Texto. Campo de energía universal

Campo de energía universal

Desde la antigüedad, todas las culturas coinciden en que existe una Energía Universal que impregna y sustenta al cosmos en su totalidad como una unidad, y una de sus manifestaciones en una frecuencia de vibración más baja es la Energía Vital que anima a los seres vivos.
En India fue llamada Prana y los yoguis trabajan con el Prana mediante la respiración, la meditación y determinados ejercicios físicos para elevar su frecuencia vibratoria con la finalidad de unir al cuerpo con el alma y al hombre con Dios, y conseguir mantener unos estados alterados de conciencia que les permiten conservar la armonía, la juventud y la salud.

 

 

 Audio aproximandonos a Oriente

 

 

 

Audio desde Gracias


En China se utiliza la palabra Chi para expresar el estado de energía de algo, preferentemente de las cosas vivas, y existen muchos tipos de Chi, por ejemplo el Tian Chi es la energía celeste, el How Chi es la Energía Vital, el Ren Chi es la energía vital humana, el Go Chi es el Chi del espíritu, etc.
Existen dos fuerzas o polaridades universales, el yin y el yang, de cuya interacción surge todo lo creado y que deben estar en equilibrio. El Chi o Ki contiene el yang (o energía masculina) y el yin (o energía femenina), y del equilibrio entre ambas surge la armonía universal, física y mental.
El hombre es un microcosmos integrado en el macrocosmos universal y cósmico, y todo se rige por los mismos principios: "Lo que es arriba es abajo".
En nuestros cuerpos físicos y sutiles existe una red energética por donde circula el Ki, formada por los chakras, los meridianos y los nadis. Mediante la acupuntura se actúa en este sistema energético para restablecer el equilibrio entre el yin y el yang.
El Chi, Prana o Ki es una sustancia energética omnipresente en el universo que tiene propiedades nutritivas, poseyendo también la conciencia de la reorganización celular, de forma que aporta a las estructuras atómicas y moleculares una tendencia hacia la reorganización y la armonía.
Si hay Ki, hay vida, por ello, cuando el cuerpo muere, el Ki lo abandona, cesa la vibración a nivel subatómico, produciéndose el caos y la descomposición física.
Desde hace miles de años, uno de los objetivos de la medicina china es lograr y mantener el equilibrio del Ki o Chi, y del yin y del yang, en todo el sistema para conservar la integridad energética del ser humano; pero lograr este objetivo que permite vivir con alegría, espontaneidad y autenticidad nos exige un continuo trabajo interior, ya que es un proceso cambiante que hay que mantener y que dura toda la vida; para ello existen diversas técnicas energéticas como el yoga, las artes marciales, la bioenergética occidental, que estudian la manipulación consciente de la Energía vital, de forma que mediante técnicas respiratorias, ejercicios precisos, masajes, visualizaciones y control mental y espiritual, pueden acumular y dirigir el Ki a cualquier parte del organismo y transmitir la energía en el tiempo y en el espacio.
En la Edad Media, Paracelso creía en una fuerza vital controlada por la imaginación, a la que llamó Arqueo, la cual podía producir efectos saludables o enfermizos.
En el siglo XVIII Mesmer le otorgó naturaleza magnética y decía que el individuo era el medio a través del cual se transmitía desde el cosmos la fuerza curativa, a la que llamó magnetismo animal; en el siglo XIX, Riechenbach la llamó fuerza ódica, y en la escuela del Este se denominó Bioplasma.
En el siglo XX, Wilhelm Reich, discípulo de Freud y precursor de la bioenergética occidental, la llamó orgón, y exponía que la carga de orgón de los tejidos y de las células de la sangre determina el grado de susceptibilidad a las infecciones y la disposición a la enfermedad, y que con la introducción de la energía orgónica desde el exterior (tal como hacemos en Reiki) se alivia al organismo de la carga de consumir el orgón de su propio cuerpo en la lucha contra la enfermedad.
Poco después, hacia 1940, un alumno de Reich , Alexander Lowen, se centró en los efectos de la energía en el cuerpo humano, estableciendo en sus estudios y técnicas que los procesos energéticos del ser humano condicionan lo que sucede en la mente, y también lo que sucede en el cuerpo, y que la energía de una persona determina su personalidad.
Así nació la Bioenergética occidental, que es una técnica para ayudar a los seres humanos a retomar contacto con nuestra Energía Vital innata, la cual permanece reprimida por los conflictos internos originando bloqueos energéticos que nos impiden manifestar nuestra propia personalidad e interactuar libremente con las personas de nuestro entorno, como los seres auténticos que somos, y así disfrutar de la vida recuperando nuestra naturaleza ordinaria de seres libres, hermosos y bellos.
La espiritualidad facilita la conexión, y ésta produce salud, que procede de esa sensación de conexión con una fuerza superior a nosotros, que nos colma y nos llena, haciéndonos sentir como parte del Universo, de forma que la pérdida de esa sensación de conexión con nuestra esencia espiritual y con las demás personas, los animales y la naturaleza nos produce un trastorno energético que posteriormente se convierte en un problema de salud; pero cuando una persona aumenta su energía (como en el Reiki), su espíritu crece, y cuando la energía de nuestros cuerpos (Energía Vital) está en contacto e interactúa con la energía del universo (Energía Universal) nos produce una sensación de plenitud y de vuelta a nuestros orígenes, que nos satisface, nos llena y nos nutre, aunque debido al estrés y al ritmo de la vida actual muchos de nosotros hemos perdido esta conexión, resultando entonces que nos sentimos aislados, enajenados, desconectados, infelices e insatisfechos y más predispuestos a la enfermedad.
Con el Reiki realizamos una aportación energética pura a nuestros cuerpos materiales e inmateriales, y este aumento de Energía Universal de amor produce en nuestra estructura energética un efecto principal sanador y un efecto secundario de expansión de la conciencia, ya que si nuestros cuerpos físicos y sutiles están sanos y desbloqueados, la energía circula libremente, la conciencia se expande y nuestra duda existencial disminuye, al aumentar y reforzarse nuestra sensación cósmica de conexión con lo superior y con Dios.
El campo energético universal no tiene un componente único, sino que está compuesto por una superestructura de puntos geométricos perfectamente organizados y otros elementos como puntos luminosos aislados y pulsantes, diferentes tramas de líneas energéticas, algo semejante a chispas aleatorias, y emite pulsaciones sincronizadas que pueden ser percibidas por los sentidos. Esta Energía Universal fue utilizada desde hace siglos por muchas civilizaciones para la sanación mediante la imposición de manos.
En Japón y China ya se conocían siglos antes de Cristo el masaje shiatsu y la acupuntura, en India y Tibet se practicaba el control del Prana dirigido a la sanación con el yoga en todas sus variantes y masaje. También en Egipto y en toda África existentes testimonios de que se utilizaba la curación mediante la imposición de manos.
El Reiki, al transferirnos la Energía Universal pura, contribuye a aumentar el Ki en nuestros cuerpos materiales e inmateriales, restableciéndonos también el equilibrio entre el yin y el yang, y devolviéndonos con ello la sanación y la salud.

 

El CEU (campo de energía universal) ha sido conocido y observado a lo largo de los siglos. Se ha estudiado hasta en las épocas más remotas de la historia. Cada cultura ha dado un nombre distinto al fenómeno del campo energético y lo ha considerado desde su punto de vista particular. En la descripción de sus observaciones, cada una de estas culturas encontró propiedades básicas similares en el CEU. Con el avance de los tiempos y el desarrollo del método científico, la cultura occidental empezó a investigarlo con mayor rigor.
Conforme la técnica de nuestros equipos científicos se hace más compleja vamos siendo más capaces de medir las cualidades más refinadas del CEU. Podemos dar por supuesto, a partir de estas investigaciones, que la composición del CEU es urca energía no definida previamente por la ciencia occidental, o quizá una materia de sustancia más fina de lo que en general considerábamos que estaba formada la materia. Si definimos ésta como energía condensada, el CEU puede existir entre los reinos que actualmente se consideran de la materia y de la energía. Como hemos visto, algunos científicos denominan bioplasma al fenómeno del CEU.

 

 

 El siguiente texto está extraido del libro manos que curan de Barbara Ann Brenan

LA EXPERIENCIA CORPORAL
 
Cuando nos permitimos desarrollar nuevas sensibilidades empezamos a ver un mundo totalmente  distinto. Comenzamos a prestar más atención a aspectos de la experiencia que antes pudieron  antojársenos periféricos. Descubrimos que estamos utilizando un nuevo lenguaje para comunicar  nuestras recién estrenadas experiencias. Expresiones como «malas vibraciones» o «la energía fue
enorme» se van convirtiendo en locuciones coloquiales. Empezamos a advertir y a conceder más  credibilidad a experiencias tales como conocer a alguien que instantáneamente nos cae bien o mal. Nos
gustan sus «vibraciones». Podemos decir cuándo nos está mirando alguien y levantar la vista para ver  quién es. Podemos tener la sensación de que algo va a pasar, y ocurre realmente. Empezamos a prestar  oídos a nuestra intuición. «Sabemos» cosas, aunque no siempre percibirnos el modo en el que llegamos  a hacerlo. Tenemos la sensación de que un amigo se siente de determinada forma, o que necesita algo,  y cuando nos esforzamos por satisfacerlo descubrimos que teníamos razón. A veces, cuando discutimos  con alguien, podemos sentir como si extrajeran algo de nuestro plexo solar, o como si nos estuvieran  «apuñalando», o tal vez como si nos dieran un puñetazo en el estómago. Por otra parte, hay ocasiones  en las que nos sentimos rodeados de amor, de cariño, bañados en un mar de dulzura, bendiciones y luz.
Todas estas experiencias tienen su realidad en los campos energéticos. Nuestro viejo mundo de sólidos  bloques de hormigón está rodeado y penetrado por otro mundo fluido de energía radiante, en incesante  movimiento, constantemente cambiante como el mar.
En mis observaciones a lo largo de los años he visto los resultados de estas experiencias como formas  situadas dentro del aura humana, que consiste en los componentes observables y mensurables del
campo energético que rodea el cuerpo y penetra en él. Cuando alguien ha sentido un «flechazo» de  amor, la flecha resulta literalmente visible para el clarividente. Cuando tiene la sensación de que algo
está siendo arrancado de su plexo solar, por lo general es así, el clarividente puede verlo. También  podrá hacerlo el lector, llegado el momento, si sigue su intuición y desarrolla sus sentidos.
Para el desarrollo de esta elevada percepción sensorial resulta útil considerar las enseñanzas que han  obtenido ya los científicos modernos en el estudio del mundo de los campos de energía dinámica. Esta  consideración nos ayuda a desbloquear el cerebro apartando aquello que nos impide ver que también  nosotros estamos sujetos a las leyes universales. La ciencia moderna nos dice que el organismo humano  no es una mera estructura física formada por moléculas, sino que también las personas, como todo lo  demás, estamos constituidas por campos energéticos. Nos desplazamos desde el mundo de la forma  sólida estática a otro de campos energéticos dinámicos. También nosotros tenemos mareas, como los  océanos. Cambiamos constantemente. ¿Cómo tratamos, en cuanto seres humanos, esa información?
Nos adaptamos a ella. Si existe tal realidad, deseamos experimentarla. Los científicos están aprendiendo  a medir estos sutiles cambios; desarrollan instrumentos para detectar los campos energéticos relacionados con nuestros cuerpos y evaluar sus frecuencias. Miden las corrientes eléctricas del corazón con  electrocardiogramas (ECG), y las del cerebro con encefalogramas (EEG). El detector de mentiras  permite medir el potencial eléctrico de la piel y es posible hacer lo propio con los campos electromagnéticos  que rodean el cuerpo gracias a un sensible aparato denominado SQUID (dispositivo de interferencia del  cuanto superconductor), que ni siquiera entra en contacto con el cuerpo al medir los campos magnéticos que  lo rodean. El doctor Samuel Williamson, de la universidad de Nueva York, afirma que el SQUID permite  obtener más información sobre el estado funcional del cerebro que un EEG normal.
Dado que la medicina depende cada vez más de estos complejos instrumentos capaces de medir los impulsos  del cuerpo, la salud y la enfermedad, e incluso la vida misma, se están redefiniendo lentamente en términos de  impulsos y pautas energéticas. En 1939 los doctores H. Burr y F. Northrop, de la Universidad Yale, descubrieron que midiendo el campo energético de una semilla (lo que denominaron el L, o campo de vida) podían determinar cuál sería el crecimiento, en términos de salud, de la planta que germinara de dicha semilla. Comprobaron que midiendo el campo de los huevos de rana podían discernir el emplazamiento futuro del sistema  nervioso del batracio. Otra de sus mediciones estableció el tiempo de ovulación de la mujer, lo que les permitió  sugerir un nuevo método de control de natalidad.
En 1959, el doctor Leonard Ravitz, de la Universidad William and Mary, demostró que el campo energético  humano fluctúa según la estabilidad mental y psicológica de la persona. Sugirió que hay un campo asociado a  los procesos mentales y que la variación de este campo del pensamiento causaba síntomas psicosomáticos.

En 1979, otro científico, el doctor Robert Becker, de la Upstate Medical School de Syracuse, Nueva York, trazó  un complejo campo eléctrico sobre el cuerpo cuya forma es similar a la de éste y a la del sistema nervioso  central. Lo denominó Sistema de Control de Corriente Continua y descubrió que cambiaba de forma y potencia  con las mutaciones fisiológicas y psicológicas. También descubrió unas partículas del tamaño de electrones  que se movían por este campo.
El doctor Victor Inyushin, de la Universidad de Kazajstán, en la Unión Soviética, ha realizado amplias investigaciones sobre el campo energético humano desde los años cincuenta. Basándose en los resultados de  sus experimentos sugiere la existencia de un campo energético «bioplásmico» compuesto de iones, protones  libres y electrones libres. Como quiera que se trata de un estado distinto de los cuatro conocidos de la materia  (sólidos, líquidos, gases y plasma), Inyushin apunta que el campo de energía bioplasmática es un quinto  estado de aquélla. Sus observaciones han demostrado que las partículas bioplasmáticas son renovadas  constantemente por procesos químicos en las células y que su movimiento es continuo. Parece haber un  equilibrio de partículas positivas y negativas  relativamente estable dentro del bioplasma. Si se produce un  desequilibrio grave, la salud del organismo sufre. A pesar de la estabilidad normal del bioplasma, Inyushin ha  descubierto que una cantidad importante de esta energía se irradia al espacio. En consecuencia, es posible  medir las nubes de partículas bioplasmáticas que se mueven por el aire tras desprenderse del organismo.
Así, nos hemos lanzado a un mundo de campos energéticos vitales, campos de pensamiento y formas bioplasmáticas que se mueven alrededor del cuerpo y se desprenden de él. ¡Nos hemos convertido en el propio  bioplasma vibrante e irradiante! No obstante, si repasamos la literatura veremos que esto no es nuevo. La  gente conoce el fenómeno desde el origen de los tiempos. Lo que ocurre es, sencillamente, que se está redescubriendo en nuestra época. El hombre occidental lo desconoció o rechazó durante algún tiempo, aquel en el  que los científicos se concentraron en el conocimiento de nuestro mundo físico. A medida que se ha desarrollado este conocimiento y la física newtoniana ha cedido su puesto a las teorías de la relatividad, la electromagnética y las partículas, cada vez somos más capaces de comprender la relación existente entre las descripciones objetivas científicas de nuestro mundo y el otro, el de la experiencia humana subjetiva.

Capítulo 4

PARALELISMO ENTRE LA FORMA  EN QUE VEMOS LA REALIDAD Y A  NOSOTROS MISMOS Y LA PERSPECTIVA CIENTÍFICA UNIVERSAL
 
Somos el producto de la herencia científica occidental en mayor grado del que nos gustaría admitir. El modo en  el que hemos aprendido a pensar y muchas de nuestras autodefiniciones se basan en los mismos modelos  científicos utilizados por la física para describir el universo material. Ofrezco en esta sección una breve exposición sobre los cambios por los que ha pasado la descripción científica del mundo físico y sobre el modo en el que esta descripción se corresponde con los cambios en nuestras autodefiniciones.
Es importante recordar que una de las bases del método científico occidental consiste en hallar la concordancia  entre las pruebas matemáticas y experimentales. Si no logra encontrar la concordancia, el físico buscará otra  teoría hasta que dichas pruebas existan y expliquen una serie de fenómenos. Esto es lo que convierte al método científico occidental en una herramienta tan poderosa en su uso práctico y lo que conduce a importantes investigaciones en campos tales como el empleo de la electricidad y la utilización de los fenómenos subatómicos en medicina, por ejemplo en los rayos X, los scanners, las instalaciones de TAC y los láseres.
Conforme nuestros conocimientos progresan se produce continuamente el descubrimiento de nuevos fenómenos. Muchas veces, éstos no se pueden describir mediante las teorías que se manejaron al explicarlos.
Generalmente se postulan nuevas teorías, más amplias, basadas en todo el conocimiento acumulado con anterioridad; se proyectan y llevan a la práctica nuevos experimentos hasta que se encuentra la concordancia entre la experimentación y la nueva prueba matemática. Se aceptan las nuevas teorías cómo leyes físicas. El proceso de encontrar nuevas formas para describir fenómenos nuevos siempre amplía nuestros puntos de vista, lo cual constituye un reto para nuestra limitada concepción habitual sobre la naturaleza de la realidad física.
Procedemos entonces a incorporar las nuevas ideas a nuestras vidas y empezamos a vernos de forma distinta a nosotros mismos.
Toda esta parte demuestra que el punto de vista científico de la realidad apoya la idea de que estamos compuestos por campos energéticos y va, de hecho, mucho más allá, hasta alcanzar reinos que justamente  estamos empezando a experimentar, es decir, nos conduce a una visión holográfica del universo. En este  universo, todas las cosas están interconectadas, correspondiendo a una experiencia holística de la realidad.
Pero revisemos en primer lugar parte de nuestra historia. 
 
La física newtoniana
 
Hasta tiempos recientes, cuando las religiones orientales empezaron a ejercer mayor influjo en nuestra cultura,  gran parte de nuestros principios de autodefinición (en su mayoría inconscientes) se basaban en la física de  algunos siglos atrás. A lo que me refiero en este caso es a nuestra insistencia en considerarnos objetos sólidos. La definición del universo como algo formado por objetos sólidos, la sostuvieron principalmente  Isaac Newton y sus colegas a finales del siglo XVII y principios del XVIII. La física newtoniana se  extendió al siglo XIX para describir un universo compuesto fundamentalmente por bloques denominados  átomos. Se pensaba que estos átomos newtonianos, a su vez, estaban formados por objetos sólidos: un  núcleo de protones y neutrones, con los electrones girando en torno a dicho núcleo en forma muy  parecida al desplazamiento de la Tierra alrededor del Sol. 

La mecánica newtoniana describió con fortuna los movimientos de los planetas, las máquinas mecánicas  y los fluidos en movimiento continuo. El enorme éxito del modelo mecanicista movió a los físicos de  principios del siglo XIX a cree que, en realidad, el universo era un enorme sistema mecánico que  funcionaba de acuerdo con las leyes newtonianas del movimiento. Se consideraban estas leyes como
las básicas de la naturaleza, y la mecánica newtoniana como la teoría definitiva de los fenómenos  naturales. Era posible describir todo objetivamente. Se consideraba que todas reacciones físicas tenían
una causa física, como las bolas que chocan sobre una mesa de billar. Todavía no se conocían las  interacciones energía-materia, como sucede cuando la radio interpreta música en respuesta a ondas
invisibles. Tampoco se le ocurrió a nadie que el propio experimentador altera los resultados de los  experimentos, no sólo de los psicológicos, sino también de los físicos, como han demostrado con
posterioridad los profesionales de la física.
La perspectiva newtoniana resulta reconfortante para quienes prefieren considerar el mundo como algo  sólido y en gran medida inmutable, con una serie de reglas bien definidas que regulan su  funcionamiento. Gran parte de nuestras vidas se siguen rigiendo por la mecánica newtoniana y  probablemente continuarán así durante bastante tiempo en el futuro. Cabe señalar que, excepto por lo
que se refiere a los sistemas eléctricos, nuestros hogares siguen siendo en gran medida newtonianos.
Sentimos nuestros cuerpos de modo mecánico. Definimos la mayoría de nuestra experiencia en términos de espacio tridimensional y tiempo lineal. Todos tenemos relojes. Los necesitamos para seguir
con nuestras vidas tal como las hemos estructurado: de forma esencialmente lineal.
Mientras nos apresuramos en nuestras vidas cotidianas, esforzándonos por llegar «a tiempo», es fácil  considerarnos a nosotros mismos como elementos mecánicos e ignorar la experiencia humana interna, más  profunda. Si le preguntamos a alguien de qué está hecho el universo, lo más probable es que nos describa el  modelo newtoniano del átomo (los electrones girando alrededor de un núcleo de protones y neutrones). Sin  embargo, si se lleva esta teoría a su extensión literal, nos situará en la posición, bastante desconcertante, de  pensar que estamos compuestos de diminutas pelotas de ping-pong que giran vertiginosamente alrededor unas  de otras.

La teoría del campo
 
A principios del siglo XIX se descubrieron nuevos fenómenos que no se podrían describir mediante la física  newtoniana. El descubrimiento y la investigación de los fenómenos electromagnéticos condujeron al concepto  de campo. Se definió éste como la condición en el espacio que tiene potencial para producir una fuerza. La  vieja mecánica newtoniana interpretó la interacción de las partículas con carga positiva y negativa, como los  protones y los electrones, diciendo simplemente que dos partículas se atraen mutuamente como dos masas.
Sin embargo, Michael Faraday y James Clerk Maxwell consideraron que era más apropiado utilizar el concepto  de campo, afirmando que cada carga crea una «alteración» o una «condición» en el espacio circundante de  manera que la otra carga, cuando está presente, siente una fuerza. Así nació la concepción de un universo  lleno de campos que crean fuerzas mutuamente interactivas. Se contaba, por fin, con un marco científico con el  que se podría empezar a explicar nuestra capacidad para afectarnos mutuamente a distancia por medios que  no sean la palabra o la vista. Todos hemos pasado por la experiencia de descolgar el teléfono que suena y  saber quién está al otro lado del hilo antes de que empiece a hablar. Las madres suelen saber cuándo tienen  problemas sus hijos, dondequiera que estén. Todo ello se puede explicar en los términos fijados por la teoría  de campos.
En los últimos quince o veinte años la mayoría de nosotros ha empezado a utilizar tales conceptos para  describir las interacciones personales. Estamos empezando a admitir que nosotros mismos estamos formados  por campos. Notamos la presencia de otras personas en una habitación sin oírlas ni verlas (interacción de  campos); hablamos de buenas o malas vibraciones, de enviar energía a otros o de leer los pensamientos de  terceros. Sabemos inmediatamente si nos gusta o nos disgusta alguien, si nos llevaremos bien con esa  persona o si chocaremos con ella. Este «saber» se puede explicar por la presencia o la ausencia de armonía  en nuestras interacciones de campos.
 
La relatividad
 
En 1905, Albert Einstein publicó su teoría especial de la relatividad, con la que invalidó todos los conceptos  principales de la visión newtoniana del mundo. Según la teoría de la relatividad, el espacio no es tridimensional  y el tiempo tampoco es una entidad aparte, sino que ambos están íntimamente conectados y forman un  continuo tetradimensional, el «espacio-tiempo». Por tanto, nunca podemos hablar de espacio sin tiempo, y  viceversa. Además, no existe flujo universal de tiempo; es decir, el tiempo no es lineal ni absoluto. El tiempo es relativo. Ello significa que dos observadores ordenarán los acontecimientos en el tiempo de forma distinta si se  mueven con velocidades diferentes en relación con los acontecimientos observados. Por tanto, todas las  mediciones que impliquen espacio y tiempo pierden su importancia absoluta. Tanto tiempo como  espacio se convierten simplemente en elementos para describir los fenómenos.
Según la teoría de la relatividad de Einstein, en determinadas condiciones dos observadores pueden, incluso,  ver dos acontecimientos en tiempos inversos; es decir, para el observador 1 el  contecimiento A se producirá  antes que el B, mientras que para el observador 2 el acontecimiento B tendrá lugar antes que el A.
Por tanto, el tiempo y el espacio son tan básicos para la descripción de los fenómenos naturales y para la de  nosotros mismos que su modificación implica un cambio en todo el marco que empleamos en la percepción de  la naturaleza. Todavía no hemos integrado esta parte de la relatividad de Einstein en muestras vidas. Por  ejemplo, cuando captamos la señal psíquica de un amigo que se halla en dificultades comprobamos la hora y  llamamos a dicha persona para ver si está bien. También deseamos saber si sufrió un determinado accidente a  fin de dar validez a nuestra visión. Cuando nos dice que no ha sucedido nada, llegamos a la conclusión de que  la imaginación nos ha hecho una mala pasada, e invalidamos nuestra experiencia. Esta es la filosofía  newtoniana.
Tenemos que comprender que el fenómeno que estamos experimentando no puede ser explicado por  mecánica newtoniana, y que estamos haciendo uso de esa mecánica para dar validez a nuestra experiencia  suprasensorial. Dicho de otro modo, lo que vimos fue una experiencia real. Como el tiempo no es lineal, puede
haber sucedido ya, o estaba ocurriendo en el momento en que lo vimos, o quizá se produzca en el futuro.
Puede, incluso, que se trate de una probabilidad que no llegue a manifestarse. Pero el hecho de que no haya  sucedido en el tiempo en el que tratamos de relacionarlo no demuestra, en modo alguno, que muestro  discernimiento sobre la posibilidad estuviera equivocado. Sin embargo, si en la visión que tuvimos sobre  nuestro amigo vimos también un calendario y un reloj con hora newtoniana, nuestra percepción sería tal que  incluiría la información sobre el continuo espacio-tiempo del suceso. De este modo sería más fácil de verificar  la realidad física newtoniana.
Ha llegado el momento de dejar de invalidar la experiencia que queda fuera de nuestra forma newtoniana de  pensar, y de ensanchar nuestro marco de la realidad. Todos hemos sentido el paso del tiempo o la pérdida de  la noción del mismo. Si logramos la suficiente eficacia en la observación de nuestros estados de ánimo,  podemos comprobar que nuestro tiempo varía con los cambios de humor y con la experiencia por la que  estemos pasando. Por ejemplo, nos damos cuenta de que el tiempo es relativo cuando experimentamos un período muy largo y aterrador justo antes de que se estrelle nuestro coche o de que se aparte, por milímetros, del  choque con otro que viene en dirección opuesta. Este tiempo, medido en el reloj, es de unos cuantos segundos; sin embargo, para nosotros, parece como si el tiempo se hubiera hecho más lento. El tiempo  experimentado no es susceptible de ser medido con un reloj, pues éste es un artilugio newtoniano  diseñado por mecánicos newtonianos para medir el tiempo lineal.
Nuestra experiencia existe fuera del sistema newtoniano. Muchas veces se nos ha presentado el caso de  encontrarnos con alguien después de varios años de separación y sentir lo mismo que si le hubiéramos visto  ayer. En la terapia regresional, muchas personas han experimentado sucesos de su infancia como si se  estuvieran produciendo en el presente. También descubrimos que muestra memoria ha ordenado los  acontecimientos en una secuencia distinta a la de alguna otra persona que también los haya vivido. (Pruebe a  comparar sus recuerdos infantiles con los de sus hermanos.)
La cultura nativa americana, que carecía de relojes para crear un tiempo lineal, dividía éste en dos aspectos: el  ahora y todos los demás momentos. Los aborígenes australianos también tienen dos clases de tiempo: el  tiempo que está pasando y el Gran Tiempo. Lo que ocurre en el Gran Tiempo tiene secuencias, pero no se  puede fechar.
Lawrence Le Shan, a través de sus experiencias con clarividentes, ha definido dos tiempos: el tiempo normal y  el tiempo del clarividente. Así se denomina la calidad de tiempo experimentado por los videntes cuando  emplean sus dones. Es similar al Gran Tiempo. Lo que sucede tiene una secuencia, pero sólo se puede ver  desde la posición de ser o experimentar dicho flujo secuencial. Tan pronto como el clarividente trata de  interferir de forma activa en la secuencia de acontecimientos de la que es testigo se ve arrojado  inmediatamente de vuelta al tiempo lineal, y ya no vuelve a presenciar sucesos que se salgan del marco del  aquí y ahora. A continuación debe centrar de nuevo su atención en el Tiempo del Clarividente. No se entienden  muy bien las reglas que regulan ese movimiento de un marco de tiempo a otro. En su mayoría, los clarividentes  son inducidos a «leer» un marco de tiempo determinado de la vida actual o pasada de una persona de acuerdo  con las necesidades de ésta. Algunos clarividentes pueden centrarse en cualquier marco de tiempo que se les  solicite.
El continuo espacio-tiempo de Einstein indica que la aparente linealidad de los acontecimientos depende del  observador. Todos estamos plenamente dispuestos a aceptar las vidas pasadas como vidas físicas literales  que han sucedido en el pasado en un escenario físico como éste. Nuestras vidas pasadas pueden estar  sucediendo ahora mismo en un continuo espacio-tiempo diferente. Muchos hemos experimentado «vidas  pasadas» y sentimos sus efectos como si hiciera poco tiempo que han transcurrido. Sin embargo, rara vez  hablamos de la forma en que nuestras vidas futuras están afectando a la que estamos experimentando  justamente aquí y ahora. Al vivir nuestra vida presente, lo más probable es que estemos reescribiendo nuestra historia personal, tanto pasada como futura

Otra consecuencia importante de la relatividad de Einstein es la comprensión del hecho de que materia y  energía son intercambiables. La masa no es más que una forma de energía. La materia es simplemente energía que ha perdido velocidad o se ha cristalizado. Nuestros cuerpos son energía. ¡De eso precisamente trata  este libro! He presentado en sus páginas el concepto de cuerpos energéticos, pero no he subrayado que  nuestro cuerpo físico también es energía.
 
Paradoja
 
En los años veinte, la física se desplazó hacia una extraña e inesperada realidad, la del mundo subatómico.
Cada vez que los científicos interrogaban a la naturaleza en un experimento, la respuesta que recibían era paradójica, y cuanto más pretendían resolver la situación, más fuerza cobraba la paradoja. Los físicos terminaron por comprender que la paradoja forma parte de la naturaleza intrínseca del mundo subatómico sobre el que se fundamenta toda nuestra realidad física.
Por ejemplo, se puede realizar un experimento que demuestre que la luz es una partícula. Pero si se introduce en él un pequeño cambio, se demostrará que la luz es una onda. Por tanto, para describir el fenómeno de la luz  hay que emplear ambos conceptos, el de onda y el de partícula. De este modo pasamos a un universo basado en la dualidad de conceptos. Los físicos lo denominan complementariedad. Es decir, para describir el fenómeno (si seguimos pensando en términos tales como partículas y ondas) es necesario emplear ambos tipos de descripción. Estos tipos son complementos mutuos, más que opuestos, según el viejo concepto de lo uno o lo otro.
Por ejemplo, Max Planck descubrió que la energía de la radiación térmica (como la de un radiador casero) no es de emisión continua, sino que se presenta en forma de discretos «paquetes de energía» denominados quanta. Einstein postuló que todas las formas de radiación electromagnética pueden aparecer no sólo en forma de ondas, sino también como cuantos. Estos cuantos luminosos, o paquetes de energía, han sido aceptados como auténticas partículas. Llegados a este punto, una partícula, que es la definición más afín a la de una «cosa» ¡es un paquete de energía!
A medida que penetramos más a fondo en la materia, la naturaleza no nos muestra ningún tipo de «bloques básicos» aislados, como sugería la física newtoniana. La búsqueda de los bloques fundamentales de la materia hubo de ser abandonada cuando los físicos encontraron un gran número de partículas elementales que apenas podían calificarse como cuerpos materiales. Por medio de los
experimentos realizados durante las últimas décadas, los físicos han descubierto que la materia es totalmente mutable y que, a nivel subatómico, no hay certidumbre de que la materia exista en lugares
definidos sino que, más bien, muestra cierta «tendencia» a existir. Todas las partículas se pueden transmutar en otras. Se pueden crear a partir de la energía y convertirse en otras partículas. Se pueden
crear a partir de la energía y desvanecerse en energía. Cuándo y cómo sucede esto es algo que no podemos determinar con exactitud, pero sabemos que ocurre continuamente.
A nivel personal, a medida que nos internamos en el mundo de la moderna psicología y el desarrollo espiritual descubrimos que las viejas formas disyuntivas también se disuelven en la forma dual (lo uno y lo otro). Ya no somos malos o buenos; ya no nos limitamos a odiar o a amar a alguien. Encontramos capacidades mucho más amplias en nuestro interior. Podemos sentir amor y odio, con todas las
emociones intermedias, por una misma persona. Actuamos responsablemente. Vemos que la vieja contraposición Dios/Demonio se disuelve en un todo en el que nos encontramos que el Dios/Diosa
interior se funde con el Dios/Diosa exterior. Un mal no es lo opuesto al Dios/Diosa, sino la resistencia a la fuerza del Dios/Diosa. Todo está compuesto con la misma energía. La fuerza del Dios/Diosa es, a un tiempo, blanca y negra, masculina y femenina. Contiene ambas cosas, la luz blanca y el vacío negro.
Como puede ver el lector, seguimos usando conceptos impregnados de dualismo, pero estamos en un mundo de «aparentes» opuestos que se complementan entre sí, no de opuestos «reales». En este
sistema, el dualismo se utiliza para impulsarnos al interior de la unidad.  Más allá del dualismo: el holograma
Los físicos han descubierto que las partículas pueden ser simultáneamente ondas, ya que no son ondas físicas reales, como las del sonido o el agua, sino más bien fenómenos ondulatorios de probabilidad.
Las ondas de probabilidad no representan las probabilidades de las cosas, sino más bien probabilidades de interconexión. Es un concepto difícil de entender, pero, en esencia, lo que afirman los científicos es que no existe lo que llamamos «cosa». Lo que solíamos llamar «cosas» son, en realidad, «sucesos» o procesos que podrían convertirse en sucesos.
Nuestro viejo mundo de objetos sólidos y leyes deterministas se ha disuelto ya en un mundo de pautas de interconexiones ondulantes. Conceptos tales como «partícula elemental», «sustancia material» u «objeto aislado» han perdido su significado. El universo entero se nos presenta como una trama de pautas energéticas inseparables. Así, definimos el universo como un todo dinámico que incluye siempre de forma esencial al observador.
Desde luego, si el universo está compuesto por una trama semejante, no existe (lógicamente) eso que denominamos parte. Por tanto, no somos partes separadas de un todo. Somos un todo.

El doctor en física David Bohm afirma en su libro The Implicate Order que las leyes físicas primarias no pueden ser descubiertas por una ciencia que intenta fragmentar el mundo en sus diversas partes. Bohm ha escrito acerca de un «orden plegado implícito» que existe en estado no manifiesto y que constituye la base sobre la que descansa toda realidad manifiesta. A esta última la denomina «el orden desplegado explícito». «Se considera que las partes presentan una conexión inmediata, en la que sus relaciones dinámicas dependen irreductiblemente del estado de todo el sistema... Así, somos conducidos a una nueva noción de integridad no fragmentada que niega la idea clásica de la analizabilidad del mundo en partes existentes de forma separada e independiente».
El doctor Bohm afirma que el punto de vista holográfico del universo es el trampolín que facilita la comprensión de los órdenes plegado implícito y desplegado explícito. El concepto de holograma especifica que cada pieza es una representación exacta del todo y se puede utilizar para reconstruir el holograma completo.
En 1971, Dennis Gabor recibió un premio Nobel por la formación del primer holograma. Era una fotografía captada sin objetivo en la que se registró un campo de onda de luz dispersa por un objeto, en
forma de pauta de interferencia sobre una placa. Cuando se sitúa el holograma o registro fotográfico en un haz de láser o de luz coherente la pauta de onda original se regenera para formar una imagen
tridimensional. Cada pieza del holograma es una representación exacta del todo y reconstruirá la imagen completa.
El doctor Karl Pribram, afamado estudioso del cerebro humano, ha acumulado a lo largo de una década numerosas pruebas de que la estructura profunda del cerebro es esencialmente holográfica. Afirma que los estudios de muchos laboratorios, realizados mediante complejos análisis de frecuencias temporales y/o espaciales, demuestran que las estructuras cerebrales ven, oyen, gustan, huelen y tocan
holográficamente. Seguidamente, la información es distribuida por todo el sistema de manera que cada fragmento puede producir el informe completo. El doctor Pribram emplea el modelo de holograma para describir no sólo el cerebro, sino también el universo. Afirma que el cerebro emplea un proceso holográfico para extractar información de un campo holográfico que trasciende el tiempo y el espacio.
Los parapsicólogos han investigado las energías susceptibles de generar telepatía, psicocinesis y curación. Desde el punto de vista de un universo holográfico, estos efectos surgen de frecuencias que
trascienden el tiempo y el espacio; no tienen que ser transmitidas. Son potencialmente simultáneas y están en todas partes.
Cuando nos refiramos en este libro a los campos energéticos utilizaremos términos que pueden resultar arcaicos desde el punto de vista de los investigadores especializados. El fenómeno del aura se
encuentra claramente dentro y fuera del tiempo lineal y del espacio tridimensional. Como en los casos clínicos que hemos presentado, yo «vi» los sucesos de la pubertad de Ed cuando se rompió el cóccix, porque llevaba consigo esta experiencia en su campo energético. La «flecha» del amante se puede percibir en el campo energético actual, aunque el clarividente puede retrotraerse aparentemente en el tiempo y ser testigo del acontecimiento en el momento de producirse. Muchísimas de las experiencias relatadas en este libro requieren más de tres dimensiones para ser explicadas; muchas de ellas parecen resultar instantáneas. La capacidad de ver en el interior del cuerpo a cualquier nivel con resolución variable implica el uso de dimensiones adicionales. La capacidad que se precisa para percibir sucesos del pasado mediante el sencillo procedimiento de solicitar información, o para ver un acontecimiento probable y cambiarlo mediante la intervención en el proceso curativo, podría implicar un tiempo no lineal. La capacidad para ver un suceso que se producirá en el futuro va más allá del tiempo lineal.
Al emplear el concepto de los campos para describir el aura nos encontraremos impregnados de dualismo; es decir, separaremos el campo de nosotros y «lo» observaremos como un fenómeno que
existe como «parte» nuestra. Utilizaremos términos como «mi campo» y «su aura», etc. Ello obedece a pautas dualistas. Debo disculparme por ello y decir que; francamente, a estas alturas soy totalmente incapaz de impartir estas experiencias sin recurrir a los viejos moldes.
Desde el marco holográfico de la realidad, cada parte del aura no sólo representa el todo, sino que, además, lo contiene. Así, lo único que podemos describir es nuestra experiencia con un fenómeno que
observamos y creamos a un tiempo. Cada observación crea un efecto en la pauta observada. No somos una simple parte de dicha pauta; somos la pauta. Ella es nosotros y nosotros somos ella; sólo que ahora
es preciso abandonar el término «ella» y sustituirlo por algún otro, más apropiado, para derribar el bloqueo que experimentamos en nuestro cerebro cuando tratamos de comunicarnos.
Los científicos han utilizado términos como «probabilidades de interconexión» o «trama dinámica de pautas energéticas inseparables». Cuando empezamos a pensar en términos de trama dinámica, todos los fenómenos aurales descritos en este libro dejan de parecer particularmente inusuales o extraños.
Toda experiencia está interconectada. Por tanto, si tomamos conciencia de ello y acogemos esa
interconectividad en nuestros procesos cognitivos, podemos ser conscientes de todos los acontecimientos con independencia del tiempo. Pero tan pronto como decimos «nosotros», hemos vuelto a caer en el dualismo. Es difícil experimentar esta interconectividad cuando nuestra experiencia más importante de la vida es dualista. La conciencia holística estará fuera del tiempo lineal y del espacio
tridimensional y, por tanto, no será reconocida fácilmente. Hemos de practicar la experiencia holística para ser capaces de reconocerla.

La meditación es una forma de trascender los límites de la mente lineal y permite que la interconectividad se convierta en una realidad experimental. Es muy difícil comunicar dicha realidad con palabras, ya que utilizamos éstas en forma lineal. Necesitamos desarrollar un vocabulario mediante el cual podamos conducirnos mutuamente a estas experiencias. En la meditación Zen japonesa, los
maestros ofrecen una breve frase a sus discípulos para que se concentren en ella. La frase, denominada koan, está concebida para ayudar a los estudiantes a trascender su pensamiento lineal. He
aquí una de mis favoritas:
¿Cuál es el sonido de una mano que golpea?
Mi reacción ante esta conocida koan es encontrarme a mí misma extendiéndome hacia el interior del universo en una pauta de sonidos nunca oídos que parece fluir eternamente

 


Conectabilidad superluminal

En la actualidad los científicos están encontrando, mediante procedimientos matemáticos y experimentales, signos evidentes de una conectabilidad inmediata y universal.
En 1964, el físico J. S. Bell dio a conocer una prueba matemática denominada teorema de Bell. El teorema apoya matemáticamente el concepto de que las «partículas» están conectadas según principios que trascienden el tiempo y el espacio, de manera que cualquier cosa que le suceda a una partícula afecta a las demás. Este efecto es inmediato y no necesita «tiempo» para transmitirse. La teoría de la relatividad de Einstein decía que es imposible que una partícula viaje a una velocidad mayor que la de la luz. Según el teorema de Bell, los efectos pueden ser «superluminales», es decir, más rápidos que la velocidad de la luz. El teorema de Bell ha sido respaldado por la experimentación. Nos estamos refiriendo a un fenómeno que se mantiene al margen de la teoría de la relatividad de Einstein. Estamos tratando de dar un paso hacia delante respecto de la dualidad onda/partícula.
Por tanto, vemos una vez más que a medida que avance la técnica de los equipos científicos permitiéndonos profundizar en la materia con una sensibilidad más elevada, encontraremos fenómenos que no se pueden explicar por medio de las teorías actuales. Cuando se produjo este tipo de profundización, a finales del siglo XIX, el descubrimiento de la electricidad revolucionó el mundo y nos hizo pensar con mayor profundidad todavía en quiénes somos. Cuando volvió a suceder, en los años cuarenta, la energía atómica revolucionó el mundo. Parece que en la actualidad nos encaminamos a otro período de tremendo cambio. Si los físicos aprenden la forma en que actúa esta conectabilidad instantánea, cabe pensar que aprenderíamos a captar conscientemente nuestras conexiones instantáneas con el mundo y entre nosotros. Esto, evidentemente, revolucionaría la comunicación, además de cambiar radicalmente nuestra forma de interactuar. La conexión instantánea podría aportarnos la capacidad de leer el pensamiento de los demás cada vez que lo deseáramos. Podríamos saber qué nos pasa a cada uno y tratar de entendernos más profundamente. Además, podremos ver con mayor claridad cómo y en qué medida afectan al mundo, mucho más de lo que habíamos pensado antes, nuestros pensamientos, sentimientos (campos energéticos) y acciones.

Campos morfogenéticos

En su libro A New Science of Life, Rupert Sheldrake afirma que todos los sistemas están regulados no sólo por los factores energéticos y materiales conocidos, sino también por campos invisibles de organización. Estos campos generan elementos causativos, toda vez que sirven de patrones para la forma y el comportamiento. Carecen de energía, en el sentido normal del término, porque su efecto va más allá de las barreras de tiempo y espacio que normalmente se aplican a la energía. Es decir, su efecto tiene una misma fuerza a larga y a corta distancia.
Según esta hipótesis, cuando un miembro de una determinada especie aprende algún comportamiento nuevo se cambia el campo causativo de dicha especie, siquiera sea ligeramente. Si se repite el comportamiento durante el tiempo suficiente, su «resonancia mórfica» afecta a toda la especie.
Sheldrake denominó a esta matriz invisible «campo morfogenético», de morphos, «forma», y genesis, «creación». La acción de este campo implica «acción a distancia», tanto en espacio como en tiempo.
Más que una forma que es determinada por las leyes físicas al margen del tiempo, depende de la resonancia mórfica que atraviesa el tiempo. Quiere ello decir que los campos mórficos se pueden propagar a través, del espacio y el tiempo y que los acontecimientos pasados pueden influir sobre otros sucesos en cualquier otro lugar. Lyall Watson muestra un ejemplo de ello en su libro Lifetide: The Biology of Consciousness, en el que describe lo que ahora se conoce genéricamente como el principio del centésimo mono. Watson comprobó que, después de que un grupo de monos aprendiera un nuevo comportamiento, sus congéneres de otras islas próximas sin medios «normales» de comunicación también aprendieron repentinamente dicho comportamiento sin que en ningún momento se produjeran contactos directos.
El doctor David Bohm afirma en la revista Revisions que ese mismo efecto es aplicable a la física cuántica. Según Bohm, el experimento de Einstein-PodolskyRosen demostró la posibilidad de conexiones no locales, es decir, sutiles conexiones de partículas distantes. En consecuencia, la integración del sistema sería tal que no se podría atribuir el campo formativo exclusivamente a una partícula, sino al total. Así algo que les suceda a partículas distantes puede afectar al campo formativo de otras. Bohm continúa afirmando que «la noción de las leyes intemporales que regulan el universo no parece sostenerse, porque el tiempo, en sí mismo, es parte de la necesidad que desarrolló». 

Rupert Sheldrake llega, en el mismo artículo, a la siguiente conclusión: «Por tanto, el proceso creativo que provoca el nuevo pensamiento, a través del cual se realizan nuevas entidades globales, es similar en ese sentido a la realidad creativa que da lugar a los nuevos entes totales en el proceso evolucionista.
Se podría considerar que el proceso creativo es un desarrollo sucesivo de totalidades más complejas y de mayor nivel, a través de cosas previamente separadas que se conectan entre sí».

Realidad multidimensional

Jack Sarfatti, también investigador físico, sugiere en Psychoenergetic Systems que la forma en la que puede existir la interconectividad superluminal se relaciona con un plano más elevado de la realidad.
Sugiere que las «cosas» están más conectadas, o los acontecimientos más «correlacionados», en un plano de realidad situado «por encima» del nuestro, y que las «cosas» de dicho plano se encuentran
conectadas a través de otro plano todavía más alto. Así, al llegar a un nivel superior, podremos entender la instantaneidad con la que opera la conectividad.

Conclusión

Los físicos dicen que no existen entidades esenciales que constituyan la materia, pues el universo es un todo inseparable, una vasta trama de probabilidades que se entretejen. El trabajo de Bohm demuestra que
el universo manifiesto surge del todo. Yo sugiero que, en tanto que somos partes inseparables de ese todo, podemos entrar en un estado holístico de ser, convertirnos en el todo y penetrar en los poderes creativos del universo para curar instantáneamente a cualquiera en cualquier sitio. Algunos sanadores lo pueden lograr hasta cierto punto fusionándose y convirtiéndose en uno con Dios y el paciente.
Llegar a ser sanador significa avanzar hacia este poder creativo universal que experimentamos como amor al reidentificar el yo con el universo y convertirnos en universales; haciéndonos uno con Dios. Un escalón
hacia esta plenitud consiste en despojarnos de las limitadas autodefiniciones basadas en nuestro pasado newtoniano de partes separadas, e identificarnos con los campos energéticos. Si podemos integrar esa
realidad de forma práctica en nuestras vidas, podremos separar la fantasía de una realidad posiblemente más amplia. Una vez que nos hayamos asociado con los campos energéticos, la conciencia superior se
relacionará con una frecuencia más elevada y con un mayor grado de coherencia. Mediante el modelo de Sarfatti, empezamos a ver un mundo muy semejante al que se describe más adelante: el mundo del aura y
el campo energético universal. Dentro de él existimos en más de un mundo. Nuestros cuerpos más elevados (frecuencias aurales más altas) son de un orden superior y están más conectados con los cuerpos superiores de otros que nuestros cuerpos físicos. A medida que progresa nuestra conciencia hacia frecuencias y cuerpos más elevados, nos vamos conectando cada vez más, hasta que llega el momento en el que somos uno con el universo. Mediante este concepto, la experiencia meditativa puede ser definida, por tanto, como la elevación de nuestra conciencia a una frecuencia más alta de manera que pueda entonces experimentar la realidad de nuestros cuerpos más elevados, de nuestra conciencia más alta y de los mundos más altos en que existimos.
Examinemos más ampliamente, pues, el fenómeno del campo energético para ver qué nos puede decir la ciencia experimental.

Revisión del capítulo 4

1. ¿Cómo han influido los puntos de vista científicos en nuestras propias concepciones?
2. ¿Por qué no resulta práctico en la actualidad el punto de vista de un mundo físico fijo?
3. ¿Qué importancia tuvieron las contribuciones de Faraday y Maxwell en las concepciones sobre la forma en la que funciona el mundo?
4. ¿Qué es la conectividad superluminal y qué importancia tiene en nuestra vida cotidiana?
5. ¿Cómo puede ayudar la idea de la realidad multidimensional a describir el CEH?

Alimento para la mente

6. Imagínese a sí mismo como si fuera un holograma. ¿Hasta qué punto le priva de limitaciones tal concepción?

 


EL CAMPO ENERGÉTICO UNIVERSAL

Cuando, siendo ya adulta, empecé a ver de nuevo los campos energéticos vitales, me sentí escéptica y  confusa. Todavía me era desconocida la literatura al respecto (a la que me he referido en los dos  capítulos anteriores) y no había recibido ninguna de las guías que cito en el capítulo 3. Desde luego,  como científica conocía los campos energéticos, pero eran impersonales y estaban definidos por  fórmulas matemáticas. ¿Estaban ahí realmente? ¿Tenían algún significado? ¿Estaba creando mis  propias experiencias? ¿Se trataba de un deseo, o estaba experimentando otra dimensión de la realidad  con un significado y un orden, que suponía una gran ayuda para entender mis circunstancias vitales y,  en realidad, la vida en su conjunto?
Anteriormente había leído cosas acerca de milagros, pero todos les habían sucedido en el pasado a personas desconocidas para mí. Muchos de ellos parecían bulos y fantasías. La parte de mi ser como profesional de la física me exigía observación y control para demostrar estos fenómenos «reales o irreales». Por tanto, empecé a acumular datos, es decir, experiencias personales, para ver si encajaban en alguna forma o algún sistema lógico, como sucede con los fenómenos del mundo físico. Creía, como Einstein, que «Dios no juega a los dados con el universo».
Comprobé que los fenómenos que observaba se parecían mucho al mundo con el que estaba familiarizada: bien ordenados en forma, figura y color, además de claramente basados en la relación causa-efecto. Pero siempre había un poco más, siempre quedaba algo desconocido, inexplicable, misterioso. Llegué a comprender lo aburrida que sería la vida sin el misterio de lo desconocido flotando siempre ante nosotros a medida que avanzamos a través de... ¿qué? ¿Tiempo y espacio? Así es como solía pensar. Ahora veo que avanzamos a través de las experiencias personales de la «realidad» -pensar, sentir, palpar, ser, fundirse, ndividualizarse sólo para sumirnos de nuevo en una danza infinita de transformaciones a medida que el alma se forma, crece y avanza hacia Dios.
Mis observaciones guardaban estrecha relación con los numerosos libros esotéricos escritos sobre el  tema del aura y los campos energéticos. Los colores mantenían una correlación, al igual que lo hacían los movimientos, las figuras y las formas. Solía hacer la mayor parte de mis lecturas después de realizar las observaciones, como si aquella mano invisible se asegurara de que siempre experimentaba un fenómeno antes de leer acerca de él, de forma que no me fuera posible proyectar cualquier imagen mental que pudiera haberme formado con la lectura. Ahora creo firmemente en esta experiencia de guía que se desplaza a través de mi vida penetrando por completo en todo mi ser como una canción, que incluso me lleva a nuevas experiencias, nuevas lecciones, a medida que crezco y me desarrollo como ser humano.

El ejercicio de «ver» los campos energético-vitales universales

La forma más sencilla de empezar a observar el campo energético universal consiste, simplemente, en relajarse tendido de espaldas sobre la hierba en un agradable día soleado y dejar que la mirada vague por el cielo. Poco tiempo después podremos observar unos glóbulos diminutos de orgón que forman dibujos garabateados sobre el fondo azul celeste. Parecen diminutas bolas blancas, en ocasiones con una mancha negra, que aparecen durante un par de segundos, dejan una ligera estela y desaparecen de nuevo. Continuando con la observación y ampliando la visión, se empieza a ver que todo el campo late con un ritmo sincronizado. Si el día es soleado, las diminutas bolas de energía serán brillantes y se moverán con rapidez. Si está nublado, resultarán más traslúcidas, su movimiento será más lento y su número menor. En una ciudad con el cielo contaminado por los humos se verán en menor número, oscuras y con movimientos muy lentos; están poco cargadas. Donde observé los glóbulos más abundantes y brillantemente cargados fue en los Alpes suizos, donde son frecuentes los días soleados y la nieve lo cubre todo en densas capas. Parece que es la luz solar la que carga los glóbulos.
Desviemos ahora la vista a los bordes de las copas de árboles silueteadas sobre el cielo azul. Se puede ver una neblina verde que las rodea. Curiosamente, se puede observar también que la neblina no contiene glóbulos. Sin embargo, si se mira más atentamente se pueden ver, en el borde de la neblina verde, glóbulos que cambian su dibujo garabateado y penetran en el aura del árbol, donde desaparecen.


Aparentemente los absorbe el aura. El verde alrededor de los árboles aparece en la fase de nacimiento de las hojas, en primavera y verano. A principios de la primavera, el aura de la mayoría de los árboles
tiene un matiz rosa rojizo, similar al color de sus yemas.
Si observamos atentamente una planta doméstica veremos un fenómeno similar. Sitúe el lector la planta bajo una luz brillante con un fondo oscuro detrás. Verá cómo las líneas de color verde azulado destellan
hacia arriba, a lo largo de las hojas, siguiendo la dirección del crecimiento. Emitirán un repentino destello; luego, el color se desvanecerá lentamente para destellar de nuevo, quizá en el lado opuesto de la planta. Estas líneas reaccionarán con la mano, o con un trozo de cristal, si se aproxima al aura de la planta. A medida que se aleja el cristal de la planta, veremos que el aura de ésta y la de aquél se estiran
para no perder el contacto. Se estiran como el caramelo. (Véase figura 6-1.)

Figura 6-1: Efecto del lapislázuli sobre el aura de la planta

En cierta ocasión intenté ver el efecto de hoja fantasma del que tanto se habla en la fotografía de Kirlian.
Empleando estos métodos fotográficos ha sido posible registrar la imagen de una hoja completa después de cortarle la mitad. En aquel caso observé el aura de la hoja. Era de un sencillo color azul aguamarina. Cuando corté la hoja, el aura de toda ella se tornó marrón sanguinolento. Lamenté haberla cortado y me disculpé con la planta. Cuando se restableció el color aguamarina, un par de minutos más tarde, mostró señales definidas de la parte que faltaba, pero no con tanta claridad como lo había visto en las fotografías de Kirlian. (Véase figura 6-2.)
También los objetos inanimados tienen aura. La mayoría de los efectos personales se empapan de la energía de su propietario y la irradian. Las piedras preciosas y los cristales muestran interesantes auras que se
pueden emplear en la curación, con muchos y complicados dibujos formando capas. Por ejemplo, la amatista tiene un aura dorada con rayos de esa misma tonalidad que saltan de sus puntas cortadas en facetas
naturales.


Características del campo energético universal (CEU)

Como se ha dicho en el capítulo 5, el CEU ha sido conocido y observado a lo largo de los siglos. Se ha estudiado hasta en las épocas más remotas de la historia. Cada cultura ha dado un nombre distinto al fenómeno del campo energético y lo ha considerado desde su punto de vista particular. En la descripción de sus observaciones, cada una de estas culturas encontró propiedades básicas similares en el CEU. Con el avance de los tiempos y el desarrollo del método científico, la cultura occidental empezó a investigarlo con mayor rigor.
Conforme la técnica de nuestros equipos científicos se hace más compleja vamos siendo más capaces de medir las cualidades más refinadas del CEU. Podemos dar por supuesto, a partir de estas investigaciones, que la composición del CEU es urca energía no definida previamente por la ciencia occidental, o quizá una materia de sustancia más fina de lo que en general considerábamos que estaba formada la materia. Si definimos ésta como energía condensada, el CEU puede existir entre los reinos que actualmente se consideran de la materia y de la energía. Como hemos visto, algunos científicos denominan bioplasma al fenómeno del CEU.
Los doctores John White y Stanley Krippner han descrito numerosas propiedades del campo energético universal: el CEU empapa todos los objetos, animados e inanimados, del espacio y los conecta entre sí;
fluye de un objeto a otro y su densidad varía en relación inversa a la distancia desde su fuente. Sigue, además, las leyes de la inductancia armónica y la resonancia simpática (el fenómeno que se produce
cuando se golpea un diapasón y otro situado cerca empieza a vibrar a la misma frecuencia, produciendo idéntico sonido).
Las observaciones visuales revelan que el campo está muy organizado en una serie de puntos geométricos, puntos de luz pulsantes aislados, espirales, tramas de líneas, chispas y nubes. El campo palpita y se puede detectar mediante el tacto, el gusto y el olfato y su sonido y luminosidad son perceptibles para los sentidos superiores.
Los investigadores de este campo afirman que el CEU es básicamente sinérgico, lo que indica una acción simultánea de distintos medios que en conjunto tienen un efecto total más elevado que la suma de sus efectos individuales. Este campo es lo opuesto de la entropía, término utilizado para describir el fenómeno de la lenta degradación que observamos corrientemente en la realidad física, el derrumbamiento de la forma y el orden. El CEM tiene un efecto organizador sobre la materia, y crea formas. Parece existir en más de tres dimensiones. Cualquier cambio en el mundo material va precedido por una modificación en este campo. El CEU está asociado siempre con alguna forma de conciencia, que va desde la extraordinariamente desarrollada hasta la muy primitiva. La conciencia muy desarrollada está asociada con «vibraciones» y niveles energéticos más altos.
Vemos, pues, que el CEU no es, en cierto modo, tan distinto de todo lo demás que conocemos en la naturaleza. Sin embargo, debemos esforzar nuestras mentes para entender algunas de las propiedades que posee. A determinados niveles es una cosa «normal», algo así como la sal o la piedra; tiene propiedades que podemos definir empleando métodos científicos normales. Por otra parte, si seguimos sondeando más a fondo en su naturaleza, se escapa de las explicaciones científicas ordinarias. Se hace escurridizo. Cuando creemos que «lo hemos puesto en su sitio», junto con la electricidad y otros fenómenos no tan inusuales, se desliza de nuevo entre los dedos y nos obliga a preguntarnos: «¿Qué es realmente? No obstante, también podríamos preguntarnos: ¿qué es la electricidad?». 

El CEUexiste en más de tres dimensiones. ¿Qué quiere decir esto? Que es sinérgico y crea formas, lo que significa que va contra la segunda ley de la termodinámica, referida al crecimiento continuo de la entropía; según dicha ley, el desorden en el universo crece siempre y no es posible extraer más energía de algo que la que se haya depositado en ese algo. Siempre se obtiene un poco menos de la que se puso.
(Jamás se ha logrado construir una máquina de movimiento perpetuo.) No es éste el caso con el CEU. Parece que continúa siempre creando más energía. Como el cuerno de la abundancia, se mantiene eternamente lleno, por mucho que se tome de él. Estos son conceptos asombrosos que nos ofrecen una visión muy esperanzadora del futuro frente al riesgo de hundirnos en el pesimismo de la era nuclear.
Quizá algún día podamos construir una máquina capaz de conectarse con la energía del CEU, lo que nos permitiría disponer de toda la que necesitamos sin la amenaza de causarnos daños a nosotros mismos.

Revisión del capítulo 6

1. ¿Qué es un aura?
2. ¿Tiene aura una moneda?
3. ¿Qué es lo que no tiene aura?
4. Describa el CEU.

 

 

 


LA PSICODINÁMICA Y EL CAMPO ENERGÉTICO HUMANO


"La luz dorada de la llama de una vela se alza sobre el trono de oscura luz que produce su pabilo.
ZOHAR

LA EXPERIENCIA TERAPÉUTICA

La primera vez que, siendo ya adulta, volví a ver auras conscientemente fue en el entorno terapéutico.
Un entorno en el que no sólo se me «permitía» observar de cerca a las personas, sino que además se me alentaba a hacerlo. Durante mis largas horas de práctica tuve ocasión de observar la dinámica de mucha gente. Era un auténtico privilegio, pues la ética social ordinaria establece límites bien definidos para tal comportamiento. Estoy segura de que todos hemos pasado por la experiencia de sentirnos atraídos, en un autobús o en una cafetería, por alguna persona desconocida que, al percibir que la estamos observando, nos lanza una mirada cuyo significado no ofrece dudas: «Será mejor que deje de mirarme», nos dice. Pues bien, en primer lugar, ¿cómo se dio cuenta de que la estábamos mirando? El campo energético se lo advirtió. En segundo lugar, ¿por qué nos indicó que dejáramos de hacerlo? La gente se pone muy nerviosa cuando se siente observada. A la mayoría no nos gusta que los demás conozcan nuestra dinámica personal. Casi todos nos sentimos avergonzados de lo que otro ser humano pueda ver si nos mira atentamente. Todos tenemos problemas y tratamos de ocultar, por lo menos, algunos de ellos. En esta sección voy a describir cómo se manifiestan en el aura nuestras experiencias personales, relacionándolo con la psicoterapia corporal y la estructura de carácter que define la bioenergética. Pero comencemos por la psicoterapia en su base, en el desarrollo infantil. 

Los estudios sobre el crecimiento y el desarrollo humanos son muy numerosos. Erik Erikson goza de merecida fama por sus descripciones de las fases de crecimiento y desarrollo en relación con la edad. Estas fases se han incorporado a nuestro lenguaje cotidiano: fase oral, adolescencia, pubertad, etc. En ninguno de estos estudios se menciona el aura, pues la mayoría de quienes trabajan en el campo de la psicología desconoce su existencia. Sin embargo, la observación del aura proporciona una amplia información sobre la estructura psicológica de un individuo y su proceso de crecimiento personal. Lo que se desarrolla en el aura en cualquier fase del crecimiento guarda una íntima relación con el desarrollo psicológico en dicha fase. De hecho, cuando se contempla desde el punto de vista del aura, se puede considerar ese desarrollo como el resultado natural de lo que está sucediendo en los campos aurales. Veamos cuál es el desarrollo normal de nuestro campo energético a lo largo de nuestra vida, desde el nacimiento hasta la muerte. 

Capítulo 8
CRECIMIENTO Y DESARROLLO HUMANO EN EL AURA

Para. cubrir el campo de la experiencia humana desde el nacimiento hasta la muerte y más allá de éste recurriré tanto a la tradición psicológica como a la metafísica. Si la metafísica no es del agrado del lector, le ruego que la tome como una metáfora.

Encarnación

El proceso de encarnación dura toda la vida. No es algo que suceda al nacer y concluya en ese momento. Es necesario recurrir a términos metafísicos para describirlo. La encarnación es el movimiento del alma orgánica por el cual se irradian continuamente en dirección descendente vibraciones o aspectos espirituales más elevados y tenues a través de los cuerpos aurales más delgados hasta llegar a los más densos y, en último término, al cuerpo físico. Estas energías sucesivas son utilizadas por el individuo, durante toda su vida, para crecer.
Cada fase importante de la vida se corresponde con nuevas y más altas vibraciones y con la activación de diferentes chakras. En cada fase, por tanto, la personalidad dispone de una energía y una conciencia nuevas para expandirse. Cada fase ofrece nuevas áreas de experiencia y aprendizaje.
Desde este punto de vista, la vida está llena de descubrimientos y retos estimulantes para el alma. El proceso de encarnación está dirigido por el yo superior. Esta patita vital está contenida en la séptima capa del aura, el nivel del patrón cetérico. Se trata de un patrón que cambia constantemente a medida que el individuo realiza elecciones espontáneas en su proceso vital y de crecimiento. Al crecer, el individuo amplía su capacidad de sustentar niveles más altos de vibraciones/energías/conciencia hacia y a través de sus vehículos, sus cuerpos aurales y sus chakras. De este modo se beneficia de realidades cada vez más extensas a medida que avanza por el sendero de la vida. Con el progreso de cada individuo progresa toda la humanidad. En general, cada nueva generación es capaz de soportar vibraciones más altas que la precedente, de manera que la humanidad toda se desplaza en su plano evolutivo hacia vibraciones más altas y realidades expandidas. Muchos textos religiosos, como la Cábala, el Bhagavad Gita o los Upanishads, mencionan este principio de la progresión de la raza humana. 

El proceso de encarnación anterior a la concepción ha sido expuesto por Madame Blavatsky y, más recientemente, por Alice Bailey, Phoebe Bendit y Eva Pierrakos. Según esta última, el alma que se va a encarnar se reúne con sus guías espirituales para planificar la vida futura. En esta reunión, el alma y sus guías estudian las tareas que necesita la primera para lograr el crecimiento, el karma que debe encontrar para asociarse y los sistemas de creencias negativas que requiere para pasar por la experiencia. Este trabajo vital se conoce generalmente como la tarea personal.
Así, por ejemplo, una persona tal vez necesite desarrollar la capacidad de liderazgo. Al entrar en la vida material, esa persona se encontrará en situaciones en las que el liderazgo será una cuestión clave. Las circunstancias serán totalmente distintas para cada cual, pero la atención se centrará en el liderazgo. Un individuo puede haber nacido en el seno de una familia con una rica herencia de liderazgo (por ejemplo, una larga sucesión de directores de empresa o de líderes políticos), mientras que otro quizá haya nacido en una familia en la que no hay liderazgo y en la que se considera a los líderes como autoridades negativas que deben ser derrotadas o contra las que hay que rebelarse. La tarea de la persona consiste en aprender a aceptar la cuestión de forma equilibrada y cómoda.
Según Eva Pierrakos, la cantidad de asesoramiento que recibe un alma de sus guías en la determinación de las circunstancias de su vida futura depende de su madurez. Se eligen padres que aporten las experiencias ambiental y física necesarias. Estas elecciones determinan la mezcla de energías que fipalmente formará el vehículo físico en el que se encarnará el alma para realizar su tarea. Tales energías son muy precisas y equipan el alma con lo que necesita exactamente para dicha tarea. El alma se ocupa a la vez de una tarea personal de aprendizaje individual (como el liderazgo) y de una «tarea en el mundo» que implica un don para la vida en sociedad. El diseño es tan exclusivo que al cumplir la tarea personal se encuentra uno preparado para hacer lo propio con la tarea en el mundo. La tarea personal libera el alma dejando escapar las energías que se emplean para la tarea en el mundo.
En el ejemplo mencionado anteriormente sobre el liderazgo, el individuo tendrá que aprender esa cualidad o habilidad antes de asumir el papel de líder en el campo de trabajo que haya elegido. Tal vez se haya sentido intimidado por una larga sucesión de antepasados que fueron brillantes líderes o se haya enfrentado a su herencia con plena inspiración para avanzar en su propio liderazgo. Cada caso es distinto y muy personal, de acuerdo con la exclusividad del alma que haya emprendido el aprendizaje.
El plan vital contiene muchas realidades probables, lo que permite la libre elección entre numerosas opciones. Entretejida en este entramado vital está la acción de causa y efecto. Creamos nuestra propia realidad. Esta creación surge de muy distintas partes de nuestro ser. La creación no siempre es fácil de comprender desde un sencillo nivel de causa y efecto, aunque desde este punto de vista se puede entender gran parte de nuestra experiencia. Uno crea, literalmente, lo que desea. La conciencia, la inconsciencia, la superconciencia y la conciencia colectiva contienen los deseos individuales. Todas las fuerzas creativas se mezclan para crear experiencia en numerosos niveles de nuestro ser a medida que avanzamos por la vida. Para mí, lo que denominamos karma es causa y efecto a largo plazo, también desde muchos niveles distintos de nuestro ser. Por tanto, creamos desde la fuente personal y grupal y, naturalmente, hay grupos pequeños dentro de otros más grandes, todos ellos sumándose para producir el gran tejido de la experiencia vital creativa. Desde este punto de vista es fácil contemplar la riqueza vital con el espíritu maravillado de un niño.
Después de la «planificación», el alma entra en un proceso en el que pierde poco a poco la conciencia del mundo espiritual. En el momento de la concepción se crea una relación energética entre el alma y el óvulo fertilizado. En este instante se forma, además, una matriz etérea que protege al alma de cualquier influencia que no sea la de la madre. A medida que el cuerpo crece dentro del vientre materno el alma empieza a sentir lentamente su «arrastre» y se va conectando de forma consciente y paulatina con el cuerpo. En un momento determinado, el alma cobra súbita conciencia de esta conexión; se produce un poderoso destello de energía consciente que desciende hasta el cuerpo en formación. Entonces el alma vuelve a perder su conciencia, para despertar de nuevo, poco a poco, al mundo físico. Este poderoso destello de conciencia corresponde al momento en que el feto empieza a dar señales de vida.

Nacimiento

El nacimiento se produce en un momento único para el alma que llega. En este punto, el alma pierde su útero etéreo protector y queda sujeto por primera vez a las influencias de su entorno. 'También por primera vez, se encuentra sola en el mar de energía que nos rodea. Es tocada por ese campo. Los campos más grandes y fuertes de los cuerpos celestes influyen además, por primera vez, sobre el 46 nuevo campo energético, que se suma al mayor y lo enriquece. Es como si se hiciera sonar otra nota  añadiéndola a la sinfonía de la vida ya existente. 

 

 


Infancia

El proceso del lento despertar al mundo físico prosigue después del nacimiento. El lactante duerme con frecuencia durante este tiempo, y el alma ocupa sus campos energéticos más elevados. Deja sueltos los cuerpos físico y etéreo y les permite realizar el trabajo de construcción del cuerpo.
En las fases iniciales de la vida, el niño tiene la tarea de ir acostumbrándose a las limitaciones de la sensación física y al mundo en tres dimensiones. He visto a muchos recién nacidos que se debaten en este proceso. Todavía tienen cierta conciencia del mundo espiritual, y he visto cómo luchan por abandonar las figuras de sus compañeros de juego y padres espirituales y transferir sus afectos a sus nuevos progenitores. Los recién nacidos que he observado tienen chakras de corona muy abierta (figura 8-1), que se esfuerzan por comprimirse dentro de los límites del diminuto cuerpo del bebé.
Cuando los veo abandonar el cuerpo físico, en sus cuerpos más elevados, con frecuencia presentan la apariencia de espíritus de unos de 3,60 m de estatura. Luchan enconadamente por abrir el chakra de la raíz inferior y conectar con la Tierra.

Figura 8-1: Aura normal de un lactante
(Vista de diganóstico)

 

Un ejemplo de lo que digo fue un niño que nació un mes después de lo que se esperaba. Tras el rápido alumbramiento se encontraba en estado febril. Los médicos le practicaron una punción de médula ósea para ver si sufría encefalitis. La punción se realizó en la región del chakra sacro. El niño luchaba por expulsar a dos compañeros de juego y a un espíritu femenino que tampoco quería dejarlo marchar. En su lucha se abría y conectaba con la Tierra allí donde se encontraba presente su guía. Estaba perdiendo el contacto con su guía, veía a sus compañeros de juego y a la mujer espiritual y luchaba entonadamente entre los dos mundos. En esos momentos sentía más afinidad por el espíritu femenino que por su propia madre física. En su afán por no encarnarse, expulsaba energía por el chakra sacro y por el derecho para evitar que crecieran raíces hacia abajo a través del chakra de raíz (primer chakra).


Podía hacerlo parcialmente gracias al orificio aura[ que había dejado la punción de médula. Tras cierto tiempo de lucha, conectaba de nuevo con su guía y se calmaba, abría la raíz y se reiniciaba el proceso de entrada.
Comencé la sesión de curación. La primera vez aceptó algo, pero luego se negó. Siempre que intentaba enviar energía a su aura se alborotaba. Sabía lo que yo pretendia y no me dejaba acercarme. Lo que yo intentaba hacer era coser el orificio de su chakra sacro en la séptima capa de su aura y reencauzar al energía hacia abajo. Pero no me dejaba. Incluso me acerqué a él mientras estaba profundamente dormido. Cuando me encontraba a unos treinta centímetros de distancia, se despertó y empezó a gritar de manera desaforada. No cabía duda de que su lucha era tremenda y de que no quería ayuda de nadie. Uno de los problemas físicos secundarios de este combate básico fue un trastorno intestinal producido por el constante abuso del chakra del plexo solar relacionado con sus gritos y llantos. Se le trató este desarreglo después de que, finalmente, decidió mantenerse en el plano físico. La carta astral de este niño demuestra con claridad que es un líder en potencia.
Por tanto, el alma que llega suele entrar en el cuerpo y salir de él por el chakra corona como si empezara a trabajar para abrir el chakra raíz y penetrar con las raíces en el plano físico. En esta fase, el chakra raíz parece un embudo muy estrecho, y el chakra corona tiene el aspecto de un embudo muy ancho. Los otros chakras parecen tacitas poco profundas con una línea estrecha de energía que conduce de vuelta al interior del cuerpo hasta llegar a la espina dorsal (figura 8-1). El campo general de un lactante es amorfo y deforme y tiene un color azulado o grisáceo.
Cuando un bebé centra su atención en un objeto en el plano físico, el aura se tensa y abrillanta, especialmente alrededor de la cabeza. Luego, cuando su atención cede, el color del aura se desvanece; sin embargo, retiene parte de la experiencia en forma de color en el aura. Cada experiencia añade un poco de color al aura y aumenta su individualidad. El trabajo de construcción del aura también está en marcha y continúa de este modo a lo largo de toda la vida, de manera que permite encontrar la experiencia vital de cada uno.
Después del nacimiento se mantiene una fuerte conexión energética entre la madre y el hijo, a la que a veces se denomina plasma germinal. Esta conexión tiene su momento más fuerte en el alumbramiento, y se mantiene durante toda la vida, aunque se va haciendo menos pronunciada a medida que crece el niño. Este cordón umbilical psíquico es la conexión a través de la cual los niños se mantienen en contacto con sus padres en el transcurso de los años. En muchas ocasiones, uno de los dos tiene conciencia de las experiencias traumáticas por las que pasa el otro, aunque pueden estar separados a gran distancia en el nivel físico.
El campo del niño está totalmente abierto y es vulnerable al ambiente en el que vive. El niño detecta todo lo que sucede entre sus progenitores, tanto si sus relaciones son claras como si no lo son.
Reacciona constantemente a su entorno energético de forma acorde con su temperamento. Puede sentir vagos temores, tener fantasías o berrinches o estar enfermo. Todo los chakras del niño están abiertos en el sentido de que no cuentan con una película protectora que mantenga al margen las influencias psíquicas que llegan hasta él. Ello hace que el niño sea muy vulnerable e impresionable. Así, aun cuando los chakras no están desarrollados como los de un adulto y experimentan de forma vaga la energía que penetra en ellos, ésta sigue progresando hasta el campo del niño, quien debe ocuparse de ella en cierto modo (véase figura 8-2 para comparar los chakras de un adulto con los del niño).
Alrededor de los siete años de edad, sobre las aberturas del chakra se forma una pantalla protectora que filtra muchas de las influencias del campo energético universal. De este modo, el niño pierde su anterior vulnerabilidad. Esta fase se puede observar cuando el niño crece y se individualiza. Es un momento próximo al de la aparición del raciocinio.
Muchas veces es posible ver cómo un niño pequeño se sienta y acurruca en el regazo de su madre o su padre. Está siendo protegido de las influencias exteriores por el campo de su progenitor. Esta vulnerabilidad infantil me hace ser muy conservadora en lo que se refiere a permitir que los niños intervengan en terapias de grupo con adultos. El adulto no tiene idea de lo que esto supone para el niño, a menos que haya regresado a ese estado de vulnerabilidad. He visto a padres que sometían inconscientemente a sus hijos a un schock psíquico innecesario haciéndoles participar en terapias de grupo, por considerar que se trataba de una actitud progresista, o porque cedieron a las presiones del grupo. La ira de un adulto golpea el sistema del niño como un shock psíquico, mientras que la tristeza y la depresión lo envuelven como una niebla.
Además del alimento físico, la lactancia proporciona al niño energía etérea. En cada pezón hay un pequeño chakra que le aporta energía. Recuérdese que los chakras del bebé no están desarrollados y que, por tanto, no metabolizan todas las energías del campo energético universal que necesita para apoyar su vida.

Figura 8-2: Chakras de adulto y de niño

 

 

La primera infancia

Conforme crece el niño y se empieza a desarrollar el segundo chakra su vida emocional se va enriqueciendo. El niño vive en mundos de fantasía creados por él mismo, empieza a sentir que es una persona distinta de su madre y esos mundos le ayudan a crear la separación. Las pertenencias del niño se encuentran dentro de estos mundos de fantasía. Desde el campo etéreo envía proyecciones que envuelven esos objetos y cuyas formas recuerdan las de las amebas. Cuanto más importante sea el objeto en la creación del mundo fantástico, más conciencia energética surgirá de su campo para rodearlo. El objeto se convierte en parte del yo. Cuando se le arrebata de la mano con fuerza, el objeto rasga el campo y causa dolor, tanto físico como emocional.
Alrededor de los dos años de edad, el niño considera a sus padres como pertenencias suyas: «yo, mi papá, mi mamá, etc.». En el aura se hacen más visibles los colores rojo-naranja y rosa-violeta. El niño está empezando a relacionarse con los otros, aprendiendo un tipo básico de amor. En lo que se refiere al campo, el niño es capaz de separarse del de su madre, aunque entre ambos sigue existiendo un cordón umbilical etéreo. Así'se inicia el proceso de separación y de identidad independiente. El niño crea un espacio de fantasía, habita en él, pero sigue teniendo a su madre conectada por su cordón umbilical etéreo. Todavía puede mirar atrás y ver que su madre no está demasiado lejos. Para el clarividente, este espacio aparece compuesto principalmente por energía de nivel azul, o de nivel etéreo. Se trata de un espacio en el que el niño prefiere jugar solo o, si permite la entrada de un compañero de juegos, lo vigila atentamente para impedir que altere en demasía el espacio. En esta fase, el niño no tiene un ego lo bastante fuerte como para mantener una claridad real entre su yo y el del otro. Lucha por hallar su exclusividad y, sin embargo, se siente muy conectado a todas las cosas. Los objetos personales se convierten en formas de definir la individualización, definición a la que ayuda el espacio de energía privado. Así, cuando un niño visita el cuarto de otro niño de cinco a siete años de edad, el anfitrión se debate entre su deseo de comunicarse con el otro y su inclinación de preservar la imagen de sí mismo. Lucha por controlar los objetos personales que ayudan a definir quién es y alrededor de los cuales ha situado su propia conciencia energética. La lucha en este caso consiste en reconocer y mantener la autoindividualización y, pese a todo, sentir la conexión con un «individuo» distinto.
A los siete años de edad, aproximadamente, el niño empieza a tejer una enorme cantidad de energía dorada en este espacio, que se hace más libre, más grande, menos conectado con la madre y más abierto a los visitantes. Como su sentido del yo es más elevado, el niño empieza ahora a descubrir similitudes en otros seres humanos. Ya puede permitir a los «otros» una mayor autoexpresión dentro de su espacio privado. Permite que el visitante cree todo tipo de formas energéticas en ese espacio. Con ello, las cosas se hacen más «divertidas» y «vivas» y mejoran la vida de fantasía. Los niños entran en la fase de la «pandilla». Una de las cosas que posibilitan que así sea es que, alrededor de los siete años de edad, por encima de todos los chakras se presenta ya una pantalla protectora que impide el paso de muchas influencias energéticas procedentes del campo que rodea al niño. É.ste se siente más «seguro» porque es en su campo aural donde realmente existe.

Ejercicio para detectar los espacios psíquicos

Los adultos también infunden sus espacios con sus energías. Estos espacios psíquicos son nidos que ofrecen seguridad a las personas para vivir y tener en ellos su ser. Pruebe a sentir los espacios psíquicos que crean las personas. Le enseñarán muchísimo sobre usted mismo y sobre el propietario del espacio. Empiece por sintonizar en los espacios que visita regularmente. Entre en la habitación de un amigo. ¿Cómo se siente? ¿Qué le parece? ¿Quiere quedarse o prefiere irse? Si tiene hijos, entre en sus habitaciones. Sienta la diferencia de energía en cada uno. ¿Va bien esa energía con el niño? ¿Qué expresa sobre él? ¿El color es el apropiado, o es un color que usted ha impuesto en el espacio de su hijo? Piense en ello.
Pruebe en las tiendas que visite. A mí me resulta imposible permanecer en determinados establecimientos a causa de la energía que emana en ellos.
Haga ahora un pequeño experimento con objetos. Reúna un pequeño grupo de personas (preferiblemente de gente de la que no sepa demasiado), sitúe sus objetos personales en el centro y elija el que más le atraiga. Sosténgalo en la mano. ¿Qué sensación le produce? ¿Pesado, cálido, amistoso, hostil, triste, feliz, seguro, peligroso, saludable, enfermo? ¿Recoge alguna imagen? Concédase tiempo para sintonizar en el interior del objeto. Compruebe sus sensaciones con el propietario. Estoy segura de que ha acertado en algunas de las cosas que detecta. Practique y lo hará mejor la próxima vez.

Estado latente

Conforme el niño crece en el estado latente, entre los siete años y la pubertad, tiene lugar el desarrollo de nuevas facultades mentales junto con el desarrollo del tercer chakra. En esta fase se incrementa el color amarillo mental del aura. Aunque este chakra está abriendo las energías mentales y el niño asiste ya a la escuela, dichas energías se emplean principalmente para mejorar la vida fantástica infantil. Aquí entran en juego profundos impulsos y se producen conexiones teleológicas con el largo desarrollo pasado de la humanidad. El niño se convierte en jefe indio; la niña, en maga. Son impulsos teleológicos profundos que revelan el deseo del alma y que, con toda probabilidad, se relacionan con la tarea del alma en el mundo. Dentro de estas formas arquetípicas se encuentran las aspiraciones espirituales profundas, las metas y aspiraciones del individuo, expresadas por las capacidades que adopta cuando juega en el patio de recreo. Ahora es cuando los tres primeros centros -el físico, el emocional y el mental del plano terrestre- trabajan juntos para expresar la primera fase de la encarnación del alma.


Adolescencia

El reto de la adolescencia, como en todas las fases del crecimiento, consiste en hallar el yo y mantenerse fiel al mismo a través del caos de los cambios físicos y emocionales, los dulces deseos y los dolorosos rechazos.
A medida que el niño se acerca a la pubertad se empiezan a producir grandes cambios en todo su cuerpo y en el campo energético que lo rodea. Se añade más verde al aura y al espacio privado del individuo. El espacio es penetrado por las vibraciones de los amigos. Conforme al chakra del corazón se abre a nuevos niveles de sentimientos y el alborear del eros y el amor emerge desde lo más profundo de la psique, el campo se inunda de un bello color rosa. Se activa la pituitaria (chakra del tercer ojo) y el cuerpo empieza a madurar convirtiéndose en adulto. Todos los chakras son afectados por estos cambios. En ocasiones, el individuo acoge con excitación estas nuevas vibraciones; en otras, las detesta porque acarrean nuevos deseos y una nueva vulnerabilidad que el individuo no ha experimentado antes. A veces, todo el campo resultará alterado y los chakras quedarán totalmente desequilibrados, mientras que en otras ocasiones todo fluirá de manera armónica. De este modo, el individuo pasa por grandes cambios de realidad emocional, y sus acciones expresan esta confusión. Un momento antes era un niño, ahora es un adulto.
El individuo repite ahora todas las fases de crecimiento ya experimentadas, pero con una diferencia. Las tres primeras fases implicaban al yo como centro del universo. Era un conjunto formado por mí mismo, mi mamá, mi papá, mis amigos, etc. Ahora es la relación «yo-tú». El «yo» no existe solo, y el bienestar del «yo» depende ahora de que se hagan los ajustes apropiados en el «no-yo». Esto se debe en parte a que el individuo no «posee» ya los objetos de amor, como sucedía en el caso de sus padres o sus juguetes. Ahora su bienestar depende, o así lo cree, de que equilibre sus acciones para «convencer» a la persona amada de que lo ame. Esto produce una tensión sobre la psique entre quién piensa que es y quién piensa que debería ser (según quién piense que desea ser, o viceversa). Esto sucedía ya, desde luego, con los padres, pero ahora es más evidente, pues en cualquier momento el ser amado puede elegir a otro, y con frecuencia lo hace públicamente

La edad adulta

Para cuando termina la adolescencia ya están definidos los chakras y la pauta energética utilizada por el individuo. Todos los chakras han adoptado una forma adulta. Es en este punto cuando el individuo puede tratar de asentarse y no sufrir más cambios. Algunos lo logran y, con ello, hacen que sus vidas se establezcan conforme a pautas seguras, firmes, de realidad claramente definida y limitada. Otros muchos, agitados por sus experiencias vitales, comprenden que la realidad no es tan fácilmente definible y emprenden una búsqueda de significados, que durará toda la vida y les conducirá a través de un reto constante hacia experiencias más profundas de plenitud.

En la madurez, el «yo-tú» se expande para incluir a la familia personal, que crea su propia forma energética. Nuevas energías que fluyen por el chakra de la garganta ayudan a este proceso personal de dar y recibir. Con el transcurso del tiempo, el «yo-tú» se puede ampliar para incluir al individuo y al grupo. Es posible que el corazón se abra para acoger no sólo el amor a la pareja y los hijos, sino también el amor a la humanidad. El color del aura se percibe de un bello tono lila. Entonces se convierte en la integración de la conciencia del yo, el otro y el grupo. A medida que el tercer ojo se abre a vibraciones más altas, uno empieza a ver la unidad de todas las cosas y puede apreciar, al mismo tiempo, la preciosa exclusividad de cada alma individual dentro de esa unidad.

La madurez

Conforme el individuo se acerca a la vejez y a la muerte se pueden añadir a los cuerpos energéticos tasas de vibraciones todavía más altas. El cabello de las personas se vuelve blanco brillante a medida que la luz blanca que recorre su ser aumenta su afinidad con el mundo espiritual. Ahora, a la relación «yo-tú» se añade una personal, muy profunda, con Dios. La energía terrenal inferior, metabolizada a través de los chakras inferiores, decrece y es sustituida constantemente por energías más finas y elevadas que tienen mucho más que ver con el espíritu que con la vida en el plano físico. La persona se está preparando para regresar al mundo del espíritu. Cuando se entienden estos procesos naturales -y se permite que se desenvuelvan desde el interior de la psique, la vida personal del individuo queda inundada de serenidad y amor. Todo encaja en su lugar a partir del crecimiento que se ha producido a lo largo de los años. En especial, el chakra del plexo solar se hace más armonioso. La persona es capaz de aumentar su profundidad de percepción, que hace de la vida (a pesar de la disminución de la fuerza física) algo cuyo interés crece continuamente y adquiere experiencias más ricas. Es lamentable que nuestra cultura, en general, no respete y utilice este gran recurso de sabiduría y luz como lo hacen otras culturas, por ejemplo la de los indios norteamericanos, en cuyas comunidades son las abuelas y los abuelos quienes mantienen el poder decisorio.

La muerte

Según Phoebe Bendit, al morir se produce un rayo luminoso que surge destellante de la parte superior de la cabeza cuando la persona abandona el plano terrenal a través del chakra de corona. Esta experiencia de salir por la corona ha sido descrita frecuentemente como un túnel que se recorre entre la vida y la muerte. Se ve un túnel largo y oscuro al final del cual brilla una luz. También se puede describir  esta «experiencia del túnel» como el ascenso del alma por la corriente de fuerza principal del cuerpo, a lo largo de la espina dorsal, para salir a la brillante luz del chakra de corona.
Al morir, el alma es recibida por sus guías espirituales y por los viejos amigos fallecidos. En este momento, el alma ve desfilar con gran rapidez y claridad toda su vida pasada, de forma que no caben errores sobre lo que pasó, las decisiones que adoptó, las lecciones aprendidas o las que le queden por aprender para la siguiente reencarnación. A ello sigue un período de celebración de la tarea cumplida, y algún tiempo que transcurre en el mundo espiritual antes de la nueva reencarnación.
He visto frecuentemente que cuando alguna persona muere como consecuencia de una prolongada enfermedad, durante algún tiempo después de fallecer descansa rodeada por una luz blanca. Da la sensación de que cuidaran de ella en algún tipo de hospital del otro lado. He observado a dos personas en estado preagónico un par de días antes de que fallecieran. En ambos casos se estaban muriendo de cáncer y llevaban enfermas algún tiempo. Los tres cuerpos inferiores se estaban fragmentando y abandonaban el cuerpo como manchas blancas opalescentes. También se estaban disgregando los tres chakras inferiores, con largas tiras de energía brotando del plexo solar.
Los cuatro chakras superiores parecían estar muy abiertos, como orificios profundos. Ya no estaban cubiertos por sendos escudos. Al iniciar el último viaje estas personas pasaban la mayor parte de su tiempo fuera del cuerpo, alejadas de él. Aparentamente estaban en algún lugar exterior junto con sus guías espirituales. Cuando permanecían en sus cuerpos la habitación se llenaba de espíritus. En un caso vi a Azrael guardando la entrada. Como la persona sufría fuertes dolores, pregunté a Azrael por qué no la ayudaba a morir. Me respondió: «No me han dado órdenes todavía». (Azrael es el ángel de la muerte y, para mí, su aspecto es fuerte y hermoso, no aterrador como han insinuado algunas fuentes.)

Lo que dice Heyoan sobre la muerte

Mi guía ha hablado sobre el proceso mortal, y quisiera citar aquí sus palabras. En primer lugar, dice que la muerte no es lo que suele creerse, sino la transición de un estado de conciencia a otro. Heyoan dice que ya hemos muerto antes, olvidándonos de quiénes somos. Las partes de nosotros que han sido olvidadas están separadas de la realidad por un muro, y hemos llegado a la encarnación para rescatarlas. Tememos a la muerte, pero ya hemos muerto, y en el proceso de encarnación que reintegra nuestro ser mayor lo que realmente encontramos es más vida. Lo único que muere, según Heyoan, es la muerte.
Durante nuestra vida tapiamos las experiencias que deseamos olvidar. Lo hacemos con tal efectividad que no recordamos muchas de ellas. Iniciamos este proceso de tapiado en la primera infancia y lo proseguimos durante toda la vida. Estas piezas ocultas tras el muro de nuestra conciencia se pueden ver en el campo aural formando bloques, a los que nos referiremos en el capítulo dedicado a la psicodinámica. Heyoan dice que la muerte real se ha producido ya en forma de ese muro interno. Cito a continuación sus palabras.
«Como sabes, lo único que te separa de algo eres tú misma. Y lo más importante es que la muerte se ha producido ya en las porciones de ti misma que han sido tapiadas. Desde nuestra posición ventajosa, esa sería, quizá, la definición más clara de lo que el ser humano considera que es la muerte. Ser tapiado y separado. Olvidar. Olvidar quién eres; eso es la muerte. Tú ya has muerto. De hecho, te has encarnado para dar vida a esas piezas de ti misma que ya están en lo que llamáis la muerte, si debemos usar este término. Esas partes ya han muerto.
El proceso de morir, eso que Ilamaremos transición hacia una conciencia superior, se puede considerar un proceso en el campo energético. Lo describiremos ahora para ayudarte a entender el proceso de la muerte desde el punto de vista aural. Es un lavado del campo, un despeje, una apertura de todos los chakras. Cuando mueres, pasas a otra dimensión. Se produce la disolución de los tres chakras inferiores. Se produce la disolución, y observa que decimos disolución, de los tres cuerpos inferiores.
Aquellos de entre vosotros que habéis visto cómo morían otras personas observasteis la calidad opalescente de sus manos, sus rostros, sus epidermis. Mientras muere, el individuo es una madreperla opalescente, y las hermosas nubes opalescentes se dispersan. Esas nuebes son los cuerpos energéticos inferiores que sirven para mantener unido al cuerpo físico. Se están desintegrando. Son barridas y los chakras se abren y salen cordones de energía. Los chakras superiores son grandes agujeros abiertos a otras dimensiones. Por tanto, es en las fases iniciales de la muerte cuando el campo energético empieza a separarse. Las partes bajas del campo energético se separan de las altas. Y entonces, durante tres horas más o menos alrededor de la hora de la muerte, se produce un lavado del cuerpo, un bautismo, un bautismo espiritual del cuerpo donde se vacía la energía como una fuente, ascendiendo por la corriente de fuerza vertical principal. A través de ella brilla una fuente de luz dorada y todos los bloques se limpian. Y el aura se torna oro blanco. ¿Cómo experimenta esto, en términos de memoria, el individuo que agoniza? Ya lo has oído. Una persona ve toda su vida lavada por esos bloques. Bien, ahí lo tienes. Hay un fenómeno de campo energético concomitante con el lavado del aura. Se dejan ir todos los bloques. Se desbloquean todas las experiencias olvidadas de esa vida.
Todas fluyen a través de la conciencia. Así, toda la historia de esa vida fluye a través de la conciencia, y cuando la persona se va, también se marcha la conciencia. Es la disolución de muchos de los muros que se erigieron para el proceso de transformación de esta vida particular. Es una integración tremenda.
Con la disolución de las paredes del olvido en tu interior recuerdas quién eres en realidad. Te integras con tu yo superior y sientes la ligereza y la inmensidad de éste. Así, la muerte, en contra de la opinión popular, es una experiencia absolutamente maravillosa. Muchos habéis leído descripciones de personas declaradas clínicamente muertas que han vuelto a la vida. Todas hablan de un túnel al final del cual brilla una potente luz. Hablan del encuentro con un ser maravilloso al final de dicho túnel. En su mayoría revelan que decidieron volver al mundo físico a completar su aprendizaje, pese a la belleza del lugar al que fueron. Ya no temen a la muerte, sino que la esperan como una gran liberación hacia la serenidad.
Por tanto, es tu muro el que te separa de esta verdad: lo que llamas muerte es, en realidad, transición a la luz. La muerte que imaginas que vas a experimentar la puedes encontrar dentro de tu muro. Cada vez que te separas de ti misma en cualquier forma, mueres una pequeña muerte. Cada vez que bloqueas el flujo de tu maravillosa fuerza vital, creas una pequeña muerte. Por tanto, cuando recuerdas aquellas partes separadas de tu ser y las reintegras a ti misma, ya has muerto. Vuelves a la vida. A medida que expandes tu conciencia, se disuelve el muro entre ti y el mundo, entre la realidad espiritual y la física.
Así se disuelve la muerte, liberando el muro de la ilusión cuando estás lista para avanzar. Y se redefine con mayor claridad quién eres. Sigues siendo tu yo individual; cuando abandones tu cuerpo, mantendrás la esencia del yo. Puedes sentir esa esencia del yo en las meditaciones futuro/pasado que se ofrecen en el capítulo 27 (Autocuración). Tu cuerpo físico muere, pero tú te trasladas a otro plano de la realidad. 

Mantienes la esencia del yo más allá del cuerpo, más allá de la encarnación. Y cuando abandones tu cuerpo, es posible que te sientas como si fueras un punto de luz dorada, pero te seguirás siendo tú misma».

Revisión del capítulo 8

1. ¿Cuándo se hace cargo el alma de un cuerpo?
2. ¿Cuál es la importancia del momento de nacer con respecto al CEH?
3. ¿Cuáles son las dos diferencias principales entre los chakras de un niño pequeño y los de un adulto?
4. ¿Qué tiene que ver el aura con el desarrollo de la infancia?
5. ¿Por qué, en relación con el aura, grita de dolor el niño cuando alguien le quita algo de las manos?
6. ¿Por qué le gusta al niño sentarse dentro del aura de un adulto?
7. ¿Qué avances principales se producen en el aura durante las siguientes fases del desarrollo: antes de nacer, al nacer, en la lactancia, en la primera infancia, en el estado latente, en la pubertad, en la madurez, en la mediana edad, en la edad avanzada, en la muerte?
8. ¿A qué edad se completa el proceso de encarnación?
9. Describa la experiencia de la muerte según la han presenciado los observadores de la EPS.

Alimento para la mente

10. Comente la relación del CEH con el espacio personal de un individuo.
11. Comente la relación de los límites personales con el CEH.