Texto. Meditación

 

La meditación describe la práctica de un estado de atención concentrada, sobre un objeto externo, pensamiento, la propia consciencia, o el propio estado de concentración. La palabra «meditación» viene del latín meditatio, que originalmente indica un tipo de ejercicio intelectual. De este modo, en el ámbito religioso occidental se ha distinguido entre meditación y contemplación, reservando a la segunda un significado religioso o espiritual. Esta distinción se vuelve tenue en la cultura oriental, de forma que al comienzo de la influencia del pensamiento oriental en Europa, la palabra adquiriría un nuevo uso popular. Este nuevo uso se refiere a la meditación propia del yoga, originada en India, los teósofos adoptaron la palabra«meditación» para referirse a las diversas prácticas de recogimiento interior o contemplación propias del hinduismo, budismo y otras religiones orientales.

 No obstante, hay que notar que este tipo de práctica no es ajena a la historia de Occidente, como muestran descubrimientos de vasijas celtas figuras en postura yóguica. La meditación se caracteriza normalmente por tener algunos de estos rasgos: Un estado de concentración sobre la realidad del momento presente Un estado experimentado cuando la mente se disuelve y es libre de sus propios pensamientos Una concentración en la cual la atención es liberada de su actividad común y es focalizada en Dios, propio de las religiones teístas. Una focalización de la mente en un único objeto de percepción, como por ejemplo la respiración o la recitación de palabras constante.

La meditación no solo puede tener propósitos religiosos sino estar también enfocada en el mantenimiento de la salud física o mental, e incluso puede tener propósitos de conexión cósmica para encontrar respuestas a preguntas universales que a lo largo de la historia el ser humano ha tenido. Existe una amplia variedad de guías y enseñanzas para la meditación, que van desde las que se presentan en las religiones hasta las terapéuticas, pasando por las ideologías propias de ciertos individuos. Estudios científicos han demostrado que algunas técnicas de meditación pueden ayudar a mejorar la concentración y la memoria, mejorar el sistema inmunitario y la salud en general. Para Rudolf Steiner, fundador de la antroposofia , la meditación es el camino para el conocimiento del mundo espiritual y requiere ejercicios especiales.

Meditar, según el zen es la condición natural de la conciencia humana, capaz de comprender por sí sola el significado de su existencia, aun si esto ocurre a nivel del inconsciente. Esta percepción se interrumpe por la agitación o el interés en los asuntos particulares que absorben nuestra atención. La práctica de un sistema o rutina de meditación devolvería a la mente a ese estado básico y primordial. Algunos maestros zen dicen que meditar es tocar el corazón del ser humano.

La meditación es importante dentro del budismo. Cada escuela tiene diferentes maneras y técnicas específicas. Para algunas es la forma mediante la cual la mente logra alcanzar un plano de realidad y entendimiento que va más allá de lo sensorial o aprendido, o se puede ampliar o controlar el espectro de motivaciones de la personalidad.

 En el budismo zen, sin embargo, se dice que la meditación es un estado natural de crecimiento si el ego no lo interrumpe.

En el hinduismo, en las escuelas de yoga y vedanta, la meditación es parte de dos de las seis ramas de la filosofía hindú. En la práctica budista de Theravada , la meditación involucra tanto técnicas conocidas como samadhi y vipassana, como el desarrollo de la bondad y el conocimiento superior. Las técnicas de aproximación a la meditación varían desde las que se basan en observar la respiración, en visualizar algún pensamiento positivo o imagen inspiradora, enfocar algún objeto o imagen como por ejemplo un mándala, las invocaciones hasta las que se basan en tipos de compleja alquimia espiritual. También existen las meditaciones sin objeto, desenfocando la tensión mental. Además de lo descrito antes sobre el pensamiento en la meditación, durante esta se puede dejar fluir libremente las imágenes mentales, sean claras o confusas, como cuando se está a punto de conciliar el sueño. También se puede dejar fluir las sensaciones, emociones, impulsos y energías corporales, normalmente sin intervenir en ellas, pero tampoco dejándose llevar o enredar, de manera que muestran finalmente una tendencia a reordenarse por sí solas; aunque existen métodos de reflexión y técnicas de concentración en que la conciencia las puede manejar. En la mayoría de las religiones basadas en el paganismo y el neopaganismo, como son la Wicca y el druidismo, la meditación es un pilar fundamental para mantener una conexión con la divinidad. En las prácticas de las brujas actuales, diversas técnicas de meditación son utilizadas como herramientas para despejar la mente y canalizar energías al llevar a cabo trabajos mágicos y rituales.

Multitud de técnicas de meditación han sido estudiadas por la psicología. Muchos terapeutas recomiendan alguna técnica o diseñan las suyas propias, a menudo inspiradas en las tradicionales. La mayoría utilizan la respiración como centro porque es el puente entre el cuerpo físico, el estado de ánimo y la mente. La práctica de una técnica o rutina ayuda a las personas con diferentes cuadros de estrés, pero normalmente no es recomendable practicarla cuando está presente una enfermedad mental. Meditar ayuda a reordenar la mente y calmar la ansiedad. Mejora la comprensión de objetivos y motivaciones y equilibra el carácter. También puede hacer resurgir motivaciones, traumas, emociones o energía enquistadas. Por el estudio de la respiración y la postura corporal se mejora la salud en general y se reconduce el metabolismo a su funcionamiento óptimo. Algunos estudios científicos hechos en Japón acerca de la meditación zen registraron diferencias significativas entre el funcionamiento del sistema nervioso y cerebral de personas que meditaban regularmente y el de las que no.

En diversas escuelas orientales se suelen definir tres tipos básicos de pensamiento: cerebral, de corazón, y de tripas. Esto ha sido confirmado por la moderna, observando que existen tejidos neuronales en diferentes partes del cuerpo que controlan diferentes impulsos, paralelos a las tres capas básicas del cerebro: impulsos instintivos que protegen los aspectos físicos, impulsos emocionales que mueven las motivaciones y la sensibilidad, e impulsos intelectuales que rigen las técnicas con que se resuelven problemas complejos.

Dependiendo de la persona y la técnica, los cambios en la conciencia pueden ocurrir de diferentes formas. Puede tratarse de un cambio en el carácter al comprender la existencia como un ecosistema de interdependencias . En el zen se resta importancia a las experiencias de conciencia alterada o las descripciones complicadas.

 

Como meditar:   Para llegar a la esencia misma de Dios, primero debemos alcanzar la esencia de nosotros mismos, pues nadie puede conocer a Dios a menos que se conozca a sí mismo. Después de sentarse en una postura firme y cómoda y después de calmar la respiración, se procede a la práctica de la pratyahara, es decir, el acto de retirar los sentidos de percepción de los objetos correspondientes, y de anga nyasa o purificación de todos los órganos del cuerpo. La luz es el elemento más apropiado, pues purifica y desvanece la oscuridad. La luz o flama ha de recorrer por todo el cuerpo para purificar nuestros miembros y sentidos; seguidamente se coloca en el loto del corazón. Aquí se instala, además, en medio de la flama, la forma del ideal divino con el propósito de practicar dharana (concentración). Esta nos conducirá a dhyana (meditación) y finalmente al samadhi (el estado de fusión con Dios, el Supremo Ser).

  Antes de empezar a meditar, para serenar los pensamientos dispersos, repitan en voz baja o mentalmente algunas oraciones que alaben la gloria de Dios. Después haga japa (repetición del nombre divino de su preferencia), una o dos vueltas del japamala (tipo de rosario Hindú de 108 cuentas), mientras lo hacen, lleven a su mente la forma del nombre que están repitiendo. Si sus mentes se alejan de la recitación del nombre, visualicen la forma, y cuando se aleje de ésta, en el nombre. Concéntrense en la dulzura de una o del otro. De esta manera, la mente se domina con facilidad. La forma divina visualizada, que en un principio sentimos fría e insensible, llega a transmutarse en una imagen clara a nuestro corazón, la cual nos hace vibrar emocionalmente, grabándose en nuestra memoria, gradualmente logra llenarse del Señor y éste llega a asumir la forma elegida con el fin de satisfacer nuestro anhelo. Este tipo de práctica se la mejor para los principiantes. Se le denomina japa sahiti dhyana. Después de unos días de práctica constante sentirán el gozo de la concentración. Al principio practiquen lo anterior por espacio de 10 a 15 minutos, luego vayan prolongándolo a su gusto. Enseguida podrán reflexionar sobre la paz y la felicidad que experimentaron durante la meditación, es decir, traerán a la memoria la dicha que sintieron. Esto fortalece su fe e incrementa su práctica. Al terminar no se levanten de forma brusca; relajen sus extremidades lenta y gradualmente y luego empiecen su rutina diaria.

No se desanimen si desde el principio no son capaces de concentrarse por mucho tiempo. Cuando se aprende a conducir una bicicleta no se tiene la habilidad de conservar el equilibrio de inmediato. Se busca un lugar abierto y después de algunos intentos y algunas caídas, tambaleándose hacia uno y otro lado, se adquiere destreza, una vez aprendido esto nunca más se vuelven a preocupar por guardar el equilibrio; pueden ir en bicicleta por caminos estrechos o calles muy concurridas. Así también, la práctica de la meditación los dotará de la habilidad de concentrarse. Ella los sostendrá en su vida diaria y en los momentos más difíciles.

Existen tantas formas de meditar como maestros e instructores. A continuación les voy a enseñar el método más universal y efectivo que existe. Este es el primer paso de la disciplina espiritual. Dediquen unos cuantos minutos cada día para este ejercicio y vayan prolongándolo según experimenten la dicha que les proporciona su práctica. Háganlo antes del amanecer, cuando el cuerpo está fresco y las agitaciones del día aún no les han poseído. Tengan una vela o una lámpara con una flama firme y recta. Siéntense en postura de loto o en alguna otra que sea cómoda para ustedes enfrente de la vela. Concentren la mirada en la flama sin parpadear durante determinado tiempo, cierren los ojos y traten de sentir la flama en el entrecejo; háganla descender hasta el loto del corazón iluminando todo su paso. Cuando entre en el corazón imaginen que los pétalos de loto se abren y que la luz baña cada pensamiento, sentimiento y emoción alejando la oscuridad. Ante la luz no hay lugar donde la oscuridad pueda reinar. La luz de la flama se vuelve cada vez más brillante. Dejen que penetre en las extremidades; ahora esas extremidades ya no pueden ocuparse en actividades oscuras y perversas; se han convertido en instrumentos de luz y amor. Permitan que la luz llegue a la lengua y desvanezca la falsedad que reina en ella. La llama llega a los ojos y oídos y ahí destruye los bajos deseos que los infestan con escenas malsanas y conversaciones pueriles. Ahora permitan que la cabeza se llene de esa luz y ahuyente de ella los malos pensamientos. Sientan que la luz dentro de ustedes, conforme realizan su ejercicio, va aumentando en intensidad, y se extiende alrededor en círculos cada vez más amplios, abarcando a sus seres queridos, parientes, amigos, hombres y mujeres, conocidos y extraños, y envuelve hasta sus rivales y enemigos, dondequiera que se encuentren; todos los seres vivientes, el mundo entero.

Debido a que cada día la luz ilumina todos sus sentidos, tan profunda y sistemáticamente, pronto vendrá el día en que ya no podrán complacerse con espectáculos pecaminosos o anhelar escuchar historias oscuras y falsas o ansiar alimentos y bebidas intoxicantes o acudir a lugares dañinos o idear planes malévolos en perjuicio de los demás. Quédense ahí, con esa sensación, y sean testigos de la luz omnipresente. Si acostumbran adorar a Dios en alguna de sus formas, traten de visualizarlo en esa luz todopoderosa. La luz es Dios y Dios es la luz. Practiquen esta meditación tal y como se la he recomendado con regularidad y a diario. En diferentes horas del día repitan el nombre de Dios teniendo siempre conciencia de su poder, misericordia y magnificencia.

 

         Ejercicio para procesar tus miedos