067- ¿Tienes Miedo?

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¿Tienes Miedo?

"Y así, después de esperar tanto,
un día como cualquier
otro decidí triunfar...Decidí no esperar a las
oportunidades sino yo mismo ir a buscarlas”.
Walt Disney

Aprender a atreverse

Todos aspiramos a grandes cosas en nuestros sueños, pero la mayoría de nosotros no crea los resultados deseados. No tenemos sufi­ciente dinero, amor, éxito ni alegría en la vida. ¿Por qué? ¿Qué nos lo impide?

Cualquier persona podría citar al menos tres buenos motivos que expliquen por qué no puede hacer lo que realmente desea. De se seguro muy validas……. pero en lo más profundo del corazón todos sabemos que sería­mos capaces de hacer grandes cosas con sólo proponérnoslo.

¿Es posible que lo único que nos lo impide sea el miedo? ¡Pues sí! Es el miedo lo que nos frustra, nos paraliza, nos erosiona la autoestima y nos pone obstáculos imaginarios en el camino. El miedo nos impide pasar a la acción y, si no actuamos, nunca llegaremos más allá de donde nos encontramos. Pero los miedos desaparecen cuando uno se enfrenta a ellos. Y, una vez que tomamos en nuestras manos nuestro propio destino, podemos tener, hacer y llegar a ser todo aquello que hayamos soñado.

No se cuáles son esos mie­dos y dudas que en la actualidad te tienen para­lizado, pero, por la experiencia se que puede vencer esos mie­dos y conseguir cuanto desea. Así que empece­mos ahora mismo, hoy. Juntos, todos podemos atrevernos a triunfar.

¡Resultados asombrosos! Eso es lo que todos queremos en nuestra vida.
Es posible que deseemos más dinero, o qui­zás un trabajo más estimulante, o tal vez un amor verdadero o una relación sexual más gratificante. Acaso secretamente soñemos con trabajar en el cine o con ser presidente de una im­portante empresa o, iniciar un negocio exitoso, incluso, con intervenir en política.

Todos soñamos con ser o hacer grandes cosas, pero la mayoría no obtenemos los resulta­dos que deseamos. No tenemos suficiente dine­ro, amor, éxito ni alegría en la vida. No nos sentimos realizados ni satisfechos. En un senti­do muy profundo y personal, percibimos que no vivimos conforme a todas nuestras capacida­des, que no somos triunfadores. ¿Por qué? ¿Por qué no somos todos lo que queremos ser? ¿Por qué no tenemos todo lo que deseamos? ¿Por qué no gozamos de prosperidad y de los abundantes bienes de este mundo? ¿Qué nos lo impide?

Si se lo preguntamos a cualquier persona co­rriente, estoy seguro de que nos dará numerosas «buenas» razones por las que no ha triun­fado, muchas de ellas muy convincentes:

Soy demasiado feo.
Soy demasiado gordo (o delgado).
Soy demasiado alto (o bajo).
Soy demasiado viejo (o joven).
No soy lo bastante listo.
Soy demasiado débil.
Estoy enfermo.
No tengo estudios.
No tengo el dinero suficiente.
No hablo un segundo idioma.
No se me ha dado la oportunidad.
No tengo suerte.
Pertenezco a un grupo minoritario.
Soy calvo.
Sólo soy una mujer.
Sólo soy una esposa.
Soy padre (o madre) divorciado.
Soy un perdedor (doble, triple).
Vengo de una familia pobre.
Es que trabajo todo el día.
Porque vivimos épocas de crisis.
Vivo solo.
No tengo quién me apoye.
Nadie me oriento.
Etc….

Éstas son solo una pequeña lista las razones que dan muchas personas para explicar por qué no logran obtener lo que dicen desear. Repase usted su propia lista y vea si no encuentra enseguida por lo menos tres razones para demostrar que no puede hacer lo que realmente desea.

¿Son meras excusas?

No pienso que Ud. sea un mentiroso, ni que este inventando sus razones por las cuáles no ha conseguido el éxito, pero: ¿Son éstas «buenas» razones de veras, o son simples excusas? ¿De verdad esta convencido en lo más profundo del corazón, que no podría ha­cer cualquier cosa? ¿Son verdaderamente imposibles de superar?, ¿y si sólo se atreviera una vez a intentarlo? ¿No cree que podría conseguir cualquier cosa, con sólo no tener miedo a intentarlo?
¿Son de veras esos motivos los que nos estor­ban? ¿O se trata, simplemente, de que no nos atrevemos?, ¿son situaciones que piensas te justifican a ti ante los demás de tu condición actual?

Piénselo. Las excusas siempre están ahí. Pe­ro el atreverse está dentro, en nuestro propio pecho, donde una mano minúscula nos aferra el corazón y nos dice: «¡Tienes miedo!».
¿Miedo? ¿Es posible que el verdadero ene­migo sea el miedo? «¿Miedo yo?»
En nuestra cultura no nos gusta admitir que tenemos miedo a algo que no sea la violencia física directa. ¿Cómo es posible tener miedo?. Estoy seguro que en este instante de lectura tu mente ya esta armando la defensa de porqué no es miedo, habiendo razones de por medio convincentes…….. sólo para ti. La vida se mide por resultados, entonces de verdad piensa ¿a quién le interesa saber porqué no eres exitoso? ……………. Respuesta: A NADIE. Ni al Universo, ni a ninguna persona que te rodea, tus razones (excusas) son simplemente una caricia emocional de uso totalmente personal.

Tanto si cree que puede como si cree
que no puede, tiene usted razón.
            HENRY FORD

Miedo al fracaso o miedo al éxito

Todos tenemos miedos. Algunas personas temen el fracaso; está el miedo a hacer el tonto si se intenta algo y no se consigue. Está el miedo incluso a poner en situación embarazosa a otras personas.
Otros podrían tener miedo al éxito. Triunfar podría ser más temible aún que fracasar. Si uno logra llegar a la presidencia de esa gran empresa, por ejemplo, tendría que hablar ante grupos nu­merosos, dirigir a subordinados, confeccionar informes anuales, responder ante los accionistas. ¿Será capaz? ¿Tiene miedo a no saber hacerlo?
Danny De Vito, que mide menos de metro y medio, se convirtió en popular figura de la televisión y en actor y director de cine de extraor­dinario éxito. Venció sus miedos antes que dejar que éstos lo vencieran a él. Todos necesitamos dominar nuestros miedos, de uno en uno.

Si se convirtiera en estrella cinematográfica, ¿podría habérselas con la prensa, con los críticos, con el trabajo ante las cámaras? Si se hiciera rico, ¿perdería la amistad de sus compañeros, el amor de su familia? ¿Significaría quebrantar al­guna ley no escrita tener más dinero que sus pa­dres, más que aquellos a quienes toma por mo­delo?. ¿Si iniciara un negocio exitoso ¿sentiría que puede administrarlo correctamente?, manejar bien el dinero, conseguir nuevos clientes, manejar correctamente el pago de impuestos?
¿Podrían temores ocultos como éstos ser los verdaderos obstáculos en nuestro camino? ¿Po­drían ser ellos, y no los motivos que alegamos, lo que impide nuestro avance?
Pienso que la respuesta es ¡Sí!
Miedo al fracaso o miedo al éxito, la verdad es que la mayoría de nosotros no nos atrevemos a tener, hacer o ser lo que realmente deseamos. No hay nada exterior que nos lo impida; somos nosotros mismos quienes nos lo impedimos.

Como es lógico, a casi todos nos cuesta reconocerlo. Para proteger los sentimientos, el subconsciente enmascara los miedos con excusas de aspecto totalmente razonable. Es posible que una persona sea calva, bajita y lleve gafas de cristales gruesos. Por consiguiente, se dice a sí misma que nunca va a encontrar la pareja per­fecta de su vida, que nunca estará felizmente ca­sada.
Quizá sea usted «sólo una mujer» o «sólo una esposa», o sea muy voluminosa; entonces su inconsciente razona que nunca podría lograr un puesto ejecutivo en una empresa dominada por hombres y llegar hasta la cumbre.
Tal vez vive en un barrio no muy bueno, tie­ne pocos estudios y no sabe hablar con corrección, así pues, su inconsciente considera que nunca podría conseguir un puesto de trabajo con un sueldo elevado.
Acaso se ha arruinado, ha perdido todo su dinero y todos sus bienes, de modo que piensa que no puede fundar una empresa importante, invertir en bienes inmuebles ni aconsejar a los demás sobre cómo encontrar un incentivo en la vida.
¿Cierto?
¡Falso! Lo que hace, en realidad, es prestar oídos a una propaganda negativa. No puede por­que se ha convencido a sí mismo de que no puede.

Póngase en marcha

El miedo nos limita, nos frustra y nos paraliza. Levanta obstáculos y barricadas y nos hace sentirnos derrotados de antemano, lo que, a su vez, produce ansiedad y sentimientos de culpa­bilidad que pueden abocar a una completa inmo­vilización. El miedo nos impide intentar hacer algo y, al no intentarlo, no llegamos a avanzar, con lo que se crea un círculo vicioso que nos de­muestra que ya desde el principio aquello era imposible. Tengo una amiga que se lamentaba de que no podía volver a estudiar porque necesita­ría cinco años para graduarse y para entonces tendría ya 43. No pude por menos de pre­guntarle: « ¿Qué edad tendrá dentro de cinco años si no reanuda los estudios y no se gradúa?» Una mujer que ingrese en la Facultad de Medici­na a los 39 años tendrá 47 cuando esté en condi­ciones de ejercer, pero si consideramos una espe­ranza de vida de 81 años, tendrá por delante 34 fructíferos años para realizar una gran aporta­ción a la sociedad y a sí misma.

El enemigo es el miedo. El miedo erosiona nuestra autoestima propia, co­rrompe nuestra confianza en nosotros mismos y, con el tiempo, nos convence de que somos unos perdedores. Mientras nos dejemos do­minar por el miedo, nunca nos atreveremos a triunfar.

La salida

Con una nueva conciencia, podemos superar y vencer el miedo, siem­pre que comprendamos que su origen está den­tro de nosotros, no en el mundo exterior.
Franklin Delano Roosevelt abordó elocuen­temente el tema en una de sus charlas junto a la chimenea cuando dijo: «Sólo debemos tener miedo al miedo mismo.» Napoleón Hill, autor del clásico Piense y hágase rico, a quien se atribuye esa frase que al parecer escribió para Roosevelt, afirmó también: «En­fréntate a tus miedos y podrás hacerlos desapa­recer.»

Cuando comprendemos que las excusas ca­recen de valor podemos empezar a actuar. Cuan­do vemos que el verdadero problema lo consti­tuyen nuestros miedos inconscientes, y no una circunstancia externa, entonces podemos tomar el mando de nosotros mismos y de nuestras vi­das. Y, una vez que asumimos el control, pode­mos ser, hacer y tener lo que queramos.

Todos queremos desarrollamos plenamen­te y convertirnos en todo lo mejor que .poda­mos. Todos queremos gozar de abundancia y prosperidad. Todos queremos ser alguien que cuenta. Todos queremos ser sanos y felices. To­dos queremos relaciones profundas y gratifi­cantes. Todos queremos amor, alegría, dicha y satisfacción. Todos queremos lo mejor de todo.  Nosotros sabemos que eso es lo que queremos y sabemos que eso es lo que usted quiere. ¡El mila­gro radica en que todos podemos tenerlo! Lo único que necesitamos es vencer nuestros mie­dos y atrevernos a perseguir nuestros objetivos.

El progreso personal

Atreverse a triunfar puede ser algo instantáneo, que sucede de una sola vez, o puede ser el resultado de un esfuerzo acumulativo a lo largo del tiempo. Nosotros no sabemos qué necesita usted para superar sus miedos particulares, pero sí sabemos que puede hacerlo. Mi objetivo al escribir este capítulo es ayu­darle a crearse un entorno en el cuál sus pensa­mientos y creencias le sirvan para dar ese paso adelante. No se sí empezó a atreverse a triunfar antes de éste taller de autoestima, ó en el capítulo 10, ó si empezará a atreverse a triunfar en el capítulo 70 o en el capítulo 100 ó al terminar el taller.

¡Pero sé que puede hacerlo! En este momento no es necesario que usted lo crea, basta con que crea que éste taller de autoestima pue­de ayudarlo. Todos podemos hacer casi cualquier cosa si no violamos las leyes divinas ni los derechos de otros seres humanos.
LOS PROBLEMAS SON OPORTUNIDADES DISFRAZADAS

La vida es como una piedra de esmeril
y uno mismo, sólo uno mismo,
 decide si lo tri­tura o lo afila.
CAVETI ROBERT

-Tengo un problema. Un joven se acercó al doctor Norman Vicent Peale (Padre poder del pensamiento positivo) en la Quinta Avenida de Nueva York, lo cogió por las solapas y le dijo:
-Doctor Peale, ayúdeme, por favor. No pue­do hacer frente a mis problemas. Son demasiado para mí.
-Escuche -contestó el doctor Peale-, ten­go que dar una conferencia. Si me suelta las so­lapas, le enseñaré un sitio en el que hay personas que no tienen problemas.
            -Si pudiera hacer eso -exclamó el hom­bre-, daría cualquier cosa por ir allí.
-Cuando vea el lugar, quizá no quiera ir -repuso el doctor Peale-. Está a sólo dos man­zanas de aquí. Caminaron hasta el cementerio de Forest Lawn y allí se detuvo el doctor.   -Mire, ahí hay 150.000 personas. Y sé que ninguna de ellas tiene ningún problema.

Los problemas pueden ser ventajas

Ésa es una de las anécdotas favoritas del doc­tor Peale y nunca la hemos olvidado porque ilus­tra la verdadera naturaleza de los problemas. Los problemas son señal de vida. Si tiene usted un gran problema, agradézcalo, porque demuestra que está usted vivo y en funcionamiento. (Hay quien dice que la mejor manera de valorar a una persona es por la magnitud de los problemas que tiene.)

Por lo general, la opinión más aceptada es que los problemas son malos. La mayoría de la gente considera que el estado ideal de las cosas sería el de una total ausencia de problemas. Por lo tanto, tenerlos significa que algo va mal; en consecuencia, acabamos consagrando gran par­te de nuestras energías a deplorar nuestra suer­te. Terminamos diciéndonos a nosotros mis­mos: «¡Todo sería estupendo si pudiese librar­me de mis problemas!».

Ése es el lamento del pesimista. El optimis­ta, por el contrario, los considera oportunida­des. Si alguna vez se ha encontrado usted ante un grave problema y se ha abierto paso a través de sus temores para abordado, comprenderá in­mediatamente lo que queremos decir. Pero la mayoría de nosotros no hemos hecho eso, no nos hemos abierto paso; por lo tanto nos cues­ta creer que los problemas sean oportunidades disfrazadas.

Muchos de los grandes descubrimientos y avances de la ciencia han tenido como motivador resolver problemas. No dudo que sus problemas puedan ser graves, pero, quiero decirle que piense que aun en las peores situaciones po­sibles aquellos que se atreven pueden obtener resultados asombrosos.  Las personas que han superado las circunstancias más difíciles nunca se dejaron desmoronar por ese revés, esa aflicción, ni sucumbió a sus miedos. En lugar de ello, encontraron dentro de sí mismas el va­lor para reaccionar y triunfar.  De hecho, si no existieran problemas, las personas pueden continuar haciendo un trabajo equi­vocado, llevando una vida equivocada y vulgar. Pero no le deseo problemas a nadie. Lo que quiero decir es que cada problema contiene dentro de sí la semilla de una oportunidad que podría cambiar su vida. Los problemas pueden hacer que tensemos músculos físicos y espirituales que en otro caso quizá no utilizaríamos jamás, y cuya existencia incluso ignoraríamos.

Muchos de nosotros tenemos una actitud de­rrotista. Generalmente, la causa es que hemos permanecido durante tanto tiempo en una posi­ción de sometimiento que creemos que ésa es la situación normal y natural para nosotros. No podemos triunfar porque somos los proverbia­les «perdedores natos».  Una vez determinado que el problema con­siste en ser un perdedor, ¿cómo vamos a poder triunfar? Hemos eliminado la posibilidad de éxi­to. Pero el problema no es haber «perdido» ante­riormente, sino el modo de contemplar nuestras derrotas. Un optimista podría decir que aún no hemos tenido éxito.

Quizás el ejemplo más universalmente acla­mado de este principio lo constituye Thomas Edison. Aunque se le consideraba un inventor, Edison no siempre disfrutó del aplauso y el res­peto que se le dispensan hoy. Cuando le entre­vistó por primera vez, Napoleón Hill dijo:
-Señor Edison, ¿cómo me explica el hecho de haber fracasado miles de veces en su intento de crear una lámpara de incandescencia?
-Perdone -replicó Edison-. No he fra­casado casado ni una sola vez. He realizado miles de experimentos que no han dado resultado. Tenía que llevar a cabo suficientes experimentos para encontrar la forma de que funcionase. Todos hemos realizado miles de experimen­tos; es como cuando aprendíamos a andar; se­guíamos intentándolo porque veíamos que otros 10 habían conseguido. No es que seamos perdedores dos, tres o cuarenta veces. La mayoría de las veces se tra­ta simplemente de que no hemos realizado to­davía los suficientes experimentos para tener éxito. Si un solo experimento no produce un re­sultado positivo, la mayoría de nosotros con­cluimos que somos perdedores y renunciamos a seguir intentando. «No puedo hacerlo», es la conclusión habitual.

Pero ¿es válida esa conclusión? Decir que no podemos triunfar porque hemos fracasa­do una, dos o más veces en el pasado no es sino la expresión del miedo a fracasar de nuevo. Y, mientras tengamos ese miedo, tropezaremos con el obstáculo que en nuestro camino alza tal ex­cusa. Ha llegado el momento de rechazar todo ti­po de desánimo o abatimiento, ya sea producido por nosotros mismos o por otros. Lo que debe usted hacer es darse ánimos a sí mismo y dárselos también a otros.

En el siguiente capítulo analizaremos de lo que es posible hacer para cambiar esta situación.

Eliminar nuestros temores es una excelente oportunidad para vivir la……..

¡Emoción por Existir!