062- Reloj, Agenda y Brújula

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Reloj, Agenda y Brújula

No sólo es urgente saber
            a qué hora hay que llegar,
            sino más importante aún
es saber a dónde se quiere ir.
Alejandro Ariza Z.

¿Qué es el tiempo? ¿Qué significa para nosotros? ¿Qué poder ejerce en nuestras vidas? Las respuestas a estas interrogantes no son banales sino; por el contrario, producto de una gran reflexión personal y trascendente consideración. Desde el punto de vista meramente científico, el tiempo es el período en el que tiene lugar una acción o acontecimiento, o la dimensión en que estos se representan. El tiempo es una de las magnitudes fundamentales del mundo físico, al igual que la longitud y la masa, y tanto usted como yo tenemos una parte de nosotros dentro de este terreno, dentro del mundo de la forma, dentro de un espa­cio físico. Ahí es donde se intersectan nuestra exis­tencia y el tiempo. Sin embargo, no sólo somos materia, no pertenecemos únicamente al mundo físico; somos plenamente en el pensamiento, en un terreno espiritual donde no existe la medida del tiempo, sino la emoción de existir. Aquí apa­recen nuevas interrogantes acerca de las" cosas importantes" de su vida en las que necesita dete­nerse a pensar con seriedad: ¿cuáles serían las tres o cuatro primordiales?, ¿reciben la atención preferente y el tiempo que en realidad desea brin­darles?

En el transcurso de mi vida, he tenido la oportunidad de conocer a personas muy activas, laboriosas, competentes, solícitas y deseosas de sobresalir. También he visto que diariamente lu­chan tremendas batallas emocionales por dar prioridad a las cosas más importantes de su vida. ¿Cuál será la razón por la que no colocamos en primer lugar las cosas esenciales? Desde hace muchos años han existido métodos, técnicas, he­rramientas e información sobre la administración y control del tiempo.

 Cuando éramos pequeños se nos programó con la idea de que si trabajamos más, aprenderemos a hacer las cosas mejor y más rápido, si usamos alguna máquina o herramienta nueva, si ordenamos nuestros archivos y los or­ganizamos de cierta manera, podremos llegar a hacerlo todo. Así compramos el nuevo planifica­dor, la mejor agenda, el fantástico reloj digital de pulsera que tiene un calendario integrado, leemos un libro como Primero lo primero; lo .aplicamos, nos esforzamos, y ¿qué ocurre? Conforme a las respuestas que he obtenido en mis consultas, y varias veces en mi propia vida, el resultado es mayor frustración y culpa. ¡Que ironía! Todas las valiosas herramientas que se han inventado para la administración del tiempo (relojes con alarmas, agendas especiales, planificadores y calen­darios, sistemas de computación, etcétera) tienen el objeto de hacemos la vida más amable" ayudándonos a organizar nuestra vida de manera más eficiente; sin embargo, que contrastante es la realidad de su uso. Incluso dentro de mi grupo de amigos y allegados he escuchado comentarios como:

  1. Necesito más tiempo, el día no me alcanza. Me gustaría disfrutar más de la vida, pero no puedo. Estoy siempre corriendo. Casi nunca tengo tiempo para mí.
  2. Mis amigos y familiares me exigen más tiempo para estar con ellos, pero con la no­via que tengo no sé cómo satisfacerlos. Si le fallo a uno, quedo mal con el otro.
  3. Casi siempre me encuentro acelerado" y me angustio porque tengo que posponer las cosas, aunque he notado que lo hago porque estoy angustiado.
  4. Siento que no hay un equilibrio entre mi vi­da privada y la laboral. Siento que si le quito tiempo a una para brindárselo a la otra, la si­tuación sólo empeora.

-   ¡Estoy muy estresado!

  1. He tomado cursos en los que me han enseñado a distinguir lo importante de lo urgen­te. Fue una plática motivacional muy bonita, pero días después me fue peor porque me di cuenta de que todo es importante. ¿Cómo hago para decidir?

El método tradicional de administración del tiempo sugiere que al hacer las cosas con mayor eficiencia se llega a tomar el control de la propia vida y que ese control, conforme se va incremen­tando, trae consigo la paz y la satisfacción que se desea. En la vida práctica he observado que eso no es cierto.

No sólo es importante tener un reloj, sino tam­bién es trascendente tener otra valiosísima herra­mienta de medición: una brújula. Es importante saber a qué hora hay que llegar, pero es más tras­cendente saber a dónde se quiere ir.

Bienaventurados los que saben
            a dónde van, porque sabrán
            cuándo han llegado.
PASAJE BÍBLICO

Perítame platicarle una conversación que tuve hace muchos meses con la que era mi novia en aquel entonces. Ella se caracterizaba por estar muy ocupada y con miles de actividades, se es­tresaba mucho al iniciar otro semestre de su ca­rrera, sentía que no le daba tiempo para cumplir con todo lo que quería hacer. Alguna noche, des­pués de cenar, me dijo: ..¡Estoy frustrada! Sabes cuánto te quiero, cómo me gusta ir al gim­nasio, la enorme responsabilidad que tengo en la empresa de mi papá y ahora también tengo que darme tiempo para ir a la escuela. ¡No sé qué ha­cer! Tan sólo me gustaría estar contigo y dejar todo lo demás". Te entiendo -respondió Só­lo necesitas relajarte y tratar de disfrutar cada experiencia que nos brinda la vida. Sé que te gustaría que pasáramos más tiempo juntos, pero ambos tenemos muchas ocupaciones, varias de gran importancia, yeso parece limitamos; pero aun así, te invito a que percibas la alegría que implica tener la extraordinaria oportunidad de ir a la escuela. Sé que hay mucho trabajo en la em­presa de tu papá, pero puedes encargar varios de tus pendientes a tus colaboradores y asistir a la universidad para continuar con tus estudios.

Cualquier otro interés en tu vida debe quedar postergado por el momento." Creo que mi novia pensó que su vida se desequilibraría y que... así debía ser. Continué: "Existe el momento y la oportunidad para cada cosa y para cada persona. No sigas un horario, olvida el calendario y aban­dona las agendas. Terminar tu carrera es lo más importante. Deja que te dirija la brújula interna de tu corazón y no el reloj que traes en tu brazo. Mientras tanto, yo siempre estaré en tu mente y tú en la mía, al fin y al cabo, uno está donde real­mente lo extrañan." El final de la historia debe de imaginárselo. Me dio un muy merecido beso y la dejé más tranquila al saber qué debía hacer en ese momento, sin sentir presión o culpa alguna.

Debemos disminuir la presión que genera la distancia entre la brújula y el reloj, entre lo im­portante y lo urgente. El enfoque que muchas escuelas de administración del tiempo proporcio­nan es que hay que hacer más cosas con mayor rapidez para mejorar nuestra vida siendo más efi­cientes, como si esa velocidad disminuyera la distancia entre lo importante y lo urgente. Sin embargo, muchos ya nos hemos percatado de que el aumento de velocidad sólo lleva a hacer peor las cosas.

Esta breve reflexión exige cierta disposición emocional para llevar a cabo un profundo cam­bio interior en su persona. Poner primero lo pri­mero constituye un acto esencial en la vida. El desafío consiste en saber qué es lo primero. Defi­nitivamente es una cuestión de jerarquización de valores. Casi todos, en algún momento de nues­tras vidas, nos sentimos atormentados por las co­sas que desearíamos hacer, por las exigencias de los demás, por las numerosas responsabilidades que tenemos, por los compromisos que adquiri­mos. Nos hemos llegado a sentir desafiados por las decisiones que debemos tomar respecto a có­mo mejorar nuestro empleo del tiempo. Esas de­cisiones resultan más fáciles cuando el problema se reduce a distinguir "lo bueno" y "lo malo". Es relativamente fácil ver que algunas formas de pa­sar el tiempo son inútiles, embrutecedoras e incluso destructivas. Sin embargo, el asunto no estriba en distinguir lo bueno de lo malo, sino lo bueno de lo "mejor". ¡Ésa sí es una distinción di­fícil! Sobre todo cuando usted mismo no sabe qué es lo mejor. Por cierto, ¿qué es para usted "lo mejor"? ¿Qué le impide otorgar a esas cosas "mejores" su tiempo y energía? ¿Acaso interfie­ren otras "buenas"? ¿Será que una "buena" rela­ción amorosa le impide experimentar una "mejor"? ¿Ya se habrá dado cuenta de que muy' posiblemente un "buen" trabajo lo ha limitado para encontrar uno "mejor"? Piénselo. Si gusta dése tiempo ahora mismo y suspenda aquí su lec­tura para permitirse un desafiante momento de reflexión.

Como afirma Stephen R. Covey, nuestra lucha por colocar primero lo primero se caracteriza por el contraste existente entre dos poderosas herra­mientas que nos dirigen: el reloj y la brújula. El reloj representa los compromisos a determinada hora, las citas, los horarios, las metas, las activi­dades; es decir, lo que hacemos con el tiempo y cómo nos administramos en él. La brújula repre­senta nuestra visión personal, nuestros valores, principios, misión, conciencia moral, orientación, es decir, lo que sentimos que es importante y el cómo dirigimos nuestra vida. El desasosiego apa­rece cuando percibimos que lo que hacemos (el reloj) no contribuye a lo que es más importante en nuestras vidas (la brújula) yeso produce un gran dolor. Es cuando la gente no hace lo que di­ce, cuando se siente atrapada o controlada por otras personas o situaciones y viven verdaderos momentos de crisis. No logran embonar lo que creen que deben realizar y lo que desean hacer con lo que efectúan.

Diariamente viven un dilema, y dada la culpabilidad que sienten por no ejercer lo que realmente quieren, no disfrutan lo que desempeñan y se pierden de toda emoción por existir. ¡Qué miserable y desdichada vida han de experimentar esas personas que por un tiempo definido hacen lo que no les gusta! ¡De cuánta alegría por vivir se están perdiendo!

Contrariamente, hay gente cuya emoción por existir es muy grande, por tener las agallas de rea­lizar lo que siempre han deseado llevar a cabo. Permítame afirmar algo: el éxito es el resultado de su propia decisión y voluntad para actuar ¡ahora!, y no es mera consecuencia de las circunstancias aparentemente favorables. Sólo los mediocres creen que la fuerza del destino es la razón de su suerte. El humano superior llega a percatarse de que él mismo es el origen de su porvenir, se da cuenta de que con sus decisiones, incluso con las más pequeñas, con aquellas que momento a momento realiza, va creando su por­venir y, así, se da cuenta del poder que genera su congruencia cuando hace coincidir, su reloj con su brújula.

Darse cuenta de estas dinámicas de vida, pue­de suceder de dos maneras. Una es mediante la apertura del corazón y de la mente ante reflexio­nes como las que está leyendo, aunada a una pro­funda y sincera necesidad de cambio en su vida por encontrar y vivir algo mejor. La otra es me­diante señales de alarma espectaculares. Un ejemplo: cuando un ser querido muere. De repen­te ya no está y se presenta la oscura y dolorosa realidad mostrando lo que pudimos haber hecho pero no efectuamos; ya que estábamos demasia­do ocupados en ascender la escalera del éxito, amasando grandes fortunas como para cuidar y atender una relación sumamente satisfactoria.

Otro ejemplo: cuando descubrimos que nuestro hijo es homosexual y con problemas de droga­dicción. En ese momento nuestra mente se inun­da de imágenes: años que pudimos haber convivido con él, compartiendo sus temores y alegrías, construyendo una relación..., pero que no llevamos a cabo porque estábamos ganando­ nos el sustento, haciendo relaciones de importancia o, peor aún, viendo televisión.

Cuando surgen estas señales de alerta, muchos prefieren nunca enfrentarse con los temas cruciales de la vida y buscar las causas profundas para eliminadas de raíz y cambiar. En lugar de ello recurren a una aspirina moral y el apósito espiritual de fácil aplicación para tratar el agudo dolor. Ese alivio temporal les da fuerza, misma que emplean para estar cada vez más' ocupados sin siquiera dete­nerse a reflexionar si lo que hacen es en verdad lo que más importa; no se dan cuenta de que si­guen dirigiendo su vida con un reloj, en lugar de encontrar una brújula que los oriente.

La clásica administración del tiempo se ocupa del chronos, palabra griega que define el tiempo cronológico. ¡El chronos se considera lineal y se­cuencia!. Aquí ningún minuto vale más que otro, ninguna hora supera a otra: es cuando ¡el reloj dicta, en esencia, el ritmo de nuestra vida!.Sin embargo, en el mundo existen culturas -por suerte- que enfocan el vivir desde una perspec­tiva diferente; se trata de una filosofía basada en el kairós, que podríamos traducir como tiempo apropiado o calidad de tiempo. Éste se debe experimentar, es exponencial, existencia!. La esen­cia del kairós reside en el valor que se obtiene de él, más que en la cantidad del chronos que en él se invierte.

Creo poder explicarme más fácilmen­te si comparo estas dos perspectivas en un par de preguntas: ¿Qué tal te la pasaste en esa reunión?, es muy diferente a preguntar ¿cuánto tiempo es­tuviste en esa reunión? Me parece fascinante lo­grar entender esta diferencia. Tengo un gran amigo, alguien muy cercano a mí, que ya no que­ría seguir su carrera de médico. Todo iba aparen­temente bien durante los primeros años de estudio, pero cuando llegó al internado, se con­venció plenamente de que la medicina no era lo suyo y anhelaba dejar la carrera. El día que lo co­mentó con sus padres, la Revolución Francesa se quedó corta, la noticia fue motivo de gran discor­dia y separación con su padre, quien era médico y había fincado sus ilusiones en la brillante carre­ra de su hijo como galeno. Mi amigo tomó esa decisión tan sólo a un año y tres meses para titu­larse, y su padre incluso llego a decide que lo echaría de la casa si no terminaba la carrera (co­mo sutil método motivacional). Después de una, discusión acalorada, su padre llegó a decirle: "Mira, trato de entenderte aunque no pueda. Te invito a que termines tu carrera y en el momento que obtengas tu título haces lo que quieras. ¡Ca­ray!, ¿qué son los 15 meses que te faltan? Termi­na tu internado y haz tu servicio social en algún poblado, lo más cercano a la casa, y verás que pronto quedará todo olvidado", Mi amigo; cuan­do escuchó ¿qué son 15 meses...?, se quedó pas­mado ante la ligereza con que su padre percibía esa descomunal y gigantesca cantidad de tiempo. ¿Qué pasó ahí? ¿Quién cree usted que tuvo la ra­zón? El hijo, al no soportar padecer ni un solo  día más esa tortura existencial, o el padre, quien lo invitaba a que acabara la carrera para no echar por la borda los cuatro años y medio que ya ha­bía estudiado.

Pues el hijo tenía de su parte la ra­zón. Él era quien experimentaba el kairós del tiempo, mientras que su padre sólo veía el chro­nos del mismo y así le parecían muy poco 15 me­ses o desde ese momento, el distanciamiento entre mi amigo y su padre se hizo inaproximable por siempre. En conclusión: la auténtica empatía sólo se sucede en el kairós. Cuando logramos enten­der el mundo de significados de otra persona, dos espíritus se encuentran y, así, realmente pueden dialogar en un mutuo crecimiento para encontrar lo mejor. Historias como la que acabo de escribir hay muchas.

Estoy seguro de que usted tiene en mente alguna similar, momentos difíciles de la gente cuando deja a un lado su kairós existencial y alegría por vivir, sacrificándolo por un chronos que le dejará más dinero o le dará ese puesto que le conviene, aunque no le guste y no le satisfaga. Es cuando alguien prefiere un trabajo mejor re­munerado, donde gane más dinero, aunque se desgaste emocionalmente por hacerlo, aunque lo sufra; al fin que lo que importa es hacer dinero. Que triste realidad viven las personas así. Por eso hay tanta gente con dinero, pero miserable y des­dichada también. En mi consulta particular 10 he podido constatar en un sinnúmero de ocasiones. Hombres y mujeres que me visitan con graves síndromes depresivos precisamente como aquel en que cayó mi amigo por terminar su ca­rrera, con intentos de suicidio, no obstante que tienen mucho dinero. ¿Ha conocido gente así?

Aprender a vivir es un arte que se logra día con día, y nunca hay una ceremonia de gradua­ción. Sin embargo, puede haber fiestas de alegría por aprender a vivir y compartir la emoción que genera saberse dirigir con brújula y reloj en ma­no. Escribí esta reflexión con el firme propósito de ayudado a escapar de la tiranía del reloj e in­vitarlo a descubrir su brújula. Ésta lo capacitará para vivir, amar, aprender y dejar un enorme y duradero legado de alegría por existir. Busque in­tensamente lo mejor para usted y para la gente que ama, reclámese a sí mismo y, como un ave fénix, levante el vuelo con el poder de la con­gruencia entre lo que desea y hace, entre sus va­lores y sus acciones. Vivir así, tener la fortuna de elegir lo mejor y actuar en consecuencia, son ra­zones de gran peso para consolidar, por siempre, su... ¡Emoción por existir!

Con la esperanza de que encuentre y genere su destino, le deseo la mayor alegría por vivir. No se pierda la única y temporal oportunidad que Dios nos dio para pasar por este mundo y disfru­tar de las maravillas que nos ofrece, amando y compartiendo.