049- Hacer el Bien

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Hacer el Bien

Cuando hacemos lo mejor que podemos,
nunca sabemos qué milagro se produce
en nuestra vida o en la vida de otros.
HELEN KELLER

Es un privilegio compartir contigo, querido lector, las experiencias y la emoción de todo lo que se puede alcanzar haciendo el bien. En toda la vida no he encontrado mayor dicha que dar. Cuando te percatas de algún talento propio y decides vivir compartiéndolo con los demás, usándolo para hacer el bien, la vida se vuelve un auténtico milagro y una sublime y mágica aventura. Tenlo por seguro.

¡Es tan bello darse cuenta de que uno ya está viviendo su sueño! Por ejem­plo, viajar a los mejores lugares, conocer a personas in­fluyentes, hospedarse en los mejores hoteles, comer los más exquisitos manjares, convivir con gente valiosa, con­versar con una gran plenitud espiritual en el marco de la ayuda mutua. Todo esto es real y me ha sucedido a mí al llevar conferencias y mensajes a quienes los requie­ren. ¡Qué dicha estoy experimentando! Hago el bien usan­do un talento propio. Y lo mismo, exactamente lo mismo, puedes hacer tú, lo mismo te puede suceder, o aún me­jor. Basta que te concentres en examinar tu yo para sa­ber cuál es ese talento propio que posees y puedes desarrollar y usar en beneficio de la humanidad. Es así de sencillo transformar tu vida. Es tan sencillo que lo único difícil es que te percates de lo sencillo que es.

En el camino de crecer desde luego que he tropezado y me he encentrado con problemas que tuve que afrontar para llegar a donde ahora estoy. Es impresionante la canti­dad de envidias y problemas que surgen. Pero es intere­sante observar cómo la envidia -incomodidad por el bien ajeno- es desgastante para quienes la experimen­tan, mientras uno continúa con su misión y, por lo mis­mo, se aleja de ellos. ¿Te ha pasado algo igual? ¿Te has sentido lejos, muy lejos, de aquellos que te envidian y se mueren del coraje por tu innegable éxito en la vida? Si te ha pasado, es un claro signo de que vas por buen ca­mino, haciendo el bien. Es poderosísima la dimensión en que se sumerge una persona cuando sólo enfoca su mente en hacer el bien. Nada malo te sucede. Nadie te alcanza. Nadie te afecta para mal. Tu vida se convierte en una sublime aventura diaria de éxito. En esto coincido con Wayne Dyer, Anthony Robbins y Patrick Combs.

Mantén tu rostro al sol y así
  no verás las sombras.
HELEN KELLER

Es curioso que cuando buscas el amor y la felicidad, éstos te eluden, pero cuando te conviertes en ellos, están ahí precisamente. Es formidable apreciar a to­das las personas que se te acerquen, sean quienes sean, tengan las costumbres que tengan; vale la pena hacer el bien a quien se acerque. Es una oportunidad de ayuda que no debes despreciar. Fíjate bien y verás cómo tu propia familia se te acerca con frecuencia. Ahí están las oportunidades rodeándote continuamente. Siempre al­guien se te acercará porque necesita algo de ti.

Si está en ti la posibilidad de ayudar, haz el bien y sigue tu camino. Luego, observa qué te sucede. No pasará mucho tiempo para que algo mágico te suceda a ti. Es la ley de la vida. Cada vez que alguien quiere imitar nuestros pasos pienso en la bella frase de Concepción Arenal, escritora y socióloga española: "El mejor home­naje que puede tributarse a las personas buenas es imi­tadas".

En una bella ciudad de la provincia mexicana un empresario comentó que en varios momentos se había sentido muy solo, ya casi con nadie intimaba yeso lo hacía sentirse mal. Le comenté que eso es lo más natural en la vida de un líder, y que esa sensación de soledad es más fuerte cuando se está "hasta arriba".

No conozco ningún otro signo de
  superioridad que la bondad.
LUDWIG VAN BEETHOVEN

Ese "hasta arriba" es un lugar muy solitario, pero es el propio de los líderes que actúan con bondad. Además, esa soledad es muy subjetiva, porque con el tiempo la persona se habitúa, pero súbitamente surgen amigos en ese nivel-muy pocos, es cierto-. El simple hecho de que no se tengan las costumbres de varios de los empleados y colaboradores de una empresa, hace que se les margi­ne de convivíos entre "ellos". De hecho, cuando el líder se presenta en una reunión de la empresa, todo cambia en el ambiente de ese momento. "Llegó el jefe", y no se puede tener la confianza que se tenía en su ausencia.

Cuando por la posición que se ocupa en la sociedad -académica, económica, moral o espiritualmente-, se brilla demasiado, se ha llegado a la "Edad del sol" espiri­tual: la sol-edad.

No importa el talento que tengas, sea el que sea, úsa­lo cuanto antes para hacer el bien. Tu vida cambiará. Habrá envidias y personas que te quieran derribar, ha­ciendo hasta lo indecible por dañarte. Eso es normal y confirmará rotundamente tu brillo. Ésa es una innegable señal de que los demás te empiezan a ver muy alto. Felicí­tate cuando lo vivas. Tienes un talento dentro de ti, ten la certeza. Si crees erróneamente- que no tienes nin­guno, es que no te has dedicado concienzudamen­te a buscado, a conocerte, o bien, cabe la posibilidad de que estés encaprichado con poseer un talento que real­mente no tienes, y así estás dejando de lado uno que sí tienes, y al que no le has hecho caso. Piénsalo.

Al bien hacer jamás le falta premio.
MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA

Cuando uno hace el bien, algo se transforma dentro de uno mismo, se altera profundamente nuestra identidad y, con ella, nuestra cosmovisión. Incluso vemos diferen­tes a las personas. Cuidado. Vale la pena hacer el bien a toda persona que se acerca a ti, pero ten presentes las palabras de Cicerón: "Cuanto mejor es una persona, más difícilmente sospecha de la maldad de los demás". Esto re puede confundir, como varias veces me ocurrió.

Si decides transformarte en un ser que hace el bien, te recomiendo que con cierta regularidad preguntes que ves en los demás, sobre todo a las personas que tú percibes como bue­nas; ya que tu percepción puede estar alterada por tu identidad de bondad”.

 Escucha con atención la opinión de los demás, te podrás ahorrar muchos descalabros. Si encuentras en tu camino a gente con un corazón y men­te inundados de maldad -existen-, envíales tu bendi­ción y hazte a un -lado, sigue tu camino de bondad muy lejos del de ellos. Gente mala se puede disfrazar de ami­gos o socios, de gente buena, pero ten cuidado porque si les ayudas cabe la posibilidad de que sólo estés criando cuervos que luego intentarán sacarte los ojos. Elige bien y sigue adelante. Cambia y mejora tu medio de relación de ser necesario y sigue haciendo el bien. Que tu identidad de bondad no cambie por nada ni por nadie. Sólo nece­sitas cambiar el medio en donde te desenvuelves. Ése es el gran desafío que toda persona bondadosa afronta día a día.

Hacer bien a villanos es echar agua en el mar.
MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA

Todos podemos hacer el bien, pero hacerlo usando nues­tro mayor talento te coloca en una dimensión de extraor­dinaria ayuda, te hace líder en tu campo, te hará brillar a tal grado que iluminarás el camino de otras personas, es tu edad de sol. Te empezarán a decir "iluminado" y muy posiblemente tú ni sabrás por qué. Sigue haciendo el bien no importando nada que te suceda, y brillarás aún más. Más gente te buscará, más personas conocerás, y llegará el momento en que conozcas a las personas que debías conocer para unir talentos y generar una luz aún mayor en beneficio de la sociedad.

Fluye haciendo el bien. Lo mejor te sucederá. Las personas que estorbaban tu camino desaparecerán como por arte de magia, tu familia se transformará en una fuente inagotable de paz y energía, aparecerán verdaderos amigos y la mujer o el hombre de tu vida llegarán a compartir tu camino como una noble misión de vida de pareja (como mágicamente me está sucediendo ahora). Es indescriptible la emoción que puedes sentir viviendo así. Gozarás más todo, desde una bebida hasta una película o un buen libro, sin olvi­dar lo formidable de una charla.

Nunca pensé vivir las maravillas que hoy vivo. Ni en sueños había pensado lo que hoy me sucede. En verdad tenía muchas ganas de decirte esto porque cada vez me convenzo más de que el Paraíso está aquí abajo, en ple­na Tierra, cuando te dedicas con todo tu ser a hacer el bien, a quien puedas, usando tus mayores talentos, en tod4s direcciones y momentos, muy por arriba de los límites de horarios y tiempo, con el corazón y la mente dedicados a ayudar al ser humano a ser más humano. La alegría de hacer el bien está en sembrar en todo momen­to, no en recoger. No esperes el Juicio Final, porque éste tiene lugar todos los días. Vivir la experiencia de hacer el bien, como sé que muy posiblemente ya la estés vivien­do, es otra formidable manera de sentir una gran...

¡Emoción por existir!