068- Expandir la Imaginación acerca de lo que es Posible

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Expandir la Imaginación Acerca de lo que es Posible

Todo cuanto pidáis en la oración,
 creed que lo recibiréis y se os dará.
MARCOS 11:24

Todos nacemos ricos. Somos ricos porque nacemos provistos de una mente increíble. Cada uno tiene su equipo operador estándar de dieciocho mil millones de células cerebrales, y que sólo esperan recibir instrucciones.

Para utilizar nuestra mente sólo hace falta decirle adónde queremos ir, qué queremos lo­grar. Si realmente sabemos lo que queremos, la mente nos llevará desde donde estamos hasta donde queremos estar.

Para ver en funcionamiento el poder de la mente, hágase esta pregunta: «¿Qué deseaba real­mente yo hace cinco años?» Si ve con absoluta claridad qué era lo que deseaba hace cinco años, lo probable es que ya lo tenga. ¿Cómo lo consi­guió? ¡Su mente se lo dio!. Y si no llego a ningún lado, es que no lo deseo.

Si sabe usted exactamente qué es lo que quie­re, puede tenerlo. Así pues, pregúntese: « ¿Qué quiero realmente?» ¿Lo sabe? Si no está por completo seguro de la respuesta, ¿cómo lo va a lograr?

Lo malo es que la mayoría no estamos muy seguros de cuáles son nuestros deseos,  no sabe lo que quiere, ¡pero sabe muy bien que no lo quiere!. No me lo crea, le invito a que lo compruebe por usted mismo. Pregunte a dos ó tres gentes de su confianza, que es lo que desean, la respuesta va a ser algo como una descripción de 10 minutos de que es lo que NO desean; no desean sufrir, pasar pobreza, perder el amor, pero no esta claro y definido que es lo que SI desean ser ó tener.

Cómo dominar el poder de la mente

Sabemos que la mente humana tiene dos par­tes fundamentales, la parte consciente y la parte inconsciente. Lo que con frecuencia no adverti­mos es que, mientras la conciencia toma todas las decisiones, el inconsciente adopta todas las dis­posiciones. La conciencia determina el «qué» y el inconsciente dispone el «cómo». Dicho de otra manera, todos recibimos de la vida lo que esperamos recibir. Si esperamos mu­cho, recibimos mucho. Si no ponemos ningún «qué» en nuestra conciencia, el inconsciente queda libre y no tiene que preocuparse en dis­poner «cómo».

El pensamiento grande atrae grandes resultados.
El pensamiento mediocre atrae resultados mediocres.

Todos y cada uno de nosotros tenemos los increíbles recursos de la mente. El sistema esco­lar nos enseña a utilizar el cerebro, es decir, nos enseña a hacer inventario y a calcular. Pero no roza apenas la mente. La mente puede pensar e ir adonde quiera. La mente puede calcular dón­de está usted y llevado adonde quiera estar.

Yo decidí un día tener la oportunidad de escribir y un taller de autoestima  para perso­nas como usted que se interesan por las ideas que podemos compartir. Dispuestas a adoptar una nueva conciencia que las haga más humanas y felices. Me comprometí al objetivo y mi inconciente se ocupó del resto. Está usted leyendo uno de los resultados.
Como hemos dicho, se obtiene lo que se espera obtener. Las únicas preguntas son: « ¿Qué quiere usted?» y « ¿Qué espera de sí mismo?».

Decisión activa

Lo emocionante de utilizar la mente es que podemos desbaratar todas las excusas inventa­das por nuestros miedos. Cuando utilizamos la mente de modos creativos y constructivos, no importa lo que no hemos hecho, lo que no he­mos dicho ni dónde no hemos estado. Lo único que importa es cómo empleamos la mente di­ciéndole a la conciencia lo que queremos hacer.
¿Hasta dónde le gustaría subir?
¿Dónde le gustaría estar?
¿Qué le gustaría tener?
¿A quién le gustaría conocer?

Cuando en 1960 los rusos lanzaron el primer satélite artificial Sputnik. John F. Ken­nedy tomó una decisión consciente. Dijo que en el plazo de diez años pondría los Estados Unidos  un hombre en la Luna. Lo hicimos en ocho años y dos me­ses. La razón es, como diría lord Alfred White­head, que «los sueños del gran soñador nunca se cumplen, siempre se sobrepasan».

La cristalización de los objetivos

Lo único que tiene que hacer es preguntarse: « ¿Qué quiero realmente?» A veces va bien decir­lo en voz alta. No tardará en oírse responder: «Quiero esto.» Tan pronto como lo diga, habrá comprometido usted a la conciencia. Habrá em­pezado a hacer rodar la bola en dirección al re­sultado deseado. Se habrá fijado un objetivo.

1. ¿Qué quiero?
2. ¿Qué creo realmente que debo hacer para conseguir lo que quiero?
3. Cuando aborde el punto 2, ya tendré el punto 1.

Apúntelo

Los objetivos son como imanes. Nos atraen hacia ellos. Nos comprometen a actuar. Ponen a trabajar al inconsciente. El inconsciente puede ser astuto. Si todavía albergamos temores ocultos y el inconsciente advierte que sus excusas ya no funcionan, dispo­ne aún de otro truco que puede utilizar. Puede hacemos olvidar nuestros objetivos. Hoy deci­dimos que vamos a ser presidentes de una gran empresa. Pero mañana, en el agitado día a día de nuestra vida, el objetivo parece desvanecerse de nuestra conciencia y el inconsciente tiene vía libre de nuevo.

Por consiguiente; tan pronto como nos fijamos un objetivo, necesitamos anotado. Anotar un objetivo es un segundo acto; afirma que hem­os emprendido la acción y dota de permanencia a esa acción. Es un paso concreto. Expone con toda claridad al inconsciente que no bro­meamos, que realmente nos proponemos al­canzar nuestro objetivo. Es importante poner de relieve que sólo pensamos realmente cuando escribimos o repasamos nuestros pensamientos y los plasmamos sobre el papel.

Cuando apuntamos un objetivo, empeña­mos toda nuestra mente en conseguido. Es fácil pasar por alto, desechar u omitir un objetivo en el que hemos pensado una vez, lo hemos murmurado quizás en voz alta y luego lo hemos ol­vidado rápidamente. Pero resulta mucho más difícil cuando está puesto por escrito.

Escriba muchos muchos pero muchos objetivos

Muchas personas le dirán que apunte sus objetivos, pero nosotros nos diferenciamos en que le decimos que apunte demasiados objetivos. No escriba sólo uno o dos. Escriba docenas de ellos, por lo menos 101 objetivos.  Hay tres buenas razones para anotar demasiados objetivos:

1. La primera es que cada objetivo tiene un período de gestación diferente. Un huevo de gallina tarda veintiún días en alumbrar una nueva vida, un embrión humano necesita nueve meses de gestación y el de un elefante, dos años. Lo mismo ocurre con los objetivos. Unos se alcanzan fácilmen­te, otros requieren muchos años.  Otra forma de expresar esto es considerar que el universo tiene su propia perspectiva. Lo que el universo ve es lo que el universo obtiene finalmente. Richard Attenborough concibió y escribió la idea de la película Gandhi veinte años antes de que fuese producida realmente. Había fijado un objetivo y se hallaba preparado para llevarlo inmediatamente a la práctica, pero el universo no lo estaba. Fueron necesarios veinte años para que la gente se hallara en, disposición de aceptar una película sobre el gran dirigente indio. Cuando el univer­so estuvo finalmente preparado, todo en­cajó. Ben Kingsley se encontraba en con­diciones de representar el papel. (¡Sólo era un adolescente cuando Attenborough concibió la película!) La financiación, la comercialización y la distribución estaban a punto. Y así se llevó a efecto.  El tener muchos objetivos nos propor­ciona el tiempo necesario para que el universo se ajuste a nuestra perspectiva.

2. La segunda razón para anotar numerosos objetivos es que cuando logramos uno, éste pierde su poder y su importancia para nosotros. Cuando se alcanza un objetivo se cae en una cierta depresión de intensi­dad variable, a menos que se disponga de otro objetivo que perseguir y alcanzar. Si anotó usted que quería un nuevo trabajo y lo consigue, el objetivo pierde su senti­do. Sería semejante a un ensalmo que pro­yectase su hechizo y quedara agotado. Por eso, cuando apuntamos muchos objeti­vos, aunque alcancemos algunos, aún que­darán más para mantener activo al inconciente.

3. Otra razón para no limitamos a sólo unos pocos objetivos es que la abundancia es la regla del universo. Puesto que podemos tener todo lo que deseamos si estamos dispuestos a trabajar por ello... ¿por qué conformamos con menos? Mae West lo expresó de forma insuperable cuando exclamó: «¡Demasiado de algo bueno es maravilloso!». Conéctese al flujo de abundancia del Universo comenzando por creer en ello.

No es que deseemos demasiado.
Es que deseamos demasiado poco.

No transija cuando apunte sus objetivos

Emerson dijo que hay que tener cuidado con las cosas con que soñamos, porque las acabare­mos teniendo. La mente se lanza hacia delan­te tan pronto como tiene algo a lo que tender, y cuesta lo mismo fijarse objetivos muy ambiciosos. Si tiene usted objetivos increíbles, obtendrá resultados increíbles. Si no tiene ningún objetivo, su primer objetivo es fijarse objetivos. Escriba objetivos ex­traordinarios y establecerá relaciones extraordi­narias y creará resultados extraordinarios.

Presentamos a continuación una lista de posibles objetivos para una persona que esté em­pezando. Le dará a usted una idea de lo que queremos decir:

1. Salvar una vida.
2. Encontrar un remedio contra el cáncer.
3. Ganar una medalla de oro olímpica.
4. Pasar momentos agradables y sin prisa con los amigos y la familia.
5. Ver programas de televisión enriquece­dores.
6. Irse de vacaciones: Caminar por los Campos Eliseos en Paris, Subirse a la
    Estatua de la Liber­tad; viajar en un crucero alrededor del mundo; jugar ruleta
    en Montecarlo, ir a un safari en África.
7. Aprender un idioma europeo, un len­guaje de ordenador y chino.
8. Volar en globo aerostático y en ala delta.
9. Hacerse más atractivo/ atractiva.
10. Desarrollar un mayor sentido del hu­mor.
11. Desarrollar la memoria.
12. Aprender lectura rápida hasta poder leer 3.000 palabras por minuto.
13. Alcanzar y mantener su peso ideal.
14. Pagar todas las facturas y quedarse sin deudas.
15. Ahorrar 25.000 dólares.
16. Hacerse económicamente independiente.
17. Encontrar su pareja ideal.
18. Tener dos hijos.

No vaya divulgando sus objetivos

Cuando uno empieza a fijarse objetivos, es mejor no hacérselo saber al mundo porque entonces los demás se cebarán en ellos. Al princi­pio 'es preferible, como hemos dicho, contar los sueños sólo a una o dos personas de mentalidad afín que nos apoyen total e incondicionalmente. A medida que vaya consiguiendo objetivos y empiece a formarse un historial de éxitos y con­secuciones, entonces puede hablar de ello al mundo y aparecerán otras personas que podrán ayudarle a realizar sus sueños.

Ueberroth dice que «autoridad es dar el veinte por ciento y recibir el ochenta».
Una vez que empiece usted a lograr sus obje­tivos y los demás vean lo que hace, comenzarán a llamarle extraordinario, insólito y diferente. La cuestión es no invitar prematuramente al desáni­mo divulgando lo que  se propone hacer. Hágalo y deje que los resultados hablen por usted.

Cuando logre sus objetivos

Cuando logre sus objetivos, no los tache. No­sotros, cuando logramos nuestros objetivos, es­cribimos: « ¡Victoria!» Tachar significa que se trata, simplemente, de una lista de la compra que se ha despachado sin dificultades, pero escribir «i Victoria! » indica al inconsciente que se trata de un verdadero logro. Además, nuestros grados de entusiasmo tie­nen sus altibajos. Cuando caemos en un pozo de desánimo, podemos volver la vista hacia vic­torias pasadas como estímulo para nuevas hazañas, más grandes y excitantes.

Los objetivos son para toda la vida.
 Son nuestra tarea voluntaria, pero imperativa.

Walt Disney tenía objetivos a cincuenta años vista. A su muerte, en 1966, Michael Eisner se hizo cargo de la empresa Disney y creó parques temáticos en Florida, Japón y Francia. Eisner amplió todos los elementos integrantes de Dis­ney. Disney la concibió y Eisner la ha hecho rea­lidad.

Tener una finalidad

Los objetivos están muy bien, pero por sí solos pueden ser indiscriminados y carentes de orientación. Las hojas caídas de un árbol yacen dispersas por el suelo. Pero las hojas unidas a un árbol viviente tienen la finalidad de mantener a ese árbol vivo y sano.
La diferencia estriba en tener una finalidad fundamental. Una finalidad es la dirección sub­yacente que da sentido a nuestros objetivos. Puede que tengamos centenares de objeti­vos, algunos de los cuales estamos consiguiendo continuamente, pero puede que sólo tenga­mos una única finalidad a la cual dedicar nues­tra vida.

La vida no es la suma de lo que hemos
sido, sino lo que anhelamos ser.
            JOSÉ ORTEGA y GASSET

Con frecuencia, las finalidades son de natu­raleza espiritual.
El mejor ejemplo a este respecto nos lo pro­porciona Cristo. Su finalidad espiritual era sen­cilla, tal como se expresa en San Juan 10:10: «Yo he venido para que tengáis vida y la tengáis abundante.»

Según leemos en las biografías y autobiogra­fías de grandes personajes, he aquí cómo expre­saron algunos de ellos sus finalidades. La finali­dad de Disney: «Hacer feliz a la gente.» La del doctor Buckminster Fuller: «El bienestar de la humanidad en la nave espacial Tierra.» La fina­lidad de Henry Ford: «Producir en masa, distri­buir en masa y hacer consumir automóviles en masa.» Andrew Carnegie: «Fabricar y vender acero.»
Nuestro propósito podría ser humanitario. Recientemente, Mark abrió la ceremonia de graduación en el Life Chiropractic College de Atlanta, Georgia. Recibió a la doctoranda de más edad; tenía 72 años. La abrazó, la besó y dijo:
-Doctora, ¿a qué se dedicaba usted antes de matricularse en la Facultad de Medicina?
-Hasta los sesenta y cinco años -respon­dió ella- fui monja y en mi comunidad era obligatorio retirarse a esa edad.
-Pero ¿por qué decidió a esa edad pasarse los siete años siguientes estudiando medicina? -insistió.
-Porque no estaba completa –respondió ella humildemente-. Mi finalidad es servir.
            En la actualidad, esta mujer admirable atiende a 150 pacientes cada día.
Todos necesitamos una finalidad y necesita­mos plasmarla por escrito para no tener la menor duda al respecto. Si no tiene usted ninguna finalidad, su primera finalidad es tener una.
            Nosotros también tenemos una finalidad.
Ésta es capacitar, instruir, entretener e ilustrar al mayor número posible de personas sin sacrificar nuestra integridad personal ni nuestra libertad.

Encontrar la finalidad

Para encontrar su finalidad, le sugerimos que penetre profundamente en su propio interior. Utilice la meditación si puede. Entre en el com­partimiento secreto de su mente y pregúnte­se: «Si yo conociese la finalidad de mi vida, ¿cuál sería?»
No deje de preguntárselo y finalmente se le aparecerá con claridad. Entonces podrá escribir­la con toda facilidad. Para ayudarle, le presentamos a continuación un esquema que pone de ma­nifiesto la relación entre finalidad y resultados:

FINALIDAD = Por qué
OBJETIVO = Qué
ACCIÓN-ESTRATEGIA = Cómo

 

Abrir nuestra mente hacia nuevas fronteras de lo que es posible, es el inicio la forma de tener ¡ Emoción por Existir ¡