001- El poder de su elección

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Introducción

Autoestima:
 “El Primer Escalón del Éxito”.

Lo que nos sucede no es lo que nos afecta,
 sino la interpretación que hacemos
 de éso que nos sucede.
- Viola Edward

Este taller es un apasionante viaje por el arte de ser humano. Constituye una aportación para ayudarte a alcanzar un nivel más elevado de conciencia; una nueva conciencia, en donde tus pensamientos resulten ser tan poderosos, que puedan afectar al mundo que te circunda, tus relaciones personales, la manifestación física, material y tu perspectiva con el mundo en general. Sin embargo, mis palabras no van a hacerlo real, sólo el experimentar en tu vida lo convertirá en tu realidad; por eso es un taller.

No se basa este proyecto en enseñarte una verdad, sino en que descubras tú verdad, tú propio poder y con ello recuerdes quién eres.

Descubrir la membresía que nos integra a este mágico Universo del cuál somos parte para vivir plenamente y sobre todo para lograr una armonía emocional, mental, física material y espiritual.

Este apasionante viaje a través del crecimiento como ser humano, supone disipar algunas falsas creencias que existieron en su pasado y llegar a un nuevo conjunto de conocimientos. Con tus nuevas herramientas, pasarás...
- ... de saber que vivir en un mundo con limitaciones, a saber que tú realidad última y tú propio potencial son ilimitados.
- ... de saber que estás determinado por tu herencia, las circunstancias y fuerzas externas, a saber que creas tu propia realidad, que hay fuerzas di¬vinas que actúan "con y dentro de" ti..
- ... de saber que la existencia humana suele ser mala y peligrosa, a saber que toda experiencia humana es una bendición y que por algo sucede. Ese algo es un motivo superior y positivo.
- ... de saber que dependemos de circunstancias, decisiones y personas fuera de tú control, a saber que esta dentro de ti el más grande poder del Universo para ayudarte a crear lo que deseas.
- ... de saber que nos espera un futuro difícil y cada vez peor, a saber a ciencia cierta que nos espera un futuro extraordinario y bello, cada vez mejor y en donde llegaremos a emocionamos por existir.

Sé que varias cosas que trataremos en este viaje las dudarán algunas per¬sonas y otras las negarán. Que así sea. Son la verdad, según yo las vivo día con día, y salen de mi corazón.

El taller de autoestima nació en Septiembre de 2005 para compartir abierta y desinteresadamente con personas necesitadas de respuestas y encontrar luz en su camino de vida, sin pedirte nada a cambio y sin costo alguno, por lo que te pido que lo compartas con el mismo amor con que yo lo hago. No tiene que ver con ninguna religión, el color de tú piel, en dónde vivas, tu afiliación política ó cualquier otra creencia que nos divida. Es más este taller tiene que ver muy poco con un enfoque tradicional de psicología.

No es estrictamente necesario seguir la secuencia numérica de los capítulos, a excepción de algunos capítulos seriados, los cuáles al inicio del capítulo así lo indica, ó en el titulo dice Parte 1 ó Parte 2, etc.. y que también están indicados en el índice.

Si sientes el deseo de leer algunos simplemente guiado por porque el título te llame la atención, esta bien, ello corresponde a la orientación de tu guía interior, aunque retrospectivamente si veo una evolución en el tratamiento de los temas con el tiempo, seguramente influido por mi propio crecimiento.

Ha sido un gran gozo planear éste taller de autoestima, pero es una emoción indescriptiblemente mucho mayor, "vivir" en la nueva conciencia de la que hablamos, te deseo la misma emoción por existir y más, con tu nuevo descubrimiento: Tú Mismo.

Adquirir una Nueva Conciencia de nosotros mismos es todo un desafío ante los hábitos del ser humano. Plantear una reconstrucción mental pareciera difícil, pero se torna sumamente fácil cuando se dimensiona el bien que se puede llegar a alcanzar.

Una de las mayores lecciones que podemos aprender los seres humanos es saber el motivo de nuestros comportamientos. Todo ser humano tiende a evi¬tar el dolor o sufrimiento y a buscar la felicidad o el placer. Créame que se visualizará una perspectiva diferente ante la vida cuando se tiene plena con¬ciencia de esta dinámica mental tan interesante en el ser humano.

Cuando alguien experimenta cierta dificultad para iniciar algo nuevo en su vida es porque resulta natural al ser humano ese sentimiento de miedo ante el cambio, lo que dificulta el mismo. El cambio, por definición, implica cierto temor hacia lo desconocido. Platón, gran filósofo griego, decía que el valor y la cobardía no existían, sino que lo que verdaderamente existía era el conocimien¬to o la ignorancia; veamos, si a un niño pequeño de tan sólo 2 años de edad le pidiéramos que se arrojara al vacío desde el noveno piso de un edificio, le podría asegurar, mientras no interfirieran los padres o ningún adulto, que sí lo haría, claro que lo haría. Ahora bien, también le puedo asegurar que ni usted ni yo esta¬mos pensando en lo valiente que es ese chico para afrontar tal desafío, ¿verdad?; lo que le puedo asegurar es que ese niño no tenía el conocimiento de la grave consecuencia; ignoraba esa información y por ello se lanzó al vacío.

Pero si, por el contrario, le pidiera a usted que se arrojara desde la azotea de su casa, pues no lo haría de ninguna manera (a menos de que tuviera una razón de peso para hacerlo. Le recomiendo terminar de leer todo el material para tomar posteriormente la decisión). Falso sería decir que es usted un cobarde al no acometer tal desafío; lo que verdaderamente sucede es que usted "conoce" las consecuencias del golpe que podría recibir. Ahí está, conocimiento e ignorancia, esa es la dualidad para ejercer muchos de nuestros comportamientos en la vida.

Cuántas veces no ha exclamado usted, " ¡caray!, si yo hubiera sabido esto antes...", o "¡esto ni me lo imaginaba!". Existen un sinnúmero de frases que nos muestran la ignorancia o el conocimiento que teníamos de talo cual cosa. Lo importante de esto es que todo lo que nosotros podamos llegar a conocer servirá como parámetro funda¬mental de referencia para que posteriormente podamos elegir. Este concepto es aplicable a prácticamente todo en la vida. ¿Cómo vamos a elegir algo que no conocemos?, de aquí lo trascendentemente importante que es conocer. Podríamos llegar a decir que casi en todo momento estamos conociendo.

Cuando leemos, observamos, tocamos, escuchamos, cuando asimilamos infor¬mación por cualquiera de nuestros cinco sentidos, estamos conociendo, estamos  aprendiendo. Y le garantizo que entre más conozca de cualquier área del conocimiento humano, más humano se puede llegar a ser por la capacidad de elección que se incrementa como consecuencia.

Todos nosotros, usted y yo, hemos pasado por momentos muy difíciles, por momentos en donde se ponen a prueba nuestra prudencia, nuestra fortaleza, nuestra templanza, nuestra justicia, etc. Sin embargo, aquí hay algo que también puede ser positivo; nuestra capacidad de decisión, aun en momentos difíciles, la conservamos y gracias a ello es que podemos elegir, podemos decidir en qué fijamos.

Mire, cuando dije "momentos difícil es", quise decir que usted tiene la libertad de elegir, darle más importancia a la palabra "momentos" o a la palabra "difícil es", y en esa decisión ¿verdad que hay una gran diferencia? Recuerdo cuando una amiga mía me hablaba por teléfono un domingo cerca de la media noche. Era uno de sus últimos momentos de vacaciones porque al día siguiente iniciaba un semestre más en sus estudios universitarios. Me hablaba un poco afligida y triste por el fin de sus vacaciones, pero más se percibía su preocu¬pación por el inicio de clases; una vez más levantarse temprano, estudiar, correr a clase, prepararse para los odiosos exámenes. Además, su escuela se caracteri¬zaba por un prestigio de "las más difíciles", de esas escuelas donde a los alum¬nos se les presenta calvicie, úlceras, alteraciones en la piel, etc. Como ve, algo "muy motivante" para iniciar el semestre.

Ella me decía "estoy un poco preocupada porque mañana inicio un nuevo semestre, y me da un poco de miedito, ¿sabes?". Todavía recuerdo que le respondí algo como: "Te entiendo, yo también me acuerdo de lo espantoso que fue cuando yo inicie a estudiar mi carrera profesional: el reto de nuevas materias; sin embargo, déjame preguntarte algo, ¿no has dimensionado la maravilla que es poder estudiar?, ¿qué pre¬fieres?, estudiar o levantarte a las 4:30 de la madrugada para ir a la Central de Abastos a recoger tu mercancía, cargar1a sobre tus hombros para llegar al mer¬cado y poner tu puesto de verduras y dedicarte a ello; o mejor tener la dicha y la oportunidad de estudiar, vivir la maravillosa aventura de descubrir nuevos mundos y diferentes perspectivas de vida como las que encuentras en una uni-versidad; poder leer sentada en el sillón más cómodo de tu casa saboreando al mismo tiempo un rico café, o preferirías tener que salir a vender periódico y poseer un horizonte tan corto como tu propia nariz, sin sueños que alcanzar, sin desafíos que afrontar. ¡Caray!, emocionarte enormemente al saber que tienes la capacidad de leer y con ella llegar a conocer tanto, pudiendo elegir entre tan variadas opciones que se nos presentan en la vida.

Todavía le agradezco a Dios la oportunidad que me brindó para estudiar, y que con el apoyo de mis padres se reflejara en una mejor educación, más conocimientos y mayor capacidad de elección y decisión, como lógica consecuencia".

Se hizo un silencio en la línea telefónica, luego me respondió "No sé que hiciste, pero ya me dieron ganas de ir mañana a la escuela". ¡Pues claro!, ahí estaba la diferencia; ante el mismo evento (asistir a la escuela) los dos teníamos perspectivas diferentes y con ello experimentábamos emociones distintas. Créame, sí se pueden ver las cosas de manera diferente a como estábamos acostumbrados, basta que usted así lo quiera.

Una vez que nos hemos afianzado a una nueva creencia, a una nueva pers¬pectiva ante la vida, a través del tiempo se empieza a tomar como un verdadero estilo de vida; empezamos a ver las cosas a través del mismo cristal siempre, y tenga la plena certeza de que ese cristal usted mismo lo puede limpiar o ensu¬ciar. Estoy convencido de que la perspectiva que uno llega a tener de la vida es muy similar a la visión que se tiene al ir manejando un automóvil. Cuando maneja va observando todo lo que está delante de usted, para evitar colisiones, saber qué carril le conviene tomar, etc. Pero muy pocas personas se han puesto a reflexionar que para ver todo ello, también fue necesario observar el parabrisas, ¡al mismo tiempo y a través de él!, pero lo más impactante es que casi nadie se da cuenta de esto.

Ese parabrisas podría estar polvoriento, grisáceo, viejo ó estrellado y más de uno podría haber afirmado "¡caray!, que día tan contaminado!". Pues bien, aunque esa es una muy factible realidad dentro de una gran ciudad, podría esa persona llevarse una sorpresa cuando se bajara por un momento del automóvil y viera "la realidad" más despejada, incluso podría restregarse los ojos como no creyendo lo que está frente a él, ¡un día limpio!. Qué interesante si volteara a ver su parabrisas y lo encontrara sucio, qué maravilla si al per-catarse de la causa de tal diferencia, emprendiera la acción y limpiara el parabrisas, lo puliera, y posteriormente regresara al volante para manejar y muy seguramente exclamaría -"¡Qué bello día!". ¿Se imagina?

Pues bien compañeros, el apasionante paseo al que me dispongo invitar¬lo es a que juntos limpiemos nuestros parabrisas. En nosotros está la decisión para ello. Tú y yo iniciamos el día de hoy una apasionante jornada que no se cuanto tiempo durará, pero estoy seguro que cambiará tu vida. Nos haremos acompañar por muchos maestros: Deepak Chopra, Alejandro Ariza, W. Dyer Wayne, Gregg Braden, Lair Ribeiro, Joseph Morphy, Norman Vincent Peale, Lynn Grabhorn, Neale Donald Walsch, Stephen Covey, Louise L. Hay, Esther y Jerry Hicks, Joe Vitale, Emet Fox, Emilio Guzmán, Ema Godoy, Leo Alcalá, Camilo Cruz, Víctor Frankl, Ralph Waldo Emerson, Harold Kushner, Gerardo Schmedling, Esther y Jerry Hicks, Sergio Valdivia, Anthony Robbins, Robert B. Stone, James Readfield, Daniel Goleman, Jack Canfield, Carl Gustav Jung, Miguel Ruiz, Brian Tracy, Masaru Emoto y algún otro que se me escapa su nombre en este momento además de  tu servidor.

Dedico esta obra a mi maestro, el Dr. Alejandro Ariza, quién con su gran valor y conocimiento humano cambió mi vida y la de mi familia.

¡Empecemos!

Juan Carlos Fernández

 

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El Poder de su Elección

"El hombre no es la criatura de las circunstancias, sino
que las circunstancias son las criaturas del hombre"
- Benjamín Disraeli

 

El verano pasado salía de una plática de desarrollo humano y recuerdo perfecta­mente cuando una persona se me acercó y me hizo una pregunta muy intere­sante: "Después de todo lo que acabo de escuchar me ha surgido una duda, ¿qué es lo más humano del humano?". En ese preciso instante pensé -"pues ¿qué habré dicho para que le surgiera tan curiosa pregunta?"- y de momento me quedé callado con una cara de como pensando, realmente como pensando porque no tenía ni idea de qué responderle a esta persona. Lo primero que se me vino a la mente fue: - "Sí, claro, ya veo. Esa es una pregunta muy inteligente y me gustaría respondérsela en mejor ocasión, qué le parece si des­cansamos un momento y con gusto lo busco más tarde y conversamos".

Así fue por suerte, entre tanta gente, el ruido, el brindis de clausura, etc., todo volvió a la normalidad. Sin embargo, al llegar a la soledad reflexiva de mi habitación no dejaba de merodearme su pregunta, ¿qué es lo más humano del humano?, ¿acaso realmente hay algo tan característico que defina tan sólo a nuestra especie?, pues no tenía la plena certeza, pero le confieso que ciertos estudios a los que tuve acceso apuntaban para responder a esa pregunta.

Permítame platicarle algo; mire, es muy curioso que cuando un animal de especie inferior a la nuestra nace, siempre será eso que nació; por ejemplo, un perico nace perico, vive como perico y morirá irremediablemente como perico. Un perro nace perro, vive como perro y también morirá irremisiblemente como perro. La misma suerte corre un delfín, una garrapata o un avestruz. Entonces, la enorme diferencia consiste en que el ser humano nace y luego "elige" qué quiere ser, incluso puede elegir ser más humano o no serlo. Esta reflexión es muy confrontante, muy comprometedora.

Cuando usted nace, todavía depende de su madre por un tiempo; incluso, el ser humano es el animal que nace más indefenso al compararlo con una gran gama de animales de especie inferior a él. La madre todavía le tiene que proporcionar espacio, tiempo y alimento. Pero conforme uno va creciendo y desarrollándose se empieza a vivir la apasionante aventura de elegir. Este enorme poder se va incrementando con el transcurso de los años; por ejemplo, dudo mucho, que usted haya elegido el kínder al cual asi­stir, que haya revisado los programas de estudio, que haya entrevistado a las dis­tintas maestras de esa institución para valorar su nivel académico, etc., pues no, ¿verdad? Creo que a usted, al igual que a mí, nos mandaron y ni nos pregun­taron. Pero con el transcurso de los años usted ya pudo elegir la universidad a la cual asistir, la carrera que estudiar o incluso pudo elegir estudiar o no hacerlo. Por lo menos, espero que a esas alturas de la vida ya le hayan permitido elegir.

De esa forma es que se va madurando; todos nosotros necesitamos algún día confrontamos con el momento de la elección, incluso confrontar el momento cuando nosotros somos los únicos en el proceso de elegir y no hay nadie a quien consultar. Si usted ya ha llevado una vida de altas responsabilidades es posible que ya haya experimentado momentos como ese. Toda la vida nos encontramos eligiendo, elegimos a qué hora levantamos, cuándo bañamos, qué jabón usar para limpiamos, la ropa que ponemos, el alimento que ingerimos, el automóvil que nos transporta, etc., la lista seria interminable. Sin embargo, cuando rea­lizamos tantos actos en nuestra vida, a base de repetirlos día con día se con­vierten en hábitos, y es entonces cuando se hacen inconscientes y por ello muchas veces ya no nos damos cuenta del proceso de la elección; pero eso no implica que nuestra elección sea falsa o inadecuada, no, todo lo contrario, sim­plemente hemos caído presa de la costumbre.

¿Recuerda el último viaje que realizó? Si hace memoria es posible que se asombre por la cantidad de procesos de elección que realizó para dar un paseíto. Usted eligió el lugar a visitar, la vía más adecuada para ello, el hotel o la casa a la cual llegó, eligió la hora a la cual salir (aunque muchas veces no coincida con la verdadera salida), etc.

 Esa enorme capacidad de elección es la manera en cómo se manifiesta una de las facultades espirituales del ser humano, "La Voluntad". A través de esta facultad es cómo nosotros elegimos, y el proce­so que lleva a cabo nuestra voluntad es verdaderamente interesante. Cuando uno se enfrenta a determinadas circunstancias y necesita elegir es cuando entra en acción nuestra voluntad, manifestándose en el hecho mismo de elegir. Sin embargo., cabría hacerse otra pregunta, ¿de dónde elige nuestra voluntad? ¿Cuáles son las opciones que tiene? Precisamente, las opciones se las presenta la otra facultad espiritual del ser humano., "La Inteligencia".

La inteligencia se encarga fundamentalmente de conocer, el conocimiento. Es la materia prima de la inteligencia, y por ello. "saber" es una de las principales manifestaciones de la misma. De tal suerte, que cuando nosotros elegimos, nuestra voluntad siempre consulta las opciones que le presenta nuestra inteligencia.

 Pongamos un ejem­plo. Si usted quisiera ir hoy en la noche a una gran fiesta porque recibió la invitación para asistir, pues sin duda se encaminaría a ella (y más probablemente si la entrada es libre). Imagine que va usted manejando y al llegar a la esquina de una avenida principal observa que más adelante hay un accidente, y supone que tardaría mucho tiempo en cruzar las 7 calles que faltan para llegar al punto donde usted se dirige. En ese momento., es posible que dude acerca de cuál sería la mejor opción, sobre todo si trae un poco de prisa por llegar. ¿Sigo de frente ya que pronto se agilizará el tránsito? o ¿mejor doy vuelta a la izquierda y me voy por calles alternas?

Esta parece una pregunta sencilla de responder, pero ¿qué tal cuando usted no conoce la zona, y ya está muy adentrada la noche? ¿Verdad que entonces ya no es tan sencilla? Pues bien, en ese momento la vo­luntad se acercaría a la inteligencia y le pediría las sugerencias para ahorrar tiempo, encontrando la vía más corta o el mejor atajo. Si usted "conoce" la zona, su inteligencia podría mostrarle a su voluntad un verdadero mapa geográfico y con ello la elección se haría la más adecuada. Pero, imagínese que su voluntad se acerca con su inteligencia y le dice: -"Inteligencia, oye, te tengo noticias, ¡estamos perdidos en medio de no sé dónde!, por favor preséntame las opciones más viables para salir de aquí, ¡estos rumbos me están poniendo los nervios de punta!, apresúrate". Y la inteligencia le responde: -"No hay nada, recuerda que hoy es la primera vez que salimos a la calle; ¡suerte!". Creo que aunque parezca un cuento para niños, es muy posible que ese haya sido el diálogo entre su inteligencia y su voluntad la primera vez que usó el automóvil manejando solo, en aquellos años de adolescencia, ¿lo recuerda? Pero al pasar de los años, ver­daderamente se hace más difícil extraviarse porque cada vez se va conociendo más.

El ejemplo que acabamos de imaginar opera para cualquiera de nuestras elecciones; siempre necesitamos consultar a la inteligencia. De ahí el trascen­dente hecho que tiene el "conocer", el saber. Si reflexionamos un poco más, el ser humano se encuentra conociendo continuamente a través de la información que obtiene por sus cinco sentidos, todo lo que observa, lo que escucha, toca, huele o saborea. Todo es información que llega a la inteligencia en cada momen­to. Así, se va formando un verdadero banco de datos con dimensiones inenarrables. Me imagino que ha llegado a la conclusión de que entre más sepa, más opciones para que pueda elegir. Está usted en lo correcto.

 

"El Ser Humano no es tan sólo un ente
material con una experiencia espiritual, es
un Ser Espiritual con un componente físico"
- Wayne Dyer

Los antiguos filósofos griegos definían al Ser Humano como un animal racional, con lo cual, verdaderamente decían mucho porque ellos á su vez, definían lo racional como el conjunto de tres facultades: inteligencia, voluntad y libertad. Sin embargo, fue hace muchos años que leí la más bella definición de lo que podría ser el Ser Humano, y esto sucedió cuando llegó a mis manos un libro de uno de los autores que más admiro y de quien he aprendido mucho, el Dr. Wayne Dyer.

Fue entonces cuando conceptualicé mejor lo que es un ser humano. El da una definición muy concreta, pero no por ello dejando de ser extraordinaria, del Ser Humano con la que estoy profundamente de acuerdo. El Ser Humano es 'fundamentalmente un Ser espiritual con una dimensión física, lo cual es muy diferente a la perspectiva de que el ser humano sea un ente físico con una dimensión espiritual. Aunque pareciera un simple juego semántica, la diferencia entre ambas perspectivas es abismal. Esta dualidad cuerpo-espíritu ha sido tema de discusión de grandes filósofos de la antigüedad e incluso hasta nuestros días. Sin embargo, queda claro que ambas entidades, espíritu y mate­ria, conforman la unidad llamada "Hombre". No creo que sea necesario discu­tir cuál ocupa más espacio, cuál es más importante o si estamos de acuerdo o no. Lo único que quiero compartirle es que nuestro espíritu, el suyo y el mío, tiene esas dos facultades de las que hablamos al principio, Inteligencia y Voluntad.

Por tanto, cuando ejercemos nuestra más pura esencia, lo espiritual, es cuando somos más humanos; cuando aprendemos, cuando conocemos, cuando elegimos y decidimos, es cuando somos más plenamente humanos. De esto estoy con­vencido y es algo que verdaderamente me emociona, y ojala lo perciba así usted también. La profunda magia que existe cuando tenemos la capacidad y el poder de elegir nos posiciona en una gran ventaja competitiva en relación con todas las demás especies, inclusive dentro de la nuestra, ¿no cree?

Como verá, fue hasta entonces que pude responder a la pregunta que en aquella conferencia me hiciera una persona, ¿qué es lo más humano del humano?, y le podría haber dicho: "Su espíritu", con lo cual no creo que se hubiera ido muy satisfecho; o bien, haberle respondido: "Su conocimiento", lo cual tampoco le hubiera gustado, creo. Pero llegué a la conclusión de que la respuesta más viable sería: "Mi estimado y fino amigo, me atrevería a comen­tarle que lo más humano del humano es su enorme poder para elegir". ¡Caray!, cuántas cosas se dicen en esa frase. Pero de todas maneras me imagino que la maravilla de poder elegir es una respuesta adecuada.

Incluso, en este preciso momento, mientras usted lee este material, ha "elegi­do" hacerlo, está ejerciendo facultades plenamente humanas, está aprendiendo y decidiendo, ¡lo felicito por ello! Este es el poder de su elección, y créame que lo ejerce en todo momento, aunque la mayor parte del tiempo lo hace incons­cientemente. El reto: hacerlo más consciente.

Su visión personal

Definitivamente hemos aprendido algo muy valioso; el poder que usted lleva dentro de sí. De tal suerte que, mientras se forja nuestra personalidad en base a muchos y muy variados factores, el único que es determinante es usted mismo. Mire, nuestra personalidad, nuestra visión personal, se ve influenciada por varios aspectos, tales como el momento histórico en el que nacimos a este mundo, el perfil socioeconómico de la familia de la que surgimos, los hábitos de nuestros padres, las costumbres sociales de esa época, nuestros maestros y amigos, etc.; sin embargo, el único factor que determina nuestra personalidad, nuestro ser, es nuestra propia autodeterminación.

"Absolutamente nada ni nadie tiene importancia, tan sólo la que usted mismo ha elegido conferirle"

- Alejandro Ariza Z.

Hace mucho tiempo me enteré de una anécdota que probablemente nos sirva en este momento. Se trataba de un sujeto de 55 años de edad, delincuente, alcohólico, mismo que se encontraba purgando una condena de varios años en prisión por haber asesinado a sangre fría al dependiente de una licorería durante un asalto. Esta persona tuvo dos hijos, uno de ellos resultó ser la copia casi fiel de su padre: asaltante, alcohólico, drogadicto y manteniendo sus vicios a base de robar autopartes y venderlas en los barrios más bajos de la ciudad. Mientras tanto, el otro hijo resultó ser el dueño de su propio negocio, llevando una vida muy saludable, casado, con tres bellas hijas, incluso estaba próximo a abrir una nueva sucursal de su microempresa.

Lo más interesante es que a ambos hijos se les citó para hacerles la misma pregunta: ¿por qué habían elegido ese estilo de vida? Los dos respondieron de manera independiente, sin que uno se enterara de la respuesta del otro. Sin embargo, el mayor impacto fue cuando ambos dieron la misma respuesta: "¿Qué otra cosa podría haber hecho después de haber tenido el padre que tuve?".

Esto es la propia autodeterminación, cuando el ser humano está "por arri­ba" de las circunstancias y no "es víctima" de las circunstancias. El ser humano que vive dependiendo de las circunstancias es lo que se conoce como "Personalidad Reactiva", es el ser humano al que lo define su ambiente, lo define el clima, lo define la economía de su país, lo define su familia, su esposa, lo definen un sinnúmero de factores "externos" a él. Obviamente, todo su comportamiento empieza a estar con base en sus padres, en Dios, en la suerte, en su horóscopo, etc.

Sin embar­go, ese ser humano, se mueve a niveles dramáticamente inferiores a los que se le confieren de suyo. Es decir, siendo la máxima obra de la creación, simple­mente opera "reaccionando", al mismo nivel de la más elemental formulación. Existe una ley en física que dice así: "A toda acción le corresponde una reacción de igual magnitud pero de sentido contrario", pues precisamente así operan estas personas: acción-reacción, y ¡nunca se detienen a pensar y elegir! Así no debe operar un ser humano "plenamente humano".

Como hemos visto con ante­rioridad, el hombre tiene la enorme capacidad de elegir, y es exactamente entre la acción y la respuesta que se presenta esta capacidad. Esta otra tipología es la "Personalidad Proactiva": aquel que es dueño de las circunstancias.

Existen muchos factores que influyen en su comportamiento, pero sólo uno lo determi­na, él mismo, mediante su gran capacidad de elección. Son personas que perciben las acciones, pero antes de responder, "piensan" qué, cómo y cuándo responder. Si bien no es una tarea fácil, es algo que nos hace más humanos. Henry Ford dijo en alguna ocasión "Pensar es la tarea más dura que existe; por eso, probablemente, son tan pocos los que se dedican a ella". Parafraseando a Henry Ford, me atrevería a decir que esa es la razón por la que existen tan pocos proactivos y tantos reactivos. Esa es la enorme diferencia. Una diferencia que puede marcar la distinción entre una persona sana y una enferma, entre una persona son a que vive realizándose día con día y una frustrada.

"Podrás permanecer inconmovible en un torrente caudaloso,
                    pero no en el mundo de los hombres ".
- Proverbio Japonés.

La misma dinámica que hemos venido comentando opera en el apasio­nante mundo de las relaciones humanas. ¿Quién no ha tenido problemas con alguien?, probablemente lo haya logrado Robinson Crusoe, pero debido a que estaba solo; sin embargo, dudo que haya seguido tan ecuánime en cuanto llegó Viernes, su acompañante. Pues el mismo desafío lo afrontamos todos nosotros, todas las personas que se vean obligadas a convivir (y hasta el momento esa es la dinámica de la mayoría). Todos tenemos que convivir de una u otra forma, con la familia, con los compañeros de la escuela, del trabajo, etc. De ahí que sea un verdadero arte el hecho de convivir. En alguna ocasión escuché a un amigo que había recién contraído nupcias y que me fue a ver y recuerdo cuando me decía: "Alejandro, estoy ¡tan enamorado!, mi mayor alegría es cuan­do hago feliz a mi pareja, siento que esa es mi responsabilidad en ésta, mi nueva vida". Reflexioné y le dije: -"¡Qué bueno!, me da mucho gusto, sin embargo ten la prudencia para medir los límites de tu responsabilidad". -"A qué te refieres con eso" -exclamó. - "Pues bien -dije-, me refiero a que cada ser humano es el único responsable de sus propias emociones. De otra manera, si tú no te responsabilizaras de la felicidad de tu pareja, ella estaría destinada a vivir una desdicha para toda su vida; sus emociones dependerían exclusivamente de ti y eso no puede ser verdad. La auténtica felicidad es decisión de la propia persona. Ahora bien, si por amor tú favoreces su propia elección, ¡enhorabuena!, que extraordinario crecimiento le estás ayudando a generar".

Todos nosotros hemos llegado a experimentar alegría o tristeza con base en el comportamiento de otra persona, y en ese preciso instante nos convertimos en "víctimas" de esa circunstancia. En mi propia visión personal y en la de muchos de mis amigos, he visto este error cometerse una y otra vez. El resul­tado: frustración, ansiedad, depresión. Este error en las dinámicas interperso­nales se debe primordialmente al tipo de "amor posesivo" que manejan muchas personas en su vida de relación; sin embargo, una vez analizada esta dinámica (como lo haremos en el capítulo 3 de este material) se toma más fácil y duradera la convivencia entre seres humanos. ¿En alguna ocasión ha escuchado frases como: "¡Ya cállate porque me estás poniendo de malas!?" o, "¡Es que me estás enfermando!". Pues bien, lamento desilusionarlo pero quien se está poniendo de malas o quien se está enfermando es usted solito.
En muchas ocasiones ni siquiera la otra persona, "su agresor" (según usted), está enterado del mal que le está ocasionando; imagínese ¡qué irónico! La señora Emma Godoy expresó en alguna entrevista de las que le hacían por radio, que la envidia y los celos eran dos emociones profundamente absurdas y desgastantes, ya que la persona a la que le teníamos envidia o celos, muchas veces ni enterada estaba de nuestra reacción. A manera de broma decía: "...por lo menos si con nuestros celos o envidia le dieran dolores espantosos a esa otra persona o le surgieran alteraciones gastrointestinales, pues seria discutible lo beneficioso de experimentar esas emociones, pero si no le pasa nada a nuestro agresor y tan sólo nos hacemos daño a nosotros mismos, no ganamos nada; es tonto proceder así...", y con mucha razón.

Sé que mientras usted está leyendo estos conceptos, muy posiblemente esté de acuerdo e incluso esté asintiendo con su cabeza; pero ¿qué tal a la hora de la verdad? ¿Realmente es usted pro activo? ¿Sinceramente piensa y elige antes de actuar? No me responda, no intento torturado, simplemente hago esta reflexión porque primero, antes que nada, necesitamos conocemos más a nosotros mismos para que, luego y más acertadamente, naveguemos por el apa­sionante mundo de las relaciones humanas como unos verdaderos artífices de éstas. Todo empieza con la propia perspectiva que tenemos de nosotros mismos. Si nos interesa vivir una vida plenamente exitosa en los diferentes roles que ju­gamos diariamente, le recomiendo hacer un recorrido por su propia persona. ¿Se imagina? ¿Recorrer su propia personalidad y conocerse un poco más? i  ¡Conozca el Poder de su propia Identidad!!!!!
Mire usted, este material que le estamos compartiendo resulta ser como una escalera hacia una Nueva Conciencia, y le podría garantizar que el primer escalón se llama Autoestima.

Existe un principio filosófico fundamental que dice así: "Nadie puede dar lo que no tiene". Si yo le pidiera diez dólares prestados (y suponiendo que es usted de buena voluntad), pues me los prestaría. Pero, ¿qué pasaría si no los tuviera?; pues, claro, no podría prestármelos. ¿Acaso tendría yo la razón al opinar que usted es un avaro, o un egoísta? Se imagina que le dijera: "Ha sí... ...con que ésas tenemos... ...pues entonces cierre el archivo en este preciso momento y ya no me lea". Absurdo ¿verdad? Si usted no tiene los diez dólares, aunque tenga la mejor voluntad de prestármelos, le será imposible hacerlo. Pues, de la misma manera, si alguien le solicitar su confianza, su cariño, su respeto, y usted ¡no los tiene!, sería imposible darlos.

Lo invito cordialmente a dar un paseo por las distintas dinámicas de la autoestima, investiguemos cuáles son los pilares que mantienen la nuestra y cómo incrementarla. Entérese de muchos casos prácticos a través de los cuales dignifique más a su persona y se identifique como alguien que realmente merece ser más de lo que hasta hoy ha sido. ¿Le interesa? Pues bien, adelante, continúe con su lectura y ascienda al primer escalón al éxito, utilice el poder de su identidad.