Libro Anatomía del Espíritu. 3ª parte

ANATOMÍA DEL ESPÍRITU

CAROLINE MYSS

 

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Sexto chakra: El poder de la mente

 

El sexto chakra está relacionado con la capacidad mental y de razonamiento y con la habilidad psíquica de evaluar las creencias y actitudes propias. El chakra mental se hace eco de las energías de la psique, las fuerzas psíquicas conscientes e inconscientes. En la literatura espiritual oriental este chakra es el «tercer ojo», es decir, el centro espiritual en el cual la in­teracción entre la mente y la psique puede conducir a la vi­sión y sabiduría intuitivas. Este chakra es el de la sabiduría.

Los retos del sexto chakra son abrir la mente, desarro­llar una mente impersonal, rescatar el propio poder de las «verdades falsas» y artificiales, aprender a actuar guiados por la orientación interior, y discernir entre los pensamientos motivados por la fuerza y los motivados por el miedo.

Ubicación: El centro de la frente.

Conexión energética con el cuerpo físico: El cerebro y el sistema neurológico, el sistema nervioso central, las glándu­las pituitaria y pineal, los ojos, los oídos y la nariz.

Conexión energética con el cuerpo emocional/mental: El sexto chakra une a la persona con su cuerpo mental, inteli­gencia y características psíquicas. Las características psíqui­cas son una combinación de lo que sabemos y lo que cree­mos que es cierto, una combinación única de realidades, miedos, experiencias y recuerdos personales que están en constante actividad dentro del cuerpo energético mental.

Conexión simbólica/perceptiva: El sexto chakra pone en marcha las lecciones que nos conducen a la sabiduría. Lle­gamos a la sabiduría a través de las experiencias de la vida y adquiriendo la capacidad perceptiva y discernidora de la ob­jetividad. La visión simbólica es en parte una «objetividad» aprendida, un estado mental que trasciende las influencias de la «mente personal", o «mente de principiante», y que puede llevar al poder y percepción profunda de la mente «impersonal» o abierta, receptiva.

Conexión Sefirot-sacramento: La sefirá de Bina, que re­presenta el entendimiento divino, y la sefirá de Jojmá, que representa la sabiduría divina, se corresponden con el sexto cbakra. Bina es la matriz de la Madre Divina, que recibe de Jojmá la simiente para concebir, lo que se llama «el princi­pio». La unión de estas dos fuerzas engendra las Sefirot in­feriores. Bina y Jojmá simbolizan la verdad universal de que el «pensamiento» existe antes que la «forma», y de que la cre­ación comienza en la dimensión energética.

Bina y Jojmá nos estimulan a ser conscientes de lo que creamos, a utilizar por completo la mente al ordenar a la ener­gía que se convierta en materia. Esta perspectiva es la que las relaciona con el sacramento cristiano del orden sagrado o sa­cerdotal.

En su sentido simbólico, el sacramento del orden repre­senta la tarea que la persona está llamada a realizar como ser­vicio a los demás. Desde el punto de vista arquetípico, el re­conocimiento por parte de los demás de que alguien tiene percepción y sabiduría únicas es lo que le induce a servir a sus semejantes, en calidad de madre, sanador, profesor, atle­ta o amigo leal. El sacerdocio, evidentemente, es el papel tra­dicional de quien recibe el sacramento del orden. Pero, en su sentido simbólico, este sacramento es cualquier experiencia u honor mediante el cual la comunidad reconoce que se beneficia del camino interior de servicio de la persona tanto co­mo ella misma. Este factor de beneficio mutuo identifica la vocación o llamada a ser «ordenado». La belleza del sentido simbólico del orden sacerdotal es que honra la verdad de que todo el mundo es capaz de hacer importantísimas apor­taciones a la vida de otros, no sólo mediante su profesión sino, lo que es más importante aún, mediante la calidad que llega a adquirir como persona. Simbólicamente, el sacramen­to del orden trata de reconocer la aportación que hace el es­píritu de la persona a la vida de otros, más que la contribu­ción que realiza con su trabajo o sus tareas.

Miedos principales: Resistencia a mirar el interior y de­senterrar los propios miedos; miedo a la verdad cuando la razón está obnubilada; miedo al juicio sensato y realista; mie­do a depender del consejo exterior, a la disciplina; miedo al propio lado oscuro y a sus atributos.

Fuerzas principales: Capacidades y habilidades inte­lectuales; evaluación de las percepciones conscientes e in­conscientes; receptividad a las inspiraciones; generación de grandes actos de creatividad y razonamiento intuitivo: inte­ligencia emocional.

Verdad sagrada: La verdad sagrada contenida en el sexto chakra es Busca, solamente la, verdad. Esta nos impulsa a bus­car continuamente la diferencia entre verdad e ilusión, las dos fuerzas que están presentes en todo momento. Separar la ver­dad de la ilusión es más una tarea de la mente que del cere­bro. El cerebro gobierna el comportamiento del cuerpo físi­co, pero la mente gobierna el comportamiento del cuerpo energético, que es nuestra relación con el pensamiento y la percepción. El cerebro es el instrumento físico mediante el cual el pensamiento se traduce en acción, pero la percepción, y todo lo relacionado con ella, como el tomar conciencia, es una característica de la mente. Al tomar conciencia, la perso­na es capaz de distanciarse de sus percepciones subjetivas y ver la verdad o sentido simbólico de una situación. Distan-ciarse no significa dejar de amar; significa acallar las voces mo­tivadas por el miedo. La persona que ha conseguido una pos­tura interior de distanciamiento u objetividad tiene un senti­do del yo tan completo que las influencias externas no ejercen ninguna autoridad en su conciencia. Esta claridad de mente y del yo es la esencia de la sabiduría, que es uno de los pode­res divinos del sexto chakra.

 

Aplicación de la objetividad

¿Cómo se aplica la objetividad a la propia vida en la prác­tica? La historia de Pete nos muestra un modo práctico de utilizar esta habilidad. Pete me pidió que le hiciera una lec­tura cuando estaba atravesando una serie de crisis persona­les. Después de diecisiete años de matrimonio, su esposa le había comunicado que ya no lo amaba y deseaba el divorcio. Comprensiblemente, él se sintió aniquilado, como también sus cuatro hijos. Le sugerí que durante tan sólo un momento intentara considerar su vida desde un punto de vista distan­ciado, objetivo. Yo imaginé que su esposa se estaba redefiniendo más allá de su papel de cuidadora de hijos y de casa. Cuando era pequeña había tenido que ocuparse de sus her­manos menores; se casó a los diecisiete años y fue madre a los dieciocho. En esos momentos, a sus casi cuarenta años, estaba despertando a sí misma y sus necesidades, y posi­blemente tenía una aventura extraconyugal. Le dije a Pete que era muy posible que su esposa estuviera aterrada por lo que sentía y que, si tuviera un vocabulario más terapéutico, tal vez habría podido explicar las nuevas energías emocionales que estaba experimentando en lugar de dejarse dominar por el miedo. Su aventura amorosa era una manera de huir de lo que ocurría en su interior. Probablemente no quería al hom­bre con el que estaba liada, aunque tal vez ella no lo sabía en esos momentos. Decidió tener una aventura porque no se le ocurrió otra manera de dejar a su marido e hijos. La opción de buscar ayuda terapéutica no formaba parte de su cultura o de su proceso de pensamiento.

Le dije que, por difícil que le resultara aceptarla, la rea­lidad era que, en ese momento de su vida, su esposa habría reaccionado de la misma manera fuera quien fuese su mari­do, porque estaba pasando por un proceso de autodescubrimiento que no tenía nada que ver con él. Ella no sabía que había entrado en una experiencia de «noche oscura». Pete debería esforzarse por no tomarse como una ofensa perso­nal sus rechazos y su enfado porque, aunque ciertamente era él el blanco de su rabia emocional, ella estaba mucho más fu­riosa con su propia confusión que con él.

Pete fue capaz de asimilar esta información y trabajar con ella. Aunque él y su esposa decidieron divorciarse, cada vez que se sentía sumido en la aflicción y el sufrimiento por la desintegración de su familia, lograba volver a un modo más impersonal de considerar su crisis. No mucho después de nuestra conversación se enteró de que su esposa había teni­do un romance con un amigo suyo, y de que la relación ya había acabado. Comprendió que su esposa no estaba ena­morada del otro hombre, sino que intentaba encontrar una salida para su propia confusión. Le dije que lo más probable era que continuara tratando de resolver su crisis buscando otra pareja, pero que eso nunca funcionaría. Todas las rela­ciones estaban destinadas al fracaso, porque encontrar otra relación, y por lo tanto convertirse nuevamente en cuidado­ra de casa, no era la solución para su problema. Finalmente se vería obligada a zambullirse en su interior y trabajar para sanar el verdadero origen de su sufrimiento.

Adquirir objetividad y conciencia significa lograr que ciertas percepciones de la mente entren en el cuerpo. Esto supone fusionarse con las percepciones que son ciertas y vi­virlas para que su poder y nuestra energía se conviertan en una misma cosa.

Tomemos, por ejemplo, esta verdad: «El cambio es cons­tante.» Mentalmente podemos asimilar esta enseñanza sin demasiada dificultad. Pero cuando se produce un cambio en nuestra vida, cuando notamos que envejecemos, por ejem­plo, o mueren personas queridas, o cuando las relaciones pa­san de ser íntimas y amorosas a frías y distantes, esta verdad se convierte en aterradora. Con frecuencia necesitamos años para recuperarnos de algunos cambios, porque esperábamos que aquello, sea lo que fuere, continuara siempre igual. To­do el tiempo sabíamos que cambiaría, pero no podemos evi­tar esperar que la energía del cambio no pase por esa parte de nuestra vida.

Aun cuando la verdad «El cambio es constante» nos pa­rezca una enemiga que barre una parte feliz de nuestra vida, los períodos de soledad llegarán a su fin y comenzará una nueva parte de la vida. La promesa contenida en «El cambio es constante» es que a los fines siempre siguen nuevos comienzos.

La conciencia es la capacidad para soltar lo viejo y abra­zar lo nuevo, con el conocimiento de que todas las cosas aca­ban y comienzan en el momento oportuno. Es difícil apren­der a convivir con esta verdad porque los seres humanos buscamos estabilidad, es decir, la ausencia de cambio. Por lo tanto, tomar conciencia significa vivir por completo en el momento presente, sabiendo que ninguna situación ni per­sona será exactamente igual mañana. Cuando se produce el cambio, nos esforzamos en interpretarlo como una parte na­tural de la vida y en «fluir con él, como recomienda el Tao Te Ching, y no en contra de él. Intentar que las cosas sigan siempre igual es inútil, además de imposible. Nuestra tarea es aportar lo mejor de nuestras energías a cada situación, comprendiendo que influimos en lo que vamos a experi­mentar mañana, pero que no lo controlamos.

Después de una charla sobre la objetividad o el distanciamiento, mis grupos suelen responder diciendo que la objetividad les parece demasiado fría e impersonal. Pero ésa no es una percepción correcta de la objetividad. Durante un se­minario les pedí a todos los participantes que pensaran en una situación que les pareciese tremendamente amenazado­ra. Un hombre dijo que le resultaría muy difícil llegar una mañana a la oficina y enterarse de que la dirección de la em­presa le había quitado todas sus responsabilidades. Le suge­rí que se imaginara liberado de su aferramiento a ese traba­jo y capaz de crearse cualquier opción que quisiera; que visualizara su trabajo solamente como una gota de energía en su vida, no corno un mar, y que por él circulaba un to­rrente de poder creativo. Después le dije que se imaginara que entraba en la oficina y le comunicaban que estaba des­pedido; ¿cómo reaccionaría entonces? Él se echó a reír y di­jo que, dada la imagen mental que en ese momento tenía de sí mismo, ser despedido no le importaría nada en absoluto. Se sentiría perfectamente bien porque sería capaz de atraer­se su próximo puesto de empleo.

Ése es el significado de la objetividad: la comprensión de que ninguna persona ni grupo de personas pueden determi­narnos el camino en la vida. Así, cuando se produce un cam­bio es porque una dinámica mayor nos está empujando pa­ra que avancemos. Podría parecer que un grupo de personas conspiró para hacer que nos despidieran de un trabajo, pero eso es la ilusión. Si uno elige creer esa ilusión, quedará cau­tivo de ella, tal vez incluso para toda la vida. Pero si no hu­biera sido el momento oportuno para un cambio, la «cons­piración» no habría tenido éxito. Ésa es la verdad superior de este cambio de vida, y la visión simbólica que acompaña a la objetividad nos permite verla.

Lógicamente, nadie se despierta una mañana y anuncia: «Creo que hoy voy a tomar conciencia.» Nos impulsa el de­seo de ampliar nuestros parámetros mentales mediante los misterios que nos encontramos. Todos experimentamos, y continuaremos experimentando, relaciones y acontecimientos que nos inducen a reexaminar nuestra compresión de la realidad. El diseño mismo de nuestra mente nos impulsa a preguntarnos por qué las cosas son como son, aunque sólo sea dentro de nuestra propia confusión personal.

Danny me pidió ayuda porque le habían diagnosticado cáncer de próstata. Lo único que me pidió fue: «Simple­mente, ayúdeme a descubrir qué hago y pienso que no de­bería hacer ni pensar.»

Cuando evalué su energía, vi que era un bienhechor pro­fesional para todos menos para sí mismo. Le pregunté qué le gustaría hacer en esos momentos. «Me gustaría dejar mi tra­bajo de vendedor, irme a vivir al campo, cultivar mis alimen­tos y trabajar de carpintero*, dijo. Después hablamos de las consecuencias de un cambio así: él tenía sus compromisos con la empresa en la que trabajaba, era miembro activo de numerosos grupos y, por encima de todo, su familia se sen­tía a gusto con su estilo de vida; todas esas relaciones acaba­rían. A continuación añadió: «Desde hace muchísimo tiem­po he tenido la idea de que quiero pensar otras cosas. No quiero tener cifras de venta en la cabeza. Quiero pensar en otras cosas, en la naturaleza, por ejemplo. Lógicamente, la naturaleza no me va a pagar las facturas, así que en realidad nunca he hecho nada al respecto. Pero siento esta llamada a vivir de otra manera. He tenido este sentimiento durante mu­cho tiempo, pero ahora siento la necesidad de seguirlo.»

Le dije que estaba lleno de orientación y que debería se­guirla; al seguir sus sentimientos, se le abriría todo un nue­vo mundo, un mundo en el que su salud mejoraría. Dos me­ses después me llamó para decirme que su familia estaba a favor del traslado y que al verano siguiente se irían al suro­este. Jamás se había sentido mejor, añadió, y sabía que nun­ca volvería a tener un tumor maligno en su cuerpo.

Danny estuvo dispuesto y fue capaz de desmontar su vi­da como vendedor y abrazar una nueva vida. Al liberarse de su percepción de sí mismo y de su ocupación, también se li-beró de la idea de que su poder en el mundo físico era limi­tado. Al seguir su voz interior, se abrió a la evaluación de su realidad interior: ¿De qué va la vida? ¿Qué estoy destinado a hacer? ¿Qué es importante aprender? Fue capaz de decir: «El mundo exterior no ejerce tanto poder sobre mí. Elijo ha­cer caso a mi mundo interior.»

Así es como tomamos conciencia: surge un misterio, ac­tuamos y a continuación surge otro misterio. Cuando deci­dimos detener ese proceso, entramos en un estado suspen­dido en el cual nos alejamos cada vez más de la fuerza vital. Sin embargo, el progreso desde la mente personal hacia la mente objetiva puede ser muy natural y fácil.

En un seminario conocí a una mujer llamada Karen, a la que habían despedido de tres trabajos en menos de un año. No pudo evitar preguntarse si el origen del problema era al­go que había en ella. Y una vez planteada la pregunta quiso conocer la respuesta. Después de tomarse tiempo para co­nocerse, comprendió que ella misma se había causado los problemas. No había sentido el menor interés por ninguno de los tres trabajos. Lo que en realidad deseaba era un cam­bio de profesión. Eso fue una revelación. Actualmente par­ticipa en muchas actividades diferentes y cada experiencia le ayuda a descubrir nuevas aficiones y aversiones, nuevas am­biciones y nuevos miedos. Para ella ésa es la progresión na­tural de la vida consciente. Cuando recuerda cómo era «an­tes de que le entrara la luz», le maravilla que lograse pasar un día sin pensar en las cosas que daban sentido a su vida. «La vida inconsciente es justo eso: inconsciente. Uno ni siquie­ra se da cuenta de que no se da cuenta de algo. Simplemente piensa en las cosas básicas de !a vida: alimento, ropa, dinero. Jamás se le ocurre preguntarse con qué finalidad fue creada. Y entonces, cuando se hace la pregunta, no puede dejar de repetirla una y otra vez. Eso siempre lleva a otra verdad.»

La conciencia y su conexión con la curación

Durante las cuatro últimas décadas se ha escrito mucho sobre el papel de la mente en la salud. Nuestras actitudes tie­nen un papel importantísimo en la creación y la destrucción de la salud corporal. La depresión, por ejemplo, no sólo afec­ta a la capacidad para sanar, sino que deteriora directamente el sistema inmunitario. El enfado, la amargura, la rabia y el resentimiento obstaculizan el proceso de curación, cuando no lo impiden totalmente. La voluntad de sanar tiene un enorme poder, y sin ese poder interior una enfermedad sue­le salirse con la suya. Gracias a esta nueva forma de enten­der, el poder de la conciencia está recibiendo un lugar oficial en el modelo médico de la salud y la enfermedad.

Es sorprendente cuántas personas reconocen que la ex­periencia de una enfermedad las motivó a dirigir su atención hacia el interior y a examinar atentamente sus actitudes y es­tilo de vida. Todas describen esencialmente el mismo proce­so de recuperación: el viaje desde la mente personal hacia la mente impersonal.

Al principio, al enterarse del diagnóstico, el miedo les in­vade la mente. Pero, como dice la mayoría, una vez que se enfrentan consigo mismas, comprenden que ya presentían que algo iba mal, aunque descartaban ese presentimiento por miedo. Eso es importante, porque nuestra orientación in­tuitiva nos avisa cuando hay una fuga de poder en el cuerpo. Cuando el miedo va disminuyendo poco a poco, se vuelven hacia dentro para revisar el contenido de su mente y su in­formación emocional. Así es como estas personas comien­zan el proceso de adquirir una coherencia mental y emocio­nal, o de tomar conciencia de la distancia que existe entre lo que piensan y lo que sienten. La curación exige la unión de la mente y eí corazón, y por lo general es la mente la que de­be ajustarse a los sentimientos, que con mucha frecuencia no hemos respetado en nuestras decisiones cotidianas.

Así, las personas exponen las medidas que han lomado para reorganizar su vida, dando voz creadora a sus senti­mientos en sus actividades diarias.

La historia de Sylvia ilustra este viaje a la conciencia de corazón y mente. Le diagnosticaron cáncer de mama y le ex­tirparon los dos pechos. El cáncer se le había extendido tam­bién a algunos ganglios linfáticos. Habría sido natural que pensara constantemente en el cáncer, pero ella se separó de la idea del cáncer y se concentró en el estrés que había con­taminado su energía. Revisó sus miedos y el dominio que ejercían en su psique, y reconoció que le aterraba estar sola. El cáncer se le había desarrollado poco después de divor­ciarse. Habría sido natural que se centrara en su sentimien­to de soledad y en su amargura por el divorcio, pero se com­prometió a encontrar algo de valor cada día de su vida. Resolvió no pensar en el ayer, sino apreciar todas las cosas buenas que le habían ocurrido y dejar que se marcharan las experiencias dolorosas, entre ellas el divorcio. Con frecuen­cia sentía tristeza por su situación, pero, en lugar de vivir en esa tristeza, lloraba y después pasaba a otra cosa. Luego co­menzó a ayudar a otras personas a recuperarse del cáncer, lo cual dio a su vida un nuevo sentido y finalidad. Desde la pers­pectiva simbólica, se convirtió en «ordenada», es decir, que el poder que transmitía a otras personas le era devuelto me­diante el reconocimiento y la gratitud de aquellos a quienes ayudaba. Jamás había experimentado ese grado de valía per­sonal. A los seis meses su organismo estaba libre de cáncer.

Un aspecto de tomar conciencia es vivir en el momento presente y apreciar cada día. Sylvia fue capaz de separarse de su pasado y crearse una nueva vida que tenía sentido y fina­lidad: ésta es la definición de hacerse impersonal respecto a una crisis de la vida personal. Aunque había enfermado de cáncer, se apoyó en la verdad de que un espíritu poderoso es capaz de sanar un cuerpo enfermo, de que la mente imper­sonal ejerce autoridad sobre la experiencia personal. Una y otra vez he sido testigo de que la curación es cuestión de to­mar conciencia, no de la enfermedad, sino de la fuerza vital que antes nunca se ha abrazado.

La conciencia y la muerte

¿Significa esto que las personas que no se curan no han conseguido ampliar su conciencia? No, en absoluto. Pero la idea de que han fracasado se ha convenido en un aspecto muy polémico del pensamiento holístico. Un mecanismo mental insiste en considerar todas las situaciones como sí fueran buenas o malas, victorias o derrotas. Cuando el cuer­po de una persona no sana de una enfermedad, es posible que se llegue a la conclusión errónea de que esa persona simple­mente no se esforzó lo suficiente.

Morir no significa no haber sanado. La muerte es una parte inevitable de la vida. La realidad es que muchas perso­nas sí se curan de sus tormentos emocionales y psíquicos, y por lo tanto mueren «sanadas»,

La historia de Jackson ilustra lo que significa morir cons­cientemente. Jackson vino a verme para que le hiciera una lectura porque tenía un tumor maligno en el cerebro. El do­lor era constante e intenso. Viviera o muriera, deseaba hacer todo lo posible para convertirse en un ser completo, sano. Hablamos de todos los asuntos inconclusos que logramos identificar en su vida, desde relaciones que necesitaban un cierre hasta los temores a los que necesitaba enfrentarse. In­cluso pensó en notas de agradecimiento que debería haber enviado. Su atención estaba concentrada en completarse, pe­ro con el siguiente énfasis: no iba a completar su vida, sino un asunto inconcluso con su grado de conciencia. Se pre­guntaba continuamente: «¿Qué se supone que he de apren­der de esta vida?» Cada vez que se le ocurría una intuición o una respuesta, ponía manos a la obra. Advirtió, por ejemplo,

que jamás le había explicado a su ex esposa por qué quiso di­vorciarse de ella. Simplemente, un día le dijo que estaba har­to de estar casado y que deseaba liberarse de ese compromi­so. Sabía que ella se había quedado aniquilada y confusa, y aunque le pidió una explicación, él se negó deliberadamen­te a darle ninguna. Comprendió que ese comportamiento era un hábito, porque su ex esposa sólo era una de las varias per­sonas a las que había herido de esa manera, aunque se trata­ba de la víctima más afectada. Reconoció que en su momento había disfrutado de la sensación de poder que experimentaba cuando veía la confusión que generaba al abandonar a per­sonas o situaciones. Su capacidad para crear caos lo hacía sen­tirse importante. Pero en estos momentos deseaba crear cla­ridad. Escribió a todas las personas a las que consideraba víctimas de sus actos, explicándoles su comportamiento y pidiéndoles perdón. Una y otra vez, examinó su lado oscuro y dio todos los pasos necesarios para sacar a la luz su oscu­ridad. De todos modos iba a morir, pero me dijo que todo estaba bien porque creía que había completado las lecciones de su vida.

El objetivo de tomar conciencia no es burlar a la muerte ni hacerse inmune a la enfermedad, sino ser capaz de afron­tar todos y cada uno de los cambios de la vida y el cuerpo sin miedo, tratando solamente de asimilar el mensaje de la ver­dad contenido en ellos. Considerar la ampliación de la con­ciencia —por ejemplo, mediante la meditación— como un seguro contra la enfermedad física es interpretar mal su fi­nalidad. El objetivo de tomar conciencia no es dominar lo físico, sino dominar el espíritu. El mundo y el cuerpo físicos nos sirven de maestros en el camino.

De acuerdo con esta percepción, sanar el miedo a la muerte y a morir es un aspecto de la serenidad que el espíri­tu humano es capaz de lograr a través del viaje hacia la toma de conciencia. Cuando una persona que ha conseguido am­pliar la conciencia atravesando el puente entre este mundo y el siguiente habla de su consuelo al saber que la vida conti­núa, se disuelven inmediatamente algunos de nuestros mie­dos. Yo tuve esa oportunidad cuando conocí a Scott y He­len Nearing. Relato su historia porque ellos contribuyeron a mí conocimiento sobre la naturaleza de la conciencia hu­mana y sobre el poder para sanar las percepciones que obs­taculizan nuestra capacidad para vivir en la verdad.

Scott y Helen Nearing

Scott y Helen Nearing son conocidos por sus aporta­ciones al movimiento medioambiental y por promover un estilo de vida autosuficiente. En su juventud fueron consi­derados rebeldes por su modo de vivir «de vuelta a la tierra», cosa inaudita en los años treinta, cuando formaron equipo. Construyeron su casa a mano y vivían de las frutas y verdu­ras que cultivaban ellos mismos. Durante más de setenta años vivieron en armonía con la tierra, y Helen continuó ese es­tilo de vida hasta hace muy poco; murió en 1995 a los no­venta y un años. Ambos generaron un torrente de artículos y charlas destinados a lograr que las personas respetaran el medio ambiente y vivieran de forma autosuficiente; entre sus libros figura Limng tbe Good Life, en el que explican los be­neficios de un estilo de vida que exprese un constante apre­cio de la abundancia de la naturaleza. Sus ideales y concien­cia de que existe un ciclo superior de causa y efecto divinos continúan estimulando a innumerables personas en la actua­lidad. Scott murió a comienzos de la década de los ochenta, a los cien años. Tuve el privilegio de conocer a Helen cuan­do asistió a uno de mis seminarios, y me contó la decisión de morir que había tomado su marido. Hizo la elección cons­cientemente cuando se dio cuenta de que ya no era capaz de vivir de una manera que apoyara su crecimiento espiritual.

«Un día, Scott entró en casa con leña para el hogar; la dejó en el suelo y me anunció que le había llegado la hora de morir. Me dijo que lo sabía porque ya no era capaz de llevar a cabo sus tareas y cumplir con sus responsabilidades. Me dijo que había "sabido" muy dentro de sí mismo que era su hora de morir. Añadió que daría la bienvenida a la muerte no comiendo. Durante tres semanas estuve a su lado mientras él permanecía en la cama, sin comer. No le ofrecí comida ni traté de hacerle cambiar de opinión, porque comprendí la profundidad con que había hecho su elección.»

Scott Nearing murió a las tres semanas de haber decidi­do morir debido a su incapacidad para llevar una vida auto-suficiente, que era el tema de su vida de un siglo. «Yo quie­ro hacer lo mismo —comentó Helen— cuando me sienta incapaz de cuidar de mí misma. Morir no es algo que haya que temer. Simplemente, mío acoge el momento de mar­charse y coopera con él no comiendo. Lo único que haces es abandonar el cuerpo. No es tan terrible.»

Scott y Helen lograron un grado de conciencia y elec­ción personal que tal vez sea controvertido, pero es que toda su vida fue controvertida. El modo en que eligieron mo­rir desafía las profundas creencias tribales sobre entrome­terse en el proceso de la muerte, y también la creencia reli­giosa de que la hora de morir sólo está en manos de Dios. Esto podría muy bien ser cierto, pero, si somos capaces de reconocer que nos ha llegado la hora, ¿no somos libres para colaborar con ese conocimiento? Tal vez Scott, debido a sus esfuerzos por vivir casi impersonalmente, de acuerdo con ideales que sólo contenían verdad, había conquistado la ben­dición de que se le comunicara «interiormente» que le había llegado la hora. En lugar de desintegrarse a causa de una en­fermedad, colaboró con su intuición y se marchó de esta vi­da totalmente consciente hasta el último momento. ¿No es eso tomar conciencia? Morir conscientemente es sin duda una de las muchas bendiciones de haber vivido una vida cons­ciente. Mientras escribía estas páginas, en septiembre de 1995, murió Helen. Sufrió un ataque al corazón mientras conducía. Me había dicho que dejaría esta vida cuando hubiera termi­nado su siguiente libro. Cumplió su palabra.

Tememos tanto a la muerte que probablemente en nues­tra mente tribal ésta se halle dominada por la superstición. Scott y Helen deberían ser recordados por aumentar nues­tro conocimiento sobre la autosuficiencia, pero también por haber sido dos personas que tenían una fe total en la conti­nuación de la vida más allá de nuestra forma física.

 

 

Sogyal Rimpoché

Sogyal Rimpoché es un profesor famoso y el autor de El libro tibetano cíe la vida y de la muerte. Se ha ganado internacionalmente el apodo de «el Rimpoché risueño» porque su personalidad irradia sentido del humor.

Lo conocí en 1984 en su casa de París. Jamás había esta­do con é!, pero había leído muchísimo acerca de los maes­tros tibetanos y tenía muchos deseos de comprobar si todo lo que había leído era válido, por ejemplo, que muchos ma­estros tibetanos han trascendido las leyes normales del tiem­po y el espacio, y que algunos son capaces de levitar y de co­rrer a velocidades de hasta más de sesenta kilómetros por hora. También había leído que siempre que a un maestro tibetano se le pregunta sobre su «poder», él invariablemente "desvía» el interés por su persona hablando de algún otro maestro evolucionado.

Cuando iba de camino hacia la residencia de Sogyal, me pregunté qué comeríamos. Como no tenía ni la menor idea sobre las costumbres sociales tibetanas, me planteaba todo tipo de cosas ridículas, por ejemplo, si tendría que meditar durante horas antes de comer. Resultó que Sogyal encargó comida china, y nos la comimos directamente de los enva­ses, sentados en el suelo de su oficina.

Cuando me pareció que el ambiente era apropiado para hablar de cosas más serias, le pregunté:

— ¿Es verdad que puede levitar?

Él se echó a reír, histéricamente podría añadir, y después contestó:

—Ah, no, yo no, pero mi maestro sí podía.

— ¿Es verdad que gracias a sus prácticas meditativas es capaz de correr a velocidades no normales?

Esta pregunta le provocó otro ataque de risa y volvió a contestar:

—Ah, no, yo no, pero mi maestro sí.

Sus respuestas me confirmaron lo que había leído: que al ser entrevistado, un maestro tibetano desvía la atención que suscita su poder hacia el de otra persona. Entonces se me ocurrió que a lo mejor él me leía la mente y sabía exactamente lo que había leído y de dónde provenían mis preguntas. Fi­nalmente le dije:

—No tengo más preguntas. ¿Hay algo que quiera decir­me?

—Me gustaría contarle cómo murió mi maestro. Con­vocó a sus astrólogos y les dijo que le hicieran la carta astral, determinando el momento idóneo para que él retirara su espíritu de las energías de la tierra. Su espíritu era podero­sísimo y quería marcharse sin causar ningún tipo de con­secuencias energéticas. Es posible que usted no sepa estas cosas, pero cuando un espíritu cualquiera se va de la tierra influye en todo el campo energético. Y cuando se va un es­píritu muy poderoso, la influencia sobre la tierra es aún más fuerte.

«Así pues, sus astrólogos determinaron el día y la hora idóneos para su muerte física. Entonces él les dijo a sus alum­nos que ese día y a esa hora se marcharía. Y eso fue exacta­mente lo que hizo. Ese día meditó con sus alumnos, los ben­dijo, y después cerró los ojos y liberó a su espíritu de su cuerpo.

Le pregunté si su maestro había elegido morir porque es­taba enfermo.

La pregunta le produjo nuevamente un ataque de risa ca­si incontrolable.

— ¿Enfermo? ¿Y qué tiene que ver la enfermedad con eso? Al igual que nacemos en el momento idóneo para que nuestra energía entre en la tierra, también hay un momento idóneo para dejar la tierra. Mi maestro no estaba enfermo. Estaba completo. No tenemos por qué morir con dolor y en­fermedad. La mente consciente es capaz de liberar el espíri­tu del cuerpo sin tener que soportar el dolor del deterioro fí­sico. Esta elección la podemos hacer todos.

Sogyal definió el estado de dominio espiritual como la consecución de un grado de conciencia que «no conoce con­flictos con lo Divino», de modo que las elecciones de la per­sona son las mismas que las elecciones divinas. Su maestro, dijo, vivió en un estado de conciencia en el que ya no existía el dilema de la elección, es decir de creer que una elección es mejor que otra. Todas las elecciones eran las correctas, según explicó Sogyal, en el estado de perfección que había alcan­zado su maestro. Dijo que su maestro fue un ejemplo de mente iluminada, en su vida y en su muerte.

 

Desarrollo de la mente impersonal y la visión simbólica

Los Nearing y Sogyal Rimpoché han aprovechado el po­der de la mente impersonal. Pero explicar la conciencia so­bre el papel tiene sus limitaciones, debido a las cualidades inefables de la espiritualidad. Como dice el koan* zen: «Si se puede decir qué es, no es eso.»

Recuerdo claramente a la profesora que me introdujo en el pensamiento budista e hindú. Para el examen final, nos lle­vó a los cinco alumnos a pasar un fin de semana en un lugar de retiro y nos explicó las reglas: estaba prohibido hablar, y usar o mirar cualquier tipo de reloj. Durante la noche des­pertaba a un alumno, éste adoptaba una postura yóguica, y entonces ella le hacía preguntas: ¿Cómo habla un cristiano de la naturaleza de Dios? ¿Cómo habla un budista de la na­turaleza de la realidad? ¿Cuál es la verdad de la vida eterna? ¿Cuál es la finalidad de esta vida? Las preguntas eran pro­fundas e incisivas. Lo que evaluaba no era la calidad de las respuestas, sino nuestra adhesión a cualquier escuela de pen­samiento en particular. Si notaba que estábamos adheridos a una forma de verdad más que a otra, no habíamos aprendi­do la lección de su clase: toda verdad es la misma en el plano de la verdad propiamente dicha. Que la verdad se «acultura» es una ilusión. En su opinión, esto es la esencia de lo que significa tomar conciencia: buscar la verdad separada de su forma social o cultural. Cuando miro hacia atrás y pienso en su influencia en mí, creo que ella sentó las bases de mi capa­cidad para la visión simbólica.

¿Cómo podemos trabajar con la mente para agudizar nuestro sistema mental perceptivo y adquirir la habilidad de penetrarlas ilusiones? Como ocurre con todos los objetivos, es necesaria cierta disciplina para hacer un progreso apreciable. El caso siguiente representa la manera equivocada de emprender la tarea de tomar conciencia.

Oliver era un hombre de negocios muy próspero, pero había llegado a un momento de su vida en que deseaba ha­cer algo que tuviera más sentido. Trató de trabajar en diver­sos proyectos que representaban actividades sociales muy útiles, pero ninguno le pareció adecuado para él. Oró pi­diendo orientación respecto a qué hacer con su vida. Final­mente concertó una entrevista con un maestro espiritual de fama internacional. La visita fue de diez minutos, durante los cuales el maestro le dijo que su tarea consistía en «esperar y disponerse». Así pues, «esperó»; esperó en París, en Roma, en Oriente. Esperó en hoteles de primera categoría y be­biendo capuchinos en la Rivíera. Finalmente llegó a la con­clusión de que «esperar* era inútil. Volvió a revisar los pro­yectos y firmó cheques para respaldarlos. Pero su corazón continuó vacío. En mi opinión, el maestro espiritual le dio la única instrucción que no podía seguir comprando algo. Si hubiera sido capaz de «esperar» en el sentido espiritual, en­trar en su «interior» y aceptar los pasos que se le pedía dar, por humildes que fueran, habría comenzado a recibir su res­puesta.

En muchos sentidos, el desafío espiritual de «esperar» para transformarse en una persona diferente aporta más al mundo que financiar un nuevo hospital. Esto puede resultar difícil de entender. No estamos acostumbrados a valorar lo que no podemos ver, y no podemos ver el poder que emite una psique sana. Así, aquellas personas cuyo trabajo es «es­perar para hacerse» suelen considerarse inútiles.

Pero «esperar para hacerse» es el sentido simbólico de ser «llamado a ordenarse», es decir, permitir que lo Divino despierte esa parte del espíritu que contiene la esencia de lo que la persona es capaz de aportar a los demás y a sí misma. La mujer que después sería conocida con el nombre Peace Pilgrim (Peregrina de la Paz) representa este proceso espiri­tual de permitir que lo Divino abra una puerta.

Peace Pilgrim, que fue el único nombre que usó esta mu­jer durante los veinticinco últimos años de su vida, llevó una vida humilde y profundamente espiritual, durante la cual oró pidiendo que se le mostrara un camino de servicio. A los cin­cuenta y dos años escuchó a su guía interior, que le ordenó que caminara continuamente por el país en favor de la paz. Ésas fueron las instrucciones de su «ordenación». Así pues, sin llevar nada más que lo puesto, comenzó a caminar, y «ca­minaba hasta encontrar un lugar donde le dieran un sitio pa­ra descansar y comía lo que le ofrecieran». Su vida se convirtió en una afirmación del poder de confiar totalmente en que Dios proveerá nuestras necesidades.

Durante sus veinticinco años de peregrinaje, Peace Pilgrim influyó en la vida de centenares de miles de personas, a las que su increíble compenetración con la intervención di­vina producía un respeto reverencial. La oí contar dos his­torias que me conmovieron profundamente. Una vez iba por un camino rural y la temperatura bajó muy rápidamente. No iba preparada para ese repentino cambio ni estaba cerca de ningún lugar donde pudiera encontrar refugio, y hacía un frío intenso. Entonces oyó una voz que le decía: * Métete de­bajo del siguiente puente.» Siguió el consejo y bajo el puen­te encontró una caja lo bastante grande para meterse dentro. Dentro de la caja había una almohada y una manta. Cuando me contó esta historia, dio por sentado que yo entendería que esas cosas habían sido colocadas allí por Dios.

Comentó que durante su vida había pasado por ciclos de aprendizaje sobre el conflicto. Primero tuvo que experimen­tar conflictos externos y después internos. Cuando finalmente entregó su vida a Dios, fue bendecida con el don de aprender sin conflictos. Peace Pilgrim llegó a ser una fuente de sabidu­ría infinita, que es la esencia de la sefirá de Jojmá, y de enten­dimiento y razonamiento divinos, que es la esencia de Bina. Se convirtió en la personificación del espíritu ordenado y en una experta en visión simbólica. Vivía en total armonía y con­fianza con So Divino.

Sus instrucciones a los demás, de conformidad con la naturaleza de la verdad, eran muy sencillas: «No como ali­mentos basura ni pienso pensamientos basura», lo que sig­nifica que hay que respetar el cuerpo, la mente, y el espí­ritu.

Desarrollar la mente impersonal es tarea de toda la vida, en parte porque es un desafío muy importante y en parte porque nos lleva a las profundidades de nuestras ilusiones y miedos. Tenemos que reconstruirnos de dentro hacia fuera, proceso que siempre produce numerosos cambios en nues­tra vida. Aún no he conocido a la persona que al seguir un camino de despertar consciente no haya tenido que pasar por un período de «espera», durante el cual su interior se re­construye. Y como ocurre en todos los asuntos del espíritu, una vez que se inicia el camino no hay vuelta atrás.

Las siguientes instrucciones ofrecen un punto de parti­da para desarrollar la mente impersonal y lograr la visión simbólica, es decir, la capacidad para penetrar las ilusiones y comprender el poder energético que actúa entre bastidores. Preparé estas instrucciones teniendo presente las sefirot que se corresponden con el sexto chakra, Jojmá y Bina. Seguir estos pasos podría servirle para lograr la visión simbólica y aumentar su capacidad para llegar a la dimensión del razo­namiento divino.

  • Adopte una práctica de introspección y esfuércese en to­mar conciencia de lo que cree y por qué.
  • Mantenga la mente abierta y aprenda a percatarse de cuán­do se le está «cerrando».
  • Interprete la actitud defensiva como un intento de impe­dir la entrada de intuiciones nuevas en su campo mental.
  • Reconozca que todas las situaciones y relaciones tienen importancia simbólica, aunque no logre entender inme­diatamente cuál es.
  • Ábrase para recibir orientación e intuiciones a través de los sueños.
  • Trabaje para liberarse de cualquier pensamiento que fo­mente la autocompasión o la rabia, o que culpe a otra per­sona de cualquier cosa que le haya ocurrido.
  • Practique la objetividad. Tome decisiones basándose en las mejores evaluaciones que pueda hacer en el momento inmediato, en lugar de esforzarse en conseguir un resulta­do concreto.
  • Absténgase de emitir cualquier juicio, no sólo aquellos dirígidos en contra de personas y situaciones, sino también los que atañen al alcance o la importancia de las tareas. Re­cuérdese constantemente la verdad superior de que no es posible ver todas las realidades y detalles de ninguna si­tuación, ni visualizar las consecuencias a largo plazo de sus actos.

Aprenda a reconocer cuándo está influido por un miedo. Inmediatamente, distánciese de ese temor observando su influencia en su mente y emociones; después, tome deci­siones que debiliten la influencia de ese miedo. Sepárese de todos los valores que apoyen la creencia de que una vida próspera significa lograr determinados ob­jetivos. Considere la vida próspera como un proceso de lograr el autodominio y la capacidad de aprovechar los de­safíos que le presenta la vida. Visualice el éxito como una fuerza energética, no una fuerza física. Actúe siguiendo su guía interior, y renuncie a la necesidad de «pruebas» de que su guía interior es auténtica. Cuantas más pruebas pida, menos probable es que reciba alguna. Centre toda su atención en el momento presente; abstén­gase de vivir en el pasado o de preocuparse por el futuro. Aprenda a confiar mucho más en lo que no puede ver que en lo que puede ver.

Tomar conciencia

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Tomar conciencia no es nada fácil. Mi vida era mucho más sencilla antes de conocer el sentido más profundo de la elección, del poder de elección que acompaña al hecho de responsabilizarse. Entregar el poder a una fuente externa puede parecer mucho más fácil, al menos por el momento. Pero cuando se sabe, uno no puede continuar engañándose por mucho tiempo.

Mi corazón se conmueve ante las personas que trabajan arduamente para liberarse de sus actitudes negativas y re­cuerdos dolorosos. «Dime cómo y lo haré», me dicen. Siem­pre estamos buscando la meditación fácil, el ejercicio fácil que nos saque de la niebla u oscuridad, pero la conciencia no funciona así. Lo irónico es que hay un camino sencillo, pe­ro no es fácil: desprenderse. Desprenderse de lo que se cree que debe ser la vida y adherirse a la vida que trata de abrirse paso hacia la conciencia.

Muchísimas personas que luchan por encontrar su cami­no están en ese estado necesario pero desconcertante de es­pera. Algunas de ellas están deseosas de permitir que la vo­luntad divina gobierne su vida, pero continúan atormentadas por el miedo a perder toda la comodidad en el plano físico si realmente se entregan. Así, están suspendidas en una posición de espera hasta que tienen la fuerza suficiente para despren­derse de ese miedo y adherirse a la verdad más profunda de que «todo irá bien», tal vez no «bien» según nuestra defini­ción, pero ciertamente sí según la definición de Dios.

Toby me pidió que le hiciera una lectura porque sufría de una grave depresión, de artritis y de impotencia. Cuando le evalué la energía, recibí la impresión de que su salud se ha­bía debilitado desde el momento en que cumplió cincuenta años. En realidad, creía que al cumplir cincuenta años ha­brían acabado los mejores años de su vida. Cuando le expu­se mis impresiones, contestó: «Bueno, es cuestión de mirar alrededor. ¿Ve alguna oportunidad de trabajo para hombres de mi edad? Ahora vivo en el constante temor de que me van a quitar el puesto para dárselo a una persona más joven, y ¿qué haré entonces?»

Le sugerí que comenzara un programa de ejercicios físi­cos, concentrándose en fortalecer su cuerpo físico. Necesi­taba hacer algo para sentir que le volvía el poder al cuerpo y, por extensión, a su vida. Ante mi sorpresa, aceptó la suge­rencia. Llevaba un tiempo postergando el momento de ir a un gimnasio, pero accedió a hacerlo.

Después le dije que leyera algunos libros budistas sobre las ilusiones y que empezara a considerar la edad y el tiem­po como ilusiones. Esa sugerencia lo detuvo en seco.

— ¿Cómo puede ser una ilusión el tiempo?

—Se puede tornar la decisión de no envejecer según la medida corriente del tiempo —le contesté—. Se puede deci­dir tirar el calendario y dar lo mejor de sí a cada día.

Se echó a reír.

—Me encantaría pensar que eso funciona.

—Entonces, inténtelo. Siempre puede volver a ser un an­ciano. La posibilidad está siempre ahí. Pero intente lo otro primero. —Luego, debido al tono animado que noté en su voz le pregunté—: ¿Se da cuenta de que en estos momentos no ha estado deprimido?

Él permaneció callado unos instantes.

—Tiene razón. No he notado para nada mi depresión.

— ¿Ha sentido algún dolor artrítico en estos momentos?

—Tendría que decir que no, no en estos momentos. Pe­ro, claro, estos dolores van y vienen.

—Pero en estos momentos, mientras piensa en la posi­bilidad de sentirse libre y bien nuevamente, no está depri­mido ni siente dolor, ¿verdad?

—Sí, es verdad.

—Entonces, supongamos que cuantas más opciones mentales positivas se dé y más medidas positivas tome, me­jor se sentirá, y recuperará su poder y también su energía se­xual.

—De acuerdo, pero ¿y si no puedo mantener esa pers­pectiva positiva? Entonces me volverá todo, ¿verdad?

—Sí.

—Lo que quiere decir es que yo estoy al mando de mis estados de ánimo y de mi artritis, y que la depresión aumen­ta el dolor. O sea, que yo estoy al mando de todo esto.

—Pues, así parece.

—Usted debería haber sido abogada —comentó—. Me ha dado muchísimo en que pensar. Intentaré hacerlo lo me­jor posible —añadió.

Cuatro meses después recibí una postal de Toby. Él y su esposa estaban haciendo un crucero. La postal decía: «Lo es­tarnos pasando estupendamente, de día y también de noche.»

No es frecuente que una sola conversación pueda cam­biar por completo la vida de una persona. Pero Toby estuvo dispuesto a revisar sus actitudes y a reconocer que estaba eli­giendo vivir en la negatividad.

Cuando una persona se adhiere con tanta disposición a la energía de la sabiduría, no puedo dejar de imaginar que las fuerzas espirituales contenidas en nuestros campos energé­ticos, como Jojmá, la sefirá de la sabiduría, están esperando la oportunidad de penetrar en nuestra conciencia.

Carrie, de treinta y cuatro años, me llamó por teléfono y se presentó diciendo:

—Me pasa algo.

—Vale, ¿qué?

—No soy capaz de hacer mi trabajo. No soy capaz de pensar. No soy capaz de hacer nada.

Le exploré la energía y al instante vi que, expresado en lenguaje simbólico, su mente no estaba «dentro de su cuer­po. Las imágenes que la llenaban no tenían nada que ver con su vida actual; estaban inmersas en una vida espiritual sola en alguna región remota del país.

— ¿Qué lee? —le pregunté.

Ella me enumeró una lista de libros, todos relacionados con la espiritualidad. Después me dijo:

—Vivo pensando que mi lugar está en Nuevo México. Fui hace un año para un retiro y tuve la maravillosa sensa­ción de que tenía que trasladarme a vivir allí. No conozco a nadie en Nuevo México, pero no puedo quitarme la idea de la cabeza.

Hablamos de la intensidad de esos sentimientos y le expliqué, utilizando el sentido simbólico del sacramento del orden sacerdotal, que a veces las personas son llamadas a lu­gares, y que seguir ese sentimiento podría ser una decisión juiciosa.

Ella se echó a llorar, diciendo que la aterraba marcharse y la aterraba quedarse.

—Tengo la impresión de que mi vida está allí y de que lo único que necesito es marcharme, pero no tengo ni idea de qué me espera allí.

Le pregunté qué la había motivado a ir a ese retiro. Me contestó que se había sentido inspirada por la biografía de una mujer que le dijo a Dios: «Simplemente, muéstrame la verdad. No deseo ninguna otra cosa en mi vida,» Al parecer, la mujer llevó una vida extraordinaria después de haber he­cho esa oración.

—No soy misionera —dijo Carne—, pero quiero vivir una vida auténtica. No creo que esté haciendo eso como abo­gada en Detroit. Respeto a las personas con quienes trabajo, y agradezco la oportunidad de ayudar a la gente mediante mi trabajo, pero me siento vacía y ya no puedo soportarlo.

—Yo no soy quién para decirle a nadie dónde debe vivir —le dije—, pero creo que usted necesita seguir esa voz que oye.

Carrie se trasladó a Nuevo México. Abandonó el ejerci­cio de la abogacía y, ante su gran sorpresa, una vez instalada en su nueva casa, se sintió atraída por la profesión de coma­drona, ocupación en la que jamás se le había ocurrido pen­sar cuando estaba en Detroit.

Me escribió varias veces para mantenerme al corriente de sus cosas, y en todas las cartas expresaba la sensación de que le estaba entrando vida en el cuerpo. En una carta decía: «Sien­to que me entra una corriente de energía cada vez que estoy junto a una mujer embarazada. Cuando vivía en Detroit la de­sechaba, atribuyéndola a pura imaginación, pero ahora creo que en este universo existe una especie de fuerza conscien­te que apoya la vida, y que esa fuerza circula por nosotros.»

Desde roí punto de vista, Carne había encontrado su ca­mino como persona ordenada. Siempre me maravillan las per­sonas cuya vida está tan llena de la presencia de la orientación.

El viaje hacia la toma de conciencia suele ser más atrac­tivo en teoría que en la práctica. Buscar la conciencia teóri­camente, en libros y conversaciones, nos permite fantasear con llegar a la tierra prometida sin tener que hacer ningún cambio real en la vida. Incluso la promesa de que esa tierra existe puede producir una fabulosa sensación de realización. Hasta cieno punto, eso es justamente lo que hacen las per­sonas «adictas a los seminarios y talleres»: elevarse en la eu­foria de la conversación, para después volver a su casa y a su vida exactamente como las dejaron.

Una vez, el escritor británico Graham Greene esperó dos años y medio para celebrar una entrevista de quince minu­tos con el padre Pío, un místico católico que residía en un monasterio italiano. El padre Pío tenía reputación de ser un «santo viviente» por varias razones, entre ellas llevar los «estigmas», es decir, las «heridas de Cristo», que se le impri­mieron en el cuerpo cuando era un joven sacerdote. El día establecido, Greene asistió primero a la misa que celebró el místico. La entrevista iba a comenzar después de la misa, pe­ro Greene salió de la iglesia, se dirigió al aeropuerto y cogió el avión de regreso a Londres. Cuando le preguntaron por qué no se había presentado para celebrar la entrevista, con­testó: «No estaba preparado para afrontar la manera en que ese hombre podía cambiar mí vida.»

Finalmente, sin embargo, la mente se nos sobrecarga de información y llega el día en que ya no podemos estar a la vez en dos planos diferentes de percepción. Por mucho que lo intentemos, no podemos estar eternamente «visitando» la verdad para luego volver a la ilusión. En algún momento del proceso, el propio cambio nos empuja a avanzar.

Hace unos años conocí a un hombre llamado Dan, que asistió a un seminario sobre la conciencia y las prácticas em­presariales. Según cuenta, se sintió muy estimulado por la presentación, que se centró en la aplicación de los principios de la salud holística a los negocios, como por ejemplo, tener una actitud positiva y combinar las fuerzas de la mente y el corazón. Durante varías semanas después del seminario, hi­zo partícipes a sus compañeros de trabajo de los conoci­mientos que había recibido. Creía que su entusiasmo sería contagioso y que todos se sentirían estimulados a aportar más conciencia personal a sus trabajos.

La primera oportunidad para poner a prueba oficial­mente su nuevo optimismo se presentó cuando la empresa decidió llevar a cabo un nuevo proyecto. Les dijo a sus com­pañeros que «visualizaran» éxito y abundancia. Incluso los reunió el primer día del nuevo proyecto para meditar jun­tos. Su jefe lo convocó para decirle que le agradecería que mantuviera alejada de la empresa su recién descubierta «ma­gia».

Resultó que el proyecto no tuvo éxito, y entonces Dan y sus nuevas ideas fueron objeto de implacables críticas, tan­to que se marchó de la empresa. Durante varios meses estu­vo sumido en una confusión y desesperación crecientes. Un buen día, se encontró con una ex compañera de trabajo y és­ta le dijo que, mientras él bullía de nuevas ideas, algunos em­pleados habían manifestado su preocupación de que hubie­ra entrado en una secta.

Durante esa conversación, Dan cayó en la cuenta de que había cometido un error de juicio. Simplemente porque él es­taba dispuesto a vivir de acuerdo con un conjunto de reglas interiores, había supuesto que todos los demás estarían tam­bién dispuestos. Pues no lo estaban. Había deseado que su am­biente se convirtiera inmediatamente en un ejemplo vivo de los conceptos aprendidos en el seminario, en gran parte por­que sabía que le resultaría difícil continuar trabajando allí con unas normas interiores tan diferentes a las normas externas de la empresa. Finalmente aceptó que no podía haber recibido un regalo mejor que la motivación para abandonar su situación, para poder encontrar un ambiente de trabajo más apropiado. Poco después se puso en marcha en pos de su nueva vida.

Tomar conciencia significa cambiar las reglas según las cuales vivimos y las creencias que conservamos. Nuestros re­cuerdos y actitudes son literalmente las reglas que determinan la calidad de la vida y 1a fuerza de los lazos con los demás. Un cambio de conciencia siempre incluye un período de aisla­miento y soledad, en el cual nos acostumbramos al nuevo gra­do de verdad. Y después, siempre encontramos nuevos com­pañeros. Nadie se queda solo durante mucho tiempo.

La expansión al dominio de la conciencia siempre utili­za las energías de las sefirot de Jojmá y Bina, combinadas con el deseo innato de encontrar el camino ordenado, camino de servicio que nos permite aportar la mayor capacidad de la mente, el cuerpo y el espíritu.

 

Preguntas para auto examinarse

  1. ¿Qué creencias lo impulsan a interpretar de modo ne­gativo los actos de los demás?
  2. ¿Qué comportamientos negativos surgen continua­mente en sus relaciones con los demás?
  3. ¿Qué actitudes suyas le quitan poder?
  4. ¿Qué creencias que sabe que no son ciertas sigue acep­tando?
  5. ¿Tiene tendencia a criticar? Si es así, ¿qué situaciones o relaciones tienden a hacer aflorar esa tendencia?
  6. ¿Busca disculpas por comportarse de modo negativo?
  7. ¿Recuerda ocasiones en las que se vio enfrentado a un grado de verdad más profundo del que estaba acostum­brado a oír y encontró intimidante la experiencia?
  8. ¿Cuáles de sus actitudes y creencias le gustaría cambiar? ¿Está dispuesto a comprometerse a hacer esos cambios?
  9. ¿Se siente a gusto pensando en su vida desde una pers­pectiva impersonal?

10. ¿Le asustan los cambios que podrían producirse en su vida si abrazara sinceramente un estilo de vida cons­ciente?

7

Séptimo chakra:

El conector espiritual

El séptimo chakra es el que nos conecta con nuestra naturaleza espiritual y la capacidad para incorporar la espiritualidad a nuestra vida y permitirle que nos guíe. SÍ bien todo el sistema energético está animado por el espíritu, el séptimo chakra está directamente orientado a la búsqueda de una relación íntima con lo Divino. Es el chakra de la oración. Es también nuestra "cuenta corriente de gracia", el banco donde depositamos la energía que amasamos mediante pensamientos y actos de bondad, y mediante actos de fe y de oración. Nos capacita para adquirir una intensa conciencia interior mediante la meditación y la oración. El séptimo chakra representa nuestra conexión con la dimensión trascendental de la vida.

Ubicación: Coronilla.

Conexión energética con el cuerpo físico: El séptimo chakra es el punto de entrada de la fuerza vital humana, que se derrama sin cesar en el sistema energético humano, proveniente del macro-universo, de Dios o del Tao. Esta fuerza nutre el cuerpo, la mente y el espíritu. Se distribuye por todo el cuerpo físico y por los seis chakras inferiores, conectando todo lo físico con el séptimo chakra. La energía de este chakra influye en la energía de importantes sistemas corporales: el sistema nervioso central, el sistema muscular y la piel.

Conexión energética con el cuerpo emocional/mental: El séptimo chakra contiene la energía que genera la devoción, los pensamientos inspiradores y profetices, las ideas trascendentes y las conexiones místicas.

Conexión simbólica/perceptiva: El séptimo chakra contiene la forma más pura de la energía de la gracia o prana. Este chakra almacena la energía generada por la oración y la meditación y protege nuestra capacidad para la visión simbólica. Es el centro de energía para el conocimiento, la visión y la intuición espiritual que trasciende la conciencia humana corriente. Es el dominio místico, dimensión de una compenetración consciente con lo Divino.

Miedos principales: Los miedos relacionados con temas espirituales como "la noche oscura del alma"; miedo al abandono espiritual, pérdida de la identidad y pérdida de la conexión con la vida y las personas que nos rodean.

Fuerzas principales: Fe en la presencia de lo Divino y en todo lo que esa fe representa en la propia vida, por ejemplo, guía interior, intuición para sanar y un tipo de confianza que eclipsa los miedos humanos corrientes; devoción.

Conexión sefirot/sacramento: La sefirá conectada con el séptimo chakra es Kéter, que significa "corona". En las tradiciones espirituales orientales este chakra se llama "chakra de la coronilla". Kéter representa la "nada", la energía de la que surge la manifestación física. Se cree que es eterna, que no tiene principio ni fin. El sacramento cristiano relacionado con el séptimo chakra es el de la extremaunción (o último rito), que es el que se administra a los moribundos. En su sentido simbólico, la extremaunción representa el proceso de rescatar el espíritu de los diversos "rincones" de la vida donde todavía hay "asuntos inconclusos", o la liberación de pesares que continúan tirando de la conciencia, por ejemplo, palabras que deberían haberse dicho y no se dijeron, o palabras que se dijeron y no deberían haberse dicho. Entre los asuntos inconclusos también están las relaciones que querríamos que hubieran acabado de otra manera o los caminos que querríamos haber tomado pero no tomamos. En el momento de cerrar nuestra vida llevamos conscientemente esos recuerdos a un punto final, aceptando las elecciones que hicimos y liberándonos de la sensación de que las cosas podrían o deberían haber sido de otra manera. Eso es lo que significa "llamar de vuelta al espíritu" para dejar este mundo y regresar completos a la dimensión espiritual.

Es posible que las últimas palabras de Jesús, cuando estaba en la cruz, iniciaran este sacramento. Jesús dijo a su madre y a su discípulo Juan: "Mujer, he ahí a tu hijo; Juan, he ahí a tu madre." Y dirigiéndose a Dios, dijo: "Perdónalos, porque no saben lo que hacen", y "Todo está acabado, en tus manos encomiendo mi espíritu." Estas palabras representan el cierre consciente de la propia vida y la preparación para volver a una identidad espiritual eterna.

Desde una perspectiva simbólica diferente, la extremaunción representa un rito que debería formar parte regular de la vida humana. En muchos momentos de la vida nos encontramos ante encrucijadas en las que necesitamos dejar "morir" una fase anterior. Cuanto menos nos aferramos al mundo físico, más cerca nos colocamos para acceder conscientemente a la energía de Kéter o chakra de la coronilla, nuestra conexión trascendente con lo Divino.

Verdad sagrada: La energía del séptimo chakra nos mueve a desear una conexión íntima con lo Divino en todo lo que hacemos. Este deseo espiritual de conexión es muy diferente del deseo de conexión con una religión. La religión es ante todo una experiencia de grupo cuya principal finalidad consiste en proteger al grupo, en especial de las amenazas físicas: enfermedad, pobreza, muerte, crisis sociales e incluso la guerra. La religión tiene sus raíces en las energías del primer chakra. La espiritualidad, por su parte, es una experiencia individual orientada a liberarnos de los miedos del mundo físico y buscar una relación con lo Divino. La verdad sagrada de este chakra es Vive en el momento presente.

La búsqueda de una conexión espiritual personal estremece el núcleo mismo de nuestro ser. La oración, consciente o inconsciente, para llegar a conocer directamente lo Divino reza más o menos así: "Ya no deseo estar protegido dentro del grupo ni deseo tener un filtro mediador que me sirva de guía. Ahora quiero que Tú entres directamente en mi vida y elimines de ella todo obstáculo, sea una persona, un lugar o un trabajo, que me impida formar una unión íntima Contigo." Como escribe Meister Eckhart en su libro TheSoalhOnewith God, el fin último del místico es: "Dios es amor, y quien vive en e! amor vive en Dios y Dios en él."

Al buscar !a unión con lo Divino, pedimos que se eliminen de nuestra vida todas las "ilusiones" físicas, psíquicas y emocionales. Una vez que comienza el proceso de eliminación, despierta una voz interior que de inmediato empieza a competir con todas las autoridades externas de nuestra vida, lo que puede sumirnos en un torbellino interior o incluso en una "esquizofrenia espiritual".

Un hombre, asistente social, vino a verme porque había notado la presencia de ángeles a su alrededor. Se sentía abrumado por la sensación de que en realidad no hacía nada para ayudar a las personas pobres y desesperadas con las que se relacionaba en su trabajo. "Una noche llegué a casa, me arrodillé y le dije a Dios: "¿Estás de verdad con estas personas? ¿Escuchas sus plegarías? Están desesperadas, y yo me siento impotente." Al día siguiente estaba hablando con una mujer, tratando de ayudarla a hacer frente a las dificultades de su vida; de pronto vi a un ángel junto a ella. El ángel sonreía. Me quedé atónito. Continué hablando con ella como si no pasara nada raro, pero no pude evitar que me invadiera una ridícula sensación de éxtasis. Le repetí una y otra vez: "De verdad, créame, todo va a ir bien." Entonces ella me dijo: "¿Sabe?, le creo, sinceramente le creo." Después se marchó sonriendo. Ahora veo ángeles en todas partes. Ojalá pudiera decirle a todo el mundo que estamos rodeados por el cielo. Antes de esa experiencia estaba desesperado. Tenía fe, pero al mismo tiempo estaba desesperado. Sé que parece una contradicción, pero no lo es. Simplemente deseaba hacer más, desde el fondo del corazón."

 

Despertar espiritual

Se han escrito muchos libros sobre la naturaleza del viaje espiritual personal, pero uno de los primeros continúa siendo el más conocido: La, noche oscura del alma, escrito en el siglo XVI por san Juan de la Cruz. En esta obra clásica, el autor habla de las fases de separación de la mente tribal o de grupo (las palabras son mías) que son necesarias para formar un vínculo total y consciente con lo Divino. En cada fase se presentan experiencias de exquisita trascendencia mística, así como sentimientos de depresión, locura y extraordinaria soledad desconocidos para la experiencia humana normal.

Dentro de la tradición católica, la obra de san Juan de la Cruz dio permiso a las personas, hasta cierto punto, para separarse de las experiencias religiosas de grupo y buscar el desarrollo espiritual personal. La vida monástica se había convertido en el modo de trascender los parámetros religiosos corrientes de entender a Dios para encontrarse directamente con lo Divino. En los siglos siguientes, cuando los europeos conocieron otras culturas, quedó claro que en todas las culturas la oración intensa y la exploración y disciplina personales conducían a experiencias místicas.

En calidad de dirigentes religiosos oficiales, los monasterios y ashrams "contienen" el poder de lo Divino dentro de muros bien guardados. Las personas que decían tener visiones, oír voces, mantener comunicaciones telepáticas insólitamente intensas y realizar curaciones mediante la oración y el contacto, al mismo tiempo ayunaban hasta llegar a estados de casi inanición, meditaban durante semanas seguidas y caían en depresiones que habrían llevado a! borde del suicidio a los mortales normales. Los observadores, incluso los de dentro del monasterio, mantenían las distancias con algunos de esos místicos por temor a que "el ojo de lo Divino" se fijara en ellos. Era bien sabido que muy pocas personas eran capaces de soportar el "contacto directo" con el cielo.

En los años sesenta, el Concilio Vaticano II marcó un cambio decisivo en el mundo religioso occidental. Esa reunión de la jerarquía católica romana acabó con muchas tradiciones centenarias e inició una nueva libertad espiritual para todas las personas, independientemente de sus antecedentes religiosos. La sola palabra "católico" lleva implícita la idea de universalidad de pensamiento, símbolo particularmente potente sí consideramos que la religión católica romana fue la primitiva iglesia cristiana. Ahora bien, por medio del Concilio Vaticano II esta estructura de poder transmitía un mensaje de liberalismo espiritual universal.

Personas de todo el mundo comenzaron a poner en tela de juicio los límites de sus tradiciones religiosas y a explorar las enseñanzas espirituales de las otras. Las mujeres desearon ordenarse; los cristianos acudieron en tropel a los monasterios budistas y los ashrams hindúes; los budistas y los hindúes buscaron las enseñanzas cristianas; los líderes religiosos de tradiciones orientales y occidentales celebraron reuniones oficiales. Las barreras entre Oriente y Occidente fueron derribadas, no sólo por personas legas rebeldes, sino también por eruditos, como el monje trapense Thomas Merton, que en su obra clásica The East-West Journal expresó la necesidad de una exploración mutua de las verdades del budismo y el cristianismo.

Para las personas de orientación espiritual, esta nueva libertad significó un cambio decisivo en el concepto de la capacidad de "conocer a Dios", que tuvo consecuencias revolucionarias no igualadas desde la rebelión de Martin Lutero. A medida que los "no ordenados" adquirían las habilidades necesarias para interpretar el sentido más profundo de las escrituras, la educación de la gente debilitó el papel de los líderes religiosos ordenados u oficiales. Se desmoronaron simbólicamente los muros de los monasterios, que durante tanto tiempo habían contenido la forma más intensa de "luz divina". En efecto, en los años cincuenta los chinos invadieron el Tíbet, obligando al Dalai Lama a huir de su casa monástica. Si bien este exilio del dirigente espiritual del país ha sido el capítulo más doloroso de la historia tibetana, las enseñanzas del Dalai Lama y de otros maestros dotados han entrado e influido en las comunidades espirituales del mundo. La luz divina fue liberada para entrar en la vida de incontables "místicos sin monasterio", personas laicas que se adhieren a enseñanzas extraordinarias espirituales en la intimidad de su vida.

El paso de religión a espiritualidad no es simplemente una moda cultural. Es una reorganización arquetípica de nuestra comunidad planetaria, que ahora puede entrar en las verdades universales accesibles mediante la visión simbólica. En la visión simbólica interviene un sexto sentido, la intuición, que percibe las conexiones entre todos los sistemas energéticos vivientes.

En uno de mis seminarios, una mujer habló de su conexión con la naturaleza. "Todos los días, cuando me preparo para trabajar en mi jardín, rezo una oración para invocar la ayuda de los espíritus guardianes de la naturaleza, e inmediatamente noto que esos seres energéticos están a mi lado. SÍ hace unos años alguien me hubiera dicho que yo iba a decir estas cosas, lo Habría considerado un loco. Pero hace ocho años, después de presenciar un desastre medioambiental, me sentí abrumada por la aflicción, una aflicción que hasta ese momento no había sentido nunca en mi vida. No lograba liberarme de ella, hasta que una tarde, paseando por el bosque, oí una voz que me pareció que venía de abajo, a la altura de mis rodillas. "Auxilio, ayúdanos", dijo la voz. Me eché a llorar porque en el fondo del corazón entendí que era el reino de la naturaleza el que me hablaba. Esa noche llamé a mi jefe y le presenté mi dimisión como jefa de sección. NÍ siquiera pensé cómo iba a mantenerme. Simplemente, tenía que hacer lo que me pedía esa voz. Después recé una oración pidiendo que se me revelara un camino para ayudar a la naturaleza. A las dos semanas, una persona a la que sólo conocía superficialmente me preguntó si me interesaría comenzar una empresa de cultivo y venta de hierbas. Ése fue el comienzo de mi vida por lo que a mí respecta."

Esa percepción intuitiva de conexión nos está llevando, como planeta, hacia una comprensión holística de la salud y la enfermedad, del medio ambiente y su biodiversidad, y de las prioridades sociales de servicio y caridad. Este movimiento dirigido a trabajar como "un mundo" es una extensión de la liberación de la luz divina para que entre en el mundo. Se diría que la humanidad está "bajo órdenes" para madurar espiritualmente hasta alcanzar un grado de visión y servicio holísticos, y que se nos han abierto numerosísimos caminos de servicio para cumplir esas órdenes.

Jim, de cuarenta y cuatro años, presidente de la Fundación Gorbachov, presidente de la Asociación Internacional de Política Extranjera y presidente y gerente de la Corporación Diomedes, es un místico que trabaja en el ámbito político mundial para unir a personas y países y hacer del mundo un lugar mejor. Jim es también teólogo, y obtuvo el doctorado en teología en la Universidad de Cambridge. Entre sus logros figura haber inspirado a Mijaíl Gorbachov a poner en marcha la Fundación Gorbachov, crear un puente espacial para los astronautas estadounidenses y los cosmonautas de la antigua Unión Soviética, y promover el Primer Foro Mundial, encuentro que reunió a numerosos líderes mundiales, como George Bush, Margaret Thatcher y Míjail Gorbachov, con poderosas voces del espíritu, corno Deepak Chopra y Thich Nhat Hanh, para hablar de una nueva visión para nuestra sociedad mundial. Jim es un hombre estimulado por la visión y el poder del espíritu humano.

Nacido en China, hijo de misioneros estadounidenses, explica así su primera experiencia espiritual:

"A los cinco años entré por casualidad en un templo budista de una pequeña aldea de Taiwan, donde por primera vez vi a un monje meditando. Me quedé contemplándolo y vi que una mosca le recorría la cara; lo que me cautivó fue que el monje no movió ni un solo músculo. La mosca se alejó de su cara, voló un momento y volvió a posarse; el monje continuó sin moverse. Me di cuenta de que ese hombre estaba en otra parte. Me senté en el templo y continué observándolo; lo único que se me ocurría pensar era: "¿Dónde estará?"

"El sábado siguiente, cuando mi padre estaba predicando durante el servicio religioso, comprendí que yo no creía en lo que predicaba. De pronto supe que Oriente era un tesoro de verdad, que era una cultura que debía ser respetada, no convertida. Después me enviaron a un internado protestante y a los siete años me castigaron con azotes porque no estaba de acuerdo con lo que enseñaban las misioneras sobre Dios. Durante esa experiencia me volvió a la mente la imagen del monje, recordándome que había un lugar adonde podíamos ir que estaba más allá del espacio y del tiempo. Esa imagen me ayudó a sobrevivir en el internado.

"A los nueve años empecé a discutir sobre temas teológicos. Recuerdo que salí en defensa de una chica católica llamada Jackie, que también era alumna del internado. Los otros alumnos le dijeron que iría al infierno porque era católica, y yo dije que nadie que cree en Dios va al infierno. Dije que no importaba que fuera católica. A causa de eso me castigaron aislándome durante dos semanas. Poco después, una de las madres del colegio reunió a los otros niños en una sala para darles caramelos. Desde la sala contigua oí que les decía que podían coger más caramelos si se comprometían a no jugar conmigo hasta que yo aceptara a Cristo. Nuevamente me vino a la mente la imagen del monje, recordándome que hay un lugar más allá de las circunstancias adonde se puede ir para sobrevivir al mundo exterior.

"Una vez que empecé a ir a ese lugar, comencé a aprenderlas virtudes: que cuando uno se enfrenta a la estrechez de miras, su tarea consiste en formar parte de la Luz, proteger a los demás, resistirse a aquellos cuyas ideas son negativas. De esa comprensión nació el concepto de justicia social que es ahora mi vida. Creo que somos canales por medio de los cuales el Espíritu realiza tareas para impulsar el desarrollo humano. Eso es lo único que he hecho con mí vida. Creo que mi vida y mi trabajo espirituales comenzaron porque me negué a olvidar la autenticidad de la experiencia con ese monje. De alguna manera, el día que lo vi debí de ir con él a ese lugar interior. Desde entonces nunca he vuelto a la conciencia ordinaria. Creo que a veces necesitamos meditar, a veces necesitamos orar y a veces necesitamos enfrentarnos a nuestros problemas en la calle, por así decirlo. Otras veces tenemos que adorar la creación y la multiplicidad de la Divinidad. Ésa es la tarea del espíritu humano."

Jim vive corno un místico contemporáneo. Cuando reunió a los líderes mundiales en el Primer Foro Mundial, para "considerar atentamente la siguiente fase del desarrollo humano", fue un modelo de todo el potencial del espíritu humano y de la capacidad de una persona armada de fe para influir en la curación de este planeta.

 

La crisis espiritual y la necesidad de devoción

Los "sintonías" de una crisis espiritual son casi idénticos a los de una crisis psíquica. De hecho, dado que una crisis espiritual afecta a la psique, un "místico principiante" podría no percatarse de que sufre una crisis de naturaleza espiritual y creer que su dilema es psicológico. Sin embargo, los síntomas de una crisis espiritual son claros y de tres tipos.

Generalmente, la crisis comienza con una sensación de ausencia de sentido y finalidad, que la persona no puede remediar simplemente barajando los componentes externos de su vida. El anhelo es mucho más profundo, no lo puede satisfacer un aumento de salario o una promoción, ni un matrimonio o una nueva relación. Las soluciones corrientes no ofrecen ningún atractivo. Por supuesto, hay personas que nunca han encontrado sentido ni finalidad a su vida, pero probablemente estas personas esperan, equivocadamente, que la vida les deje el "sentido" en la puerta. Las quejas continuas y la falta de ambición no indican que se haya producido una crisis espiritual. Las personas que padecen una crisis espiritual tienen la sensación de que algo está tratando de despertar en su interior, pero no saben verlo.

Sentir miedos nuevos y raros es el segundo síntoma de una crisis espiritual. Estos miedos no son corrientes, como lo son el miedo al abandono y a envejecer, sino que producen la sensación de estar desconectándose de la propia identidad. "Ya no sé muy bien quién soy ni lo que deseo de la vida" es una expresión común de la persona saturada de la energía del séptimo chakra.

El tercer síntoma es la necesidad de experimentar devoción por algo superior a uno. Los innumerables libros actuales de psicología, que explican las necesidades humanas, rara vez hablan de nuestra necesidad fundamental de devoción; sin embargo, necesitamos, biológica y energéticamente, estar en contacto con una fuente de poder que trasciende las limitaciones y confusiones humanas. Necesitamos comunicarnos con una fuente de milagros y esperanza. La devoción entrega una parte de nuestra conciencia a nuestro yo inconsciente eterno, lo que a su vez nos conecta directamente con una presencia divina. Incluso encuentros breves y fugaces con esa presencia y su infinito poder ayudan a nuestra conciencia a liberarse de sus miedos, y el poder humano deja de gobernar nuestra atención.

La necesidad de devoción a un poder superior ha encontrado numerosos sucedáneos nada apropiados: devoción a una empresa, a un partido político, a un equipo deportivo, a un programa de ejercicios, incluso a una banda callejera. Todos estos sustitutos terrenos finalmente decepcionan al devoto. Por mucho ejercicio que hagamos, envejeceremos. Tal vez nos mantengamos sanos mientras los hacemos, pero de todos modos envejeceremos. Y gran parte de la angustia que sienten las personas cuando tienen que dejar empresas a las que han servido lealmente durante años, sin duda se produce porque su lealtad contenía una devoción inconsciente. Suponemos que mies tras devociones a cosas terrenas y a personas nos devolverán una clase de poder capaz de solucionar todos nuestros infortunios, pero ningún ser u organización humanos poseen ese poder.

Ningún gurú, pastor religioso ni sacerdote puede administrar la energía de los devotos durante mucho tiempo sin provocar alguna forma de escándalo. No estamos hechos para ser devotos a un ser humano; debemos dirigir la devoción hacia arriba para que nos lleve con ella.

La ausencia de sentido, la pérdida de identidad y la necesidad de devoción son los tres síntomas más fuertes que indican que la persona ha entrado en la "noche oscura". Ciertamente estas características son similares a los dilemas psíquicos comunes que experimenta la gente. Sin embargo, cuando su origen es espiritual, uno no tiene motivos para culpar a otras personas de causarle la crisis. Se da cuenta de que la causa de su crisis está en su interior. La insuficiencia de los componentes externos de la vida de la persona es la consecuencia de la crisis espiritual, no la causa.

Un buen director espiritual puede ayudar a la persona a pasar por esa "noche oscura", muchos de cuyos retos suponen enfrentarse a intensos problemas psíquicos. La psicoterapia estándar buscaría la causa analizando las pautas negativas en sus relaciones, desde la infancia hacia delante. Si bien también resulta muy útil identificar esas pautas negativas en la orientación espiritual, el director espiritual investiga, prioritariamente, el contenido del diálogo interior de la persona respecto a asuntos del espíritu, por ejemplo:

o  ¿Qué preguntas se ha hecho orientadas a una mayor comprensión de la finalidad de su vida?

o  ¿Qué miedos tiene relativos a su comprensión de Dios?

o  ¿Ha pensado que su vida carece de sentido cuando la evalúa dentro de un contexto espiritual?

o  ¿Qué fantasías espirituales tiene? Por ejemplo, ¿cree que la búsqueda de un camino espiritual le hace ser superior a otras personas, o que Dios se fija más en usted que en otras personas no tan entregadas a un camino espiritual como usted?

o  ¿Ha pedido, en la intimidad de sus oraciones o pensamientos, conocer los motivos por los que le resulta difícil tener fe en Dios?

o  ¿Piensa que de alguna manera se ha equivocado en las decisiones personales que ha tomado?

o  ¿Tiene conciencia de haber violado alguna vez sus normas espirituales?

o  ¿Ha deseado ser sanado?

o  ¿Ha deseado conocer a Dios de un modo más profundo que como lo conoce ahora?

Estas preguntas no son las que hace la psicología. La persona puede abrirse más a recibir las respuestas reorganizando su vida de modo que elimine los obstáculos mentales y emocionales. Al principio esa reorganización le hará sentirse peor, cuando esté experimentando la "noche oscura del alma", durante la cual llegará a conocer los contenidos de su mente y corazón, enfrentará sus miedos y creencias, explorará conscientemente su lado oscuro y desafiará a los falsos dioses que no renunciarán a su autoridad sobre su psique humana sin dar batalla.

La enfermedad suele ser catalizadora de la transformación espiritual y de la "noche oscura". Per, que ahora tiene cuarenta y nueve años, diseña barcos transoceánicos, profesión que le ha reportado un enorme éxito financiero. Durante años Per viajó por todo el mundo, tratando con personas influyentes del inundo de los negocios y disfrutando de una brillante vida social. De pronto, a los cuarenta y tres años, descubrió que tenía el virus del sida. Un año después murió su madre, con la que siempre había estado muy unido. Estos dos acontecimientos traumáticos combinados lo sumieron en la desesperación y la depresión.

Antes de ese año trágico no se podía decir que Per tuviera una vida espiritual. Como decía, esa dimensión no le servía para sus finalidades. Después de la muerte de su madre buscó la ayuda de un pastor protestante, pero no encontró mucho consuelo en la religión de su familia.

Al mismo tiempo continuó trabajando, sin mencionar a nadie su trastorno físico y espiritual. Se fue encerrando en sí mismo y fue aumentando su miedo a que descubrieran su enfermedad. El miedo y la soledad casi lo hundieron en un colapso nervioso. Canceló sus compromisos de trabajo y decidió que le convenía alejarse de la ciudad durante un tiempo. Así pues, volvió a la casa de campo de su madre, que estaba situada en un sitio bastante aislado, en la montaña. Para mantenerse ocupado, se puso a redecorar la casa. Por la noche, lo único que podía hacer para pasar e! tiempo era leer, de modo que una mañana fue a la ciudad más cercana en busca de una librería. Así se introdujo en los métodos alternativos para la salud y la literatura espiritual.

Volvió a la casa de su madre cargado de material de lectura y durante meses no hizo otra cosa que estudiar métodos alternativos, entre ellos los beneficios curativos de la meditación y la visualización. Tras esta estimulación, comenzó a meditar; al mismo tiempo cambió sus hábitos alimenticios, comenzando una estricta dieta curativa. El aislamiento, la meditación y la dedicación a !a macrobiótica le hacían llevar un estilo de vida semejante a la de un monje.

Transcurrieron los meses y fue creciendo su optimismo y esperanza. Se ejercitaba en mantener su espíritu "en el momento presente", hacía conscientemente todo lo que podía para acabar con sus asuntos inconclusos. Durante la meditación comenzó a experimentar un estado trascendente de conciencia. Al principio no tenía ni idea de qué le ocurría; sólo sabía que las sensaciones eran maravillosas.

Comenzó a leer libros sobre misticismo y encontró descripciones de experiencias místicas que se parecían bastante a su estado trascendente. Durante una meditación "visitó el cielo"; sintió que su espíritu se le separaba del cuerpo y entraba en una dimensión de "éxtasis más allá de la conciencia humana". En ese estado, su miedo se disolvió y Per se sintió "eternamente vivo".

Después decidió volver al trabajo. Cada día que pasaba se iba sintiendo más fuerte físicamente. Fue a ver a su médico para que le hiciera otro análisis de sangre; aunque seguía siendo seropositivo, su sistema inmunitario había vuelto al estado óptimo de salud. En la actualidad, Per dice que se siente "más totalmente vivo ahora que he visto la muerte" que lo que se había sentido jamás. Toda su vida gira en torno a su práctica espiritual, e incluso su creatividad ha alcanzado un nuevo nivel.

"No sé cuánto voy a vivir -me dijo--, pero la verdad es que aunque no tuviera este virus tampoco lo sabría. Lo irónico es que creo que este virus roe ha hecho más sano espi-ritualmente. Ahora me siento más totalmente vivo cada día, y percibo una conexión con un lugar que para mí es mucho más real que esta tierra y esta vida. Si alguien me ofreciera todo lo que sé y experimento ahora, y me dijera que la única manera de acceder a este lugar es ser seropositivo, creo que aceptaría, porque este lugar interior es mucho más real que ninguna otra cosa que haya experimentado jamás.

El viaje espiritual de Per no sólo representa la "noche oscura", sino que también irradia el poder del espíritu para hacerse más fuerte que el cuerpo. Su saga es la de un hombre que encontró una avenida espiritual que anhelaba desde hacía mucho tiempo: una devoción a algo superior a él.

Resistir la "noche oscura"

Para resistir la "noche oscura" se necesita fe, oración y, si es posible, un director espiritual. Si le resulta imposible encontrar un director espiritual, busque apoyo en la lectura espiritual (véase la bibliografía). Encontrar a una persona que entienda la naturaleza del viaje es algo similar a buscar un bote salvavidas. Lleve un diario, anote sus pensamientos y oraciones y, por encima de todo, afírmese en la verdad de que todas las noches oscuras acaban con una luz que ilumina un nuevo camino.

Adopte una forma de oración diaria con la que se sienta a gusto. La devoción-no la obsesión, sino la devoción es una fuerza extraordinariamente sanadora y consoladora. Rece todos los días a la misma hora: al levantarse, tal vez a mediodía y antes de dormirse. La calidad de la oración no se mide por el tiempo, sino por la intención. Incluso cinco minutos por la mañana y cinco por la noche son suficientes. Si ciertas oraciones le producen serenidad, incorpore esas oraciones a su devoción diaria.

Ron, de cincuenta y siete años, es un ex sacerdote católico que gozó de fama nacional porque tenía capacidad para curar. Descubrió que tenía esa capacidad cuando era un joven sacerdote. El cuenta así su primera experiencia como sanador:

"En la primavera de 1976 me pidieron que diera una charla sobre el poder de Dios a un grupo de personas de diferentes religiones. En ese tiempo yo estaba dedicado a tender un puente entre diferentes tradiciones religiosas. Al final de la charla, un hombre me pidió que "orara por las personas enfermas que había entre el público". Yo supuse que me pedía que orara en la intimidad de mi casa, de modo que le aseguré que sí, que lo haría. Tan pronto le contesté, él subió al estrado y anunció: "Ron estará encantado de orar por la curación de las personas de) público que están enfermas."

"A1 oír ese anuncio casi me dio un infarto. Teológicamente yo creía en el poder de Dios, pero el "poder de Dios de curar" era otro asunto. Alrededor de doscientas personas de las casi cuatrocientas que había en la sala se acercaron para ese momento de oración. Sin saber qué hacer, pedí orientación e intuitivamente me sentí guiado a poner las manos sobre las personas y dejar que el poder de Dios hiciera lo que había que hacer.

"Recuerdo con absoluta claridad a la primera persona que tenía delante; era una mujer. Le puse una mano en la cabeza y, por costumbre, con la otra hice la señal de la cruz sobre su cuerpo. Lo único que sentía era miedo, y avancé rápidamente entre la multitud para salir cuanto antes. Pasados unos cuatro meses, aquella mujer se presentó en mi iglesia para contarme lo que había ocurrido en su vida desde entonces. Ese día sintió que por su cuerpo pasaba algo así como un rayo, acompañado de una voz que le decía que fuese otra vez al médico para que le hiciera más pruebas. Lo hizo, y así se enteró de que estaba totalmente curada del cáncer. Yo me quedé pasmado.

"Desde ese momento mi vida tomó una dirección que yo no había programado conscientemente. La curación espiritual se convirtió en mi principal centro de atención. La gente comenzó a acudir a mí para que la sanara, y aunque yo no entendía cómo podía hacerlo, se grabó en mi conciencia una frase de la oración de san Francisco: "Haz de mí un instrumento de tu paz." Esta oración sugería que yo debía rendirme a una fuerza muy superior a mí, en ia que podía confiar que hiciera el trabajo. Sólo tenía que ofrecer a esa "fuerza espiritual" un vehículo a través del cual operar."

La "noche oscura" de Ron comenzó en 1987, cuando comprendió que deseaba abandonar el sacerdocio. Una serie de circunstancias lo convencieron de que no podría soportar el ambiente político de la Iglesia ni adherirse a sus enseñanzas, que encontraba incompatibles con las enseñanzas de Jesús.

"Estaba literalmente desesperado, deprimido, y me invadía una tremenda sensación de incapacidad -cuenta-. Sin embargo, eso no era suficiente para dar el paso de retirarme, por miedo a lo que dirían los demás, sobre todo mi familia. Estaba viviendo en el miedo de la mente tribal, aunque después resultó que cuando me retiré conté con el apoyo de mi familia.

"Ocurrieron entonces una serie de cosas que me obligaron a enfrentarme conmigo mismo y mi soledad, en una difícil situación que desencadenó la crisis. Creía de verdad que tenía el compromiso de avanzar en mi conciencia espiritual, pero surgió un profundo conflicto entre un obispo y yo. Durante ese mismo período me invitaron al programa de entrevistas de Joan Rivers. Yo ya estaba sumido en una crisis de identidad. Era sacerdote desde hacía veinticinco años, pero Joan Rivers me presentó diciendo que era un sanador espiritual que curaba mediante la oración. Fue como si alguien me hubiera golpeado la cabeza con un martillo, diciendo: "Esta es ahora tu identidad." Entonces fue cuando volvió a entrar la luz en mi vida.

"Después de ese programa en Nueva York, cuando iba en el avión de vuelta a casa, decidí abandonar el sacerdocio. Poco después conocí a un profesor profundamente espiritual que me dijo que sería capaz de trascender la religión y, de ese modo, ser más creíble que siendo sacerdote, comentario que me escandalizó. Aunque había dejado el sacerdocio institucional, todavía me sentía sacerdote en el sentido más profundo de la "ordenación".

"Una vez fuera de esa tumba, me adentré en el camino de sanador espiritual Me desprendí de todos los apegos que conocía. Conservé los misterios místicos que había aprendido cuando era sacerdote, pero abandoné las enseñanzas religiosas. Inmediatamente comenzaron a presentarse nuevas oportunidades, como trabajar en el seno de la comunidad médica."

Actualmente Ron es una autoridad en curación, no sólo para tas personas que necesitan su ayuda sino también para aquellas que se sienten motivadas para ser sanadoras. Sus profundos conocimientos e intuiciones sobre la naturaleza de la curación mediante la oración son valiosos para todos:

"En primer lugar, permitidme que defina lo que significa ser un sanador ordenado. Un sanador ordenado es aquel que permanece receptivo a la energía de Dios mediante la oración y utiliza esa energía para sanar a personas y también al planeta. Muchas personas que se llaman a sí mismas sanadoras, aunque bien intencionadas, no son lo que yo llamaría sanadoras "ordenadas". El sello del sanador ordenado es haber pasado por una "noche oscura" y soportado la sensación de haber sido abandonado por Dios. He llegado a comprender que la importancia de ese abandono es que representa una pregunta de Dios: "¿Eres capaz de creer en Mí incluso en la noche más oscura?"

"El espíritu se quiebra durante el abandono, y uno se da cuenta de que la única manera de salir de ese infierno es volver a Dios y aceptar las condiciones de lo Divino, pida lo que pida el cielo a partir de ese momento. El recuerdo de la "noche oscura" permanece en la conciencia como punto de referencia, te mantiene de parte de Dios, humilde, y consciente para siempre de que la resurrección puede llegar en cualquier momento, por muy oscura que sea la noche.

"¿Qué tipo de personas acuden a mí? Vienen a mí personas que sufren de enfermedades terminales, y la gran mayoría de ellas se siente abandonada y castigada por Dios. Su actitud dice: "Si esto es lo que Dios quiere, lo acepto", pero no es verdad. Su conflicto es evidente, pero, más que su enfermedad física, les aterra enterarse de por qué su espíritu está sufriendo tanto. Algunas encuentran valor para decirle a Dios mientras yo oro por ellas: "Estoy dispuesto a recibir tu gracia y a utilizarla como ¡o hizo Jesús, para sanar mis miedos y perdonar a quienes necesito perdonar." Supongo que reciben la gracia que destruye la enfermedad física.

"¿Qué significa en realidad sanar mediante la oración? Significa pedir a Dios que su energía nos "agracie" de una forma que nos permita sentirnos más poderosos que la enfermedad.

"¿Pueden ser curadas todas las enfermedades? Sí, por supuesto, pero eso no quiere decir que todas las enfermedades van a ser curadas. A veces una persona tiene que soportar una enfermedad por motivos que le servirán para afrontar sus miedos y su negatividad. Y a veces a una persona le ha llegado la hora de morir. La muerte no es d enemigo; el enemigo es el miedo a la muerte. La muerte bien podría ser la experiencia última del abandono, y ése es el motivo de que nos sintamos impulsados a tratar de comunicarnos con aquellos que se han ido antes, para asegurarnos de que tendremos un comité de bienvenida cuando lleguemos.

"¿Será cada vez más creíble la curación mediante la oración, gracias a esta Nueva Era de conciencia espiritual? Sí, sí entendemos qué es la oración auténtica. La oración representa la conexión personal consciente con Dios. Oración auténtica no quiere decir recurrir a Dios para obtener algo; significa ir a Dios para estar con alguien. Oración no son tanto nuestras palabras como nuestra vida con Dios. Cuando se entiende esto, entonces la oración se transforma en un "remedio energético".

Las personas que vienen a verme, cuando se marchan deben continuar su vida de oración con Dios. Pensar que yo soy el responsable, o pensar que tengo un poder del que ellos carecen, es un error que proviene de creer que los sacerdotes tienen una conexión más profunda con Dios que los mortales corrientes. Eso es un error, una grave equivocación. El individuo debe buscar una vida espiritual personal y responsable. Yo pongo en marcha la energía, pero cada persona debe mantener en funcionamiento su vehículo."

El trabajo de Ron representa el resurgir de una forma de curación que siempre ha existido y siempre existirá: ser sanado por la fe en el momento presente.

Nuestro objetivo, mientras permanecemos en la tierra, es trascender nuestras ilusiones y descubrir el poder innato de nuestro espíritu. Somos responsables de lo que creamos y, por lo tanto, hemos de aprender a actuar y pensar con amor y sabiduría, y vivir sirviendo a los demás y a la vida en general.

Preguntas para auto examinarse

  1. ¿Con qué preguntas ha pedido orientación durante los momentos de meditación u oración?
  2. ¿Qué respuestas a estas preguntas teme más?
  3. ¿Regatea con Dios? ¿Le expresa más quejas que gratitud? ¿Tiende a orar más por cosas concretas que por gratitud?
  4. ¿Es devoto de un determinado camino espiritual? Si no lo es, ¿siente la necesidad de encontrar uno? ¿Ha encontrado sucedáneos a los que dirigir su devoción? Si es así, haga una lista de esos sucedáneos y evalúe su relación con ellos.
  5. ¿Cree que su Dios es más auténtico que lo Divino de otras tradiciones espirituales?
  6. ¿Está esperando que Dios le envíe la explicación de sus experiencias dolorosas? Si es así, haga una lista de esas experiencias.
  7. ¿Cómo cambiaría su vida si repentinamente Dios decidiera contestar a sus preguntas? ¿Y cómo cambiaría si la respuesta fuera: "En este momento de tu vida no tengo la menor intención de revelarte lo que me preguntas"? ¿Qué estaría dispuesto a hacer entonces?
  8. ¿Ha comenzado y dejado una práctica de meditación? Si es así. ¿Cuáles son los motivos de que no la continuara?
  9. ¡Cuáles son las verdades espirituales con arreglo a las cuales sabe que no vive? Haga una lista.

10. ¿Teme tener una conexión espiritual más íntima con lo Divino, debido a los cambios que ésta podría desencadenar en su vida?

 

Epílogo

Guía para el místico contemporáneo

Sé que no soy la primera en anunciar que ésta es una época muy interesante para vivir. Estamos viviendo una época diferente de cualquiera de las anteriores. Estamos viviendo entre dos modelos de poder, o dos modelos de realidad: interno y externo, energético y físico. Estamos reestructurándonos a nosotros mismos y reestructurando nuestras relaciones de acuerdo con una autoridad personal y espiritual. Inevitablemente, esa reestructuración reformará todos los aspectos de nuestra cultura mundial según la verdad sagrada Todos somos uno.

El hecho de que nuestra sociedad esté saturada de crisis que afectan a todas las naciones, todos los órganos y todos los sistemas de nuestro "cuerpo" global tiene una importancia simbólica. La contaminación nuclear, la escasez de agua dulce, los problemas medioambientales y el debilitamiento de la capa de ozono son sólo los primeros de una infinidad de problemas que ya no son de alcance nacional, sino mundial. En el plano microcósmico, el peligro de desastres nos está obligando a crear una política de unión, de la misma forma que una persona que se enfrenta a una enfermedad grave debe unir todos los poderes de su cuerpo y de su vida para sobrevivir. Estamos llegando al final del sistema de poder "divide y vencerás", y se está reemplazando ese sistema por un intento de unir los poderes de las diferentes naciones para sobrevivir y entrar ilesos y sin peligro en el próximo milenio. La "era informática" interconectada es el símbolo de una conciencia mundial.

La tecnología de la información es una representación física de nuestras interacciones energéticas. Hemos creado en el exterior lo que ya existe en nuestros campos energéticos. En todo se está utilizando la información energética: en los modelos de salud holística; en los programas de "salud y desarrollo" empresarial y en seminarios para enseñar actitudes positivas; en la preparación atlética y deportiva, campo en el que las actitudes mentales y las técnicas de visualización se consideran tan importantes como las técnicas físicas de los deportistas. Ya estén motivados por el dinero, por el deseo de ganar un evento deportivo o por la necesidad de curar una enfermedad, los pioneros de todos los campos están recurriendo a soluciones energéticas para optimizar los resultados físicos.

Vista desde los primeros chakras, la era energética de la civilización es una "era informática", apoyada por la computerización de las empresas, las aulas escolares y las casas. Desde el séptimo chakra, sin embargo, podemos considerarla una era de la conciencia que necesita las técnicas de gestión energética del místico: oración, meditación, continuo auto examen y unión de todas las personas. Lo irónico es que ambas eras son la misma; todos estamos en el mismo camino.

 

Guía para el místico contemporáneo

Piense con un vocabulario de unicidad.

Mire a través de las lentes de la visión simbólica. Tenga presente que todos los obstáculos físicos y emocionales son ilusiones. Busque siempre el significado energético de una situación y sígalo.

Evalúe sus elecciones o decisiones diarias y las consecuencias que tienen en su sistema energético. Esto le servirá para percibir cuándo está perdiendo energía por estar entregándosela al miedo o al pensamiento negativo.

Para guiarse, mire diariamente el texto sagrado de su sistema energético biológico

(fig. 6). Tenga presentes las siete verdades sagradas del cuerpo y el espíritu:

  1. Todos somos uno
  2. Respetaos mutuamente
  3. Respétate a ti mismo
  4. El amor es poder divino
  5. Entrega tu voluntad a la voluntad divina
  6. Busca solamente la verdad
  7. Vive en el momento presente

Estas verdades, sencillas y potentes, sirven para centrar la mente, el cuerpo y el espíritu, volviendo al punto de contacto con la conciencia divina. Mientras utilicemos estas verdades como puntos de referencia, podremos evaluar cualquier pérdida de poder y rescatar el espíritu reconociendo conscientemente qué verdad no estamos honrando.

 

Meditación diaria

Finalmente, a modo de meditación diaria, centre conscientemente la atención en cada uno de sus chakras, comenzando por el primero y siguiendo hacia arriba. He aquí algunos consejos para centrar la atención en el chakra:

1. Pregúntese: " ¿Estoy perdiendo energía? Si es así, ¿Qué miedo me está extrayendo poder de esta parece del cuerpo?" Respire hondo y desconecte conscientemente su energía de ese miedo.

  1. Invoque a las energías protectoras de los guardianes espirituales, las sefirot o el sacramento de ese determinado chakra.
  2. Entre conscientemente en la energía de ese chakra y perciba la clase de actividad energética que aumenta en esa parte de su cuerpo.

Avance por los chakras concentrándose del siguiente modo:

En el primer chakra, concéntrese en la energía de la sefirá de Shejiná y siéntase conectado con toda la vida, con todo lo que vive. Después concéntrese en el sacramento del bautismo y bendiga la vida que ha aceptado vivir, y a la familia, personal y política, que conforma su vida.

En el segundo chakra, concéntrese en la energía de la sefirá de Yesod y perciba la energía que ha salido de esa zona de su cuerpo en actos de creación. Si tiene la energía contaminada, es decir, llena de negatividad y miedo, reexamine su intención. Lleve a su mente la energía del sacramento de !a comunión: vea que cada persona de su vida tiene una finalidad divina. Cuando no pueda ver claramente a la Divinidad, pida energía para ver y penetrar las ilusiones que lo dominan.

En el tercer chakra, concéntrese en la energía de las sefirot de Nétzaj y Hod, la integridad y !a resistencia. Evalúe su código de comportamiento y vea si ha comprometido de alguna manera su honor. Si es así, medite sobre el sentido y la importancia del honor y pida ayuda para estar a la altura de sus valores personales. Después lleve a la monte el sacramento de la confirmación, compromiso consigo mismo de respetar su propia dignidad.

En el cuarto chakra, concéntrese en a energía de la sefirá de Tiféret y La energía del amor y la compasión. Evalúe cómo extiende su amor a otras personas y a sí mismo, incluida la energía amorosa contenida en los actos de perdón. Después concéntrese en el cuidado que se dispensa a sí mismo y en la forma en que respeta su promesa simbólica del sacramento del matrimonio consigo mismo.

En el quinto Chakra, concéntrese en la energía de las sEfirot de JésEd y Gueburá, la clemencia y el juicio, y evalúe La calidad de los pensamientos que tiene sobre los demás y sobre sí mismo. Evalúe las palabras que intercambia con los demás, y si ha expresado palabras hirientes envíe energía positiva a esas personas. Si ha expresado palabras falsas, reconozca conscientemente que ha actuado para engañar y examine los temores que existen en usted, de los cuales surgen los actos de engaño. Esto es utilizar la energía del sacramento de la confesión. Pida que entre la Luz en ese miedo y le dé valor para no volver a actuar de esa manera negativa.

En el sexto Chakra, concéntrese en la energía de las sefirot de Jojmá y Bina, la sabiduría y el entendimiento divinos, y continúe evaluando su vida cotidiana. Pida sabiduría y percepción intuitiva para las situaciones en que siente confusión o miedo. Y recuérdese la promesa del sacramento del orden sagrado: que cada uno de nosotros tiene un don especial que ofrecer a esta vida y que cada uno es conducido inevitablemente a ese camino. Es imposible no ver la finalidad de nuestra vid a.

En el séptimo Chakra, concéntrese en la energía de la sefirá de Kéter, su contacto con lo Divino, y en el sacramento de la extremaunción, completando y liberando conscientemente sus asuntos inconclusos. Deje entrar la energía de Dios en su mente, cuerpo y espíritu, e inspire esa energía haciéndola entrar en su ser.

Con esta práctica diaria de meditación evaluará la salud de su cuerpo, mente y espíritu. Trabajar con esta meditación le permitirá sentir su salud espiritual y corporal. Con ella puede trabajar para aumentar su conciencia del equilibrio de poder dentro de su sistema energético.

Además, recuerde con regularidad el arquetipo de la Tierra Prometida. Su finalidad es atraernos hacia el interior para descubrir el poder que tenemos detrás de los ojos. Podemos trascender todos los dilemas mediante el poder de nuestro espíritu: ésa es la promesa divina.

Mediante esta auto-evaluación, desarrollará la habilidad de leer la energía y percibir la orientación intuitiva. Desarrollar esta habilidad requiere práctica diaria, e incluso cada hora en períodos de crisis. Este simple acto de tomar conciencia, junto con el compromiso consciente de aprender de las experiencias, debilitará sus miedos y fortalecerá su espíritu.

Por encima de todo, a medida que aprenda el lenguaje del espíritu vaya estableciendo un código de honor personal que refleje el contenido espiritual de su biología. Esta era de la conciencia no nos empuja meramente a atiborrarnos de nuevas teorías espirituales ni a jugar a juegos de pensamiento que unen la física con el budismo zen. Estamos hechos para avanzar hacia el auto descubrimiento y la madure?, espiritual, para estar preparados y ser capaces de vivir una vida que nos importa a nosotros y a las personas que nos rodean.

Contenemos la escritura. Contenemos la Divinidad. Somos la Divinidad. Somos la iglesia, la sinagoga, el ashram. Sólo necesitamos cerrar los ojos y sentir la energía de los sacramentos, las sefirot y los chakras, que es el origen de nuestro poder, la energía que alimenta nuestra biología. Lo irónico es que una vez que comprendemos de qué estamos hechos no tenemos otra opción que vivir una vida espiritual.

 

 

 

 

Agradecimientos

 

Deseo dar las gracias a todas las personas que han participado en parte de la escritura de este libro y apoyado mi trabajo. A mi agente Ned Leavitt, quiero expresarle mi más profunda gratitud por guiarme en este proyecto y por ser una persona de tanta integridad y pericia. A Lcslic Mcrcdith, responsable de la edición del libro, le estaré eternamente agradecida por muchas cosas: su infinito optimismo, su fino talento, y su espíritu acogedor y humanitario. Pero sobre todo, siempre tendrá un lugar en mi corazón debido a su capacidad para entender la visión que yo necesitaba dar en este libro, especialmente teniendo en cuenta que le di otra orientación a mitad del manuscrito y ella fue capaz de aceptar la idea; admiro enormemente su naturaleza estudiosa y su auténtica dedicación para hacer llegar al público el trabajo de los autores, incluido el mío. Doy también las gracias a Karin Wood, ayudante de redacción, por sus amables palabras y su inmensa eficiencia. También estoy profundamente endeudada con Janet Biehl por su extraordinaria pericia como correctora. Y a mi correctora personal, Dorothy Mills, le dedico todo mi amor y gratitud, tanto por su ayuda profesional como por su amistad. Dorothy se ha convertido en una fuente de fuerza y optimismo para mí, y siempre le agradeceré al destino el habernos presentado hace tantos años.

El doctor Norman Shealy ha sido mi colega en la investigación durante más de diez años. Es también uno de mis más queridos amigos, confidente, consejero y guía. No creo que estuviese haciendo este trabajo ahora si él no hubiera entrado a formar parce de mi vida. Decir gracias no es suficiente para expresar lo que siento por todo lo que me ha dado. Extiendo mi más cariñoso agradecimiento a su maravillosa esposa, Mary-Charlotte, que se ha convertido en una querida amiga y en parte integrante de nuestro trabajo. Y a Robería Howard, nuestra eficiente secretaria Virgo, mi sincera gratitud por todo lo que hace para ayudarnos en nuestro trabajo.

Mi vida está llena de amigos a los que quiero y admiro, y cuya vida y trabajo han sido una constante fuente de inspiración para mí. La doctora Christiane Northrup, excelente médica y escritora, me pidió que trabajara con ella hace cinco años. Desde entonces hemos continuado aprendiendo juntas y en ella he encontrado una fuente inagotable de humor y energía, así como de consagración a la medicina holistica.

Joan Borysenko ha conmovido profundamente mi corazón con sus constantes palabras de aliento y apoyo a mi trabajo, sentimiento que es mutuo. La doctora Mona Lisa Schulz, mujer visionaria e inteligentísima, me ha dado valor cuando más lo he necesitado y rne ha enseñado mucho sobre el camino de la curación. Ron Roth, dotado sanador, y Paul Fundson, querido amigo, han sido la piedra angular de mi apoyo espiritual, y siempre agradeceré su presencia en mi vida, sobre todo durante los momentos oscuros, que han sido muchos en estos dos últimos años.

Conocí a Clarissa Pinkola Estés poco antes de comenzar este libro. He encontrado en ella a una amiga para toda la vida y le estaré siempre agradecida por su ingenio, sabiduría, talento y profundidad de espíritu, así como por el vínculo de fe que compartimos en nuestra herencia espiritual. Y a Tami Simón, la fundadora de Sounds of True Re-cording, le envío un torrente infinito de gratitud y cariño por su apoyo a mi trabajo, por su amistad, por su espíritu honrado y por su naturaleza generosa.

También quiero hacer llegar mi gratitud a Elmer Green, el "padre" del movimiento Biofeedback, que ha sido el asesor experto de este proyecto. El doctor Green es conocido Internación alíñente por sus aportaciones al campo de la conciencia humana, y considero un honor haber contado con su apoyo a mi trabajo durante estos años.

Nancy W. Barlett, bruja de la informática, acudió continuamente en mí rescate durante la redacción de este libro. Desde el fondo del corazón le agradezco sus muchos viajes a mi casa y su paciencia con mi falta de habilidad y mi incapacidad para aprender a utilizar un ordenador. Y doy las gracias al maravilloso equipo de Danny's Deli por proveerme de mi ración diaria de capuchino sin canela. Jamás sabréis lo mucho que me ayudó vuestra amabilidad y hospitalidad para sentirme nuevamente en casa en el barrio donde me crié.

A M. A. Bjorkman, Rhea Baskin, Carl Simmons, Ka-thalin Walkcr y el resto del equipo de The Confercnce Works, todo mi amor; en vuestra organización he encontrado uña clase de esmero que me ha conmovido más de lo que puedo expresar; trabajar con vosotros es más que un placer, no sólo por vuestra auténtica preocupación por mí bienestar, sino también por vuestro honor e integridad como socios de negocios. Sois una bendición en mi vida.

Y a tantos de mis queridos amigos, que siempre han sido tesoros en mi vida, tesoros que he agradecida especialmente mientras escribía este libro, os estoy eternamente agradecida: Eileen Kee, Susie Marco, Kathy Musker, reverenda Suzanne Fageol, David Luce, Jim Garrison, Pcnny Tompkins, Lynn Bell, Carole Dean, Caro! Hasler, Ron Roth, Paul Fundsen, Tom Williams, Peter Brey, Kaare Sorenson, Kevin Todesbi, John May, Sabine Kurjo, Siska Pohthoff, Judy Buttncr, Paula Dalco, Fred Matzer, DeLacy Sarantos y tantos otros que hacen de mi vida un exquisito tapiz de amistad.

También hago llegar un infinito torrente de gratitud a las innumerables personas que apoyan mi trabajo asistiendo a mis seminarios y charlas. No hay palabras que puedan expresar la gratitud que siento por todos vosotros, que habéis desempeñado un papel importantísimo al ayudarme a perfeccionar mi trabajo. Sin vuestro entusiasmo y comentarios, preguntas y respuestas, no habría tenido el estímulo para continuar desarrollando y enseñando esta materia.

Y a las muchas personas que he desatendido durante estos dos últimos años, debido a una agenda que me ha impedido contestar cartas y llamadas telefónicas, mis más sinceras disculpas.

Sin embargo, principalmente deseo agradecer el cariño y apoyo que siempre he recibido de mi familia, sobre todo de mi querida madre. Considero a mi madre una de las bendiciones directas de Dios en mi vida. Su esmero, amor, fuerza de carácter, corazón sin fondo e ilimitada energía me han ayudado muchísimo, no sólo para escribir este libro, sino para sanarme. Siempre ha abierto su corazón a mis ideas, por extremistas que fueran. Con qué cariño recuerdo las ocasiones en que hablamos de mis nuevas ideas sobre Dios cuando estaba estudiando, a veces hasta altas horas de la noche. Jamás me desanimó en mi búsqueda de la verdad. Y su papel de modelo como mujer que conoce el poder íntimo de la fe todavía me estimula. Mi hermano Edward, su esposa Amy y sus hijos Rachcl, Sarah y Eddie, llenan mi vida de alegría, igual que sus sobrinas Angela y Allison, mi sobrino Joey, mi cuñada Mary Pat y mi hermano Joseph. Estas maravillosas personas me han ayudado a pasar épocas muy difíciles. Saber que todos formáis parte de mi vida eternamente me hace agradecer estar viva. Todos sois un "hogar" para mí.

Y a mis queridos primos, a quienes quiero tanto, gracias por apoyarme y alentarme siempre, aun cuando sé que la mitad del tiempo no teníais ni idea de lo que estaba haciendo. Simplemente, es fabuloso saber que creísteis en mí incondi-cionalmente. Y a Marilyn y Mitch, Cllrissy y RJtchie, Pam y Andy, Wanda, Mitchic, padre Len, tía Virginia y todo el resto, incluida mi maravillosa tía Gen, que hace poco nos dejó para ir al cielo, todo mi cariño. Agradezco muchísimo que nos tengamos los unos a los otros.

  Audio completo del libro.