273- La clave de la vida

273
La Clave de la Vida
"La vida es lo que pasa a tu lado,
cuando solo estas enfocado en tus problemas"
-Alejandro Ariza

Siempre quise saber el por que de las cosas. Cuando era niño, mi mayor alegría era descubrir como funcionaba un juguete. Después vinieron otras preguntas: ¿Por qué aquel gesto? ¿Por qué aquellos acontecimientos?

UNA CIUDAD EXTRAÑA

Nunca acepté aquello de “la vida es así, tiene que ser así”.
Esto me recuerda el cuento del hombre que fue a una ciudad donde todos cargaban una piedra en la espalda.
Al llegar a la ciudad, el forastero quedó estupefacto ante esa costumbre y preguntó:
- ¿Por qué llevan esa piedra en la espalda?
- Porque tiene que ser así. Siempre fue así, le dijeron.
Insatisfecho con la explicación, insistió:
- Pero debe haber algún motivo.
- No sabemos. Sólo sabemos que tú también debes llevar la piedra… Tal fue la respuesta que recibió.
Para no llamar la atención, el forastero empezó a llevar también una piedra a la espalda, y así fue bien recibido por la comunidad.
Pero la piedra pesaba y además era algo absurdo para quien venia de un mundo diferente.
Ellos habían nacido, prácticamente, con una piedra en la espalda, pero él venia de otra realidad.
Hasta que un día, cansado, empezó a decir:
- La piedra dejó de ser necesaria. No tenemos que cargar más la piedra. Prueben.
Algunos, de hecho, empezaron a dejarla y sintieron enseguida que era mucho mejor: Experimentaron una sensación de bienestar y el dolor de la espalda, que era permanente, desapareció.
Pero algunos de los más viejos empezaron a poner miedo en estas personas de vanguardia. Les dijeron que, al dejar la piedra, estaban contrariando la ley de Dios y con esto despertaron en ellos miedo y sentimientos de culpa.
¿Qué hacer? Librándose de la piedra, ofendían a Dios y a los demás. Estos los verían como traidores y los perseguirían y condenarían.

NADIE SABÍA EL POR QUÉ

¡Qué situación! Nadie sabía decir por que debían continuar cargando la piedra, pero no podían librarse de ella, sencillamente porque había que cargarla.
Quien había hecho la experiencia de dejarla, había sentido, por unas horas, que era estupendo andar sin ella, pero debían continuar cargándola aunque ya empezaban a convencerse de que no había ninguna explicación, ningún motivo para hacerlo, a no ser lo que decían los que no habían tenido el valor de quitársela de encima:
Es necesario… Siempre fue…
El forastero acabó casándose y dejo la ciudad.
Esta continuó con su costumbre milenaria de andar con una piedra en la espalda.
Nadie se sentía bien. Pero todos pensaban que la culpa era de la vida. Nadie se atrevía a preguntar:
¿Por qué tenemos que continuar cargando piedras?
¿Estas piedras tienen alguna relación con ese dolor continuo que sentimos en la espalda?

¿POR QUÉ ES ASI LA VIDA?

Muchas veces, al mirar nuestro mundo, tengo la impresión de estar viendo la ciudad de la que hablamos. La gente se queja de todo, reivindica hospitales, ambulancias, pues la enfermedad esta invadiendo la tierra, en vez de buscar la vida. La agresión es algo permanente, la violencia esta arraigada en todos los sectores.
¡Cuantas personas en estado de tensión, nerviosas, inseguras, deprimidas, indignadas, sin conseguir ver un sentido en la vida y sin realizarse!
¿Por qué?
Este por qué fue siempre uno de los que más me inquietaron. ¿Por qué, siendo como es una dádiva divina y tan maravillosa, en teoría, la vida, en la práctica resulta tan difícil y absurda?
¿Por qué, teniendo una mente que puede conseguir todo lo que queramos, no conseguimos prácticamente nada?
Cargamos piedras y nos quejamos de que la vida, o Dios, nos castigue, sin merecerlo, con dolores en la espalda; sin merecerlo, pues somos buenos, tan buenos (…¿?…) que perseveramos pacientemente en llevar nuestra piedra.
Parece mentira que seamos tan inteligentes para algunas cosas y tan cerrados para otras, en especial, para aquellas que están relacionadas con la vida, con su crecimiento, su desarrollo y su realización.
A las personas les parecen normales la enfermedad, la violencia, la desilusión, la infelicidad y lo máximo que hacen es preguntar por qué ellas, que son tan buenas, tienen que sufrir de esa manera. Nunca se preguntan por qué están llevando una piedra en la espalda, por qué tienen que hacer lo que hace todo el mundo, a pesar de que no ven ningún sentido en eso.
¿Por qué sufren y no consiguen realizarse las personas?
Me hice esta pregunta durante muchos años, sobre todo, al ver que también los buenos, los que son responsables, los que se dedican a los otros, sufren y no consiguen ver un sentido en sus vidas.
Ha dedicado prácticamente toda mi vida a ayudar a los demás en sus problemas, a través, fundamentalmente, de la terapia, y ese hecho siempre me4 ha llamado la atención. Nunca he conseguido acostumbrarme o conformarme con él.
Fue un por qué de respuesta difícil. La respuesta estaba tan cerca que no la veía.
Tarde años en descubrirla. Pero, por fin, la encontré.
Voy a intentar pasarte lo que descubrí. Es la clave de la vida.
Quizá te parezca una cosa tan sencilla que no le des importancia. Tal vez, viendo que es algo que ya conocías y que no cambió tu vida, pienses que estoy exagerando.
Reflexiona sobre lo que voy a decir y ponlo en práctica. Puedes creer. Tu vida va a cambiar completamente.

EL GRAN DESCUBRIMIENTO

Durante muchos años, oyendo día tras día, en el consultorio, los mismos problemas, me preguntaba: ¿Dónde esta el defecto? ¿En los recuerdos intrauterinos, en la infancia, en algún traumatismo? ¿Dónde?
Un día desperté con una sensación diferente, tenía la nítida impresión de que estaba a las puertas de un gran descubrimiento personal: la respuesta a aquella vieja pregunta.
Aquel día desperté con esta idea: ¡El Misterio de la Trinidad no es misterio y es la solución de todo!
¡Qué curioso… y que problema!
El Misterio de la Santísima Trinidad, que siempre conocí como el Gran Misterio, no era misterio y en él estaba la solución para la pregunta que durante tantos años permaneció sin respuesta satisfactoria.
Bien, una idea como esta merecía un examen cuidadoso.
Siendo así, empecé a empeñarme en la tentativa de penetrar en el “misterio”.
¿Tres en un mundo bipolar? ¿Dónde queda el tercer elemento?
¡Interesante! Estamos acostumbrados a concebir nuestro mundo como algo bipolar, como un mundo de contrarios, de elementos positivos y negativos, de bien y mal, de hombre y mujer, de materia y energía… Y, en principio, los opuestos tendrían como función el equilibrio del uno por el otro.
Pero ahora yo estaba pretendiendo ver el mundo y la propia vida de una forma diferente: No estamos en un mundo, o mejor, no formamos parte de un mundo “bi”, sino “tri”.
Debo reconocer que me sentía fascinado ante la perspectiva de esta indagación. Comencé mi trabajo por la corriente eléctrica.
Empezar por ella me pareció el camino más sencillo, no porque fuese sencilla la electricidad, sino porque las aplicaciones de esta han formado parte de mi vida, de cierta forma.
Siendo niño veía a mi padre que trabajaba con ella, haciendo instalaciones ocupándose con máquinas, radios y televisores. Yo le ayudaba cuando podía.
Crecí sabiendo que nunca se liga, directamente un polo positivo con otro negativo. Si se hace esto, sobre viene un cortocircuito y se quema la instalación.
Esto todo el mundo lo sabe. El mundo sabe también que una manzana que se desprende del árbol cae, pero cuando Newton, en su paseo matinal, sintió en su cabeza la manzana que cayó del árbol, en vez de lamentarse se preguntó: ¿por qué?
¿Por qué caen las cosas? Y así llegó a descubrir la ley de la Gravedad.
Por mi parte y con relación a la corriente eléctrica, también yo me pregunté ¿Por qué? ¿Por qué, si unimos directamente un polo positivo y otro negativo, sobreviene un cortocircuito, una destrucción? Eso me parecía natural. Sabía que era así, pero… ¿Por qué? ¿Por qué el polo positivo y el polo negativo, que existen para complementarse el uno al otro… cuando se juntan, directamente, se destruyen?

EL TERCER ELEMENTO

Fue así, haciéndome estas preguntas como percibí, algo que nunca me había pasado por la cabeza: Hay siempre, entre un polo y otro polo, un tercer elemento que uno los otros dos sin fundirlos. Esto quiere decir que los une conservando la identidad y la individualidad de ambos.
A primera vista, parece que esta idea no tiene mucha importancia, pero de aquí a poco vas a conocer una ley natural que es fundamental y que por ser constantemente pisoteada, acaba siendo responsable de gran parte del sufrimiento y del fracaso humano.
Hay en la creación una ley que nos prohíbe menospreciar cualquiera de los seres que la componen, pues cada uno de estos lleva dentro de sí la necesidad de conservar y expresar su propia individualidad.
Nadie ni nada tienen el derecho de anular la identidad o la individualidad del otro bajo pena de destruirlo.
Es una ley natural y universal que no admite excepción.
Excepciones sólo las hay en las leyes humanas y esto precisamente porque tales leyes son imperfectas.
Los hombres hacen leyes a medida que van conociendo los resultados de la realidad, sus leyes se muestran imperfectas al avanzar el conocimiento de la misma. Tales leyes constituyen hipótesis de trabajo a través de las cuales vamos aprendiendo cada vez más.
Las leyes naturales son diferentes. Son los planos con los que tiene que conformarse cualquier realidad para alcanzar su equilibrio perfecto. Cuando no ocurre esto, hay desequilibrio, tensión, destrucción y muerte. Y los responsables de eso somos nosotros, que transgredimos la ley, muchas veces por no conocerla.
Si yo, por ejemplo, salto del décimo piso, seré víctima de la ley de la gravedad, aún en el caso de que nunca haya oído hablar de ella. Y lo mismo ocurre con cualquier ley natural.
Volviendo a lo que descubrí, me di cuenta de que era algo tan importante que modificaría una buena parte de mi manera de ver la vida.

TRES ELEMENTOS DIFERENTES

El polo positivo ha de continuar siendo positivo siempre, así como el negativo ha de continuar negativo; entre ambos surgirá un tercer elemento, que sin anular la individualidad de cada uno de los otros dos, establecerá entre ellos una unión tan perfecta que dará origen a una nueva realidad. Si entre el polo positivo y el polo negativo de la corriente eléctrica coloco una bombilla, obtendré luz; si lo que coloco es una resistencia, lo que conseguiré será calor y si es una máquina, el resultado será fuerza.
¡Interesante! Tres elementos diferentes, en unidad perfecta, creando algo nuevo.
Fui analizando todas las cosas que conocía.
Y esa ley se hacía presente en todas ellas. Llegué a lo más profundo de la materia, al átomo, y vi que también en él se aplica esa ley.
Dejando de lado las nuevas partículas que van siendo descubiertas cada día que pasa en el interior del átomo y que según creo traerán respuestas para muchos de los enigmas actuales, un somero análisis de ese átomo nos permite constatar una polaridad positiva (el patrón), una polaridad negativa (el electrón) un tercer elemento (el neutros), que impide el choque o la destrucción del universo, creando el equilibrio, la armonía, y la materia.
¡Que maravilla!
Todo hecho a imagen y semejanza de Dios, a imagen y semejanza de la Trinidad.

LA LEY DE LA TRILOGÍA

He aquí el misterio que a partir de aquel momento pasé a ver como la ley fundamental de la creación.
Tres elementos que continúan siendo lo que son sin perder nada de su identidad. Perfecta unidad, dentro de una Trinidad, también perfecta.
Bien, pero ¿Qué tiene que ver todo esto con nuestra pregunta inicial?
¡Calma, ya vamos a llegar ahí!
Después de ver como funcionaban las cosas, me pase a pensar en nosotros, los seres humanos, hombres y mujeres que somos también, desde una perspectiva energética, polos positivos y negativos.
Si, pero… ¿y el tercer elemento?
La pregunta es muy importante, pues, como ya vimos, al juntarse directamente los polos opuestos tienden a producir un choque, o sea, destrucción.
Se hace necesario un tercer elemento que una esos dos elementos sin identificarlos, sin despersonalizarlos.
En seguida me vino a la mente el amor. El hombre, la mujer y, en el medio, el amor, ¡perfecto!
Pero… ¿Por qué entonces, los matrimonios, las uniones que, según se dice, nacen del amor, no consiguen ser una unión creadora, productora de un grado superior de vida y de felicidad, sino precisamente lo contrario?
¿Por qué el fruto de tales uniones es precisamente el opuesto a lo que se espera de ellas?
Ellas ponen límites a la vida, no dejan crecer, impiden que la persona se realice, impiden que viva e incluso que ame.
Cuando se es confidente de matrimonios (y yo lo he sido durante más de 25 años) uno descubre cosas que hacen pensar mucho sobre uniones aparentemente perfectas.
Al tratar separadamente con las personas que forman esos matrimonios aparentemente maravillosos –como individuos lo son sin duda- oímos confesiones en el sentido de que no se separan sólo por motivos sociales o en razón de los hijos… ya que, por gusto, se separarían ciertamente, dado el peso de los sufrimientos que tienen que soportar.
Lo más común es que esta confesión la haga sólo uno de los que forman la pareja, generalmente aquel que más ha sufrido con el matrimonio, aquel que ha sentido más su “despersonalización”.
Pero… ¿porqué, si las parejas insisten en decir que se aman? ¿Cómo es posible tal cosa? ¿Dónde está el fallo?
La vida es difícil, sin duda, pero tengo la certeza de que si llegamos a realizar, de algún modo, la unión de los tres elementos a la que nos referimos antes, no habrá lugar para la destrucción, para la agresión, para el odio, para los celos, para la actitud posesiva… En nuestra convivencia cotidiana con las cosas no habrá lugar para la enfermedad, para la falta de realización.

EL SECRETO DEL AMOR

Encontré el fallo cuando analicé el amor. Al hacerlo, me di cuenta que estaba llegando a lo más profundo de la Trinidad y, por tanto, a la respuesta para la pregunta que me hiciera durante tantos años: ¿Por qué dos personas que se aman tanto (¡!) no son felices? ¿Por qué la sociedad es tan agresiva, violenta y destructora? ¿Por qué hay tan poca realización?
Porque para que exista realmente el amor, es necesario que tengamos la unidad perfecta de tres elementos, y normalmente sólo conocemos dos: amar (positivo) y ser amado (polo negativo). El tercer elemento, clave de todo el problema es algo muy mal comprendido y muchas veces visto incluso como un defecto.
El tercer elemento que hace que el amor sea realmente amor y que no destruya al ser amado. ¡Que curioso!
Por verlo como “egoísmo” y porque en el fondo deseamos ser cada vez mejores, hemos luchado frecuentemente con uñas y dientes contra este tercer elemento en la tentativa de superarlo.
Sin embargo, es oportuno recordar aquí una ley que es decisiva para este problema: “Nadie da lo que no tiene”
¿Cómo podrá alguien dar mil pesetas si sólo tiene cien?
Esto es fácil de entender cuando se trata de cosas materiales, pues estas no nos dejan engañarnos, pero en otros campos podemos utilizar juegos de palabras y engañarnos con gran facilidad. Con relación al amor en particular, frecuentemente nos encontramos con palabras y gestos bonitos, que parecen una cosa y son otra.
En cuestión de amor, no podremos amar a otra persona si primero no nos amamos a nosotros mismos, pues no tendremos amor para dar.
En general, cuando decimos que amamos estamos queriendo decir que tenemos necesidad de la persona a la que amamos, o sea, que necesitamos de ese amor porque hay en nosotros una carencia.
Y es exactamente por eso por lo que tenemos celos y cercenamos la libertad de la persona amada impidiéndole hacer cualquier cosa que en nuestro modo de pensar represente un peligro de perderla.
Tenemos miedo de perderla porque sentimos necesidad de ella, de su amor, de su cariño, de su presencia, en una palabra, de todo lo que ella pueda darnos.
Pero lo que hacemos es lo opuesto al amor. Anulamos la “personalidad”, de esa persona, la sofocamos, la dominamos, la presionamos. Y si hubo amor en algún momento por parte de esa persona, conseguimos matarlo, aniquilarlo.
Cuando dos personas coinciden en que cada una de ellas siente necesidad de la otra, expresan eso diciendo que se aman.
Esto no quiere decir que el hecho de que alguien necesite de otro sea algo negativo o malo. Todos tenemos necesidad de alguien, pero lo que no se puede hacer es destruir a ese alguien alardeando de amor.
Una cosa es amor y otra, necesidad de amor.

ÁMATE A TI MISMO

Sólo podemos amar si hay amor dentro de nosotros, si nos amamos a nosotros mismos y conseguimos que ese amor desborde de alguna forma en nuestra vida. Esto no significa que no tengamos necesidad de nadie; al contrario, ese amor desbordante sólo puede efectuarse si encontramos alguien a quien amar, alguien por otra parte que nos dé recíprocamente el amor que el mismo rebosa: En esto estaría el amor y la felicidad mayor.
Quien se ama a sí mismo irradia amor. Esta irradiación que le lleva a amar naturalmente sin exigir nada para sí hace posible que sea amado.
Pero la necesidad de amar es completamente diferente: Acarrea tensiones, nerviosismos, disgustos, celos, odio, violencia, actitud posesiva, en una palabra, una paulatina destrucción del objeto del que se tiene necesidad.
Mientras exista esa necesidad en una de las partes existirá el juego del amor que va despersonalizando a la otra parte.
Esta es la razón fundamental por la que una institución tan “perfecta” como el matrimonio, acaba siendo la mayor destructora de vidas. En verdad, responsable de este hecho es, no el matrimonio en si, sino la falta de amor a nosotros mismos y, como consecuencia, la necesidad de controlar a otra persona, cosa que, oficialmente, podemos hacer a través de la institución del matrimonio.
Mucha gente confunde el amarse a sí mismo con el egoísmo. Sin embargo, hay una gran diferencia: el egoísta quiere todo para sí porque en su interior no tiene nada. El egoísta quiere que todos piensen como él, que todos hagan lo que el quiere, que todos procedan de acuerdo con lo que él desea. El egoísta es posesivo y dominador. Ese es el egoísta, eso es el egoísmo.
En contraposición, quien se ama a sí mismo, siente que no necesita nada porque tiene todo lo que realmente necesita. Para él, todo está bien, y, sobretodo, respeta y ama a los demás tal como son, sin pedir que cambien, respetando y amando la propia libertad y la del otro. Irradia amor y esta irradiación es la que hace que ame con naturalidad, sin exigir nada a cambio, y la que igualmente hace que pueda ser amado. Ama, porque tiene amor y este amor se completa y se realiza de forma maravillosa con otro amor semejante, sin que uno dependa del otro, pero cada uno de ellos alimentado y aumentando la vida del otro.
Es aquí, exactamente, donde está el foco de destrucción de la mayor parte de los matrimonios. Cuando alguien no se ama a sí mismo, se opone al crecimiento del otro, lo despersonaliza, no lo respeta, y esto, no porque sea malo, sino porque está inseguro, tiene miedo, no quiere perder aquello de lo que siente necesidad: alguien que ocupe el lugar del amor que no tiene dentro de sí. Ocurre que este tipo de relación, si se hace habitual, lleva rápidamente, de una forma o de otra, al desgaste y a la destrucción. Pero dejemos este asunto para otra ocasión.
Y así, llegamos al Misterio de la Trinidad.
Simplificando, en Teología se dice que hay en Dios tres personas diferentes, cada una con su propia personalidad, pero formando un único Dios, una unidad perfecta que es amor.
Se dice que el Padre se ama tanto a si mismo (comienzo de todo) que aparece el hijo (irradia el Hijo) y que el padre y el Hijo se aman tanto que este amor viene a ser el Espíritu Santo.
¿Qué te parece?
Llegamos al fin, ¿No es interesante?
Si ahora examinamos el Evangelio, vemos que todo eso está en él. Envueltos como estábamos siempre por la niebla de interpretaciones dirigidas por una teología de tipo apologético o por la neurosis de algún orador, nunca habíamos llegado a entender lo que leíamos.
“Ama a tu prójimo como a ti mismo” “Aquel que dice que ama a Dios, a quien no ve, pero que no ama al prójimo, a quien ve, es un mentiroso”
¡Cuán interesante es todo esto!

LA GRAN MENTIRA

Ama a tu prójimo como a ti mismo. Nunca, ninguna filosofía, ninguna religión dijo: Ama a tu prójimo más que a ti mismo. No se podría decir tal cosa, pues… ¿Cómo alguien podría dar más de lo que tiene?
¡Imposible!
Veamos como procedemos. Decimos que amamos a Dios y que le amamos sobre manera ¡Dios es tan maravilloso, y es cosa tan buena amarle! Decimos también que amamos mucho al prójimo, a los demás, a todo el mundo, a los que sufren en Etiopía, en Vietnam o en cualquier parte de la Tierra.
Cuándo ese prójimo empieza a aproximarse, empezamos a criticarlo, a juzgarlo, con razón, es claro (¡!¿?), porque piensa de manera distinta, porque se conduce de forma diferente de la correcta (¿?), porque adopta un modo de vivir extraño. Lo criticamos, lo juzgamos, lo condenamos, siempre, repito, con razón (¿?!!)

YO-à Dios à El prójimo lejano à Prójimoà Próximo-

Y cuando el “prójimo” se aproxima más todavía comenzamos a desvencijarnos de él, dando “codazos” para que se aparte.
Es como si hubiésemos gastado todo nuestro maravilloso amor, amando a Dios y a aquel maravilloso “prójimo” lejano, y no hubiese sobrado nada para nosotros. No nos amamos, no nos aceptamos, despreciamos nuestro cuerpo, nuestros instintos, nuestra propia vida.
De esta manera vamos destruyéndonos y en vez de obtener una vida cada vez mejor, la transformamos en sufrimiento, la maldecimos y la perdemos.
Y como no nos amamos, no sabemos amar al otro.
Así las cosas, surge en nosotros el deseo de poseer, de dominar, de mandar en el otro por medio de la religión, de la política, de una ideología cualquiera o del propio matrimonio, impidiendo a ese otro que sea él mismo, que viva su vida; de esa manera le maltratamos, le crucificamos con los celos, con las críticas y hasta con el odio en nombre del amor.
La relación humana se vuelve difícil. LA convivencia de la pareja se hace casi imposible, porque uno quiere dominar al otro por miedo de salir perdiendo, o por orgullo, en vez de sentirte feliz por verlo feliz.

LA VERDAD ES MAS SENCILLA

Veamos que diferente es la persona que ama realmente: Empezamos teniendo conciencia de nuestra vida y sintiéndonos felices con ella. Esta hace que aumente nuestro amor a nosotros mismos, tanto que comenzamos a irradiarlo a las personas más próximas, que a su vez darán también su amor; y es así como mostramos nuestro amor a Dios: ¡Mira que sencillo es!

Yo -à Los próximo -à Dios

Y el camino es sencillo también.
Antes de nada, amarte a ti mismo, después, ama a tu próximo y así estarás amando a Dios. Esto es obvio. Porque si no nos amamos, no sabremos ni podremos amar a nadie y estaremos produciendo siempre cortocircuito y destrucción, incluso sin querer.
Estamos llegando al punto final de este gran descubrimiento. Todo eso forma parte de un sistema.
Todo lo que te estoy proponiendo forma un sistema, un sistema que nos llevara a conseguir resultados positivos; y desde que produzca resultados positivos, todo es válido.

LA ARMONIA DEL SER

¿Cómo podemos saber si nos amamos? Este es el punto crucial de todo el proceso de la Trinidad.
Podremos decir que nos amamos cuando consigamos la unidad perfecta de los tres elementos de que estamos constituidos: el consciente, el subconsciente y el superconsciente.
Estamos constituidos por dos partes fundamentales: una consciente y otra inconsciente.
Esta última parte, o sea, la vida inconsciente abarca, en realidad, dos partes: Una que denominaremos “vida subconsciente” o básica, y otra llamaremos “vida superconsciente” o superior.
Son, pues, tres vidas en cada uno de nosotros, cada una de ellas con su identidad y características propias, pero tres vidas destinadas a formar una unión tan perfecta que consigan constituir lo que llamamos “el ser humano”, el hombre, y den origen a una vida cada vez más perfecta.
Pero si no se consigue esa unión, la propia naturaleza, con sus leyes, se encargarán de destruirla. Cuando hablo de destrucción, me refiero, lo diré una vez más, a la enfermedad a la agresión, a la violencia, al miedo, a la depresión, a la falta de interés por la vida, a la pobreza, a la falta de realización, etc.
¿Es necesario preguntar si no es todo eso lo que más vemos en la vida normal de la gente?
¿Y si es, donde está la causa?
La causa está en eso que es la frustración humana fundamental, o sea, en la incapacidad de conseguir la unión interna de las tres vidas o, dicho de otro modo, en la incapacidad de realizarnos como seres humanos, en la incapacidad de conseguir lo que queremos realmente, es decir, amarnos.
El punto de partida y el punto de llegada es la unión interna de nuestro ser. Esto, que parecía sencillo y que de hecho lo es, constituye prácticamente la mayor dificultad que el ser humano ha de enfrentar, pues todo a su alrededor está contra esta unión.

Veamos por que es tan importante y difícil esta unión.
Después de todo lo que hemos dicho no es difícil comprender su importancia, ya que la falta de esa unión configura una tendencia para la tensión, para el desequilibrio, para la enfermedad, en una palabra, para una u otra forma de destrucción.
Con relación a la dificultad de esta unión vamos a verlo más despacio, explicando primero lo que entendemos por subconsciente y por superconsciente, pues esto nos ayudará a entender mejor el por qué de esta dificultad.
Normalmente se entiende por inconsciente algo diferente de lo que vamos a decir.
Relacionamos automáticamente el inconsciente con el psicoanálisis, con aquella parte de nuestro ser donde están los bloqueos la tendencias instintivas, dando a la palabra “instinto” un sentido peyorativo, una especie de sótano donde están almacenados los recuerdos negativos, los traumatismos de la infancia, en fin, un museo de cosas negativas que está creándonos constantemente problemas.
Aquí entendemos por inconsciente algo que sin duda es distinto de lo consciente, pero que presenta dos grandes diferencias en relación al inconsciente freudiano: 1) Dividiremos el propio inconsciente en dos: El subconsciente y superconsciente 2) Veremos en estas dos partes dos vidas diferentes aunque vinculadas entre sí de alguna manera. Según esto, el subconsciente se expresará a través del instinto y de las emociones, mientras que el superconsciente lo hará a través de la intuición, del amor y de la libertad.
Para entenderlo mejor, veamos con más detalles como estamos constituidos.
Hay en todos nosotros, cuerpo, instinto, emoción, pensamiento, mente y anhelos constantes de amor y libertad.
El cuerpo es el lugar donde se expresa el ser. Un cuerpo tenso estará denotando un ser en tensión, por ejemplo, en el cuerpo se manifestará la unión o la desunión, el equilibrio o el desequilibrio, la armonía o desarmonía de los tres elementos de las tres vidas.

SUBCONSCIENTE

El subconsciente es la vida instintiva y emocional; es el responsable directo del organismo físico y de la propia vida. Papus llegaba a identificar el subconsciente con la vida pues es en él donde reside toda la energía vital, toda la fuerza y la memoria. Su raciocinio es meramente deductivo. Trabaja a través de hábitos y programas que proceden del consciente. Es muy sugestionable. Puede leer nuestra mente. Hace lo que manda el consciente.
Este último punto exige una explicación, pues si el subconsciente obedece al consciente y por otro lado posee toda la fuerza… ¿Por qué no conseguimos lo que queremos? ¿Por qué muchas veces ocurre precisamente lo que no queremos?
Porque el consciente tiene necesidad del apoyo del subconsciente y para conseguirlo ha de motivarlo, ha de hacer que este se entusiasme y vea en ese apoyo un bien para sí.
Si no ocurre esto, el consciente no tendrá fuerza para concretizar su programa a pesar de ser teóricamente el responsable de este.
Habrá una lucha interna y, en definitiva, quien vencerá será el subconsciente con su sentir.
Ya hemos dicho antes que muchas veces queremos una cosa, pero con la convicción de que no la obtendremos. El subconsciente no cree. Estamos internamente divididos.
El consciente necesita unirse al subconsciente, y no bloquearlo, subyugarlo y menospreciarlo. Este es algo inherente a nuestro ser y si lo bloqueamos estamos bloqueándonos, si lo destruimos estamos destruyéndonos.
El subconsciente hace lo que manda el consciente, es verdad, pero sólo si este lo respeta como realidad autónoma con características propias.
Cuando esas características no son respetadas ocurre la autodestrucción y los efectos de esa autodestrucción son las enfermedades, la violencia, la indignación, la de4presión, etc.
Vencer el desafío de esta unión del consciente con el subconsciente es tal vez el paso más difícil para la consecución de lo que queremos.

CONSCIENTE

El consciente es la vida racional del pensamiento, del intelecto.
Es una parte de la mente propiamente dicha, que, en realidad sufre infiltraciones tanto del subconsciente como del superconsciente.
La mente subconsciente tiene como instrumento el instinto.
La mente superconsciente tiene como canal de expresión la intuición.
El instrumento de la mente consciente es la razón.
La razón es el instrumento de la mente en la tercera dimensión. Ella nos ayuda en la vida cotidiana. Pero precisamente por ser un instrumento de trabajo en la tercera dimensión, hay muchas cosas que no pueden ser entendidas por ella. La razón es muy limitada.
La vida, el amor, por citar algunas de las cosas más importantes en que estamos inmersos, no son entendidas a través de la razón; están fuera de su alcance.
Es por eso por lo que4 no podemos limitarnos a la razón, como si fuese ella la que tuviese que decir la última palabra sobre todo.
Todo aquello que de una o de otra manera se incluye también en otras dimensiones de la naturaleza, escapa al control de la razón y tiene necesidad de la ayuda del instinto o de la intuición.
Es por eso también que quien bloquea el instinto, por considerarlo inferior, o la intuición, por ver en ella algo irreal, queda considerablemente circunscrito y limitado.
La vida consciente es la vida del pensamiento de la imaginación, de la palabra y de la voluntad. Es la vida que tienen como función dirigir, a través de la voluntad, todo este complejo humano.
Es la parte de nuestra vida que mejor conocemos, pero que aunque conocemos bien poco. No posee prácticamente memoria. La mente, en su aspecto racional, trabaja inductiva y deductivamente.

SUPERCONSCIENTE

El superconsciente es la vida que se expresa a través del amor y de la libertad, y tiene como instrumento mental la intuición.
Para esta vida no hay secretos ni en el pasado ni en el presente, no los hay incluso en parte del futuro; puede inclusive cambiar ese futuro.
Es nuestro yo superior, nuestra vida superior, siempre dispuesta a ayudarnos en nuestro vivir diario. Es posible que esta tercera forma de vida sea para algunos la más difícil de entender. Pero para mí es tan clara que forma parte de mi vivir.
Cuando éramos niños nos decían que cada uno de nosotros tenía su “ángel de la guarda” y nos dirigíamos a él cuando rezábamos. Después crecimos y como tantas cosas, esa creencia fue sometida al tamiz de la crítica y fue rechazada.
El ángel de la guarda me era presentado como una ayuda para el niño que yo era o para que este niño que era se portase bien, pero cuando crecí y empecé a conocer mejor las cosas, dejó de ser fácil engañarme.
Esto tenía una explicación, pues los adultos no mostraban el mínimo interés por ese “ángel de la guarda”.
Tuvieron que pasar muchos años para que yo consiguiese entender de otra forma la vida y para que llegase a sentir (no creer) la realidad y la importancia de ese ser superior que esta vinculado a mi vida consciente y que, siendo diferente, forma una unidad conmigo, constituyendo mi “yo” o vida superior.
A este ser unos llaman “guardián”, otros “guía”, otros “maestro”, etc.
La gran diferencia de nuestra teoría con relación a él está en que, para nosotros, ese ser es una de las tres vidas que constituyen esta nuestra unidad que llamamos ser humano.
¿Cómo puedo saber si me amo?
¿Cómo puedo aprender a amarme?

CONÓCETE A TI MISMO

La primera acción que tenemos que hacer es conocernos mejor.
Nosotros, los seres humanos, somos un conjunto de cosas que a medida que alcanzar una unidad más perfecta, una armonía mayor, una sintonía interna más profunda, nos dan más vida, más salud, más alegría, en fin, un amor a nosotros mismos mayor.
Lo contrario también es verdadero: a medida que una parte de nuestro ser tiene que luchar contra la otra, vamos destruyéndonos, desequilibrando nuestra vida, o sea, dejándonos de amar.
¿Cuáles son las partes de este conjunto?
Es obvio, aunque no sea lo más fácil de aceptar, que tenemos un cuerpo y que tenemos que estar en paz con él.
Juntamente con el cuerpo tenemos eso que llamamos instintos. Estos desempeñan un papel fundamental en el equilibrio de nuestra vida en la tierra, aunque, demasiado orgullosos, no queremos aceptarlos, por juzgarlos… animales (opuestos a lo espiritual)
Como los instintos, también las emociones son un elemento integrante de nuestra vida y a pesar de no poder negar nada de eso, nos da mucho trabajo.
Tenemos también una inteligencia, una razón, una conciencia. Coloquemos todo esto en el mismo nivel aunque se trate de cosas muy diferentes a veces.
Y por fin, tenemos dos componentes fundamentales. Sin ellos el hombre no pasa de un ser malogrado en sus más profundos anhelos; cuando faltan surge toda clase de cosas negativas, cosas que solemos considerar naturales: enfermedades, depresiones, violencias, etc.
Esos dos componentes son el amor y la libertad.
En realidad todos los elementos mencionados, los llamados instintos propiamente dichos (el de conservación, el de la alimentación y el sexual), la emoción, la razón, el amor, la libertad, todos ellos no son sino partes de un único instinto… o ley… o anhelo humano. En este sentido, el único instinto que esta inscrito en lo más profundo de nuestro ser es el instinto de la vida, que no es otra cosa que la propia ley de la vida: el crecimiento, la plenitud y los frutos… muchos frutos, pero frutos de vida y no destrucción.

SEÑORES DE NOSOTROS MISMOS

La armonía de todas esas partes y no la destrucción de una por la otra, es lo que constituye la auténtica madurez humana.
Cuando nos hacemos conscientemente dueños y señores de toda esa realidad, nos transformamos en seres realizados y alcanzamos nuestra plenitud de vida bajo la forma de una gran alegría de vivir. Y este amor a nosotros mismos que estamos viviendo lo pasamos a todo aquel que está preparado para recibirlo (pues no todos están preparados para recibir amor).
Aunque parezca mentira, no es la razón la que nos vincula al mundo superior, trascendente o espiritual, no (por más que pueda sorprender)
Lo que nos hace superiores a los animales. Como hemos dicho antes, un ordenador tiene un raciocinio lógico perfecto.
Cuando usamos sólo la razón para entender lo espiritual, necesitamos lo que llamamos fe para dar mediante esta un salto en el vacío, cosa que en la práctica normalmente no llegamos a hacer (sólo lo hacemos en teoría, pues decimos que creemos pero, en verdad, nuestro comportamiento es el de alguien que no cree). En realidad, lo único que llena ese vacío entre la razón y el mundo superior que forma parte de nuestro ser, es el amor y la libertad en conexión con la mente superior a través de la intuición.
Estas dos tendencias del instinto humano superior, cuando están desarrolladas, son las que nos unen, de un modo natural, con lo más profundo de nuestro ser y con las realidades mas “lejanas”.
Lo que hace que seamos realmente más que los animales, es el hecho de ser dueños de todo ese complejo y no esclavos de todo ese potencial que es la vida humana.

LA PERFECTA UNIDAD

Pero ¡atención! Esto es muy difícil. Yo sólo seré dueño y señor de mi mismo cuando consiga amar mi cuerpo, mis instintos, mis emociones, mis pensamientos, porque sólo así amaré y seré libre.
Antes de continuar debo decir que el amor del que hablo es el amor maduro, el amor pleno a todo lo que existe.
Hay etapas en el amor: Amor es sintonía, equilibrio, atracción; podemos hablar, por tanto, de amor donde encontramos sintonía.
En este sentido, podemos decir que hay amor al nivel del cuerpo, del instinto, de la emoción o del pensamiento. En verdad, sintonía, armonía, atracción, resonancia existen también en las vidas inferiores e incluso en los seres que llamamos inanimados.
El amor al que nos referimos aquí, el amor propiamente dicho, es el que se da al nivel de lo humano. Puedo sentirlo de las más diferentes formas, pero sólo existe si “me amo a mi mismo”, o sea, si hay unidad dentro de mi ser. Y el propósito perseguido dentro de nuestro sistema es exactamente ese.
Todas las formas de amor mencionadas, la del cuerpo, la de los instintos, la de las emociones, son buenas y no hay motivo para despreciarlas. Absolutamente.
Es exactamente aquí donde suelen empezar nuestros fallos en la gran tarea de encontrarnos con nosotros mismos. Pensamos que esas atracciones y deseos son malos, que son “tentaciones”, tentaciones a las que no debemos ceder y que tenemos que rechazar porque somos “seres superiores”, como si la naturaleza, Dios, se hubiese equivocado en su creación y fuese tarea nuestra corregir el defecto. ¿No parece una humorada?
Sin embargo, es aquí donde comienza toda esa lucha nuestra idiota contra nosotros mismos que nos acarrea enfermedades y males de toda especie.
Empezamos a bloquearnos, a tener miedos, a imaginar tentaciones, a sentirnos “pecadores”, a culparnos y a hacer primero, de nuestra vida, y, después, de la vida de los otros, un verdadero infierno.
¿Y todo eso, por qué? Porque no nos aceptamos, nonos amamos y, consecuentemente, nunca conseguimos ser dueños de nosotros mismos.
El paso siguiente sería mostrar lo que debemos hacer para amarnos, pero vamos a dejar esto para otra ocasión. Lo que hemos dicho es suficiente para lo que aquí nos interesa: la importancia de la unión interna del ser.
La fuerza de la visualización creativa está dentro de este sistema nuestro, que no falla, en la unión, interna, en el amor a nosotros mismos, pues es de teste modo como conseguimos unir todas nuestras fuerzas para la consecución de un objetivo que es querido por todo nuestro ser. Aquí está el secreto de la vida, de la fuerza, de la realización, del éxito, del amor y de la sabiduría.
Acabo de darte la clave de la vida. Vuelve a leer siempre que puedas, este capítulo. En él encontrarás la respuesta a tus problemas y, creo, luz para resolverlos.

PUNTOS PARA RECORDAR

1- La enfermedad, el desaliento, la pobreza y la violencia no son cosas naturales, son frutos de destrucción de muerte y no de vida.
Estos frutos son consecuencia de una confrontación con las leyes fundamentales de la creación. Estamos llevando piedras en la espalda, pensando que es lo que se debe hacer y destruyéndonos totalmente.
2- ¿Por qué sufrimos tanto? Porque pisoteamos o ignoramos una ley natural que está inscrita en lo más íntimo de nuestro ser, la ley según la cual toda criatura lleva dentro de sí la necesidad de conservar y expresar su individualidad. Nada ni nadie tiene el derecho de anular la identidad o la individualidad del otro, bajo pena de destruirlo. Lo mismo ocurre con relación a nosotros mismos: No tenemos el derecho de despersonalizarnos, ni siquiera por una supuesta causa justa.

3- Ley de Trilogía. Para evitar esa despersonalización es necesario reunir tres elementos, cada uno con su propia identidad, de forma que constituyan una perfecta unidad y puedan materializarse en resultados concretos.

4- Para que exista equilibrio y la posibilidad de algo nuevo es necesaria la unión de un polo positivo, de un polo negativo y de un elemento neutro entre los dos que los una sin identificarlos, sin dejar que uno invada la identidad del otro y permitiendo que el polo positivo continúe siendo positivo y negativo el negativo.
Si falta este tercer elemento tendremos destrucción, desintegración y muerte.

5- En el átomo: Protón (+), electrón (-), neutrón (neutro)
En la relación humana: hombre (+), mujer (-), amor (neutro)
En el amor: amar (+), ser amado (-), amarse (neutro). Ej. Para amarse: consciente (+), subconsciente (-), superconsciente (neutro).
En la vida, la destrucción que existe es tanta porque en la mayor parte de los casos, el elemento neutro entre los polos positivo y negativo está ausente.

Si eliminásemos el neutrón del átomo tendríamos una destrucción. Eliminando el amor entre el hombre y la mujer, lo que tenemos es actitud posesiva, enfermedad, despersonalización y destrucción. Sin el “amor a sí mismo”, lo que tenemos es también destrucción, destrucción en nombre del propio amor. Y cuando de forma habitual cerramos el camino al superconsciente tenemos la autodestrucción, porque se establece una lucha interna permanente entre el consciente y el subconsciente, cada uno de ellos queriendo eliminar al otro. Cuando un hombre y una mujer, que no se aman a sí mismos, dicen qu4e se aman, lo que en realidad sienten es una necesidad de amor que acarrea posesión, dominación, despersonalización y destrucción.
Sólo quien se “ama a sí mismo” puede amar realmente, sin matar al objeto de su amor.

6- La unidad interna del ser da más vida y fuerza para materializar el deseo, sea el que sea. En esa unidad está el secreto de la vida, del éxito y de la realización plena.

7- “Amarse a sí mismo es mantener la unidad dentro del propio ser”.
Para que ocurra esto, necesitamos sentir que todo nuestro ser es bueno, incluso nuestro cuerpo, nuestros instintos y nuestras emociones. Dios no creó un mundo defectuoso. Nuestra tarea no es la de corregir nada, sino la de dar expresión armoniosa a todo lo que somos. Haciendo esto, el universo será nuestro.