezaron a alejarse del mecanismo. Empezaron a inclinarse alejándose del mecanismo, como si quisieran escapar, como si no quisieran oírlo..., cansadas de ello. Y sus flores eran más pequeñas y les costó más tiempo crecer, casi el doble de tiempo que a las de la otra parcela. En la otra parcela, en la que sonaba el sitar de Ravi Shankar, las plantas empezaron a inclinarse hacia el mecanismo; todas ellas cubrieron el mecanismo, abrazándolo, estrechándolo. Y crecieron el doble, y las flores eran más grandes y llegaron antes de lo esperado. Incluso las plantas sienten la diferencia de las ondas sonoras.

Estos aviones que pasan están volviendo loca a la humanidad. Y el ruido está aumentando tanto cada día que será un milagro que el hombre pueda sobrevivir.

 

Ambas tienen el mismo origen y solo difieren en el nombre.

 

De hecho, todo es lo mismo. Todo está hecho del mismo material llamado luz, fuego, electricidad..., o como quieras llamarlo. Solo las formas son diferentes.

 

Por tanto, el entendimiento (el oído) y la claridad (el ojo) son una y la misma luz efectiva.

 

El entendimiento llega por el oído y la claridad llega por el ojo. La claridad es masculina, el entendimiento es femenino. Por eso digo siempre que a una mujer le resulta más fácil ser un discípulo; a una mujer le resulta más fácil entregarse, le resulta más fácil entender que a un hombre. El hombre pide claridad lógica, convicción lógica. La mujer pide otra cosa: la convicción rítmica. La mujer escucha intuitivamente, siente la vibración de la persona que lo está diciendo. No le interesa mucho lo que se está diciendo, sino quién lo está diciendo, cómo lo está diciendo, de dónde surge. Ella profundiza más, ella capta el espíritu mismo. El hombre permanece interesado en la letra. Y como las máquinas impresoras y las escrituras se han vuelto asequibles para todo el mundo en forma de libros, ha sucedido un gran cambio.

Originalmente, todas las enseñanzas eran solo asequibles en boca del maestro. Se transmitían oralmente, de modo que el centro receptor era el oído. Ahora están disponibles los libros. Cuando Krishna habló a Arjuna, Arjuna lo escuchó: operó desde el oído. Sucedió un gran entendimiento: fue transformado. Pero Arjuna operó como lo femenino.

Ahora lees el Gita. Leer significa: a través del ojo. Y al ojo no le interesa el entendimiento; el ojo quiere claridad lógica. Es un enfoque totalmente diferente. Todas las religiones del mundo durante siglos insistieron en que sus escrituras no deberían ser escritas. Y había una razón para ello, porque una vez que se escriben cambia toda su cualidad. Una vez que están escritas, el ojo se vuelve importante, y el oído ya no es importante.

Escucharme es una cosa, leer es totalmente diferente. Cuando lees, operas como mente masculina. Cuando escuchas, operas como mente femenina.

 

Sentado, después de bajar los párpados, uno usa los ojos para establecer una plomada y luego desvía la luz hacia abajo. Pero si la trasposición hacia abajo no tiene éxito, entonces se dirige el corazón para que escuche la respiración. Uno no debería ser capaz de oír con el oído la entrada y la salida de la respiración. Lo que oyes es que no tiene tono. En cuanto tiene tono, la respiración es agitada y superficial, y no penetra en lo abierto. Entonces hay que hacer que el corazón se vuelva ligero e insignificante. Cuanto más se libera, menos se vuelve; cuanto menos es, más calmado.

 

De modo que escucha tu respiración. Si puedes oírla, eso significa que es agitada. Si tiene tono, eso significa que es agitada; cuando solo puedes sentirla y no puedes oírla, entonces es calmada y sosegada. Y ésa es la manera correcta de estar en armonía con la existencia, de estar en armonía contigo mismo, de estar en armonía con la realidad. Y cuanto más calmada es, más profundo eres tú. Cuando a veces se detiene, ¡se detiene! Les está sucediendo a muchos sannyasins aquí: vienen a decírmelo porque se asustan mucho; ¡cuando se para la respiración piensan que se van a morir!

Justo el otro día hubo la pregunta de Saguna: que empezó a sentir que se iba a morir. Se asustó. No te asustes. Si se detiene la respiración, permítelo, disfrútalo; ¡no te vas a morir! En esa misma parada de la respiración conocerás la verdadera forma de la realidad, conocerás la vida eterna, conocerás algo que no conoce ninguna muerte.

 

De pronto se calma tanto que se para. Entonces se manifiesta la verdadera respiración y llega a la consciencia la forma del corazón.

 

Si puedes permitirlo... Por eso le dije a Saguna: «Saguna, tonto, ¡te lo has perdido! No vuelvas a perdértelo cuando suceda.»

Si se detiene la respiración «...entonces se manifiesta la verdadera respiración», se manifiesta la verdadera vida, la vida que no depende de la respiración, la vida que es eterna, la vida que no forma parte del cuerpo, la vida que existirá incluso después de que el cuerpo haya caído al polvo y haya desaparecido. Y en ese momento se alcanza la consciencia, te vuelves un Buda. Buda significa: absolutamente consciente, despierto.

 

Si el corazón es ligero, la respiración es ligera, porque cada movimiento del corazón afecta a la energía de la respiración. Si la respiración es ligera, el corazón es ligero, porque cada movimiento de la energía de la respiración afecta al corazón. Para estabilizar el corazón, hay que comenzar ocupándose de la energía de la respiración. El corazón no puede ser influenciado directamente. Por tanto, se usa la energía de la respiración como asidera, y a esto se le llama mantenimiento de la energía de la respiración concentrada.

 

Niños, ¿no comprendéis la naturaleza del movimiento? El movimiento puede producirse con medios externos. Es solo otro nombre de la maestría. Uno puede hacer que el corazón se mueva simplemente corriendo. ¿No debería uno ser capaz también de ponerlo en reposo con quietud concentrada? Las grandes personas sagradas que sabían cómo se influencian mutuamente el corazón y la energía de la respiración han elaborado un procedimiento más fácil para ayudar a la posteridad.

 

Lo sabes: si corres, la respiración se vuelve muy caótica, empieza a ir cada vez más rápidamente. Por eso las posturas de yoga, la postura del loto completo —sentarse recto, completamente en silencio, como si te hubieras vuelto una estatua de mármol, sin ningún movimiento— es justo lo opuesto de correr. Es solo un artificio externo para ayudar a que tu respiración se calme. Si tu respiración puede volverse rápida al correr, ciertamente se volverá calmada si te sientas completamente como una estatua de Buda. Al sentarte como una estatua, sin ningún movimiento del cuerpo, con seguridad la respiración se vuelve cada vez más y más lenta..., y se detiene; al principio es solo durante unos momentos. No tengas miedo de que vas a tener un ataque al corazón o algo así. No es un ataque al corazón, es un ataque de Dios.

 

«La gallina puede incubar sus huevos porque su corazón está siempre escuchando.» Ese es un importante encantamiento mágico. La gallina puede incubar sus huevos debido a la energía del calor. Pero la energía del calor solo puede calentar las cáscaras; no puede penetrar al interior. Por tanto, la gallina dirige esta energía hacia dentro con su corazón. Esto lo hace con su oído. De esta manera, concentra todo su corazón. Cuando el corazón penetra, la energía penetra, y el polluelo recibe la energía del calor y comienza a vivir. Por tanto, una gallina, incluso cuando a veces abandona sus huevos, siempre tiene la actitud de escuchar con el oído inclinado. Así no interrumpe la concentración del espíritu.

 

Esto no es solo así con las gallinas. Esto es así con cualquier mujer..., cualquier madre, incluso la madre humana. Puede que haya una tormenta y que no la oiga y que no se despierte. Pero si su hijo empieza a llorar o simplemente a moverse, ella se despertará inmediatamente, como si sus oídos estuvieran enfocados en el niño continuamente. Pasará un tren y ella no se despertará, pasará un avión y no se despertará. Pero si el niño muestra cualquier signo de inquietud, ella estará inmediatamente alerta: sus oídos escuchan totalmente al niño; está conectada corazón-a-corazón con el niño a través de sus oídos. Está continuamente escuchando, como si pudiera oír los latidos mismos del corazón del niño.

Y éste es el camino para todos los meditadores: estar conectado con el oído, tan profundamente que puedas oír tu respiración, tus latidos. Al principio podrás oírla porque es caótica. Pero si sigues escuchando, escuchando, escuchando, el esfuerzo mismo de escuchar hará que se calme. Y cuando tu escucha es profunda, cuando te has vuelto hábil y sabes ser consciente, todos los tonos, todos los sonidos desaparecen. Y hay momentos en los que la respiración se detiene. Y esos son los grandes momentos de éxtasis, entendimiento, satori, samadhi.

 

Como la concentración del espíritu no sufre ninguna interrupción, tampoco la energía del calor sufre ninguna interrupción de día o de noche, y el espíritu despierta a la vida. El despertar del espíritu se logra porque primero ha muerto el corazón.

 

Eso es lo que dije: si al meditar sientes de pronto que tu corazón está muriendo, no pienses que es un ataque al corazón. Cuando la respiración se detenga, te parecerá que el corazón se está muriendo. No se está muriendo. Está dando a luz a tu verdadero corazón.

 

Cuando un hombre puede dejar que muera su corazón, entonces el espíritu primordial despierta a la vida. Matar el corazón no significa dejar que se seque y se marchite, sino que significa que se ha vuelto indiviso y fusionado en uno.

 

Éste es el secreto de la flor dorada: si el corazón puede morir, la flor florecerá; muere tal como eres para poder renacer. Jesús dice: «A no ser que un hombre vuelva a nacer, no entrará en mi reino de Dios.»

 

Suficiente por hoy.

 

 

Capítulo 14

 

El Nuevo Hombre

 

La primera pregunta:

Osho, ¿qué es, a tu parecer, lo más significativo que está sucediendo hoy en el mundo?

 

Está surgiendo un nuevo hombre. La imagen del Nuevo Hombre aún no es clara, pero el horizonte se está poniendo rojo y el sol llegará pronto. Hay niebla matutina y la imagen del Nuevo Hombre es difusa, pero aun así algunas cosas están muy claras con respecto al Nuevo Hombre.

Y esto tiene una importancia tremenda, porque desde que los monos se convirtieron en hombre, el hombre ha permanecido igual. Hay una gran revolución en marcha. Será mucho más profunda que la revolución que sucedió cuando los monos empezaron a caminar en la tierra y se convirtieron en seres humanos. Ese cambio creó la mente, ese cambio trajo la psicología. Ahora va a suceder un cambio mucho más significativo que traerá el alma, y el hombre no será solo un ser psicológico, sino también un ser espiritual.

Estás viviendo en una de las épocas más vivas que ha habido. El Nuevo Hombre, en fragmentos, ya ha llegado, pero solo en fragmentos. Y el Nuevo Hombre ha estado llegando durante siglos, pero solo aquí y allá. Así es como suceden las cosas: cuando llega la primavera empieza con una flor. Pero cuando hay una flor, entonces puedes estar seguro de que la primavera no está lejos: ha llegado. La primera flor ha preludiado su llegada. Zaratustra, Krishna, Lao Tse, Buda, Jesús... Éstas fueron las primeras flores. Ahora, a mayor escala, el Nuevo Hombre va a nacer.

Esta nueva consciencia es lo más importante que está sucediendo hoy, a mi parecer. Me gustaría decirte algo acerca de esta nueva consciencia, sus orientaciones y sus características, porque tienes que contribuir a que salga del útero, porque tienes que ser esa consciencia. El Nuevo Hombre no puede llegar de ninguna parte; tiene que llegar a través de ti. El Nuevo Hombre solo puede nacer por tu útero: tienes que volverte el útero.

Sannyas es una experimentación: para limpiar el terreno de manera que puedan caer en él nuevas semillas. Si comprendes el significado del Nuevo Hombre, serás capaz de comprender también el significado de sannyas. Y debido a que sannyas tiene que ver con el Nuevo Hombre las viejas ortodoxias de todo tipo van a estar contra mí y contra sannyas, porque éste es su fin. Si sannyas triunfa, si el Nuevo Hombre triunfa, lo viejo tendrá que irse. Lo viejo solo puede vivir si se evita que llegue el Nuevo Hombre.

Ahora no puede evitarse, porque no es solo una cuestión de la llegada a la existencia del Nuevo Hombre. Es una cuestión de la supervivencia de toda la Tierra: de la consciencia misma, de la vida misma. Es una cuestión de vida y muerte. El Viejo Hombre ha llegado a la absoluta destructividad. El Viejo Hombre ha llegado al límite de sus fuerzas. Ahora no hay vida posible con el viejo concepto de hombre, sino solo muerte. El Viejo Hombre está preparando un suicidio global. El Viejo Hombre está amontonando bombas atómicas, bombas de hidrógeno, para cometer un suicidio colectivo. Es un deseo muy inconsciente: antes de dejar que exista el Nuevo Hombre, el Viejo Hombre querría destruirlo todo.

Tienes que comprender, tienes que proteger lo nuevo, porque lo nuevo trae consigo todo el futuro. Y el hombre ha llegado a un estadio en el que es posible un gran salto cuántico.

El Viejo Hombre era como de otro mundo; el Viejo Hombre estaba en contra de este mundo. El Viejo Hombre estaba siempre mirando a los cielos. El Viejo Hombre estaba más interesado en la vida después de la muerte que en la vida antes de la muerte. El interés del Nuevo Hombre será la vida antes de la muerte. El interés del Nuevo Hombre será esta vida, porque si te ocupas de esta vida, la otra se ocupará de sí misma. No es necesario preocuparse por ella, no es necesario pensar en ella.

El Viejo Hombre estaba demasiado preocupado por Dios. Esa preocupación era producto del miedo. Al Nuevo Hombre no le preocupará Dios, sino que vivirá y amará este mundo, y como resultado de ese amor experimentará la existencia de Dios. El Viejo Hombre era especulativo; el Nuevo Hombre va a ser existencial.

El Viejo Hombre puede ser definido con la afirmación de los Upanishads: neti neti, «no es esto, no es esto». El Viejo Hombre era negativo: negaba la vida, era adverso a la vida. El Nuevo Hombre afirmará la vida: iti iti, «esto y esto». El interés del Viejo Hombre era aquello, el interés del Nuevo Hombre será esto, porque de esto nace aquello, y si te preocupas demasiado por aquello te pierdes las dos cosas.

Mañana está en el útero de hoy: ocúpate de hoy y te habrás ocupado de mañana. No hay necesidad de estar preocupado en modo alguno por el mañana. ¡Y si te preocupas demasiado por mañana te habrás perdido hoy! Y el mañana llegará como un hoy: siempre llega como un hoy. Y si has aprendido este hábito suicida de perderse el día de hoy, también te perderás el mañana. Seguirás perdiéndotelo.

El Viejo Hombre se lo estaba perdiendo continuamente; era desgraciado, triste. Y como era triste, estaba contra el mundo; le echaba la culpa al mundo, le echaba la culpa al samsara. Decía: «Sufro tanto debido al mundo.» No es así. El mundo es inmensamente bello: es todo belleza, gozo y bendición. El mundo no tiene nada de malo. Algo ha ido mal con la vieja mente. La vieja mente se orientaba al pasado o al futuro, que no son realmente orientaciones diferentes. La vieja mente se preocupaba por lo que no existe.

El Nuevo Hombre estará en total armonía con lo que existe, porque eso es Dios, eso es la realidad: iti iti, es esto. Hay que vivir este momento en su totalidad. Hay que vivir este momento en su espontaneidad, sin ideas preconcebidas. El Viejo Hombre estaba lleno de respuestas prefabricadas. Estaba atiborrado de filosofía, religión y todo tipo de tonterías.

El Nuevo Hombre va a vivir la vida sin ninguna conclusión preconcebida acerca de ella. Tienes que afrontar la existencia sin ninguna conclusión, y entonces sabes lo que es. Si ya has concluido, tu conclusión se convertirá en una barrera, no permitirá tu indagación. Tu conclusión se convertirá en una venda sobre tus ojos, no te dejará ver la verdad. Estarás ocupado con tu conclusión, distorsionarás la realidad para que se acomode a tu conclusión. Eso es lo que se ha hecho hasta ahora.

El Nuevo Hombre no será hindú, no será mahometano, no será cristiano, no será comunista. El Nuevo Hombre no conocerá ninguno de estos «ismos». El Nuevo Hombre será simplemente una apertura, una ventana a la realidad. Permitirá la realidad tal como es. No proyectará su mente sobre ella, no usará la realidad como pantalla. Sus ojos estarán asequibles, no estarán llenos de ideas.

El Nuevo Hombre no vivirá basado en creencias, simplemente vivirá. Y recuerda, los que simplemente pueden vivir sin creencias, solo ellos llegan a saber qué es la verdad. El creyente o el descreído nunca llegan a saber qué es la verdad: sus creencias pesan demasiado en su mente, están demasiado encerrados en su sistema de creencias. El Nuevo Hombre no conocerá ningún sistema de creencias. Mirará, observará, verá y se permitirá todo tipo de experiencias. Estará disponible, será multidimensional. No llevará escrituras en la cabeza, solo tendrá alerta, consciencia. Será meditativo.

El Viejo Hombre vivía motivado por el miedo; incluso su Dios no era más que una creación de su miedo. Sus templos, mezquitas, gurudwaras, iglesias..., todos ellos eran productos de su miedo. Estaba temblando, estaba asustado. El Nuevo Hombre vivirá motivado por el amor, no por el miedo, porque el miedo sirve a la muerte, el amor sirve a la vida. Y si vives motivado por el miedo nunca conocerás la vida, solo conocerás la muerte, una y otra vez.

Y recuerda, la persona que vive motivada por el miedo crea todo tipo de situaciones en las que tiene que sentir más o menos miedo. Tu miedo crea situaciones, de la misma manera que tu amor crea situaciones: si amas encontrarás muchísimas ocasiones para ser amoroso; si tienes miedo encontrarás muchísimas ocasiones para estas asustado. El amor va a ser el sabor de la nueva consciencia.

Como el miedo era el sabor de la vieja consciencia, creó guerras. En tres mil años el hombre ha luchado cinco mil guerras; es como si no hubiéramos estado haciendo nada más..., luchando continuamente en algún sitio u otro. Esto es un estado de cosas muy loco, el pasado de la humanidad es demente.

El Nuevo Hombre romperá con este pasado demente. Creerá en el amor, no en la guerra. Creerá en la vida, no en la muerte. Será creativo, no destructivo. Su ciencia, su arte..., todo servirá a la creatividad. No creará bombas. No será político, porque la política surge del odio. La política está enraizada en el miedo, el odio, la destructividad. El Nuevo Hombre no será político, el Nuevo Hombre no será nacional. El Nuevo Hombre será global. No tendrá ninguna ambición política, porque es estúpido tener ambición política. El Nuevo Hombre va a ser muy inteligente. Los primeros signos de esa inteligencia están emergiendo en el horizonte. Los que tienen ojos pueden verlo: los niños están rebelándose.

Es un gran momento de regocijo que los jóvenes de todo el mundo estén rebelándose en contra de todo tipo de ortodoxias; no importa que la ortodoxia sea la de la iglesia o la del estado. No están dispuestos a obedecer; no es que estén empeñados en desobedecer, tampoco están empeñados en desobedecer. Meditarán, y si sienten que tienen que obedecer, obedecerán; si sienten que tienen que desobedecer, desobedecerán. No tienen una ideología fija. «Defiendo a mi país, tenga razón o no»: no pueden decir semejantes estupideces. A veces tiene razón, a veces no la tiene. Cuando tiene razón, el Nuevo Hombre lo defenderá; cuando no tenga razón, que sea su país o que no lo sea no importará. Puede que sea su propia familia, su propio padre, su propia madre, pero si no tiene razón, no tiene razón.

El Nuevo Hombre no vivirá basándose en prejuicios, sino con responsabilidad espontánea. El Viejo Hombre era un esclavo, el Nuevo Hombre será libre. El Nuevo Hombre tendrá libertad en el centro mismo de su ser.

El Viejo Hombre era muy serio, el Viejo Hombre era un adicto al trabajo. El Nuevo Hombre será juguetón: homo ludens. Creerá en disfrutar la vida. Desechará palabras como obligación, sacrificio. No se sacrificará por nada. No será una víctima de ningún altar, ya sea el del Estado o el de la religión, el del sacerdote o el del político. No permitirá que nadie explote su vida diciendo: «Vete a morir porque tu país está en guerra.» Su compromiso es con la vida, su compromiso no es con nada más. Quiere vivir con alegría, quiere regocijarse con todos los dones de Dios, quiere celebrar. Su único mantra será Aleluya.

Jesús dice: «Regocijaos, regocijaos. Otra vez os digo: Regocijaos.»

El hombre aún no se ha regocijado. El hombre ha vivido bajo la pesada carga de la seriedad. Trabajar para el país, trabajar para la familia, trabajar para la esposa, trabajar para los hijos, trabajar para tu padre y tu madre... Simplemente sigue trabajando y trabajando, y luego un día muere y desaparece en la tumba. Y entonces trabajarán otros y esto sigue y sigue. Nadie parece tener nada de tiempo para disfrutar la vida.

Y no estoy diciendo que el Nuevo Hombre no vaya a trabajar. Trabajará, pero eso no será su adicción, no será un adicto al trabajo. El trabajo no será una droga. Trabajará porque necesita unas pocas cosas, no estará trabajando continuamente para conseguir más y más. No será un acumulador. No creerá en tener una gran cuenta corriente, y no creerá en tener una posición muy elevada. Más bien, querrá cantar una canción, tocar la flauta, la guitarra, bailar. No querrá hacerse famoso. Querrá vivir, vivir auténticamente. Estará dispuesto a no ser nadie.

Y eso ya está sucediendo. Los primeros rayos ya están disponibles. Todavía está oculto en la niebla matutina, pero si buscas lo encontrarás: los nuevos niños, la nueva generación, son un tipo totalmente diferente de generación. De ahí el conflicto generacional, es muy real. Nunca ha sido así, nunca antes ha habido ningún conflicto generacional. Ésta es la primera vez en toda la historia humana que hay un conflicto generacional. Los niños hablan en una lengua diferente a la de sus padres. Los padres no entienden, porque los padres quieren que tengan éxito. Y los niños dicen: «Pero, ¿de qué sirve tener éxito si no puedes cantar una canción y no puedes bailar, y no puedes disfrutar y no puedes amar; de qué sirve tener éxito? ¿Por qué? ¿Para qué va a servir el éxito? Incluso si todo el mundo conoce mi nombre, ¿qué me va a aportar eso?»

La vieja generación cree en el dinero. Y te sorprenderá: la creencia en el dinero es tan profunda que incluso los que renuncian al dinero también creen en el dinero; de lo contrario, no hay necesidad de renunciar a él. Y los que enaltecen la renuncia, también creen en el dinero: a cuanto más dinero renuncias, más grande eres. De manera que la medida es el dinero; el dinero sigue siendo el criterio. En el mundo, si tienes más dinero, eres grande. E incluso en el mundo de los monjes: «¿A cuánto dinero has renunciado?» Si has renunciado a mucho dinero, entonces eres más importante. El dinero continúa siendo lo más importante que hay.

La nueva generación no va a ser maniática del dinero. Y recuerda, no estoy diciendo que vaya a estar en contra del dinero: usará el dinero. En el pasado el dinero ha usado al hombre; en el pasado el hombre ha vivido de una manera tan inconsciente que pensaba que poseía cosas, pero las cosas le poseían a él. El Nuevo Hombre será capaz de usarlo: el Nuevo Hombre usará el dinero, usará la tecnología, pero el Nuevo Hombre seguirá siendo el amo. No se convertirá en una víctima, un instrumento. Esto es, en mi opinión, lo más importante que está sucediendo. Unas pocas características...

La nueva consciencia va a ser contraria a todas las ortodoxias, cualquier tipo de ortodoxia; católica o comunista, hindú o jaina. Cualquier tipo de ortodoxia es un tipo de parálisis de la mente: paraliza, dejas de vivir. Se vuelve una rigidez en torno a ti. Te vuelves fanático, te vuelves testarudo, te vuelves como una roca. No te comportas como un ser humano líquido, empiezas a comportarte como una mula. Por eso tengo otro nombre para Morarji Desai: Mulishjibhai Desai. Uno empieza a comportarse como una mula: obstinado, fijo como la muerte, sin posibilidad de cambiar, sin flexibilidad, sin fluidez. Pero en el pasado eso ha sido demasiado alabado: la gente lo llama consistencia, certidumbre. No lo es. No es ni consistencia ni certidumbre. Es simplemente falta de vida.

Una persona viva tiene que permanecer fluida. Tiene que responder a las situaciones cambiantes, y las situaciones están cambiando constantemente. ¿Cómo vas a permanecer fijo en tus actitudes cuando la vida misma no es fija? Cuando la vida es un río, ¿cómo vas a permanecer obstinado? Y si permaneces obstinado pierdes el contacto con la vida, ya estás en tu tumba.

La nueva consciencia será no-ortodoxa, no-fanática. Será fluida. No reaccionará, responderá. Y hay una gran diferencia entre estas dos palabras.

La reacción siempre es rígida: tienes una idea fija y reaccionas conforme a ella; antes de que surja la pregunta, ya está lista la contestación. La respuesta es totalmente diferente: escuchas la pregunta, absorbes la pregunta, ves la situación, sientes la situación, vives la situación y de esa misma vivencia surge tu respuesta. Un hombre responsable no puede ser obstinado, no puede tener certeza, no puede ser rígido. Tendrá que vivir momento a momento. No puede decidir de antemano. Tendrá que decidir cada día, cada momento. Y como tiene que moverse continuamente con la vida, con sus desafíos cambiantes, no puede ser consistente en el viejo sentido de la palabra. Su consistencia será solo una: estará siempre en armonía con la vida. Ésa será su consistencia, no que tenga cierta idea y permanezca consistente con esa idea, y siga sacrificando la vida por ella.

 

Hubo una causa contra Mulla Nasruddin en la corte y el magistrado le preguntó: «Mulla, ¿cuántos años tienes?»

Él dijo: «Cuarenta.»

El magistrado dijo: «Pero esto es extraño. Me sorprendes, porque estuviste en la corte hace cinco años y entonces también dijiste que tenías cuarenta años.»

Mulla dijo: «Sí, soy un hombre consistente. Cuando digo algo, se me puede creer. Nunca diré otra cosa.»

 

Éste es un tipo de consistencia.

Al Nuevo Hombre le parecerá ridícula. Pero el Viejo Hombre ha sido así, consistente: en su carácter, en sus afirmaciones, en su hipocresía. El Viejo Hombre solía decidir de una vez por todas.

Los psicólogos dicen que casi el cincuenta por ciento de tu vida está ya decidida cuando tienes siete años —¡el cincuenta por ciento!— y luego permaneces consecuente con ello. Y la vida sigue cambiando; no es de extrañar que te quedes atrás, que empieces a quedarte rezagado, que pierdas la alegría, que pierdas la cualidad de la danza. ¿Cómo vas a poder bailar? Estás tan por detrás de la vida; eres madera muerta, no creces. Un árbol vivo crece, cambia; según cambian las estaciones, el árbol cambia. Una persona viva crece y crece continuamente. Sigue creciendo hasta el momento mismo de la muerte. Su crecimiento no tiene fin.

Los psicólogos dicen que la edad mental corriente del hombre es de trece años. Ésta es la situación, así es como ha vivido hasta ahora el Viejo Hombre. Una edad mental de trece años significa que la gente ha dejado de crecer a los trece años. Sí, siguen envejeciendo, pero no crecen. Envejecer es una cosa, crecer es algo totalmente diferente. Envejecer es un fenómeno fisiológico; crecer significa madurar, adquirir sabiduría. Y solo crecen los que siguen fluyendo con la vida.

El Nuevo Hombre no será obediente a ideas estúpidas que han sido dadas en el pasado; y puede que no fueran estúpidas cuando surgieron, puede que fueran relevantes en aquellas circunstancias. Pero cuando cambian las circunstancias, las cosas se vuelven estúpidas. Si cargas con ellas, si continúas persistiendo en tus viejas rutinas fijas, empiezas a comportarte de una manera absurda.

Observa: alguna religión tiene cinco mil años de antigüedad; eso significa que sus rituales nacieron hace cinco mil años y han permanecido fijos desde entonces. ¡Qué peligroso es esto, qué mutilador! ¿Cómo vas a vivir si estos rituales de hace cinco mil años rodean tu alma?

El Nuevo Hombre será creativo. A cada momento encontrará su religión, a cada momento encontrará su filosofía, y todo seguirá creciendo. No obedecerá al pasado, no puede hacerlo. Ser obediente al pasado es ser obediente a la muerte, porque el pasado está muerto. Será obediente al presente, y siendo obediente al presente será rebelde contra el pasado.

Ser rebelde va a ser una de sus características más prominentes. Y como será rebelde, no encajará en una sociedad muerta, no encajará en una iglesia muerta, no encajará en un ejército muerto. No encajará en ninguna parte en la que la obediencia sea un requisito básico. El Nuevo Hombre está abocado a crear una sociedad nueva en torno a él. Primero la consciencia se vuelve nueva, luego la sociedad se vuelve nueva. Va a haber un largo periodo en el que lo viejo se resistirá a lo nuevo, luchará contra lo nuevo, tratará de destruir lo nuevo. Pero lo viejo no puede triunfar. El tiempo, el espíritu de los tiempos, no estará a su favor: lo viejo tiene que morir. De la misma manera que el cuerpo viejo muere y deja espacio para algún nuevo niño, así también tendrán que morir las viejas sociedades, las viejas ortodoxias. Ya han vivido un sobretiempo, han vivido demasiado.

La nueva consciencia no será moralista, no será puritana. Eso no quiere decir que no vaya a tener ninguna moralidad. Pero tendrá un tipo diferente de moralidad; una moralidad que surge del propio sentimiento por la vida, de la propia sensibilidad, de las propias experiencias; no una moralidad aprendida de otros, tomada prestada. El Nuevo Hombre no será un hombre de carácter en el viejo sentido, porque todo carácter es coactivo, crea una armadura en torno a ti. El Nuevo Hombre no tendrá carácter, en el sentido de que no tendrá ninguna armadura. El Nuevo Hombre no tendrá carácter, en el sentido de que no tendrá una celda aprisionante a su alrededor. No es que no vaya a tener carácter, sino que dará una nueva definición al carácter. No será hipócrita.

El viejo puritanismo, las viejas actitudes moralistas, han creado hipocresía en el mundo. Han hecho esquizofrénico al hombre: en la superficie una cosa, en el fondo de sí otra cosa, casi la opuesta. El Viejo Hombre vivía una doble vida. El Nuevo Hombre vivirá de una manera unitaria. Vivirá una vida única. Lo que sea por dentro lo será también por fuera. Será auténtico. Recuerda esta palabra, «autenticidad»: ésa va a ser la religión del Hombre Nuevo. Esa va a ser la verdad del Hombre Nuevo, su templo, su Dios: la autenticidad. Y con la autenticidad desaparece la neurosis. El Viejo Hombre era neurótico porque vivía en un conflicto continuo: quería hacer una cosa y siempre estaba haciendo otra, porque se requería otra cosa. Le enseñaron a hacer algo contra sí mismo; era represivo. Su propia autenticidad estaba reprimida, y para colmo, le impusieron un carácter falso.

Hemos reverenciado a estas personas falsas durante demasiado tiempo. Ahora ha llegado el momento: hay que poner en evidencia su falsedad. Hemos reverenciado a estos mahatmas y santos durante demasiado tiempo. Ahora tenemos que ver su neurosis: todos ellos estaban psicológicamente enfermos, eran patológicos.

Una persona sana es una persona entera. Su interior y su exterior son lo mismo. Si ama, ama apasionadamente; si se enfada, se enfada apasionadamente. Su ira tiene verdad, tanto como su amor tiene verdad. El Viejo Hombre está que arde por dentro y sonríe por fuera. Vive sin pasión, sin energía. Vive sin ninguna llama. Toda su vida es un ejercicio de falsedad y, naturalmente, sufre. Su vida no es más que una larga historia fútil: «...un cuento contado por un idiota, lleno de ruido y furia, que no significa nada.»

El Nuevo Hombre será terrenal, y al decir «terrenal» no quiero decir materialista. El Nuevo Hombre será realista, amará esta Tierra. Como no hemos amado esta Tierra y nuestras llamadas religiones nos han estado enseñando a odiar esta Tierra, la hemos destruido. Es un bello planeta, uno de los más bellos, porque es uno de los más vivos. Este planeta tiene que ser amado, hay que regocijarse en él: es un don. Este cuerpo contiene tantos misterios que incluso un Buda es posible solo debido a este cuerpo. Este cuerpo se convierte en el templo de la mayor posibilidad: el estado búdico, el nirvana. Hay que amar este cuerpo, hay que amar esta Tierra.

El Nuevo Hombre encontrará su religión en la naturaleza; no en las estatuas muertas, sino en los árboles vivos que bailan al viento. Encontrará su religión haciendo surf en el mar, escalando una montaña virgen. Encontrará su oración con la nieve, con la luna, con las estrellas. Dialogará con la existencia tal como es. No vivirá con ideas abstractas. Vivirá con realidades. Su compromiso será con la naturaleza, y a través de ese compromiso llegará a conocer la super-naturaleza. Dios está oculto aquí, en esta Tierra, en este mismo cuerpo: este mismo cuerpo es el buda, esta misma Tierra, el paraíso.

El Nuevo Hombre leerá la sagrada escritura de la naturaleza. Ésta será su Veda, su Corán, su Biblia. Ahí encontrará sermones en las piedras. Tratará de descifrar los misterios de la vida, no tratará de desmitificar la vida. Tratará de amar esos misterios, de penetrar en esos misterios. Será un poeta, no será un filósofo. Será un artista, no será un teólogo. Su ciencia tendrá también un tono diferente. Su ciencia será la del Tao: no un esfuerzo para conquistar la naturaleza, porque ese esfuerzo es simplemente tonto. ¿Cómo vas a conquistar la naturaleza..., si formas parte de la naturaleza? Su ciencia será para comprender la naturaleza, no para conquistar la naturaleza. No violará a la naturaleza; amará a la naturaleza y la persuadirá para que le revele sus secretos.

El Nuevo Hombre no será ambicioso, no será político. La política no tiene futuro. La política ha existido debido a la neurosis de la humanidad. Cuando desaparezca la neurosis, desaparecerá la política.

La ambición significa simplemente que te falta algo y te consuelas pensando que lo conseguirás en el futuro. La ambición es un consuelo: hoy todo es desdicha, mañana todo será alegría. Mirando el mañana te vuelves capaz de tolerar el presente y su desdicha. Hoy todo es un infierno, mañana es el cielo: sigues mirando al cielo, sigues esperanzándote. Pero esa esperanza no se va a satisfacer nunca, porque el mañana nunca llega.

La ambición significa que eres incapaz de transformar tu presente en una beatitud, que eres impotente. Solo las personas impotentes son ambiciosas: buscan el dinero, buscan el poder. Solo las personas impotentes buscan el poder y el dinero. La persona potencial vive. Si le llega el dinero, vive también el dinero, pero no lo busca, no va tras él. Tampoco le tiene miedo.

El Viejo Hombre perseguía el dinero o le tenía miedo al dinero, perseguía el poder o le tenía miedo al poder; pero en ambos casos todo su foco estaba en el poder y el dinero. Era ambicioso. El Viejo Hombre es digno de compasión: era ambicioso porque era incapaz de vivir, incapaz de amar. El Nuevo Hombre será capaz de vivir y será capaz de amar. Y su aquí-ahora va a ser tan hermoso que ¿por qué preocuparse por el mañana? Su interés no será tener más, su interés será ser más: otra distinción importante que hay que recordar. Su interés será ser más, no tener más. Tener más es tan solo un sustituto de ser más. Tienes más dinero: piensas que eres más; tienes más poder: piensas que eres más. En el fondo sigues siendo el mismo mendigo. Alejandro Magno muere con las manos tan vacías como cualquier mendigo.

Ser más es una dimensión totalmente diferente. Ser más significa entrar en contacto con tu realidad, armonizarte con tu ser, y ayudarte a conseguir la armonía con el universo. Al estar en armonía con el universo te vuelves más. Cuanto más en armonía estás con la existencia, más eres. Si la armonía es total, eres un dios. Por eso llamamos dios a Buda, dios a Mahavira; en total armonía con la existencia, sin ningún conflicto en absoluto. Se han disuelto en la totalidad, se han convertido en la totalidad, tan solo una gota de rocío que desaparece en el océano y se convierte en el océano. Han muerto en su ego; ahora viven como la existencia misma.

Al Nuevo Hombre no le servirán las falsas apariencias, las fachadas o los fingimientos. Será auténtico, porque la liberación solo llega con la verdad. Todas las mentiras crean ataduras. Dices una sola mentira y tendrás que decir mil y una más para defenderla; tendrás que decir mentiras interminablemente. Entonces no tiene fin: tarde o temprano una sola mentira se extenderá por todo tu ser; es como el cáncer. Si eres auténtico no necesitas mentir. Puedes ser abierto. Sé auténtico: no necesitarás protegerte de la existencia. Puedes ser vulnerable. En esa vulnerabilidad penetra en ti la existencia. Dios llega a tu corazón.

Si dices una mentira, tienes miedo. También tendrás miedo de Dios, tendrás miedo de estar frente a él, tendrás miedo de enfrentarte a ti mismo. Estarás escapándote continuamente; de ti mismo, de los demás, de Dios. Estarás escondiéndote continuamente detrás de tus fingimientos, la hipocresía será tu estilo de vida, y ahí es donde existe el infierno. La hipocresía crea el infierno. La autenticidad es la única alegría: la única alegría, te digo. Y si no eres auténtico nunca tendrás alegría.

La nueva consciencia no soportará el lenguaje engañoso. La nueva consciencia odiará apasionadamente ese tipo de cosas. Este odio a la falsedad es la marca más profunda del Nuevo Hombre. El Nuevo Hombre se opondrá a los sistemas estructurados, inflexibles e infalibles, porque la vida es un flujo hermoso. No está estructurada, es libertad. No es una prisión, es un templo. Querrá que las organizaciones sean fluidas, cambiantes, adaptables y humanas. Nuestros estados son inhumanos, nuestros ejércitos son inhumanos, nuestras iglesias son inhumanas. Deshumanizan al hombre, reducen al hombre a una cosa, porque no respetan la libertad del hombre. El Nuevo Hombre respetará su libertad y respetará también la libertad de los demás.

El Viejo Hombre estaba constantemente interfiriendo, metiendo las narices en los asuntos de todo el mundo, tratando de manipular, criticando, condenando, premiando, castigando. El Viejo Hombre estaba ocupándose continuamente de los demás: «¿Qué estás haciendo?» Una vez estuve pasando una temporada en Bombay. Una mujer parsi vino a verme porque justo el día anterior yo había criticado a Satya Sai Baba y le había llamado gurú falso. Vino a verme y me dijo: «He venido a decirle varias cosas más.» Pensaba que estaría muy contento porque me había traído información contra Satya Sai Baba. Me dijo: «Es homosexual. Y lo sé de muy buena tinta.»

Le dije: «¿Pero por qué le importa eso? Homosexual o heterosexual..., eso es asunto suyo. Es su vida. ¿Quién es usted? ¿Por qué se mete en esas cosas?»

Ella se quedó perpleja cuando dije eso. Había venido pensando que yo le estaría muy agradecido porque me estaba ofreciendo una información tan valiosa. ¿Por qué meterte en esas cosas? ¿No puedes dejar que la gente viva su vida? Yo critico solo cuando afecta la vida de otros; de lo contrario, no hay razón. Lo que Satya Sai Baba haga con su sexualidad es asunto suyo, no es asunto de nadie más. Pero el Viejo Hombre está continuamente metiendo las narices en los asuntos de todos.

Aquí sucede todos los días: llega el viejo tipo de personas y siente una gran agonía porque algún hombre está tomando de la mano a alguna mujer. ¿Por qué? No está tomando tu mano. Y si esas dos personas han decidido darse la mano, tienen absoluta libertad para hacerlo. Y si lo están disfrutando, ¿quién te crees que eres tú para interferir? Si el hombre está tomando la mano de alguna mujer contra su voluntad, entonces puede que tu ayuda sea necesaria, pero si los dos quieren hacerlo entonces no debería preocuparte en absoluto.

Pero ésta es la vieja consciencia. Siempre está tratando de encontrar maneras y medios para manipular a los demás, para dominar a los demás. La nueva consciencia dejará que todos vivan su vida. A no ser que alguien esté haciendo daño a otros, no se le debería impedir. A menos que alguien sea un peligro para los demás, no se le debería impedir. A no ser que alguien esté interfiriendo en la libertad de alguna otra persona, no se debería interferir.

El viejo mundo permanecía sin individualidad, ¡odiaba la individualidad! Solo le gustaban las ovejas, las manadas: gente que se comporta de la misma manera y todo el mundo sigue la misma rutina y la misma estructura. El Nuevo Hombre permitirá todo tipo de posibilidades. El Nuevo Hombre amará las estructuras líquidas. Será humano, respetará a los seres humanos. Su respeto será casi religioso.

El Nuevo Hombre tendrá que encontrar nuevas formas de comunidad, de cercanía, de intimidad, de propósito compartido, porque la vieja sociedad no va a desaparecer inmediatamente: permanecerá por mucho tiempo. Luchará de todas las maneras contra la nueva sociedad, como sucede siempre. Tiene tantos intereses creados, no puede irse fácilmente. Solo se irá cuando le resulte imposible seguir existiendo.

Antes de que se vaya, el Nuevo Hombre tendrá que crear nuevos tipos de comunidades, nuevos tipos de familias, nuevas comunidades de cercanía, de intimidad, de propósito compartido. Por eso estoy tratando de crear una pequeña comuna en la que puedas ser tú mismo totalmente —lejos del mundo estructurado y podrido— y se te pueda dar absoluta libertad. Será una experimentación, porque el futuro seguirá esas directivas. Será un pequeño experimento, pero inmensamente significativo.

La nueva consciencia no tendrá nada que hacer con instituciones como el matrimonio. El Nuevo Hombre tendrá una desconfianza natural hacia matrimonio como institución. Una relación hombre-mujer solo tiene un profundo significado para él cuando es una relación fluida que lleva consigo un realce y un crecimiento mutuos. No tendrá en mucha estima al matrimonio como ceremonia o a los votos de permanencia..., que resultan ser altamente impermanentes. El Nuevo Hombre ama el momento y lo vive en su totalidad. El matrimonio no tiene futuro. El amor tiene futuro.

En el pasado, el amor no era una realidad, el matrimonio era una realidad. En el futuro, el amor va a ser la realidad y el matrimonio se va a volver cada vez más irreal. En el pasado la gente se casaba, y luego poco a poco empezaban a gustarse y a amarse. En el futuro la gente se amará y se gustará, y solo entonces vivirán juntos. En el pasado primero vivían juntos y, naturalmente, cuando se vive juntos surge una simpatía, surge una dependencia. Era un fenómeno de necesidad; el marido necesitaba a la mujer, la mujer necesitaba al marido, y luego los hijos necesitaban que los padres estuvieran juntos. Era más o menos un fenómeno económico, pero no era fruto del amor.

El futuro conocerá un tipo diferente de relación, que está basada puramente en el amor y permanece viva solo mientras permanezca el amor. No hay ningún anhelo por su duración, porque en la vida nada es permanente; solo las flores de plástico son permanentes. Las rosas verdaderas nacen por la mañana y se van para la noche. Y ésa es su belleza: son hermosas cuando llegan, son hermosas cuando sus pétalos comienzan a marchitarse. Su vida es bella, su nacimiento es bello, su muerte es bella, porque hay vitalidad. Una flor de plástico nunca nace, nunca vive, nunca muere.

El matrimonio ha sido una flor de plástico en el pasado. La nueva consciencia no puede tenerle respeto al matrimonio. Tendrá que crear un nuevo tipo de intimidad, de amistad, y tendrá que aprender a vivir con el fenómeno impermanente del amor y de todas las cosas.

Se necesitan agallas para vivir con la impermanencia de la vida, porque cada vez que algo cambia tienes que volver a cambiarte a ti mismo. Uno quiere permanecer fijo: parece más seguro, libre de riesgos. Así es como ha vivido el Viejo Hombre: el Viejo Hombre no era aventurero, lo que más le interesaba era la seguridad.

El Nuevo Hombre tendrá el espíritu de la aventura. No le interesará la seguridad, le interesará el éxtasis. No creerá, porque la creencia es una búsqueda de seguridad; explorará. Puede que no tenga respuestas nítidas para todas las preguntas, pero aceptará todos los desafíos para inquirir, para explorar. Irá tan lejos como le lleve la vida. Tratará de llegar a las estrellas. Pero permanecerá abierto. No empezará con una creencia, con una conclusión, solo empezará con una búsqueda, una pregunta.

Empezar con una creencia no es un comienzo en absoluto. Empezar con una creencia es tan solo jugar un juego contigo mismo. Ya has creído, ¿cómo vas a explorar? Para explorar hay que ser agnóstico, y ésa va a ser la religión del futuro: el agnosticismo. El individuo tendrá la suficiente capacidad y valor para decir: «No sé, pero me interesa saber. Y estoy dispuesto a entrar en cualquier dimensión, en cualquier aventura.»

El Nuevo hombre estará dispuesto a arriesgarse. El Viejo Hombre era muy formal, nunca estaba dispuesto a arriesgarse: el riesgo era un anatema, la seguridad era su objetivo. Pero con la seguridad empiezas a morir. Tan solo en la aventura, en la aventura constante, crece la vida a plenitudes más elevadas, alcanza cimas himaláyicas.

La nueva persona será una persona espontánea: impredecible, dispuesta a arriesgarse con lo nuevo, dispuesta a menudo a arriesgarse a decir o hacer algo audaz, raro. Creerá que todo es posible y que todo puede intentarse. No se aferrará a lo conocido, permanecerá siempre asequible a lo desconocido, incluso a lo incognoscible. Y no se sacrificará por ningún futuro porque no será un idealista. No se sacrificará por ninguna idea, ideal o ideología abstractos. Tiene confianza en su propia experiencia y una profunda desconfianza en toda autoridad externa.

El Nuevo Hombre solo confiará en su propia experiencia. A menos que lo conozca, no confiará en ello. Ninguna autoridad externa puede ayudar al Nuevo Hombre. Nadie puede decir: «Lo digo yo, así que tienes que creerlo, porque siempre hemos creído; de manera que tienes que creer, porque nuestros antepasados creyeron; así que tienes que creer, porque está escrito en los Vedas y la Biblia; tienes que creer.» El Nuevo Hombre no va a tener nada que ver con esas tonterías. El Nuevo Hombre solo creerá si él lo sabe. Ésta es la verdadera confianza: confiar en las propias posibilidades, en el propio potencial. El Nuevo Hombre se respetará a sí mismo. Creer en autoridades externas es ser irrespetuoso con tu propio ser.

Y, finalmente, el Nuevo Hombre querrá estar cerca de la naturaleza elemental: del mar, el sol, la nieve, las flores, los animales, los pájaros, de la vida, el crecimiento, la muerte.

Esto es, en mi opinión, el fenómeno más importante que está sucediendo hoy: un Nuevo Hombre está llegando a la existencia, los primeros rayos ya están en el horizonte. Prepárate para recibir al Nuevo Hombre, prepárate; sé un anfitrión para el huésped que, en cualquier momento, va a llamar a tu puerta. Y eso es sannyas: una preparación, prepararte para recibir al Nuevo Hombre. Va a ser una gran aventura recibir al Nuevo Hombre; también va a ser arriesgado, porque a lo viejo no le gustará.

Ahora puedes entender por qué la mente ortodoxa está contra mí: estoy preparando su tumba y estoy preparando para algo nuevo: estoy preparando un jardín para lo nuevo. Tienes que abrir tu corazón a lo nuevo, extirpar todas las semillas de lo viejo, desechar todos los condicionamientos que te ha dado lo viejo, para poder recibir a lo nuevo.

Y recuerda: los días de los mesías han acabado. No esperes que Cristo venga de nuevo, y no esperes que Buda venga de nuevo. Nadie vuelve, al menos no Buda y Cristo. Los que vuelven son las personas que viven sin aprender nada de la vida. Buda ha aprendido la lección: no volverá. Cristo ha aprendido la lección: no volverá. No esperes que venga ningún mesías; espera una nueva consciencia, no un mesías que te libere. Eso es lo que solía creer el Viejo Hombre: alguien vendrá. Los hindúes piensan que vendrá Krishna: «Cuando las cosas sean realmente oscuras y difíciles y deprimentes, Krishna vendrá y nos liberará.» ¡Todo tonterías! ¡Todo pamplinas!

Una nueva consciencia te liberará, no alguna persona: Buda, Krishna, Cristo. Ellos estuvieron aquí y no pudieron liberar. Ninguna persona puede hacerlo sola; es imposible. Solo una nueva consciencia puede liberar al hombre de su esclavitud. Y la nueva consciencia solo puede llegar a través de ti: tienes que convertirte en el útero, tienes que aceptarla, recibirla, prepararte para ella.

Sannyas no es otra cosa que prepararse para algo inmensamente valioso, para que cuando llegue el don no estés profundamente dormido, para que cuando la nueva consciencia llame a tu puerta estés listo para adoptarla.

 

 

La segunda pregunta:

Oh, podría haberme muerto de vergüenza de que sintieras náuseas de mi... Gracias por una razón tan drástica para dejar mis hábitos no-vegetarianos. Aún no ha surgido de mi propia conciencia, y sospecho que fue mi condicionamiento. Mi infancia estuvo regida por las leyes y rituales dietéticos judíos; había muchísimos alimentos prohibidos por mi padre, prohibidos por sus padres para el denominado «pueblo elegido.»

¿Quizá una moralidad externa y no-existencial impuesta en mis primeros años embotó mi sensibilidad? Pero ahora me duele tanto haberte causado náuseas. Esta decisión y una pequeña luz me llenan.

 

Pradeepa, no es que tú me dieras náuseas, sino algo en ti... Y por supuesto, eres inconsciente, por eso he sido tan drástico y duro contigo: para que puedas tomar consciencia de ello. Es solo un hábito... Y cuando una persona nace en una familia no-vegetariana es natural que aprenda las costumbres de la familia, de la misma manera que los vegetarianos aprenden las costumbres de una familia vegetariana. Ambos son inconscientes. Y no doy ningún valor al vegetariano inconsciente; no es superior al no-vegetariano inconsciente, porque ambos son inconscientes. Solo la consciencia tiene valor. Si eres conscientemente vegetariano, entonces tiene algún valor; de lo contrario, no tiene ningún valor.

En India hay muchos vegetarianos —inconscientes— simplemente porque, por accidente, en su infancia les enseñaron el vegetarianismo y lo han aprendido. Tú has aprendido de la misma manera los hábitos no-vegetarianos. Ambos sois similares. No hay diferencia, ninguna en absoluto, ni siquiera la diferencia de un centímetro. La inconsciencia es la inconsciencia. Lo que hagas fruto de la inconsciencia es un fenómeno como de robot.

Tuve que pegar tan fuerte en la cabeza de Pradeepa para que se vuelva un poco más alerta. Solo te «pego» porque te amo. Y recuerda, cuanto más meditativo te vuelvas, más nauseabundos serán tus hábitos no-vegetarianos. Cuando llega a mí una persona nueva, que no ha meditado, que no tiene intimidad conmigo, amor por mí, que no está cercana a mí, su vibración no me resulta nauseabunda. ¿Por qué? Porque toda su vibración es la misma. Pero cuando una persona empieza a meditar, empieza a volverse más y más silenciosa, como le está sucediendo a Pradeepa —su energía está entrando en dimensiones hermosas—, entonces se sentirá una disparidad.

Es igual que cuando en una tela blanca se nota un poco de suciedad; en una tela negra no se notará. Cuando todo tu ser es inconsciente y no hay silencio y todo es ruido, puedes ser no-vegetariano; dará igual, no se notará. No hay contraste para que se note. Incluso puedes ser un caníbal y no se notará. Pero cuando empiezas a limpiarte —algunos espacios dentro de ti se vuelven frescos, jóvenes, naturales, alguna parte de ti se vuelve clara, se purifica—, entonces se nota la suciedad. Entonces se notarán las cosas pequeñas.

Pradeepa, deberías sentirte feliz de que pudiera ver tan claramente que algo dentro de ti, simplemente debido a un viejo hábito, está envenenando todo tu ser. Si lo desechas darás un gran salto, tu crecimiento se realzará inmensamente.

Y estoy aquí solo para facilitar tu crecimiento. Y haré todo lo que pueda: si es necesario un shock, te daré un shock; si necesitas un martillazo en la cabeza, te daré un martillazo. Hay que hacer lo que sea necesario, nada debe quedar por hacer, hay que probar todos los métodos posibles, porque tus enmarañamientos con el pasado son profundos, tienen muchísimas fuentes y hay que cortarlas todas.

Poco a poco surgirás de tu pasado completamente libre. Ese shock puede volverse una transformación en ti. Y confío en que ya te haya cambiado. Y confío en que, la próxima vez que vengas a mí, esa vibración habrá desaparecido.

Pero tendrás que permanecer consciente, alerta; los viejos hábitos son difíciles de dejar, persisten. Y recuerda: no puedes engañarme. Tu mente puede decir: «Si de vez en cuando como comida no-vegetariana, ¿cómo va a saberlo Osho?» No es así. Si haces algo, toda tu vibración lo expresará: tu sentimiento de culpa lo mostrará, tu vergüenza lo mostrará, tu rostro lo mostrará. No fluirás cuando estés cerca de mí. Tendrás miedo, estarás atrapada de nuevo.

Y recuerda: no estoy contra la comida no-vegetariana por ninguna otra razón. Si un hombre no está meditando, si un hombre no está tratando de crecer hacia dentro, si un hombre no está buscando a Dios, entonces está perfectamente bien: puede comer lo que quiera. Cuanto más alto estés tratando de llegar, más y más equipaje innecesario tendrás que desechar; solo entonces puedes volar. Estos son equipajes innecesarios, tienen que ser desechados.

Pero recuerda: no eres tú lo que me produjo náuseas; tan solo un hábito inconsciente en ti me produjo náuseas. Y tú no eres tu hábito; el hábito puede ser desechado, y estarás más cerca de mí y serás capaz de recibir más mi amor. Y no sabes cuánto tengo para darte; solo sabes lo que recibes. Y solo recibes lo que puedes recibir.

Vuélvete cada vez más capaz de recibir más y más... No tiene fin. Este lugar puede convertirse en tu realización absoluta.

 

 

La tercera pregunta:

Quiero decirte muchas cosas. ¿Debería escribírtelas o no?

 

Medita sobre esta pequeña historia:

 

«¿Has oído, oh Sócrates...?»

«Un momento, amigo», dijo el sabio. «¿Has cribado lo que vas a decirme por los tres tamices?»

«¿Los tres tamices?»

«Sí, amigo mío. Veamos si lo que quieres decirme pasará la prueba. El primero de los tamices es el de la verdad: ¿te has asegurado de que todo lo que vas a decirme es verdad?»

«Pues, no. Se lo he oído decir a otros.»

«Ya veo. Por supuesto, si ni siquiera es verdad, apenas podemos perder el tiempo con ello, a menos que resulte ser bueno. ¿Pasará la prueba del tamiz de la bondad?»

«No, no; al contrario...»

«Hmm, ¿"no estoy seguro de que lo dijo, y lo que se supone que ha dicho no sirve para el bien"? ¿Quizá de alguna manera es necesario que yo lo sepa para evitar un daño a otras personas?»

«Pues no. Si lo consideras de esa forma...»

«Muy bien, entonces», dijo Sócrates, «como lo que has venido a decirme sobre el caso no es ni verdadero, ni bueno, ni necesario, mejor que nos olvidemos de ello. Hay tantas cosas que merecen la pena en la vida que no podemos permitimos perder el tiempo con lo que no tiene valor por no ser ni bueno ni verdadero ni necesario».

 

Medita sobre esta afirmación de Sócrates... y lo sabrás: qué escribirme, qué no escribirme, qué preguntar, qué no preguntar.

Hay varias personas que siguen escribiéndome cartas todos los días. No es un problema para mí; solo Arup está apurada. Tiene que leer cientos de cartas, a veces hasta altas horas de la noche... Mira, está profundamente dormida. ¡Tiene que dormir en algún momento! Hasta altas horas de la noche tiene que seguir leyendo esas cartas y resumirlas: ¡no la torturéis!

A menos que sea realmente importante, algo valioso, algo que te ayude a ti o a alguna otra persona, no escribas. Si sientes que tiene alguna importancia, entonces desde luego que puedes escribir. Y también, entonces, haz que sea lo más breve posible, haz que sea telegráfico. No hay necesidad de escribir cartas larguísimas. A varias personas les gusta mucho escribir cartas: diez páginas, doce páginas. Escribe solo unas pocas frases, di solo exactamente lo que quieras decir. Y antes de escribir nada, dale vueltas a esta afirmación de Sócrates; te ayudará. Haz que pasen por los tres tamices.

 

 

La última pregunta:

¿Por qué no dices exactamente cuál es tu filosofía?

 

¿Y qué crees que hago aquí todos los días? Mañana y tarde, estoy continuamente haciendo eso. Pero quizá tengas ya algunas ideas fijas en tu mente y quisieras que mi filosofía se ajuste y encaje con esas ideas..., y no va a encajar. Por eso te sientes desconcertado, confuso.

No estoy aquí realmente tratando de darte una doctrina determinada. Estoy tratando de provocar algo en ti. No se trata de darte una declaración exacta de cuál es mi filosofía. Más bien, soy un desafío para provocarte: para que pienses, para que medites. Algo está aletargado en ti y tiene que ser provocado: lo estoy martillando. No es que tenga que darte una filosofía y tú tengas que creer en ella; entonces se perderá toda la oportunidad.

No soy un filósofo y no estoy tratando de darte un dogma en el que tengas que creer. De hecho, estoy haciendo justo lo contrario: estoy destrozando todos los dogmas y todas las filosofías, ¡ésta es mi filosofía! Estoy tratando de crear un espacio vacío dentro de ti, porque cuando haya un espacio vacío la energía aletargada en ti empezará a alzarse inmediatamente: necesita algo de espacio para emerger. Pero debes de estar teniendo algunas ideas. La gente viene a mí...

 

Hubo una vez un misionero cristiano que me dijo: «Estaría muy bien que escribieras un librillo, un catecismo, como hemos hecho los cristianos; unas pocas declaraciones de todo lo que quieres enseñar.»

 

No puedo darte un catecismo porque no tengo ninguno. Respondo a tu potencial, a tus posibilidades; te provoco de esta manera y aquélla. Y seguiré provocando..., ¡a menos que despiertes!

Pero si tienes una mente del tipo de la de un misionero cristiano querrás que te dé algunas declaraciones fijas, para poder creer en ellas por los siglos de los siglos. No puedo hacerte eso, porque eso es dañino, eso es envenenarte. Y si tienes esa mente, no serás capaz de comprender lo que estoy haciendo aquí. Es un tipo de trabajo totalmente diferente...

 

Una famosa estrella de cine anunció que estaba a punto de casarse por sexta vez.

«Oh», dijo Mulla Nasruddin. «¿Contra quién?»

 

La gente tiene su propio entendimiento de las cosas. La experiencia del matrimonio de Mulla Nasruddin es tal que solo puede preguntar una cosa: «¿Contra quién?»

 

Le dije a Mulla Nasruddin un día: «He oído que tu hija se ha casado. Estoy seguro de que te resultó difícil separarte de ella.»

«¿Difícil?», dijo él. «Fue casi imposible.»

 

La gente tiene sus propias ideas profundamente arraigadas: escuchan desde esas conclusiones. Mulla estaba tratando de librarse de ella, estaba intentando duramente deshacerse de ella..., estaba muy preocupado. De manera que cuando le dije «Estoy seguro de que te resultó difícil separarte de ella», ésta fue su reacción: «¿Difícil?», dijo. «Fue casi imposible.»

 

Un día le pregunté a Mulla Nasruddin: «¡Hola, Mulla! ¿Cómo está tu mujer?»

Me miró y dijo: «¿Comparada a qué?»

 

Debes de estar escuchando con tu mente completamente intacta; tendrás que dejarla a un lado. Entonces verás que lo que estoy haciendo aquí no es una transmisión verbal, es una transmisión de energía: estoy tratando de contactar contigo, pero tu mente está de por medio. Estoy tratando por todos los medios de destruir tu mente, estoy quitándote todos tus conocimientos: haciendo que parezcan ridículos, absurdos.

Primero empiezas a sentirte confuso porque estabas muy seguro, y cuando sigo golpeando duramente a tus conocimientos, empiezas a sentirte confuso. Y entonces surgen los problemas: pensabas que te sentirías claro y ahora te estás sintiendo confuso. Al principio va a suceder: con la certeza destrozada, te sientes confuso. Pero solo cuando estás confuso puedes desechar todos los conocimientos, no antes. Cuando la confusión se vuelve demasiado, enloquecedora, un día simplemente la sueltas: ya no es posible seguir cargando con ella. Y entonces comprenderás lo que te estoy haciendo aquí.

No te estoy dando ninguna filosofía. Estoy provocando tu entendimiento. No es una doctrina verbal. Es una comunión de corazón a corazón, una comunión de alma a alma; estoy tratando de conectar contigo. Y en esa conexión una chispa de mi ser saltará a tu ser, y tu interior se encenderá: solo es necesaria una pequeña chispa y habrá una gran luz en ti, y esa luz te dará ojos para ver, oídos para oír, corazón para sentir. Esa luz te dará vida, esa luz florecerá en ti como una Flor Dorada.

 

Suficiente por hoy.

 

 

Capítulo 15

 

Más allá de la indolencia y la distracción

 

Osho, el Maestro Lu-Tsu dijo:

Los dos errores de la indolencia y la distracción deben ser combatidos con el trabajo calmado que se lleva a cabo diariamente sin interrupción; entonces ciertamente se conseguirá el éxito. Si no estás sentado en meditación, a menudo te distraerás sin darte cuenta. Volverse consciente de la distracción es el mecanismo con el que deshacerse de la distracción. La indolencia de la que el hombre es consciente y la indolencia de la que el hombre es inconsciente están a kilómetros de distancia. La indolencia inconsciente es la verdadera indolencia; la indolencia consciente no es indolencia completa, porque aún hay algo de claridad en ella. La distracción llega por dejar que la mente vague de acá para allá; la indolencia llega porque la mente todavía no es pura. La distracción es mucho más fácil de corregir que la indolencia. Es como con la enfermedad: si sientes dolores e irritaciones, se pueden socorrer con remedios, pero la indolencia es como una enfermedad que se atiende con falta de realización. La distracción se puede contrarrestar, la confusión se puede poner en orden, pero la indolencia y el letargo son pesados y oscuros. La distracción y la confusión al menos tienen un lugar, pero en la indolencia y el letargo tan solo está activa el anima. En la distracción el animus aún está presente, pero en la indolencia rige la pura oscuridad. Si uno se adormila durante la meditación, eso es efecto de la indolencia. Solo la respiración sirve para superar la indolencia. Aunque la respiración que fluye entrando y saliendo por la nariz no es la verdadera respiración, el flujo de entrada y salida de la verdadera respiración tiene lugar en conexión con ella.

 

Mientras estés sentado, debes, por tanto, mantener siempre el corazón calmado y la energía concentrada. ¿Cómo se puede hacer que el corazón esté calmado? Con la respiración. Solo el corazón debe ser consciente del flujo de entrada y salida de la respiración; no debe oírse con los oídos. Si no se oye, entonces la respiración es ligera; si es ligera, es pura. Si se puede oír, entonces la energía de la respiración es agitada; si es agitada, entonces está ansiosa; si está ansiosa, entonces se generan la indolencia y el letargo y uno quiere dormir. Eso es obvio.

Hay que comprender cómo usar el corazón correctamente. Es un uso sin uso. Solo se debería dejar que la luz recaiga suavemente en la audición. Esta frase contiene un significado secreto. ¿Qué significa dejar que recaiga la luz? Es la radiación espontánea de la luz de los ojos. El ojo solo mira hacia dentro y no hacia fuera. Sentir el resplandor sin mirar hacia fuera significa mirar hacia dentro; no tiene nada que ver con una mirada hacia dentro real. ¿Qué significa audición? Es la audición espontánea de la luz del oído. El oído sólo escucha hacia dentro y no escucha lo que está fuera. Sentir el resplandor sin escuchar lo que está fuera es escuchar hacia dentro; no tiene nada que ver con escuchar realmente lo que está dentro. En este tipo de audición, solo se oye que no hay sonido; en este tipo de visión, solo se ve que no hay forma. Si el ojo no está mirando hacia fuera y el oído no está escuchando lo de fuera, se cierran y tienden a hundirse hacia dentro. Solo cuando uno mira y escucha hacia dentro el órgano no va hacia fuera ni se hunde hacia dentro. De esta manera se eliminan la indolencia y el letargo. Ésa es la unión de la semilla y la luz del sol y de la luna.

 

Si, como resultado de la indolencia, te adormilas, deberías levantarte y caminar. Cuando la mente se haya aclarado, deberías volver a sentarte. Con el transcurso del tiempo, habrá éxito sin que uno se vuelva indolente y se duerma.

 

 

Más allá de la indolencia y la distracción

 

Una tarde muy calurosa, un búho estaba sentado en un árbol y un cisne subió volando y se sentó allí también.

«Uf, qué calor, Hermano Búho», dijo. «El sol brilla y estoy ardiente y sudoroso.»

«¿Qué?», dijo el búho. «¿Qué? ¿De qué estás hablando? ¿Sol? ¿Calor? Cuando hay oscuridad hace calor. ¿De qué sol hablas? ¿Estás loco o qué? ¿Qué estás tratando de decirme? No existe el sol ni nada por el estilo. Nunca ha existido. ¿Qué es esa luz que se calienta? Nunca hemos oído hablar de ella. Hace calor cuando hay oscuridad. ¿Estás tratando de burlarte de mí? Y no soy solo yo quien lo dice. Todas nuestras sagradas escrituras lo dicen también.»

El cisne se quedó atónito con todo esto. «¿Cómo puedo explicárselo a este viejo búho ciego?», pensó.

«Mira, hermano, lo veo con mis propios ojos: es mediodía y el sol está brillando fuerte y hace mucho calor. ¿Estás diciendo que está oscuro? ¿Cómo te lo puedo explicar?»

«Vayamos entonces», dijo el búho. «Hay un gran árbol por allí en el que hay muchos búhos y también grandes eruditos. Les preguntaremos sobre ello; y conocen perfectamente las escrituras, y algunos de ellos son muy doctos. Vamos. Veremos si te estás burlando de mí.»

Volaron hasta allí y había muchísimos búhos ciegos. «Ha aparecido este cisne», dijo el búho, «y dice que es mediodía y que el sol está brillando y que hay luz en todas partes y que por eso hace calor ¿Qué decís vosotros?».

«¿Qué es todo eso?», gritaron. «Nuestros padres y sus padres y los padres de éstos, de hecho toda nuestra comunidad, jamás han visto un sol, así que no existe nada como un sol. ¿Cómo va a existir? Te está embaucando. No le escuches. O está loco o es un tipo muy fraudulento. Está tratando de corromper nuestra religión. Siempre hemos vivido en la oscuridad y siempre hemos adorado la oscuridad. Es el fundamento mismo de nuestro modo de vida. Él destruirá nuestro modo de vida. Ese es el tipo de persona que es. Si quieres, podemos someterlo a votación a ver qué dice la mayoría.»

Un búho se levantó y dijo: «¿Qué es la verdad? ¿Existe la oscuridad o existe la luz?»

«La oscuridad, y solo la oscuridad», gritaron todos al unísono.

«¿Por qué entonces hace tanto calor?»

«Porque está tan oscuro», gritaron. «El calor es una función de la oscuridad.»

«No dejéis que se quede aquí», volvieron a gritar todos. «Echará a perder nuestra religión, nuestra tradición, nuestro preciado pasado. Ahuyentadlo inmediatamente. O está totalmente ciego o absolutamente loco.»

 

Esta pequeña parábola contiene varias verdades de inmenso valor.

Primero: la verdad no puede transferirse, no hay manera de transferirla; mi verdad es mi verdad. Puedo hablarte de ella, pero hablar de ella no es transferírtela, escucharla no es comprenderla. Tendrás que abrir tus propios ojos.

La función de un verdadero maestro no es decirte que Dios existe, sino ayudarte a que abras los ojos, a que abras tus ventanas del alma para poder ver, para que puedas darte cuenta del significado de la palabra «Dios» en tus propios huesos, en tu propia sangre, en tu propia médula. No puedo ver por ti con mis ojos y no puedo andar por ti con mis piernas y no puedo volar por ti con mis alas. Tendrás que vivir tu vida y tendrás que morir tu muerte.

Ésta es una de las cosas más fundamentales que hay que recordar siempre; de otra forma te cargas de conocimiento prestado que no es conocimiento en absoluto, sino una moneda falsa. Parece conocimiento, por eso te puede engañar.

Y eso es lo que le ha sucedido a la humanidad: la humanidad está viviendo bajo la maldición del conocimiento prestado. La gente sigue recitando la Biblia, el Corán, el Gita, como loros; viejos búhos ciegos recitando el Corán, el Gita, la Biblia. Pero ésta no es su propia experiencia; su propia experiencia es justo lo contrario. Su propia experiencia simplemente niega la verdad del Gita y de la Biblia y de los Vedas y del Dhammapada. Su propia experiencia simplemente dice que «Buda está loco», que «Jesús nos está engañando», que «Sócrates puede que sea muy listo, pero cuidado con él, no le escuches. Destruirá nuestra religión».

El hombre ha creado una religión con sus ojos ciegos —no una, muchas religiones—, porque los ojos ciegos no pueden ver lo uno, los ojos ciegos solo creen en lo mucho. Por eso hay tantas religiones, alrededor de trescientas religiones en esta pequeña Tierra, y cada religión está proclamando que: «Mi verdad es la única verdad», que: «Mi Dios es el único Dios», que: «Todos los demás Dioses son falsos», que: «Todas las demás verdades son patrañas», que: «Todos los demás caminos solo llevan a desiertos; solo mi camino es el camino al paraíso.»

Esas trescientas religiones están luchando continuamente entre ellas. Ninguna de ellas es consciente, ninguna de ellas ha visto, ninguna de ellas ha mirado cara a cara a la realidad; simplemente han creído. Estas religiones no son religiones, sino tradiciones; simplemente han oído. Han oído a lo largo de los siglos y lo han creído, porque creer es barato, explorar es arriesgado; repetir como un loro es cómodo, adentrarse en la aventura del descubrimiento es arriesgar tu vida. Es peligroso. La exploración es peligrosa; la creencia... es conveniente, consoladora; no necesitas ir a ninguna parte. Se te da preparada, pero es de segunda mano.

Y miserable es el hombre que vive con un Dios de segunda mano, porque Dios sólo puede ser de primera mano. La experiencia tiene que ser auténticamente tuya. La experiencia de cualquier otra persona no puede convertirse en la base de una vida verdadera. Puede que Buda haya visto, pero hacerse budista no va a ayudar. Buda no era budista, ciertamente no. Puede que Jesús haya mirado, encontrado, realizado; pero hacerse cristiano es una completa estupidez. A menos que te vuelvas un Cristo nunca conocerás a Dios.

La persona verdaderamente religiosa evita las tradiciones; la persona verdaderamente religiosa evita los dioses de segunda mano, evita las creencias, se mantiene abierta, disponible para que suceda la verdad. Por supuesto que trabaja: es la única que trabaja. El creyente nunca trabaja consigo mismo; no hay necesidad de que el creyente trabaje consigo mismo. El explorador, el indagador, el buscador de la verdad trabaja duro consigo mismo porque hay muchas cosas que hay que desechar, muchas impurezas que hay que desechar, muchos obstáculos y bloqueos que hay que disolver. Hay que abrir los ojos y hay que limpiar los oídos y hay que hacer que el corazón sienta.

Hay que entrar en el ritmo de la existencia. Cuando estás acompasado con la existencia, tus ojos están abiertos, y entonces, por vez primera, ves. Y ese ver es una transformación, ese ver te cambia, hasta la raíz. Ese ver se convierte en una nueva visión, una nueva vida, una nueva gestalt. Entonces ya no estás confinado por tu cuerpo, ya no estás confinado por tu mente, ya no estás confinado por nada en absoluto. Entonces eres ilimitado, infinito, eterno. Y sentir fluyendo en ti esa eternidad es conocer a Dios; ver este infinito extendiéndose en el pasado eterno y en el futuro eterno es ver a Dios. Sentir la divinidad dentro de tu propio ser es conocer a Dios. Esto no puede ser de segunda mano.

Cuando veo a un cristiano o un hindú o un jaina o un mahometano, veo a gente de segunda mano. No querrías comprar zapatos de segunda mano en el mercado y no querrías comprar ropa de segunda mano de otros en el mercado. Pero para tu alma adquieres creencias de segunda mano, zapatos de segunda mano, ropa de segunda mano..., sucios, feos, usados, podridos, ¿y piensas que estás embelleciendo tu vida? Estás insultando a tu misma alma; te estás deshumanizando. Hacerte cristiano o hacerte budista es deshumanizarte. La búsqueda hay que hacerla solo, la búsqueda tiene que ser auténticamente individual.

La verdad no puede decidirse con el voto de la mayoría, porque la verdad es absolutamente individual y privada. No es un fenómeno objetivo. Puedes ver mi cuerpo, es un fenómeno objetivo: si mi cuerpo existe o no pueden decidirlo otros con facilidad. Pero si estoy iluminado o no es algo que no puede decidirlo nadie más; desde luego no con ninguna votación.

Un buda es un buda no porque la gente haya votado por él y la mayoría le haya dado el voto de que es un buda. Es un buda por su propia pura declaración. Excepto él mismo, no hay ningún testigo; es algo absolutamente privado. Es tan interior que nadie más puede penetrar en ello.

La verdad no puede decidirse con ningún voto de la mayoría. Pero así es como decide la gente. Por eso las religiones están tan interesadas en aumentar la población, porque si tienen más gente, de seguro tienen más verdad. Los cristianos pueden alegar más verdad que los jainas por que tienen detrás de ellos una gran multitud. Si hay una votación, los cristianos ganarán y los jainas perderán. Pero no es una cuestión de votar. Incluso si mil búhos votan que está oscuro y que no existe el sol y que la luz nunca ha existido, incluso entonces, la mentira seguirá siendo una mentira. Un solo cisne es suficiente para declarar que es de día.

La verdad no es una cuestión relacionada con la decisión democrática, no tiene nada que ver con la multitud. Los católicos están en contra del control de la natalidad, los mahometanos están en contra del control de la natalidad, por una sencilla razón, por una razón política; la razón es que si se permite el control de la natalidad, su población empezará a disminuir. Y ésa es su única fuerza. Quieren aumentar su población para que un día puedan probar al mundo: «Mira, si tenemos tanta gente a nuestro favor, debe ser que tenemos la verdad.»

 

Me gustaría recordarte una famosa afirmación de George Bernard Shaw. Alguien estaba discutiendo con él y el hombre dijo: «Pero muchísima gente cree lo que estoy diciendo. ¿Cómo va a equivocarse tanta gente?»

Y Bernard Shaw replicó: «Si tanta gente cree en ello entonces debe ser erróneo, porque ¿cómo va a tener razón tanta gente?»

 

Ve el sentido de esto: ¿cómo va a tener razón tanta gente? La multitud está ciega, la multitud no está iluminada. La verdad siempre ha estado en minoría. Cuando surge Buda está solo, cuando Jesús anda por Jerusalén está solo, cuando Sócrates lucha está solo. Por supuesto, unos pocos buscadores se congregan en torno a Sócrates: surge una escuela; pero esa escuela es una minoría. Y para estar con Sócrates se necesita valor, se necesitan agallas, porque no está ahí para consolarte. Te quitará todos los consuelos, hará pedazos todas tus ilusiones, porque ésa es la única manera de llevarte a la verdad. Te obligará a abrir los ojos, no te cantará una canción de cuna para ayudarte a ir a dormir. Te gritará desde el tejado para despertarte, te sobresaltará, te golpeará.

Justo el otro día vino a verme Pradeepa. Estaba llorando, naturalmente. La había sobresaltado enormemente. Nunca habría soñado que un día, de repente, le daría un martillazo justo en la cabeza. Y estaba también muy alterada porque había sido la causante de crear náuseas en mí: me tiene cariño, me ama, como me amáis todos. Estaba llorando por todas estas razones.

Pero tengo que deciros, y a ella en particular, que deberías sentirte agradecido cuando te doy duro, porque solo te daré duro cuando seas digno de ello; no le pegaré a cualquiera. Solo pegaré cuando alguien esté creciendo realmente. Cuanto más estés creciendo más se te exigirá.

No le he dicho a nadie que deseche la comida no-vegetariana, pero le he dicho a Pradeepa, de una manera muy impactante, que la deje. Su consciencia está creciendo; ahora esto es un obstáculo. La gente que no está volando alto puede llevar tanta carga como quiera. Pero los que están empezando, elevándose, tienen que desprenderse de todo el equipaje innecesario. ¡Cuanto más pura se vuelva tu energía, más cuidadoso tendrás que volverte con ella, porque se puede perder algo precioso! Y es muy difícil crear esa energía preciosa, pero es muy fácil perderla. Los que no tienen nada que perder no necesitan preocuparse. Pueden seguir haciendo todo tipo de estupideces; todo su ser está en armonía con esas estupideces.

Hay una bella historia...

 

India ha conocido a un gran pintor, uno de los más grandes: Nandalal Bose, un genio. Era discípulo de otro genio, Avanindranath Tagore. Avanindranath Tagore era tío de Rabindranath Tagore. Rabindranath y Avanindranath estaban sentados un día, tomando té por la mañana temprano, charlando un poco, y llegó Nandalal con un cuadro de Krishna. Rabindranath ha escrito en sus memorias: «Nunca he visto un cuadro tan hermoso de Krishna, tan vivo que parecía que fuera a salirse del cuadro en cualquier momento, que en cualquier momento su flauta empezaría a cantar una canción. Me sentí aturdido.»

Avanindranath miró el cuadro y lo tiró fuera de su casa, y le dijo a Nandalal: «¿Es ésta la manera de pintar a Krishna? Hasta los pobres pintores de Bengala lo hacen mucho mejor.»

Rabindranath estaba pasmado. Rabindranath conocía también los cuadros de su tío, porque éste también había estado pintando a Krishna toda su vida, y estaba absolutamente seguro de que ninguno de los cuadros de su tío podían compararse con el cuadro de Nandalal. El cuadro de Nandalal era muy superior. Pero no dijo nada. No era apropiado que interfiriese entre el maestro y el discípulo. Nandalal tocó los pies de Avanindranath, salió y desapareció durante tres años.

Rabindranath le preguntó muchas veces a Avanindranath: «¿Qué le has hecho a este pobre hombre?... Y su cuadro era excelente.»

Y Avanindranath lloraba y decía: «Tienes razón. Su cuadro es excelente. Nunca he podido ver una cosa tan hermosa.» Y cuando se fue Nandalal, Avanindranath volvió a coger el cuadro y lo tenía siempre en su habitación.

«Entonces, ¿por qué», preguntó Rabindranath, «te comportaste de una manera tan ruda?».

Y Avanindranath dijo: «Pero yo espero mucho más de él. No es cuestión de que haya hecho un cuadro hermoso; esto es solo el principio. Tiene mucho más potencial para hacer; voy a exigirle mucho más.»

Y durante tres años Nandalal estuvo por los pueblos de Bengala, porque el maestro había dicho: «Incluso los pintores de los pueblos hacen cuadros de Krishna mucho mejores.» De manera que aprendió de los pintores de los pueblos; pintores corrientes, pobres. Durante tres años estuvo rondando por Bengala, toda la provincia. Y luego un día apareció, tocó los pies del maestro y dijo: «Tenías razón. He aprendido mucho. Hiciste bien en tirar mi cuadro.»

Avanindranath le abrazó y dijo: «Estaba esperando. Estaba envejeciendo, y me estaba asustando si volverías o no. Soy feliz. Tu cuadro era hermoso, pero veo mucho más potencial en ti.»

 

Siempre que vea más potencial en ti te daré duro, porque ésa es la única razón por la que estás aquí conmigo y yo estoy aquí contigo. Tengo que provocarte, hasta lo más hondo de ti, para que todo lo que está latente en ti pueda empezar a emerger, pueda empezar a elevarse a las alturas. Y tú no conoces tu potencial... Yo lo conozco. De modo que siempre que sea exigente contigo, ¡siéntete agradecido!

Te sorprenderá saber que en los monasterios Zen, cada vez que el maestro pega a alguien en la cabeza con su báculo, la persona que recibe el golpe se inclina siete veces y toca los pies del maestro para darle las gracias. Y los discípulos esperan el momento en que recibirán un golpe, esperan que llegue el momento gozoso en que el maestro se molestará en pegarles en la cabeza con su báculo. Sueñan con ello, oran, confían en que algún día llegará ese momento dichoso.

Recuerda: esto es una academia alquímica. No estás aquí solo para estar entretenido, sino para transformarte. Y la transformación es dolorosa, porque hay que desechar mucho de lo que es viejo, que se ha vuelto como tu piel: te arrancas la piel, y eso duele. Pero ésta es la única manera de hacer que recobres el juicio, ésta es la única manera de destruir tus amortiguadores, ésta es la única manera de destruir tu coraza, que te rodea y te mantiene cautivo. Poco a poco tu propia energía empezará a emerger; se abrirán tus ojos, tus oídos serán capaces de oír. Entonces Dios es de primera mano. Y ten siempre presente que solo una experiencia de primera mano de Dios es una experiencia verdadera. No lo decide la mayoría, no lo decide la tradición, no lo decide nada excepto tu propio encuentro energético con Dios.

Estaba perfectamente bien que los búhos pensaran que el cisne está loco. Así es como la gente ha pensado siempre —Buda está loco, Mahoma está loco, Zaratustra está loco—, porque ¿cómo va a poder creer lo que no puede ver?

Estaba perfectamente bien que los búhos echaran al cisne, que lo expulsaran. Se asustaron, estaban conmocionados: si a este cisne se le permite vivir en el árbol va a perturbar su tradición, va a destruir su modo de vida. Siempre han vivido en la oscuridad y siempre han creído en la oscuridad. La oscuridad es su Dios, todos sus rituales han surgido de la oscuridad. Sus sacerdotes alaban la oscuridad, sus eruditos escriben grandes tratados sobre la oscuridad. Toda su filosofía se centra en el tema básico de la oscuridad. En su filosofía no hay lugar para el sol y la luz y el día. Ahora llega este cisne loco y está tratando de infiltrar, de pasar clandestinamente ideas extrañas en su mundo: toda su estructura de desplomará.

Por eso crucificaron a Jesús. Por eso la gente está en contra de mí. Estoy tratando de daros una nueva gestalt, un nuevo patrón, un nuevo modo de vida, un nuevo acercamiento a la realidad. Estoy tratando de abrir una nueva puerta a la existencia. Naturalmente, los que han invertido mucho en los viejos patrones de vida se enfadarán, estarán locos de ira. Les gustaría expulsarme de su mundo; eso es exactamente lo que están tratando de hacer. Todo eso es natural, todo eso es simple: cuando lo comprendes, empiezas a reírte de ello.

¿Cómo sigues creyendo en Dios? ¿Por qué? ¿Cómo te las arreglas para creer en el alma y por qué? La misma razón: «Nuestros padres y sus padres y los padres de éstos; de hecho, toda nuestra comunidad jamás ha visto el sol, así que no existe nada como un sol. Te está embaucando. No le escuches. Corromperá nuestra religión.» Le has oído decir a tu padre: «Dios existe y Dios es cristiano», o «Dios es hindú», y ellos se lo oyeron decir a sus padres y así sucesivamente: rumores, cotilleos. Ni tu padre lo ha sabido, ni tú lo has sabido. Ármate de valor para desechar todo lo que no sea tu conocimiento.

Éste es el primer requisito para ser sannyasin, y éste es el primer requisito para iniciar una indagación científica de la verdad: desecha todos los prejuicios, desecha todos los conceptos a priori; empieza desde el principio, desde el mismo principio, desde el abecé, como si fuerais Adán y Eva y nunca hubiera habido ninguna tradición anterior a ti, nunca hubiera habido ninguna sagrada escritura anterior a ti.

D. H. Lawrence dijo una vez, y estoy totalmente de acuerdo con él: «Si se destruyeran todas las sagradas escrituras del mundo, puede que el hombre se volviera religioso.»

Si todas las tradiciones simplemente se disuelven, solo entonces hay alguna esperanza; de otra forma, ¿quién se molesta en indagar? Cuando la tradición puede abastecerte con tanta facilidad y no tienes que pagar nada en absoluto, ¿para qué molestarte? Otros han sabido, tú puedes simplemente creer. Pero saber es una cosa, creer es justo lo contrario.

Creer significa seguir viviendo en la oscuridad. Saber significa ser transformado, transmutado, transplantado a otra visión..., luminoso, eterno.

Estos sutras no son para que los creas, tienes que experimentar con ellos. Estos sutras son pistas sencillas sobre cómo hacer que funcione dentro de tu propio ser. A menos que las pongas en práctica seguirás perdiéndotelo. Tienes que empezar a considerar tu propio cuerpo como un gran laboratorio espiritual y tienes que considerar tu vida como una gran aventura para adentrarte en la realidad. Y tienes que estar muy alerta, vigilante, para ver lo que está sucediendo: dentro y fuera.

Estos sutras son llaves. Si realmente tratas de trabajar con tu ser, te sorprenderás: eres un emperador, con grandes tesoros inagotables en tu ser y, sin embargo, sigues comportándote como un mendigo.

 

El Maestro Lu-Tsu dijo:

Los dos errores de la indolencia y la distracción deben ser combatidos con el trabajo calmado que se lleva a cabo diariamente sin interrupción; entonces ciertamente se conseguirá el éxito.

 

El éxito es un derivado; no es necesario pensar en él. Y si piensas en él, no lo conseguirás: ésa es una de las condiciones. No pienses en el éxito, porque si empiezas a pensar en el éxito te divides. Entonces no estás totalmente en la labor; tu mente real está en el futuro: ¿Cómo tener éxito? Ya has empezado a soñar cómo serás cuando lo hayas conseguido, cómo serás cuando te hayas convertido en un buda; ¡las bellezas, las bendiciones, los dones del cielo que serán tuyos! Tu mente ha empezado a jugar el juego de la avaricia, la ambición, el ego. No pienses nunca en el éxito; el éxito es un derivado natural. Si trabajas sinceramente contigo mismo, el éxito te seguirá como te sigue tu sombra. El éxito no tiene que ser el objetivo. Por eso dice Lu-Tsu: «Trabaja calmadamente, silenciosamente, sin preocuparte por ninguna idea de éxito o de fracaso.»

Y recuerda: si piensas demasiado en el éxito también pensarás continuamente en el fracaso. Vienen juntos, vienen en el mismo paquete. El éxito y el fracaso no se pueden dividir el uno del otro. Si piensas en el éxito, en lo hondo de ti habrá también miedo en alguna parte. ¿Quién sabe si lo vas a lograr o no? Puede que fracases. El éxito te lleva al futuro, te confiere un juego de avaricia, una proyección del ego, ambición; y el miedo te da también un estremecimiento, un temblor: puede que fracases. La posibilidad del fracaso te hace titubear, y con este titubeo, con esta avaricia, con esta ambición, tu trabajo no será calmado. Tu trabajo se volverá una agitación; estarás trabajando aquí y mirando allí, estarás caminando en este camino y mirando algún lugar lejano en el cielo.

He oído hablar de un astrólogo griego que estaba estudiando las estrellas, y una noche, una noche muy estrellada, se cayó a un pozo, porque estaba mirando las estrellas y estaba tan absorto en las estrellas que se olvidó de dónde estaba: se fue acercando más y más al pozo y cayó en él.

Una mujer, una anciana que vivía por allí, se acercó rápidamente. Al oír el ruido, miró dentro del pozo, trajo una cuerda y sacó al gran astrólogo. El astrólogo estaba muy agradecido. Le dijo a la anciana: «Usted no me conoce, pero soy el astrólogo real, designado especialmente por el rey. Mi tarifa es muy elevada: solo la gente muy rica puede permitirse preguntarme acerca de su futuro. Pero usted me ha salvado la vida. Puede venir a verme mañana y se lo mostraré: le leeré la mano, analizaré su carta astral e interpretaré sus estrellas, y su futuro le quedará perfectamente claro.»

La anciana se echó a reír. Dijo: «Olvídese de eso. Ni siquiera ve que hay un pozo a un paso..., ¿cómo va a poder predecir mi futuro? ¡Todo pamplinas!»

 

No mires demasiado hacia adelante, de lo contrario te perderás el paso inmediato. El éxito llega, dice Lu-Tsu, por sí mismo. Déjalo en paz. Esta existencia es una experiencia muy gratificante, nada queda sin recompensa.

Ésa es toda la filosofía india del karma: nada queda sin recompensa o sin castigo. Si haces algo equivocado, el castigo le sigue como una sombra; si haces algo correcto, las recompensas están en camino. No necesitas preocuparte por ellas, no necesitas pensar en absoluto; ni siquiera un ápice de tu consciencia necesita involucrase con ellas; llegan..., su llegada es automática.

Cuando vas por la carretera, ¿miras una y otra vez tu sombra... para ver si te sigue o no? Y si alguien mira hacia atrás una y otra vez para ver si le sigue su sombra o no, pensarás que está loco. La sombra te sigue; es inevitable. De manera que si tu trabajo está encaminado en la dirección correcta, con el esfuerzo apropiado, con la totalidad de tu ser, la recompensa le sigue automáticamente.

¿Y cuál es el trabajo? Lo primero:

 

Los dos errores de la indolencia y la distracción deben ser combatidos...

 

Indolencia significa pereza, letargo; se debe a tu parte femenina. La parte femenina es perezosa, aletargada, porque es pasiva. Y lo otro es la distracción; se debe a tu parte masculina. La parte masculina siempre está inquieta, activa: quiere hacer mil y una cosas a la vez.

Uno de los personajes de Camus dice: «Quiero a todas las mujeres del mundo. No puedo estar satisfecho con una o con unas pocas, ni siquiera con muchas. Quiero a todas las mujeres del mundo.» Ésta es la actitud masculina extrema. La mujer está satisfecha con uno, el hombre ni siquiera está satisfecho con muchas. La satisfacción es natural para la mujer, el descontento es natural para el hombre.

Ambos tienen polaridades positivas y negativas. Si la mujer deja que su pasividad se vuelva negativa, creará letargo. Es por eso por lo que las mujeres no han creado mucho en el mundo, o muy poco: no encuentras grandes mujeres pintoras y poetas y científicas. Y no es solamente porque el hombre no se lo ha permitido. Incluso si llega la libertad —que está llegando— y la mujer se libera, este letargo forma parte de su ser. No está muy interesada en hacer, su interés está más en ser. Y este interés puede ser también una gran bendición, o una maldición; depende. Si esta relajación se vuelve meditativa, si este sosiego se convierte realmente en satisfacción con la existencia, en armonía con la existencia, será una bendición. Pero generalmente, de cada cien, en noventa y nueve casos se convierte en letargo. No sabemos usar nuestras bendiciones. Entonces las bendiciones se vuelven amargas y resultan ser maldiciones.

Y la mente masculina es inquieta. También ahí es posible una bendición: el hombre puede ser muy creativo. Pero no ha sido así. En vez de ser creativo se ha vuelto destructivo: la bendición se ha vuelto una maldición. La inquietud del hombre ha hecho que esté muy ansioso, lleno de ansiedad, de tensión. Toda su mente está bullendo constantemente, está siempre al borde de la locura. De alguna manera sigue arreglándoselas para contenerse, pero en lo hondo de si hay un gentío dispuesto a prorrumpir. Cualquier pequeña excusa y el hombre puede volverse loco. Debido a esta inquietud, el hombre ha perdido su belleza, su gracia.

La mujer es grácil, hermosa. Observa a una mujer: la manera en que camina, la manera en que se sienta... Hay elegancia. Su ser tiene un silencio sutil, un sosiego que puedes sentir en su vibración. En una casa en la que no hay ninguna mujer verás caos. Puedes saber inmediatamente si la casa está habitada por un soltero: verás caos; todo está patas arriba, no hay nada en su sitio. Puedes saber inmediatamente si vive una mujer en la casa, porque todo está en armonía, en su sitio. Hay una gracia, una especie de atmósfera exquisita, una atmósfera muy sutil de amor, de cultura; la casa tiene una cualidad musical. Cuando vive un hombre solo, la casa tiene una cualidad neurótica.

Estas dos partes son hermosas si se usan correctamente. Entonces la parte femenina te aporta gracia y la parte masculina te aporta creatividad. Y cuando la gracia y la creatividad se encuentran, estás entero. Pero eso sucede raramente: en un Buda, en una Meera, en una Teresa, en un Jesús, en una Magdalena..., muy raramente. De ordinario, sucede justo lo contrario: se encuentran las partes incorrectas. La agitación, la neurosis del hombre y el letargo de la mujer: se encuentran estas dos cosas y ves el fenómeno más feo posible.

Déjame que te lo recuerde de nuevo: cuando hablo del hombre y la mujer no estoy usando terminología biológica. Cada hombre tiene una mujer dentro de él, así como tiene un hombre dentro, y cada mujer tiene tanto un hombre como una mujer dentro de sí. El hombre no es solo hombre y la mujer no es solo mujer. Ambos son las dos cosas. Ambos son ambos. Su ser es bisexual. Quizá uno es predominante, por eso es un hombre: la parte masculina es predominante; el animus está en el consciente y el anima está en lo profundo del inconsciente; entonces eres un hombre. O si eres una mujer eso significa que el anima está en el consciente, la parte femenina es la predominante, y la parte masculina, el animus, está en el inconsciente. Pero ambos están siempre presentes juntos. De igual manera que la electricidad no puede existir sin dos polos, positivo y negativo, ningún ser puede existir sin dos polos. Hombre y mujer, yin y yang, positivo/negativo, Shiva/Shakti... Puedes encontrar tus propios nombres para ellos.

Estos dos errores tienen que ser combatidos. Es necesario que el trabajo calmado...

 

...se lleve a cabo diariamente sin interrupción; entonces ciertamente se conseguirá el éxito.

 

¿Y qué es ese trabajo calmado? Éste es el trabajo calmado:

 

Si no estás sentado en meditación, a menudo te distraerás sin darte cuenta.

 

Y debes haber observado —me han informado de ello miles de personas, porque miles de personas han estado meditando a mi alrededor y es una experiencia reconocida de todos los meditadores— que cuando una persona empieza a meditar se da cuenta de pronto de un extraño fenómeno: su mente no ha estado nunca tan agitada como lo está cuando medita. Al principio eso es muy turbador, porque uno confía en que con la meditación la mente se calmará. Y lo que está sucediendo es justo lo contrario: la mente se vuelve más agitada, ves que llegan más pensamientos que en tu vida cotidiana corriente. Trabajando en tu tienda, en la oficina, en la fábrica, los pensamientos no te molestan tanto. Pero cuando te sientas a meditar unos minutos en un templo o en una mezquita o en una iglesia, de pronto llega una gran multitud de pensamientos, te rodea, empieza a tirar de ti a un lado y a otro. Una experiencia exasperante, y paradójica, porque el meditador esperaba volverse calmado y silencioso, y está sucediendo justo lo contrario.

¿Por qué sucede? Ésta es la razón: has estado siempre con estos pensamientos; incluso cuando estabas ocupado en tu tienda, en tu fábrica, en tu oficina, estos pensamientos siempre han estado ahí. Pero estabas tan ocupado que no los notabas, eso es todo. Lo que es nuevo no es la multitud de pensamientos. Los pensamientos no saben dónde estás sentado... En una iglesia, en un templo, en una sala de meditación; no lo saben. Lo único que está sucediendo es que cuando estás sentado en meditación no estás ocupado con nada externo, de manera que toda tu mente se vuelve consciente de todo lo que siempre está clamando dentro de ti.

No se debe a la meditación que te estén llegando más pensamientos; con la meditación te vuelves más consciente de su presencia. Siempre han estado ahí, pero ahora los notas más.

 

Si no estás sentado en meditación, a menudo te distraerás sin darte cuenta. Volverse consciente de la distracción es el mecanismo con el que deshacerse de la distracción.

 

Por eso se insiste en eso: siéntate a meditar al menos una o dos horas al día para no estar ocupado, para no estar ocupado en absoluto con compromisos externos, y que toda tu observación se enfoque en tu mundo interno. Al principio verás que has abierto la caja de Pandora; al principio verás que has entrado en un manicomio, y querrás escapar y estar ocupado de nuevo. Evita esa tentación. Es imprescindible evitar esa tentación, de lo contrario nunca podrás meditar.

Se han descubierto muchos trucos para evitar el revuelo interno. La meditación transcendental es una técnica, no de meditación, sino de evitar afrontar tu realidad interna. Se te da un mantra y se te dice que repitas el mantra. Eso ayuda; no a meditar, sino a permanecer ocupado. Sigues repitiendo: «Ram, Ram, Ram», o «Coca-Cola, Coca-Cola, Coca-Cola». Sigues repitiendo algo; servirá cualquier palabra, tu propio nombre servirá, cualquier sonido absurdo servirá. Sigues repitiendo. Al repetirlo estás ocupado, y con esa ocupación estás evitando tu agitación interna. Esto no es diferente. Estabas ocupado en tu oficina, estabas ocupado con el film, viendo una película; estabas ocupado escuchando la radio, estabas ocupado leyendo el periódico; ahora estás ocupado con este mantra. Esto no es ni meditación ni transcendental.

La verdadera meditación significa: no evites el manicomio interno; entra en él, afróntalo, tópate con él, observa, porque es con esa observación con lo que lo superarás. Ha estado creciendo y creciendo porque lo evitabas. ¡Ya has evitado suficiente! Ahora no hay necesidad de aceptar la ayuda de un mantra. No es necesaria ninguna ayuda; simplemente siéntate en silencio. El Zen es la más pura de las meditaciones: simplemente siéntate en silencio, sin hacer nada.

La meditación más difícil es sentarse en silencio, sin hacer nada. La gente me pide: «Por favor, danos algún apoyo. Si nos das algún mantra, será útil, porque simplemente sentarse en silencio sin hacer nada es muy difícil, es lo más arduo.» Surgen mil y una cosas. El cuerpo empieza a volverte loco, te empieza a picar la cabeza, de pronto sientes que te están subiendo hormigas por el cuerpo, y cuando miras no hay ninguna hormiga, solo el cuerpo haciendo trucos. El cuerpo está tratando de darte algún apoyo para que te entretengas. El cuerpo quiere cambiar de postura, se te duermen las piernas...; el cuerpo, simplemente, te está poniendo cosas disponibles para que estés ocupado.

Evita toda ocupación. Durante unos momentos, simplemente mantente desocupado y simplemente ve lo que está sucediendo dentro, y te sorprenderás. Te sorprenderás porque un día, simplemente por observar y observar y observar, los pensamientos empiezan a desaparecer: «Sentado en silencio, sin hacer nada, llega la primavera y la hierba crece por sí misma.»

Ésta es la forma más pura de meditación, esto es meditación transcendental. Pero nadie la llama meditación transcendental porque Maharishi Mahesh Yogi ha hecho de eso una marca registrada. ¡MT es ahora una marca registrada! Nadie ha hecho nunca negocios de semejante manera. Te pueden demandar en los tribunales si llamas «meditación transcendental» a tu meditación. Está patentado. Observa la ridiculez de todo ello: la meditación se ha vuelto una cosa, como un producto, para venderse en el mercado.

Esto ha estado sucediendo una y otra vez: los denominados gurús indios que van a América nunca consiguen cambiar a nadie, pero América consigue cambiarles a ellos. Todos se vuelven negociantes, todos empiezan a aprender los métodos americanos. Nunca cambian a nadie, no pueden. Si fueran capaces de cambiar a alguien no habrían ido a ninguna parte; los que quieren cambiar vendrían a ellos. No había necesidad de que fueran a ninguna parte: cuando alguien tiene sed empieza a buscar el agua. El pozo no necesita ir al sediento, el pozo nunca va; el sediento viene al pozo. Y si ves un pozo sobre ruedas, ¡ten cuidado!

 

Volverse consciente de la distracción es el mecanismo con el que deshacerse de la distracción.

 

Una afirmación inmensamente significativa. La única manera de librarse de la distracción es tomar conciencia de ella, observarla, ser consciente de ella en silencio, ver lo que te está haciendo la mente: distrayéndote continuamente. Simplemente obsérvala. Te olvidarás muchas veces, porque la mente es astuta, muy lista, muy diplomática; conoce todas las estrategias de los políticos. La mente es esencialmente como un político: probará todos sus hechizos mágicos contigo.

Te traerá lo que hayas estado reprimiendo. Si has estado reprimiendo el sexo, cuando empieces a meditar verás inmediatamente que descienden apsaras del cielo. La mente dice: «¡Mira! ¿Qué estás haciendo, perdiendo el tiempo? El dios Indra te está enviando mujeres hermosas y ¿qué estás haciendo?» Y si has estado reprimiendo el sexo, entonces tu mente usará el sexo como cebo contigo. Si has estado reprimiendo la ambición, tu mente empezará a imaginar que has llegado a presidente o a primer ministro, y empezarás a caer en esa trampa. Si tu mente ha estado privada de comida y has estado ayunando, la mente creará platos hermosos y deliciosos para ti: el aroma, el olor de la comida, y ya estás distraído.

Por eso, una de mis insistencias con mis sannyasins es: no reprimas, de lo contrario nunca serás capaz de meditar. Si reprimes, entonces tendrás que vértelas con tu represión en la meditación. Y lo que has estado reprimiendo se vuelve poderoso, inmensamente poderoso; echa raíces en tu inconsciente.

Crees que las viejas historias de los visionarios indios... Eran ancianos, todos viejos y casi muertos, encogidos, solo huesos, esqueletos, porque estaban ayunando y viviendo en bosques, y de pronto un día ven que Urvasi, la más bella bailarina del dios Indra, está bailando a su alrededor... ¿Qué vería Urvasi en esos esqueletos? ¿Cómo se interesó por esos esqueletos, y para qué? Las historias dicen que el dios Indra las envía para tentar. ¡Todo eso es una tontería! No existe ningún dios Indra y nadie está tentando. No hay ningún diablo, ningún Satanás; el único diablo es tu mente reprimida. Son personas que han estado reprimiendo su sexualidad, y han reprimido tanto que cuando se relajan en la meditación toda esa represión comienza a salir a la superficie: adquiere formas hermosas.

Reprime cualquier cosa y verás. Simplemente haz un ayuno de tres días y sabrás de lo que estoy hablando. Simplemente un ayuno de tres días y todos tus sueños estarán llenos de comida. Y existen todas las posibilidades de que un día, dormido, sencillamente empezarás a moverte, sonámbulo, hacia el frigorífico. Toda tu mente se obsesionará con la comida. Por eso digo: no reprimas.

Todas las terapias disponibles en este ashram son solo para ayudarte a vomitar todas las represiones que la sociedad te ha impuesto. Una vez que has vomitado esas represiones, que las has expulsado de tu sistema, una vez que esas toxinas han salido de tu sistema, la meditación se vuelve algo muy fácil y sencillo: como una pluma que cae lentamente a la tierra o una hoja muerta que cae del árbol, muy lentamente... La meditación es un fenómeno muy sencillo; tiene que serlo, porque es tu espontaneidad; vas hacia tu naturaleza. El movimiento hacia la naturaleza tiene que ser fácil; el movimiento de separación de la naturaleza tiene que ser difícil. La meditación no es difícil, pero entre tu mente y tu ser hay mil y una represiones que te distraen.

Lu-Tsu tiene razón: simplemente observa esas distracciones, permanece alerta. Si te distraes y te olvidas de la meditación, no te preocupes. En el momento en que recuerdes que te has distraído, vuelve, serénate otra vez, haz que el corazón vuelva a estar calmado, empieza a respirar silenciosamente de nuevo. No te sientas culpable por haberte distraído, porque eso será otra distracción. Por eso digo que la mente es astuta. Primero te distrae, y entonces un momento lo ves... ¿Qué estás haciendo? Estabas meditando, y has ido a Vrindavan y estás comiendo y... ¿qué estás haciendo? Te llevas a rastras. Y empiezas a sentirte culpable. Esto no es bueno. Ahora sentirte culpable es otra distracción, ahora la culpa hace que te sientas desdichado: la desdicha es otra distracción. Una distracción lleva a la otra.

No te sientas culpable, no te enfades. En el momento en que te pilles a ti mismo in fraganti, simplemente vuelve, sin quejas. Es natural. Hemos estado reprimiendo durante millones de vidas; es solo natural que la mente te distraiga. Dalo por sentado y vuelve, llévate de nuevo a tu centro, una y otra y otra vez. Y poco a poco el tiempo en el centro se volverá cada vez más prolongado, y habrá cada vez menos distracciones. Y un día, de pronto sucede: estás en el centro y no hay distracción.

Esto es el éxito. ¿Y por qué se le llama éxito? Porque éste es el punto en el que sabes que eres un dios, que nunca has sido otra cosa, que habías caído en un sueño y soñabas que te habías vuelto un mendigo.

 

La indolencia de la que hombre es consciente y la indolencia de la que el hombre es inconsciente están a kilómetros de distancia. La indolencia inconsciente es la verdadera indolencia; la indolencia consciente no es indolencia completa, porque aún hay algo de claridad en ella.

 

Si eres perezoso, sé conscientemente perezoso. Ten presente que eres perezoso. Observa tu pereza. De la misma manera que observas la distracción, observa tu pereza. Al menos observar no es perezoso; la observación no es pereza, de modo que hay algo que no es perezoso. Al estar atento a tu falta de atención, algo en ti aún está atento, de modo que no estás completamente distraído. Y toda la esperanza reside en ese pequeño punto sin pereza, sin distracción. Ese pequeño punto es como una semilla. Parece pequeña, pero si se le da tiempo, paciencia, se convertirá en un gran árbol con mucho follaje. Y un día llegará la Flor Dorada.

 

La distracción llega por dejar que la mente vague de acá para allá; la indolencia llega porque la mente todavía no es pura. La distracción es mucho más fácil de corregir que la indolencia. Es como con la enfermedad: si sientes dolores e irritaciones, se pueden socorrer con remedios; pero la indolencia es como una enfermedad que se atiende con falta de realización.

 

La distracción es más fácil de abordar, porque la distracción es externa. La indolencia es más difícil porque es interna. La distracción es masculina, la indolencia es femenina. La distracción, por su misma actividad, crea tensiones que se vuelven insoportables, y te das cuenta de ella fácilmente. Pero la indolencia es muy silenciosa, oscura; no hace ruido, simplemente está ahí. Es muy difícil darse cuenta de ella. Primero hay que tomar consciencia de las distracciones. Cuando desaparecen todas las distracciones, entonces uno toma consciencia de la indolencia. Entonces toda la energía está disponible para mirar hacia dentro; entonces la ves ahí, como una roca que te sujeta: inactivo, sin creatividad. Entonces obsérvala.

Y recuerda: observar es la única clave. La observación es meditación; en eso consiste la meditación. Es otro nombre de «ser consciente». Y el milagro es que cuando te vuelves consciente de algo, absolutamente consciente, desaparece. Solo permanece si eres inconsciente. Tu inconsciencia es un alimento para la distracción, para la indolencia. Tu consciencia significa que ya no se las está alimentando, que empiezan a morir de hambre; tarde o temprano se desvanecen por sí solas.

 

La distracción se puede contrarrestar, la confusión se puede poner en orden, pero la indolencia y el letargo son pesados y oscuros. La distracción y la confusión al menos tienen un lugar, pero en la indolencia y el letargo tan solo está activa el anima. En la distracción el animus aún está presente, pero en la indolencia rige la pura oscuridad. Si uno se adormila durante la meditación, eso es efecto de la indolencia. Solo la respiración sirve para superar la indolencia. Aunque la respiración que fluye entrando y saliendo por la nariz no es la verdadera respiración, el flujo de entrada y salida de la verdadera respiración tiene lugar en conexión con ella.

 

Si te sientes muy adormilado mientras meditas, entonces empieza a observar tu respiración y el adormecimiento desaparecerá. Ésa es la razón por la que muchos monjes budistas que hacen vipassana empiezan a padecer de insomnio. He encontrado muchas personas que padecían de insomnio porque practicaban vipassana y no eran conscientes de ello: si observas tu respiración, se arruina tu sueño.

De manera que a mis sannyasins les digo: no practiquéis nunca vipassana durante más de dos o tres horas al día, y esas tres horas deberían ser entre el amanecer y el atardecer, nunca después del atardecer. Si practicas vipassana por la noche perturbarás tu sueño, y perturbar el sueño es perturbar todo el mecanismo corporal.

 

Vino a verme un monje de Ceilán. Llevaba tres años sin poder dormir. Un monje sincero..., ése era su problema. Pensando que el vipassana es tan estupendo, practicaba día tras día. Practicaba vipassana incluso cuando estaba en la cama sintiendo que no llegaba el sueño. Pero si practicas vipassana en la cama, es imposible que llegue el sueño: el sueño nunca llega a la persona que está muy alerta a la respiración. Puedes probarlo; si necesitas tener insomnio puedes probarlo. Observar la respiración es la mejor manera de romper el adormecimiento en ti, porque la respiración es vida y el sueño es muerte; son antagónicos.

El niño empieza su vida con la respiración. El primer acto de la vida es la respiración, y el último acto de la vida será espirar y no volver a respirar nunca. El primer acto es la aspiración y el último acto es la espiración. Cuando no hay respiración decimos que este hombre está muerto.

Recuérdalo: el sueño requiere que te olvides completamente de tu respiración. El sueño es una pequeña muerte, una muerte diminuta... y una hermosa muerte, porque te aporta descanso, relajación, y mañana por la mañana saldrás de la cámara de la muerte fresco, más joven, rejuvenecido.

Observa tu respiración cuando te sientas adormilado en la meditación. Y nunca hagas ese tipo de meditaciones por la noche.

Y la segunda cosa muy importante que dice el sutra es: esta respiración que entra y sale no es la verdadera respiración, es solo un vehículo de la verdadera respiración. ¿Cuál es la verdadera respiración? En india la llamamos prana. Esta respiración es solo el caballo; el jinete es invisible. Esta respiración es solo el caballo del jinete llamado «prana», vitalidad, o lo que Henry Bergson solía llamar «élan vital.» Es invisible.

Cuando aspiras no solo estás tomando aire, también estás tomando vida. Sin aire la vida desaparecerá. La vida existe a través del aire; es la parte invisible del aire. La respiración es como la flor y la vida es como la fragancia que la rodea. Cuando respiras sucede un proceso doble. Por eso el yoga se interesó tanto en el pranayama. Pranayama significa expansión de la respiración. Cuanto más profundo va la respiración, más profundamente te llenas de vida; cuanto mejor respires, más larga podrá ser tu vida. El yoga se interesó mucho en el secreto. El elixir está en el sistema de la respiración. Se puede vivir mucho tiempo. Los yoguis son los que más tiempo han vivido.

No te estoy diciendo que vivas mucho tiempo, porque puedes tener una vida larga pero estúpida. La duración no es en absoluto la cuestión; la intensidad, la profundidad es la cuestión. No estoy interesado en una vida larga. ¿De qué sirve eso? Si eres estúpido, mejor morir antes.

 

Genghis Khan le preguntó una vez a un gran sabio: «¿Qué dices: deberíamos vivir mucho tiempo? ¿Deberíamos hacer algo para tener una larga vida? ¿Es la vida una bendición o no?»

El sabio dijo: «Señor, depende. Por ejemplo, si usted vive mucho tiempo, eso será muy malo. Si usted muere pronto, eso será una gran bendición. Si usted duerme veinticuatro horas al día, eso estará muy bien, porque habrá menos penalidades en el mundo.»

 

Depende. Pero el yoga se interesó mucho en una vida larga como si eso fuera una meta en si mismo. Y es ahí donde el yoga se perdió: se volvió cada vez más fisiológico; su interés quedó centrado en algo de poca importancia.

Pero el secreto está aquí: está en la respiración. La respiración es un vehículo de dos energías: una es el aire visible, el aire tangible, que contiene oxígeno; y en alguna parte en torno al oxígeno está el élan vital, el prana, que hace que estés cada vez más profundamente vivo, llameante de vida. De manera que cuando te sientas adormilado, simplemente observa tu respiración y el adormecimiento desaparecerá. Y debido a la respiración entrará en ti más vida; tu indolencia desaparecerá.

 

Mientras estés sentado, debes, por tanto, mantener siempre el corazón calmado y la energía concentrada. ¿Cómo se puede hacer que el corazón esté calmado? Con la respiración.

 

De nuevo, «Con la respiración.» La respiración ha funcionado como una de las grandes técnicas.

 

Solo el corazón debe ser consciente del flujo de entrada y salida de la respiración...

 

Simplemente observa cómo entra la respiración, cómo sale la respiración. Con esa misma observación, tu adormecimiento desaparecerá, tu indolencia desaparecerá, y te sentirás centrado.

La respiración puede observarse en dos puntos: bien en la punta de la nariz, donde el aire tiene su primer contacto al entrar en tu cuerpo, o bien en el último centro, en el centro del ombligo, donde va la respiración y hace que tu vientre suba y baje. Éstos son los dos centros que puedes observar.

Justo el otro día me preguntó alguien: «Osho, observar la punta de la nariz está bien, pero ¿qué hacer con una nariz judía?» En realidad, solo los judíos tienen narices, los demás solo creen que tienen. Si tienes una nariz judía, entonces observa la punta de la nariz, donde entra el aire. Una nariz judía es inmensamente útil en este tipo de meditaciones. Alégrate de tener una nariz judía. Y aquí al menos el cincuenta por ciento de la gente tiene una nariz judía, porque aquí el cincuenta por ciento de la gente es judía.

Al leer la pregunta me sorprendí mucho, porque estaba preocupándome por Lu-Tsu y su gente china, a la que estaba dando estos métodos. ¡Ellos no tienen nariz en absoluto! Debe de haber sido realmente difícil para ellos observar la punta de la nariz. ¿Qué punta?

 

Solo el corazón debe ser consciente del flujo de entrada y salida de la respiración; no debe oírse con los oídos. Si no se oye, entonces la respiración es ligera; si es ligera, es pura. Si se puede oír, entonces la energía de la respiración es agitada; si es agitada, entonces está ansiosa; si está ansiosa, entonces se generan la indolencia y el letargo y uno quiere dormir. Eso es obvio.

 

Hay que comprender cómo usar el corazón correctamente. Es un uso sin uso.

 

Esfuerzo sin esfuerzo, practicar sin practicar, un camino sin camino, una puerta sin puerta..., éstas son las expresiones del Tao y el Zen. Tienes que hacer algo sin esfuerzo, sin tensión.

 

Es un uso sin uso. Solo se debería dejar que la luz recaiga suavemente en la audición.

 

Tienes que estar en un estado de dejarte ser.

Ésa es la diferencia entre el yoga y el Tao: el yoga es el camino de la voluntad y el Tao es el camino de la entrega. El yoga dice que respires de una cierta manera; que aspires profundamente una cierta cantidad de aire, la mantengas ahí durante un cierto periodo de tiempo, entonces exhales profundamente, luego la mantengas fuera durante un cierto periodo de tiempo...; que guardes un cierto patrón mediante la voluntad. El Tao dice que dejes que suceda.

 

Solo se debería dejar que la luz recaiga suavemente en la audición.

 

Cuando estás escuchándome, mis palabras caen en tus oídos: no necesitas saltar sobre ellas, no necesitas forzarlas a que entren..., no hay necesidad. Simplemente permaneces atento, silencioso, disponible, abierto.

 

Esta frase contiene un significado secreto. ¿Qué significa dejar que recaiga la luz? Es la radiación espontánea de la luz de los ojos. El ojo solo mira hacia dentro y no hacia fuera. Sentir el resplandor sin mirar hacia fuera significa mirar hacia dentro...

 

Cuando estés en una especie de dejarte-ser, sentirás una gran luz dentro de ti.

Eso sucede automáticamente en el estado de dejarte ser. Cuando estés entregado a la existencia te sentirás muy brillante por dentro: una gran luz dentro y un gran deleite fuera. Sucede naturalmente. Y cuando sientes ese resplandor dentro, eso es lo que se quiere decir con «mirar hacia dentro».

 

Sentir el resplandor sin mirar hacia fuera significa mirar hacia dentro; no tiene nada que ver con una mirada hacia dentro real. ¿Qué significa audición? Es la audición espontánea de la luz del oído. El oído sólo escucha hacia dentro y no escucha lo que está fuera. Sentir el resplandor sin escuchar lo que está fuera es escuchar hacia dentro...

 

Cuando empiezas a sentir una luz detrás de los ojos y dentro de los oídos, en lo hondo de ti, una fuente propia, entonces estás asentado, centrado; entonces el corazón está calmado. Y entonces estás en el mundo y, sin embargo, más allá de él. Esto es la transcendencia.

 

...no tiene nada que ver con escuchar realmente lo que está dentro. En este tipo de audición, solo se oye que no hay sonido; en este tipo de visión, solo se ve que no hay forma.

 

No verás ninguna forma, no oirás ningún sonido dentro; verás solo una luz silenciosa: un sonido sin sonido, una luz sin forma. Por eso se define a Dios como un sonido sin sonido, una forma sin forma.

 

Si el ojo no está mirando hacia fuera y el oído no está escuchando lo de fuera, se cierran y tienden a hundirse hacia dentro. Solo cuando uno mira y escucha hacia dentro el órgano no va hacia fuera ni se hunde hacia dentro. De esta manera se eliminan la indolencia y el letargo. Esa es la unión de la semilla y la luz del sol y de la luna.

 

Si tu audición es interna, si tu visión es interna —y eso significa que estás sintiendo una luz sin forma, un sonido sin sonido, una música silenciosa dentro de ti—, tu hombre interno y tu mujer interna se han encontrado. Ésta es la unión, el orgasmo total, unio mystica.

 

Si, como resultado de la indolencia, te adormilas, deberías levantarte y caminar. Cuando la mente se haya aclarado, deberías volver a sentarte. Con el transcurso del tiempo, habrá éxito sin que uno se vuelva indolente y se duerma.

 

Estos sutras hay que practicarlos: sin práctica esfuérzate por penetrar en el secreto de estos sutras, sin tensión aprende a entregarte y a estar en un dejarte-ser.

 

Suficiente por hoy.

 

 

Capítulo 16

 

En el lago del vacío

 

La primera pregunta:

Por favor, ¿podrías comentar algo más sobre la diferencia entre el «proceso de individuación» de C. G. Jung y la esencia de El secreto de la Flor Dorada?

 

Habib, Carl Gustav Jung estaba tanteando en la dirección correcta, pero todavía no había llegado. No era su propia experiencia, era una filosofía. Estaba pensando en la individuación; estaba entrando en la idea de la individuación, cada vez más profundamente. Pero no era su propia meditación, no era su propia experiencia existencial.

El secreto de la Flor Dorada es un proceso alquímico. Son las palabras de los que han sabido.

Jung no era un individuo en el sentido de la individuación; todavía estaba dividido: tenía la mente consciente, la mente inconsciente y la mente inconsciente colectiva. No era uno; él mismo era una multiplicidad. Era una multitud, como lo es todo el mundo. Tenía todos los miedos, todas las avaricias, todas las ambiciones que se espera que tenga cualquier ser humano normal. No era un buda, no estaba iluminado. No había conocido su propio ser interno, que es intemporal.

En el momento de la iluminación interna, desaparecen todas las diferencias y las distinciones. Solo hay pura consciencia: ni consciente ni inconsciente ni inconsciente colectivo.

Está sucediendo lo mismo en India con Sri Aurobindo. Él también hablaba de la mente consciente y la mente supraconsciente, y así sucesivamente.

En el momento de la iluminación, la mente desaparece. Mente significa división. No importa que la dividas en consciente e inconsciente o que la dividas en consciente y supraconsciente: mente significa división. Individualidad significa indivisibilidad. Ése es el significado de la palabra individual: indivisible. La mente está abocada a ser una multitud. La mente no puede ser una; tiene que ser muchas por su propia naturaleza. Y cuando desaparece la mente, se encuentra lo uno. Entonces has llegado a casa. Eso es la individuación.

Pero aún así digo que Jung tanteaba en la dirección correcta..., pero seguía andando a tientas. Aún no ha llegado a la puerta, solo había soñado con la puerta.

Existen paralelos en la historia humana. Por ejemplo, Demócrito, el pensador griego, había topado, sin ninguna experimentación, con la idea del átomo. No existía la posibilidad de experimentar en su época, no estaba disponible ninguna de las técnicas sofisticadas modernas. No pudo haber dividido el átomo, no pudo haber llegado a la estructura atómica de la materia, pero especuló. Debió de ser un gran pensador..., pero solo un pensador. Topó con la idea del atomismo.

Luego tenemos a Albert Einstein y la física moderna. Ambos hablan de la estructura atómica, pero la diferencia es tremenda: Demócrito tan solo habla; la física moderna sabe.

En Oriente también se ha hablado del atomismo. Kanad, uno de los grandes pensadores de India, ha hablado del atomismo, y de una manera muy sutil, refinada; pero solo habla. De hecho, debido a que habló tanto de los átomos —toda su filosofía se basa en la hipótesis de los átomos—, se le llamó Kanad. Kan significa «átomo», Kanad significa «uno que habla continuamente de los átomos». Pero, con todo, era filosofía. No tenía experimentación verdadera, no se basaba en ninguna exploración científica; debió de ser un gran pensador, casi trescientos años antes de Albert Einstein, pero tropezó por casualidad, y digo tropezó, con la verdad del atomismo. Pero era una hipótesis no probada. Hay muchos paralelos como ése.

Lo mismo sucede con Carl Gustav Jung y el proceso del que estamos hablando: el proceso ofrecido por El secreto de la Flor Dorada.

El libro de El secreto de la Flor Dorada es un tratado alquímico: sabe, y si sigues el método tú llegarás a saber. Eso es absolutamente seguro. Y cuando digo esto, lo digo porque sé, porque he pasado por el proceso. Sí, la flor dorada florece en ti: llegas a un punto en el que desaparecen los muchos, desaparece la multitud, desaparecen los fragmentos de la mente y te quedas totalmente solo. Ése es el significado de la palabra solo: todo uno *.

Si piensas en ello, el pensamiento está abocado a llevarte a cierta línea. Si piensas en ello, entonces preguntarás cómo llegar a lo uno, cómo hacer que se unan estos fragmentos de la mente, cómo conglutinarlos. Pero ésa no será una unidad real. Conglutinados o no, permanecen separados. Una multitud puede ser transformada en un ejército: eso significa que ahora está conglutinada, ya no es una masa alborotada. Pero los muchos aún son muchos, quizá con una cierta disciplina; como si hay un montón de flores y haces una guirnalda con esas flores: pasa un hilo por todas las flores y les da un cierto tipo de unidad.

Eso es lo que estaba tratando de hacer Jung. Cómo unir estos fragmentos, cómo aglutinarlos; ése es todo su proceso de individuación.

La verdadera experiencia de la individuación es totalmente diferente: no aglutinas estos fragmentos, simplemente dejas que desaparezcan, los desechas. Y entonces, cuando todos los fragmentos de la mente han desaparecido, se han alejado más y más de ti, de pronto encuentras lo uno. Se encuentra en la ausencia de la mente; no uniendo la mente con una cierta disciplina, no ensamblando la mente en cierto tipo de unión. La unión no es unidad. La unión es tan solo un orden impuesto en un caos.

Esto se puede hacer, y entonces tendrás un tipo falso de individuación. Te sentirás mejor que antes, porque ahora no serás una multitud, una masa alborotada, no habrá muchos ruidos. Habrán adquirido un cierto tipo de armonía, habrá surgido en ti un cierto ajuste. Tu mente consciente será amigable con el inconsciente, no antagónica. Tu inconsciente será amistoso con el inconsciente colectivo, no antagónico. Habrá un hilo que pasa por las flores: serás más como una guirnalda que como un montón. Sin embargo, la individuación, en el sentido en el que hablo aquí, no habrá sucedido.

La individuación no es la unidad de la mente, sino la desaparición de la mente. Cuando estás absolutamente vacío de la mente, eres uno. Ser una no-mente es el proceso de la verdadera individuación.

Jung tanteaba en la oscuridad, y se acercó mucho, igual que Demócrito se acercó mucho a las estructuras subatómicas de la materia; pero estaba tan lejos de la verdadera individuación como lo estaba Demócrito de la verdadera física moderna. La física moderna no es una especulación, es un fenómeno probado.

Para el libro de El secreto de la Flor Dorada, la individuación no es especulación, es experiencia. Antes de poder conocer lo uno, hay que decir adiós a los muchos: hay que ser capaz de vaciarse completamente. La individuación es el florecimiento del vacío interno; sí, exactamente eso: la flor dorada florece en ti cuando estás absolutamente vacío. Es una flor en el vacío; en el lago del vacío florece el loto dorado. De manera que el proceso es totalmente diferente. Lo que está haciendo es intentar juntar todas las piezas, volver a pegarlas. Puedes pegarlas, pero nunca volverás a tener el mismo espejo. Un espejo roto es un espejo roto.

 

 

 

 

* Juego de palabras en el original: alone (solo) y all one (todo uno). (N. del T.)

 

 

 

En Oriente el trabajo se ha hecho desde una dimensión totalmente diferente: tenemos que soltar esta mente; poco a poco hay que deshacerse de cada parte de la mente. En la consciencia profunda, en el estado meditativo, los pensamientos desaparecen; tarde o temprano la mente queda sin contenido. Y cuando la mente no tiene contenido, es no-mente, porque la mente en sí no es más que todo el proceso del pensamiento. Cuando estás sin pensamiento, cuando ni siquiera hay un solo pensamiento moviéndose en tu ser, entonces hay no-mente. Lo puedes llamar individuación, lo puedes llamar samadhi, lo puedes llamar nirvana o lo que quieras.

Pero ten cuidado: personas como Jung pueden ser muy atrayentes, porque hablan en términos que son realmente hermosos. Hablan de la individuación y puede que empieces a pensar que la individuación de Jung es la misma. No es la misma, no puede ser la misma: él mismo nunca meditó.

Le tenía mucho miedo a la meditación. Básicamente, le tenía miedo a Oriente. Y cuando su amigo, Richard Wilhelm, que había traducido el I Ching al alemán y que era también el traductor de El secreto de la Flor Dorada, se volvió loco, Jung se asustó todavía más. Entonces empezó a decir que los métodos de Oriente no son útiles para Occidente, que son peligrosos. Entonces empezó a decir que los métodos orientales no deberían usarse en Occidente porque Occidente ha seguido una línea de evolución totalmente diferente. Yoga, Tantra, Tao, Zen, Sufismo..., la mente occidental no debería probar ningún método oriental; entonces empezó a decir eso. Estaba realmente asustado. Y no era consciente de lo que estaba diciendo: nunca había probado estos métodos.

Wilhelm se volvió loco, no porque usara estos métodos; se volvió loco porque estaba intentando hacer una síntesis de la psicología occidental y la psicología oriental. Eso puede volverte loco. No estaba practicando, no practicaba la meditación. Estaba filosofando.

En la filosofía, Oriente y Occidente no pueden encontrarse; es imposible. En la filosofía no puedes hacer que la muerte y la vida se encuentren; en la filosofía no puedes hacer que lo positivo y lo negativo se encuentren. Pero en la realidad se encuentran: en la realidad, lo positivo nunca existe sin lo negativo, en la realidad la muerte no es más que la culminación de la vida, en la realidad el silencio y el sonido son dos aspectos del mismo fenómeno. En la realidad, el hombre y la mujer están juntos, son uno; pero en la filosofía no puedes hacer que se encuentren, porque la filosofía es un proceso de la mente. La mente divide, la mente no puede unir; solo se encuentran en un estado de no-mente, en la experiencia existencial.

Sucedió que...

 

Un místico sufí, Baba Farid, recibió un regalo de un rey. El regalo eran unas bellas tijeras, doradas, con diamantes ensartados. El rey les había tenido mucho aprecio; algún otro rey se las había dado a él como regalo.

Cuando fue a ver a Farid, pensó: «Éste será un hermoso regalo.» Así que llevó esas tijeras.

Farid las miró, se las devolvió al rey y dijo:

«¿Qué puedo hacer con ellas aquí? Porque unas tijeras cortan, separan, dividen. No me servirán para nada. En vez de tijeras, deme una aguja, que junta, que une las cosas. Una aguja será un regalo que me representa mejor que unas tijeras.»

 

La mente es como unas tijeras: sigue cortando; es como una rata, un ratón que sigue royendo.

Te sorprenderá saber que una de las figuras mitológicas en India es Ganesh, el dios con cabeza de elefante. Es el dios de la lógica. Va montado sobre una rata; la rata es su vehículo. La lógica es como una rata: roe. Es como las tijeras.

La mente siempre divide las cosas. La mente es una especie de prisma: pasa por él el rayo de luz blanca y se vuelve dual. La vida y la muerte no son vida-y-muerte. La realidad es vidamuerte. Debería ser una palabra, no dos, sin ni siquiera un guión en medio. La vidamuerte es un fenómeno, el amorodio es un fenómeno, la oscuridadluz es un fenómeno, lo negativopositivo es un fenómeno. Pero al pasar este fenómeno por la mente, lo uno inmediatamente se divide en dos. La vida-muerte se convierte en vida y muerte; no solo divididas, sino que la muerte se vuelve antagónica de la vida: son enemigas. Ahora puedes seguir intentando que se encuentren las dos, y nunca se encontrarán.

Kipling tiene razón: «El Este es el Este y el Oeste es el Oeste, y los dos nunca se encontrarán.» Lógicamente, es verdad. ¿Cómo va el Este a encontrarse con el Oeste? ¿Cómo va el Oeste a encontrarse con el Este? Pero existencialmente es una absoluta tontería; se están encontrando en todas partes. Por ejemplo, estás sentado aquí, en Puna: ¿es el Este o el Oeste? Si lo comparas con Londres, es el Este, pero si lo comparas con Tokio es el Oeste. ¿Qué es exactamente, Este u Oeste? En cada punto, el Este y el Oeste se están encontrando, y Kipling dice: «Los dos nunca se encontrarán.» Los dos se están encontrando en todas partes. No hay ningún punto en el que no se estén encontrando el Este y el Oeste, y no existe ningún hombre en el que no se estén encontrando el Este y el Oeste; no puede ser de otra manera. Tienen que encontrarse, es una sola realidad: Este, Oeste..., un solo cielo.

Pero la mente divide. Y si estás intentando unir las cosas con la misma mente, te volverás loco. Eso es lo que le sucedió a Richard Wilhelm, un hombre muy hermoso, un genio por derecho propio, pero solo un intelectual. Y cuando se volvió loco, naturalmente Jung tuvo miedo: fue Wilhelm quien había introducido a Jung en estos libros secretos de Oriente, el I Ching y El secreto de la Flor Dorada. Había persuadido a Jung para que escribiera un comentario de este libro. Jung le cogió mucho miedo a Oriente. Hablaba de estas cosas pero nunca intentó en modo alguno practicarlas. Y ha prescrito al hombre occidental que Occidente tiene que desarrollar su propio yoga, sus propios métodos de meditación; que no debería seguir los métodos orientales. Es tan estúpido como algunos chauvinistas orientales que dicen que Oriente debería desarrollar su propia ciencia, su propia física, su propia química; que no debería seguir a Occidente porque estos métodos se han desarrollado en Occidente. No se pueden seguir porque «el Este es el Este y el Oeste es el Oeste».

¿Crees que Oriente tiene que desarrollar su propia química? ¿Qué diferencia habrá? ¿Tiene que desarrollar Oriente su propia física? ¿Qué diferencia habrá? ¿Se evaporará el agua de manera diferente en Oriente a como se evapora en Occidente? Nada será diferente. Y si es así con la materia, es así también con la consciencia interna.

Todas las diferencias son superficiales. Todas las diferencias están en tus condicionamientos, no en tu ser. Tu ser esencial es el mismo; no importa que tengas la piel de un hombre blanco o de un hombre negro. La única diferencia es un poco de color. Antiguamente solían decir: la única diferencia es un poco de pigmento: cuatro grados. El hombre blanco tiene un poco menos de pigmento que el negro. Recuerda: el hombre negro es más rico, cuatro grados más rico; pero solo cuatro grados de diferencia en el color del cuerpo. Tarde o temprano, seremos capaces de inventar inyecciones para que un blanco pueda volverse negro y un negro pueda volverse blanco. ¡Una pequeña inyección y por la mañana eres un negro perfecto! La diferencia no es mucha; es solo superficial, solo en la superficie. Y así es también la diferencia de la mente.

Desde luego, un hindú tiene una mente diferente a la de un mahometano o un judío, pero la mente no es más que lo que te han enseñado. Cuando nace un niño no es ni judío ni hindú ni cristiano. Es simplemente pura esencia. Si el niño nace de padres judíos y es educado por padres hindúes, tendrá una mente hindú, no una mente judía; nunca se dará cuenta de que era judío, su sangre no lo mostrará. La sangre no muestra en absoluto quién es quién. No puedes ir a que te analice la sangre el médico y te diga si eres hindú o mahometano. Tus huesos no lo mostrarán..., de manera que la diferencia es solo de ropaje, vestimenta, y nada más; detrás de las vestimentas, la misma humanidad desnuda.

De modo que, ¿de qué tonterías está hablando Jung, que Occidente tiene que desarrollar su propia alquimia, su propio Tantra, su propio Tao? Pero tenía miedo: ésta es su manera de evitar enfrentarse con su propio miedo.

Occidente no tiene que desarrollar nada sólo porque es Occidente. Sí, toda era tiene que desarrollar sus propios métodos, pero eso es un asunto diferente. No tiene nada que ver con Oriente y Occidente. Estoy desarrollando nuevos métodos porque muchas cosas han cambiado. En estos veinticinco siglos desde Buda han cambiado muchas cosas. Buda estaba trabajando con una consciencia condicionada diferente.

Han cambiado muchas cosas; el hombre se ha vuelto más maduro: duda más, es más escéptico, se le hace más difícil decir «sí», prefiere explorar; pero sin ninguna creencia, no puede confiar fácilmente; la desconfianza se ha arraigado mucho, ya no es inocente, el conocimiento le ha corrompido. Se han producido estos cambios. Conforme a estos cambios, hay que cambiar algunas cosas en los métodos. Pero no tiene nada que ver con Oriente y Occidente. Y especialmente en la era moderna, hablar de Oriente y Occidente es una pura majadería.

El globo es uno. Por primera vez ha sucedido este hermoso fenómeno en el mundo: somos globales, somos universales. Las naciones son solo residuos, residuos del pasado: viejos hábitos que se resisten a morir. Y como los viejos hábitos se resisten a morir, el hombre está sufriendo innecesariamente.

Ahora la ciencia y la tecnología han hecho posible que ningún ser humano permanezca en una especie de semi-inanición. Pero los viejos límites de las naciones están impidiendo esto. Si la gente es pobre en el mundo no es porque ahora no haya métodos para ayudarles, sino debido a las naciones y los estados y los confines políticos. El hombre ahora es suficientemente capaz de convertir toda esta Tierra en un paraíso, pero los políticos no permitirán esto. Lo que esta generación tiene que hacer tarde o temprano, y cuanto antes mejor, es disolver las naciones. Necesitamos un mundo, y ese mundo único será la respuesta a muchas cuestiones y muchos problemas.

La pobreza puede desaparecer inmediatamente si el mundo se considera como una totalidad y si se usa todo lo que el hombre ha inventado, descubierto. De otra forma, la pobreza no puede desaparecer, va a persistir. La enfermedad puede desaparecer del mundo, el hombre puede volverse cada vez más sano. Todos los medios están disponibles, solo la vieja mente podrida sigue aferrándose.

Mi propia sugerencia es a favor de un gobierno mundial. Ya no es necesario ningún gobierno nacional, todos los gobiernos nacionales son obsoletos. Pero los políticos no permitirán que suceda. ¿Por qué? Porque si sucede, entonces todos ellos desaparecerán. ¿Dónde estará Morarji-bhai Desai? ¿Dónde estarán todos estos primeros ministros y presidentes? Todas estas personas se volverán insignificantes. Entonces no pueden armar líos y no pueden hacer mucho ruido en el escenario. Serán olvidados. Son realmente inútiles, hay que ponerlos en museos. Ya no son necesarios.

El mundo necesita un gobierno. El mundo necesita que desaparezcan todas las naciones, solo entonces desaparecerán las guerras; de otra forma, habrá guerras estúpidas, tan solo por pequeños trozos de tierra que no le pertenecen a nadie y le pertenecen a todo el mundo. Las guerras solo pueden desaparecer si desaparecen las naciones: son derivados de las naciones. Pero a los políticos no les gusta eso, toda su importancia desaparecerá. De hecho, los políticos quieren más y más naciones.

India era una nación, pero los políticos indios decidieron tener dos, India y Paquistán, para que pueda haber el doble de primeros ministros, presidentes, ministros y todo tipo de bufones. Pero entonces Paquistán fue dividido en dos de nuevo, porque si Paquistán era uno, entonces los bengalíes estaban sufriendo: no eran primeros ministros y no eran presidentes. Tenían que separarse de Paquistán. Ahora India se ha convertido en tres países, y si esto continúa de esta manera, India se convertirá en muchos países.

Ahora, en el fondo, el sur de India quiere separarse del norte de India por la cuestión de la lengua. Ahora dicen que son una raza diferente: dravidianos, y el norte es una raza diferente: arios. «Nuestra sangre está separada, nuestro ideal está separado, nuestra lengua está separada.» De modo que la idea de separarse del norte se está volviendo cada vez más poderosa, porque entonces tendrán su propio primer ministro. Hasta ahora todos los primeros ministros han sido del norte.

Hacen que el presidente sea del sur solo para consolarlos, porque el presidente en India es una nulidad. Es como la reina de Inglaterra: es la cabeza nominal del país, sin ningún poder. Solo para consolar al sur, todos los presidentes son del sur. Y el primer ministro es el hombre poderoso, todo el poder es suyo; es del norte. Ahora el sur está sufriendo, particularmente los políticos del sur están sufriendo muchísimo. Tarde o temprano, el sur querría separarse.

El mundo sigue dividiéndose en partes pequeñas. Si todos los políticos son permitidos, entonces cada pueblo será una nación, porque entonces cada pueblo tendrá sus propios políticos, su propio parlamento, presidente, primer ministro, ministros..., si se permite. ¿Pero por qué no se permite? No se permite, de nuevo por una razón política: porque si el sur de India se separa, entonces Morarji Desai pierde la mitad de su poder. De manera que los que están en el poder se resisten: no quieren que el país se divida. Y los que no están en el poder intentan dividir el país. Y esto continúa.

El mundo necesita simplemente decidir un día desechar todos estos disparates y volverse uno. No se deberían necesitar pasaportes, no se deberían necesitar visas. Necesitamos una ciudadanía del mundo. Necesitamos libertad de movimientos. ¿Por qué tanta desconfianza? ¿Por qué tanto antagonismo, unos contra otros? Esta Tierra es nuestro planeta, deberíamos poder movernos libremente. Este mundo todavía no es un mundo libre debido a los residuos del pasado. Pueden ser desechados. Y al desecharlos, el mundo puede volverse tan rico como quieras, tan sano como quieras; la pobreza puede desaparecer.

La pobreza no va a desaparecer porque Mahatma Gandhi viaje en un compartimento de tercera clase. Esto son solo estrategias, estrategias políticas. ¿Cómo va a desaparecer la pobreza porque Mahatma Gandhi viaje en un compartimento de tercera clase? En realidad, ¡está abarrotando el compartimento de tercera clase, que ya está abarrotado! Si hubiera ido en un compartimento con aire acondicionado, al menos habría habido una persona menos en la multitud. Y estas cosas no ayudan. Pero a los pobres les gustan estas cosas.

Piensan que su pobreza es algo muy especial: «Mira, incluso Mahatma Gandhi va en un compartimento de tercera clase. Mira a Mahatma Gandhi, vive como un pobre.»

De modo que la pobreza tiene algo espiritual. Hay que venerar la pobreza, por eso el mundo permanece pobre. Y donde se venere la pobreza, esas personas van a seguir siendo pobres.

En India la pobreza es venerada, como si hubiera algo espiritual en ella. Es patológico. No hay nada espiritual en ella. Ser pobre significa simplemente: eres estúpido, no puedes arreglártelas. Ser pobre significa solo que estás demasiado apegado a las viejas formas que ya no son útiles en el mundo. Ser pobre significa simplemente: no eres inventivo, no eres creativo. Ser pobre significa simplemente que no eres inteligente. No es nada espiritual; simplemente da evidencia de falta de energía, falta de inteligencia.

La pobreza debería ser condenada. La pobreza no debería ser venerada. Tenemos que cambiar toda la consciencia del hombre con respecto a estas cosas; entonces pueden dispersarse muy fácilmente. Tecnológicamente somos capaces de vivir en un mundo muy opulento, pero psicológicamente no somos capaces de vivir en un mundo opulento.

Sucede que una persona se hace rica pero sigue viviendo la vida de un pobre..., y la gente lo aprecia mucho. Dicen: «Mira, tiene muchas riquezas, es muy rico, y sin embargo, observa la simplicidad de ese hombre.» ¡Es la pura bobería del hombre! ¿Por qué no debería vivir las riquezas que ha alcanzado con mucho trabajo y esfuerzo? Es simplemente un avaro. No saber vivir ricamente. Oculta su incapacidad de vivir ricamente detrás de una hermosa fachada: que es «sencillo». Tenemos que cambiar estos ideales.

La pobreza es fea, tan fea como la enfermedad. Pero va a permanecer ahí si permanecen las naciones, va a permanecer ahí si permanecen los políticos. Va a seguir existiendo si el mundo permanece dividido. Las guerras continuarán. Podemos seguir hablando de paz pero seguiremos preparándonos para la guerra, porque la paz es solo charla. El residuo del pasado es grande. ¿Cuál es el residuo? Tres mil años de discutir y luchar y asesinar y matar continuamente: ése es nuestro pasado.

Tenemos que desconectarnos del pasado. El hombre occidental tiene que desconectarse del pasado occidental, el hombre oriental tiene que desconectarse del pasado oriental, el hindú del pasado hindú y el cristiano del pasado cristiano. Y la metodología de desconectarse del propio pasado va a ser la misma; no puede ser oriental, no puede ser occidental. La metodología de desconectarse de todos los cuelgues del pasado va a ser la misma.

Pero Jung tenía mucho miedo. Tenía miedo de entrar en el silencio, tenía miedo de entrar en su propio ser interno, porque ese ser interno primero se experimenta como absoluto vacío. Pero no dirá que tiene miedo; dirá que tiene que desarrollar métodos occidentales.

No hay métodos orientales ni métodos occidentales; los métodos son métodos. Y cuando estás tratando de ir más allá de la mente, es el mismo método: la consciencia. ¿Qué harás en Occidente, qué puedes hacer excepto ser consciente? Ser consciente, estar alerta, estar en el momento, espontáneo y total, estés donde estés, te ayudará a deshacerte de todo el pasado: político, social, religioso. Y una vez que estás desconectado del pasado, tu mente desaparece, porque tu mente no es más que el pasado que te ronda. La mente es memoria, la memoria es pasado, y cuando no hay mente estás absolutamente aquí, brillantemente aquí y ahora. En ese estado luminoso de estar aquí y ahora está la individuación, en el sentido del libro de El secreto de la Flor Dorada. Pero Jung pensaba en la dirección correcta... Solo pensaba.

Habib mismo es un analista jungiano, de ahí la pregunta. Puede que le resulte muy difícil comprender lo que estoy diciendo. Ha hecho también otra pregunta. Dice: «Osho, me duele cuando mencionas a Freud, Jung y Adler en la misma línea. Parece como si estuvieras mencionando juntos a Buda, Cristo y Nixon.»

Te resultará difícil, Habib. Pero la verdad es que Freud es un genio, Jung y Adler son solo pigmeos, solo pigmeos, no alcanzan su altura. Freud es un pionero. Ha aportado algo de inmenso valor a la humanidad. Freud es la fuente, el árbol mismo. Jung y Adler son solo ramas. Freud puede existir sin Jung y Adler, no se perderá nada; pero Jung y Adler ni siquiera pueden existir sin él. No se puede concebir ¿Puedes concebir a Jung y a Adler si no hubiera existido Freud? Es imposible incluso concebirlo: son sus hijos. Incluso si le han desobedecido, incluso si se han rebelado contra él, eso da lo mismo: puedes pelear con tu padre, puedes ir en su contra, pero sigue siendo tu padre. Puedes luchar con él, puedes asesinarlo, pero sigue siendo tu padre. No puedes matar la relación. Puedes matar al padre, pero no puedes matar su paternidad. Eso está absolutamente determinado. Ya no hay manera de deshacerlo.

Freud es el padre; Jung y Adler son solo hijos rebeldes, pequeñas ramas que tratan de alejarse, de alejarse todo lo que pueden del árbol padre. Pero no pueden ir muy lejos porque en el fondo aún toman su forma del mismo árbol, en el fondo siguen estando unidos. Son reacciones en contra de Freud. Y la razón no es que hayan sido capaces de desarrollar algo muy nuevo; nada por el estilo. Jung es a Freud lo que Judas es a Cristo.

Sucede siempre: el discípulo más cercano puede traicionar al maestro muy fácilmente. Judas era el discípulo más cercano de Jesús, el discípulo más inteligente, más culto; más inteligente, más culto que ninguno. De hecho, era más culto que el mismo Jesús; era el más sofisticado. Y por supuesto, esperaba que él sería el segundo: cuando Jesús se haya ido, él será el líder. Estaba muy próximo a Jesús, y naturalmente empezó a surgir en él una envidia y un ego profundos: ¿por qué no podía él ser el primero? ¿Cuánto tiempo tenía que esperar? Y sabe más y es más elocuente que Jesús. Jesús era inculto. Naturalmente, debió de haber empezado a pensar de esta manera, y surgió el conflicto. Debió de haber sido muy egocéntrico.

Y esto no es algo que haya sucedido solo una vez, ha sucedido muchas veces. Sucedió con Mahavira: su propio yerno le traicionó; era su discípulo, y luego se fue con otros quinientos discípulos. El propio primo hermano de Buda, Devadatta, le traicionó: trató de asesinar a Buda, de envenenarle. ¿Por qué? Porque Devadatta estaba siempre pensando que él era tan bueno como Buda: «Así que, ¿por qué se respeta tanto a Buda y a mí no? Hemos crecido juntos, hemos sido educados por los mismos profesores, pertenecemos a la misma familia, la misma familia real..., ¿por qué él se ha iluminado y yo soy todavía un discípulo?» Quería declararse iluminado él también. Era por ambición, por envidia, por ego. Y lo mismo sucede con Jung y Adler y otros pocos.

Freud es una revolución, Freud es un hito en la historia de la consciencia humana, una gran fuerza transformadora; él mismo no estaba iluminado como Buda o Mahavira o Jesús, pero es un gran revolucionario en lo referente al pensamiento y ha abierto una puerta que posibilita muchas cosas. Sin Freud no habría sido posible que Occidente comprendiera el Tantra. Sin Freud, el hombre occidental habría vivido con puritanismo victoriano, con falsedad victoriana, con hipocresía. Freud abrió las puertas: para ser más real, para ser más auténtico, para ser más honesto y verdadero. Jung y Adler son solo ramas.

Jung venía después de Freud. Freud mismo lo había elegido como su sucesor; por eso digo que era casi como un Judas. Pero Freud erró, erró en la elección misma. Él mismo no estaba iluminado. Debió de haber elegido al más egocéntrico porque el más egocéntrico es el más activo. Jung era el más egocéntrico. Puedes mirar las viejas fotos de él con Freud y con los demás discípulos: Jung parece el más egocéntrico; ni siquiera en las fotos puede ocultarlo, es imposible de ocultar. Lo lleva escrito en la cara.

Freud debió de elegirle a él porque era elocuente, tenía talento, era activo, tremendamente activo; era capaz de filosofar, especular, argumentar. Pero todas esas cualidades eran tales que tarde o temprano Jung se dio cuenta de que podía ser un maestro por derecho propio, podía empezar una nueva escuela de psicología por derecho propio; ¿por qué iba a molestarse en hacer el papel de segundón? Podía ser el número uno, el primero, el delantero. Empezó su propia escuela.

Su escuela es solo una reacción, una reacción a Freud, y su comprensión nunca profundizó mucho. Aunque estaba tanteando en la dirección correcta; pero lo repito: era un tanteo, no era consciente de ello. Simplemente se estaba alejando todo lo que podía de Freud.

Freud tenía una actitud muy científica; Jung empezó a adentrarse en el mundo del arte, simplemente para alejarse de Freud. Empezó a ir en la dirección apropiada por accidente. Freud era muy matemático; Jung empezó a volverse poético. Freud era muy objetivo; Jung empezó a volverse cada vez más mitológico. Eso era debido a la reacción: tenía que probar que estaba separado, absolutamente separado de Freud; tenía que desechar todo tipo de vínculos con Freud, tenía que convertirse en su polo opuesto..., sin darse cuenta de ello, inconscientemente. Pero, en cierto modo, esto fue bueno. Fue bueno en el sentido de que tropezó con varios hechos con los que Freud no habría tropezado por sí mismo, porque era tan prosaico, práctico, pragmático, científico; un realista. Y hay muchas cosas que los hechos no pueden contener.

Hay millones de cosas que no pueden ser reducidas a hechos. Y cuanto más asciendes, cuanto más profundizas, más difícil se vuelve hablar el lenguaje de la ciencia o usar el lenguaje de la ciencia. Tienes que tener más libertad poética; necesitas la poesía, necesitas la ficción para expresarlo. La mitología se vuelve el único medio para expresar ciertas alturas y profundidades.

Pero Habib debe de sentirse herido. Ha sido un analista jungiano y ahora ha caído en mis manos. Y voy a darle lo más fuerte que pueda..., porque tengo que crear algo totalmente nuevo con él: no un analista, sino un individuo. Tengo que darle individuación, y para eso tendrá que sufrir mucho también, tendrá que atravesar muchos fuegos. Esto también es un fuego. Y una vez que veo tus ataduras empiezo a atacarlas. Su atadura es con Jung. Ahora, debido a esa atadura, Habib, incluso Jung tiene que sufrir.

 

 

La segunda pregunta:

¿Por qué usas parábolas?

 

Una parábola es realmente una manera de decir cosas que no pueden decirse. Una parábola es un dedo que señala la luna: olvídate del dedo y mira la luna. No te agarres al dedo, no empieces a morder el dedo. La parábola hay que comprenderla y olvidarla.

Y ésa es la belleza de una parábola, de una historia: cuando se dice, escuchas atentamente porque una historia siempre despierta la curiosidad...; ¿qué va a suceder? Pones atención, eres todo oídos, te vuelves femenino. Te intrigas mucho, empiezas a esperar... ¿Qué va a suceder? La parábola crea suspense. Llega a un clímax y luego, de repente, la conclusión. Y cuando, después del clímax, sucede la conclusión, estás tan acalorado que la conclusión penetra muy profundamente en tu corazón.

Decir algo acerca de la verdad no es un asunto fácil. Hay que idear parábolas, poesías, diferentes métodos y medios para poder suscitar en el oyente una especie de pasión, para que pueda volverse vibrante, disponible; para que pueda esperar a lo que va a suceder.

Y no soy solo yo el que usa parábolas; siempre ha sido así. Buda las usó, Chuang Tzu las usó, Jesús las usó..., todos los grandes maestros del mundo han usado la parábola como metodología.

Y ha cumplido su propósito a lo largo de los tiempos, y aún es inmensamente significativa..., y va a seguir siendo significativa.

Una parábola no es solo una historia; solo para entretenerte un momento; su significado es eterno, su significado no es momentáneo. De hecho, es más significativo que lo que llamáis hechos, porque los hechos tienen un impacto limitado. Un hecho es un evento: sucede y luego desaparece.

Y después de que ha desaparecido, no hay manera de tener certeza acerca de ello, no hay manera en absoluto.

No puedes tener certeza sobre si Jesús existió o no, si Jesús es una persona histórica o no; no puedes estar absolutamente seguro. Como mucho, puedes sentir la probabilidad de que quizá haya existido. Pero la duda persiste: puede que no haya existido, ¿quién sabe? Porque, excepto sus cuatro discípulos, nadie le menciona, nadie en absoluto.

Pero puede que estos cuatro discípulos hayan sido tan solo la invención de un novelista... Toda la historia es tan dramática. Tiene todo lo que necesita una historia dramática, todo lo que sirve de base a una película moderna: una prostituta que se enamora de Jesús, el hijo de un carpintero que se declara hijo de Dios, un joven que hace milagros, que abre los ojos de los ciegos, da miembros a los que no los tenían, ayuda a la gente a ser sana y total, a los que han sufrido toda su vida; no solo eso, sino que hace surgir de su tumba a Lázaro. ¿Qué más suspense, qué más necesitas para hacer una historia dramática? Y luego lo capturan, luego toda la intriga política, luego los esfuerzos para matarle, y luego un día es crucificado. Y la historia no acaba ahí: luego, a los tres días resucita. Ninguna novela de detectives tiene tanto.

La resurrección... Luego le ven con sus discípulos. Se encuentra de nuevo con sus discípulos y ni siquiera le reconocen. Y entonces, este hijo de un carpintero, sin cultura, sin sofisticación, se convierte en el fundador del mayor imperio religioso del mundo; vence a todos los demás profetas y a todos los demás mensajeros de Dios. Pero ¿qué credenciales tenía? Buda es hijo de un rey, pero este hijo de carpintero ha vencido a Buda en lo que respecta al número de seguidores. Sócrates no tiene ni un solo seguidor en el mundo hoy en día, y era un hombre muy sofisticado, muy inteligente, absolutamente inteligente, y tiene la misma historia. Fue envenenado y matado, pero no pudo acumular ningún seguidor. ¿Qué sucedió? ¿Cómo sucedió? ¿Y existió realmente este hombre, Jesús; fue una figura histórica? Porque ningún libro de historia menciona su nombre, no hay ningún monumento. Puede que haya sido una ficción, una historia ficticia.

Los eventos históricos no pueden probarse una vez que han sucedido, no pueden probarse totalmente, absolutamente. Como mucho siguen siendo más o menos probables. Pero una parábola tiene una realidad eterna. No alega ninguna historicidad, simplemente alega un mensaje. No tiene nada que ver con eventos que suceden en el tiempo. Una parábola es algo que sucede en la intemporalidad, que permanece relevante.

Que Jesús existiera o no, no es la cuestión, pero las historias que contó sí lo son; no importa que las contara él o sean invenciones ficticias de algún novelista. Pero esas parábolas tienen mensajes eternos, algo tan eterno que el tiempo no puede hacerlas irrelevantes; ningún paso del tiempo puede hacerlas irrelevantes.

La verdad de una parábola es intemporal. La verdad de una historia es la verdad acerca de ciertos sucesos en el presente o el pasado. Una vez pasados, no hay manera de probar, más allá de toda duda, que sucedieron realmente; lo único que se puede establecer es solo una probabilidad. La única verdad en la que podemos confiar es la verdad que está en tiempo presente. Solo la verdad de una parábola puede hablarnos para siempre en tiempo presente, porque está más allá de todo tiempo. Una parábola permanece siempre en tiempo presente; nunca es pasado. Una parábola siempre es presente; si estás listo para comprenderla, ella está lista para ofrecerte todo su tesoro. Y no depende de las condiciones arbitrarias de la historia. La parábola y la historia pueden coincidir: una historia que es históricamente verdadera puede presentarnos también la verdad de la parábola.

Puede que la historia de Jesús o de Buda sea históricamente precisa, pero incluso si lo es, es la verdad de la parábola lo que nos sana, no la verdad de la historia. No importa que Jesús existiera o no, que Buda naciera en la Tierra o no; eso no importa. Solo la parábola, la posibilidad de que un buda sea posible, es suficiente para avivar nuestros corazones con un nuevo anhelo; es suficiente para hacernos sentir sedientos de lo divino. Es suficiente; la posibilidad misma de la parábola es suficiente para hacernos mirar hacia arriba, hacia el cielo, para lanzarnos a una exploración; para no conformamos con las limitaciones que hemos creado en torno a nosotros. Nos induce a la aventura.

Un hombre se está ahogando. Cae hasta él una cuerda. Se agarra a ella y se salva. ¿Quién trenzó la cuerda? Esta parábola... Algunos dicen que Buda, algunos dicen que Jesús, algunos dicen que Mahoma, pero para el hombre que estaba ahogándose la pregunta importante es: «¿Soportará mi peso o no?» Quién trenzó la cuerda es una pregunta acerca de la historia: puede que te equivoques completamente y sin embargo te salves. Ésa es la belleza de una parábola: puede que Buda nunca existiera, pero si comprendes la parábola, te salvarás.

¿Qué es una parábola? Por ejemplo:

 

Buda va a participar en un festival de jóvenes en su bello carro dorado. De pronto, ve a un anciano por primera vez en su vida, porque ésta es la parábola: que cuando nació Buda, grandes astrólogos acudieron a su padre para describir el futuro, para predecir el potencial del niño.

Todos los astrólogos dijeron: «Será un soberano mundial, un chakravartin que regirá sobre los seis continentes, o será un sannyasin que renunciará al mundo por completo. Éstas son las dos posibilidades.»

Todos los astrólogos excepto uno alzaron dos dedos al rey y dijeron: «Una posibilidad: será el mayor soberano del mundo, nunca conocido antes, nunca oído antes..., tal será su poder. Y la segunda posibilidad: puede que renuncie a todo ello por competo y se vaya a un bosque, se haga sannyasin y medite y alcance el estado búdico.»

Entre todos los astrólogos había uno, el más joven, que alzó solo un dedo. El rey dijo: «Todos han alzando dos dedos, ¿y tú alzas uno?»

Él dijo: «Porque va a ser un Buda. No hay otra posibilidad.»

Pero era el astrólogo más joven y el rey no se intrigó ni se preocupó por él: ¿cuánto podía saber? Y los ancianos, todos, estaban diciendo: «Hay dos posibilidades.»

De manera que les preguntó a los ancianos: «¿Qué debo hacer para que nunca renuncie al reino?»

Y le sugirieron: «Construye bellos palacios para él, palacios separados para las distintas estaciones. En India hay cuatro estaciones, así que cuatro palacios, con hermosos jardines, acres y acres de flores. Haz que sea casi como un paraíso.»

«Y asegúrate de que ningún anciano entre nunca en sus jardines, de que ningún enfermo se cruce nunca con él, de que nunca vea a un sannyasin con su vestimenta ocre, de que nunca se tope con el fenómeno de la muerte: estas cuatro cosas están prohibidas. Incluso si caen las hojas deberían ser retiradas antes de que vea que mueren las hojas viejas. Las flores deberían ser retiradas de su jardín antes de que se dé cuenta de que las flores se marchitan y mueren.»

«Y debería estar rodeado de mujeres hermosas, las más hermosas del reino. Y se le debería mantener continuamente entretenido. Recuerda, solo entonces se le puede salvar del deseo de la iluminación: mantenle continuamente entretenido, exhausto, cansado. Por la mañana, que se levante y vea hermosas mujeres que bailan a su alrededor hasta el último momento en que se duerma. Debería dormirse con las melodías de la música y la danza.»

Y así fue como se apañó.

 

Que esto sea histórico o no, ésa no es la cuestión; así es como nos las apañamos todos de una manera u otra. Esto es una parábola: así es como se asustan todos los padres; quizá no tanto como el padre de Buda, porque ése es el caso extremo. Para hacer que una parábola sea absolutamente clara, hay que llevarla hasta su extremo lógico, eso es todo. Pero todos los padres, todas las madres tienen miedo: no deberías ser un inadaptado, no deberías renunciar.

Una mujer americana le ha escrito a Morarji Desai que su hija está atrapada, hipnotizada por un maestro indio: «¡Salve a mi hija! Haga que vuelva a mí.» Los periódicos no han dicho quién es este hombre que la ha hipnotizado. Hay una gran posibilidad de que sea yo y que la hija esté aquí. ¿Dónde va a ser si no?

Ahora los padres están creando asociaciones, sociedades, formando grupos..., protegiendo a sus hijos de meterse en alguna historia oriental. Le tienen más miedo a la meditación que a las drogas. En América existe ahora una organización de padres que raptan a sus hijos si se hacen meditadores. Y entonces esos hijos tienen que ponerse en manos de desprogramadores, de psicoanalistas, para desprogramarlos... Una especie de lavado mental.

Esto es ilegal. Y un psicoanalista ha sido enviado a la cárcel en California por desprogramar, porque era demasiado entusiasta. Primero los padres le dieron la autoridad para secuestrar a sus hijos, luego empezó a hacerlo por su cuenta. Ni siquiera un padre o una madre tiene esa autoridad. Una vez que el hijo es mayor de edad, ningún padre tiene la autoridad para secuestrar al hijo. Pero quizá se las pueden arreglar: tienen grupos de presión en el parlamento; se las pueden arreglar porque el juez también es un padre, y la policía, y los abogados, y todos son padres. Se las pueden arreglar, lo pueden implementar.

Pero el psicoanalista, por su cuenta, se convirtió en un misionero; empezó a secuestrar. Tenía una organización de secuestradores e inició programas de lavados de cerebro —los llamó «desprogramación»— para que una persona se vuelva anti-meditación, anti-Oriente, y vuelva al viejo rebaño. Si es católico, vuelve a ser católico, va a la iglesia; si es protestante, vuelve a ser protestante, lee la Biblia. Esta gente tiene miedo; no solo ahora, siempre han tenido miedo. La historia de Buda es solo un extremo lógico. Los padres tienen miedo de que sus hijos puedan renunciar al mundo; ésa es la verdad eterna que contiene.

Pero la parábola sigue:

 

Cuando Buda iba a ir a la capital, se limpiaban los caminos, se retiraba a todos los ancianos, se vedaba a los sannyasins. Cuando iba a pasar su carro, nunca se topaba con nada feo, enfermo, viejo, muerto. Pero ese día sucedió algo.

La parábola dice que los dioses del cielo estaban muy preocupados. Les preocupaba que: «¿Va a permanecer Buda en este tipo de estúpido entretenimiento continuo? ¿Nunca va a iluminarse?»

Los caminos se limpiaban, el tráfico se dirigía y controlaba, pero esos dioses se las arreglaron: apareció un dios como un anciano, otro dios apareció como un sannyasin, otro como una persona muy enferma, tosiendo, casi moribunda; otro como un muerto que otros llevaban al cementerio.

 

La parábola es hermosa: los dioses se preocuparon. Tiene un mensaje significativo. Esta existencia quiere que te ilumines, ése es el significado; la existencia se preocupó, la existencia es compasiva, la existencia quiere que te liberes de toda atadura, que te liberes de toda oscuridad. La existencia quiere ayudarte.

Y cuando ve que sigues y sigues y sigues malgastando tu vida, crea situaciones en las que se te pueda provocar. Ése es el significado de la parábola.

No hay dioses en el cielo y ningún dios vendrá y caminará como un anciano, pero la parábola es una manera de decir ciertas verdades ocultas. La verdad oculta es que la existencia cuida de ti, que has sido enviado a esta existencia para aprender algo; no te pierdas.

Éste es un mensaje eterno. No importa que Buda naciera o no, que fuera una persona histórica o no; lo único que importa es que la existencia cuida de ti. Si cuidó de Buda, cuida también de ti, creará ocasiones para ti. Y si estás un poco alerta serás capaz de aprovechar esas ocasiones. Y esas ocasiones resultarán ser una situación transformadora, un despertar.

Buda vio al anciano y le preguntó al conductor de su carro: «¿Que le ha sucedido a este hombre?»

Naturalmente, porque nunca había visto un anciano. Tú no habrías preguntado porque los ves todos los días. Era muy extraño: estaba casado, tenía un hijo, y nunca había visto un anciano. De repente, se sobresaltó al ver al anciano. Y el conductor del carro iba a mentir, porque conocía al padre de Buda.

Pero la historia dice que un dios entró en el cuerpo del conductor del carro y dijo la verdad. Dijo: «Todo el mundo tiene que envejecer.»

Y Buda preguntó: «¿Yo también voy a envejecer? ¿Y mi amada, mi esposa, Yashodhara, también? ¿Y mi hijo, Rahul, que acaba de nacer hace unos días, él también?»

Y el dios, a través del conductor del carro, dijo, le obligó a decir al conductor: «Sí, todo el mundo va a envejecer.»

Y entonces vieron al muerto. «¿Y qué le ha sucedido a él?», preguntó Buda.

Y el dios, a través del conductor del carro, dijo: «Todo el mundo tiene que llegar a ese estado: enfermedad, vejez y luego la muerte.»

«¿Yo también voy a morir? ¿Y mi hermosa mujer, Yashodhara, y mi hijo, Rahul, que ha nacido hace unos días?»

Y el dios dijo: «Todos van a morir sin ninguna excepción.»

Y entonces Buda vio al sannyasin con su túnica ocre. Y dijo: «¿Por qué va de ocre, de naranja?»

Y el dios dijo: «Este hombre también ha visto que suceden la enfermedad, la vejez, la muerte; ahora está tratando de encontrar la fuente de la inmortalidad. Ha caído en la cuenta de que esta vida está contaminada con la muerte. Ha visto el hecho de que este cuerpo va a desaparecer: tarde o temprano, el polvo al polvo. Así es que está intentando buscar algo que no muera. Se ha hecho meditador. Ha renunciado a los entretenimientos. Está en búsqueda de la inmortalidad.»

Y Buda dijo: «Entonces, espera. Ya no hay necesidad de ir al festival de jóvenes, porque si la juventud es tan solo un fenómeno momentáneo, ya soy viejo. Y si la vida va a desaparecer en el polvo, ya he muerto.»

Observa la penetración de esta parábola:

Buda dice: «Si esto va a suceder, ¿qué importa que vaya a suceder mañana o después de siete años o setenta años? Si esto va a suceder, ya ha sucedido. ¡Da la vuelta! Ya no estoy interesado en ningún festival. Todos los festivales se han acabado para mí. Tengo que buscar lo que llamas la iluminación. Antes de que desaparezca este cuerpo, tengo que usar este cuerpo como punto de apoyo hacia algo que no muere. Tengo que buscar el néctar.»

Y dio la vuelta. Esa misma noche abandonó su palacio y se escapó a un bosque profundo para meditar.

 

Esto es una parábola. No me interesa en absoluto si sucedió o no. ¿Qué importa si coincide con la historia o no? Esa es la razón por la que muchas veces la gente que está demasiado obsesionada con la historia se enfada conmigo, porque no tengo ningún compromiso en absoluto con la historia. Me tomo toda la libertad poética.

Mi compromiso es con las parábolas, no con la historia. Si veo que la parábola puede embellecerse, entonces juego con la parábola; no me importa si la parábola está escrita así o no. ¿Qué importa? Todo mi compromiso es con la poesía y la parábola y su mensaje oculto. Y sucediera o no, aún puede salvarte.

«¿Quién hizo la cuerda: Jesús, Buda, Mahoma?» ¿Qué importa eso cuando te estás ahogando en un pozo? La única cuestión es si la cuerda aguantará tu peso o no.

Pruébalo... y puede que te equivoques completamente pero, aun así, te salves. Puede que la cuerda la haya hecho Buda y puede que pienses que la hizo Jesús; no importa, aun así puedes salvarte. Puede que la Biblia haya sido escrita por un escritor anónimo; no importa, tiene el mensaje, y quienquiera que la haya escrito debe haber estado iluminado, de otra forma no podría haber escrito una parábola tan hermosa. Él era Jesús. Quienquiera que creara la historia de Buda, él era Buda. Que la historia existiera o no, no importa. Por eso utilizo tantas parábolas.

La parábola contiene la esperanza, el peligro y la posibilidad que presentan Lao Tse o Zaratustra. Si se destruyeran todas las Biblias, si se olvidara el nombre de Jesús, ello no importaría mientras el fuego avivara la esperanza, la belleza; mientras la posibilidad continuara ardiendo.

Si se demuestra —se prueba absolutamente— que Buda nunca existió, que Jesús nunca nació, que Mahoma nunca caminó sobre la Tierra, que Mahavira es un mito, que Lao Tse es una invención de algunos escritores ficticios... Si la esperanza continúa y si el hombre continúa esperando superarse a sí mismo, si el fuego continúa ardiendo, si permanece el anhelo de buscar e indagar la verdad, eso es suficiente; puedes olvidarte de todas las biblias y coranes. Si el anhelo continúa, el Corán va a nacer en ti. Si el anhelo es lo suficientemente intenso, un día verás que Buda está surgiendo de ti, verás que Jesús está naciendo en ti.

 

 

La última pregunta:

Dices que hay que pagar por todo en la vida. ¿No hay ninguna excepción?

 

Escucha esta anécdota...

 

Un americano le preguntó en París a un taxista la dirección de un buen burdel. Fue allí solo, eligió a su pareja y pidió la cena. Después, entrada la noche, después de haber satisfecho todos sus caprichos, completamente exhausto, el caballero bajó y le pidió la cuenta a la madame.

«Es gratis, monsieur», dijo la señora de la casa. Sorprendido, pero no dispuesto a discutir el asunto, el caballero se fue. La noche siguiente volvió al burdel y repitió su actuación de la noche anterior. Sin embargo, cuando se disponía a irse esta vez, se quedó horrorizado cuando le dijeron que su cuenta era de ochocientos francos.

«¡Imposible!», gritó el americano. «Estuve aquí ayer por la noche, me dieron de todo y no me cobraron un céntimo.»

«Ah», dijo la madame, «pero ayer por la noche estaba usted en la televisión».

 

Sí, a veces puede que consigas algo gratis, pero ten cuidado: puede que estés en la tele.

En realidad no hay nada en la vida que puedas obtener sin pagar por ello, y solo consigues tanto como lo que estés dispuesto a pagar por ello. Cuando estás listo para pagar con tu vida, consigues a cambio la vida eterna. Nada es gratis, nada puede ser gratis.

 

Suficiente por hoy.

 

 

Capítulo 17

 

Un poco de cielo

 

Osho, el Maestro Lu-Tsu dijo:

Gradualmente tu trabajo se volverá concentrado y maduro, pero antes de que llegues al estado en el que puedes sentarte como un árbol marchito ante un barranco, hay aún muchas posibilidades de error que me gustaría que considerases con especial atención. Estos estados se reconocen solo cuando han sido experimentados personalmente. Primero me gustaría hablar de los errores y luego de las señales confirmatorias.

 

Cuando empieces a poner en práctica tu decisión, debes tener cuidado para que todo pueda seguir adelante de manera cómoda, relajada. No se le debe pedir demasiado al corazón. Debes procurar que, automáticamente, el corazón y la energía se coordinen. Solo entonces puede alcanzarse un estado de quietud. Durante este estado calmado hay que proveer las condiciones apropiadas y el espacio apropiado. No deberías sentarte (a meditar) en medio de asuntos frívolos. Es decir, la mente debe estar libre de preocupaciones vanas. Hay que dejar de lado todos los embrollos; debes sentirte desapegado e independiente. Tampoco hay que concentrar los pensamientos en el procedimiento adecuado. Este peligro surge si te tomas demasiadas molestias. No quiero decir que no debas tomarte ninguna molestia, pero el camino apropiado estriba en mantener la misma distancia entre ser y no-ser. Si puedes alcanzar el no-propósito mediante el propósito, entonces lo has entendido. Ahora puedes soltarte, desapegado y sin confusión, de manera independiente.

 

Además, no deberías caer víctima del mundo entrampador. El mundo entrampador es donde se divierten los cinco tipos de demonios oscuros. Esto sucede, por ejemplo, cuando, después de la fijación, tienes principalmente pensamientos de madera seca y cenizas muertas, y unos pocos pensamientos de la primavera resplandeciente en la gran tierra. De esa manera te hundes en el mundo de lo oscuro. La energía es fría allí, la respiración es agitada, y se presentan muchas imágenes de frialdad y descomposición. Si te demoras mucho allí, entras en el mundo de las plantas y las piedras.

 

Tampoco hay que dejarse descarriar por las diez mil trampas. Esto sucede si, después de que ha empezado el estado calmado, aparecen de repente, una tras otra, todo tipo de ataduras. Quieres abrirte paso entre ellas, pero no puedes; las sigues, y te parece que esto te alivia. Esto significa que el maestro se ha convertido en el sirviente. Si un hombre se demora en esa fase durante mucho tiempo, entra en el mundo de los deseos ilusorios.

 

En el mejor de los casos, te encuentras en el cielo; en el peor de los casos, entre los espíritus raposos. Semejante espíritu raposo, es verdad, puede ser capaz de vagar por las montañas famosas disfrutando el viento y la luna, las flores y los frutos, y deleitándose en los árboles de coral y la hierba enjoyada. Pero después de haber hecho esto, su recompensa ha terminado y vuelve a nacer en el mundo del revuelo.

 

 

Un poco de cielo

 

Una vez, unos cazadores se internaron en las profundidades de un oscuro bosque y encontraron una cabaña en la que un ermitaño estaba orando ante una cruz de madera. Su rostro brillaba de felicidad.

«Buenas tardes, Hermano. Que Dios nos dé una buena tarde. Pareces muy feliz.»

«Siempre soy feliz.»

«¿Eres feliz viviendo en esta oscura cabaña haciendo penitencia? Nosotros tenemos de todo y no somos felices. ¿Dónde encontraste la felicidad?»

«La encontré aquí, en esta cueva. Mirad por el agujero y vislumbraréis mi felicidad.» Y les mostró una pequeña ventana.

«Nos has engañado, porque lo único que vemos son unas ramas de un árbol.»

«Mirad otra vez.»

«Lo único que vemos son unas ramas y un poco de cielo.»

«Ésa», dijo el ermitaño, «es la razón de mi felicidad: tan solo un poco de cielo».

 

El gozo es la naturaleza intrínseca del hombre. No hay que lograrlo, solo hay que re-descubrirlo. Ya lo tenemos. Ya lo somos. Buscarlo en alguna otra parte es una forma segura de perdérnoslo. Deja de buscar y mira dentro, y la mayor sorpresa de tu vida te está esperando ahí, porque lo que has estado buscando a lo largo de los tiempos, durante tantas vidas, ya es la realidad. No necesitas ser un mendigo, has nacido emperador. Pero el Reino de Dios está dentro de ti y tus ojos siguen buscando fuera, por eso sigues perdiéndotelo. Está detrás de los ojos, no enfrente de los ojos.

El Reino de Dios no es un objeto, es tu subjetividad. No hay que buscarlo, porque es la naturaleza misma de quien busca. Y entonces, incluso en el bosque más oscuro, absolutamente solo en una cueva, puedes ser feliz. De otra forma, incluso los palacios crean solo desdicha.

Hay todo tipo de desdichas en el mundo: el pobre sufre un tipo de desdicha, el rico sufre otro tipo de desdicha; pero no hay diferencia en lo que respecta a la desdicha. Y a veces sucede que el rico sufre más, porque puede permitirse más. Tiene más posibilidades, más alternativas abiertas para él. El pobre no puede comprar mucha desdicha, pero el rico puede comprar. Por eso las personas más ricas se sienten las más desdichadas del mundo. Las personas más ricas se vuelven las más pobres en este sentido. De hecho, cuando te haces rico, por primera vez sientes la pobreza de la vida. Cuando eres pobre puedes esperar que algún día serás rico y habrá alegría y habrá celebración; pero cuando has logrado las riquezas del exterior, de repente la esperanza desaparece y se arraiga una gran desesperanza. Estás rodeado de desesperación: ahora no hay esperanza y no hay futuro, ahora ha desaparecido la última esperanza.

Has vivido con la idea de que «un día seré rico y entonces todo estará bien». Ahora eres rico y nada ha cambiado; la desdicha interna continúa como siempre. De hecho, debido a las riquezas externas, en contraste a las riquezas externas, ves tu desdicha interna más claramente, más exactamente, más penetrantemente. La riqueza externa solo proporciona un fondo para sentir la pobreza interna: las posesiones externas hacen que te des cuenta de tu vacío interno. Por eso, no es sorprendente que los países ricos se vuelvan religiosos.

India era religiosa cuando India era rica. En los tiempos de Buda, de Mahavira, India era opulenta; debido a esa opulencia, India era consciente de la pobreza interna. Y cuando tomas conciencia de la pobreza interna, empiezas a buscar hacia dentro. Cuando tomas conciencia de que nada externo puede satisfacer el anhelo interno —que todo lo que es externo permanece fuera, que no puedes llevarlo dentro—, cuando esto se vuelve una absoluta certeza, entonces empiezas una nueva búsqueda, una nueva aventura. Esa aventura es la religión.

India no puede ser religiosa hoy día. India es uno de los países más pobres del mundo, ¿cómo va a ser religiosa? No puede permitirse ser religiosa. La religión es el tipo más elevado de lujo, el lujo supremo. Es la música suprema, la poesía suprema, la danza suprema. Es la borrachera suprema con la existencia misma. Hambriento y famélico no puedes tratar de alcanzarla. Cuando un hombre tiene hambre necesita pan, no necesita meditación. Cuando un hombre está enfermo necesita medicina, no meditación. Solo una persona sana puede tomar consciencia de que falta algo que puede ser colmado con la meditación..., y con nada más.

La gente me pregunta por qué no hay muchos indios escuchándome aquí. No es sorprendente. No están interesados en la meditación. Su interés está en las cosas materiales, su única obsesión es la materia. Por supuesto, hablan de la espiritualidad, pero eso es mera charla, un residuo del pasado. Les hace sentirse bien: al menos son espirituales; si les faltan cosas materiales pueden alardear de su espiritualidad. Pero para mí, el espiritualismo es una etapa más elevada que el materialismo; el materialismo funciona como trampolín.

Solo un país rico empieza a sentir la pobreza espiritual. Y si has empezado a sentir la pobreza espiritual, entonces solo hay dos posibilidades: o te suicidas o pasas por una transformación interna. La meditación es el método de la transformación interna. Cuando el suicidio y la meditación son las dos únicas posibilidades y no queda nada más: o te destruyes porque toda tu vida carece de sentido, o te transformas a un nuevo plano de ser; hay que elegir entre el suicidio y la meditación. Los países ricos del mundo siempre han estado en este dilema de elegir entre el suicidio y la meditación.

Los países ricos padecen más de suicidios, de locura, que los países pobres. Una persona pobre no tiene tiempo de pensar en el suicidio; está muy preocupada con la vida. Una persona pobre no tiene tiempo para pensar en transformar sus energías; está muy ocupada con cómo alimentar a sus hijos, cómo tener un cobijo. No está interesada en absoluto en nada más elevado que el cuerpo, más profundo que el cuerpo..., y es natural, no lo estoy condenando. Es absolutamente natural, es como debería ser. Por eso los países pobres del mundo tienden más y más hacia el comunismo, y los países capitalistas del mundo tienden más y más hacia el espiritualismo.

La predicción de Marx ha fallado. Marx dijo que los países ricos se volverían comunistas. Ha resultado ser una tontería: solo los países pobres se han vuelto comunistas. Rusia era uno de los países más extremadamente pobres, y también lo era China, y también lo es India. India puede convertirse en una víctima del comunismo cualquier día: se está preparando, está en camino. América no se ha vuelto comunista.

Marx predijo que los países ricos se volverían comunistas. Yo predigo que los países ricos siempre se vuelven religiosos; los países pobres se vuelven comunistas, y una vez que, mediante el comunismo, un país se vuelva rico, empezará a buscar y a explorar la religión. Eso es lo que está pasando ahora en lo profundo del alma rusa: ahora Rusia ha llegado al punto en el que puede volver a pensar en Dios y la meditación, en la oración.

Te sorprenderá saber que en Rusia la gente se reúne en secreto para rezar, porque la oración ya no está permitida por el Gobierno. Ser religioso es ser un criminal. Aquí hay templos y nadie va; y hay iglesias y hay que convencer a la gente de alguna manera para que vaya a la iglesia, por lo menos los domingos. Hay que sobornar a la gente para que vaya a los templos, a las iglesias, a las mezquitas, a las gurudwaras. ¿Te puedes imaginar un país en el que la gente se reúne en secreto, en sus sótanos, para rezar, en silencio, para que nadie lo oiga? En lo profundo del alma rusa está emergiendo de nuevo la religión. Tiene que emerger: ahora Rusia es lo suficientemente rica para pensar en cosas elevadas.

En mi visión de la vida, el materialismo y el espiritualismo no son contrarios; el materialismo prepara el terreno para la religión. Por eso soy absolutamente materialista y absolutamente espiritualista. Ésa es una de las enseñanzas más fundamentales que os estoy ofreciendo: no crees nunca un antagonismo entre el cuerpo y el alma, entre el mundo y Dios. No crees nunca ningún antagonismo entre el materialismo y el espiritualismo: van juntos, como el cuerpo y el alma. Permanece materialista y usa tu materialismo como un trampolín hacia la espiritualidad.

Eso crea mucha confusión en la mente de la gente, porque siempre han pensado que la pobreza es algo espiritual. Eso es una absoluta tontería. La pobreza es lo menos espiritual que hay en el mundo. Una persona pobre no puede ser espiritual. Puede intentarlo, pero su espiritualidad seguirá siendo superficial. Aún no ha sido desilusionada por las riquezas, ¿cómo va a ser espiritual? Es necesaria una gran desilusión, una gran desilusión con el mundo externo; entonces puedes ir hacia dentro. Ese ir hacia dentro llega tan solo en cierto punto en el que estás absolutamente desilusionado con lo externo, cuando has visto el mundo, has vivido el mundo, lo has experimentado, y has llegado a saber que no hay nada en él: todo pompas de jabón, experiencias momentáneas. Prometen mucho pero no ofrecen nada, y al final solo te queda vacío en las manos.

El mundo externo solo puede darte muerte, nada más. La vida hay que buscarla dentro. Las fuentes de la vida están en ti.

El árbol está en la semilla. Si abres la semilla no encontrarás el árbol, es verdad, porque ésa no es la manera de encontrarlo. Tendrás que dejar que la semilla crezca; entonces sale el cianotipo que está oculto en la semilla. Cuando se concibe un niño en el útero de su madre es solo una semilla, pero tiene todo el cianotipo, todas las posibilidades. Qué tipo de cuerpo tendrá, qué tipo de cara, qué color de ojos, pelo, altura, edad, cuánto vivirá, sano o no, hombre o mujer, negro o blanco..., todo está contenido en la semilla. La vida crece desde esa semilla.

La meditación es volver hacia el núcleo más interno desde el que ha surgido todo: ha surgido el cuerpo, han surgido los deseos, han surgido los pensamientos, ha surgido la mente. Tú tienes que volver a la fuente. La religión es un regreso a la fuente..., y conocer la fuente es conocer a Dios, conocer la fuente es conocer la meta, porque ambas cosas son una. Volver al núcleo más interno desde el que habías comenzado significa que tienes que llegar a lo último, a donde querías llegar: el círculo está completo. Hay un momento en el que el alfa se convierte en la omega, y entonces hay plenitud. Cuando el círculo está completo hay plenitud.

Y ésa es toda la enseñanza de El secreto de la Flor Dorada, del Maestro Lu-Tsu. Está tratando de aclararte el camino: cómo puede estar completo el círculo, cómo puede circular la luz, cómo puedes ir hacia dentro, cómo puedes tener tú también un poco de cielo, un poco de paraíso..., y entonces puedes ser feliz en cualquier parte. Incluso en el infierno serás feliz.

Ahora mismo, tal como eres, serías infeliz en cualquier parte, incluso en el cielo. Encontrarás medios y maneras de ser infeliz también allí, porque llevarás contigo todas tus envidias, toda tu ira, toda tu avaricia, toda tu posesividad; llevarás contigo toda tu rabia, toda tu sexualidad, todas tus represiones; llevarás contigo todo tu bagaje. En el momento en que llegues al cielo, también allí crearás un infierno a tu alrededor, porque llevarás contigo las semillas del infierno.

Se dice que si eres puro, si eres silencioso, llegas al cielo. La verdad es justo lo contrario: si eres puro, si eres silencioso, el cielo llega a ti. Nunca vas a ninguna parte, siempre estás aquí, pero cuando el interior se llena de luz, todo el mundo externo se transforma. Buda se mueve en el mismo mundo en el que te mueves tú. Buda pasa por las mismas calles por las que pasas tú; pero Buda vive en un mundo totalmente diferente: Buda vive en el paraíso y tú vives en el infierno. Puede que estés sentado junto a un buda, puede que estés tomando su mano o tocando sus pies, tan cerca y, sin embargo, tan lejos, tan distante; mundos aparte. ¿Cuál es el secreto de estar en el cielo, de estar en un gozo supremo, de estar en la bendición, de estar en ese esplendor llamado Dios? Estos son los secretos:

 

El Maestro Lu-Tsu dijo:

Gradualmente tu trabajo se volverá concentrado y maduro.

 

El camino del Tao no es el de la iluminación repentina. No es como el Zen. El Zen es iluminación repentina, el Tao es crecimiento gradual. El Tao no cree en cambios repentinos, abruptos. El Tao cree en avanzar al mismo paso que la existencia, permitiendo que las cosas sucedan por si mismas, sin abrirse paso a la fuerza en modo alguno, sin empujar al río en modo alguno. Y el Tao dice: No hay necesidad de tener prisa, porque la eternidad está a tu alcance. Planta las semillas a tiempo y espera, y la primavera llega como ha llegado siempre. Y cuando llegue la primavera habrá flores. Pero espera, no tengas prisa. No empieces a tirar del árbol hacia arriba para que pueda crecer rápidamente. No estés en el tipo de mente que pide que todo sea como el café instantáneo. Aprende a esperar, porque la naturaleza se mueve muy, muy lentamente. Debido a ese movimiento lento hay gracia en la naturaleza.

La naturaleza es muy femenina, se mueve como una mujer. No corre, no tiene prisa, no hay apresuramiento. Va muy despacio; una música silenciosa. Hay una gran paciencia en la naturaleza, y el Tao cree en el camino de la naturaleza. «Tao» significa exactamente naturaleza, de manera que el Tao nunca tiene prisa; esto hay que comprenderlo. La enseñanza fundamental del Tao es: aprende a ser paciente. Si puedes esperar infinitamente, incluso puede que suceda instantáneamente. Pero no deberías pedir que suceda instantáneamente: si lo pides, puede que no suceda nunca. El mero hecho de pedir se convertirá en un obstáculo; tu deseo mismo creará una distancia entre tú y la naturaleza. Permanece en sintonía con la naturaleza, deja que la naturaleza siga su propio curso. Y cuando sea que llegue, está bien; y cuando sea que llegue, es rápido; cuando sea que llegue. Incluso si tarda siglos, tampoco entonces es tarde: nunca es tarde. Siempre llega en el momento apropiado.

El Tao cree que todo sucede cuando es necesario: cuando el discípulo está listo aparece el maestro, cuando el discípulo está completamente listo aparece Dios. Tu merecimiento, tu vacío, tu receptividad, tu pasividad lo hacen posible; no tu prisa, no tu apremio, no tu actitud agresiva. Recuerda: la verdad no se puede conquistar. Hay que rendirse a la verdad, hay que ser conquistado por la verdad.

Pero toda nuestra educación en todos los países a lo largo de los siglos ha sido de agresividad, de ambición. Hacemos que la gente sea muy rápida. Hacemos que tenga mucho miedo. Le decimos: «El tiempo es dinero y es muy valioso, y cuando se va, se va para siempre, así que apresúrate. Ten prisa.»

Esto ha vuelto loca a la gente. Se apresura de un punto a otro, nunca disfruta ningún lugar. Van deprisa por el mundo, de un hotel intercontinental a otro hotel intercontinental..., y son todos parecidos. Da igual que estés en Tokio o en Bombay o en Nueva York o en París. Esos hoteles intercontinentales son todos parecidos, y la gente se apresura de un hotel intercontinental a otro pensando que están viajando por todo el mundo. Podrían haberse quedado en un hotel intercontinental y no habría habido ninguna necesidad de ir a ninguna otra parte; es todo parecido... Y piensan que han llegado a alguna parte. La velocidad está volviendo neurótica a la gente.

El Tao es el camino de la naturaleza; como crecen los árboles y se mueven los ríos, y los pájaros y los niños..., exactamente de la misma manera hay que convertirse en Dios.

 

Gradualmente tu trabajo se volverá concentrado y maduro.

 

No tengas prisa y no te desesperes. Si fracasas hoy, no pierdas la esperanza. Si fracasas hoy, es natural. Si sigues fracasando durante días, es natural.

La gente tiene tanto miedo de fracasar que nunca lo intenta. Hay muchas personas que no quieren enamorarse porque tienen miedo: ¿quién sabe? Puede que les rechacen...; de manera que han decidido no amar, para que nadie les rechace. La gente tiene tanto miedo de fracasar que nunca intenta nada nuevo: ¿quién sabe? Si fracasan, ¿entonces, qué?

Y naturalmente, para entrar en el mundo interno tendrás que fracasar muchas veces, porque nunca has entrado ahí. Toda tu habilidad y eficiencia es del mundo externo, de la extroversión. No sabes cómo entrar en ti. La gente escucha las palabras «entra, adéntrate en ti», pero no tienen mucho sentido para ella. Lo único que saben es ir al otro. No conocen ninguna manera de ir a sí mismos. Debido a tus hábitos pasados, tiene que suceder que tendrás que fracasar muchas veces. No te desesperes. La madurez llega lentamente. Llega con toda seguridad, pero le lleva su tiempo.

Y recuerda: para cada persona diferente llegará a un paso diferente, así que no compares. No empieces a pensar: «Alguien se está volviendo tan silencioso y tan alegre y yo todavía no. ¿Qué me está pasando?» No te compares con nadie, porque cada uno ha vivido de una manera diferente en sus vidas pasadas. Incluso en esta vida la gente ha vivido de manera diferente. Por ejemplo, puede que a un poeta le resulte más fácil entrar en sí mismo que a un científico; su adiestramiento es diferente. Todo el adiestramiento científico es para ser objetivo, para ocuparse del objeto, para observar el objeto, para olvidar la subjetividad. El científico, para ser un científico, tiene que substraerse completamente de su experimento. No tiene que estar involucrado en el experimento; no debería haber ninguna implicación emocional. Debería estar completamente desapegado, como un ordenador. No debería ser humano en absoluto; solo entonces es un verdadero científico, y solo entonces triunfará en la ciencia. Pero ésta es una habilidad totalmente diferente.

Un poeta se involucra. Cuando observa una flor empieza a bailar en torno a ella; participa, no es solo un observador desapegado. A un bailarín puede resultarle más fácil, porque un bailarín y su danza son uno, y la danza es tan interna que el bailarín puede entrar en su espacio interno muy fácilmente. Por eso, en las antiguas y misteriosas escuelas del misterio que había en el mundo, la danza era uno de los métodos secretos. La danza evolucionó en las escuelas del misterio y los templos. La danza es uno de los fenómenos más religiosos. Pero ha perdido su significado tan completamente que casi ha caído a la polaridad opuesta; se ha convertido en un fenómeno sexual. La danza ha perdido la dimensión espiritual. Pero recuerda: todo lo que es espiritual se puede volver sexual... si cae; y todo lo que es sexual puede volverse espiritual... si se eleva. La espiritualidad y la sexualidad están entrelazadas. A un músico le resultará más fácil que a un matemático entrar en meditación. Tenéis habilidades diferentes, mentes diferentes, condicionamientos diferentes.

Por ejemplo, puede que a un cristiano le resulte más difícil meditar que a un budista, porque con veinticinco siglos de meditación constante el budismo ha creado una cierta cualidad en sus seguidores. De manera que cuando viene a mí un budista puede entrar en meditación muy fácilmente. Cuando viene un cristiano, la meditación le es muy ajena, porque el cristianismo se ha olvidado completamente de la meditación; solo conoce la oración.

La oración es un fenómeno totalmente diferente. En la oración es necesario el otro, nunca puede ser independiente. La oración es más como el amor, la oración es un diálogo; la meditación no es un diálogo, no es como el amor. Es exactamente lo opuesto al amor. En la meditación te quedas completamente solo, sin ninguna parte a la que ir, nadie con quien relacionarte, ningún diálogo, porque no hay nadie más. Eres simplemente tú mismo, absolutamente tú mismo. Éste es un enfoque totalmente diferente.

De manera que dependerá de tus habilidades, tu mente, tu condicionamiento, tu educación, la religión en la que hayas sido criado, los libros que hayas estado leyendo, la gente con la que hayas estado viviendo, la vibración que hayas creado en ti mismo. Dependerá de mil y una cosas, de cuánto puedas aguantar; pero llega con toda seguridad. Lo único que es necesario es la paciencia, el trabajo silencioso, el trabajo paciente, y la concentración sucede y llega la madurez. De hecho, una persona madura y una persona concentrada son solo dos aspectos del mismo fenómeno. Por eso los niños no pueden concentrarse: están moviéndose constantemente, no pueden estar en un punto, fijos; todo les atrae. Ha pasado un coche, un pájaro canta, alguien se echa a reír, el vecino ha puesto la radio, se mueve una mariposa..., todo, el mundo entero es atractivo. Simplemente saltan de una cosa a otra; no pueden concentrarse. No pueden vivir con una cosa tan absolutamente y tan totalmente que todo lo demás desaparezca, se vuelva no-existencial.

Con la madurez surge la concentración. La madurez y la concentración son dos nombres para lo mismo. Pero lo primero que hay que recordar es que llega gradualmente; no compares, no tengas prisa.

 

Pero antes de que llegues al estado en el que puedes sentarte como un árbol marchito ante un barranco, hay aún muchas posibilidades de error que me gustaría que considerases con especial atención.

 

El maestro Lu-Tsu dice: Antes de que surja en ti el estado en el que puedas sentarte «como un árbol marchito ante un barranco...». Ésta es una expresión taoísta de una belleza y significado tremendos. Significa vivo y, sin embargo, muerto; muerto y, sin embargo, absolutamente vivo. Significa vivir en el mundo con gran alegría y celebración pero sin formar parte del mundo; estar en el mundo pero sin permitir que el mundo esté en ti, «como un árbol marchito ante un barranco»: viviendo como un muerto.

 

Alejandro Magno quería traer un sannyasin de India a su propio país, porque su maestro, el gran filósofo Aristóteles, le había pedido: «Cuando vuelvas de India, trae a un sannyasin», porque la gran contribución de India al mundo es el camino, el modo de vida del sannyasin. Aristóteles estaba muy interesado. Quería ver qué tipo de hombre era un sannyasin, porque solo había sucedido en India. Ésta es su contribución especial a la cultura y la humanidad mundiales, una manera totalmente diferente de vivir en el mundo: viviendo en el mundo pero sin ser del mundo, permaneciendo desapegado y ajeno; como una flor de loto en el estanque, viviendo en el agua pero sin ser tocada por el agua. Cuando se acumulan las gotas de rocío en los pétalos del loto son muy hermosas al sol de la mañana, como perlas; sin embargo, no están tocando la flor en absoluto y la flor no las está tocando. Tan cerca y, sin embargo, tan lejos...

«¿Qué tipo de hombre es un sannyasin?» Aristóteles estaba interesado filosóficamente. No era el tipo de hombre que se hace sannyasin, pero le había pedido a Alejandro que trajera un sannyasin: «Traerás muchas cosas. Para mí, recuerda traer un sannyasin.» Cuando Alejandro se estaba yendo del país, se acordó. Había saqueado mucho, y luego de pronto se acordó: «¿Y el sannyasin?» Inquirió en su última base en India. Inquirió acerca de un sannyasin y la gente le dijo: «Sí, tenemos un sannyasin muy hermoso, pero es casi imposible agarrarlo.»

Alejandro dijo: «Yo me encargo. No os preocupéis. No me conocéis. Si ordeno a los Himalayas que vengan conmigo, tendrán que venir conmigo, así que ¿qué va a hacer un sannyasin? ¿Dónde está? Simplemente dadme la dirección.» Y le dieron la dirección.

El sannyasin era un faquir que vivía desnudo a la orilla del río. Enviaron a cuatro hombres fuertes con las espadas desenvainadas a llevar al sannyasin ante Alejandro. El sannyasin, al ver a esos cuatro forzudos con las espadas desenvainadas, se echó a reír.

Le dijeron: «No comprendes: es una orden del gran Alejandro que te llevemos a su corte. Te está esperando.»

Y el sannyasin dijo: «Hace mucho tiempo que he dejado de ir y venir. Si quiere verme, puedo complacerle; puede venir. Pero he dejado de ir y de venir. Ese ir y venir desapareció con mi mente. Ahora no hay nadie que vaya y nadie que venga. ¡Ya no existo!»

Por supuesto, esos griegos no pudieron haberle entendido. Los griegos son el polo opuesto de los hindúes. Los hindúes son básicamente ilógicos y los griegos son básicamente lógicos. Los hindúes son poéticos, intuitivos; los griegos son intelectuales.

Los cuatro soldados le dijeron: «¿Qué tonterías estás diciendo? ¡Podemos llevarte a rastras!»

El sannyasin dijo: «Podéis arrastrar mi cuerpo, pero no a mí. Podéis poner mi cuerpo en una prisión, pero no a mí. Mi libertad permanecerá intacta. Soy una flor de loto, el agua no puede tocarme.»

Esto era una absoluta tontería para esos griegos. Le dijeron: «Espera. Vamos a informar a Alejandro, no sea que hagamos algo erróneo.» Informaron a Alejandro de las bellas frases del sannyasin y le dieron parte: «Es un hombre hermoso, sentado desnudo al sol a la orilla del río. Parece un gran emperador, y no hay nada a su alrededor. No posee nada, ni siquiera un cuenco de mendigo. ¡Pero qué grandeza, qué gracia! Le miras a los ojos y parece que fuera el emperador del mundo entero. Y se rió de nuestro desatino: que habíamos venido con las espadas desenvainadas y él no tenía miedo en absoluto. Y dijo: "Podéis matar mi cuerpo, pero no me podéis matar a mí".»

Alejandro se intrigó. Fue a ver a este sannyasin desnudo. Se sintió impresionado, enormemente impresionado, y dijo: «Tendrás que venir conmigo. ¡Es lo que ordeno!»

Pero el sannyasin dijo. «El día que me hice sannyasin dejé de recibir órdenes de nadie. Soy un hombre libre, no soy un esclavo. Nadie puede darme órdenes. Me puedes matar, pero no puedes darme órdenes.»

Alejandro se enfadó. Tomó su espada y dijo: «¡Te cortaré la cabeza inmediatamente!»

Y el sannyasin volvió a echarse a reír. Y dijo: «La puedes cortar, porque de hecho la corté yo mismo hace mucho tiempo. Estoy muerto.»

Éste es el significado del verdadero sannyas: un muerto.

Y el hombre dijo: «¿Cómo vas a matar a un muerto? Será una absoluta tontería. ¿Cómo vas a poder matar a un muerto? Un muerto está muerto, ya no puede morir: todo ha terminado ya. Llegaste un poco tarde: ya no existo. Sí, puedes cortar la cabeza: verás que la cabeza cae en la arena; yo también veré que la cabeza cae en la arena. Soy un observador, un testigo.»

Éste es el significado de «un árbol marchito ante un barranco». Alejandro era el barranco, y el sannyasin era el árbol marchito. ¿Qué le puede hacer el barranco al árbol marchito? El árbol marchito ya está muerto, ido. El barranco no puede destruir el árbol marchito. El árbol marchito no le tendrá miedo al barranco.

 

Existen aún muchas posibilidades antes de que te pueda suceder esto:

 

... muchas posibilidades de error que me gustaría que considerases con especial atención. Estos estados se reconocen solo cuando han sido experimentados personalmente.

 

Recuerda todas estas cosas que te está diciendo el maestro Lu-Tsu en este mensaje inmensamente valioso; éste es uno de los tratados más sobresalientes para el buscador. Está diciendo estas líneas porque ha experimentado estas cosas en su propio viaje; se ha topado con estos errores y le gustaría ilustrar a sus discípulos para que no necesiten ser entorpecidos por estos errores, para que no necesiten ser distraídos por estos errores.

Los que nunca han meditado no comprenderán qué son estos errores. Cuando los has experimentado personalmente, solo entonces los comprendes. Pero a los que no están en el Camino hay que prepararlos, hay que decirles cuáles son las dificultades del Camino. El Camino no es simple: se bifurcan de él muchos senderos en muchos lugares y puedes tomar un sendero que sea un callejón sin salida. Pero llegarás a saber que era un callejón sin salida después de muchísimos años, o quizá después de muchas vidas. Y todo el esfuerzo y el viaje se habrán desperdiciado y tendrás que volver de nuevo al punto en el que perdiste el sendero principal. Y no hay hitos, no hay disponible ningún mapa; no se puede hacer, porque Dios sigue cambiando. Su existencia es un cambio constante. Excepto el cambio, todo sigue cambiando, de modo que no es posible ningún mapa fijo. Solo se pueden dar pistas; éstas son pistas. Si comprendes las pistas, podrás seguir el sendero apropiado, y cada vez que haya una posibilidad de cometer errores, tu entendimiento te ayudará.

 

Primero me gustaría hablar de los errores y luego de las señales confirmatorias.

 

Lu-Tsu dice: Primero hablaré de los errores que son posibles y luego te diré cuáles son las señales confirmatorias que cercioran que estás en el sendero correcto.

 

Cuando empieces aponer en práctica tu decisión, debes tener cuidado para que todo pueda seguir adelante de manera cómoda, relajada.

 

Esto es lo primero que hay que comprender. Una vez que tomas la decisión de seguir el sendero interno, una vez que tomas la decisión de ser un sannyasin, de ser un meditador; una vez que tomas la decisión de que ahora lo interno te ha llamado y vas a buscar e indagar la investigación de «¿quién soy?», entonces lo primero que hay que comprender es: no operes de manera tensa, opera de manera muy relajada. Asegúrate de que tu viaje interno sea cómodo. Esto tiene una importancia inmensa.

Normalmente, este primer error le sucede a todo el mundo: la gente empieza a hacer que su viaje interno sea innecesariamente complicado, incómodo. Sucede por cierta razón. La gente está enfadada con los demás en su vida corriente. En la vida corriente son violentos con los demás. En su viaje extravertido corriente son sádicos: disfrutan torturando a los demás, disfrutan derrotando a los demás, disfrutan compitiendo con los demás, conquistando a los demás. Toda su alegría consiste en hacer que los demás se sientan inferiores a ellos. Así es tu viaje extrovertido. Esto es la política. Ésta es la mente política, intentar constantemente ser superior al otro. Legalmente, ilegalmente, pero hay un esfuerzo constante para derrotar al otro, cueste lo que cueste. Incluso si hay que destruir al otro, entonces hay que destruir al otro. Pero hay que ganar: hay que ser el primer ministro, hay que ser el presidente, hay que ser esto y lo otro, ¡cueste lo que cueste! Y todos son enemigos, porque todos son competidores. Recuerda esto: toda tu educación te prepara, te predispone para luchar. No te prepara para la amistad y el amor; te prepara para el conflicto, la enemistad, la guerra.

Siempre que hay competición tendrá que haber enemistad. ¿Cómo vas a ser amistoso con personas con las que estás compitiendo, que son peligrosas para ti y para las que tú eres peligroso? O ganan ellas y tú eres derrotado, o ganas tú y ellas tienen que ser derrotadas. De manera que todo lo que llamas amistad es solo una fachada, una formalidad. Es una especie de lubricante que hace que la vida vaya suavemente. Pero en el fondo no hay nadie que sea un amigo. Ni siquiera los amigos son amigos, porque están comparándose entre sí, luchando entre sí. Este mundo ha sido convertido en un campamento de guerra por la educación de la ambición, de la política.

Cuando un hombre empieza a ir hacia dentro surge un problema: ¿qué hacer con su ira, enemistad, agresividad, violencia? Ahora que está solo, empezará a torturarse a sí mismo, se enfadará consigo mismo: eso es lo que son los llamados mahatmas. ¿Por qué se torturan a sí mismos? ¿Por qué ayunan? ¿Por qué se acuestan en una cama de espinas? Cuando hay un hermoso árbol de sombra, ¿por qué se quedan bajo el sol caliente? Cuando hace calor, ¿por qué se sientan junto al fuego? Cuando hace frío, ¿por qué se quedan desnudos en los ríos o en la nieve? Son políticos invertidos. Primero estaban luchando con los demás, ahora no queda nadie: están luchando consigo mismos. Son esquizofrénicos, se han dividido. Ahora es una guerra civil; están luchando contra el cuerpo.

El cuerpo es una víctima de los que llamáis mahatmas. El cuerpo es inocente, no te ha hecho absolutamente nada malo. Pero lo que llamáis religiones siguen enseñándote que el cuerpo es el enemigo, que lo tortures.

El viaje extrovertido era el viaje del sadismo. El viaje introvertido se convierte en el viaje del masoquismo: empiezas a torturarte a ti mismo. Y hay un cierto regocijo, una alegría pervertida en torturarse a uno mismo. Si examinas a fondo la historia te sorprenderás, no creerás lo que el hombre ha estado haciéndose a sí mismo. La gente ha estado hiriendo su cuerpo y manteniendo esas heridas sin sanar..., porque el cuerpo es el enemigo.

Ha habido sectas cristianas, sectas hindúes, sectas jainas y muchas otras que se han vuelto muy astutas, listas, eficientes en torturar su cuerpo. Han desarrollado grandes métodos para torturar el cuerpo. Había una secta cristiana que no solo estaba a favor de ayunar, sino de golpear el propio cuerpo, flagelar el propio cuerpo, y el santo más grande era el que estaba más herido por sus propios golpes. La gente venía a contar sus heridas. Pero ¿qué tipo de personas eran las que contaban sus heridas? Deben de haber estado disfrutando también... Una alegría pervertida.

En India hay munis jainas que siguen torturando su cuerpo. Los monjes jainas Digambara se arrancan el pelo cada año, y hay una gran concentración de gente cuando se arrancan el pelo. Es doloroso, y la gente está alegre: «Se está haciendo una gran austeridad.» Ese hombre es simplemente un psicópata pervertido. Necesita electro-shocks, es lo único que funcionará.

Hay un cierto tipo de locura en la que la gente empieza a arrancarse el pelo; y lo sabes si estás casado: tu mujer a veces lo intenta, cuando está furiosa, fuera de sí. Las mujeres lo intentan más porque les han enseñado a no pegar a su marido. Entonces, ¿qué hacer? Quieren pegar y no le pueden pegar al marido: las escrituras dicen que tu marido es tu dios, y ella sabe que todo eso es una sandez, pero las escrituras son las escrituras. Ella conoce perfectamente bien a su marido, y si él es un dios, entonces ¿quién será el diablo? Pero no puede decirlo; tiene que postrarse ante él. Cuando le escribe cartas de amor a su marido, tiene que firmar «tu esclava», ¡y ella sabe quién es el esclavo! De hecho, lo sabe todo el mundo, pero es una formalidad.

Y si le pega al marido se siente culpable de que ha hecho algo irreligioso, algo como un pecado; así que no puede pegarle al marido. ¡Pero quiere pegar! ¿Qué puede hacer? O rompe los platos —y eso es costoso, y ella misma sufre de esa manera, eso no sirve— o el camino más fácil, el camino más barato, más económico: pegarse a sí misma, arrancarse el pelo, tirarse contra la pared, darse con la cabeza contra la pared. Eso es lo más barato. Quería pegarle en la cabeza al marido pero no podía hacerlo, no está permitido; es inmoral. ¿Quién le ha enseñado esta idea? El marido..., los maridos y sus sacerdotes y sus políticos.

Si vas a un manicomio encontrarás a muchas personas arrancándose el pelo. Hay un cierto tipo de locura en la que la gente se arranca el pelo.

Un monje jaina arrancándose el pelo es realmente patológico, pero la gente se reúne para celebrar la ocasión: «¡Está sucediendo algo grande! ¡Mira! ¡Qué gran santo!» Y porque llamo patológicas a esas personas, están contra mí.

En las sectas cristianas... En Rusia había una secta cuyos miembros solían cortarse los órganos genitales, y se juntaba muchísima gente. Había ciertos días en los que la gente hacía eso. Era un frenesí. Una persona se cortaba los órganos genitales y los tiraba, y había sangre fluyendo por todas partes. Entonces un frenesí se apoderaba de las demás personas que solo habían venido a mirar. Después entraba algún otro y lo hacía. Y para cuando acababa el festival, había un montón de órganos genitales. Y estos eran grandes santos.

Las mujeres estaban muy confundidas: empezaban a cortarse los pechos, porque ¿cómo iban a ser menos? Empezaban a cortarse los pechos. Todo tipo de estupideces se han hecho posibles debido a un simple error, y el error es: en la vida tratas de hacerle la vida difícil a los demás; cuando empiezas a ir hacia dentro, existe la posibilidad de que la vieja mente trate de hacerte la vida difícil a ti.

Recuerda: el buscador interno tiene que estar cómodo, porque solo en una situación cómoda, en un estado relajado, puede suceder algo. Cuando estás tenso, incómodo, tu mente está preocupada; no estás en un estado calmado. Cuando tienes hambre, ¿cómo vas a estar en un espacio calmado? Y la gente ha estado predicando el ayuno, y dice que ayunar te ayudará a meditar. En ocasiones, puede que ayunar te ayude a estar más sano; eliminará algunos kilos de tu cuerpo, kilos innecesarios; pero ayunar no puede ayudar a la meditación. Cuando estés ayunando pensarás continuamente en la comida.

He oído que...

 

Un matrimonio fue al cura de la parroquia pidiendo consejos conyugales. En el curso de la conversación, que al principio era seria, el cura comentó el número de chicas guapas de la parroquia.

«Padre», dijo el marido, «usted me sorprende».

«¿Por qué?», preguntó. «Que esté a dieta no significa que no pueda mirar el menú.»

 

Las personas que estén reprimiendo su sexualidad estarán mirando el menú constantemente, y las personas que estén reprimiendo su hambre estarán pensando en la comida continuamente. ¡Es natural! ¿Cómo vas a poder meditar? Cuando estás ayunando, flotará por tu mente un menú después de otro... Platos estupendos. Con todo el olor de la comida, y el aroma, por vez primera empezarás a sentir que tu nariz está viva, y por vez primera sentirás que tu lengua está viva.

Es bueno ayunar de vez en cuando para volver a tener interés en la comida, pero no es bueno para la meditación. Es bueno hacer que tu cuerpo sea un poco más sensible, para volver a poder saborear. ¡El ayuno debería estar al servicio del banquete! Es bueno no comer de vez en cuando para que vuelva el apetito. Desde el punto de vista de la salud es bueno, pero la meditación no tiene nada que ver con eso. Te resultará más difícil meditar cuando tengas hambre que cuando estés completamente satisfecho. Sí, comer demasiado también creará dificultades, por que cuando hayas comido demasiado te sentirás adormilado. Cuando no hayas comido en absoluto te sentirás hambriento.

Estar en el medio es el camino correcto: el Término Medio Dorado.

Come de modo que no te sientas hambriento, pero no comas demasiado y te sientas recargado, adormilado. Entonces la meditación será más fácil. El Término Medio Dorado hay que seguirlo de todas las maneras, en todo tipo de situaciones.

Siéntete cómodo, siéntete relajado. No hay necesidad de torturarte a ti mismo, no hay necesidad de crear dificultades innecesarias. Desecha esa mente de ira, violencia, agresión, y solo entonces puedes ir hacia dentro, porque solo en una consciencia relajada empiezas a flotar hacia dentro, más y más profundamente. En la relajación absoluta llegas a tu núcleo más interno.

 

Cuando empieces a poner en práctica tu decisión, debes tener cuidado para que todo pueda seguir adelante de manera cómoda, relajada. No se le debe pedir demasiado al corazón.

 

Y no pidas demasiado, porque si pides demasiado te pondrás tenso, surgirá la ansiedad. De hecho, no pidas nada en absoluto. Simplemente espera. Simplemente pon la semilla en el corazón y empieza a trabajar... Espera a la primavera.

 

No se le debe pedir demasiado al corazón.

 

Y la gente empieza a pedir demasiado: quiere satoris, samadhis inmediatos; quiere el nirvana inmediato.

A veces sucede, vienen a mí personas necias y me dicen: «Hemos estado meditando siete días y todavía no ha pasado nada.» ¿Siete días? ¡Y durante setenta millones de vidas han estado haciendo de todo en contra de la meditación! Y en siete días, como si hubieran conminado a Dios, o a mí, vienen con una queja: «No ha sucedido nada. Han pasado siete días, solo quedan tres días de cursillo», ¡y todavía no están iluminadas!

No pidas demasiado, no seas demasiado avaricioso. Sé un poco comprensivo. Todo lleva su tiempo.

 

Debes procurar que, automáticamente, el corazón y la energía se coordinen.

 

Recuerda que no necesitas preocuparte por el resultado. Siempre es acorde a tu necesidad y acorde a tu valía: sucederá aquello para lo que estés preparado. Si no está sucediendo, eso muestra simplemente que no estás preparado para ello. Prepárate. Pedirlo no ayudará. Recuerda tan solo que todavía no eres digno. Así que limpia más tu corazón, concéntrate más, medita más, vuélvete más silencioso, relájate. Sintonízate cada vez más con lo interno, y espera, porque cuando el corazón y la energía están coordinados, el resultado llega automáticamente. Si has sembrado las semillas no necesitas escarbar el terreno todos los días y mirar las semillas para ver lo que está sucediendo; de lo contrario destruirás las semillas. Nunca sucederá nada.

Simplemente espera. Durante meses no sucede nada..., y tienes que regar y tienes que poner abono y tienes que seguir ocupándote, y durante meses no sucede nada. Entonces un día, de repente, una mañana temprano, el milagro: las semillas han germinado. Han salido dos hojas pequeñas, ha sucedido el milagro: lo que era invisible se ha vuelto visible. Éste es el mayor milagro del mundo: una semilla que se convierte en un brote. ¡Ahora, baila!

Pero sucede siempre cuando le llega su tiempo.

 

Solo entonces puede alcanzarse un estado de quietud. Durante este estado calmado hay que proveer las condiciones apropiadas y el espacio apropiado.

 

Naturalmente, si estás preparando un jardín de rosas tienes que cambiar todo el terreno. Hay que retirar las piedras, hay que extraer las raíces viejas, hay que quitar las malas hierbas. Tienes que crear una condición apropiada y un espacio apropiado, protegido. Tienes que poner una cerca a su alrededor. Cuando vayas a cultivar rosas serán necesarias todas estas preparaciones. La meditación es una rosa, la mayor rosa, la rosa de la consciencia humana. Por eso este libro se llama El secreto de la Flor Dorada..., una rosa dorada.

¿Cuáles son las condiciones apropiadas? ¿Y cuál es el espacio apropiado?

 

No deberías sentarte (a meditar) en medio de asuntos frívolos.

 

Deberías encontrar un lugar que realce la meditación. Por ejemplo, sentarse bajo un árbol ayudará, en vez de ir a sentarse enfrente de un cine o de ir a una estación y sentarse en el andén; ir a la naturaleza, a las montañas, a los árboles, a los ríos en los que el Tao aún está fluyendo, vibrando, pulsando, manando por todo. Los árboles están en constante meditación, silencio; esa meditación es inconsciente, y no estoy diciendo que te vuelvas un árbol. ¡Tienes que volverte un buda! Pero Buda tiene una cosa en común con el árbol: es tan verde como un árbol, tan lleno de jugo como un árbol, tan lleno de celebración como un árbol; por supuesto, con una diferencia: él es consciente y el árbol es inconsciente. El árbol está inconscientemente en el Tao, un buda está conscientemente en el Tao. Y ésa es una gran diferencia, la diferencia entre la tierra y el cielo.

Pero si te sientas junto a un árbol, rodeado de bellos pájaros que cantan, o un pavo real que baila, o simplemente un río que fluye y el sonido del agua que mana, o junto a una cascada y su gran música... Encuentra un lugar en el que la naturaleza aún no haya sido perturbada, contaminada. Si no puedes encontrar un sitio así, entonces cierra los ojos y siéntate en tu propia habitación. Si es posible, ten en tu casa una habitación especial para la meditación; una pequeña esquina servirá, pero que sea especialmente para la meditación. ¿Por qué especialmente? Porque cualquier tipo de acto crea su propia vibración. Si simplemente meditas en ese lugar, ese lugar se vuelve meditativo. Cada día que meditas, ese lugar absorbe tus vibraciones cuando estás en meditación. Cuando llegas al día siguiente, esas vibraciones empiezan a entrar en ti: te ayudan, son recíprocas, responden.

Ésa es la idea de los templos y las iglesias y las mezquitas; la idea es hermosa. La idea es que puede que no sea posible para todo el mundo tener una habitación especial para la oración o la meditación, pero podemos tener un lugar especial para todo el pueblo: un templo rodeado de árboles, a la orilla de un río, en el que no se junten las masas, donde no se hagan asuntos mundanos. Cuando uno quiere meditar, puede ir al templo. Y todo el mundo sabe que está en el templo, que no hay que molestarle.

Un lugar sagrado no es más que un espacio apropiado y las condiciones apropiadas para la meditación. Si te sientes muy enfadado, ése no es el momento de meditar: irá contra corriente. Si te sientes muy avaricioso, éste no es el momento de meditar, no te resultará fácil. Pero hay momentos en los que estás fácilmente disponible para la meditación. Está saliendo el sol y has visto el sol naciente, y de pronto todo está silencioso dentro de ti, aún no formas parte del mercado: éste es el momento de meditar. Has estado sintiéndote bien, sano, no has estado luchando con nadie hoy: éste es el momento de meditar. Ha llegado un amigo y estás lleno de amor: éste es el momento de meditar. Estás con tu mujer y ambos os sentís inmensamente felices: sentaos juntos y meditad, y encontrarás que sucede la mayor alegría de la vida si puedes meditar con la persona que amas, con tu amigo.

Encuentra las condiciones apropiadas, y siempre están disponibles. No hay un solo hombre que no pueda encontrar las condiciones apropiadas. En un periodo de veinticuatro horas llegan muchos momentos que pueden transformarse en meditación muy fácilmente, porque en esos momentos estás yendo hacia adentro naturalmente. La noche está llena de estrellas: túmbate en el suelo, mira las estrellas, siéntete en armonía, y entonces medita. A veces es bueno irse de vacaciones a las montañas..., pero no te lleves la radio, de lo contrario te estás llevando todas las tonterías contigo. Y cuando te vayas a las montañas no le des tu dirección y tu número de teléfono a nadie, de lo contrario no hay necesidad de que te vayas a ninguna parte. Cuando te vayas a las montañas olvídate del mundo entero durante unos días. Ése es el significado de las vacaciones, de un día festivo: tiene que ser sagrado, solo entonces es un día festivo. Si no es sagrado, si no está en sintonía con lo sagrado, no es un día festivo; la gente se lleva su mundo con ella.

Una vez fui a los Himalayas con varios amigos, y luego tuve que pedirles que me dejaran porque habían traído sus transistores y sus periódicos y revistas, y las novelas que estaban leyendo, y estaban hablando continuamente: hablando de cosas de las que siempre habían hablado. Así que les dije: «¿Por qué habéis venido a los Himalayas? Estabais hablando de estas cosas perfectamente bien en casa, y estáis diciendo otra vez lo mismo: los mismos chismorrees, los mismos rumores.»

Y cuando venían conmigo a algún sitio precioso, traían sus cámaras, hacían fotos. Les dije: «Tú has venido aquí a ver. ¡No has traído tu cámara para que vea los Himalayas!»

Pero ellos decían: «Haremos álbumes preciosos, y más adelante veremos los bellos lugares que hemos visitado.» Y allí mismo no estaban allí; solo estaban pulsando sus cámaras. Esta estupidez hay que dejarla atrás.

Es bueno ir a las montañas de vez en cuando. Y no estoy diciendo que empieces a vivir allí; eso no es bueno, porque entonces te vuelves adicto a las montañas y le coges miedo a volver al mundo. Las vacaciones tienen que ser simplemente unas vacaciones. Luego vuelve al mundo y tráete contigo toda la paz y el silencio y la experiencia de lo sagrado. Tráetelo contigo, haz un esfuerzo para que permanezca contigo en el mercado.

Estas sugerencias son para los principiantes. Cuando una persona se ha vuelto realmente meditadora, puede meditar sentado ante un cine, puede meditar en el andén de una estación.

Durante quince años estuve viajando continuamente por todo el país, viajando continuamente, día tras día, día tras día, año tras año. Siempre en el tren, en el avión, en el coche. Eso da lo mismo. Una vez que te has enraizado verdaderamente en tu ser, todo da lo mismo. Pero esto no es así para el principiante. Cuando el árbol se ha enraizado, que vengan los vientos y que vengan las lluvias y que truenen las nubes; todo está bien, le da integridad al árbol. Pero cuando el árbol es pequeño, tierno, entonces incluso un niño pequeño es lo suficientemente peligroso, o una vaca que pasa, un animal tan sagrado..., pero eso es suficiente para destruirlo.

Cuando estés empezando, recuerda, las sugerencias de Lu-Tsu tienen una importancia inmensa.

 

Es decir, la mente debe estar libre de preocupaciones vanas. Hay que dejar de lado todos los embrollos; debes sentirte desapegado e independiente.

 

Cuando estés tratando de meditar, descuelga el teléfono, desconéctate. Pon una nota en la puerta diciendo que durante una hora nadie debería llamar, que estás meditando. Y cuando entres en tu sala de meditación, quítate los zapatos, porque estás andando en terreno sagrado. Y no te desprendas solo de los zapatos, sino también de todo lo que te esté preocupando. Déjalo todo conscientemente con los zapatos: entra desocupado. Puedes tomarte una hora de las veinticuatro. Dales veintitrés horas a tus ocupaciones, deseos, pensamientos, ambiciones, proyecciones; tómate una hora fuera de todo esto. Y al final verás que solo esa hora ha sido la hora real de tu vida; esas veintitrés horas han sido un puro desperdicio. Solo esa hora se ha salvado y todo lo demás se ha ido al traste.

 

Tampoco hay que concentrar los pensamientos en el procedimiento adecuado.

 

Y lo segundo que hay que recordar: no te preocupes demasiado por el procedimiento adecuado, de lo contrario eso se convierte en una preocupación: que deberías sentarte en cierta postura. Si te puedes sentar, bien; pero si se convierte en una preocupación innecesaria, déjalo. Por ejemplo, si no te puedes sentar en la postura del loto completo —es muy difícil para las personas que se han sentado en sillas toda su vida; es difícil porque su musculatura se ha desarrollado de una determinada manera—, entonces tus piernas no se sentirán bien. Se te dormirán o empezarán a crearte dificultades, estarán pidiendo tu atención continuamente. De manera que no hay necesidad de forzar la postura del loto. Si la postura del loto resulta fácil, está bien. De otra forma, cualquier postura es una postura del loto.

Si no puedes sentarte en el suelo, si te resulta difícil, siéntate en la silla. La meditación no le tiene miedo a las sillas. Puede suceder en cualquier parte.

Justo el otro día Renu había hecho una pregunta: «¿Puede suceder la iluminación en un caballito mecedor?» Puede suceder. ¡Incluso le puede suceder al caballito mecedor! No necesitas preocuparte por ello. Así, Lu-Tsu dice:

 

Tampoco hay que concentrar los pensamientos en el procedimiento adecuado.

 

Simplemente pon un poco de cuidado, eso es todo; pero no te preocupes demasiado por ello: de si la columna está absolutamente recta o no, de si tienes la cabeza alineada con la columna o no, de si tienes los ojos exactamente como lo quiere Lu-Tsu. Tus ojos son de un tipo diferente a los de Lu-Tsu; ya conoces a los chinos y sus ojos. De hecho, parece que siempre están mirándose la punta de la nariz; sus ojos están solo medio-abiertos. Cuando le doy sannyas a un chino, me resulta difícil mirarle a los ojos.

Tenéis diferentes tipos de ojos. Todo el mundo tiene un tipo diferente de ojos y un tipo diferente de nariz, así que no te ocupes demasiado de estas menudencias. Son solo indicaciones: compréndelas, absórbelas, y luego sigue tu camino. Encuentra tu propio camino. Lo básico que hay que recordar es: tienes que estar cómodo y relajado.

 

Este peligro surge si te tomas demasiadas molestias. No quiero decir que no debas tomarte ninguna molestia, pero el camino apropiado estriba en mantener la misma distancia entre ser y no-ser.

 

Hay que estar exactamente en el medio. La gente se vuelve demasiado activa o demasiado inactiva. Si se vuelve demasiado activa, se crea ansiedad: una especie de premura, prisa, aceleramiento, inquietud; si se vuelve demasiado inactiva, se crea sueño, una especie de letargo, indolencia. Permanece en el medio. Estar en el medio es un criterio que hay que usar siempre. No comas demasiado, no pases demasiada hambre. No duermas demasiado, no duermas menos de lo necesario. Recuerda siempre estar en el medio: el exceso está prohibido, hay que desechar todo tipo de extremos, porque solo en el medio hay un estado mental relajado.

 

Si puedes alcanzar el no-propósito mediante el propósito, entonces lo has entendido.

 

Si puedes alcanzar este tipo de equilibrio entre el esfuerzo y la ausencia de esfuerzo, entre el propósito y la ausencia de propósito, entre ser y no-ser, entre mente y no-mente, entre acción y no-acción...

 

Si puedes alcanzar el no-propósito mediante el propósito el no-esfuerzo mediante el esfuerzo, la inactividad mediante la acción—, entonces lo has entendido. Ahora puedes soltarte, desapegado y sin confusión, de manera independiente.

 

Esto es lo básico: entonces puedes dejarte fluir con el flujo de las cosas, «puedes soltarte».

 

Además, no deberlas caer víctima del mundo entrampador. El mundo entrampador es donde se divierten los cinco tipos de demonios oscuros. Esto sucede, por ejemplo, cuando, después de la fijación, tienes principalmente pensamientos de madera seca y cenizas muertas, y unos pocos pensamientos de la primavera resplandeciente en la gran tierra.

 

Recuerda: la mayor dificultad para una persona religiosa es no ser demasiado seria, la mayor dificultad para la persona religiosa es no ser triste, la mayor dificultad para la persona religiosa es no ser negativa, porque normalmente sucede eso. Las personas religiosas se vuelven muy tristes, muy serias, muy negativas con respecto a la vida: se olvidan completamente de la primavera. Solo piensan en «madera seca y cenizas muertas». Han perdido el equilibrio. Hay que recordar algunos pensamientos de la primavera resplandeciente en la gran tierra.

La persona realmente religiosa conoce el sentido del humor. La persona realmente religiosa es sincera pero nunca seria, absolutamente devota a su trabajo pero nunca con una actitud de ser «más santa que nadie», nunca; nunca siente ninguna superioridad debido a ello, sino humildad. La persona realmente religiosa puede bailar con el viento y las lluvias, puede sonreír y reírse con los niños, puede sentirse a gusto con todo tipo de situaciones de la vida. Eso es libertad, eso es libertad con respecto al ego. El ego te hace serio.

 

De esa manera te hundes en el mundo de lo oscuro.

 

Si te vuelves demasiado serio te hundirás en el mundo de lo oscuro, en el mundo negativo.

 

La energía es fría allí, la respiración es agitada, y se presentan muchas imágenes de frialdad y descomposición.

 

Recuerda: no tienes que volverte frío. Verás que los que llamáis santos son muy fríos: no han entendido en absoluto la cuestión. Vuélvete fresco, pero nunca te vuelvas frío..., y hay una gran diferencia entre las dos cosas, y hay en ello una paradoja muy profunda. Lo llamo «fresco»: comparado con el estado caliente de la pasión, es fresco; es cálido comparado con la frialdad de la muerte. Es cálido comparado con la frialdad de la muerte y es fresco comparado con el ansia apasionada de vivir. Es tanto cálido como fresco. Una persona realmente religiosa es fresca porque no tiene ansia, y es cálida porque no es triste, no es seria.

 

Si te demoras mucho allí, entras en el mundo de las plantas y las piedras.

 

Y si te vuelves demasiado frío, tarde o temprano te convertirás en una roca: te volverás inconsciente, dejarás de ser humano. Muchos de vuestros santos, en mi observación, son personas que han dejado de ser humanas. No se han vuelto sobrehumanas, se han vuelto infrahumanas. Pertenecen al mundo de las rocas y las piedras.

 

Tampoco hay que dejarse descarriar por las diez mil trampas. Esto sucede si, después de que ha empezado el estado calmado, aparecen de repente, una tras otra, todo tipo de ataduras. Quieres abrirte paso entre ellas, pero no puedes. Las sigues, y te parece que esto te alivia.

 

Ahí es donde el psicoanálisis ha errado el camino. El psicoanálisis se ha convertido en el método de la libre asociación de pensamientos. Puedes seguir y seguir: un pensamiento conduce a otro, hasta lo infinito. Habría que mantenerse desapegado de la sucesión de pensamientos. Llegarán, te rodearán por todas partes, serán como nubes...; se perderá incluso ese poco de cielo. Y cuando hay demasiados pensamientos, el instinto natural es luchar con ellos, porque has leído que meditación significa no tener pensamientos. Pero luchando nunca llegas a no tener pensamientos. Si luchas, serás derrotado. La lucha misma se convierte en la causa de tu derrota. No puedes luchar con sombras; si lo haces serás derrotado. Intenta luchar con tu propia sombra y serás derrotado: no porque la sombra sea muy poderosa, sino porque la sombra no existe. Y si luchas con algo que no existe, ¿cómo vas a ganar? Los pensamientos son sombras, no luches con ellos.

Y si no luchas, entonces se abre la otra alternativa, la que ha elegido el psicoanálisis: entonces vete con ellos, entonces déjalos que vayan adonde quieran; la libre asociación de pensamientos. Entonces un pensamiento está ligado a otro y a otro y a otro, y sigue y sigue hasta lo infinito, interminablemente. Esto parecerá una especie de relajación. Por eso la gente se siente ayudada, salvada, con el psicoanálisis. No está salvada, no está ayudada; tan solo desaparece la lucha. Al luchar, te pones tenso. Cuando no luchas, la tensión desaparece, y esa desaparición de la tensión te da la sensación de que estás salvado.

 

Mulla Nasruddin usa zapatos muy apretados, dos números más pequeños que los que necesita.

Se queja todo el día, y está todo el día enfadado con los zapatos.

Un día le pregunté: «¿Por qué no cambias de zapatos? Te puedes comprar otro par.»

Él dijo: «¡Eso no lo puedo hacer! ¡Nunca!»

Le dije: «¿Por qué?»

«Porque», me dijo, «éste es mi único alivio. Cuando, después de pasarme el día luchando con los zapatos, llego a casa y los tiro y me tumbo en la cama, ¡me siento tan bien!».

 

Te sentirás bien. Cuando luchas con tus pensamientos y no puedes ganar, entonces abandonas la lucha y dejas que se muevan los pensamientos y te vas con ellos, y te sientes bien. Ése es todo el secreto del psicoanálisis. El psicoanálisis no ayuda en absoluto; simplemente hace que te sientas bien porque te ayuda a dejar de luchar.

Lu-Tsu dice: «Ninguna de estas dos cosas está bien. No hay necesidad de luchar, no hay necesidad de dejar que fluyan los pensamientos y seguirlos. Permanece observando, sé un testigo.»

 

Esto significa que el maestro se ha convertido en el sirviente.

 

Si sigues a los pensamientos, el maestro se ha convertido en el sirviente.

 

Si un hombre se demora en esa fase durante mucho tiempo, entra en el mundo de los deseos ilusorios.

 

Hay que recuperar al maestro. Tienes que ser el maestro, no el sirviente. ¿Y cuál es la maestría? Ser un testigo es ser un maestro. Simplemente observa esos pensamientos; absolutamente calmado y sereno, observa. Deja que lleguen, deja que se vayan, deja que surjan, deja que desaparezcan; simplemente observa: el pensamiento está surgiendo, el pensamiento está ahí, el pensamiento se ha ido. Y pronto llegarás a un punto en el que surgen cada vez menos, y luego, un día, la abertura... Todos los pensamientos han desaparecido. En esa abertura, la primera experiencia de Dios.

 

En el mejor de los casos, te encuentras en el cielo; en el peor de los casos, entre los espíritus raposos. Semejante espíritu raposo, es verdad, puede ser capaz de vagar por las montañas famosas disfrutando el viento y la luna, las flores y los frutos, y deleitándose en los árboles de coral y la hierba enjoyada. Pero después de haber hecho esto, su recompensa ha terminado y vuelve a nacer en el mundo del revuelo.

 

Si tienes éxito en la meditación, naces en el cielo, en el gozo eterno. Si no tienes éxito, si te desencaminas... En el Taoísmo, ese desencaminarse se llama: «En el peor de los casos, naces entre los espíritus raposos.»

Un espíritu raposo es el espíritu de un poeta. El espíritu raposo es el espíritu de la imaginación. Incluso si fracasas en tu meditación, algo se ha ganado. Esto será lo que ganes: disfrutarás más los árboles y las flores, y el mundo y la belleza. Pero tarde o temprano, la energía que se había creado con la meditación desaparecerá y volverás a caer en el viejo revuelo.

Recuerda: si tienes éxito en la meditación, la alegría es eternamente tuya. Pero incluso si fracasas encontrarás algunos momentos de hermosa alegría y poesía. Los que fracasan en la meditación se vuelven poetas, los que tienen éxito se vuelven visionarios. Los visionarios son poetas de lo eterno, los poetas son poetas de lo momentáneo.

Por eso sucede a veces: un poco de meditación y te sientes tan bien que dejas de meditar; piensas que lo has alcanzado todo. Los árboles son más verdes, las rosas son más rosadas, el amor va hermosamente; todo ha empezado a suceder..., ¿para qué molestarse? Pero pronto la energía que se había creado desaparecerá: te has convertido en un espíritu raposo. Eso es lo que está sucediendo con las drogas en todo el mundo: las drogas solo crean espíritus raposos. Pero la meditación, si no se completa, también puede hacer lo mismo.

Una vez que se ha tomado la decisión, es un compromiso: tienes que seguir hasta el final. Es un desafío. Acepta este desafío y emprende este viaje hermosísimo de la búsqueda interna. Y no te pares nunca en el medio en ninguna parte a menos que hayas llegado, a menos que hayas llegado al centro del ciclón.

 

Suficiente por hoy.

 

 

 

Capítulo 18

 

El amor es el único amigo

 

La primera pregunta:

Osho, cuando estaba yo mismo en terapia, pasaba mucho tiempo orando. Con los años, me sentí mejor. Nunca supe si fue la terapia o la oración. Como terapeuta, quiero incitar a otros a orar, pero me da vergüenza.

 

Sadananda, el amor es terapia, y no existe ninguna otra terapia en el mundo excepto el amor. Lo que cura es siempre el amor, porque el amor hace que estés entero, el amor hace que te sientas bienvenido en el mundo, el amor hace que formes parte de la existencia. Destruye la alienación. Entonces ya no eres un extraño aquí, sino absolutamente necesario. El amor hace que te sientas necesario, y ser necesario es la mayor necesidad. Nada más puede satisfacer esa gran necesidad. A menos que sientas que estás contribuyendo con algo a la existencia, a menos que sientas que sin ti la existencia sería un poco menos, que se te echaría de menos, que eres insustituible, no te sentirás sano y entero.

Y la oración es la forma más elevada de amor. Si el amor es la flor, entonces la oración es la fragancia. El amor es visible, la oración es invisible. El amor es entre una persona y otra persona, la oración es entre una presencia impersonal y la presencia impersonal de la totalidad. El amor es limitado, la oración es ilimitada. Si puedes orar, no es necesaria ninguna otra terapia.

Las terapias son necesarias en el mundo, porque ha desaparecido la oración. El hombre nunca ha necesitado terapia cuando la oración estaba viva, fluyendo; cuando la gente bailaba llena de gratitud, cantando canciones de alabanza a Dios, sintiéndose extasiada simplemente por existir, por estar aquí; sintiéndose agradecida por la vida. Cuando fluían lágrimas de sus ojos —de amor, de alegría— y cuando había canciones en su corazón, no había necesidad de terapia. La terapia es una necesidad moderna, un pobre sustituto de la oración.

El psicoanálisis es un pobre sustituto de la religión, muy pobre. Pero cuando no puedes conseguir lo mejor, entonces te las arreglas con lo segundo mejor o lo tercero mejor, o lo que esté disponible. Como los templos se han podrido, las iglesias se han vuelto políticas y la religión ha sido contaminada por los sacerdotes; el hombre se ha quedado solo, sin que nadie se ocupe de él, sin nadie que le apoye. El suelo mismo que le había sustentado durante siglos ha desaparecido. El hombre está cayendo en un abismo, se siente arrancado de raíz. El psicoanálisis llega como un sustituto: te da un poco de arraigo, te da un poco de suelo al que agarrarte. Pero no es nada comparado con la oración. Como el psicoanalista mismo está necesitado, como él mismo está tan enfermo como el paciente, no hay mucha diferencia entre el psicoanalista y el paciente. Si hay una diferencia, es la diferencia de los conocimientos, y eso no importa nada. No es una diferencia de ser. Si hay una diferencia es cuantitativa, no es cualitativa, y la cantidad no importa mucho. El psicoanalista y su paciente están los dos en la misma situación.

En los viejos tiempos había un tipo diferente de persona andando por el mundo, la persona religiosa: el Buda, el Cristo. Su presencia misma era sanadora. Como estaba sanado y entero, su totalidad era contagiosa. De igual manera que las enfermedades son contagiosas, así también la salud. De igual manera que las enfermedades las puedes contraer de otros, así también puedes contraer algo de la energía sanadora de otra persona. Pero para eso el psicoanalista no será de gran ayuda. Puede que te ayude un poco a solucionar tus problemas, intelectualmente. Puede que descubra las causas de tus problemas; y cuando conoces la causa te sientes un poco mejor, no estás en la ignorancia. Pero solo saber la causa no ayuda nada. Estás sufriendo: el psicoanalista te mostrará que estás sufriendo debido a tu madre, debido a tu educación, debido a tu infancia. Hace que te sientas un poco bien: de modo que tú no eres la causa, es la madre, o hay siempre alguna otra cosa a la que echarle la culpa. El psicoanálisis desvía la responsabilidad, hace que te sientas un poco ligero, aliviado; pero no se ha resuelto el problema. Simplemente por saber la causa, la causa no desaparece.

La religión tiene una orientación totalmente diferente: no desvía la responsabilidad a otros. De hecho, hace que te sientas responsable por primera vez en tu vida. Por eso el psicoanálisis es una especie de soborno. Es una especie de lubricante, es una especie de ayuda en tu ego, fortaleciendo tu ego, echándole la culpa a otros. Es un juego muy peligroso, porque una vez que empieces a echarle la culpa a los demás nunca te transformarás, porque nunca te sentirás responsable. Ésta es una de las mayores calamidades que le han sucedido a esta época.

Marx dice que es la sociedad la responsable de todos los males que estás padeciendo. Tú no eres responsable: es la sociedad dividida en clases, es la estructura económica. Freud dice que no es la estructura económica, sino el condicionamiento que te han dado los padres, la sociedad, la educación, el sacerdote, la iglesia. Es el condicionamiento, por eso estás sufriendo. Tú no eres responsable.

Éste es el viejo juego. En el pasado se le llamaba «el juego del destino»: el destino es responsable, tú no eres responsable. Éste es el mismo juego jugado con nombres nuevos y etiquetas nuevas, pero el truco es que tú no eres responsable. Por supuesto, te sientes un poco más feliz, pero no cambia nada. Tarde o temprano, esa felicidad desaparece porque la causa permanece donde estaba, la herida permanece: ¿qué importancia tiene quién te haya herido? Saber que te ha herido tu madre o tu padre o la sociedad o la iglesia, ¿qué importancia tiene? La herida sigue ahí, llena de pus, creciendo, haciéndose más grande cada día. Te puedes sentir un poco bien por el momento, aliviado: no eres responsable, eres solo una víctima. Puedes simpatizar contigo mismo, puedes tenerte lástima a ti mismo y puedes sentirte enfadado con otros, con los que han creado la herida. Pero éste no es un camino de transformación. La herida sigue ahí y la herida continuará creciendo; a la herida no le importa lo que pienses de ella. Tu manera de pensar le da lo mismo a la herida.

La religión es un enfoque totalmente diferente: hace que te sientas responsable. Está en contra de tu ego. Dice: «¡Eres tú! Es tu responsabilidad haber elegido cierto patrón de vida. Todos los patrones estaban disponibles, no te fue impuesto ningún patrón.»

Buda nació en la misma sociedad en la que otros sufrían, padecían un infierno, y él alcanzó el aquí-y-ahora, el estado supremo de gozo. De manera que la sociedad no puede ser la responsable. Cristo nació en la misma sociedad en la que nació Judas, en la que nacieron todos los demás, pero él alcanzó a Dios.

La religión te hace sentir responsable y libre. La libertad y la responsabilidad son dos caras de la misma moneda. Si no estás dispuesto a sentirte responsable, nunca serás libre. Permanecerás atado, atado a otros.

El psicoanálisis hace que te sientas atado. No puede ayudarte realmente. La oración hace que te sientas libre. Oración significa religión. Oración significa: eres responsable, has elegido cierto tipo de vida. Pero