Sacerdotes y políticos. La mafia del Alma. Osho

Sacerdotes y Políticos:

La Mafia del Alma

OSHO

 

Índice

Parte 1

 

Política y Religión

Cuando la Religión se convierte en Iglesia

No estoy en contra del Papa

Guerra y Paz

No hay Noticias

 

Parte 2

 

¿Quién le pone el cascabel al gato?

Sobre el poder

El político

El sacerdote

El hombre es su propio enemigo

Una historia del futuro

El loto surge del barro

La única forma de salir es entrar

 

 

Parte I

 

Las noticias que nos llegan están llenas de pesar por el futuro

Jalaluddin Rumi

 

 

 

 

Capítulo 1

Política y Religión

 

Osho,

El primer ministro Rajiv Gandhi convocará un debate nacio­nal sobre la necesidad de separar la política de la religión.

Nos gustaría saber ¿cuál es tu visión sobre el tema?

 

La política es mundana, los políticos son los servidores del pueblo. La religión es sagrada; es la guía del crecimiento espiri­tual de la gente. Ciertamente, la política es lo más bajo en lo que concierne a los valores y la religión es lo más alto. Están lejos una de otra.

Rajiv Gandhi quiere que la religión no intervenga en la políti­ca. Yo quiero que la política no intervenga en la religión. Lo su­perior tiene todo el derecho del mundo a intervenir, mientras que lo inferior no tiene ningún derecho.

La religión ha estado elevando la consciencia humana durante siglos. Lo que el hombre es ahora, por poca consciencia que ten­ga, se lo debe a la religión. La política ha sido una maldición, una calamidad, y la política es la responsable de todo lo que hay de malo en la Humanidad.    ­

Pero el problema es que la política tiene el poder y la religión sólo tiene el amor, la paz y la experiencia de lo Divino. La políti­ca puede fácilmente interferir en la religión y eso es lo que ha estado haciendo siempre hasta tal punto que ha destruido mu­chos valores religiosos que son absolutamente necesarios para la supervivencia de la Humanidad y de la vida en este planeta.

La religión no tiene un poder como el de las armas nucleares, el de las bombas atómicas, el de las pistolas... su dimensión es totalmente distinta. La religión no ansía poder; la religión es una búsqueda de la verdad, de Dios. Y la búsqueda misma, hace al hombre religioso, humilde, simple e inocente.

La política posee todo un arsenal destructivo; la religión es absolutamente vulnerable. La política no tiene corazón. La reli­gión es puro corazón. Es como una hermosa rosa; su belleza, su poesía, su danza, hacen la vida digna de ser vivida. Le dan senti­do y significado. La política es como una piedra sin vida. Pero la piedra puede destruir la flor y la flor está indefensa. La política es agresiva.

Rajiv Gandhi está poniendo las cosas cabeza abajo. Quiere que la religión no intervenga en política. Dice que la política debería tener el monopolio, para así poder someter a la Humanidad, para reducir al hombre a la esclavitud, para destruir su libertad, para destruir su consciencia, para convertirlo en un robot, para que los políticos puedan mandar y disfrutar del poder.

La religión es el único problema para los políticos. Está más allá de su alcance y más allá de su comprensión. La religión es la única área donde los políticos no deberían intervenir para nada. Porque la religión es la única esperanza.

Durante siglos, la política ha estado matando, destruyendo, a la gente. La historia de la política es la historia de unos crimina­les y asesinos. En tres mil años, los políticos han provocado cin­co mil guerras. Parece ser que el instinto de barbarie es muy pode­roso en los políticos; su único placer es destruir, mandar.

La religión les crea un problema, porque la religión ha dado al mundo las más elevadas cimas de la consciencia: un Gautama Buda, un Jesús, un Chuang Tzu, un Nanak, un Kabir. Estos son la verdadera sal de la tierra. ¿Qué ha brindado la política al mundo? ¿Un Genghis Khan? ¿Un Tamerlain? ¿Un Nadir Shah? ¿Un Ale­jandro Magno? ¿Un Napoleón? ¿Un Iván el Terrible? ¿Un Stalin? ¿Un Adolfo Hitler? ¿Un Benito Mussolini? ¿Un Mao Tse Tung? ¿Un Ronald Reagan? Todos son criminales. En lugar de estar en el poder deberían estar entre rejas; son inhumanos.

Además, son gente espiritualmente enferma. El deseo de po­der y dominio sólo surge en una mente enferma. Surge de un com­plejo de inferioridad. La gente que no sufre de un complejo de inferioridad no se interesa por el poder; se esfuerza por la paz. El significado de la vida sólo puede conocerse en un estado de paz, nunca a través del poder. Paz, silencio, gratitud, meditación; estos son los elementos básicos de la religión.

No se puede permitir que la religión sea dominada por estúpi­dos políticos. La situación es igual que si los enfermos pretendieran dominar y dirigir a los médicos diciéndoles lo que deben hacer y lo que no deben hacer. De acuerdo, los enfermos son mayoría, pero eso no quiere decir que el médico deba ser dominado por la mayoría. El médico puede curar las heridas, puede curar las en­fermedades de la Humanidad. La religión es el médico.

Los políticos ya han hecho demasiado daño y están llevando a toda la Humanidad a un suicidio global. Y aún así, Rajiv Gandhi tiene el atrevimiento de decir que: "La religión no debe interferir", ¡cuando toda la vida de este planeta está en peligro! No solamen­te lo está el hombre, sino también los inocentes pájaros con sus trinos, los silenciosos árboles y sus flores y todo lo que está vivo.

Los políticos han logrado crear un poder destructivo tal, que es suficiente para acabar con la vida en la Tierra. Y siguen acu­mulando más y más armas nucleares. De hecho, hace tres años, había suficientes armas nucleares para destruir siete veces a cada hombre, para destruir siete veces la Tierra entera o para destruir siete Tierras. Un hombre sólo muere una vez; no se necesita acumular tanto poder destructivo.

Toda la política está basada en mentiras.

Precisamente el otro día –nunca creí que un hombre en su sano juicio pudiese decir algo así- Ronald Reagan realizó unas declaraciones. Había estado negando siempre ante el Senado que se estuvieran entregando armas a ciertos países. Y ahora las in­vestigaciones han demostrado que mentía, que estuvo mintiendo continuamente durante dos años. Han entregado armas destructi­vas a países pobres y no lo han hecho a pequeña escala, sino en grandes cantidades. Ante la evidencia, Ronald Reagan tuvo que justificarse, y lo que dijo da risa, ¡es absolutamente ridículo!

  Dijo, "En mi interior sé que todo lo que dije es verdad. Pero... Los hechos que se han descubierto revelan que es mentira. Sin embargo, creo todavía, honradamente, que todo lo que dije es verdad". Él está admitiendo la evidencia y simultáneamente dice: "Creo honradamente que todo lo que dije es cierto, aunque los hechos demuestran que no fue así”.

Los políticos viven de mentiras, viven de promesas, pero esas promesas nunca se cumplen. Son las personas más incapaces del mundo. Su única cualidad es la de saber engañar a las pobres masas, o, en los países pobres, comprar sus votos. Y una vez en el poder se olvidan completamente de que son en realidad los servidores del pueblo; empiezan a comportarse como si fuesen sus amos.

¿Qué saben ellos del mundo interior del hombre? ¿Qué saben del éxtasis, de la divinidad? Sin embargo, quieren impedir que la religión intervenga en la política. Pero ¿qué hay de ellos? ¿Acaso se les debe permitir que interfieran en la religión? ¿Es que lo más bajo va a dominar a lo más alto? ¿Es que lo mundano va a domi­nar a lo sagrado? Esa sería la peor de las desgracias para la Hu­manidad.

Tal como yo lo veo, todos los políticos deberían ser meditadores, deberían conocer algo del mundo interior; deberían ser más conscientes, más compasivos, deberían conocer el sabor del amor, deberían conocer la experiencia del silencio de la Existencia, la belleza de este planeta y los regalos de la vida. Y además debe­rían aprender a ser humildes y agradecidos.

La religión debería ser el amo de todos los políticos. Por­que a no ser que los políticos tengan algo de religiosidad, no hay futuro alguno para la Humanidad. La religión debe intervenir, metiéndose con los políticos. Porque si la religión no interviene... Los políticos son ciegos, no tienen ojos; son sordos, no tienen una mente que esté en silencio para poder escuchar la verdad.

Pero ¿por qué dice Rajiv Gandhi que religión y política debe­rían estar separadas? La política es una nimiedad. La religión abarca toda la evolución del hombre. La política debería ser sólo una mínima parte de la vasta experiencia religiosa. No hay nece­sidad de ninguna separación. Pero cuando el político asume el poder, se vuelve tan egoísta que no puede pensar en acercarse a esa gente simple y humilde, pero sabia.

Los problemas van en aumento. Los políticos han demostrado su impotencia para resolverlos, pero son incapaces de buscar el consejo de la gente que, por tener mayor claridad, pueda guiarles.

Yo no soy un político. Nunca he votado en mi vida y no lo haré jamás, porque ¿qué sentido tiene elegir entre dos chimpan­cés? ¿Sólo por tener distintas banderas? ¿Por tener símbolos di­ferentes? Los chimpancés son chimpancés.

Lo que los políticos han de tener es un profundo respeto por la religión, por la gente religiosa, porque lo que está claro es que las personas religiosas no pelearán por ganar unas elecciones; ningún hombre religioso mendigará votos. Básicamente, él no tiene deseo alguno de satisfacer su ego, ni de esconder su complejo de inferioridad. En su silencio, en su paz; en su dicha, ha conocido la superioridad suprema. No hay nada que supere esto, no hay nada más elevado. Él se ha convertido en su propio tem­plo; su dios está dentro de su ser.

El político vive de la guerra, vive creando alborotos, vive del disturbio; éstos son sus alimentos. Adolfo Hitler escribió en su autobiografía: "Si no tienes enemigos, no podrás ser un gran lí­der. Incluso si no los tienes, inventa la ficción de que tu país está en peligro, porque cuando la gente tiene miedo es fácil convertirlos en esclavos. Cuando la gente tiene miedo está dispuesta a seguir a los políticos". A pesar de ser un loco, de vez en cuando decía cosas muy significativas. Una vez dijo: "Los líderes más grandes de la Humanidad nacen en épocas de guerra". Así que a menos que haya una guerra, no podrás ser un líder. Tan sólo para satisfacer el deseo de ser un gran líder, tienes que matar a millones de personas. ­

Y tiene razón; en época de paz, la gente no necesita seguir a nadie, la gente no convierte a su líder casi en un Dios para que su palabra sea ley.

Los políticos intentan por todos los medios mantener a la gente atemorizada. China está acumulando armas nucleares en su fron­tera con la India; Pakistán concentra ejércitos en su frontera con la India -los políticos indios siguen insistiendo en ello. En Pakistán siguen diciendo que es la India la que concentra sus tropas en la frontera; en China, insisten en que la India está desarrollan­do armas nucleares. Y en los Parlamentos siguen diciendo, "No estamos desarrollando nada". Pero esto es una mentira descarada.

El líder chino ha de mantener atemorizado a su pueblo. El líder indio tiene que asustar a los indios. Los líderes pakistaníes tienen que mantener a su pueblo atemorizado.

En tu miedo está su poder.

Cuanto más te asustan, más poderosos son. Siguen creando ficciones, dentro y fuera del país: guerrillas hindúes y musulmanas; luchas entre la gente que habla hindi y la que no lo habla. Quieren que sigas luchando por cualquier cosa, incluso la más trivial. Si te tienen ocupado peleando, ellos mantienen el poder. Si dejas de luchar, su poder desaparece. Este es un juego muy sucio.

Uno de los deberes del hombre religioso es mantenerse por encima de la política y conducir a la gente hacia valores más creati­vos, hacia una mejor Humanidad. De hecho, si las religiones com­prendiesen que toda la Humanidad es una y que no se necesitan naciones, todos estos pigmeos políticos desaparecerían.

Pero lo extraño del caso es que los políticos siguen diciendo que la religión debería mantenerse alejada de la política, ¿por qué? ¿Por qué debe separarse la verdad de la política? ¿Por qué ha de estar el amor separado de la política? ¿Por qué ha de sepa­rarse la consciencia meditativa de la política? ¿Por qué separar al corazón devoto de la política?

Sí, entiendo que deberían estar separadas en el sentido de que la religión es lo más elevado. El político necesita tratamiento psi­cológico y tratamiento espiritual y debería acercarse al hombre religioso y solicitar su consejo. Es lo que se hacía en la antigua India. Conocemos esa época; esa edad de oro permanece viva en la memoria. Hubo un tiempo en que los reyes iban a los bosques a presentar sus respetos a mendigos que nada poseían y a pedirles consejo.

Los reyes solían tocar los pies de aquellos que se habían rea­lizado en señal de inmenso respeto, porque incluso sólo su ben­dición puede transformarte. La política es funcional, es práctica, pero es incapaz de transformar al hombre en una consciencia su­perior. Y esto es especialmente cierto con respecto a la India, donde la situación siempre ha dado asco. Y eso duele.

Mahatma Gandhi solía decir, antes de la independencia, que el primer presidente de la India sería una mujer. No sólo una mu­jer, sino una "sudra", de la casta más baja de los intocables.

Pero cuando llegó  la libertad, se olvidó de todas las promesas que había estado haciendo y el juego de poder comenzó de nuevo al viejo estilo. Pandit Jawarhalal Nehru es un brahmin; no es ni mujer, ni sudra. Nuevamente es un brahmin quien asume el po­der. Y durante cuarenta años, en la India ha estado gobernando una sola familia de brahmines. Casi se ha convertido en una di­nastía familiar. Ya no es una democracia.

Simplemente observa los hechos. ¿Cuál era la influencia que Mahatma Gandhi tenía sobre la gente de la India? Aparentaba ser muy religioso -aunque no lo era- fingiendo ser un santo hindú, porque los hindúes eran mayoría; ellos eran los que gobernarían al país. Por eso insistía tanto en que la India no debía dividirse; porque en una India indivisa, serían los hindúes los que ostenta­rían el poder. Nadie podría habérselo arrebatado porque los demás estaban en minoría. Nadie se ha dado cuenta de su táctica políti­ca utilizando incluso la religión para fines poco escrupulosos.

 

El doctor Ambedkar quería que los intocables tuvieran una votación sólo para ellos y yo estoy totalmente de acuerdo con él, por la sencilla razón de que durante cinco mil años esta gente ha sido oprimida, explotada; han destruido toda su dignidad de seres humanos. Y ellos son la cuarta parte de la población hindú.

  Hacen los trabajos más duros y desagradables; por ello deberían ser respetados, deberían ser honrados pero por el contrario, hasta su sombra se considera intocable. Si la sombra de un intocable cae sobre ti, debes bañarte inmediatamente para purificarte.

 

Ambedkar tenía toda la razón al pedir unas elecciones separadas para los intocables, sólo de este modo se tendría la oportunidad y la certeza de que una cuarta parte de sus miembros, alcanzarían un puesto en el parlamento. De otro modo, jamás lo lograrían y por lo tanto nunca podrían cambiar las leyes inhumanas que Manú creo hace cinco mil años.

Existen grandes criminales, pero Manú parece ser el peor. Adolfo Hitler respetaba a Manú; como también lo hacía Friedrich Nietzsche ­-ellos no respetaban a Gautama Buda- y Manú ha sido una maldición para este país. Ha despojado de su humanidad a millones de personas que están viviendo como animales.

Ambedkar era absolutamente lógico y correcto al decir que se les debía otorgar un voto separado, pero Gandhi comenzó una huelga de hambre para forzar a Ambedkar a retirar su propuesta; si no lo hacía, ayunaría hasta morir. Ahora bien, esto es absoluta­mente ilógico. Incluso aunque convenzas a la gente con tu ayuno, eso no quiere decir que tengas razón. Esto es chantaje, es amena­zar con, "Me suicidaré si no estás de acuerdo conmigo".

Obviamente todo el país presionó a Ambedkar diciéndole, "Suspende tu campaña, porque si no lo haces, la muerte de Gandhi traerá graves consecuencias para ti y para los intocables. Los quemarán vivos. Quemarán sus aldeas, porque los hindúes se venga­rán alegando que los sudras han causado la muerte de Gandhi". Ambedkar se mantuvo firme en su propósito, pero al final se rin­dió ante la perspectiva de lo que podría ocurrir si Gandhi moría... a pesar de que esto no es un argumento válido.

Si yo hubiera estado en el lugar de Ambedkar, le hubiera dicho a Gandhi: "Puedes morirte, porque tu muerte no es un argumento válido. Es una historia tan estúpida como esta otra que he oído".

Un hombre muy feo, quería casarse con una joven muy bella; él era de la edad del padre de la joven. Trató de conseguirla usan­do el método de Gandhi: llevó su colchón, lo colocó frente a la casa de la mujer que pretendía y declaró que ayunaría hasta que el padre le entregara a su hija en matrimonio. Por supuesto todos simpatizaban con el pobre hombre diciendo: "Se está muriendo. ¡Qué amor tan grande siente! Solamente hemos oído historias así en los cuentos. ¡Es verdaderamente un Majnu, un Fardad, un Mahival!"

El padre estaba muy afligido y la joven muy asustada. Duran­te todo el día la casa estuvo llena de gente que gritaba: "Su muer­te será un peligro para ti. Este hombre no es violento, sino todo lo contrario; es religioso, está ayunando". Alguien le sugirió al padre de la joven: "Ve a ver a algún viejo seguidor de Gandhi, para que te diga lo que debes hacer".

El seguidor de Gandhi le dijo: "No hay ningún problema. Sé de una prostituta vieja y fea... Dale cien rupias y dile que también lleve allí su colchón y se acueste al lado del hombre y le diga: "Ayunaré hasta la muerte si no te casas conmigo". Esa misma noche, el hombre cogió su colchón y escapó. Esos no son argu­mentos.

Y Ambedkar fue obligado a retirar su campaña. Y llevó un vaso de zumo de naranja a Gandhi para que interrumpiera su ayu­no. Esto es poner la religión al servicio de la política. Ningún hombre religioso hubiera hecho eso.

La idea de que la India debía permanecer unida no fue más que una estrategia política utilizada en beneficio de los hindúes para que los musulmanes, o los cristianos, o los jainas o los sikhs, nunca pudiesen alcanzar el poder. De este modo los hin­dúes siguen en el poder. Son la mayoría.

Jinnah, el hombre que creó Pakistán, no era en absoluto un hombre religioso, pero también se sirvió de la religión. Creó un movimiento con el fin de que los musulmanes obtuviesen un país independiente; de otro modo, no conseguirían tomar el poder jamás. De pronto se volvió un gran musulmán, un gran religioso. Y en nombre de la religión... Todo fue pura política: ni Mahatma Gandhi, ni Mohamed-Ali Jinnah eran religiosos. Ambos querían poder.

Desde entonces han pasado cuarenta años, ¿qué han hecho los políticos por India? Cuando se logró la independencia, la población era de cuatrocientos millones. No han conseguido detener la explosión demográfica que aniquilará al país sin necesidad de armas atómicas. Ahora la población se ha multiplicado; son ya novecientos millones! Y para finales de este siglo, la India tendrá la mayor población del mundo. Hasta ahora la tenía China, pero China se está comportando más científicamente y está intentando reducir su población. A finales de esté siglo, uno de cada cuatro hombres, será indio.

¿Pero qué están haciendo los políticos? Tienen miedo de de­cir algo a favor del control de la natalidad, a favor del aborto, porque no les interesa si el país sobrevive o muere; lo que les interesa es no herir a nadie. La gente tiene sus prejuicios y los políticos no quieren tocar esos prejuicios, porque necesitan sus votos. Si hieren estos prejuicios nadie votan por ellos.

Sólo un hombre religioso con "una visión muy clara”, alguien que no necesite el voto de la gente, puede decir la verdad. Los políticos sólo son capaces de decir hermosas mentiras, mentiras consoladoras, con el único fin de conseguir tu voto. El hombre religioso no necesita nada de ti. Al contrario, decir la verdad pue­de poner en peligro su vida, siempre ha sido así. Cada vez que la verdad ha sido dicha, el hombre que la dijo ha sido crucificado. Los políticos buscan el poder, no que los crucifiquen. El mundo necesita más gente religiosa que sea capaz de decir la verdad, aunque esto signifique la crucifixión. El hombre religioso no tie­ne miedo de ser crucificado por la sencilla razón de que él sabe que la muerte no existe. A lo sumo podrán destruir su cuerpo, pero su consciencia, su alma, su Dios interior, seguirá viviendo.

La religión debería tener un estatus superior y se debería es­cuchar a la gente religiosa. El Parlamento debería invitarles cons­tantemente a que les diesen ideas sobre cómo resolver los proble­mas del país, porque por sí mismos parecen ser absolutamente incapaces de resolver nada. Los problemas siguen creciendo, pero el ego del político no quiere que nadie esté por encima de él. Pero te guste o no, el hombre religioso es superior a ti. Tú no puedes provocar una transformación en la consciencia de la gen­te; él sí.

Ciertamente, la religión no debería descender de lo sagrado a los asuntos triviales de la política. Así que en este punto estoy de acuerdo: la religión y la política deberían estar separadas. La distancia es grande. La religión es una estrella del firmamento y los políticos son criaturas rastreras de la tierra.

Están separadas. No hay duda de que deben permanecer sepa­radas. Pero los políticos deberían recordar que se ocupan de asun­tos mundanos. Y esa no es la verdadera meta de la Humanidad.

La gente religiosa está haciendo un enorme esfuerzo para elevar a la Humanidad, para elevar su consciencia, su amor, su compa­sión, hasta un punto donde las guerras sean imposibles, donde los políticos no puedan engañar a la gente, donde sus mentiras y sus promesas queden al descubierto. Esto no es intervenir en la política, es sencillamente proteger a la gente de la explotación de los políticos. La separación ya es un hecho. ¿Quién ha metido la idea a Rajiv Gandhi de que la religión y la política no están­ separadas?

La política es algo que pertenece a las cloacas. La religión pertenece al cielo abierto y limpio, como el pájaro volando a tra­vés del sol para llegar al centro mismo de la Existencia.

Es muy cierto que la gente religiosa no participará en la polí­tica, pero los políticos deberían aprender a ser humildes; su poder no debería cegarles. El poder corrompe y el poder absoluto, corrompe absolutamente; todos los políticos están corrompidos por el poder. ¿Y qué poder tienen? El de matarte. Su poder es el poder del carnicero, nada glorioso ni respetable.

El hombre religioso tiene una calidad de poder totalmente diferente. Éste radica en su presencia, en su gran amor y reverencia por la vida, en su gratitud a la Existencia.

No deberíamos olvidar que lo inferior debe permanecer dentro de sus límites y que se debería pedir consejo a los sabios para resolver los problemas que los políticos son incapaces de resol­ver; ni siquiera tienen un cerebro adecuado para resolverlos.

Pero las intenciones de Rajiv Gandhi son totalmente distin­tas. Lo que él quiere es que la política sea el único poder que domine al mundo entero, incluyendo a la religión, y que sea la religión la que siga los dictados de la política.

Condeno absolutamente esa idea. La religión no puede seguir los dictados de los políticos. Son los políticos los que deberían aprender a escuchar el consejo de la gente religiosa. Los proble­mas son tan pequeños que cualquier hombre con inteligencia y buena voluntad puede fácilmente resolverlos. Pero el político no quiere resolverlos; sólo habla de resolverlos, porque su poder depende de la cantidad de problemas que tengas. Mientras más problemas tengas y más desgraciado seáis, más poderosos serán.

Para la consciencia religiosa, cuanto más dichoso seas, más amoroso, más alegre, más jubiloso... quiere que tu vida sea una canción, una danza, porque ésta es la única forma de rendir culto a la fuen­te de toda vida: con nuestra alegría, con nuestra danza y nuestras canciones.

 

 

Capítulo 2

Cuando la Religión se Convierte en Iglesia

 

Osho,

¿Qué es la religión?

¿Cuál es tu opinión sobre las religiones organizadas?

 

La religión es la más alta aspiración de la consciencia humana, es la búsqueda individual de la verdad.

La verdad interna no pertenece al conocimiento común. Cada cual ha de entrar en sí mismo; cada vez es un nuevo descubri­miento. No importa cuánta gente haya alcanzado su Realización, su Despertar. En cuanto lo alcanzas, es absolutamente nuevo, porque no puede tomarse prestado.

La búsqueda consiste básicamente en llegar a conocer tu inte­rior. Tienes una parte externa, y ninguna parte externa existe sin una interna. La propia existencia de lo externo es la prueba de la existencia del mundo interior.

El mundo interior está formado por tres capas: los pensamien­tos son la más superficial, los sentimientos son más profundos, y luego está el ser, que es tu divinidad. Conocer la propia divinidad, la propia eternidad, es la búsqueda fundamental de la religión.

Todos los sentidos te llevan hacia el exterior: los ojos se abren para mirar lo exterior, los oídos oyen lo que sucede en el exterior, tus manos tocan lo que hay en el exterior. Los sentidos son las puertas para salir. Y recuerda siempre que la puerta que te sirve para salir, también te sirve para entrar; la misma puerta por la que sales de tu casa, es por la que entras cuando regresas. Sólo cam­bia el sentido. Para salir necesitas tener los ojos abiertos; para entrar necesitas cerrarlos; has de mantener todos tus sentidos callados.

  El primer encuentro es con la mente; pero esa no es tu realidad. Aunque esté en tu cerebro, no eres tú; es el reflejo del exterior. Todos tus pensamientos son un reflejo del exterior.

Por ejemplo, un ciego no puede imaginarse los colores porque no los ha visto; por lo tanto ese reflejo no es posible. El ciego ni siquiera sabe qué es la oscuridad y debido ha que nunca ha visto ni luz ni oscuridad, no hay posibilidad de reflejo alguno. El ciego no conoce ni la luz, ni la oscuridad; para él esos dos términos carecen de sentido. Y si analizas tus pensamientos descubrirás que surgen en tu interior debido a la realidad exterior, de manera que son básicamente externos. Reflejos en el lago inte­rior de tu consciencia.

Pero debido a estos pensamientos... una multitud inmensa que se va acumulando en ti y creando una muralla china... Tienes que ir más allá de tus pensamientos. Y la religión conoce un solo método; con diferentes nombres, pero un solo método: la obser­vación, el ser testigo. Simplemente observa tus pensamientos, sin juzgarlos, sin condenarlos, sin darles importancia... con un ex­tremo desapego. Simplemente observa tus pensamientos fluyendo sobre la pantalla de tu mente.

Y a medida que el observador se fortalece, tus pensamientos van disminuyendo. Si el observador supone el diez por ciento de tu energía, entonces el noventa por ciento se desperdicia en pensamientos. Si tu observador absorbe el noventa por ciento, en­tonces sólo el diez por ciento se invierte en pensamientos. En el momento en que tú eras cien por cien un observador, la mente queda vacía.

Todo este proceso es lo que se conoce como meditación. Al atravesar los pensamientos llegas a la segunda capa, la de los sentimientos, la de tu corazón, que es más sutil. Pero ahora tu observador es ya capaz de observar tus estados de ánimo, tus sen­timientos, tus sensaciones; aunque sean de lo más sutil. Y el mis­mo método funciona como con los pensamientos; pronto no ha­brá sentimientos, sensaciones, estados de ánimo... Habrás ido más allá de la mente y del corazón. Ahora queda un silencio profundo; nada se mueve. Éste es tu ser. Esto eres tú.

El sabor de tu ser es la verdad.

La belleza de tu ser es la belleza de la Existencia.

El silencio de tu ser es el lenguaje que la Existencia entiende. Y recogido en tu ser, has llegado a casa, tu peregrinaje se ha terminado, tu lucha ha cesado. Cómodamente te asientas en silencio en tu ser. Un gran esplendor oculto se te revela porque no estás separado de la realidad; eres uno con ella. Los árboles, la luna, las estrellas y las montañas, todo es parte de una unidad orgánica. Tú eres también parte de esa unidad orgánica, eres parte de Dios.

La religión es el supremo logro del hombre. Más allá de la religión no hay nada, pero tampoco hay necesidad de nada más. Tu ser es tan extático, rebosa tanta felicidad, tanto silencio, tanta paz, tanta comprensión, tanto éxtasis, que por primera vez la vida se vuelve realmente una canción, una danza, una celebración. Pero la religión organizada es algo totalmente diferente, así que siento que debo aclararte que la religión auténtica es siempre indivi­dual. Cuando la verdad se organiza, muere; se convierte en una doctrina, en una teología, en una filosofía, pero deja de ser una experiencia, porque una multitud no puede tener experiencias. Las experiencias suceden sólo a los individuos.

Es casi como el amor. Con el amor no puedes crear organiza­ciones para no tener así que preocuparte, para que la organiza­ción se encargue de todo, para que el sacerdote ame en tu lugar. Y eso es lo que le ha sucedido a la religión. Cada vez que un hom­bre descubre la verdad, inmediatamente una parte de la Humani­dad -la más astuta: los sacerdotes- lo rodea. Empiezan a reco­pilar sus palabras, empiezan a interpretarlas y empiezan a procla­mar que si la gente quiere saber la verdad, ha de hacerla a través suyo; ellos son los intermediarios de Dios. Pueden llamarse a sí mismos profetas, pueden hacerse llamar mensajeros, pueden es­coger el nombre que sea, pero la realidad es que se han colocado a sí mismos como agentes de Dios. No conocen a Dios, pero en nombre de Dios explotan a la Humanidad.

La religión organizada es otra forma de política. Así como he condenado a la política como la más baja de las actividades humanas, lo mismo hago con las religiones organizadas. Tú puedes verlo: los sacerdotes y los políticos han estado siempre en cons­piración contra la Humanidad. Se han apoyado unos a los otros. Han dividido las cosas entre ellos para que lo mundano sea de los políticos -ahí gobiernan ellos- y tu vida interior pertenezca al sacerdote; ahí es él el que manda.

Uno a veces se asombra... parece increíble que en pleno siglo veinte el Papa pueda declarar -como lo hizo hace unos meses­ que el comunicarse directamente con Dios es un pecado. Debes hacerlo por el conducto adecuado,  a  través del  sacerdote, porque si la gente  comenzara a dirigirse directamente a Dios

-confesar­se a Dios, rezarle a Dios- millones de sacerdotes se quedarían sin empleo. Ellos no hacen nada; su función es engañarte. Tú no conoces el lenguaje de Dios ni eres tan evolucionado; por una simple donación a su iglesia o templo, ellos hacen el trabajo por ti.

Todas esas donaciones van a la bolsa de los sacerdotes. No saben nada de Dios, pero son muy eruditos: pueden repetir las escrituras como loros. Pero su íntimo anhelo no es de Dios, ni de la verdad. No son buscadores; son explotadores.

Supe que un cura compró dos loros a los que enseñó -con mucho trabajo- hermosos pasajes sobre Jesucristo. Y todos es­taban asombrados porque hablaban muy correctamente. Les hizo unos pequeños rosarios -para que estuviesen constantemente rezando y también les compró unas pequeñas Biblias... Así que tenían siempre sus Biblias abiertas mientras repasaban las cuen­tas. Aunque no podían leer lo sabían todo de memoria. El cura abría una página y decía: "Página doce". Y ellos empezaban a leer. No es que leyeran; repetían de memoria.

El cura estaba muy satisfecho y pensó que sería bueno tener otro loro para enseñarle a decir sermones completos en vez de recitar la Biblia y rezar el rosario. Encontró un loro cuyo dueño le aseguró: "Su deseo será satisfecho; nunca he visto un loro tan inteligente”.

Pero no se dio cuenta de que era un loro hembra. En cuanto fue puesto en la jaula con los otros dos loros -que estaban re­zando el rosario y leyendo la Biblia- ambos miraron a la hembra y uno de ellos dijo: "¡Jorge, deja el rosario. Nuestras plegarias han sido escuchadas!".

Tus sacerdotes no son más que loros y sus plegarias son para obtener poder, prestigio, dinero. Son políticos disfrazados. Ha­cen política en el nombre de Dios, la política de los números. Hay ahora setecientos millones de católicos; evidentemente el Papa es el hombre religioso más poderoso del mundo.

Todas las religiones ha incrementando el número de sus fieles utilizando diferentes métodos. A los musulmanes se les permite tener cuatro esposas para así engendrar cuatro niños al año. Han tenido un gran éxito; son la segunda gran religión después del cristianismo.

"Religión organizada" es sólo una expresión sin contenido, sin significado; en ella se esconde la política de los números. Y lo sabes perfectamente. Cuando las elecciones se acercan, tus políticos van a ver al Shankaracharya. Durante cinco años nadie va a visitarle, pero cuando las elecciones se acercan, entonces el primer ministro visita al Shankaracharya; acude en peregrina­ción a templos situados en montañas tan altas como los Himala­yas. ¿Para qué? Repentinamente surge una gran devoción religio­sa, que declina en cuanto las elecciones terminan.

Esta gente necesita los votos, tienen que mostrar respeto a los dirigentes de las religiones. Y un Shankaracharya se siente hala­gado cuando un primer ministro le toca los pies. Y los hindúes, ­los seguidores del Shankaracharya, piensan que su primer mi­nistro es muy devoto.

Cuando el Papa viene a la India, incluso el presidente y el primer ministro con todo su gabinete forman en fila para recibirle en el aeropuerto. ¿Para qué? La tercera gran religión en la India es ahora el cristianismo y si muestras respeto por el Papa signifi­ca que todos los votos de los cristianos van a ser tuyos.

Las religiones organizadas -ya sea el cristianismo o el hin­duismo o el islamismo- nunca han buscado la verdad. En dos mil años, ¿qué verdad ha organizado el cristianismo además de lo ya dicho por Jesús? Así que ¿qué necesidad hay de esta organiza­ción? No ha incrementado la religiosidad de la gente; simple­mente ha repetido lo que dijo Jesús, lo que está a disposición de todos en los libros. En veinticinco siglos, ¿cuántos budistas han ido en busca de la verdad o la han hallado? Son sólo una larga fila de loros repitiendo, lo que Gautama Buda encontró.

Y debes recordar que Buda no fue parte de ninguna religión organizada, ni tampoco lo fue Mahavira, ni Jesús. Ellos eran busca­dores individuales. Ese es el privilegio y la dignidad del individuo.

Las religiones organizadas, al igual que los políticos, han provocado las guerras. Los nombres pueden cambiar: los políticos luchan por el socialismo, el comunismo, el fascismo, el nazis­mo... y las religiones organizadas luchan por Dios, por el amor, por su propio concepto de lo que es la verdad. Y millones de personas han resultado muertas en los choques entre cristianos y musulmanes, entre cristianos y judíos, entre musulmanes e hin­dúes, entre hindúes y budistas. La religión no tiene nada que ver con la guerra; es la búsqueda de la paz. Pero las religiones orga­nizadas no están interesadas en la paz; están interesadas en vol­verse más y más poderosas y dominantes.

Condeno a los políticos e igualmente condeno a las religiones organizadas, porque no son más que política. Por esto, cuando digo que la gente religiosa debe ser respetada, honrada y que los políticos deben acudir a ellos en demanda de consejo, no me re­fiero a las religiones organizadas; me refiero a los individuos religiosos. Y un individuo religioso no es ni hindú, ni cristiano, ni musulmán. ¿Cómo podría serlo? Dios mismo no es ni hindú, ni musulmán, ni cristiano, y el hombre que conoce algo de lo Divino adquiere los colores de la Divinidad, exhala el aroma de la fragancia divina.

En el antiguo Oriente, esta gente religiosa fue el más elevado florecimiento. Incluso reyes y emperadores acudían a ellos para postrarse a sus pies y recibir su bendición, para solicitar consejo sobre problemas difíciles de resolver.

Si queremos que el mundo siga existiendo, tenemos que retor­nar a nuestros antiguos días de infancia, cuando la persona religio­sa no albergaba intereses privados. Por eso sus ojos estaban lim­pios, por eso su corazón era puro amor, su ser era en sí una bendi­ción. Quienquiera que llegaba a él, era curado; sus problemas re­sueltos; obtenía nuevos enfoques para sus viejos problemas.

Las religiones organizadas deben desaparecer del mundo, han de abandonar su máscara de religiosidad. Son simplemente políti­cos, lobos con piel de cordero. Han de desvelar sus verdaderos intenciones; son políticos, no hay nada malo en ello. Siempre han sido políticos, pero han estado haciendo política en nombre de la religión.

Las religiones organizadas no tienen futuro alguno.

Deben abandonar su disfraz y mostrarse como políticos y ser parte del mundo político, para que así podamos encontrar al indi­viduo auténticamente religioso, que es muy raro de encontrar. Pero unos cuantos individuos auténticamente religiosos, bastan para conducir al mundo entero hacia la luz, hacia la vida inmortal, hacia la verdad última.

 

 

Capítulo 3

No Estoy en Contra del Papa

 

Osho,

Tú estás muy en contra del Papa.

¿Se debe a que la Iglesia Católica es quizás la más organizada de las religiones?

 

No estoy en contra de nadie, pero sí estoy a favor de la verdad. Voy a criticar todo aquello que vaya contra la verdad; para mí es un deber sagrado. Que la Iglesia Católica sea la religión más or­ganizada, es una de las razones por las que critico tanto al Papa. Hay también otras razones.

Me gustaría detallarte todas las razones de mis críticas. Pri­mero, la Iglesia Católica en particular y el cristianismo en general, no son en absoluto una religión. Llamarla "religión organizada" es utilizar un término equivocado. Es una "superstición organizada".

Durante estos veinte siglos después de Jesucristo; el cristia­nismo ha estado defendiendo toda clase de supersticiones y lu­chando contra la ciencia, contra todos los descubrimientos de la verdad. Y quienes han promovido esta guerra entre la supersti­ción y la ciencia, han sido los Papas.

En primer lugar, durante estos veinte siglos los Papas han es­tado proclamando su infalibilidad, lo cual es algo absurdo. Pero según su lógica, ellos representan a Jesucristo y Jesucristo es el único hijo de Dios. Por tanto, indirectamente ellos son el instru­mento de Dios, ¿cómo podrían ser pues falibles? Pero la vida no es lógica. Tu Dios mismo es una ficción. El que Jesucristo sea el unigénito de Dios, es otra ficción. Y la infalibilidad del Papa es simplemente ridícula.

 

Cuando Galileo descubrió que no era el Sol el que giraba al­rededor de la Tierra, sino que era la Tierra la que giraba alrededor del Sol -era ya viejo, setenta y cinco u ochenta años, casi en su lecho de muerte-, fue llevado ante la presencia del Papa. Y el Papa le dijo: "Antes de morir desdícete de lo que afirmas porque va en contra de lo que dice la Biblia. Y todo lo que va contra la Biblia, es falso porque la Biblia es la palabra de Dios".

Galileo era un gran científico y tengo un enorme respeto por él. A su edad y a las puertas de la muerte seguía teniendo un gran sentido del humor.

Él dijo: "No hay problema, lo cambiaré; escribiré en mi libro exactamente lo que está escrito en la Biblia -que el Sol gira al­rededor de la Tierra pero he de decir claramente lo siguiente: ni el Sol ni la Tierra van a leer mi libro. En realidad, la Tierra seguirá moviéndose alrededor del Sol".

"¿Y por qué insistís? Tengo las pruebas, he dedicado mi vida a la investigación y todos los que tienen una mente científica están de acuerdo conmigo. Tarde o temprano tendréis que estar también de acuerdo conmigo porque uno no puede mantenerse en contra de la verdad por mucho tiempo."

El Papa dijo: "No podemos tolerar nada que vaya en contra de la Biblia por la simple razón de que si algo de lo que dice resulta falso, entonces la infalibilidad de Dios desaparece. Y si Dios mismo es falible, ¿qué pasará con Jesucristo? ¿Y con el Papa? Y si Dios ha escrito una falsedad, ¿quién sabe?, puede ser que haya escrito muchas otras. No podemos permitirlo".

Durante trescientos años los Papas han estado luchando dura­mente contra todos y cada uno de los descubrimientos científicos de la verdad. Nadie puede salir victorioso contra la verdad, pero lo han intentado con todas sus fuerzas. Es la única religión que ha peleado contra la ciencia; ésta es una de las razones funda­mentales por las que estoy en contra del Papa.

Incluso ahora continúan oponiéndose a la ciencia sabiendo perfectamente que saldrán derrotados y que es una batalla perdida. Y continúan llamándose infalibles.

Es sorprendente cómo la gente puede tener tan poca vergüenza. Es hora de que aprendan.

­Ellos sacrificaron y quemaron a Juana de Arco por orden del Papa, porque él la declaró bruja. ¿En base a qué, a qué razona­miento, a qué revelación? ¿Sólo porque el Papa lo diga, tiene que ser cierto? La palabra del Papa es ley; la palabra del Papa es la verdad. Quemaron a una gran mujer, valerosa e inteligente, que había luchado por la libertad de su país y que había ganado para éste la libertad. Sintieron celos de que una mujer se hiciera tan notable que incluso el Papa quedara en un segundo plano.

Fue quemada por celos; no había cometido pecado. Toda Eu­ropa se conmovió y lentamente empezó a levantar la voz contra su muerte. Pero tuvieron que pasar casi trescientos años para que la voz de la gente fuera escuchada y otro Papa declarara a Juana de Arco una gran santa.

Un Papa la quema viva, por bruja -tenía relaciones carnales con el diablo- y después de trescientos años, otro Papa -su su­cesor, representante del mismo Jesucristo y de Dios- declara que era una santa. Sus restos fueron exhumados y ahora son venera­dos, y una hermosa catedral se yergue en su memoria. Ahora ya no se la llama simplemente Juana de Arco, sino Santa Juana de Arco.

  El Papa viaja continuamente por todo el mundo, predicando­ particularmente en los países de Oriente donde la gente es muy pobre y donde va a volverse más y más pobre cada día -que el control de la natalidad es contrario a Dios, que cualquier método que impida el nacimiento de un niño es contrario a Dios. Pero el Papa no está interesado en que la gente viva mejor, sin pasar ham­bre. La gente no debería morir por falta de agua, de alimento.

Y te sorprenderá saber que por una parte el Papa habla contra los métodos de control de la natalidad y por la otra, el Vaticano tiene una fábrica clandestina donde se fabrican píldoras anticon­ceptivas porque es un buen negocio y deja millones de dólares. ¿Llamas a esa gente, "religiosa"?

  El viaja por todo el mundo diciendo que los curas católicos, los obispos y cardenales, no deben inmiscuirse en la política, porque él quiere tener a los políticos a su favor. Y está demostra­do que él mismo envió a Polonia -a un partido político-       cien millones de dólares para luchar contra el comunismo, ¿no es esto política?

Y su interés por no controlar la natalidad es en realidad un interés por aumentar la población. Lo que suceda a la gente, no es el problema. Si la gente es pobre y pasa hambre puede fácil­mente ser convertida al cristianismo, en particular a la Iglesia Católica. Sus escuelas, sus hospitales, sus orfanatos, no son sino fábricas para convertir a la gente al catolicismo.

Es un hecho bien conocido hoy en día que para finales de siglo casi la mitad de la población mundial se estará muriendo de hambre. Es difícil de imaginar esa situación en la que un hombre de cada dos vaya a morir. Por todas partes habrá cadáveres sin que haya nadie para enterrarlos o llevarlos a la funeraria. De he­cho, morir será mejor que vivir entre tanto cadáver. El mundo entero apestará a muerte.

Los Papas no parecen estar interesados en salvar a la Humani­dad. Su principal interés consiste en convertir más y más gente a su religión, porque esa es su fuerza. Es pura política.

Toda la teología cristiana está basada en esas ideas estúpidas; llamarla religión es absurdo. Jesús nace de una madre virgen. Toda la ciencia médica contradice este hecho; no es posible. Pero éste es uno de sus fundamentos; si lo dejas de lado, el edificio entero del cristianismo se derrumba.

No han dado al mundo ningún método para elevar la cons­ciencia, no han producido gente Iluminada, pero bajo la red del catolicismo han atrapado a setecientos millones de personas. Es­tán llenos de creencias absurdas y aun cuando tienen ojos, no ven; tienen oídos, pero no oyen. Y si les dices algo, están dis­puestos a crucificarte. Están en contra de la crucifixión de Jesús, pero siempre están dispuestos a crucificarte si dices simplemente la verdad.

Dije en uno de mis discursos que la Santa Biblia era uno de los libros menos santos del mundo, pues tiene quinientas páginas de pornografía pura. Uno de mis amigos de América, al oír esto, compiló esas páginas y las publicó en un libro llamado X Rated Holy Bible. Y acabo de recibir unas citaciones desde "Kanpur". Diez asociaciones cristianas han iniciado un pleito en mi contra, por estar hiriendo sus sentimientos religiosos.

No puedo creer que la gente esté tan ciega. Si hay algo que hiere tus sentimientos religiosos, eso es tu Biblia; yo no tengo nada que ver con ella. Deberías decirle al gobierno que prohibie­ra la Biblia o la clasificara como literatura pornográfica.

No me estoy inventando nada. Esas quinientas páginas están allí, en la Biblia, y esas diez asociaciones deberían al menos haber ojeado sus Biblias para saber de qué estoy hablando; si no, ante los tribunales quedarán como absolutos estúpidos.

Ahora se están iniciando movimientos en todos los países para lograr que la homosexualidad sea declarada un gran crimen. Y todo el mundo sabe que el Papa Pablo VI era homosexual. Antes de ser Papa era el cardenal de Milán, y ya entonces, eso era un rumor vox populi. Todo Milán estaba sorprendido de verle siem­pre con su amigo, un hermoso joven. Aun conociéndose este he­cho, llegó a Papa. Y cuando fue nombrado Papa, su amigo fue llamado al Vaticano y se convirtió en su secretario. Comúnmente la secretaria es la amiga; aquí era algo diferente, pero la misma historia.

Y el Vaticano nunca ha negado esto. No pueden; es un hecho evidente. Pero si lo dices, significa que estás contra el Papa. Yo estoy sólo a favor de la verdad.

  Pero quizás esto empezó con la virginidad de María y el nacimiento de Jesús. Oí que...      

Ésta es una historia del futuro porque este Papa polaco tarda­rá mucho en morir. Comúnmente los Papas mueren en uno o dos años; pues para cuando son nombrados Papas, tienen ya alrede­dor de setenta y cinco años. Y probablemente esperaban que este polaco moriría también, pero no conocen a los polacos. Él se ha olvidado completamente de morir y está disfrutando su puesto enormemente; ningún otro Papa lo había hecho así.

Continuamente viaja por todo el mundo y el Vaticano está endeudándose. Se ha gastado en viajes nueve millones de dóla­res. Dos días antes de que fuera a Australia, la Reina británica había ido también. Gastaron más dinero en la visita del Papa a Australia que en la visita de la Reina de Inglaterra. Y ésta es la gente que dice: "Bienaventurados sean los pobres".

Pero finalmente el Papa polaco murió y fue al cielo con todos los honores. A las puertas del cielo San Pedro le detuvo y le dijo:

"Hola, no puedes entrar así como así, ¿quién eres?".

  El Papa le contestó: "Soy vuestro representante en la Tierra. Soy el Papa".

  San Pedro le dijo: "¿El Papa? ¿Nuestro representante? Nunca hemos oído hablar de ti".

  El Papa sorprendido le contestó: "¡Oh, bien! Tan sólo dile a Dios que ya estoy aquí. Él te dirá que me dejes entrar".

  San Pedro gritó: "Oiga, jefe, aquí hay un tipo diciendo que es el Papa, ¿le conoce?".

  Jesús contestó: "No, nunca oí hablar de él".

  San Pedro dijo: "Lo siento. No te puedo dejar entrar. Nadie de aquí te conoce".

  El Papa le dijo: "No puedes decirme que me vaya, soy el Papa en persona. Pregunta al Espíritu Santo. Seguro que él me cono­ce".

San Pedro gritó otra vez: "¡Oye, Paloma! Un tipo insiste en que le conoces. Dice que es el Papa".

Y el Espíritu Santo contestó: "¿El Papa? Claro que le conoz­co. Es el tipo que hizo correr esos sucios rumores entre María y yo. Échalo fuera".

Toda la religión se basa en un chiste verde.

Al Papa Pablo VI -que era homosexual- le sucedió el Papa Juan Pablo I. Era un hombre liberal e inteligente que ordenó in­vestigar a los cardenales y obispos pertenecientes a las Logias Masónicas, las cuales estaban prohibidas por la Iglesia Católica.

Estas Logias Masónicas tienen como miembros sólo a la gen­te más rica del mundo. Son sociedades secretas que realizan ri­tuales secretos. Habían sido condenadas por el cristianismo, por lo que ningún cura, obispo o cardenal, ni nadie con un puesto oficial podía ser miembro de una Logia Masónica. Sus rituales consisten en orgías sexuales y otra clase de actos repugnantes. Juan Pablo I ordenó investigar a los cardenales y obispos perte­necientes a estas logias. Descubrió que muchos altos jefes del Vaticano eran masones y ordenó que fueran destituidos.

¿Ves la hipocresía? Es la misma gente que promulgó la ley prohibiendo a los curas ser miembros de las Logias Masónicas, pero en el mismo Vaticano se descubrió que cardenales, obispos y arzobispos formaban parte de ellas. Y debido a que Juan Pablo I ordenó destituirles, toda la jerarquía y la burocracia católica se pusieron en contra de este hombre tan inteligente. En toda la his­toria del cristianismo, él es quizá el único Papa con algo de inte­ligencia, algo de humanidad, algo de comprensión.

Al mismo tiempo ordenó una investigación en el Banco del Vaticano, la cual reveló que el banco blanqueaba cada año cien­tos de millones de dólares provenientes de la mafia de las drogas, de la heroína.                                        

Estas son tus instituciones religiosas. El mismo Banco del Vaticano, cuya cabeza es el Papa, no es más que la mayor mafia organizada. ¡Cientos de millones de dólares procedentes de la heroína! Hablan y predican contra las drogas cuando entre basti­dores ellos mismos trafican con ellas.

También convocó una asamblea para anunciar que la Iglesia apoyaría el control de la natalidad. Realmente era un hombre de gran entendimiento; quería llamar a la píldora, la "píldora católi­ca". Pero antes de poder convocarla fue encontrado muerto en circunstancias sospechosas.

Fue asesinado. El gabinete del Vaticano declaró que murió de un paro cardíaco, pero eso es absolutamente falso, porque su pro­pio médico personal afirmó que su corazón estaba perfectamente y que nunca había tenido ningún problema. Y lo más significati­vo es que no llamaron a su médico personal. En su lugar, los respon­sables del Vaticano ordenaron inmediatamente embalsamar el ca­dáver e impidieron que su médico le examinara. También rehusa­ron la autopsia. No se expidió un certificado de defunción, de modo que hasta hoy, oficialmente continúa viviendo, puesto que no hubo certificado de defunción.

Y se hizo la autopsia después de haberlo embalsamado. Pero una vez que se embalsama un cadáver -después de extraerle la sangre del cuerpo y reemplazarla con sustancias químicas- re­sulta imposible averiguar si ha sido envenenado o qué fue lo que sucedió. Pero la situación es muy clara. Personas cercanas a él sostienen que los papeles que él tenía en la mano cuando el cuer­po fue descubierto, eran los de su testamento.

Dándose cuenta a media noche, de que había sido envenenado, de que iba a morir, habría tratado de escribir su testamento o contar lo que le había sucedido, lo que le habían hecho. Pero misteriosamente sus papeles desaparecieron al igual que el fras­co con su medicina.

Se cree que mezclaron veneno en su medicina y que él la tomó pensando que era su medicamento. Cuando el veneno empezó a surtir efecto, debió de haber tratado de escribir su testamento. Debió de haber tratado de contar que -según parecía- había sido envenenado y que se estaba muriendo. La gente que lo encontró primero, vio que era el testamento lo que apretaba en sus manos.

Y lo más sorprendente es que aun antes de que encontraran su cuerpo, se habían dado instrucciones de que el cadáver fuera embalsamado, porque la gente que estaba en la conspiración sa­bía que por la mañana sería necesario disponer de los embalsa­madores. Así que todo se preparó anticipadamente.

No fue una muerte accidental.

Le sucedió el Papa Juan Pablo II, el polaco, que prohibió to­dos los métodos de control de la natalidad, excepto el método del ciclo, aun cuando el Vaticano es en realidad dueño de una fábrica de píldoras anticonceptivas. También anuló la ley por la cual la Iglesia prohibía a los clérigos ser miembros de las Logias Masó­nicas. Y ascendió a Marcinkus, el jefe del Banco del Vaticano, al cargo de arzobispo y le nombró miembro de su círculo personal. Este hombre era el mismo hombre que dirigía la Mafia que blan­queaba el dinero de la heroína a través del banco.

En 1982, el arzobispo Marcinkus estuvo envuelto en un gran escándalo financiero cuando un banco italiano quebró. Uno de sus amigos de negocios fue encontrado ahorcado bajo el puente de Londres. Y otro colega -que había estado en la cárcel bajo el cargo de haber asesinado a un comisario de policía- murió al beber café con cianuro. Ellos eran los que podían haber testifica­do contra el arzobispo Marcinkus, ellos conocían todos los se­cretos; y ambos fueron asesinados.

Se dictó una orden de captura contra el arzobispo, pero el Vaticano es un gobierno independiente -de sólo ocho millas cuadradas- y el gobierno italiano no tiene poder para intervenir en él. Y el Papa ocultó a ese hombre dentro del Vaticano. La orden de busca y captura está esperando afuera. Estos son tus líderes religiosos.

El Papa polaco también ha estado reprendiendo severamente a sacerdotes de todo el mundo por intervenir en política, pero él mismo ordenó que millones de dólares del Vaticano fueran entre­gados al grupo Solidaridad, en Polonia, que luchaba contra el gobierno comunista.

Estoy en contra de las religiones organizadas porque en cuan­to algo sé convierte en una organización, empieza a perseguir sus propios intereses. Y la religión queda olvidada; otras cosas se vuelven más importantes. La verdad y la búsqueda de la verdad necesitan de tu entrega total; nada ha de interferir.

Una religión organizada se convierte en una prisión. Empieza a suministrarte doctrinas ya hechas y tu única función es creer en ellas, bien sean razonables y lógicas, o no lo sean. No estás auto­rizado para experimentar por ti mismo porque, ¿quién sabe?, po­drías encontrar algo que fuese contra la doctrina oficial.

Pero la doctrina oficial no puede convertirse en tu Ilumina­ción. La doctrina oficial puede hacer de ti un erudito, pero no puede hacerte sabio, no puede volverte intuitivo, no puede hacerte consciente de Dios.

Critico al Papa porque no sólo es la cabeza visible de una religión organizada, sino también la cabeza de un gobierno. No es gran cosa -sólo ocho millas cuadradas pero aun así, es re­conocido como Jefe de Estado, tiene representantes en la ONU, tiene embajadores en diferentes países.

La religión es algo tan elevado, y la política es algo tan bajo, que has de recordar esto: cuando se mezcla algo bajo con algo elevado, es siempre lo elevado lo que se corrompe, no lo bajo... Es siempre lo superior lo que pierde su calidad de ser superior; lo inferior no tiene nada que perder; no puede caer más bajo. Está ya en lo más bajo.

La religión y la política deben estar separadas. Y en cuanto la religión se organiza, se convierte en política. Por lo tanto, la religión jamás debe organizarse; ha de ser la búsqueda privada, per­sonal e íntima de cada uno.

  El individuo ha de tener al menos un área de su vida en la que pueda ser totalmente libre, sin que nadie decida por él, donde pueda abrir sus alas como un águila y volar por el cielo, sin cade­nas, sin ligaduras, sin obstáculos.

  La religión florece sólo en un corazón absolutamente libre de doctrinas, de creencias, de iglesias, de mezquitas.

  Quiero que todo el mundo sea religioso, pero no cristiano, ni católico, ni hindú, ni musulmán. Ser sólo religioso es suficiente.

¿No puedes ver estos simples hechos? La honestidad es la honestidad; no es ni cristiana ni hindú. La verdad es simplemente la verdad; no puede ser musulmana, ni cristiana. El amor es sim­plemente amor; no puede ser oriental, ni occidental. La compa­sión es compasión; no pertenece a ninguna raza, a ningún país, a ningún clima, no depende de la geografía ni de la historia. Estos son los ingredientes de una consciencia religiosa.

La meditación es simplemente científica, de la misma forma que lo es la física -sin preocuparte de si es hindú, o musulma­na- o la química -sin preocuparte de si es protestante, o católi­ca. Cuando vas al médico nunca miras si la medicina es hindú o budista.

La realidad interna es simplemente puro silencio. Allí flore­cen miles de flores, pero no pertenecen a ninguna organización. Son el fruto de tu búsqueda, de tu propio camino interno.

Fundamentalmente todas las religiones organizadas están pri­vando a la Humanidad de su religión, porque te desvían. Siempre te dirigen hacia afuera; su dios está lejos, en el cielo. Cuando, con las manos juntas, rezas mirando al cielo, no te das cuenta que nadie va a escucharte. De hecho, el que está orando, el que está vivo dentro de ti, el que respira en ti, ese es Dios.

Sólo tienes que descubrirlo. Está escondido en las capas de tu falsa personalidad. Encuéntralo en medio de tu inocencia y la vida se volverá puro gozo, una canción sin palabras, una danza, una celebración.

Y al final de tu celebración no habrá más que lágrimas de gratitud. No puedo ni pensar ni imaginarme que esas lágrimas de gratitud pertenezcan a una religión. Pertenecen al corazón indivi­dual, rebosante de gratitud hacia la Existencia.

 

 

Capítulo 4

Guerra y Paz

 

Osho:

Puesto que la paz fue oficialmente restablecida en el mundo, al final de la Segunda Guerra Mundial,

¿qué es lo que los polí­ticos han estado haciendo?

 

Nunca ha habido paz. En la historia sólo ha habido dos períodos:  el que denominamos guerra y el que llamamos paz, que es un disfraz. En realidad debíamos llamarlo “preparación para otra guerra".

Y tú me preguntas:

 

"Puesto que la paz fue oficialmente restablecida en el mundo, al final de la Segunda Guerra Mun­dial,

¿qué es lo que los políticos han estado haciendo?".

 

Los políticos han estado haciendo exactamente lo que siem­pre han estado haciendo: creando más conflictos, más inquietud, más discriminación, más armas destructivas, mientras se prepa­ran para la Tercera Guerra Mundial.

Una vez preguntaron a Albert Einstein: "Usted es el científico que ha descubierto la energía atómica. ¿Puede decirnos qué pa­sará en la Tercera Guerra Mundial?".

Einstein, con lágrimas en los ojos, dijo: “No me preguntéis acerca de la Tercera Guerra Mundial. No sé nada acerca de ella. Pero si queréis saber acerca de la Cuarta Guerra Mundial, puedo deciros algo".

El periodista que preguntaba se quedó sorprendido. Aquel hombre no decía nada acerca de la Tercera Guerra, pero estaba dispuesto a hablar de la Cuarta Guerra Mundial. Preguntó con curiosidad: "Por favor, dígame algo acerca de la Cuarta Guerra Mundial?

  Einstein dijo: "Sólo puedo decir una cosa: que nunca va a suceder. La tercera será la última Guerra Mundial".

  Para esta última guerra los políticos se han estado preparando desde que se declaró la paz tras la Segunda Guerra Mundial.

El político y su juego son las cosas más detestables que pue­das imaginarte. Estamos enfrentándonos a la oscuridad de la no­che y recuerdo ese viejo dicho: "Cuando la noche es más oscura, el amanecer está cercano". Pero no me atrevo a decir que tras esta noche oscura que nos rodea vaya a haber alguna aurora.

Sólo voy a decirte exactamente lo que ha estado sucediendo desde 1945 y de lo cual la gente está en la ignorancia absoluta. No se dan cuenta de que están sentados sobre un volcán listo para entrar en erupción en cualquier momento. Todos están ocu­pados con trivialidades y el problema real permanece oculto, como si no existiera.

Desde 1945 ha habido ciento cinco guerras en sesenta y seis países, todos ellos del Tercer Mundo. Uno necesariamente pre­gunta: ¿por qué en el Tercer Mundo? Estados Unidos y la Unión Soviética han ido tan lejos en el desarrollo de armas destructivas, que las armas usadas en la Segunda Guerra Mundial están anticua­das. Para ellos no son de utilidad. Tienen que ser vendidas; necesi­tan un mercado y el mercado sólo existe si hay guerras.

Estados Unidos manda armas a Pakistán; entonces, por lógi­ca, la India las importa de la Unión Soviética e igual ocurre en el Tercer Mundo. Un país compra material obsoleto a la Unión Soviética y el enemigo lo compra a los Estado Unidos. Es un buen negocio.

Y ellos no quieren detener las guerras, porque si así lo hicie­ran ¿cómo venderían esas armas en las que han invertido millo­nes de dólares? Y estos países pobres y sus políticos están dis­puestos a comprarlas aunque su gente muera de hambre. El se­tenta y cinco por ciento de su presupuesto se destina a la guerra.

Cada guerra ha durado un promedio de tres años y medio, así que, ¿quién dice que la paz ha sido establecida? Ciento cinco guerras en sesenta y seis países, con tres años y medio de duración, ¿y a eso lo llamas paz?

Las guerras han causado dieciséis millones de muertos. En la Segunda Guerra Mundial también hubo millones de muertos. Des­de entonces, se han matado dieciséis millones de personas en las guerras, ¿y aún continúas llamándolo paz?

Pero los políticos son tan astutos y la gente tan ciega que no ven lo que sucede a su alrededor. Siguen peleando por pequeñas cosas como ¿qué distrito pertenece a un determinado estado? Belgaum es un distrito aquí. Debería incluirse en Maharastra? Es un distrito que está en los límites entre Maharastra y Kamataka. Hay gente que pertenece a las dos lenguas y se ha estado matando entre sí sin interrupción durante tres décadas... y esta nimiedad no puede ser resuelta. De hecho, nadie quiere resolverlo, si no ¿cuál es el problema? Sólo un pequeño plebiscito, una votación neutral y la gente misma podría decidir a dónde quiere pertenecer. Pero al parecer, los políticos están interesados en que las disputas conti­núen para así ser necesarios.

Han muerto dieciséis millones y todavía en las escuelas y universidades se sigue repitiendo: "Vivimos en un período de paz". En realidad, la Guerra Mundial fue casi más pacífica; sólo murie­ron seis millones de judíos. La paz ha matado un número de personas tres veces mayor.

La mayoría de las guerras se han desarrollado en Asia. El que las guerras se desarrollen en otros países, es una de las estrategias de las naciones poderosas y sus políticos. Estados Unidos y la Unión Soviética han de luchar en Afganistán para que así la gente de Afganistán sea la que muera. Afganistán se convierte en un cementerio y Estados Unidas y la Unión Soviética salen bene­ficiados con la venta de armas. Envían expertos, armas, entrenan a los Afganos y éstos se matan entre sí. En un bando disponen de las armas americanas; por el otro de las rusas.

Nueve millones de civiles, desde Hiroshima, han muerto en guerras convencionales. En otros tiempos no se mataba a civiles. Esto es absurdo. Si los ejércitos luchan, es posible que mueran soldados, pero ahora parece que no hay sensibilidad, que no se razona: se mata a nueve millones de civiles. Ya pueden ser niños, o mujeres, o ancianos, sin tener nada que ver con la guerra. Pueden estar leyendo en la escuela, trabajando en la fábrica o, tal vez, cocinando en su casa.

Hace unos pocos días Ronald Reagan, sin razón alguna, atacó Libia, bombardeó la parte civil. Su meta era Gaddafi y como Gad­dafi tiene tres casas en la ciudad, las tres tuvieron que ser bombar­deadas. Y al atacarlo, otras casas fueron quemadas y destruidas.

Y recientemente, investigando se ha sabido que mientras el bom­bardeo tenía lugar, asesinos profesionales buscaban por toda Li­bia a Gaddafi, porque era posible que él no estuviera en su casa.

Así, pues, bombardearon a civiles mientras los asesinos bus­caban a Gaddafi. Sólo pudieron matar a su hija. Y ni Gaddafi ni los libios les habían hecho nada malo.

Y es una coincidencia que el mismo día que Inglaterra permi­tía a Ronald Reagan que la utilizase como base para bombardear a Libia, su Parlamento no me permitió permanecer en su aero­puerto -en la sala de espera- ni durante seis horas. ¡Porque soy un hombre peligroso! Pero a Ronald Reagan se le permitía utili­zar a Inglaterra para bombardear a un país inocente que no le había hecho ningún daño.

Ésta es la noche más oscura que la Humanidad ha encarado jamás.

El presupuesto de guerra anual es aproximadamente setecien­tos mil millones de dólares. Cada año quince millones de perso­nas mueren de desnutrición y enfermedades, mientras se gastan en guerras setecientos mil millones de dólares.

Cada minuto, treinta niños mueren por falta de alimentos y va­cunas de bajo costo y cada minuto un millón trescientos mil dóla­res de los fondos públicos se destinan mundialmente a gastos militares.

Parece que no estamos ya interesados en la vida; hemos deci­dido suicidamos. El hombre nunca ha estado en toda su historia tan a punto de suicidarse como ahora.

Doscientos cincuenta millones de niños no han recibido si­quiera la educación elemental; un solo submarino nuclear iguala el presupuesto anual de educación para ciento sesenta millones de niños en edad escolar en veintitrés países en desarrollo. ¡Un solo submarino! Y hay miles de submarinos navegando por los océanos alrededor del mundo, americanos y rusos, y cada subma­rino tiene armas nucleares. Seis veces más poderosas que todas las armas empleadas en la Segunda Guerra Mundial. Y son tan cos­tosas que podríamos haber proporcionado a nuestros niños edu­cación y alimento y nutrición. Pero eso no nos interesa.

Estos son los políticos que no hay que molestar, que quieren tener el control absoluto sobre la Humanidad, sin que nadie esté por encima de ellos.

Los bosques del mundo están desapareciendo a un ritmo de dieciocho a veinte mil hectáreas al año, un área equivalente a la mitad de California -y éste es uno de los estados más grandes de los Estados Unidos. En los próximos veinte o treinta años, todas las selvas tropicales habrán desaparecido, y las implicaciones son tremendas porque nos proveen de oxígeno y de vida. Si estas sel­vas siguen desapareciendo a ese ritmo, la Humanidad estará per­dida. ¿De dónde obtendrá el suficiente oxígeno?

Y por otro lado, todo el dióxido de carbono que se exhala es absorbido por estos bosques. Si estos bosques no estuvieran allí... y ya hay una capa espesa de dióxido de carbono acumulándose en el cielo, justo en el límite de la atmósfera. Y debido a esa capa, la temperatura de la atmósfera se está elevando. Ya está cuatro grados por encima de lo normal.   

Si todos los bosques desaparecen, la temperatura subirá tanto que pasarán dos cosas: primero, será imposible sobrevivir; se­gundo todo el hielo de los polos -norte y sur-, el que está en los Himalayas, en los Alpes y en otras montañas, empezará a de­rretirse y hará que todos los océanos se eleven mil metros. Inundará todas las ciudades y todos los países, cubrirá casi la Tierra entera y esta inundación no retrocederá.

Pero los políticos continúan haciéndolo. Hace unos meses es­tuve en Nepal. Nepal es el país más pobre del mundo, pero en vez de abandonar sus preparativos de guerra, ha vendido sus bos­ques -los eternos bosques de los Himalayas- a la Unión Sovié­tica. Y la Unión Soviética ha talado todas las laderas de las mon­tañas dejándolas peladas. Y para qué? Para hacer periódicos. ¿Qué necesidad hay de tantos periódicos? Casi siempre son las mismas noticias y ahora que se tienen mejores medios de comunicación, los periódicos están pasados de moda. Hay radio, hay televisión, ¿para qué seguir con los periódicos, destruyendo los bosques? Pues porque los políticos, los presidentes y prime­ros ministros, necesitan sus retratos en primera página; sus dis­cursos -que son sólo mierda- tienen que publicarse sin ningu­na consideración al daño que están causando.

En el mismo período, se espera un incremento de la población mundial de un treinta a un cuarenta por ciento; de cinco mil mi­llones a siete. Este incremento de población hará que se duplique la necesidad de agua en casi la mitad del mundo.

El alimento es también otro factor. Incluso el agua resultará escasa, puesto que se necesitará el doble, y no tenemos tanta agua potable. Además, el informe de las Naciones Unidas dice que un total de veinte millones de hectáreas al año de tierras de cultivo y pastoreo, son reducidas a un nivel cero de productividad. Más de mil especies de plantas y animales se extinguen cada año, y el número sigue en aumento. De uno a dos millones de personas en los países en desarrollo, sufren de envenenamiento agudo por pes­ticidas, y las muertes relacionadas con esos pesticidas son esti­madas en diez mil al año.

Oficiales de la Comisión de Planeamiento de la India recien­temente declararon: "Estamos al borde de un enorme desastre ecológico en la India, con las reservas de agua agotándose. Lo que sucedió en África va a suceder en la India en unas décadas".

La población sigue creciendo, la tierra se vuelve estéril, las re­servas de agua disminuyen más y más, y debido a la tala de bos­ques, los ríos que van desde Nepal a Bangladesh provocan inun­daciones como nunca antes se habían visto. Miles de personas mueren, miles de poblados desaparecen, porque esos enormes ár­boles hacían que los ríos fluyeran lentamente. Ahora, sin los ár­boles, los ríos se precipitan con tal fuerza que el océano no pue­de absorber el agua con rapidez. El agua retrocede y esto produce las inundaciones de Bangladesh.

Ni los políticos de la India ni los del Nepal están dispuestos a frenar la tala de árboles. Nadie tiene interés por la vida humana, nadie quiere ver cuáles deben ser nuestras prioridades.

Un país pobre como la India tiene un exceso de periódicos, de revistas absolutamente innecesarias. Y ese papel de imprenta no cae del cielo; hay que talar árboles. Árboles que tardaron en cre­cer ciento cincuenta, doscientos años, desaparecen.

¿Y qué se gana con esos periódicos?

Los políticos son los verdaderos criminales, no los que están en las cárceles. El mundo sería mucho mejor si hubiera un inter­cambio. Si todos los políticos fueran a la cárcel y los criminales ocuparan el puesto de los políticos, serían más humanos.

Hay muchos países que no declaran cuántos homosexuales tienen. La familia de una persona que ha muerto de SIDA, sobor­na al médico y obtiene un certificado de defunción por cáncer o por síncope cardíaco, porque la familia se encuentra más preocu­pada por su respetabilidad, por lo qué dirá la gente, "En tu fami­lia alguien ha muerto de SIDA".

Pero esconder los hechos significa que si el hombre estaba casado, su esposa pudo haber contraído la enfermedad, y si tenía hijos, pudieron nacer enfermos, y al no saberlo nadie, los de su entorno pueden contagiarse.

Porque esta enfermedad no es una enfermedad sexual común. Todo lo que salga del cuerpo, incluyendo las lágrimas, es porta­dor del virus. Si un niño llora y por amabilidad o compasión lo consuelas, corres peligro de contagiarte del SIDA. La saliva también es portadora del virus. Y la Humanidad entera es mantenida en la ignorancia. Incluso los besos deberían ser prohibidos por completo.

Hay una pequeña parte de la Humanidad -los esquimales, la gente que vive en Siberia- que son los únicos en la historia que nunca se besan. Cuando por primera vez vieron a los misioneros cristianos dando besos, no podían creérselo: "¡Qué sucia es esta gente. Mezcla su saliva con la del otro. ¿Son humanos o mons­truos?". Su método es mucho más científico e higiénico. No be­san para mostrar amor, porque más que amor puede ser muerte. Se frotan sus narices una contra otra. Es más limpio, excepto si tienes un resfriado.

Hace unos días se admitió que diez millones de personas es­tán afectadas por el SIDA y que ésta no es una cifra definitiva, porque algunos países -como la India- no tienen forma de sa­berlo. Sólo los países muy desarrollados son los están incluidos en esta cifra. Quizás cien millones más están sufriendo en los países subdesarrollados.

Por ejemplo, en África el SIDA es más frecuente que en nin­guna otra parte. Y nunca se ha sabido que los africanos sean ho­mosexuales, pero ellos tienen una extraña perversión: mantienen relaciones con mujeres, pero no frontalmente.

Hay gente en pequeñas aldeas alrededor del mundo que inclu­so hacen el amor con animales. Y ahora los animales están conta­giando el SIDA a través de su leche o su carne. Las cosas están ya fuera del control humano.

Los médicos no quieren -aun cuando saben que un paciente sufre del SIDA- decírselo al paciente, porque éste va a insistir en ser tratado. No existe tratamiento. Así que el médico prefiere decirle que tiene otra enfermedad y lo envía a otro especialista, pues estar en contacto con un paciente de SIDA es peligroso para los médicos y para las enfermeras.

En uno de los informes que he visto acerca de las cárceles, vi que el treinta por ciento de los reclusos son homosexuales -y éste no es un informe muy exacto; ésta es la cifra mínima que las autoridades han aceptado- ya que la gente que está presa duran­te veinte o treinta años sin poder tener relaciones con una mujer, está siendo forzada a la homosexualidad.

Lo más simple debería ser que no hubiera cárceles separadas para mujeres, ¿por qué tiene que haberlas? Los reclusos deberían estar mezclados, hombres y mujeres y el SIDA y la homosexuali­dad podrían ser evitados. Pero los políticos no dicen nada acerca de esto por miedo. Su objeto es decir únicamente lo que la gente quiere oír, aquello que no va contra sus prejuicios, contra su men­talidad tradicional, puesto que dependen de sus votos.

Por eso digo que la gente religiosa debería ser consultada por los políticos y que éstos deberían escuchar atentamente sus con­sejos. Pero Rajiv Gandhi dice que los religiosos no deben intervenir en la política. Los políticos sí pueden intervenir en los asuntos religiosos; en esto no hay dudas. Así sucede desgraciadamente y queda muy poco tiempo.

Yo albergaba muchas esperanzas -y aún las sigo teniendo-­ de que en una situación tan peligrosa, quizás el hombre desperta­ra. Pero hay tristeza en mi corazón porque veo que si no se hace nada, entonces el fin de este siglo va a ser nuestro final.

Y no sólo nuestro final, sino también el final de todo el sueño de la Existencia de crear el ser consciente. Ha tenido éxito sólo en este planeta. Hay millones de estrellas y en cada una hay doce­nas de planetas; sólo en este pequeño planeta el milagro ha suce­dido. No sólo la vida existe, sino también la consciencia. No sólo la consciencia existe, sino gente que ha alcanzado la supre­ma culminación de la consciencia: un Gautama Buda, un Sócra­tes, un Pitágoras, un Chuang Tzu.

Al desaparecer la vida en este pequeño planeta, el universo entero se volverá tan pobre, que pasarán millones de años antes de volver a alcanzar el punto en que la consciencia pueda encon­trar el camino hasta la Iluminación.

La tristeza no es por mí; yo estoy absolutamente satisfecho. La muerte no puede quitarme nada. Siento tristeza por toda la Humanidad, pues su muerte destruirá la oportunidad de que se Ilumine, de que se vuelva feliz y de que descubra su sentido y su significado. Ha vivido en la oscuridad, ¿va a morir también en la oscuridad?

Quisiera que al menos mi gente no perdiera el tiempo pospo­niendo su propio crecimiento, pues los políticos están absoluta­mente preparados para destruirse unos a otros, para destruirlo todo. Su ansia de poder ha llegado al clímax. Antes de que triun­fen cometiendo un suicidio global, por lo menos debes llegar a conocer al Dios que existe dentro de ti.

Debes compartir tu gozo y tu silencio y tu risa con aquellos con quienes entres en contacto. No se puede dar un mejor regalo a los amigos, a los conocidos, a los hijos.

El tiempo es escaso y el trabajo tremendo, pero si eres valero­so, puedes aceptar el desafío. No dependas de los políticos; ellos no pueden hacer nada, ni siquiera son conscientes de lo que es­tán haciendo a la Humanidad, hacia qué oscuridad la están lle­vando.

 

 

Capítulo 5

No hay Noticias

 

 

 

Osho:

¿Podrías comentar este hermoso poema de Rumi que tanto me gusta?

 

Afuera, la helada noche del desierto;

dentro, esta otra noche, cálida y acogedora.

Deja que el paisaje se cubra de áspera corteza;

aquí dentro tenemos un plácido jardín.

La Tierra ha estallado, aldeas y ciudades;

queda sólo un globo calcinado y atrasado.

Las noticias que nos llegan

están llenas de pesar por el futuro,

pero la verdadera noticia es

que aquí dentro no hay noticias.

 

El poema de Mevlana Jalaludin Rumi es hermoso. Sus pala­bras son siempre hermosas. Es uno de los poetas más importan­tes y es también un místico. Es una rara combinación. Hay millo­nes de poetas en el mundo y sólo unos pocos místicos, pero un hombre que es ambos, es muy difícil de encontrar. Rumi es una rara flor. Fue tan gran poeta como místico. Por eso su poesía no es solamente poesía, no es sólo una bonita combinación de pala­bras. Encierra un tremendo significado y apunta hacia la verdad suprema. No es un entretenimiento; es Iluminación.

 

Él dice:

 

Afuera la helada noche del desierto;

dentro, esta otra noche, cálida y acogedora.

 

Afuera no es el espacio en el que debes estar. Afuera, eres un extraño; dentro estás en casa. Afuera, está la helada noche del desierto. Dentro, es cálido, dulce y acogedor.

Pero pocos son lo suficientemente afortunados para ir de afuera hacia dentro. Se han olvidado completamente de que tienen un hogar dentro de sí; lo buscan en donde no está. Durante toda su vida lo buscan, pero siempre en el exterior; nunca se detienen a mirar dentro.

 

Deja que el paisaje se cubra de áspera corteza;

aquí dentro tenemos un plácido jardín.

 

No te preocupes por lo que suceda en el exterior, en el interior hay un jardín siempre presto a darte la bienvenida.

 

La Tierra ha estallado, aldeas y ciudades;

queda sólo un globo calcinado y arrasado.

Las noticias que nos llegan

están llenas de pesar por el futuro,

pero la verdadera noticia

es que aquí dentro no hay noticias.

 

Esta última frase proviene de un antiguo dicho: "El no tener noticias es una buena noticia". Yo nací en un pueblecito donde el cartero venía sólo una vez a la semana y la gente temía recibir una carta. Se alegraban cuando veían que no había nada para ellos. Y de vez en cuando llegaba un telegrama para alguno. Tan solo el rumor de que alguien había recibido un telegrama conmocionaba tanto a todo el pueblo, que todos acudían al único hombre ins­truido que sabía leer. Todos estaban asustados. ¿Un telegrama? Eso quería decir "malas noticias". De otro modo, ¿para qué gas­tar dinero en un telegrama?

Aprendí desde mi niñez que el no tener noticias es una buena noticia. La gente era feliz cuando no recibía noticias de sus pa­rientes o amigos. Esto quería decir que todo iba bien.

 

Rumi dice:

Las noticias que nos llegan

están llenas de pesar por el futuro,

pero la verdadera noticia

es que aquí dentro no hay noticias.

 

Todo está en silencio y todo es hermoso, plácido, lleno de gozo, como siempre lo ha estado. No hay ningún cambio, por lo tanto, no hay noticias.

Dentro está el eterno éxtasis, por y para siempre.

Te diré de nuevo que estas líneas pueden volverse una reali­dad en tu vida. Antes de que esto suceda debes alcanzar dentro de ti el lugar donde nunca ha habido noticia alguna, donde todo está eternamente igual, donde la primavera no llega ni se va, sino que siempre permanece, donde ha habido flores desde un principio -si es que hubo un principio- y va a haberlas hasta el final -si es que va a haber un final-. En realidad, no hay principio ni final y el jardín es frondoso, verde, y está lleno de flores.

Antes de que el mundo exterior sea destruido por tus políticos, entra en tu mundo interior. Ese es el único sitio seguro que queda, el único refugio frente a las armas nucleares, ante el suici­dio global, contra todos estos idiotas que ostentan tanto poder destructor.

Al menos puedes salvarte a ti mismo.

Tenía esperanzas, pero al pasar los días me he ido convenciendo más y más de la estupidez del hombre. Aún tengo algunas, pero se deben sólo a mi viejo hábito; realmente mi corazón ha aceptado el hecho de que sólo unos cuantos pueden ser salvados. La Humanidad entera está decidida a destruirse a sí misma. Y esta gente... si tú les dices cómo pueden ser salvados, te van a crucificar; te apedrearán hasta matarte.

Mientras, viajo por todo el mundo y aún me río, pero con una cierta tristeza. Todavía danzo con vosotros, pero ya no con el mismo entusiasmo que hace diez años.

Parece que los más elevados poderes de la consciencia son impotentes contra los inferiores y sucios poderes de los políti­cos. Lo más elevado es siempre frágil, como una rosa; la puedes destruir con una piedra. No significa que la piedra sea superior a la rosa; es sólo que la piedra no es consciente de lo que hace.

La muchedumbre no es consciente de lo que hace y los políticos pertenecen a la muchedumbre. Son sus representantes. Y cuan­do un ciego guía a otros ciegos, es casi imposible despertarlos, porque el problema no es sólo que están dormidos, sino que tam­bién están ciegos.

No hay ya tiempo para sanar sus ojos. Hay suficiente tiempo para despertarlos, pero no para sanar sus ojos. Así que ahora, me dedico por completo a mi gente. Éste es mi mundo, porque los que están conmigo sé que pueden estar dormidos, pero no son ciegos.

Pueden ser despertados.

 

 

Parte 2

 

... aquí dentro tenemos un plácido jardín.

Jalaludin Rumi

 

 

Capítulo 6

¿Quién le Pone el Cascabel al Gato?

 

Osho:

Has dicho que no tienes interés por lo exterior, que no te interesa la política.

Sin embargo, hablas con frecuencia sobre política y políticos, haciéndonos comprender los problemas del mundo.

¿Puedes comentar esto?

 

Yo no tengo ningún interés en el mundo exterior, ni en la política, pero tengo un inmenso interés en ti. Tú estás viviendo en un mundo enfermo, sucio, con un pie en la tumba. Y yo no quiero que te ahogues en este mundo enfermo.

Por esto hablo contra tantas cosas. A mí me interesáis voso­tros, mis sannyasins. Hablo en contra de la política porque no quiero que mis sannyasins ignoren quiénes son los verdaderos cri­minales de este mundo. Por eso hablo contra los sacerdotes y las religiones, porque no quiero que caigas en ninguna trampa. Tie­nes que darte cuenta de quiénes son los auténticos criminales. El problema consiste en que creemos que estos grandes criminales son grandes dirigentes, sabios, santos, mahatmas y les tenemos un gran respeto en todo el mundo. No puedes imaginarte que sean criminales. Por eso tengo que insistir continuamente, todos los días.

Debes darte cuenta de que ellos son los criminales. En reali­dad los criminales que están en la cárcel no le han hecho ningún daño al mundo. Al­guien asesina a un hombre, otro roba algo; eso no es nada. Un solo Adolf Hitler mata a millones de personas. Ahora bien, ese hombre contiene en sí mismo tanta maldad, que se necesitarían millones de criminales para hacer un sólo Hitler.

Así que tengo que desenmascarar a toda esta gente, porque ellos son los culpables. Por ejemplo, es fácil comprender que quizás sean los políticos la causa de muchos problemas -gue­rras, asesinatos, masacres, gente que es quemada viva- pero se hace mucho más difícil comprenderlo cuando se trata de líderes religiosos, porque nadie ha levantado una mano contra ellos. Du­rante siglos han sido respetados y a medida que el tiempo pasa, su respetabilidad va en aumento. La tarea más difícil para mí es hacerte consciente de que esa gente -a sabiendas o no, eso no es lo que importa- ha creado este mundo.

Ahora, en todo el mundo se habla sobre el SIDA, pero aquí es el único lugar donde se afirma que es una enfermedad religiosa; en ninguna otra parte se dice esto. Por lo contrario, los curas dicen que es un castigo de Dios. Y la gente les creerá; creerá que es un castigo por la homosexualidad. Pero nadie se pregunta cómo surgió la homosexualidad o quién es el responsable de ella.

Y la gente no tiene la suficiente inteligencia para relacionar los hechos. No pueden asociar el hecho de que son las religiones las que han estado enseñando al hombre a permanecer célibe. Ellas son la raíz y la causa de todas las perversiones sexuales. Así que, si debe castigarse a alguien, no es a los homosexuales. Si alguien debe ser castigado, son esos dirigentes religiosos que han estado predicando el celibato. La homosexualidad es sólo un subproducto de la enseñanza del celibato.

Los periodistas que vienen aquí se escandalizan porque no pensaban que yo iba a culpar a las religiones por el SIDA. Ellos no alcanzan a verlo. Piensan que son mundos diferentes. No lo son. Y a menos que llegues a ver la causa real, no podrás luchar con el problema que ha surgido.

Ahora bien, lo primero que se necesita es que todos los gobiernos declaren ilegal, criminal, el celibato. En lugar de esto, hacen lo opuesto: declaran ilegal a la homosexualidad. La homo­sexualidad es un síntoma, no es la causa. Si conviertes a la homo­sexualidad en algo ilegal, entonces la gente empezará a hacer el amor con animales, lo cual no es ilegal. Tampoco es algo nuevo, es tan antiguo como el hombre. No pueden encontrar una mujer, no pueden encontrar un hombre, pero sí pueden disponer de un pobre animal. Si declaras ilegal la homosexualidad, si la convier­tes en delito -como lo es ahora en Texas- el homosexual busca­rá otra perversión que quizá traiga una enfermedad aún peor que el SIDA. Uno nunca sabe cuales pueden ser las consecuencias.

La gente debería darse cuenta de que no se puede ir en contra de la naturaleza, y cualquiera que enseñe a ir en contra de la naturaleza es enemigo de la gente.

A mí no me interesa ninguna religión, porque todas son pura basura; no me interesa la política porque no tengo ninguna ambición. Sólo la critico para que te des cuenta de las verdaderas cau­sas, -para que no te engañes como todo el mundo se engaña. Cuando algo se opone a la mente tradicional, ésta se conmociona.

Ahora bien, convertir la homosexualidad en un acto ilegal hará que ésta se extienda rápidamente. Y lo que se ha hecho en Texas se hará en todas partes de América y en otros países, porque los gobiernos son completamente estúpidos. Simplemente comien­zan a luchar con los síntomas y nadie se preocupa de las causas.

Y el hecho es que nadie quiere ver las causas porque son de tal naturaleza que superan su capacidad. Si empezaran a investigar las causas, quizás se demostraría que ellos mismos forman parte de esas causas. Los curas pueden ser parte de la causa. El Papa pue­de ser parte de la causa. Jesucristo podría ser la piedra fundamen­tal. Es mejor no meterse en esas cosas. Simplemente ocúpate del síntoma y empieza a luchar contra él. Reprime el síntoma.

Cuando reprimes el síntoma por un lado, estalla por el otro y se aleja cada vez más de la naturaleza.

La primera perversión se alejaba de la naturaleza, la segunda perversión se está alejando más, y la tercera perversión se alejará todavía mucho más. Y el hombre se sentirá cada vez más desgra­ciado porque ya no puede encontrar el camino de regreso. Las cosas se han vuelto demasiado complejas para que la gente nor­mal pueda volver otra vez a lo natural. Así que quiero que te des cuenta de que jamás hay que luchar contra los síntomas.

En Los Ángeles muere una persona cada día de SIDA y nadie parece saber qué hacer. En realidad, el mundo exterior está en tal estado que para ellos es muy difícil hacer algo. Y, ¿quién le pondrá el cascabel al gato? Ese es el problema.

Nosotros podemos hacerlo. No es demasiado complicado.

Conoces la vieja historia del gato que todos los días cazaba los ratones de la casa, hasta que finalmente los ratones se reunie­ron y decidieron que debían hacer algo. Un ratón joven, sin expe­riencia del mundo, dijo: "Es muy sencillo. Sólo hay que atar un cascabel al cuello del gato de forma que vaya donde vaya, podamos escondernos en nuestros agujeros. Así no podrá encontrar­nos". Una solución perfecta. Pero surgió un problema: ¿Quién le ataría el cascabel?

He contado esta historia varias veces. El joven ratón que dijo, "Atémosle el cascabel", agregó, "Yo lo haré. No os preocupéis". Los otros ratones dijeron sorprendidos: "Pero esta historia viene contándose desde siempre y siempre termina así. Por tanto, el que diga, "Yo lo haré" irá en contra de la tradición, contra la historia misma". Justo aquí es donde termina la historia, aquí es donde va el punto final.

A lo que el ratoncito contestó: "Ya no es así porque voy todos los días a una farmacia. Está justo al lado de la casa. Todo lo que necesitamos son algunas pastillas para dormir que yo puedo traer y poner en la leche del gato. Vosotros dadme el cascabel y yo me las arreglaré". ¡Y se las arregló! Sólo un par de pastillas para dormir y la historia cambió. Después de beberse la leche, el gato se quedó dormido, roncando y el joven ratón hizo su trabajo a la perfección.

Pero ésta es mi contribución a la historia. No está en ninguna parte y quiero hacer lo mismo con respecto a la Humanidad. Po­demos atar el cascabel alrededor del cuello del gato. No tenemos nada que perder.

Y quiero que os deis cuenta de todo. Antes de dejaros quiero que seáis conscientes para que no caigáis en las mismas trampas en las que toda la civilización, toda la sociedad, ha caído.

 

 

Capítulo 7

Sobre el Poder

 

Osho:

Por favor háblanos sobre el abuso del poder.

 

Hay una famosa frase de un filósofo inglés: "El poder corrom­pe; el poder absoluto corrompe absolutamente",

Yo no estoy de acuerdo con él. Mi análisis es totalmente dis­tinto. Todo el mundo está lleno de violencia, codicia, ira, pasión, pero al no tener poder es fácil hacerse pasar por santo. Para ser violento es necesario ser poderoso. Para satisfacer tus pasiones, tienes que ser poderoso.

Así, cuando el poder cae en tus manos, todos los perros que en ti dormían comienzan a ladrar. A la menor oportunidad, el poder se convierte en tu alimento. No es el poder el que corrompe, tú estás corrompido. El poder sólo expone tu corrupción. Quie­res matar a alguien, pero no tienes poder para hacerlo; si tuvieras poder, matarías.

No es el poder el que te corrompe, tú llevas la corrupción dentro de ti. El poder simplemente te da la oportunidad de hacer todo lo que querrías hacer.

El poder en manos de un hombre como Buda, no corrompe nada; por el contrario, ayuda a la Humanidad a elevar su cons­ciencia. El poder en manos de Genghis Khan, mata, viola muje­res, quema viva a la gente. Aldeas enteras son quemadas; no se permite a la gente escapar. No es el poder... este hombre, Genghis Khan, tiene que haber albergado todos estos deseos.

Casi es como cuando llega la lluvia y empiezan a crecer diferentes plantas; pero diferentes plantas tienen diferentes flores. Sea lo que fuere lo que está oculto en tus semillas, sea cual fuere tu potencial, el poder te brinda la oportunidad. La mayor parte de los seres humanos viven tan inconscientemente que cuando llegan al poder tienen la oportunidad de satisfacer todos sus instin­tos inconscientes. Entonces, ya no les importa si matan o envene­nan a la gente...

Me preguntas sobre el abuso del poder. Se abusa del poder cuando se tienen sucios deseos, herencia de los animales.

En un mundo mejor, lo primero debería ser... Desperdiciamos casi un tercio de la vida educando a nuestros niños. En ese lapso de tiempo habría que dedicar algunos momentos a limpiar su inconsciente de forma que cuando se graduaran en la universidad y alcanzaran algún tipo de poder -uno será comisario de policía, otro gobernador y otro primer ministro- al no tener veneno en su inconsciente, al no ser ya destructivos, no podrían abusar del poder. Y entonces, ¿quién más podría hacerlo?

El poder es neutral. Durante un año, mis sannyasins en Italia han estado tratando de conseguirme una visa de turista sólo por tres semanas; y hace un año que esperan. Las autoridades aún no han sido capaces de tomar una decisión. Finalmente, hace algunos días llegó una carta: en un año la vieja solicitud ha perdido validez y se necesita una nueva solicitud.

Se llenó otra solicitud -que yo firmé- y justamente ayer el embajador italiano me informó que me habían otorgado un visado de turista para diez días, pero bajo ciertas condiciones. Las condiciones son: "Informar en qué fecha, a qué hora y desde qué aeropuerto va a salir de la India. En qué fecha, a qué hora y en qué aeropuerto va a aterrizar en Italia. Y lo mismo para el regreso. Ya en Italia, en cualquier ciudad en que se encuentre, debe primero presentarse a la Comisaría de Policía e informar de cuánto tiempo va a permanecer en dicha ciudad. Además, antes de dejar la ciudad, debe presentarse de nuevo a la policía para notificarles su marcha. En la ciudad siguiente debe hacer lo mismo".

Le he dicho a Anando que escriba una carta al primer ministro italiano diciendo: "Hace sólo algunos meses usted estuvo de vi­sita en la India. ¿Qué condiciones le pusieron? Y ¿en cuántas comisarías de policía tuvo que presentarse? Además, ¿piensa usted que soy un asesino, o un terrorista, o acaso llevo bombas y dinamita? Háganos saber cuándo piensa volver a la India para que podamos prepararle una recepción realmente estupenda. Me niego a poner un pie en su tierra a menos que usted se disculpe por exigirme estas condiciones. Y aun así, no me ha concedido el visado para tres semanas, sino sólo para diez días. Por lo general se otorgan visados de tres meses y nadie ha oído jamás que se exigiera el cumplimiento de condiciones como esas".

Le dije a Anando que también le escribiera lo siguiente: "Pa­rece ser que Benito Mussolini aún no ha muerto. Su país no es un país democrático; es todavía fascista. Estas condiciones indican sin duda alguna, una mente fascista".

"Así que iré a Italia sólo si usted se disculpa públicamente, o iré a Italia cuando usted ya no esté en el poder. Y mi gente allí, tratará de asegurarse por todos los medios posibles de que usted no esté en el poder. Espere tan sólo a que haya nuevas elecciones, porque en Italia tengo miles de sannyasins y esto es un insulto para mis miles de sannyasins italianos".

El Papa viene a la India; el presidente y el primer ministro van a recibirle al aeropuerto y no se le pide que en cada ciudad que visite se presente en las correspondientes comisarías de policía. Él mismo ha estado aquí. Pero la próxima vez, si viene como primer ministro, sólo tiene que informamos de a qué hora y en qué aeropuerto aterrizará para que de este modo podamos res­ponder a sus condiciones.

A esta gente no la ha corrompido el poder. Es de por sí corrupta; el poder simplemente actualiza su corrupción.

El poder en sí, es neutral. En manos de un hombre bueno, es una bendición. En manos de un hombre inconsciente, es una maldición. Pero durante miles de años hemos condenado el poder, sin pensar que el poder no debe ser condenado. Es la gente la que tiene que depurarse totalmente de cualquier instinto que tenga oculto, porque todo el mundo, en algún momento, tendrá algún tipo de poder.

No es necesario que sea un gran poder. Simplemente puedes estar sentado en una estación de trenes, vendiendo boletos, pero eso también te da poder. Estás de pie frente a la ventanilla y el hombre ni siquiera te mira; continúa revolviendo su carpeta y puedes ver que no hace nada importante; sencillamente está tra­tando de demostrarte cuál es tu lugar. Incluso el peón sentado fuera de la oficina del recaudador, se comporta como si fuese el presidente del país. Así que no se trata de qué lugar ocupes; estés donde estés, tendrás algún tipo de poder.

Aurangzeb, uno de los emperadores musulmanes de India, era tan impaciente que no pudo esperar a que su padre muriese o envejeciese para sucederle. Encarceló a su propio padre y se con­virtió en emperador.

Su padre se había mantenido ocupado toda la vida. Ahora, sentado en su celda, envió un mensaje a su hijo: "Por lo menos, búscame treinta muchachos para que pueda enseñarles el sagrado Corán”.

Y el comentario que Aurangzeb hizo a sus cortesanos es muy significativo. Les dijo: "Ese viejo no quiere soltar el poder. Aho­ra ya no es el emperador. Pero con esos treinta estudiantes... en­señándoles el sagrado Corán, recuperará su poder".

Los psicólogos dicen, que las personas que tienen miedo de competir en la vida y hacerse poderosos eligen un camino más simple: se convierten en maestros de escuela. Niños pequeños... puedes acosarles, golpearles, a pesar de que es ilegal; pero suce­de en todo el país.

Justamente el otro día estuve leyendo un informe describien­do casos similares... pero el gobierno sigue ocultándolos. Es la primera vez que se ha reconocido, porque esta vez el resultado fue demasiado grave: unos maestros golpearon a unos niños con tanta dureza que les dejaron sordos de por vida.

Un niño, encadenado por su propio padre, ha permanecido casi diez años atado a un pilar de su casa. Se ha convertido casi en un animal. No puede ponerse de pie, sólo puede moverse a cuatro patas y debido a que fue forzado a vivir en la oscuridad, ha perdido la vista.

Incluso los padres usan su poder. Los profesores usan su po­der, los maridos usan su poder, las esposas usan su poder. No importa cuál sea tu posición.

Si la Humanidad llega a comprender la profundidad de las raíces psicológicas y cambia el inconsciente del hombre en forma tal que no haya semillas, podrá seguir lloviendo poder, pero no habrá ya flores de corrupción. De otro modo, el poder siempre será mal utilizado, se abusará de él. Y no se puede eliminar el poder de manos de la gente; alguien debe ser madre, alguien debe ser padre, alguien debe ser profesor.

El único modo es limpiar el inconsciente de la gente con la meditación, llenar su ser interior de luz. Sólo la meditación te da un corazón limpio, que no puede ser corrompido. Entonces no se abusará más del poder, sino que este poder podrá ser una bendi­ción, será creativo.

De este modo harás algo que haga la vida más amable, más digna de ser vivida, harás más hermosa la Existencia.

Pero ese gran día aún no ha llegado. Y si haces un esfuerzo para que ese día llegue, toda la gente adicta al poder estará en tu contra. Se me ha preguntado una y otra vez: "¿Por qué todo el mundo está en tu contra?".

Ellos son gente adicta al poder y yo estoy tratando de conver­tir al hombre en un estanque de serenidad, de paz y silencio, de amor y éxtasis.

 

 

Capítulo 8

El Político

 

Osho:

¿Es posible para un político ser un hombre religioso, o para un hombre religioso ser un político?

 

Es absolutamente imposible para un político ser un hombre religioso, porque los caminos de la política y de la religión son diametralmente opuestos.

Tienes que entender que no es cuestión de agregar algo a tu personalidad, la religión no es una adición. Si eres político, puedes ser además pintor, ser poeta, ser músico; estas son adiciones.

La política y la música no son diametralmente opuestas; al contrario, la música puede ayudarte a ser mejor político. Será relajante, te ayudará a descargarte del peso de todo el día y de las ansiedades que un político tiene que sufrir. Pero la religión no es una adición; es una dimensión diametralmente opuesta. Así que, primero tienes que entender al político, entender exactamente lo que significa.

El político es un hombre enfermo, psicológicamente enfermo, espiritualmente enfermo.

Físicamente puede estar perfectamente bien. En general lo está, pues todo el peso recae en su psique. Es fácil de ver. En cuanto el político pierde el poder, empieza a perder la salud física. ¡Qué extraño! Cuando estaba en el poder, cargado de ansiedades y ten­siones, estaba físicamente perfecto.

En cuanto pierde el poder, desaparecen también las ansieda­des; las tendrá otro. Su psique queda aliviada, pero al descargarse, todas las enfermedades recaen sobre su cuerpo.

El político -fisiológicamente hablando- sufre sólo cuando pierde el poder; por lo demás, los políticos tienden a vivir mucho y a estar físicamente bien. Es extraño, pero la razón es que toda su enfermedad es absorbida por su psique y cuando la psique absorbe todas las enfermedades entonces el cuerpo vive sin nin­guna carga. Pero si la psique se libera de todas las enfermedades, ¿dónde irán a parar? Por debajo de tu existencia psíquica está tu existencia física; toda enfermedad se manifiesta en el cuerpo. Los políticos sin poder, mueren al cabo de poco tiempo; los políticos en el ejercicio del poder viven más tiempo. Este hecho es conoci­do, pero su causa, no.

Entonces, lo primero que debes comprender es que el político es un hombre psicológicamente enfermo y que la enfermedad psi­cológica tiende a convertirse en enfermedad espiritual cuando ésta se intensifica, cuando la psique no puede ya contenerla. Y entonces, ¡cuidado! Si el político está en el poder, su enfermedad psíquica está destinada a extenderse a su ser espiritual porque él está conteniendo su enfermedad a fin de que no se extienda hacia abajo. Es su poder -al que él considera su tesoro- y no permiti­rá que se desplome.

Yo le llamo enfermedad; para él es su "fantasía de poder". Vive para esto, no tiene otro propósito. Cuando está en el poder contiene con firmeza su enfermedad, pero al desconocerlo todo respecto al ámbito de lo espiritual, tiene sus puertas abiertas. No puede cerrarlas porque no tiene ni idea de que exista algo más allá de su mente. Cuando está en el poder, llega un momento en que su enfermedad psicológica, si se intensifica, desborda su psi­que y alcanza su espiritualidad. Cuando no está en el poder, no tiende a aferrarse a esa estupidez. Ahora ya sabe lo que es, ahora es consciente de que no valía la pena aferrarse a él. Y de todas maneras, ¿para qué aferrarse? El poder se ha perdido, ahora él es un don nadie.

De pura desesperación, se relaja. Tal vez debería decir que la relajación le llega automáticamente. Ahora puede dormir, puede salir a caminar por las mañanas; puede chismorrear, jugar al aje­drez, puede hacer lo que quiera.

Psíquicamente se va aflojando; las puertas que ha mantenido cerradas entre su psique y su cuerpo empiezan a abrirse y ahora su cuerpo va a sufrir. Puede que tenga un ataque cardíaco, puede enfermar de cualquier cosa; todo es posible. Su enfermedad psíqui­ca fluirá hacia la parte más débil de su cuerpo. Pero mientras está en el poder, fluye hacia arriba, hacia su ser, del cual no tiene consciencia.

¿Y cuál es la enfermedad?

La enfermedad es el complejo de inferioridad.

Toda persona que se interesa por el poder sufre de un comple­jo de inferioridad. En lo más íntimo de su ser, se siente sin valor, inferior a los demás.

Y ciertamente; de alguna forma, todo el mundo es inferior. No eres un Yehudi Menuhin, pero no necesitas sentirte inferior por ello. Nunca trataste de serlo y además no es asunto tuyo. Yehudi Menuhin tampoco es como tú; entonces ¿cuál es el problema? ¿Dónde está el conflicto?

Pero la mente política sufre una herida debido a su inferiori­dad y el político continúa hurgando en su herida. Intelectualmente -no es un Alberto Einstein- siempre se compara con gigantes ­y psicológicamente no es un Sigmund Freud... Si te comparas con los gigantes de la Humanidad siempre te sentirás completa­mente humillado, sin valor.

Este sentimiento de carencia de valor puede re­solverse de dos formas: una es a través de la religión y la otra es por medio de la política.

La política no lo elimina, solamente lo cubre. Es el mismo hombre enfermo el que se siente inferior, es el mismo hombre el que ocupa el cargo de presidente. Pero el solo hecho de sentarte en una silla presidencial, ¿qué diferencia puede producir en tu situación interior? El ego es muy sutil y escurridizo y el político está enfermo debido a su ego. Puede encubrir la herida convir­tiéndose en presidente, primer ministro... Puede tapar su herida, pero la herida está ahí. Puedes engañar a todo el mundo, pero ¿cómo puedes engañarte a ti mismo? Tú sabes que está ahí, eres tú quien la ha escondido.

Y ésta es la situación de los políticos: sólo pus, heridas, inferioridad, sentimientos de inutilidad.

Sí, él ha ido subiendo cada vez más y más y en cada peldaño subsistía la esperanza de que en el próximo, la herida desapare­cería.

Es la inferioridad lo que crea la ambición, porque tu ambición es simplemente un esfuerzo por demostrar tu superioridad. La ambición no es más que el intento de demostrar tu superioridad. Pero, ¿para qué esforzarte en demostrar tu superioridad a menos que estés sufriendo un complejo de inferioridad?

En mi familia todos eran políticos, excepto mi padre. Todos me decían: "¿Por qué no te inscribes en el partido? ¿Por qué no votas? ¿Por qué desperdicias así tu energía? Si te dedicaras a la política, podrías llegar a ser presidente o primer ministro".

Yo les contestaba: "Os habéis olvidado completamente de con quién estáis hablando. No me siento inferior. Entonces, ¿por qué tendría que desperdiciar mi vida siendo presidente? Es como si vosotros quisierais operarme de cáncer sin tener yo cáncer; es extraño. ¿Por qué operarme innecesariamente? Vosotros sufrís de algún complejo de inferioridad y estáis pro­yectando vuestro complejo sobre mí. Estoy perfectamente bien como soy. Estoy absolutamente agradecido a la Existencia, me encuentre donde me encuentre, ¡pase lo que pase! Nunca he pedi­do otra cosa, así que no hay forma de desilusionarme".

Ellos decían: "Hablas de cosas extrañas. ¿Qué es este "com­plejo de inferioridad?” Y ¿qué tiene que ver este complejo con la política?".

"No entendéis de psicología elemental ni tampoco vuestros grandes políticos saben nada de ella", les decía yo. "Todos estos grandes políticos del mundo son gente enferma y optan por con­tinuar tapando sus heridas. Sí, pueden engañar a otros. Cuando Jimmy Carter sonríe, te engaña, pero ¿cómo puede Jimmy Carter engañarse a sí mismo? Él sabe que sólo es un movimiento de los labios. No hay nada dentro, no hay sonrisa.

La gente llega al más alto peldaño de la escala y allí se da cuenta de que ha desperdiciado toda su vida. Ha llegado, pero ¿a dónde? Ha llegado al lugar por el que estaba luchando y no ha sido una batalla fácil, luchó con uñas y dientes, destrozando por el camino a otros, usándoles como medio y pisándoles la cabeza.

Has llegado al final de la escalera, y ¿qué has ganado? Sim­plemente has desperdiciado toda tu vida. Pero incluso para acep­tar esto se necesita un gran valor. Es mejor continuar sonriendo y manteniendo la ilusión; así por lo menos otros pensarán que eres un gran hombre.

Tú sabes muy bien quién eres. Eres exactamente el mismo de antes, quizás peor, porque toda esta lucha, toda esta violencia, te ha hecho peor.

Has perdido toda tu humanidad. Ya no eres un ser.

Te has alejado tanto... Gurdjieff solía decir que no todas las personas tienen un alma, por la sencilla razón, de que... no es literalmente verdad, pero él solía decir: "No todas las personas tienen alma, sólo algunas personas que descubren su ser la tie­nen. Los demás están simplemente viviendo una ilusión porque las escrituras dicen y todas las religiones predican que se nace con un alma".

  Gurdjieff fue muy drástico. Dijo: ''Todo esto es una estupi­dez; tú no has nacido con alma, tienes que merecerla, ganarla".

  Y yo entiendo lo que él quería decir; aunque yo no diría que naciste sin alma.

  Naciste con un alma, pero esta alma es sólo potencial, y lo que Gurdjieff dijo es exactamente lo mismo.

Tienes que actualizar ese potencial. Tienes que ganar el alma.

Tienes que merecerla.

El político se da cuenta de esto cuando toda su vida se ha ido por el desagüe. Ahora, o bien lo confiesa... lo cual le resulta ab­solutamente estúpido porque estaría confesando que toda su vida ha sido la vida de un idiota.

Las heridas no se curan cubriéndolas.

La religión cura.

Las palabras meditación y medicina tienen la misma raíz. La medicina es para el cuerpo; la meditación es para el alma.

Es medicinal, es una cura.

Tú me preguntas, "¿Puede un político ser religioso?" Permaneciendo en la política es imposible. Si la deja, ya no es un polí­tico y puede entonces convertirse en un hombre religioso.

No estoy haciendo divisiones, no estoy impidiendo a los po­líticos ser religiosos. Lo que estoy diciendo es que mientras sean políticos no pueden ser religiosos, porque son dimensio­nes distintas.

O curas tu herida, o la ocultas; no es posible hacer ambas cosas. Y para curarla tienes que destaparla, no cubrirla. Descú­brela, conócela, entra profundamente en ella, súfrela.

Lo que necesitas es explorar todo tu ser sin prejuicios, sin condenas, porque encontrarás muchas cosas que te han dicho que son malas, pecaminosas. Así que no te acobardes, déjalas ahí. Sencillamente, no es necesario condenarlas.

Has empezado a explorar. Sólo fíjate en lo que hay ahí. Fíjate y sigue adelante. No lo condenes, no le pongas una etiqueta. No prejuzgues, ni a favor, ni en contra, porque eso es lo que te impi­de explorar. Tu mundo interno se cierra inmediatamente, te pones tenso: "En mí hay algo que va mal". Vas hacia dentro y ves algo; te da miedo porque es algo malo: codicia, lujuria, rabia, celos... ¡Dios mío! ¡Todas esas cosas en mí! Es mejor no entrar.

Por eso millones de personas no entran en su interior. Simple­mente se sientan en el umbral, fuera de su casa. Viven toda su vida en el portal. ¡Eso es vivir en el porche! Nunca abren la puer­ta de su casa... y la casa tiene muchas habitaciones, es un pala­cio. Si entras, te encontrarás con muchas cosas que los demás te han dicho que están mal. Tú no lo sabes, sencillamente di: "Soy un ignorante. No sé quién es el que está aquí dentro. Sólo he venido a explorar, a hacer un reconocimiento". Y uno que ins­pecciona no necesita tomarse la molestia de juzgar si algo está bien o mal, simplemente sigue mirando, vigilando, observando.

Y te sorprenderá la más extraña experiencia. Detrás de lo que hasta ahora habías llamado amor, se encuentra escondido el odio. Sólo toma nota...

Lo que hasta ahora has venido llamando humildad, tiene al ego escondido detrás. Toma nota...

Si alguien me pregunta: "¿Eres un hombre humilde?", no puedo decir: "Lo soy", porque sé que la humildad es sólo el ego cabeza abajo. No soy un egoísta, ¿cómo puedo entonces ser humilde?

¿Me comprendes? Es imposible ser humilde sin tener un ego. Y una vez que comprendes -como te decía que ambos van juntos-, lo extraordinario sucede.

En el momento en que ves que tu amor y tu odio, tu humildad y tu ego, son uno, se evaporan.

No debes hacer absolutamente nada. Has descubierto su se­creto. Ese secreto les ayudaba a permanecer dentro de ti. Conoces su secreto; ahora ya no hay para ellos un lugar donde escon­derse. Entra en ti, una y otra vez, y cada vez encontrarás ahí menos cosas. La multitud que hay en ti se estará marchando, las masas empiezan a dispersarse y no está lejano el día en que te dejarán solo y ya no habrá nadie; el vacío está en tus manos. Y de repen­te, estás curado.

No hagas ninguna comparación, porque tú eres tú, y el otro es el otro. ¿Por qué debería compararme con Yehudi Menuhin o con Pablo Picasso? No veo la necesidad... ellos hacen sus cosas, yo hago las mías; ellos gozan haciendo lo suyo... quizás sea porque con respecto a otro, no puedo asegurar nada. Pero estoy seguro de mí mismo, estoy seguro de que disfruto de cualquier cosa que hago o dejo de hacer.

Sólo puedo estar seguro respecto a mí.

Y si sigues explorando tu mundo interior sin condenas, sin apegos, sin pensar en absoluto, sólo observando los hechos, todo empieza a desvanecerse. Y llega un día en que te quedas solo; la multitud se ha ido. Y en ese momento, por primera vez, sientes, comprendes, lo que supone curarte psíquicamente.

  Y desde la sanación psíquica se abre la puerta para la curación espiritual.

  No necesitas abrirla tú; se abre por sí misma. Con sólo llegar al centro psíquico, la puerta se abre. Ha estado esperándote, tal vez durante muchas vidas. Cuando llegas, la puerta inmediata­mente se abre y desde esa puerta no sólo te ves a ti mismo, sino que contemplas toda la Existencia, todas las estrellas, el cosmos entero.

Por lo tanto puedo afirmar rotundamente que ningún político puede llegar a ser religioso a menos que deje la política. Entonces deja de ser un político y lo que estoy diciendo ya no se refiere a él.

 

 

También has preguntado,

"¿Puede un hombre religioso con­vertirse en un político?".

 

Esto es aún más imposible que lo ante­rior, porque para él no hay motivo alguno para llegar a serlo. Si la inferioridad es la causa que te lleva a la ambición, ¿cómo puede entonces un hombre religioso convertirse en un político? No hay nada que le mueva a ello. Pero ha sucedido de vez en cuando en el pasado y puede volver a suceder en el futuro, así que deja que te cuente...

En el pasado fue posible porque el mundo estaba dominado por la monarquía. De vez en cuando, el hijo del rey podía resultar un poeta. Es muy difícil que un poeta llegue a ser el presidente de América, ¿quién le escucharía? La gente pensaría que está loco y les parecería un hippie. ¿No puede arreglarse a sí mismo y está tratando de arreglar al mundo?

Pero en el pasado esto fue posible debido a la monarquía. El último emperador de la India, del cual los británicos tomaron el poder, fue un poeta -por esto los británicos lograron ocupar la India- Bahadurshah Zafar, uno de los mejores poetas urdus. Ahora no es posible que un poeta llegue a ser emperador; fue sólo un accidente que naciera como hijo de un emperador.

De la misma forma, en los antiguos días de la monarquía del hemisferio occidental fue posible que apareciese un hombre como el emperador romano Marco Aurelio. Era un hombre religioso, pero esto fue sólo accidental. Marco Aurelio no podría ser hoy día presidente o un primer ministro, porque no iría por ahí pi­diendo votos, no mendigaría, ¿para qué?

En la India ha sucedido unas cuantas veces. Ashoka, uno de los grandes emperadores de la India fue un gran científico.

De modo que en el pasado fue posible gracias a la monarquía. Pero con la monarquía, también algunos idiotas llegaron a reyes, algunos locos llegaron a reyes; todo es posible. No estoy a favor de la monarquía; simplemente digo que con la monarquía fue posible que un hombre religioso, accidentalmente, se convirtiera en emperador.

La democracia no va a durar mucho tiempo porque el político es un ignorante comparado con un científico; está ya en manos del científico.

El futuro pertenece a los científicos, no a los políticos. Esto significa que vamos a tener que cambiar la palabra "de­mocracia". Yo tengo una palabra mejor: "meritócracia".

El mérito será el factor decisivo. Gobernar no dependerá de los votos que consigas lanzando toda clase de promesas y espe­ranzas, sino de tu mérito; tu verdadero valor en el mundo cientí­fico, decidirá. Y cuando el gobierno llegue a manos de los científicos, todo será posible porque yo he llamado a la ciencia, la "religión objetiva"; y a la religión, la "ciencia subjetiva".

Una vez en manos de la ciencia, el mapa del mundo será dife­rente porque entonces ¿por qué razón tendrían que pelear un cien­tífico soviético y un científico americano? Ambos trabajarán en los mismos proyectos; será mucho más rápido si lo hacen juntos. Es pura estupidez que en todo el mundo, en cada nación, se estén repitiendo los mismos experimentos. ¡Es increíble! Toda esa gente unida podría hacer milagros; dividida, lo encarece todo.

Por ejemplo, si Albert Einstein no hubiese escapado de Ale­mania, ¿quién hubiera ganado la Segunda Guerra Mundial? ¿Pien­sas que la hubiesen ganado América, Gran Bretaña y Rusia? No. La huida de un solo hombre -Albert Einstein- al escapar de Ale­mania, forjó la historia. Nombres sin importancia como Roosevelt, Churchill, Stalin, Hitler, no significan nada. Este hombre lo hizo todo, porque creó la bomba atómica. Escribió una carta a Roosevelt diciendo: "Tengo preparada la bomba atómica. A me­nos que la utilice no habrá forma de ganar la guerra".

Se arrepintió de esto toda su vida, pero esa es otra historia... Pudo haber dirigido esa carta a otro en vez de a Roosevelt, a Adolfo Hitler, y toda la historia hubiese sido diferente, totalmente diferente.

El futuro está en manos de los científicos. No está muy lejos. Ahora existen armas nucleares y los políticos no pueden estar controlándolo todo, no saben nada de ellas, ni siquiera el ABC.

Tarde o temprano el mundo estará en manos de gente con los méritos suficientes. Primero pasará a manos de los científicos. Lo puedes considerar casi como una predicción: el mundo pasará a depender de los científicos. Y desde ahí, se abrirá una nueva dimensión. Tarde o temprano el científico invitará al sabio, al santo, a que le ayude porque él solo no podrá arreglárselas.

El científico no es capaz de dirigirse a sí mismo. Puede mane­jarlo todo, menos a sí mismo. Alberto Einstein puede conocer todo lo referente a las estrellas del universo, pero no sabe nada acerca de su propio centro.

Éste será el futuro: de los políticos a los científicos, de los cientí­ficos al hombre religioso. Pero esa será una clase de mundo total­mente diferente. El hombre religioso no pedirá nada. Tú tendrás que pedírselo a él. Tú tendrás que solicitarlo. Y si ellos sienten que eres sincero y que existe una necesidad, es posible que ac­túen en el mundo. Pero recuerda que no será en absoluto política.

Así que deja que lo repita: el político puede llegar a ser reli­gioso si abandona la política; si no, es imposible que lo sea.

El hombre religioso puede llegar a formar parte del mundo político solamente si la política cambia toda su estructura. De otro modo es imposible para un religioso involucrarse en políti­ca. No puede ser un político.

Pero según están evolucionando las cosas, es absolutamente seguro que el mundo tendrá que ser dirigido por científicos y que después de éstos tendrá que pasar a manos de los místicos. Sólo en manos de los místicos estarás a salvo. El mundo puede ser realmente un paraíso.

En realidad no hay otro paraíso, a menos que hagamos uno aquí.

 

 

Capítulo 9

El Sacerdote

 

 

­Un antiguo cuento.

Un diablillo va corriendo a ver a su jefe. Temblando le dice al viejo demonio, "Hay que hacer algo inmediatamente, porque en la Tierra un hombre ha encontrado la Verdad. Y si la gente cono­ce la Verdad, ¿qué pasará con nuestra profesión?".

  El viejo diablo "se rió y dijo, "Siéntate y descansa, no te preocupes. Todo se arreglará, ya tenemos gente allí".

Pero él dijo: "Vengo de allí y no he visto ni a uno solo de los nuestros”.

El viejo le contestó: "Los curas son mi gente. Ya han rodeado al hombre que encontró la Verdad. Ahora serán los mediadores entre el hombre de la Verdad y las masas. Harán templos, escribi­rán escrituras, interpretarán, y lo distorsionarán todo. Pedirán a la gente que adoren y recen. Y en todo este lío, la verdad se perderá. Éste es mi viejo método; siempre ha dado resultado".

 

Los sacerdotes no son amigos de la religión que representan; son sus grandes enemigos, porque la religión no necesita mediadores. Entre tú y la Existencia la relación es inmediata. Todo lo que tienes que aprender es cómo entender el lenguaje de la Exis­tencia.

La Existencia sólo conoce un lenguaje: el del silencio.

Si tú puedes estar también en silencio, podrás entender la verdad, el significado de la vida, el significado de todo lo que existe. Y no hay nadie que pueda interpretarlo por ti. Cada uno tiene que encontrarlo por sí mismo. Nadie puede hacerlo por ti; pero eso es lo que los curas han estado haciendo durante siglos. Ellos se han inter­puesto entre tú y la Existencia como una Muralla China.

Si la gente comienza a acercarse a la realidad sin que nadie la guíe, sin que nadie le diga lo que es bueno y lo que es malo, sin que nadie le dé un mapa que tenga que seguir, millones de perso­nas serían capaces de comprender la Existencia, porque el latido de nuestro corazón es también el latido del universo. Nuestra ­vida es una parte de la totalidad de la vida.

No somos foráneos, no venimos de alguna otra parte; estamos creciendo con la Existencia. Somos una parte esencial de Ella; sólo tenemos que estar lo bastante silenciosos como para poder escuchar aquello que no puede ser expresado en palabras: la música de la Existencia. Una vez que comienza a penetrar en nues­tro corazón, llega la transformación y ese es el único camino para que alguien se torne religioso; no por ir a la iglesia, ni por leer las escrituras, que son hechas por el hombre. Pero los sacerdotes han hecho creer -falsamente- que sus sagradas escrituras fue­ron escritas por Dios. La sola idea es simplemente estúpida. Mira esas escrituras, no encontrarás ninguna firma de Dios en ellas.

Cada escritura lleva intrínsecamente la evidencia de haber sido es­crita por el hombre; y por un hombre muy estúpido, muy primitivo.

Las escrituras son hechas por el hombre, las estatuas de Dios son hechas por el hombre, los templos y las iglesias también; pero miles de años de condicionamientos les han conferido una cierta inviolabilidad. Y no hay nada sagrado ni santo en ellas. Los sacerdotes, más que nadie, han estado engañando al hombre. Ésta es la peor profesión del mundo, incluso peor que la prostitu­ción. Por lo menos las prostitutas te dan algo a cambio; los sacer­dotes simplemente te dan bla, bla, bla. No tienen nada para darte. Y esto no es todo. Siempre que alguien  ha alcanzado la verdad, los sacerdotes están en su contra. Obviamente tienen que estarlo, porque si la verdad es reconocida por la gente, millones de curas en el mundo se quedarían sin empleo. Y su empleo es absoluta­mente improductivo. Son parásitos, chupan la sangre a los hom­bres. Desde el momento en que el niño nace hasta que muere, el sacerdote está buscando maneras de explotarlo.

A menos que la religión se libere de las manos de los sacerdo­tes, el mundo permanecerá sólo en una pseudo-religión; nunca llegará a ser religioso.

  Y un mundo religioso no puede ser tan desgraciado; el mundo religioso debería ser una celebración constante.

El hombre religioso no es más que éxtasis puro. Su corazón está lleno de canciones. Su ser está listo para bailar en cualquier momento.

Pero el sacerdote ha abolido la búsqueda de la verdad. Ha dicho: "No hay necesidad de buscar más; ya se ha encontrado. Sólo tienes que tener fe".

Los sacerdotes han hecho infeliz a la gente, porque condenan todos los placeres del mundo. Condenan los placeres del mundo, para alabar los placeres del otro mundo.

El otro mundo es su fantasía y quieren que la Humanidad sa­crifique su realidad por una idea ficticia. Y la gente se ha sacrifi­cado. Los curas son enemigos de todos aquellos que aman la ver­dad, de aquellos que buscan la verdad y de aquellos que ya la han encontrado.

Mientras más cerca estás de la verdad, más se convierten los sacerdotes en tus enemigos. Estás perturbando a sus clientes, es­tás interfiriendo en su negocio. Ellos son muy eficientes argu­mentando; han pulido sus argumentos. No tienen otra cosa que hacer; solamente argumentan.

Pueden perturbarte, pueden confundirte. Tú no conoces la verdad; tampoco ellos la conocen, pero sí saben de teorías, de sofismas. Pueden convencerte de lo que quieran. Todos los sa­cerdotes pertenecen a la categoría de los sofistas.

La retórica es prostitución y los argumentos no prueban nada. Con una argumentación un poco mejor se les puede demoler.

Si tú no tienes experiencia, es peligroso que entres en argu­mentaciones, en discusiones, en retóricas, porque tu mente sin experiencia puede ser convencida con argumentos de algo que no es verdadero.

Primero vive la experiencia; entonces no tendrás necesidad de argumentos, porque ningún argumento podrá destruir tu experien­cia. Tu experiencia tiene la cualidad de ser por sí misma evidente.

Los sacerdotes pretenden ser muy humildes, pero son muy vengativos. Y puedes verlo en el mundo. Sólo han hecho una cosa: provocar guerras -las guerras religiosas, las llamadas cru­zadas. Han matado mucha más gente que nadie, en nombre de la religión, en nombre del amor, en nombre de la verdad.

Su humildad es hipocresía.

Su venganza es bien conocida.

Durante miles de años han estado destruyendo la unidad del ser humano. Toda la Humanidad es una, pero los sacerdotes no van a permitirlo, porque si toda la Humanidad se volviera una, si todos estos adjetivos se dejaran de lado -cristiano, judío, hindú, o musulmán- los sacerdotes estarían perdidos. Tienen una pro­fesión muy bien remunerada y no hacen nada, excepto crear pro­blemas y disturbios entre las diferentes religiones. ¡Ni los pue­des tocar! Incluso al ponerte en contacto con ellos te puedes con­taminar. Es la profesión más desagradable del mundo.

Todos los redentores han creado diferentes clases de esclavi­tud. De hecho, nadie puede redimir a nadie. Uno puede redimirse a sí mismo, pero no pretender que "Yo soy el redentor; cree en mí y yo te salvaré. Soy el salvador, el único y verdadero salvador". Eso ha creado prisiones.

Estas prisiones son espirituales y psicológicas, y es por eso que tú no las ves. Si no, ¿qué quieres decir cuando dices: "Soy cristiano" o "Soy hindú", o "Soy budista?”.

Significa que, "Yo creo que Gautama Buda va a ser mi reden­tor, o que estoy sencillamente esperando a que Jesucristo venga a redimirme".

Has abandonado todo esfuerzo por transformarte, y esa es la única forma que existe para lograr cualquier transformación. To­dos esos redentores han creado sólo prisiones para la gente.

Y los sacerdotes son los representantes de estos redentores sin vida.

Estos sacerdotes son también esclavos, pero al menos esa ser­vidumbre les produce riquezas. Los otros que son también escla­vos, están perdiendo el tiempo esperando. Esperar es siempre es­perar a Godot; nunca llega.

Todas las religiones destruyen la dignidad del hombre; le lla­man pecador. En vez de dignificarle haciéndolo más hermoso y más verdadero, haciendo de él un Dios en la Tierra, han convertido a toda la Humanidad en una masa de pecadores. Y así, todo lo que le queda por hacer es decir: "¡Sube de rodillas la escalera, pecador!".

A esto le llaman tener devoción, a esto le llaman oración. Esto no es más que suicidio. Es la destrucción de ti mismo, del amor por ti mismo, del respeto por ti mismo, de tu dignidad.

Tú eres la más alta evolución de la Existencia.

La Existencia ha soñado y esperado que tú alcances los más altos estados de consciencia.

La Existencia sueña en convertirte en superhombre, pero estos sacerdotes han encontrado super-pecadores.

¿Para qué se necesitan todas estas iglesias, templos, sinago­gas? ¿No es todo este mundo, este universo entero, un hermoso templo?­

El cielo lleno de estrellas por la noche, el día pleno de luz del sol, los pájaros cantando, las flores floreciendo, ¿qué mayor be­lleza puedes crear?

Este espacio es tu libertad.

Permaneciendo atado a falsas ideologías en una iglesia, no eres nada; sólo un prisionero.

Este universo es el templo de Dios. Y todo lo que tiene vida, no es más que divinidad.

Todo es sagrado, nada es profano.

La dualidad es creada por los sacerdotes. Y la dualidad entre lo profano y lo sagrado, ha creado la dualidad en ti, entre el cuer­po y el alma. Ha creado una Humanidad esquizofrénica; todos están divididos.

A menos que te vuelvas uno, en profunda armonía y sintonía, nunca escucharás la música celestial, la cual es la única prueba de que el mundo no es malo, de que el mundo está vivo. No sólo vivo, sino consciente; no sólo consciente, sino continuamente creativo.

Los cristianos dicen que este mundo fue creado en seis días y que en el séptimo -el domingo- Dios descansó. Y aún está des­cansando. Su lunes no ha llegado aún.

Este mundo, este vasto universo sin límites, es un continuo proceso de creatividad. Todavía está siendo creado. ¿Quién dijo que la creación se completó en seis días? Y ¿por qué tenía que acabarse en seis días? Nada parece estar acabado. Todo está cre­ciendo; la inteligencia del hombre está creciendo, su consciencia está creciendo.

En esos seis días, Dios no creó a Zarathustra, Dios no creó a Gautama Buda, no creó a Jesucristo. Estos son pasos pertene­cientes a una evolución superior. Tú eres sólo un puente; no eres un ser, sino una posibilidad. Es obvio, absolutamente evidente, que el hombre es una posibilidad.

Todo lo que ha llegado a ser perfecto, muere, porque no hay posibilidad de crecimiento. Se ha extinguido a sí mismo, se ha consumido completamente.

La vida tiene que seguir siendo una posibilidad, no una reali­dad. Tiene que seguir progresando, alcanzando cielo tras cielo, cumbre tras cumbre.

Si Dios fue el creador del mundo ¿por qué la gente está mu­riendo de desnutrición? ¿Se ha olvidado Dios del universo que creó? Si Dios creó el universo, entonces, él es el responsable de todos los pecadores, de todos los criminales, porque él creó la semilla del crimen y la semilla del pecado. De otra manera, ¿de dónde vendrían? Él es el único Creador.

Si el hombre asesina, ¿quién creó el deseo de matar? Si el hombre viola, ¿quién creó el deseo de violar? ¿Quién es entonces el responsable de las armas atómicas? ¿Quién es el responsable de Adolfo Hitler y de la Segunda Guerra Mundial? Él fue respon­sable de cincuenta millones de muertes en la Segunda Guerra Mundial ¿Y quién será el responsable, si la Tercera Guerra Mun­dial sucede y toda la vida es destruida en este hermoso planeta?

Dios tiene que asumir su responsabilidad. Si Él es el creador, tiene que ser también el destructor. La implicación es clara.

Y esos idiotas todavía están adorando a Dios; son realmente héroes. Hay mucho de heroico en su adoración; adoran a un Dios que priva a sus criaturas, a Adán y a Eva, de volverse sabios, de permanecer vivos eternamente. Aun así, los sacerdotes continúan adorándolo y la gente camina ciegamente tras el sacerdote.

Muchos más hombres han sido asesinados en el nombre de Dios, que en ningún otro nombre. Extraño Dios, extraño creador.

Y extraños representantes cuyo único trabajo consiste en matar al hombre, en destruir al hombre.

¡Qué extraños son esos mal llamados ministros religiosos cuya enseñanza es la renuncia al mundo! ¡Y Dios creó el mundo! ¿Pue­des ver la contradicción? Si Dios creó el mundo, entonces el re­nunciar al mundo significa renunciar a Dios.

George Gurdjieff solía decir que todas las religiones están en contra de Dios. Decía que estaban en contra de Dios porque to­das enseñan a renunciar al mundo. Pobre Dios. Creó el mundo en seis días y se cansó tanto que su lunes no le ha llegado aún. No se le ha visto por aquí otra vez. Quizás se desgastó de tal forma, que se agotó; se durmió un domingo y nunca más despertó. Y esa gente sigue predicando que renuncies al mundo. Renunciar al mundo es renunciar a Dios, porque ésta es su creación.

No parecen haber sido redimidos.

No hay más que mirar a los discípulos de las mal llamadas religiones. ¡Ve y observa a los monjes jainos! Sus ojos no de­muestran inteligencia, sus caras no resplandecen de luz y de glo­ria. Se torturan a sí mismos; esa es su disciplina. Y si te torturas a ti mismo, no puedes ser una hermosa flor.

Y todas las religiones... viendo al Papa, ¿sientes que tiene algo de divino? ¿Un aura de divinidad? Y el Papa que le precedió fue homosexual. ¿Es la homosexualidad divina? Tal vez, porque la trinidad cristiana parece ser un grupo "gay": Dios el padre, Dios el hijo y un extraño tipo, el Espíritu Santo. Ni una sola mujer.

En el transcurso de los años los Papas han quemado a miles de mujeres vivas, condenándolas como brujas. ¿Cuál fue el crite­rio para decidir quién era bruja? Ahora las brujas no existen. De repente aparecieron y de repente desaparecieron. No había un criterio y cualquiera podía informar al Papa.

El Papa nombraba un tribunal especial con sólo sospechar que una mujer era una bruja -y cualquier hombre estaba califi­cado para sospechar de ella-. No se pedían razones. La mujer era aprehendida e inmediatamente torturada durante un sinfín de días. Se la hacía pasar hambre, sed, se la golpeaba. Inventaron máqui­nas de tortura.

Y finalmente -porque aquello parecía ser la única forma de librarse de la tortura- ella se confesaba bruja. Su confesión era la única prueba y una confesión la puedes arrancar a cualquier persona si la torturas lo suficiente como para que no tenga otra salida. Y se le indicaba qué era lo que tenía que declarar ante el tribunal: que era bruja y que mantenía relaciones sexuales con el demonio.

El demonio no existe, pero la mujer tenía que confesar que sí, ante el tribunal, porque si no, la tortura comenzaba nuevamente. Y una vez que aceptaba ser bruja y haber mantenido relaciones sexuales con el demonio, entonces el tribunal se daba por satis­fecho. No había necesidad de más evidencias. El juicio era sim­ple: la mujer debía ser quemada viva delante de todo el pueblo para que todos pudieran presenciar lo que te podía suceder si mantenías relaciones sexuales con el demonio. Miles de mujeres fueron quemadas. Y los Papas fueron los responsables.

Estos Papas no demuestran saber disfrutar, no tienen alegría, creatividad, silencio. Sólo hacen estupideces como besar el sue­lo. Cuando este Papa polaco viajó aquí, besó la tierra del aero­puerto de Delhi. Yo dije: "Ahora saboreas la religión hindú por primera vez, porque aquí toda la tierra está llena de estiércol de vaca, de vaca sagrada. Y si besas la tierra, simplemente demues­tras tu estupidez y nada más".

  Ellos han de demostrar que están redimidos, que están despiertos, liberados.

  Pero no es así; se les ve más y más esclavos.

  Son impostores, se llaman a sí mismos pastores, pero pertenecen al mismo rebaño que las ovejas, porque no son conscientes de un simple hecho: para el futuro existen muchos puentes. El hombre tiene muchas potencialidades. Puede llegar a ser muchas clases diferentes de hombre nuevo.

Y en el mundo necesitaremos que cada nuevo hombre sea úni­co, para que así, la variedad y la belleza que la variedad brinda, permanezca viva en la tierra. Si todo el mundo fuera igual, la vida sería un aburrimiento.

Los sacerdotes han detenido el crecimiento del hombre, han obstaculizado -de todas las formas posibles- su vuelo a cielo abierto. No han permitido la libertad.

Todo lo que necesitas es encontrar el camino hacia una liber­tad total, libertad de toda clase de servidumbres psicológicas y espirituales. Y tú mismo serás tu propio redentor. Y serás un hom­bre inmensamente superior a todos tus redentores.

 

 

Capítulo 10

El Hombre es Su Propio Enemigo

 

Las religiones han destruido la integridad del hombre. Lo han fragmentado. Y lo que es peor, lo han fragmentado en partes con­trapuestas.

El mayor crimen contra la Humanidad ha sido el cometido por las religiones. Han vuelto a la Humanidad esquizofrénica, pro­porcionando a cada individuo una personalidad dividida. Y lo han hecho de una manera muy astuta.

Primero se le dijo al hombre: "No eres el cuerpo" y después, "El cuerpo es tu enemigo". La conclusión lógica fue: no formas parte del mundo y el mundo no es más que un castigo; estás aquí como castigo. Tu vida no es -ni puede ser- una fiesta. Sólo puede ser un lamento, una tragedia. Tu destino en la Tierra es sufrir.

Tuvieron que hacerlo para glorificar a Dios -que es una ficción poética- y para exaltar el cielo -que es una extensión de la co­dicia humana- y para hacer que la gente temiera al infierno, lo que supone crear un gran miedo en el centro mismo del alma humana. De este modo han atrapado al hombre y le han diseccio­nado.

Ninguna religión acepta como simple, natural y real que el hombre es una unidad, que este mundo no es un castigo y que este mundo no está separado del hombre. El hombre está enraiza­do en este mundo de la misma forma que lo están los árboles. Este planeta -la Tierra- es su madre.

Todas las religiones han traicionado a la Tierra, han traiciona­do a la propia fuente de su vida. Han condenado la Tierra, han abogado para que se renuncie a ella; siempre insisten en que se ha de renunciar a ella.

Pero, ¿cómo puedes renunciar a tu naturaleza? Puedes fingir­lo, puedes ser hipócrita. Puedes incluso comenzar a creer que ya no eres parte de la naturaleza, pero incluso tus grandes santos dependen de la naturaleza de la misma forma que dependen de ella los grandes pecadores. Todos necesitan alimento, necesitan agua, necesitan aire; sus necesidades no cambian. ¿A qué hay que renunciar?

Eso ha creado en el hombre una mente dividida. El hombre se va desintegrando; todos sus fragmentos están continuamente lu­chando unos contra otros. Ésta es la raíz y la causa del sufrimiento humano y se ha convertido casi en una forma normal de ser, por­que la gente lo ha estado sufriendo durante miles de años. Han dado por sentado que esto es lo que nos toca, que ésta es nuestra suerte, nuestro destino, y que nada puede hacerse para remediar­lo. La realidad es que no es nuestra suerte, ni nuestro destino; es nuestra estupidez, es nuestra falta de inteligencia por haber esta­do escuchando a los sacerdotes y creyendo en sus ficciones.

Por supuesto que estas ficciones son muy provechosas para los sacerdotes. Ellos no han dudado en fragmentar a la Humani­dad, porque sus ficciones sirven a sus intereses a la perfección. Un hombre saludable y entero, un hombre que no está dividido en fragmentos, no puede ser esclavizado por los sacerdotes. Sólo un hombre que sufre necesita rezar, con la esperanza de que qui­zás Dios pueda ayudarlo. Para que Dios exista, el hombre tiene que sufrir. Para que Dios sea más y más una realidad, el hombre tiene que volverse cada vez más esquizofrénico.

Mientras más sufre el hombre, más fácilmente puede ser con­vencido de que ha de rezar, de que ha de cumplir con los rituales religiosos, porque quiere liberarse del dolor. Puede ser convenci­do de que se necesitan salvadores, mensajeros de Dios, profetas. Pero un hombre que vive feliz, que vive con alegría, no necesita a ningún Dios. Un hombre que vive la vida no necesita ninguna oración. Para que los sacerdotes conserven su profesión es absolutamente necesaria la mente enferma del hombre.

Es muy difícil encontrar un hombre que esté integrado; todos son sólo fragmentos. Uno es espiritual: niega su cuerpo; otro es ma­terialista: niega su alma. El espiritual no sólo niega su cuerpo, sino que también niega la mente.

Todas las teologías son extremadamente celosas y monopoli­zadoras. En América, al final del último siglo, hubo un gran mo­vimiento religioso llamado "Ciencia Cristiana". Creían sólo en el alma. Todo lo demás era sólo ilusión, sólo pensamiento; no era real. Tenían sus propias iglesias donde solían encontrarse para discutir sus grandes filosofías.

Hay gente que está negando hasta la existencia misma del cuerpo, hay gente que está negando la existencia de la mente y también hay gente que está negando la existencia del alma. Dicen que sólo el cuerpo es real y que todo lo demás es ficción. Toda esta gente -espiritualistas y materialistas- está de acuerdo en un pun­to: en no dejar que el hombre sea natural, una unidad orgánica. Tienen que eliminar algo. Pero aquello que eliminas sigue ligado a ti, es parte de ti. Puedes -por repetición constante, repitiéndo­lo durante siglos- obligarte a creer algo. Pero si tu creencia no está de acuerdo con tu naturaleza, el resultado será el sufrimiento.

Toda la Humanidad está sufriendo, y lo más asombroso es que el sufrimiento de la Humanidad tiene su origen en esas ideas reli­giosas que no permiten al hombre crecer de forma natural, vivir de forma natural, amar de forma natural. Y después, cuando llega el sufrimiento dicen: "¡Ves! ¿No te dijimos que la Tierra no es más que un valle de lágrimas?".

Es una estrategia muy astuta. Primero creas el sufrimiento y después lo usas como argumento para apoyar la idea de que has nacido en pecado y que estás en la Tierra y no en el cielo por castigo.

Debido a que Adán y Eva desobedecieron a Dios, estás sufriendo. Es una lógica extraña. Aún cuando Adán y Eva desobedecieron a Dios, no fue un pecado tan grande; sólo comieron de una manzana -y ni siquiera sabemos si Adán y Eva existieron alguna vez. Y tú, miles de años después, sufres porque arrastras su herencia. Perteneces al mismo linaje y tus progenitores fueron pecadores, de ahí que tú también seas pecador. Y los sufrimientos de la vida lo prueban, ¿sino, por qué existe tanto sufrimiento?

Las religiones han sido muy astutas y los sacerdotes muy in­humanos. Han dividido al hombre en contra de sí mismo. Al lu­char contra él mismo, sufre.

Es muy difícil encontrar un hombre total.

El hombre total es el super hombre, el hombre total recibirá todas las bendiciones que este hermoso planeta puede volcar so­bre él. Pero sólo el hombre total puede recibirlas.

Este hombre puede ser feliz, ¿por qué? Porque el hombre to­tal vive totalmente, vive intensamente. A cada momento exprime el jugo de la vida; su vida es una danza, su vida es una celebra­ción.

Y de pronto, cuando tu vida es una celebración, ves que no es un castigo. Entonces descubres las mentiras de los sacerdotes y en ese instante dejas de buscar otro paraíso, porque ya lo tienes aquí y ahora. No tienes que aplazarlo para un futuro lejano, des­pués de la muerte.

Lo que llamamos Humanidad, es un campo de exterminio. Todo el mundo ha sido destruido de un modo u otro, a todo el mundo se le ha impedido crecer. A todos les falta algo que es absolutamente necesario, y a lo que tenían derecho por nacimien­to. Los que condenan -y todos los sacerdotes condenan- no pue­den ver a nadie feliz, a nadie gozoso. Inmediatamente se vuelcan contra él y empiezan a condenar su alegría, a condenar su placer. Han desarrollado grandes argumentos para poder destruir el pla­cer de la gente.

Su principal argumento es: "La vida es muy corta, y el placer es muy efímero; cambia continuamente. Esto no ha de engañarte, porque si te engañas, te perderás la eterna dicha del paraíso".

Naturalmente no querrás jugártela. Sólo por el pequeño pla­cer de disfrutar de tu té por la mañana, no querrás destruir tu eterna dicha en el cielo. Esta vida consiste de pequeños goces, y si todos esos goces se agrupan, tu vida se convierte, por sí misma, en un goce. Uno no necesita grandes goces. Su paraí­so y su dicha eterna son sólo poesía, porque nadie nunca los vio, nadie ha ido nunca allí y ha vuelto diciendo: "Sí, yo lo he visto". En nombre de dioses ficticios y en nombre de placeres ficti­cios, se ha destruido lo que es real.

Sólo existe la esperanza de que un día el hombre compren­da... ¿Por cuánto tiempo podrá permanecer en las prisiones crea­das por los sacerdotes? Las pueden llamar iglesias, templos o mezquitas; no importa cómo llamen a sus prisiones. ¡Es penoso ver a los seres humanos marcados como ganado! Uno es hindú, otro musulmán, otro cristiano...

Aunque recorras el mundo entero te será muy difícil encontrar un solo ser humano que no haya sido etiquetado, que todavía no forme parte de la masa, que todavía no forme parte de la multitud, que sea él mismo, que sea su propia totalidad y que esté viviendo sin miedo, de acuerdo a su naturaleza.

Excepto la naturaleza no hay otra religión. Y no te hace falta aprender lo que es natural. Cuando tienes sed sabes que necesi­tas agua, cuando tienes hambre sabes que necesitas alimento. Tu naturaleza te guía continuamente.

Excepto la naturaleza no existe otra guía. Todas las otras guías te despistan, te llevan lejos del flujo natural y una vez que estás fuera de tu curso natural, el sufrimiento comienza. Y tu sufri­miento es su alegría, porque sólo el que sufre va a las iglesias, sólo el desgraciado va a los templos.

Cuando te sientes feliz y gozoso, joven y sano, ¿qué puede importarte la iglesia? La vida es tan rica, la vida es tan alegre, que ¿quién va a querer entrar en esos cementerios donde la tristeza se traduce en seriedad, donde se supone que una cara larga es reli­giosa, donde estallar de risa te valdrá ser condenado por loco, donde no se permite danzar, donde el amor está prohibido, donde debes sentarte a escuchar palabras sin vida, tan antiguas y polvo­rientas que no te tocan el corazón ni conmueven tu ser? Pero estas iglesias, estos templos y mezquitas, han dominado al hombre.

Esto no puede continuar eternamente. Algún día la inteligen­cia del hombre se rebelará. La rebelión es la única esperanza. El hombre destruirá algún día todas estas pretendidas casas de Dios, porque este planeta, este cielo lleno de estrellas, es el único tem­plo que existe; todos los demás templos han sido hechos por el hombre. Y esta vida que ves en los árboles, en los animales y en los hombres, es el único Dios vivo.

Los dioses que están sentados en los templos han sido manu­facturados por el hombre. Es muy extraño que estas religiones continúen afirmando que Dios creó el mundo, cuando sus dioses fueron creados por el hombre. Dicen: Dios creó al hombre como a sí mismo, creó al hombre a su propia imagen.

La verdad es justamente lo contrario: el hombre creó a Dios a su propia imagen. Por esto un dios chino parecerá diferente de un dios hindú, un dios africano parecerá diferente de un dios euro­peo, porque la gente está creando dioses según su propia imagen. Y la estupidez alcanza su máximo: tú creas esas imágenes y des­pués te arrodillas ante ellas. ¿Puedes imaginar una idiotez ma­yor? Y entonces comienzas a rezar...

Es posible perdonárselo a los niños. Ellos aman sus juguetes, aman sus ositos de peluche. Pero ¿y tú? Tú no has crecido aún, todavía amas tus ositos de peluche. Los tuyos están en tus iglesias, en tus sinagogas, pero son ositos... cumplen la misma función.

El niño se siente solo sin su osito. Hace unos días estuvo aquí un niño; su madre es sannyasin -Amrito- de Grecia. Cuan­do yo estuve en Grecia se hizo muy amigo mío. ¡Me trajo un osito de peluche! Había dicho a su madre, "No me iré de la India sin haberle dado antes el osito a Osho, porque vive solo, necesita alguna compañía".

¿Qué son tus dioses? Consuelos, porque sientes que aún es­tando en la multitud, estás solo. Necesitas un osito en el cielo, un osito de peluche eterno que te acompañe siempre. Es omniscien­te, omnipresente, omnipotente... lo puede todo... es sólo un consuelo. La gente que cree en Dios no se ha permitido a sí misma ser adulta, ha permanecido psicológicamente retardada; de lo con­trario no habría tenido ninguna necesidad de Dios.

La vida se basta a sí misma y es tan hermosa, tan llena de canciones y de flores y de pájaros volando... es la libertad absoluta de crecer y ser tú mismo. No te da unos Diez Mandamientos; te acepta tal como eres, no le da demasiada importancia a cómo debieras ser; su amor y respeto hacia todo lo viviente es incondi­cional.

¿Por qué necesitas tus dioses? Porque eres desgraciado. La estrategia es esa: no dejar que la gente sea feliz. De otro modo la religión desaparecería.

En una de sus grandes intuiciones, Bertrand Russell dijo: "si todo el mundo fuera feliz, puedo garantizar que no habría más religiones". Y este dicho encierra una gran verdad. Las religiones quieren que la gente siga siendo pobre, que siga estando enfer­ma, que sea desgraciada, que viva en permanente ansiedad. En­tonces, naturalmente, se vuelven débiles y necesitan ayuda. Los sacerdotes están listos para brindar ese apoyo, están listos para informar a Dios de que este hombre necesita su compasión... aun­que ninguna oración parece haber sido oída jamás.

Pero los sacerdotes son muy astutos. Dicen: "Tus oraciones no son escuchadas porque eres indigno. No lo mereces. Eres un pecador. Estás pecando contra la religión". Y es casi imposible vivir sin cometer algún pecado.

Le han hecho la vida imposible al hombre de modo que todos nos sentimos indignos. Y naturalmente, si eres indigno, tienes deseos, tienes anhelos; estás condenado. Tienes una biología, has nacido de la biología, cada una de tus células no es más que ener­gía sexual. Te gustaría amar a alguien, pero todas las religiones se oponen: "Ama y es seguro que irás al infierno". Pero tu biolo­gía te empuja a amar, así que amas a la gente, con miedo, con gran tristeza en el corazón, sabiendo que cometes un pecado. Natural­mente, no puedes disfrutar del amor y al no poder disfrutarlo, más lo necesitas, y cuanto más lo necesitas, más pecador te vuel­ves. Así, sin siquiera mirar su biografía, puedes decirle a cual­quiera que es indigno y que por eso no han sido escuchadas sus plegarias.

En realidad no hay nadie que las escuche. El hecho es que no hay nadie que las conteste. De hecho, el hombre que reza está psicológicamente estancado en algún lugar.

Después de la Segunda Guerra Mundial, querían determinar cuál era el promedio de la edad mental de los soldados, porque para entonces los psicólogos se habían vuelto eficientes en medir la inteligencia. Se quedaron asombrados. Nunca pensaron que éste pudiera ser el resultado. ¡El promedio de su edad mental era de trece años! Y esos soldados no eran menos inteligentes que cualquier otra persona.

Parece que el cuerpo sigue creciendo, envejeciendo, y que la mente se detiene a la edad de trece o catorce años. Por lo tanto puedes tener ochenta años, pero cuando te arrodillas frente a un dios sólo eres un niño de trece; aunque te arrodilles con tu cuerpo, también lo haces con tu sicología.

  Las religiones han causado mucho daño. Nadie se ha molesta­do en averiguar por qué la edad mental se detiene a los trece o catorce años. Es muy simple: esa es la época en que las chicas y los chicos maduran sexualmente, y en el momento en que se vuel­ven sexualmente maduros, la biología deja de necesitar la inteli­gencia.

A menos que tú mismo te esfuerces, tu edad mental seguirá correspondiendo a los trece o catorce años. La biología ha llega­do a su plenitud. Eres sexualmente maduro. Esta inteligencia es suficiente para engendrar hijos. Si quieres ser más inteligente, tendrás que hacer un esfuerzo, tendrás que meditar, tendrás que aguzar tu inteligencia.

Pero todas las religiones prefieren que no seas inteligente porque lo que enseñan es a creer. Un creyente no necesita tener inteligencia alguna. A no ser que aprendas a dudar, tu inteligen­cia no crecerá, porque "duda" significa "búsqueda". Y creer im­plica que no es necesario cuestionar ni buscar nada.

Por culpa de los sistemas de creencias que le han sido im­puestos al hombre, su edad mental ha permanecido estancada en los catorce. Y estos adolescentes son los cristianos, los hindúes, los musulmanes, etc. Si su inteligencia se desarrolla comenzarán a ver que lo que ellos creían religiones no son más que supersti­ciones. Si su inteligencia sigue creciendo, empezarán a dudar de Dios, del cielo, del infierno. Luego empezarán a dudar de los sacerdotes y de su religiosidad; empezarán a cuestionarlo todo. Y las religiones no tienen las respuestas.

Te he dicho hace poco que el jainismo cree que el no utilizar el sentido del gusto es uno de los fundamentos de su religión. Le pregunté a un monje jaino: "Si el no disfrutar del sabor es uno de los fundamentos de tu religión, ¿por qué la naturaleza ha dotado al hombre de papilas gustativas? La naturaleza nunca da cosas innecesariamente".

El monje budista tiene que caminar mirando sólo a un metro y medio de distancia por delante de sí mismo. No debe mirar más allá de esa distancia. No puede mantener la cabeza alzada porque podría ver a alguna mujer hermosa... ¡ese es el problema! Mirando sólo hasta metro y medio de distancia, a lo sumo puede ver los pies de una mujer, no su cara.

Pero si el amor entre un hombre y una mujer es algo malo, ¿por qué te ha de dar la naturaleza ese anhelo? Cualquier persona inteligente se lo preguntará. Ni el mismo Buda hubiese nacido. Afortunadamente el padre de Buda no era un monje budista; si no, nos hubiésemos perdido de todos esos grandes hombres.

La naturaleza quiere reproducirse: nueva vida, nuevas formas; mejor vida, mejores formas. La naturaleza es un continuo proce­so de evolución. Pero las religiones se oponen, porque cuanto más evolucionada es una persona, menos posibilidades hay de que sea víctima de alguna estupidez religiosa...

Si la inteligencia crece, los templos se quedarán vacíos, pero la vida se volverá inmensamente hermosa.

 

 

Capítulo 11

Una Historia del Futuro

 

Osho:

Estamos escribiendo un libro titulado: "Una Historia del Futuro".

Como tu visión de la raza humana y de este planeta es tan Clara, nos gustaría mucho preguntarte.

¿cuál es tu visión acerca de lo que le pasará al hombre en el futuro y de cómo vivirá?

 

Lo primero que has de recordar sobre mi actitud acerca del futuro, es que todas las predicciones son suposiciones. El futuro sigue siendo siempre desconocido y da tan extraños giros que nadie puede siquiera imaginarlos.

Más aún, mi manera de encarar la vida es: no preocuparme por el pasado ni por el futuro. El pasado ya no está, el futuro aún no está aquí; todo lo que tenemos en las manos es este momento. El pasado está muerto y el futuro no ha nacido.

Sin olvidar este punto de referencia, me gustaría decirte algo. Primero, se están dando todas las posibilidades para que, por lo que a la vida se refiere, no haya ningún futuro. Nos estamos acer­cando a un callejón sin salida. Es triste reconocer este hecho: pero es bueno reconocerlo, porque sólo entonces existe la posi­bilidad de tomar un rumbo diferente. Tal como van las cosas hoy en día, la conclusión lógica es que vamos hacia un suicidio global.

La única esperanza es que la vida no sigue la lógica; es irra­cional. Si fuese racional, matemática y lógica, no podrías conce­derle a este planeta más de veinte años de vida.

Las razones son cinco:

Primero: Se siguen acumulando armas nucleares día tras día.

Ya tenemos suficiente poder nuclear como para destruir la Tierra siete veces. Esto demuestra la locura del hombre. Ahora bien, ¿qué sentido tiene seguir acumulando más y más armas nucleares?

No todo el mundo es Jesucristo y no todo el mundo resucitará una y otra y otra vez; siete veces. La verdad es que ni siquiera Jesucristo resucitó, porque en primer lugar, no murió.

El segundo problema es el indiscriminado aumento de la po­blación. A finales de este siglo, tendremos siete mil millones de habitantes sobre la Tierra. Y la Tierra ha sido tan abusivamente explotada que ya no puede mantener a tanta población. El cin­cuenta por ciento de la población, sencillamente tendrá que mo­rir de inanición.

Los políticos no han hecho ningún esfuerzo para impedir el crecimiento de la población.

El tercer problema es el SIDA, una enfermedad que se está propagando como un fuego incontrolado. Y no parece haber nin­guna posibilidad, por lo menos en los próximos veinte años, de encontrar algo que la cure. Los científicos están bastante seguros de que no tiene curación.

Pero ningún país está haciendo del celibato un delito y el ce­libato es la causa de esta enfermedad, del SIDA. Son los monjes, los soldados, los estudiantes que viven separados de las mujeres, los que se vuelven homosexuales, y es la homosexualidad la que ha creado esta enfermedad. Pero la homosexualidad es sólo un síntoma; el verdadero problema es el celibato.

Todas las religiones sufren por este motivo pues todas predican el celibato, pero ninguna está dispuesta a reconocerlo y cuando tú no reconoces al enemigo, le estás dando más poder aún. Reco­nócelo para poder así encontrar la forma de luchar contra él.

El cuarto gran problema al que el hombre tendrá que enfren­tarse en los próximos veinte años, es el colapso ecológico. No somos conscientes de cómo y de qué forma estamos destruyendo nuestras propias fuentes de vida. La vida necesita un equilibrio ecológico, y ese equilibrio se está alterando.

 Y no es que la ecología se esté alterando en una sola direc­ción. Está siendo destruida por medio de métodos multidimen­sionales. Por ejemplo, debido a la acumulación de dióxido de carbono y otros productos químicos elaborados por el hombre, la temperatura de la atmósfera se ha elevado como jamás lo había hecho anteriormente. Por primera vez existe la posibilidad de que el hielo de ambos polos, norte y sur, se empiece a derretir; Esto nunca había sucedido.

  Si la temperatura de la atmósfera se eleva un poco más, el hielo de los Himalayas comenzará a derretirse y los océanos inundarán todas las grandes ciudades porque todas ellas están cerca del océano.

Y el quinto factor es el más peligroso: el hombre mismo, con todas sus discriminaciones entre blanco y negro, entre oriente y occidente. Y ahora, de pronto, ha surgido una nueva: entre norte y sur.

La Humanidad está dividida en religiones, en naciones, según el color, según su raza. Y todos están siempre a punto de dego­llarse unos a otros. Parece casi imposible evitar estos peligros con los que el hombre nunca se había enfrentado anteriormente, a menos que suceda un milagro. Pero los milagros sólo ocurren en los cuentos, no en la vida real.

  Y el factor más inquietante es que la intelectualidad del mun­do, los políticos y los filósofos, están ignorando estos hechos.

Suele suceder que, en tiempos de peligro la única forma de proteger tu paz mental sea ignorar el peligro. A esto se le llama la lógica del avestruz: si no ves al enemigo, el enemigo no existe.

La gente está ocupada en trivialidades, en asuntos enorme­mente estúpidos, cuando lo que tenemos delante son tremendos peligros. Tengo la esperanza de que la Humanidad alcance un cierto nivel de cordura y la vida pueda salvarse, pero tendremos que considerar con mucho cuidado estos cinco factores.

El mundo debería tener un solo gobierno; no deberían existir naciones. De esta forma evitaríamos toda posibilidad de guerra.

El mundo debería tener sólo una clase de religiosidad. No una religión, sino un tipo de religiosidad, una gratitud a la Existen­cia, un corazón amante, una consciencia meditativa. Aquello que es la esencia de la religión debe ser preservado y el cristianismo, el hinduismo, el budismo, el jainismo, el islamismo, todos debe­rían desaparecer de la Tierra.

Ya no son necesarios, ya han hecho suficiente mal. Pero ahora el daño es tan grande, que no se puede seguir tolerando.

¿Qué necesidad hay de que existan naciones?

Toda la Tierra es una.

Los problemas podrían resolverse muy fácilmente, si hubiese un solo Gobierno Mundial que fuese exclusivamente funcional, donde el mérito fuese el factor decisivo, en vez del poder de los votos. El más capacitado, técnica o científicamente, para resolver el problema, es el que debería resolverlo. No por obtener más votos se tiene más capacidad.

A pesar de que todas las religiones han estado predicando el celibato; nadie ha preguntado: ¿es el celibato algo natural? ¿Es humanamente posible ser célibe? ¿Puede algún científico, o al­gún experto en medicina o psicólogo apoyar la idea del celibato? Nadie dice ni una sola palabra contra el celibato, que es el que está causando toda clase de perversiones sexuales en el hombre. Quizás el SIDA sólo sea el principio; pueden aparecer enferme­dades aún más peligrosas.

Y por último, menciono al hombre. El hombre no vive en con­sonancia con los tiempos actuales. Vive con un atraso de mil años y el resto del mundo ha cambiado. Pero su rabia es la misma, su instinto de lucha es el mismo que cuando usaba armas de piedra. Ahora, el mismo hombre que tenía armas de piedra posee armas nucleares. El hombre en sí no ha cambiado y la tecnología le ha ido dando más y más poder destructivo.

Si llega a desencadenarse una guerra mundial, será una guerra de apretar botones. Y todos seremos destruidos. Nadie ganará ni nadie perderá. Ahora es el momento apropiado para escribir una "Historia del Futuro", porque dentro de veinte años no habrá ni quién la escriba, ni quién la imprima, ni quién la lea.

Si haces preguntas tan peligrosas, la gente se enojará contigo. Yo he convertido a todo el mundo en enemigo mío por la sencilla razón de que sigo jalando del cuello de los avestruces y sacándo­les la cabeza de la arena y diciéndoles que no importa si ven o no al enemigo. Es mejor verlo, porque viéndolo puede ser que encuen­tres algún modo de escapar, pero ocultando tu cabeza en la arena no tienes ninguna posibilidad de defenderte. Pero este avestruz se siente muy feliz con la cabeza enterrada en la arena. Al jalarle del cuello, para sacarlo, se enfurece, porque nuevamente tiene que ver al enemigo, Nadie quiere ver al enemigo.

  Las pequeñas cosas siguen manteniendo ocupada la mente humana; así no se puede encarar el verdadero problema.

Te he dicho que son cinco los problemas reales que van a des­truir a la Humanidad. Las soluciones son muy fáciles, pero éste es un gran manicomio; nadie parece comprender.

Todas las armas nucleares deberían ser lanzadas al Pacífico.

Se debería dejar de condenar el sexo y ensalzar el celibato. De otro  modo no podremos librarnos del SIDA. Se extenderá; se está extendiendo.

Es un hecho evidente que la Tierra no está dividida. ¿Qué necesidad hay de que existan tantas naciones, a no ser para satisfacer las ambiciones del ego de tanta gente? No hay otra necesidad. ¿Por qué debería Alemania tener miedo de los inmigrantes e incentivar a los alemanes para que tengan más niños, cuando la Tierra se está muriendo a causa de la superpoblación? Si hubiese un gobierno mundial, podríamos redistribuir la población cambiándola de un sitio a otro. En aquellos lugares donde la población comenzara a decrecer se debería reemplazar por población de países donde ésta esté aumentando.

Si las religiones desaparecieran del mundo, muchas estupide­ces desaparecerían con ellas. Están en contra del control de la natalidad y se preocupan de engendrar más niños, porque más niños significa más poder; poder en dos formas: más votos y más carne de cañón para la guerra.

Durante veinte o treinta años debería ponerse en práctica un estricto control de la natalidad. No es una cuestión democrática, porque es una elección entre la vida y la muerte. Si todo el mundo va a morir, ¿qué harás entonces con tu democracia? Entonces la democracia dictará las normas de las tumbas, para las tumbas y por las tumbas, porque la gente habrá desaparecido.

Las religiones alimentan toda clase de supersticiones que obs­taculizan tu inteligencia, tu visión y tu posibilidad de crear un hombre nuevo en el mundo. Hay algo que es cierto: la vieja Hu­manidad va a morir. Si podemos hacer que la gente del mundo comprenda, una nueva clase de hombre podría sobrevivir.

Será un ciudadano del mundo, sin naciones.

Será religioso, pero sin religión.

Será científico, pero no destructivo; toda su ciencia estará dedicada a la creación.

Será piadoso, compasivo, amoroso, pero no célibe. Un hombre sin el peso del pasado, más meditativo, más silen­cioso, más amoroso... Todas las universidades deberían dedicar tiempo a crear más consciencia en el hombre en vez de perder el tiempo en asuntos superficiales.

Las cosas deberían pensarse de forma científica, sin supersti­ciones. Así habría una posibilidad de futuro para el hombre.

Si tomamos alguna medida real contra estos cinco peligros que la Humanidad enfrenta, habrá la posibilidad en el futuro de un hombre nuevo, un hombre mejor, un hombre natural, un hom­bre más sano, un hombre más religioso... de un mundo sin gue­rras, sin naciones, sin religiones. Un mundo pacífico, amoroso. Un mundo en busca de la verdad, de la dicha del éxtasis.

Pero si estos cinco problemas no se resuelven inmediatamente, no habrá futuro posible.

Deberías comenzar a escribir tu libro, "Una Historia del Futu­ro", lo más pronto posible, porque lo más probable es que no haya ningún futuro.

 

 

Capítulo 12

El Loto Surge del Barro

 

 

Osho:

¿Por qué desde un principio, los seres humanos han tenido que pasar por tanta lucha?

¿No han existido sobre la Tierra civilizaciones altamente desarrolladas?

Y a pesar de todo, su nivel de consciencia se perdió y el hombre tuvo que volver a comenzar desde cero.

Ahora mismo, parece haber un período particularmente oscuro. ¿Es que acaso existe alguna ley cósmica que diga que sólo del barro puede crecer el loto?

¿Llegará al­guna vez esta Tierra a convertirse en un jardín lleno de flores?

 

La pregunta que has hecho tiene tremendas implicaciones. Para comenzar, muchas civilizaciones anteriores han alcanzado nive­les incluso más altos que el nuestro, pero todas se destruyeron a sí mismas, porque todas esas civilizaciones -incluyendo la nues­tra- crecieron en un profundo desequilibrio. Desarrollaron gran­des tecnologías, pero olvidaron que el mayor de los avances tec­nológicos no va a hacer del hombre un ser más dichoso, más pa­cífico, más amoroso y más compasivo.

La consciencia del hombre no ha crecido al mismo ritmo que su progreso científico, y ésta es la causa por la cual todas las civilizaciones antiguas se autodestruyeron. No hubo ninguna cau­sa externa, ningún enemigo externo; el enemigo estaba dentro del hombre.

En lo relacionado a maquinaria, ha creado monstruos, pero él mismo se ha quedado muy retrasado, inconsciente, casi dormido, y es muy peligroso dar tanto poder a gente inconsciente.

Ahora sucede lo mismo. Los políticos son de la clase más baja en cuanto a consciencia se refiere. Son astutos, hábiles y además mezquinos y hacen todo lo que pueden para alcanzar un solo objetivo: Cómo ser más poderosos.

Su único deseo es obtener más poder; no desean más paz, ni un mayor desarrollo del ser humano, ni conocer la verdad, ni el amor.

¿Y para qué se necesita tener más poder? Para dominar y des­truir a los demás. Todo el poder lo ha acumulado la gente más inconsciente. Por un lado, en todas las civilizaciones que han surgido, que se han desarrollado y han desaparecido -sería más adecuado decir que se han suicidado- han sido los políticos quie­nes tenían todo el poder en sus manos. Y los genios de la inteli­gencia humana estaban buscando mayores y mejores métodos tec­nológicos y científicos, y todo aquello que descubrieron termi­nó, finalmente, en manos de los políticos...

Alberto Einstein fue quien le escribió al presidente americano Roosevelt diciéndole: "Puedo crear la bomba atómica. Poseo el secreto y quien tenga la bomba atómica ganará la Segunda Gue­rra Mundial".

Roosevelt inmediatamente le invitó y le dio todas las facilida­des para crear la bomba atómica. Cuando finalmente estuvo lista, Roosevelt ya no era presidente. Truman había ocupado su lugar.

Alemania fue derrotada. Era sólo cuestión de siete días a lo sumo, todos los expertos militares del mundo están de acuerdo que Japón iba a rendirse. No tenía alternativa, no tenía posibili­dades de ganar, porque toda su fuerza procedía de Alemania. Ja­pón era sólo un socio. Incluso los generales americanos dijeron a Truman que ya no había necesidad de usar bombas atómicas, por­que en siete días, utilizando bombas comunes y corrientes, Japón tendría que rendirse.

Pero Truman no les escuchó. Albert Einstein le envió otra car­ta en la cual le advertía que la bomba atómica no era necesaria. Pero, ¿a quién le importa lo que piensa Alberto Einstein? Las bom­bas están en manos del presidente. Y Truman, sin motivo alguno, bombardeó dos grandes ciudades del Japón, Hiroshima y Naga­saki. Cada ciudad tenía más de cien mil habitantes, y en un lapso de cinco minutos, todas esas personas murieron.

Nunca ha habido una destrucción semejante, absolutamente innecesaria. Pero Truman tenía prisa, temía que Japón se rindiera y perder con ello la oportunidad de usar la bomba atómica que tanto dinero había costado crear y con la cual demostraría al mundo que América era la primera potencia y que él era el hombre que tenía en sus manos la llave de ese inmenso poder.

Aquellas bombas de Hiroshima y Nagasaki no fueron utiliza­das sólo para derrotar a Japón. Su propósito fundamental fue to­talmente diferente; fue una satisfacción del ego del presidente Truman: "Soy el más grande, el hombre más poderoso del mundo y mi nación ha llegado a la cima". Esto ha estado sucediendo desde siempre, una y otra vez.

Antes de la Segunda Guerra Mundial, nadie era capaz de creer que semejantes armas destructivas pudieran existir. Siempre se creyó que la historia del Mahabharata, la gran guerra India de hace 5000 años, registrada en las antiguas escrituras, era simple­mente mitológica, pues parecía inconcebible que hace 5000 años se tuviera acceso a semejante poder. Pero después de la Segunda Guerra Mundial y según la descripción del Mahabharata, quedó absolutamente claro que ellos ya habían descubierto algo similar a la energía atómica. Destruyeron una civilización muy avanzada. Sin embargo, la destrucción provino del interior de su propia ci­vilización.

Nos vamos aproximando nuevamente a una situación similar: la destrucción no proviene de otro planeta. Estamos preparando nuestras propias tumbas. Podemos ser conscientes, podemos no serlo, pero todos somos sepultureros, todos estamos cavando nues­tras propias fosas.

Hoy en día hay sólo cinco naciones que poseen armas nuclea­res, y su arsenal nuclear es un millón de veces más poderoso que las bombas atómicas de la Segunda Guerra Mundial. Ahora los científicos dicen que las bombas atómicas de la Segunda Guerra Mundial comparadas con las armas nucleares modernas parecen petardos.

Alrededor del año 2010, veinticinco naciones más se habrán convertido en potencias nucleares. No habrá control posible.

Treinta naciones poseerán un inmenso poder destructivo, y bas­tará una sola de ellas para destruir la Tierra entera. Para destruir toda la civilización bastará un solo político, un solo loco que quiera demostrar su poder, y tendremos que empezar desde ABC.

Además, la destrucción no afectará sólo al hombre. Junto con los humanos morirán todos sus compañeros: los animales, los pájaros, los árboles, las flores; toda manifestación de vida des­aparecerá.

Pero la razón es un desequilibrio en nuestra evolución. Conti­nuamos desarrollando tecnología científica sin preocuparnos en absoluto de que la consciencia evolucione en la misma propor­ción. De hecho, nuestra consciencia debería preceder nuestro pro­greso tecnológico.

Si nuestras consciencias estuvieran Iluminadas... en las ma­nos de un Gautama Buda, las armas nucleares dejarían de ser peligrosas. En manos de un Buda, las armas nucleares se trans­formarían en una fuerza creativa, ya que la fuerza en sí misma es siempre neutral; puedes destruir o crear con ella.

Pero actualmente nuestros poderes son enormes y nuestro desarrollo, escaso. Es como si hubiesen puesto bombas en manos de niños para que jugasen.

 

  Preguntas,

 

  "¿Por qué desde un principio, los seres humanos han tenido que pasar por tanta lucha?".

 

Se debe al desequilibrio existente entre lo interno y lo externo.

Lo externo es más fácil, lo externo es objetivo. Por ejemplo, un científico -Tomás Alva Edison- creó la electricidad y toda la Humanidad la está usando. No es necesario que cada uno ten­ga que volver a descubrirla. El crecimiento interior es un fenóme­no totalmente diferente. Un Gautama Buda puede Iluminarse, pero eso no significa que todas las demás personas se Iluminen. Cada individuo tiene que encontrar la verdad por sí mismo.

Por esta razón, todo lo que sucede en el exterior, todo progre­so científico, es un proceso acumulativo. Cada científico se apo­ya en el trabajo realizado por otros científicos. Pero la evolución de la consciencia no sigue la misma ley. Cada individuo tiene que descubrirla por sí mismo; no puede apoyarse en las realizaciones de los demás.

Todo lo referente al mundo objetivo se puede compartir, se puede enseñar en las escuelas, en los colegios, en las universida­des, pero el mundo subjetivo funciona de una manera totalmente diferente.

Aunque conozca todo lo referente al mundo interior, no te lo puedo entregar. Ésta es una de las leyes más fundamentales de la Existencia: la verdad interior tiene que ser descubierta por cada individuo, a través de su propio esfuerzo. No se puede comprar en el mercado, ni puede robarse. Nadie te la puede regalar. No es una mercadería. No es materia; es una experiencia inmaterial.

La individualidad, la presencia, la compasión, el amor, el si­lencio, de un maestro pueden ser tomados como pruebas, pero son sólo evidencias de algo que le ha sucedido en su interior. Él te puede infundir valor, te puede hacer sentir que tu búsqueda interior no es en vano, que llegarás a encontrar tesoros tal como él los ha encontrado.

Un Maestro no es más que un argumento, una evidencia, un testigo ocular. Pero la experiencia sigue siendo individual. La ciencia se vuelve social. La tecnología se vuelve social. La medi­tación sigue siendo individual; éste es el problema básico. ¿Cómo equilibrarlas?

Todas las civilizaciones del pasado... en la Atlántida -un vas­to continente sumergido en el Océano Atlántico- existió una ci­vilización. Se creyó que esto también era mitología, pero recien­tes investigaciones han probado que aún hay restos de grandes ciudades a cinco millas de profundidad bajo el agua.

Y lo mismo sucedió en Lemuria, otro continente más pequeño que la Atlántida. También se hundió en el océano. Al observador superficial esto le puede parecer el resultado de una catástrofe natural -quizás un gran terremoto, un movimiento de la tierra, una erupción volcánica, o una invasión del océano en aquellas grandes ciudades- o de cualquier otro fenómeno, pero siempre consecuencia de algo natural. Pero tal como yo lo veo, esas cala­midades naturales son también causadas por nosotros.

  Esas civilizaciones debieron de cometer estupideces que provocaron esas calamidades.

 

"¿No existieron sobre la tierra civilizaciones altamente desarrolladas?"

 

Sí, las hubo, pero todas llegaron al mismo caos y a la misma oscuridad a la cual nos estamos aproximando.

 

"Así y todo, su estado de consciencia se perdió y el hombre tuvo que volver a comenzar desde cero".

 

La consciencia no se perdió; simplemente, ellos no tenían consciencia alguna. Tenían la misma consciencia superficial que ahora tenemos.

¿Qué estás haciendo para prevenir esta calamidad que se acer­ca más y más? La muerte de esta Tierra no es algo lejano; le que­dan a lo sumo de unos veinte a veinticinco años. Y esa es una actitud muy optimista. Para el pesimista esto puede suceder qui­zás mañana.

Pero aunque le diéramos veinticinco años más, ¿qué vas a ha­cer para ayudar a que la consciencia humana se eleve de tal mane­ra que podamos prevenir el suicidio global que se avecina?

La única forma posible de evitarlo es creando un mayor esta­do meditativo. Pero en este mundo de locura, a veces parece im­posible creer en ello.

El Jefe de Policía de Puna ha pedido que se les permita a los funcionarios de policía grabar cada uno de mis discursos para luego analizarlos y censurarlos y sancionar qué partes pueden ver la luz y cuáles tienen que eliminarse. Nunca se ha sabido de policías que puedan siquiera entender lo que es meditación.

Él ha estado insistiendo en que algunos ciudadanos respeta­bles de Puna formaran un comité y acudieran -como una comi­sión- a observar todas nuestras meditaciones, nuestros grupos de terapia y asistirán a los discursos, para así elaborar un informe sobre lo que está sucediendo aquí y decidir si está bien o no.

¿Quiénes son los ciudadanos respetables de Puna? Y ¿qué saben acerca de meditación? ¿Cuál es su experiencia en psicote­rapias? ¿Cuánto saben acerca de sí mismos?    

Pero éste es el mundo en que vivimos. Frente a expectativas tan absurdas se pierde toda esperanza en el futuro. Sería preferi­ble decirle a la gente de Puna que venga a meditar aquí y que envíe a los policías a participar en los grupos de terapia y en las meditaciones; no hay otro camino.

Si alguien está haciendo vipassana, ¿qué puedes observar en él? Lo que sucede está sucediendo profundamente en el interior de la persona... está sentado en silencio, con los ojos cerrados. Estas personas sólo pueden informar a los periódicos que estoy enseñando a la gente a ser perezosa, a estar sentados sin hacer nada. Naturalmente no pueden ver lo que está sucediendo dentro. No saben nada de lo que ha sucedido en cien años en el mundo de la psicología, ni tampoco de lo que ha pasado en diez mil años en el mundo de la meditación, los métodos que se han creado y la profundidad que el hombre ha alcanzado.

¿Quiénes son estas personas respetables? Su respetabilidad se debe a que alguien ha hecho un hospital, o ha abierto un cole­gio, o ha hecho una donación a los huérfanos o a los pobres.

Todas estas cosas están perfectamente bien, no hay ninguna objeción. Pero, no por ello se convertirán en expertos en medita­ción, ni expertos en terapia.

Ni siquiera pueden citar doce nombres de personas Iluminadas en el mundo, y ¡pretenden tener la autoridad de  censurar lo que estoy diciendo! ¿Cuál sería su criterio? No conocen nada del mundo interior. No saben nada de las cimas más altas de la consciencia. Nunca deben haber oído palabras como tathata y anatta. Sin embargo, es tal la locu­ra del hombre que hasta pretende juzgar a Buda, a Mahavira, a Basho, a Sarmad, sin siquiera saber el ABC.

Éste es el único esfuerzo que estamos tratando de hacer: ele­var la consciencia de unos cuantos individuos y enviarlos a los rincones más lejanos del mundo a ayudar a elevar la consciencia de la Humanidad, dondequiera que se encuentren.

Si en los próximos veinte años el hombre atraviesa una revo­lución y alcanza una nueva consciencia, tal vez lo que ha estado sucediendo hasta ahora, pueda evitarse. Debemos hacer todo lo posible para lograrlo.

Finalmente me preguntas:

 

"Ahora mismo, parece haber un pe­ríodo particularmente oscuro".

 

Lo es. Y se volverá más y más oscuro, a menos que cada uno se convierta en una luz en sí mis­mo e irradie luz a su alrededor; a menos que todos empiecen a compartir su luz y su fuego con aquellos que estén hambrientos y sedientos de eso. El amanecer no vendrá automáticamente. Ten­drás que estar absolutamente alerta y hacer todo lo posible para ayudar al desarrollo de la consciencia.

Antes de que los océanos suban mil metros, tenemos que con­seguir al menos que la consciencia se eleve mil metros. El mundo necesita al menos doscientas personas Iluminadas. Ellos serán los doscientos faros donde millones podrán satisfacer su sed de verdad. Es una gran lucha contra la oscuridad, pero también es una gran oportunidad y un desafío emocionante. No tienes que ponerte serio por esto. Tienes que hacerlo con amor, danzando, con todas tus canciones y toda tu alegría. Porque sólo de esa manera es posible traer el amanecer y despejar la oscuridad.

Sí, esto es cierto. Hay una ley cósmica que dice que el loto sólo crece del barro.

Los políticos y los sacerdotes de todas las religiones, los go­biernos y los burócratas están creando suficiente fango. Ahora tenemos que hacer crecer los lotos. No tienes por qué ahogarte en su fango. Tienes que sembrar semillas de loto. La semilla del loto es un milagro; transforma el barro en la flor más hermosa.

En el Este, el loto ha sido venerado por dos razones. Una, porque nace del barro; todo hombre es sólo barro. La palabra inglesa "human" simplemente quiere decir barro. La palabra ára­be "admi" simplemente quiere decir barro, porque Dios hizo al hombre del barro.

Pero existe la posibilidad de que crezca un loto. Es la flor por excelencia. Abre sus pétalos sólo cuando se levanta el sol y los pájaros comienzan a cantar y todo el cielo se llena de colores, y cuando llega el crepúsculo y se oculta el sol, nuevamente cierra sus pétalos. Ama la luz.

Segundo, tiene una hermosa cualidad. Sus pétalos -e incluso sus hojas- son tan aterciopelados que en ellos se depositan go­tas de rocío durante la noche. Con el temprano sol de la mañana, esas gotas de rocío brillan casi como perlas -mucho más hermo­sas- creando un arco iris alrededor de sí.

Pero lo más hermoso es que aunque descanse sobre los péta­los y las hojas, el rocío no toca la hoja. Con un pequeño soplo del viento caen de nuevo al océano, sin dejar ni huellas, ni hume­dad sobre las hojas o los pétalos del loto.

Para Oriente esto encierra un gran simbolismo porque el Este afirma que debes vivir en el mundo, pero no ser afectado por él.

Debes permanecer en el mundo, pero el mundo no debe permane­cer en ti. Debes pasar por el mundo sin guardar ninguna impre­sión, ningún impacto, ningún rasguño. Si en el momento de la muerte puedes decir que tu consciencia es tan pura, tan inocente como la trajiste al nacer, habrás vivido una vida religiosa, una vida espiritual.

De ahí que la flor del loto se haya convertido en el símbolo de un estilo de vida espiritual. Sin ser tocada por el agua, crece des­de el barro, en el agua, y aún así, permanece intacta. Es un sím­bolo de transformación. El barro se transforma en la flor más hermosa y más fragante que existe sobre el planeta.

Buda estaba tan enamorado del loto que llamó a su paraíso, el Paraíso del Loto.

Con nuestra meditación profunda y nuestra gratitud a la Existencia sería posible que esta Tierra siguiera creciendo con más consciencia, con más flores. Podría convertirse en un Paraíso del Loto.

Pero se necesita una tremenda lucha para que se produzca una gran revolución en la consciencia de la Humanidad, y todo el mundo está llamado a participar en esta revolución. Contribuye con todo lo que puedas. Tienes que entregar toda tu vida a la revolución. No tendrás otra oportunidad, otro desafío para tu propio crecimiento, y para el crecimiento de este hermoso planeta.

Éste es el único planeta vivo en toda la Existencia y su muerte sería una gran tragedia.

Pero se puede evitar. Tienes que convertirte en soldado de esta revolución para poder evitar las fuerzas criminales, las fuerzas malignas que se están preparando para destruimos.

 

 

 

Capítulo 13

La Única Forma de Salir, es Entrar

 

La enfermedad del mundo actual, su desgracia y su tensión cre­ciente, son el resultado de todas las estúpidas ideas que han do­minado a la Humanidad en el pasado.

Todas las religiones son responsables. Lo que han hecho, sin saberlo o a sabiendas, es la causa de la desgracia, del sufrimiento y la angustia de todos los seres humanos. Veamos, una a una, las causas fundamentales.

 

La primera:

Todas las religiones han estado imponiendo la idea de que Dios creó el mundo y de que es omnisciente, omnipotente y omnipresente. Lo sabe todo, es todopoderoso y está en todas partes.

Y ésta es la idea que ha impedido al hombre hacer algo en esta vida para que sea mejor y más hermosa. Si alguien que lo sabe todo, que es todopoderoso y está en todas partes, se está ocupando, ¿qué puedes hacer tú? ¿Qué has de comprender? ¿Cuál puede ser tu contribución? Si Dios ha creado el mundo, tú no puedes me­jorarlo. Cualquier cosa que hagas será más bien un perjuicio. No puedes mejorarlo, no puedes ser más sabio que Dios.

Esta idea es una de las causas fundamentales de la angustia total por la que la Humanidad está pasando y en la cual quizás perezca. Piensa, por favor... tal como lo veo, no hay Dios que esté creando el mundo, cuidándolo. No descargues esa responsabili­dad sobre alguien que no existe. Somos nosotros los que estamos aquí y somos nosotros los responsables de aprovechar o desper­diciar esa oportunidad. Retira a Dios y pon al hombre en su lugar y el mundo será totalmente diferente.

El sufrimiento es absolutamente indeseable. La angustia es nuestra estupidez. El hombre puede vivir una vida inmensamente rica, deliciosa, dichosa; para ello el primer paso es que acepte su responsabilidad. Todas las religiones han enseñado a eludir la responsabilidad: déjalo en manos de Dios... y no hay Dios.

No haces nada porque piensas que Dios lo hará todo y no hay ningún Dios que haga nada. Entonces, ¿qué esperas? Lo que está pasando, lo que ha pasado y lo que pasará, es el resultado natural de alimentar la idea de un Creador.

Si se le dijera al hombre: "Ésta es tu existencia, eres tú el responsable, seas quien seas, hagas lo que hagas y pase lo que pase a tu alrededor. Madura. No sigas siendo infantil".

  Pero este Dios impide tu madurez. Su existencia misma depende de tu falta de madurez, de tu infantilismo.

  Cuanto más estúpido y crédulo seas, más grande será el Dios. Cuanto más inteligente, menor es el Dios.

  Si tú eres realmente inteligente, Dios no existe.

  Entonces ahí está la Existencia, ahí estás tú... ¡crea! Pero el Creador no te permite ser creativo.

  Todo mi énfasis estriba en que te conviertas en el Creador.

  Libera tu energía creativa. Esto sólo es posible si este Dios­ -que no es más que un Godot- es abolido completamente, es eli­minado por completo de tu visión de la vida.

Sí, al principio te sentirás vacío, porque este espacio que Dios ha estado llenando en ti... durante millones de años; el santuario sagrado en tu corazón ha estado ocupado con la idea de Dios. De repente ahora, al arrojarlo fuera, te sentirás asustado, vacío, per­dido. Pero es bueno estar vacío. Es bueno temer. Está bien estar perdido. Porque la realidad es ésta, y lo anterior era sólo una ficción. Las ficciones no ayudan. Te consuelan un poco, pero el consuelo no es algo bueno... Transformación y no consuelo. Lo que hace falta es tratar todas las enfermedades que has estado padeciendo. No es consuelo lo que te hace falta.

  Lo primero es: descarta a Dios. No esperes a ningún Godot. No hay ninguno ni nunca lo hubo.

  Friedrich Nietzsche dijo... y estoy en desacuerdo con él, pero no de la forma en que otros están en desacuerdo. Mi desacuerdo es diferente del de los demás. Nietzsche dice: Dios ha muerto. Por supuesto que los cristianos, los musulmanes, los hindúes, los budistas, discrepan de ello; todos han estado contra Nietzs­che. También yo. Pero mi razón por la que discrepo es que Dios no está muerto porque nunca ha estado vivo. Decir "Ha muerto" implica aceptar que estuvo vivo, que estaba y no está. No, nunca estuvo en ningún lado. El hombre siempre vivió en una fábula.

Y esta situación, este sufrimiento, esta tensión cada vez ma­yor... La tensión es tal que en los países más desarrollados, la segunda causa de muerte hoy, no es por enfermedad, sino por suicidio. Uno se siente muy tenso, día tras día y al parecer sin nin­guna salida. Y la angustia sigue creciendo. Y ni siquiera es posi­ble ver la razón por la que se sufre. ¿Por qué este sufrimiento? ¿Qué hemos hecho?

La vida misma parece no tener valor. Llega un punto en la vida de todo hombre inteligente, en el que se da cuenta de que todo es inútil y sin sentido.

Entonces, ¿para qué seguir arrastrándose? ¿Por qué no termi­nar, por qué no liberarte de todo esto? No te ha aportado nada, excepto penas, y no puede darte otra cosa. Sí, hay un opio en algún sitio: la esperanza de que quizás mañana las cosas sean diferentes. Si no hoy, quizá mañana podrás capturar algún mo­mento de dicha.

Y ni aun así parece valer la pena: una larga caravana de penas y de tanto en tanto un instante para sonreír, para reír. Y apenas has sonreído y ya se fue. Tal vez, ese momento no sea más que imaginario. Para seguir funcionando empiezas a soñar con cosas que no existen, con cosas que quisieras que estuvieran allí. Ésta es en realidad la función de los sueños.

Posiblemente el noventa y nueve por ciento de la gente, o inclu­so más, necesita soñar; seis horas de soñar cada noche. ¿Y pien­sas que esto es todo? ¿Acaso no sueñas también durante el día?

En cualquier momento cierra los ojos y encontrarás que el sueño está ahí, transcurriendo. El sueño está siempre ahí. Mien­tras me estás escuchando, el sueño está ahí. Caminas por la calle y el sueño se mueve contigo. Por supuesto, cuando estás despier­to, tu atención está dividida. Debes prestar atención al mundo exterior o la gente dirá que estás volado. ¡No estás volado, sino metido en ti! (*). Tú atención no se dirige hacia lo exterior. Estás nublado por los sueños y te has olvidado del mundo objetivo. Seis horas por la noche y ¿cuántas durante el día? Nadie las ha calculado, pero me parece que no tienes ni siquiera dos horas durante el día, libres de sueños, como sí las tienes mientras duermes.

Y no creo que estés dos horas diarias sin sueños, despierto realmente, porque si las tuvieras, ellas serían tu meditación, y te revelarían secretos de inmenso valor.

Pero la Humanidad ordinaria, el hombre de la calle, necesita soñar. ¿Por qué? Porque en realidad la vida es muy poco satisfactoria, muy fea, apestosamente fea. Estos sueños la sustituyen. Son hermosos. Traen perfume a tu vida. Esperanza, ficción: te ayudan a permanecer cuerdo. La realidad te volvería loco.

Y para mí, Dios, el Espíritu Santo, el Hijo, el Papa, el infali­ble Papa... por supuesto que tiene que ser infalible, representa al Mesías, al único hijo de Dios, ¿cómo podría ser falible?

Y todas las religiones tienen cosas similares. Necesitas esos personajes. Son ficciones creadas por tus sufrimientos. Gente as­tuta utiliza tu sufrimiento para explotarte y disfrutar del poder.

También los políticos necesitan esos personajes. Incluso un político loco como Adolfo Hitler necesita las bendiciones de Dios. Y si Dios no existe, ¿quién va a bendecir a Adolfo Hitler? El ministro cristiano de mayor rango en Alemania lo bendijo. Ahora observa el milagro: Adolfo Hitler bendecido por el ministro de Dios: "Tú vencerás". Churchill es bendecido en Inglaterra por un ministro del mismo Dios: "Tú vencerás". Benito Mussolini es bendecido por el propio Papa: "Tú serás el vencedor". Y nadie ve la contra­dicción: un Dios, un Papa infalible... iY ese cura alemán depende del Papa!

Pero el Papa tiene que bendecir a Mussolini, de lo contrario Mussolini lo expulsaría y pondría a cualquier otro como Papa, a cualquier otro que estuviera dispuesto a bendecirle.

 

(*) N. del T.- Juego de palabras en el original en inglés, entre "spaced-out"= "estar volado", lit. "abierto hacia afuera" y "spaced-in"= sin traducción. En caste­llano, lit. "abierto hacia adentro".

 

Benito Mussolini no es un fascista mientras está en el poder. Hasta el Papa lo declara: "El hombre más sabio, más democrático, más humano". ¡Mussolini! Y el mismo Papa -una vez derrotado Mussolini- le declarara fascista. ¡Y ésta es la gente infalible! Ahora hay allí otro político que tiene que ser bendecido y que está en contra de Benito Mussolini. También será bendecido.

¿Puedes ver esa conspiración entre curas y políticos? Las ma­sas son engañadas. El sacerdote sanciona en nombre de Dios, certifica que éste es el hombre adecuado para ser presidente, o vicepresidente, primer ministro.

Por supuesto que el político le necesita, pues las masas escu­chan a los sacerdotes, y se supone que el sacerdote es imparcial, que nada tiene que ver con la política, que está por encima de ella. ¡Y no es así! El sacerdote está en manos del político...

  Lo que te estoy diciendo es que sacerdotes y políticos han estado conspirando siempre, trabajando juntos, de la mano.

Uno tiene el poder político, el otro el religioso. El político protege al sacerdote; el religioso bendice al político. Y las masas son explotadas, exprimidas. Ambos le chupan la sangre.

Eliminando a Dios, eliminarás a los políticos, a los sacerdo­tes y a la política; eliminarás la conspiración entre curas y políti­cos. Y al eliminar estos dos, el cincuenta por ciento de tu sufri­miento desaparecerá.

Y la idea de Dios te hace soñar en una vida mejor... después de la muerte, tal vez en el paraíso o en otra encarnación. Así pues, no hay de qué preocuparse. Esta vida es poca cosa... ¡Qué impor­ta! Comparados con millones y millones de años luz, ¿qué repre­sentan setenta años? Nada, no cuentan...

Por eso las religiones han estado diciendo a la gente: "Setenta años no son nada. El sufrimiento pasará y si permites que pase sin luchar contra él, la próxima vida -la vida más allá de la muer­te- será una gran recompensa para ti".

Ésta es la gente que ha impedido que cambies la situación en que te encuentras en la Tierra. Ha impedido la transformación del hombre, porque todo el sufrimiento que ves por todas partes está arraigado en el hombre, y si el hombre permanece igual, esta tensión irá en aumento, su angustia seguirá creciendo.

Existen enormes posibilidades de que a finales de siglo la Humanidad entera se suicide, de que empiece una guerra global.

Y no es muy difícil imaginarse en esa posibilidad, porque la gente que está en el poder, los que tienen las armas nucleares, es gente de muy baja ralea.

Aparentemente, para ser un político de éxito hay que ser ab­solutamente estúpido, fanático, mentiroso, has de estar prome­tiendo continuamente -sabiendo perfectamente que las prome­sas jamás se cumplirán- estafando, empleando bonitas palabras y ocultando sucias realidades. ­

Ahora todas las naciones poderosas se han pertrechado con armas nucleares, al punto que si quisiéramos podríamos destruir ahora mismo hasta setecientos planetas como la Tierra. La mag­nitud del poder del que disponemos es tal, que se podría destruir a cada persona setecientas veces. Aunque no es necesario, con una vez basta. Pero, sin embargo, los políticos no quieren correr ningún riesgo. Sus caras son sólo máscaras. Dicen una cosa y hacen otra. ¡Y el poder está en manos de esta clase de gente! Cualquier chiflado puede apretar un botón y terminar con la Hu­manidad, con la Humanidad entera, con toda manifestación de vida sobre la Tierra.                                                                  ­

Es posible que en lo profundo, la Humanidad misma quiera dejar de vivir sobre la Tierra. Tal vez individualmente no se tenga el valor suficiente para suicidarse, pero como multitud lo tienen.

Recuerda, los individuos nunca han cometido grandes críme­nes; son siempre las masas quienes los cometen; ya que en medio de la multitud, el individuo siente que no es responsable de lo que está pasando. Él piensa: "Hago lo que hace la gente". Cuando actúas como individuo lo piensas tres veces antes de actuar. ¿Qué vas a hacer? ¿Está bien esto? ¿Te lo permite tu consciencia? Pero no es así cuando hay una multitud. Puedes desaparecen en la muchedumbre; nadie sabrá que has formado parte de ella.

Hasta un país como Alemania que puede considerarse uno de los países más inteligentes, cultos y sofisticados, que ha propor­cionado grandes poetas, pintores, científicos, filósofos..., en to­dos los ámbitos la contribución alemana es muy elevada. Pero lo que nos deja atónitos es que el país de Hegel, de Feuerbach, de Kant, de Marx, de Freud, de Einstein, cayera bajo el poder de Adolfo Hitler, que no fue más que un loco.

¿Qué pasó? Incluso un hombre como Martin Heidegger -el filósofo más notable del aquel entonces- apoyaba a Hitler. ¡Es sorprendente tan sólo pensarlo! Siempre aprecié a ese hombre de incomparable inteligencia. Otros filósofos están muy por debajo: Sartre, Jaspers, Marcel... están por detrás, muy detrás; nadie se aproxima a su nivel, incluso entenderle es difícil. Pero apoyó a Hitler y cuando Alemania perdió la guerra y Hitler se suicidó, en ese momento despertó de su sueño. Entonces se dio cuenta de lo que había hecho: "Este hombre fue simplemente un loco, y yo estuve de su parte".

Por esto digo: incluso con los ojos completamente abiertos puedes estar soñando. Soñaba y estuvo proyectando su sueño en Adolfo Hitler, porque vio que este hombre tenía poder, podía im­presionar a las masas, cosa que Heidegger no podía hacer. No sabía ni pronunciar una sencilla conferencia; la gente se iba. La forma en que hablaba, las cosas sobre las que hablaba, las com­plicaciones que introducía... ¿quién iba a escucharle?

No tenía poder sobre las masas y vio a Hitler: fascinando las masas, dejándolas casi en estado de hipnosis. De esta forma pro­yectó que este hombre podría convertir en realidad sus sueños de cómo debería ser el mundo. Pero fue un tonto. No entendió que este hombre tenía sus propias dementes ideas sobre lo que iba a hacer con el mundo. No iba a escuchar a ningún filósofo. Martin Heidegger era infinitamente superior. No podría haber tenido una conversación inteligible con él.

Las religiones han suministrado al hombre ficciones para vi­vir. Ahora estas ficciones se han deshecho y el hombre ya no tiene nada para lo que vivir; de ahí la angustia.

La angustia no es un simple estado de ansiedad. La ansiedad se centra siempre entorno a un problema. Si no tienes dinero, aparece la ansiedad; si estás enfermo y no tienes medicinas, hay ansiedad. La ansiedad está relacionada con un problema específico.

La angustia no se centra en torno a un problema. Simplemente el hecho de existir parece inútil, estéril. Sólo respirar parece un esfuerzo innecesario, porque mañana ¿qué te espera? También ayer pensabas que mañana pasaría algo... y hoy es el mañana del ayer, el mañana que ha llegado como hoy... y no ha pasado nada. Y esto ha estado ocurriendo durante años. Y sin embargo, sigues proyectando: ¡Mañana!

Llega un momento en que empiezas a darte cuenta de que no pasará nada. Y entonces surge la angustia... En esa angustia parece existir sólo una idea: salir de este círculo de la vida de la manera que sea. Y de ahí, el suicidio, el aumento del índice de suicidios. Y de ahí el deseo inconsciente de la Humanidad de que ocurra la Tercera Guerra Mundial: "No seré responsable de mi suicidio: la guerra mundial matará a todo el mundo y a mí también".

Toda esta situación puede ser cambiada.

Sólo hay que cambiar las premisas del viejo hombre; te has de desembarazar de Dios, del cielo y del infierno; has de abandonar la idea de obtener futuras recompensas y de que algún Mesías vendrá a redimirte de tus sufrimientos.

Deja ya de lado la idea de que otro es el responsable de tu desgracia, de tu sufrimiento; abandona la idea de que alguien pue­de darle sentido a tu vida. Dios no existe y con él desaparecen también el Espíritu Santo y el Hijo. Dios es el punto crucial de toda esa fantasía. Al quitar la idea central todo el castillo de nai­pes se desmorona. Basta con un pequeño soplo...

Acepta que estás solo y que morirás solo, y acepta también el hecho de que vives solo; tal vez en la multitud, pero solo; tal vez con tu mujer, tu amiga, tu compañero... ellos están solos en su soledad y tú estás solo en la tuya, y estas soledades no se tocan, nunca se tocan...

Podrás vivir con alguien durante veinte, treinta o cincuenta años; no importa cuántos... seguiréis siendo desconocidos. Siem­pre, por siempre seréis desconocidos. Acepta el hecho de que somos desconocidos, de que no sé quién eres, de que no sabes quién soy. Ni yo mismo sé quién soy, ¿cómo puedes saberlo tú?

Pero la gente asume que la mujer sabe quién es su marido; el marido asume que su mujer le conoce. Todos funcionan como si pudieran leer la mente de los demás, creyendo que tu compañero debería saber  -antes de que se lo digas- cuáles son tus necesi­dades, tus problemas. Él debería conocerlos, ella debería conocerlos... y deberían hacer algo.

Pues bien, todo esto es una tontería. Nadie te conoce, ni siquie­ra tú, así que no esperes que nadie te conozca. Es imposible, por la propia naturaleza de las cosas. Somos desconocidos. Por ca­sualidad nos hemos encontrado y estamos juntos, pero la soledad está ahí. No lo olvides, porque sobre esto debes trabajar. Sólo de ahí nace tu redención, tu salvación.

Pero estás actuando exactamente al revés. ¿Cómo puedes olvidar tu soledad? El compañero, la compañera, el cine, el partido de fútbol, perderse en la multitud, bailar en la discoteca, olvidar­te de ti mismo, tomar alcohol, drogas. Hay que hacer algo de manera que esa soledad no llegue a tu consciencia. Sin embargo, ahí reside todo el secreto.

Tienes que aceptar tu soledad, no puedes eludirla de ninguna manera. Y no es posible cambiar su naturaleza. Es tu realidad auténtica, eres tú.

Y estás escapando de ti mismo. Entonces, habrá sufrimiento, habrá problemas. Y al resolver un problema, crearás diez más, y así sucesivamente. Pronto lo único que habrá a tu alrededor serán problemas, y pronto te estarás ahogando en ellos.

Y luego exclamas: ¿por qué estoy cada vez más tenso? ¿Por qué sufro tanto? ¿Por qué hay tanto dolor? Como si alguien pu­diera responder a esto. Y en realidad alguien puede: tú.

Te lo digo con autoridad, porque yo he encontrado la respues­ta dentro de mí. La autoridad no se deriva de ningún Dios, de ningún Mesías, de ningún Veda, Corán o Biblia. No, esta autori­dad se deriva de mi experiencia.

Toda mi vida la he vivido en medio de millones de personas, pero ni por un minuto he olvidado que estoy solo. Y mi soledad es inalcanzable; nadie puede llegar a ella. Sólo está disponible para mí, porque eso soy yo.

Así que, en cuanto dejes de escapar de ti mismo, ahogándote en toda clase de drogas, relaciones, religiones, servicios a la Hu­manidad... muchos lo están haciendo, y no es más que una forma de escapar de sí mismos. Pero satisface sus egos: están sirviendo a la Humanidad.

Conozco a muchos de estos servidores -grandes servidores­- y al hablar con ellos y llevarles al punto central y romper sus defensas, todos literalmente rompen a llorar diciendo: "Tal vez tengas razón, estamos huyendo. Pensamos en servir a esta pobre gente, pero ni siquiera hemos sido capaces de resolver nuestros propios problemas". A la gente eso les parece un mejor escape. De esta forma puedes dejar tus problemas a un lado: ¿Cómo pue­des ser tan egoísta ocupándote de tus problemas cuando toda la Humanidad está sufriendo? Todos están sufriendo; ayúdales. De esta manera puedes, con un bello gesto, dejar tus problemas a un lado. ¡Incluso pensar en ellos es ser egoísta!

Pero teniendo semejantes problemas ¿a quién ayudarás y cómo? Sólo descargarás tus problemas en aquellos a los que pretendes servir. La mujer los descarga en su marido, el marido en la mujer, los padres en los hijos, los hijos en los padres... y todos descar­gan sus problemas en los demás, sin ver que el otro está tratando de hacer lo mismo.

¡Deja de responsabilizar de tus problemas a otro! Tú debes resolver tus problemas. Todos hemos de hacerlo. Y los problemas no son tantos. Hay un sólo problema que no has resuelto, uno que ha creado una cadena de problemas no resueltos.

Y el problema es: ¿cómo entrar en tu soledad sin miedo? Una vez que has entrado sin miedo en tu soledad, la experiencia es tan hermosa y tan llena de gozo, que nada puede comparársele.

No es en absoluto un problema, sino la solución de todos tus problemas. Pero tú lo has convertido en un problema porque has escuchado a los demás y los has seguido; un ciego siguiendo a ciegos líderes y ciegos sacerdotes.

Todos se mueven en círculos, cada uno creyendo que quien le precede es capaz de ver. Y lo mismo ocurre con el primero... se aferra al abrigo o a la camisa de algún otro, creyendo que este otro sabe donde va. Y todos siguen moviéndose en círculos; na­die va a ningún lado. Los seguidores siguen al líder. El líder si­gue a sus seguidores.

Debes detenerte y salir de éste estúpido juego de líderes y seguidores. Basta con que seas tú mismo. Y recuerda que has nacido solo. La soledad es por consiguiente tu realidad y morirás solo; ésta es tu realidad.

Y entre la vida y la muerte, entre estos dos puntos donde tú estás completamente solo, ¿cómo puede ser la vida algo diferen­te? A cada momento estás solo. Acéptalo con alegría. Entra en ello tanto como te sea posible, tantas veces como puedas.

Éste es el templo de mi religión.

No está hecho de rocas ni de mármol, sino de tu consciencia. Entra en él. Cuanto más profundamente entres, más se aleja­rán los problemas. En el momento que toques el centro de tu ser, habrás llegado a casa y desde este punto, sal y haz lo que se te ocurra. Será una ayuda, será un servicio, será un compartir. No estarás descargando nada sobre el otro.

Por un lado, los curas te han suministrado el anhelo de otro mundo, el deseo del otro mundo, del mañana.

Por el otro, el político te ofrece este mundo... puedes ser pre­sidente; cualquiera en América puede ser presidente, todos los ciudadanos son iguales. ¡Qué tontería! Ni siquiera dos hombres son iguales y sólo el más astuto será el presidente; no todos. Al menos no aquellos que podían haber ayudado a los demás.

Sólo los ambiciosos llegan en cualquier país al puesto políti­co más alto. Y además es necesario ser completamente ambicioso para jugárselo todo en esto. No te ha de importar lo que hagas; sólo has de mantener un único objetivo en la mente y hacer lo que sea necesario para alcanzarlo, esté bien o mal. Da igual. Si fracasas todo estará mal. Si tienes éxito todo estará bien. El éxito está bien; el fracaso, mal. Así es como los políticos nos han ense­ñado.

  Deshazte de todo lo que los políticos y curas han introducido en ti, y cuando lo hagas empezarás a vislumbrar tu puro ser.

  A esto lo llamo meditación.

  Una vez lo experimentas, te transforma para siempre.

 

 

 

El Autor

 

 

 

La mayoría de nosotros vivimos nuestras vidas en el mundo del tiempo, entre recuerdos del pasado y esperanzas del futuro.  Sólo rara vez tocamos la dimensión intemporal del presente, en momentos de belleza repentina, o de peligro repentino, al encontrarnos con una persona amada o con la sorpresa de lo inesperado.  Muy pocas personas salen del mundo del tiempo y de la mente, de sus ambiciones y de su competitividad, y se ponen a vivir en el mundo de lo intemporal.  Y muy pocas de las que así lo hacen han intentado compartir su experiencia con los demás.  La Tse, Gautama Buda, Bodhidharma… o, más recientemente, George Gurdjieff, Ramana Maharshi, J. Krishnamurti: sus contemporáneos los toman por excéntricos o por locos; después de su muerte, los llaman “filósofos”.  Y con el tiempo se hacen legendarios: dejan de ser seres humanos de carne y hueso para convertirse quizás en representaciones mitológicas de nuestro deseo colectivo de desarrollarnos dejando atrás las cosas pequeñas y lo anecdótico, el absurdo de nuestras vidas diarias.

         Osho ha descubierto la puerta que le ha dado acceso a vivir su vida en la dimensión intemporal del presente, ha dicho que es “un existencialista verdadero”, y ha dedicado su vida a incitar a los demás a que encuentren esta misma puerta, a que salgan de este mundo del pasado y del futuro y a que descubran por sí mismos el mundo de la eternidad.

         Osho nació en Kuchwada, Madhya Pradesh, en la India, el 11 de diciembre de 1931.  Desde su primera infancia, el suyo fue un espíritu rebelde e independiente que insistió en conocer la verdad por sí mismo en vez de adquirir el conocimiento y las creencias que le transmitían los demás.

         Después de su iluminación a los veintiún años de edad.  Osho terminó sus estudios académicos y pasó varios años enseñando filosofía en la Universidad de Jabalpur.  Al mismo tiempo, viajaba por toda la India pronunciando conferencias, desafiando a los líderes religiosos a mantener debates públicos, discutiendo las creencias tradicionales y conociendo a personas de todas las clases sociales.  Leía mucho, todo lo que llegaba a sus manos, para ampliar su comprensión de los sistemas de creencias y de la psicología del hombre contemporáneo.  A finales de la década de los 60, Osho había empezado a desarrollar sus técnicas singulares de meditación dinámica.  Dice que el hombre moderno está tan cargado de las tradiciones desfasadas del pasado y de las angustias de la vida moderna que debe pasar un proceso de limpieza profunda antes de tener la esperanza de descubrir el estado relajado, libre de pensamientos, de la meditación.

         A lo largo de su labor, Osho ha hablado de casi todos los aspectos del desarrollo de la conciencia humana.  Ha destilado la esencia de todo lo que es significativo para la búsqueda espiritual del hombre contemporáneo, sin basarse en el análisis intelectual sino en su propia experiencia vital.

         No pertenece a ninguna tradición: “Soy el comienzo de una conciencia religiosa totalmente nueva”, dice. “Os ruego que no me conectéis con el pasado: ni siquiera vale la pena recordarlo”.

         Sus charlas dirigidas a discípulos y a buscadores espirituales de todo el mundo se han publicado en más de seiscientos volúmenes y se han traducido a más de treinta idiomas.  Y él dice: “Mi mensaje no es una doctrina, no es una filosofía.  Mi mensaje es una cierta alquimia, una ciencia de la transformación, de modo que sólo los que están dispuestos a morir tal como son y a nacer de nuevo a algo tan nuevo que ahora ni siquiera se lo pueden imaginar… sólo esas pocas personas valientes estarán dispuestas a escuchar, porque escuchar será arriesgado.

         “Al haber escuchado, habéis dado el primer paso hacia el renacer.  De manera que esta filosofía no podéis echárosla por encima como un abrigo para presumir.  No es una doctrina en la que podráis encontrar el consuelo  ante las dudas que os atormenta.  No, mi mensaje no es ninguna comunicación oral.  Es algo mucho más arriesgado.  Trata nada menos que de la muerte y del renacer”.  Osho abandonó su cuerpo el 19 de enero de 1990.   Su enorme comuna en la India sigue siendo el mayor centro de desarrollo espiritual del orbe y atrae a millares de visitantes de todo el mundo que acuden para participar en sus programas de meditación, de terapia, de trabajo con el cuerpo, o simplemente para conocer la experiencia de estar en un espacio búdico.

 

 

 

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Sacerdotes y Políticos:

 

La Mafia del Alma

 

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MA GYAN DARSHANA

 

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Índice

 

Parte 1

 

Política y Religión

Cuando la Religión se convierte en Iglesia

No estoy en contra del Papa

Guerra y Paz

No hay Noticias

 

Parte 2

 

¿Quién le pone el cascabel al gato?

Sobre el poder

El político

El sacerdote

El hombre es su propio enemigo

Una historia del futuro

El loto surge del barro

La única forma de salir es entrar

 

 

Parte I

 

Las noticias que nos llegan están llenas de pesar por el futuro

Jalaluddin Rumi

 

 

 

 

Capítulo 1

Política y Religión

 

Osho,

El primer ministro Rajiv Gandhi convocará un debate nacio­nal sobre la necesidad de separar la política de la religión.

Nos gustaría saber ¿cuál es tu visión sobre el tema?

 

La política es mundana, los políticos son los servidores del pueblo. La religión es sagrada; es la guía del crecimiento espiri­tual de la gente. Ciertamente, la política es lo más bajo en lo que concierne a los valores y la religión es lo más alto. Están lejos una de otra.

Rajiv Gandhi quiere que la religión no intervenga en la políti­ca. Yo quiero que la política no intervenga en la religión. Lo su­perior tiene todo el derecho del mundo a intervenir, mientras que lo inferior no tiene ningún derecho.

La religión ha estado elevando la consciencia humana durante siglos. Lo que el hombre es ahora, por poca consciencia que ten­ga, se lo debe a la religión. La política ha sido una maldición, una calamidad, y la política es la responsable de todo lo que hay de malo en la Humanidad.    ­

Pero el problema es que la política tiene el poder y la religión sólo tiene el amor, la paz y la experiencia de lo Divino. La políti­ca puede fácilmente interferir en la religión y eso es lo que ha estado haciendo siempre hasta tal punto que ha destruido mu­chos valores religiosos que son absolutamente necesarios para la supervivencia de la Humanidad y de la vida en este planeta.

La religión no tiene un poder como el de las armas nucleares, el de las bombas atómicas, el de las pistolas... su dimensión es totalmente distinta. La religión no ansía poder; la religión es una búsqueda de la verdad, de Dios. Y la búsqueda misma, hace al hombre religioso, humilde, simple e inocente.

La política posee todo un arsenal destructivo; la religión es absolutamente vulnerable. La política no tiene corazón. La reli­gión es puro corazón. Es como una hermosa rosa; su belleza, su poesía, su danza, hacen la vida digna de ser vivida. Le dan senti­do y significado. La política es como una piedra sin vida. Pero la piedra puede destruir la flor y la flor está indefensa. La política es agresiva.

Rajiv Gandhi está poniendo las cosas cabeza abajo. Quiere que la religión no intervenga en política. Dice que la política debería tener el monopolio, para así poder someter a la Humanidad, para reducir al hombre a la esclavitud, para destruir su libertad, para destruir su consciencia, para convertirlo en un robot, para que los políticos puedan mandar y disfrutar del poder.

La religión es el único problema para los políticos. Está más allá de su alcance y más allá de su comprensión. La religión es la única área donde los políticos no deberían intervenir para nada. Porque la religión es la única esperanza.

Durante siglos, la política ha estado matando, destruyendo, a la gente. La historia de la política es la historia de unos crimina­les y asesinos. En tres mil años, los políticos han provocado cin­co mil guerras. Parece ser que el instinto de barbarie es muy pode­roso en los políticos; su único placer es destruir, mandar.

La religión les crea un problema, porque la religión ha dado al mundo las más elevadas cimas de la consciencia: un Gautama Buda, un Jesús, un Chuang Tzu, un Nanak, un Kabir. Estos son la verdadera sal de la tierra. ¿Qué ha brindado la política al mundo? ¿Un Genghis Khan? ¿Un Tamerlain? ¿Un Nadir Shah? ¿Un Ale­jandro Magno? ¿Un Napoleón? ¿Un Iván el Terrible? ¿Un Stalin? ¿Un Adolfo Hitler? ¿Un Benito Mussolini? ¿Un Mao Tse Tung? ¿Un Ronald Reagan? Todos son criminales. En lugar de estar en el poder deberían estar entre rejas; son inhumanos.

Además, son gente espiritualmente enferma. El deseo de po­der y dominio sólo surge en una mente enferma. Surge de un com­plejo de inferioridad. La gente que no sufre de un complejo de inferioridad no se interesa por el poder; se esfuerza por la paz. El significado de la vida sólo puede conocerse en un estado de paz, nunca a través del poder. Paz, silencio, gratitud, meditación; estos son los elementos básicos de la religión.

No se puede permitir que la religión sea dominada por estúpi­dos políticos. La situación es igual que si los enfermos pretendieran dominar y dirigir a los médicos diciéndoles lo que deben hacer y lo que no deben hacer. De acuerdo, los enfermos son mayoría, pero eso no quiere decir que el médico deba ser dominado por la mayoría. El médico puede curar las heridas, puede curar las en­fermedades de la Humanidad. La religión es el médico.

Los políticos ya han hecho demasiado daño y están llevando a toda la Humanidad a un suicidio global. Y aún así, Rajiv Gandhi tiene el atrevimiento de decir que: "La religión no debe interferir", ¡cuando toda la vida de este planeta está en peligro! No solamen­te lo está el hombre, sino también los inocentes pájaros con sus trinos, los silenciosos árboles y sus flores y todo lo que está vivo.

Los políticos han logrado crear un poder destructivo tal, que es suficiente para acabar con la vida en la Tierra. Y siguen acu­mulando más y más armas nucleares. De hecho, hace tres años, había suficientes armas nucleares para destruir siete veces a cada hombre, para destruir siete veces la Tierra entera o para destruir siete Tierras. Un hombre sólo muere una vez; no se necesita acumular tanto poder destructivo.

Toda la política está basada en mentiras.

Precisamente el otro día –nunca creí que un hombre en su sano juicio pudiese decir algo así- Ronald Reagan realizó unas declaraciones. Había estado negando siempre ante el Senado que se estuvieran entregando armas a ciertos países. Y ahora las in­vestigaciones han demostrado que mentía, que estuvo mintiendo continuamente durante dos años. Han entregado armas destructi­vas a países pobres y no lo han hecho a pequeña escala, sino en grandes cantidades. Ante la evidencia, Ronald Reagan tuvo que justificarse, y lo que dijo da risa, ¡es absolutamente ridículo!

  Dijo, "En mi interior sé que todo lo que dije es verdad. Pero... Los hechos que se han descubierto revelan que es mentira. Sin embargo, creo todavía, honradamente, que todo lo que dije es verdad". Él está admitiendo la evidencia y simultáneamente dice: "Creo honradamente que todo lo que dije es cierto, aunque los hechos demuestran que no fue así”.

Los políticos viven de mentiras, viven de promesas, pero esas promesas nunca se cumplen. Son las personas más incapaces del mundo. Su única cualidad es la de saber engañar a las pobres masas, o, en los países pobres, comprar sus votos. Y una vez en el poder se olvidan completamente de que son en realidad los servidores del pueblo; empiezan a comportarse como si fuesen sus amos.

¿Qué saben ellos del mundo interior del hombre? ¿Qué saben del éxtasis, de la divinidad? Sin embargo, quieren impedir que la religión intervenga en la política. Pero ¿qué hay de ellos? ¿Acaso se les debe permitir que interfieran en la religión? ¿Es que lo más bajo va a dominar a lo más alto? ¿Es que lo mundano va a domi­nar a lo sagrado? Esa sería la peor de las desgracias para la Hu­manidad.

Tal como yo lo veo, todos los políticos deberían ser meditadores, deberían conocer algo del mundo interior; deberían ser más conscientes, más compasivos, deberían conocer el sabor del amor, deberían conocer la experiencia del silencio de la Existencia, la belleza de este planeta y los regalos de la vida. Y además debe­rían aprender a ser humildes y agradecidos.

La religión debería ser el amo de todos los políticos. Por­que a no ser que los políticos tengan algo de religiosidad, no hay futuro alguno para la Humanidad. La religión debe intervenir, metiéndose con los políticos. Porque si la religión no interviene... Los políticos son ciegos, no tienen ojos; son sordos, no tienen una mente que esté en silencio para poder escuchar la verdad.

Pero ¿por qué dice Rajiv Gandhi que religión y política debe­rían estar separadas? La política es una nimiedad. La religión abarca toda la evolución del hombre. La política debería ser sólo una mínima parte de la vasta experiencia religiosa. No hay nece­sidad de ninguna separación. Pero cuando el político asume el poder, se vuelve tan egoísta que no puede pensar en acercarse a esa gente simple y humilde, pero sabia.

Los problemas van en aumento. Los políticos han demostrado su impotencia para resolverlos, pero son incapaces de buscar el consejo de la gente que, por tener mayor claridad, pueda guiarles.

Yo no soy un político. Nunca he votado en mi vida y no lo haré jamás, porque ¿qué sentido tiene elegir entre dos chimpan­cés? ¿Sólo por tener distintas banderas? ¿Por tener símbolos di­ferentes? Los chimpancés son chimpancés.

Lo que los políticos han de tener es un profundo respeto por la religión, por la gente religiosa, porque lo que está claro es que las personas religiosas no pelearán por ganar unas elecciones; ningún hombre religioso mendigará votos. Básicamente, él no tiene deseo alguno de satisfacer su ego, ni de esconder su complejo de inferioridad. En su silencio, en su paz; en su dicha, ha conocido la superioridad suprema. No hay nada que supere esto, no hay nada más elevado. Él se ha convertido en su propio tem­plo; su dios está dentro de su ser.

El político vive de la guerra, vive creando alborotos, vive del disturbio; éstos son sus alimentos. Adolfo Hitler escribió en su autobiografía: "Si no tienes enemigos, no podrás ser un gran lí­der. Incluso si no los tienes, inventa la ficción de que tu país está en peligro, porque cuando la gente tiene miedo es fácil convertirlos en esclavos. Cuando la gente tiene miedo está dispuesta a seguir a los políticos". A pesar de ser un loco, de vez en cuando decía cosas muy significativas. Una vez dijo: "Los líderes más grandes de la Humanidad nacen en épocas de guerra". Así que a menos que haya una guerra, no podrás ser un líder. Tan sólo para satisfacer el deseo de ser un gran líder, tienes que matar a millones de personas. ­

Y tiene razón; en época de paz, la gente no necesita seguir a nadie, la gente no convierte a su líder casi en un Dios para que su palabra sea ley.

Los políticos intentan por todos los medios mantener a la gente atemorizada. China está acumulando armas nucleares en su fron­tera con la India; Pakistán concentra ejércitos en su frontera con la India -los políticos indios siguen insistiendo en ello. En Pakistán siguen diciendo que es la India la que concentra sus tropas en la frontera; en China, insisten en que la India está desarrollan­do armas nucleares. Y en los Parlamentos siguen diciendo, "No estamos desarrollando nada". Pero esto es una mentira descarada.

El líder chino ha de mantener atemorizado a su pueblo. El líder indio tiene que asustar a los indios. Los líderes pakistaníes tienen que mantener a su pueblo atemorizado.

En tu miedo está su poder.

Cuanto más te asustan, más poderosos son. Siguen creando ficciones, dentro y fuera del país: guerrillas hindúes y musulmanas; luchas entre la gente que habla hindi y la que no lo habla. Quieren que sigas luchando por cualquier cosa, incluso la más trivial. Si te tienen ocupado peleando, ellos mantienen el poder. Si dejas de luchar, su poder desaparece. Este es un juego muy sucio.

Uno de los deberes del hombre religioso es mantenerse por encima de la política y conducir a la gente hacia valores más creati­vos, hacia una mejor Humanidad. De hecho, si las religiones com­prendiesen que toda la Humanidad es una y que no se necesitan naciones, todos estos pigmeos políticos desaparecerían.

Pero lo extraño del caso es que los políticos siguen diciendo que la religión debería mantenerse alejada de la política, ¿por qué? ¿Por qué debe separarse la verdad de la política? ¿Por qué ha de estar el amor separado de la política? ¿Por qué ha de sepa­rarse la consciencia meditativa de la política? ¿Por qué separar al corazón devoto de la política?

Sí, entiendo que deberían estar separadas en el sentido de que la religión es lo más elevado. El político necesita tratamiento psi­cológico y tratamiento espiritual y debería acercarse al hombre religioso y solicitar su consejo. Es lo que se hacía en la antigua India. Conocemos esa época; esa edad de oro permanece viva en la memoria. Hubo un tiempo en que los reyes iban a los bosques a presentar sus respetos a mendigos que nada poseían y a pedirles consejo.

Los reyes solían tocar los pies de aquellos que se habían rea­lizado en señal de inmenso respeto, porque incluso sólo su ben­dición puede transformarte. La política es funcional, es práctica, pero es incapaz de transformar al hombre en una consciencia su­perior. Y esto es especialmente cierto con respecto a la India, donde la situación siempre ha dado asco. Y eso duele.

Mahatma Gandhi solía decir, antes de la independencia, que el primer presidente de la India sería una mujer. No sólo una mu­jer, sino una "sudra", de la casta más baja de los intocables.

Pero cuando llegó  la libertad, se olvidó de todas las promesas que había estado haciendo y el juego de poder comenzó de nuevo al viejo estilo. Pandit Jawarhalal Nehru es un brahmin; no es ni mujer, ni sudra. Nuevamente es un brahmin quien asume el po­der. Y durante cuarenta años, en la India ha estado gobernando una sola familia de brahmines. Casi se ha convertido en una di­nastía familiar. Ya no es una democracia.

Simplemente observa los hechos. ¿Cuál era la influencia que Mahatma Gandhi tenía sobre la gente de la India? Aparentaba ser muy religioso -aunque no lo era- fingiendo ser un santo hindú, porque los hindúes eran mayoría; ellos eran los que gobernarían al país. Por eso insistía tanto en que la India no debía dividirse; porque en una India indivisa, serían los hindúes los que ostenta­rían el poder. Nadie podría habérselo arrebatado porque los demás estaban en minoría. Nadie se ha dado cuenta de su táctica políti­ca utilizando incluso la religión para fines poco escrupulosos.

 

El doctor Ambedkar quería que los intocables tuvieran una votación sólo para ellos y yo estoy totalmente de acuerdo con él, por la sencilla razón de que durante cinco mil años esta gente ha sido oprimida, explotada; han destruido toda su dignidad de seres humanos. Y ellos son la cuarta parte de la población hindú.

  Hacen los trabajos más duros y desagradables; por ello deberían ser respetados, deberían ser honrados pero por el contrario, hasta su sombra se considera intocable. Si la sombra de un intocable cae sobre ti, debes bañarte inmediatamente para purificarte.

 

Ambedkar tenía toda la razón al pedir unas elecciones separadas para los intocables, sólo de este modo se tendría la oportunidad y la certeza de que una cuarta parte de sus miembros, alcanzarían un puesto en el parlamento. De otro modo, jamás lo lograrían y por lo tanto nunca podrían cambiar las leyes inhumanas que Manú creo hace cinco mil años.

Existen grandes criminales, pero Manú parece ser el peor. Adolfo Hitler respetaba a Manú; como también lo hacía Friedrich Nietzsche ­-ellos no respetaban a Gautama Buda- y Manú ha sido una maldición para este país. Ha despojado de su humanidad a millones de personas que están viviendo como animales.

Ambedkar era absolutamente lógico y correcto al decir que se les debía otorgar un voto separado, pero Gandhi comenzó una huelga de hambre para forzar a Ambedkar a retirar su propuesta; si no lo hacía, ayunaría hasta morir. Ahora bien, esto es absoluta­mente ilógico. Incluso aunque convenzas a la gente con tu ayuno, eso no quiere decir que tengas razón. Esto es chantaje, es amena­zar con, "Me suicidaré si no estás de acuerdo conmigo".

Obviamente todo el país presionó a Ambedkar diciéndole, "Suspende tu campaña, porque si no lo haces, la muerte de Gandhi traerá graves consecuencias para ti y para los intocables. Los quemarán vivos. Quemarán sus aldeas, porque los hindúes se venga­rán alegando que los sudras han causado la muerte de Gandhi". Ambedkar se mantuvo firme en su propósito, pero al final se rin­dió ante la perspectiva de lo que podría ocurrir si Gandhi moría... a pesar de que esto no es un argumento válido.

Si yo hubiera estado en el lugar de Ambedkar, le hubiera dicho a Gandhi: "Puedes morirte, porque tu muerte no es un argumento válido. Es una historia tan estúpida como esta otra que he oído".

Un hombre muy feo, quería casarse con una joven muy bella; él era de la edad del padre de la joven. Trató de conseguirla usan­do el método de Gandhi: llevó su colchón, lo colocó frente a la casa de la mujer que pretendía y declaró que ayunaría hasta que el padre le entregara a su hija en matrimonio. Por supuesto todos simpatizaban con el pobre hombre diciendo: "Se está muriendo. ¡Qué amor tan grande siente! Solamente hemos oído historias así en los cuentos. ¡Es verdaderamente un Majnu, un Fardad, un Mahival!"

El padre estaba muy afligido y la joven muy asustada. Duran­te todo el día la casa estuvo llena de gente que gritaba: "Su muer­te será un peligro para ti. Este hombre no es violento, sino todo lo contrario; es religioso, está ayunando". Alguien le sugirió al padre de la joven: "Ve a ver a algún viejo seguidor de Gandhi, para que te diga lo que debes hacer".

El seguidor de Gandhi le dijo: "No hay ningún problema. Sé de una prostituta vieja y fea... Dale cien rupias y dile que también lleve allí su colchón y se acueste al lado del hombre y le diga: "Ayunaré hasta la muerte si no te casas conmigo". Esa misma noche, el hombre cogió su colchón y escapó. Esos no son argu­mentos.

Y Ambedkar fue obligado a retirar su campaña. Y llevó un vaso de zumo de naranja a Gandhi para que interrumpiera su ayu­no. Esto es poner la religión al servicio de la política. Ningún hombre religioso hubiera hecho eso.

La idea de que la India debía permanecer unida no fue más que una estrategia política utilizada en beneficio de los hindúes para que los musulmanes, o los cristianos, o los jainas o los sikhs, nunca pudiesen alcanzar el poder. De este modo los hin­dúes siguen en el poder. Son la mayoría.

Jinnah, el hombre que creó Pakistán, no era en absoluto un hombre religioso, pero también se sirvió de la religión. Creó un movimiento con el fin de que los musulmanes obtuviesen un país independiente; de otro modo, no conseguirían tomar el poder jamás. De pronto se volvió un gran musulmán, un gran religioso. Y en nombre de la religión... Todo fue pura política: ni Mahatma Gandhi, ni Mohamed-Ali Jinnah eran religiosos. Ambos querían poder.

Desde entonces han pasado cuarenta años, ¿qué han hecho los políticos por India? Cuando se logró la independencia, la población era de cuatrocientos millones. No han conseguido detener la explosión demográfica que aniquilará al país sin necesidad de armas atómicas. Ahora la población se ha multiplicado; son ya novecientos millones! Y para finales de este siglo, la India tendrá la mayor población del mundo. Hasta ahora la tenía China, pero China se está comportando más científicamente y está intentando reducir su población. A finales de esté siglo, uno de cada cuatro hombres, será indio.

¿Pero qué están haciendo los políticos? Tienen miedo de de­cir algo a favor del control de la natalidad, a favor del aborto, porque no les interesa si el país sobrevive o muere; lo que les interesa es no herir a nadie. La gente tiene sus prejuicios y los políticos no quieren tocar esos prejuicios, porque necesitan sus votos. Si hieren estos prejuicios nadie votan por ellos.

Sólo un hombre religioso con "una visión muy clara”, alguien que no necesite el voto de la gente, puede decir la verdad. Los políticos sólo son capaces de decir hermosas mentiras, mentiras consoladoras, con el único fin de conseguir tu voto. El hombre religioso no necesita nada de ti. Al contrario, decir la verdad pue­de poner en peligro su vida, siempre ha sido así. Cada vez que la verdad ha sido dicha, el hombre que la dijo ha sido crucificado. Los políticos buscan el poder, no que los crucifiquen. El mundo necesita más gente religiosa que sea capaz de decir la verdad, aunque esto signifique la crucifixión. El hombre religioso no tie­ne miedo de ser crucificado por la sencilla razón de que él sabe que la muerte no existe. A lo sumo podrán destruir su cuerpo, pero su consciencia, su alma, su Dios interior, seguirá viviendo.

La religión debería tener un estatus superior y se debería es­cuchar a la gente religiosa. El Parlamento debería invitarles cons­tantemente a que les diesen ideas sobre cómo resolver los proble­mas del país, porque por sí mismos parecen ser absolutamente incapaces de resolver nada. Los problemas siguen creciendo, pero el ego del político no quiere que nadie esté por encima de él. Pero te guste o no, el hombre religioso es superior a ti. Tú no puedes provocar una transformación en la consciencia de la gen­te; él sí.

Ciertamente, la religión no debería descender de lo sagrado a los asuntos triviales de la política. Así que en este punto estoy de acuerdo: la religión y la política deberían estar separadas. La distancia es grande. La religión es una estrella del firmamento y los políticos son criaturas rastreras de la tierra.

Están separadas. No hay duda de que deben permanecer sepa­radas. Pero los políticos deberían recordar que se ocupan de asun­tos mundanos. Y esa no es la verdadera meta de la Humanidad.

La gente religiosa está haciendo un enorme esfuerzo para elevar a la Humanidad, para elevar su consciencia, su amor, su compa­sión, hasta un punto donde las guerras sean imposibles, donde los políticos no puedan engañar a la gente, donde sus mentiras y sus promesas queden al descubierto. Esto no es intervenir en la política, es sencillamente proteger a la gente de la explotación de los políticos. La separación ya es un hecho. ¿Quién ha metido la idea a Rajiv Gandhi de que la religión y la política no están­ separadas?

La política es algo que pertenece a las cloacas. La religión pertenece al cielo abierto y limpio, como el pájaro volando a tra­vés del sol para llegar al centro mismo de la Existencia.

Es muy cierto que la gente religiosa no participará en la polí­tica, pero los políticos deberían aprender a ser humildes; su poder no debería cegarles. El poder corrompe y el poder absoluto, corrompe absolutamente; todos los políticos están corrompidos por el poder. ¿Y qué poder tienen? El de matarte. Su poder es el poder del carnicero, nada glorioso ni respetable.

El hombre religioso tiene una calidad de poder totalmente diferente. Éste radica en su presencia, en su gran amor y reverencia por la vida, en su gratitud a la Existencia.

No deberíamos olvidar que lo inferior debe permanecer dentro de sus límites y que se debería pedir consejo a los sabios para resolver los problemas que los políticos son incapaces de resol­ver; ni siquiera tienen un cerebro adecuado para resolverlos.

Pero las intenciones de Rajiv Gandhi son totalmente distin­tas. Lo que él quiere es que la política sea el único poder que domine al mundo entero, incluyendo a la religión, y que sea la religión la que siga los dictados de la política.

Condeno absolutamente esa idea. La religión no puede seguir los dictados de los políticos. Son los políticos los que deberían aprender a escuchar el consejo de la gente religiosa. Los proble­mas son tan pequeños que cualquier hombre con inteligencia y buena voluntad puede fácilmente resolverlos. Pero el político no quiere resolverlos; sólo habla de resolverlos, porque su poder depende de la cantidad de problemas que tengas. Mientras más problemas tengas y más desgraciado seáis, más poderosos serán.

Para la consciencia religiosa, cuanto más dichoso seas, más amoroso, más alegre, más jubiloso... quiere que tu vida sea una canción, una danza, porque ésta es la única forma de rendir culto a la fuen­te de toda vida: con nuestra alegría, con nuestra danza y nuestras canciones.

 

 

Capítulo 2

Cuando la Religión se Convierte en Iglesia

 

Osho,

¿Qué es la religión?

¿Cuál es tu opinión sobre las religiones organizadas?

 

La religión es la más alta aspiración de la consciencia humana, es la búsqueda individual de la verdad.

La verdad interna no pertenece al conocimiento común. Cada cual ha de entrar en sí mismo; cada vez es un nuevo descubri­miento. No importa cuánta gente haya alcanzado su Realización, su Despertar. En cuanto lo alcanzas, es absolutamente nuevo, porque no puede tomarse prestado.

La búsqueda consiste básicamente en llegar a conocer tu inte­rior. Tienes una parte externa, y ninguna parte externa existe sin una interna. La propia existencia de lo externo es la prueba de la existencia del mundo interior.

El mundo interior está formado por tres capas: los pensamien­tos son la más superficial, los sentimientos son más profundos, y luego está el ser, que es tu divinidad. Conocer la propia divinidad, la propia eternidad, es la búsqueda fundamental de la religión.

Todos los sentidos te llevan hacia el exterior: los ojos se abren para mirar lo exterior, los oídos oyen lo que sucede en el exterior, tus manos tocan lo que hay en el exterior. Los sentidos son las puertas para salir. Y recuerda siempre que la puerta que te sirve para salir, también te sirve para entrar; la misma puerta por la que sales de tu casa, es por la que entras cuando regresas. Sólo cam­bia el sentido. Para salir necesitas tener los ojos abiertos; para entrar necesitas cerrarlos; has de mantener todos tus sentidos callados.

  El primer encuentro es con la mente; pero esa no es tu realidad. Aunque esté en tu cerebro, no eres tú; es el reflejo del exterior. Todos tus pensamientos son un reflejo del exterior.

Por ejemplo, un ciego no puede imaginarse los colores porque no los ha visto; por lo tanto ese reflejo no es posible. El ciego ni siquiera sabe qué es la oscuridad y debido ha que nunca ha visto ni luz ni oscuridad, no hay posibilidad de reflejo alguno. El ciego no conoce ni la luz, ni la oscuridad; para él esos dos términos carecen de sentido. Y si analizas tus pensamientos descubrirás que surgen en tu interior debido a la realidad exterior, de manera que son básicamente externos. Reflejos en el lago inte­rior de tu consciencia.

Pero debido a estos pensamientos... una multitud inmensa que se va acumulando en ti y creando una muralla china... Tienes que ir más allá de tus pensamientos. Y la religión conoce un solo método; con diferentes nombres, pero un solo método: la obser­vación, el ser testigo. Simplemente observa tus pensamientos, sin juzgarlos, sin condenarlos, sin darles importancia... con un ex­tremo desapego. Simplemente observa tus pensamientos fluyendo sobre la pantalla de tu mente.

Y a medida que el observador se fortalece, tus pensamientos van disminuyendo. Si el observador supone el diez por ciento de tu energía, entonces el noventa por ciento se desperdicia en pensamientos. Si tu observador absorbe el noventa por ciento, en­tonces sólo el diez por ciento se invierte en pensamientos. En el momento en que tú eras cien por cien un observador, la mente queda vacía.

Todo este proceso es lo que se conoce como meditación. Al atravesar los pensamientos llegas a la segunda capa, la de los sentimientos, la de tu corazón, que es más sutil. Pero ahora tu observador es ya capaz de observar tus estados de ánimo, tus sen­timientos, tus sensaciones; aunque sean de lo más sutil. Y el mis­mo método funciona como con los pensamientos; pronto no ha­brá sentimientos, sensaciones, estados de ánimo... Habrás ido más allá de la mente y del corazón. Ahora queda un silencio profundo; nada se mueve. Éste es tu ser. Esto eres tú.

El sabor de tu ser es la verdad.

La belleza de tu ser es la belleza de la Existencia.

El silencio de tu ser es el lenguaje que la Existencia entiende. Y recogido en tu ser, has llegado a casa, tu peregrinaje se ha terminado, tu lucha ha cesado. Cómodamente te asientas en silencio en tu ser. Un gran esplendor oculto se te revela porque no estás separado de la realidad; eres uno con ella. Los árboles, la luna, las estrellas y las montañas, todo es parte de una unidad orgánica. Tú eres también parte de esa unidad orgánica, eres parte de Dios.

La religión es el supremo logro del hombre. Más allá de la religión no hay nada, pero tampoco hay necesidad de nada más. Tu ser es tan extático, rebosa tanta felicidad, tanto silencio, tanta paz, tanta comprensión, tanto éxtasis, que por primera vez la vida se vuelve realmente una canción, una danza, una celebración. Pero la religión organizada es algo totalmente diferente, así que siento que debo aclararte que la religión auténtica es siempre indivi­dual. Cuando la verdad se organiza, muere; se convierte en una doctrina, en una teología, en una filosofía, pero deja de ser una experiencia, porque una multitud no puede tener experiencias. Las experiencias suceden sólo a los individuos.

Es casi como el amor. Con el amor no puedes crear organiza­ciones para no tener así que preocuparte, para que la organiza­ción se encargue de todo, para que el sacerdote ame en tu lugar. Y eso es lo que le ha sucedido a la religión. Cada vez que un hom­bre descubre la verdad, inmediatamente una parte de la Humani­dad -la más astuta: los sacerdotes- lo rodea. Empiezan a reco­pilar sus palabras, empiezan a interpretarlas y empiezan a procla­mar que si la gente quiere saber la verdad, ha de hacerla a través suyo; ellos son los intermediarios de Dios. Pueden llamarse a sí mismos profetas, pueden hacerse llamar mensajeros, pueden es­coger el nombre que sea, pero la realidad es que se han colocado a sí mismos como agentes de Dios. No conocen a Dios, pero en nombre de Dios explotan a la Humanidad.

La religión organizada es otra forma de política. Así como he condenado a la política como la más baja de las actividades humanas, lo mismo hago con las religiones organizadas. Tú puedes verlo: los sacerdotes y los políticos han estado siempre en cons­piración contra la Humanidad. Se han apoyado unos a los otros. Han dividido las cosas entre ellos para que lo mundano sea de los políticos -ahí gobiernan ellos- y tu vida interior pertenezca al sacerdote; ahí es él el que manda.

Uno a veces se asombra... parece increíble que en pleno siglo veinte el Papa pueda declarar -como lo hizo hace unos meses­ que el comunicarse directamente con Dios es un pecado. Debes hacerlo por el conducto adecuado,  a  través del  sacerdote, porque si la gente  comenzara a dirigirse directamente a Dios

-confesar­se a Dios, rezarle a Dios- millones de sacerdotes se quedarían sin empleo. Ellos no hacen nada; su función es engañarte. Tú no conoces el lenguaje de Dios ni eres tan evolucionado; por una simple donación a su iglesia o templo, ellos hacen el trabajo por ti.

Todas esas donaciones van a la bolsa de los sacerdotes. No saben nada de Dios, pero son muy eruditos: pueden repetir las escrituras como loros. Pero su íntimo anhelo no es de Dios, ni de la verdad. No son buscadores; son explotadores.

Supe que un cura compró dos loros a los que enseñó -con mucho trabajo- hermosos pasajes sobre Jesucristo. Y todos es­taban asombrados porque hablaban muy correctamente. Les hizo unos pequeños rosarios -para que estuviesen constantemente rezando y también les compró unas pequeñas Biblias... Así que tenían siempre sus Biblias abiertas mientras repasaban las cuen­tas. Aunque no podían leer lo sabían todo de memoria. El cura abría una página y decía: "Página doce". Y ellos empezaban a leer. No es que leyeran; repetían de memoria.

El cura estaba muy satisfecho y pensó que sería bueno tener otro loro para enseñarle a decir sermones completos en vez de recitar la Biblia y rezar el rosario. Encontró un loro cuyo dueño le aseguró: "Su deseo será satisfecho; nunca he visto un loro tan inteligente”.

Pero no se dio cuenta de que era un loro hembra. En cuanto fue puesto en la jaula con los otros dos loros -que estaban re­zando el rosario y leyendo la Biblia- ambos miraron a la hembra y uno de ellos dijo: "¡Jorge, deja el rosario. Nuestras plegarias han sido escuchadas!".

Tus sacerdotes no son más que loros y sus plegarias son para obtener poder, prestigio, dinero. Son políticos disfrazados. Ha­cen política en el nombre de Dios, la política de los números. Hay ahora setecientos millones de católicos; evidentemente el Papa es el hombre religioso más poderoso del mundo.

Todas las religiones ha incrementando el número de sus fieles utilizando diferentes métodos. A los musulmanes se les permite tener cuatro esposas para así engendrar cuatro niños al año. Han tenido un gran éxito; son la segunda gran religión después del cristianismo.

"Religión organizada" es sólo una expresión sin contenido, sin significado; en ella se esconde la política de los números. Y lo sabes perfectamente. Cuando las elecciones se acercan, tus políticos van a ver al Shankaracharya. Durante cinco años nadie va a visitarle, pero cuando las elecciones se acercan, entonces el primer ministro visita al Shankaracharya; acude en peregrina­ción a templos situados en montañas tan altas como los Himala­yas. ¿Para qué? Repentinamente surge una gran devoción religio­sa, que declina en cuanto las elecciones terminan.

Esta gente necesita los votos, tienen que mostrar respeto a los dirigentes de las religiones. Y un Shankaracharya se siente hala­gado cuando un primer ministro le toca los pies. Y los hindúes, ­los seguidores del Shankaracharya, piensan que su primer mi­nistro es muy devoto.

Cuando el Papa viene a la India, incluso el presidente y el primer ministro con todo su gabinete forman en fila para recibirle en el aeropuerto. ¿Para qué? La tercera gran religión en la India es ahora el cristianismo y si muestras respeto por el Papa signifi­ca que todos los votos de los cristianos van a ser tuyos.

Las religiones organizadas -ya sea el cristianismo o el hin­duismo o el islamismo- nunca han buscado la verdad. En dos mil años, ¿qué verdad ha organizado el cristianismo además de lo ya dicho por Jesús? Así que ¿qué necesidad hay de esta organiza­ción? No ha incrementado la religiosidad de la gente; simple­mente ha repetido lo que dijo Jesús, lo que está a disposición de todos en los libros. En veinticinco siglos, ¿cuántos budistas han ido en busca de la verdad o la han hallado? Son sólo una larga fila de loros repitiendo, lo que Gautama Buda encontró.

Y debes recordar que Buda no fue parte de ninguna religión organizada, ni tampoco lo fue Mahavira, ni Jesús. Ellos eran busca­dores individuales. Ese es el privilegio y la dignidad del individuo.

Las religiones organizadas, al igual que los políticos, han provocado las guerras. Los nombres pueden cambiar: los políticos luchan por el socialismo, el comunismo, el fascismo, el nazis­mo... y las religiones organizadas luchan por Dios, por el amor, por su propio concepto de lo que es la verdad. Y millones de personas han resultado muertas en los choques entre cristianos y musulmanes, entre cristianos y judíos, entre musulmanes e hin­dúes, entre hindúes y budistas. La religión no tiene nada que ver con la guerra; es la búsqueda de la paz. Pero las religiones orga­nizadas no están interesadas en la paz; están interesadas en vol­verse más y más poderosas y dominantes.

Condeno a los políticos e igualmente condeno a las religiones organizadas, porque no son más que política. Por esto, cuando digo que la gente religiosa debe ser respetada, honrada y que los políticos deben acudir a ellos en demanda de consejo, no me re­fiero a las religiones organizadas; me refiero a los individuos religiosos. Y un individuo religioso no es ni hindú, ni cristiano, ni musulmán. ¿Cómo podría serlo? Dios mismo no es ni hindú, ni musulmán, ni cristiano, y el hombre que conoce algo de lo Divino adquiere los colores de la Divinidad, exhala el aroma de la fragancia divina.

En el antiguo Oriente, esta gente religiosa fue el más elevado florecimiento. Incluso reyes y emperadores acudían a ellos para postrarse a sus pies y recibir su bendición, para solicitar consejo sobre problemas difíciles de resolver.

Si queremos que el mundo siga existiendo, tenemos que retor­nar a nuestros antiguos días de infancia, cuando la persona religio­sa no albergaba intereses privados. Por eso sus ojos estaban lim­pios, por eso su corazón era puro amor, su ser era en sí una bendi­ción. Quienquiera que llegaba a él, era curado; sus problemas re­sueltos; obtenía nuevos enfoques para sus viejos problemas.

Las religiones organizadas deben desaparecer del mundo, han de abandonar su máscara de religiosidad. Son simplemente políti­cos, lobos con piel de cordero. Han de desvelar sus verdaderos intenciones; son políticos, no hay nada malo en ello. Siempre han sido políticos, pero han estado haciendo política en nombre de la religión.

Las religiones organizadas no tienen futuro alguno.

Deben abandonar su disfraz y mostrarse como políticos y ser parte del mundo político, para que así podamos encontrar al indi­viduo auténticamente religioso, que es muy raro de encontrar. Pero unos cuantos individuos auténticamente religiosos, bastan para conducir al mundo entero hacia la luz, hacia la vida inmortal, hacia la verdad última.

 

 

Capítulo 3

No Estoy en Contra del Papa

 

Osho,

Tú estás muy en contra del Papa.

¿Se debe a que la Iglesia Católica es quizás la más organizada de las religiones?

 

No estoy en contra de nadie, pero sí estoy a favor de la verdad. Voy a criticar todo aquello que vaya contra la verdad; para mí es un deber sagrado. Que la Iglesia Católica sea la religión más or­ganizada, es una de las razones por las que critico tanto al Papa. Hay también otras razones.

Me gustaría detallarte todas las razones de mis críticas. Pri­mero, la Iglesia Católica en particular y el cristianismo en general, no son en absoluto una religión. Llamarla "religión organizada" es utilizar un término equivocado. Es una "superstición organizada".

Durante estos veinte siglos después de Jesucristo; el cristia­nismo ha estado defendiendo toda clase de supersticiones y lu­chando contra la ciencia, contra todos los descubrimientos de la verdad. Y quienes han promovido esta guerra entre la supersti­ción y la ciencia, han sido los Papas.

En primer lugar, durante estos veinte siglos los Papas han es­tado proclamando su infalibilidad, lo cual es algo absurdo. Pero según su lógica, ellos representan a Jesucristo y Jesucristo es el único hijo de Dios. Por tanto, indirectamente ellos son el instru­mento de Dios, ¿cómo podrían ser pues falibles? Pero la vida no es lógica. Tu Dios mismo es una ficción. El que Jesucristo sea el unigénito de Dios, es otra ficción. Y la infalibilidad del Papa es simplemente ridícula.

 

Cuando Galileo descubrió que no era el Sol el que giraba al­rededor de la Tierra, sino que era la Tierra la que giraba alrededor del Sol -era ya viejo, setenta y cinco u ochenta años, casi en su lecho de muerte-, fue llevado ante la presencia del Papa. Y el Papa le dijo: "Antes de morir desdícete de lo que afirmas porque va en contra de lo que dice la Biblia. Y todo lo que va contra la Biblia, es falso porque la Biblia es la palabra de Dios".

Galileo era un gran científico y tengo un enorme respeto por él. A su edad y a las puertas de la muerte seguía teniendo un gran sentido del humor.

Él dijo: "No hay problema, lo cambiaré; escribiré en mi libro exactamente lo que está escrito en la Biblia -que el Sol gira al­rededor de la Tierra pero he de decir claramente lo siguiente: ni el Sol ni la Tierra van a leer mi libro. En realidad, la Tierra seguirá moviéndose alrededor del Sol".

"¿Y por qué insistís? Tengo las pruebas, he dedicado mi vida a la investigación y todos los que tienen una mente científica están de acuerdo conmigo. Tarde o temprano tendréis que estar también de acuerdo conmigo porque uno no puede mantenerse en contra de la verdad por mucho tiempo."

El Papa dijo: "No podemos tolerar nada que vaya en contra de la Biblia por la simple razón de que si algo de lo que dice resulta falso, entonces la infalibilidad de Dios desaparece. Y si Dios mismo es falible, ¿qué pasará con Jesucristo? ¿Y con el Papa? Y si Dios ha escrito una falsedad, ¿quién sabe?, puede ser que haya escrito muchas otras. No podemos permitirlo".

Durante trescientos años los Papas han estado luchando dura­mente contra todos y cada uno de los descubrimientos científicos de la verdad. Nadie puede salir victorioso contra la verdad, pero lo han intentado con todas sus fuerzas. Es la única religión que ha peleado contra la ciencia; ésta es una de las razones funda­mentales por las que estoy en contra del Papa.

Incluso ahora continúan oponiéndose a la ciencia sabiendo perfectamente que saldrán derrotados y que es una batalla perdida. Y continúan llamándose infalibles.

Es sorprendente cómo la gente puede tener tan poca vergüenza. Es hora de que aprendan.

­Ellos sacrificaron y quemaron a Juana de Arco por orden del Papa, porque él la declaró bruja. ¿En base a qué, a qué razona­miento, a qué revelación? ¿Sólo porque el Papa lo diga, tiene que ser cierto? La palabra del Papa es ley; la palabra del Papa es la verdad. Quemaron a una gran mujer, valerosa e inteligente, que había luchado por la libertad de su país y que había ganado para éste la libertad. Sintieron celos de que una mujer se hiciera tan notable que incluso el Papa quedara en un segundo plano.

Fue quemada por celos; no había cometido pecado. Toda Eu­ropa se conmovió y lentamente empezó a levantar la voz contra su muerte. Pero tuvieron que pasar casi trescientos años para que la voz de la gente fuera escuchada y otro Papa declarara a Juana de Arco una gran santa.

Un Papa la quema viva, por bruja -tenía relaciones carnales con el diablo- y después de trescientos años, otro Papa -su su­cesor, representante del mismo Jesucristo y de Dios- declara que era una santa. Sus restos fueron exhumados y ahora son venera­dos, y una hermosa catedral se yergue en su memoria. Ahora ya no se la llama simplemente Juana de Arco, sino Santa Juana de Arco.

  El Papa viaja continuamente por todo el mundo, predicando­ particularmente en los países de Oriente donde la gente es muy pobre y donde va a volverse más y más pobre cada día -que el control de la natalidad es contrario a Dios, que cualquier método que impida el nacimiento de un niño es contrario a Dios. Pero el Papa no está interesado en que la gente viva mejor, sin pasar ham­bre. La gente no debería morir por falta de agua, de alimento.

Y te sorprenderá saber que por una parte el Papa habla contra los métodos de control de la natalidad y por la otra, el Vaticano tiene una fábrica clandestina donde se fabrican píldoras anticon­ceptivas porque es un buen negocio y deja millones de dólares. ¿Llamas a esa gente, "religiosa"?

  El viaja por todo el mundo diciendo que los curas católicos, los obispos y cardenales, no deben inmiscuirse en la política, porque él quiere tener a los políticos a su favor. Y está demostra­do que él mismo envió a Polonia -a un partido político-       cien millones de dólares para luchar contra el comunismo, ¿no es esto política?

Y su interés por no controlar la natalidad es en realidad un interés por aumentar la población. Lo que suceda a la gente, no es el problema. Si la gente es pobre y pasa hambre puede fácil­mente ser convertida al cristianismo, en particular a la Iglesia Católica. Sus escuelas, sus hospitales, sus orfanatos, no son sino fábricas para convertir a la gente al catolicismo.

Es un hecho bien conocido hoy en día que para finales de siglo casi la mitad de la población mundial se estará muriendo de hambre. Es difícil de imaginar esa situación en la que un hombre de cada dos vaya a morir. Por todas partes habrá cadáveres sin que haya nadie para enterrarlos o llevarlos a la funeraria. De he­cho, morir será mejor que vivir entre tanto cadáver. El mundo entero apestará a muerte.

Los Papas no parecen estar interesados en salvar a la Humani­dad. Su principal interés consiste en convertir más y más gente a su religión, porque esa es su fuerza. Es pura política.

Toda la teología cristiana está basada en esas ideas estúpidas; llamarla religión es absurdo. Jesús nace de una madre virgen. Toda la ciencia médica contradice este hecho; no es posible. Pero éste es uno de sus fundamentos; si lo dejas de lado, el edificio entero del cristianismo se derrumba.

No han dado al mundo ningún método para elevar la cons­ciencia, no han producido gente Iluminada, pero bajo la red del catolicismo han atrapado a setecientos millones de personas. Es­tán llenos de creencias absurdas y aun cuando tienen ojos, no ven; tienen oídos, pero no oyen. Y si les dices algo, están dis­puestos a crucificarte. Están en contra de la crucifixión de Jesús, pero siempre están dispuestos a crucificarte si dices simplemente la verdad.

Dije en uno de mis discursos que la Santa Biblia era uno de los libros menos santos del mundo, pues tiene quinientas páginas de pornografía pura. Uno de mis amigos de América, al oír esto, compiló esas páginas y las publicó en un libro llamado X Rated Holy Bible. Y acabo de recibir unas citaciones desde "Kanpur". Diez asociaciones cristianas han iniciado un pleito en mi contra, por estar hiriendo sus sentimientos religiosos.

No puedo creer que la gente esté tan ciega. Si hay algo que hiere tus sentimientos religiosos, eso es tu Biblia; yo no tengo nada que ver con ella. Deberías decirle al gobierno que prohibie­ra la Biblia o la clasificara como literatura pornográfica.

No me estoy inventando nada. Esas quinientas páginas están allí, en la Biblia, y esas diez asociaciones deberían al menos haber ojeado sus Biblias para saber de qué estoy hablando; si no, ante los tribunales quedarán como absolutos estúpidos.

Ahora se están iniciando movimientos en todos los países para lograr que la homosexualidad sea declarada un gran crimen. Y todo el mundo sabe que el Papa Pablo VI era homosexual. Antes de ser Papa era el cardenal de Milán, y ya entonces, eso era un rumor vox populi. Todo Milán estaba sorprendido de verle siem­pre con su amigo, un hermoso joven. Aun conociéndose este he­cho, llegó a Papa. Y cuando fue nombrado Papa, su amigo fue llamado al Vaticano y se convirtió en su secretario. Comúnmente la secretaria es la amiga; aquí era algo diferente, pero la misma historia.

Y el Vaticano nunca ha negado esto. No pueden; es un hecho evidente. Pero si lo dices, significa que estás contra el Papa. Yo estoy sólo a favor de la verdad.

  Pero quizás esto empezó con la virginidad de María y el nacimiento de Jesús. Oí que...      

Ésta es una historia del futuro porque este Papa polaco tarda­rá mucho en morir. Comúnmente los Papas mueren en uno o dos años; pues para cuando son nombrados Papas, tienen ya alrede­dor de setenta y cinco años. Y probablemente esperaban que este polaco moriría también, pero no conocen a los polacos. Él se ha olvidado completamente de morir y está disfrutando su puesto enormemente; ningún otro Papa lo había hecho así.

Continuamente viaja por todo el mundo y el Vaticano está endeudándose. Se ha gastado en viajes nueve millones de dóla­res. Dos días antes de que fuera a Australia, la Reina británica había ido también. Gastaron más dinero en la visita del Papa a Australia que en la visita de la Reina de Inglaterra. Y ésta es la gente que dice: "Bienaventurados sean los pobres".

Pero finalmente el Papa polaco murió y fue al cielo con todos los honores. A las puertas del cielo San Pedro le detuvo y le dijo:

"Hola, no puedes entrar así como así, ¿quién eres?".

  El Papa le contestó: "Soy vuestro representante en la Tierra. Soy el Papa".

  San Pedro le dijo: "¿El Papa? ¿Nuestro representante? Nunca hemos oído hablar de ti".

  El Papa sorprendido le contestó: "¡Oh, bien! Tan sólo dile a Dios que ya estoy aquí. Él te dirá que me dejes entrar".

  San Pedro gritó: "Oiga, jefe, aquí hay un tipo diciendo que es el Papa, ¿le conoce?".

  Jesús contestó: "No, nunca oí hablar de él".

  San Pedro dijo: "Lo siento. No te puedo dejar entrar. Nadie de aquí te conoce".

  El Papa le dijo: "No puedes decirme que me vaya, soy el Papa en persona. Pregunta al Espíritu Santo. Seguro que él me cono­ce".

San Pedro gritó otra vez: "¡Oye, Paloma! Un tipo insiste en que le conoces. Dice que es el Papa".

Y el Espíritu Santo contestó: "¿El Papa? Claro que le conoz­co. Es el tipo que hizo correr esos sucios rumores entre María y yo. Échalo fuera".

Toda la religión se basa en un chiste verde.

Al Papa Pablo VI -que era homosexual- le sucedió el Papa Juan Pablo I. Era un hombre liberal e inteligente que ordenó in­vestigar a los cardenales y obispos pertenecientes a las Logias Masónicas, las cuales estaban prohibidas por la Iglesia Católica.

Estas Logias Masónicas tienen como miembros sólo a la gen­te más rica del mundo. Son sociedades secretas que realizan ri­tuales secretos. Habían sido condenadas por el cristianismo, por lo que ningún cura, obispo o cardenal, ni nadie con un puesto oficial podía ser miembro de una Logia Masónica. Sus rituales consisten en orgías sexuales y otra clase de actos repugnantes. Juan Pablo I ordenó investigar a los cardenales y obispos perte­necientes a estas logias. Descubrió que muchos altos jefes del Vaticano eran masones y ordenó que fueran destituidos.

¿Ves la hipocresía? Es la misma gente que promulgó la ley prohibiendo a los curas ser miembros de las Logias Masónicas, pero en el mismo Vaticano se descubrió que cardenales, obispos y arzobispos formaban parte de ellas. Y debido a que Juan Pablo I ordenó destituirles, toda la jerarquía y la burocracia católica se pusieron en contra de este hombre tan inteligente. En toda la his­toria del cristianismo, él es quizá el único Papa con algo de inte­ligencia, algo de humanidad, algo de comprensión.

Al mismo tiempo ordenó una investigación en el Banco del Vaticano, la cual reveló que el banco blanqueaba cada año cien­tos de millones de dólares provenientes de la mafia de las drogas, de la heroína.                                        

Estas son tus instituciones religiosas. El mismo Banco del Vaticano, cuya cabeza es el Papa, no es más que la mayor mafia organizada. ¡Cientos de millones de dólares procedentes de la heroína! Hablan y predican contra las drogas cuando entre basti­dores ellos mismos trafican con ellas.

También convocó una asamblea para anunciar que la Iglesia apoyaría el control de la natalidad. Realmente era un hombre de gran entendimiento; quería llamar a la píldora, la "píldora católi­ca". Pero antes de poder convocarla fue encontrado muerto en circunstancias sospechosas.

Fue asesinado. El gabinete del Vaticano declaró que murió de un paro cardíaco, pero eso es absolutamente falso, porque su pro­pio médico personal afirmó que su corazón estaba perfectamente y que nunca había tenido ningún problema. Y lo más significati­vo es que no llamaron a su médico personal. En su lugar, los respon­sables del Vaticano ordenaron inmediatamente embalsamar el ca­dáver e impidieron que su médico le examinara. También rehusa­ron la autopsia. No se expidió un certificado de defunción, de modo que hasta hoy, oficialmente continúa viviendo, puesto que no hubo certificado de defunción.

Y se hizo la autopsia después de haberlo embalsamado. Pero una vez que se embalsama un cadáver -después de extraerle la sangre del cuerpo y reemplazarla con sustancias químicas- re­sulta imposible averiguar si ha sido envenenado o qué fue lo que sucedió. Pero la situación es muy clara. Personas cercanas a él sostienen que los papeles que él tenía en la mano cuando el cuer­po fue descubierto, eran los de su testamento.

Dándose cuenta a media noche, de que había sido envenenado, de que iba a morir, habría tratado de escribir su testamento o contar lo que le había sucedido, lo que le habían hecho. Pero misteriosamente sus papeles desaparecieron al igual que el fras­co con su medicina.

Se cree que mezclaron veneno en su medicina y que él la tomó pensando que era su medicamento. Cuando el veneno empezó a surtir efecto, debió de haber tratado de escribir su testamento. Debió de haber tratado de contar que -según parecía- había sido envenenado y que se estaba muriendo. La gente que lo encontró primero, vio que era el testamento lo que apretaba en sus manos.

Y lo más sorprendente es que aun antes de que encontraran su cuerpo, se habían dado instrucciones de que el cadáver fuera embalsamado, porque la gente que estaba en la conspiración sa­bía que por la mañana sería necesario disponer de los embalsa­madores. Así que todo se preparó anticipadamente.

No fue una muerte accidental.

Le sucedió el Papa Juan Pablo II, el polaco, que prohibió to­dos los métodos de control de la natalidad, excepto el método del ciclo, aun cuando el Vaticano es en realidad dueño de una fábrica de píldoras anticonceptivas. También anuló la ley por la cual la Iglesia prohibía a los clérigos ser miembros de las Logias Masó­nicas. Y ascendió a Marcinkus, el jefe del Banco del Vaticano, al cargo de arzobispo y le nombró miembro de su círculo personal. Este hombre era el mismo hombre que dirigía la Mafia que blan­queaba el dinero de la heroína a través del banco.

En 1982, el arzobispo Marcinkus estuvo envuelto en un gran escándalo financiero cuando un banco italiano quebró. Uno de sus amigos de negocios fue encontrado ahorcado bajo el puente de Londres. Y otro colega -que había estado en la cárcel bajo el cargo de haber asesinado a un comisario de policía- murió al beber café con cianuro. Ellos eran los que podían haber testifica­do contra el arzobispo Marcinkus, ellos conocían todos los se­cretos; y ambos fueron asesinados.

Se dictó una orden de captura contra el arzobispo, pero el Vaticano es un gobierno independiente -de sólo ocho millas cuadradas- y el gobierno italiano no tiene poder para intervenir en él. Y el Papa ocultó a ese hombre dentro del Vaticano. La orden de busca y captura está esperando afuera. Estos son tus líderes religiosos.

El Papa polaco también ha estado reprendiendo severamente a sacerdotes de todo el mundo por intervenir en política, pero él mismo ordenó que millones de dólares del Vaticano fueran entre­gados al grupo Solidaridad, en Polonia, que luchaba contra el gobierno comunista.

Estoy en contra de las religiones organizadas porque en cuan­to algo sé convierte en una organización, empieza a perseguir sus propios intereses. Y la religión queda olvidada; otras cosas se vuelven más importantes. La verdad y la búsqueda de la verdad necesitan de tu entrega total; nada ha de interferir.

Una religión organizada se convierte en una prisión. Empieza a suministrarte doctrinas ya hechas y tu única función es creer en ellas, bien sean razonables y lógicas, o no lo sean. No estás auto­rizado para experimentar por ti mismo porque, ¿quién sabe?, po­drías encontrar algo que fuese contra la doctrina oficial.

Pero la doctrina oficial no puede convertirse en tu Ilumina­ción. La doctrina oficial puede hacer de ti un erudito, pero no puede hacerte sabio, no puede volverte intuitivo, no puede hacerte consciente de Dios.

Critico al Papa porque no sólo es la cabeza visible de una religión organizada, sino también la cabeza de un gobierno. No es gran cosa -sólo ocho millas cuadradas pero aun así, es re­conocido como Jefe de Estado, tiene representantes en la ONU, tiene embajadores en diferentes países.

La religión es algo tan elevado, y la política es algo tan bajo, que has de recordar esto: cuando se mezcla algo bajo con algo elevado, es siempre lo elevado lo que se corrompe, no lo bajo... Es siempre lo superior lo que pierde su calidad de ser superior; lo inferior no tiene nada que perder; no puede caer más bajo. Está ya en lo más bajo.

La religión y la política deben estar separadas. Y en cuanto la religión se organiza, se convierte en política. Por lo tanto, la religión jamás debe organizarse; ha de ser la búsqueda privada, per­sonal e íntima de cada uno.

  El individuo ha de tener al menos un área de su vida en la que pueda ser totalmente libre, sin que nadie decida por él, donde pueda abrir sus alas como un águila y volar por el cielo, sin cade­nas, sin ligaduras, sin obstáculos.

  La religión florece sólo en un corazón absolutamente libre de doctrinas, de creencias, de iglesias, de mezquitas.

  Quiero que todo el mundo sea religioso, pero no cristiano, ni católico, ni hindú, ni musulmán. Ser sólo religioso es suficiente.

¿No puedes ver estos simples hechos? La honestidad es la honestidad; no es ni cristiana ni hindú. La verdad es simplemente la verdad; no puede ser musulmana, ni cristiana. El amor es sim­plemente amor; no puede ser oriental, ni occidental. La compa­sión es compasión; no pertenece a ninguna raza, a ningún país, a ningún clima, no depende de la geografía ni de la historia. Estos son los ingredientes de una consciencia religiosa.

La meditación es simplemente científica, de la misma forma que lo es la física -sin preocuparte de si es hindú, o musulma­na- o la química -sin preocuparte de si es protestante, o católi­ca. Cuando vas al médico nunca miras si la medicina es hindú o budista.

La realidad interna es simplemente puro silencio. Allí flore­cen miles de flores, pero no pertenecen a ninguna organización. Son el fruto de tu búsqueda, de tu propio camino interno.

Fundamentalmente todas las religiones organizadas están pri­vando a la Humanidad de su religión, porque te desvían. Siempre te dirigen hacia afuera; su dios está lejos, en el cielo. Cuando, con las manos juntas, rezas mirando al cielo, no te das cuenta que nadie va a escucharte. De hecho, el que está orando, el que está vivo dentro de ti, el que respira en ti, ese es Dios.

Sólo tienes que descubrirlo. Está escondido en las capas de tu falsa personalidad. Encuéntralo en medio de tu inocencia y la vida se volverá puro gozo, una canción sin palabras, una danza, una celebración.

Y al final de tu celebración no habrá más que lágrimas de gratitud. No puedo ni pensar ni imaginarme que esas lágrimas de gratitud pertenezcan a una religión. Pertenecen al corazón indivi­dual, rebosante de gratitud hacia la Existencia.

 

 

Capítulo 4

Guerra y Paz

 

Osho:

Puesto que la paz fue oficialmente restablecida en el mundo, al final de la Segunda Guerra Mundial,

¿qué es lo que los polí­ticos han estado haciendo?

 

Nunca ha habido paz. En la historia sólo ha habido dos períodos:  el que denominamos guerra y el que llamamos paz, que es un disfraz. En realidad debíamos llamarlo “preparación para otra guerra".

Y tú me preguntas:

 

"Puesto que la paz fue oficialmente restablecida en el mundo, al final de la Segunda Guerra Mun­dial,

¿qué es lo que los políticos han estado haciendo?".

 

Los políticos han estado haciendo exactamente lo que siem­pre han estado haciendo: creando más conflictos, más inquietud, más discriminación, más armas destructivas, mientras se prepa­ran para la Tercera Guerra Mundial.

Una vez preguntaron a Albert Einstein: "Usted es el científico que ha descubierto la energía atómica. ¿Puede decirnos qué pa­sará en la Tercera Guerra Mundial?".

Einstein, con lágrimas en los ojos, dijo: “No me preguntéis acerca de la Tercera Guerra Mundial. No sé nada acerca de ella. Pero si queréis saber acerca de la Cuarta Guerra Mundial, puedo deciros algo".

El periodista que preguntaba se quedó sorprendido. Aquel hombre no decía nada acerca de la Tercera Guerra, pero estaba dispuesto a hablar de la Cuarta Guerra Mundial. Preguntó con curiosidad: "Por favor, dígame algo acerca de la Cuarta Guerra Mundial?

  Einstein dijo: "Sólo puedo decir una cosa: que nunca va a suceder. La tercera será la última Guerra Mundial".

  Para esta última guerra los políticos se han estado preparando desde que se declaró la paz tras la Segunda Guerra Mundial.

El político y su juego son las cosas más detestables que pue­das imaginarte. Estamos enfrentándonos a la oscuridad de la no­che y recuerdo ese viejo dicho: "Cuando la noche es más oscura, el amanecer está cercano". Pero no me atrevo a decir que tras esta noche oscura que nos rodea vaya a haber alguna aurora.

Sólo voy a decirte exactamente lo que ha estado sucediendo desde 1945 y de lo cual la gente está en la ignorancia absoluta. No se dan cuenta de que están sentados sobre un volcán listo para entrar en erupción en cualquier momento. Todos están ocu­pados con trivialidades y el problema real permanece oculto, como si no existiera.

Desde 1945 ha habido ciento cinco guerras en sesenta y seis países, todos ellos del Tercer Mundo. Uno necesariamente pre­gunta: ¿por qué en el Tercer Mundo? Estados Unidos y la Unión Soviética han ido tan lejos en el desarrollo de armas destructivas, que las armas usadas en la Segunda Guerra Mundial están anticua­das. Para ellos no son de utilidad. Tienen que ser vendidas; necesi­tan un mercado y el mercado sólo existe si hay guerras.

Estados Unidos manda armas a Pakistán; entonces, por lógi­ca, la India las importa de la Unión Soviética e igual ocurre en el Tercer Mundo. Un país compra material obsoleto a la Unión Soviética y el enemigo lo compra a los Estado Unidos. Es un buen negocio.

Y ellos no quieren detener las guerras, porque si así lo hicie­ran ¿cómo venderían esas armas en las que han invertido millo­nes de dólares? Y estos países pobres y sus políticos están dis­puestos a comprarlas aunque su gente muera de hambre. El se­tenta y cinco por ciento de su presupuesto se destina a la guerra.

Cada guerra ha durado un promedio de tres años y medio, así que, ¿quién dice que la paz ha sido establecida? Ciento cinco guerras en sesenta y seis países, con tres años y medio de duración, ¿y a eso lo llamas paz?

Las guerras han causado dieciséis millones de muertos. En la Segunda Guerra Mundial también hubo millones de muertos. Des­de entonces, se han matado dieciséis millones de personas en las guerras, ¿y aún continúas llamándolo paz?

Pero los políticos son tan astutos y la gente tan ciega que no ven lo que sucede a su alrededor. Siguen peleando por pequeñas cosas como ¿qué distrito pertenece a un determinado estado? Belgaum es un distrito aquí. Debería incluirse en Maharastra? Es un distrito que está en los límites entre Maharastra y Kamataka. Hay gente que pertenece a las dos lenguas y se ha estado matando entre sí sin interrupción durante tres décadas... y esta nimiedad no puede ser resuelta. De hecho, nadie quiere resolverlo, si no ¿cuál es el problema? Sólo un pequeño plebiscito, una votación neutral y la gente misma podría decidir a dónde quiere pertenecer. Pero al parecer, los políticos están interesados en que las disputas conti­núen para así ser necesarios.

Han muerto dieciséis millones y todavía en las escuelas y universidades se sigue repitiendo: "Vivimos en un período de paz". En realidad, la Guerra Mundial fue casi más pacífica; sólo murie­ron seis millones de judíos. La paz ha matado un número de personas tres veces mayor.

La mayoría de las guerras se han desarrollado en Asia. El que las guerras se desarrollen en otros países, es una de las estrategias de las naciones poderosas y sus políticos. Estados Unidos y la Unión Soviética han de luchar en Afganistán para que así la gente de Afganistán sea la que muera. Afganistán se convierte en un cementerio y Estados Unidas y la Unión Soviética salen bene­ficiados con la venta de armas. Envían expertos, armas, entrenan a los Afganos y éstos se matan entre sí. En un bando disponen de las armas americanas; por el otro de las rusas.

Nueve millones de civiles, desde Hiroshima, han muerto en guerras convencionales. En otros tiempos no se mataba a civiles. Esto es absurdo. Si los ejércitos luchan, es posible que mueran soldados, pero ahora parece que no hay sensibilidad, que no se razona: se mata a nueve millones de civiles. Ya pueden ser niños, o mujeres, o ancianos, sin tener nada que ver con la guerra. Pueden estar leyendo en la escuela, trabajando en la fábrica o, tal vez, cocinando en su casa.

Hace unos pocos días Ronald Reagan, sin razón alguna, atacó Libia, bombardeó la parte civil. Su meta era Gaddafi y como Gad­dafi tiene tres casas en la ciudad, las tres tuvieron que ser bombar­deadas. Y al atacarlo, otras casas fueron quemadas y destruidas.

Y recientemente, investigando se ha sabido que mientras el bom­bardeo tenía lugar, asesinos profesionales buscaban por toda Li­bia a Gaddafi, porque era posible que él no estuviera en su casa.

Así, pues, bombardearon a civiles mientras los asesinos bus­caban a Gaddafi. Sólo pudieron matar a su hija. Y ni Gaddafi ni los libios les habían hecho nada malo.

Y es una coincidencia que el mismo día que Inglaterra permi­tía a Ronald Reagan que la utilizase como base para bombardear a Libia, su Parlamento no me permitió permanecer en su aero­puerto -en la sala de espera- ni durante seis horas. ¡Porque soy un hombre peligroso! Pero a Ronald Reagan se le permitía utili­zar a Inglaterra para bombardear a un país inocente que no le había hecho ningún daño.

Ésta es la noche más oscura que la Humanidad ha encarado jamás.

El presupuesto de guerra anual es aproximadamente setecien­tos mil millones de dólares. Cada año quince millones de perso­nas mueren de desnutrición y enfermedades, mientras se gastan en guerras setecientos mil millones de dólares.

Cada minuto, treinta niños mueren por falta de alimentos y va­cunas de bajo costo y cada minuto un millón trescientos mil dóla­res de los fondos públicos se destinan mundialmente a gastos militares.

Parece que no estamos ya interesados en la vida; hemos deci­dido suicidamos. El hombre nunca ha estado en toda su historia tan a punto de suicidarse como ahora.

Doscientos cincuenta millones de niños no han recibido si­quiera la educación elemental; un solo submarino nuclear iguala el presupuesto anual de educación para ciento sesenta millones de niños en edad escolar en veintitrés países en desarrollo. ¡Un solo submarino! Y hay miles de submarinos navegando por los océanos alrededor del mundo, americanos y rusos, y cada subma­rino tiene armas nucleares. Seis veces más poderosas que todas las armas empleadas en la Segunda Guerra Mundial. Y son tan cos­tosas que podríamos haber proporcionado a nuestros niños edu­cación y alimento y nutrición. Pero eso no nos interesa.

Estos son los políticos que no hay que molestar, que quieren tener el control absoluto sobre la Humanidad, sin que nadie esté por encima de ellos.

Los bosques del mundo están desapareciendo a un ritmo de dieciocho a veinte mil hectáreas al año, un área equivalente a la mitad de California -y éste es uno de los estados más grandes de los Estados Unidos. En los próximos veinte o treinta años, todas las selvas tropicales habrán desaparecido, y las implicaciones son tremendas porque nos proveen de oxígeno y de vida. Si estas sel­vas siguen desapareciendo a ese ritmo, la Humanidad estará per­dida. ¿De dónde obtendrá el suficiente oxígeno?

Y por otro lado, todo el dióxido de carbono que se exhala es absorbido por estos bosques. Si estos bosques no estuvieran allí... y ya hay una capa espesa de dióxido de carbono acumulándose en el cielo, justo en el límite de la atmósfera. Y debido a esa capa, la temperatura de la atmósfera se está elevando. Ya está cuatro grados por encima de lo normal.   

Si todos los bosques desaparecen, la temperatura subirá tanto que pasarán dos cosas: primero, será imposible sobrevivir; se­gundo todo el hielo de los polos -norte y sur-, el que está en los Himalayas, en los Alpes y en otras montañas, empezará a de­rretirse y hará que todos los océanos se eleven mil metros. Inundará todas las ciudades y todos los países, cubrirá casi la Tierra entera y esta inundación no retrocederá.

Pero los políticos continúan haciéndolo. Hace unos meses es­tuve en Nepal. Nepal es el país más pobre del mundo, pero en vez de abandonar sus preparativos de guerra, ha vendido sus bos­ques -los eternos bosques de los Himalayas- a la Unión Sovié­tica. Y la Unión Soviética ha talado todas las laderas de las mon­tañas dejándolas peladas. Y para qué? Para hacer periódicos. ¿Qué necesidad hay de tantos periódicos? Casi siempre son las mismas noticias y ahora que se tienen mejores medios de comunicación, los periódicos están pasados de moda. Hay radio, hay televisión, ¿para qué seguir con los periódicos, destruyendo los bosques? Pues porque los políticos, los presidentes y prime­ros ministros, necesitan sus retratos en primera página; sus dis­cursos -que son sólo mierda- tienen que publicarse sin ningu­na consideración al daño que están causando.

En el mismo período, se espera un incremento de la población mundial de un treinta a un cuarenta por ciento; de cinco mil mi­llones a siete. Este incremento de población hará que se duplique la necesidad de agua en casi la mitad del mundo.

El alimento es también otro factor. Incluso el agua resultará escasa, puesto que se necesitará el doble, y no tenemos tanta agua potable. Además, el informe de las Naciones Unidas dice que un total de veinte millones de hectáreas al año de tierras de cultivo y pastoreo, son reducidas a un nivel cero de productividad. Más de mil especies de plantas y animales se extinguen cada año, y el número sigue en aumento. De uno a dos millones de personas en los países en desarrollo, sufren de envenenamiento agudo por pes­ticidas, y las muertes relacionadas con esos pesticidas son esti­madas en diez mil al año.

Oficiales de la Comisión de Planeamiento de la India recien­temente declararon: "Estamos al borde de un enorme desastre ecológico en la India, con las reservas de agua agotándose. Lo que sucedió en África va a suceder en la India en unas décadas".

La población sigue creciendo, la tierra se vuelve estéril, las re­servas de agua disminuyen más y más, y debido a la tala de bos­ques, los ríos que van desde Nepal a Bangladesh provocan inun­daciones como nunca antes se habían visto. Miles de personas mueren, miles de poblados desaparecen, porque esos enormes ár­boles hacían que los ríos fluyeran lentamente. Ahora, sin los ár­boles, los ríos se precipitan con tal fuerza que el océano no pue­de absorber el agua con rapidez. El agua retrocede y esto produce las inundaciones de Bangladesh.

Ni los políticos de la India ni los del Nepal están dispuestos a frenar la tala de árboles. Nadie tiene interés por la vida humana, nadie quiere ver cuáles deben ser nuestras prioridades.

Un país pobre como la India tiene un exceso de periódicos, de revistas absolutamente innecesarias. Y ese papel de imprenta no cae del cielo; hay que talar árboles. Árboles que tardaron en cre­cer ciento cincuenta, doscientos años, desaparecen.

¿Y qué se gana con esos periódicos?

Los políticos son los verdaderos criminales, no los que están en las cárceles. El mundo sería mucho mejor si hubiera un inter­cambio. Si todos los políticos fueran a la cárcel y los criminales ocuparan el puesto de los políticos, serían más humanos.

Hay muchos países que no declaran cuántos homosexuales tienen. La familia de una persona que ha muerto de SIDA, sobor­na al médico y obtiene un certificado de defunción por cáncer o por síncope cardíaco, porque la familia se encuentra más preocu­pada por su respetabilidad, por lo qué dirá la gente, "En tu fami­lia alguien ha muerto de SIDA".

Pero esconder los hechos significa que si el hombre estaba casado, su esposa pudo haber contraído la enfermedad, y si tenía hijos, pudieron nacer enfermos, y al no saberlo nadie, los de su entorno pueden contagiarse.

Porque esta enfermedad no es una enfermedad sexual común. Todo lo que salga del cuerpo, incluyendo las lágrimas, es porta­dor del virus. Si un niño llora y por amabilidad o compasión lo consuelas, corres peligro de contagiarte del SIDA. La saliva también es portadora del virus. Y la Humanidad entera es mantenida en la ignorancia. Incluso los besos deberían ser prohibidos por completo.

Hay una pequeña parte de la Humanidad -los esquimales, la gente que vive en Siberia- que son los únicos en la historia que nunca se besan. Cuando por primera vez vieron a los misioneros cristianos dando besos, no podían creérselo: "¡Qué sucia es esta gente. Mezcla su saliva con la del otro. ¿Son humanos o mons­truos?". Su método es mucho más científico e higiénico. No be­san para mostrar amor, porque más que amor puede ser muerte. Se frotan sus narices una contra otra. Es más limpio, excepto si tienes un resfriado.

Hace unos días se admitió que diez millones de personas es­tán afectadas por el SIDA y que ésta no es una cifra definitiva, porque algunos países -como la India- no tienen forma de sa­berlo. Sólo los países muy desarrollados son los están incluidos en esta cifra. Quizás cien millones más están sufriendo en los países subdesarrollados.

Por ejemplo, en África el SIDA es más frecuente que en nin­guna otra parte. Y nunca se ha sabido que los africanos sean ho­mosexuales, pero ellos tienen una extraña perversión: mantienen relaciones con mujeres, pero no frontalmente.

Hay gente en pequeñas aldeas alrededor del mundo que inclu­so hacen el amor con animales. Y ahora los animales están conta­giando el SIDA a través de su leche o su carne. Las cosas están ya fuera del control humano.

Los médicos no quieren -aun cuando saben que un paciente sufre del SIDA- decírselo al paciente, porque éste va a insistir en ser tratado. No existe tratamiento. Así que el médico prefiere decirle que tiene otra enfermedad y lo envía a otro especialista, pues estar en contacto con un paciente de SIDA es peligroso para los médicos y para las enfermeras.

En uno de los informes que he visto acerca de las cárceles, vi que el treinta por ciento de los reclusos son homosexuales -y éste no es un informe muy exacto; ésta es la cifra mínima que las autoridades han aceptado- ya que la gente que está presa duran­te veinte o treinta años sin poder tener relaciones con una mujer, está siendo forzada a la homosexualidad.

Lo más simple debería ser que no hubiera cárceles separadas para mujeres, ¿por qué tiene que haberlas? Los reclusos deberían estar mezclados, hombres y mujeres y el SIDA y la homosexuali­dad podrían ser evitados. Pero los políticos no dicen nada acerca de esto por miedo. Su objeto es decir únicamente lo que la gente quiere oír, aquello que no va contra sus prejuicios, contra su men­talidad tradicional, puesto que dependen de sus votos.

Por eso digo que la gente religiosa debería ser consultada por los políticos y que éstos deberían escuchar atentamente sus con­sejos. Pero Rajiv Gandhi dice que los religiosos no deben intervenir en la política. Los políticos sí pueden intervenir en los asuntos religiosos; en esto no hay dudas. Así sucede desgraciadamente y queda muy poco tiempo.

Yo albergaba muchas esperanzas -y aún las sigo teniendo-­ de que en una situación tan peligrosa, quizás el hombre desperta­ra. Pero hay tristeza en mi corazón porque veo que si no se hace nada, entonces el fin de este siglo va a ser nuestro final.

Y no sólo nuestro final, sino también el final de todo el sueño de la Existencia de crear el ser consciente. Ha tenido éxito sólo en este planeta. Hay millones de estrellas y en cada una hay doce­nas de planetas; sólo en este pequeño planeta el milagro ha suce­dido. No sólo la vida existe, sino también la consciencia. No sólo la consciencia existe, sino gente que ha alcanzado la supre­ma culminación de la consciencia: un Gautama Buda, un Sócra­tes, un Pitágoras, un Chuang Tzu.

Al desaparecer la vida en este pequeño planeta, el universo entero se volverá tan pobre, que pasarán millones de años antes de volver a alcanzar el punto en que la consciencia pueda encon­trar el camino hasta la Iluminación.

La tristeza no es por mí; yo estoy absolutamente satisfecho. La muerte no puede quitarme nada. Siento tristeza por toda la Humanidad, pues su muerte destruirá la oportunidad de que se Ilumine, de que se vuelva feliz y de que descubra su sentido y su significado. Ha vivido en la oscuridad, ¿va a morir también en la oscuridad?

Quisiera que al menos mi gente no perdiera el tiempo pospo­niendo su propio crecimiento, pues los políticos están absoluta­mente preparados para destruirse unos a otros, para destruirlo todo. Su ansia de poder ha llegado al clímax. Antes de que triun­fen cometiendo un suicidio global, por lo menos debes llegar a conocer al Dios que existe dentro de ti.

Debes compartir tu gozo y tu silencio y tu risa con aquellos con quienes entres en contacto. No se puede dar un mejor regalo a los amigos, a los conocidos, a los hijos.

El tiempo es escaso y el trabajo tremendo, pero si eres valero­so, puedes aceptar el desafío. No dependas de los políticos; ellos no pueden hacer nada, ni siquiera son conscientes de lo que es­tán haciendo a la Humanidad, hacia qué oscuridad la están lle­vando.

 

 

Capítulo 5

No hay Noticias

 

 

 

Osho:

¿Podrías comentar este hermoso poema de Rumi que tanto me gusta?

 

Afuera, la helada noche del desierto;

dentro, esta otra noche, cálida y acogedora.

Deja que el paisaje se cubra de áspera corteza;

aquí dentro tenemos un plácido jardín.

La Tierra ha estallado, aldeas y ciudades;

queda sólo un globo calcinado y atrasado.

Las noticias que nos llegan

están llenas de pesar por el futuro,

pero la verdadera noticia es

que aquí dentro no hay noticias.

 

El poema de Mevlana Jalaludin Rumi es hermoso. Sus pala­bras son siempre hermosas. Es uno de los poetas más importan­tes y es también un místico. Es una rara combinación. Hay millo­nes de poetas en el mundo y sólo unos pocos místicos, pero un hombre que es ambos, es muy difícil de encontrar. Rumi es una rara flor. Fue tan gran poeta como místico. Por eso su poesía no es solamente poesía, no es sólo una bonita combinación de pala­bras. Encierra un tremendo significado y apunta hacia la verdad suprema. No es un entretenimiento; es Iluminación.

 

Él dice:

 

Afuera la helada noche del desierto;

dentro, esta otra noche, cálida y acogedora.

 

Afuera no es el espacio en el que debes estar. Afuera, eres un extraño; dentro estás en casa. Afuera, está la helada noche del desierto. Dentro, es cálido, dulce y acogedor.

Pero pocos son lo suficientemente afortunados para ir de afuera hacia dentro. Se han olvidado completamente de que tienen un hogar dentro de sí; lo buscan en donde no está. Durante toda su vida lo buscan, pero siempre en el exterior; nunca se detienen a mirar dentro.

 

Deja que el paisaje se cubra de áspera corteza;

aquí dentro tenemos un plácido jardín.

 

No te preocupes por lo que suceda en el exterior, en el interior hay un jardín siempre presto a darte la bienvenida.

 

La Tierra ha estallado, aldeas y ciudades;

queda sólo un globo calcinado y arrasado.

Las noticias que nos llegan

están llenas de pesar por el futuro,

pero la verdadera noticia

es que aquí dentro no hay noticias.

 

Esta última frase proviene de un antiguo dicho: "El no tener noticias es una buena noticia". Yo nací en un pueblecito donde el cartero venía sólo una vez a la semana y la gente temía recibir una carta. Se alegraban cuando veían que no había nada para ellos. Y de vez en cuando llegaba un telegrama para alguno. Tan solo el rumor de que alguien había recibido un telegrama conmocionaba tanto a todo el pueblo, que todos acudían al único hombre ins­truido que sabía leer. Todos estaban asustados. ¿Un telegrama? Eso quería decir "malas noticias". De otro modo, ¿para qué gas­tar dinero en un telegrama?

Aprendí desde mi niñez que el no tener noticias es una buena noticia. La gente era feliz cuando no recibía noticias de sus pa­rientes o amigos. Esto quería decir que todo iba bien.

 

Rumi dice:

Las noticias que nos llegan

están llenas de pesar por el futuro,

pero la verdadera noticia

es que aquí dentro no hay noticias.

 

Todo está en silencio y todo es hermoso, plácido, lleno de gozo, como siempre lo ha estado. No hay ningún cambio, por lo tanto, no hay noticias.

Dentro está el eterno éxtasis, por y para siempre.

Te diré de nuevo que estas líneas pueden volverse una reali­dad en tu vida. Antes de que esto suceda debes alcanzar dentro de ti el lugar donde nunca ha habido noticia alguna, donde todo está eternamente igual, donde la primavera no llega ni se va, sino que siempre permanece, donde ha habido flores desde un principio -si es que hubo un principio- y va a haberlas hasta el final -si es que va a haber un final-. En realidad, no hay principio ni final y el jardín es frondoso, verde, y está lleno de flores.

Antes de que el mundo exterior sea destruido por tus políticos, entra en tu mundo interior. Ese es el único sitio seguro que queda, el único refugio frente a las armas nucleares, ante el suici­dio global, contra todos estos idiotas que ostentan tanto poder destructor.

Al menos puedes salvarte a ti mismo.

Tenía esperanzas, pero al pasar los días me he ido convenciendo más y más de la estupidez del hombre. Aún tengo algunas, pero se deben sólo a mi viejo hábito; realmente mi corazón ha aceptado el hecho de que sólo unos cuantos pueden ser salvados. La Humanidad entera está decidida a destruirse a sí misma. Y esta gente... si tú les dices cómo pueden ser salvados, te van a crucificar; te apedrearán hasta matarte.

Mientras, viajo por todo el mundo y aún me río, pero con una cierta tristeza. Todavía danzo con vosotros, pero ya no con el mismo entusiasmo que hace diez años.

Parece que los más elevados poderes de la consciencia son impotentes contra los inferiores y sucios poderes de los políti­cos. Lo más elevado es siempre frágil, como una rosa; la puedes destruir con una piedra. No significa que la piedra sea superior a la rosa; es sólo que la piedra no es consciente de lo que hace.

La muchedumbre no es consciente de lo que hace y los políticos pertenecen a la muchedumbre. Son sus representantes. Y cuan­do un ciego guía a otros ciegos, es casi imposible despertarlos, porque el problema no es sólo que están dormidos, sino que tam­bién están ciegos.

No hay ya tiempo para sanar sus ojos. Hay suficiente tiempo para despertarlos, pero no para sanar sus ojos. Así que ahora, me dedico por completo a mi gente. Éste es mi mundo, porque los que están conmigo sé que pueden estar dormidos, pero no son ciegos.

Pueden ser despertados.

 

 

Parte 2

 

... aquí dentro tenemos un plácido jardín.

Jalaludin Rumi

 

 

Capítulo 6

¿Quién le Pone el Cascabel al Gato?

 

Osho:

Has dicho que no tienes interés por lo exterior, que no te interesa la política.

Sin embargo, hablas con frecuencia sobre política y políticos, haciéndonos comprender los problemas del mundo.

¿Puedes comentar esto?

 

Yo no tengo ningún interés en el mundo exterior, ni en la política, pero tengo un inmenso interés en ti. Tú estás viviendo en un mundo enfermo, sucio, con un pie en la tumba. Y yo no quiero que te ahogues en este mundo enfermo.

Por esto hablo contra tantas cosas. A mí me interesáis voso­tros, mis sannyasins. Hablo en contra de la política porque no quiero que mis sannyasins ignoren quiénes son los verdaderos cri­minales de este mundo. Por eso hablo contra los sacerdotes y las religiones, porque no quiero que caigas en ninguna trampa. Tie­nes que darte cuenta de quiénes son los auténticos criminales. El problema consiste en que creemos que estos grandes criminales son grandes dirigentes, sabios, santos, mahatmas y les tenemos un gran respeto en todo el mundo. No puedes imaginarte que sean criminales. Por eso tengo que insistir continuamente, todos los días.

Debes darte cuenta de que ellos son los criminales. En reali­dad los criminales que están en la cárcel no le han hecho ningún daño al mundo. Al­guien asesina a un hombre, otro roba algo; eso no es nada. Un solo Adolf Hitler mata a millones de personas. Ahora bien, ese hombre contiene en sí mismo tanta maldad, que se necesitarían millones de criminales para hacer un sólo Hitler.

Así que tengo que desenmascarar a toda esta gente, porque ellos son los culpables. Por ejemplo, es fácil comprender que quizás sean los políticos la causa de muchos problemas -gue­rras, asesinatos, masacres, gente que es quemada viva- pero se hace mucho más difícil comprenderlo cuando se trata de líderes religiosos, porque nadie ha levantado una mano contra ellos. Du­rante siglos han sido respetados y a medida que el tiempo pasa, su respetabilidad va en aumento. La tarea más difícil para mí es hacerte consciente de que esa gente -a sabiendas o no, eso no es lo que importa- ha creado este mundo.

Ahora, en todo el mundo se habla sobre el SIDA, pero aquí es el único lugar donde se afirma que es una enfermedad religiosa; en ninguna otra parte se dice esto. Por lo contrario, los curas dicen que es un castigo de Dios. Y la gente les creerá; creerá que es un castigo por la homosexualidad. Pero nadie se pregunta cómo surgió la homosexualidad o quién es el responsable de ella.

Y la gente no tiene la suficiente inteligencia para relacionar los hechos. No pueden asociar el hecho de que son las religiones las que han estado enseñando al hombre a permanecer célibe. Ellas son la raíz y la causa de todas las perversiones sexuales. Así que, si debe castigarse a alguien, no es a los homosexuales. Si alguien debe ser castigado, son esos dirigentes religiosos que han estado predicando el celibato. La homosexualidad es sólo un subproducto de la enseñanza del celibato.

Los periodistas que vienen aquí se escandalizan porque no pensaban que yo iba a culpar a las religiones por el SIDA. Ellos no alcanzan a verlo. Piensan que son mundos diferentes. No lo son. Y a menos que llegues a ver la causa real, no podrás luchar con el problema que ha surgido.

Ahora bien, lo primero que se necesita es que todos los gobiernos declaren ilegal, criminal, el celibato. En lugar de esto, hacen lo opuesto: declaran ilegal a la homosexualidad. La homo­sexualidad es un síntoma, no es la causa. Si conviertes a la homo­sexualidad en algo ilegal, entonces la gente empezará a hacer el amor con animales, lo cual no es ilegal. Tampoco es algo nuevo, es tan antiguo como el hombre. No pueden encontrar una mujer, no pueden encontrar un hombre, pero sí pueden disponer de un pobre animal. Si declaras ilegal la homosexualidad, si la convier­tes en delito -como lo es ahora en Texas- el homosexual busca­rá otra perversión que quizá traiga una enfermedad aún peor que el SIDA. Uno nunca sabe cuales pueden ser las consecuencias.

La gente debería darse cuenta de que no se puede ir en contra de la naturaleza, y cualquiera que enseñe a ir en contra de la naturaleza es enemigo de la gente.

A mí no me interesa ninguna religión, porque todas son pura basura; no me interesa la política porque no tengo ninguna ambición. Sólo la critico para que te des cuenta de las verdaderas cau­sas, -para que no te engañes como todo el mundo se engaña. Cuando algo se opone a la mente tradicional, ésta se conmociona.

Ahora bien, convertir la homosexualidad en un acto ilegal hará que ésta se extienda rápidamente. Y lo que se ha hecho en Texas se hará en todas partes de América y en otros países, porque los gobiernos son completamente estúpidos. Simplemente comien­zan a luchar con los síntomas y nadie se preocupa de las causas.

Y el hecho es que nadie quiere ver las causas porque son de tal naturaleza que superan su capacidad. Si empezaran a investigar las causas, quizás se demostraría que ellos mismos forman parte de esas causas. Los curas pueden ser parte de la causa. El Papa pue­de ser parte de la causa. Jesucristo podría ser la piedra fundamen­tal. Es mejor no meterse en esas cosas. Simplemente ocúpate del síntoma y empieza a luchar contra él. Reprime el síntoma.

Cuando reprimes el síntoma por un lado, estalla por el otro y se aleja cada vez más de la naturaleza.

La primera perversión se alejaba de la naturaleza, la segunda perversión se está alejando más, y la tercera perversión se alejará todavía mucho más. Y el hombre se sentirá cada vez más desgra­ciado porque ya no puede encontrar el camino de regreso. Las cosas se han vuelto demasiado complejas para que la gente nor­mal pueda volver otra vez a lo natural. Así que quiero que te des cuenta de que jamás hay que luchar contra los síntomas.

En Los Ángeles muere una persona cada día de SIDA y nadie parece saber qué hacer. En realidad, el mundo exterior está en tal estado que para ellos es muy difícil hacer algo. Y, ¿quién le pondrá el cascabel al gato? Ese es el problema.

Nosotros podemos hacerlo. No es demasiado complicado.

Conoces la vieja historia del gato que todos los días cazaba los ratones de la casa, hasta que finalmente los ratones se reunie­ron y decidieron que debían hacer algo. Un ratón joven, sin expe­riencia del mundo, dijo: "Es muy sencillo. Sólo hay que atar un cascabel al cuello del gato de forma que vaya donde vaya, podamos escondernos en nuestros agujeros. Así no podrá encontrar­nos". Una solución perfecta. Pero surgió un problema: ¿Quién le ataría el cascabel?

He contado esta historia varias veces. El joven ratón que dijo, "Atémosle el cascabel", agregó, "Yo lo haré. No os preocupéis". Los otros ratones dijeron sorprendidos: "Pero esta historia viene contándose desde siempre y siempre termina así. Por tanto, el que diga, "Yo lo haré" irá en contra de la tradición, contra la historia misma". Justo aquí es donde termina la historia, aquí es donde va el punto final.

A lo que el ratoncito contestó: "Ya no es así porque voy todos los días a una farmacia. Está justo al lado de la casa. Todo lo que necesitamos son algunas pastillas para dormir que yo puedo traer y poner en la leche del gato. Vosotros dadme el cascabel y yo me las arreglaré". ¡Y se las arregló! Sólo un par de pastillas para dormir y la historia cambió. Después de beberse la leche, el gato se quedó dormido, roncando y el joven ratón hizo su trabajo a la perfección.

Pero ésta es mi contribución a la historia. No está en ninguna parte y quiero hacer lo mismo con respecto a la Humanidad. Po­demos atar el cascabel alrededor del cuello del gato. No tenemos nada que perder.

Y quiero que os deis cuenta de todo. Antes de dejaros quiero que seáis conscientes para que no caigáis en las mismas trampas en las que toda la civilización, toda la sociedad, ha caído.

 

 

Capítulo 7

Sobre el Poder

 

Osho:

Por favor háblanos sobre el abuso del poder.

 

Hay una famosa frase de un filósofo inglés: "El poder corrom­pe; el poder absoluto corrompe absolutamente",

Yo no estoy de acuerdo con él. Mi análisis es totalmente dis­tinto. Todo el mundo está lleno de violencia, codicia, ira, pasión, pero al no tener poder es fácil hacerse pasar por santo. Para ser violento es necesario ser poderoso. Para satisfacer tus pasiones, tienes que ser poderoso.

Así, cuando el poder cae en tus manos, todos los perros que en ti dormían comienzan a ladrar. A la menor oportunidad, el poder se convierte en tu alimento. No es el poder el que corrompe, tú estás corrompido. El poder sólo expone tu corrupción. Quie­res matar a alguien, pero no tienes poder para hacerlo; si tuvieras poder, matarías.

No es el poder el que te corrompe, tú llevas la corrupción dentro de ti. El poder simplemente te da la oportunidad de hacer todo lo que querrías hacer.

El poder en manos de un hombre como Buda, no corrompe nada; por el contrario, ayuda a la Humanidad a elevar su cons­ciencia. El poder en manos de Genghis Khan, mata, viola muje­res, quema viva a la gente. Aldeas enteras son quemadas; no se permite a la gente escapar. No es el poder... este hombre, Genghis Khan, tiene que haber albergado todos estos deseos.

Casi es como cuando llega la lluvia y empiezan a crecer diferentes plantas; pero diferentes plantas tienen diferentes flores. Sea lo que fuere lo que está oculto en tus semillas, sea cual fuere tu potencial, el poder te brinda la oportunidad. La mayor parte de los seres humanos viven tan inconscientemente que cuando llegan al poder tienen la oportunidad de satisfacer todos sus instin­tos inconscientes. Entonces, ya no les importa si matan o envene­nan a la gente...

Me preguntas sobre el abuso del poder. Se abusa del poder cuando se tienen sucios deseos, herencia de los animales.

En un mundo mejor, lo primero debería ser... Desperdiciamos casi un tercio de la vida educando a nuestros niños. En ese lapso de tiempo habría que dedicar algunos momentos a limpiar su inconsciente de forma que cuando se graduaran en la universidad y alcanzaran algún tipo de poder -uno será comisario de policía, otro gobernador y otro primer ministro- al no tener veneno en su inconsciente, al no ser ya destructivos, no podrían abusar del poder. Y entonces, ¿quién más podría hacerlo?

El poder es neutral. Durante un año, mis sannyasins en Italia han estado tratando de conseguirme una visa de turista sólo por tres semanas; y hace un año que esperan. Las autoridades aún no han sido capaces de tomar una decisión. Finalmente, hace algunos días llegó una carta: en un año la vieja solicitud ha perdido validez y se necesita una nueva solicitud.

Se llenó otra solicitud -que yo firmé- y justamente ayer el embajador italiano me informó que me habían otorgado un visado de turista para diez días, pero bajo ciertas condiciones. Las condiciones son: "Informar en qué fecha, a qué hora y desde qué aeropuerto va a salir de la India. En qué fecha, a qué hora y en qué aeropuerto va a aterrizar en Italia. Y lo mismo para el regreso. Ya en Italia, en cualquier ciudad en que se encuentre, debe primero presentarse a la Comisaría de Policía e informar de cuánto tiempo va a permanecer en dicha ciudad. Además, antes de dejar la ciudad, debe presentarse de nuevo a la policía para notificarles su marcha. En la ciudad siguiente debe hacer lo mismo".

Le he dicho a Anando que escriba una carta al primer ministro italiano diciendo: "Hace sólo algunos meses usted estuvo de vi­sita en la India. ¿Qué condiciones le pusieron? Y ¿en cuántas comisarías de policía tuvo que presentarse? Además, ¿piensa usted que soy un asesino, o un terrorista, o acaso llevo bombas y dinamita? Háganos saber cuándo piensa volver a la India para que podamos prepararle una recepción realmente estupenda. Me niego a poner un pie en su tierra a menos que usted se disculpe por exigirme estas condiciones. Y aun así, no me ha concedido el visado para tres semanas, sino sólo para diez días. Por lo general se otorgan visados de tres meses y nadie ha oído jamás que se exigiera el cumplimiento de condiciones como esas".

Le dije a Anando que también le escribiera lo siguiente: "Pa­rece ser que Benito Mussolini aún no ha muerto. Su país no es un país democrático; es todavía fascista. Estas condiciones indican sin duda alguna, una mente fascista".

"Así que iré a Italia sólo si usted se disculpa públicamente, o iré a Italia cuando usted ya no esté en el poder. Y mi gente allí, tratará de asegurarse por todos los medios posibles de que usted no esté en el poder. Espere tan sólo a que haya nuevas elecciones, porque en Italia tengo miles de sannyasins y esto es un insulto para mis miles de sannyasins italianos".

El Papa viene a la India; el presidente y el primer ministro van a recibirle al aeropuerto y no se le pide que en cada ciudad que visite se presente en las correspondientes comisarías de policía. Él mismo ha estado aquí. Pero la próxima vez, si viene como primer ministro, sólo tiene que informamos de a qué hora y en qué aeropuerto aterrizará para que de este modo podamos res­ponder a sus condiciones.

A esta gente no la ha corrompido el poder. Es de por sí corrupta; el poder simplemente actualiza su corrupción.

El poder en sí, es neutral. En manos de un hombre bueno, es una bendición. En manos de un hombre inconsciente, es una maldición. Pero durante miles de años hemos condenado el poder, sin pensar que el poder no debe ser condenado. Es la gente la que tiene que depurarse totalmente de cualquier instinto que tenga oculto, porque todo el mundo, en algún momento, tendrá algún tipo de poder.

No es necesario que sea un gran poder. Simplemente puedes estar sentado en una estación de trenes, vendiendo boletos, pero eso también te da poder. Estás de pie frente a la ventanilla y el hombre ni siquiera te mira; continúa revolviendo su carpeta y puedes ver que no hace nada importante; sencillamente está tra­tando de demostrarte cuál es tu lugar. Incluso el peón sentado fuera de la oficina del recaudador, se comporta como si fuese el presidente del país. Así que no se trata de qué lugar ocupes; estés donde estés, tendrás algún tipo de poder.

Aurangzeb, uno de los emperadores musulmanes de India, era tan impaciente que no pudo esperar a que su padre muriese o envejeciese para sucederle. Encarceló a su propio padre y se con­virtió en emperador.

Su padre se había mantenido ocupado toda la vida. Ahora, sentado en su celda, envió un mensaje a su hijo: "Por lo menos, búscame treinta muchachos para que pueda enseñarles el sagrado Corán”.

Y el comentario que Aurangzeb hizo a sus cortesanos es muy significativo. Les dijo: "Ese viejo no quiere soltar el poder. Aho­ra ya no es el emperador. Pero con esos treinta estudiantes... en­señándoles el sagrado Corán, recuperará su poder".

Los psicólogos dicen, que las personas que tienen miedo de competir en la vida y hacerse poderosos eligen un camino más simple: se convierten en maestros de escuela. Niños pequeños... puedes acosarles, golpearles, a pesar de que es ilegal; pero suce­de en todo el país.

Justamente el otro día estuve leyendo un informe describien­do casos similares... pero el gobierno sigue ocultándolos. Es la primera vez que se ha reconocido, porque esta vez el resultado fue demasiado grave: unos maestros golpearon a unos niños con tanta dureza que les dejaron sordos de por vida.

Un niño, encadenado por su propio padre, ha permanecido casi diez años atado a un pilar de su casa. Se ha convertido casi en un animal. No puede ponerse de pie, sólo puede moverse a cuatro patas y debido a que fue forzado a vivir en la oscuridad, ha perdido la vista.

Incluso los padres usan su poder. Los profesores usan su po­der, los maridos usan su poder, las esposas usan su poder. No importa cuál sea tu posición.

Si la Humanidad llega a comprender la profundidad de las raíces psicológicas y cambia el inconsciente del hombre en forma tal que no haya semillas, podrá seguir lloviendo poder, pero no habrá ya flores de corrupción. De otro modo, el poder siempre será mal utilizado, se abusará de él. Y no se puede eliminar el poder de manos de la gente; alguien debe ser madre, alguien debe ser padre, alguien debe ser profesor.

El único modo es limpiar el inconsciente de la gente con la meditación, llenar su ser interior de luz. Sólo la meditación te da un corazón limpio, que no puede ser corrompido. Entonces no se abusará más del poder, sino que este poder podrá ser una bendi­ción, será creativo.

De este modo harás algo que haga la vida más amable, más digna de ser vivida, harás más hermosa la Existencia.

Pero ese gran día aún no ha llegado. Y si haces un esfuerzo para que ese día llegue, toda la gente adicta al poder estará en tu contra. Se me ha preguntado una y otra vez: "¿Por qué todo el mundo está en tu contra?".

Ellos son gente adicta al poder y yo estoy tratando de conver­tir al hombre en un estanque de serenidad, de paz y silencio, de amor y éxtasis.

 

 

Capítulo 8

El Político

 

Osho:

¿Es posible para un político ser un hombre religioso, o para un hombre religioso ser un político?

 

Es absolutamente imposible para un político ser un hombre religioso, porque los caminos de la política y de la religión son diametralmente opuestos.

Tienes que entender que no es cuestión de agregar algo a tu personalidad, la religión no es una adición. Si eres político, puedes ser además pintor, ser poeta, ser músico; estas son adiciones.

La política y la música no son diametralmente opuestas; al contrario, la música puede ayudarte a ser mejor político. Será relajante, te ayudará a descargarte del peso de todo el día y de las ansiedades que un político tiene que sufrir. Pero la religión no es una adición; es una dimensión diametralmente opuesta. Así que, primero tienes que entender al político, entender exactamente lo que significa.

El político es un hombre enfermo, psicológicamente enfermo, espiritualmente enfermo.

Físicamente puede estar perfectamente bien. En general lo está, pues todo el peso recae en su psique. Es fácil de ver. En cuanto el político pierde el poder, empieza a perder la salud física. ¡Qué extraño! Cuando estaba en el poder, cargado de ansiedades y ten­siones, estaba físicamente perfecto.

En cuanto pierde el poder, desaparecen también las ansieda­des; las tendrá otro. Su psique queda aliviada, pero al descargarse, todas las enfermedades recaen sobre su cuerpo.

El político -fisiológicamente hablando- sufre sólo cuando pierde el poder; por lo demás, los políticos tienden a vivir mucho y a estar físicamente bien. Es extraño, pero la razón es que toda su enfermedad es absorbida por su psique y cuando la psique absorbe todas las enfermedades entonces el cuerpo vive sin nin­guna carga. Pero si la psique se libera de todas las enfermedades, ¿dónde irán a parar? Por debajo de tu existencia psíquica está tu existencia física; toda enfermedad se manifiesta en el cuerpo. Los políticos sin poder, mueren al cabo de poco tiempo; los políticos en el ejercicio del poder viven más tiempo. Este hecho es conoci­do, pero su causa, no.

Entonces, lo primero que debes comprender es que el político es un hombre psicológicamente enfermo y que la enfermedad psi­cológica tiende a convertirse en enfermedad espiritual cuando ésta se intensifica, cuando la psique no puede ya contenerla. Y entonces, ¡cuidado! Si el político está en el poder, su enfermedad psíquica está destinada a extenderse a su ser espiritual porque él está conteniendo su enfermedad a fin de que no se extienda hacia abajo. Es su poder -al que él considera su tesoro- y no permiti­rá que se desplome.

Yo le llamo enfermedad; para él es su "fantasía de poder". Vive para esto, no tiene otro propósito. Cuando está en el poder contiene con firmeza su enfermedad, pero al desconocerlo todo respecto al ámbito de lo espiritual, tiene sus puertas abiertas. No puede cerrarlas porque no tiene ni idea de que exista algo más allá de su mente. Cuando está en el poder, llega un momento en que su enfermedad psicológica, si se intensifica, desborda su psi­que y alcanza su espiritualidad. Cuando no está en el poder, no tiende a aferrarse a esa estupidez. Ahora ya sabe lo que es, ahora es consciente de que no valía la pena aferrarse a él. Y de todas maneras, ¿para qué aferrarse? El poder se ha perdido, ahora él es un don nadie.

De pura desesperación, se relaja. Tal vez debería decir que la relajación le llega automáticamente. Ahora puede dormir, puede salir a caminar por las mañanas; puede chismorrear, jugar al aje­drez, puede hacer lo que quiera.

Psíquicamente se va aflojando; las puertas que ha mantenido cerradas entre su psique y su cuerpo empiezan a abrirse y ahora su cuerpo va a sufrir. Puede que tenga un ataque cardíaco, puede enfermar de cualquier cosa; todo es posible. Su enfermedad psíqui­ca fluirá hacia la parte más débil de su cuerpo. Pero mientras está en el poder, fluye hacia arriba, hacia su ser, del cual no tiene consciencia.

¿Y cuál es la enfermedad?

La enfermedad es el complejo de inferioridad.

Toda persona que se interesa por el poder sufre de un comple­jo de inferioridad. En lo más íntimo de su ser, se siente sin valor, inferior a los demás.

Y ciertamente; de alguna forma, todo el mundo es inferior. No eres un Yehudi Menuhin, pero no necesitas sentirte inferior por ello. Nunca trataste de serlo y además no es asunto tuyo. Yehudi Menuhin tampoco es como tú; entonces ¿cuál es el problema? ¿Dónde está el conflicto?

Pero la mente política sufre una herida debido a su inferiori­dad y el político continúa hurgando en su herida. Intelectualmente -no es un Alberto Einstein- siempre se compara con gigantes ­y psicológicamente no es un Sigmund Freud... Si te comparas con los gigantes de la Humanidad siempre te sentirás completa­mente humillado, sin valor.

Este sentimiento de carencia de valor puede re­solverse de dos formas: una es a través de la religión y la otra es por medio de la política.

La política no lo elimina, solamente lo cubre. Es el mismo hombre enfermo el que se siente inferior, es el mismo hombre el que ocupa el cargo de presidente. Pero el solo hecho de sentarte en una silla presidencial, ¿qué diferencia puede producir en tu situación interior? El ego es muy sutil y escurridizo y el político está enfermo debido a su ego. Puede encubrir la herida convir­tiéndose en presidente, primer ministro... Puede tapar su herida, pero la herida está ahí. Puedes engañar a todo el mundo, pero ¿cómo puedes engañarte a ti mismo? Tú sabes que está ahí, eres tú quien la ha escondido.

Y ésta es la situación de los políticos: sólo pus, heridas, inferioridad, sentimientos de inutilidad.

Sí, él ha ido subiendo cada vez más y más y en cada peldaño subsistía la esperanza de que en el próximo, la herida desapare­cería.

Es la inferioridad lo que crea la ambición, porque tu ambición es simplemente un esfuerzo por demostrar tu superioridad. La ambición no es más que el intento de demostrar tu superioridad. Pero, ¿para qué esforzarte en demostrar tu superioridad a menos que estés sufriendo un complejo de inferioridad?

En mi familia todos eran políticos, excepto mi padre. Todos me decían: "¿Por qué no te inscribes en el partido? ¿Por qué no votas? ¿Por qué desperdicias así tu energía? Si te dedicaras a la política, podrías llegar a ser presidente o primer ministro".

Yo les contestaba: "Os habéis olvidado completamente de con quién estáis hablando. No me siento inferior. Entonces, ¿por qué tendría que desperdiciar mi vida siendo presidente? Es como si vosotros quisierais operarme de cáncer sin tener yo cáncer; es extraño. ¿Por qué operarme innecesariamente? Vosotros sufrís de algún complejo de inferioridad y estáis pro­yectando vuestro complejo sobre mí. Estoy perfectamente bien como soy. Estoy absolutamente agradecido a la Existencia, me encuentre donde me encuentre, ¡pase lo que pase! Nunca he pedi­do otra cosa, así que no hay forma de desilusionarme".

Ellos decían: "Hablas de cosas extrañas. ¿Qué es este "com­plejo de inferioridad?” Y ¿qué tiene que ver este complejo con la política?".

"No entendéis de psicología elemental ni tampoco vuestros grandes políticos saben nada de ella", les decía yo. "Todos estos grandes políticos del mundo son gente enferma y optan por con­tinuar tapando sus heridas. Sí, pueden engañar a otros. Cuando Jimmy Carter sonríe, te engaña, pero ¿cómo puede Jimmy Carter engañarse a sí mismo? Él sabe que sólo es un movimiento de los labios. No hay nada dentro, no hay sonrisa.

La gente llega al más alto peldaño de la escala y allí se da cuenta de que ha desperdiciado toda su vida. Ha llegado, pero ¿a dónde? Ha llegado al lugar por el que estaba luchando y no ha sido una batalla fácil, luchó con uñas y dientes, destrozando por el camino a otros, usándoles como medio y pisándoles la cabeza.

Has llegado al final de la escalera, y ¿qué has ganado? Sim­plemente has desperdiciado toda tu vida. Pero incluso para acep­tar esto se necesita un gran valor. Es mejor continuar sonriendo y manteniendo la ilusión; así por lo menos otros pensarán que eres un gran hombre.

Tú sabes muy bien quién eres. Eres exactamente el mismo de antes, quizás peor, porque toda esta lucha, toda esta violencia, te ha hecho peor.

Has perdido toda tu humanidad. Ya no eres un ser.

Te has alejado tanto... Gurdjieff solía decir que no todas las personas tienen un alma, por la sencilla razón, de que... no es literalmente verdad, pero él solía decir: "No todas las personas tienen alma, sólo algunas personas que descubren su ser la tie­nen. Los demás están simplemente viviendo una ilusión porque las escrituras dicen y todas las religiones predican que se nace con un alma".

  Gurdjieff fue muy drástico. Dijo: ''Todo esto es una estupi­dez; tú no has nacido con alma, tienes que merecerla, ganarla".

  Y yo entiendo lo que él quería decir; aunque yo no diría que naciste sin alma.

  Naciste con un alma, pero esta alma es sólo potencial, y lo que Gurdjieff dijo es exactamente lo mismo.

Tienes que actualizar ese potencial. Tienes que ganar el alma.

Tienes que merecerla.

El político se da cuenta de esto cuando toda su vida se ha ido por el desagüe. Ahora, o bien lo confiesa... lo cual le resulta ab­solutamente estúpido porque estaría confesando que toda su vida ha sido la vida de un idiota.

Las heridas no se curan cubriéndolas.

La religión cura.

Las palabras meditación y medicina tienen la misma raíz. La medicina es para el cuerpo; la meditación es para el alma.

Es medicinal, es una cura.

Tú me preguntas, "¿Puede un político ser religioso?" Permaneciendo en la política es imposible. Si la deja, ya no es un polí­tico y puede entonces convertirse en un hombre religioso.

No estoy haciendo divisiones, no estoy impidiendo a los po­líticos ser religiosos. Lo que estoy diciendo es que mientras sean políticos no pueden ser religiosos, porque son dimensio­nes distintas.

O curas tu herida, o la ocultas; no es posible hacer ambas cosas. Y para curarla tienes que destaparla, no cubrirla. Descú­brela, conócela, entra profundamente en ella, súfrela.

Lo que necesitas es explorar todo tu ser sin prejuicios, sin condenas, porque encontrarás muchas cosas que te han dicho que son malas, pecaminosas. Así que no te acobardes, déjalas ahí. Sencillamente, no es necesario condenarlas.

Has empezado a explorar. Sólo fíjate en lo que hay ahí. Fíjate y sigue adelante. No lo condenes, no le pongas una etiqueta. No prejuzgues, ni a favor, ni en contra, porque eso es lo que te impi­de explorar. Tu mundo interno se cierra inmediatamente, te pones tenso: "En mí hay algo que va mal". Vas hacia dentro y ves algo; te da miedo porque es algo malo: codicia, lujuria, rabia, celos... ¡Dios mío! ¡Todas esas cosas en mí! Es mejor no entrar.

Por eso millones de personas no entran en su interior. Simple­mente se sientan en el umbral, fuera de su casa. Viven toda su vida en el portal. ¡Eso es vivir en el porche! Nunca abren la puer­ta de su casa... y la casa tiene muchas habitaciones, es un pala­cio. Si entras, te encontrarás con muchas cosas que los demás te han dicho que están mal. Tú no lo sabes, sencillamente di: "Soy un ignorante. No sé quién es el que está aquí dentro. Sólo he venido a explorar, a hacer un reconocimiento". Y uno que ins­pecciona no necesita tomarse la molestia de juzgar si algo está bien o mal, simplemente sigue mirando, vigilando, observando.

Y te sorprenderá la más extraña experiencia. Detrás de lo que hasta ahora habías llamado amor, se encuentra escondido el odio. Sólo toma nota...

Lo que hasta ahora has venido llamando humildad, tiene al ego escondido detrás. Toma nota...

Si alguien me pregunta: "¿Eres un hombre humilde?", no puedo decir: "Lo soy", porque sé que la humildad es sólo el ego cabeza abajo. No soy un egoísta, ¿cómo puedo entonces ser humilde?

¿Me comprendes? Es imposible ser humilde sin tener un ego. Y una vez que comprendes -como te decía que ambos van juntos-, lo extraordinario sucede.

En el momento en que ves que tu amor y tu odio, tu humildad y tu ego, son uno, se evaporan.

No debes hacer absolutamente nada. Has descubierto su se­creto. Ese secreto les ayudaba a permanecer dentro de ti. Conoces su secreto; ahora ya no hay para ellos un lugar donde escon­derse. Entra en ti, una y otra vez, y cada vez encontrarás ahí menos cosas. La multitud que hay en ti se estará marchando, las masas empiezan a dispersarse y no está lejano el día en que te dejarán solo y ya no habrá nadie; el vacío está en tus manos. Y de repen­te, estás curado.

No hagas ninguna comparación, porque tú eres tú, y el otro es el otro. ¿Por qué debería compararme con Yehudi Menuhin o con Pablo Picasso? No veo la necesidad... ellos hacen sus cosas, yo hago las mías; ellos gozan haciendo lo suyo... quizás sea porque con respecto a otro, no puedo asegurar nada. Pero estoy seguro de mí mismo, estoy seguro de que disfruto de cualquier cosa que hago o dejo de hacer.

Sólo puedo estar seguro respecto a mí.

Y si sigues explorando tu mundo interior sin condenas, sin apegos, sin pensar en absoluto, sólo observando los hechos, todo empieza a desvanecerse. Y llega un día en que te quedas solo; la multitud se ha ido. Y en ese momento, por primera vez, sientes, comprendes, lo que supone curarte psíquicamente.

  Y desde la sanación psíquica se abre la puerta para la curación espiritual.

  No necesitas abrirla tú; se abre por sí misma. Con sólo llegar al centro psíquico, la puerta se abre. Ha estado esperándote, tal vez durante muchas vidas. Cuando llegas, la puerta inmediata­mente se abre y desde esa puerta no sólo te ves a ti mismo, sino que contemplas toda la Existencia, todas las estrellas, el cosmos entero.

Por lo tanto puedo afirmar rotundamente que ningún político puede llegar a ser religioso a menos que deje la política. Entonces deja de ser un político y lo que estoy diciendo ya no se refiere a él.

 

 

También has preguntado,

"¿Puede un hombre religioso con­vertirse en un político?".

 

Esto es aún más imposible que lo ante­rior, porque para él no hay motivo alguno para llegar a serlo. Si la inferioridad es la causa que te lleva a la ambición, ¿cómo puede entonces un hombre religioso convertirse en un político? No hay nada que le mueva a ello. Pero ha sucedido de vez en cuando en el pasado y puede volver a suceder en el futuro, así que deja que te cuente...

En el pasado fue posible porque el mundo estaba dominado por la monarquía. De vez en cuando, el hijo del rey podía resultar un poeta. Es muy difícil que un poeta llegue a ser el presidente de América, ¿quién le escucharía? La gente pensaría que está loco y les parecería un hippie. ¿No puede arreglarse a sí mismo y está tratando de arreglar al mundo?

Pero en el pasado esto fue posible debido a la monarquía. El último emperador de la India, del cual los británicos tomaron el poder, fue un poeta -por esto los británicos lograron ocupar la India- Bahadurshah Zafar, uno de los mejores poetas urdus. Ahora no es posible que un poeta llegue a ser emperador; fue sólo un accidente que naciera como hijo de un emperador.

De la misma forma, en los antiguos días de la monarquía del hemisferio occidental fue posible que apareciese un hombre como el emperador romano Marco Aurelio. Era un hombre religioso, pero esto fue sólo accidental. Marco Aurelio no podría ser hoy día presidente o un primer ministro, porque no iría por ahí pi­diendo votos, no mendigaría, ¿para qué?

En la India ha sucedido unas cuantas veces. Ashoka, uno de los grandes emperadores de la India fue un gran científico.

De modo que en el pasado fue posible gracias a la monarquía. Pero con la monarquía, también algunos idiotas llegaron a reyes, algunos locos llegaron a reyes; todo es posible. No estoy a favor de la monarquía; simplemente digo que con la monarquía fue posible que un hombre religioso, accidentalmente, se convirtiera en emperador.

La democracia no va a durar mucho tiempo porque el político es un ignorante comparado con un científico; está ya en manos del científico.

El futuro pertenece a los científicos, no a los políticos. Esto significa que vamos a tener que cambiar la palabra "de­mocracia". Yo tengo una palabra mejor: "meritócracia".

El mérito será el factor decisivo. Gobernar no dependerá de los votos que consigas lanzando toda clase de promesas y espe­ranzas, sino de tu mérito; tu verdadero valor en el mundo cientí­fico, decidirá. Y cuando el gobierno llegue a manos de los científicos, todo será posible porque yo he llamado a la ciencia, la "religión objetiva"; y a la religión, la "ciencia subjetiva".

Una vez en manos de la ciencia, el mapa del mundo será dife­rente porque entonces ¿por qué razón tendrían que pelear un cien­tífico soviético y un científico americano? Ambos trabajarán en los mismos proyectos; será mucho más rápido si lo hacen juntos. Es pura estupidez que en todo el mundo, en cada nación, se estén repitiendo los mismos experimentos. ¡Es increíble! Toda esa gente unida podría hacer milagros; dividida, lo encarece todo.

Por ejemplo, si Albert Einstein no hubiese escapado de Ale­mania, ¿quién hubiera ganado la Segunda Guerra Mundial? ¿Pien­sas que la hubiesen ganado América, Gran Bretaña y Rusia? No. La huida de un solo hombre -Albert Einstein- al escapar de Ale­mania, forjó la historia. Nombres sin importancia como Roosevelt, Churchill, Stalin, Hitler, no significan nada. Este hombre lo hizo todo, porque creó la bomba atómica. Escribió una carta a Roosevelt diciendo: "Tengo preparada la bomba atómica. A me­nos que la utilice no habrá forma de ganar la guerra".

Se arrepintió de esto toda su vida, pero esa es otra historia... Pudo haber dirigido esa carta a otro en vez de a Roosevelt, a Adolfo Hitler, y toda la historia hubiese sido diferente, totalmente diferente.

El futuro está en manos de los científicos. No está muy lejos. Ahora existen armas nucleares y los políticos no pueden estar controlándolo todo, no saben nada de ellas, ni siquiera el ABC.

Tarde o temprano el mundo estará en manos de gente con los méritos suficientes. Primero pasará a manos de los científicos. Lo puedes considerar casi como una predicción: el mundo pasará a depender de los científicos. Y desde ahí, se abrirá una nueva dimensión. Tarde o temprano el científico invitará al sabio, al santo, a que le ayude porque él solo no podrá arreglárselas.

El científico no es capaz de dirigirse a sí mismo. Puede mane­jarlo todo, menos a sí mismo. Alberto Einstein puede conocer todo lo referente a las estrellas del universo, pero no sabe nada acerca de su propio centro.

Éste será el futuro: de los políticos a los científicos, de los cientí­ficos al hombre religioso. Pero esa será una clase de mundo total­mente diferente. El hombre religioso no pedirá nada. Tú tendrás que pedírselo a él. Tú tendrás que solicitarlo. Y si ellos sienten que eres sincero y que existe una necesidad, es posible que ac­túen en el mundo. Pero recuerda que no será en absoluto política.

Así que deja que lo repita: el político puede llegar a ser reli­gioso si abandona la política; si no, es imposible que lo sea.

El hombre religioso puede llegar a formar parte del mundo político solamente si la política cambia toda su estructura. De otro modo es imposible para un religioso involucrarse en políti­ca. No puede ser un político.

Pero según están evolucionando las cosas, es absolutamente seguro que el mundo tendrá que ser dirigido por científicos y que después de éstos tendrá que pasar a manos de los místicos. Sólo en manos de los místicos estarás a salvo. El mundo puede ser realmente un paraíso.

En realidad no hay otro paraíso, a menos que hagamos uno aquí.

 

 

Capítulo 9

El Sacerdote

 

 

­Un antiguo cuento.

Un diablillo va corriendo a ver a su jefe. Temblando le dice al viejo demonio, "Hay que hacer algo inmediatamente, porque en la Tierra un hombre ha encontrado la Verdad. Y si la gente cono­ce la Verdad, ¿qué pasará con nuestra profesión?".

  El viejo diablo "se rió y dijo, "Siéntate y descansa, no te preocupes. Todo se arreglará, ya tenemos gente allí".

Pero él dijo: "Vengo de allí y no he visto ni a uno solo de los nuestros”.

El viejo le contestó: "Los curas son mi gente. Ya han rodeado al hombre que encontró la Verdad. Ahora serán los mediadores entre el hombre de la Verdad y las masas. Harán templos, escribi­rán escrituras, interpretarán, y lo distorsionarán todo. Pedirán a la gente que adoren y recen. Y en todo este lío, la verdad se perderá. Éste es mi viejo método; siempre ha dado resultado".

 

Los sacerdotes no son amigos de la religión que representan; son sus grandes enemigos, porque la religión no necesita mediadores. Entre tú y la Existencia la relación es inmediata. Todo lo que tienes que aprender es cómo entender el lenguaje de la Exis­tencia.

La Existencia sólo conoce un lenguaje: el del silencio.

Si tú puedes estar también en silencio, podrás entender la verdad, el significado de la vida, el significado de todo lo que existe. Y no hay nadie que pueda interpretarlo por ti. Cada uno tiene que encontrarlo por sí mismo. Nadie puede hacerlo por ti; pero eso es lo que los curas han estado haciendo durante siglos. Ellos se han inter­puesto entre tú y la Existencia como una Muralla China.

Si la gente comienza a acercarse a la realidad sin que nadie la guíe, sin que nadie le diga lo que es bueno y lo que es malo, sin que nadie le dé un mapa que tenga que seguir, millones de perso­nas serían capaces de comprender la Existencia, porque el latido de nuestro corazón es también el latido del universo. Nuestra ­vida es una parte de la totalidad de la vida.

No somos foráneos, no venimos de alguna otra parte; estamos creciendo con la Existencia. Somos una parte esencial de Ella; sólo tenemos que estar lo bastante silenciosos como para poder escuchar aquello que no puede ser expresado en palabras: la música de la Existencia. Una vez que comienza a penetrar en nues­tro corazón, llega la transformación y ese es el único camino para que alguien se torne religioso; no por ir a la iglesia, ni por leer las escrituras, que son hechas por el hombre. Pero los sacerdotes han hecho creer -falsamente- que sus sagradas escrituras fue­ron escritas por Dios. La sola idea es simplemente estúpida. Mira esas escrituras, no encontrarás ninguna firma de Dios en ellas.

Cada escritura lleva intrínsecamente la evidencia de haber sido es­crita por el hombre; y por un hombre muy estúpido, muy primitivo.

Las escrituras son hechas por el hombre, las estatuas de Dios son hechas por el hombre, los templos y las iglesias también; pero miles de años de condicionamientos les han conferido una cierta inviolabilidad. Y no hay nada sagrado ni santo en ellas. Los sacerdotes, más que nadie, han estado engañando al hombre. Ésta es la peor profesión del mundo, incluso peor que la prostitu­ción. Por lo menos las prostitutas te dan algo a cambio; los sacer­dotes simplemente te dan bla, bla, bla. No tienen nada para darte. Y esto no es todo. Siempre que alguien  ha alcanzado la verdad, los sacerdotes están en su contra. Obviamente tienen que estarlo, porque si la verdad es reconocida por la gente, millones de curas en el mundo se quedarían sin empleo. Y su empleo es absoluta­mente improductivo. Son parásitos, chupan la sangre a los hom­bres. Desde el momento en que el niño nace hasta que muere, el sacerdote está buscando maneras de explotarlo.

A menos que la religión se libere de las manos de los sacerdo­tes, el mundo permanecerá sólo en una pseudo-religión; nunca llegará a ser religioso.

  Y un mundo religioso no puede ser tan desgraciado; el mundo religioso debería ser una celebración constante.

El hombre religioso no es más que éxtasis puro. Su corazón está lleno de canciones. Su ser está listo para bailar en cualquier momento.

Pero el sacerdote ha abolido la búsqueda de la verdad. Ha dicho: "No hay necesidad de buscar más; ya se ha encontrado. Sólo tienes que tener fe".

Los sacerdotes han hecho infeliz a la gente, porque condenan todos los placeres del mundo. Condenan los placeres del mundo, para alabar los placeres del otro mundo.

El otro mundo es su fantasía y quieren que la Humanidad sa­crifique su realidad por una idea ficticia. Y la gente se ha sacrifi­cado. Los curas son enemigos de todos aquellos que aman la ver­dad, de aquellos que buscan la verdad y de aquellos que ya la han encontrado.

Mientras más cerca estás de la verdad, más se convierten los sacerdotes en tus enemigos. Estás perturbando a sus clientes, es­tás interfiriendo en su negocio. Ellos son muy eficientes argu­mentando; han pulido sus argumentos. No tienen otra cosa que hacer; solamente argumentan.

Pueden perturbarte, pueden confundirte. Tú no conoces la verdad; tampoco ellos la conocen, pero sí saben de teorías, de sofismas. Pueden convencerte de lo que quieran. Todos los sa­cerdotes pertenecen a la categoría de los sofistas.

La retórica es prostitución y los argumentos no prueban nada. Con una argumentación un poco mejor se les puede demoler.

Si tú no tienes experiencia, es peligroso que entres en argu­mentaciones, en discusiones, en retóricas, porque tu mente sin experiencia puede ser convencida con argumentos de algo que no es verdadero.

Primero vive la experiencia; entonces no tendrás necesidad de argumentos, porque ningún argumento podrá destruir tu experien­cia. Tu experiencia tiene la cualidad de ser por sí misma evidente.

Los sacerdotes pretenden ser muy humildes, pero son muy vengativos. Y puedes verlo en el mundo. Sólo han hecho una cosa: provocar guerras -las guerras religiosas, las llamadas cru­zadas. Han matado mucha más gente que nadie, en nombre de la religión, en nombre del amor, en nombre de la verdad.

Su humildad es hipocresía.

Su venganza es bien conocida.

Durante miles de años han estado destruyendo la unidad del ser humano. Toda la Humanidad es una, pero los sacerdotes no van a permitirlo, porque si toda la Humanidad se volviera una, si todos estos adjetivos se dejaran de lado -cristiano, judío, hindú, o musulmán- los sacerdotes estarían perdidos. Tienen una pro­fesión muy bien remunerada y no hacen nada, excepto crear pro­blemas y disturbios entre las diferentes religiones. ¡Ni los pue­des tocar! Incluso al ponerte en contacto con ellos te puedes con­taminar. Es la profesión más desagradable del mundo.

Todos los redentores han creado diferentes clases de esclavi­tud. De hecho, nadie puede redimir a nadie. Uno puede redimirse a sí mismo, pero no pretender que "Yo soy el redentor; cree en mí y yo te salvaré. Soy el salvador, el único y verdadero salvador". Eso ha creado prisiones.

Estas prisiones son espirituales y psicológicas, y es por eso que tú no las ves. Si no, ¿qué quieres decir cuando dices: "Soy cristiano" o "Soy hindú", o "Soy budista?”.

Significa que, "Yo creo que Gautama Buda va a ser mi reden­tor, o que estoy sencillamente esperando a que Jesucristo venga a redimirme".

Has abandonado todo esfuerzo por transformarte, y esa es la única forma que existe para lograr cualquier transformación. To­dos esos redentores han creado sólo prisiones para la gente.

Y los sacerdotes son los representantes de estos redentores sin vida.

Estos sacerdotes son también esclavos, pero al menos esa ser­vidumbre les produce riquezas. Los otros que son también escla­vos, están perdiendo el tiempo esperando. Esperar es siempre es­perar a Godot; nunca llega.

Todas las religiones destruyen la dignidad del hombre; le lla­man pecador. En vez de dignificarle haciéndolo más hermoso y más verdadero, haciendo de él un Dios en la Tierra, han convertido a toda la Humanidad en una masa de pecadores. Y así, todo lo que le queda por hacer es decir: "¡Sube de rodillas la escalera, pecador!".

A esto le llaman tener devoción, a esto le llaman oración. Esto no es más que suicidio. Es la destrucción de ti mismo, del amor por ti mismo, del respeto por ti mismo, de tu dignidad.

Tú eres la más alta evolución de la Existencia.

La Existencia ha soñado y esperado que tú alcances los más altos estados de consciencia.

La Existencia sueña en convertirte en superhombre, pero estos sacerdotes han encontrado super-pecadores.

¿Para qué se necesitan todas estas iglesias, templos, sinago­gas? ¿No es todo este mundo, este universo entero, un hermoso templo?­

El cielo lleno de estrellas por la noche, el día pleno de luz del sol, los pájaros cantando, las flores floreciendo, ¿qué mayor be­lleza puedes crear?

Este espacio es tu libertad.

Permaneciendo atado a falsas ideologías en una iglesia, no eres nada; sólo un prisionero.

Este universo es el templo de Dios. Y todo lo que tiene vida, no es más que divinidad.

Todo es sagrado, nada es profano.

La dualidad es creada por los sacerdotes. Y la dualidad entre lo profano y lo sagrado, ha creado la dualidad en ti, entre el cuer­po y el alma. Ha creado una Humanidad esquizofrénica; todos están divididos.

A menos que te vuelvas uno, en profunda armonía y sintonía, nunca escucharás la música celestial, la cual es la única prueba de que el mundo no es malo, de que el mundo está vivo. No sólo vivo, sino consciente; no sólo consciente, sino continuamente creativo.

Los cristianos dicen que este mundo fue creado en seis días y que en el séptimo -el domingo- Dios descansó. Y aún está des­cansando. Su lunes no ha llegado aún.

Este mundo, este vasto universo sin límites, es un continuo proceso de creatividad. Todavía está siendo creado. ¿Quién dijo que la creación se completó en seis días? Y ¿por qué tenía que acabarse en seis días? Nada parece estar acabado. Todo está cre­ciendo; la inteligencia del hombre está creciendo, su consciencia está creciendo.

En esos seis días, Dios no creó a Zarathustra, Dios no creó a Gautama Buda, no creó a Jesucristo. Estos son pasos pertene­cientes a una evolución superior. Tú eres sólo un puente; no eres un ser, sino una posibilidad. Es obvio, absolutamente evidente, que el hombre es una posibilidad.

Todo lo que ha llegado a ser perfecto, muere, porque no hay posibilidad de crecimiento. Se ha extinguido a sí mismo, se ha consumido completamente.

La vida tiene que seguir siendo una posibilidad, no una reali­dad. Tiene que seguir progresando, alcanzando cielo tras cielo, cumbre tras cumbre.

Si Dios fue el creador del mundo ¿por qué la gente está mu­riendo de desnutrición? ¿Se ha olvidado Dios del universo que creó? Si Dios creó el universo, entonces, él es el responsable de todos los pecadores, de todos los criminales, porque él creó la semilla del crimen y la semilla del pecado. De otra manera, ¿de dónde vendrían? Él es el único Creador.

Si el hombre asesina, ¿quién creó el deseo de matar? Si el hombre viola, ¿quién creó el deseo de violar? ¿Quién es entonces el responsable de las armas atómicas? ¿Quién es el responsable de Adolfo Hitler y de la Segunda Guerra Mundial? Él fue respon­sable de cincuenta millones de muertes en la Segunda Guerra Mundial ¿Y quién será el responsable, si la Tercera Guerra Mun­dial sucede y toda la vida es destruida en este hermoso planeta?

Dios tiene que asumir su responsabilidad. Si Él es el creador, tiene que ser también el destructor. La implicación es clara.

Y esos idiotas todavía están adorando a Dios; son realmente héroes. Hay mucho de heroico en su adoración; adoran a un Dios que priva a sus criaturas, a Adán y a Eva, de volverse sabios, de permanecer vivos eternamente. Aun así, los sacerdotes continúan adorándolo y la gente camina ciegamente tras el sacerdote.

Muchos más hombres han sido asesinados en el nombre de Dios, que en ningún otro nombre. Extraño Dios, extraño creador.

Y extraños representantes cuyo único trabajo consiste en matar al hombre, en destruir al hombre.

¡Qué extraños son esos mal llamados ministros religiosos cuya enseñanza es la renuncia al mundo! ¡Y Dios creó el mundo! ¿Pue­des ver la contradicción? Si Dios creó el mundo, entonces el re­nunciar al mundo significa renunciar a Dios.

George Gurdjieff solía decir que todas las religiones están en contra de Dios. Decía que estaban en contra de Dios porque to­das enseñan a renunciar al mundo. Pobre Dios. Creó el mundo en seis días y se cansó tanto que su lunes no le ha llegado aún. No se le ha visto por aquí otra vez. Quizás se desgastó de tal forma, que se agotó; se durmió un domingo y nunca más despertó. Y esa gente sigue predicando que renuncies al mundo. Renunciar al mundo es renunciar a Dios, porque ésta es su creación.

No parecen haber sido redimidos.

No hay más que mirar a los discípulos de las mal llamadas religiones. ¡Ve y observa a los monjes jainos! Sus ojos no de­muestran inteligencia, sus caras no resplandecen de luz y de glo­ria. Se torturan a sí mismos; esa es su disciplina. Y si te torturas a ti mismo, no puedes ser una hermosa flor.

Y todas las religiones... viendo al Papa, ¿sientes que tiene algo de divino? ¿Un aura de divinidad? Y el Papa que le precedió fue homosexual. ¿Es la homosexualidad divina? Tal vez, porque la trinidad cristiana parece ser un grupo "gay": Dios el padre, Dios el hijo y un extraño tipo, el Espíritu Santo. Ni una sola mujer.

En el transcurso de los años los Papas han quemado a miles de mujeres vivas, condenándolas como brujas. ¿Cuál fue el crite­rio para decidir quién era bruja? Ahora las brujas no existen. De repente aparecieron y de repente desaparecieron. No había un criterio y cualquiera podía informar al Papa.

El Papa nombraba un tribunal especial con sólo sospechar que una mujer era una bruja -y cualquier hombre estaba califi­cado para sospechar de ella-. No se pedían razones. La mujer era aprehendida e inmediatamente torturada durante un sinfín de días. Se la hacía pasar hambre, sed, se la golpeaba. Inventaron máqui­nas de tortura.

Y finalmente -porque aquello parecía ser la única forma de librarse de la tortura- ella se confesaba bruja. Su confesión era la única prueba y una confesión la puedes arrancar a cualquier persona si la torturas lo suficiente como para que no tenga otra salida. Y se le indicaba qué era lo que tenía que declarar ante el tribunal: que era bruja y que mantenía relaciones sexuales con el demonio.

El demonio no existe, pero la mujer tenía que confesar que sí, ante el tribunal, porque si no, la tortura comenzaba nuevamente. Y una vez que aceptaba ser bruja y haber mantenido relaciones sexuales con el demonio, entonces el tribunal se daba por satis­fecho. No había necesidad de más evidencias. El juicio era sim­ple: la mujer debía ser quemada viva delante de todo el pueblo para que todos pudieran presenciar lo que te podía suceder si mantenías relaciones sexuales con el demonio. Miles de mujeres fueron quemadas. Y los Papas fueron los responsables.

Estos Papas no demuestran saber disfrutar, no tienen alegría, creatividad, silencio. Sólo hacen estupideces como besar el sue­lo. Cuando este Papa polaco viajó aquí, besó la tierra del aero­puerto de Delhi. Yo dije: "Ahora saboreas la religión hindú por primera vez, porque aquí toda la tierra está llena de estiércol de vaca, de vaca sagrada. Y si besas la tierra, simplemente demues­tras tu estupidez y nada más".

  Ellos han de demostrar que están redimidos, que están despiertos, liberados.

  Pero no es así; se les ve más y más esclavos.

  Son impostores, se llaman a sí mismos pastores, pero pertenecen al mismo rebaño que las ovejas, porque no son conscientes de un simple hecho: para el futuro existen muchos puentes. El hombre tiene muchas potencialidades. Puede llegar a ser muchas clases diferentes de hombre nuevo.

Y en el mundo necesitaremos que cada nuevo hombre sea úni­co, para que así, la variedad y la belleza que la variedad brinda, permanezca viva en la tierra. Si todo el mundo fuera igual, la vida sería un aburrimiento.

Los sacerdotes han detenido el crecimiento del hombre, han obstaculizado -de todas las formas posibles- su vuelo a cielo abierto. No han permitido la libertad.

Todo lo que necesitas es encontrar el camino hacia una liber­tad total, libertad de toda clase de servidumbres psicológicas y espirituales. Y tú mismo serás tu propio redentor. Y serás un hom­bre inmensamente superior a todos tus redentores.

 

 

Capítulo 10

El Hombre es Su Propio Enemigo

 

Las religiones han destruido la integridad del hombre. Lo han fragmentado. Y lo que es peor, lo han fragmentado en partes con­trapuestas.

El mayor crimen contra la Humanidad ha sido el cometido por las religiones. Han vuelto a la Humanidad esquizofrénica, pro­porcionando a cada individuo una personalidad dividida. Y lo han hecho de una manera muy astuta.

Primero se le dijo al hombre: "No eres el cuerpo" y después, "El cuerpo es tu enemigo". La conclusión lógica fue: no formas parte del mundo y el mundo no es más que un castigo; estás aquí como castigo. Tu vida no es -ni puede ser- una fiesta. Sólo puede ser un lamento, una tragedia. Tu destino en la Tierra es sufrir.

Tuvieron que hacerlo para glorificar a Dios -que es una ficción poética- y para exaltar el cielo -que es una extensión de la co­dicia humana- y para hacer que la gente temiera al infierno, lo que supone crear un gran miedo en el centro mismo del alma humana. De este modo han atrapado al hombre y le han diseccio­nado.

Ninguna religión acepta como simple, natural y real que el hombre es una unidad, que este mundo no es un castigo y que este mundo no está separado del hombre. El hombre está enraiza­do en este mundo de la misma forma que lo están los árboles. Este planeta -la Tierra- es su madre.

Todas las religiones han traicionado a la Tierra, han traiciona­do a la propia fuente de su vida. Han condenado la Tierra, han abogado para que se renuncie a ella; siempre insisten en que se ha de renunciar a ella.

Pero, ¿cómo puedes renunciar a tu naturaleza? Puedes fingir­lo, puedes ser hipócrita. Puedes incluso comenzar a creer que ya no eres parte de la naturaleza, pero incluso tus grandes santos dependen de la naturaleza de la misma forma que dependen de ella los grandes pecadores. Todos necesitan alimento, necesitan agua, necesitan aire; sus necesidades no cambian. ¿A qué hay que renunciar?

Eso ha creado en el hombre una mente dividida. El hombre se va desintegrando; todos sus fragmentos están continuamente lu­chando unos contra otros. Ésta es la raíz y la causa del sufrimiento humano y se ha convertido casi en una forma normal de ser, por­que la gente lo ha estado sufriendo durante miles de años. Han dado por sentado que esto es lo que nos toca, que ésta es nuestra suerte, nuestro destino, y que nada puede hacerse para remediar­lo. La realidad es que no es nuestra suerte, ni nuestro destino; es nuestra estupidez, es nuestra falta de inteligencia por haber esta­do escuchando a los sacerdotes y creyendo en sus ficciones.

Por supuesto que estas ficciones son muy provechosas para los sacerdotes. Ellos no han dudado en fragmentar a la Humani­dad, porque sus ficciones sirven a sus intereses a la perfección. Un hombre saludable y entero, un hombre que no está dividido en fragmentos, no puede ser esclavizado por los sacerdotes. Sólo un hombre que sufre necesita rezar, con la esperanza de que qui­zás Dios pueda ayudarlo. Para que Dios exista, el hombre tiene que sufrir. Para que Dios sea más y más una realidad, el hombre tiene que volverse cada vez más esquizofrénico.

Mientras más sufre el hombre, más fácilmente puede ser con­vencido de que ha de rezar, de que ha de cumplir con los rituales religiosos, porque quiere liberarse del dolor. Puede ser convenci­do de que se necesitan salvadores, mensajeros de Dios, profetas. Pero un hombre que vive feliz, que vive con alegría, no necesita a ningún Dios. Un hombre que vive la vida no necesita ninguna oración. Para que los sacerdotes conserven su profesión es absolutamente necesaria la mente enferma del hombre.

Es muy difícil encontrar un hombre que esté integrado; todos son sólo fragmentos. Uno es espiritual: niega su cuerpo; otro es ma­terialista: niega su alma. El espiritual no sólo niega su cuerpo, sino que también niega la mente.

Todas las teologías son extremadamente celosas y monopoli­zadoras. En América, al final del último siglo, hubo un gran mo­vimiento religioso llamado "Ciencia Cristiana". Creían sólo en el alma. Todo lo demás era sólo ilusión, sólo pensamiento; no era real. Tenían sus propias iglesias donde solían encontrarse para discutir sus grandes filosofías.

Hay gente que está negando hasta la existencia misma del cuerpo, hay gente que está negando la existencia de la mente y también hay gente que está negando la existencia del alma. Dicen que sólo el cuerpo es real y que todo lo demás es ficción. Toda esta gente -espiritualistas y materialistas- está de acuerdo en un pun­to: en no dejar que el hombre sea natural, una unidad orgánica. Tienen que eliminar algo. Pero aquello que eliminas sigue ligado a ti, es parte de ti. Puedes -por repetición constante, repitiéndo­lo durante siglos- obligarte a creer algo. Pero si tu creencia no está de acuerdo con tu naturaleza, el resultado será el sufrimiento.

Toda la Humanidad está sufriendo, y lo más asombroso es que el sufrimiento de la Humanidad tiene su origen en esas ideas reli­giosas que no permiten al hombre crecer de forma natural, vivir de forma natural, amar de forma natural. Y después, cuando llega el sufrimiento dicen: "¡Ves! ¿No te dijimos que la Tierra no es más que un valle de lágrimas?".

Es una estrategia muy astuta. Primero creas el sufrimiento y después lo usas como argumento para apoyar la idea de que has nacido en pecado y que estás en la Tierra y no en el cielo por castigo.

Debido a que Adán y Eva desobedecieron a Dios, estás sufriendo. Es una lógica extraña. Aún cuando Adán y Eva desobedecieron a Dios, no fue un pecado tan grande; sólo comieron de una manzana -y ni siquiera sabemos si Adán y Eva existieron alguna vez. Y tú, miles de años después, sufres porque arrastras su herencia. Perteneces al mismo linaje y tus progenitores fueron pecadores, de ahí que tú también seas pecador. Y los sufrimientos de la vida lo prueban, ¿sino, por qué existe tanto sufrimiento?

Las religiones han sido muy astutas y los sacerdotes muy in­humanos. Han dividido al hombre en contra de sí mismo. Al lu­char contra él mismo, sufre.

Es muy difícil encontrar un hombre total.

El hombre total es el super hombre, el hombre total recibirá todas las bendiciones que este hermoso planeta puede volcar so­bre él. Pero sólo el hombre total puede recibirlas.

Este hombre puede ser feliz, ¿por qué? Porque el hombre to­tal vive totalmente, vive intensamente. A cada momento exprime el jugo de la vida; su vida es una danza, su vida es una celebra­ción.

Y de pronto, cuando tu vida es una celebración, ves que no es un castigo. Entonces descubres las mentiras de los sacerdotes y en ese instante dejas de buscar otro paraíso, porque ya lo tienes aquí y ahora. No tienes que aplazarlo para un futuro lejano, des­pués de la muerte.

Lo que llamamos Humanidad, es un campo de exterminio. Todo el mundo ha sido destruido de un modo u otro, a todo el mundo se le ha impedido crecer. A todos les falta algo que es absolutamente necesario, y a lo que tenían derecho por nacimien­to. Los que condenan -y todos los sacerdotes condenan- no pue­den ver a nadie feliz, a nadie gozoso. Inmediatamente se vuelcan contra él y empiezan a condenar su alegría, a condenar su placer. Han desarrollado grandes argumentos para poder destruir el pla­cer de la gente.

Su principal argumento es: "La vida es muy corta, y el placer es muy efímero; cambia continuamente. Esto no ha de engañarte, porque si te engañas, te perderás la eterna dicha del paraíso".

Naturalmente no querrás jugártela. Sólo por el pequeño pla­cer de disfrutar de tu té por la mañana, no querrás destruir tu eterna dicha en el cielo. Esta vida consiste de pequeños goces, y si todos esos goces se agrupan, tu vida se convierte, por sí misma, en un goce. Uno no necesita grandes goces. Su paraí­so y su dicha eterna son sólo poesía, porque nadie nunca los vio, nadie ha ido nunca allí y ha vuelto diciendo: "Sí, yo lo he visto". En nombre de dioses ficticios y en nombre de placeres ficti­cios, se ha destruido lo que es real.

Sólo existe la esperanza de que un día el hombre compren­da... ¿Por cuánto tiempo podrá permanecer en las prisiones crea­das por los sacerdotes? Las pueden llamar iglesias, templos o mezquitas; no importa cómo llamen a sus prisiones. ¡Es penoso ver a los seres humanos marcados como ganado! Uno es hindú, otro musulmán, otro cristiano...

Aunque recorras el mundo entero te será muy difícil encontrar un solo ser humano que no haya sido etiquetado, que todavía no forme parte de la masa, que todavía no forme parte de la multitud, que sea él mismo, que sea su propia totalidad y que esté viviendo sin miedo, de acuerdo a su naturaleza.

Excepto la naturaleza no hay otra religión. Y no te hace falta aprender lo que es natural. Cuando tienes sed sabes que necesi­tas agua, cuando tienes hambre sabes que necesitas alimento. Tu naturaleza te guía continuamente.

Excepto la naturaleza no existe otra guía. Todas las otras guías te despistan, te llevan lejos del flujo natural y una vez que estás fuera de tu curso natural, el sufrimiento comienza. Y tu sufri­miento es su alegría, porque sólo el que sufre va a las iglesias, sólo el desgraciado va a los templos.

Cuando te sientes feliz y gozoso, joven y sano, ¿qué puede importarte la iglesia? La vida es tan rica, la vida es tan alegre, que ¿quién va a querer entrar en esos cementerios donde la tristeza se traduce en seriedad, donde se supone que una cara larga es reli­giosa, donde estallar de risa te valdrá ser condenado por loco, donde no se permite danzar, donde el amor está prohibido, donde debes sentarte a escuchar palabras sin vida, tan antiguas y polvo­rientas que no te tocan el corazón ni conmueven tu ser? Pero estas iglesias, estos templos y mezquitas, han dominado al hombre.

Esto no puede continuar eternamente. Algún día la inteligen­cia del hombre se rebelará. La rebelión es la única esperanza. El hombre destruirá algún día todas estas pretendidas casas de Dios, porque este planeta, este cielo lleno de estrellas, es el único tem­plo que existe; todos los demás templos han sido hechos por el hombre. Y esta vida que ves en los árboles, en los animales y en los hombres, es el único Dios vivo.

Los dioses que están sentados en los templos han sido manu­facturados por el hombre. Es muy extraño que estas religiones continúen afirmando que Dios creó el mundo, cuando sus dioses fueron creados por el hombre. Dicen: Dios creó al hombre como a sí mismo, creó al hombre a su propia imagen.

La verdad es justamente lo contrario: el hombre creó a Dios a su propia imagen. Por esto un dios chino parecerá diferente de un dios hindú, un dios africano parecerá diferente de un dios euro­peo, porque la gente está creando dioses según su propia imagen. Y la estupidez alcanza su máximo: tú creas esas imágenes y des­pués te arrodillas ante ellas. ¿Puedes imaginar una idiotez ma­yor? Y entonces comienzas a rezar...

Es posible perdonárselo a los niños. Ellos aman sus juguetes, aman sus ositos de peluche. Pero ¿y tú? Tú no has crecido aún, todavía amas tus ositos de peluche. Los tuyos están en tus iglesias, en tus sinagogas, pero son ositos... cumplen la misma función.

El niño se siente solo sin su osito. Hace unos días estuvo aquí un niño; su madre es sannyasin -Amrito- de Grecia. Cuan­do yo estuve en Grecia se hizo muy amigo mío. ¡Me trajo un osito de peluche! Había dicho a su madre, "No me iré de la India sin haberle dado antes el osito a Osho, porque vive solo, necesita alguna compañía".

¿Qué son tus dioses? Consuelos, porque sientes que aún es­tando en la multitud, estás solo. Necesitas un osito en el cielo, un osito de peluche eterno que te acompañe siempre. Es omniscien­te, omnipresente, omnipotente... lo puede todo... es sólo un consuelo. La gente que cree en Dios no se ha permitido a sí misma ser adulta, ha permanecido psicológicamente retardada; de lo con­trario no habría tenido ninguna necesidad de Dios.

La vida se basta a sí misma y es tan hermosa, tan llena de canciones y de flores y de pájaros volando... es la libertad absoluta de crecer y ser tú mismo. No te da unos Diez Mandamientos; te acepta tal como eres, no le da demasiada importancia a cómo debieras ser; su amor y respeto hacia todo lo viviente es incondi­cional.

¿Por qué necesitas tus dioses? Porque eres desgraciado. La estrategia es esa: no dejar que la gente sea feliz. De otro modo la religión desaparecería.

En una de sus grandes intuiciones, Bertrand Russell dijo: "si todo el mundo fuera feliz, puedo garantizar que no habría más religiones". Y este dicho encierra una gran verdad. Las religiones quieren que la gente siga siendo pobre, que siga estando enfer­ma, que sea desgraciada, que viva en permanente ansiedad. En­tonces, naturalmente, se vuelven débiles y necesitan ayuda. Los sacerdotes están listos para brindar ese apoyo, están listos para informar a Dios de que este hombre necesita su compasión... aun­que ninguna oración parece haber sido oída jamás.

Pero los sacerdotes son muy astutos. Dicen: "Tus oraciones no son escuchadas porque eres indigno. No lo mereces. Eres un pecador. Estás pecando contra la religión". Y es casi imposible vivir sin cometer algún pecado.

Le han hecho la vida imposible al hombre de modo que todos nos sentimos indignos. Y naturalmente, si eres indigno, tienes deseos, tienes anhelos; estás condenado. Tienes una biología, has nacido de la biología, cada una de tus células no es más que ener­gía sexual. Te gustaría amar a alguien, pero todas las religiones se oponen: "Ama y es seguro que irás al infierno". Pero tu biolo­gía te empuja a amar, así que amas a la gente, con miedo, con gran tristeza en el corazón, sabiendo que cometes un pecado. Natural­mente, no puedes disfrutar del amor y al no poder disfrutarlo, más lo necesitas, y cuanto más lo necesitas, más pecador te vuel­ves. Así, sin siquiera mirar su biografía, puedes decirle a cual­quiera que es indigno y que por eso no han sido escuchadas sus plegarias.

En realidad no hay nadie que las escuche. El hecho es que no hay nadie que las conteste. De hecho, el hombre que reza está psicológicamente estancado en algún lugar.

Después de la Segunda Guerra Mundial, querían determinar cuál era el promedio de la edad mental de los soldados, porque para entonces los psicólogos se habían vuelto eficientes en medir la inteligencia. Se quedaron asombrados. Nunca pensaron que éste pudiera ser el resultado. ¡El promedio de su edad mental era de trece años! Y esos soldados no eran menos inteligentes que cualquier otra persona.

Parece que el cuerpo sigue creciendo, envejeciendo, y que la mente se detiene a la edad de trece o catorce años. Por lo tanto puedes tener ochenta años, pero cuando te arrodillas frente a un dios sólo eres un niño de trece; aunque te arrodilles con tu cuerpo, también lo haces con tu sicología.

  Las religiones han causado mucho daño. Nadie se ha molesta­do en averiguar por qué la edad mental se detiene a los trece o catorce años. Es muy simple: esa es la época en que las chicas y los chicos maduran sexualmente, y en el momento en que se vuel­ven sexualmente maduros, la biología deja de necesitar la inteli­gencia.

A menos que tú mismo te esfuerces, tu edad mental seguirá correspondiendo a los trece o catorce años. La biología ha llega­do a su plenitud. Eres sexualmente maduro. Esta inteligencia es suficiente para engendrar hijos. Si quieres ser más inteligente, tendrás que hacer un esfuerzo, tendrás que meditar, tendrás que aguzar tu inteligencia.

Pero todas las religiones prefieren que no seas inteligente porque lo que enseñan es a creer. Un creyente no necesita tener inteligencia alguna. A no ser que aprendas a dudar, tu inteligen­cia no crecerá, porque "duda" significa "búsqueda". Y creer im­plica que no es necesario cuestionar ni buscar nada.

Por culpa de los sistemas de creencias que le han sido im­puestos al hombre, su edad mental ha permanecido estancada en los catorce. Y estos adolescentes son los cristianos, los hindúes, los musulmanes, etc. Si su inteligencia se desarrolla comenzarán a ver que lo que ellos creían religiones no son más que supersti­ciones. Si su inteligencia sigue creciendo, empezarán a dudar de Dios, del cielo, del infierno. Luego empezarán a dudar de los sacerdotes y de su religiosidad; empezarán a cuestionarlo todo. Y las religiones no tienen las respuestas.

Te he dicho hace poco que el jainismo cree que el no utilizar el sentido del gusto es uno de los fundamentos de su religión. Le pregunté a un monje jaino: "Si el no disfrutar del sabor es uno de los fundamentos de tu religión, ¿por qué la naturaleza ha dotado al hombre de papilas gustativas? La naturaleza nunca da cosas innecesariamente".

El monje budista tiene que caminar mirando sólo a un metro y medio de distancia por delante de sí mismo. No debe mirar más allá de esa distancia. No puede mantener la cabeza alzada porque podría ver a alguna mujer hermosa... ¡ese es el problema! Mirando sólo hasta metro y medio de distancia, a lo sumo puede ver los pies de una mujer, no su cara.

Pero si el amor entre un hombre y una mujer es algo malo, ¿por qué te ha de dar la naturaleza ese anhelo? Cualquier persona inteligente se lo preguntará. Ni el mismo Buda hubiese nacido. Afortunadamente el padre de Buda no era un monje budista; si no, nos hubiésemos perdido de todos esos grandes hombres.

La naturaleza quiere reproducirse: nueva vida, nuevas formas; mejor vida, mejores formas. La naturaleza es un continuo proce­so de evolución. Pero las religiones se oponen, porque cuanto más evolucionada es una persona, menos posibilidades hay de que sea víctima de alguna estupidez religiosa...

Si la inteligencia crece, los templos se quedarán vacíos, pero la vida se volverá inmensamente hermosa.

 

 

Capítulo 11

Una Historia del Futuro

 

Osho:

Estamos escribiendo un libro titulado: "Una Historia del Futuro".

Como tu visión de la raza humana y de este planeta es tan Clara, nos gustaría mucho preguntarte.

¿cuál es tu visión acerca de lo que le pasará al hombre en el futuro y de cómo vivirá?

 

Lo primero que has de recordar sobre mi actitud acerca del futuro, es que todas las predicciones son suposiciones. El futuro sigue siendo siempre desconocido y da tan extraños giros que nadie puede siquiera imaginarlos.

Más aún, mi manera de encarar la vida es: no preocuparme por el pasado ni por el futuro. El pasado ya no está, el futuro aún no está aquí; todo lo que tenemos en las manos es este momento. El pasado está muerto y el futuro no ha nacido.

Sin olvidar este punto de referencia, me gustaría decirte algo. Primero, se están dando todas las posibilidades para que, por lo que a la vida se refiere, no haya ningún futuro. Nos estamos acer­cando a un callejón sin salida. Es triste reconocer este hecho: pero es bueno reconocerlo, porque sólo entonces existe la posi­bilidad de tomar un rumbo diferente. Tal como van las cosas hoy en día, la conclusión lógica es que vamos hacia un suicidio global.

La única esperanza es que la vida no sigue la lógica; es irra­cional. Si fuese racional, matemática y lógica, no podrías conce­derle a este planeta más de veinte años de vida.

Las razones son cinco:

Primero: Se siguen acumulando armas nucleares día tras día.

Ya tenemos suficiente poder nuclear como para destruir la Tierra siete veces. Esto demuestra la locura del hombre. Ahora bien, ¿qué sentido tiene seguir acumulando más y más armas nucleares?

No todo el mundo es Jesucristo y no todo el mundo resucitará una y otra y otra vez; siete veces. La verdad es que ni siquiera Jesucristo resucitó, porque en primer lugar, no murió.

El segundo problema es el indiscriminado aumento de la po­blación. A finales de este siglo, tendremos siete mil millones de habitantes sobre la Tierra. Y la Tierra ha sido tan abusivamente explotada que ya no puede mantener a tanta población. El cin­cuenta por ciento de la población, sencillamente tendrá que mo­rir de inanición.

Los políticos no han hecho ningún esfuerzo para impedir el crecimiento de la población.

El tercer problema es el SIDA, una enfermedad que se está propagando como un fuego incontrolado. Y no parece haber nin­guna posibilidad, por lo menos en los próximos veinte años, de encontrar algo que la cure. Los científicos están bastante seguros de que no tiene curación.

Pero ningún país está haciendo del celibato un delito y el ce­libato es la causa de esta enfermedad, del SIDA. Son los monjes, los soldados, los estudiantes que viven separados de las mujeres, los que se vuelven homosexuales, y es la homosexualidad la que ha creado esta enfermedad. Pero la homosexualidad es sólo un síntoma; el verdadero problema es el celibato.

Todas las religiones sufren por este motivo pues todas predican el celibato, pero ninguna está dispuesta a reconocerlo y cuando tú no reconoces al enemigo, le estás dando más poder aún. Reco­nócelo para poder así encontrar la forma de luchar contra él.

El cuarto gran problema al que el hombre tendrá que enfren­tarse en los próximos veinte años, es el colapso ecológico. No somos conscientes de cómo y de qué forma estamos destruyendo nuestras propias fuentes de vida. La vida necesita un equilibrio ecológico, y ese equilibrio se está alterando.

 Y no es que la ecología se esté alterando en una sola direc­ción. Está siendo destruida por medio de métodos multidimen­sionales. Por ejemplo, debido a la acumulación de dióxido de carbono y otros productos químicos elaborados por el hombre, la temperatura de la atmósfera se ha elevado como jamás lo había hecho anteriormente. Por primera vez existe la posibilidad de que el hielo de ambos polos, norte y sur, se empiece a derretir; Esto nunca había sucedido.

  Si la temperatura de la atmósfera se eleva un poco más, el hielo de los Himalayas comenzará a derretirse y los océanos inundarán todas las grandes ciudades porque todas ellas están cerca del océano.

Y el quinto factor es el más peligroso: el hombre mismo, con todas sus discriminaciones entre blanco y negro, entre oriente y occidente. Y ahora, de pronto, ha surgido una nueva: entre norte y sur.

La Humanidad está dividida en religiones, en naciones, según el color, según su raza. Y todos están siempre a punto de dego­llarse unos a otros. Parece casi imposible evitar estos peligros con los que el hombre nunca se había enfrentado anteriormente, a menos que suceda un milagro. Pero los milagros sólo ocurren en los cuentos, no en la vida real.

  Y el factor más inquietante es que la intelectualidad del mun­do, los políticos y los filósofos, están ignorando estos hechos.

Suele suceder que, en tiempos de peligro la única forma de proteger tu paz mental sea ignorar el peligro. A esto se le llama la lógica del avestruz: si no ves al enemigo, el enemigo no existe.

La gente está ocupada en trivialidades, en asuntos enorme­mente estúpidos, cuando lo que tenemos delante son tremendos peligros. Tengo la esperanza de que la Humanidad alcance un cierto nivel de cordura y la vida pueda salvarse, pero tendremos que considerar con mucho cuidado estos cinco factores.

El mundo debería tener un solo gobierno; no deberían existir naciones. De esta forma evitaríamos toda posibilidad de guerra.

El mundo debería tener sólo una clase de religiosidad. No una religión, sino un tipo de religiosidad, una gratitud a la Existen­cia, un corazón amante, una consciencia meditativa. Aquello que es la esencia de la religión debe ser preservado y el cristianismo, el hinduismo, el budismo, el jainismo, el islamismo, todos debe­rían desaparecer de la Tierra.

Ya no son necesarios, ya han hecho suficiente mal. Pero ahora el daño es tan grande, que no se puede seguir tolerando.

¿Qué necesidad hay de que existan naciones?

Toda la Tierra es una.

Los problemas podrían resolverse muy fácilmente, si hubiese un solo Gobierno Mundial que fuese exclusivamente funcional, donde el mérito fuese el factor decisivo, en vez del poder de los votos. El más capacitado, técnica o científicamente, para resolver el problema, es el que debería resolverlo. No por obtener más votos se tiene más capacidad.

A pesar de que todas las religiones han estado predicando el celibato; nadie ha preguntado: ¿es el celibato algo natural? ¿Es humanamente posible ser célibe? ¿Puede algún científico, o al­gún experto en medicina o psicólogo apoyar la idea del celibato? Nadie dice ni una sola palabra contra el celibato, que es el que está causando toda clase de perversiones sexuales en el hombre. Quizás el SIDA sólo sea el principio; pueden aparecer enferme­dades aún más peligrosas.

Y por último, menciono al hombre. El hombre no vive en con­sonancia con los tiempos actuales. Vive con un atraso de mil años y el resto del mundo ha cambiado. Pero su rabia es la misma, su instinto de lucha es el mismo que cuando usaba armas de piedra. Ahora, el mismo hombre que tenía armas de piedra posee armas nucleares. El hombre en sí no ha cambiado y la tecnología le ha ido dando más y más poder destructivo.

Si llega a desencadenarse una guerra mundial, será una guerra de apretar botones. Y todos seremos destruidos. Nadie ganará ni nadie perderá. Ahora es el momento apropiado para escribir una "Historia del Futuro", porque dentro de veinte años no habrá ni quién la escriba, ni quién la imprima, ni quién la lea.

Si haces preguntas tan peligrosas, la gente se enojará contigo. Yo he convertido a todo el mundo en enemigo mío por la sencilla razón de que sigo jalando del cuello de los avestruces y sacándo­les la cabeza de la arena y diciéndoles que no importa si ven o no al enemigo. Es mejor verlo, porque viéndolo puede ser que encuen­tres algún modo de escapar, pero ocultando tu cabeza en la arena no tienes ninguna posibilidad de defenderte. Pero este avestruz se siente muy feliz con la cabeza enterrada en la arena. Al jalarle del cuello, para sacarlo, se enfurece, porque nuevamente tiene que ver al enemigo, Nadie quiere ver al enemigo.

  Las pequeñas cosas siguen manteniendo ocupada la mente humana; así no se puede encarar el verdadero problema.

Te he dicho que son cinco los problemas reales que van a des­truir a la Humanidad. Las soluciones son muy fáciles, pero éste es un gran manicomio; nadie parece comprender.

Todas las armas nucleares deberían ser lanzadas al Pacífico.

Se debería dejar de condenar el sexo y ensalzar el celibato. De otro  modo no podremos librarnos del SIDA. Se extenderá; se está extendiendo.

Es un hecho evidente que la Tierra no está dividida. ¿Qué necesidad hay de que existan tantas naciones, a no ser para satisfacer las ambiciones del ego de tanta gente? No hay otra necesidad. ¿Por qué debería Alemania tener miedo de los inmigrantes e incentivar a los alemanes para que tengan más niños, cuando la Tierra se está muriendo a causa de la superpoblación? Si hubiese un gobierno mundial, podríamos redistribuir la población cambiándola de un sitio a otro. En aquellos lugares donde la población comenzara a decrecer se debería reemplazar por población de países donde ésta esté aumentando.

Si las religiones desaparecieran del mundo, muchas estupide­ces desaparecerían con ellas. Están en contra del control de la natalidad y se preocupan de engendrar más niños, porque más niños significa más poder; poder en dos formas: más votos y más carne de cañón para la guerra.

Durante veinte o treinta años debería ponerse en práctica un estricto control de la natalidad. No es una cuestión democrática, porque es una elección entre la vida y la muerte. Si todo el mundo va a morir, ¿qué harás entonces con tu democracia? Entonces la democracia dictará las normas de las tumbas, para las tumbas y por las tumbas, porque la gente habrá desaparecido.

Las religiones alimentan toda clase de supersticiones que obs­taculizan tu inteligencia, tu visión y tu posibilidad de crear un hombre nuevo en el mundo. Hay algo que es cierto: la vieja Hu­manidad va a morir. Si podemos hacer que la gente del mundo comprenda, una nueva clase de hombre podría sobrevivir.

Será un ciudadano del mundo, sin naciones.

Será religioso, pero sin religión.

Será científico, pero no destructivo; toda su ciencia estará dedicada a la creación.

Será piadoso, compasivo, amoroso, pero no célibe. Un hombre sin el peso del pasado, más meditativo, más silen­cioso, más amoroso... Todas las universidades deberían dedicar tiempo a crear más consciencia en el hombre en vez de perder el tiempo en asuntos superficiales.

Las cosas deberían pensarse de forma científica, sin supersti­ciones. Así habría una posibilidad de futuro para el hombre.

Si tomamos alguna medida real contra estos cinco peligros que la Humanidad enfrenta, habrá la posibilidad en el futuro de un hombre nuevo, un hombre mejor, un hombre natural, un hom­bre más sano, un hombre más religioso... de un mundo sin gue­rras, sin naciones, sin religiones. Un mundo pacífico, amoroso. Un mundo en busca de la verdad, de la dicha del éxtasis.

Pero si estos cinco problemas no se resuelven inmediatamente, no habrá futuro posible.

Deberías comenzar a escribir tu libro, "Una Historia del Futu­ro", lo más pronto posible, porque lo más probable es que no haya ningún futuro.

 

 

Capítulo 12

El Loto Surge del Barro

 

 

Osho:

¿Por qué desde un principio, los seres humanos han tenido que pasar por tanta lucha?

¿No han existido sobre la Tierra civilizaciones altamente desarrolladas?

Y a pesar de todo, su nivel de consciencia se perdió y el hombre tuvo que volver a comenzar desde cero.

Ahora mismo, parece haber un período particularmente oscuro. ¿Es que acaso existe alguna ley cósmica que diga que sólo del barro puede crecer el loto?

¿Llegará al­guna vez esta Tierra a convertirse en un jardín lleno de flores?

 

La pregunta que has hecho tiene tremendas implicaciones. Para comenzar, muchas civilizaciones anteriores han alcanzado nive­les incluso más altos que el nuestro, pero todas se destruyeron a sí mismas, porque todas esas civilizaciones -incluyendo la nues­tra- crecieron en un profundo desequilibrio. Desarrollaron gran­des tecnologías, pero olvidaron que el mayor de los avances tec­nológicos no va a hacer del hombre un ser más dichoso, más pa­cífico, más amoroso y más compasivo.

La consciencia del hombre no ha crecido al mismo ritmo que su progreso científico, y ésta es la causa por la cual todas las civilizaciones antiguas se autodestruyeron. No hubo ninguna cau­sa externa, ningún enemigo externo; el enemigo estaba dentro del hombre.

En lo relacionado a maquinaria, ha creado monstruos, pero él mismo se ha quedado muy retrasado, inconsciente, casi dormido, y es muy peligroso dar tanto poder a gente inconsciente.

Ahora sucede lo mismo. Los políticos son de la clase más baja en cuanto a consciencia se refiere. Son astutos, hábiles y además mezquinos y hacen todo lo que pueden para alcanzar un solo objetivo: Cómo ser más poderosos.

Su único deseo es obtener más poder; no desean más paz, ni un mayor desarrollo del ser humano, ni conocer la verdad, ni el amor.

¿Y para qué se necesita tener más poder? Para dominar y des­truir a los demás. Todo el poder lo ha acumulado la gente más inconsciente. Por un lado, en todas las civilizaciones que han surgido, que se han desarrollado y han desaparecido -sería más adecuado decir que se han suicidado- han sido los políticos quie­nes tenían todo el poder en sus manos. Y los genios de la inteli­gencia humana estaban buscando mayores y mejores métodos tec­nológicos y científicos, y todo aquello que descubrieron termi­nó, finalmente, en manos de los políticos...

Alberto Einstein fue quien le escribió al presidente americano Roosevelt diciéndole: "Puedo crear la bomba atómica. Poseo el secreto y quien tenga la bomba atómica ganará la Segunda Gue­rra Mundial".

Roosevelt inmediatamente le invitó y le dio todas las facilida­des para crear la bomba atómica. Cuando finalmente estuvo lista, Roosevelt ya no era presidente. Truman había ocupado su lugar.

Alemania fue derrotada. Era sólo cuestión de siete días a lo sumo, todos los expertos militares del mundo están de acuerdo que Japón iba a rendirse. No tenía alternativa, no tenía posibili­dades de ganar, porque toda su fuerza procedía de Alemania. Ja­pón era sólo un socio. Incluso los generales americanos dijeron a Truman que ya no había necesidad de usar bombas atómicas, por­que en siete días, utilizando bombas comunes y corrientes, Japón tendría que rendirse.

Pero Truman no les escuchó. Albert Einstein le envió otra car­ta en la cual le advertía que la bomba atómica no era necesaria. Pero, ¿a quién le importa lo que piensa Alberto Einstein? Las bom­bas están en manos del presidente. Y Truman, sin motivo alguno, bombardeó dos grandes ciudades del Japón, Hiroshima y Naga­saki. Cada ciudad tenía más de cien mil habitantes, y en un lapso de cinco minutos, todas esas personas murieron.

Nunca ha habido una destrucción semejante, absolutamente innecesaria. Pero Truman tenía prisa, temía que Japón se rindiera y perder con ello la oportunidad de usar la bomba atómica que tanto dinero había costado crear y con la cual demostraría al mundo que América era la primera potencia y que él era el hombre que tenía en sus manos la llave de ese inmenso poder.

Aquellas bombas de Hiroshima y Nagasaki no fueron utiliza­das sólo para derrotar a Japón. Su propósito fundamental fue to­talmente diferente; fue una satisfacción del ego del presidente Truman: "Soy el más grande, el hombre más poderoso del mundo y mi nación ha llegado a la cima". Esto ha estado sucediendo desde siempre, una y otra vez.

Antes de la Segunda Guerra Mundial, nadie era capaz de creer que semejantes armas destructivas pudieran existir. Siempre se creyó que la historia del Mahabharata, la gran guerra India de hace 5000 años, registrada en las antiguas escrituras, era simple­mente mitológica, pues parecía inconcebible que hace 5000 años se tuviera acceso a semejante poder. Pero después de la Segunda Guerra Mundial y según la descripción del Mahabharata, quedó absolutamente claro que ellos ya habían descubierto algo similar a la energía atómica. Destruyeron una civilización muy avanzada. Sin embargo, la destrucción provino del interior de su propia ci­vilización.

Nos vamos aproximando nuevamente a una situación similar: la destrucción no proviene de otro planeta. Estamos preparando nuestras propias tumbas. Podemos ser conscientes, podemos no serlo, pero todos somos sepultureros, todos estamos cavando nues­tras propias fosas.

Hoy en día hay sólo cinco naciones que poseen armas nuclea­res, y su arsenal nuclear es un millón de veces más poderoso que las bombas atómicas de la Segunda Guerra Mundial. Ahora los científicos dicen que las bombas atómicas de la Segunda Guerra Mundial comparadas con las armas nucleares modernas parecen petardos.

Alrededor del año 2010, veinticinco naciones más se habrán convertido en potencias nucleares. No habrá control posible.

Treinta naciones poseerán un inmenso poder destructivo, y bas­tará una sola de ellas para destruir la Tierra entera. Para destruir toda la civilización bastará un solo político, un solo loco que quiera demostrar su poder, y tendremos que empezar desde ABC.

Además, la destrucción no afectará sólo al hombre. Junto con los humanos morirán todos sus compañeros: los animales, los pájaros, los árboles, las flores; toda manifestación de vida des­aparecerá.

Pero la razón es un desequilibrio en nuestra evolución. Conti­nuamos desarrollando tecnología científica sin preocuparnos en absoluto de que la consciencia evolucione en la misma propor­ción. De hecho, nuestra consciencia debería preceder nuestro pro­greso tecnológico.

Si nuestras consciencias estuvieran Iluminadas... en las ma­nos de un Gautama Buda, las armas nucleares dejarían de ser peligrosas. En manos de un Buda, las armas nucleares se trans­formarían en una fuerza creativa, ya que la fuerza en sí misma es siempre neutral; puedes destruir o crear con ella.

Pero actualmente nuestros poderes son enormes y nuestro desarrollo, escaso. Es como si hubiesen puesto bombas en manos de niños para que jugasen.

 

  Preguntas,

 

  "¿Por qué desde un principio, los seres humanos han tenido que pasar por tanta lucha?".

 

Se debe al desequilibrio existente entre lo interno y lo externo.

Lo externo es más fácil, lo externo es objetivo. Por ejemplo, un científico -Tomás Alva Edison- creó la electricidad y toda la Humanidad la está usando. No es necesario que cada uno ten­ga que volver a descubrirla. El crecimiento interior es un fenóme­no totalmente diferente. Un Gautama Buda puede Iluminarse, pero eso no significa que todas las demás personas se Iluminen. Cada individuo tiene que encontrar la verdad por sí mismo.

Por esta razón, todo lo que sucede en el exterior, todo progre­so científico, es un proceso acumulativo. Cada científico se apo­ya en el trabajo realizado por otros científicos. Pero la evolución de la consciencia no sigue la misma ley. Cada individuo tiene que descubrirla por sí mismo; no puede apoyarse en las realizaciones de los demás.

Todo lo referente al mundo objetivo se puede compartir, se puede enseñar en las escuelas, en los colegios, en las universida­des, pero el mundo subjetivo funciona de una manera totalmente diferente.

Aunque conozca todo lo referente al mundo interior, no te lo puedo entregar. Ésta es una de las leyes más fundamentales de la Existencia: la verdad interior tiene que ser descubierta por cada individuo, a través de su propio esfuerzo. No se puede comprar en el mercado, ni puede robarse. Nadie te la puede regalar. No es una mercadería. No es materia; es una experiencia inmaterial.

La individualidad, la presencia, la compasión, el amor, el si­lencio, de un maestro pueden ser tomados como pruebas, pero son sólo evidencias de algo que le ha sucedido en su interior. Él te puede infundir valor, te puede hacer sentir que tu búsqueda interior no es en vano, que llegarás a encontrar tesoros tal como él los ha encontrado.

Un Maestro no es más que un argumento, una evidencia, un testigo ocular. Pero la experiencia sigue siendo individual. La ciencia se vuelve social. La tecnología se vuelve social. La medi­tación sigue siendo individual; éste es el problema básico. ¿Cómo equilibrarlas?

Todas las civilizaciones del pasado... en la Atlántida -un vas­to continente sumergido en el Océano Atlántico- existió una ci­vilización. Se creyó que esto también era mitología, pero recien­tes investigaciones han probado que aún hay restos de grandes ciudades a cinco millas de profundidad bajo el agua.

Y lo mismo sucedió en Lemuria, otro continente más pequeño que la Atlántida. También se hundió en el océano. Al observador superficial esto le puede parecer el resultado de una catástrofe natural -quizás un gran terremoto, un movimiento de la tierra, una erupción volcánica, o una invasión del océano en aquellas grandes ciudades- o de cualquier otro fenómeno, pero siempre consecuencia de algo natural. Pero tal como yo lo veo, esas cala­midades naturales son también causadas por nosotros.

  Esas civilizaciones debieron de cometer estupideces que provocaron esas calamidades.

 

"¿No existieron sobre la tierra civilizaciones altamente desarrolladas?"

 

Sí, las hubo, pero todas llegaron al mismo caos y a la misma oscuridad a la cual nos estamos aproximando.

 

"Así y todo, su estado de consciencia se perdió y el hombre tuvo que volver a comenzar desde cero".

 

La consciencia no se perdió; simplemente, ellos no tenían consciencia alguna. Tenían la misma consciencia superficial que ahora tenemos.

¿Qué estás haciendo para prevenir esta calamidad que se acer­ca más y más? La muerte de esta Tierra no es algo lejano; le que­dan a lo sumo de unos veinte a veinticinco años. Y esa es una actitud muy optimista. Para el pesimista esto puede suceder qui­zás mañana.

Pero aunque le diéramos veinticinco años más, ¿qué vas a ha­cer para ayudar a que la consciencia humana se eleve de tal mane­ra que podamos prevenir el suicidio global que se avecina?

La única forma posible de evitarlo es creando un mayor esta­do meditativo. Pero en este mundo de locura, a veces parece im­posible creer en ello.

El Jefe de Policía de Puna ha pedido que se les permita a los funcionarios de policía grabar cada uno de mis discursos para luego analizarlos y censurarlos y sancionar qué partes pueden ver la luz y cuáles tienen que eliminarse. Nunca se ha sabido de policías que puedan siquiera entender lo que es meditación.

Él ha estado insistiendo en que algunos ciudadanos respeta­bles de Puna formaran un comité y acudieran -como una comi­sión- a observar todas nuestras meditaciones, nuestros grupos de terapia y asistirán a los discursos, para así elaborar un informe sobre lo que está sucediendo aquí y decidir si está bien o no.

¿Quiénes son los ciudadanos respetables de Puna? Y ¿qué saben acerca de meditación? ¿Cuál es su experiencia en psicote­rapias? ¿Cuánto saben acerca de sí mismos?    

Pero éste es el mundo en que vivimos. Frente a expectativas tan absurdas se pierde toda esperanza en el futuro. Sería preferi­ble decirle a la gente de Puna que venga a meditar aquí y que envíe a los policías a participar en los grupos de terapia y en las meditaciones; no hay otro camino.

Si alguien está haciendo vipassana, ¿qué puedes observar en él? Lo que sucede está sucediendo profundamente en el interior de la persona... está sentado en silencio, con los ojos cerrados. Estas personas sólo pueden informar a los periódicos que estoy enseñando a la gente a ser perezosa, a estar sentados sin hacer nada. Naturalmente no pueden ver lo que está sucediendo dentro. No saben nada de lo que ha sucedido en cien años en el mundo de la psicología, ni tampoco de lo que ha pasado en diez mil años en el mundo de la meditación, los métodos que se han creado y la profundidad que el hombre ha alcanzado.

¿Quiénes son estas personas respetables? Su respetabilidad se debe a que alguien ha hecho un hospital, o ha abierto un cole­gio, o ha hecho una donación a los huérfanos o a los pobres.

Todas estas cosas están perfectamente bien, no hay ninguna objeción. Pero, no por ello se convertirán en expertos en medita­ción, ni expertos en terapia.

Ni siquiera pueden citar doce nombres de personas Iluminadas en el mundo, y ¡pretenden tener la autoridad de  censurar lo que estoy diciendo! ¿Cuál sería su criterio? No conocen nada del mundo interior. No saben nada de las cimas más altas de la consciencia. Nunca deben haber oído palabras como tathata y anatta. Sin embargo, es tal la locu­ra del hombre que hasta pretende juzgar a Buda, a Mahavira, a Basho, a Sarmad, sin siquiera saber el ABC.

Éste es el único esfuerzo que estamos tratando de hacer: ele­var la consciencia de unos cuantos individuos y enviarlos a los rincones más lejanos del mundo a ayudar a elevar la consciencia de la Humanidad, dondequiera que se encuentren.

Si en los próximos veinte años el hombre atraviesa una revo­lución y alcanza una nueva consciencia, tal vez lo que ha estado sucediendo hasta ahora, pueda evitarse. Debemos hacer todo lo posible para lograrlo.

Finalmente me preguntas:

 

"Ahora mismo, parece haber un pe­ríodo particularmente oscuro".

 

Lo es. Y se volverá más y más oscuro, a menos que cada uno se convierta en una luz en sí mis­mo e irradie luz a su alrededor; a menos que todos empiecen a compartir su luz y su fuego con aquellos que estén hambrientos y sedientos de eso. El amanecer no vendrá automáticamente. Ten­drás que estar absolutamente alerta y hacer todo lo posible para ayudar al desarrollo de la consciencia.

Antes de que los océanos suban mil metros, tenemos que con­seguir al menos que la consciencia se eleve mil metros. El mundo necesita al menos doscientas personas Iluminadas. Ellos serán los doscientos faros donde millones podrán satisfacer su sed de verdad. Es una gran lucha contra la oscuridad, pero también es una gran oportunidad y un desafío emocionante. No tienes que ponerte serio por esto. Tienes que hacerlo con amor, danzando, con todas tus canciones y toda tu alegría. Porque sólo de esa manera es posible traer el amanecer y despejar la oscuridad.

Sí, esto es cierto. Hay una ley cósmica que dice que el loto sólo crece del barro.

Los políticos y los sacerdotes de todas las religiones, los go­biernos y los burócratas están creando suficiente fango. Ahora tenemos que hacer crecer los lotos. No tienes por qué ahogarte en su fango. Tienes que sembrar semillas de loto. La semilla del loto es un milagro; transforma el barro en la flor más hermosa.

En el Este, el loto ha sido venerado por dos razones. Una, porque nace del barro; todo hombre es sólo barro. La palabra inglesa "human" simplemente quiere decir barro. La palabra ára­be "admi" simplemente quiere decir barro, porque Dios hizo al hombre del barro.

Pero existe la posibilidad de que crezca un loto. Es la flor por excelencia. Abre sus pétalos sólo cuando se levanta el sol y los pájaros comienzan a cantar y todo el cielo se llena de colores, y cuando llega el crepúsculo y se oculta el sol, nuevamente cierra sus pétalos. Ama la luz.

Segundo, tiene una hermosa cualidad. Sus pétalos -e incluso sus hojas- son tan aterciopelados que en ellos se depositan go­tas de rocío durante la noche. Con el temprano sol de la mañana, esas gotas de rocío brillan casi como perlas -mucho más hermo­sas- creando un arco iris alrededor de sí.

Pero lo más hermoso es que aunque descanse sobre los péta­los y las hojas, el rocío no toca la hoja. Con un pequeño soplo del viento caen de nuevo al océano, sin dejar ni huellas, ni hume­dad sobre las hojas o los pétalos del loto.

Para Oriente esto encierra un gran simbolismo porque el Este afirma que debes vivir en el mundo, pero no ser afectado por él.

Debes permanecer en el mundo, pero el mundo no debe permane­cer en ti. Debes pasar por el mundo sin guardar ninguna impre­sión, ningún impacto, ningún rasguño. Si en el momento de la muerte puedes decir que tu consciencia es tan pura, tan inocente como la trajiste al nacer, habrás vivido una vida religiosa, una vida espiritual.

De ahí que la flor del loto se haya convertido en el símbolo de un estilo de vida espiritual. Sin ser tocada por el agua, crece des­de el barro, en el agua, y aún así, permanece intacta. Es un sím­bolo de transformación. El barro se transforma en la flor más hermosa y más fragante que existe sobre el planeta.

Buda estaba tan enamorado del loto que llamó a su paraíso, el Paraíso del Loto.

Con nuestra meditación profunda y nuestra gratitud a la Existencia sería posible que esta Tierra siguiera creciendo con más consciencia, con más flores. Podría convertirse en un Paraíso del Loto.

Pero se necesita una tremenda lucha para que se produzca una gran revolución en la consciencia de la Humanidad, y todo el mundo está llamado a participar en esta revolución. Contribuye con todo lo que puedas. Tienes que entregar toda tu vida a la revolución. No tendrás otra oportunidad, otro desafío para tu propio crecimiento, y para el crecimiento de este hermoso planeta.

Éste es el único planeta vivo en toda la Existencia y su muerte sería una gran tragedia.

Pero se puede evitar. Tienes que convertirte en soldado de esta revolución para poder evitar las fuerzas criminales, las fuerzas malignas que se están preparando para destruimos.

 

 

 

Capítulo 13

La Única Forma de Salir, es Entrar

 

La enfermedad del mundo actual, su desgracia y su tensión cre­ciente, son el resultado de todas las estúpidas ideas que han do­minado a la Humanidad en el pasado.

Todas las religiones son responsables. Lo que han hecho, sin saberlo o a sabiendas, es la causa de la desgracia, del sufrimiento y la angustia de todos los seres humanos. Veamos, una a una, las causas fundamentales.

 

La primera:

Todas las religiones han estado imponiendo la idea de que Dios creó el mundo y de que es omnisciente, omnipotente y omnipresente. Lo sabe todo, es todopoderoso y está en todas partes.

Y ésta es la idea que ha impedido al hombre hacer algo en esta vida para que sea mejor y más hermosa. Si alguien que lo sabe todo, que es todopoderoso y está en todas partes, se está ocupando, ¿qué puedes hacer tú? ¿Qué has de comprender? ¿Cuál puede ser tu contribución? Si Dios ha creado el mundo, tú no puedes me­jorarlo. Cualquier cosa que hagas será más bien un perjuicio. No puedes mejorarlo, no puedes ser más sabio que Dios.

Esta idea es una de las causas fundamentales de la angustia total por la que la Humanidad está pasando y en la cual quizás perezca. Piensa, por favor... tal como lo veo, no hay Dios que esté creando el mundo, cuidándolo. No descargues esa responsabili­dad sobre alguien que no existe. Somos nosotros los que estamos aquí y somos nosotros los responsables de aprovechar o desper­diciar esa oportunidad. Retira a Dios y pon al hombre en su lugar y el mundo será totalmente diferente.

El sufrimiento es absolutamente indeseable. La angustia es nuestra estupidez. El hombre puede vivir una vida inmensamente rica, deliciosa, dichosa; para ello el primer paso es que acepte su responsabilidad. Todas las religiones han enseñado a eludir la responsabilidad: déjalo en manos de Dios... y no hay Dios.

No haces nada porque piensas que Dios lo hará todo y no hay ningún Dios que haga nada. Entonces, ¿qué esperas? Lo que está pasando, lo que ha pasado y lo que pasará, es el resultado natural de alimentar la idea de un Creador.

Si se le dijera al hombre: "Ésta es tu existencia, eres tú el responsable, seas quien seas, hagas lo que hagas y pase lo que pase a tu alrededor. Madura. No sigas siendo infantil".

  Pero este Dios impide tu madurez. Su existencia misma depende de tu falta de madurez, de tu infantilismo.

  Cuanto más estúpido y crédulo seas, más grande será el Dios. Cuanto más inteligente, menor es el Dios.

  Si tú eres realmente inteligente, Dios no existe.

  Entonces ahí está la Existencia, ahí estás tú... ¡crea! Pero el Creador no te permite ser creativo.

  Todo mi énfasis estriba en que te conviertas en el Creador.

  Libera tu energía creativa. Esto sólo es posible si este Dios­ -que no es más que un Godot- es abolido completamente, es eli­minado por completo de tu visión de la vida.

Sí, al principio te sentirás vacío, porque este espacio que Dios ha estado llenando en ti... durante millones de años; el santuario sagrado en tu corazón ha estado ocupado con la idea de Dios. De repente ahora, al arrojarlo fuera, te sentirás asustado, vacío, per­dido. Pero es bueno estar vacío. Es bueno temer. Está bien estar perdido. Porque la realidad es ésta, y lo anterior era sólo una ficción. Las ficciones no ayudan. Te consuelan un poco, pero el consuelo no es algo bueno... Transformación y no consuelo. Lo que hace falta es tratar todas las enfermedades que has estado padeciendo. No es consuelo lo que te hace falta.

  Lo primero es: descarta a Dios. No esperes a ningún Godot. No hay ninguno ni nunca lo hubo.

  Friedrich Nietzsche dijo... y estoy en desacuerdo con él, pero no de la forma en que otros están en desacuerdo. Mi desacuerdo es diferente del de los demás. Nietzsche dice: Dios ha muerto. Por supuesto que los cristianos, los musulmanes, los hindúes, los budistas, discrepan de ello; todos han estado contra Nietzs­che. También yo. Pero mi razón por la que discrepo es que Dios no está muerto porque nunca ha estado vivo. Decir "Ha muerto" implica aceptar que estuvo vivo, que estaba y no está. No, nunca estuvo en ningún lado. El hombre siempre vivió en una fábula.

Y esta situación, este sufrimiento, esta tensión cada vez ma­yor... La tensión es tal que en los países más desarrollados, la segunda causa de muerte hoy, no es por enfermedad, sino por suicidio. Uno se siente muy tenso, día tras día y al parecer sin nin­guna salida. Y la angustia sigue creciendo. Y ni siquiera es posi­ble ver la razón por la que se sufre. ¿Por qué este sufrimiento? ¿Qué hemos hecho?

La vida misma parece no tener valor. Llega un punto en la vida de todo hombre inteligente, en el que se da cuenta de que todo es inútil y sin sentido.

Entonces, ¿para qué seguir arrastrándose? ¿Por qué no termi­nar, por qué no liberarte de todo esto? No te ha aportado nada, excepto penas, y no puede darte otra cosa. Sí, hay un opio en algún sitio: la esperanza de que quizás mañana las cosas sean diferentes. Si no hoy, quizá mañana podrás capturar algún mo­mento de dicha.

Y ni aun así parece valer la pena: una larga caravana de penas y de tanto en tanto un instante para sonreír, para reír. Y apenas has sonreído y ya se fue. Tal vez, ese momento no sea más que imaginario. Para seguir funcionando empiezas a soñar con cosas que no existen, con cosas que quisieras que estuvieran allí. Ésta es en realidad la función de los sueños.

Posiblemente el noventa y nueve por ciento de la gente, o inclu­so más, necesita soñar; seis horas de soñar cada noche. ¿Y pien­sas que esto es todo? ¿Acaso no sueñas también durante el día?

En cualquier momento cierra los ojos y encontrarás que el sueño está ahí, transcurriendo. El sueño está siempre ahí. Mien­tras me estás escuchando, el sueño está ahí. Caminas por la calle y el sueño se mueve contigo. Por supuesto, cuando estás despier­to, tu atención está dividida. Debes prestar atención al mundo exterior o la gente dirá que estás volado. ¡No estás volado, sino metido en ti! (*). Tú atención no se dirige hacia lo exterior. Estás nublado por los sueños y te has olvidado del mundo objetivo. Seis horas por la noche y ¿cuántas durante el día? Nadie las ha calculado, pero me parece que no tienes ni siquiera dos horas durante el día, libres de sueños, como sí las tienes mientras duermes.

Y no creo que estés dos horas diarias sin sueños, despierto realmente, porque si las tuvieras, ellas serían tu meditación, y te revelarían secretos de inmenso valor.

Pero la Humanidad ordinaria, el hombre de la calle, necesita soñar. ¿Por qué? Porque en realidad la vida es muy poco satisfactoria, muy fea, apestosamente fea. Estos sueños la sustituyen. Son hermosos. Traen perfume a tu vida. Esperanza, ficción: te ayudan a permanecer cuerdo. La realidad te volvería loco.

Y para mí, Dios, el Espíritu Santo, el Hijo, el Papa, el infali­ble Papa... por supuesto que tiene que ser infalible, representa al Mesías, al único hijo de Dios, ¿cómo podría ser falible?

Y todas las religiones tienen cosas similares. Necesitas esos personajes. Son ficciones creadas por tus sufrimientos. Gente as­tuta utiliza tu sufrimiento para explotarte y disfrutar del poder.

También los políticos necesitan esos personajes. Incluso un político loco como Adolfo Hitler necesita las bendiciones de Dios. Y si Dios no existe, ¿quién va a bendecir a Adolfo Hitler? El ministro cristiano de mayor rango en Alemania lo bendijo. Ahora observa el milagro: Adolfo Hitler bendecido por el ministro de Dios: "Tú vencerás". Churchill es bendecido en Inglaterra por un ministro del mismo Dios: "Tú vencerás". Benito Mussolini es bendecido por el propio Papa: "Tú serás el vencedor". Y nadie ve la contra­dicción: un Dios, un Papa infalible... iY ese cura alemán depende del Papa!

Pero el Papa tiene que bendecir a Mussolini, de lo contrario Mussolini lo expulsaría y pondría a cualquier otro como Papa, a cualquier otro que estuviera dispuesto a bendecirle.

 

(*) N. del T.- Juego de palabras en el original en inglés, entre "spaced-out"= "estar volado", lit. "abierto hacia afuera" y "spaced-in"= sin traducción. En caste­llano, lit. "abierto hacia adentro".

 

Benito Mussolini no es un fascista mientras está en el poder. Hasta el Papa lo declara: "El hombre más sabio, más democrático, más humano". ¡Mussolini! Y el mismo Papa -una vez derrotado Mussolini- le declarara fascista. ¡Y ésta es la gente infalible! Ahora hay allí otro político que tiene que ser bendecido y que está en contra de Benito Mussolini. También será bendecido.

¿Puedes ver esa conspiración entre curas y políticos? Las ma­sas son engañadas. El sacerdote sanciona en nombre de Dios, certifica que éste es el hombre adecuado para ser presidente, o vicepresidente, primer ministro.

Por supuesto que el político le necesita, pues las masas escu­chan a los sacerdotes, y se supone que el sacerdote es imparcial, que nada tiene que ver con la política, que está por encima de ella. ¡Y no es así! El sacerdote está en manos del político...

  Lo que te estoy diciendo es que sacerdotes y políticos han estado conspirando siempre, trabajando juntos, de la mano.

Uno tiene el poder político, el otro el religioso. El político protege al sacerdote; el religioso bendice al político. Y las masas son explotadas, exprimidas. Ambos le chupan la sangre.

Eliminando a Dios, eliminarás a los políticos, a los sacerdo­tes y a la política; eliminarás la conspiración entre curas y políti­cos. Y al eliminar estos dos, el cincuenta por ciento de tu sufri­miento desaparecerá.

Y la idea de Dios te hace soñar en una vida mejor... después de la muerte, tal vez en el paraíso o en otra encarnación. Así pues, no hay de qué preocuparse. Esta vida es poca cosa... ¡Qué impor­ta! Comparados con millones y millones de años luz, ¿qué repre­sentan setenta años? Nada, no cuentan...

Por eso las religiones han estado diciendo a la gente: "Setenta años no son nada. El sufrimiento pasará y si permites que pase sin luchar contra él, la próxima vida -la vida más allá de la muer­te- será una gran recompensa para ti".

Ésta es la gente que ha impedido que cambies la situación en que te encuentras en la Tierra. Ha impedido la transformación del hombre, porque todo el sufrimiento que ves por todas partes está arraigado en el hombre, y si el hombre permanece igual, esta tensión irá en aumento, su angustia seguirá creciendo.

Existen enormes posibilidades de que a finales de siglo la Humanidad entera se suicide, de que empiece una guerra global.

Y no es muy difícil imaginarse en esa posibilidad, porque la gente que está en el poder, los que tienen las armas nucleares, es gente de muy baja ralea.

Aparentemente, para ser un político de éxito hay que ser ab­solutamente estúpido, fanático, mentiroso, has de estar prome­tiendo continuamente -sabiendo perfectamente que las prome­sas jamás se cumplirán- estafando, empleando bonitas palabras y ocultando sucias realidades. ­

Ahora todas las naciones poderosas se han pertrechado con armas nucleares, al punto que si quisiéramos podríamos destruir ahora mismo hasta setecientos planetas como la Tierra. La mag­nitud del poder del que disponemos es tal, que se podría destruir a cada persona setecientas veces. Aunque no es necesario, con una vez basta. Pero, sin embargo, los políticos no quieren correr ningún riesgo. Sus caras son sólo máscaras. Dicen una cosa y hacen otra. ¡Y el poder está en manos de esta clase de gente! Cualquier chiflado puede apretar un botón y terminar con la Hu­manidad, con la Humanidad entera, con toda manifestación de vida sobre la Tierra.                                                                  ­

Es posible que en lo profundo, la Humanidad misma quiera dejar de vivir sobre la Tierra. Tal vez individualmente no se tenga el valor suficiente para suicidarse, pero como multitud lo tienen.

Recuerda, los individuos nunca han cometido grandes críme­nes; son siempre las masas quienes los cometen; ya que en medio de la multitud, el individuo siente que no es responsable de lo que está pasando. Él piensa: "Hago lo que hace la gente". Cuando actúas como individuo lo piensas tres veces antes de actuar. ¿Qué vas a hacer? ¿Está bien esto? ¿Te lo permite tu consciencia? Pero no es así cuando hay una multitud. Puedes desaparecen en la muchedumbre; nadie sabrá que has formado parte de ella.

Hasta un país como Alemania que puede considerarse uno de los países más inteligentes, cultos y sofisticados, que ha propor­cionado grandes poetas, pintores, científicos, filósofos..., en to­dos los ámbitos la contribución alemana es muy elevada. Pero lo que nos deja atónitos es que el país de Hegel, de Feuerbach, de Kant, de Marx, de Freud, de Einstein, cayera bajo el poder de Adolfo Hitler, que no fue más que un loco.

¿Qué pasó? Incluso un hombre como Martin Heidegger -el filósofo más notable del aquel entonces- apoyaba a Hitler. ¡Es sorprendente tan sólo pensarlo! Siempre aprecié a ese hombre de incomparable inteligencia. Otros filósofos están muy por debajo: Sartre, Jaspers, Marcel... están por detrás, muy detrás; nadie se aproxima a su nivel, incluso entenderle es difícil. Pero apoyó a Hitler y cuando Alemania perdió la guerra y Hitler se suicidó, en ese momento despertó de su sueño. Entonces se dio cuenta de lo que había hecho: "Este hombre fue simplemente un loco, y yo estuve de su parte".

Por esto digo: incluso con los ojos completamente abiertos puedes estar soñando. Soñaba y estuvo proyectando su sueño en Adolfo Hitler, porque vio que este hombre tenía poder, podía im­presionar a las masas, cosa que Heidegger no podía hacer. No sabía ni pronunciar una sencilla conferencia; la gente se iba. La forma en que hablaba, las cosas sobre las que hablaba, las com­plicaciones que introducía... ¿quién iba a escucharle?

No tenía poder sobre las masas y vio a Hitler: fascinando las masas, dejándolas casi en estado de hipnosis. De esta forma pro­yectó que este hombre podría convertir en realidad sus sueños de cómo debería ser el mundo. Pero fue un tonto. No entendió que este hombre tenía sus propias dementes ideas sobre lo que iba a hacer con el mundo. No iba a escuchar a ningún filósofo. Martin Heidegger era infinitamente superior. No podría haber tenido una conversación inteligible con él.

Las religiones han suministrado al hombre ficciones para vi­vir. Ahora estas ficciones se han deshecho y el hombre ya no tiene nada para lo que vivir; de ahí la angustia.

La angustia no es un simple estado de ansiedad. La ansiedad se centra siempre entorno a un problema. Si no tienes dinero, aparece la ansiedad; si estás enfermo y no tienes medicinas, hay ansiedad. La ansiedad está relacionada con un problema específico.

La angustia no se centra en torno a un problema. Simplemente el hecho de existir parece inútil, estéril. Sólo respirar parece un esfuerzo innecesario, porque mañana ¿qué te espera? También ayer pensabas que mañana pasaría algo... y hoy es el mañana del ayer, el mañana que ha llegado como hoy... y no ha pasado nada. Y esto ha estado ocurriendo durante años. Y sin embargo, sigues proyectando: ¡Mañana!

Llega un momento en que empiezas a darte cuenta de que no pasará nada. Y entonces surge la angustia... En esa angustia parece existir sólo una idea: salir de este círculo de la vida de la manera que sea. Y de ahí, el suicidio, el aumento del índice de suicidios. Y de ahí el deseo inconsciente de la Humanidad de que ocurra la Tercera Guerra Mundial: "No seré responsable de mi suicidio: la guerra mundial matará a todo el mundo y a mí también".

Toda esta situación puede ser cambiada.

Sólo hay que cambiar las premisas del viejo hombre; te has de desembarazar de Dios, del cielo y del infierno; has de abandonar la idea de obtener futuras recompensas y de que algún Mesías vendrá a redimirte de tus sufrimientos.

Deja ya de lado la idea de que otro es el responsable de tu desgracia, de tu sufrimiento; abandona la idea de que alguien pue­de darle sentido a tu vida. Dios no existe y con él desaparecen también el Espíritu Santo y el Hijo. Dios es el punto crucial de toda esa fantasía. Al quitar la idea central todo el castillo de nai­pes se desmorona. Basta con un pequeño soplo...

Acepta que estás solo y que morirás solo, y acepta también el hecho de que vives solo; tal vez en la multitud, pero solo; tal vez con tu mujer, tu amiga, tu compañero... ellos están solos en su soledad y tú estás solo en la tuya, y estas soledades no se tocan, nunca se tocan...

Podrás vivir con alguien durante veinte, treinta o cincuenta años; no importa cuántos... seguiréis siendo desconocidos. Siem­pre, por siempre seréis desconocidos. Acepta el hecho de que somos desconocidos, de que no sé quién eres, de que no sabes quién soy. Ni yo mismo sé quién soy, ¿cómo puedes saberlo tú?

Pero la gente asume que la mujer sabe quién es su marido; el marido asume que su mujer le conoce. Todos funcionan como si pudieran leer la mente de los demás, creyendo que tu compañero debería saber  -antes de que se lo digas- cuáles son tus necesi­dades, tus problemas. Él debería conocerlos, ella debería conocerlos... y deberían hacer algo.

Pues bien, todo esto es una tontería. Nadie te conoce, ni siquie­ra tú, así que no esperes que nadie te conozca. Es imposible, por la propia naturaleza de las cosas. Somos desconocidos. Por ca­sualidad nos hemos encontrado y estamos juntos, pero la soledad está ahí. No lo olvides, porque sobre esto debes trabajar. Sólo de ahí nace tu redención, tu salvación.

Pero estás actuando exactamente al revés. ¿Cómo puedes olvidar tu soledad? El compañero, la compañera, el cine, el partido de fútbol, perderse en la multitud, bailar en la discoteca, olvidar­te de ti mismo, tomar alcohol, drogas. Hay que hacer algo de manera que esa soledad no llegue a tu consciencia. Sin embargo, ahí reside todo el secreto.

Tienes que aceptar tu soledad, no puedes eludirla de ninguna manera. Y no es posible cambiar su naturaleza. Es tu realidad auténtica, eres tú.

Y estás escapando de ti mismo. Entonces, habrá sufrimiento, habrá problemas. Y al resolver un problema, crearás diez más, y así sucesivamente. Pronto lo único que habrá a tu alrededor serán problemas, y pronto te estarás ahogando en ellos.

Y luego exclamas: ¿por qué estoy cada vez más tenso? ¿Por qué sufro tanto? ¿Por qué hay tanto dolor? Como si alguien pu­diera responder a esto. Y en realidad alguien puede: tú.

Te lo digo con autoridad, porque yo he encontrado la respues­ta dentro de mí. La autoridad no se deriva de ningún Dios, de ningún Mesías, de ningún Veda, Corán o Biblia. No, esta autori­dad se deriva de mi experiencia.

Toda mi vida la he vivido en medio de millones de personas, pero ni por un minuto he olvidado que estoy solo. Y mi soledad es inalcanzable; nadie puede llegar a ella. Sólo está disponible para mí, porque eso soy yo.

Así que, en cuanto dejes de escapar de ti mismo, ahogándote en toda clase de drogas, relaciones, religiones, servicios a la Hu­manidad... muchos lo están haciendo, y no es más que una forma de escapar de sí mismos. Pero satisface sus egos: están sirviendo a la Humanidad.

Conozco a muchos de estos servidores -grandes servidores­- y al hablar con ellos y llevarles al punto central y romper sus defensas, todos literalmente rompen a llorar diciendo: "Tal vez tengas razón, estamos huyendo. Pensamos en servir a esta pobre gente, pero ni siquiera hemos sido capaces de resolver nuestros propios problemas". A la gente eso les parece un mejor escape. De esta forma puedes dejar tus problemas a un lado: ¿Cómo pue­des ser tan egoísta ocupándote de tus problemas cuando toda la Humanidad está sufriendo? Todos están sufriendo; ayúdales. De esta manera puedes, con un bello gesto, dejar tus problemas a un lado. ¡Incluso pensar en ellos es ser egoísta!

Pero teniendo semejantes problemas ¿a quién ayudarás y cómo? Sólo descargarás tus problemas en aquellos a los que pretendes servir. La mujer los descarga en su marido, el marido en la mujer, los padres en los hijos, los hijos en los padres... y todos descar­gan sus problemas en los demás, sin ver que el otro está tratando de hacer lo mismo.

¡Deja de responsabilizar de tus problemas a otro! Tú debes resolver tus problemas. Todos hemos de hacerlo. Y los problemas no son tantos. Hay un sólo problema que no has resuelto, uno que ha creado una cadena de problemas no resueltos.

Y el problema es: ¿cómo entrar en tu soledad sin miedo? Una vez que has entrado sin miedo en tu soledad, la experiencia es tan hermosa y tan llena de gozo, que nada puede comparársele.

No es en absoluto un problema, sino la solución de todos tus problemas. Pero tú lo has convertido en un problema porque has escuchado a los demás y los has seguido; un ciego siguiendo a ciegos líderes y ciegos sacerdotes.

Todos se mueven en círculos, cada uno creyendo que quien le precede es capaz de ver. Y lo mismo ocurre con el primero... se aferra al abrigo o a la camisa de algún otro, creyendo que este otro sabe donde va. Y todos siguen moviéndose en círculos; na­die va a ningún lado. Los seguidores siguen al líder. El líder si­gue a sus seguidores.

Debes detenerte y salir de éste estúpido juego de líderes y seguidores. Basta con que seas tú mismo. Y recuerda que has nacido solo. La soledad es por consiguiente tu realidad y morirás solo; ésta es tu realidad.

Y entre la vida y la muerte, entre estos dos puntos donde tú estás completamente solo, ¿cómo puede ser la vida algo diferen­te? A cada momento estás solo. Acéptalo con alegría. Entra en ello tanto como te sea posible, tantas veces como puedas.

Éste es el templo de mi religión.

No está hecho de rocas ni de mármol, sino de tu consciencia. Entra en él. Cuanto más profundamente entres, más se aleja­rán los problemas. En el momento que toques el centro de tu ser, habrás llegado a casa y desde este punto, sal y haz lo que se te ocurra. Será una ayuda, será un servicio, será un compartir. No estarás descargando nada sobre el otro.

Por un lado, los curas te han suministrado el anhelo de otro mundo, el deseo del otro mundo, del mañana.

Por el otro, el político te ofrece este mundo... puedes ser pre­sidente; cualquiera en América puede ser presidente, todos los ciudadanos son iguales. ¡Qué tontería! Ni siquiera dos hombres son iguales y sólo el más astuto será el presidente; no todos. Al menos no aquellos que podían haber ayudado a los demás.

Sólo los ambiciosos llegan en cualquier país al puesto políti­co más alto. Y además es necesario ser completamente ambicioso para jugárselo todo en esto. No te ha de importar lo que hagas; sólo has de mantener un único objetivo en la mente y hacer lo que sea necesario para alcanzarlo, esté bien o mal. Da igual. Si fracasas todo estará mal. Si tienes éxito todo estará bien. El éxito está bien; el fracaso, mal. Así es como los políticos nos han ense­ñado.

  Deshazte de todo lo que los políticos y curas han introducido en ti, y cuando lo hagas empezarás a vislumbrar tu puro ser.

  A esto lo llamo meditación.

  Una vez lo experimentas, te transforma para siempre.

 

 

 

El Autor

 

 

 

La mayoría de nosotros vivimos nuestras vidas en el mundo del tiempo, entre recuerdos del pasado y esperanzas del futuro.  Sólo rara vez tocamos la dimensión intemporal del presente, en momentos de belleza repentina, o de peligro repentino, al encontrarnos con una persona amada o con la sorpresa de lo inesperado.  Muy pocas personas salen del mundo del tiempo y de la mente, de sus ambiciones y de su competitividad, y se ponen a vivir en el mundo de lo intemporal.  Y muy pocas de las que así lo hacen han intentado compartir su experiencia con los demás.  La Tse, Gautama Buda, Bodhidharma… o, más recientemente, George Gurdjieff, Ramana Maharshi, J. Krishnamurti: sus contemporáneos los toman por excéntricos o por locos; después de su muerte, los llaman “filósofos”.  Y con el tiempo se hacen legendarios: dejan de ser seres humanos de carne y hueso para convertirse quizás en representaciones mitológicas de nuestro deseo colectivo de desarrollarnos dejando atrás las cosas pequeñas y lo anecdótico, el absurdo de nuestras vidas diarias.

         Osho ha descubierto la puerta que le ha dado acceso a vivir su vida en la dimensión intemporal del presente, ha dicho que es “un existencialista verdadero”, y ha dedicado su vida a incitar a los demás a que encuentren esta misma puerta, a que salgan de este mundo del pasado y del futuro y a que descubran por sí mismos el mundo de la eternidad.

         Osho nació en Kuchwada, Madhya Pradesh, en la India, el 11 de diciembre de 1931.  Desde su primera infancia, el suyo fue un espíritu rebelde e independiente que insistió en conocer la verdad por sí mismo en vez de adquirir el conocimiento y las creencias que le transmitían los demás.

         Después de su iluminación a los veintiún años de edad.  Osho terminó sus estudios académicos y pasó varios años enseñando filosofía en la Universidad de Jabalpur.  Al mismo tiempo, viajaba por toda la India pronunciando conferencias, desafiando a los líderes religiosos a mantener debates públicos, discutiendo las creencias tradicionales y conociendo a personas de todas las clases sociales.  Leía mucho, todo lo que llegaba a sus manos, para ampliar su comprensión de los sistemas de creencias y de la psicología del hombre contemporáneo.  A finales de la década de los 60, Osho había empezado a desarrollar sus técnicas singulares de meditación dinámica.  Dice que el hombre moderno está tan cargado de las tradiciones desfasadas del pasado y de las angustias de la vida moderna que debe pasar un proceso de limpieza profunda antes de tener la esperanza de descubrir el estado relajado, libre de pensamientos, de la meditación.

         A lo largo de su labor, Osho ha hablado de casi todos los aspectos del desarrollo de la conciencia humana.  Ha destilado la esencia de todo lo que es significativo para la búsqueda espiritual del hombre contemporáneo, sin basarse en el análisis intelectual sino en su propia experiencia vital.

         No pertenece a ninguna tradición: “Soy el comienzo de una conciencia religiosa totalmente nueva”, dice. “Os ruego que no me conectéis con el pasado: ni siquiera vale la pena recordarlo”.

         Sus charlas dirigidas a discípulos y a buscadores espirituales de todo el mundo se han publicado en más de seiscientos volúmenes y se han traducido a más de treinta idiomas.  Y él dice: “Mi mensaje no es una doctrina, no es una filosofía.  Mi mensaje es una cierta alquimia, una ciencia de la transformación, de modo que sólo los que están dispuestos a morir tal como son y a nacer de nuevo a algo tan nuevo que ahora ni siquiera se lo pueden imaginar… sólo esas pocas personas valientes estarán dispuestas a escuchar, porque escuchar será arriesgado.

         “Al haber escuchado, habéis dado el primer paso hacia el renacer.  De manera que esta filosofía no podéis echárosla por encima como un abrigo para presumir.  No es una doctrina en la que podráis encontrar el consuelo  ante las dudas que os atormenta.  No, mi mensaje no es ninguna comunicación oral.  Es algo mucho más arriesgado.  Trata nada menos que de la muerte y del renacer”.  Osho abandonó su cuerpo el 19 de enero de 1990.   Su enorme comuna en la India sigue siendo el mayor centro de desarrollo espiritual del orbe y atrae a millares de visitantes de todo el mundo que acuden para participar en sus programas de meditación, de terapia, de trabajo con el cuerpo, o simplemente para conocer la experiencia de estar en un espacio búdico.

 

 

 

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Sacerdotes y Políticos:

 

La Mafia del Alma

 

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MA GYAN DARSHANA

 

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Índice

 

Parte 1

 

Política y Religión

Cuando la Religión se convierte en Iglesia

No estoy en contra del Papa

Guerra y Paz

No hay Noticias

 

Parte 2

 

¿Quién le pone el cascabel al gato?

Sobre el poder

El político

El sacerdote

El hombre es su propio enemigo

Una historia del futuro

El loto surge del barro

La única forma de salir es entrar

 

 

Parte I

 

Las noticias que nos llegan están llenas de pesar por el futuro

Jalaluddin Rumi

 

 

 

 

Capítulo 1

Política y Religión

 

Osho,

El primer ministro Rajiv Gandhi convocará un debate nacio­nal sobre la necesidad de separar la política de la religión.

Nos gustaría saber ¿cuál es tu visión sobre el tema?

 

La política es mundana, los políticos son los servidores del pueblo. La religión es sagrada; es la guía del crecimiento espiri­tual de la gente. Ciertamente, la política es lo más bajo en lo que concierne a los valores y la religión es lo más alto. Están lejos una de otra.

Rajiv Gandhi quiere que la religión no intervenga en la políti­ca. Yo quiero que la política no intervenga en la religión. Lo su­perior tiene todo el derecho del mundo a intervenir, mientras que lo inferior no tiene ningún derecho.

La religión ha estado elevando la consciencia humana durante siglos. Lo que el hombre es ahora, por poca consciencia que ten­ga, se lo debe a la religión. La política ha sido una maldición, una calamidad, y la política es la responsable de todo lo que hay de malo en la Humanidad.    ­

Pero el problema es que la política tiene el poder y la religión sólo tiene el amor, la paz y la experiencia de lo Divino. La políti­ca puede fácilmente interferir en la religión y eso es lo que ha estado haciendo siempre hasta tal punto que ha destruido mu­chos valores religiosos que son absolutamente necesarios para la supervivencia de la Humanidad y de la vida en este planeta.

La religión no tiene un poder como el de las armas nucleares, el de las bombas atómicas, el de las pistolas... su dimensión es totalmente distinta. La religión no ansía poder; la religión es una búsqueda de la verdad, de Dios. Y la búsqueda misma, hace al hombre religioso, humilde, simple e inocente.

La política posee todo un arsenal destructivo; la religión es absolutamente vulnerable. La política no tiene corazón. La reli­gión es puro corazón. Es como una hermosa rosa; su belleza, su poesía, su danza, hacen la vida digna de ser vivida. Le dan senti­do y significado. La política es como una piedra sin vida. Pero la piedra puede destruir la flor y la flor está indefensa. La política es agresiva.

Rajiv Gandhi está poniendo las cosas cabeza abajo. Quiere que la religión no intervenga en política. Dice que la política debería tener el monopolio, para así poder someter a la Humanidad, para reducir al hombre a la esclavitud, para destruir su libertad, para destruir su consciencia, para convertirlo en un robot, para que los políticos puedan mandar y disfrutar del poder.

La religión es el único problema para los políticos. Está más allá de su alcance y más allá de su comprensión. La religión es la única área donde los políticos no deberían intervenir para nada. Porque la religión es la única esperanza.

Durante siglos, la política ha estado matando, destruyendo, a la gente. La historia de la política es la historia de unos crimina­les y asesinos. En tres mil años, los políticos han provocado cin­co mil guerras. Parece ser que el instinto de barbarie es muy pode­roso en los políticos; su único placer es destruir, mandar.

La religión les crea un problema, porque la religión ha dado al mundo las más elevadas cimas de la consciencia: un Gautama Buda, un Jesús, un Chuang Tzu, un Nanak, un Kabir. Estos son la verdadera sal de la tierra. ¿Qué ha brindado la política al mundo? ¿Un Genghis Khan? ¿Un Tamerlain? ¿Un Nadir Shah? ¿Un Ale­jandro Magno? ¿Un Napoleón? ¿Un Iván el Terrible? ¿Un Stalin? ¿Un Adolfo Hitler? ¿Un Benito Mussolini? ¿Un Mao Tse Tung? ¿Un Ronald Reagan? Todos son criminales. En lugar de estar en el poder deberían estar entre rejas; son inhumanos.

Además, son gente espiritualmente enferma. El deseo de po­der y dominio sólo surge en una mente enferma. Surge de un com­plejo de inferioridad. La gente que no sufre de un complejo de inferioridad no se interesa por el poder; se esfuerza por la paz. El significado de la vida sólo puede conocerse en un estado de paz, nunca a través del poder. Paz, silencio, gratitud, meditación; estos son los elementos básicos de la religión.

No se puede permitir que la religión sea dominada por estúpi­dos políticos. La situación es igual que si los enfermos pretendieran dominar y dirigir a los médicos diciéndoles lo que deben hacer y lo que no deben hacer. De acuerdo, los enfermos son mayoría, pero eso no quiere decir que el médico deba ser dominado por la mayoría. El médico puede curar las heridas, puede curar las en­fermedades de la Humanidad. La religión es el médico.

Los políticos ya han hecho demasiado daño y están llevando a toda la Humanidad a un suicidio global. Y aún así, Rajiv Gandhi tiene el atrevimiento de decir que: "La religión no debe interferir", ¡cuando toda la vida de este planeta está en peligro! No solamen­te lo está el hombre, sino también los inocentes pájaros con sus trinos, los silenciosos árboles y sus flores y todo lo que está vivo.

Los políticos han logrado crear un poder destructivo tal, que es suficiente para acabar con la vida en la Tierra. Y siguen acu­mulando más y más armas nucleares. De hecho, hace tres años, había suficientes armas nucleares para destruir siete veces a cada hombre, para destruir siete veces la Tierra entera o para destruir siete Tierras. Un hombre sólo muere una vez; no se necesita acumular tanto poder destructivo.

Toda la política está basada en mentiras.

Precisamente el otro día –nunca creí que un hombre en su sano juicio pudiese decir algo así- Ronald Reagan realizó unas declaraciones. Había estado negando siempre ante el Senado que se estuvieran entregando armas a ciertos países. Y ahora las in­vestigaciones han demostrado que mentía, que estuvo mintiendo continuamente durante dos años. Han entregado armas destructi­vas a países pobres y no lo han hecho a pequeña escala, sino en grandes cantidades. Ante la evidencia, Ronald Reagan tuvo que justificarse, y lo que dijo da risa, ¡es absolutamente ridículo!

  Dijo, "En mi interior sé que todo lo que dije es verdad. Pero... Los hechos que se han descubierto revelan que es mentira. Sin embargo, creo todavía, honradamente, que todo lo que dije es verdad". Él está admitiendo la evidencia y simultáneamente dice: "Creo honradamente que todo lo que dije es cierto, aunque los hechos demuestran que no fue así”.

Los políticos viven de mentiras, viven de promesas, pero esas promesas nunca se cumplen. Son las personas más incapaces del mundo. Su única cualidad es la de saber engañar a las pobres masas, o, en los países pobres, comprar sus votos. Y una vez en el poder se olvidan completamente de que son en realidad los servidores del pueblo; empiezan a comportarse como si fuesen sus amos.

¿Qué saben ellos del mundo interior del hombre? ¿Qué saben del éxtasis, de la divinidad? Sin embargo, quieren impedir que la religión intervenga en la política. Pero ¿qué hay de ellos? ¿Acaso se les debe permitir que interfieran en la religión? ¿Es que lo más bajo va a dominar a lo más alto? ¿Es que lo mundano va a domi­nar a lo sagrado? Esa sería la peor de las desgracias para la Hu­manidad.

Tal como yo lo veo, todos los políticos deberían ser meditadores, deberían conocer algo del mundo interior; deberían ser más conscientes, más compasivos, deberían conocer el sabor del amor, deberían conocer la experiencia del silencio de la Existencia, la belleza de este planeta y los regalos de la vida. Y además debe­rían aprender a ser humildes y agradecidos.

La religión debería ser el amo de todos los políticos. Por­que a no ser que los políticos tengan algo de religiosidad, no hay futuro alguno para la Humanidad. La religión debe intervenir, metiéndose con los políticos. Porque si la religión no interviene... Los políticos son ciegos, no tienen ojos; son sordos, no tienen una mente que esté en silencio para poder escuchar la verdad.

Pero ¿por qué dice Rajiv Gandhi que religión y política debe­rían estar separadas? La política es una nimiedad. La religión abarca toda la evolución del hombre. La política debería ser sólo una mínima parte de la vasta experiencia religiosa. No hay nece­sidad de ninguna separación. Pero cuando el político asume el poder, se vuelve tan egoísta que no puede pensar en acercarse a esa gente simple y humilde, pero sabia.

Los problemas van en aumento. Los políticos han demostrado su impotencia para resolverlos, pero son incapaces de buscar el consejo de la gente que, por tener mayor claridad, pueda guiarles.

Yo no soy un político. Nunca he votado en mi vida y no lo haré jamás, porque ¿qué sentido tiene elegir entre dos chimpan­cés? ¿Sólo por tener distintas banderas? ¿Por tener símbolos di­ferentes? Los chimpancés son chimpancés.

Lo que los políticos han de tener es un profundo respeto por la religión, por la gente religiosa, porque lo que está claro es que las personas religiosas no pelearán por ganar unas elecciones; ningún hombre religioso mendigará votos. Básicamente, él no tiene deseo alguno de satisfacer su ego, ni de esconder su complejo de inferioridad. En su silencio, en su paz; en su dicha, ha conocido la superioridad suprema. No hay nada que supere esto, no hay nada más elevado. Él se ha convertido en su propio tem­plo; su dios está dentro de su ser.

El político vive de la guerra, vive creando alborotos, vive del disturbio; éstos son sus alimentos. Adolfo Hitler escribió en su autobiografía: "Si no tienes enemigos, no podrás ser un gran lí­der. Incluso si no los tienes, inventa la ficción de que tu país está en peligro, porque cuando la gente tiene miedo es fácil convertirlos en esclavos. Cuando la gente tiene miedo está dispuesta a seguir a los políticos". A pesar de ser un loco, de vez en cuando decía cosas muy significativas. Una vez dijo: "Los líderes más grandes de la Humanidad nacen en épocas de guerra". Así que a menos que haya una guerra, no podrás ser un líder. Tan sólo para satisfacer el deseo de ser un gran líder, tienes que matar a millones de personas. ­

Y tiene razón; en época de paz, la gente no necesita seguir a nadie, la gente no convierte a su líder casi en un Dios para que su palabra sea ley.

Los políticos intentan por todos los medios mantener a la gente atemorizada. China está acumulando armas nucleares en su fron­tera con la India; Pakistán concentra ejércitos en su frontera con la India -los políticos indios siguen insistiendo en ello. En Pakistán siguen diciendo que es la India la que concentra sus tropas en la frontera; en China, insisten en que la India está desarrollan­do armas nucleares. Y en los Parlamentos siguen diciendo, "No estamos desarrollando nada". Pero esto es una mentira descarada.

El líder chino ha de mantener atemorizado a su pueblo. El líder indio tiene que asustar a los indios. Los líderes pakistaníes tienen que mantener a su pueblo atemorizado.

En tu miedo está su poder.

Cuanto más te asustan, más poderosos son. Siguen creando ficciones, dentro y fuera del país: guerrillas hindúes y musulmanas; luchas entre la gente que habla hindi y la que no lo habla. Quieren que sigas luchando por cualquier cosa, incluso la más trivial. Si te tienen ocupado peleando, ellos mantienen el poder. Si dejas de luchar, su poder desaparece. Este es un juego muy sucio.

Uno de los deberes del hombre religioso es mantenerse por encima de la política y conducir a la gente hacia valores más creati­vos, hacia una mejor Humanidad. De hecho, si las religiones com­prendiesen que toda la Humanidad es una y que no se necesitan naciones, todos estos pigmeos políticos desaparecerían.

Pero lo extraño del caso es que los políticos siguen diciendo que la religión debería mantenerse alejada de la política, ¿por qué? ¿Por qué debe separarse la verdad de la política? ¿Por qué ha de estar el amor separado de la política? ¿Por qué ha de sepa­rarse la consciencia meditativa de la política? ¿Por qué separar al corazón devoto de la política?

Sí, entiendo que deberían estar separadas en el sentido de que la religión es lo más elevado. El político necesita tratamiento psi­cológico y tratamiento espiritual y debería acercarse al hombre religioso y solicitar su consejo. Es lo que se hacía en la antigua India. Conocemos esa época; esa edad de oro permanece viva en la memoria. Hubo un tiempo en que los reyes iban a los bosques a presentar sus respetos a mendigos que nada poseían y a pedirles consejo.

Los reyes solían tocar los pies de aquellos que se habían rea­lizado en señal de inmenso respeto, porque incluso sólo su ben­dición puede transformarte. La política es funcional, es práctica, pero es incapaz de transformar al hombre en una consciencia su­perior. Y esto es especialmente cierto con respecto a la India, donde la situación siempre ha dado asco. Y eso duele.

Mahatma Gandhi solía decir, antes de la independencia, que el primer presidente de la India sería una mujer. No sólo una mu­jer, sino una "sudra", de la casta más baja de los intocables.

Pero cuando llegó  la libertad, se olvidó de todas las promesas que había estado haciendo y el juego de poder comenzó de nuevo al viejo estilo. Pandit Jawarhalal Nehru es un brahmin; no es ni mujer, ni sudra. Nuevamente es un brahmin quien asume el po­der. Y durante cuarenta años, en la India ha estado gobernando una sola familia de brahmines. Casi se ha convertido en una di­nastía familiar. Ya no es una democracia.

Simplemente observa los hechos. ¿Cuál era la influencia que Mahatma Gandhi tenía sobre la gente de la India? Aparentaba ser muy religioso -aunque no lo era- fingiendo ser un santo hindú, porque los hindúes eran mayoría; ellos eran los que gobernarían al país. Por eso insistía tanto en que la India no debía dividirse; porque en una India indivisa, serían los hindúes los que ostenta­rían el poder. Nadie podría habérselo arrebatado porque los demás estaban en minoría. Nadie se ha dado cuenta de su táctica políti­ca utilizando incluso la religión para fines poco escrupulosos.

 

El doctor Ambedkar quería que los intocables tuvieran una votación sólo para ellos y yo estoy totalmente de acuerdo con él, por la sencilla razón de que durante cinco mil años esta gente ha sido oprimida, explotada; han destruido toda su dignidad de seres humanos. Y ellos son la cuarta parte de la población hindú.

  Hacen los trabajos más duros y desagradables; por ello deberían ser respetados, deberían ser honrados pero por el contrario, hasta su sombra se considera intocable. Si la sombra de un intocable cae sobre ti, debes bañarte inmediatamente para purificarte.

 

Ambedkar tenía toda la razón al pedir unas elecciones separadas para los intocables, sólo de este modo se tendría la oportunidad y la certeza de que una cuarta parte de sus miembros, alcanzarían un puesto en el parlamento. De otro modo, jamás lo lograrían y por lo tanto nunca podrían cambiar las leyes inhumanas que Manú creo hace cinco mil años.

Existen grandes criminales, pero Manú parece ser el peor. Adolfo Hitler respetaba a Manú; como también lo hacía Friedrich Nietzsche ­-ellos no respetaban a Gautama Buda- y Manú ha sido una maldición para este país. Ha despojado de su humanidad a millones de personas que están viviendo como animales.

Ambedkar era absolutamente lógico y correcto al decir que se les debía otorgar un voto separado, pero Gandhi comenzó una huelga de hambre para forzar a Ambedkar a retirar su propuesta; si no lo hacía, ayunaría hasta morir. Ahora bien, esto es absoluta­mente ilógico. Incluso aunque convenzas a la gente con tu ayuno, eso no quiere decir que tengas razón. Esto es chantaje, es amena­zar con, "Me suicidaré si no estás de acuerdo conmigo".

Obviamente todo el país presionó a Ambedkar diciéndole, "Suspende tu campaña, porque si no lo haces, la muerte de Gandhi traerá graves consecuencias para ti y para los intocables. Los quemarán vivos. Quemarán sus aldeas, porque los hindúes se venga­rán alegando que los sudras han causado la muerte de Gandhi". Ambedkar se mantuvo firme en su propósito, pero al final se rin­dió ante la perspectiva de lo que podría ocurrir si Gandhi moría... a pesar de que esto no es un argumento válido.

Si yo hubiera estado en el lugar de Ambedkar, le hubiera dicho a Gandhi: "Puedes morirte, porque tu muerte no es un argumento válido. Es una historia tan estúpida como esta otra que he oído".

Un hombre muy feo, quería casarse con una joven muy bella; él era de la edad del padre de la joven. Trató de conseguirla usan­do el método de Gandhi: llevó su colchón, lo colocó frente a la casa de la mujer que pretendía y declaró que ayunaría hasta que el padre le entregara a su hija en matrimonio. Por supuesto todos simpatizaban con el pobre hombre diciendo: "Se está muriendo. ¡Qué amor tan grande siente! Solamente hemos oído historias así en los cuentos. ¡Es verdaderamente un Majnu, un Fardad, un Mahival!"

El padre estaba muy afligido y la joven muy asustada. Duran­te todo el día la casa estuvo llena de gente que gritaba: "Su muer­te será un peligro para ti. Este hombre no es violento, sino todo lo contrario; es religioso, está ayunando". Alguien le sugirió al padre de la joven: "Ve a ver a algún viejo seguidor de Gandhi, para que te diga lo que debes hacer".

El seguidor de Gandhi le dijo: "No hay ningún problema. Sé de una prostituta vieja y fea... Dale cien rupias y dile que también lleve allí su colchón y se acueste al lado del hombre y le diga: "Ayunaré hasta la muerte si no te casas conmigo". Esa misma noche, el hombre cogió su colchón y escapó. Esos no son argu­mentos.

Y Ambedkar fue obligado a retirar su campaña. Y llevó un vaso de zumo de naranja a Gandhi para que interrumpiera su ayu­no. Esto es poner la religión al servicio de la política. Ningún hombre religioso hubiera hecho eso.

La idea de que la India debía permanecer unida no fue más que una estrategia política utilizada en beneficio de los hindúes para que los musulmanes, o los cristianos, o los jainas o los sikhs, nunca pudiesen alcanzar el poder. De este modo los hin­dúes siguen en el poder. Son la mayoría.

Jinnah, el hombre que creó Pakistán, no era en absoluto un hombre religioso, pero también se sirvió de la religión. Creó un movimiento con el fin de que los musulmanes obtuviesen un país independiente; de otro modo, no conseguirían tomar el poder jamás. De pronto se volvió un gran musulmán, un gran religioso. Y en nombre de la religión... Todo fue pura política: ni Mahatma Gandhi, ni Mohamed-Ali Jinnah eran religiosos. Ambos querían poder.

Desde entonces han pasado cuarenta años, ¿qué han hecho los políticos por India? Cuando se logró la independencia, la población era de cuatrocientos millones. No han conseguido detener la explosión demográfica que aniquilará al país sin necesidad de armas atómicas. Ahora la población se ha multiplicado; son ya novecientos millones! Y para finales de este siglo, la India tendrá la mayor población del mundo. Hasta ahora la tenía China, pero China se está comportando más científicamente y está intentando reducir su población. A finales de esté siglo, uno de cada cuatro hombres, será indio.

¿Pero qué están haciendo los políticos? Tienen miedo de de­cir algo a favor del control de la natalidad, a favor del aborto, porque no les interesa si el país sobrevive o muere; lo que les interesa es no herir a nadie. La gente tiene sus prejuicios y los políticos no quieren tocar esos prejuicios, porque necesitan sus votos. Si hieren estos prejuicios nadie votan por ellos.

Sólo un hombre religioso con "una visión muy clara”, alguien que no necesite el voto de la gente, puede decir la verdad. Los políticos sólo son capaces de decir hermosas mentiras, mentiras consoladoras, con el único fin de conseguir tu voto. El hombre religioso no necesita nada de ti. Al contrario, decir la verdad pue­de poner en peligro su vida, siempre ha sido así. Cada vez que la verdad ha sido dicha, el hombre que la dijo ha sido crucificado. Los políticos buscan el poder, no que los crucifiquen. El mundo necesita más gente religiosa que sea capaz de decir la verdad, aunque esto signifique la crucifixión. El hombre religioso no tie­ne miedo de ser crucificado por la sencilla razón de que él sabe que la muerte no existe. A lo sumo podrán destruir su cuerpo, pero su consciencia, su alma, su Dios interior, seguirá viviendo.

La religión debería tener un estatus superior y se debería es­cuchar a la gente religiosa. El Parlamento debería invitarles cons­tantemente a que les diesen ideas sobre cómo resolver los proble­mas del país, porque por sí mismos parecen ser absolutamente incapaces de resolver nada. Los problemas siguen creciendo, pero el ego del político no quiere que nadie esté por encima de él. Pero te guste o no, el hombre religioso es superior a ti. Tú no puedes provocar una transformación en la consciencia de la gen­te; él sí.

Ciertamente, la religión no debería descender de lo sagrado a los asuntos triviales de la política. Así que en este punto estoy de acuerdo: la religión y la política deberían estar separadas. La distancia es grande. La religión es una estrella del firmamento y los políticos son criaturas rastreras de la tierra.

Están separadas. No hay duda de que deben permanecer sepa­radas. Pero los políticos deberían recordar que se ocupan de asun­tos mundanos. Y esa no es la verdadera meta de la Humanidad.

La gente religiosa está haciendo un enorme esfuerzo para elevar a la Humanidad, para elevar su consciencia, su amor, su compa­sión, hasta un punto donde las guerras sean imposibles, donde los políticos no puedan engañar a la gente, donde sus mentiras y sus promesas queden al descubierto. Esto no es intervenir en la política, es sencillamente proteger a la gente de la explotación de los políticos. La separación ya es un hecho. ¿Quién ha metido la idea a Rajiv Gandhi de que la religión y la política no están­ separadas?

La política es algo que pertenece a las cloacas. La religión pertenece al cielo abierto y limpio, como el pájaro volando a tra­vés del sol para llegar al centro mismo de la Existencia.

Es muy cierto que la gente religiosa no participará en la polí­tica, pero los políticos deberían aprender a ser humildes; su poder no debería cegarles. El poder corrompe y el poder absoluto, corrompe absolutamente; todos los políticos están corrompidos por el poder. ¿Y qué poder tienen? El de matarte. Su poder es el poder del carnicero, nada glorioso ni respetable.

El hombre religioso tiene una calidad de poder totalmente diferente. Éste radica en su presencia, en su gran amor y reverencia por la vida, en su gratitud a la Existencia.

No deberíamos olvidar que lo inferior debe permanecer dentro de sus límites y que se debería pedir consejo a los sabios para resolver los problemas que los políticos son incapaces de resol­ver; ni siquiera tienen un cerebro adecuado para resolverlos.

Pero las intenciones de Rajiv Gandhi son totalmente distin­tas. Lo que él quiere es que la política sea el único poder que domine al mundo entero, incluyendo a la religión, y que sea la religión la que siga los dictados de la política.

Condeno absolutamente esa idea. La religión no puede seguir los dictados de los políticos. Son los políticos los que deberían aprender a escuchar el consejo de la gente religiosa. Los proble­mas son tan pequeños que cualquier hombre con inteligencia y buena voluntad puede fácilmente resolverlos. Pero el político no quiere resolverlos; sólo habla de resolverlos, porque su poder depende de la cantidad de problemas que tengas. Mientras más problemas tengas y más desgraciado seáis, más poderosos serán.

Para la consciencia religiosa, cuanto más dichoso seas, más amoroso, más alegre, más jubiloso... quiere que tu vida sea una canción, una danza, porque ésta es la única forma de rendir culto a la fuen­te de toda vida: con nuestra alegría, con nuestra danza y nuestras canciones.

 

 

Capítulo 2

Cuando la Religión se Convierte en Iglesia

 

Osho,

¿Qué es la religión?

¿Cuál es tu opinión sobre las religiones organizadas?

 

La religión es la más alta aspiración de la consciencia humana, es la búsqueda individual de la verdad.

La verdad interna no pertenece al conocimiento común. Cada cual ha de entrar en sí mismo; cada vez es un nuevo descubri­miento. No importa cuánta gente haya alcanzado su Realización, su Despertar. En cuanto lo alcanzas, es absolutamente nuevo, porque no puede tomarse prestado.

La búsqueda consiste básicamente en llegar a conocer tu inte­rior. Tienes una parte externa, y ninguna parte externa existe sin una interna. La propia existencia de lo externo es la prueba de la existencia del mundo interior.

El mundo interior está formado por tres capas: los pensamien­tos son la más superficial, los sentimientos son más profundos, y luego está el ser, que es tu divinidad. Conocer la propia divinidad, la propia eternidad, es la búsqueda fundamental de la religión.

Todos los sentidos te llevan hacia el exterior: los ojos se abren para mirar lo exterior, los oídos oyen lo que sucede en el exterior, tus manos tocan lo que hay en el exterior. Los sentidos son las puertas para salir. Y recuerda siempre que la puerta que te sirve para salir, también te sirve para entrar; la misma puerta por la que sales de tu casa, es por la que entras cuando regresas. Sólo cam­bia el sentido. Para salir necesitas tener los ojos abiertos; para entrar necesitas cerrarlos; has de mantener todos tus sentidos callados.

  El primer encuentro es con la mente; pero esa no es tu realidad. Aunque esté en tu cerebro, no eres tú; es el reflejo del exterior. Todos tus pensamientos son un reflejo del exterior.

Por ejemplo, un ciego no puede imaginarse los colores porque no los ha visto; por lo tanto ese reflejo no es posible. El ciego ni siquiera sabe qué es la oscuridad y debido ha que nunca ha visto ni luz ni oscuridad, no hay posibilidad de reflejo alguno. El ciego no conoce ni la luz, ni la oscuridad; para él esos dos términos carecen de sentido. Y si analizas tus pensamientos descubrirás que surgen en tu interior debido a la realidad exterior, de manera que son básicamente externos. Reflejos en el lago inte­rior de tu consciencia.

Pero debido a estos pensamientos... una multitud inmensa que se va acumulando en ti y creando una muralla china... Tienes que ir más allá de tus pensamientos. Y la religión conoce un solo método; con diferentes nombres, pero un solo método: la obser­vación, el ser testigo. Simplemente observa tus pensamientos, sin juzgarlos, sin condenarlos, sin darles importancia... con un ex­tremo desapego. Simplemente observa tus pensamientos fluyendo sobre la pantalla de tu mente.

Y a medida que el observador se fortalece, tus pensamientos van disminuyendo. Si el observador supone el diez por ciento de tu energía, entonces el noventa por ciento se desperdicia en pensamientos. Si tu observador absorbe el noventa por ciento, en­tonces sólo el diez por ciento se invierte en pensamientos. En el momento en que tú eras cien por cien un observador, la mente queda vacía.

Todo este proceso es lo que se conoce como meditación. Al atravesar los pensamientos llegas a la segunda capa, la de los sentimientos, la de tu corazón, que es más sutil. Pero ahora tu observador es ya capaz de observar tus estados de ánimo, tus sen­timientos, tus sensaciones; aunque sean de lo más sutil. Y el mis­mo método funciona como con los pensamientos; pronto no ha­brá sentimientos, sensaciones, estados de ánimo... Habrás ido más allá de la mente y del corazón. Ahora queda un silencio profundo; nada se mueve. Éste es tu ser. Esto eres tú.

El sabor de tu ser es la verdad.

La belleza de tu ser es la belleza de la Existencia.

El silencio de tu ser es el lenguaje que la Existencia entiende. Y recogido en tu ser, has llegado a casa, tu peregrinaje se ha terminado, tu lucha ha cesado. Cómodamente te asientas en silencio en tu ser. Un gran esplendor oculto se te revela porque no estás separado de la realidad; eres uno con ella. Los árboles, la luna, las estrellas y las montañas, todo es parte de una unidad orgánica. Tú eres también parte de esa unidad orgánica, eres parte de Dios.

La religión es el supremo logro del hombre. Más allá de la religión no hay nada, pero tampoco hay necesidad de nada más. Tu ser es tan extático, rebosa tanta felicidad, tanto silencio, tanta paz, tanta comprensión, tanto éxtasis, que por primera vez la vida se vuelve realmente una canción, una danza, una celebración. Pero la religión organizada es algo totalmente diferente, así que siento que debo aclararte que la religión auténtica es siempre indivi­dual. Cuando la verdad se organiza, muere; se convierte en una doctrina, en una teología, en una filosofía, pero deja de ser una experiencia, porque una multitud no puede tener experiencias. Las experiencias suceden sólo a los individuos.

Es casi como el amor. Con el amor no puedes crear organiza­ciones para no tener así que preocuparte, para que la organiza­ción se encargue de todo, para que el sacerdote ame en tu lugar. Y eso es lo que le ha sucedido a la religión. Cada vez que un hom­bre descubre la verdad, inmediatamente una parte de la Humani­dad -la más astuta: los sacerdotes- lo rodea. Empiezan a reco­pilar sus palabras, empiezan a interpretarlas y empiezan a procla­mar que si la gente quiere saber la verdad, ha de hacerla a través suyo; ellos son los intermediarios de Dios. Pueden llamarse a sí mismos profetas, pueden hacerse llamar mensajeros, pueden es­coger el nombre que sea, pero la realidad es que se han colocado a sí mismos como agentes de Dios. No conocen a Dios, pero en nombre de Dios explotan a la Humanidad.

La religión organizada es otra forma de política. Así como he condenado a la política como la más baja de las actividades humanas, lo mismo hago con las religiones organizadas. Tú puedes verlo: los sacerdotes y los políticos han estado siempre en cons­piración contra la Humanidad. Se han apoyado unos a los otros. Han dividido las cosas entre ellos para que lo mundano sea de los políticos -ahí gobiernan ellos- y tu vida interior pertenezca al sacerdote; ahí es él el que manda.

Uno a veces se asombra... parece increíble que en pleno siglo veinte el Papa pueda declarar -como lo hizo hace unos meses­ que el comunicarse directamente con Dios es un pecado. Debes hacerlo por el conducto adecuado,  a  través del  sacerdote, porque si la gente  comenzara a dirigirse directamente a Dios

-confesar­se a Dios, rezarle a Dios- millones de sacerdotes se quedarían sin empleo. Ellos no hacen nada; su función es engañarte. Tú no conoces el lenguaje de Dios ni eres tan evolucionado; por una simple donación a su iglesia o templo, ellos hacen el trabajo por ti.

Todas esas donaciones van a la bolsa de los sacerdotes. No saben nada de Dios, pero son muy eruditos: pueden repetir las escrituras como loros. Pero su íntimo anhelo no es de Dios, ni de la verdad. No son buscadores; son explotadores.

Supe que un cura compró dos loros a los que enseñó -con mucho trabajo- hermosos pasajes sobre Jesucristo. Y todos es­taban asombrados porque hablaban muy correctamente. Les hizo unos pequeños rosarios -para que estuviesen constantemente rezando y también les compró unas pequeñas Biblias... Así que tenían siempre sus Biblias abiertas mientras repasaban las cuen­tas. Aunque no podían leer lo sabían todo de memoria. El cura abría una página y decía: "Página doce". Y ellos empezaban a leer. No es que leyeran; repetían de memoria.

El cura estaba muy satisfecho y pensó que sería bueno tener otro loro para enseñarle a decir sermones completos en vez de recitar la Biblia y rezar el rosario. Encontró un loro cuyo dueño le aseguró: "Su deseo será satisfecho; nunca he visto un loro tan inteligente”.

Pero no se dio cuenta de que era un loro hembra. En cuanto fue puesto en la jaula con los otros dos loros -que estaban re­zando el rosario y leyendo la Biblia- ambos miraron a la hembra y uno de ellos dijo: "¡Jorge, deja el rosario. Nuestras plegarias han sido escuchadas!".

Tus sacerdotes no son más que loros y sus plegarias son para obtener poder, prestigio, dinero. Son políticos disfrazados. Ha­cen política en el nombre de Dios, la política de los números. Hay ahora setecientos millones de católicos; evidentemente el Papa es el hombre religioso más poderoso del mundo.

Todas las religiones ha incrementando el número de sus fieles utilizando diferentes métodos. A los musulmanes se les permite tener cuatro esposas para así engendrar cuatro niños al año. Han tenido un gran éxito; son la segunda gran religión después del cristianismo.

"Religión organizada" es sólo una expresión sin contenido, sin significado; en ella se esconde la política de los números. Y lo sabes perfectamente. Cuando las elecciones se acercan, tus políticos van a ver al Shankaracharya. Durante cinco años nadie va a visitarle, pero cuando las elecciones se acercan, entonces el primer ministro visita al Shankaracharya; acude en peregrina­ción a templos situados en montañas tan altas como los Himala­yas. ¿Para qué? Repentinamente surge una gran devoción religio­sa, que declina en cuanto las elecciones terminan.

Esta gente necesita los votos, tienen que mostrar respeto a los dirigentes de las religiones. Y un Shankaracharya se siente hala­gado cuando un primer ministro le toca los pies. Y los hindúes, ­los seguidores del Shankaracharya, piensan que su primer mi­nistro es muy devoto.

Cuando el Papa viene a la India, incluso el presidente y el primer ministro con todo su gabinete forman en fila para recibirle en el aeropuerto. ¿Para qué? La tercera gran religión en la India es ahora el cristianismo y si muestras respeto por el Papa signifi­ca que todos los votos de los cristianos van a ser tuyos.

Las religiones organizadas -ya sea el cristianismo o el hin­duismo o el islamismo- nunca han buscado la verdad. En dos mil años, ¿qué verdad ha organizado el cristianismo además de lo ya dicho por Jesús? Así que ¿qué necesidad hay de esta organiza­ción? No ha incrementado la religiosidad de la gente; simple­mente ha repetido lo que dijo Jesús, lo que está a disposición de todos en los libros. En veinticinco siglos, ¿cuántos budistas han ido en busca de la verdad o la han hallado? Son sólo una larga fila de loros repitiendo, lo que Gautama Buda encontró.

Y debes recordar que Buda no fue parte de ninguna religión organizada, ni tampoco lo fue Mahavira, ni Jesús. Ellos eran busca­dores individuales. Ese es el privilegio y la dignidad del individuo.

Las religiones organizadas, al igual que los políticos, han provocado las guerras. Los nombres pueden cambiar: los políticos luchan por el socialismo, el comunismo, el fascismo, el nazis­mo... y las religiones organizadas luchan por Dios, por el amor, por su propio concepto de lo que es la verdad. Y millones de personas han resultado muertas en los choques entre cristianos y musulmanes, entre cristianos y judíos, entre musulmanes e hin­dúes, entre hindúes y budistas. La religión no tiene nada que ver con la guerra; es la búsqueda de la paz. Pero las religiones orga­nizadas no están interesadas en la paz; están interesadas en vol­verse más y más poderosas y dominantes.

Condeno a los políticos e igualmente condeno a las religiones organizadas, porque no son más que política. Por esto, cuando digo que la gente religiosa debe ser respetada, honrada y que los políticos deben acudir a ellos en demanda de consejo, no me re­fiero a las religiones organizadas; me refiero a los individuos religiosos. Y un individuo religioso no es ni hindú, ni cristiano, ni musulmán. ¿Cómo podría serlo? Dios mismo no es ni hindú, ni musulmán, ni cristiano, y el hombre que conoce algo de lo Divino adquiere los colores de la Divinidad, exhala el aroma de la fragancia divina.

En el antiguo Oriente, esta gente religiosa fue el más elevado florecimiento. Incluso reyes y emperadores acudían a ellos para postrarse a sus pies y recibir su bendición, para solicitar consejo sobre problemas difíciles de resolver.

Si queremos que el mundo siga existiendo, tenemos que retor­nar a nuestros antiguos días de infancia, cuando la persona religio­sa no albergaba intereses privados. Por eso sus ojos estaban lim­pios, por eso su corazón era puro amor, su ser era en sí una bendi­ción. Quienquiera que llegaba a él, era curado; sus problemas re­sueltos; obtenía nuevos enfoques para sus viejos problemas.

Las religiones organizadas deben desaparecer del mundo, han de abandonar su máscara de religiosidad. Son simplemente políti­cos, lobos con piel de cordero. Han de desvelar sus verdaderos intenciones; son políticos, no hay nada malo en ello. Siempre han sido políticos, pero han estado haciendo política en nombre de la religión.

Las religiones organizadas no tienen futuro alguno.

Deben abandonar su disfraz y mostrarse como políticos y ser parte del mundo político, para que así podamos encontrar al indi­viduo auténticamente religioso, que es muy raro de encontrar. Pero unos cuantos individuos auténticamente religiosos, bastan para conducir al mundo entero hacia la luz, hacia la vida inmortal, hacia la verdad última.

 

 

Capítulo 3

No Estoy en Contra del Papa

 

Osho,

Tú estás muy en contra del Papa.

¿Se debe a que la Iglesia Católica es quizás la más organizada de las religiones?

 

No estoy en contra de nadie, pero sí estoy a favor de la verdad. Voy a criticar todo aquello que vaya contra la verdad; para mí es un deber sagrado. Que la Iglesia Católica sea la religión más or­ganizada, es una de las razones por las que critico tanto al Papa. Hay también otras razones.

Me gustaría detallarte todas las razones de mis críticas. Pri­mero, la Iglesia Católica en particular y el cristianismo en general, no son en absoluto una religión. Llamarla "religión organizada" es utilizar un término equivocado. Es una "superstición organizada".

Durante estos veinte siglos después de Jesucristo; el cristia­nismo ha estado defendiendo toda clase de supersticiones y lu­chando contra la ciencia, contra todos los descubrimientos de la verdad. Y quienes han promovido esta guerra entre la supersti­ción y la ciencia, han sido los Papas.

En primer lugar, durante estos veinte siglos los Papas han es­tado proclamando su infalibilidad, lo cual es algo absurdo. Pero según su lógica, ellos representan a Jesucristo y Jesucristo es el único hijo de Dios. Por tanto, indirectamente ellos son el instru­mento de Dios, ¿cómo podrían ser pues falibles? Pero la vida no es lógica. Tu Dios mismo es una ficción. El que Jesucristo sea el unigénito de Dios, es otra ficción. Y la infalibilidad del Papa es simplemente ridícula.

 

Cuando Galileo descubrió que no era el Sol el que giraba al­rededor de la Tierra, sino que era la Tierra la que giraba alrededor del Sol -era ya viejo, setenta y cinco u ochenta años, casi en su lecho de muerte-, fue llevado ante la presencia del Papa. Y el Papa le dijo: "Antes de morir desdícete de lo que afirmas porque va en contra de lo que dice la Biblia. Y todo lo que va contra la Biblia, es falso porque la Biblia es la palabra de Dios".

Galileo era un gran científico y tengo un enorme respeto por él. A su edad y a las puertas de la muerte seguía teniendo un gran sentido del humor.

Él dijo: "No hay problema, lo cambiaré; escribiré en mi libro exactamente lo que está escrito en la Biblia -que el Sol gira al­rededor de la Tierra pero he de decir claramente lo siguiente: ni el Sol ni la Tierra van a leer mi libro. En realidad, la Tierra seguirá moviéndose alrededor del Sol".

"¿Y por qué insistís? Tengo las pruebas, he dedicado mi vida a la investigación y todos los que tienen una mente científica están de acuerdo conmigo. Tarde o temprano tendréis que estar también de acuerdo conmigo porque uno no puede mantenerse en contra de la verdad por mucho tiempo."

El Papa dijo: "No podemos tolerar nada que vaya en contra de la Biblia por la simple razón de que si algo de lo que dice resulta falso, entonces la infalibilidad de Dios desaparece. Y si Dios mismo es falible, ¿qué pasará con Jesucristo? ¿Y con el Papa? Y si Dios ha escrito una falsedad, ¿quién sabe?, puede ser que haya escrito muchas otras. No podemos permitirlo".

Durante trescientos años los Papas han estado luchando dura­mente contra todos y cada uno de los descubrimientos científicos de la verdad. Nadie puede salir victorioso contra la verdad, pero lo han intentado con todas sus fuerzas. Es la única religión que ha peleado contra la ciencia; ésta es una de las razones funda­mentales por las que estoy en contra del Papa.

Incluso ahora continúan oponiéndose a la ciencia sabiendo perfectamente que saldrán derrotados y que es una batalla perdida. Y continúan llamándose infalibles.

Es sorprendente cómo la gente puede tener tan poca vergüenza. Es hora de que aprendan.

­Ellos sacrificaron y quemaron a Juana de Arco por orden del Papa, porque él la declaró bruja. ¿En base a qué, a qué razona­miento, a qué revelación? ¿Sólo porque el Papa lo diga, tiene que ser cierto? La palabra del Papa es ley; la palabra del Papa es la verdad. Quemaron a una gran mujer, valerosa e inteligente, que había luchado por la libertad de su país y que había ganado para éste la libertad. Sintieron celos de que una mujer se hiciera tan notable que incluso el Papa quedara en un segundo plano.

Fue quemada por celos; no había cometido pecado. Toda Eu­ropa se conmovió y lentamente empezó a levantar la voz contra su muerte. Pero tuvieron que pasar casi trescientos años para que la voz de la gente fuera escuchada y otro Papa declarara a Juana de Arco una gran santa.

Un Papa la quema viva, por bruja -tenía relaciones carnales con el diablo- y después de trescientos años, otro Papa -su su­cesor, representante del mismo Jesucristo y de Dios- declara que era una santa. Sus restos fueron exhumados y ahora son venera­dos, y una hermosa catedral se yergue en su memoria. Ahora ya no se la llama simplemente Juana de Arco, sino Santa Juana de Arco.

  El Papa viaja continuamente por todo el mundo, predicando­ particularmente en los países de Oriente donde la gente es muy pobre y donde va a volverse más y más pobre cada día -que el control de la natalidad es contrario a Dios, que cualquier método que impida el nacimiento de un niño es contrario a Dios. Pero el Papa no está interesado en que la gente viva mejor, sin pasar ham­bre. La gente no debería morir por falta de agua, de alimento.

Y te sorprenderá saber que por una parte el Papa habla contra los métodos de control de la natalidad y por la otra, el Vaticano tiene una fábrica clandestina donde se fabrican píldoras anticon­ceptivas porque es un buen negocio y deja millones de dólares. ¿Llamas a esa gente, "religiosa"?

  El viaja por todo el mundo diciendo que los curas católicos, los obispos y cardenales, no deben inmiscuirse en la política, porque él quiere tener a los políticos a su favor. Y está demostra­do que él mismo envió a Polonia -a un partido político-       cien millones de dólares para luchar contra el comunismo, ¿no es esto política?

Y su interés por no controlar la natalidad es en realidad un interés por aumentar la población. Lo que suceda a la gente, no es el problema. Si la gente es pobre y pasa hambre puede fácil­mente ser convertida al cristianismo, en particular a la Iglesia Católica. Sus escuelas, sus hospitales, sus orfanatos, no son sino fábricas para convertir a la gente al catolicismo.

Es un hecho bien conocido hoy en día que para finales de siglo casi la mitad de la población mundial se estará muriendo de hambre. Es difícil de imaginar esa situación en la que un hombre de cada dos vaya a morir. Por todas partes habrá cadáveres sin que haya nadie para enterrarlos o llevarlos a la funeraria. De he­cho, morir será mejor que vivir entre tanto cadáver. El mundo entero apestará a muerte.

Los Papas no parecen estar interesados en salvar a la Humani­dad. Su principal interés consiste en convertir más y más gente a su religión, porque esa es su fuerza. Es pura política.

Toda la teología cristiana está basada en esas ideas estúpidas; llamarla religión es absurdo. Jesús nace de una madre virgen. Toda la ciencia médica contradice este hecho; no es posible. Pero éste es uno de sus fundamentos; si lo dejas de lado, el edificio entero del cristianismo se derrumba.

No han dado al mundo ningún método para elevar la cons­ciencia, no han producido gente Iluminada, pero bajo la red del catolicismo han atrapado a setecientos millones de personas. Es­tán llenos de creencias absurdas y aun cuando tienen ojos, no ven; tienen oídos, pero no oyen. Y si les dices algo, están dis­puestos a crucificarte. Están en contra de la crucifixión de Jesús, pero siempre están dispuestos a crucificarte si dices simplemente la verdad.

Dije en uno de mis discursos que la Santa Biblia era uno de los libros menos santos del mundo, pues tiene quinientas páginas de pornografía pura. Uno de mis amigos de América, al oír esto, compiló esas páginas y las publicó en un libro llamado X Rated Holy Bible. Y acabo de recibir unas citaciones desde "Kanpur". Diez asociaciones cristianas han iniciado un pleito en mi contra, por estar hiriendo sus sentimientos religiosos.

No puedo creer que la gente esté tan ciega. Si hay algo que hiere tus sentimientos religiosos, eso es tu Biblia; yo no tengo nada que ver con ella. Deberías decirle al gobierno que prohibie­ra la Biblia o la clasificara como literatura pornográfica.

No me estoy inventando nada. Esas quinientas páginas están allí, en la Biblia, y esas diez asociaciones deberían al menos haber ojeado sus Biblias para saber de qué estoy hablando; si no, ante los tribunales quedarán como absolutos estúpidos.

Ahora se están iniciando movimientos en todos los países para lograr que la homosexualidad sea declarada un gran crimen. Y todo el mundo sabe que el Papa Pablo VI era homosexual. Antes de ser Papa era el cardenal de Milán, y ya entonces, eso era un rumor vox populi. Todo Milán estaba sorprendido de verle siem­pre con su amigo, un hermoso joven. Aun conociéndose este he­cho, llegó a Papa. Y cuando fue nombrado Papa, su amigo fue llamado al Vaticano y se convirtió en su secretario. Comúnmente la secretaria es la amiga; aquí era algo diferente, pero la misma historia.

Y el Vaticano nunca ha negado esto. No pueden; es un hecho evidente. Pero si lo dices, significa que estás contra el Papa. Yo estoy sólo a favor de la verdad.

  Pero quizás esto empezó con la virginidad de María y el nacimiento de Jesús. Oí que...      

Ésta es una historia del futuro porque este Papa polaco tarda­rá mucho en morir. Comúnmente los Papas mueren en uno o dos años; pues para cuando son nombrados Papas, tienen ya alrede­dor de setenta y cinco años. Y probablemente esperaban que este polaco moriría también, pero no conocen a los polacos. Él se ha olvidado completamente de morir y está disfrutando su puesto enormemente; ningún otro Papa lo había hecho así.

Continuamente viaja por todo el mundo y el Vaticano está endeudándose. Se ha gastado en viajes nueve millones de dóla­res. Dos días antes de que fuera a Australia, la Reina británica había ido también. Gastaron más dinero en la visita del Papa a Australia que en la visita de la Reina de Inglaterra. Y ésta es la gente que dice: "Bienaventurados sean los pobres".

Pero finalmente el Papa polaco murió y fue al cielo con todos los honores. A las puertas del cielo San Pedro le detuvo y le dijo:

"Hola, no puedes entrar así como así, ¿quién eres?".

  El Papa le contestó: "Soy vuestro representante en la Tierra. Soy el Papa".

  San Pedro le dijo: "¿El Papa? ¿Nuestro representante? Nunca hemos oído hablar de ti".

  El Papa sorprendido le contestó: "¡Oh, bien! Tan sólo dile a Dios que ya estoy aquí. Él te dirá que me dejes entrar".

  San Pedro gritó: "Oiga, jefe, aquí hay un tipo diciendo que es el Papa, ¿le conoce?".

  Jesús contestó: "No, nunca oí hablar de él".

  San Pedro dijo: "Lo siento. No te puedo dejar entrar. Nadie de aquí te conoce".

  El Papa le dijo: "No puedes decirme que me vaya, soy el Papa en persona. Pregunta al Espíritu Santo. Seguro que él me cono­ce".

San Pedro gritó otra vez: "¡Oye, Paloma! Un tipo insiste en que le conoces. Dice que es el Papa".

Y el Espíritu Santo contestó: "¿El Papa? Claro que le conoz­co. Es el tipo que hizo correr esos sucios rumores entre María y yo. Échalo fuera".

Toda la religión se basa en un chiste verde.

Al Papa Pablo VI -que era homosexual- le sucedió el Papa Juan Pablo I. Era un hombre liberal e inteligente que ordenó in­vestigar a los cardenales y obispos pertenecientes a las Logias Masónicas, las cuales estaban prohibidas por la Iglesia Católica.

Estas Logias Masónicas tienen como miembros sólo a la gen­te más rica del mundo. Son sociedades secretas que realizan ri­tuales secretos. Habían sido condenadas por el cristianismo, por lo que ningún cura, obispo o cardenal, ni nadie con un puesto oficial podía ser miembro de una Logia Masónica. Sus rituales consisten en orgías sexuales y otra clase de actos repugnantes. Juan Pablo I ordenó investigar a los cardenales y obispos perte­necientes a estas logias. Descubrió que muchos altos jefes del Vaticano eran masones y ordenó que fueran destituidos.

¿Ves la hipocresía? Es la misma gente que promulgó la ley prohibiendo a los curas ser miembros de las Logias Masónicas, pero en el mismo Vaticano se descubrió que cardenales, obispos y arzobispos formaban parte de ellas. Y debido a que Juan Pablo I ordenó destituirles, toda la jerarquía y la burocracia católica se pusieron en contra de este hombre tan inteligente. En toda la his­toria del cristianismo, él es quizá el único Papa con algo de inte­ligencia, algo de humanidad, algo de comprensión.

Al mismo tiempo ordenó una investigación en el Banco del Vaticano, la cual reveló que el banco blanqueaba cada año cien­tos de millones de dólares provenientes de la mafia de las drogas, de la heroína.                                        

Estas son tus instituciones religiosas. El mismo Banco del Vaticano, cuya cabeza es el Papa, no es más que la mayor mafia organizada. ¡Cientos de millones de dólares procedentes de la heroína! Hablan y predican contra las drogas cuando entre basti­dores ellos mismos trafican con ellas.

También convocó una asamblea para anunciar que la Iglesia apoyaría el control de la natalidad. Realmente era un hombre de gran entendimiento; quería llamar a la píldora, la "píldora católi­ca". Pero antes de poder convocarla fue encontrado muerto en circunstancias sospechosas.

Fue asesinado. El gabinete del Vaticano declaró que murió de un paro cardíaco, pero eso es absolutamente falso, porque su pro­pio médico personal afirmó que su corazón estaba perfectamente y que nunca había tenido ningún problema. Y lo más significati­vo es que no llamaron a su médico personal. En su lugar, los respon­sables del Vaticano ordenaron inmediatamente embalsamar el ca­dáver e impidieron que su médico le examinara. También rehusa­ron la autopsia. No se expidió un certificado de defunción, de modo que hasta hoy, oficialmente continúa viviendo, puesto que no hubo certificado de defunción.

Y se hizo la autopsia después de haberlo embalsamado. Pero una vez que se embalsama un cadáver -después de extraerle la sangre del cuerpo y reemplazarla con sustancias químicas- re­sulta imposible averiguar si ha sido envenenado o qué fue lo que sucedió. Pero la situación es muy clara. Personas cercanas a él sostienen que los papeles que él tenía en la mano cuando el cuer­po fue descubierto, eran los de su testamento.

Dándose cuenta a media noche, de que había sido envenenado, de que iba a morir, habría tratado de escribir su testamento o contar lo que le había sucedido, lo que le habían hecho. Pero misteriosamente sus papeles desaparecieron al igual que el fras­co con su medicina.

Se cree que mezclaron veneno en su medicina y que él la tomó pensando que era su medicamento. Cuando el veneno empezó a surtir efecto, debió de haber tratado de escribir su testamento. Debió de haber tratado de contar que -según parecía- había sido envenenado y que se estaba muriendo. La gente que lo encontró primero, vio que era el testamento lo que apretaba en sus manos.

Y lo más sorprendente es que aun antes de que encontraran su cuerpo, se habían dado instrucciones de que el cadáver fuera embalsamado, porque la gente que estaba en la conspiración sa­bía que por la mañana sería necesario disponer de los embalsa­madores. Así que todo se preparó anticipadamente.

No fue una muerte accidental.

Le sucedió el Papa Juan Pablo II, el polaco, que prohibió to­dos los métodos de control de la natalidad, excepto el método del ciclo, aun cuando el Vaticano es en realidad dueño de una fábrica de píldoras anticonceptivas. También anuló la ley por la cual la Iglesia prohibía a los clérigos ser miembros de las Logias Masó­nicas. Y ascendió a Marcinkus, el jefe del Banco del Vaticano, al cargo de arzobispo y le nombró miembro de su círculo personal. Este hombre era el mismo hombre que dirigía la Mafia que blan­queaba el dinero de la heroína a través del banco.

En 1982, el arzobispo Marcinkus estuvo envuelto en un gran escándalo financiero cuando un banco italiano quebró. Uno de sus amigos de negocios fue encontrado ahorcado bajo el puente de Londres. Y otro colega -que había estado en la cárcel bajo el cargo de haber asesinado a un comisario de policía- murió al beber café con cianuro. Ellos eran los que podían haber testifica­do contra el arzobispo Marcinkus, ellos conocían todos los se­cretos; y ambos fueron asesinados.

Se dictó una orden de captura contra el arzobispo, pero el Vaticano es un gobierno independiente -de sólo ocho millas cuadradas- y el gobierno italiano no tiene poder para intervenir en él. Y el Papa ocultó a ese hombre dentro del Vaticano. La orden de busca y captura está esperando afuera. Estos son tus líderes religiosos.

El Papa polaco también ha estado reprendiendo severamente a sacerdotes de todo el mundo por intervenir en política, pero él mismo ordenó que millones de dólares del Vaticano fueran entre­gados al grupo Solidaridad, en Polonia, que luchaba contra el gobierno comunista.

Estoy en contra de las religiones organizadas porque en cuan­to algo sé convierte en una organización, empieza a perseguir sus propios intereses. Y la religión queda olvidada; otras cosas se vuelven más importantes. La verdad y la búsqueda de la verdad necesitan de tu entrega total; nada ha de interferir.

Una religión organizada se convierte en una prisión. Empieza a suministrarte doctrinas ya hechas y tu única función es creer en ellas, bien sean razonables y lógicas, o no lo sean. No estás auto­rizado para experimentar por ti mismo porque, ¿quién sabe?, po­drías encontrar algo que fuese contra la doctrina oficial.

Pero la doctrina oficial no puede convertirse en tu Ilumina­ción. La doctrina oficial puede hacer de ti un erudito, pero no puede hacerte sabio, no puede volverte intuitivo, no puede hacerte consciente de Dios.

Critico al Papa porque no sólo es la cabeza visible de una religión organizada, sino también la cabeza de un gobierno. No es gran cosa -sólo ocho millas cuadradas pero aun así, es re­conocido como Jefe de Estado, tiene representantes en la ONU, tiene embajadores en diferentes países.

La religión es algo tan elevado, y la política es algo tan bajo, que has de recordar esto: cuando se mezcla algo bajo con algo elevado, es siempre lo elevado lo que se corrompe, no lo bajo... Es siempre lo superior lo que pierde su calidad de ser superior; lo inferior no tiene nada que perder; no puede caer más bajo. Está ya en lo más bajo.

La religión y la política deben estar separadas. Y en cuanto la religión se organiza, se convierte en política. Por lo tanto, la religión jamás debe organizarse; ha de ser la búsqueda privada, per­sonal e íntima de cada uno.

  El individuo ha de tener al menos un área de su vida en la que pueda ser totalmente libre, sin que nadie decida por él, donde pueda abrir sus alas como un águila y volar por el cielo, sin cade­nas, sin ligaduras, sin obstáculos.

  La religión florece sólo en un corazón absolutamente libre de doctrinas, de creencias, de iglesias, de mezquitas.

  Quiero que todo el mundo sea religioso, pero no cristiano, ni católico, ni hindú, ni musulmán. Ser sólo religioso es suficiente.

¿No puedes ver estos simples hechos? La honestidad es la honestidad; no es ni cristiana ni hindú. La verdad es simplemente la verdad; no puede ser musulmana, ni cristiana. El amor es sim­plemente amor; no puede ser oriental, ni occidental. La compa­sión es compasión; no pertenece a ninguna raza, a ningún país, a ningún clima, no depende de la geografía ni de la historia. Estos son los ingredientes de una consciencia religiosa.

La meditación es simplemente científica, de la misma forma que lo es la física -sin preocuparte de si es hindú, o musulma­na- o la química -sin preocuparte de si es protestante, o católi­ca. Cuando vas al médico nunca miras si la medicina es hindú o budista.

La realidad interna es simplemente puro silencio. Allí flore­cen miles de flores, pero no pertenecen a ninguna organización. Son el fruto de tu búsqueda, de tu propio camino interno.

Fundamentalmente todas las religiones organizadas están pri­vando a la Humanidad de su religión, porque te desvían. Siempre te dirigen hacia afuera; su dios está lejos, en el cielo. Cuando, con las manos juntas, rezas mirando al cielo, no te das cuenta que nadie va a escucharte. De hecho, el que está orando, el que está vivo dentro de ti, el que respira en ti, ese es Dios.

Sólo tienes que descubrirlo. Está escondido en las capas de tu falsa personalidad. Encuéntralo en medio de tu inocencia y la vida se volverá puro gozo, una canción sin palabras, una danza, una celebración.

Y al final de tu celebración no habrá más que lágrimas de gratitud. No puedo ni pensar ni imaginarme que esas lágrimas de gratitud pertenezcan a una religión. Pertenecen al corazón indivi­dual, rebosante de gratitud hacia la Existencia.

 

 

Capítulo 4

Guerra y Paz

 

Osho:

Puesto que la paz fue oficialmente restablecida en el mundo, al final de la Segunda Guerra Mundial,

¿qué es lo que los polí­ticos han estado haciendo?

 

Nunca ha habido paz. En la historia sólo ha habido dos períodos:  el que denominamos guerra y el que llamamos paz, que es un disfraz. En realidad debíamos llamarlo “preparación para otra guerra".

Y tú me preguntas:

 

"Puesto que la paz fue oficialmente restablecida en el mundo, al final de la Segunda Guerra Mun­dial,

¿qué es lo que los políticos han estado haciendo?".

 

Los políticos han estado haciendo exactamente lo que siem­pre han estado haciendo: creando más conflictos, más inquietud, más discriminación, más armas destructivas, mientras se prepa­ran para la Tercera Guerra Mundial.

Una vez preguntaron a Albert Einstein: "Usted es el científico que ha descubierto la energía atómica. ¿Puede decirnos qué pa­sará en la Tercera Guerra Mundial?".

Einstein, con lágrimas en los ojos, dijo: “No me preguntéis acerca de la Tercera Guerra Mundial. No sé nada acerca de ella. Pero si queréis saber acerca de la Cuarta Guerra Mundial, puedo deciros algo".

El periodista que preguntaba se quedó sorprendido. Aquel hombre no decía nada acerca de la Tercera Guerra, pero estaba dispuesto a hablar de la Cuarta Guerra Mundial. Preguntó con curiosidad: "Por favor, dígame algo acerca de la Cuarta Guerra Mundial?

  Einstein dijo: "Sólo puedo decir una cosa: que nunca va a suceder. La tercera será la última Guerra Mundial".

  Para esta última guerra los políticos se han estado preparando desde que se declaró la paz tras la Segunda Guerra Mundial.

El político y su juego son las cosas más detestables que pue­das imaginarte. Estamos enfrentándonos a la oscuridad de la no­che y recuerdo ese viejo dicho: "Cuando la noche es más oscura, el amanecer está cercano". Pero no me atrevo a decir que tras esta noche oscura que nos rodea vaya a haber alguna aurora.

Sólo voy a decirte exactamente lo que ha estado sucediendo desde 1945 y de lo cual la gente está en la ignorancia absoluta. No se dan cuenta de que están sentados sobre un volcán listo para entrar en erupción en cualquier momento. Todos están ocu­pados con trivialidades y el problema real permanece oculto, como si no existiera.

Desde 1945 ha habido ciento cinco guerras en sesenta y seis países, todos ellos del Tercer Mundo. Uno necesariamente pre­gunta: ¿por qué en el Tercer Mundo? Estados Unidos y la Unión Soviética han ido tan lejos en el desarrollo de armas destructivas, que las armas usadas en la Segunda Guerra Mundial están anticua­das. Para ellos no son de utilidad. Tienen que ser vendidas; necesi­tan un mercado y el mercado sólo existe si hay guerras.

Estados Unidos manda armas a Pakistán; entonces, por lógi­ca, la India las importa de la Unión Soviética e igual ocurre en el Tercer Mundo. Un país compra material obsoleto a la Unión Soviética y el enemigo lo compra a los Estado Unidos. Es un buen negocio.

Y ellos no quieren detener las guerras, porque si así lo hicie­ran ¿cómo venderían esas armas en las que han invertido millo­nes de dólares? Y estos países pobres y sus políticos están dis­puestos a comprarlas aunque su gente muera de hambre. El se­tenta y cinco por ciento de su presupuesto se destina a la guerra.

Cada guerra ha durado un promedio de tres años y medio, así que, ¿quién dice que la paz ha sido establecida? Ciento cinco guerras en sesenta y seis países, con tres años y medio de duración, ¿y a eso lo llamas paz?

Las guerras han causado dieciséis millones de muertos. En la Segunda Guerra Mundial también hubo millones de muertos. Des­de entonces, se han matado dieciséis millones de personas en las guerras, ¿y aún continúas llamándolo paz?

Pero los políticos son tan astutos y la gente tan ciega que no ven lo que sucede a su alrededor. Siguen peleando por pequeñas cosas como ¿qué distrito pertenece a un determinado estado? Belgaum es un distrito aquí. Debería incluirse en Maharastra? Es un distrito que está en los límites entre Maharastra y Kamataka. Hay gente que pertenece a las dos lenguas y se ha estado matando entre sí sin interrupción durante tres décadas... y esta nimiedad no puede ser resuelta. De hecho, nadie quiere resolverlo, si no ¿cuál es el problema? Sólo un pequeño plebiscito, una votación neutral y la gente misma podría decidir a dónde quiere pertenecer. Pero al parecer, los políticos están interesados en que las disputas conti­núen para así ser necesarios.

Han muerto dieciséis millones y todavía en las escuelas y universidades se sigue repitiendo: "Vivimos en un período de paz". En realidad, la Guerra Mundial fue casi más pacífica; sólo murie­ron seis millones de judíos. La paz ha matado un número de personas tres veces mayor.

La mayoría de las guerras se han desarrollado en Asia. El que las guerras se desarrollen en otros países, es una de las estrategias de las naciones poderosas y sus políticos. Estados Unidos y la Unión Soviética han de luchar en Afganistán para que así la gente de Afganistán sea la que muera. Afganistán se convierte en un cementerio y Estados Unidas y la Unión Soviética salen bene­ficiados con la venta de armas. Envían expertos, armas, entrenan a los Afganos y éstos se matan entre sí. En un bando disponen de las armas americanas; por el otro de las rusas.

Nueve millones de civiles, desde Hiroshima, han muerto en guerras convencionales. En otros tiempos no se mataba a civiles. Esto es absurdo. Si los ejércitos luchan, es posible que mueran soldados, pero ahora parece que no hay sensibilidad, que no se razona: se mata a nueve millones de civiles. Ya pueden ser niños, o mujeres, o ancianos, sin tener nada que ver con la guerra. Pueden estar leyendo en la escuela, trabajando en la fábrica o, tal vez, cocinando en su casa.

Hace unos pocos días Ronald Reagan, sin razón alguna, atacó Libia, bombardeó la parte civil. Su meta era Gaddafi y como Gad­dafi tiene tres casas en la ciudad, las tres tuvieron que ser bombar­deadas. Y al atacarlo, otras casas fueron quemadas y destruidas.

Y recientemente, investigando se ha sabido que mientras el bom­bardeo tenía lugar, asesinos profesionales buscaban por toda Li­bia a Gaddafi, porque era posible que él no estuviera en su casa.

Así, pues, bombardearon a civiles mientras los asesinos bus­caban a Gaddafi. Sólo pudieron matar a su hija. Y ni Gaddafi ni los libios les habían hecho nada malo.

Y es una coincidencia que el mismo día que Inglaterra permi­tía a Ronald Reagan que la utilizase como base para bombardear a Libia, su Parlamento no me permitió permanecer en su aero­puerto -en la sala de espera- ni durante seis horas. ¡Porque soy un hombre peligroso! Pero a Ronald Reagan se le permitía utili­zar a Inglaterra para bombardear a un país inocente que no le había hecho ningún daño.

Ésta es la noche más oscura que la Humanidad ha encarado jamás.

El presupuesto de guerra anual es aproximadamente setecien­tos mil millones de dólares. Cada año quince millones de perso­nas mueren de desnutrición y enfermedades, mientras se gastan en guerras setecientos mil millones de dólares.

Cada minuto, treinta niños mueren por falta de alimentos y va­cunas de bajo costo y cada minuto un millón trescientos mil dóla­res de los fondos públicos se destinan mundialmente a gastos militares.

Parece que no estamos ya interesados en la vida; hemos deci­dido suicidamos. El hombre nunca ha estado en toda su historia tan a punto de suicidarse como ahora.

Doscientos cincuenta millones de niños no han recibido si­quiera la educación elemental; un solo submarino nuclear iguala el presupuesto anual de educación para ciento sesenta millones de niños en edad escolar en veintitrés países en desarrollo. ¡Un solo submarino! Y hay miles de submarinos navegando por los océanos alrededor del mundo, americanos y rusos, y cada subma­rino tiene armas nucleares. Seis veces más poderosas que todas las armas empleadas en la Segunda Guerra Mundial. Y son tan cos­tosas que podríamos haber proporcionado a nuestros niños edu­cación y alimento y nutrición. Pero eso no nos interesa.

Estos son los políticos que no hay que molestar, que quieren tener el control absoluto sobre la Humanidad, sin que nadie esté por encima de ellos.

Los bosques del mundo están desapareciendo a un ritmo de dieciocho a veinte mil hectáreas al año, un área equivalente a la mitad de California -y éste es uno de los estados más grandes de los Estados Unidos. En los próximos veinte o treinta años, todas las selvas tropicales habrán desaparecido, y las implicaciones son tremendas porque nos proveen de oxígeno y de vida. Si estas sel­vas siguen desapareciendo a ese ritmo, la Humanidad estará per­dida. ¿De dónde obtendrá el suficiente oxígeno?

Y por otro lado, todo el dióxido de carbono que se exhala es absorbido por estos bosques. Si estos bosques no estuvieran allí... y ya hay una capa espesa de dióxido de carbono acumulándose en el cielo, justo en el límite de la atmósfera. Y debido a esa capa, la temperatura de la atmósfera se está elevando. Ya está cuatro grados por encima de lo normal.   

Si todos los bosques desaparecen, la temperatura subirá tanto que pasarán dos cosas: primero, será imposible sobrevivir; se­gundo todo el hielo de los polos -norte y sur-, el que está en los Himalayas, en los Alpes y en otras montañas, empezará a de­rretirse y hará que todos los océanos se eleven mil metros. Inundará todas las ciudades y todos los países, cubrirá casi la Tierra entera y esta inundación no retrocederá.

Pero los políticos continúan haciéndolo. Hace unos meses es­tuve en Nepal. Nepal es el país más pobre del mundo, pero en vez de abandonar sus preparativos de guerra, ha vendido sus bos­ques -los eternos bosques de los Himalayas- a la Unión Sovié­tica. Y la Unión Soviética ha talado todas las laderas de las mon­tañas dejándolas peladas. Y para qué? Para hacer periódicos. ¿Qué necesidad hay de tantos periódicos? Casi siempre son las mismas noticias y ahora que se tienen mejores medios de comunicación, los periódicos están pasados de moda. Hay radio, hay televisión, ¿para qué seguir con los periódicos, destruyendo los bosques? Pues porque los políticos, los presidentes y prime­ros ministros, necesitan sus retratos en primera página; sus dis­cursos -que son sólo mierda- tienen que publicarse sin ningu­na consideración al daño que están causando.

En el mismo período, se espera un incremento de la población mundial de un treinta a un cuarenta por ciento; de cinco mil mi­llones a siete. Este incremento de población hará que se duplique la necesidad de agua en casi la mitad del mundo.

El alimento es también otro factor. Incluso el agua resultará escasa, puesto que se necesitará el doble, y no tenemos tanta agua potable. Además, el informe de las Naciones Unidas dice que un total de veinte millones de hectáreas al año de tierras de cultivo y pastoreo, son reducidas a un nivel cero de productividad. Más de mil especies de plantas y animales se extinguen cada año, y el número sigue en aumento. De uno a dos millones de personas en los países en desarrollo, sufren de envenenamiento agudo por pes­ticidas, y las muertes relacionadas con esos pesticidas son esti­madas en diez mil al año.

Oficiales de la Comisión de Planeamiento de la India recien­temente declararon: "Estamos al borde de un enorme desastre ecológico en la India, con las reservas de agua agotándose. Lo que sucedió en África va a suceder en la India en unas décadas".

La población sigue creciendo, la tierra se vuelve estéril, las re­servas de agua disminuyen más y más, y debido a la tala de bos­ques, los ríos que van desde Nepal a Bangladesh provocan inun­daciones como nunca antes se habían visto. Miles de personas mueren, miles de poblados desaparecen, porque esos enormes ár­boles hacían que los ríos fluyeran lentamente. Ahora, sin los ár­boles, los ríos se precipitan con tal fuerza que el océano no pue­de absorber el agua con rapidez. El agua retrocede y esto produce las inundaciones de Bangladesh.

Ni los políticos de la India ni los del Nepal están dispuestos a frenar la tala de árboles. Nadie tiene interés por la vida humana, nadie quiere ver cuáles deben ser nuestras prioridades.

Un país pobre como la India tiene un exceso de periódicos, de revistas absolutamente innecesarias. Y ese papel de imprenta no cae del cielo; hay que talar árboles. Árboles que tardaron en cre­cer ciento cincuenta, doscientos años, desaparecen.

¿Y qué se gana con esos periódicos?

Los políticos son los verdaderos criminales, no los que están en las cárceles. El mundo sería mucho mejor si hubiera un inter­cambio. Si todos los políticos fueran a la cárcel y los criminales ocuparan el puesto de los políticos, serían más humanos.

Hay muchos países que no declaran cuántos homosexuales tienen. La familia de una persona que ha muerto de SIDA, sobor­na al médico y obtiene un certificado de defunción por cáncer o por síncope cardíaco, porque la familia se encuentra más preocu­pada por su respetabilidad, por lo qué dirá la gente, "En tu fami­lia alguien ha muerto de SIDA".

Pero esconder los hechos significa que si el hombre estaba casado, su esposa pudo haber contraído la enfermedad, y si tenía hijos, pudieron nacer enfermos, y al no saberlo nadie, los de su entorno pueden contagiarse.

Porque esta enfermedad no es una enfermedad sexual común. Todo lo que salga del cuerpo, incluyendo las lágrimas, es porta­dor del virus. Si un niño llora y por amabilidad o compasión lo consuelas, corres peligro de contagiarte del SIDA. La saliva también es portadora del virus. Y la Humanidad entera es mantenida en la ignorancia. Incluso los besos deberían ser prohibidos por completo.

Hay una pequeña parte de la Humanidad -los esquimales, la gente que vive en Siberia- que son los únicos en la historia que nunca se besan. Cuando por primera vez vieron a los misioneros cristianos dando besos, no podían creérselo: "¡Qué sucia es esta gente. Mezcla su saliva con la del otro. ¿Son humanos o mons­truos?". Su método es mucho más científico e higiénico. No be­san para mostrar amor, porque más que amor puede ser muerte. Se frotan sus narices una contra otra. Es más limpio, excepto si tienes un resfriado.

Hace unos días se admitió que diez millones de personas es­tán afectadas por el SIDA y que ésta no es una cifra definitiva, porque algunos países -como la India- no tienen forma de sa­berlo. Sólo los países muy desarrollados son los están incluidos en esta cifra. Quizás cien millones más están sufriendo en los países subdesarrollados.

Por ejemplo, en África el SIDA es más frecuente que en nin­guna otra parte. Y nunca se ha sabido que los africanos sean ho­mosexuales, pero ellos tienen una extraña perversión: mantienen relaciones con mujeres, pero no frontalmente.

Hay gente en pequeñas aldeas alrededor del mundo que inclu­so hacen el amor con animales. Y ahora los animales están conta­giando el SIDA a través de su leche o su carne. Las cosas están ya fuera del control humano.

Los médicos no quieren -aun cuando saben que un paciente sufre del SIDA- decírselo al paciente, porque éste va a insistir en ser tratado. No existe tratamiento. Así que el médico prefiere decirle que tiene otra enfermedad y lo envía a otro especialista, pues estar en contacto con un paciente de SIDA es peligroso para los médicos y para las enfermeras.

En uno de los informes que he visto acerca de las cárceles, vi que el treinta por ciento de los reclusos son homosexuales -y éste no es un informe muy exacto; ésta es la cifra mínima que las autoridades han aceptado- ya que la gente que está presa duran­te veinte o treinta años sin poder tener relaciones con una mujer, está siendo forzada a la homosexualidad.

Lo más simple debería ser que no hubiera cárceles separadas para mujeres, ¿por qué tiene que haberlas? Los reclusos deberían estar mezclados, hombres y mujeres y el SIDA y la homosexuali­dad podrían ser evitados. Pero los políticos no dicen nada acerca de esto por miedo. Su objeto es decir únicamente lo que la gente quiere oír, aquello que no va contra sus prejuicios, contra su men­talidad tradicional, puesto que dependen de sus votos.

Por eso digo que la gente religiosa debería ser consultada por los políticos y que éstos deberían escuchar atentamente sus con­sejos. Pero Rajiv Gandhi dice que los religiosos no deben intervenir en la política. Los políticos sí pueden intervenir en los asuntos religiosos; en esto no hay dudas. Así sucede desgraciadamente y queda muy poco tiempo.

Yo albergaba muchas esperanzas -y aún las sigo teniendo-­ de que en una situación tan peligrosa, quizás el hombre desperta­ra. Pero hay tristeza en mi corazón porque veo que si no se hace nada, entonces el fin de este siglo va a ser nuestro final.

Y no sólo nuestro final, sino también el final de todo el sueño de la Existencia de crear el ser consciente. Ha tenido éxito sólo en este planeta. Hay millones de estrellas y en cada una hay doce­nas de planetas; sólo en este pequeño planeta el milagro ha suce­dido. No sólo la vida existe, sino también la consciencia. No sólo la consciencia existe, sino gente que ha alcanzado la supre­ma culminación de la consciencia: un Gautama Buda, un Sócra­tes, un Pitágoras, un Chuang Tzu.

Al desaparecer la vida en este pequeño planeta, el universo entero se volverá tan pobre, que pasarán millones de años antes de volver a alcanzar el punto en que la consciencia pueda encon­trar el camino hasta la Iluminación.

La tristeza no es por mí; yo estoy absolutamente satisfecho. La muerte no puede quitarme nada. Siento tristeza por toda la Humanidad, pues su muerte destruirá la oportunidad de que se Ilumine, de que se vuelva feliz y de que descubra su sentido y su significado. Ha vivido en la oscuridad, ¿va a morir también en la oscuridad?

Quisiera que al menos mi gente no perdiera el tiempo pospo­niendo su propio crecimiento, pues los políticos están absoluta­mente preparados para destruirse unos a otros, para destruirlo todo. Su ansia de poder ha llegado al clímax. Antes de que triun­fen cometiendo un suicidio global, por lo menos debes llegar a conocer al Dios que existe dentro de ti.

Debes compartir tu gozo y tu silencio y tu risa con aquellos con quienes entres en contacto. No se puede dar un mejor regalo a los amigos, a los conocidos, a los hijos.

El tiempo es escaso y el trabajo tremendo, pero si eres valero­so, puedes aceptar el desafío. No dependas de los políticos; ellos no pueden hacer nada, ni siquiera son conscientes de lo que es­tán haciendo a la Humanidad, hacia qué oscuridad la están lle­vando.

 

 

Capítulo 5

No hay Noticias

 

 

 

Osho:

¿Podrías comentar este hermoso poema de Rumi que tanto me gusta?

 

Afuera, la helada noche del desierto;

dentro, esta otra noche, cálida y acogedora.

Deja que el paisaje se cubra de áspera corteza;

aquí dentro tenemos un plácido jardín.

La Tierra ha estallado, aldeas y ciudades;

queda sólo un globo calcinado y atrasado.

Las noticias que nos llegan

están llenas de pesar por el futuro,

pero la verdadera noticia es

que aquí dentro no hay noticias.

 

El poema de Mevlana Jalaludin Rumi es hermoso. Sus pala­bras son siempre hermosas. Es uno de los poetas más importan­tes y es también un místico. Es una rara combinación. Hay millo­nes de poetas en el mundo y sólo unos pocos místicos, pero un hombre que es ambos, es muy difícil de encontrar. Rumi es una rara flor. Fue tan gran poeta como místico. Por eso su poesía no es solamente poesía, no es sólo una bonita combinación de pala­bras. Encierra un tremendo significado y apunta hacia la verdad suprema. No es un entretenimiento; es Iluminación.

 

Él dice:

 

Afuera la helada noche del desierto;

dentro, esta otra noche, cálida y acogedora.

 

Afuera no es el espacio en el que debes estar. Afuera, eres un extraño; dentro estás en casa. Afuera, está la helada noche del desierto. Dentro, es cálido, dulce y acogedor.

Pero pocos son lo suficientemente afortunados para ir de afuera hacia dentro. Se han olvidado completamente de que tienen un hogar dentro de sí; lo buscan en donde no está. Durante toda su vida lo buscan, pero siempre en el exterior; nunca se detienen a mirar dentro.

 

Deja que el paisaje se cubra de áspera corteza;

aquí dentro tenemos un plácido jardín.

 

No te preocupes por lo que suceda en el exterior, en el interior hay un jardín siempre presto a darte la bienvenida.

 

La Tierra ha estallado, aldeas y ciudades;

queda sólo un globo calcinado y arrasado.

Las noticias que nos llegan

están llenas de pesar por el futuro,

pero la verdadera noticia

es que aquí dentro no hay noticias.

 

Esta última frase proviene de un antiguo dicho: "El no tener noticias es una buena noticia". Yo nací en un pueblecito donde el cartero venía sólo una vez a la semana y la gente temía recibir una carta. Se alegraban cuando veían que no había nada para ellos. Y de vez en cuando llegaba un telegrama para alguno. Tan solo el rumor de que alguien había recibido un telegrama conmocionaba tanto a todo el pueblo, que todos acudían al único hombre ins­truido que sabía leer. Todos estaban asustados. ¿Un telegrama? Eso quería decir "malas noticias". De otro modo, ¿para qué gas­tar dinero en un telegrama?

Aprendí desde mi niñez que el no tener noticias es una buena noticia. La gente era feliz cuando no recibía noticias de sus pa­rientes o amigos. Esto quería decir que todo iba bien.

 

Rumi dice:

Las noticias que nos llegan

están llenas de pesar por el futuro,

pero la verdadera noticia

es que aquí dentro no hay noticias.

 

Todo está en silencio y todo es hermoso, plácido, lleno de gozo, como siempre lo ha estado. No hay ningún cambio, por lo tanto, no hay noticias.

Dentro está el eterno éxtasis, por y para siempre.

Te diré de nuevo que estas líneas pueden volverse una reali­dad en tu vida. Antes de que esto suceda debes alcanzar dentro de ti el lugar donde nunca ha habido noticia alguna, donde todo está eternamente igual, donde la primavera no llega ni se va, sino que siempre permanece, donde ha habido flores desde un principio -si es que hubo un principio- y va a haberlas hasta el final -si es que va a haber un final-. En realidad, no hay principio ni final y el jardín es frondoso, verde, y está lleno de flores.

Antes de que el mundo exterior sea destruido por tus políticos, entra en tu mundo interior. Ese es el único sitio seguro que queda, el único refugio frente a las armas nucleares, ante el suici­dio global, contra todos estos idiotas que ostentan tanto poder destructor.

Al menos puedes salvarte a ti mismo.

Tenía esperanzas, pero al pasar los días me he ido convenciendo más y más de la estupidez del hombre. Aún tengo algunas, pero se deben sólo a mi viejo hábito; realmente mi corazón ha aceptado el hecho de que sólo unos cuantos pueden ser salvados. La Humanidad entera está decidida a destruirse a sí misma. Y esta gente... si tú les dices cómo pueden ser salvados, te van a crucificar; te apedrearán hasta matarte.

Mientras, viajo por todo el mundo y aún me río, pero con una cierta tristeza. Todavía danzo con vosotros, pero ya no con el mismo entusiasmo que hace diez años.

Parece que los más elevados poderes de la consciencia son impotentes contra los inferiores y sucios poderes de los políti­cos. Lo más elevado es siempre frágil, como una rosa; la puedes destruir con una piedra. No significa que la piedra sea superior a la rosa; es sólo que la piedra no es consciente de lo que hace.

La muchedumbre no es consciente de lo que hace y los políticos pertenecen a la muchedumbre. Son sus representantes. Y cuan­do un ciego guía a otros ciegos, es casi imposible despertarlos, porque el problema no es sólo que están dormidos, sino que tam­bién están ciegos.

No hay ya tiempo para sanar sus ojos. Hay suficiente tiempo para despertarlos, pero no para sanar sus ojos. Así que ahora, me dedico por completo a mi gente. Éste es mi mundo, porque los que están conmigo sé que pueden estar dormidos, pero no son ciegos.

Pueden ser despertados.

 

 

Parte 2

 

... aquí dentro tenemos un plácido jardín.

Jalaludin Rumi

 

 

Capítulo 6

¿Quién le Pone el Cascabel al Gato?

 

Osho:

Has dicho que no tienes interés por lo exterior, que no te interesa la política.

Sin embargo, hablas con frecuencia sobre política y políticos, haciéndonos comprender los problemas del mundo.

¿Puedes comentar esto?

 

Yo no tengo ningún interés en el mundo exterior, ni en la política, pero tengo un inmenso interés en ti. Tú estás viviendo en un mundo enfermo, sucio, con un pie en la tumba. Y yo no quiero que te ahogues en este mundo enfermo.

Por esto hablo contra tantas cosas. A mí me interesáis voso­tros, mis sannyasins. Hablo en contra de la política porque no quiero que mis sannyasins ignoren quiénes son los verdaderos cri­minales de este mundo. Por eso hablo contra los sacerdotes y las religiones, porque no quiero que caigas en ninguna trampa. Tie­nes que darte cuenta de quiénes son los auténticos criminales. El problema consiste en que creemos que estos grandes criminales son grandes dirigentes, sabios, santos, mahatmas y les tenemos un gran respeto en todo el mundo. No puedes imaginarte que sean criminales. Por eso tengo que insistir continuamente, todos los días.

Debes darte cuenta de que ellos son los criminales. En reali­dad los criminales que están en la cárcel no le han hecho ningún daño al mundo. Al­guien asesina a un hombre, otro roba algo; eso no es nada. Un solo Adolf Hitler mata a millones de personas. Ahora bien, ese hombre contiene en sí mismo tanta maldad, que se necesitarían millones de criminales para hacer un sólo Hitler.

Así que tengo que desenmascarar a toda esta gente, porque ellos son los culpables. Por ejemplo, es fácil comprender que quizás sean los políticos la causa de muchos problemas -gue­rras, asesinatos, masacres, gente que es quemada viva- pero se hace mucho más difícil comprenderlo cuando se trata de líderes religiosos, porque nadie ha levantado una mano contra ellos. Du­rante siglos han sido respetados y a medida que el tiempo pasa, su respetabilidad va en aumento. La tarea más difícil para mí es hacerte consciente de que esa gente -a sabiendas o no, eso no es lo que importa- ha creado este mundo.

Ahora, en todo el mundo se habla sobre el SIDA, pero aquí es el único lugar donde se afirma que es una enfermedad religiosa; en ninguna otra parte se dice esto. Por lo contrario, los curas dicen que es un castigo de Dios. Y la gente les creerá; creerá que es un castigo por la homosexualidad. Pero nadie se pregunta cómo surgió la homosexualidad o quién es el responsable de ella.

Y la gente no tiene la suficiente inteligencia para relacionar los hechos. No pueden asociar el hecho de que son las religiones las que han estado enseñando al hombre a permanecer célibe. Ellas son la raíz y la causa de todas las perversiones sexuales. Así que, si debe castigarse a alguien, no es a los homosexuales. Si alguien debe ser castigado, son esos dirigentes religiosos que han estado predicando el celibato. La homosexualidad es sólo un subproducto de la enseñanza del celibato.

Los periodistas que vienen aquí se escandalizan porque no pensaban que yo iba a culpar a las religiones por el SIDA. Ellos no alcanzan a verlo. Piensan que son mundos diferentes. No lo son. Y a menos que llegues a ver la causa real, no podrás luchar con el problema que ha surgido.

Ahora bien, lo primero que se necesita es que todos los gobiernos declaren ilegal, criminal, el celibato. En lugar de esto, hacen lo opuesto: declaran ilegal a la homosexualidad. La homo­sexualidad es un síntoma, no es la causa. Si conviertes a la homo­sexualidad en algo ilegal, entonces la gente empezará a hacer el amor con animales, lo cual no es ilegal. Tampoco es algo nuevo, es tan antiguo como el hombre. No pueden encontrar una mujer, no pueden encontrar un hombre, pero sí pueden disponer de un pobre animal. Si declaras ilegal la homosexualidad, si la convier­tes en delito -como lo es ahora en Texas- el homosexual busca­rá otra perversión que quizá traiga una enfermedad aún peor que el SIDA. Uno nunca sabe cuales pueden ser las consecuencias.

La gente debería darse cuenta de que no se puede ir en contra de la naturaleza, y cualquiera que enseñe a ir en contra de la naturaleza es enemigo de la gente.

A mí no me interesa ninguna religión, porque todas son pura basura; no me interesa la política porque no tengo ninguna ambición. Sólo la critico para que te des cuenta de las verdaderas cau­sas, -para que no te engañes como todo el mundo se engaña. Cuando algo se opone a la mente tradicional, ésta se conmociona.

Ahora bien, convertir la homosexualidad en un acto ilegal hará que ésta se extienda rápidamente. Y lo que se ha hecho en Texas se hará en todas partes de América y en otros países, porque los gobiernos son completamente estúpidos. Simplemente comien­zan a luchar con los síntomas y nadie se preocupa de las causas.

Y el hecho es que nadie quiere ver las causas porque son de tal naturaleza que superan su capacidad. Si empezaran a investigar las causas, quizás se demostraría que ellos mismos forman parte de esas causas. Los curas pueden ser parte de la causa. El Papa pue­de ser parte de la causa. Jesucristo podría ser la piedra fundamen­tal. Es mejor no meterse en esas cosas. Simplemente ocúpate del síntoma y empieza a luchar contra él. Reprime el síntoma.

Cuando reprimes el síntoma por un lado, estalla por el otro y se aleja cada vez más de la naturaleza.

La primera perversión se alejaba de la naturaleza, la segunda perversión se está alejando más, y la tercera perversión se alejará todavía mucho más. Y el hombre se sentirá cada vez más desgra­ciado porque ya no puede encontrar el camino de regreso. Las cosas se han vuelto demasiado complejas para que la gente nor­mal pueda volver otra vez a lo natural. Así que quiero que te des cuenta de que jamás hay que luchar contra los síntomas.

En Los Ángeles muere una persona cada día de SIDA y nadie parece saber qué hacer. En realidad, el mundo exterior está en tal estado que para ellos es muy difícil hacer algo. Y, ¿quién le pondrá el cascabel al gato? Ese es el problema.

Nosotros podemos hacerlo. No es demasiado complicado.

Conoces la vieja historia del gato que todos los días cazaba los ratones de la casa, hasta que finalmente los ratones se reunie­ron y decidieron que debían hacer algo. Un ratón joven, sin expe­riencia del mundo, dijo: "Es muy sencillo. Sólo hay que atar un cascabel al cuello del gato de forma que vaya donde vaya, podamos escondernos en nuestros agujeros. Así no podrá encontrar­nos". Una solución perfecta. Pero surgió un problema: ¿Quién le ataría el cascabel?

He contado esta historia varias veces. El joven ratón que dijo, "Atémosle el cascabel", agregó, "Yo lo haré. No os preocupéis". Los otros ratones dijeron sorprendidos: "Pero esta historia viene contándose desde siempre y siempre termina así. Por tanto, el que diga, "Yo lo haré" irá en contra de la tradición, contra la historia misma". Justo aquí es donde termina la historia, aquí es donde va el punto final.

A lo que el ratoncito contestó: "Ya no es así porque voy todos los días a una farmacia. Está justo al lado de la casa. Todo lo que necesitamos son algunas pastillas para dormir que yo puedo traer y poner en la leche del gato. Vosotros dadme el cascabel y yo me las arreglaré". ¡Y se las arregló! Sólo un par de pastillas para dormir y la historia cambió. Después de beberse la leche, el gato se quedó dormido, roncando y el joven ratón hizo su trabajo a la perfección.

Pero ésta es mi contribución a la historia. No está en ninguna parte y quiero hacer lo mismo con respecto a la Humanidad. Po­demos atar el cascabel alrededor del cuello del gato. No tenemos nada que perder.

Y quiero que os deis cuenta de todo. Antes de dejaros quiero que seáis conscientes para que no caigáis en las mismas trampas en las que toda la civilización, toda la sociedad, ha caído.

 

 

Capítulo 7

Sobre el Poder

 

Osho:

Por favor háblanos sobre el abuso del poder.

 

Hay una famosa frase de un filósofo inglés: "El poder corrom­pe; el poder absoluto corrompe absolutamente",

Yo no estoy de acuerdo con él. Mi análisis es totalmente dis­tinto. Todo el mundo está lleno de violencia, codicia, ira, pasión, pero al no tener poder es fácil hacerse pasar por santo. Para ser violento es necesario ser poderoso. Para satisfacer tus pasiones, tienes que ser poderoso.

Así, cuando el poder cae en tus manos, todos los perros que en ti dormían comienzan a ladrar. A la menor oportunidad, el poder se convierte en tu alimento. No es el poder el que corrompe, tú estás corrompido. El poder sólo expone tu corrupción. Quie­res matar a alguien, pero no tienes poder para hacerlo; si tuvieras poder, matarías.

No es el poder el que te corrompe, tú llevas la corrupción dentro de ti. El poder simplemente te da la oportunidad de hacer todo lo que querrías hacer.

El poder en manos de un hombre como Buda, no corrompe nada; por el contrario, ayuda a la Humanidad a elevar su cons­ciencia. El poder en manos de Genghis Khan, mata, viola muje­res, quema viva a la gente. Aldeas enteras son quemadas; no se permite a la gente escapar. No es el poder... este hombre, Genghis Khan, tiene que haber albergado todos estos deseos.

Casi es como cuando llega la lluvia y empiezan a crecer diferentes plantas; pero diferentes plantas tienen diferentes flores. Sea lo que fuere lo que está oculto en tus semillas, sea cual fuere tu potencial, el poder te brinda la oportunidad. La mayor parte de los seres humanos viven tan inconscientemente que cuando llegan al poder tienen la oportunidad de satisfacer todos sus instin­tos inconscientes. Entonces, ya no les importa si matan o envene­nan a la gente...

Me preguntas sobre el abuso del poder. Se abusa del poder cuando se tienen sucios deseos, herencia de los animales.

En un mundo mejor, lo primero debería ser... Desperdiciamos casi un tercio de la vida educando a nuestros niños. En ese lapso de tiempo habría que dedicar algunos momentos a limpiar su inconsciente de forma que cuando se graduaran en la universidad y alcanzaran algún tipo de poder -uno será comisario de policía, otro gobernador y otro primer ministro- al no tener veneno en su inconsciente, al no ser ya destructivos, no podrían abusar del poder. Y entonces, ¿quién más podría hacerlo?

El poder es neutral. Durante un año, mis sannyasins en Italia han estado tratando de conseguirme una visa de turista sólo por tres semanas; y hace un año que esperan. Las autoridades aún no han sido capaces de tomar una decisión. Finalmente, hace algunos días llegó una carta: en un año la vieja solicitud ha perdido validez y se necesita una nueva solicitud.

Se llenó otra solicitud -que yo firmé- y justamente ayer el embajador italiano me informó que me habían otorgado un visado de turista para diez días, pero bajo ciertas condiciones. Las condiciones son: "Informar en qué fecha, a qué hora y desde qué aeropuerto va a salir de la India. En qué fecha, a qué hora y en qué aeropuerto va a aterrizar en Italia. Y lo mismo para el regreso. Ya en Italia, en cualquier ciudad en que se encuentre, debe primero presentarse a la Comisaría de Policía e informar de cuánto tiempo va a permanecer en dicha ciudad. Además, antes de dejar la ciudad, debe presentarse de nuevo a la policía para notificarles su marcha. En la ciudad siguiente debe hacer lo mismo".

Le he dicho a Anando que escriba una carta al primer ministro italiano diciendo: "Hace sólo algunos meses usted estuvo de vi­sita en la India. ¿Qué condiciones le pusieron? Y ¿en cuántas comisarías de policía tuvo que presentarse? Además, ¿piensa usted que soy un asesino, o un terrorista, o acaso llevo bombas y dinamita? Háganos saber cuándo piensa volver a la India para que podamos prepararle una recepción realmente estupenda. Me niego a poner un pie en su tierra a menos que usted se disculpe por exigirme estas condiciones. Y aun así, no me ha concedido el visado para tres semanas, sino sólo para diez días. Por lo general se otorgan visados de tres meses y nadie ha oído jamás que se exigiera el cumplimiento de condiciones como esas".

Le dije a Anando que también le escribiera lo siguiente: "Pa­rece ser que Benito Mussolini aún no ha muerto. Su país no es un país democrático; es todavía fascista. Estas condiciones indican sin duda alguna, una mente fascista".

"Así que iré a Italia sólo si usted se disculpa públicamente, o iré a Italia cuando usted ya no esté en el poder. Y mi gente allí, tratará de asegurarse por todos los medios posibles de que usted no esté en el poder. Espere tan sólo a que haya nuevas elecciones, porque en Italia tengo miles de sannyasins y esto es un insulto para mis miles de sannyasins italianos".

El Papa viene a la India; el presidente y el primer ministro van a recibirle al aeropuerto y no se le pide que en cada ciudad que visite se presente en las correspondientes comisarías de policía. Él mismo ha estado aquí. Pero la próxima vez, si viene como primer ministro, sólo tiene que informamos de a qué hora y en qué aeropuerto aterrizará para que de este modo podamos res­ponder a sus condiciones.

A esta gente no la ha corrompido el poder. Es de por sí corrupta; el poder simplemente actualiza su corrupción.

El poder en sí, es neutral. En manos de un hombre bueno, es una bendición. En manos de un hombre inconsciente, es una maldición. Pero durante miles de años hemos condenado el poder, sin pensar que el poder no debe ser condenado. Es la gente la que tiene que depurarse totalmente de cualquier instinto que tenga oculto, porque todo el mundo, en algún momento, tendrá algún tipo de poder.

No es necesario que sea un gran poder. Simplemente puedes estar sentado en una estación de trenes, vendiendo boletos, pero eso también te da poder. Estás de pie frente a la ventanilla y el hombre ni siquiera te mira; continúa revolviendo su carpeta y puedes ver que no hace nada importante; sencillamente está tra­tando de demostrarte cuál es tu lugar. Incluso el peón sentado fuera de la oficina del recaudador, se comporta como si fuese el presidente del país. Así que no se trata de qué lugar ocupes; estés donde estés, tendrás algún tipo de poder.

Aurangzeb, uno de los emperadores musulmanes de India, era tan impaciente que no pudo esperar a que su padre muriese o envejeciese para sucederle. Encarceló a su propio padre y se con­virtió en emperador.

Su padre se había mantenido ocupado toda la vida. Ahora, sentado en su celda, envió un mensaje a su hijo: "Por lo menos, búscame treinta muchachos para que pueda enseñarles el sagrado Corán”.

Y el comentario que Aurangzeb hizo a sus cortesanos es muy significativo. Les dijo: "Ese viejo no quiere soltar el poder. Aho­ra ya no es el emperador. Pero con esos treinta estudiantes... en­señándoles el sagrado Corán, recuperará su poder".

Los psicólogos dicen, que las personas que tienen miedo de competir en la vida y hacerse poderosos eligen un camino más simple: se convierten en maestros de escuela. Niños pequeños... puedes acosarles, golpearles, a pesar de que es ilegal; pero suce­de en todo el país.

Justamente el otro día estuve leyendo un informe describien­do casos similares... pero el gobierno sigue ocultándolos. Es la primera vez que se ha reconocido, porque esta vez el resultado fue demasiado grave: unos maestros golpearon a unos niños con tanta dureza que les dejaron sordos de por vida.

Un niño, encadenado por su propio padre, ha permanecido casi diez años atado a un pilar de su casa. Se ha convertido casi en un animal. No puede ponerse de pie, sólo puede moverse a cuatro patas y debido a que fue forzado a vivir en la oscuridad, ha perdido la vista.

Incluso los padres usan su poder. Los profesores usan su po­der, los maridos usan su poder, las esposas usan su poder. No importa cuál sea tu posición.

Si la Humanidad llega a comprender la profundidad de las raíces psicológicas y cambia el inconsciente del hombre en forma tal que no haya semillas, podrá seguir lloviendo poder, pero no habrá ya flores de corrupción. De otro modo, el poder siempre será mal utilizado, se abusará de él. Y no se puede eliminar el poder de manos de la gente; alguien debe ser madre, alguien debe ser padre, alguien debe ser profesor.

El único modo es limpiar el inconsciente de la gente con la meditación, llenar su ser interior de luz. Sólo la meditación te da un corazón limpio, que no puede ser corrompido. Entonces no se abusará más del poder, sino que este poder podrá ser una bendi­ción, será creativo.

De este modo harás algo que haga la vida más amable, más digna de ser vivida, harás más hermosa la Existencia.

Pero ese gran día aún no ha llegado. Y si haces un esfuerzo para que ese día llegue, toda la gente adicta al poder estará en tu contra. Se me ha preguntado una y otra vez: "¿Por qué todo el mundo está en tu contra?".

Ellos son gente adicta al poder y yo estoy tratando de conver­tir al hombre en un estanque de serenidad, de paz y silencio, de amor y éxtasis.

 

 

Capítulo 8

El Político

 

Osho:

¿Es posible para un político ser un hombre religioso, o para un hombre religioso ser un político?

 

Es absolutamente imposible para un político ser un hombre religioso, porque los caminos de la política y de la religión son diametralmente opuestos.

Tienes que entender que no es cuestión de agregar algo a tu personalidad, la religión no es una adición. Si eres político, puedes ser además pintor, ser poeta, ser músico; estas son adiciones.

La política y la música no son diametralmente opuestas; al contrario, la música puede ayudarte a ser mejor político. Será relajante, te ayudará a descargarte del peso de todo el día y de las ansiedades que un político tiene que sufrir. Pero la religión no es una adición; es una dimensión diametralmente opuesta. Así que, primero tienes que entender al político, entender exactamente lo que significa.

El político es un hombre enfermo, psicológicamente enfermo, espiritualmente enfermo.

Físicamente puede estar perfectamente bien. En general lo está, pues todo el peso recae en su psique. Es fácil de ver. En cuanto el político pierde el poder, empieza a perder la salud física. ¡Qué extraño! Cuando estaba en el poder, cargado de ansiedades y ten­siones, estaba físicamente perfecto.

En cuanto pierde el poder, desaparecen también las ansieda­des; las tendrá otro. Su psique queda aliviada, pero al descargarse, todas las enfermedades recaen sobre su cuerpo.

El político -fisiológicamente hablando- sufre sólo cuando pierde el poder; por lo demás, los políticos tienden a vivir mucho y a estar físicamente bien. Es extraño, pero la razón es que toda su enfermedad es absorbida por su psique y cuando la psique absorbe todas las enfermedades entonces el cuerpo vive sin nin­guna carga. Pero si la psique se libera de todas las enfermedades, ¿dónde irán a parar? Por debajo de tu existencia psíquica está tu existencia física; toda enfermedad se manifiesta en el cuerpo. Los políticos sin poder, mueren al cabo de poco tiempo; los políticos en el ejercicio del poder viven más tiempo. Este hecho es conoci­do, pero su causa, no.

Entonces, lo primero que debes comprender es que el político es un hombre psicológicamente enfermo y que la enfermedad psi­cológica tiende a convertirse en enfermedad espiritual cuando ésta se intensifica, cuando la psique no puede ya contenerla. Y entonces, ¡cuidado! Si el político está en el poder, su enfermedad psíquica está destinada a extenderse a su ser espiritual porque él está conteniendo su enfermedad a fin de que no se extienda hacia abajo. Es su poder -al que él considera su tesoro- y no permiti­rá que se desplome.

Yo le llamo enfermedad; para él es su "fantasía de poder". Vive para esto, no tiene otro propósito. Cuando está en el poder contiene con firmeza su enfermedad, pero al desconocerlo todo respecto al ámbito de lo espiritual, tiene sus puertas abiertas. No puede cerrarlas porque no tiene ni idea de que exista algo más allá de su mente. Cuando está en el poder, llega un momento en que su enfermedad psicológica, si se intensifica, desborda su psi­que y alcanza su espiritualidad. Cuando no está en el poder, no tiende a aferrarse a esa estupidez. Ahora ya sabe lo que es, ahora es consciente de que no valía la pena aferrarse a él. Y de todas maneras, ¿para qué aferrarse? El poder se ha perdido, ahora él es un don nadie.

De pura desesperación, se relaja. Tal vez debería decir que la relajación le llega automáticamente. Ahora puede dormir, puede salir a caminar por las mañanas; puede chismorrear, jugar al aje­drez, puede hacer lo que quiera.

Psíquicamente se va aflojando; las puertas que ha mantenido cerradas entre su psique y su cuerpo empiezan a abrirse y ahora su cuerpo va a sufrir. Puede que tenga un ataque cardíaco, puede enfermar de cualquier cosa; todo es posible. Su enfermedad psíqui­ca fluirá hacia la parte más débil de su cuerpo. Pero mientras está en el poder, fluye hacia arriba, hacia su ser, del cual no tiene consciencia.

¿Y cuál es la enfermedad?

La enfermedad es el complejo de inferioridad.

Toda persona que se interesa por el poder sufre de un comple­jo de inferioridad. En lo más íntimo de su ser, se siente sin valor, inferior a los demás.

Y ciertamente; de alguna forma, todo el mundo es inferior. No eres un Yehudi Menuhin, pero no necesitas sentirte inferior por ello. Nunca trataste de serlo y además no es asunto tuyo. Yehudi Menuhin tampoco es como tú; entonces ¿cuál es el problema? ¿Dónde está el conflicto?

Pero la mente política sufre una herida debido a su inferiori­dad y el político continúa hurgando en su herida. Intelectualmente -no es un Alberto Einstein- siempre se compara con gigantes ­y psicológicamente no es un Sigmund Freud... Si te comparas con los gigantes de la Humanidad siempre te sentirás completa­mente humillado, sin valor.

Este sentimiento de carencia de valor puede re­solverse de dos formas: una es a través de la religión y la otra es por medio de la política.

La política no lo elimina, solamente lo cubre. Es el mismo hombre enfermo el que se siente inferior, es el mismo hombre el que ocupa el cargo de presidente. Pero el solo hecho de sentarte en una silla presidencial, ¿qué diferencia puede producir en tu situación interior? El ego es muy sutil y escurridizo y el político está enfermo debido a su ego. Puede encubrir la herida convir­tiéndose en presidente, primer ministro... Puede tapar su herida, pero la herida está ahí. Puedes engañar a todo el mundo, pero ¿cómo puedes engañarte a ti mismo? Tú sabes que está ahí, eres tú quien la ha escondido.

Y ésta es la situación de los políticos: sólo pus, heridas, inferioridad, sentimientos de inutilidad.

Sí, él ha ido subiendo cada vez más y más y en cada peldaño subsistía la esperanza de que en el próximo, la herida desapare­cería.

Es la inferioridad lo que crea la ambición, porque tu ambición es simplemente un esfuerzo por demostrar tu superioridad. La ambición no es más que el intento de demostrar tu superioridad. Pero, ¿para qué esforzarte en demostrar tu superioridad a menos que estés sufriendo un complejo de inferioridad?

En mi familia todos eran políticos, excepto mi padre. Todos me decían: "¿Por qué no te inscribes en el partido? ¿Por qué no votas? ¿Por qué desperdicias así tu energía? Si te dedicaras a la política, podrías llegar a ser presidente o primer ministro".

Yo les contestaba: "Os habéis olvidado completamente de con quién estáis hablando. No me siento inferior. Entonces, ¿por qué tendría que desperdiciar mi vida siendo presidente? Es como si vosotros quisierais operarme de cáncer sin tener yo cáncer; es extraño. ¿Por qué operarme innecesariamente? Vosotros sufrís de algún complejo de inferioridad y estáis pro­yectando vuestro complejo sobre mí. Estoy perfectamente bien como soy. Estoy absolutamente agradecido a la Existencia, me encuentre donde me encuentre, ¡pase lo que pase! Nunca he pedi­do otra cosa, así que no hay forma de desilusionarme".

Ellos decían: "Hablas de cosas extrañas. ¿Qué es este "com­plejo de inferioridad?” Y ¿qué tiene que ver este complejo con la política?".

"No entendéis de psicología elemental ni tampoco vuestros grandes políticos saben nada de ella", les decía yo. "Todos estos grandes políticos del mundo son gente enferma y optan por con­tinuar tapando sus heridas. Sí, pueden engañar a otros. Cuando Jimmy Carter sonríe, te engaña, pero ¿cómo puede Jimmy Carter engañarse a sí mismo? Él sabe que sólo es un movimiento de los labios. No hay nada dentro, no hay sonrisa.

La gente llega al más alto peldaño de la escala y allí se da cuenta de que ha desperdiciado toda su vida. Ha llegado, pero ¿a dónde? Ha llegado al lugar por el que estaba luchando y no ha sido una batalla fácil, luchó con uñas y dientes, destrozando por el camino a otros, usándoles como medio y pisándoles la cabeza.

Has llegado al final de la escalera, y ¿qué has ganado? Sim­plemente has desperdiciado toda tu vida. Pero incluso para acep­tar esto se necesita un gran valor. Es mejor continuar sonriendo y manteniendo la ilusión; así por lo menos otros pensarán que eres un gran hombre.

Tú sabes muy bien quién eres. Eres exactamente el mismo de antes, quizás peor, porque toda esta lucha, toda esta violencia, te ha hecho peor.

Has perdido toda tu humanidad. Ya no eres un ser.

Te has alejado tanto... Gurdjieff solía decir que no todas las personas tienen un alma, por la sencilla razón, de que... no es literalmente verdad, pero él solía decir: "No todas las personas tienen alma, sólo algunas personas que descubren su ser la tie­nen. Los demás están simplemente viviendo una ilusión porque las escrituras dicen y todas las religiones predican que se nace con un alma".

  Gurdjieff fue muy drástico. Dijo: ''Todo esto es una estupi­dez; tú no has nacido con alma, tienes que merecerla, ganarla".

  Y yo entiendo lo que él quería decir; aunque yo no diría que naciste sin alma.

  Naciste con un alma, pero esta alma es sólo potencial, y lo que Gurdjieff dijo es exactamente lo mismo.

Tienes que actualizar ese potencial. Tienes que ganar el alma.

Tienes que merecerla.

El político se da cuenta de esto cuando toda su vida se ha ido por el desagüe. Ahora, o bien lo confiesa... lo cual le resulta ab­solutamente estúpido porque estaría confesando que toda su vida ha sido la vida de un idiota.

Las heridas no se curan cubriéndolas.

La religión cura.

Las palabras meditación y medicina tienen la misma raíz. La medicina es para el cuerpo; la meditación es para el alma.

Es medicinal, es una cura.

Tú me preguntas, "¿Puede un político ser religioso?" Permaneciendo en la política es imposible. Si la deja, ya no es un polí­tico y puede entonces convertirse en un hombre religioso.

No estoy haciendo divisiones, no estoy impidiendo a los po­líticos ser religiosos. Lo que estoy diciendo es que mientras sean políticos no pueden ser religiosos, porque son dimensio­nes distintas.

O curas tu herida, o la ocultas; no es posible hacer ambas cosas. Y para curarla tienes que destaparla, no cubrirla. Descú­brela, conócela, entra profundamente en ella, súfrela.

Lo que necesitas es explorar todo tu ser sin prejuicios, sin condenas, porque encontrarás muchas cosas que te han dicho que son malas, pecaminosas. Así que no te acobardes, déjalas ahí. Sencillamente, no es necesario condenarlas.

Has empezado a explorar. Sólo fíjate en lo que hay ahí. Fíjate y sigue adelante. No lo condenes, no le pongas una etiqueta. No prejuzgues, ni a favor, ni en contra, porque eso es lo que te impi­de explorar. Tu mundo interno se cierra inmediatamente, te pones tenso: "En mí hay algo que va mal". Vas hacia dentro y ves algo; te da miedo porque es algo malo: codicia, lujuria, rabia, celos... ¡Dios mío! ¡Todas esas cosas en mí! Es mejor no entrar.

Por eso millones de personas no entran en su interior. Simple­mente se sientan en el umbral, fuera de su casa. Viven toda su vida en el portal. ¡Eso es vivir en el porche! Nunca abren la puer­ta de su casa... y la casa tiene muchas habitaciones, es un pala­cio. Si entras, te encontrarás con muchas cosas que los demás te han dicho que están mal. Tú no lo sabes, sencillamente di: "Soy un ignorante. No sé quién es el que está aquí dentro. Sólo he venido a explorar, a hacer un reconocimiento". Y uno que ins­pecciona no necesita tomarse la molestia de juzgar si algo está bien o mal, simplemente sigue mirando, vigilando, observando.

Y te sorprenderá la más extraña experiencia. Detrás de lo que hasta ahora habías llamado amor, se encuentra escondido el odio. Sólo toma nota...

Lo que hasta ahora has venido llamando humildad, tiene al ego escondido detrás. Toma nota...

Si alguien me pregunta: "¿Eres un hombre humilde?", no puedo decir: "Lo soy", porque sé que la humildad es sólo el ego cabeza abajo. No soy un egoísta, ¿cómo puedo entonces ser humilde?

¿Me comprendes? Es imposible ser humilde sin tener un ego. Y una vez que comprendes -como te decía que ambos van juntos-, lo extraordinario sucede.

En el momento en que ves que tu amor y tu odio, tu humildad y tu ego, son uno, se evaporan.

No debes hacer absolutamente nada. Has descubierto su se­creto. Ese secreto les ayudaba a permanecer dentro de ti. Conoces su secreto; ahora ya no hay para ellos un lugar donde escon­derse. Entra en ti, una y otra vez, y cada vez encontrarás ahí menos cosas. La multitud que hay en ti se estará marchando, las masas empiezan a dispersarse y no está lejano el día en que te dejarán solo y ya no habrá nadie; el vacío está en tus manos. Y de repen­te, estás curado.

No hagas ninguna comparación, porque tú eres tú, y el otro es el otro. ¿Por qué debería compararme con Yehudi Menuhin o con Pablo Picasso? No veo la necesidad... ellos hacen sus cosas, yo hago las mías; ellos gozan haciendo lo suyo... quizás sea porque con respecto a otro, no puedo asegurar nada. Pero estoy seguro de mí mismo, estoy seguro de que disfruto de cualquier cosa que hago o dejo de hacer.

Sólo puedo estar seguro respecto a mí.

Y si sigues explorando tu mundo interior sin condenas, sin apegos, sin pensar en absoluto, sólo observando los hechos, todo empieza a desvanecerse. Y llega un día en que te quedas solo; la multitud se ha ido. Y en ese momento, por primera vez, sientes, comprendes, lo que supone curarte psíquicamente.

  Y desde la sanación psíquica se abre la puerta para la curación espiritual.

  No necesitas abrirla tú; se abre por sí misma. Con sólo llegar al centro psíquico, la puerta se abre. Ha estado esperándote, tal vez durante muchas vidas. Cuando llegas, la puerta inmediata­mente se abre y desde esa puerta no sólo te ves a ti mismo, sino que contemplas toda la Existencia, todas las estrellas, el cosmos entero.

Por lo tanto puedo afirmar rotundamente que ningún político puede llegar a ser religioso a menos que deje la política. Entonces deja de ser un político y lo que estoy diciendo ya no se refiere a él.

 

 

También has preguntado,

"¿Puede un hombre religioso con­vertirse en un político?".

 

Esto es aún más imposible que lo ante­rior, porque para él no hay motivo alguno para llegar a serlo. Si la inferioridad es la causa que te lleva a la ambición, ¿cómo puede entonces un hombre religioso convertirse en un político? No hay nada que le mueva a ello. Pero ha sucedido de vez en cuando en el pasado y puede volver a suceder en el futuro, así que deja que te cuente...

En el pasado fue posible porque el mundo estaba dominado por la monarquía. De vez en cuando, el hijo del rey podía resultar un poeta. Es muy difícil que un poeta llegue a ser el presidente de América, ¿quién le escucharía? La gente pensaría que está loco y les parecería un hippie. ¿No puede arreglarse a sí mismo y está tratando de arreglar al mundo?

Pero en el pasado esto fue posible debido a la monarquía. El último emperador de la India, del cual los británicos tomaron el poder, fue un poeta -por esto los británicos lograron ocupar la India- Bahadurshah Zafar, uno de los mejores poetas urdus. Ahora no es posible que un poeta llegue a ser emperador; fue sólo un accidente que naciera como hijo de un emperador.

De la misma forma, en los antiguos días de la monarquía del hemisferio occidental fue posible que apareciese un hombre como el emperador romano Marco Aurelio. Era un hombre religioso, pero esto fue sólo accidental. Marco Aurelio no podría ser hoy día presidente o un primer ministro, porque no iría por ahí pi­diendo votos, no mendigaría, ¿para qué?

En la India ha sucedido unas cuantas veces. Ashoka, uno de los grandes emperadores de la India fue un gran científico.

De modo que en el pasado fue posible gracias a la monarquía. Pero con la monarquía, también algunos idiotas llegaron a reyes, algunos locos llegaron a reyes; todo es posible. No estoy a favor de la monarquía; simplemente digo que con la monarquía fue posible que un hombre religioso, accidentalmente, se convirtiera en emperador.

La democracia no va a durar mucho tiempo porque el político es un ignorante comparado con un científico; está ya en manos del científico.

El futuro pertenece a los científicos, no a los políticos. Esto significa que vamos a tener que cambiar la palabra "de­mocracia". Yo tengo una palabra mejor: "meritócracia".

El mérito será el factor decisivo. Gobernar no dependerá de los votos que consigas lanzando toda clase de promesas y espe­ranzas, sino de tu mérito; tu verdadero valor en el mundo cientí­fico, decidirá. Y cuando el gobierno llegue a manos de los científicos, todo será posible porque yo he llamado a la ciencia, la "religión objetiva"; y a la religión, la "ciencia subjetiva".

Una vez en manos de la ciencia, el mapa del mundo será dife­rente porque entonces ¿por qué razón tendrían que pelear un cien­tífico soviético y un científico americano? Ambos trabajarán en los mismos proyectos; será mucho más rápido si lo hacen juntos. Es pura estupidez que en todo el mundo, en cada nación, se estén repitiendo los mismos experimentos. ¡Es increíble! Toda esa gente unida podría hacer milagros; dividida, lo encarece todo.

Por ejemplo, si Albert Einstein no hubiese escapado de Ale­mania, ¿quién hubiera ganado la Segunda Guerra Mundial? ¿Pien­sas que la hubiesen ganado América, Gran Bretaña y Rusia? No. La huida de un solo hombre -Albert Einstein- al escapar de Ale­mania, forjó la historia. Nombres sin importancia como Roosevelt, Churchill, Stalin, Hitler, no significan nada. Este hombre lo hizo todo, porque creó la bomba atómica. Escribió una carta a Roosevelt diciendo: "Tengo preparada la bomba atómica. A me­nos que la utilice no habrá forma de ganar la guerra".

Se arrepintió de esto toda su vida, pero esa es otra historia... Pudo haber dirigido esa carta a otro en vez de a Roosevelt, a Adolfo Hitler, y toda la historia hubiese sido diferente, totalmente diferente.

El futuro está en manos de los científicos. No está muy lejos. Ahora existen armas nucleares y los políticos no pueden estar controlándolo todo, no saben nada de ellas, ni siquiera el ABC.

Tarde o temprano el mundo estará en manos de gente con los méritos suficientes. Primero pasará a manos de los científicos. Lo puedes considerar casi como una predicción: el mundo pasará a depender de los científicos. Y desde ahí, se abrirá una nueva dimensión. Tarde o temprano el científico invitará al sabio, al santo, a que le ayude porque él solo no podrá arreglárselas.

El científico no es capaz de dirigirse a sí mismo. Puede mane­jarlo todo, menos a sí mismo. Alberto Einstein puede conocer todo lo referente a las estrellas del universo, pero no sabe nada acerca de su propio centro.

Éste será el futuro: de los políticos a los científicos, de los cientí­ficos al hombre religioso. Pero esa será una clase de mundo total­mente diferente. El hombre religioso no pedirá nada. Tú tendrás que pedírselo a él. Tú tendrás que solicitarlo. Y si ellos sienten que eres sincero y que existe una necesidad, es posible que ac­túen en el mundo. Pero recuerda que no será en absoluto política.

Así que deja que lo repita: el político puede llegar a ser reli­gioso si abandona la política; si no, es imposible que lo sea.

El hombre religioso puede llegar a formar parte del mundo político solamente si la política cambia toda su estructura. De otro modo es imposible para un religioso involucrarse en políti­ca. No puede ser un político.

Pero según están evolucionando las cosas, es absolutamente seguro que el mundo tendrá que ser dirigido por científicos y que después de éstos tendrá que pasar a manos de los místicos. Sólo en manos de los místicos estarás a salvo. El mundo puede ser realmente un paraíso.

En realidad no hay otro paraíso, a menos que hagamos uno aquí.

 

 

Capítulo 9

El Sacerdote

 

 

­Un antiguo cuento.

Un diablillo va corriendo a ver a su jefe. Temblando le dice al viejo demonio, "Hay que hacer algo inmediatamente, porque en la Tierra un hombre ha encontrado la Verdad. Y si la gente cono­ce la Verdad, ¿qué pasará con nuestra profesión?".

  El viejo diablo "se rió y dijo, "Siéntate y descansa, no te preocupes. Todo se arreglará, ya tenemos gente allí".

Pero él dijo: "Vengo de allí y no he visto ni a uno solo de los nuestros”.

El viejo le contestó: "Los curas son mi gente. Ya han rodeado al hombre que encontró la Verdad. Ahora serán los mediadores entre el hombre de la Verdad y las masas. Harán templos, escribi­rán escrituras, interpretarán, y lo distorsionarán todo. Pedirán a la gente que adoren y recen. Y en todo este lío, la verdad se perderá. Éste es mi viejo método; siempre ha dado resultado".

 

Los sacerdotes no son amigos de la religión que representan; son sus grandes enemigos, porque la religión no necesita mediadores. Entre tú y la Existencia la relación es inmediata. Todo lo que tienes que aprender es cómo entender el lenguaje de la Exis­tencia.

La Existencia sólo conoce un lenguaje: el del silencio.

Si tú puedes estar también en silencio, podrás entender la verdad, el significado de la vida, el significado de todo lo que existe. Y no hay nadie que pueda interpretarlo por ti. Cada uno tiene que encontrarlo por sí mismo. Nadie puede hacerlo por ti; pero eso es lo que los curas han estado haciendo durante siglos. Ellos se han inter­puesto entre tú y la Existencia como una Muralla China.

Si la gente comienza a acercarse a la realidad sin que nadie la guíe, sin que nadie le diga lo que es bueno y lo que es malo, sin que nadie le dé un mapa que tenga que seguir, millones de perso­nas serían capaces de comprender la Existencia, porque el latido de nuestro corazón es también el latido del universo. Nuestra ­vida es una parte de la totalidad de la vida.

No somos foráneos, no venimos de alguna otra parte; estamos creciendo con la Existencia. Somos una parte esencial de Ella; sólo tenemos que estar lo bastante silenciosos como para poder escuchar aquello que no puede ser expresado en palabras: la música de la Existencia. Una vez que comienza a penetrar en nues­tro corazón, llega la transformación y ese es el único camino para que alguien se torne religioso; no por ir a la iglesia, ni por leer las escrituras, que son hechas por el hombre. Pero los sacerdotes han hecho creer -falsamente- que sus sagradas escrituras fue­ron escritas por Dios. La sola idea es simplemente estúpida. Mira esas escrituras, no encontrarás ninguna firma de Dios en ellas.

Cada escritura lleva intrínsecamente la evidencia de haber sido es­crita por el hombre; y por un hombre muy estúpido, muy primitivo.

Las escrituras son hechas por el hombre, las estatuas de Dios son hechas por el hombre, los templos y las iglesias también; pero miles de años de condicionamientos les han conferido una cierta inviolabilidad. Y no hay nada sagrado ni santo en ellas. Los sacerdotes, más que nadie, han estado engañando al hombre. Ésta es la peor profesión del mundo, incluso peor que la prostitu­ción. Por lo menos las prostitutas te dan algo a cambio; los sacer­dotes simplemente te dan bla, bla, bla. No tienen nada para darte. Y esto no es todo. Siempre que alguien  ha alcanzado la verdad, los sacerdotes están en su contra. Obviamente tienen que estarlo, porque si la verdad es reconocida por la gente, millones de curas en el mundo se quedarían sin empleo. Y su empleo es absoluta­mente improductivo. Son parásitos, chupan la sangre a los hom­bres. Desde el momento en que el niño nace hasta que muere, el sacerdote está buscando maneras de explotarlo.

A menos que la religión se libere de las manos de los sacerdo­tes, el mundo permanecerá sólo en una pseudo-religión; nunca llegará a ser religioso.

  Y un mundo religioso no puede ser tan desgraciado; el mundo religioso debería ser una celebración constante.

El hombre religioso no es más que éxtasis puro. Su corazón está lleno de canciones. Su ser está listo para bailar en cualquier momento.

Pero el sacerdote ha abolido la búsqueda de la verdad. Ha dicho: "No hay necesidad de buscar más; ya se ha encontrado. Sólo tienes que tener fe".

Los sacerdotes han hecho infeliz a la gente, porque condenan todos los placeres del mundo. Condenan los placeres del mundo, para alabar los placeres del otro mundo.

El otro mundo es su fantasía y quieren que la Humanidad sa­crifique su realidad por una idea ficticia. Y la gente se ha sacrifi­cado. Los curas son enemigos de todos aquellos que aman la ver­dad, de aquellos que buscan la verdad y de aquellos que ya la han encontrado.

Mientras más cerca estás de la verdad, más se convierten los sacerdotes en tus enemigos. Estás perturbando a sus clientes, es­tás interfiriendo en su negocio. Ellos son muy eficientes argu­mentando; han pulido sus argumentos. No tienen otra cosa que hacer; solamente argumentan.

Pueden perturbarte, pueden confundirte. Tú no conoces la verdad; tampoco ellos la conocen, pero sí saben de teorías, de sofismas. Pueden convencerte de lo que quieran. Todos los sa­cerdotes pertenecen a la categoría de los sofistas.

La retórica es prostitución y los argumentos no prueban nada. Con una argumentación un poco mejor se les puede demoler.

Si tú no tienes experiencia, es peligroso que entres en argu­mentaciones, en discusiones, en retóricas, porque tu mente sin experiencia puede ser convencida con argumentos de algo que no es verdadero.

Primero vive la experiencia; entonces no tendrás necesidad de argumentos, porque ningún argumento podrá destruir tu experien­cia. Tu experiencia tiene la cualidad de ser por sí misma evidente.

Los sacerdotes pretenden ser muy humildes, pero son muy vengativos. Y puedes verlo en el mundo. Sólo han hecho una cosa: provocar guerras -las guerras religiosas, las llamadas cru­zadas. Han matado mucha más gente que nadie, en nombre de la religión, en nombre del amor, en nombre de la verdad.

Su humildad es hipocresía.

Su venganza es bien conocida.

Durante miles de años han estado destruyendo la unidad del ser humano. Toda la Humanidad es una, pero los sacerdotes no van a permitirlo, porque si toda la Humanidad se volviera una, si todos estos adjetivos se dejaran de lado -cristiano, judío, hindú, o musulmán- los sacerdotes estarían perdidos. Tienen una pro­fesión muy bien remunerada y no hacen nada, excepto crear pro­blemas y disturbios entre las diferentes religiones. ¡Ni los pue­des tocar! Incluso al ponerte en contacto con ellos te puedes con­taminar. Es la profesión más desagradable del mundo.

Todos los redentores han creado diferentes clases de esclavi­tud. De hecho, nadie puede redimir a nadie. Uno puede redimirse a sí mismo, pero no pretender que "Yo soy el redentor; cree en mí y yo te salvaré. Soy el salvador, el único y verdadero salvador". Eso ha creado prisiones.

Estas prisiones son espirituales y psicológicas, y es por eso que tú no las ves. Si no, ¿qué quieres decir cuando dices: "Soy cristiano" o "Soy hindú", o "Soy budista?”.

Significa que, "Yo creo que Gautama Buda va a ser mi reden­tor, o que estoy sencillamente esperando a que Jesucristo venga a redimirme".

Has abandonado todo esfuerzo por transformarte, y esa es la única forma que existe para lograr cualquier transformación. To­dos esos redentores han creado sólo prisiones para la gente.

Y los sacerdotes son los representantes de estos redentores sin vida.

Estos sacerdotes son también esclavos, pero al menos esa ser­vidumbre les produce riquezas. Los otros que son también escla­vos, están perdiendo el tiempo esperando. Esperar es siempre es­perar a Godot; nunca llega.

Todas las religiones destruyen la dignidad del hombre; le lla­man pecador. En vez de dignificarle haciéndolo más hermoso y más verdadero, haciendo de él un Dios en la Tierra, han convertido a toda la Humanidad en una masa de pecadores. Y así, todo lo que le queda por hacer es decir: "¡Sube de rodillas la escalera, pecador!".

A esto le llaman tener devoción, a esto le llaman oración. Esto no es más que suicidio. Es la destrucción de ti mismo, del amor por ti mismo, del respeto por ti mismo, de tu dignidad.

Tú eres la más alta evolución de la Existencia.

La Existencia ha soñado y esperado que tú alcances los más altos estados de consciencia.

La Existencia sueña en convertirte en superhombre, pero estos sacerdotes han encontrado super-pecadores.

¿Para qué se necesitan todas estas iglesias, templos, sinago­gas? ¿No es todo este mundo, este universo entero, un hermoso templo?­

El cielo lleno de estrellas por la noche, el día pleno de luz del sol, los pájaros cantando, las flores floreciendo, ¿qué mayor be­lleza puedes crear?

Este espacio es tu libertad.

Permaneciendo atado a falsas ideologías en una iglesia, no eres nada; sólo un prisionero.

Este universo es el templo de Dios. Y todo lo que tiene vida, no es más que divinidad.

Todo es sagrado, nada es profano.

La dualidad es creada por los sacerdotes. Y la dualidad entre lo profano y lo sagrado, ha creado la dualidad en ti, entre el cuer­po y el alma. Ha creado una Humanidad esquizofrénica; todos están divididos.

A menos que te vuelvas uno, en profunda armonía y sintonía, nunca escucharás la música celestial, la cual es la única prueba de que el mundo no es malo, de que el mundo está vivo. No sólo vivo, sino consciente; no sólo consciente, sino continuamente creativo.

Los cristianos dicen que este mundo fue creado en seis días y que en el séptimo -el domingo- Dios descansó. Y aún está des­cansando. Su lunes no ha llegado aún.

Este mundo, este vasto universo sin límites, es un continuo proceso de creatividad. Todavía está siendo creado. ¿Quién dijo que la creación se completó en seis días? Y ¿por qué tenía que acabarse en seis días? Nada parece estar acabado. Todo está cre­ciendo; la inteligencia del hombre está creciendo, su consciencia está creciendo.

En esos seis días, Dios no creó a Zarathustra, Dios no creó a Gautama Buda, no creó a Jesucristo. Estos son pasos pertene­cientes a una evolución superior. Tú eres sólo un puente; no eres un ser, sino una posibilidad. Es obvio, absolutamente evidente, que el hombre es una posibilidad.

Todo lo que ha llegado a ser perfecto, muere, porque no hay posibilidad de crecimiento. Se ha extinguido a sí mismo, se ha consumido completamente.

La vida tiene que seguir siendo una posibilidad, no una reali­dad. Tiene que seguir progresando, alcanzando cielo tras cielo, cumbre tras cumbre.

Si Dios fue el creador del mundo ¿por qué la gente está mu­riendo de desnutrición? ¿Se ha olvidado Dios del universo que creó? Si Dios creó el universo, entonces, él es el responsable de todos los pecadores, de todos los criminales, porque él creó la semilla del crimen y la semilla del pecado. De otra manera, ¿de dónde vendrían? Él es el único Creador.

Si el hombre asesina, ¿quién creó el deseo de matar? Si el hombre viola, ¿quién creó el deseo de violar? ¿Quién es entonces el responsable de las armas atómicas? ¿Quién es el responsable de Adolfo Hitler y de la Segunda Guerra Mundial? Él fue respon­sable de cincuenta millones de muertes en la Segunda Guerra Mundial ¿Y quién será el responsable, si la Tercera Guerra Mun­dial sucede y toda la vida es destruida en este hermoso planeta?

Dios tiene que asumir su responsabilidad. Si Él es el creador, tiene que ser también el destructor. La implicación es clara.

Y esos idiotas todavía están adorando a Dios; son realmente héroes. Hay mucho de heroico en su adoración; adoran a un Dios que priva a sus criaturas, a Adán y a Eva, de volverse sabios, de permanecer vivos eternamente. Aun así, los sacerdotes continúan adorándolo y la gente camina ciegamente tras el sacerdote.

Muchos más hombres han sido asesinados en el nombre de Dios, que en ningún otro nombre. Extraño Dios, extraño creador.

Y extraños representantes cuyo único trabajo consiste en matar al hombre, en destruir al hombre.

¡Qué extraños son esos mal llamados ministros religiosos cuya enseñanza es la renuncia al mundo! ¡Y Dios creó el mundo! ¿Pue­des ver la contradicción? Si Dios creó el mundo, entonces el re­nunciar al mundo significa renunciar a Dios.

George Gurdjieff solía decir que todas las religiones están en contra de Dios. Decía que estaban en contra de Dios porque to­das enseñan a renunciar al mundo. Pobre Dios. Creó el mundo en seis días y se cansó tanto que su lunes no le ha llegado aún. No se le ha visto por aquí otra vez. Quizás se desgastó de tal forma, que se agotó; se durmió un domingo y nunca más despertó. Y esa gente sigue predicando que renuncies al mundo. Renunciar al mundo es renunciar a Dios, porque ésta es su creación.

No parecen haber sido redimidos.

No hay más que mirar a los discípulos de las mal llamadas religiones. ¡Ve y observa a los monjes jainos! Sus ojos no de­muestran inteligencia, sus caras no resplandecen de luz y de glo­ria. Se torturan a sí mismos; esa es su disciplina. Y si te torturas a ti mismo, no puedes ser una hermosa flor.

Y todas las religiones... viendo al Papa, ¿sientes que tiene algo de divino? ¿Un aura de divinidad? Y el Papa que le precedió fue homosexual. ¿Es la homosexualidad divina? Tal vez, porque la trinidad cristiana parece ser un grupo "gay": Dios el padre, Dios el hijo y un extraño tipo, el Espíritu Santo. Ni una sola mujer.

En el transcurso de los años los Papas han quemado a miles de mujeres vivas, condenándolas como brujas. ¿Cuál fue el crite­rio para decidir quién era bruja? Ahora las brujas no existen. De repente aparecieron y de repente desaparecieron. No había un criterio y cualquiera podía informar al Papa.

El Papa nombraba un tribunal especial con sólo sospechar que una mujer era una bruja -y cualquier hombre estaba califi­cado para sospechar de ella-. No se pedían razones. La mujer era aprehendida e inmediatamente torturada durante un sinfín de días. Se la hacía pasar hambre, sed, se la golpeaba. Inventaron máqui­nas de tortura.

Y finalmente -porque aquello parecía ser la única forma de librarse de la tortura- ella se confesaba bruja. Su confesión era la única prueba y una confesión la puedes arrancar a cualquier persona si la torturas lo suficiente como para que no tenga otra salida. Y se le indicaba qué era lo que tenía que declarar ante el tribunal: que era bruja y que mantenía relaciones sexuales con el demonio.

El demonio no existe, pero la mujer tenía que confesar que sí, ante el tribunal, porque si no, la tortura comenzaba nuevamente. Y una vez que aceptaba ser bruja y haber mantenido relaciones sexuales con el demonio, entonces el tribunal se daba por satis­fecho. No había necesidad de más evidencias. El juicio era sim­ple: la mujer debía ser quemada viva delante de todo el pueblo para que todos pudieran presenciar lo que te podía suceder si mantenías relaciones sexuales con el demonio. Miles de mujeres fueron quemadas. Y los Papas fueron los responsables.

Estos Papas no demuestran saber disfrutar, no tienen alegría, creatividad, silencio. Sólo hacen estupideces como besar el sue­lo. Cuando este Papa polaco viajó aquí, besó la tierra del aero­puerto de Delhi. Yo dije: "Ahora saboreas la religión hindú por primera vez, porque aquí toda la tierra está llena de estiércol de vaca, de vaca sagrada. Y si besas la tierra, simplemente demues­tras tu estupidez y nada más".

  Ellos han de demostrar que están redimidos, que están despiertos, liberados.

  Pero no es así; se les ve más y más esclavos.

  Son impostores, se llaman a sí mismos pastores, pero pertenecen al mismo rebaño que las ovejas, porque no son conscientes de un simple hecho: para el futuro existen muchos puentes. El hombre tiene muchas potencialidades. Puede llegar a ser muchas clases diferentes de hombre nuevo.

Y en el mundo necesitaremos que cada nuevo hombre sea úni­co, para que así, la variedad y la belleza que la variedad brinda, permanezca viva en la tierra. Si todo el mundo fuera igual, la vida sería un aburrimiento.

Los sacerdotes han detenido el crecimiento del hombre, han obstaculizado -de todas las formas posibles- su vuelo a cielo abierto. No han permitido la libertad.

Todo lo que necesitas es encontrar el camino hacia una liber­tad total, libertad de toda clase de servidumbres psicológicas y espirituales. Y tú mismo serás tu propio redentor. Y serás un hom­bre inmensamente superior a todos tus redentores.

 

 

Capítulo 10

El Hombre es Su Propio Enemigo

 

Las religiones han destruido la integridad del hombre. Lo han fragmentado. Y lo que es peor, lo han fragmentado en partes con­trapuestas.

El mayor crimen contra la Humanidad ha sido el cometido por las religiones. Han vuelto a la Humanidad esquizofrénica, pro­porcionando a cada individuo una personalidad dividida. Y lo han hecho de una manera muy astuta.

Primero se le dijo al hombre: "No eres el cuerpo" y después, "El cuerpo es tu enemigo". La conclusión lógica fue: no formas parte del mundo y el mundo no es más que un castigo; estás aquí como castigo. Tu vida no es -ni puede ser- una fiesta. Sólo puede ser un lamento, una tragedia. Tu destino en la Tierra es sufrir.

Tuvieron que hacerlo para glorificar a Dios -que es una ficción poética- y para exaltar el cielo -que es una extensión de la co­dicia humana- y para hacer que la gente temiera al infierno, lo que supone crear un gran miedo en el centro mismo del alma humana. De este modo han atrapado al hombre y le han diseccio­nado.

Ninguna religión acepta como simple, natural y real que el hombre es una unidad, que este mundo no es un castigo y que este mundo no está separado del hombre. El hombre está enraiza­do en este mundo de la misma forma que lo están los árboles. Este planeta -la Tierra- es su madre.

Todas las religiones han traicionado a la Tierra, han traiciona­do a la propia fuente de su vida. Han condenado la Tierra, han abogado para que se renuncie a ella; siempre insisten en que se ha de renunciar a ella.

Pero, ¿cómo puedes renunciar a tu naturaleza? Puedes fingir­lo, puedes ser hipócrita. Puedes incluso comenzar a creer que ya no eres parte de la naturaleza, pero incluso tus grandes santos dependen de la naturaleza de la misma forma que dependen de ella los grandes pecadores. Todos necesitan alimento, necesitan agua, necesitan aire; sus necesidades no cambian. ¿A qué hay que renunciar?

Eso ha creado en el hombre una mente dividida. El hombre se va desintegrando; todos sus fragmentos están continuamente lu­chando unos contra otros. Ésta es la raíz y la causa del sufrimiento humano y se ha convertido casi en una forma normal de ser, por­que la gente lo ha estado sufriendo durante miles de años. Han dado por sentado que esto es lo que nos toca, que ésta es nuestra suerte, nuestro destino, y que nada puede hacerse para remediar­lo. La realidad es que no es nuestra suerte, ni nuestro destino; es nuestra estupidez, es nuestra falta de inteligencia por haber esta­do escuchando a los sacerdotes y creyendo en sus ficciones.

Por supuesto que estas ficciones son muy provechosas para los sacerdotes. Ellos no han dudado en fragmentar a la Humani­dad, porque sus ficciones sirven a sus intereses a la perfección. Un hombre saludable y entero, un hombre que no está dividido en fragmentos, no puede ser esclavizado por los sacerdotes. Sólo un hombre que sufre necesita rezar, con la esperanza de que qui­zás Dios pueda ayudarlo. Para que Dios exista, el hombre tiene que sufrir. Para que Dios sea más y más una realidad, el hombre tiene que volverse cada vez más esquizofrénico.

Mientras más sufre el hombre, más fácilmente puede ser con­vencido de que ha de rezar, de que ha de cumplir con los rituales religiosos, porque quiere liberarse del dolor. Puede ser convenci­do de que se necesitan salvadores, mensajeros de Dios, profetas. Pero un hombre que vive feliz, que vive con alegría, no necesita a ningún Dios. Un hombre que vive la vida no necesita ninguna oración. Para que los sacerdotes conserven su profesión es absolutamente necesaria la mente enferma del hombre.

Es muy difícil encontrar un hombre que esté integrado; todos son sólo fragmentos. Uno es espiritual: niega su cuerpo; otro es ma­terialista: niega su alma. El espiritual no sólo niega su cuerpo, sino que también niega la mente.

Todas las teologías son extremadamente celosas y monopoli­zadoras. En América, al final del último siglo, hubo un gran mo­vimiento religioso llamado "Ciencia Cristiana". Creían sólo en el alma. Todo lo demás era sólo ilusión, sólo pensamiento; no era real. Tenían sus propias iglesias donde solían encontrarse para discutir sus grandes filosofías.

Hay gente que está negando hasta la existencia misma del cuerpo, hay gente que está negando la existencia de la mente y también hay gente que está negando la existencia del alma. Dicen que sólo el cuerpo es real y que todo lo demás es ficción. Toda esta gente -espiritualistas y materialistas- está de acuerdo en un pun­to: en no dejar que el hombre sea natural, una unidad orgánica. Tienen que eliminar algo. Pero aquello que eliminas sigue ligado a ti, es parte de ti. Puedes -por repetición constante, repitiéndo­lo durante siglos- obligarte a creer algo. Pero si tu creencia no está de acuerdo con tu naturaleza, el resultado será el sufrimiento.

Toda la Humanidad está sufriendo, y lo más asombroso es que el sufrimiento de la Humanidad tiene su origen en esas ideas reli­giosas que no permiten al hombre crecer de forma natural, vivir de forma natural, amar de forma natural. Y después, cuando llega el sufrimiento dicen: "¡Ves! ¿No te dijimos que la Tierra no es más que un valle de lágrimas?".

Es una estrategia muy astuta. Primero creas el sufrimiento y después lo usas como argumento para apoyar la idea de que has nacido en pecado y que estás en la Tierra y no en el cielo por castigo.

Debido a que Adán y Eva desobedecieron a Dios, estás sufriendo. Es una lógica extraña. Aún cuando Adán y Eva desobedecieron a Dios, no fue un pecado tan grande; sólo comieron de una manzana -y ni siquiera sabemos si Adán y Eva existieron alguna vez. Y tú, miles de años después, sufres porque arrastras su herencia. Perteneces al mismo linaje y tus progenitores fueron pecadores, de ahí que tú también seas pecador. Y los sufrimientos de la vida lo prueban, ¿sino, por qué existe tanto sufrimiento?

Las religiones han sido muy astutas y los sacerdotes muy in­humanos. Han dividido al hombre en contra de sí mismo. Al lu­char contra él mismo, sufre.

Es muy difícil encontrar un hombre total.

El hombre total es el super hombre, el hombre total recibirá todas las bendiciones que este hermoso planeta puede volcar so­bre él. Pero sólo el hombre total puede recibirlas.

Este hombre puede ser feliz, ¿por qué? Porque el hombre to­tal vive totalmente, vive intensamente. A cada momento exprime el jugo de la vida; su vida es una danza, su vida es una celebra­ción.

Y de pronto, cuando tu vida es una celebración, ves que no es un castigo. Entonces descubres las mentiras de los sacerdotes y en ese instante dejas de buscar otro paraíso, porque ya lo tienes aquí y ahora. No tienes que aplazarlo para un futuro lejano, des­pués de la muerte.

Lo que llamamos Humanidad, es un campo de exterminio. Todo el mundo ha sido destruido de un modo u otro, a todo el mundo se le ha impedido crecer. A todos les falta algo que es absolutamente necesario, y a lo que tenían derecho por nacimien­to. Los que condenan -y todos los sacerdotes condenan- no pue­den ver a nadie feliz, a nadie gozoso. Inmediatamente se vuelcan contra él y empiezan a condenar su alegría, a condenar su placer. Han desarrollado grandes argumentos para poder destruir el pla­cer de la gente.

Su principal argumento es: "La vida es muy corta, y el placer es muy efímero; cambia continuamente. Esto no ha de engañarte, porque si te engañas, te perderás la eterna dicha del paraíso".

Naturalmente no querrás jugártela. Sólo por el pequeño pla­cer de disfrutar de tu té por la mañana, no querrás destruir tu eterna dicha en el cielo. Esta vida consiste de pequeños goces, y si todos esos goces se agrupan, tu vida se convierte, por sí misma, en un goce. Uno no necesita grandes goces. Su paraí­so y su dicha eterna son sólo poesía, porque nadie nunca los vio, nadie ha ido nunca allí y ha vuelto diciendo: "Sí, yo lo he visto". En nombre de dioses ficticios y en nombre de placeres ficti­cios, se ha destruido lo que es real.

Sólo existe la esperanza de que un día el hombre compren­da... ¿Por cuánto tiempo podrá permanecer en las prisiones crea­das por los sacerdotes? Las pueden llamar iglesias, templos o mezquitas; no importa cómo llamen a sus prisiones. ¡Es penoso ver a los seres humanos marcados como ganado! Uno es hindú, otro musulmán, otro cristiano...

Aunque recorras el mundo entero te será muy difícil encontrar un solo ser humano que no haya sido etiquetado, que todavía no forme parte de la masa, que todavía no forme parte de la multitud, que sea él mismo, que sea su propia totalidad y que esté viviendo sin miedo, de acuerdo a su naturaleza.

Excepto la naturaleza no hay otra religión. Y no te hace falta aprender lo que es natural. Cuando tienes sed sabes que necesi­tas agua, cuando tienes hambre sabes que necesitas alimento. Tu naturaleza te guía continuamente.

Excepto la naturaleza no existe otra guía. Todas las otras guías te despistan, te llevan lejos del flujo natural y una vez que estás fuera de tu curso natural, el sufrimiento comienza. Y tu sufri­miento es su alegría, porque sólo el que sufre va a las iglesias, sólo el desgraciado va a los templos.

Cuando te sientes feliz y gozoso, joven y sano, ¿qué puede importarte la iglesia? La vida es tan rica, la vida es tan alegre, que ¿quién va a querer entrar en esos cementerios donde la tristeza se traduce en seriedad, donde se supone que una cara larga es reli­giosa, donde estallar de risa te valdrá ser condenado por loco, donde no se permite danzar, donde el amor está prohibido, donde debes sentarte a escuchar palabras sin vida, tan antiguas y polvo­rientas que no te tocan el corazón ni conmueven tu ser? Pero estas iglesias, estos templos y mezquitas, han dominado al hombre.

Esto no puede continuar eternamente. Algún día la inteligen­cia del hombre se rebelará. La rebelión es la única esperanza. El hombre destruirá algún día todas estas pretendidas casas de Dios, porque este planeta, este cielo lleno de estrellas, es el único tem­plo que existe; todos los demás templos han sido hechos por el hombre. Y esta vida que ves en los árboles, en los animales y en los hombres, es el único Dios vivo.

Los dioses que están sentados en los templos han sido manu­facturados por el hombre. Es muy extraño que estas religiones continúen afirmando que Dios creó el mundo, cuando sus dioses fueron creados por el hombre. Dicen: Dios creó al hombre como a sí mismo, creó al hombre a su propia imagen.

La verdad es justamente lo contrario: el hombre creó a Dios a su propia imagen. Por esto un dios chino parecerá diferente de un dios hindú, un dios africano parecerá diferente de un dios euro­peo, porque la gente está creando dioses según su propia imagen. Y la estupidez alcanza su máximo: tú creas esas imágenes y des­pués te arrodillas ante ellas. ¿Puedes imaginar una idiotez ma­yor? Y entonces comienzas a rezar...

Es posible perdonárselo a los niños. Ellos aman sus juguetes, aman sus ositos de peluche. Pero ¿y tú? Tú no has crecido aún, todavía amas tus ositos de peluche. Los tuyos están en tus iglesias, en tus sinagogas, pero son ositos... cumplen la misma función.

El niño se siente solo sin su osito. Hace unos días estuvo aquí un niño; su madre es sannyasin -Amrito- de Grecia. Cuan­do yo estuve en Grecia se hizo muy amigo mío. ¡Me trajo un osito de peluche! Había dicho a su madre, "No me iré de la India sin haberle dado antes el osito a Osho, porque vive solo, necesita alguna compañía".

¿Qué son tus dioses? Consuelos, porque sientes que aún es­tando en la multitud, estás solo. Necesitas un osito en el cielo, un osito de peluche eterno que te acompañe siempre. Es omniscien­te, omnipresente, omnipotente... lo puede todo... es sólo un consuelo. La gente que cree en Dios no se ha permitido a sí misma ser adulta, ha permanecido psicológicamente retardada; de lo con­trario no habría tenido ninguna necesidad de Dios.

La vida se basta a sí misma y es tan hermosa, tan llena de canciones y de flores y de pájaros volando... es la libertad absoluta de crecer y ser tú mismo. No te da unos Diez Mandamientos; te acepta tal como eres, no le da demasiada importancia a cómo debieras ser; su amor y respeto hacia todo lo viviente es incondi­cional.

¿Por qué necesitas tus dioses? Porque eres desgraciado. La estrategia es esa: no dejar que la gente sea feliz. De otro modo la religión desaparecería.

En una de sus grandes intuiciones, Bertrand Russell dijo: "si todo el mundo fuera feliz, puedo garantizar que no habría más religiones". Y este dicho encierra una gran verdad. Las religiones quieren que la gente siga siendo pobre, que siga estando enfer­ma, que sea desgraciada, que viva en permanente ansiedad. En­tonces, naturalmente, se vuelven débiles y necesitan ayuda. Los sacerdotes están listos para brindar ese apoyo, están listos para informar a Dios de que este hombre necesita su compasión... aun­que ninguna oración parece haber sido oída jamás.

Pero los sacerdotes son muy astutos. Dicen: "Tus oraciones no son escuchadas porque eres indigno. No lo mereces. Eres un pecador. Estás pecando contra la religión". Y es casi imposible vivir sin cometer algún pecado.

Le han hecho la vida imposible al hombre de modo que todos nos sentimos indignos. Y naturalmente, si eres indigno, tienes deseos, tienes anhelos; estás condenado. Tienes una biología, has nacido de la biología, cada una de tus células no es más que ener­gía sexual. Te gustaría amar a alguien, pero todas las religiones se oponen: "Ama y es seguro que irás al infierno". Pero tu biolo­gía te empuja a amar, así que amas a la gente, con miedo, con gran tristeza en el corazón, sabiendo que cometes un pecado. Natural­mente, no puedes disfrutar del amor y al no poder disfrutarlo, más lo necesitas, y cuanto más lo necesitas, más pecador te vuel­ves. Así, sin siquiera mirar su biografía, puedes decirle a cual­quiera que es indigno y que por eso no han sido escuchadas sus plegarias.

En realidad no hay nadie que las escuche. El hecho es que no hay nadie que las conteste. De hecho, el hombre que reza está psicológicamente estancado en algún lugar.

Después de la Segunda Guerra Mundial, querían determinar cuál era el promedio de la edad mental de los soldados, porque para entonces los psicólogos se habían vuelto eficientes en medir la inteligencia. Se quedaron asombrados. Nunca pensaron que éste pudiera ser el resultado. ¡El promedio de su edad mental era de trece años! Y esos soldados no eran menos inteligentes que cualquier otra persona.

Parece que el cuerpo sigue creciendo, envejeciendo, y que la mente se detiene a la edad de trece o catorce años. Por lo tanto puedes tener ochenta años, pero cuando te arrodillas frente a un dios sólo eres un niño de trece; aunque te arrodilles con tu cuerpo, también lo haces con tu sicología.

  Las religiones han causado mucho daño. Nadie se ha molesta­do en averiguar por qué la edad mental se detiene a los trece o catorce años. Es muy simple: esa es la época en que las chicas y los chicos maduran sexualmente, y en el momento en que se vuel­ven sexualmente maduros, la biología deja de necesitar la inteli­gencia.

A menos que tú mismo te esfuerces, tu edad mental seguirá correspondiendo a los trece o catorce años. La biología ha llega­do a su plenitud. Eres sexualmente maduro. Esta inteligencia es suficiente para engendrar hijos. Si quieres ser más inteligente, tendrás que hacer un esfuerzo, tendrás que meditar, tendrás que aguzar tu inteligencia.

Pero todas las religiones prefieren que no seas inteligente porque lo que enseñan es a creer. Un creyente no necesita tener inteligencia alguna. A no ser que aprendas a dudar, tu inteligen­cia no crecerá, porque "duda" significa "búsqueda". Y creer im­plica que no es necesario cuestionar ni buscar nada.

Por culpa de los sistemas de creencias que le han sido im­puestos al hombre, su edad mental ha permanecido estancada en los catorce. Y estos adolescentes son los cristianos, los hindúes, los musulmanes, etc. Si su inteligencia se desarrolla comenzarán a ver que lo que ellos creían religiones no son más que supersti­ciones. Si su inteligencia sigue creciendo, empezarán a dudar de Dios, del cielo, del infierno. Luego empezarán a dudar de los sacerdotes y de su religiosidad; empezarán a cuestionarlo todo. Y las religiones no tienen las respuestas.

Te he dicho hace poco que el jainismo cree que el no utilizar el sentido del gusto es uno de los fundamentos de su religión. Le pregunté a un monje jaino: "Si el no disfrutar del sabor es uno de los fundamentos de tu religión, ¿por qué la naturaleza ha dotado al hombre de papilas gustativas? La naturaleza nunca da cosas innecesariamente".

El monje budista tiene que caminar mirando sólo a un metro y medio de distancia por delante de sí mismo. No debe mirar más allá de esa distancia. No puede mantener la cabeza alzada porque podría ver a alguna mujer hermosa... ¡ese es el problema! Mirando sólo hasta metro y medio de distancia, a lo sumo puede ver los pies de una mujer, no su cara.

Pero si el amor entre un hombre y una mujer es algo malo, ¿por qué te ha de dar la naturaleza ese anhelo? Cualquier persona inteligente se lo preguntará. Ni el mismo Buda hubiese nacido. Afortunadamente el padre de Buda no era un monje budista; si no, nos hubiésemos perdido de todos esos grandes hombres.

La naturaleza quiere reproducirse: nueva vida, nuevas formas; mejor vida, mejores formas. La naturaleza es un continuo proce­so de evolución. Pero las religiones se oponen, porque cuanto más evolucionada es una persona, menos posibilidades hay de que sea víctima de alguna estupidez religiosa...

Si la inteligencia crece, los templos se quedarán vacíos, pero la vida se volverá inmensamente hermosa.

 

 

Capítulo 11

Una Historia del Futuro

 

Osho:

Estamos escribiendo un libro titulado: "Una Historia del Futuro".

Como tu visión de la raza humana y de este planeta es tan Clara, nos gustaría mucho preguntarte.

¿cuál es tu visión acerca de lo que le pasará al hombre en el futuro y de cómo vivirá?

 

Lo primero que has de recordar sobre mi actitud acerca del futuro, es que todas las predicciones son suposiciones. El futuro sigue siendo siempre desconocido y da tan extraños giros que nadie puede siquiera imaginarlos.

Más aún, mi manera de encarar la vida es: no preocuparme por el pasado ni por el futuro. El pasado ya no está, el futuro aún no está aquí; todo lo que tenemos en las manos es este momento. El pasado está muerto y el futuro no ha nacido.

Sin olvidar este punto de referencia, me gustaría decirte algo. Primero, se están dando todas las posibilidades para que, por lo que a la vida se refiere, no haya ningún futuro. Nos estamos acer­cando a un callejón sin salida. Es triste reconocer este hecho: pero es bueno reconocerlo, porque sólo entonces existe la posi­bilidad de tomar un rumbo diferente. Tal como van las cosas hoy en día, la conclusión lógica es que vamos hacia un suicidio global.

La única esperanza es que la vida no sigue la lógica; es irra­cional. Si fuese racional, matemática y lógica, no podrías conce­derle a este planeta más de veinte años de vida.

Las razones son cinco:

Primero: Se siguen acumulando armas nucleares día tras día.

Ya tenemos suficiente poder nuclear como para destruir la Tierra siete veces. Esto demuestra la locura del hombre. Ahora bien, ¿qué sentido tiene seguir acumulando más y más armas nucleares?

No todo el mundo es Jesucristo y no todo el mundo resucitará una y otra y otra vez; siete veces. La verdad es que ni siquiera Jesucristo resucitó, porque en primer lugar, no murió.

El segundo problema es el indiscriminado aumento de la po­blación. A finales de este siglo, tendremos siete mil millones de habitantes sobre la Tierra. Y la Tierra ha sido tan abusivamente explotada que ya no puede mantener a tanta población. El cin­cuenta por ciento de la población, sencillamente tendrá que mo­rir de inanición.

Los políticos no han hecho ningún esfuerzo para impedir el crecimiento de la población.

El tercer problema es el SIDA, una enfermedad que se está propagando como un fuego incontrolado. Y no parece haber nin­guna posibilidad, por lo menos en los próximos veinte años, de encontrar algo que la cure. Los científicos están bastante seguros de que no tiene curación.

Pero ningún país está haciendo del celibato un delito y el ce­libato es la causa de esta enfermedad, del SIDA. Son los monjes, los soldados, los estudiantes que viven separados de las mujeres, los que se vuelven homosexuales, y es la homosexualidad la que ha creado esta enfermedad. Pero la homosexualidad es sólo un síntoma; el verdadero problema es el celibato.

Todas las religiones sufren por este motivo pues todas predican el celibato, pero ninguna está dispuesta a reconocerlo y cuando tú no reconoces al enemigo, le estás dando más poder aún. Reco­nócelo para poder así encontrar la forma de luchar contra él.

El cuarto gran problema al que el hombre tendrá que enfren­tarse en los próximos veinte años, es el colapso ecológico. No somos conscientes de cómo y de qué forma estamos destruyendo nuestras propias fuentes de vida. La vida necesita un equilibrio ecológico, y ese equilibrio se está alterando.

 Y no es que la ecología se esté alterando en una sola direc­ción. Está siendo destruida por medio de métodos multidimen­sionales. Por ejemplo, debido a la acumulación de dióxido de carbono y otros productos químicos elaborados por el hombre, la temperatura de la atmósfera se ha elevado como jamás lo había hecho anteriormente. Por primera vez existe la posibilidad de que el hielo de ambos polos, norte y sur, se empiece a derretir; Esto nunca había sucedido.

  Si la temperatura de la atmósfera se eleva un poco más, el hielo de los Himalayas comenzará a derretirse y los océanos inundarán todas las grandes ciudades porque todas ellas están cerca del océano.

Y el quinto factor es el más peligroso: el hombre mismo, con todas sus discriminaciones entre blanco y negro, entre oriente y occidente. Y ahora, de pronto, ha surgido una nueva: entre norte y sur.

La Humanidad está dividida en religiones, en naciones, según el color, según su raza. Y todos están siempre a punto de dego­llarse unos a otros. Parece casi imposible evitar estos peligros con los que el hombre nunca se había enfrentado anteriormente, a menos que suceda un milagro. Pero los milagros sólo ocurren en los cuentos, no en la vida real.

  Y el factor más inquietante es que la intelectualidad del mun­do, los políticos y los filósofos, están ignorando estos hechos.

Suele suceder que, en tiempos de peligro la única forma de proteger tu paz mental sea ignorar el peligro. A esto se le llama la lógica del avestruz: si no ves al enemigo, el enemigo no existe.

La gente está ocupada en trivialidades, en asuntos enorme­mente estúpidos, cuando lo que tenemos delante son tremendos peligros. Tengo la esperanza de que la Humanidad alcance un cierto nivel de cordura y la vida pueda salvarse, pero tendremos que considerar con mucho cuidado estos cinco factores.

El mundo debería tener un solo gobierno; no deberían existir naciones. De esta forma evitaríamos toda posibilidad de guerra.

El mundo debería tener sólo una clase de religiosidad. No una religión, sino un tipo de religiosidad, una gratitud a la Existen­cia, un corazón amante, una consciencia meditativa. Aquello que es la esencia de la religión debe ser preservado y el cristianismo, el hinduismo, el budismo, el jainismo, el islamismo, todos debe­rían desaparecer de la Tierra.

Ya no son necesarios, ya han hecho suficiente mal. Pero ahora el daño es tan grande, que no se puede seguir tolerando.

¿Qué necesidad hay de que existan naciones?

Toda la Tierra es una.

Los problemas podrían resolverse muy fácilmente, si hubiese un solo Gobierno Mundial que fuese exclusivamente funcional, donde el mérito fuese el factor decisivo, en vez del poder de los votos. El más capacitado, técnica o científicamente, para resolver el problema, es el que debería resolverlo. No por obtener más votos se tiene más capacidad.

A pesar de que todas las religiones han estado predicando el celibato; nadie ha preguntado: ¿es el celibato algo natural? ¿Es humanamente posible ser célibe? ¿Puede algún científico, o al­gún experto en medicina o psicólogo apoyar la idea del celibato? Nadie dice ni una sola palabra contra el celibato, que es el que está causando toda clase de perversiones sexuales en el hombre. Quizás el SIDA sólo sea el principio; pueden aparecer enferme­dades aún más peligrosas.

Y por último, menciono al hombre. El hombre no vive en con­sonancia con los tiempos actuales. Vive con un atraso de mil años y el resto del mundo ha cambiado. Pero su rabia es la misma, su instinto de lucha es el mismo que cuando usaba armas de piedra. Ahora, el mismo hombre que tenía armas de piedra posee armas nucleares. El hombre en sí no ha cambiado y la tecnología le ha ido dando más y más poder destructivo.

Si llega a desencadenarse una guerra mundial, será una guerra de apretar botones. Y todos seremos destruidos. Nadie ganará ni nadie perderá. Ahora es el momento apropiado para escribir una "Historia del Futuro", porque dentro de veinte años no habrá ni quién la escriba, ni quién la imprima, ni quién la lea.

Si haces preguntas tan peligrosas, la gente se enojará contigo. Yo he convertido a todo el mundo en enemigo mío por la sencilla razón de que sigo jalando del cuello de los avestruces y sacándo­les la cabeza de la arena y diciéndoles que no importa si ven o no al enemigo. Es mejor verlo, porque viéndolo puede ser que encuen­tres algún modo de escapar, pero ocultando tu cabeza en la arena no tienes ninguna posibilidad de defenderte. Pero este avestruz se siente muy feliz con la cabeza enterrada en la arena. Al jalarle del cuello, para sacarlo, se enfurece, porque nuevamente tiene que ver al enemigo, Nadie quiere ver al enemigo.

  Las pequeñas cosas siguen manteniendo ocupada la mente humana; así no se puede encarar el verdadero problema.

Te he dicho que son cinco los problemas reales que van a des­truir a la Humanidad. Las soluciones son muy fáciles, pero éste es un gran manicomio; nadie parece comprender.

Todas las armas nucleares deberían ser lanzadas al Pacífico.

Se debería dejar de condenar el sexo y ensalzar el celibato. De otro  modo no podremos librarnos del SIDA. Se extenderá; se está extendiendo.

Es un hecho evidente que la Tierra no está dividida. ¿Qué necesidad hay de que existan tantas naciones, a no ser para satisfacer las ambiciones del ego de tanta gente? No hay otra necesidad. ¿Por qué debería Alemania tener miedo de los inmigrantes e incentivar a los alemanes para que tengan más niños, cuando la Tierra se está muriendo a causa de la superpoblación? Si hubiese un gobierno mundial, podríamos redistribuir la población cambiándola de un sitio a otro. En aquellos lugares donde la población comenzara a decrecer se debería reemplazar por población de países donde ésta esté aumentando.

Si las religiones desaparecieran del mundo, muchas estupide­ces desaparecerían con ellas. Están en contra del control de la natalidad y se preocupan de engendrar más niños, porque más niños significa más poder; poder en dos formas: más votos y más carne de cañón para la guerra.

Durante veinte o treinta años debería ponerse en práctica un estricto control de la natalidad. No es una cuestión democrática, porque es una elección entre la vida y la muerte. Si todo el mundo va a morir, ¿qué harás entonces con tu democracia? Entonces la democracia dictará las normas de las tumbas, para las tumbas y por las tumbas, porque la gente habrá desaparecido.

Las religiones alimentan toda clase de supersticiones que obs­taculizan tu inteligencia, tu visión y tu posibilidad de crear un hombre nuevo en el mundo. Hay algo que es cierto: la vieja Hu­manidad va a morir. Si podemos hacer que la gente del mundo comprenda, una nueva clase de hombre podría sobrevivir.

Será un ciudadano del mundo, sin naciones.

Será religioso, pero sin religión.

Será científico, pero no destructivo; toda su ciencia estará dedicada a la creación.

Será piadoso, compasivo, amoroso, pero no célibe. Un hombre sin el peso del pasado, más meditativo, más silen­cioso, más amoroso... Todas las universidades deberían dedicar tiempo a crear más consciencia en el hombre en vez de perder el tiempo en asuntos superficiales.

Las cosas deberían pensarse de forma científica, sin supersti­ciones. Así habría una posibilidad de futuro para el hombre.

Si tomamos alguna medida real contra estos cinco peligros que la Humanidad enfrenta, habrá la posibilidad en el futuro de un hombre nuevo, un hombre mejor, un hombre natural, un hom­bre más sano, un hombre más religioso... de un mundo sin gue­rras, sin naciones, sin religiones. Un mundo pacífico, amoroso. Un mundo en busca de la verdad, de la dicha del éxtasis.

Pero si estos cinco problemas no se resuelven inmediatamente, no habrá futuro posible.

Deberías comenzar a escribir tu libro, "Una Historia del Futu­ro", lo más pronto posible, porque lo más probable es que no haya ningún futuro.

 

 

Capítulo 12

El Loto Surge del Barro

 

 

Osho:

¿Por qué desde un principio, los seres humanos han tenido que pasar por tanta lucha?

¿No han existido sobre la Tierra civilizaciones altamente desarrolladas?

Y a pesar de todo, su nivel de consciencia se perdió y el hombre tuvo que volver a comenzar desde cero.

Ahora mismo, parece haber un período particularmente oscuro. ¿Es que acaso existe alguna ley cósmica que diga que sólo del barro puede crecer el loto?

¿Llegará al­guna vez esta Tierra a convertirse en un jardín lleno de flores?

 

La pregunta que has hecho tiene tremendas implicaciones. Para comenzar, muchas civilizaciones anteriores han alcanzado nive­les incluso más altos que el nuestro, pero todas se destruyeron a sí mismas, porque todas esas civilizaciones -incluyendo la nues­tra- crecieron en un profundo desequilibrio. Desarrollaron gran­des tecnologías, pero olvidaron que el mayor de los avances tec­nológicos no va a hacer del hombre un ser más dichoso, más pa­cífico, más amoroso y más compasivo.

La consciencia del hombre no ha crecido al mismo ritmo que su progreso científico, y ésta es la causa por la cual todas las civilizaciones antiguas se autodestruyeron. No hubo ninguna cau­sa externa, ningún enemigo externo; el enemigo estaba dentro del hombre.

En lo relacionado a maquinaria, ha creado monstruos, pero él mismo se ha quedado muy retrasado, inconsciente, casi dormido, y es muy peligroso dar tanto poder a gente inconsciente.

Ahora sucede lo mismo. Los políticos son de la clase más baja en cuanto a consciencia se refiere. Son astutos, hábiles y además mezquinos y hacen todo lo que pueden para alcanzar un solo objetivo: Cómo ser más poderosos.

Su único deseo es obtener más poder; no desean más paz, ni un mayor desarrollo del ser humano, ni conocer la verdad, ni el amor.

¿Y para qué se necesita tener más poder? Para dominar y des­truir a los demás. Todo el poder lo ha acumulado la gente más inconsciente. Por un lado, en todas las civilizaciones que han surgido, que se han desarrollado y han desaparecido -sería más adecuado decir que se han suicidado- han sido los políticos quie­nes tenían todo el poder en sus manos. Y los genios de la inteli­gencia humana estaban buscando mayores y mejores métodos tec­nológicos y científicos, y todo aquello que descubrieron termi­nó, finalmente, en manos de los políticos...

Alberto Einstein fue quien le escribió al presidente americano Roosevelt diciéndole: "Puedo crear la bomba atómica. Poseo el secreto y quien tenga la bomba atómica ganará la Segunda Gue­rra Mundial".

Roosevelt inmediatamente le invitó y le dio todas las facilida­des para crear la bomba atómica. Cuando finalmente estuvo lista, Roosevelt ya no era presidente. Truman había ocupado su lugar.

Alemania fue derrotada. Era sólo cuestión de siete días a lo sumo, todos los expertos militares del mundo están de acuerdo que Japón iba a rendirse. No tenía alternativa, no tenía posibili­dades de ganar, porque toda su fuerza procedía de Alemania. Ja­pón era sólo un socio. Incluso los generales americanos dijeron a Truman que ya no había necesidad de usar bombas atómicas, por­que en siete días, utilizando bombas comunes y corrientes, Japón tendría que rendirse.

Pero Truman no les escuchó. Albert Einstein le envió otra car­ta en la cual le advertía que la bomba atómica no era necesaria. Pero, ¿a quién le importa lo que piensa Alberto Einstein? Las bom­bas están en manos del presidente. Y Truman, sin motivo alguno, bombardeó dos grandes ciudades del Japón, Hiroshima y Naga­saki. Cada ciudad tenía más de cien mil habitantes, y en un lapso de cinco minutos, todas esas personas murieron.

Nunca ha habido una destrucción semejante, absolutamente innecesaria. Pero Truman tenía prisa, temía que Japón se rindiera y perder con ello la oportunidad de usar la bomba atómica que tanto dinero había costado crear y con la cual demostraría al mundo que América era la primera potencia y que él era el hombre que tenía en sus manos la llave de ese inmenso poder.

Aquellas bombas de Hiroshima y Nagasaki no fueron utiliza­das sólo para derrotar a Japón. Su propósito fundamental fue to­talmente diferente; fue una satisfacción del ego del presidente Truman: "Soy el más grande, el hombre más poderoso del mundo y mi nación ha llegado a la cima". Esto ha estado sucediendo desde siempre, una y otra vez.

Antes de la Segunda Guerra Mundial, nadie era capaz de creer que semejantes armas destructivas pudieran existir. Siempre se creyó que la historia del Mahabharata, la gran guerra India de hace 5000 años, registrada en las antiguas escrituras, era simple­mente mitológica, pues parecía inconcebible que hace 5000 años se tuviera acceso a semejante poder. Pero después de la Segunda Guerra Mundial y según la descripción del Mahabharata, quedó absolutamente claro que ellos ya habían descubierto algo similar a la energía atómica. Destruyeron una civilización muy avanzada. Sin embargo, la destrucción provino del interior de su propia ci­vilización.

Nos vamos aproximando nuevamente a una situación similar: la destrucción no proviene de otro planeta. Estamos preparando nuestras propias tumbas. Podemos ser conscientes, podemos no serlo, pero todos somos sepultureros, todos estamos cavando nues­tras propias fosas.

Hoy en día hay sólo cinco naciones que poseen armas nuclea­res, y su arsenal nuclear es un millón de veces más poderoso que las bombas atómicas de la Segunda Guerra Mundial. Ahora los científicos dicen que las bombas atómicas de la Segunda Guerra Mundial comparadas con las armas nucleares modernas parecen petardos.

Alrededor del año 2010, veinticinco naciones más se habrán convertido en potencias nucleares. No habrá control posible.

Treinta naciones poseerán un inmenso poder destructivo, y bas­tará una sola de ellas para destruir la Tierra entera. Para destruir toda la civilización bastará un solo político, un solo loco que quiera demostrar su poder, y tendremos que empezar desde ABC.

Además, la destrucción no afectará sólo al hombre. Junto con los humanos morirán todos sus compañeros: los animales, los pájaros, los árboles, las flores; toda manifestación de vida des­aparecerá.

Pero la razón es un desequilibrio en nuestra evolución. Conti­nuamos desarrollando tecnología científica sin preocuparnos en absoluto de que la consciencia evolucione en la misma propor­ción. De hecho, nuestra consciencia debería preceder nuestro pro­greso tecnológico.

Si nuestras consciencias estuvieran Iluminadas... en las ma­nos de un Gautama Buda, las armas nucleares dejarían de ser peligrosas. En manos de un Buda, las armas nucleares se trans­formarían en una fuerza creativa, ya que la fuerza en sí misma es siempre neutral; puedes destruir o crear con ella.

Pero actualmente nuestros poderes son enormes y nuestro desarrollo, escaso. Es como si hubiesen puesto bombas en manos de niños para que jugasen.

 

  Preguntas,

 

  "¿Por qué desde un principio, los seres humanos han tenido que pasar por tanta lucha?".

 

Se debe al desequilibrio existente entre lo interno y lo externo.

Lo externo es más fácil, lo externo es objetivo. Por ejemplo, un científico -Tomás Alva Edison- creó la electricidad y toda la Humanidad la está usando. No es necesario que cada uno ten­ga que volver a descubrirla. El crecimiento interior es un fenóme­no totalmente diferente. Un Gautama Buda puede Iluminarse, pero eso no significa que todas las demás personas se Iluminen. Cada individuo tiene que encontrar la verdad por sí mismo.

Por esta razón, todo lo que sucede en el exterior, todo progre­so científico, es un proceso acumulativo. Cada científico se apo­ya en el trabajo realizado por otros científicos. Pero la evolución de la consciencia no sigue la misma ley. Cada individuo tiene que descubrirla por sí mismo; no puede apoyarse en las realizaciones de los demás.

Todo lo referente al mundo objetivo se puede compartir, se puede enseñar en las escuelas, en los colegios, en las universida­des, pero el mundo subjetivo funciona de una manera totalmente diferente.

Aunque conozca todo lo referente al mundo interior, no te lo puedo entregar. Ésta es una de las leyes más fundamentales de la Existencia: la verdad interior tiene que ser descubierta por cada individuo, a través de su propio esfuerzo. No se puede comprar en el mercado, ni puede robarse. Nadie te la puede regalar. No es una mercadería. No es materia; es una experiencia inmaterial.

La individualidad, la presencia, la compasión, el amor, el si­lencio, de un maestro pueden ser tomados como pruebas, pero son sólo evidencias de algo que le ha sucedido en su interior. Él te puede infundir valor, te puede hacer sentir que tu búsqueda interior no es en vano, que llegarás a encontrar tesoros tal como él los ha encontrado.

Un Maestro no es más que un argumento, una evidencia, un testigo ocular. Pero la experiencia sigue siendo individual. La ciencia se vuelve social. La tecnología se vuelve social. La medi­tación sigue siendo individual; éste es el problema básico. ¿Cómo equilibrarlas?

Todas las civilizaciones del pasado... en la Atlántida -un vas­to continente sumergido en el Océano Atlántico- existió una ci­vilización. Se creyó que esto también era mitología, pero recien­tes investigaciones han probado que aún hay restos de grandes ciudades a cinco millas de profundidad bajo el agua.

Y lo mismo sucedió en Lemuria, otro continente más pequeño que la Atlántida. También se hundió en el océano. Al observador superficial esto le puede parecer el resultado de una catástrofe natural -quizás un gran terremoto, un movimiento de la tierra, una erupción volcánica, o una invasión del océano en aquellas grandes ciudades- o de cualquier otro fenómeno, pero siempre consecuencia de algo natural. Pero tal como yo lo veo, esas cala­midades naturales son también causadas por nosotros.

  Esas civilizaciones debieron de cometer estupideces que provocaron esas calamidades.

 

"¿No existieron sobre la tierra civilizaciones altamente desarrolladas?"

 

Sí, las hubo, pero todas llegaron al mismo caos y a la misma oscuridad a la cual nos estamos aproximando.

 

"Así y todo, su estado de consciencia se perdió y el hombre tuvo que volver a comenzar desde cero".

 

La consciencia no se perdió; simplemente, ellos no tenían consciencia alguna. Tenían la misma consciencia superficial que ahora tenemos.

¿Qué estás haciendo para prevenir esta calamidad que se acer­ca más y más? La muerte de esta Tierra no es algo lejano; le que­dan a lo sumo de unos veinte a veinticinco años. Y esa es una actitud muy optimista. Para el pesimista esto puede suceder qui­zás mañana.

Pero aunque le diéramos veinticinco años más, ¿qué vas a ha­cer para ayudar a que la consciencia humana se eleve de tal mane­ra que podamos prevenir el suicidio global que se avecina?

La única forma posible de evitarlo es creando un mayor esta­do meditativo. Pero en este mundo de locura, a veces parece im­posible creer en ello.

El Jefe de Policía de Puna ha pedido que se les permita a los funcionarios de policía grabar cada uno de mis discursos para luego analizarlos y censurarlos y sancionar qué partes pueden ver la luz y cuáles tienen que eliminarse. Nunca se ha sabido de policías que puedan siquiera entender lo que es meditación.

Él ha estado insistiendo en que algunos ciudadanos respeta­bles de Puna formaran un comité y acudieran -como una comi­sión- a observar todas nuestras meditaciones, nuestros grupos de terapia y asistirán a los discursos, para así elaborar un informe sobre lo que está sucediendo aquí y decidir si está bien o no.

¿Quiénes son los ciudadanos respetables de Puna? Y ¿qué saben acerca de meditación? ¿Cuál es su experiencia en psicote­rapias? ¿Cuánto saben acerca de sí mismos?    

Pero éste es el mundo en que vivimos. Frente a expectativas tan absurdas se pierde toda esperanza en el futuro. Sería preferi­ble decirle a la gente de Puna que venga a meditar aquí y que envíe a los policías a participar en los grupos de terapia y en las meditaciones; no hay otro camino.

Si alguien está haciendo vipassana, ¿qué puedes observar en él? Lo que sucede está sucediendo profundamente en el interior de la persona... está sentado en silencio, con los ojos cerrados. Estas personas sólo pueden informar a los periódicos que estoy enseñando a la gente a ser perezosa, a estar sentados sin hacer nada. Naturalmente no pueden ver lo que está sucediendo dentro. No saben nada de lo que ha sucedido en cien años en el mundo de la psicología, ni tampoco de lo que ha pasado en diez mil años en el mundo de la meditación, los métodos que se han creado y la profundidad que el hombre ha alcanzado.

¿Quiénes son estas personas respetables? Su respetabilidad se debe a que alguien ha hecho un hospital, o ha abierto un cole­gio, o ha hecho una donación a los huérfanos o a los pobres.

Todas estas cosas están perfectamente bien, no hay ninguna objeción. Pero, no por ello se convertirán en expertos en medita­ción, ni expertos en terapia.

Ni siquiera pueden citar doce nombres de personas Iluminadas en el mundo, y ¡pretenden tener la autoridad de  censurar lo que estoy diciendo! ¿Cuál sería su criterio? No conocen nada del mundo interior. No saben nada de las cimas más altas de la consciencia. Nunca deben haber oído palabras como tathata y anatta. Sin embargo, es tal la locu­ra del hombre que hasta pretende juzgar a Buda, a Mahavira, a Basho, a Sarmad, sin siquiera saber el ABC.

Éste es el único esfuerzo que estamos tratando de hacer: ele­var la consciencia de unos cuantos individuos y enviarlos a los rincones más lejanos del mundo a ayudar a elevar la consciencia de la Humanidad, dondequiera que se encuentren.

Si en los próximos veinte años el hombre atraviesa una revo­lución y alcanza una nueva consciencia, tal vez lo que ha estado sucediendo hasta ahora, pueda evitarse. Debemos hacer todo lo posible para lograrlo.

Finalmente me preguntas:

 

"Ahora mismo, parece haber un pe­ríodo particularmente oscuro".

 

Lo es. Y se volverá más y más oscuro, a menos que cada uno se convierta en una luz en sí mis­mo e irradie luz a su alrededor; a menos que todos empiecen a compartir su luz y su fuego con aquellos que estén hambrientos y sedientos de eso. El amanecer no vendrá automáticamente. Ten­drás que estar absolutamente alerta y hacer todo lo posible para ayudar al desarrollo de la consciencia.

Antes de que los océanos suban mil metros, tenemos que con­seguir al menos que la consciencia se eleve mil metros. El mundo necesita al menos doscientas personas Iluminadas. Ellos serán los doscientos faros donde millones podrán satisfacer su sed de verdad. Es una gran lucha contra la oscuridad, pero también es una gran oportunidad y un desafío emocionante. No tienes que ponerte serio por esto. Tienes que hacerlo con amor, danzando, con todas tus canciones y toda tu alegría. Porque sólo de esa manera es posible traer el amanecer y despejar la oscuridad.

Sí, esto es cierto. Hay una ley cósmica que dice que el loto sólo crece del barro.

Los políticos y los sacerdotes de todas las religiones, los go­biernos y los burócratas están creando suficiente fango. Ahora tenemos que hacer crecer los lotos. No tienes por qué ahogarte en su fango. Tienes que sembrar semillas de loto. La semilla del loto es un milagro; transforma el barro en la flor más hermosa.

En el Este, el loto ha sido venerado por dos razones. Una, porque nace del barro; todo hombre es sólo barro. La palabra inglesa "human" simplemente quiere decir barro. La palabra ára­be "admi" simplemente quiere decir barro, porque Dios hizo al hombre del barro.

Pero existe la posibilidad de que crezca un loto. Es la flor por excelencia. Abre sus pétalos sólo cuando se levanta el sol y los pájaros comienzan a cantar y todo el cielo se llena de colores, y cuando llega el crepúsculo y se oculta el sol, nuevamente cierra sus pétalos. Ama la luz.

Segundo, tiene una hermosa cualidad. Sus pétalos -e incluso sus hojas- son tan aterciopelados que en ellos se depositan go­tas de rocío durante la noche. Con el temprano sol de la mañana, esas gotas de rocío brillan casi como perlas -mucho más hermo­sas- creando un arco iris alrededor de sí.

Pero lo más hermoso es que aunque descanse sobre los péta­los y las hojas, el rocío no toca la hoja. Con un pequeño soplo del viento caen de nuevo al océano, sin dejar ni huellas, ni hume­dad sobre las hojas o los pétalos del loto.

Para Oriente esto encierra un gran simbolismo porque el Este afirma que debes vivir en el mundo, pero no ser afectado por él.

Debes permanecer en el mundo, pero el mundo no debe permane­cer en ti. Debes pasar por el mundo sin guardar ninguna impre­sión, ningún impacto, ningún rasguño. Si en el momento de la muerte puedes decir que tu consciencia es tan pura, tan inocente como la trajiste al nacer, habrás vivido una vida religiosa, una vida espiritual.

De ahí que la flor del loto se haya convertido en el símbolo de un estilo de vida espiritual. Sin ser tocada por el agua, crece des­de el barro, en el agua, y aún así, permanece intacta. Es un sím­bolo de transformación. El barro se transforma en la flor más hermosa y más fragante que existe sobre el planeta.

Buda estaba tan enamorado del loto que llamó a su paraíso, el Paraíso del Loto.

Con nuestra meditación profunda y nuestra gratitud a la Existencia sería posible que esta Tierra siguiera creciendo con más consciencia, con más flores. Podría convertirse en un Paraíso del Loto.

Pero se necesita una tremenda lucha para que se produzca una gran revolución en la consciencia de la Humanidad, y todo el mundo está llamado a participar en esta revolución. Contribuye con todo lo que puedas. Tienes que entregar toda tu vida a la revolución. No tendrás otra oportunidad, otro desafío para tu propio crecimiento, y para el crecimiento de este hermoso planeta.

Éste es el único planeta vivo en toda la Existencia y su muerte sería una gran tragedia.

Pero se puede evitar. Tienes que convertirte en soldado de esta revolución para poder evitar las fuerzas criminales, las fuerzas malignas que se están preparando para destruimos.

 

 

 

Capítulo 13

La Única Forma de Salir, es Entrar

 

La enfermedad del mundo actual, su desgracia y su tensión cre­ciente, son el resultado de todas las estúpidas ideas que han do­minado a la Humanidad en el pasado.

Todas las religiones son responsables. Lo que han hecho, sin saberlo o a sabiendas, es la causa de la desgracia, del sufrimiento y la angustia de todos los seres humanos. Veamos, una a una, las causas fundamentales.

 

La primera:

Todas las religiones han estado imponiendo la idea de que Dios creó el mundo y de que es omnisciente, omnipotente y omnipresente. Lo sabe todo, es todopoderoso y está en todas partes.

Y ésta es la idea que ha impedido al hombre hacer algo en esta vida para que sea mejor y más hermosa. Si alguien que lo sabe todo, que es todopoderoso y está en todas partes, se está ocupando, ¿qué puedes hacer tú? ¿Qué has de comprender? ¿Cuál puede ser tu contribución? Si Dios ha creado el mundo, tú no puedes me­jorarlo. Cualquier cosa que hagas será más bien un perjuicio. No puedes mejorarlo, no puedes ser más sabio que Dios.

Esta idea es una de las causas fundamentales de la angustia total por la que la Humanidad está pasando y en la cual quizás perezca. Piensa, por favor... tal como lo veo, no hay Dios que esté creando el mundo, cuidándolo. No descargues esa responsabili­dad sobre alguien que no existe. Somos nosotros los que estamos aquí y somos nosotros los responsables de aprovechar o desper­diciar esa oportunidad. Retira a Dios y pon al hombre en su lugar y el mundo será totalmente diferente.

El sufrimiento es absolutamente indeseable. La angustia es nuestra estupidez. El hombre puede vivir una vida inmensamente rica, deliciosa, dichosa; para ello el primer paso es que acepte su responsabilidad. Todas las religiones han enseñado a eludir la responsabilidad: déjalo en manos de Dios... y no hay Dios.

No haces nada porque piensas que Dios lo hará todo y no hay ningún Dios que haga nada. Entonces, ¿qué esperas? Lo que está pasando, lo que ha pasado y lo que pasará, es el resultado natural de alimentar la idea de un Creador.

Si se le dijera al hombre: "Ésta es tu existencia, eres tú el responsable, seas quien seas, hagas lo que hagas y pase lo que pase a tu alrededor. Madura. No sigas siendo infantil".

  Pero este Dios impide tu madurez. Su existencia misma depende de tu falta de madurez, de tu infantilismo.

  Cuanto más estúpido y crédulo seas, más grande será el Dios. Cuanto más inteligente, menor es el Dios.

  Si tú eres realmente inteligente, Dios no existe.

  Entonces ahí está la Existencia, ahí estás tú... ¡crea! Pero el Creador no te permite ser creativo.

  Todo mi énfasis estriba en que te conviertas en el Creador.

  Libera tu energía creativa. Esto sólo es posible si este Dios­ -que no es más que un Godot- es abolido completamente, es eli­minado por completo de tu visión de la vida.

Sí, al principio te sentirás vacío, porque este espacio que Dios ha estado llenando en ti... durante millones de años; el santuario sagrado en tu corazón ha estado ocupado con la idea de Dios. De repente ahora, al arrojarlo fuera, te sentirás asustado, vacío, per­dido. Pero es bueno estar vacío. Es bueno temer. Está bien estar perdido. Porque la realidad es ésta, y lo anterior era sólo una ficción. Las ficciones no ayudan. Te consuelan un poco, pero el consuelo no es algo bueno... Transformación y no consuelo. Lo que hace falta es tratar todas las enfermedades que has estado padeciendo. No es consuelo lo que te hace falta.

  Lo primero es: descarta a Dios. No esperes a ningún Godot. No hay ninguno ni nunca lo hubo.

  Friedrich Nietzsche dijo... y estoy en desacuerdo con él, pero no de la forma en que otros están en desacuerdo. Mi desacuerdo es diferente del de los demás. Nietzsche dice: Dios ha muerto. Por supuesto que los cristianos, los musulmanes, los hindúes, los budistas, discrepan de ello; todos han estado contra Nietzs­che. También yo. Pero mi razón por la que discrepo es que Dios no está muerto porque nunca ha estado vivo. Decir "Ha muerto" implica aceptar que estuvo vivo, que estaba y no está. No, nunca estuvo en ningún lado. El hombre siempre vivió en una fábula.

Y esta situación, este sufrimiento, esta tensión cada vez ma­yor... La tensión es tal que en los países más desarrollados, la segunda causa de muerte hoy, no es por enfermedad, sino por suicidio. Uno se siente muy tenso, día tras día y al parecer sin nin­guna salida. Y la angustia sigue creciendo. Y ni siquiera es posi­ble ver la razón por la que se sufre. ¿Por qué este sufrimiento? ¿Qué hemos hecho?

La vida misma parece no tener valor. Llega un punto en la vida de todo hombre inteligente, en el que se da cuenta de que todo es inútil y sin sentido.

Entonces, ¿para qué seguir arrastrándose? ¿Por qué no termi­nar, por qué no liberarte de todo esto? No te ha aportado nada, excepto penas, y no puede darte otra cosa. Sí, hay un opio en algún sitio: la esperanza de que quizás mañana las cosas sean diferentes. Si no hoy, quizá mañana podrás capturar algún mo­mento de dicha.

Y ni aun así parece valer la pena: una larga caravana de penas y de tanto en tanto un instante para sonreír, para reír. Y apenas has sonreído y ya se fue. Tal vez, ese momento no sea más que imaginario. Para seguir funcionando empiezas a soñar con cosas que no existen, con cosas que quisieras que estuvieran allí. Ésta es en realidad la función de los sueños.

Posiblemente el noventa y nueve por ciento de la gente, o inclu­so más, necesita soñar; seis horas de soñar cada noche. ¿Y pien­sas que esto es todo? ¿Acaso no sueñas también durante el día?

En cualquier momento cierra los ojos y encontrarás que el sueño está ahí, transcurriendo. El sueño está siempre ahí. Mien­tras me estás escuchando, el sueño está ahí. Caminas por la calle y el sueño se mueve contigo. Por supuesto, cuando estás despier­to, tu atención está dividida. Debes prestar atención al mundo exterior o la gente dirá que estás volado. ¡No estás volado, sino metido en ti! (*). Tú atención no se dirige hacia lo exterior. Estás nublado por los sueños y te has olvidado del mundo objetivo. Seis horas por la noche y ¿cuántas durante el día? Nadie las ha calculado, pero me parece que no tienes ni siquiera dos horas durante el día, libres de sueños, como sí las tienes mientras duermes.

Y no creo que estés dos horas diarias sin sueños, despierto realmente, porque si las tuvieras, ellas serían tu meditación, y te revelarían secretos de inmenso valor.

Pero la Humanidad ordinaria, el hombre de la calle, necesita soñar. ¿Por qué? Porque en realidad la vida es muy poco satisfactoria, muy fea, apestosamente fea. Estos sueños la sustituyen. Son hermosos. Traen perfume a tu vida. Esperanza, ficción: te ayudan a permanecer cuerdo. La realidad te volvería loco.

Y para mí, Dios, el Espíritu Santo, el Hijo, el Papa, el infali­ble Papa... por supuesto que tiene que ser infalible, representa al Mesías, al único hijo de Dios, ¿cómo podría ser falible?

Y todas las religiones tienen cosas similares. Necesitas esos personajes. Son ficciones creadas por tus sufrimientos. Gente as­tuta utiliza tu sufrimiento para explotarte y disfrutar del poder.

También los políticos necesitan esos personajes. Incluso un político loco como Adolfo Hitler necesita las bendiciones de Dios. Y si Dios no existe, ¿quién va a bendecir a Adolfo Hitler? El ministro cristiano de mayor rango en Alemania lo bendijo. Ahora observa el milagro: Adolfo Hitler bendecido por el ministro de Dios: "Tú vencerás". Churchill es bendecido en Inglaterra por un ministro del mismo Dios: "Tú vencerás". Benito Mussolini es bendecido por el propio Papa: "Tú serás el vencedor". Y nadie ve la contra­dicción: un Dios, un Papa infalible... iY ese cura alemán depende del Papa!

Pero el Papa tiene que bendecir a Mussolini, de lo contrario Mussolini lo expulsaría y pondría a cualquier otro como Papa, a cualquier otro que estuviera dispuesto a bendecirle.

 

(*) N. del T.- Juego de palabras en el original en inglés, entre "spaced-out"= "estar volado", lit. "abierto hacia afuera" y "spaced-in"= sin traducción. En caste­llano, lit. "abierto hacia adentro".

 

Benito Mussolini no es un fascista mientras está en el poder. Hasta el Papa lo declara: "El hombre más sabio, más democrático, más humano". ¡Mussolini! Y el mismo Papa -una vez derrotado Mussolini- le declarara fascista. ¡Y ésta es la gente infalible! Ahora hay allí otro político que tiene que ser bendecido y que está en contra de Benito Mussolini. También será bendecido.

¿Puedes ver esa conspiración entre curas y políticos? Las ma­sas son engañadas. El sacerdote sanciona en nombre de Dios, certifica que éste es el hombre adecuado para ser presidente, o vicepresidente, primer ministro.

Por supuesto que el político le necesita, pues las masas escu­chan a los sacerdotes, y se supone que el sacerdote es imparcial, que nada tiene que ver con la política, que está por encima de ella. ¡Y no es así! El sacerdote está en manos del político...

  Lo que te estoy diciendo es que sacerdotes y políticos han estado conspirando siempre, trabajando juntos, de la mano.

Uno tiene el poder político, el otro el religioso. El político protege al sacerdote; el religioso bendice al político. Y las masas son explotadas, exprimidas. Ambos le chupan la sangre.

Eliminando a Dios, eliminarás a los políticos, a los sacerdo­tes y a la política; eliminarás la conspiración entre curas y políti­cos. Y al eliminar estos dos, el cincuenta por ciento de tu sufri­miento desaparecerá.

Y la idea de Dios te hace soñar en una vida mejor... después de la muerte, tal vez en el paraíso o en otra encarnación. Así pues, no hay de qué preocuparse. Esta vida es poca cosa... ¡Qué impor­ta! Comparados con millones y millones de años luz, ¿qué repre­sentan setenta años? Nada, no cuentan...

Por eso las religiones han estado diciendo a la gente: "Setenta años no son nada. El sufrimiento pasará y si permites que pase sin luchar contra él, la próxima vida -la vida más allá de la muer­te- será una gran recompensa para ti".

Ésta es la gente que ha impedido que cambies la situación en que te encuentras en la Tierra. Ha impedido la transformación del hombre, porque todo el sufrimiento que ves por todas partes está arraigado en el hombre, y si el hombre permanece igual, esta tensión irá en aumento, su angustia seguirá creciendo.

Existen enormes posibilidades de que a finales de siglo la Humanidad entera se suicide, de que empiece una guerra global.

Y no es muy difícil imaginarse en esa posibilidad, porque la gente que está en el poder, los que tienen las armas nucleares, es gente de muy baja ralea.

Aparentemente, para ser un político de éxito hay que ser ab­solutamente estúpido, fanático, mentiroso, has de estar prome­tiendo continuamente -sabiendo perfectamente que las prome­sas jamás se cumplirán- estafando, empleando bonitas palabras y ocultando sucias realidades. ­

Ahora todas las naciones poderosas se han pertrechado con armas nucleares, al punto que si quisiéramos podríamos destruir ahora mismo hasta setecientos planetas como la Tierra. La mag­nitud del poder del que disponemos es tal, que se podría destruir a cada persona setecientas veces. Aunque no es necesario, con una vez basta. Pero, sin embargo, los políticos no quieren correr ningún riesgo. Sus caras son sólo máscaras. Dicen una cosa y hacen otra. ¡Y el poder está en manos de esta clase de gente! Cualquier chiflado puede apretar un botón y terminar con la Hu­manidad, con la Humanidad entera, con toda manifestación de vida sobre la Tierra.                                                                  ­

Es posible que en lo profundo, la Humanidad misma quiera dejar de vivir sobre la Tierra. Tal vez individualmente no se tenga el valor suficiente para suicidarse, pero como multitud lo tienen.

Recuerda, los individuos nunca han cometido grandes críme­nes; son siempre las masas quienes los cometen; ya que en medio de la multitud, el individuo siente que no es responsable de lo que está pasando. Él piensa: "Hago lo que hace la gente". Cuando actúas como individuo lo piensas tres veces antes de actuar. ¿Qué vas a hacer? ¿Está bien esto? ¿Te lo permite tu consciencia? Pero no es así cuando hay una multitud. Puedes desaparecen en la muchedumbre; nadie sabrá que has formado parte de ella.

Hasta un país como Alemania que puede considerarse uno de los países más inteligentes, cultos y sofisticados, que ha propor­cionado grandes poetas, pintores, científicos, filósofos..., en to­dos los ámbitos la contribución alemana es muy elevada. Pero lo que nos deja atónitos es que el país de Hegel, de Feuerbach, de Kant, de Marx, de Freud, de Einstein, cayera bajo el poder de Adolfo Hitler, que no fue más que un loco.

¿Qué pasó? Incluso un hombre como Martin Heidegger -el filósofo más notable del aquel entonces- apoyaba a Hitler. ¡Es sorprendente tan sólo pensarlo! Siempre aprecié a ese hombre de incomparable inteligencia. Otros filósofos están muy por debajo: Sartre, Jaspers, Marcel... están por detrás, muy detrás; nadie se aproxima a su nivel, incluso entenderle es difícil. Pero apoyó a Hitler y cuando Alemania perdió la guerra y Hitler se suicidó, en ese momento despertó de su sueño. Entonces se dio cuenta de lo que había hecho: "Este hombre fue simplemente un loco, y yo estuve de su parte".

Por esto digo: incluso con los ojos completamente abiertos puedes estar soñando. Soñaba y estuvo proyectando su sueño en Adolfo Hitler, porque vio que este hombre tenía poder, podía im­presionar a las masas, cosa que Heidegger no podía hacer. No sabía ni pronunciar una sencilla conferencia; la gente se iba. La forma en que hablaba, las cosas sobre las que hablaba, las com­plicaciones que introducía... ¿quién iba a escucharle?

No tenía poder sobre las masas y vio a Hitler: fascinando las masas, dejándolas casi en estado de hipnosis. De esta forma pro­yectó que este hombre podría convertir en realidad sus sueños de cómo debería ser el mundo. Pero fue un tonto. No entendió que este hombre tenía sus propias dementes ideas sobre lo que iba a hacer con el mundo. No iba a escuchar a ningún filósofo. Martin Heidegger era infinitamente superior. No podría haber tenido una conversación inteligible con él.

Las religiones han suministrado al hombre ficciones para vi­vir. Ahora estas ficciones se han deshecho y el hombre ya no tiene nada para lo que vivir; de ahí la angustia.

La angustia no es un simple estado de ansiedad. La ansiedad se centra siempre entorno a un problema. Si no tienes dinero, aparece la ansiedad; si estás enfermo y no tienes medicinas, hay ansiedad. La ansiedad está relacionada con un problema específico.

La angustia no se centra en torno a un problema. Simplemente el hecho de existir parece inútil, estéril. Sólo respirar parece un esfuerzo innecesario, porque mañana ¿qué te espera? También ayer pensabas que mañana pasaría algo... y hoy es el mañana del ayer, el mañana que ha llegado como hoy... y no ha pasado nada. Y esto ha estado ocurriendo durante años. Y sin embargo, sigues proyectando: ¡Mañana!

Llega un momento en que empiezas a darte cuenta de que no pasará nada. Y entonces surge la angustia... En esa angustia parece existir sólo una idea: salir de este círculo de la vida de la manera que sea. Y de ahí, el suicidio, el aumento del índice de suicidios. Y de ahí el deseo inconsciente de la Humanidad de que ocurra la Tercera Guerra Mundial: "No seré responsable de mi suicidio: la guerra mundial matará a todo el mundo y a mí también".

Toda esta situación puede ser cambiada.

Sólo hay que cambiar las premisas del viejo hombre; te has de desembarazar de Dios, del cielo y del infierno; has de abandonar la idea de obtener futuras recompensas y de que algún Mesías vendrá a redimirte de tus sufrimientos.

Deja ya de lado la idea de que otro es el responsable de tu desgracia, de tu sufrimiento; abandona la idea de que alguien pue­de darle sentido a tu vida. Dios no existe y con él desaparecen también el Espíritu Santo y el Hijo. Dios es el punto crucial de toda esa fantasía. Al quitar la idea central todo el castillo de nai­pes se desmorona. Basta con un pequeño soplo...

Acepta que estás solo y que morirás solo, y acepta también el hecho de que vives solo; tal vez en la multitud, pero solo; tal vez con tu mujer, tu amiga, tu compañero... ellos están solos en su soledad y tú estás solo en la tuya, y estas soledades no se tocan, nunca se tocan...

Podrás vivir con alguien durante veinte, treinta o cincuenta años; no importa cuántos... seguiréis siendo desconocidos. Siem­pre, por siempre seréis desconocidos. Acepta el hecho de que somos desconocidos, de que no sé quién eres, de que no sabes quién soy. Ni yo mismo sé quién soy, ¿cómo puedes saberlo tú?

Pero la gente asume que la mujer sabe quién es su marido; el marido asume que su mujer le conoce. Todos funcionan como si pudieran leer la mente de los demás, creyendo que tu compañero debería saber  -antes de que se lo digas- cuáles son tus necesi­dades, tus problemas. Él debería conocerlos, ella debería conocerlos... y deberían hacer algo.

Pues bien, todo esto es una tontería. Nadie te conoce, ni siquie­ra tú, así que no esperes que nadie te conozca. Es imposible, por la propia naturaleza de las cosas. Somos desconocidos. Por ca­sualidad nos hemos encontrado y estamos juntos, pero la soledad está ahí. No lo olvides, porque sobre esto debes trabajar. Sólo de ahí nace tu redención, tu salvación.

Pero estás actuando exactamente al revés. ¿Cómo puedes olvidar tu soledad? El compañero, la compañera, el cine, el partido de fútbol, perderse en la multitud, bailar en la discoteca, olvidar­te de ti mismo, tomar alcohol, drogas. Hay que hacer algo de manera que esa soledad no llegue a tu consciencia. Sin embargo, ahí reside todo el secreto.

Tienes que aceptar tu soledad, no puedes eludirla de ninguna manera. Y no es posible cambiar su naturaleza. Es tu realidad auténtica, eres tú.

Y estás escapando de ti mismo. Entonces, habrá sufrimiento, habrá problemas. Y al resolver un problema, crearás diez más, y así sucesivamente. Pronto lo único que habrá a tu alrededor serán problemas, y pronto te estarás ahogando en ellos.

Y luego exclamas: ¿por qué estoy cada vez más tenso? ¿Por qué sufro tanto? ¿Por qué hay tanto dolor? Como si alguien pu­diera responder a esto. Y en realidad alguien puede: tú.

Te lo digo con autoridad, porque yo he encontrado la respues­ta dentro de mí. La autoridad no se deriva de ningún Dios, de ningún Mesías, de ningún Veda, Corán o Biblia. No, esta autori­dad se deriva de mi experiencia.

Toda mi vida la he vivido en medio de millones de personas, pero ni por un minuto he olvidado que estoy solo. Y mi soledad es inalcanzable; nadie puede llegar a ella. Sólo está disponible para mí, porque eso soy yo.

Así que, en cuanto dejes de escapar de ti mismo, ahogándote en toda clase de drogas, relaciones, religiones, servicios a la Hu­manidad... muchos lo están haciendo, y no es más que una forma de escapar de sí mismos. Pero satisface sus egos: están sirviendo a la Humanidad.

Conozco a muchos de estos servidores -grandes servidores­- y al hablar con ellos y llevarles al punto central y romper sus defensas, todos literalmente rompen a llorar diciendo: "Tal vez tengas razón, estamos huyendo. Pensamos en servir a esta pobre gente, pero ni siquiera hemos sido capaces de resolver nuestros propios problemas". A la gente eso les parece un mejor escape. De esta forma puedes dejar tus problemas a un lado: ¿Cómo pue­des ser tan egoísta ocupándote de tus problemas cuando toda la Humanidad está sufriendo? Todos están sufriendo; ayúdales. De esta manera puedes, con un bello gesto, dejar tus problemas a un lado. ¡Incluso pensar en ellos es ser egoísta!

Pero teniendo semejantes problemas ¿a quién ayudarás y cómo? Sólo descargarás tus problemas en aquellos a los que pretendes servir. La mujer los descarga en su marido, el marido en la mujer, los padres en los hijos, los hijos en los padres... y todos descar­gan sus problemas en los demás, sin ver que el otro está tratando de hacer lo mismo.

¡Deja de responsabilizar de tus problemas a otro! Tú debes resolver tus problemas. Todos hemos de hacerlo. Y los problemas no son tantos. Hay un sólo problema que no has resuelto, uno que ha creado una cadena de problemas no resueltos.

Y el problema es: ¿cómo entrar en tu soledad sin miedo? Una vez que has entrado sin miedo en tu soledad, la experiencia es tan hermosa y tan llena de gozo, que nada puede comparársele.

No es en absoluto un problema, sino la solución de todos tus problemas. Pero tú lo has convertido en un problema porque has escuchado a los demás y los has seguido; un ciego siguiendo a ciegos líderes y ciegos sacerdotes.

Todos se mueven en círculos, cada uno creyendo que quien le precede es capaz de ver. Y lo mismo ocurre con el primero... se aferra al abrigo o a la camisa de algún otro, creyendo que este otro sabe donde va. Y todos siguen moviéndose en círculos; na­die va a ningún lado. Los seguidores siguen al líder. El líder si­gue a sus seguidores.

Debes detenerte y salir de éste estúpido juego de líderes y seguidores. Basta con que seas tú mismo. Y recuerda que has nacido solo. La soledad es por consiguiente tu realidad y morirás solo; ésta es tu realidad.

Y entre la vida y la muerte, entre estos dos puntos donde tú estás completamente solo, ¿cómo puede ser la vida algo diferen­te? A cada momento estás solo. Acéptalo con alegría. Entra en ello tanto como te sea posible, tantas veces como puedas.

Éste es el templo de mi religión.

No está hecho de rocas ni de mármol, sino de tu consciencia. Entra en él. Cuanto más profundamente entres, más se aleja­rán los problemas. En el momento que toques el centro de tu ser, habrás llegado a casa y desde este punto, sal y haz lo que se te ocurra. Será una ayuda, será un servicio, será un compartir. No estarás descargando nada sobre el otro.

Por un lado, los curas te han suministrado el anhelo de otro mundo, el deseo del otro mundo, del mañana.

Por el otro, el político te ofrece este mundo... puedes ser pre­sidente; cualquiera en América puede ser presidente, todos los ciudadanos son iguales. ¡Qué tontería! Ni siquiera dos hombres son iguales y sólo el más astuto será el presidente; no todos. Al menos no aquellos que podían haber ayudado a los demás.

Sólo los ambiciosos llegan en cualquier país al puesto políti­co más alto. Y además es necesario ser completamente ambicioso para jugárselo todo en esto. No te ha de importar lo que hagas; sólo has de mantener un único objetivo en la mente y hacer lo que sea necesario para alcanzarlo, esté bien o mal. Da igual. Si fracasas todo estará mal. Si tienes éxito todo estará bien. El éxito está bien; el fracaso, mal. Así es como los políticos nos han ense­ñado.

  Deshazte de todo lo que los políticos y curas han introducido en ti, y cuando lo hagas empezarás a vislumbrar tu puro ser.

  A esto lo llamo meditación.

  Una vez lo experimentas, te transforma para siempre.

 

 

 

El Autor

 

 

 

La mayoría de nosotros vivimos nuestras vidas en el mundo del tiempo, entre recuerdos del pasado y esperanzas del futuro.  Sólo rara vez tocamos la dimensión intemporal del presente, en momentos de belleza repentina, o de peligro repentino, al encontrarnos con una persona amada o con la sorpresa de lo inesperado.  Muy pocas personas salen del mundo del tiempo y de la mente, de sus ambiciones y de su competitividad, y se ponen a vivir en el mundo de lo intemporal.  Y muy pocas de las que así lo hacen han intentado compartir su experiencia con los demás.  La Tse, Gautama Buda, Bodhidharma… o, más recientemente, George Gurdjieff, Ramana Maharshi, J. Krishnamurti: sus contemporáneos los toman por excéntricos o por locos; después de su muerte, los llaman “filósofos”.  Y con el tiempo se hacen legendarios: dejan de ser seres humanos de carne y hueso para convertirse quizás en representaciones mitológicas de nuestro deseo colectivo de desarrollarnos dejando atrás las cosas pequeñas y lo anecdótico, el absurdo de nuestras vidas diarias.

         Osho ha descubierto la puerta que le ha dado acceso a vivir su vida en la dimensión intemporal del presente, ha dicho que es “un existencialista verdadero”, y ha dedicado su vida a incitar a los demás a que encuentren esta misma puerta, a que salgan de este mundo del pasado y del futuro y a que descubran por sí mismos el mundo de la eternidad.

         Osho nació en Kuchwada, Madhya Pradesh, en la India, el 11 de diciembre de 1931.  Desde su primera infancia, el suyo fue un espíritu rebelde e independiente que insistió en conocer la verdad por sí mismo en vez de adquirir el conocimiento y las creencias que le transmitían los demás.

         Después de su iluminación a los veintiún años de edad.  Osho terminó sus estudios académicos y pasó varios años enseñando filosofía en la Universidad de Jabalpur.  Al mismo tiempo, viajaba por toda la India pronunciando conferencias, desafiando a los líderes religiosos a mantener debates públicos, discutiendo las creencias tradicionales y conociendo a personas de todas las clases sociales.  Leía mucho, todo lo que llegaba a sus manos, para ampliar su comprensión de los sistemas de creencias y de la psicología del hombre contemporáneo.  A finales de la década de los 60, Osho había empezado a desarrollar sus técnicas singulares de meditación dinámica.  Dice que el hombre moderno está tan cargado de las tradiciones desfasadas del pasado y de las angustias de la vida moderna que debe pasar un proceso de limpieza profunda antes de tener la esperanza de descubrir el estado relajado, libre de pensamientos, de la meditación.

         A lo largo de su labor, Osho ha hablado de casi todos los aspectos del desarrollo de la conciencia humana.  Ha destilado la esencia de todo lo que es significativo para la búsqueda espiritual del hombre contemporáneo, sin basarse en el análisis intelectual sino en su propia experiencia vital.

         No pertenece a ninguna tradición: “Soy el comienzo de una conciencia religiosa totalmente nueva”, dice. “Os ruego que no me conectéis con el pasado: ni siquiera vale la pena recordarlo”.

         Sus charlas dirigidas a discípulos y a buscadores espirituales de todo el mundo se han publicado en más de seiscientos volúmenes y se han traducido a más de treinta idiomas.  Y él dice: “Mi mensaje no es una doctrina, no es una filosofía.  Mi mensaje es una cierta alquimia, una ciencia de la transformación, de modo que sólo los que están dispuestos a morir tal como son y a nacer de nuevo a algo tan nuevo que ahora ni siquiera se lo pueden imaginar… sólo esas pocas personas valientes estarán dispuestas a escuchar, porque escuchar será arriesgado.

         “Al haber escuchado, habéis dado el primer paso hacia el renacer.  De manera que esta filosofía no podéis echárosla por encima como un abrigo para presumir.  No es una doctrina en la que podráis encontrar el consuelo  ante las dudas que os atormenta.  No, mi mensaje no es ninguna comunicación oral.  Es algo mucho más arriesgado.  Trata nada menos que de la muerte y del renacer”.  Osho abandonó su cuerpo el 19 de enero de 1990.   Su enorme comuna en la India sigue siendo el mayor centro de desarrollo espiritual del orbe y atrae a millares de visitantes de todo el mundo que acuden para participar en sus programas de meditación, de terapia, de trabajo con el cuerpo, o simplemente para conocer la experiencia de estar en un espacio búdico.

 

 

 

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Sacerdotes y Políticos:

 

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MA GYAN DARSHANA

 

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Índice

 

Parte 1

 

Política y Religión

Cuando la Religión se convierte en Iglesia

No estoy en contra del Papa

Guerra y Paz

No hay Noticias

 

Parte 2

 

¿Quién le pone el cascabel al gato?

Sobre el poder

El político

El sacerdote

El hombre es su propio enemigo

Una historia del futuro

El loto surge del barro

La única forma de salir es entrar

 

 

Parte I

 

Las noticias que nos llegan están llenas de pesar por el futuro

Jalaluddin Rumi

 

 

 

 

Capítulo 1

Política y Religión

 

Osho,

El primer ministro Rajiv Gandhi convocará un debate nacio­nal sobre la necesidad de separar la política de la religión.

Nos gustaría saber ¿cuál es tu visión sobre el tema?

 

La política es mundana, los políticos son los servidores del pueblo. La religión es sagrada; es la guía del crecimiento espiri­tual de la gente. Ciertamente, la política es lo más bajo en lo que concierne a los valores y la religión es lo más alto. Están lejos una de otra.

Rajiv Gandhi quiere que la religión no intervenga en la políti­ca. Yo quiero que la política no intervenga en la religión. Lo su­perior tiene todo el derecho del mundo a intervenir, mientras que lo inferior no tiene ningún derecho.

La religión ha estado elevando la consciencia humana durante siglos. Lo que el hombre es ahora, por poca consciencia que ten­ga, se lo debe a la religión. La política ha sido una maldición, una calamidad, y la política es la responsable de todo lo que hay de malo en la Humanidad.    ­

Pero el problema es que la política tiene el poder y la religión sólo tiene el amor, la paz y la experiencia de lo Divino. La políti­ca puede fácilmente interferir en la religión y eso es lo que ha estado haciendo siempre hasta tal punto que ha destruido mu­chos valores religiosos que son absolutamente necesarios para la supervivencia de la Humanidad y de la vida en este planeta.

La religión no tiene un poder como el de las armas nucleares, el de las bombas atómicas, el de las pistolas... su dimensión es totalmente distinta. La religión no ansía poder; la religión es una búsqueda de la verdad, de Dios. Y la búsqueda misma, hace al hombre religioso, humilde, simple e inocente.

La política posee todo un arsenal destructivo; la religión es absolutamente vulnerable. La política no tiene corazón. La reli­gión es puro corazón. Es como una hermosa rosa; su belleza, su poesía, su danza, hacen la vida digna de ser vivida. Le dan senti­do y significado. La política es como una piedra sin vida. Pero la piedra puede destruir la flor y la flor está indefensa. La política es agresiva.

Rajiv Gandhi está poniendo las cosas cabeza abajo. Quiere que la religión no intervenga en política. Dice que la política debería tener el monopolio, para así poder someter a la Humanidad, para reducir al hombre a la esclavitud, para destruir su libertad, para destruir su consciencia, para convertirlo en un robot, para que los políticos puedan mandar y disfrutar del poder.

La religión es el único problema para los políticos. Está más allá de su alcance y más allá de su comprensión. La religión es la única área donde los políticos no deberían intervenir para nada. Porque la religión es la única esperanza.

Durante siglos, la política ha estado matando, destruyendo, a la gente. La historia de la política es la historia de unos crimina­les y asesinos. En tres mil años, los políticos han provocado cin­co mil guerras. Parece ser que el instinto de barbarie es muy pode­roso en los políticos; su único placer es destruir, mandar.

La religión les crea un problema, porque la religión ha dado al mundo las más elevadas cimas de la consciencia: un Gautama Buda, un Jesús, un Chuang Tzu, un Nanak, un Kabir. Estos son la verdadera sal de la tierra. ¿Qué ha brindado la política al mundo? ¿Un Genghis Khan? ¿Un Tamerlain? ¿Un Nadir Shah? ¿Un Ale­jandro Magno? ¿Un Napoleón? ¿Un Iván el Terrible? ¿Un Stalin? ¿Un Adolfo Hitler? ¿Un Benito Mussolini? ¿Un Mao Tse Tung? ¿Un Ronald Reagan? Todos son criminales. En lugar de estar en el poder deberían estar entre rejas; son inhumanos.

Además, son gente espiritualmente enferma. El deseo de po­der y dominio sólo surge en una mente enferma. Surge de un com­plejo de inferioridad. La gente que no sufre de un complejo de inferioridad no se interesa por el poder; se esfuerza por la paz. El significado de la vida sólo puede conocerse en un estado de paz, nunca a través del poder. Paz, silencio, gratitud, meditación; estos son los elementos básicos de la religión.

No se puede permitir que la religión sea dominada por estúpi­dos políticos. La situación es igual que si los enfermos pretendieran dominar y dirigir a los médicos diciéndoles lo que deben hacer y lo que no deben hacer. De acuerdo, los enfermos son mayoría, pero eso no quiere decir que el médico deba ser dominado por la mayoría. El médico puede curar las heridas, puede curar las en­fermedades de la Humanidad. La religión es el médico.

Los políticos ya han hecho demasiado daño y están llevando a toda la Humanidad a un suicidio global. Y aún así, Rajiv Gandhi tiene el atrevimiento de decir que: "La religión no debe interferir", ¡cuando toda la vida de este planeta está en peligro! No solamen­te lo está el hombre, sino también los inocentes pájaros con sus trinos, los silenciosos árboles y sus flores y todo lo que está vivo.

Los políticos han logrado crear un poder destructivo tal, que es suficiente para acabar con la vida en la Tierra. Y siguen acu­mulando más y más armas nucleares. De hecho, hace tres años, había suficientes armas nucleares para destruir siete veces a cada hombre, para destruir siete veces la Tierra entera o para destruir siete Tierras. Un hombre sólo muere una vez; no se necesita acumular tanto poder destructivo.

Toda la política está basada en mentiras.

Precisamente el otro día –nunca creí que un hombre en su sano juicio pudiese decir algo así- Ronald Reagan realizó unas declaraciones. Había estado negando siempre ante el Senado que se estuvieran entregando armas a ciertos países. Y ahora las in­vestigaciones han demostrado que mentía, que estuvo mintiendo continuamente durante dos años. Han entregado armas destructi­vas a países pobres y no lo han hecho a pequeña escala, sino en grandes cantidades. Ante la evidencia, Ronald Reagan tuvo que justificarse, y lo que dijo da risa, ¡es absolutamente ridículo!

  Dijo, "En mi interior sé que todo lo que dije es verdad. Pero... Los hechos que se han descubierto revelan que es mentira. Sin embargo, creo todavía, honradamente, que todo lo que dije es verdad". Él está admitiendo la evidencia y simultáneamente dice: "Creo honradamente que todo lo que dije es cierto, aunque los hechos demuestran que no fue así”.

Los políticos viven de mentiras, viven de promesas, pero esas promesas nunca se cumplen. Son las personas más incapaces del mundo. Su única cualidad es la de saber engañar a las pobres masas, o, en los países pobres, comprar sus votos. Y una vez en el poder se olvidan completamente de que son en realidad los servidores del pueblo; empiezan a comportarse como si fuesen sus amos.

¿Qué saben ellos del mundo interior del hombre? ¿Qué saben del éxtasis, de la divinidad? Sin embargo, quieren impedir que la religión intervenga en la política. Pero ¿qué hay de ellos? ¿Acaso se les debe permitir que interfieran en la religión? ¿Es que lo más bajo va a dominar a lo más alto? ¿Es que lo mundano va a domi­nar a lo sagrado? Esa sería la peor de las desgracias para la Hu­manidad.

Tal como yo lo veo, todos los políticos deberían ser meditadores, deberían conocer algo del mundo interior; deberían ser más conscientes, más compasivos, deberían conocer el sabor del amor, deberían conocer la experiencia del silencio de la Existencia, la belleza de este planeta y los regalos de la vida. Y además debe­rían aprender a ser humildes y agradecidos.

La religión debería ser el amo de todos los políticos. Por­que a no ser que los políticos tengan algo de religiosidad, no hay futuro alguno para la Humanidad. La religión debe intervenir, metiéndose con los políticos. Porque si la religión no interviene... Los políticos son ciegos, no tienen ojos; son sordos, no tienen una mente que esté en silencio para poder escuchar la verdad.

Pero ¿por qué dice Rajiv Gandhi que religión y política debe­rían estar separadas? La política es una nimiedad. La religión abarca toda la evolución del hombre. La política debería ser sólo una mínima parte de la vasta experiencia religiosa. No hay nece­sidad de ninguna separación. Pero cuando el político asume el poder, se vuelve tan egoísta que no puede pensar en acercarse a esa gente simple y humilde, pero sabia.

Los problemas van en aumento. Los políticos han demostrado su impotencia para resolverlos, pero son incapaces de buscar el consejo de la gente que, por tener mayor claridad, pueda guiarles.

Yo no soy un político. Nunca he votado en mi vida y no lo haré jamás, porque ¿qué sentido tiene elegir entre dos chimpan­cés? ¿Sólo por tener distintas banderas? ¿Por tener símbolos di­ferentes? Los chimpancés son chimpancés.

Lo que los políticos han de tener es un profundo respeto por la religión, por la gente religiosa, porque lo que está claro es que las personas religiosas no pelearán por ganar unas elecciones; ningún hombre religioso mendigará votos. Básicamente, él no tiene deseo alguno de satisfacer su ego, ni de esconder su complejo de inferioridad. En su silencio, en su paz; en su dicha, ha conocido la superioridad suprema. No hay nada que supere esto, no hay nada más elevado. Él se ha convertido en su propio tem­plo; su dios está dentro de su ser.

El político vive de la guerra, vive creando alborotos, vive del disturbio; éstos son sus alimentos. Adolfo Hitler escribió en su autobiografía: "Si no tienes enemigos, no podrás ser un gran lí­der. Incluso si no los tienes, inventa la ficción de que tu país está en peligro, porque cuando la gente tiene miedo es fácil convertirlos en esclavos. Cuando la gente tiene miedo está dispuesta a seguir a los políticos". A pesar de ser un loco, de vez en cuando decía cosas muy significativas. Una vez dijo: "Los líderes más grandes de la Humanidad nacen en épocas de guerra". Así que a menos que haya una guerra, no podrás ser un líder. Tan sólo para satisfacer el deseo de ser un gran líder, tienes que matar a millones de personas. ­

Y tiene razón; en época de paz, la gente no necesita seguir a nadie, la gente no convierte a su líder casi en un Dios para que su palabra sea ley.

Los políticos intentan por todos los medios mantener a la gente atemorizada. China está acumulando armas nucleares en su fron­tera con la India; Pakistán concentra ejércitos en su frontera con la India -los políticos indios siguen insistiendo en ello. En Pakistán siguen diciendo que es la India la que concentra sus tropas en la frontera; en China, insisten en que la India está desarrollan­do armas nucleares. Y en los Parlamentos siguen diciendo, "No estamos desarrollando nada". Pero esto es una mentira descarada.

El líder chino ha de mantener atemorizado a su pueblo. El líder indio tiene que asustar a los indios. Los líderes pakistaníes tienen que mantener a su pueblo atemorizado.

En tu miedo está su poder.

Cuanto más te asustan, más poderosos son. Siguen creando ficciones, dentro y fuera del país: guerrillas hindúes y musulmanas; luchas entre la gente que habla hindi y la que no lo habla. Quieren que sigas luchando por cualquier cosa, incluso la más trivial. Si te tienen ocupado peleando, ellos mantienen el poder. Si dejas de luchar, su poder desaparece. Este es un juego muy sucio.

Uno de los deberes del hombre religioso es mantenerse por encima de la política y conducir a la gente hacia valores más creati­vos, hacia una mejor Humanidad. De hecho, si las religiones com­prendiesen que toda la Humanidad es una y que no se necesitan naciones, todos estos pigmeos políticos desaparecerían.

Pero lo extraño del caso es que los políticos siguen diciendo que la religión debería mantenerse alejada de la política, ¿por qué? ¿Por qué debe separarse la verdad de la política? ¿Por qué ha de estar el amor separado de la política? ¿Por qué ha de sepa­rarse la consciencia meditativa de la política? ¿Por qué separar al corazón devoto de la política?

Sí, entiendo que deberían estar separadas en el sentido de que la religión es lo más elevado. El político necesita tratamiento psi­cológico y tratamiento espiritual y debería acercarse al hombre religioso y solicitar su consejo. Es lo que se hacía en la antigua India. Conocemos esa época; esa edad de oro permanece viva en la memoria. Hubo un tiempo en que los reyes iban a los bosques a presentar sus respetos a mendigos que nada poseían y a pedirles consejo.

Los reyes solían tocar los pies de aquellos que se habían rea­lizado en señal de inmenso respeto, porque incluso sólo su ben­dición puede transformarte. La política es funcional, es práctica, pero es incapaz de transformar al hombre en una consciencia su­perior. Y esto es especialmente cierto con respecto a la India, donde la situación siempre ha dado asco. Y eso duele.

Mahatma Gandhi solía decir, antes de la independencia, que el primer presidente de la India sería una mujer. No sólo una mu­jer, sino una "sudra", de la casta más baja de los intocables.

Pero cuando llegó  la libertad, se olvidó de todas las promesas que había estado haciendo y el juego de poder comenzó de nuevo al viejo estilo. Pandit Jawarhalal Nehru es un brahmin; no es ni mujer, ni sudra. Nuevamente es un brahmin quien asume el po­der. Y durante cuarenta años, en la India ha estado gobernando una sola familia de brahmines. Casi se ha convertido en una di­nastía familiar. Ya no es una democracia.

Simplemente observa los hechos. ¿Cuál era la influencia que Mahatma Gandhi tenía sobre la gente de la India? Aparentaba ser muy religioso -aunque no lo era- fingiendo ser un santo hindú, porque los hindúes eran mayoría; ellos eran los que gobernarían al país. Por eso insistía tanto en que la India no debía dividirse; porque en una India indivisa, serían los hindúes los que ostenta­rían el poder. Nadie podría habérselo arrebatado porque los demás estaban en minoría. Nadie se ha dado cuenta de su táctica políti­ca utilizando incluso la religión para fines poco escrupulosos.

 

El doctor Ambedkar quería que los intocables tuvieran una votación sólo para ellos y yo estoy totalmente de acuerdo con él, por la sencilla razón de que durante cinco mil años esta gente ha sido oprimida, explotada; han destruido toda su dignidad de seres humanos. Y ellos son la cuarta parte de la población hindú.

  Hacen los trabajos más duros y desagradables; por ello deberían ser respetados, deberían ser honrados pero por el contrario, hasta su sombra se considera intocable. Si la sombra de un intocable cae sobre ti, debes bañarte inmediatamente para purificarte.

 

Ambedkar tenía toda la razón al pedir unas elecciones separadas para los intocables, sólo de este modo se tendría la oportunidad y la certeza de que una cuarta parte de sus miembros, alcanzarían un puesto en el parlamento. De otro modo, jamás lo lograrían y por lo tanto nunca podrían cambiar las leyes inhumanas que Manú creo hace cinco mil años.

Existen grandes criminales, pero Manú parece ser el peor. Adolfo Hitler respetaba a Manú; como también lo hacía Friedrich Nietzsche ­-ellos no respetaban a Gautama Buda- y Manú ha sido una maldición para este país. Ha despojado de su humanidad a millones de personas que están viviendo como animales.

Ambedkar era absolutamente lógico y correcto al decir que se les debía otorgar un voto separado, pero Gandhi comenzó una huelga de hambre para forzar a Ambedkar a retirar su propuesta; si no lo hacía, ayunaría hasta morir. Ahora bien, esto es absoluta­mente ilógico. Incluso aunque convenzas a la gente con tu ayuno, eso no quiere decir que tengas razón. Esto es chantaje, es amena­zar con, "Me suicidaré si no estás de acuerdo conmigo".

Obviamente todo el país presionó a Ambedkar diciéndole, "Suspende tu campaña, porque si no lo haces, la muerte de Gandhi traerá graves consecuencias para ti y para los intocables. Los quemarán vivos. Quemarán sus aldeas, porque los hindúes se venga­rán alegando que los sudras han causado la muerte de Gandhi". Ambedkar se mantuvo firme en su propósito, pero al final se rin­dió ante la perspectiva de lo que podría ocurrir si Gandhi moría... a pesar de que esto no es un argumento válido.

Si yo hubiera estado en el lugar de Ambedkar, le hubiera dicho a Gandhi: "Puedes morirte, porque tu muerte no es un argumento válido. Es una historia tan estúpida como esta otra que he oído".

Un hombre muy feo, quería casarse con una joven muy bella; él era de la edad del padre de la joven. Trató de conseguirla usan­do el método de Gandhi: llevó su colchón, lo colocó frente a la casa de la mujer que pretendía y declaró que ayunaría hasta que el padre le entregara a su hija en matrimonio. Por supuesto todos simpatizaban con el pobre hombre diciendo: "Se está muriendo. ¡Qué amor tan grande siente! Solamente hemos oído historias así en los cuentos. ¡Es verdaderamente un Majnu, un Fardad, un Mahival!"

El padre estaba muy afligido y la joven muy asustada. Duran­te todo el día la casa estuvo llena de gente que gritaba: "Su muer­te será un peligro para ti. Este hombre no es violento, sino todo lo contrario; es religioso, está ayunando". Alguien le sugirió al padre de la joven: "Ve a ver a algún viejo seguidor de Gandhi, para que te diga lo que debes hacer".

El seguidor de Gandhi le dijo: "No hay ningún problema. Sé de una prostituta vieja y fea... Dale cien rupias y dile que también lleve allí su colchón y se acueste al lado del hombre y le diga: "Ayunaré hasta la muerte si no te casas conmigo". Esa misma noche, el hombre cogió su colchón y escapó. Esos no son argu­mentos.

Y Ambedkar fue obligado a retirar su campaña. Y llevó un vaso de zumo de naranja a Gandhi para que interrumpiera su ayu­no. Esto es poner la religión al servicio de la política. Ningún hombre religioso hubiera hecho eso.

La idea de que la India debía permanecer unida no fue más que una estrategia política utilizada en beneficio de los hindúes para que los musulmanes, o los cristianos, o los jainas o los sikhs, nunca pudiesen alcanzar el poder. De este modo los hin­dúes siguen en el poder. Son la mayoría.

Jinnah, el hombre que creó Pakistán, no era en absoluto un hombre religioso, pero también se sirvió de la religión. Creó un movimiento con el fin de que los musulmanes obtuviesen un país independiente; de otro modo, no conseguirían tomar el poder jamás. De pronto se volvió un gran musulmán, un gran religioso. Y en nombre de la religión... Todo fue pura política: ni Mahatma Gandhi, ni Mohamed-Ali Jinnah eran religiosos. Ambos querían poder.

Desde entonces han pasado cuarenta años, ¿qué han hecho los políticos por India? Cuando se logró la independencia, la población era de cuatrocientos millones. No han conseguido detener la explosión demográfica que aniquilará al país sin necesidad de armas atómicas. Ahora la población se ha multiplicado; son ya novecientos millones! Y para finales de este siglo, la India tendrá la mayor población del mundo. Hasta ahora la tenía China, pero China se está comportando más científicamente y está intentando reducir su población. A finales de esté siglo, uno de cada cuatro hombres, será indio.

¿Pero qué están haciendo los políticos? Tienen miedo de de­cir algo a favor del control de la natalidad, a favor del aborto, porque no les interesa si el país sobrevive o muere; lo que les interesa es no herir a nadie. La gente tiene sus prejuicios y los políticos no quieren tocar esos prejuicios, porque necesitan sus votos. Si hieren estos prejuicios nadie votan por ellos.

Sólo un hombre religioso con "una visión muy clara”, alguien que no necesite el voto de la gente, puede decir la verdad. Los políticos sólo son capaces de decir hermosas mentiras, mentiras consoladoras, con el único fin de conseguir tu voto. El hombre religioso no necesita nada de ti. Al contrario, decir la verdad pue­de poner en peligro su vida, siempre ha sido así. Cada vez que la verdad ha sido dicha, el hombre que la dijo ha sido crucificado. Los políticos buscan el poder, no que los crucifiquen. El mundo necesita más gente religiosa que sea capaz de decir la verdad, aunque esto signifique la crucifixión. El hombre religioso no tie­ne miedo de ser crucificado por la sencilla razón de que él sabe que la muerte no existe. A lo sumo podrán destruir su cuerpo, pero su consciencia, su alma, su Dios interior, seguirá viviendo.

La religión debería tener un estatus superior y se debería es­cuchar a la gente religiosa. El Parlamento debería invitarles cons­tantemente a que les diesen ideas sobre cómo resolver los proble­mas del país, porque por sí mismos parecen ser absolutamente incapaces de resolver nada. Los problemas siguen creciendo, pero el ego del político no quiere que nadie esté por encima de él. Pero te guste o no, el hombre religioso es superior a ti. Tú no puedes provocar una transformación en la consciencia de la gen­te; él sí.

Ciertamente, la religión no debería descender de lo sagrado a los asuntos triviales de la política. Así que en este punto estoy de acuerdo: la religión y la política deberían estar separadas. La distancia es grande. La religión es una estrella del firmamento y los políticos son criaturas rastreras de la tierra.

Están separadas. No hay duda de que deben permanecer sepa­radas. Pero los políticos deberían recordar que se ocupan de asun­tos mundanos. Y esa no es la verdadera meta de la Humanidad.

La gente religiosa está haciendo un enorme esfuerzo para elevar a la Humanidad, para elevar su consciencia, su amor, su compa­sión, hasta un punto donde las guerras sean imposibles, donde los políticos no puedan engañar a la gente, donde sus mentiras y sus promesas queden al descubierto. Esto no es intervenir en la política, es sencillamente proteger a la gente de la explotación de los políticos. La separación ya es un hecho. ¿Quién ha metido la idea a Rajiv Gandhi de que la religión y la política no están­ separadas?

La política es algo que pertenece a las cloacas. La religión pertenece al cielo abierto y limpio, como el pájaro volando a tra­vés del sol para llegar al centro mismo de la Existencia.

Es muy cierto que la gente religiosa no participará en la polí­tica, pero los políticos deberían aprender a ser humildes; su poder no debería cegarles. El poder corrompe y el poder absoluto, corrompe absolutamente; todos los políticos están corrompidos por el poder. ¿Y qué poder tienen? El de matarte. Su poder es el poder del carnicero, nada glorioso ni respetable.

El hombre religioso tiene una calidad de poder totalmente diferente. Éste radica en su presencia, en su gran amor y reverencia por la vida, en su gratitud a la Existencia.

No deberíamos olvidar que lo inferior debe permanecer dentro de sus límites y que se debería pedir consejo a los sabios para resolver los problemas que los políticos son incapaces de resol­ver; ni siquiera tienen un cerebro adecuado para resolverlos.

Pero las intenciones de Rajiv Gandhi son totalmente distin­tas. Lo que él quiere es que la política sea el único poder que domine al mundo entero, incluyendo a la religión, y que sea la religión la que siga los dictados de la política.

Condeno absolutamente esa idea. La religión no puede seguir los dictados de los políticos. Son los políticos los que deberían aprender a escuchar el consejo de la gente religiosa. Los proble­mas son tan pequeños que cualquier hombre con inteligencia y buena voluntad puede fácilmente resolverlos. Pero el político no quiere resolverlos; sólo habla de resolverlos, porque su poder depende de la cantidad de problemas que tengas. Mientras más problemas tengas y más desgraciado seáis, más poderosos serán.

Para la consciencia religiosa, cuanto más dichoso seas, más amoroso, más alegre, más jubiloso... quiere que tu vida sea una canción, una danza, porque ésta es la única forma de rendir culto a la fuen­te de toda vida: con nuestra alegría, con nuestra danza y nuestras canciones.

 

 

Capítulo 2

Cuando la Religión se Convierte en Iglesia

 

Osho,

¿Qué es la religión?

¿Cuál es tu opinión sobre las religiones organizadas?

 

La religión es la más alta aspiración de la consciencia humana, es la búsqueda individual de la verdad.

La verdad interna no pertenece al conocimiento común. Cada cual ha de entrar en sí mismo; cada vez es un nuevo descubri­miento. No importa cuánta gente haya alcanzado su Realización, su Despertar. En cuanto lo alcanzas, es absolutamente nuevo, porque no puede tomarse prestado.

La búsqueda consiste básicamente en llegar a conocer tu inte­rior. Tienes una parte externa, y ninguna parte externa existe sin una interna. La propia existencia de lo externo es la prueba de la existencia del mundo interior.

El mundo interior está formado por tres capas: los pensamien­tos son la más superficial, los sentimientos son más profundos, y luego está el ser, que es tu divinidad. Conocer la propia divinidad, la propia eternidad, es la búsqueda fundamental de la religión.

Todos los sentidos te llevan hacia el exterior: los ojos se abren para mirar lo exterior, los oídos oyen lo que sucede en el exterior, tus manos tocan lo que hay en el exterior. Los sentidos son las puertas para salir. Y recuerda siempre que la puerta que te sirve para salir, también te sirve para entrar; la misma puerta por la que sales de tu casa, es por la que entras cuando regresas. Sólo cam­bia el sentido. Para salir necesitas tener los ojos abiertos; para entrar necesitas cerrarlos; has de mantener todos tus sentidos callados.

  El primer encuentro es con la mente; pero esa no es tu realidad. Aunque esté en tu cerebro, no eres tú; es el reflejo del exterior. Todos tus pensamientos son un reflejo del exterior.

Por ejemplo, un ciego no puede imaginarse los colores porque no los ha visto; por lo tanto ese reflejo no es posible. El ciego ni siquiera sabe qué es la oscuridad y debido ha que nunca ha visto ni luz ni oscuridad, no hay posibilidad de reflejo alguno. El ciego no conoce ni la luz, ni la oscuridad; para él esos dos términos carecen de sentido. Y si analizas tus pensamientos descubrirás que surgen en tu interior debido a la realidad exterior, de manera que son básicamente externos. Reflejos en el lago inte­rior de tu consciencia.

Pero debido a estos pensamientos... una multitud inmensa que se va acumulando en ti y creando una muralla china... Tienes que ir más allá de tus pensamientos. Y la religión conoce un solo método; con diferentes nombres, pero un solo método: la obser­vación, el ser testigo. Simplemente observa tus pensamientos, sin juzgarlos, sin condenarlos, sin darles importancia... con un ex­tremo desapego. Simplemente observa tus pensamientos fluyendo sobre la pantalla de tu mente.

Y a medida que el observador se fortalece, tus pensamientos van disminuyendo. Si el observador supone el diez por ciento de tu energía, entonces el noventa por ciento se desperdicia en pensamientos. Si tu observador absorbe el noventa por ciento, en­tonces sólo el diez por ciento se invierte en pensamientos. En el momento en que tú eras cien por cien un observador, la mente queda vacía.

Todo este proceso es lo que se conoce como meditación. Al atravesar los pensamientos llegas a la segunda capa, la de los sentimientos, la de tu corazón, que es más sutil. Pero ahora tu observador es ya capaz de observar tus estados de ánimo, tus sen­timientos, tus sensaciones; aunque sean de lo más sutil. Y el mis­mo método funciona como con los pensamientos; pronto no ha­brá sentimientos, sensaciones, estados de ánimo... Habrás ido más allá de la mente y del corazón. Ahora queda un silencio profundo; nada se mueve. Éste es tu ser. Esto eres tú.

El sabor de tu ser es la verdad.

La belleza de tu ser es la belleza de la Existencia.

El silencio de tu ser es el lenguaje que la Existencia entiende. Y recogido en tu ser, has llegado a casa, tu peregrinaje se ha terminado, tu lucha ha cesado. Cómodamente te asientas en silencio en tu ser. Un gran esplendor oculto se te revela porque no estás separado de la realidad; eres uno con ella. Los árboles, la luna, las estrellas y las montañas, todo es parte de una unidad orgánica. Tú eres también parte de esa unidad orgánica, eres parte de Dios.

La religión es el supremo logro del hombre. Más allá de la religión no hay nada, pero tampoco hay necesidad de nada más. Tu ser es tan extático, rebosa tanta felicidad, tanto silencio, tanta paz, tanta comprensión, tanto éxtasis, que por primera vez la vida se vuelve realmente una canción, una danza, una celebración. Pero la religión organizada es algo totalmente diferente, así que siento que debo aclararte que la religión auténtica es siempre indivi­dual. Cuando la verdad se organiza, muere; se convierte en una doctrina, en una teología, en una filosofía, pero deja de ser una experiencia, porque una multitud no puede tener experiencias. Las experiencias suceden sólo a los individuos.

Es casi como el amor. Con el amor no puedes crear organiza­ciones para no tener así que preocuparte, para que la organiza­ción se encargue de todo, para que el sacerdote ame en tu lugar. Y eso es lo que le ha sucedido a la religión. Cada vez que un hom­bre descubre la verdad, inmediatamente una parte de la Humani­dad -la más astuta: los sacerdotes- lo rodea. Empiezan a reco­pilar sus palabras, empiezan a interpretarlas y empiezan a procla­mar que si la gente quiere saber la verdad, ha de hacerla a través suyo; ellos son los intermediarios de Dios. Pueden llamarse a sí mismos profetas, pueden hacerse llamar mensajeros, pueden es­coger el nombre que sea, pero la realidad es que se han colocado a sí mismos como agentes de Dios. No conocen a Dios, pero en nombre de Dios explotan a la Humanidad.

La religión organizada es otra forma de política. Así como he condenado a la política como la más baja de las actividades humanas, lo mismo hago con las religiones organizadas. Tú puedes verlo: los sacerdotes y los políticos han estado siempre en cons­piración contra la Humanidad. Se han apoyado unos a los otros. Han dividido las cosas entre ellos para que lo mundano sea de los políticos -ahí gobiernan ellos- y tu vida interior pertenezca al sacerdote; ahí es él el que manda.

Uno a veces se asombra... parece increíble que en pleno siglo veinte el Papa pueda declarar -como lo hizo hace unos meses­ que el comunicarse directamente con Dios es un pecado. Debes hacerlo por el conducto adecuado,  a  través del  sacerdote, porque si la gente  comenzara a dirigirse directamente a Dios

-confesar­se a Dios, rezarle a Dios- millones de sacerdotes se quedarían sin empleo. Ellos no hacen nada; su función es engañarte. Tú no conoces el lenguaje de Dios ni eres tan evolucionado; por una simple donación a su iglesia o templo, ellos hacen el trabajo por ti.

Todas esas donaciones van a la bolsa de los sacerdotes. No saben nada de Dios, pero son muy eruditos: pueden repetir las escrituras como loros. Pero su íntimo anhelo no es de Dios, ni de la verdad. No son buscadores; son explotadores.

Supe que un cura compró dos loros a los que enseñó -con mucho trabajo- hermosos pasajes sobre Jesucristo. Y todos es­taban asombrados porque hablaban muy correctamente. Les hizo unos pequeños rosarios -para que estuviesen constantemente rezando y también les compró unas pequeñas Biblias... Así que tenían siempre sus Biblias abiertas mientras repasaban las cuen­tas. Aunque no podían leer lo sabían todo de memoria. El cura abría una página y decía: "Página doce". Y ellos empezaban a leer. No es que leyeran; repetían de memoria.

El cura estaba muy satisfecho y pensó que sería bueno tener otro loro para enseñarle a decir sermones completos en vez de recitar la Biblia y rezar el rosario. Encontró un loro cuyo dueño le aseguró: "Su deseo será satisfecho; nunca he visto un loro tan inteligente”.

Pero no se dio cuenta de que era un loro hembra. En cuanto fue puesto en la jaula con los otros dos loros -que estaban re­zando el rosario y leyendo la Biblia- ambos miraron a la hembra y uno de ellos dijo: "¡Jorge, deja el rosario. Nuestras plegarias han sido escuchadas!".

Tus sacerdotes no son más que loros y sus plegarias son para obtener poder, prestigio, dinero. Son políticos disfrazados. Ha­cen política en el nombre de Dios, la política de los números. Hay ahora setecientos millones de católicos; evidentemente el Papa es el hombre religioso más poderoso del mundo.

Todas las religiones ha incrementando el número de sus fieles utilizando diferentes métodos. A los musulmanes se les permite tener cuatro esposas para así engendrar cuatro niños al año. Han tenido un gran éxito; son la segunda gran religión después del cristianismo.

"Religión organizada" es sólo una expresión sin contenido, sin significado; en ella se esconde la política de los números. Y lo sabes perfectamente. Cuando las elecciones se acercan, tus políticos van a ver al Shankaracharya. Durante cinco años nadie va a visitarle, pero cuando las elecciones se acercan, entonces el primer ministro visita al Shankaracharya; acude en peregrina­ción a templos situados en montañas tan altas como los Himala­yas. ¿Para qué? Repentinamente surge una gran devoción religio­sa, que declina en cuanto las elecciones terminan.

Esta gente necesita los votos, tienen que mostrar respeto a los dirigentes de las religiones. Y un Shankaracharya se siente hala­gado cuando un primer ministro le toca los pies. Y los hindúes, ­los seguidores del Shankaracharya, piensan que su primer mi­nistro es muy devoto.

Cuando el Papa viene a la India, incluso el presidente y el primer ministro con todo su gabinete forman en fila para recibirle en el aeropuerto. ¿Para qué? La tercera gran religión en la India es ahora el cristianismo y si muestras respeto por el Papa signifi­ca que todos los votos de los cristianos van a ser tuyos.

Las religiones organizadas -ya sea el cristianismo o el hin­duismo o el islamismo- nunca han buscado la verdad. En dos mil años, ¿qué verdad ha organizado el cristianismo además de lo ya dicho por Jesús? Así que ¿qué necesidad hay de esta organiza­ción? No ha incrementado la religiosidad de la gente; simple­mente ha repetido lo que dijo Jesús, lo que está a disposición de todos en los libros. En veinticinco siglos, ¿cuántos budistas han ido en busca de la verdad o la han hallado? Son sólo una larga fila de loros repitiendo, lo que Gautama Buda encontró.

Y debes recordar que Buda no fue parte de ninguna religión organizada, ni tampoco lo fue Mahavira, ni Jesús. Ellos eran busca­dores individuales. Ese es el privilegio y la dignidad del individuo.

Las religiones organizadas, al igual que los políticos, han provocado las guerras. Los nombres pueden cambiar: los políticos luchan por el socialismo, el comunismo, el fascismo, el nazis­mo... y las religiones organizadas luchan por Dios, por el amor, por su propio concepto de lo que es la verdad. Y millones de personas han resultado muertas en los choques entre cristianos y musulmanes, entre cristianos y judíos, entre musulmanes e hin­dúes, entre hindúes y budistas. La religión no tiene nada que ver con la guerra; es la búsqueda de la paz. Pero las religiones orga­nizadas no están interesadas en la paz; están interesadas en vol­verse más y más poderosas y dominantes.

Condeno a los políticos e igualmente condeno a las religiones organizadas, porque no son más que política. Por esto, cuando digo que la gente religiosa debe ser respetada, honrada y que los políticos deben acudir a ellos en demanda de consejo, no me re­fiero a las religiones organizadas; me refiero a los individuos religiosos. Y un individuo religioso no es ni hindú, ni cristiano, ni musulmán. ¿Cómo podría serlo? Dios mismo no es ni hindú, ni musulmán, ni cristiano, y el hombre que conoce algo de lo Divino adquiere los colores de la Divinidad, exhala el aroma de la fragancia divina.

En el antiguo Oriente, esta gente religiosa fue el más elevado florecimiento. Incluso reyes y emperadores acudían a ellos para postrarse a sus pies y recibir su bendición, para solicitar consejo sobre problemas difíciles de resolver.

Si queremos que el mundo siga existiendo, tenemos que retor­nar a nuestros antiguos días de infancia, cuando la persona religio­sa no albergaba intereses privados. Por eso sus ojos estaban lim­pios, por eso su corazón era puro amor, su ser era en sí una bendi­ción. Quienquiera que llegaba a él, era curado; sus problemas re­sueltos; obtenía nuevos enfoques para sus viejos problemas.

Las religiones organizadas deben desaparecer del mundo, han de abandonar su máscara de religiosidad. Son simplemente políti­cos, lobos con piel de cordero. Han de desvelar sus verdaderos intenciones; son políticos, no hay nada malo en ello. Siempre han sido políticos, pero han estado haciendo política en nombre de la religión.

Las religiones organizadas no tienen futuro alguno.

Deben abandonar su disfraz y mostrarse como políticos y ser parte del mundo político, para que así podamos encontrar al indi­viduo auténticamente religioso, que es muy raro de encontrar. Pero unos cuantos individuos auténticamente religiosos, bastan para conducir al mundo entero hacia la luz, hacia la vida inmortal, hacia la verdad última.

 

 

Capítulo 3

No Estoy en Contra del Papa

 

Osho,

Tú estás muy en contra del Papa.

¿Se debe a que la Iglesia Católica es quizás la más organizada de las religiones?

 

No estoy en contra de nadie, pero sí estoy a favor de la verdad. Voy a criticar todo aquello que vaya contra la verdad; para mí es un deber sagrado. Que la Iglesia Católica sea la religión más or­ganizada, es una de las razones por las que critico tanto al Papa. Hay también otras razones.

Me gustaría detallarte todas las razones de mis críticas. Pri­mero, la Iglesia Católica en particular y el cristianismo en general, no son en absoluto una religión. Llamarla "religión organizada" es utilizar un término equivocado. Es una "superstición organizada".

Durante estos veinte siglos después de Jesucristo; el cristia­nismo ha estado defendiendo toda clase de supersticiones y lu­chando contra la ciencia, contra todos los descubrimientos de la verdad. Y quienes han promovido esta guerra entre la supersti­ción y la ciencia, han sido los Papas.

En primer lugar, durante estos veinte siglos los Papas han es­tado proclamando su infalibilidad, lo cual es algo absurdo. Pero según su lógica, ellos representan a Jesucristo y Jesucristo es el único hijo de Dios. Por tanto, indirectamente ellos son el instru­mento de Dios, ¿cómo podrían ser pues falibles? Pero la vida no es lógica. Tu Dios mismo es una ficción. El que Jesucristo sea el unigénito de Dios, es otra ficción. Y la infalibilidad del Papa es simplemente ridícula.

 

Cuando Galileo descubrió que no era el Sol el que giraba al­rededor de la Tierra, sino que era la Tierra la que giraba alrededor del Sol -era ya viejo, setenta y cinco u ochenta años, casi en su lecho de muerte-, fue llevado ante la presencia del Papa. Y el Papa le dijo: "Antes de morir desdícete de lo que afirmas porque va en contra de lo que dice la Biblia. Y todo lo que va contra la Biblia, es falso porque la Biblia es la palabra de Dios".

Galileo era un gran científico y tengo un enorme respeto por él. A su edad y a las puertas de la muerte seguía teniendo un gran sentido del humor.

Él dijo: "No hay problema, lo cambiaré; escribiré en mi libro exactamente lo que está escrito en la Biblia -que el Sol gira al­rededor de la Tierra pero he de decir claramente lo siguiente: ni el Sol ni la Tierra van a leer mi libro. En realidad, la Tierra seguirá moviéndose alrededor del Sol".

"¿Y por qué insistís? Tengo las pruebas, he dedicado mi vida a la investigación y todos los que tienen una mente científica están de acuerdo conmigo. Tarde o temprano tendréis que estar también de acuerdo conmigo porque uno no puede mantenerse en contra de la verdad por mucho tiempo."

El Papa dijo: "No podemos tolerar nada que vaya en contra de la Biblia por la simple razón de que si algo de lo que dice resulta falso, entonces la infalibilidad de Dios desaparece. Y si Dios mismo es falible, ¿qué pasará con Jesucristo? ¿Y con el Papa? Y si Dios ha escrito una falsedad, ¿quién sabe?, puede ser que haya escrito muchas otras. No podemos permitirlo".

Durante trescientos años los Papas han estado luchando dura­mente contra todos y cada uno de los descubrimientos científicos de la verdad. Nadie puede salir victorioso contra la verdad, pero lo han intentado con todas sus fuerzas. Es la única religión que ha peleado contra la ciencia; ésta es una de las razones funda­mentales por las que estoy en contra del Papa.

Incluso ahora continúan oponiéndose a la ciencia sabiendo perfectamente que saldrán derrotados y que es una batalla perdida. Y continúan llamándose infalibles.

Es sorprendente cómo la gente puede tener tan poca vergüenza. Es hora de que aprendan.

­Ellos sacrificaron y quemaron a Juana de Arco por orden del Papa, porque él la declaró bruja. ¿En base a qué, a qué razona­miento, a qué revelación? ¿Sólo porque el Papa lo diga, tiene que ser cierto? La palabra del Papa es ley; la palabra del Papa es la verdad. Quemaron a una gran mujer, valerosa e inteligente, que había luchado por la libertad de su país y que había ganado para éste la libertad. Sintieron celos de que una mujer se hiciera tan notable que incluso el Papa quedara en un segundo plano.

Fue quemada por celos; no había cometido pecado. Toda Eu­ropa se conmovió y lentamente empezó a levantar la voz contra su muerte. Pero tuvieron que pasar casi trescientos años para que la voz de la gente fuera escuchada y otro Papa declarara a Juana de Arco una gran santa.

Un Papa la quema viva, por bruja -tenía relaciones carnales con el diablo- y después de trescientos años, otro Papa -su su­cesor, representante del mismo Jesucristo y de Dios- declara que era una santa. Sus restos fueron exhumados y ahora son venera­dos, y una hermosa catedral se yergue en su memoria. Ahora ya no se la llama simplemente Juana de Arco, sino Santa Juana de Arco.

  El Papa viaja continuamente por todo el mundo, predicando­ particularmente en los países de Oriente donde la gente es muy pobre y donde va a volverse más y más pobre cada día -que el control de la natalidad es contrario a Dios, que cualquier método que impida el nacimiento de un niño es contrario a Dios. Pero el Papa no está interesado en que la gente viva mejor, sin pasar ham­bre. La gente no debería morir por falta de agua, de alimento.

Y te sorprenderá saber que por una parte el Papa habla contra los métodos de control de la natalidad y por la otra, el Vaticano tiene una fábrica clandestina donde se fabrican píldoras anticon­ceptivas porque es un buen negocio y deja millones de dólares. ¿Llamas a esa gente, "religiosa"?

  El viaja por todo el mundo diciendo que los curas católicos, los obispos y cardenales, no deben inmiscuirse en la política, porque él quiere tener a los políticos a su favor. Y está demostra­do que él mismo envió a Polonia -a un partido político-       cien millones de dólares para luchar contra el comunismo, ¿no es esto política?

Y su interés por no controlar la natalidad es en realidad un interés por aumentar la población. Lo que suceda a la gente, no es el problema. Si la gente es pobre y pasa hambre puede fácil­mente ser convertida al cristianismo, en particular a la Iglesia Católica. Sus escuelas, sus hospitales, sus orfanatos, no son sino fábricas para convertir a la gente al catolicismo.

Es un hecho bien conocido hoy en día que para finales de siglo casi la mitad de la población mundial se estará muriendo de hambre. Es difícil de imaginar esa situación en la que un hombre de cada dos vaya a morir. Por todas partes habrá cadáveres sin que haya nadie para enterrarlos o llevarlos a la funeraria. De he­cho, morir será mejor que vivir entre tanto cadáver. El mundo entero apestará a muerte.

Los Papas no parecen estar interesados en salvar a la Humani­dad. Su principal interés consiste en convertir más y más gente a su religión, porque esa es su fuerza. Es pura política.

Toda la teología cristiana está basada en esas ideas estúpidas; llamarla religión es absurdo. Jesús nace de una madre virgen. Toda la ciencia médica contradice este hecho; no es posible. Pero éste es uno de sus fundamentos; si lo dejas de lado, el edificio entero del cristianismo se derrumba.

No han dado al mundo ningún método para elevar la cons­ciencia, no han producido gente Iluminada, pero bajo la red del catolicismo han atrapado a setecientos millones de personas. Es­tán llenos de creencias absurdas y aun cuando tienen ojos, no ven; tienen oídos, pero no oyen. Y si les dices algo, están dis­puestos a crucificarte. Están en contra de la crucifixión de Jesús, pero siempre están dispuestos a crucificarte si dices simplemente la verdad.

Dije en uno de mis discursos que la Santa Biblia era uno de los libros menos santos del mundo, pues tiene quinientas páginas de pornografía pura. Uno de mis amigos de América, al oír esto, compiló esas páginas y las publicó en un libro llamado X Rated Holy Bible. Y acabo de recibir unas citaciones desde "Kanpur". Diez asociaciones cristianas han iniciado un pleito en mi contra, por estar hiriendo sus sentimientos religiosos.

No puedo creer que la gente esté tan ciega. Si hay algo que hiere tus sentimientos religiosos, eso es tu Biblia; yo no tengo nada que ver con ella. Deberías decirle al gobierno que prohibie­ra la Biblia o la clasificara como literatura pornográfica.

No me estoy inventando nada. Esas quinientas páginas están allí, en la Biblia, y esas diez asociaciones deberían al menos haber ojeado sus Biblias para saber de qué estoy hablando; si no, ante los tribunales quedarán como absolutos estúpidos.

Ahora se están iniciando movimientos en todos los países para lograr que la homosexualidad sea declarada un gran crimen. Y todo el mundo sabe que el Papa Pablo VI era homosexual. Antes de ser Papa era el cardenal de Milán, y ya entonces, eso era un rumor vox populi. Todo Milán estaba sorprendido de verle siem­pre con su amigo, un hermoso joven. Aun conociéndose este he­cho, llegó a Papa. Y cuando fue nombrado Papa, su amigo fue llamado al Vaticano y se convirtió en su secretario. Comúnmente la secretaria es la amiga; aquí era algo diferente, pero la misma historia.

Y el Vaticano nunca ha negado esto. No pueden; es un hecho evidente. Pero si lo dices, significa que estás contra el Papa. Yo estoy sólo a favor de la verdad.

  Pero quizás esto empezó con la virginidad de María y el nacimiento de Jesús. Oí que...      

Ésta es una historia del futuro porque este Papa polaco tarda­rá mucho en morir. Comúnmente los Papas mueren en uno o dos años; pues para cuando son nombrados Papas, tienen ya alrede­dor de setenta y cinco años. Y probablemente esperaban que este polaco moriría también, pero no conocen a los polacos. Él se ha olvidado completamente de morir y está disfrutando su puesto enormemente; ningún otro Papa lo había hecho así.

Continuamente viaja por todo el mundo y el Vaticano está endeudándose. Se ha gastado en viajes nueve millones de dóla­res. Dos días antes de que fuera a Australia, la Reina británica había ido también. Gastaron más dinero en la visita del Papa a Australia que en la visita de la Reina de Inglaterra. Y ésta es la gente que dice: "Bienaventurados sean los pobres".

Pero finalmente el Papa polaco murió y fue al cielo con todos los honores. A las puertas del cielo San Pedro le detuvo y le dijo:

"Hola, no puedes entrar así como así, ¿quién eres?".

  El Papa le contestó: "Soy vuestro representante en la Tierra. Soy el Papa".

  San Pedro le dijo: "¿El Papa? ¿Nuestro representante? Nunca hemos oído hablar de ti".

  El Papa sorprendido le contestó: "¡Oh, bien! Tan sólo dile a Dios que ya estoy aquí. Él te dirá que me dejes entrar".

  San Pedro gritó: "Oiga, jefe, aquí hay un tipo diciendo que es el Papa, ¿le conoce?".

  Jesús contestó: "No, nunca oí hablar de él".

  San Pedro dijo: "Lo siento. No te puedo dejar entrar. Nadie de aquí te conoce".

  El Papa le dijo: "No puedes decirme que me vaya, soy el Papa en persona. Pregunta al Espíritu Santo. Seguro que él me cono­ce".

San Pedro gritó otra vez: "¡Oye, Paloma! Un tipo insiste en que le conoces. Dice que es el Papa".

Y el Espíritu Santo contestó: "¿El Papa? Claro que le conoz­co. Es el tipo que hizo correr esos sucios rumores entre María y yo. Échalo fuera".

Toda la religión se basa en un chiste verde.

Al Papa Pablo VI -que era homosexual- le sucedió el Papa Juan Pablo I. Era un hombre liberal e inteligente que ordenó in­vestigar a los cardenales y obispos pertenecientes a las Logias Masónicas, las cuales estaban prohibidas por la Iglesia Católica.

Estas Logias Masónicas tienen como miembros sólo a la gen­te más rica del mundo. Son sociedades secretas que realizan ri­tuales secretos. Habían sido condenadas por el cristianismo, por lo que ningún cura, obispo o cardenal, ni nadie con un puesto oficial podía ser miembro de una Logia Masónica. Sus rituales consisten en orgías sexuales y otra clase de actos repugnantes. Juan Pablo I ordenó investigar a los cardenales y obispos perte­necientes a estas logias. Descubrió que muchos altos jefes del Vaticano eran masones y ordenó que fueran destituidos.

¿Ves la hipocresía? Es la misma gente que promulgó la ley prohibiendo a los curas ser miembros de las Logias Masónicas, pero en el mismo Vaticano se descubrió que cardenales, obispos y arzobispos formaban parte de ellas. Y debido a que Juan Pablo I ordenó destituirles, toda la jerarquía y la burocracia católica se pusieron en contra de este hombre tan inteligente. En toda la his­toria del cristianismo, él es quizá el único Papa con algo de inte­ligencia, algo de humanidad, algo de comprensión.

Al mismo tiempo ordenó una investigación en el Banco del Vaticano, la cual reveló que el banco blanqueaba cada año cien­tos de millones de dólares provenientes de la mafia de las drogas, de la heroína.                                        

Estas son tus instituciones religiosas. El mismo Banco del Vaticano, cuya cabeza es el Papa, no es más que la mayor mafia organizada. ¡Cientos de millones de dólares procedentes de la heroína! Hablan y predican contra las drogas cuando entre basti­dores ellos mismos trafican con ellas.

También convocó una asamblea para anunciar que la Iglesia apoyaría el control de la natalidad. Realmente era un hombre de gran entendimiento; quería llamar a la píldora, la "píldora católi­ca". Pero antes de poder convocarla fue encontrado muerto en circunstancias sospechosas.

Fue asesinado. El gabinete del Vaticano declaró que murió de un paro cardíaco, pero eso es absolutamente falso, porque su pro­pio médico personal afirmó que su corazón estaba perfectamente y que nunca había tenido ningún problema. Y lo más significati­vo es que no llamaron a su médico personal. En su lugar, los respon­sables del Vaticano ordenaron inmediatamente embalsamar el ca­dáver e impidieron que su médico le examinara. También rehusa­ron la autopsia. No se expidió un certificado de defunción, de modo que hasta hoy, oficialmente continúa viviendo, puesto que no hubo certificado de defunción.

Y se hizo la autopsia después de haberlo embalsamado. Pero una vez que se embalsama un cadáver -después de extraerle la sangre del cuerpo y reemplazarla con sustancias químicas- re­sulta imposible averiguar si ha sido envenenado o qué fue lo que sucedió. Pero la situación es muy clara. Personas cercanas a él sostienen que los papeles que él tenía en la mano cuando el cuer­po fue descubierto, eran los de su testamento.

Dándose cuenta a media noche, de que había sido envenenado, de que iba a morir, habría tratado de escribir su testamento o contar lo que le había sucedido, lo que le habían hecho. Pero misteriosamente sus papeles desaparecieron al igual que el fras­co con su medicina.

Se cree que mezclaron veneno en su medicina y que él la tomó pensando que era su medicamento. Cuando el veneno empezó a surtir efecto, debió de haber tratado de escribir su testamento. Debió de haber tratado de contar que -según parecía- había sido envenenado y que se estaba muriendo. La gente que lo encontró primero, vio que era el testamento lo que apretaba en sus manos.

Y lo más sorprendente es que aun antes de que encontraran su cuerpo, se habían dado instrucciones de que el cadáver fuera embalsamado, porque la gente que estaba en la conspiración sa­bía que por la mañana sería necesario disponer de los embalsa­madores. Así que todo se preparó anticipadamente.

No fue una muerte accidental.

Le sucedió el Papa Juan Pablo II, el polaco, que prohibió to­dos los métodos de control de la natalidad, excepto el método del ciclo, aun cuando el Vaticano es en realidad dueño de una fábrica de píldoras anticonceptivas. También anuló la ley por la cual la Iglesia prohibía a los clérigos ser miembros de las Logias Masó­nicas. Y ascendió a Marcinkus, el jefe del Banco del Vaticano, al cargo de arzobispo y le nombró miembro de su círculo personal. Este hombre era el mismo hombre que dirigía la Mafia que blan­queaba el dinero de la heroína a través del banco.

En 1982, el arzobispo Marcinkus estuvo envuelto en un gran escándalo financiero cuando un banco italiano quebró. Uno de sus amigos de negocios fue encontrado ahorcado bajo el puente de Londres. Y otro colega -que había estado en la cárcel bajo el cargo de haber asesinado a un comisario de policía- murió al beber café con cianuro. Ellos eran los que podían haber testifica­do contra el arzobispo Marcinkus, ellos conocían todos los se­cretos; y ambos fueron asesinados.

Se dictó una orden de captura contra el arzobispo, pero el Vaticano es un gobierno independiente -de sólo ocho millas cuadradas- y el gobierno italiano no tiene poder para intervenir en él. Y el Papa ocultó a ese hombre dentro del Vaticano. La orden de busca y captura está esperando afuera. Estos son tus líderes religiosos.

El Papa polaco también ha estado reprendiendo severamente a sacerdotes de todo el mundo por intervenir en política, pero él mismo ordenó que millones de dólares del Vaticano fueran entre­gados al grupo Solidaridad, en Polonia, que luchaba contra el gobierno comunista.

Estoy en contra de las religiones organizadas porque en cuan­to algo sé convierte en una organización, empieza a perseguir sus propios intereses. Y la religión queda olvidada; otras cosas se vuelven más importantes. La verdad y la búsqueda de la verdad necesitan de tu entrega total; nada ha de interferir.

Una religión organizada se convierte en una prisión. Empieza a suministrarte doctrinas ya hechas y tu única función es creer en ellas, bien sean razonables y lógicas, o no lo sean. No estás auto­rizado para experimentar por ti mismo porque, ¿quién sabe?, po­drías encontrar algo que fuese contra la doctrina oficial.

Pero la doctrina oficial no puede convertirse en tu Ilumina­ción. La doctrina oficial puede hacer de ti un erudito, pero no puede hacerte sabio, no puede volverte intuitivo, no puede hacerte consciente de Dios.

Critico al Papa porque no sólo es la cabeza visible de una religión organizada, sino también la cabeza de un gobierno. No es gran cosa -sólo ocho millas cuadradas pero aun así, es re­conocido como Jefe de Estado, tiene representantes en la ONU, tiene embajadores en diferentes países.

La religión es algo tan elevado, y la política es algo tan bajo, que has de recordar esto: cuando se mezcla algo bajo con algo elevado, es siempre lo elevado lo que se corrompe, no lo bajo... Es siempre lo superior lo que pierde su calidad de ser superior; lo inferior no tiene nada que perder; no puede caer más bajo. Está ya en lo más bajo.

La religión y la política deben estar separadas. Y en cuanto la religión se organiza, se convierte en política. Por lo tanto, la religión jamás debe organizarse; ha de ser la búsqueda privada, per­sonal e íntima de cada uno.

  El individuo ha de tener al menos un área de su vida en la que pueda ser totalmente libre, sin que nadie decida por él, donde pueda abrir sus alas como un águila y volar por el cielo, sin cade­nas, sin ligaduras, sin obstáculos.

  La religión florece sólo en un corazón absolutamente libre de doctrinas, de creencias, de iglesias, de mezquitas.

  Quiero que todo el mundo sea religioso, pero no cristiano, ni católico, ni hindú, ni musulmán. Ser sólo religioso es suficiente.

¿No puedes ver estos simples hechos? La honestidad es la honestidad; no es ni cristiana ni hindú. La verdad es simplemente la verdad; no puede ser musulmana, ni cristiana. El amor es sim­plemente amor; no puede ser oriental, ni occidental. La compa­sión es compasión; no pertenece a ninguna raza, a ningún país, a ningún clima, no depende de la geografía ni de la historia. Estos son los ingredientes de una consciencia religiosa.

La meditación es simplemente científica, de la misma forma que lo es la física -sin preocuparte de si es hindú, o musulma­na- o la química -sin preocuparte de si es protestante, o católi­ca. Cuando vas al médico nunca miras si la medicina es hindú o budista.

La realidad interna es simplemente puro silencio. Allí flore­cen miles de flores, pero no pertenecen a ninguna organización. Son el fruto de tu búsqueda, de tu propio camino interno.

Fundamentalmente todas las religiones organizadas están pri­vando a la Humanidad de su religión, porque te desvían. Siempre te dirigen hacia afuera; su dios está lejos, en el cielo. Cuando, con las manos juntas, rezas mirando al cielo, no te das cuenta que nadie va a escucharte. De hecho, el que está orando, el que está vivo dentro de ti, el que respira en ti, ese es Dios.

Sólo tienes que descubrirlo. Está escondido en las capas de tu falsa personalidad. Encuéntralo en medio de tu inocencia y la vida se volverá puro gozo, una canción sin palabras, una danza, una celebración.

Y al final de tu celebración no habrá más que lágrimas de gratitud. No puedo ni pensar ni imaginarme que esas lágrimas de gratitud pertenezcan a una religión. Pertenecen al corazón indivi­dual, rebosante de gratitud hacia la Existencia.

 

 

Capítulo 4

Guerra y Paz

 

Osho:

Puesto que la paz fue oficialmente restablecida en el mundo, al final de la Segunda Guerra Mundial,

¿qué es lo que los polí­ticos han estado haciendo?

 

Nunca ha habido paz. En la historia sólo ha habido dos períodos:  el que denominamos guerra y el que llamamos paz, que es un disfraz. En realidad debíamos llamarlo “preparación para otra guerra".

Y tú me preguntas:

 

"Puesto que la paz fue oficialmente restablecida en el mundo, al final de la Segunda Guerra Mun­dial,

¿qué es lo que los políticos han estado haciendo?".

 

Los políticos han estado haciendo exactamente lo que siem­pre han estado haciendo: creando más conflictos, más inquietud, más discriminación, más armas destructivas, mientras se prepa­ran para la Tercera Guerra Mundial.

Una vez preguntaron a Albert Einstein: "Usted es el científico que ha descubierto la energía atómica. ¿Puede decirnos qué pa­sará en la Tercera Guerra Mundial?".

Einstein, con lágrimas en los ojos, dijo: “No me preguntéis acerca de la Tercera Guerra Mundial. No sé nada acerca de ella. Pero si queréis saber acerca de la Cuarta Guerra Mundial, puedo deciros algo".

El periodista que preguntaba se quedó sorprendido. Aquel hombre no decía nada acerca de la Tercera Guerra, pero estaba dispuesto a hablar de la Cuarta Guerra Mundial. Preguntó con curiosidad: "Por favor, dígame algo acerca de la Cuarta Guerra Mundial?

  Einstein dijo: "Sólo puedo decir una cosa: que nunca va a suceder. La tercera será la última Guerra Mundial".

  Para esta última guerra los políticos se han estado preparando desde que se declaró la paz tras la Segunda Guerra Mundial.

El político y su juego son las cosas más detestables que pue­das imaginarte. Estamos enfrentándonos a la oscuridad de la no­che y recuerdo ese viejo dicho: "Cuando la noche es más oscura, el amanecer está cercano". Pero no me atrevo a decir que tras esta noche oscura que nos rodea vaya a haber alguna aurora.

Sólo voy a decirte exactamente lo que ha estado sucediendo desde 1945 y de lo cual la gente está en la ignorancia absoluta. No se dan cuenta de que están sentados sobre un volcán listo para entrar en erupción en cualquier momento. Todos están ocu­pados con trivialidades y el problema real permanece oculto, como si no existiera.

Desde 1945 ha habido ciento cinco guerras en sesenta y seis países, todos ellos del Tercer Mundo. Uno necesariamente pre­gunta: ¿por qué en el Tercer Mundo? Estados Unidos y la Unión Soviética han ido tan lejos en el desarrollo de armas destructivas, que las armas usadas en la Segunda Guerra Mundial están anticua­das. Para ellos no son de utilidad. Tienen que ser vendidas; necesi­tan un mercado y el mercado sólo existe si hay guerras.

Estados Unidos manda armas a Pakistán; entonces, por lógi­ca, la India las importa de la Unión Soviética e igual ocurre en el Tercer Mundo. Un país compra material obsoleto a la Unión Soviética y el enemigo lo compra a los Estado Unidos. Es un buen negocio.

Y ellos no quieren detener las guerras, porque si así lo hicie­ran ¿cómo venderían esas armas en las que han invertido millo­nes de dólares? Y estos países pobres y sus políticos están dis­puestos a comprarlas aunque su gente muera de hambre. El se­tenta y cinco por ciento de su presupuesto se destina a la guerra.

Cada guerra ha durado un promedio de tres años y medio, así que, ¿quién dice que la paz ha sido establecida? Ciento cinco guerras en sesenta y seis países, con tres años y medio de duración, ¿y a eso lo llamas paz?

Las guerras han causado dieciséis millones de muertos. En la Segunda Guerra Mundial también hubo millones de muertos. Des­de entonces, se han matado dieciséis millones de personas en las guerras, ¿y aún continúas llamándolo paz?

Pero los políticos son tan astutos y la gente tan ciega que no ven lo que sucede a su alrededor. Siguen peleando por pequeñas cosas como ¿qué distrito pertenece a un determinado estado? Belgaum es un distrito aquí. Debería incluirse en Maharastra? Es un distrito que está en los límites entre Maharastra y Kamataka. Hay gente que pertenece a las dos lenguas y se ha estado matando entre sí sin interrupción durante tres décadas... y esta nimiedad no puede ser resuelta. De hecho, nadie quiere resolverlo, si no ¿cuál es el problema? Sólo un pequeño plebiscito, una votación neutral y la gente misma podría decidir a dónde quiere pertenecer. Pero al parecer, los políticos están interesados en que las disputas conti­núen para así ser necesarios.

Han muerto dieciséis millones y todavía en las escuelas y universidades se sigue repitiendo: "Vivimos en un período de paz". En realidad, la Guerra Mundial fue casi más pacífica; sólo murie­ron seis millones de judíos. La paz ha matado un número de personas tres veces mayor.

La mayoría de las guerras se han desarrollado en Asia. El que las guerras se desarrollen en otros países, es una de las estrategias de las naciones poderosas y sus políticos. Estados Unidos y la Unión Soviética han de luchar en Afganistán para que así la gente de Afganistán sea la que muera. Afganistán se convierte en un cementerio y Estados Unidas y la Unión Soviética salen bene­ficiados con la venta de armas. Envían expertos, armas, entrenan a los Afganos y éstos se matan entre sí. En un bando disponen de las armas americanas; por el otro de las rusas.

Nueve millones de civiles, desde Hiroshima, han muerto en guerras convencionales. En otros tiempos no se mataba a civiles. Esto es absurdo. Si los ejércitos luchan, es posible que mueran soldados, pero ahora parece que no hay sensibilidad, que no se razona: se mata a nueve millones de civiles. Ya pueden ser niños, o mujeres, o ancianos, sin tener nada que ver con la guerra. Pueden estar leyendo en la escuela, trabajando en la fábrica o, tal vez, cocinando en su casa.

Hace unos pocos días Ronald Reagan, sin razón alguna, atacó Libia, bombardeó la parte civil. Su meta era Gaddafi y como Gad­dafi tiene tres casas en la ciudad, las tres tuvieron que ser bombar­deadas. Y al atacarlo, otras casas fueron quemadas y destruidas.

Y recientemente, investigando se ha sabido que mientras el bom­bardeo tenía lugar, asesinos profesionales buscaban por toda Li­bia a Gaddafi, porque era posible que él no estuviera en su casa.

Así, pues, bombardearon a civiles mientras los asesinos bus­caban a Gaddafi. Sólo pudieron matar a su hija. Y ni Gaddafi ni los libios les habían hecho nada malo.

Y es una coincidencia que el mismo día que Inglaterra permi­tía a Ronald Reagan que la utilizase como base para bombardear a Libia, su Parlamento no me permitió permanecer en su aero­puerto -en la sala de espera- ni durante seis horas. ¡Porque soy un hombre peligroso! Pero a Ronald Reagan se le permitía utili­zar a Inglaterra para bombardear a un país inocente que no le había hecho ningún daño.

Ésta es la noche más oscura que la Humanidad ha encarado jamás.

El presupuesto de guerra anual es aproximadamente setecien­tos mil millones de dólares. Cada año quince millones de perso­nas mueren de desnutrición y enfermedades, mientras se gastan en guerras setecientos mil millones de dólares.

Cada minuto, treinta niños mueren por falta de alimentos y va­cunas de bajo costo y cada minuto un millón trescientos mil dóla­res de los fondos públicos se destinan mundialmente a gastos militares.

Parece que no estamos ya interesados en la vida; hemos deci­dido suicidamos. El hombre nunca ha estado en toda su historia tan a punto de suicidarse como ahora.

Doscientos cincuenta millones de niños no han recibido si­quiera la educación elemental; un solo submarino nuclear iguala el presupuesto anual de educación para ciento sesenta millones de niños en edad escolar en veintitrés países en desarrollo. ¡Un solo submarino! Y hay miles de submarinos navegando por los océanos alrededor del mundo, americanos y rusos, y cada subma­rino tiene armas nucleares. Seis veces más poderosas que todas las armas empleadas en la Segunda Guerra Mundial. Y son tan cos­tosas que podríamos haber proporcionado a nuestros niños edu­cación y alimento y nutrición. Pero eso no nos interesa.

Estos son los políticos que no hay que molestar, que quieren tener el control absoluto sobre la Humanidad, sin que nadie esté por encima de ellos.

Los bosques del mundo están desapareciendo a un ritmo de dieciocho a veinte mil hectáreas al año, un área equivalente a la mitad de California -y éste es uno de los estados más grandes de los Estados Unidos. En los próximos veinte o treinta años, todas las selvas tropicales habrán desaparecido, y las implicaciones son tremendas porque nos proveen de oxígeno y de vida. Si estas sel­vas siguen desapareciendo a ese ritmo, la Humanidad estará per­dida. ¿De dónde obtendrá el suficiente oxígeno?

Y por otro lado, todo el dióxido de carbono que se exhala es absorbido por estos bosques. Si estos bosques no estuvieran allí... y ya hay una capa espesa de dióxido de carbono acumulándose en el cielo, justo en el límite de la atmósfera. Y debido a esa capa, la temperatura de la atmósfera se está elevando. Ya está cuatro grados por encima de lo normal.   

Si todos los bosques desaparecen, la temperatura subirá tanto que pasarán dos cosas: primero, será imposible sobrevivir; se­gundo todo el hielo de los polos -norte y sur-, el que está en los Himalayas, en los Alpes y en otras montañas, empezará a de­rretirse y hará que todos los océanos se eleven mil metros. Inundará todas las ciudades y todos los países, cubrirá casi la Tierra entera y esta inundación no retrocederá.

Pero los políticos continúan haciéndolo. Hace unos meses es­tuve en Nepal. Nepal es el país más pobre del mundo, pero en vez de abandonar sus preparativos de guerra, ha vendido sus bos­ques -los eternos bosques de los Himalayas- a la Unión Sovié­tica. Y la Unión Soviética ha talado todas las laderas de las mon­tañas dejándolas peladas. Y para qué? Para hacer periódicos. ¿Qué necesidad hay de tantos periódicos? Casi siempre son las mismas noticias y ahora que se tienen mejores medios de comunicación, los periódicos están pasados de moda. Hay radio, hay televisión, ¿para qué seguir con los periódicos, destruyendo los bosques? Pues porque los políticos, los presidentes y prime­ros ministros, necesitan sus retratos en primera página; sus dis­cursos -que son sólo mierda- tienen que publicarse sin ningu­na consideración al daño que están causando.

En el mismo período, se espera un incremento de la población mundial de un treinta a un cuarenta por ciento; de cinco mil mi­llones a siete. Este incremento de población hará que se duplique la necesidad de agua en casi la mitad del mundo.

El alimento es también otro factor. Incluso el agua resultará escasa, puesto que se necesitará el doble, y no tenemos tanta agua potable. Además, el informe de las Naciones Unidas dice que un total de veinte millones de hectáreas al año de tierras de cultivo y pastoreo, son reducidas a un nivel cero de productividad. Más de mil especies de plantas y animales se extinguen cada año, y el número sigue en aumento. De uno a dos millones de personas en los países en desarrollo, sufren de envenenamiento agudo por pes­ticidas, y las muertes relacionadas con esos pesticidas son esti­madas en diez mil al año.

Oficiales de la Comisión de Planeamiento de la India recien­temente declararon: "Estamos al borde de un enorme desastre ecológico en la India, con las reservas de agua agotándose. Lo que sucedió en África va a suceder en la India en unas décadas".

La población sigue creciendo, la tierra se vuelve estéril, las re­servas de agua disminuyen más y más, y debido a la tala de bos­ques, los ríos que van desde Nepal a Bangladesh provocan inun­daciones como nunca antes se habían visto. Miles de personas mueren, miles de poblados desaparecen, porque esos enormes ár­boles hacían que los ríos fluyeran lentamente. Ahora, sin los ár­boles, los ríos se precipitan con tal fuerza que el océano no pue­de absorber el agua con rapidez. El agua retrocede y esto produce las inundaciones de Bangladesh.

Ni los políticos de la India ni los del Nepal están dispuestos a frenar la tala de árboles. Nadie tiene interés por la vida humana, nadie quiere ver cuáles deben ser nuestras prioridades.

Un país pobre como la India tiene un exceso de periódicos, de revistas absolutamente innecesarias. Y ese papel de imprenta no cae del cielo; hay que talar árboles. Árboles que tardaron en cre­cer ciento cincuenta, doscientos años, desaparecen.

¿Y qué se gana con esos periódicos?

Los políticos son los verdaderos criminales, no los que están en las cárceles. El mundo sería mucho mejor si hubiera un inter­cambio. Si todos los políticos fueran a la cárcel y los criminales ocuparan el puesto de los políticos, serían más humanos.

Hay muchos países que no declaran cuántos homosexuales tienen. La familia de una persona que ha muerto de SIDA, sobor­na al médico y obtiene un certificado de defunción por cáncer o por síncope cardíaco, porque la familia se encuentra más preocu­pada por su respetabilidad, por lo qué dirá la gente, "En tu fami­lia alguien ha muerto de SIDA".

Pero esconder los hechos significa que si el hombre estaba casado, su esposa pudo haber contraído la enfermedad, y si tenía hijos, pudieron nacer enfermos, y al no saberlo nadie, los de su entorno pueden contagiarse.

Porque esta enfermedad no es una enfermedad sexual común. Todo lo que salga del cuerpo, incluyendo las lágrimas, es porta­dor del virus. Si un niño llora y por amabilidad o compasión lo consuelas, corres peligro de contagiarte del SIDA. La saliva también es portadora del virus. Y la Humanidad entera es mantenida en la ignorancia. Incluso los besos deberían ser prohibidos por completo.

Hay una pequeña parte de la Humanidad -los esquimales, la gente que vive en Siberia- que son los únicos en la historia que nunca se besan. Cuando por primera vez vieron a los misioneros cristianos dando besos, no podían creérselo: "¡Qué sucia es esta gente. Mezcla su saliva con la del otro. ¿Son humanos o mons­truos?". Su método es mucho más científico e higiénico. No be­san para mostrar amor, porque más que amor puede ser muerte. Se frotan sus narices una contra otra. Es más limpio, excepto si tienes un resfriado.

Hace unos días se admitió que diez millones de personas es­tán afectadas por el SIDA y que ésta no es una cifra definitiva, porque algunos países -como la India- no tienen forma de sa­berlo. Sólo los países muy desarrollados son los están incluidos en esta cifra. Quizás cien millones más están sufriendo en los países subdesarrollados.

Por ejemplo, en África el SIDA es más frecuente que en nin­guna otra parte. Y nunca se ha sabido que los africanos sean ho­mosexuales, pero ellos tienen una extraña perversión: mantienen relaciones con mujeres, pero no frontalmente.

Hay gente en pequeñas aldeas alrededor del mundo que inclu­so hacen el amor con animales. Y ahora los animales están conta­giando el SIDA a través de su leche o su carne. Las cosas están ya fuera del control humano.

Los médicos no quieren -aun cuando saben que un paciente sufre del SIDA- decírselo al paciente, porque éste va a insistir en ser tratado. No existe tratamiento. Así que el médico prefiere decirle que tiene otra enfermedad y lo envía a otro especialista, pues estar en contacto con un paciente de SIDA es peligroso para los médicos y para las enfermeras.

En uno de los informes que he visto acerca de las cárceles, vi que el treinta por ciento de los reclusos son homosexuales -y éste no es un informe muy exacto; ésta es la cifra mínima que las autoridades han aceptado- ya que la gente que está presa duran­te veinte o treinta años sin poder tener relaciones con una mujer, está siendo forzada a la homosexualidad.

Lo más simple debería ser que no hubiera cárceles separadas para mujeres, ¿por qué tiene que haberlas? Los reclusos deberían estar mezclados, hombres y mujeres y el SIDA y la homosexuali­dad podrían ser evitados. Pero los políticos no dicen nada acerca de esto por miedo. Su objeto es decir únicamente lo que la gente quiere oír, aquello que no va contra sus prejuicios, contra su men­talidad tradicional, puesto que dependen de sus votos.

Por eso digo que la gente religiosa debería ser consultada por los políticos y que éstos deberían escuchar atentamente sus con­sejos. Pero Rajiv Gandhi dice que los religiosos no deben intervenir en la política. Los políticos sí pueden intervenir en los asuntos religiosos; en esto no hay dudas. Así sucede desgraciadamente y queda muy poco tiempo.

Yo albergaba muchas esperanzas -y aún las sigo teniendo-­ de que en una situación tan peligrosa, quizás el hombre desperta­ra. Pero hay tristeza en mi corazón porque veo que si no se hace nada, entonces el fin de este siglo va a ser nuestro final.

Y no sólo nuestro final, sino también el final de todo el sueño de la Existencia de crear el ser consciente. Ha tenido éxito sólo en este planeta. Hay millones de estrellas y en cada una hay doce­nas de planetas; sólo en este pequeño planeta el milagro ha suce­dido. No sólo la vida existe, sino también la consciencia. No sólo la consciencia existe, sino gente que ha alcanzado la supre­ma culminación de la consciencia: un Gautama Buda, un Sócra­tes, un Pitágoras, un Chuang Tzu.

Al desaparecer la vida en este pequeño planeta, el universo entero se volverá tan pobre, que pasarán millones de años antes de volver a alcanzar el punto en que la consciencia pueda encon­trar el camino hasta la Iluminación.

La tristeza no es por mí; yo estoy absolutamente satisfecho. La muerte no puede quitarme nada. Siento tristeza por toda la Humanidad, pues su muerte destruirá la oportunidad de que se Ilumine, de que se vuelva feliz y de que descubra su sentido y su significado. Ha vivido en la oscuridad, ¿va a morir también en la oscuridad?

Quisiera que al menos mi gente no perdiera el tiempo pospo­niendo su propio crecimiento, pues los políticos están absoluta­mente preparados para destruirse unos a otros, para destruirlo todo. Su ansia de poder ha llegado al clímax. Antes de que triun­fen cometiendo un suicidio global, por lo menos debes llegar a conocer al Dios que existe dentro de ti.

Debes compartir tu gozo y tu silencio y tu risa con aquellos con quienes entres en contacto. No se puede dar un mejor regalo a los amigos, a los conocidos, a los hijos.

El tiempo es escaso y el trabajo tremendo, pero si eres valero­so, puedes aceptar el desafío. No dependas de los políticos; ellos no pueden hacer nada, ni siquiera son conscientes de lo que es­tán haciendo a la Humanidad, hacia qué oscuridad la están lle­vando.

 

 

Capítulo 5

No hay Noticias

 

 

 

Osho:

¿Podrías comentar este hermoso poema de Rumi que tanto me gusta?

 

Afuera, la helada noche del desierto;

dentro, esta otra noche, cálida y acogedora.

Deja que el paisaje se cubra de áspera corteza;

aquí dentro tenemos un plácido jardín.

La Tierra ha estallado, aldeas y ciudades;

queda sólo un globo calcinado y atrasado.

Las noticias que nos llegan

están llenas de pesar por el futuro,

pero la verdadera noticia es

que aquí dentro no hay noticias.

 

El poema de Mevlana Jalaludin Rumi es hermoso. Sus pala­bras son siempre hermosas. Es uno de los poetas más importan­tes y es también un místico. Es una rara combinación. Hay millo­nes de poetas en el mundo y sólo unos pocos místicos, pero un hombre que es ambos, es muy difícil de encontrar. Rumi es una rara flor. Fue tan gran poeta como místico. Por eso su poesía no es solamente poesía, no es sólo una bonita combinación de pala­bras. Encierra un tremendo significado y apunta hacia la verdad suprema. No es un entretenimiento; es Iluminación.

 

Él dice:

 

Afuera la helada noche del desierto;

dentro, esta otra noche, cálida y acogedora.

 

Afuera no es el espacio en el que debes estar. Afuera, eres un extraño; dentro estás en casa. Afuera, está la helada noche del desierto. Dentro, es cálido, dulce y acogedor.

Pero pocos son lo suficientemente afortunados para ir de afuera hacia dentro. Se han olvidado completamente de que tienen un hogar dentro de sí; lo buscan en donde no está. Durante toda su vida lo buscan, pero siempre en el exterior; nunca se detienen a mirar dentro.

 

Deja que el paisaje se cubra de áspera corteza;

aquí dentro tenemos un plácido jardín.

 

No te preocupes por lo que suceda en el exterior, en el interior hay un jardín siempre presto a darte la bienvenida.

 

La Tierra ha estallado, aldeas y ciudades;

queda sólo un globo calcinado y arrasado.

Las noticias que nos llegan

están llenas de pesar por el futuro,

pero la verdadera noticia

es que aquí dentro no hay noticias.

 

Esta última frase proviene de un antiguo dicho: "El no tener noticias es una buena noticia". Yo nací en un pueblecito donde el cartero venía sólo una vez a la semana y la gente temía recibir una carta. Se alegraban cuando veían que no había nada para ellos. Y de vez en cuando llegaba un telegrama para alguno. Tan solo el rumor de que alguien había recibido un telegrama conmocionaba tanto a todo el pueblo, que todos acudían al único hombre ins­truido que sabía leer. Todos estaban asustados. ¿Un telegrama? Eso quería decir "malas noticias". De otro modo, ¿para qué gas­tar dinero en un telegrama?

Aprendí desde mi niñez que el no tener noticias es una buena noticia. La gente era feliz cuando no recibía noticias de sus pa­rientes o amigos. Esto quería decir que todo iba bien.

 

Rumi dice:

Las noticias que nos llegan

están llenas de pesar por el futuro,

pero la verdadera noticia

es que aquí dentro no hay noticias.

 

Todo está en silencio y todo es hermoso, plácido, lleno de gozo, como siempre lo ha estado. No hay ningún cambio, por lo tanto, no hay noticias.

Dentro está el eterno éxtasis, por y para siempre.

Te diré de nuevo que estas líneas pueden volverse una reali­dad en tu vida. Antes de que esto suceda debes alcanzar dentro de ti el lugar donde nunca ha habido noticia alguna, donde todo está eternamente igual, donde la primavera no llega ni se va, sino que siempre permanece, donde ha habido flores desde un principio -si es que hubo un principio- y va a haberlas hasta el final -si es que va a haber un final-. En realidad, no hay principio ni final y el jardín es frondoso, verde, y está lleno de flores.

Antes de que el mundo exterior sea destruido por tus políticos, entra en tu mundo interior. Ese es el único sitio seguro que queda, el único refugio frente a las armas nucleares, ante el suici­dio global, contra todos estos idiotas que ostentan tanto poder destructor.

Al menos puedes salvarte a ti mismo.

Tenía esperanzas, pero al pasar los días me he ido convenciendo más y más de la estupidez del hombre. Aún tengo algunas, pero se deben sólo a mi viejo hábito; realmente mi corazón ha aceptado el hecho de que sólo unos cuantos pueden ser salvados. La Humanidad entera está decidida a destruirse a sí misma. Y esta gente... si tú les dices cómo pueden ser salvados, te van a crucificar; te apedrearán hasta matarte.

Mientras, viajo por todo el mundo y aún me río, pero con una cierta tristeza. Todavía danzo con vosotros, pero ya no con el mismo entusiasmo que hace diez años.

Parece que los más elevados poderes de la consciencia son impotentes contra los inferiores y sucios poderes de los políti­cos. Lo más elevado es siempre frágil, como una rosa; la puedes destruir con una piedra. No significa que la piedra sea superior a la rosa; es sólo que la piedra no es consciente de lo que hace.

La muchedumbre no es consciente de lo que hace y los políticos pertenecen a la muchedumbre. Son sus representantes. Y cuan­do un ciego guía a otros ciegos, es casi imposible despertarlos, porque el problema no es sólo que están dormidos, sino que tam­bién están ciegos.

No hay ya tiempo para sanar sus ojos. Hay suficiente tiempo para despertarlos, pero no para sanar sus ojos. Así que ahora, me dedico por completo a mi gente. Éste es mi mundo, porque los que están conmigo sé que pueden estar dormidos, pero no son ciegos.

Pueden ser despertados.

 

 

Parte 2

 

... aquí dentro tenemos un plácido jardín.

Jalaludin Rumi

 

 

Capítulo 6

¿Quién le Pone el Cascabel al Gato?

 

Osho:

Has dicho que no tienes interés por lo exterior, que no te interesa la política.

Sin embargo, hablas con frecuencia sobre política y políticos, haciéndonos comprender los problemas del mundo.

¿Puedes comentar esto?

 

Yo no tengo ningún interés en el mundo exterior, ni en la política, pero tengo un inmenso interés en ti. Tú estás viviendo en un mundo enfermo, sucio, con un pie en la tumba. Y yo no quiero que te ahogues en este mundo enfermo.

Por esto hablo contra tantas cosas. A mí me interesáis voso­tros, mis sannyasins. Hablo en contra de la política porque no quiero que mis sannyasins ignoren quiénes son los verdaderos cri­minales de este mundo. Por eso hablo contra los sacerdotes y las religiones, porque no quiero que caigas en ninguna trampa. Tie­nes que darte cuenta de quiénes son los auténticos criminales. El problema consiste en que creemos que estos grandes criminales son grandes dirigentes, sabios, santos, mahatmas y les tenemos un gran respeto en todo el mundo. No puedes imaginarte que sean criminales. Por eso tengo que insistir continuamente, todos los días.

Debes darte cuenta de que ellos son los criminales. En reali­dad los criminales que están en la cárcel no le han hecho ningún daño al mundo. Al­guien asesina a un hombre, otro roba algo; eso no es nada. Un solo Adolf Hitler mata a millones de personas. Ahora bien, ese hombre contiene en sí mismo tanta maldad, que se necesitarían millones de criminales para hacer un sólo Hitler.

Así que tengo que desenmascarar a toda esta gente, porque ellos son los culpables. Por ejemplo, es fácil comprender que quizás sean los políticos la causa de muchos problemas -gue­rras, asesinatos, masacres, gente que es quemada viva- pero se hace mucho más difícil comprenderlo cuando se trata de líderes religiosos, porque nadie ha levantado una mano contra ellos. Du­rante siglos han sido respetados y a medida que el tiempo pasa, su respetabilidad va en aumento. La tarea más difícil para mí es hacerte consciente de que esa gente -a sabiendas o no, eso no es lo que importa- ha creado este mundo.

Ahora, en todo el mundo se habla sobre el SIDA, pero aquí es el único lugar donde se afirma que es una enfermedad religiosa; en ninguna otra parte se dice esto. Por lo contrario, los curas dicen que es un castigo de Dios. Y la gente les creerá; creerá que es un castigo por la homosexualidad. Pero nadie se pregunta cómo surgió la homosexualidad o quién es el responsable de ella.

Y la gente no tiene la suficiente inteligencia para relacionar los hechos. No pueden asociar el hecho de que son las religiones las que han estado enseñando al hombre a permanecer célibe. Ellas son la raíz y la causa de todas las perversiones sexuales. Así que, si debe castigarse a alguien, no es a los homosexuales. Si alguien debe ser castigado, son esos dirigentes religiosos que han estado predicando el celibato. La homosexualidad es sólo un subproducto de la enseñanza del celibato.

Los periodistas que vienen aquí se escandalizan porque no pensaban que yo iba a culpar a las religiones por el SIDA. Ellos no alcanzan a verlo. Piensan que son mundos diferentes. No lo son. Y a menos que llegues a ver la causa real, no podrás luchar con el problema que ha surgido.

Ahora bien, lo primero que se necesita es que todos los gobiernos declaren ilegal, criminal, el celibato. En lugar de esto, hacen lo opuesto: declaran ilegal a la homosexualidad. La homo­sexualidad es un síntoma, no es la causa. Si conviertes a la homo­sexualidad en algo ilegal, entonces la gente empezará a hacer el amor con animales, lo cual no es ilegal. Tampoco es algo nuevo, es tan antiguo como el hombre. No pueden encontrar una mujer, no pueden encontrar un hombre, pero sí pueden disponer de un pobre animal. Si declaras ilegal la homosexualidad, si la convier­tes en delito -como lo es ahora en Texas- el homosexual busca­rá otra perversión que quizá traiga una enfermedad aún peor que el SIDA. Uno nunca sabe cuales pueden ser las consecuencias.

La gente debería darse cuenta de que no se puede ir en contra de la naturaleza, y cualquiera que enseñe a ir en contra de la naturaleza es enemigo de la gente.

A mí no me interesa ninguna religión, porque todas son pura basura; no me interesa la política porque no tengo ninguna ambición. Sólo la critico para que te des cuenta de las verdaderas cau­sas, -para que no te engañes como todo el mundo se engaña. Cuando algo se opone a la mente tradicional, ésta se conmociona.

Ahora bien, convertir la homosexualidad en un acto ilegal hará que ésta se extienda rápidamente. Y lo que se ha hecho en Texas se hará en todas partes de América y en otros países, porque los gobiernos son completamente estúpidos. Simplemente comien­zan a luchar con los síntomas y nadie se preocupa de las causas.

Y el hecho es que nadie quiere ver las causas porque son de tal naturaleza que superan su capacidad. Si empezaran a investigar las causas, quizás se demostraría que ellos mismos forman parte de esas causas. Los curas pueden ser parte de la causa. El Papa pue­de ser parte de la causa. Jesucristo podría ser la piedra fundamen­tal. Es mejor no meterse en esas cosas. Simplemente ocúpate del síntoma y empieza a luchar contra él. Reprime el síntoma.

Cuando reprimes el síntoma por un lado, estalla por el otro y se aleja cada vez más de la naturaleza.

La primera perversión se alejaba de la naturaleza, la segunda perversión se está alejando más, y la tercera perversión se alejará todavía mucho más. Y el hombre se sentirá cada vez más desgra­ciado porque ya no puede encontrar el camino de regreso. Las cosas se han vuelto demasiado complejas para que la gente nor­mal pueda volver otra vez a lo natural. Así que quiero que te des cuenta de que jamás hay que luchar contra los síntomas.

En Los Ángeles muere una persona cada día de SIDA y nadie parece saber qué hacer. En realidad, el mundo exterior está en tal estado que para ellos es muy difícil hacer algo. Y, ¿quién le pondrá el cascabel al gato? Ese es el problema.

Nosotros podemos hacerlo. No es demasiado complicado.

Conoces la vieja historia del gato que todos los días cazaba los ratones de la casa, hasta que finalmente los ratones se reunie­ron y decidieron que debían hacer algo. Un ratón joven, sin expe­riencia del mundo, dijo: "Es muy sencillo. Sólo hay que atar un cascabel al cuello del gato de forma que vaya donde vaya, podamos escondernos en nuestros agujeros. Así no podrá encontrar­nos". Una solución perfecta. Pero surgió un problema: ¿Quién le ataría el cascabel?

He contado esta historia varias veces. El joven ratón que dijo, "Atémosle el cascabel", agregó, "Yo lo haré. No os preocupéis". Los otros ratones dijeron sorprendidos: "Pero esta historia viene contándose desde siempre y siempre termina así. Por tanto, el que diga, "Yo lo haré" irá en contra de la tradición, contra la historia misma". Justo aquí es donde termina la historia, aquí es donde va el punto final.

A lo que el ratoncito contestó: "Ya no es así porque voy todos los días a una farmacia. Está justo al lado de la casa. Todo lo que necesitamos son algunas pastillas para dormir que yo puedo traer y poner en la leche del gato. Vosotros dadme el cascabel y yo me las arreglaré". ¡Y se las arregló! Sólo un par de pastillas para dormir y la historia cambió. Después de beberse la leche, el gato se quedó dormido, roncando y el joven ratón hizo su trabajo a la perfección.

Pero ésta es mi contribución a la historia. No está en ninguna parte y quiero hacer lo mismo con respecto a la Humanidad. Po­demos atar el cascabel alrededor del cuello del gato. No tenemos nada que perder.

Y quiero que os deis cuenta de todo. Antes de dejaros quiero que seáis conscientes para que no caigáis en las mismas trampas en las que toda la civilización, toda la sociedad, ha caído.

 

 

Capítulo 7

Sobre el Poder

 

Osho:

Por favor háblanos sobre el abuso del poder.

 

Hay una famosa frase de un filósofo inglés: "El poder corrom­pe; el poder absoluto corrompe absolutamente",

Yo no estoy de acuerdo con él. Mi análisis es totalmente dis­tinto. Todo el mundo está lleno de violencia, codicia, ira, pasión, pero al no tener poder es fácil hacerse pasar por santo. Para ser violento es necesario ser poderoso. Para satisfacer tus pasiones, tienes que ser poderoso.

Así, cuando el poder cae en tus manos, todos los perros que en ti dormían comienzan a ladrar. A la menor oportunidad, el poder se convierte en tu alimento. No es el poder el que corrompe, tú estás corrompido. El poder sólo expone tu corrupción. Quie­res matar a alguien, pero no tienes poder para hacerlo; si tuvieras poder, matarías.

No es el poder el que te corrompe, tú llevas la corrupción dentro de ti. El poder simplemente te da la oportunidad de hacer todo lo que querrías hacer.

El poder en manos de un hombre como Buda, no corrompe nada; por el contrario, ayuda a la Humanidad a elevar su cons­ciencia. El poder en manos de Genghis Khan, mata, viola muje­res, quema viva a la gente. Aldeas enteras son quemadas; no se permite a la gente escapar. No es el poder... este hombre, Genghis Khan, tiene que haber albergado todos estos deseos.

Casi es como cuando llega la lluvia y empiezan a crecer diferentes plantas; pero diferentes plantas tienen diferentes flores. Sea lo que fuere lo que está oculto en tus semillas, sea cual fuere tu potencial, el poder te brinda la oportunidad. La mayor parte de los seres humanos viven tan inconscientemente que cuando llegan al poder tienen la oportunidad de satisfacer todos sus instin­tos inconscientes. Entonces, ya no les importa si matan o envene­nan a la gente...

Me preguntas sobre el abuso del poder. Se abusa del poder cuando se tienen sucios deseos, herencia de los animales.

En un mundo mejor, lo primero debería ser... Desperdiciamos casi un tercio de la vida educando a nuestros niños. En ese lapso de tiempo habría que dedicar algunos momentos a limpiar su inconsciente de forma que cuando se graduaran en la universidad y alcanzaran algún tipo de poder -uno será comisario de policía, otro gobernador y otro primer ministro- al no tener veneno en su inconsciente, al no ser ya destructivos, no podrían abusar del poder. Y entonces, ¿quién más podría hacerlo?

El poder es neutral. Durante un año, mis sannyasins en Italia han estado tratando de conseguirme una visa de turista sólo por tres semanas; y hace un año que esperan. Las autoridades aún no han sido capaces de tomar una decisión. Finalmente, hace algunos días llegó una carta: en un año la vieja solicitud ha perdido validez y se necesita una nueva solicitud.

Se llenó otra solicitud -que yo firmé- y justamente ayer el embajador italiano me informó que me habían otorgado un visado de turista para diez días, pero bajo ciertas condiciones. Las condiciones son: "Informar en qué fecha, a qué hora y desde qué aeropuerto va a salir de la India. En qué fecha, a qué hora y en qué aeropuerto va a aterrizar en Italia. Y lo mismo para el regreso. Ya en Italia, en cualquier ciudad en que se encuentre, debe primero presentarse a la Comisaría de Policía e informar de cuánto tiempo va a permanecer en dicha ciudad. Además, antes de dejar la ciudad, debe presentarse de nuevo a la policía para notificarles su marcha. En la ciudad siguiente debe hacer lo mismo".

Le he dicho a Anando que escriba una carta al primer ministro italiano diciendo: "Hace sólo algunos meses usted estuvo de vi­sita en la India. ¿Qué condiciones le pusieron? Y ¿en cuántas comisarías de policía tuvo que presentarse? Además, ¿piensa usted que soy un asesino, o un terrorista, o acaso llevo bombas y dinamita? Háganos saber cuándo piensa volver a la India para que podamos prepararle una recepción realmente estupenda. Me niego a poner un pie en su tierra a menos que usted se disculpe por exigirme estas condiciones. Y aun así, no me ha concedido el visado para tres semanas, sino sólo para diez días. Por lo general se otorgan visados de tres meses y nadie ha oído jamás que se exigiera el cumplimiento de condiciones como esas".

Le dije a Anando que también le escribiera lo siguiente: "Pa­rece ser que Benito Mussolini aún no ha muerto. Su país no es un país democrático; es todavía fascista. Estas condiciones indican sin duda alguna, una mente fascista".

"Así que iré a Italia sólo si usted se disculpa públicamente, o iré a Italia cuando usted ya no esté en el poder. Y mi gente allí, tratará de asegurarse por todos los medios posibles de que usted no esté en el poder. Espere tan sólo a que haya nuevas elecciones, porque en Italia tengo miles de sannyasins y esto es un insulto para mis miles de sannyasins italianos".

El Papa viene a la India; el presidente y el primer ministro van a recibirle al aeropuerto y no se le pide que en cada ciudad que visite se presente en las correspondientes comisarías de policía. Él mismo ha estado aquí. Pero la próxima vez, si viene como primer ministro, sólo tiene que informamos de a qué hora y en qué aeropuerto aterrizará para que de este modo podamos res­ponder a sus condiciones.

A esta gente no la ha corrompido el poder. Es de por sí corrupta; el poder simplemente actualiza su corrupción.

El poder en sí, es neutral. En manos de un hombre bueno, es una bendición. En manos de un hombre inconsciente, es una maldición. Pero durante miles de años hemos condenado el poder, sin pensar que el poder no debe ser condenado. Es la gente la que tiene que depurarse totalmente de cualquier instinto que tenga oculto, porque todo el mundo, en algún momento, tendrá algún tipo de poder.

No es necesario que sea un gran poder. Simplemente puedes estar sentado en una estación de trenes, vendiendo boletos, pero eso también te da poder. Estás de pie frente a la ventanilla y el hombre ni siquiera te mira; continúa revolviendo su carpeta y puedes ver que no hace nada importante; sencillamente está tra­tando de demostrarte cuál es tu lugar. Incluso el peón sentado fuera de la oficina del recaudador, se comporta como si fuese el presidente del país. Así que no se trata de qué lugar ocupes; estés donde estés, tendrás algún tipo de poder.

Aurangzeb, uno de los emperadores musulmanes de India, era tan impaciente que no pudo esperar a que su padre muriese o envejeciese para sucederle. Encarceló a su propio padre y se con­virtió en emperador.

Su padre se había mantenido ocupado toda la vida. Ahora, sentado en su celda, envió un mensaje a su hijo: "Por lo menos, búscame treinta muchachos para que pueda enseñarles el sagrado Corán”.

Y el comentario que Aurangzeb hizo a sus cortesanos es muy significativo. Les dijo: "Ese viejo no quiere soltar el poder. Aho­ra ya no es el emperador. Pero con esos treinta estudiantes... en­señándoles el sagrado Corán, recuperará su poder".

Los psicólogos dicen, que las personas que tienen miedo de competir en la vida y hacerse poderosos eligen un camino más simple: se convierten en maestros de escuela. Niños pequeños... puedes acosarles, golpearles, a pesar de que es ilegal; pero suce­de en todo el país.

Justamente el otro día estuve leyendo un informe describien­do casos similares... pero el gobierno sigue ocultándolos. Es la primera vez que se ha reconocido, porque esta vez el resultado fue demasiado grave: unos maestros golpearon a unos niños con tanta dureza que les dejaron sordos de por vida.

Un niño, encadenado por su propio padre, ha permanecido casi diez años atado a un pilar de su casa. Se ha convertido casi en un animal. No puede ponerse de pie, sólo puede moverse a cuatro patas y debido a que fue forzado a vivir en la oscuridad, ha perdido la vista.

Incluso los padres usan su poder. Los profesores usan su po­der, los maridos usan su poder, las esposas usan su poder. No importa cuál sea tu posición.

Si la Humanidad llega a comprender la profundidad de las raíces psicológicas y cambia el inconsciente del hombre en forma tal que no haya semillas, podrá seguir lloviendo poder, pero no habrá ya flores de corrupción. De otro modo, el poder siempre será mal utilizado, se abusará de él. Y no se puede eliminar el poder de manos de la gente; alguien debe ser madre, alguien debe ser padre, alguien debe ser profesor.

El único modo es limpiar el inconsciente de la gente con la meditación, llenar su ser interior de luz. Sólo la meditación te da un corazón limpio, que no puede ser corrompido. Entonces no se abusará más del poder, sino que este poder podrá ser una bendi­ción, será creativo.

De este modo harás algo que haga la vida más amable, más digna de ser vivida, harás más hermosa la Existencia.

Pero ese gran día aún no ha llegado. Y si haces un esfuerzo para que ese día llegue, toda la gente adicta al poder estará en tu contra. Se me ha preguntado una y otra vez: "¿Por qué todo el mundo está en tu contra?".

Ellos son gente adicta al poder y yo estoy tratando de conver­tir al hombre en un estanque de serenidad, de paz y silencio, de amor y éxtasis.

 

 

Capítulo 8

El Político

 

Osho:

¿Es posible para un político ser un hombre religioso, o para un hombre religioso ser un político?

 

Es absolutamente imposible para un político ser un hombre religioso, porque los caminos de la política y de la religión son diametralmente opuestos.

Tienes que entender que no es cuestión de agregar algo a tu personalidad, la religión no es una adición. Si eres político, puedes ser además pintor, ser poeta, ser músico; estas son adiciones.

La política y la música no son diametralmente opuestas; al contrario, la música puede ayudarte a ser mejor político. Será relajante, te ayudará a descargarte del peso de todo el día y de las ansiedades que un político tiene que sufrir. Pero la religión no es una adición; es una dimensión diametralmente opuesta. Así que, primero tienes que entender al político, entender exactamente lo que significa.

El político es un hombre enfermo, psicológicamente enfermo, espiritualmente enfermo.

Físicamente puede estar perfectamente bien. En general lo está, pues todo el peso recae en su psique. Es fácil de ver. En cuanto el político pierde el poder, empieza a perder la salud física. ¡Qué extraño! Cuando estaba en el poder, cargado de ansiedades y ten­siones, estaba físicamente perfecto.

En cuanto pierde el poder, desaparecen también las ansieda­des; las tendrá otro. Su psique queda aliviada, pero al descargarse, todas las enfermedades recaen sobre su cuerpo.

El político -fisiológicamente hablando- sufre sólo cuando pierde el poder; por lo demás, los políticos tienden a vivir mucho y a estar físicamente bien. Es extraño, pero la razón es que toda su enfermedad es absorbida por su psique y cuando la psique absorbe todas las enfermedades entonces el cuerpo vive sin nin­guna carga. Pero si la psique se libera de todas las enfermedades, ¿dónde irán a parar? Por debajo de tu existencia psíquica está tu existencia física; toda enfermedad se manifiesta en el cuerpo. Los políticos sin poder, mueren al cabo de poco tiempo; los políticos en el ejercicio del poder viven más tiempo. Este hecho es conoci­do, pero su causa, no.

Entonces, lo primero que debes comprender es que el político es un hombre psicológicamente enfermo y que la enfermedad psi­cológica tiende a convertirse en enfermedad espiritual cuando ésta se intensifica, cuando la psique no puede ya contenerla. Y entonces, ¡cuidado! Si el político está en el poder, su enfermedad psíquica está destinada a extenderse a su ser espiritual porque él está conteniendo su enfermedad a fin de que no se extienda hacia abajo. Es su poder -al que él considera su tesoro- y no permiti­rá que se desplome.

Yo le llamo enfermedad; para él es su "fantasía de poder". Vive para esto, no tiene otro propósito. Cuando está en el poder contiene con firmeza su enfermedad, pero al desconocerlo todo respecto al ámbito de lo espiritual, tiene sus puertas abiertas. No puede cerrarlas porque no tiene ni idea de que exista algo más allá de su mente. Cuando está en el poder, llega un momento en que su enfermedad psicológica, si se intensifica, desborda su psi­que y alcanza su espiritualidad. Cuando no está en el poder, no tiende a aferrarse a esa estupidez. Ahora ya sabe lo que es, ahora es consciente de que no valía la pena aferrarse a él. Y de todas maneras, ¿para qué aferrarse? El poder se ha perdido, ahora él es un don nadie.

De pura desesperación, se relaja. Tal vez debería decir que la relajación le llega automáticamente. Ahora puede dormir, puede salir a caminar por las mañanas; puede chismorrear, jugar al aje­drez, puede hacer lo que quiera.

Psíquicamente se va aflojando; las puertas que ha mantenido cerradas entre su psique y su cuerpo empiezan a abrirse y ahora su cuerpo va a sufrir. Puede que tenga un ataque cardíaco, puede enfermar de cualquier cosa; todo es posible. Su enfermedad psíqui­ca fluirá hacia la parte más débil de su cuerpo. Pero mientras está en el poder, fluye hacia arriba, hacia su ser, del cual no tiene consciencia.

¿Y cuál es la enfermedad?

La enfermedad es el complejo de inferioridad.

Toda persona que se interesa por el poder sufre de un comple­jo de inferioridad. En lo más íntimo de su ser, se siente sin valor, inferior a los demás.

Y ciertamente; de alguna forma, todo el mundo es inferior. No eres un Yehudi Menuhin, pero no necesitas sentirte inferior por ello. Nunca trataste de serlo y además no es asunto tuyo. Yehudi Menuhin tampoco es como tú; entonces ¿cuál es el problema? ¿Dónde está el conflicto?

Pero la mente política sufre una herida debido a su inferiori­dad y el político continúa hurgando en su herida. Intelectualmente -no es un Alberto Einstein- siempre se compara con gigantes ­y psicológicamente no es un Sigmund Freud... Si te comparas con los gigantes de la Humanidad siempre te sentirás completa­mente humillado, sin valor.

Este sentimiento de carencia de valor puede re­solverse de dos formas: una es a través de la religión y la otra es por medio de la política.

La política no lo elimina, solamente lo cubre. Es el mismo hombre enfermo el que se siente inferior, es el mismo hombre el que ocupa el cargo de presidente. Pero el solo hecho de sentarte en una silla presidencial, ¿qué diferencia puede producir en tu situación interior? El ego es muy sutil y escurridizo y el político está enfermo debido a su ego. Puede encubrir la herida convir­tiéndose en presidente, primer ministro... Puede tapar su herida, pero la herida está ahí. Puedes engañar a todo el mundo, pero ¿cómo puedes engañarte a ti mismo? Tú sabes que está ahí, eres tú quien la ha escondido.

Y ésta es la situación de los políticos: sólo pus, heridas, inferioridad, sentimientos de inutilidad.

Sí, él ha ido subiendo cada vez más y más y en cada peldaño subsistía la esperanza de que en el próximo, la herida desapare­cería.

Es la inferioridad lo que crea la ambición, porque tu ambición es simplemente un esfuerzo por demostrar tu superioridad. La ambición no es más que el intento de demostrar tu superioridad. Pero, ¿para qué esforzarte en demostrar tu superioridad a menos que estés sufriendo un complejo de inferioridad?

En mi familia todos eran políticos, excepto mi padre. Todos me decían: "¿Por qué no te inscribes en el partido? ¿Por qué no votas? ¿Por qué desperdicias así tu energía? Si te dedicaras a la política, podrías llegar a ser presidente o primer ministro".

Yo les contestaba: "Os habéis olvidado completamente de con quién estáis hablando. No me siento inferior. Entonces, ¿por qué tendría que desperdiciar mi vida siendo presidente? Es como si vosotros quisierais operarme de cáncer sin tener yo cáncer; es extraño. ¿Por qué operarme innecesariamente? Vosotros sufrís de algún complejo de inferioridad y estáis pro­yectando vuestro complejo sobre mí. Estoy perfectamente bien como soy. Estoy absolutamente agradecido a la Existencia, me encuentre donde me encuentre, ¡pase lo que pase! Nunca he pedi­do otra cosa, así que no hay forma de desilusionarme".

Ellos decían: "Hablas de cosas extrañas. ¿Qué es este "com­plejo de inferioridad?” Y ¿qué tiene que ver este complejo con la política?".

"No entendéis de psicología elemental ni tampoco vuestros grandes políticos saben nada de ella", les decía yo. "Todos estos grandes políticos del mundo son gente enferma y optan por con­tinuar tapando sus heridas. Sí, pueden engañar a otros. Cuando Jimmy Carter sonríe, te engaña, pero ¿cómo puede Jimmy Carter engañarse a sí mismo? Él sabe que sólo es un movimiento de los labios. No hay nada dentro, no hay sonrisa.

La gente llega al más alto peldaño de la escala y allí se da cuenta de que ha desperdiciado toda su vida. Ha llegado, pero ¿a dónde? Ha llegado al lugar por el que estaba luchando y no ha sido una batalla fácil, luchó con uñas y dientes, destrozando por el camino a otros, usándoles como medio y pisándoles la cabeza.

Has llegado al final de la escalera, y ¿qué has ganado? Sim­plemente has desperdiciado toda tu vida. Pero incluso para acep­tar esto se necesita un gran valor. Es mejor continuar sonriendo y manteniendo la ilusión; así por lo menos otros pensarán que eres un gran hombre.

Tú sabes muy bien quién eres. Eres exactamente el mismo de antes, quizás peor, porque toda esta lucha, toda esta violencia, te ha hecho peor.

Has perdido toda tu humanidad. Ya no eres un ser.

Te has alejado tanto... Gurdjieff solía decir que no todas las personas tienen un alma, por la sencilla razón, de que... no es literalmente verdad, pero él solía decir: "No todas las personas tienen alma, sólo algunas personas que descubren su ser la tie­nen. Los demás están simplemente viviendo una ilusión porque las escrituras dicen y todas las religiones predican que se nace con un alma".

  Gurdjieff fue muy drástico. Dijo: ''Todo esto es una estupi­dez; tú no has nacido con alma, tienes que merecerla, ganarla".

  Y yo entiendo lo que él quería decir; aunque yo no diría que naciste sin alma.

  Naciste con un alma, pero esta alma es sólo potencial, y lo que Gurdjieff dijo es exactamente lo mismo.

Tienes que actualizar ese potencial. Tienes que ganar el alma.

Tienes que merecerla.

El político se da cuenta de esto cuando toda su vida se ha ido por el desagüe. Ahora, o bien lo confiesa... lo cual le resulta ab­solutamente estúpido porque estaría confesando que toda su vida ha sido la vida de un idiota.

Las heridas no se curan cubriéndolas.

La religión cura.

Las palabras meditación y medicina tienen la misma raíz. La medicina es para el cuerpo; la meditación es para el alma.

Es medicinal, es una cura.

Tú me preguntas, "¿Puede un político ser religioso?" Permaneciendo en la política es imposible. Si la deja, ya no es un polí­tico y puede entonces convertirse en un hombre religioso.

No estoy haciendo divisiones, no estoy impidiendo a los po­líticos ser religiosos. Lo que estoy diciendo es que mientras sean políticos no pueden ser religiosos, porque son dimensio­nes distintas.

O curas tu herida, o la ocultas; no es posible hacer ambas cosas. Y para curarla tienes que destaparla, no cubrirla. Descú­brela, conócela, entra profundamente en ella, súfrela.

Lo que necesitas es explorar todo tu ser sin prejuicios, sin condenas, porque encontrarás muchas cosas que te han dicho que son malas, pecaminosas. Así que no te acobardes, déjalas ahí. Sencillamente, no es necesario condenarlas.

Has empezado a explorar. Sólo fíjate en lo que hay ahí. Fíjate y sigue adelante. No lo condenes, no le pongas una etiqueta. No prejuzgues, ni a favor, ni en contra, porque eso es lo que te impi­de explorar. Tu mundo interno se cierra inmediatamente, te pones tenso: "En mí hay algo que va mal". Vas hacia dentro y ves algo; te da miedo porque es algo malo: codicia, lujuria, rabia, celos... ¡Dios mío! ¡Todas esas cosas en mí! Es mejor no entrar.

Por eso millones de personas no entran en su interior. Simple­mente se sientan en el umbral, fuera de su casa. Viven toda su vida en el portal. ¡Eso es vivir en el porche! Nunca abren la puer­ta de su casa... y la casa tiene muchas habitaciones, es un pala­cio. Si entras, te encontrarás con muchas cosas que los demás te han dicho que están mal. Tú no lo sabes, sencillamente di: "Soy un ignorante. No sé quién es el que está aquí dentro. Sólo he venido a explorar, a hacer un reconocimiento". Y uno que ins­pecciona no necesita tomarse la molestia de juzgar si algo está bien o mal, simplemente sigue mirando, vigilando, observando.

Y te sorprenderá la más extraña experiencia. Detrás de lo que hasta ahora habías llamado amor, se encuentra escondido el odio. Sólo toma nota...

Lo que hasta ahora has venido llamando humildad, tiene al ego escondido detrás. Toma nota...

Si alguien me pregunta: "¿Eres un hombre humilde?", no puedo decir: "Lo soy", porque sé que la humildad es sólo el ego cabeza abajo. No soy un egoísta, ¿cómo puedo entonces ser humilde?

¿Me comprendes? Es imposible ser humilde sin tener un ego. Y una vez que comprendes -como te decía que ambos van juntos-, lo extraordinario sucede.

En el momento en que ves que tu amor y tu odio, tu humildad y tu ego, son uno, se evaporan.

No debes hacer absolutamente nada. Has descubierto su se­creto. Ese secreto les ayudaba a permanecer dentro de ti. Conoces su secreto; ahora ya no hay para ellos un lugar donde escon­derse. Entra en ti, una y otra vez, y cada vez encontrarás ahí menos cosas. La multitud que hay en ti se estará marchando, las masas empiezan a dispersarse y no está lejano el día en que te dejarán solo y ya no habrá nadie; el vacío está en tus manos. Y de repen­te, estás curado.

No hagas ninguna comparación, porque tú eres tú, y el otro es el otro. ¿Por qué debería compararme con Yehudi Menuhin o con Pablo Picasso? No veo la necesidad... ellos hacen sus cosas, yo hago las mías; ellos gozan haciendo lo suyo... quizás sea porque con respecto a otro, no puedo asegurar nada. Pero estoy seguro de mí mismo, estoy seguro de que disfruto de cualquier cosa que hago o dejo de hacer.

Sólo puedo estar seguro respecto a mí.

Y si sigues explorando tu mundo interior sin condenas, sin apegos, sin pensar en absoluto, sólo observando los hechos, todo empieza a desvanecerse. Y llega un día en que te quedas solo; la multitud se ha ido. Y en ese momento, por primera vez, sientes, comprendes, lo que supone curarte psíquicamente.

  Y desde la sanación psíquica se abre la puerta para la curación espiritual.

  No necesitas abrirla tú; se abre por sí misma. Con sólo llegar al centro psíquico, la puerta se abre. Ha estado esperándote, tal vez durante muchas vidas. Cuando llegas, la puerta inmediata­mente se abre y desde esa puerta no sólo te ves a ti mismo, sino que contemplas toda la Existencia, todas las estrellas, el cosmos entero.

Por lo tanto puedo afirmar rotundamente que ningún político puede llegar a ser religioso a menos que deje la política. Entonces deja de ser un político y lo que estoy diciendo ya no se refiere a él.

 

 

También has preguntado,

"¿Puede un hombre religioso con­vertirse en un político?".

 

Esto es aún más imposible que lo ante­rior, porque para él no hay motivo alguno para llegar a serlo. Si la inferioridad es la causa que te lleva a la ambición, ¿cómo puede entonces un hombre religioso convertirse en un político? No hay nada que le mueva a ello. Pero ha sucedido de vez en cuando en el pasado y puede volver a suceder en el futuro, así que deja que te cuente...

En el pasado fue posible porque el mundo estaba dominado por la monarquía. De vez en cuando, el hijo del rey podía resultar un poeta. Es muy difícil que un poeta llegue a ser el presidente de América, ¿quién le escucharía? La gente pensaría que está loco y les parecería un hippie. ¿No puede arreglarse a sí mismo y está tratando de arreglar al mundo?

Pero en el pasado esto fue posible debido a la monarquía. El último emperador de la India, del cual los británicos tomaron el poder, fue un poeta -por esto los británicos lograron ocupar la India- Bahadurshah Zafar, uno de los mejores poetas urdus. Ahora no es posible que un poeta llegue a ser emperador; fue sólo un accidente que naciera como hijo de un emperador.

De la misma forma, en los antiguos días de la monarquía del hemisferio occidental fue posible que apareciese un hombre como el emperador romano Marco Aurelio. Era un hombre religioso, pero esto fue sólo accidental. Marco Aurelio no podría ser hoy día presidente o un primer ministro, porque no iría por ahí pi­diendo votos, no mendigaría, ¿para qué?

En la India ha sucedido unas cuantas veces. Ashoka, uno de los grandes emperadores de la India fue un gran científico.

De modo que en el pasado fue posible gracias a la monarquía. Pero con la monarquía, también algunos idiotas llegaron a reyes, algunos locos llegaron a reyes; todo es posible. No estoy a favor de la monarquía; simplemente digo que con la monarquía fue posible que un hombre religioso, accidentalmente, se convirtiera en emperador.

La democracia no va a durar mucho tiempo porque el político es un ignorante comparado con un científico; está ya en manos del científico.

El futuro pertenece a los científicos, no a los políticos. Esto significa que vamos a tener que cambiar la palabra "de­mocracia". Yo tengo una palabra mejor: "meritócracia".

El mérito será el factor decisivo. Gobernar no dependerá de los votos que consigas lanzando toda clase de promesas y espe­ranzas, sino de tu mérito; tu verdadero valor en el mundo cientí­fico, decidirá. Y cuando el gobierno llegue a manos de los científicos, todo será posible porque yo he llamado a la ciencia, la "religión objetiva"; y a la religión, la "ciencia subjetiva".

Una vez en manos de la ciencia, el mapa del mundo será dife­rente porque entonces ¿por qué razón tendrían que pelear un cien­tífico soviético y un científico americano? Ambos trabajarán en los mismos proyectos; será mucho más rápido si lo hacen juntos. Es pura estupidez que en todo el mundo, en cada nación, se estén repitiendo los mismos experimentos. ¡Es increíble! Toda esa gente unida podría hacer milagros; dividida, lo encarece todo.

Por ejemplo, si Albert Einstein no hubiese escapado de Ale­mania, ¿quién hubiera ganado la Segunda Guerra Mundial? ¿Pien­sas que la hubiesen ganado América, Gran Bretaña y Rusia? No. La huida de un solo hombre -Albert Einstein- al escapar de Ale­mania, forjó la historia. Nombres sin importancia como Roosevelt, Churchill, Stalin, Hitler, no significan nada. Este hombre lo hizo todo, porque creó la bomba atómica. Escribió una carta a Roosevelt diciendo: "Tengo preparada la bomba atómica. A me­nos que la utilice no habrá forma de ganar la guerra".

Se arrepintió de esto toda su vida, pero esa es otra historia... Pudo haber dirigido esa carta a otro en vez de a Roosevelt, a Adolfo Hitler, y toda la historia hubiese sido diferente, totalmente diferente.

El futuro está en manos de los científicos. No está muy lejos. Ahora existen armas nucleares y los políticos no pueden estar controlándolo todo, no saben nada de ellas, ni siquiera el ABC.

Tarde o temprano el mundo estará en manos de gente con los méritos suficientes. Primero pasará a manos de los científicos. Lo puedes considerar casi como una predicción: el mundo pasará a depender de los científicos. Y desde ahí, se abrirá una nueva dimensión. Tarde o temprano el científico invitará al sabio, al santo, a que le ayude porque él solo no podrá arreglárselas.

El científico no es capaz de dirigirse a sí mismo. Puede mane­jarlo todo, menos a sí mismo. Alberto Einstein puede conocer todo lo referente a las estrellas del universo, pero no sabe nada acerca de su propio centro.

Éste será el futuro: de los políticos a los científicos, de los cientí­ficos al hombre religioso. Pero esa será una clase de mundo total­mente diferente. El hombre religioso no pedirá nada. Tú tendrás que pedírselo a él. Tú tendrás que solicitarlo. Y si ellos sienten que eres sincero y que existe una necesidad, es posible que ac­túen en el mundo. Pero recuerda que no será en absoluto política.

Así que deja que lo repita: el político puede llegar a ser reli­gioso si abandona la política; si no, es imposible que lo sea.

El hombre religioso puede llegar a formar parte del mundo político solamente si la política cambia toda su estructura. De otro modo es imposible para un religioso involucrarse en políti­ca. No puede ser un político.

Pero según están evolucionando las cosas, es absolutamente seguro que el mundo tendrá que ser dirigido por científicos y que después de éstos tendrá que pasar a manos de los místicos. Sólo en manos de los místicos estarás a salvo. El mundo puede ser realmente un paraíso.

En realidad no hay otro paraíso, a menos que hagamos uno aquí.

 

 

Capítulo 9

El Sacerdote

 

 

­Un antiguo cuento.

Un diablillo va corriendo a ver a su jefe. Temblando le dice al viejo demonio, "Hay que hacer algo inmediatamente, porque en la Tierra un hombre ha encontrado la Verdad. Y si la gente cono­ce la Verdad, ¿qué pasará con nuestra profesión?".

  El viejo diablo "se rió y dijo, "Siéntate y descansa, no te preocupes. Todo se arreglará, ya tenemos gente allí".

Pero él dijo: "Vengo de allí y no he visto ni a uno solo de los nuestros”.

El viejo le contestó: "Los curas son mi gente. Ya han rodeado al hombre que encontró la Verdad. Ahora serán los mediadores entre el hombre de la Verdad y las masas. Harán templos, escribi­rán escrituras, interpretarán, y lo distorsionarán todo. Pedirán a la gente que adoren y recen. Y en todo este lío, la verdad se perderá. Éste es mi viejo método; siempre ha dado resultado".

 

Los sacerdotes no son amigos de la religión que representan; son sus grandes enemigos, porque la religión no necesita mediadores. Entre tú y la Existencia la relación es inmediata. Todo lo que tienes que aprender es cómo entender el lenguaje de la Exis­tencia.

La Existencia sólo conoce un lenguaje: el del silencio.

Si tú puedes estar también en silencio, podrás entender la verdad, el significado de la vida, el significado de todo lo que existe. Y no hay nadie que pueda interpretarlo por ti. Cada uno tiene que encontrarlo por sí mismo. Nadie puede hacerlo por ti; pero eso es lo que los curas han estado haciendo durante siglos. Ellos se han inter­puesto entre tú y la Existencia como una Muralla China.

Si la gente comienza a acercarse a la realidad sin que nadie la guíe, sin que nadie le diga lo que es bueno y lo que es malo, sin que nadie le dé un mapa que tenga que seguir, millones de perso­nas serían capaces de comprender la Existencia, porque el latido de nuestro corazón es también el latido del universo. Nuestra ­vida es una parte de la totalidad de la vida.

No somos foráneos, no venimos de alguna otra parte; estamos creciendo con la Existencia. Somos una parte esencial de Ella; sólo tenemos que estar lo bastante silenciosos como para poder escuchar aquello que no puede ser expresado en palabras: la música de la Existencia. Una vez que comienza a penetrar en nues­tro corazón, llega la transformación y ese es el único camino para que alguien se torne religioso; no por ir a la iglesia, ni por leer las escrituras, que son hechas por el hombre. Pero los sacerdotes han hecho creer -falsamente- que sus sagradas escrituras fue­ron escritas por Dios. La sola idea es simplemente estúpida. Mira esas escrituras, no encontrarás ninguna firma de Dios en ellas.

Cada escritura lleva intrínsecamente la evidencia de haber sido es­crita por el hombre; y por un hombre muy estúpido, muy primitivo.

Las escrituras son hechas por el hombre, las estatuas de Dios son hechas por el hombre, los templos y las iglesias también; pero miles de años de condicionamientos les han conferido una cierta inviolabilidad. Y no hay nada sagrado ni santo en ellas. Los sacerdotes, más que nadie, han estado engañando al hombre. Ésta es la peor profesión del mundo, incluso peor que la prostitu­ción. Por lo menos las prostitutas te dan algo a cambio; los sacer­dotes simplemente te dan bla, bla, bla. No tienen nada para darte. Y esto no es todo. Siempre que alguien  ha alcanzado la verdad, los sacerdotes están en su contra. Obviamente tienen que estarlo, porque si la verdad es reconocida por la gente, millones de curas en el mundo se quedarían sin empleo. Y su empleo es absoluta­mente improductivo. Son parásitos, chupan la sangre a los hom­bres. Desde el momento en que el niño nace hasta que muere, el sacerdote está buscando maneras de explotarlo.

A menos que la religión se libere de las manos de los sacerdo­tes, el mundo permanecerá sólo en una pseudo-religión; nunca llegará a ser religioso.

  Y un mundo religioso no puede ser tan desgraciado; el mundo religioso debería ser una celebración constante.

El hombre religioso no es más que éxtasis puro. Su corazón está lleno de canciones. Su ser está listo para bailar en cualquier momento.

Pero el sacerdote ha abolido la búsqueda de la verdad. Ha dicho: "No hay necesidad de buscar más; ya se ha encontrado. Sólo tienes que tener fe".

Los sacerdotes han hecho infeliz a la gente, porque condenan todos los placeres del mundo. Condenan los placeres del mundo, para alabar los placeres del otro mundo.

El otro mundo es su fantasía y quieren que la Humanidad sa­crifique su realidad por una idea ficticia. Y la gente se ha sacrifi­cado. Los curas son enemigos de todos aquellos que aman la ver­dad, de aquellos que buscan la verdad y de aquellos que ya la han encontrado.

Mientras más cerca estás de la verdad, más se convierten los sacerdotes en tus enemigos. Estás perturbando a sus clientes, es­tás interfiriendo en su negocio. Ellos son muy eficientes argu­mentando; han pulido sus argumentos. No tienen otra cosa que hacer; solamente argumentan.

Pueden perturbarte, pueden confundirte. Tú no conoces la verdad; tampoco ellos la conocen, pero sí saben de teorías, de sofismas. Pueden convencerte de lo que quieran. Todos los sa­cerdotes pertenecen a la categoría de los sofistas.

La retórica es prostitución y los argumentos no prueban nada. Con una argumentación un poco mejor se les puede demoler.

Si tú no tienes experiencia, es peligroso que entres en argu­mentaciones, en discusiones, en retóricas, porque tu mente sin experiencia puede ser convencida con argumentos de algo que no es verdadero.

Primero vive la experiencia; entonces no tendrás necesidad de argumentos, porque ningún argumento podrá destruir tu experien­cia. Tu experiencia tiene la cualidad de ser por sí misma evidente.

Los sacerdotes pretenden ser muy humildes, pero son muy vengativos. Y puedes verlo en el mundo. Sólo han hecho una cosa: provocar guerras -las guerras religiosas, las llamadas cru­zadas. Han matado mucha más gente que nadie, en nombre de la religión, en nombre del amor, en nombre de la verdad.

Su humildad es hipocresía.

Su venganza es bien conocida.

Durante miles de años han estado destruyendo la unidad del ser humano. Toda la Humanidad es una, pero los sacerdotes no van a permitirlo, porque si toda la Humanidad se volviera una, si todos estos adjetivos se dejaran de lado -cristiano, judío, hindú, o musulmán- los sacerdotes estarían perdidos. Tienen una pro­fesión muy bien remunerada y no hacen nada, excepto crear pro­blemas y disturbios entre las diferentes religiones. ¡Ni los pue­des tocar! Incluso al ponerte en contacto con ellos te puedes con­taminar. Es la profesión más desagradable del mundo.

Todos los redentores han creado diferentes clases de esclavi­tud. De hecho, nadie puede redimir a nadie. Uno puede redimirse a sí mismo, pero no pretender que "Yo soy el redentor; cree en mí y yo te salvaré. Soy el salvador, el único y verdadero salvador". Eso ha creado prisiones.

Estas prisiones son espirituales y psicológicas, y es por eso que tú no las ves. Si no, ¿qué quieres decir cuando dices: "Soy cristiano" o "Soy hindú", o "Soy budista?”.

Significa que, "Yo creo que Gautama Buda va a ser mi reden­tor, o que estoy sencillamente esperando a que Jesucristo venga a redimirme".

Has abandonado todo esfuerzo por transformarte, y esa es la única forma que existe para lograr cualquier transformación. To­dos esos redentores han creado sólo prisiones para la gente.

Y los sacerdotes son los representantes de estos redentores sin vida.

Estos sacerdotes son también esclavos, pero al menos esa ser­vidumbre les produce riquezas. Los otros que son también escla­vos, están perdiendo el tiempo esperando. Esperar es siempre es­perar a Godot; nunca llega.

Todas las religiones destruyen la dignidad del hombre; le lla­man pecador. En vez de dignificarle haciéndolo más hermoso y más verdadero, haciendo de él un Dios en la Tierra, han convertido a toda la Humanidad en una masa de pecadores. Y así, todo lo que le queda por hacer es decir: "¡Sube de rodillas la escalera, pecador!".

A esto le llaman tener devoción, a esto le llaman oración. Esto no es más que suicidio. Es la destrucción de ti mismo, del amor por ti mismo, del respeto por ti mismo, de tu dignidad.

Tú eres la más alta evolución de la Existencia.

La Existencia ha soñado y esperado que tú alcances los más altos estados de consciencia.

La Existencia sueña en convertirte en superhombre, pero estos sacerdotes han encontrado super-pecadores.

¿Para qué se necesitan todas estas iglesias, templos, sinago­gas? ¿No es todo este mundo, este universo entero, un hermoso templo?­

El cielo lleno de estrellas por la noche, el día pleno de luz del sol, los pájaros cantando, las flores floreciendo, ¿qué mayor be­lleza puedes crear?

Este espacio es tu libertad.

Permaneciendo atado a falsas ideologías en una iglesia, no eres nada; sólo un prisionero.

Este universo es el templo de Dios. Y todo lo que tiene vida, no es más que divinidad.

Todo es sagrado, nada es profano.

La dualidad es creada por los sacerdotes. Y la dualidad entre lo profano y lo sagrado, ha creado la dualidad en ti, entre el cuer­po y el alma. Ha creado una Humanidad esquizofrénica; todos están divididos.

A menos que te vuelvas uno, en profunda armonía y sintonía, nunca escucharás la música celestial, la cual es la única prueba de que el mundo no es malo, de que el mundo está vivo. No sólo vivo, sino consciente; no sólo consciente, sino continuamente creativo.

Los cristianos dicen que este mundo fue creado en seis días y que en el séptimo -el domingo- Dios descansó. Y aún está des­cansando. Su lunes no ha llegado aún.

Este mundo, este vasto universo sin límites, es un continuo proceso de creatividad. Todavía está siendo creado. ¿Quién dijo que la creación se completó en seis días? Y ¿por qué tenía que acabarse en seis días? Nada parece estar acabado. Todo está cre­ciendo; la inteligencia del hombre está creciendo, su consciencia está creciendo.

En esos seis días, Dios no creó a Zarathustra, Dios no creó a Gautama Buda, no creó a Jesucristo. Estos son pasos pertene­cientes a una evolución superior. Tú eres sólo un puente; no eres un ser, sino una posibilidad. Es obvio, absolutamente evidente, que el hombre es una posibilidad.

Todo lo que ha llegado a ser perfecto, muere, porque no hay posibilidad de crecimiento. Se ha extinguido a sí mismo, se ha consumido completamente.

La vida tiene que seguir siendo una posibilidad, no una reali­dad. Tiene que seguir progresando, alcanzando cielo tras cielo, cumbre tras cumbre.

Si Dios fue el creador del mundo ¿por qué la gente está mu­riendo de desnutrición? ¿Se ha olvidado Dios del universo que creó? Si Dios creó el universo, entonces, él es el responsable de todos los pecadores, de todos los criminales, porque él creó la semilla del crimen y la semilla del pecado. De otra manera, ¿de dónde vendrían? Él es el único Creador.

Si el hombre asesina, ¿quién creó el deseo de matar? Si el hombre viola, ¿quién creó el deseo de violar? ¿Quién es entonces el responsable de las armas atómicas? ¿Quién es el responsable de Adolfo Hitler y de la Segunda Guerra Mundial? Él fue respon­sable de cincuenta millones de muertes en la Segunda Guerra Mundial ¿Y quién será el responsable, si la Tercera Guerra Mun­dial sucede y toda la vida es destruida en este hermoso planeta?

Dios tiene que asumir su responsabilidad. Si Él es el creador, tiene que ser también el destructor. La implicación es clara.

Y esos idiotas todavía están adorando a Dios; son realmente héroes. Hay mucho de heroico en su adoración; adoran a un Dios que priva a sus criaturas, a Adán y a Eva, de volverse sabios, de permanecer vivos eternamente. Aun así, los sacerdotes continúan adorándolo y la gente camina ciegamente tras el sacerdote.

Muchos más hombres han sido asesinados en el nombre de Dios, que en ningún otro nombre. Extraño Dios, extraño creador.

Y extraños representantes cuyo único trabajo consiste en matar al hombre, en destruir al hombre.

¡Qué extraños son esos mal llamados ministros religiosos cuya enseñanza es la renuncia al mundo! ¡Y Dios creó el mundo! ¿Pue­des ver la contradicción? Si Dios creó el mundo, entonces el re­nunciar al mundo significa renunciar a Dios.

George Gurdjieff solía decir que todas las religiones están en contra de Dios. Decía que estaban en contra de Dios porque to­das enseñan a renunciar al mundo. Pobre Dios. Creó el mundo en seis días y se cansó tanto que su lunes no le ha llegado aún. No se le ha visto por aquí otra vez. Quizás se desgastó de tal forma, que se agotó; se durmió un domingo y nunca más despertó. Y esa gente sigue predicando que renuncies al mundo. Renunciar al mundo es renunciar a Dios, porque ésta es su creación.

No parecen haber sido redimidos.

No hay más que mirar a los discípulos de las mal llamadas religiones. ¡Ve y observa a los monjes jainos! Sus ojos no de­muestran inteligencia, sus caras no resplandecen de luz y de glo­ria. Se torturan a sí mismos; esa es su disciplina. Y si te torturas a ti mismo, no puedes ser una hermosa flor.

Y todas las religiones... viendo al Papa, ¿sientes que tiene algo de divino? ¿Un aura de divinidad? Y el Papa que le precedió fue homosexual. ¿Es la homosexualidad divina? Tal vez, porque la trinidad cristiana parece ser un grupo "gay": Dios el padre, Dios el hijo y un extraño tipo, el Espíritu Santo. Ni una sola mujer.

En el transcurso de los años los Papas han quemado a miles de mujeres vivas, condenándolas como brujas. ¿Cuál fue el crite­rio para decidir quién era bruja? Ahora las brujas no existen. De repente aparecieron y de repente desaparecieron. No había un criterio y cualquiera podía informar al Papa.

El Papa nombraba un tribunal especial con sólo sospechar que una mujer era una bruja -y cualquier hombre estaba califi­cado para sospechar de ella-. No se pedían razones. La mujer era aprehendida e inmediatamente torturada durante un sinfín de días. Se la hacía pasar hambre, sed, se la golpeaba. Inventaron máqui­nas de tortura.

Y finalmente -porque aquello parecía ser la única forma de librarse de la tortura- ella se confesaba bruja. Su confesión era la única prueba y una confesión la puedes arrancar a cualquier persona si la torturas lo suficiente como para que no tenga otra salida. Y se le indicaba qué era lo que tenía que declarar ante el tribunal: que era bruja y que mantenía relaciones sexuales con el demonio.

El demonio no existe, pero la mujer tenía que confesar que sí, ante el tribunal, porque si no, la tortura comenzaba nuevamente. Y una vez que aceptaba ser bruja y haber mantenido relaciones sexuales con el demonio, entonces el tribunal se daba por satis­fecho. No había necesidad de más evidencias. El juicio era sim­ple: la mujer debía ser quemada viva delante de todo el pueblo para que todos pudieran presenciar lo que te podía suceder si mantenías relaciones sexuales con el demonio. Miles de mujeres fueron quemadas. Y los Papas fueron los responsables.

Estos Papas no demuestran saber disfrutar, no tienen alegría, creatividad, silencio. Sólo hacen estupideces como besar el sue­lo. Cuando este Papa polaco viajó aquí, besó la tierra del aero­puerto de Delhi. Yo dije: "Ahora saboreas la religión hindú por primera vez, porque aquí toda la tierra está llena de estiércol de vaca, de vaca sagrada. Y si besas la tierra, simplemente demues­tras tu estupidez y nada más".

  Ellos han de demostrar que están redimidos, que están despiertos, liberados.

  Pero no es así; se les ve más y más esclavos.

  Son impostores, se llaman a sí mismos pastores, pero pertenecen al mismo rebaño que las ovejas, porque no son conscientes de un simple hecho: para el futuro existen muchos puentes. El hombre tiene muchas potencialidades. Puede llegar a ser muchas clases diferentes de hombre nuevo.

Y en el mundo necesitaremos que cada nuevo hombre sea úni­co, para que así, la variedad y la belleza que la variedad brinda, permanezca viva en la tierra. Si todo el mundo fuera igual, la vida sería un aburrimiento.

Los sacerdotes han detenido el crecimiento del hombre, han obstaculizado -de todas las formas posibles- su vuelo a cielo abierto. No han permitido la libertad.

Todo lo que necesitas es encontrar el camino hacia una liber­tad total, libertad de toda clase de servidumbres psicológicas y espirituales. Y tú mismo serás tu propio redentor. Y serás un hom­bre inmensamente superior a todos tus redentores.

 

 

Capítulo 10

El Hombre es Su Propio Enemigo

 

Las religiones han destruido la integridad del hombre. Lo han fragmentado. Y lo que es peor, lo han fragmentado en partes con­trapuestas.

El mayor crimen contra la Humanidad ha sido el cometido por las religiones. Han vuelto a la Humanidad esquizofrénica, pro­porcionando a cada individuo una personalidad dividida. Y lo han hecho de una manera muy astuta.

Primero se le dijo al hombre: "No eres el cuerpo" y después, "El cuerpo es tu enemigo". La conclusión lógica fue: no formas parte del mundo y el mundo no es más que un castigo; estás aquí como castigo. Tu vida no es -ni puede ser- una fiesta. Sólo puede ser un lamento, una tragedia. Tu destino en la Tierra es sufrir.

Tuvieron que hacerlo para glorificar a Dios -que es una ficción poética- y para exaltar el cielo -que es una extensión de la co­dicia humana- y para hacer que la gente temiera al infierno, lo que supone crear un gran miedo en el centro mismo del alma humana. De este modo han atrapado al hombre y le han diseccio­nado.

Ninguna religión acepta como simple, natural y real que el hombre es una unidad, que este mundo no es un castigo y que este mundo no está separado del hombre. El hombre está enraiza­do en este mundo de la misma forma que lo están los árboles. Este planeta -la Tierra- es su madre.

Todas las religiones han traicionado a la Tierra, han traiciona­do a la propia fuente de su vida. Han condenado la Tierra, han abogado para que se renuncie a ella; siempre insisten en que se ha de renunciar a ella.

Pero, ¿cómo puedes renunciar a tu naturaleza? Puedes fingir­lo, puedes ser hipócrita. Puedes incluso comenzar a creer que ya no eres parte de la naturaleza, pero incluso tus grandes santos dependen de la naturaleza de la misma forma que dependen de ella los grandes pecadores. Todos necesitan alimento, necesitan agua, necesitan aire; sus necesidades no cambian. ¿A qué hay que renunciar?

Eso ha creado en el hombre una mente dividida. El hombre se va desintegrando; todos sus fragmentos están continuamente lu­chando unos contra otros. Ésta es la raíz y la causa del sufrimiento humano y se ha convertido casi en una forma normal de ser, por­que la gente lo ha estado sufriendo durante miles de años. Han dado por sentado que esto es lo que nos toca, que ésta es nuestra suerte, nuestro destino, y que nada puede hacerse para remediar­lo. La realidad es que no es nuestra suerte, ni nuestro destino; es nuestra estupidez, es nuestra falta de inteligencia por haber esta­do escuchando a los sacerdotes y creyendo en sus ficciones.

Por supuesto que estas ficciones son muy provechosas para los sacerdotes. Ellos no han dudado en fragmentar a la Humani­dad, porque sus ficciones sirven a sus intereses a la perfección. Un hombre saludable y entero, un hombre que no está dividido en fragmentos, no puede ser esclavizado por los sacerdotes. Sólo un hombre que sufre necesita rezar, con la esperanza de que qui­zás Dios pueda ayudarlo. Para que Dios exista, el hombre tiene que sufrir. Para que Dios sea más y más una realidad, el hombre tiene que volverse cada vez más esquizofrénico.

Mientras más sufre el hombre, más fácilmente puede ser con­vencido de que ha de rezar, de que ha de cumplir con los rituales religiosos, porque quiere liberarse del dolor. Puede ser convenci­do de que se necesitan salvadores, mensajeros de Dios, profetas. Pero un hombre que vive feliz, que vive con alegría, no necesita a ningún Dios. Un hombre que vive la vida no necesita ninguna oración. Para que los sacerdotes conserven su profesión es absolutamente necesaria la mente enferma del hombre.

Es muy difícil encontrar un hombre que esté integrado; todos son sólo fragmentos. Uno es espiritual: niega su cuerpo; otro es ma­terialista: niega su alma. El espiritual no sólo niega su cuerpo, sino que también niega la mente.

Todas las teologías son extremadamente celosas y monopoli­zadoras. En América, al final del último siglo, hubo un gran mo­vimiento religioso llamado "Ciencia Cristiana". Creían sólo en el alma. Todo lo demás era sólo ilusión, sólo pensamiento; no era real. Tenían sus propias iglesias donde solían encontrarse para discutir sus grandes filosofías.

Hay gente que está negando hasta la existencia misma del cuerpo, hay gente que está negando la existencia de la mente y también hay gente que está negando la existencia del alma. Dicen que sólo el cuerpo es real y que todo lo demás es ficción. Toda esta gente -espiritualistas y materialistas- está de acuerdo en un pun­to: en no dejar que el hombre sea natural, una unidad orgánica. Tienen que eliminar algo. Pero aquello que eliminas sigue ligado a ti, es parte de ti. Puedes -por repetición constante, repitiéndo­lo durante siglos- obligarte a creer algo. Pero si tu creencia no está de acuerdo con tu naturaleza, el resultado será el sufrimiento.

Toda la Humanidad está sufriendo, y lo más asombroso es que el sufrimiento de la Humanidad tiene su origen en esas ideas reli­giosas que no permiten al hombre crecer de forma natural, vivir de forma natural, amar de forma natural. Y después, cuando llega el sufrimiento dicen: "¡Ves! ¿No te dijimos que la Tierra no es más que un valle de lágrimas?".

Es una estrategia muy astuta. Primero creas el sufrimiento y después lo usas como argumento para apoyar la idea de que has nacido en pecado y que estás en la Tierra y no en el cielo por castigo.

Debido a que Adán y Eva desobedecieron a Dios, estás sufriendo. Es una lógica extraña. Aún cuando Adán y Eva desobedecieron a Dios, no fue un pecado tan grande; sólo comieron de una manzana -y ni siquiera sabemos si Adán y Eva existieron alguna vez. Y tú, miles de años después, sufres porque arrastras su herencia. Perteneces al mismo linaje y tus progenitores fueron pecadores, de ahí que tú también seas pecador. Y los sufrimientos de la vida lo prueban, ¿sino, por qué existe tanto sufrimiento?

Las religiones han sido muy astutas y los sacerdotes muy in­humanos. Han dividido al hombre en contra de sí mismo. Al lu­char contra él mismo, sufre.

Es muy difícil encontrar un hombre total.

El hombre total es el super hombre, el hombre total recibirá todas las bendiciones que este hermoso planeta puede volcar so­bre él. Pero sólo el hombre total puede recibirlas.

Este hombre puede ser feliz, ¿por qué? Porque el hombre to­tal vive totalmente, vive intensamente. A cada momento exprime el jugo de la vida; su vida es una danza, su vida es una celebra­ción.

Y de pronto, cuando tu vida es una celebración, ves que no es un castigo. Entonces descubres las mentiras de los sacerdotes y en ese instante dejas de buscar otro paraíso, porque ya lo tienes aquí y ahora. No tienes que aplazarlo para un futuro lejano, des­pués de la muerte.

Lo que llamamos Humanidad, es un campo de exterminio. Todo el mundo ha sido destruido de un modo u otro, a todo el mundo se le ha impedido crecer. A todos les falta algo que es absolutamente necesario, y a lo que tenían derecho por nacimien­to. Los que condenan -y todos los sacerdotes condenan- no pue­den ver a nadie feliz, a nadie gozoso. Inmediatamente se vuelcan contra él y empiezan a condenar su alegría, a condenar su placer. Han desarrollado grandes argumentos para poder destruir el pla­cer de la gente.

Su principal argumento es: "La vida es muy corta, y el placer es muy efímero; cambia continuamente. Esto no ha de engañarte, porque si te engañas, te perderás la eterna dicha del paraíso".

Naturalmente no querrás jugártela. Sólo por el pequeño pla­cer de disfrutar de tu té por la mañana, no querrás destruir tu eterna dicha en el cielo. Esta vida consiste de pequeños goces, y si todos esos goces se agrupan, tu vida se convierte, por sí misma, en un goce. Uno no necesita grandes goces. Su paraí­so y su dicha eterna son sólo poesía, porque nadie nunca los vio, nadie ha ido nunca allí y ha vuelto diciendo: "Sí, yo lo he visto". En nombre de dioses ficticios y en nombre de placeres ficti­cios, se ha destruido lo que es real.

Sólo existe la esperanza de que un día el hombre compren­da... ¿Por cuánto tiempo podrá permanecer en las prisiones crea­das por los sacerdotes? Las pueden llamar iglesias, templos o mezquitas; no importa cómo llamen a sus prisiones. ¡Es penoso ver a los seres humanos marcados como ganado! Uno es hindú, otro musulmán, otro cristiano...

Aunque recorras el mundo entero te será muy difícil encontrar un solo ser humano que no haya sido etiquetado, que todavía no forme parte de la masa, que todavía no forme parte de la multitud, que sea él mismo, que sea su propia totalidad y que esté viviendo sin miedo, de acuerdo a su naturaleza.

Excepto la naturaleza no hay otra religión. Y no te hace falta aprender lo que es natural. Cuando tienes sed sabes que necesi­tas agua, cuando tienes hambre sabes que necesitas alimento. Tu naturaleza te guía continuamente.

Excepto la naturaleza no existe otra guía. Todas las otras guías te despistan, te llevan lejos del flujo natural y una vez que estás fuera de tu curso natural, el sufrimiento comienza. Y tu sufri­miento es su alegría, porque sólo el que sufre va a las iglesias, sólo el desgraciado va a los templos.

Cuando te sientes feliz y gozoso, joven y sano, ¿qué puede importarte la iglesia? La vida es tan rica, la vida es tan alegre, que ¿quién va a querer entrar en esos cementerios donde la tristeza se traduce en seriedad, donde se supone que una cara larga es reli­giosa, donde estallar de risa te valdrá ser condenado por loco, donde no se permite danzar, donde el amor está prohibido, donde debes sentarte a escuchar palabras sin vida, tan antiguas y polvo­rientas que no te tocan el corazón ni conmueven tu ser? Pero estas iglesias, estos templos y mezquitas, han dominado al hombre.

Esto no puede continuar eternamente. Algún día la inteligen­cia del hombre se rebelará. La rebelión es la única esperanza. El hombre destruirá algún día todas estas pretendidas casas de Dios, porque este planeta, este cielo lleno de estrellas, es el único tem­plo que existe; todos los demás templos han sido hechos por el hombre. Y esta vida que ves en los árboles, en los animales y en los hombres, es el único Dios vivo.

Los dioses que están sentados en los templos han sido manu­facturados por el hombre. Es muy extraño que estas religiones continúen afirmando que Dios creó el mundo, cuando sus dioses fueron creados por el hombre. Dicen: Dios creó al hombre como a sí mismo, creó al hombre a su propia imagen.

La verdad es justamente lo contrario: el hombre creó a Dios a su propia imagen. Por esto un dios chino parecerá diferente de un dios hindú, un dios africano parecerá diferente de un dios euro­peo, porque la gente está creando dioses según su propia imagen. Y la estupidez alcanza su máximo: tú creas esas imágenes y des­pués te arrodillas ante ellas. ¿Puedes imaginar una idiotez ma­yor? Y entonces comienzas a rezar...

Es posible perdonárselo a los niños. Ellos aman sus juguetes, aman sus ositos de peluche. Pero ¿y tú? Tú no has crecido aún, todavía amas tus ositos de peluche. Los tuyos están en tus iglesias, en tus sinagogas, pero son ositos... cumplen la misma función.

El niño se siente solo sin su osito. Hace unos días estuvo aquí un niño; su madre es sannyasin -Amrito- de Grecia. Cuan­do yo estuve en Grecia se hizo muy amigo mío. ¡Me trajo un osito de peluche! Había dicho a su madre, "No me iré de la India sin haberle dado antes el osito a Osho, porque vive solo, necesita alguna compañía".

¿Qué son tus dioses? Consuelos, porque sientes que aún es­tando en la multitud, estás solo. Necesitas un osito en el cielo, un osito de peluche eterno que te acompañe siempre. Es omniscien­te, omnipresente, omnipotente... lo puede todo... es sólo un consuelo. La gente que cree en Dios no se ha permitido a sí misma ser adulta, ha permanecido psicológicamente retardada; de lo con­trario no habría tenido ninguna necesidad de Dios.

La vida se basta a sí misma y es tan hermosa, tan llena de canciones y de flores y de pájaros volando... es la libertad absoluta de crecer y ser tú mismo. No te da unos Diez Mandamientos; te acepta tal como eres, no le da demasiada importancia a cómo debieras ser; su amor y respeto hacia todo lo viviente es incondi­cional.

¿Por qué necesitas tus dioses? Porque eres desgraciado. La estrategia es esa: no dejar que la gente sea feliz. De otro modo la religión desaparecería.

En una de sus grandes intuiciones, Bertrand Russell dijo: "si todo el mundo fuera feliz, puedo garantizar que no habría más religiones". Y este dicho encierra una gran verdad. Las religiones quieren que la gente siga siendo pobre, que siga estando enfer­ma, que sea desgraciada, que viva en permanente ansiedad. En­tonces, naturalmente, se vuelven débiles y necesitan ayuda. Los sacerdotes están listos para brindar ese apoyo, están listos para informar a Dios de que este hombre necesita su compasión... aun­que ninguna oración parece haber sido oída jamás.

Pero los sacerdotes son muy astutos. Dicen: "Tus oraciones no son escuchadas porque eres indigno. No lo mereces. Eres un pecador. Estás pecando contra la religión". Y es casi imposible vivir sin cometer algún pecado.

Le han hecho la vida imposible al hombre de modo que todos nos sentimos indignos. Y naturalmente, si eres indigno, tienes deseos, tienes anhelos; estás condenado. Tienes una biología, has nacido de la biología, cada una de tus células no es más que ener­gía sexual. Te gustaría amar a alguien, pero todas las religiones se oponen: "Ama y es seguro que irás al infierno". Pero tu biolo­gía te empuja a amar, así que amas a la gente, con miedo, con gran tristeza en el corazón, sabiendo que cometes un pecado. Natural­mente, no puedes disfrutar del amor y al no poder disfrutarlo, más lo necesitas, y cuanto más lo necesitas, más pecador te vuel­ves. Así, sin siquiera mirar su biografía, puedes decirle a cual­quiera que es indigno y que por eso no han sido escuchadas sus plegarias.

En realidad no hay nadie que las escuche. El hecho es que no hay nadie que las conteste. De hecho, el hombre que reza está psicológicamente estancado en algún lugar.

Después de la Segunda Guerra Mundial, querían determinar cuál era el promedio de la edad mental de los soldados, porque para entonces los psicólogos se habían vuelto eficientes en medir la inteligencia. Se quedaron asombrados. Nunca pensaron que éste pudiera ser el resultado. ¡El promedio de su edad mental era de trece años! Y esos soldados no eran menos inteligentes que cualquier otra persona.

Parece que el cuerpo sigue creciendo, envejeciendo, y que la mente se detiene a la edad de trece o catorce años. Por lo tanto puedes tener ochenta años, pero cuando te arrodillas frente a un dios sólo eres un niño de trece; aunque te arrodilles con tu cuerpo, también lo haces con tu sicología.

  Las religiones han causado mucho daño. Nadie se ha molesta­do en averiguar por qué la edad mental se detiene a los trece o catorce años. Es muy simple: esa es la época en que las chicas y los chicos maduran sexualmente, y en el momento en que se vuel­ven sexualmente maduros, la biología deja de necesitar la inteli­gencia.

A menos que tú mismo te esfuerces, tu edad mental seguirá correspondiendo a los trece o catorce años. La biología ha llega­do a su plenitud. Eres sexualmente maduro. Esta inteligencia es suficiente para engendrar hijos. Si quieres ser más inteligente, tendrás que hacer un esfuerzo, tendrás que meditar, tendrás que aguzar tu inteligencia.

Pero todas las religiones prefieren que no seas inteligente porque lo que enseñan es a creer. Un creyente no necesita tener inteligencia alguna. A no ser que aprendas a dudar, tu inteligen­cia no crecerá, porque "duda" significa "búsqueda". Y creer im­plica que no es necesario cuestionar ni buscar nada.

Por culpa de los sistemas de creencias que le han sido im­puestos al hombre, su edad mental ha permanecido estancada en los catorce. Y estos adolescentes son los cristianos, los hindúes, los musulmanes, etc. Si su inteligencia se desarrolla comenzarán a ver que lo que ellos creían religiones no son más que supersti­ciones. Si su inteligencia sigue creciendo, empezarán a dudar de Dios, del cielo, del infierno. Luego empezarán a dudar de los sacerdotes y de su religiosidad; empezarán a cuestionarlo todo. Y las religiones no tienen las respuestas.

Te he dicho hace poco que el jainismo cree que el no utilizar el sentido del gusto es uno de los fundamentos de su religión. Le pregunté a un monje jaino: "Si el no disfrutar del sabor es uno de los fundamentos de tu religión, ¿por qué la naturaleza ha dotado al hombre de papilas gustativas? La naturaleza nunca da cosas innecesariamente".

El monje budista tiene que caminar mirando sólo a un metro y medio de distancia por delante de sí mismo. No debe mirar más allá de esa distancia. No puede mantener la cabeza alzada porque podría ver a alguna mujer hermosa... ¡ese es el problema! Mirando sólo hasta metro y medio de distancia, a lo sumo puede ver los pies de una mujer, no su cara.

Pero si el amor entre un hombre y una mujer es algo malo, ¿por qué te ha de dar la naturaleza ese anhelo? Cualquier persona inteligente se lo preguntará. Ni el mismo Buda hubiese nacido. Afortunadamente el padre de Buda no era un monje budista; si no, nos hubiésemos perdido de todos esos grandes hombres.

La naturaleza quiere reproducirse: nueva vida, nuevas formas; mejor vida, mejores formas. La naturaleza es un continuo proce­so de evolución. Pero las religiones se oponen, porque cuanto más evolucionada es una persona, menos posibilidades hay de que sea víctima de alguna estupidez religiosa...

Si la inteligencia crece, los templos se quedarán vacíos, pero la vida se volverá inmensamente hermosa.

 

 

Capítulo 11

Una Historia del Futuro

 

Osho:

Estamos escribiendo un libro titulado: "Una Historia del Futuro".

Como tu visión de la raza humana y de este planeta es tan Clara, nos gustaría mucho preguntarte.

¿cuál es tu visión acerca de lo que le pasará al hombre en el futuro y de cómo vivirá?

 

Lo primero que has de recordar sobre mi actitud acerca del futuro, es que todas las predicciones son suposiciones. El futuro sigue siendo siempre desconocido y da tan extraños giros que nadie puede siquiera imaginarlos.

Más aún, mi manera de encarar la vida es: no preocuparme por el pasado ni por el futuro. El pasado ya no está, el futuro aún no está aquí; todo lo que tenemos en las manos es este momento. El pasado está muerto y el futuro no ha nacido.

Sin olvidar este punto de referencia, me gustaría decirte algo. Primero, se están dando todas las posibilidades para que, por lo que a la vida se refiere, no haya ningún futuro. Nos estamos acer­cando a un callejón sin salida. Es triste reconocer este hecho: pero es bueno reconocerlo, porque sólo entonces existe la posi­bilidad de tomar un rumbo diferente. Tal como van las cosas hoy en día, la conclusión lógica es que vamos hacia un suicidio global.

La única esperanza es que la vida no sigue la lógica; es irra­cional. Si fuese racional, matemática y lógica, no podrías conce­derle a este planeta más de veinte años de vida.

Las razones son cinco:

Primero: Se siguen acumulando armas nucleares día tras día.

Ya tenemos suficiente poder nuclear como para destruir la Tierra siete veces. Esto demuestra la locura del hombre. Ahora bien, ¿qué sentido tiene seguir acumulando más y más armas nucleares?

No todo el mundo es Jesucristo y no todo el mundo resucitará una y otra y otra vez; siete veces. La verdad es que ni siquiera Jesucristo resucitó, porque en primer lugar, no murió.

El segundo problema es el indiscriminado aumento de la po­blación. A finales de este siglo, tendremos siete mil millones de habitantes sobre la Tierra. Y la Tierra ha sido tan abusivamente explotada que ya no puede mantener a tanta población. El cin­cuenta por ciento de la población, sencillamente tendrá que mo­rir de inanición.

Los políticos no han hecho ningún esfuerzo para impedir el crecimiento de la población.

El tercer problema es el SIDA, una enfermedad que se está propagando como un fuego incontrolado. Y no parece haber nin­guna posibilidad, por lo menos en los próximos veinte años, de encontrar algo que la cure. Los científicos están bastante seguros de que no tiene curación.

Pero ningún país está haciendo del celibato un delito y el ce­libato es la causa de esta enfermedad, del SIDA. Son los monjes, los soldados, los estudiantes que viven separados de las mujeres, los que se vuelven homosexuales, y es la homosexualidad la que ha creado esta enfermedad. Pero la homosexualidad es sólo un síntoma; el verdadero problema es el celibato.

Todas las religiones sufren por este motivo pues todas predican el celibato, pero ninguna está dispuesta a reconocerlo y cuando tú no reconoces al enemigo, le estás dando más poder aún. Reco­nócelo para poder así encontrar la forma de luchar contra él.

El cuarto gran problema al que el hombre tendrá que enfren­tarse en los próximos veinte años, es el colapso ecológico. No somos conscientes de cómo y de qué forma estamos destruyendo nuestras propias fuentes de vida. La vida necesita un equilibrio ecológico, y ese equilibrio se está alterando.

 Y no es que la ecología se esté alterando en una sola direc­ción. Está siendo destruida por medio de métodos multidimen­sionales. Por ejemplo, debido a la acumulación de dióxido de carbono y otros productos químicos elaborados por el hombre, la temperatura de la atmósfera se ha elevado como jamás lo había hecho anteriormente. Por primera vez existe la posibilidad de que el hielo de ambos polos, norte y sur, se empiece a derretir; Esto nunca había sucedido.

  Si la temperatura de la atmósfera se eleva un poco más, el hielo de los Himalayas comenzará a derretirse y los océanos inundarán todas las grandes ciudades porque todas ellas están cerca del océano.

Y el quinto factor es el más peligroso: el hombre mismo, con todas sus discriminaciones entre blanco y negro, entre oriente y occidente. Y ahora, de pronto, ha surgido una nueva: entre norte y sur.

La Humanidad está dividida en religiones, en naciones, según el color, según su raza. Y todos están siempre a punto de dego­llarse unos a otros. Parece casi imposible evitar estos peligros con los que el hombre nunca se había enfrentado anteriormente, a menos que suceda un milagro. Pero los milagros sólo ocurren en los cuentos, no en la vida real.

  Y el factor más inquietante es que la intelectualidad del mun­do, los políticos y los filósofos, están ignorando estos hechos.

Suele suceder que, en tiempos de peligro la única forma de proteger tu paz mental sea ignorar el peligro. A esto se le llama la lógica del avestruz: si no ves al enemigo, el enemigo no existe.

La gente está ocupada en trivialidades, en asuntos enorme­mente estúpidos, cuando lo que tenemos delante son tremendos peligros. Tengo la esperanza de que la Humanidad alcance un cierto nivel de cordura y la vida pueda salvarse, pero tendremos que considerar con mucho cuidado estos cinco factores.

El mundo debería tener un solo gobierno; no deberían existir naciones. De esta forma evitaríamos toda posibilidad de guerra.

El mundo debería tener sólo una clase de religiosidad. No una religión, sino un tipo de religiosidad, una gratitud a la Existen­cia, un corazón amante, una consciencia meditativa. Aquello que es la esencia de la religión debe ser preservado y el cristianismo, el hinduismo, el budismo, el jainismo, el islamismo, todos debe­rían desaparecer de la Tierra.

Ya no son necesarios, ya han hecho suficiente mal. Pero ahora el daño es tan grande, que no se puede seguir tolerando.

¿Qué necesidad hay de que existan naciones?

Toda la Tierra es una.

Los problemas podrían resolverse muy fácilmente, si hubiese un solo Gobierno Mundial que fuese exclusivamente funcional, donde el mérito fuese el factor decisivo, en vez del poder de los votos. El más capacitado, técnica o científicamente, para resolver el problema, es el que debería resolverlo. No por obtener más votos se tiene más capacidad.

A pesar de que todas las religiones han estado predicando el celibato; nadie ha preguntado: ¿es el celibato algo natural? ¿Es humanamente posible ser célibe? ¿Puede algún científico, o al­gún experto en medicina o psicólogo apoyar la idea del celibato? Nadie dice ni una sola palabra contra el celibato, que es el que está causando toda clase de perversiones sexuales en el hombre. Quizás el SIDA sólo sea el principio; pueden aparecer enferme­dades aún más peligrosas.

Y por último, menciono al hombre. El hombre no vive en con­sonancia con los tiempos actuales. Vive con un atraso de mil años y el resto del mundo ha cambiado. Pero su rabia es la misma, su instinto de lucha es el mismo que cuando usaba armas de piedra. Ahora, el mismo hombre que tenía armas de piedra posee armas nucleares. El hombre en sí no ha cambiado y la tecnología le ha ido dando más y más poder destructivo.

Si llega a desencadenarse una guerra mundial, será una guerra de apretar botones. Y todos seremos destruidos. Nadie ganará ni nadie perderá. Ahora es el momento apropiado para escribir una "Historia del Futuro", porque dentro de veinte años no habrá ni quién la escriba, ni quién la imprima, ni quién la lea.

Si haces preguntas tan peligrosas, la gente se enojará contigo. Yo he convertido a todo el mundo en enemigo mío por la sencilla razón de que sigo jalando del cuello de los avestruces y sacándo­les la cabeza de la arena y diciéndoles que no importa si ven o no al enemigo. Es mejor verlo, porque viéndolo puede ser que encuen­tres algún modo de escapar, pero ocultando tu cabeza en la arena no tienes ninguna posibilidad de defenderte. Pero este avestruz se siente muy feliz con la cabeza enterrada en la arena. Al jalarle del cuello, para sacarlo, se enfurece, porque nuevamente tiene que ver al enemigo, Nadie quiere ver al enemigo.

  Las pequeñas cosas siguen manteniendo ocupada la mente humana; así no se puede encarar el verdadero problema.

Te he dicho que son cinco los problemas reales que van a des­truir a la Humanidad. Las soluciones son muy fáciles, pero éste es un gran manicomio; nadie parece comprender.

Todas las armas nucleares deberían ser lanzadas al Pacífico.

Se debería dejar de condenar el sexo y ensalzar el celibato. De otro  modo no podremos librarnos del SIDA. Se extenderá; se está extendiendo.

Es un hecho evidente que la Tierra no está dividida. ¿Qué necesidad hay de que existan tantas naciones, a no ser para satisfacer las ambiciones del ego de tanta gente? No hay otra necesidad. ¿Por qué debería Alemania tener miedo de los inmigrantes e incentivar a los alemanes para que tengan más niños, cuando la Tierra se está muriendo a causa de la superpoblación? Si hubiese un gobierno mundial, podríamos redistribuir la población cambiándola de un sitio a otro. En aquellos lugares donde la población comenzara a decrecer se debería reemplazar por población de países donde ésta esté aumentando.

Si las religiones desaparecieran del mundo, muchas estupide­ces desaparecerían con ellas. Están en contra del control de la natalidad y se preocupan de engendrar más niños, porque más niños significa más poder; poder en dos formas: más votos y más carne de cañón para la guerra.

Durante veinte o treinta años debería ponerse en práctica un estricto control de la natalidad. No es una cuestión democrática, porque es una elección entre la vida y la muerte. Si todo el mundo va a morir, ¿qué harás entonces con tu democracia? Entonces la democracia dictará las normas de las tumbas, para las tumbas y por las tumbas, porque la gente habrá desaparecido.

Las religiones alimentan toda clase de supersticiones que obs­taculizan tu inteligencia, tu visión y tu posibilidad de crear un hombre nuevo en el mundo. Hay algo que es cierto: la vieja Hu­manidad va a morir. Si podemos hacer que la gente del mundo comprenda, una nueva clase de hombre podría sobrevivir.

Será un ciudadano del mundo, sin naciones.

Será religioso, pero sin religión.

Será científico, pero no destructivo; toda su ciencia estará dedicada a la creación.

Será piadoso, compasivo, amoroso, pero no célibe. Un hombre sin el peso del pasado, más meditativo, más silen­cioso, más amoroso... Todas las universidades deberían dedicar tiempo a crear más consciencia en el hombre en vez de perder el tiempo en asuntos superficiales.

Las cosas deberían pensarse de forma científica, sin supersti­ciones. Así habría una posibilidad de futuro para el hombre.

Si tomamos alguna medida real contra estos cinco peligros que la Humanidad enfrenta, habrá la posibilidad en el futuro de un hombre nuevo, un hombre mejor, un hombre natural, un hom­bre más sano, un hombre más religioso... de un mundo sin gue­rras, sin naciones, sin religiones. Un mundo pacífico, amoroso. Un mundo en busca de la verdad, de la dicha del éxtasis.

Pero si estos cinco problemas no se resuelven inmediatamente, no habrá futuro posible.

Deberías comenzar a escribir tu libro, "Una Historia del Futu­ro", lo más pronto posible, porque lo más probable es que no haya ningún futuro.

 

 

Capítulo 12

El Loto Surge del Barro

 

 

Osho:

¿Por qué desde un principio, los seres humanos han tenido que pasar por tanta lucha?

¿No han existido sobre la Tierra civilizaciones altamente desarrolladas?

Y a pesar de todo, su nivel de consciencia se perdió y el hombre tuvo que volver a comenzar desde cero.

Ahora mismo, parece haber un período particularmente oscuro. ¿Es que acaso existe alguna ley cósmica que diga que sólo del barro puede crecer el loto?

¿Llegará al­guna vez esta Tierra a convertirse en un jardín lleno de flores?

 

La pregunta que has hecho tiene tremendas implicaciones. Para comenzar, muchas civilizaciones anteriores han alcanzado nive­les incluso más altos que el nuestro, pero todas se destruyeron a sí mismas, porque todas esas civilizaciones -incluyendo la nues­tra- crecieron en un profundo desequilibrio. Desarrollaron gran­des tecnologías, pero olvidaron que el mayor de los avances tec­nológicos no va a hacer del hombre un ser más dichoso, más pa­cífico, más amoroso y más compasivo.

La consciencia del hombre no ha crecido al mismo ritmo que su progreso científico, y ésta es la causa por la cual todas las civilizaciones antiguas se autodestruyeron. No hubo ninguna cau­sa externa, ningún enemigo externo; el enemigo estaba dentro del hombre.

En lo relacionado a maquinaria, ha creado monstruos, pero él mismo se ha quedado muy retrasado, inconsciente, casi dormido, y es muy peligroso dar tanto poder a gente inconsciente.

Ahora sucede lo mismo. Los políticos son de la clase más baja en cuanto a consciencia se refiere. Son astutos, hábiles y además mezquinos y hacen todo lo que pueden para alcanzar un solo objetivo: Cómo ser más poderosos.

Su único deseo es obtener más poder; no desean más paz, ni un mayor desarrollo del ser humano, ni conocer la verdad, ni el amor.

¿Y para qué se necesita tener más poder? Para dominar y des­truir a los demás. Todo el poder lo ha acumulado la gente más inconsciente. Por un lado, en todas las civilizaciones que han surgido, que se han desarrollado y han desaparecido -sería más adecuado decir que se han suicidado- han sido los políticos quie­nes tenían todo el poder en sus manos. Y los genios de la inteli­gencia humana estaban buscando mayores y mejores métodos tec­nológicos y científicos, y todo aquello que descubrieron termi­nó, finalmente, en manos de los políticos...

Alberto Einstein fue quien le escribió al presidente americano Roosevelt diciéndole: "Puedo crear la bomba atómica. Poseo el secreto y quien tenga la bomba atómica ganará la Segunda Gue­rra Mundial".

Roosevelt inmediatamente le invitó y le dio todas las facilida­des para crear la bomba atómica. Cuando finalmente estuvo lista, Roosevelt ya no era presidente. Truman había ocupado su lugar.

Alemania fue derrotada. Era sólo cuestión de siete días a lo sumo, todos los expertos militares del mundo están de acuerdo que Japón iba a rendirse. No tenía alternativa, no tenía posibili­dades de ganar, porque toda su fuerza procedía de Alemania. Ja­pón era sólo un socio. Incluso los generales americanos dijeron a Truman que ya no había necesidad de usar bombas atómicas, por­que en siete días, utilizando bombas comunes y corrientes, Japón tendría que rendirse.

Pero Truman no les escuchó. Albert Einstein le envió otra car­ta en la cual le advertía que la bomba atómica no era necesaria. Pero, ¿a quién le importa lo que piensa Alberto Einstein? Las bom­bas están en manos del presidente. Y Truman, sin motivo alguno, bombardeó dos grandes ciudades del Japón, Hiroshima y Naga­saki. Cada ciudad tenía más de cien mil habitantes, y en un lapso de cinco minutos, todas esas personas murieron.

Nunca ha habido una destrucción semejante, absolutamente innecesaria. Pero Truman tenía prisa, temía que Japón se rindiera y perder con ello la oportunidad de usar la bomba atómica que tanto dinero había costado crear y con la cual demostraría al mundo que América era la primera potencia y que él era el hombre que tenía en sus manos la llave de ese inmenso poder.

Aquellas bombas de Hiroshima y Nagasaki no fueron utiliza­das sólo para derrotar a Japón. Su propósito fundamental fue to­talmente diferente; fue una satisfacción del ego del presidente Truman: "Soy el más grande, el hombre más poderoso del mundo y mi nación ha llegado a la cima". Esto ha estado sucediendo desde siempre, una y otra vez.

Antes de la Segunda Guerra Mundial, nadie era capaz de creer que semejantes armas destructivas pudieran existir. Siempre se creyó que la historia del Mahabharata, la gran guerra India de hace 5000 años, registrada en las antiguas escrituras, era simple­mente mitológica, pues parecía inconcebible que hace 5000 años se tuviera acceso a semejante poder. Pero después de la Segunda Guerra Mundial y según la descripción del Mahabharata, quedó absolutamente claro que ellos ya habían descubierto algo similar a la energía atómica. Destruyeron una civilización muy avanzada. Sin embargo, la destrucción provino del interior de su propia ci­vilización.

Nos vamos aproximando nuevamente a una situación similar: la destrucción no proviene de otro planeta. Estamos preparando nuestras propias tumbas. Podemos ser conscientes, podemos no serlo, pero todos somos sepultureros, todos estamos cavando nues­tras propias fosas.

Hoy en día hay sólo cinco naciones que poseen armas nuclea­res, y su arsenal nuclear es un millón de veces más poderoso que las bombas atómicas de la Segunda Guerra Mundial. Ahora los científicos dicen que las bombas atómicas de la Segunda Guerra Mundial comparadas con las armas nucleares modernas parecen petardos.

Alrededor del año 2010, veinticinco naciones más se habrán convertido en potencias nucleares. No habrá control posible.

Treinta naciones poseerán un inmenso poder destructivo, y bas­tará una sola de ellas para destruir la Tierra entera. Para destruir toda la civilización bastará un solo político, un solo loco que quiera demostrar su poder, y tendremos que empezar desde ABC.

Además, la destrucción no afectará sólo al hombre. Junto con los humanos morirán todos sus compañeros: los animales, los pájaros, los árboles, las flores; toda manifestación de vida des­aparecerá.

Pero la razón es un desequilibrio en nuestra evolución. Conti­nuamos desarrollando tecnología científica sin preocuparnos en absoluto de que la consciencia evolucione en la misma propor­ción. De hecho, nuestra consciencia debería preceder nuestro pro­greso tecnológico.

Si nuestras consciencias estuvieran Iluminadas... en las ma­nos de un Gautama Buda, las armas nucleares dejarían de ser peligrosas. En manos de un Buda, las armas nucleares se trans­formarían en una fuerza creativa, ya que la fuerza en sí misma es siempre neutral; puedes destruir o crear con ella.

Pero actualmente nuestros poderes son enormes y nuestro desarrollo, escaso. Es como si hubiesen puesto bombas en manos de niños para que jugasen.

 

  Preguntas,

 

  "¿Por qué desde un principio, los seres humanos han tenido que pasar por tanta lucha?".

 

Se debe al desequilibrio existente entre lo interno y lo externo.

Lo externo es más fácil, lo externo es objetivo. Por ejemplo, un científico -Tomás Alva Edison- creó la electricidad y toda la Humanidad la está usando. No es necesario que cada uno ten­ga que volver a descubrirla. El crecimiento interior es un fenóme­no totalmente diferente. Un Gautama Buda puede Iluminarse, pero eso no significa que todas las demás personas se Iluminen. Cada individuo tiene que encontrar la verdad por sí mismo.

Por esta razón, todo lo que sucede en el exterior, todo progre­so científico, es un proceso acumulativo. Cada científico se apo­ya en el trabajo realizado por otros científicos. Pero la evolución de la consciencia no sigue la misma ley. Cada individuo tiene que descubrirla por sí mismo; no puede apoyarse en las realizaciones de los demás.

Todo lo referente al mundo objetivo se puede compartir, se puede enseñar en las escuelas, en los colegios, en las universida­des, pero el mundo subjetivo funciona de una manera totalmente diferente.

Aunque conozca todo lo referente al mundo interior, no te lo puedo entregar. Ésta es una de las leyes más fundamentales de la Existencia: la verdad interior tiene que ser descubierta por cada individuo, a través de su propio esfuerzo. No se puede comprar en el mercado, ni puede robarse. Nadie te la puede regalar. No es una mercadería. No es materia; es una experiencia inmaterial.

La individualidad, la presencia, la compasión, el amor, el si­lencio, de un maestro pueden ser tomados como pruebas, pero son sólo evidencias de algo que le ha sucedido en su interior. Él te puede infundir valor, te puede hacer sentir que tu búsqueda interior no es en vano, que llegarás a encontrar tesoros tal como él los ha encontrado.

Un Maestro no es más que un argumento, una evidencia, un testigo ocular. Pero la experiencia sigue siendo individual. La ciencia se vuelve social. La tecnología se vuelve social. La medi­tación sigue siendo individual; éste es el problema básico. ¿Cómo equilibrarlas?

Todas las civilizaciones del pasado... en la Atlántida -un vas­to continente sumergido en el Océano Atlántico- existió una ci­vilización. Se creyó que esto también era mitología, pero recien­tes investigaciones han probado que aún hay restos de grandes ciudades a cinco millas de profundidad bajo el agua.

Y lo mismo sucedió en Lemuria, otro continente más pequeño que la Atlántida. También se hundió en el océano. Al observador superficial esto le puede parecer el resultado de una catástrofe natural -quizás un gran terremoto, un movimiento de la tierra, una erupción volcánica, o una invasión del océano en aquellas grandes ciudades- o de cualquier otro fenómeno, pero siempre consecuencia de algo natural. Pero tal como yo lo veo, esas cala­midades naturales son también causadas por nosotros.

  Esas civilizaciones debieron de cometer estupideces que provocaron esas calamidades.

 

"¿No existieron sobre la tierra civilizaciones altamente desarrolladas?"

 

Sí, las hubo, pero todas llegaron al mismo caos y a la misma oscuridad a la cual nos estamos aproximando.

 

"Así y todo, su estado de consciencia se perdió y el hombre tuvo que volver a comenzar desde cero".

 

La consciencia no se perdió; simplemente, ellos no tenían consciencia alguna. Tenían la misma consciencia superficial que ahora tenemos.

¿Qué estás haciendo para prevenir esta calamidad que se acer­ca más y más? La muerte de esta Tierra no es algo lejano; le que­dan a lo sumo de unos veinte a veinticinco años. Y esa es una actitud muy optimista. Para el pesimista esto puede suceder qui­zás mañana.

Pero aunque le diéramos veinticinco años más, ¿qué vas a ha­cer para ayudar a que la consciencia humana se eleve de tal mane­ra que podamos prevenir el suicidio global que se avecina?

La única forma posible de evitarlo es creando un mayor esta­do meditativo. Pero en este mundo de locura, a veces parece im­posible creer en ello.

El Jefe de Policía de Puna ha pedido que se les permita a los funcionarios de policía grabar cada uno de mis discursos para luego analizarlos y censurarlos y sancionar qué partes pueden ver la luz y cuáles tienen que eliminarse. Nunca se ha sabido de policías que puedan siquiera entender lo que es meditación.

Él ha estado insistiendo en que algunos ciudadanos respeta­bles de Puna formaran un comité y acudieran -como una comi­sión- a observar todas nuestras meditaciones, nuestros grupos de terapia y asistirán a los discursos, para así elaborar un informe sobre lo que está sucediendo aquí y decidir si está bien o no.

¿Quiénes son los ciudadanos respetables de Puna? Y ¿qué saben acerca de meditación? ¿Cuál es su experiencia en psicote­rapias? ¿Cuánto saben acerca de sí mismos?    

Pero éste es el mundo en que vivimos. Frente a expectativas tan absurdas se pierde toda esperanza en el futuro. Sería preferi­ble decirle a la gente de Puna que venga a meditar aquí y que envíe a los policías a participar en los grupos de terapia y en las meditaciones; no hay otro camino.

Si alguien está haciendo vipassana, ¿qué puedes observar en él? Lo que sucede está sucediendo profundamente en el interior de la persona... está sentado en silencio, con los ojos cerrados. Estas personas sólo pueden informar a los periódicos que estoy enseñando a la gente a ser perezosa, a estar sentados sin hacer nada. Naturalmente no pueden ver lo que está sucediendo dentro. No saben nada de lo que ha sucedido en cien años en el mundo de la psicología, ni tampoco de lo que ha pasado en diez mil años en el mundo de la meditación, los métodos que se han creado y la profundidad que el hombre ha alcanzado.

¿Quiénes son estas personas respetables? Su respetabilidad se debe a que alguien ha hecho un hospital, o ha abierto un cole­gio, o ha hecho una donación a los huérfanos o a los pobres.

Todas estas cosas están perfectamente bien, no hay ninguna objeción. Pero, no por ello se convertirán en expertos en medita­ción, ni expertos en terapia.

Ni siquiera pueden citar doce nombres de personas Iluminadas en el mundo, y ¡pretenden tener la autoridad de  censurar lo que estoy diciendo! ¿Cuál sería su criterio? No conocen nada del mundo interior. No saben nada de las cimas más altas de la consciencia. Nunca deben haber oído palabras como tathata y anatta. Sin embargo, es tal la locu­ra del hombre que hasta pretende juzgar a Buda, a Mahavira, a Basho, a Sarmad, sin siquiera saber el ABC.

Éste es el único esfuerzo que estamos tratando de hacer: ele­var la consciencia de unos cuantos individuos y enviarlos a los rincones más lejanos del mundo a ayudar a elevar la consciencia de la Humanidad, dondequiera que se encuentren.

Si en los próximos veinte años el hombre atraviesa una revo­lución y alcanza una nueva consciencia, tal vez lo que ha estado sucediendo hasta ahora, pueda evitarse. Debemos hacer todo lo posible para lograrlo.

Finalmente me preguntas:

 

"Ahora mismo, parece haber un pe­ríodo particularmente oscuro".

 

Lo es. Y se volverá más y más oscuro, a menos que cada uno se convierta en una luz en sí mis­mo e irradie luz a su alrededor; a menos que todos empiecen a compartir su luz y su fuego con aquellos que estén hambrientos y sedientos de eso. El amanecer no vendrá automáticamente. Ten­drás que estar absolutamente alerta y hacer todo lo posible para ayudar al desarrollo de la consciencia.

Antes de que los océanos suban mil metros, tenemos que con­seguir al menos que la consciencia se eleve mil metros. El mundo necesita al menos doscientas personas Iluminadas. Ellos serán los doscientos faros donde millones podrán satisfacer su sed de verdad. Es una gran lucha contra la oscuridad, pero también es una gran oportunidad y un desafío emocionante. No tienes que ponerte serio por esto. Tienes que hacerlo con amor, danzando, con todas tus canciones y toda tu alegría. Porque sólo de esa manera es posible traer el amanecer y despejar la oscuridad.

Sí, esto es cierto. Hay una ley cósmica que dice que el loto sólo crece del barro.

Los políticos y los sacerdotes de todas las religiones, los go­biernos y los burócratas están creando suficiente fango. Ahora tenemos que hacer crecer los lotos. No tienes por qué ahogarte en su fango. Tienes que sembrar semillas de loto. La semilla del loto es un milagro; transforma el barro en la flor más hermosa.

En el Este, el loto ha sido venerado por dos razones. Una, porque nace del barro; todo hombre es sólo barro. La palabra inglesa "human" simplemente quiere decir barro. La palabra ára­be "admi" simplemente quiere decir barro, porque Dios hizo al hombre del barro.

Pero existe la posibilidad de que crezca un loto. Es la flor por excelencia. Abre sus pétalos sólo cuando se levanta el sol y los pájaros comienzan a cantar y todo el cielo se llena de colores, y cuando llega el crepúsculo y se oculta el sol, nuevamente cierra sus pétalos. Ama la luz.

Segundo, tiene una hermosa cualidad. Sus pétalos -e incluso sus hojas- son tan aterciopelados que en ellos se depositan go­tas de rocío durante la noche. Con el temprano sol de la mañana, esas gotas de rocío brillan casi como perlas -mucho más hermo­sas- creando un arco iris alrededor de sí.

Pero lo más hermoso es que aunque descanse sobre los péta­los y las hojas, el rocío no toca la hoja. Con un pequeño soplo del viento caen de nuevo al océano, sin dejar ni huellas, ni hume­dad sobre las hojas o los pétalos del loto.

Para Oriente esto encierra un gran simbolismo porque el Este afirma que debes vivir en el mundo, pero no ser afectado por él.

Debes permanecer en el mundo, pero el mundo no debe permane­cer en ti. Debes pasar por el mundo sin guardar ninguna impre­sión, ningún impacto, ningún rasguño. Si en el momento de la muerte puedes decir que tu consciencia es tan pura, tan inocente como la trajiste al nacer, habrás vivido una vida religiosa, una vida espiritual.

De ahí que la flor del loto se haya convertido en el símbolo de un estilo de vida espiritual. Sin ser tocada por el agua, crece des­de el barro, en el agua, y aún así, permanece intacta. Es un sím­bolo de transformación. El barro se transforma en la flor más hermosa y más fragante que existe sobre el planeta.

Buda estaba tan enamorado del loto que llamó a su paraíso, el Paraíso del Loto.

Con nuestra meditación profunda y nuestra gratitud a la Existencia sería posible que esta Tierra siguiera creciendo con más consciencia, con más flores. Podría convertirse en un Paraíso del Loto.

Pero se necesita una tremenda lucha para que se produzca una gran revolución en la consciencia de la Humanidad, y todo el mundo está llamado a participar en esta revolución. Contribuye con todo lo que puedas. Tienes que entregar toda tu vida a la revolución. No tendrás otra oportunidad, otro desafío para tu propio crecimiento, y para el crecimiento de este hermoso planeta.

Éste es el único planeta vivo en toda la Existencia y su muerte sería una gran tragedia.

Pero se puede evitar. Tienes que convertirte en soldado de esta revolución para poder evitar las fuerzas criminales, las fuerzas malignas que se están preparando para destruimos.

 

 

 

Capítulo 13

La Única Forma de Salir, es Entrar

 

La enfermedad del mundo actual, su desgracia y su tensión cre­ciente, son el resultado de todas las estúpidas ideas que han do­minado a la Humanidad en el pasado.

Todas las religiones son responsables. Lo que han hecho, sin saberlo o a sabiendas, es la causa de la desgracia, del sufrimiento y la angustia de todos los seres humanos. Veamos, una a una, las causas fundamentales.

 

La primera:

Todas las religiones han estado imponiendo la idea de que Dios creó el mundo y de que es omnisciente, omnipotente y omnipresente. Lo sabe todo, es todopoderoso y está en todas partes.

Y ésta es la idea que ha impedido al hombre hacer algo en esta vida para que sea mejor y más hermosa. Si alguien que lo sabe todo, que es todopoderoso y está en todas partes, se está ocupando, ¿qué puedes hacer tú? ¿Qué has de comprender? ¿Cuál puede ser tu contribución? Si Dios ha creado el mundo, tú no puedes me­jorarlo. Cualquier cosa que hagas será más bien un perjuicio. No puedes mejorarlo, no puedes ser más sabio que Dios.

Esta idea es una de las causas fundamentales de la angustia total por la que la Humanidad está pasando y en la cual quizás perezca. Piensa, por favor... tal como lo veo, no hay Dios que esté creando el mundo, cuidándolo. No descargues esa responsabili­dad sobre alguien que no existe. Somos nosotros los que estamos aquí y somos nosotros los responsables de aprovechar o desper­diciar esa oportunidad. Retira a Dios y pon al hombre en su lugar y el mundo será totalmente diferente.

El sufrimiento es absolutamente indeseable. La angustia es nuestra estupidez. El hombre puede vivir una vida inmensamente rica, deliciosa, dichosa; para ello el primer paso es que acepte su responsabilidad. Todas las religiones han enseñado a eludir la responsabilidad: déjalo en manos de Dios... y no hay Dios.

No haces nada porque piensas que Dios lo hará todo y no hay ningún Dios que haga nada. Entonces, ¿qué esperas? Lo que está pasando, lo que ha pasado y lo que pasará, es el resultado natural de alimentar la idea de un Creador.

Si se le dijera al hombre: "Ésta es tu existencia, eres tú el responsable, seas quien seas, hagas lo que hagas y pase lo que pase a tu alrededor. Madura. No sigas siendo infantil".

  Pero este Dios impide tu madurez. Su existencia misma depende de tu falta de madurez, de tu infantilismo.

  Cuanto más estúpido y crédulo seas, más grande será el Dios. Cuanto más inteligente, menor es el Dios.

  Si tú eres realmente inteligente, Dios no existe.

  Entonces ahí está la Existencia, ahí estás tú... ¡crea! Pero el Creador no te permite ser creativo.

  Todo mi énfasis estriba en que te conviertas en el Creador.

  Libera tu energía creativa. Esto sólo es posible si este Dios­ -que no es más que un Godot- es abolido completamente, es eli­minado por completo de tu visión de la vida.

Sí, al principio te sentirás vacío, porque este espacio que Dios ha estado llenando en ti... durante millones de años; el santuario sagrado en tu corazón ha estado ocupado con la idea de Dios. De repente ahora, al arrojarlo fuera, te sentirás asustado, vacío, per­dido. Pero es bueno estar vacío. Es bueno temer. Está bien estar perdido. Porque la realidad es ésta, y lo anterior era sólo una ficción. Las ficciones no ayudan. Te consuelan un poco, pero el consuelo no es algo bueno... Transformación y no consuelo. Lo que hace falta es tratar todas las enfermedades que has estado padeciendo. No es consuelo lo que te hace falta.

  Lo primero es: descarta a Dios. No esperes a ningún Godot. No hay ninguno ni nunca lo hubo.

  Friedrich Nietzsche dijo... y estoy en desacuerdo con él, pero no de la forma en que otros están en desacuerdo. Mi desacuerdo es diferente del de los demás. Nietzsche dice: Dios ha muerto. Por supuesto que los cristianos, los musulmanes, los hindúes, los budistas, discrepan de ello; todos han estado contra Nietzs­che. También yo. Pero mi razón por la que discrepo es que Dios no está muerto porque nunca ha estado vivo. Decir "Ha muerto" implica aceptar que estuvo vivo, que estaba y no está. No, nunca estuvo en ningún lado. El hombre siempre vivió en una fábula.

Y esta situación, este sufrimiento, esta tensión cada vez ma­yor... La tensión es tal que en los países más desarrollados, la segunda causa de muerte hoy, no es por enfermedad, sino por suicidio. Uno se siente muy tenso, día tras día y al parecer sin nin­guna salida. Y la angustia sigue creciendo. Y ni siquiera es posi­ble ver la razón por la que se sufre. ¿Por qué este sufrimiento? ¿Qué hemos hecho?

La vida misma parece no tener valor. Llega un punto en la vida de todo hombre inteligente, en el que se da cuenta de que todo es inútil y sin sentido.

Entonces, ¿para qué seguir arrastrándose? ¿Por qué no termi­nar, por qué no liberarte de todo esto? No te ha aportado nada, excepto penas, y no puede darte otra cosa. Sí, hay un opio en algún sitio: la esperanza de que quizás mañana las cosas sean diferentes. Si no hoy, quizá mañana podrás capturar algún mo­mento de dicha.

Y ni aun así parece valer la pena: una larga caravana de penas y de tanto en tanto un instante para sonreír, para reír. Y apenas has sonreído y ya se fue. Tal vez, ese momento no sea más que imaginario. Para seguir funcionando empiezas a soñar con cosas que no existen, con cosas que quisieras que estuvieran allí. Ésta es en realidad la función de los sueños.

Posiblemente el noventa y nueve por ciento de la gente, o inclu­so más, necesita soñar; seis horas de soñar cada noche. ¿Y pien­sas que esto es todo? ¿Acaso no sueñas también durante el día?

En cualquier momento cierra los ojos y encontrarás que el sueño está ahí, transcurriendo. El sueño está siempre ahí. Mien­tras me estás escuchando, el sueño está ahí. Caminas por la calle y el sueño se mueve contigo. Por supuesto, cuando estás despier­to, tu atención está dividida. Debes prestar atención al mundo exterior o la gente dirá que estás volado. ¡No estás volado, sino metido en ti! (*). Tú atención no se dirige hacia lo exterior. Estás nublado por los sueños y te has olvidado del mundo objetivo. Seis horas por la noche y ¿cuántas durante el día? Nadie las ha calculado, pero me parece que no tienes ni siquiera dos horas durante el día, libres de sueños, como sí las tienes mientras duermes.

Y no creo que estés dos horas diarias sin sueños, despierto realmente, porque si las tuvieras, ellas serían tu meditación, y te revelarían secretos de inmenso valor.

Pero la Humanidad ordinaria, el hombre de la calle, necesita soñar. ¿Por qué? Porque en realidad la vida es muy poco satisfactoria, muy fea, apestosamente fea. Estos sueños la sustituyen. Son hermosos. Traen perfume a tu vida. Esperanza, ficción: te ayudan a permanecer cuerdo. La realidad te volvería loco.

Y para mí, Dios, el Espíritu Santo, el Hijo, el Papa, el infali­ble Papa... por supuesto que tiene que ser infalible, representa al Mesías, al único hijo de Dios, ¿cómo podría ser falible?

Y todas las religiones tienen cosas similares. Necesitas esos personajes. Son ficciones creadas por tus sufrimientos. Gente as­tuta utiliza tu sufrimiento para explotarte y disfrutar del poder.

También los políticos necesitan esos personajes. Incluso un político loco como Adolfo Hitler necesita las bendiciones de Dios. Y si Dios no existe, ¿quién va a bendecir a Adolfo Hitler? El ministro cristiano de mayor rango en Alemania lo bendijo. Ahora observa el milagro: Adolfo Hitler bendecido por el ministro de Dios: "Tú vencerás". Churchill es bendecido en Inglaterra por un ministro del mismo Dios: "Tú vencerás". Benito Mussolini es bendecido por el propio Papa: "Tú serás el vencedor". Y nadie ve la contra­dicción: un Dios, un Papa infalible... iY ese cura alemán depende del Papa!

Pero el Papa tiene que bendecir a Mussolini, de lo contrario Mussolini lo expulsaría y pondría a cualquier otro como Papa, a cualquier otro que estuviera dispuesto a bendecirle.

 

(*) N. del T.- Juego de palabras en el original en inglés, entre "spaced-out"= "estar volado", lit. "abierto hacia afuera" y "spaced-in"= sin traducción. En caste­llano, lit. "abierto hacia adentro".

 

Benito Mussolini no es un fascista mientras está en el poder. Hasta el Papa lo declara: "El hombre más sabio, más democrático, más humano". ¡Mussolini! Y el mismo Papa -una vez derrotado Mussolini- le declarara fascista. ¡Y ésta es la gente infalible! Ahora hay allí otro político que tiene que ser bendecido y que está en contra de Benito Mussolini. También será bendecido.

¿Puedes ver esa conspiración entre curas y políticos? Las ma­sas son engañadas. El sacerdote sanciona en nombre de Dios, certifica que éste es el hombre adecuado para ser presidente, o vicepresidente, primer ministro.

Por supuesto que el político le necesita, pues las masas escu­chan a los sacerdotes, y se supone que el sacerdote es imparcial, que nada tiene que ver con la política, que está por encima de ella. ¡Y no es así! El sacerdote está en manos del político...

  Lo que te estoy diciendo es que sacerdotes y políticos han estado conspirando siempre, trabajando juntos, de la mano.

Uno tiene el poder político, el otro el religioso. El político protege al sacerdote; el religioso bendice al político. Y las masas son explotadas, exprimidas. Ambos le chupan la sangre.

Eliminando a Dios, eliminarás a los políticos, a los sacerdo­tes y a la política; eliminarás la conspiración entre curas y políti­cos. Y al eliminar estos dos, el cincuenta por ciento de tu sufri­miento desaparecerá.

Y la idea de Dios te hace soñar en una vida mejor... después de la muerte, tal vez en el paraíso o en otra encarnación. Así pues, no hay de qué preocuparse. Esta vida es poca cosa... ¡Qué impor­ta! Comparados con millones y millones de años luz, ¿qué repre­sentan setenta años? Nada, no cuentan...

Por eso las religiones han estado diciendo a la gente: "Setenta años no son nada. El sufrimiento pasará y si permites que pase sin luchar contra él, la próxima vida -la vida más allá de la muer­te- será una gran recompensa para ti".

Ésta es la gente que ha impedido que cambies la situación en que te encuentras en la Tierra. Ha impedido la transformación del hombre, porque todo el sufrimiento que ves por todas partes está arraigado en el hombre, y si el hombre permanece igual, esta tensión irá en aumento, su angustia seguirá creciendo.

Existen enormes posibilidades de que a finales de siglo la Humanidad entera se suicide, de que empiece una guerra global.

Y no es muy difícil imaginarse en esa posibilidad, porque la gente que está en el poder, los que tienen las armas nucleares, es gente de muy baja ralea.

Aparentemente, para ser un político de éxito hay que ser ab­solutamente estúpido, fanático, mentiroso, has de estar prome­tiendo continuamente -sabiendo perfectamente que las prome­sas jamás se cumplirán- estafando, empleando bonitas palabras y ocultando sucias realidades. ­

Ahora todas las naciones poderosas se han pertrechado con armas nucleares, al punto que si quisiéramos podríamos destruir ahora mismo hasta setecientos planetas como la Tierra. La mag­nitud del poder del que disponemos es tal, que se podría destruir a cada persona setecientas veces. Aunque no es necesario, con una vez basta. Pero, sin embargo, los políticos no quieren correr ningún riesgo. Sus caras son sólo máscaras. Dicen una cosa y hacen otra. ¡Y el poder está en manos de esta clase de gente! Cualquier chiflado puede apretar un botón y terminar con la Hu­manidad, con la Humanidad entera, con toda manifestación de vida sobre la Tierra.                                                                  ­

Es posible que en lo profundo, la Humanidad misma quiera dejar de vivir sobre la Tierra. Tal vez individualmente no se tenga el valor suficiente para suicidarse, pero como multitud lo tienen.

Recuerda, los individuos nunca han cometido grandes críme­nes; son siempre las masas quienes los cometen; ya que en medio de la multitud, el individuo siente que no es responsable de lo que está pasando. Él piensa: "Hago lo que hace la gente". Cuando actúas como individuo lo piensas tres veces antes de actuar. ¿Qué vas a hacer? ¿Está bien esto? ¿Te lo permite tu consciencia? Pero no es así cuando hay una multitud. Puedes desaparecen en la muchedumbre; nadie sabrá que has formado parte de ella.

Hasta un país como Alemania que puede considerarse uno de los países más inteligentes, cultos y sofisticados, que ha propor­cionado grandes poetas, pintores, científicos, filósofos..., en to­dos los ámbitos la contribución alemana es muy elevada. Pero lo que nos deja atónitos es que el país de Hegel, de Feuerbach, de Kant, de Marx, de Freud, de Einstein, cayera bajo el poder de Adolfo Hitler, que no fue más que un loco.

¿Qué pasó? Incluso un hombre como Martin Heidegger -el filósofo más notable del aquel entonces- apoyaba a Hitler. ¡Es sorprendente tan sólo pensarlo! Siempre aprecié a ese hombre de incomparable inteligencia. Otros filósofos están muy por debajo: Sartre, Jaspers, Marcel... están por detrás, muy detrás; nadie se aproxima a su nivel, incluso entenderle es difícil. Pero apoyó a Hitler y cuando Alemania perdió la guerra y Hitler se suicidó, en ese momento despertó de su sueño. Entonces se dio cuenta de lo que había hecho: "Este hombre fue simplemente un loco, y yo estuve de su parte".

Por esto digo: incluso con los ojos completamente abiertos puedes estar soñando. Soñaba y estuvo proyectando su sueño en Adolfo Hitler, porque vio que este hombre tenía poder, podía im­presionar a las masas, cosa que Heidegger no podía hacer. No sabía ni pronunciar una sencilla conferencia; la gente se iba. La forma en que hablaba, las cosas sobre las que hablaba, las com­plicaciones que introducía... ¿quién iba a escucharle?

No tenía poder sobre las masas y vio a Hitler: fascinando las masas, dejándolas casi en estado de hipnosis. De esta forma pro­yectó que este hombre podría convertir en realidad sus sueños de cómo debería ser el mundo. Pero fue un tonto. No entendió que este hombre tenía sus propias dementes ideas sobre lo que iba a hacer con el mundo. No iba a escuchar a ningún filósofo. Martin Heidegger era infinitamente superior. No podría haber tenido una conversación inteligible con él.

Las religiones han suministrado al hombre ficciones para vi­vir. Ahora estas ficciones se han deshecho y el hombre ya no tiene nada para lo que vivir; de ahí la angustia.

La angustia no es un simple estado de ansiedad. La ansiedad se centra siempre entorno a un problema. Si no tienes dinero, aparece la ansiedad; si estás enfermo y no tienes medicinas, hay ansiedad. La ansiedad está relacionada con un problema específico.

La angustia no se centra en torno a un problema. Simplemente el hecho de existir parece inútil, estéril. Sólo respirar parece un esfuerzo innecesario, porque mañana ¿qué te espera? También ayer pensabas que mañana pasaría algo... y hoy es el mañana del ayer, el mañana que ha llegado como hoy... y no ha pasado nada. Y esto ha estado ocurriendo durante años. Y sin embargo, sigues proyectando: ¡Mañana!

Llega un momento en que empiezas a darte cuenta de que no pasará nada. Y entonces surge la angustia... En esa angustia parece existir sólo una idea: salir de este círculo de la vida de la manera que sea. Y de ahí, el suicidio, el aumento del índice de suicidios. Y de ahí el deseo inconsciente de la Humanidad de que ocurra la Tercera Guerra Mundial: "No seré responsable de mi suicidio: la guerra mundial matará a todo el mundo y a mí también".

Toda esta situación puede ser cambiada.

Sólo hay que cambiar las premisas del viejo hombre; te has de desembarazar de Dios, del cielo y del infierno; has de abandonar la idea de obtener futuras recompensas y de que algún Mesías vendrá a redimirte de tus sufrimientos.

Deja ya de lado la idea de que otro es el responsable de tu desgracia, de tu sufrimiento; abandona la idea de que alguien pue­de darle sentido a tu vida. Dios no existe y con él desaparecen también el Espíritu Santo y el Hijo. Dios es el punto crucial de toda esa fantasía. Al quitar la idea central todo el castillo de nai­pes se desmorona. Basta con un pequeño soplo...

Acepta que estás solo y que morirás solo, y acepta también el hecho de que vives solo; tal vez en la multitud, pero solo; tal vez con tu mujer, tu amiga, tu compañero... ellos están solos en su soledad y tú estás solo en la tuya, y estas soledades no se tocan, nunca se tocan...

Podrás vivir con alguien durante veinte, treinta o cincuenta años; no importa cuántos... seguiréis siendo desconocidos. Siem­pre, por siempre seréis desconocidos. Acepta el hecho de que somos desconocidos, de que no sé quién eres, de que no sabes quién soy. Ni yo mismo sé quién soy, ¿cómo puedes saberlo tú?

Pero la gente asume que la mujer sabe quién es su marido; el marido asume que su mujer le conoce. Todos funcionan como si pudieran leer la mente de los demás, creyendo que tu compañero debería saber  -antes de que se lo digas- cuáles son tus necesi­dades, tus problemas. Él debería conocerlos, ella debería conocerlos... y deberían hacer algo.

Pues bien, todo esto es una tontería. Nadie te conoce, ni siquie­ra tú, así que no esperes que nadie te conozca. Es imposible, por la propia naturaleza de las cosas. Somos desconocidos. Por ca­sualidad nos hemos encontrado y estamos juntos, pero la soledad está ahí. No lo olvides, porque sobre esto debes trabajar. Sólo de ahí nace tu redención, tu salvación.

Pero estás actuando exactamente al revés. ¿Cómo puedes olvidar tu soledad? El compañero, la compañera, el cine, el partido de fútbol, perderse en la multitud, bailar en la discoteca, olvidar­te de ti mismo, tomar alcohol, drogas. Hay que hacer algo de manera que esa soledad no llegue a tu consciencia. Sin embargo, ahí reside todo el secreto.

Tienes que aceptar tu soledad, no puedes eludirla de ninguna manera. Y no es posible cambiar su naturaleza. Es tu realidad auténtica, eres tú.

Y estás escapando de ti mismo. Entonces, habrá sufrimiento, habrá problemas. Y al resolver un problema, crearás diez más, y así sucesivamente. Pronto lo único que habrá a tu alrededor serán problemas, y pronto te estarás ahogando en ellos.

Y luego exclamas: ¿por qué estoy cada vez más tenso? ¿Por qué sufro tanto? ¿Por qué hay tanto dolor? Como si alguien pu­diera responder a esto. Y en realidad alguien puede: tú.

Te lo digo con autoridad, porque yo he encontrado la respues­ta dentro de mí. La autoridad no se deriva de ningún Dios, de ningún Mesías, de ningún Veda, Corán o Biblia. No, esta autori­dad se deriva de mi experiencia.

Toda mi vida la he vivido en medio de millones de personas, pero ni por un minuto he olvidado que estoy solo. Y mi soledad es inalcanzable; nadie puede llegar a ella. Sólo está disponible para mí, porque eso soy yo.

Así que, en cuanto dejes de escapar de ti mismo, ahogándote en toda clase de drogas, relaciones, religiones, servicios a la Hu­manidad... muchos lo están haciendo, y no es más que una forma de escapar de sí mismos. Pero satisface sus egos: están sirviendo a la Humanidad.

Conozco a muchos de estos servidores -grandes servidores­- y al hablar con ellos y llevarles al punto central y romper sus defensas, todos literalmente rompen a llorar diciendo: "Tal vez tengas razón, estamos huyendo. Pensamos en servir a esta pobre gente, pero ni siquiera hemos sido capaces de resolver nuestros propios problemas". A la gente eso les parece un mejor escape. De esta forma puedes dejar tus problemas a un lado: ¿Cómo pue­des ser tan egoísta ocupándote de tus problemas cuando toda la Humanidad está sufriendo? Todos están sufriendo; ayúdales. De esta manera puedes, con un bello gesto, dejar tus problemas a un lado. ¡Incluso pensar en ellos es ser egoísta!

Pero teniendo semejantes problemas ¿a quién ayudarás y cómo? Sólo descargarás tus problemas en aquellos a los que pretendes servir. La mujer los descarga en su marido, el marido en la mujer, los padres en los hijos, los hijos en los padres... y todos descar­gan sus problemas en los demás, sin ver que el otro está tratando de hacer lo mismo.

¡Deja de responsabilizar de tus problemas a otro! Tú debes resolver tus problemas. Todos hemos de hacerlo. Y los problemas no son tantos. Hay un sólo problema que no has resuelto, uno que ha creado una cadena de problemas no resueltos.

Y el problema es: ¿cómo entrar en tu soledad sin miedo? Una vez que has entrado sin miedo en tu soledad, la experiencia es tan hermosa y tan llena de gozo, que nada puede comparársele.

No es en absoluto un problema, sino la solución de todos tus problemas. Pero tú lo has convertido en un problema porque has escuchado a los demás y los has seguido; un ciego siguiendo a ciegos líderes y ciegos sacerdotes.

Todos se mueven en círculos, cada uno creyendo que quien le precede es capaz de ver. Y lo mismo ocurre con el primero... se aferra al abrigo o a la camisa de algún otro, creyendo que este otro sabe donde va. Y todos siguen moviéndose en círculos; na­die va a ningún lado. Los seguidores siguen al líder. El líder si­gue a sus seguidores.

Debes detenerte y salir de éste estúpido juego de líderes y seguidores. Basta con que seas tú mismo. Y recuerda que has nacido solo. La soledad es por consiguiente tu realidad y morirás solo; ésta es tu realidad.

Y entre la vida y la muerte, entre estos dos puntos donde tú estás completamente solo, ¿cómo puede ser la vida algo diferen­te? A cada momento estás solo. Acéptalo con alegría. Entra en ello tanto como te sea posible, tantas veces como puedas.

Éste es el templo de mi religión.

No está hecho de rocas ni de mármol, sino de tu consciencia. Entra en él. Cuanto más profundamente entres, más se aleja­rán los problemas. En el momento que toques el centro de tu ser, habrás llegado a casa y desde este punto, sal y haz lo que se te ocurra. Será una ayuda, será un servicio, será un compartir. No estarás descargando nada sobre el otro.

Por un lado, los curas te han suministrado el anhelo de otro mundo, el deseo del otro mundo, del mañana.

Por el otro, el político te ofrece este mundo... puedes ser pre­sidente; cualquiera en América puede ser presidente, todos los ciudadanos son iguales. ¡Qué tontería! Ni siquiera dos hombres son iguales y sólo el más astuto será el presidente; no todos. Al menos no aquellos que podían haber ayudado a los demás.

Sólo los ambiciosos llegan en cualquier país al puesto políti­co más alto. Y además es necesario ser completamente ambicioso para jugárselo todo en esto. No te ha de importar lo que hagas; sólo has de mantener un único objetivo en la mente y hacer lo que sea necesario para alcanzarlo, esté bien o mal. Da igual. Si fracasas todo estará mal. Si tienes éxito todo estará bien. El éxito está bien; el fracaso, mal. Así es como los políticos nos han ense­ñado.

  Deshazte de todo lo que los políticos y curas han introducido en ti, y cuando lo hagas empezarás a vislumbrar tu puro ser.

  A esto lo llamo meditación.

  Una vez lo experimentas, te transforma para siempre.

 

 

 

El Autor

 

 

 

La mayoría de nosotros vivimos nuestras vidas en el mundo del tiempo, entre recuerdos del pasado y esperanzas del futuro.  Sólo rara vez tocamos la dimensión intemporal del presente, en momentos de belleza repentina, o de peligro repentino, al encontrarnos con una persona amada o con la sorpresa de lo inesperado.  Muy pocas personas salen del mundo del tiempo y de la mente, de sus ambiciones y de su competitividad, y se ponen a vivir en el mundo de lo intemporal.  Y muy pocas de las que así lo hacen han intentado compartir su experiencia con los demás.  La Tse, Gautama Buda, Bodhidharma… o, más recientemente, George Gurdjieff, Ramana Maharshi, J. Krishnamurti: sus contemporáneos los toman por excéntricos o por locos; después de su muerte, los llaman “filósofos”.  Y con el tiempo se hacen legendarios: dejan de ser seres humanos de carne y hueso para convertirse quizás en representaciones mitológicas de nuestro deseo colectivo de desarrollarnos dejando atrás las cosas pequeñas y lo anecdótico, el absurdo de nuestras vidas diarias.

         Osho ha descubierto la puerta que le ha dado acceso a vivir su vida en la dimensión intemporal del presente, ha dicho que es “un existencialista verdadero”, y ha dedicado su vida a incitar a los demás a que encuentren esta misma puerta, a que salgan de este mundo del pasado y del futuro y a que descubran por sí mismos el mundo de la eternidad.

         Osho nació en Kuchwada, Madhya Pradesh, en la India, el 11 de diciembre de 1931.  Desde su primera infancia, el suyo fue un espíritu rebelde e independiente que insistió en conocer la verdad por sí mismo en vez de adquirir el conocimiento y las creencias que le transmitían los demás.

         Después de su iluminación a los veintiún años de edad.  Osho terminó sus estudios académicos y pasó varios años enseñando filosofía en la Universidad de Jabalpur.  Al mismo tiempo, viajaba por toda la India pronunciando conferencias, desafiando a los líderes religiosos a mantener debates públicos, discutiendo las creencias tradicionales y conociendo a personas de todas las clases sociales.  Leía mucho, todo lo que llegaba a sus manos, para ampliar su comprensión de los sistemas de creencias y de la psicología del hombre contemporáneo.  A finales de la década de los 60, Osho había empezado a desarrollar sus técnicas singulares de meditación dinámica.  Dice que el hombre moderno está tan cargado de las tradiciones desfasadas del pasado y de las angustias de la vida moderna que debe pasar un proceso de limpieza profunda antes de tener la esperanza de descubrir el estado relajado, libre de pensamientos, de la meditación.

         A lo largo de su labor, Osho ha hablado de casi todos los aspectos del desarrollo de la conciencia humana.  Ha destilado la esencia de todo lo que es significativo para la búsqueda espiritual del hombre contemporáneo, sin basarse en el análisis intelectual sino en su propia experiencia vital.

         No pertenece a ninguna tradición: “Soy el comienzo de una conciencia religiosa totalmente nueva”, dice. “Os ruego que no me conectéis con el pasado: ni siquiera vale la pena recordarlo”.

         Sus charlas dirigidas a discípulos y a buscadores espirituales de todo el mundo se han publicado en más de seiscientos volúmenes y se han traducido a más de treinta idiomas.  Y él dice: “Mi mensaje no es una doctrina, no es una filosofía.  Mi mensaje es una cierta alquimia, una ciencia de la transformación, de modo que sólo los que están dispuestos a morir tal como son y a nacer de nuevo a algo tan nuevo que ahora ni siquiera se lo pueden imaginar… sólo esas pocas personas valientes estarán dispuestas a escuchar, porque escuchar será arriesgado.

         “Al haber escuchado, habéis dado el primer paso hacia el renacer.  De manera que esta filosofía no podéis echárosla por encima como un abrigo para presumir.  No es una doctrina en la que podráis encontrar el consuelo  ante las dudas que os atormenta.  No, mi mensaje no es ninguna comunicación oral.  Es algo mucho más arriesgado.  Trata nada menos que de la muerte y del renacer”.  Osho abandonó su cuerpo el 19 de enero de 1990.   Su enorme comuna en la India sigue siendo el mayor centro de desarrollo espiritual del orbe y atrae a millares de visitantes de todo el mundo que acuden para participar en sus programas de meditación, de terapia, de trabajo con el cuerpo, o simplemente para conocer la experiencia de estar en un espacio búdico.

 

 

 

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Sacerdotes y Políticos:

 

La Mafia del Alma

 

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MA GYAN DARSHANA

 

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Índice

 

Parte 1

 

Política y Religión

Cuando la Religión se convierte en Iglesia

No estoy en contra del Papa

Guerra y Paz

No hay Noticias

 

Parte 2

 

¿Quién le pone el cascabel al gato?

Sobre el poder

El político

El sacerdote

El hombre es su propio enemigo

Una historia del futuro

El loto surge del barro

La única forma de salir es entrar

 

 

Parte I

 

Las noticias que nos llegan están llenas de pesar por el futuro

Jalaluddin Rumi

 

 

 

 

Capítulo 1

Política y Religión

 

Osho,

El primer ministro Rajiv Gandhi convocará un debate nacio­nal sobre la necesidad de separar la política de la religión.

Nos gustaría saber ¿cuál es tu visión sobre el tema?

 

La política es mundana, los políticos son los servidores del pueblo. La religión es sagrada; es la guía del crecimiento espiri­tual de la gente. Ciertamente, la política es lo más bajo en lo que concierne a los valores y la religión es lo más alto. Están lejos una de otra.

Rajiv Gandhi quiere que la religión no intervenga en la políti­ca. Yo quiero que la política no intervenga en la religión. Lo su­perior tiene todo el derecho del mundo a intervenir, mientras que lo inferior no tiene ningún derecho.

La religión ha estado elevando la consciencia humana durante siglos. Lo que el hombre es ahora, por poca consciencia que ten­ga, se lo debe a la religión. La política ha sido una maldición, una calamidad, y la política es la responsable de todo lo que hay de malo en la Humanidad.    ­

Pero el problema es que la política tiene el poder y la religión sólo tiene el amor, la paz y la experiencia de lo Divino. La políti­ca puede fácilmente interferir en la religión y eso es lo que ha estado haciendo siempre hasta tal punto que ha destruido mu­chos valores religiosos que son absolutamente necesarios para la supervivencia de la Humanidad y de la vida en este planeta.

La religión no tiene un poder como el de las armas nucleares, el de las bombas atómicas, el de las pistolas... su dimensión es totalmente distinta. La religión no ansía poder; la religión es una búsqueda de la verdad, de Dios. Y la búsqueda misma, hace al hombre religioso, humilde, simple e inocente.

La política posee todo un arsenal destructivo; la religión es absolutamente vulnerable. La política no tiene corazón. La reli­gión es puro corazón. Es como una hermosa rosa; su belleza, su poesía, su danza, hacen la vida digna de ser vivida. Le dan senti­do y significado. La política es como una piedra sin vida. Pero la piedra puede destruir la flor y la flor está indefensa. La política es agresiva.

Rajiv Gandhi está poniendo las cosas cabeza abajo. Quiere que la religión no intervenga en política. Dice que la política debería tener el monopolio, para así poder someter a la Humanidad, para reducir al hombre a la esclavitud, para destruir su libertad, para destruir su consciencia, para convertirlo en un robot, para que los políticos puedan mandar y disfrutar del poder.

La religión es el único problema para los políticos. Está más allá de su alcance y más allá de su comprensión. La religión es la única área donde los políticos no deberían intervenir para nada. Porque la religión es la única esperanza.

Durante siglos, la política ha estado matando, destruyendo, a la gente. La historia de la política es la historia de unos crimina­les y asesinos. En tres mil años, los políticos han provocado cin­co mil guerras. Parece ser que el instinto de barbarie es muy pode­roso en los políticos; su único placer es destruir, mandar.

La religión les crea un problema, porque la religión ha dado al mundo las más elevadas cimas de la consciencia: un Gautama Buda, un Jesús, un Chuang Tzu, un Nanak, un Kabir. Estos son la verdadera sal de la tierra. ¿Qué ha brindado la política al mundo? ¿Un Genghis Khan? ¿Un Tamerlain? ¿Un Nadir Shah? ¿Un Ale­jandro Magno? ¿Un Napoleón? ¿Un Iván el Terrible? ¿Un Stalin? ¿Un Adolfo Hitler? ¿Un Benito Mussolini? ¿Un Mao Tse Tung? ¿Un Ronald Reagan? Todos son criminales. En lugar de estar en el poder deberían estar entre rejas; son inhumanos.

Además, son gente espiritualmente enferma. El deseo de po­der y dominio sólo surge en una mente enferma. Surge de un com­plejo de inferioridad. La gente que no sufre de un complejo de inferioridad no se interesa por el poder; se esfuerza por la paz. El significado de la vida sólo puede conocerse en un estado de paz, nunca a través del poder. Paz, silencio, gratitud, meditación; estos son los elementos básicos de la religión.

No se puede permitir que la religión sea dominada por estúpi­dos políticos. La situación es igual que si los enfermos pretendieran dominar y dirigir a los médicos diciéndoles lo que deben hacer y lo que no deben hacer. De acuerdo, los enfermos son mayoría, pero eso no quiere decir que el médico deba ser dominado por la mayoría. El médico puede curar las heridas, puede curar las en­fermedades de la Humanidad. La religión es el médico.

Los políticos ya han hecho demasiado daño y están llevando a toda la Humanidad a un suicidio global. Y aún así, Rajiv Gandhi tiene el atrevimiento de decir que: "La religión no debe interferir", ¡cuando toda la vida de este planeta está en peligro! No solamen­te lo está el hombre, sino también los inocentes pájaros con sus trinos, los silenciosos árboles y sus flores y todo lo que está vivo.

Los políticos han logrado crear un poder destructivo tal, que es suficiente para acabar con la vida en la Tierra. Y siguen acu­mulando más y más armas nucleares. De hecho, hace tres años, había suficientes armas nucleares para destruir siete veces a cada hombre, para destruir siete veces la Tierra entera o para destruir siete Tierras. Un hombre sólo muere una vez; no se necesita acumular tanto poder destructivo.

Toda la política está basada en mentiras.

Precisamente el otro día –nunca creí que un hombre en su sano juicio pudiese decir algo así- Ronald Reagan realizó unas declaraciones. Había estado negando siempre ante el Senado que se estuvieran entregando armas a ciertos países. Y ahora las in­vestigaciones han demostrado que mentía, que estuvo mintiendo continuamente durante dos años. Han entregado armas destructi­vas a países pobres y no lo han hecho a pequeña escala, sino en grandes cantidades. Ante la evidencia, Ronald Reagan tuvo que justificarse, y lo que dijo da risa, ¡es absolutamente ridículo!

  Dijo, "En mi interior sé que todo lo que dije es verdad. Pero... Los hechos que se han descubierto revelan que es mentira. Sin embargo, creo todavía, honradamente, que todo lo que dije es verdad". Él está admitiendo la evidencia y simultáneamente dice: "Creo honradamente que todo lo que dije es cierto, aunque los hechos demuestran que no fue así”.

Los políticos viven de mentiras, viven de promesas, pero esas promesas nunca se cumplen. Son las personas más incapaces del mundo. Su única cualidad es la de saber engañar a las pobres masas, o, en los países pobres, comprar sus votos. Y una vez en el poder se olvidan completamente de que son en realidad los servidores del pueblo; empiezan a comportarse como si fuesen sus amos.

¿Qué saben ellos del mundo interior del hombre? ¿Qué saben del éxtasis, de la divinidad? Sin embargo, quieren impedir que la religión intervenga en la política. Pero ¿qué hay de ellos? ¿Acaso se les debe permitir que interfieran en la religión? ¿Es que lo más bajo va a dominar a lo más alto? ¿Es que lo mundano va a domi­nar a lo sagrado? Esa sería la peor de las desgracias para la Hu­manidad.

Tal como yo lo veo, todos los políticos deberían ser meditadores, deberían conocer algo del mundo interior; deberían ser más conscientes, más compasivos, deberían conocer el sabor del amor, deberían conocer la experiencia del silencio de la Existencia, la belleza de este planeta y los regalos de la vida. Y además debe­rían aprender a ser humildes y agradecidos.

La religión debería ser el amo de todos los políticos. Por­que a no ser que los políticos tengan algo de religiosidad, no hay futuro alguno para la Humanidad. La religión debe intervenir, metiéndose con los políticos. Porque si la religión no interviene... Los políticos son ciegos, no tienen ojos; son sordos, no tienen una mente que esté en silencio para poder escuchar la verdad.

Pero ¿por qué dice Rajiv Gandhi que religión y política debe­rían estar separadas? La política es una nimiedad. La religión abarca toda la evolución del hombre. La política debería ser sólo una mínima parte de la vasta experiencia religiosa. No hay nece­sidad de ninguna separación. Pero cuando el político asume el poder, se vuelve tan egoísta que no puede pensar en acercarse a esa gente simple y humilde, pero sabia.

Los problemas van en aumento. Los políticos han demostrado su impotencia para resolverlos, pero son incapaces de buscar el consejo de la gente que, por tener mayor claridad, pueda guiarles.

Yo no soy un político. Nunca he votado en mi vida y no lo haré jamás, porque ¿qué sentido tiene elegir entre dos chimpan­cés? ¿Sólo por tener distintas banderas? ¿Por tener símbolos di­ferentes? Los chimpancés son chimpancés.

Lo que los políticos han de tener es un profundo respeto por la religión, por la gente religiosa, porque lo que está claro es que las personas religiosas no pelearán por ganar unas elecciones; ningún hombre religioso mendigará votos. Básicamente, él no tiene deseo alguno de satisfacer su ego, ni de esconder su complejo de inferioridad. En su silencio, en su paz; en su dicha, ha conocido la superioridad suprema. No hay nada que supere esto, no hay nada más elevado. Él se ha convertido en su propio tem­plo; su dios está dentro de su ser.

El político vive de la guerra, vive creando alborotos, vive del disturbio; éstos son sus alimentos. Adolfo Hitler escribió en su autobiografía: "Si no tienes enemigos, no podrás ser un gran lí­der. Incluso si no los tienes, inventa la ficción de que tu país está en peligro, porque cuando la gente tiene miedo es fácil convertirlos en esclavos. Cuando la gente tiene miedo está dispuesta a seguir a los políticos". A pesar de ser un loco, de vez en cuando decía cosas muy significativas. Una vez dijo: "Los líderes más grandes de la Humanidad nacen en épocas de guerra". Así que a menos que haya una guerra, no podrás ser un líder. Tan sólo para satisfacer el deseo de ser un gran líder, tienes que matar a millones de personas. ­

Y tiene razón; en época de paz, la gente no necesita seguir a nadie, la gente no convierte a su líder casi en un Dios para que su palabra sea ley.

Los políticos intentan por todos los medios mantener a la gente atemorizada. China está acumulando armas nucleares en su fron­tera con la India; Pakistán concentra ejércitos en su frontera con la India -los políticos indios siguen insistiendo en ello. En Pakistán siguen diciendo que es la India la que concentra sus tropas en la frontera; en China, insisten en que la India está desarrollan­do armas nucleares. Y en los Parlamentos siguen diciendo, "No estamos desarrollando nada". Pero esto es una mentira descarada.

El líder chino ha de mantener atemorizado a su pueblo. El líder indio tiene que asustar a los indios. Los líderes pakistaníes tienen que mantener a su pueblo atemorizado.

En tu miedo está su poder.

Cuanto más te asustan, más poderosos son. Siguen creando ficciones, dentro y fuera del país: guerrillas hindúes y musulmanas; luchas entre la gente que habla hindi y la que no lo habla. Quieren que sigas luchando por cualquier cosa, incluso la más trivial. Si te tienen ocupado peleando, ellos mantienen el poder. Si dejas de luchar, su poder desaparece. Este es un juego muy sucio.

Uno de los deberes del hombre religioso es mantenerse por encima de la política y conducir a la gente hacia valores más creati­vos, hacia una mejor Humanidad. De hecho, si las religiones com­prendiesen que toda la Humanidad es una y que no se necesitan naciones, todos estos pigmeos políticos desaparecerían.

Pero lo extraño del caso es que los políticos siguen diciendo que la religión debería mantenerse alejada de la política, ¿por qué? ¿Por qué debe separarse la verdad de la política? ¿Por qué ha de estar el amor separado de la política? ¿Por qué ha de sepa­rarse la consciencia meditativa de la política? ¿Por qué separar al corazón devoto de la política?

Sí, entiendo que deberían estar separadas en el sentido de que la religión es lo más elevado. El político necesita tratamiento psi­cológico y tratamiento espiritual y debería acercarse al hombre religioso y solicitar su consejo. Es lo que se hacía en la antigua India. Conocemos esa época; esa edad de oro permanece viva en la memoria. Hubo un tiempo en que los reyes iban a los bosques a presentar sus respetos a mendigos que nada poseían y a pedirles consejo.

Los reyes solían tocar los pies de aquellos que se habían rea­lizado en señal de inmenso respeto, porque incluso sólo su ben­dición puede transformarte. La política es funcional, es práctica, pero es incapaz de transformar al hombre en una consciencia su­perior. Y esto es especialmente cierto con respecto a la India, donde la situación siempre ha dado asco. Y eso duele.

Mahatma Gandhi solía decir, antes de la independencia, que el primer presidente de la India sería una mujer. No sólo una mu­jer, sino una "sudra", de la casta más baja de los intocables.

Pero cuando llegó  la libertad, se olvidó de todas las promesas que había estado haciendo y el juego de poder comenzó de nuevo al viejo estilo. Pandit Jawarhalal Nehru es un brahmin; no es ni mujer, ni sudra. Nuevamente es un brahmin quien asume el po­der. Y durante cuarenta años, en la India ha estado gobernando una sola familia de brahmines. Casi se ha convertido en una di­nastía familiar. Ya no es una democracia.

Simplemente observa los hechos. ¿Cuál era la influencia que Mahatma Gandhi tenía sobre la gente de la India? Aparentaba ser muy religioso -aunque no lo era- fingiendo ser un santo hindú, porque los hindúes eran mayoría; ellos eran los que gobernarían al país. Por eso insistía tanto en que la India no debía dividirse; porque en una India indivisa, serían los hindúes los que ostenta­rían el poder. Nadie podría habérselo arrebatado porque los demás estaban en minoría. Nadie se ha dado cuenta de su táctica políti­ca utilizando incluso la religión para fines poco escrupulosos.

 

El doctor Ambedkar quería que los intocables tuvieran una votación sólo para ellos y yo estoy totalmente de acuerdo con él, por la sencilla razón de que durante cinco mil años esta gente ha sido oprimida, explotada; han destruido toda su dignidad de seres humanos. Y ellos son la cuarta parte de la población hindú.

  Hacen los trabajos más duros y desagradables; por ello deberían ser respetados, deberían ser honrados pero por el contrario, hasta su sombra se considera intocable. Si la sombra de un intocable cae sobre ti, debes bañarte inmediatamente para purificarte.

 

Ambedkar tenía toda la razón al pedir unas elecciones separadas para los intocables, sólo de este modo se tendría la oportunidad y la certeza de que una cuarta parte de sus miembros, alcanzarían un puesto en el parlamento. De otro modo, jamás lo lograrían y por lo tanto nunca podrían cambiar las leyes inhumanas que Manú creo hace cinco mil años.

Existen grandes criminales, pero Manú parece ser el peor. Adolfo Hitler respetaba a Manú; como también lo hacía Friedrich Nietzsche ­-ellos no respetaban a Gautama Buda- y Manú ha sido una maldición para este país. Ha despojado de su humanidad a millones de personas que están viviendo como animales.

Ambedkar era absolutamente lógico y correcto al decir que se les debía otorgar un voto separado, pero Gandhi comenzó una huelga de hambre para forzar a Ambedkar a retirar su propuesta; si no lo hacía, ayunaría hasta morir. Ahora bien, esto es absoluta­mente ilógico. Incluso aunque convenzas a la gente con tu ayuno, eso no quiere decir que tengas razón. Esto es chantaje, es amena­zar con, "Me suicidaré si no estás de acuerdo conmigo".

Obviamente todo el país presionó a Ambedkar diciéndole, "Suspende tu campaña, porque si no lo haces, la muerte de Gandhi traerá graves consecuencias para ti y para los intocables. Los quemarán vivos. Quemarán sus aldeas, porque los hindúes se venga­rán alegando que los sudras han causado la muerte de Gandhi". Ambedkar se mantuvo firme en su propósito, pero al final se rin­dió ante la perspectiva de lo que podría ocurrir si Gandhi moría... a pesar de que esto no es un argumento válido.

Si yo hubiera estado en el lugar de Ambedkar, le hubiera dicho a Gandhi: "Puedes morirte, porque tu muerte no es un argumento válido. Es una historia tan estúpida como esta otra que he oído".

Un hombre muy feo, quería casarse con una joven muy bella; él era de la edad del padre de la joven. Trató de conseguirla usan­do el método de Gandhi: llevó su colchón, lo colocó frente a la casa de la mujer que pretendía y declaró que ayunaría hasta que el padre le entregara a su hija en matrimonio. Por supuesto todos simpatizaban con el pobre hombre diciendo: "Se está muriendo. ¡Qué amor tan grande siente! Solamente hemos oído historias así en los cuentos. ¡Es verdaderamente un Majnu, un Fardad, un Mahival!"

El padre estaba muy afligido y la joven muy asustada. Duran­te todo el día la casa estuvo llena de gente que gritaba: "Su muer­te será un peligro para ti. Este hombre no es violento, sino todo lo contrario; es religioso, está ayunando". Alguien le sugirió al padre de la joven: "Ve a ver a algún viejo seguidor de Gandhi, para que te diga lo que debes hacer".

El seguidor de Gandhi le dijo: "No hay ningún problema. Sé de una prostituta vieja y fea... Dale cien rupias y dile que también lleve allí su colchón y se acueste al lado del hombre y le diga: "Ayunaré hasta la muerte si no te casas conmigo". Esa misma noche, el hombre cogió su colchón y escapó. Esos no son argu­mentos.

Y Ambedkar fue obligado a retirar su campaña. Y llevó un vaso de zumo de naranja a Gandhi para que interrumpiera su ayu­no. Esto es poner la religión al servicio de la política. Ningún hombre religioso hubiera hecho eso.

La idea de que la India debía permanecer unida no fue más que una estrategia política utilizada en beneficio de los hindúes para que los musulmanes, o los cristianos, o los jainas o los sikhs, nunca pudiesen alcanzar el poder. De este modo los hin­dúes siguen en el poder. Son la mayoría.

Jinnah, el hombre que creó Pakistán, no era en absoluto un hombre religioso, pero también se sirvió de la religión. Creó un movimiento con el fin de que los musulmanes obtuviesen un país independiente; de otro modo, no conseguirían tomar el poder jamás. De pronto se volvió un gran musulmán, un gran religioso. Y en nombre de la religión... Todo fue pura política: ni Mahatma Gandhi, ni Mohamed-Ali Jinnah eran religiosos. Ambos querían poder.

Desde entonces han pasado cuarenta años, ¿qué han hecho los políticos por India? Cuando se logró la independencia, la población era de cuatrocientos millones. No han conseguido detener la explosión demográfica que aniquilará al país sin necesidad de armas atómicas. Ahora la población se ha multiplicado; son ya novecientos millones! Y para finales de este siglo, la India tendrá la mayor población del mundo. Hasta ahora la tenía China, pero China se está comportando más científicamente y está intentando reducir su población. A finales de esté siglo, uno de cada cuatro hombres, será indio.

¿Pero qué están haciendo los políticos? Tienen miedo de de­cir algo a favor del control de la natalidad, a favor del aborto, porque no les interesa si el país sobrevive o muere; lo que les interesa es no herir a nadie. La gente tiene sus prejuicios y los políticos no quieren tocar esos prejuicios, porque necesitan sus votos. Si hieren estos prejuicios nadie votan por ellos.

Sólo un hombre religioso con "una visión muy clara”, alguien que no necesite el voto de la gente, puede decir la verdad. Los políticos sólo son capaces de decir hermosas mentiras, mentiras consoladoras, con el único fin de conseguir tu voto. El hombre religioso no necesita nada de ti. Al contrario, decir la verdad pue­de poner en peligro su vida, siempre ha sido así. Cada vez que la verdad ha sido dicha, el hombre que la dijo ha sido crucificado. Los políticos buscan el poder, no que los crucifiquen. El mundo necesita más gente religiosa que sea capaz de decir la verdad, aunque esto signifique la crucifixión. El hombre religioso no tie­ne miedo de ser crucificado por la sencilla razón de que él sabe que la muerte no existe. A lo sumo podrán destruir su cuerpo, pero su consciencia, su alma, su Dios interior, seguirá viviendo.

La religión debería tener un estatus superior y se debería es­cuchar a la gente religiosa. El Parlamento debería invitarles cons­tantemente a que les diesen ideas sobre cómo resolver los proble­mas del país, porque por sí mismos parecen ser absolutamente incapaces de resolver nada. Los problemas siguen creciendo, pero el ego del político no quiere que nadie esté por encima de él. Pero te guste o no, el hombre religioso es superior a ti. Tú no puedes provocar una transformación en la consciencia de la gen­te; él sí.

Ciertamente, la religión no debería descender de lo sagrado a los asuntos triviales de la política. Así que en este punto estoy de acuerdo: la religión y la política deberían estar separadas. La distancia es grande. La religión es una estrella del firmamento y los políticos son criaturas rastreras de la tierra.

Están separadas. No hay duda de que deben permanecer sepa­radas. Pero los políticos deberían recordar que se ocupan de asun­tos mundanos. Y esa no es la verdadera meta de la Humanidad.

La gente religiosa está haciendo un enorme esfuerzo para elevar a la Humanidad, para elevar su consciencia, su amor, su compa­sión, hasta un punto donde las guerras sean imposibles, donde los políticos no puedan engañar a la gente, donde sus mentiras y sus promesas queden al descubierto. Esto no es intervenir en la política, es sencillamente proteger a la gente de la explotación de los políticos. La separación ya es un hecho. ¿Quién ha metido la idea a Rajiv Gandhi de que la religión y la política no están­ separadas?

La política es algo que pertenece a las cloacas. La religión pertenece al cielo abierto y limpio, como el pájaro volando a tra­vés del sol para llegar al centro mismo de la Existencia.

Es muy cierto que la gente religiosa no participará en la polí­tica, pero los políticos deberían aprender a ser humildes; su poder no debería cegarles. El poder corrompe y el poder absoluto, corrompe absolutamente; todos los políticos están corrompidos por el poder. ¿Y qué poder tienen? El de matarte. Su poder es el poder del carnicero, nada glorioso ni respetable.

El hombre religioso tiene una calidad de poder totalmente diferente. Éste radica en su presencia, en su gran amor y reverencia por la vida, en su gratitud a la Existencia.

No deberíamos olvidar que lo inferior debe permanecer dentro de sus límites y que se debería pedir consejo a los sabios para resolver los problemas que los políticos son incapaces de resol­ver; ni siquiera tienen un cerebro adecuado para resolverlos.

Pero las intenciones de Rajiv Gandhi son totalmente distin­tas. Lo que él quiere es que la política sea el único poder que domine al mundo entero, incluyendo a la religión, y que sea la religión la que siga los dictados de la política.

Condeno absolutamente esa idea. La religión no puede seguir los dictados de los políticos. Son los políticos los que deberían aprender a escuchar el consejo de la gente religiosa. Los proble­mas son tan pequeños que cualquier hombre con inteligencia y buena voluntad puede fácilmente resolverlos. Pero el político no quiere resolverlos; sólo habla de resolverlos, porque su poder depende de la cantidad de problemas que tengas. Mientras más problemas tengas y más desgraciado seáis, más poderosos serán.

Para la consciencia religiosa, cuanto más dichoso seas, más amoroso, más alegre, más jubiloso... quiere que tu vida sea una canción, una danza, porque ésta es la única forma de rendir culto a la fuen­te de toda vida: con nuestra alegría, con nuestra danza y nuestras canciones.

 

 

Capítulo 2

Cuando la Religión se Convierte en Iglesia

 

Osho,

¿Qué es la religión?

¿Cuál es tu opinión sobre las religiones organizadas?

 

La religión es la más alta aspiración de la consciencia humana, es la búsqueda individual de la verdad.

La verdad interna no pertenece al conocimiento común. Cada cual ha de entrar en sí mismo; cada vez es un nuevo descubri­miento. No importa cuánta gente haya alcanzado su Realización, su Despertar. En cuanto lo alcanzas, es absolutamente nuevo, porque no puede tomarse prestado.

La búsqueda consiste básicamente en llegar a conocer tu inte­rior. Tienes una parte externa, y ninguna parte externa existe sin una interna. La propia existencia de lo externo es la prueba de la existencia del mundo interior.

El mundo interior está formado por tres capas: los pensamien­tos son la más superficial, los sentimientos son más profundos, y luego está el ser, que es tu divinidad. Conocer la propia divinidad, la propia eternidad, es la búsqueda fundamental de la religión.

Todos los sentidos te llevan hacia el exterior: los ojos se abren para mirar lo exterior, los oídos oyen lo que sucede en el exterior, tus manos tocan lo que hay en el exterior. Los sentidos son las puertas para salir. Y recuerda siempre que la puerta que te sirve para salir, también te sirve para entrar; la misma puerta por la que sales de tu casa, es por la que entras cuando regresas. Sólo cam­bia el sentido. Para salir necesitas tener los ojos abiertos; para entrar necesitas cerrarlos; has de mantener todos tus sentidos callados.

  El primer encuentro es con la mente; pero esa no es tu realidad. Aunque esté en tu cerebro, no eres tú; es el reflejo del exterior. Todos tus pensamientos son un reflejo del exterior.

Por ejemplo, un ciego no puede imaginarse los colores porque no los ha visto; por lo tanto ese reflejo no es posible. El ciego ni siquiera sabe qué es la oscuridad y debido ha que nunca ha visto ni luz ni oscuridad, no hay posibilidad de reflejo alguno. El ciego no conoce ni la luz, ni la oscuridad; para él esos dos términos carecen de sentido. Y si analizas tus pensamientos descubrirás que surgen en tu interior debido a la realidad exterior, de manera que son básicamente externos. Reflejos en el lago inte­rior de tu consciencia.

Pero debido a estos pensamientos... una multitud inmensa que se va acumulando en ti y creando una muralla china... Tienes que ir más allá de tus pensamientos. Y la religión conoce un solo método; con diferentes nombres, pero un solo método: la obser­vación, el ser testigo. Simplemente observa tus pensamientos, sin juzgarlos, sin condenarlos, sin darles importancia... con un ex­tremo desapego. Simplemente observa tus pensamientos fluyendo sobre la pantalla de tu mente.

Y a medida que el observador se fortalece, tus pensamientos van disminuyendo. Si el observador supone el diez por ciento de tu energía, entonces el noventa por ciento se desperdicia en pensamientos. Si tu observador absorbe el noventa por ciento, en­tonces sólo el diez por ciento se invierte en pensamientos. En el momento en que tú eras cien por cien un observador, la mente queda vacía.

Todo este proceso es lo que se conoce como meditación. Al atravesar los pensamientos llegas a la segunda capa, la de los sentimientos, la de tu corazón, que es más sutil. Pero ahora tu observador es ya capaz de observar tus estados de ánimo, tus sen­timientos, tus sensaciones; aunque sean de lo más sutil. Y el mis­mo método funciona como con los pensamientos; pronto no ha­brá sentimientos, sensaciones, estados de ánimo... Habrás ido más allá de la mente y del corazón. Ahora queda un silencio profundo; nada se mueve. Éste es tu ser. Esto eres tú.

El sabor de tu ser es la verdad.

La belleza de tu ser es la belleza de la Existencia.

El silencio de tu ser es el lenguaje que la Existencia entiende. Y recogido en tu ser, has llegado a casa, tu peregrinaje se ha terminado, tu lucha ha cesado. Cómodamente te asientas en silencio en tu ser. Un gran esplendor oculto se te revela porque no estás separado de la realidad; eres uno con ella. Los árboles, la luna, las estrellas y las montañas, todo es parte de una unidad orgánica. Tú eres también parte de esa unidad orgánica, eres parte de Dios.

La religión es el supremo logro del hombre. Más allá de la religión no hay nada, pero tampoco hay necesidad de nada más. Tu ser es tan extático, rebosa tanta felicidad, tanto silencio, tanta paz, tanta comprensión, tanto éxtasis, que por primera vez la vida se vuelve realmente una canción, una danza, una celebración. Pero la religión organizada es algo totalmente diferente, así que siento que debo aclararte que la religión auténtica es siempre indivi­dual. Cuando la verdad se organiza, muere; se convierte en una doctrina, en una teología, en una filosofía, pero deja de ser una experiencia, porque una multitud no puede tener experiencias. Las experiencias suceden sólo a los individuos.

Es casi como el amor. Con el amor no puedes crear organiza­ciones para no tener así que preocuparte, para que la organiza­ción se encargue de todo, para que el sacerdote ame en tu lugar. Y eso es lo que le ha sucedido a la religión. Cada vez que un hom­bre descubre la verdad, inmediatamente una parte de la Humani­dad -la más astuta: los sacerdotes- lo rodea. Empiezan a reco­pilar sus palabras, empiezan a interpretarlas y empiezan a procla­mar que si la gente quiere saber la verdad, ha de hacerla a través suyo; ellos son los intermediarios de Dios. Pueden llamarse a sí mismos profetas, pueden hacerse llamar mensajeros, pueden es­coger el nombre que sea, pero la realidad es que se han colocado a sí mismos como agentes de Dios. No conocen a Dios, pero en nombre de Dios explotan a la Humanidad.

La religión organizada es otra forma de política. Así como he condenado a la política como la más baja de las actividades humanas, lo mismo hago con las religiones organizadas. Tú puedes verlo: los sacerdotes y los políticos han estado siempre en cons­piración contra la Humanidad. Se han apoyado unos a los otros. Han dividido las cosas entre ellos para que lo mundano sea de los políticos -ahí gobiernan ellos- y tu vida interior pertenezca al sacerdote; ahí es él el que manda.

Uno a veces se asombra... parece increíble que en pleno siglo veinte el Papa pueda declarar -como lo hizo hace unos meses­ que el comunicarse directamente con Dios es un pecado. Debes hacerlo por el conducto adecuado,  a  través del  sacerdote, porque si la gente  comenzara a dirigirse directamente a Dios

-confesar­se a Dios, rezarle a Dios- millones de sacerdotes se quedarían sin empleo. Ellos no hacen nada; su función es engañarte. Tú no conoces el lenguaje de Dios ni eres tan evolucionado; por una simple donación a su iglesia o templo, ellos hacen el trabajo por ti.

Todas esas donaciones van a la bolsa de los sacerdotes. No saben nada de Dios, pero son muy eruditos: pueden repetir las escrituras como loros. Pero su íntimo anhelo no es de Dios, ni de la verdad. No son buscadores; son explotadores.

Supe que un cura compró dos loros a los que enseñó -con mucho trabajo- hermosos pasajes sobre Jesucristo. Y todos es­taban asombrados porque hablaban muy correctamente. Les hizo unos pequeños rosarios -para que estuviesen constantemente rezando y también les compró unas pequeñas Biblias... Así que tenían siempre sus Biblias abiertas mientras repasaban las cuen­tas. Aunque no podían leer lo sabían todo de memoria. El cura abría una página y decía: "Página doce". Y ellos empezaban a leer. No es que leyeran; repetían de memoria.

El cura estaba muy satisfecho y pensó que sería bueno tener otro loro para enseñarle a decir sermones completos en vez de recitar la Biblia y rezar el rosario. Encontró un loro cuyo dueño le aseguró: "Su deseo será satisfecho; nunca he visto un loro tan inteligente”.

Pero no se dio cuenta de que era un loro hembra. En cuanto fue puesto en la jaula con los otros dos loros -que estaban re­zando el rosario y leyendo la Biblia- ambos miraron a la hembra y uno de ellos dijo: "¡Jorge, deja el rosario. Nuestras plegarias han sido escuchadas!".

Tus sacerdotes no son más que loros y sus plegarias son para obtener poder, prestigio, dinero. Son políticos disfrazados. Ha­cen política en el nombre de Dios, la política de los números. Hay ahora setecientos millones de católicos; evidentemente el Papa es el hombre religioso más poderoso del mundo.

Todas las religiones ha incrementando el número de sus fieles utilizando diferentes métodos. A los musulmanes se les permite tener cuatro esposas para así engendrar cuatro niños al año. Han tenido un gran éxito; son la segunda gran religión después del cristianismo.

"Religión organizada" es sólo una expresión sin contenido, sin significado; en ella se esconde la política de los números. Y lo sabes perfectamente. Cuando las elecciones se acercan, tus políticos van a ver al Shankaracharya. Durante cinco años nadie va a visitarle, pero cuando las elecciones se acercan, entonces el primer ministro visita al Shankaracharya; acude en peregrina­ción a templos situados en montañas tan altas como los Himala­yas. ¿Para qué? Repentinamente surge una gran devoción religio­sa, que declina en cuanto las elecciones terminan.

Esta gente necesita los votos, tienen que mostrar respeto a los dirigentes de las religiones. Y un Shankaracharya se siente hala­gado cuando un primer ministro le toca los pies. Y los hindúes, ­los seguidores del Shankaracharya, piensan que su primer mi­nistro es muy devoto.

Cuando el Papa viene a la India, incluso el presidente y el primer ministro con todo su gabinete forman en fila para recibirle en el aeropuerto. ¿Para qué? La tercera gran religión en la India es ahora el cristianismo y si muestras respeto por el Papa signifi­ca que todos los votos de los cristianos van a ser tuyos.

Las religiones organizadas -ya sea el cristianismo o el hin­duismo o el islamismo- nunca han buscado la verdad. En dos mil años, ¿qué verdad ha organizado el cristianismo además de lo ya dicho por Jesús? Así que ¿qué necesidad hay de esta organiza­ción? No ha incrementado la religiosidad de la gente; simple­mente ha repetido lo que dijo Jesús, lo que está a disposición de todos en los libros. En veinticinco siglos, ¿cuántos budistas han ido en busca de la verdad o la han hallado? Son sólo una larga fila de loros repitiendo, lo que Gautama Buda encontró.

Y debes recordar que Buda no fue parte de ninguna religión organizada, ni tampoco lo fue Mahavira, ni Jesús. Ellos eran busca­dores individuales. Ese es el privilegio y la dignidad del individuo.

Las religiones organizadas, al igual que los políticos, han provocado las guerras. Los nombres pueden cambiar: los políticos luchan por el socialismo, el comunismo, el fascismo, el nazis­mo... y las religiones organizadas luchan por Dios, por el amor, por su propio concepto de lo que es la verdad. Y millones de personas han resultado muertas en los choques entre cristianos y musulmanes, entre cristianos y judíos, entre musulmanes e hin­dúes, entre hindúes y budistas. La religión no tiene nada que ver con la guerra; es la búsqueda de la paz. Pero las religiones orga­nizadas no están interesadas en la paz; están interesadas en vol­verse más y más poderosas y dominantes.

Condeno a los políticos e igualmente condeno a las religiones organizadas, porque no son más que política. Por esto, cuando digo que la gente religiosa debe ser respetada, honrada y que los políticos deben acudir a ellos en demanda de consejo, no me re­fiero a las religiones organizadas; me refiero a los individuos religiosos. Y un individuo religioso no es ni hindú, ni cristiano, ni musulmán. ¿Cómo podría serlo? Dios mismo no es ni hindú, ni musulmán, ni cristiano, y el hombre que conoce algo de lo Divino adquiere los colores de la Divinidad, exhala el aroma de la fragancia divina.

En el antiguo Oriente, esta gente religiosa fue el más elevado florecimiento. Incluso reyes y emperadores acudían a ellos para postrarse a sus pies y recibir su bendición, para solicitar consejo sobre problemas difíciles de resolver.

Si queremos que el mundo siga existiendo, tenemos que retor­nar a nuestros antiguos días de infancia, cuando la persona religio­sa no albergaba intereses privados. Por eso sus ojos estaban lim­pios, por eso su corazón era puro amor, su ser era en sí una bendi­ción. Quienquiera que llegaba a él, era curado; sus problemas re­sueltos; obtenía nuevos enfoques para sus viejos problemas.

Las religiones organizadas deben desaparecer del mundo, han de abandonar su máscara de religiosidad. Son simplemente políti­cos, lobos con piel de cordero. Han de desvelar sus verdaderos intenciones; son políticos, no hay nada malo en ello. Siempre han sido políticos, pero han estado haciendo política en nombre de la religión.

Las religiones organizadas no tienen futuro alguno.

Deben abandonar su disfraz y mostrarse como políticos y ser parte del mundo político, para que así podamos encontrar al indi­viduo auténticamente religioso, que es muy raro de encontrar. Pero unos cuantos individuos auténticamente religiosos, bastan para conducir al mundo entero hacia la luz, hacia la vida inmortal, hacia la verdad última.

 

 

Capítulo 3

No Estoy en Contra del Papa

 

Osho,

Tú estás muy en contra del Papa.

¿Se debe a que la Iglesia Católica es quizás la más organizada de las religiones?

 

No estoy en contra de nadie, pero sí estoy a favor de la verdad. Voy a criticar todo aquello que vaya contra la verdad; para mí es un deber sagrado. Que la Iglesia Católica sea la religión más or­ganizada, es una de las razones por las que critico tanto al Papa. Hay también otras razones.

Me gustaría detallarte todas las razones de mis críticas. Pri­mero, la Iglesia Católica en particular y el cristianismo en general, no son en absoluto una religión. Llamarla "religión organizada" es utilizar un término equivocado. Es una "superstición organizada".

Durante estos veinte siglos después de Jesucristo; el cristia­nismo ha estado defendiendo toda clase de supersticiones y lu­chando contra la ciencia, contra todos los descubrimientos de la verdad. Y quienes han promovido esta guerra entre la supersti­ción y la ciencia, han sido los Papas.

En primer lugar, durante estos veinte siglos los Papas han es­tado proclamando su infalibilidad, lo cual es algo absurdo. Pero según su lógica, ellos representan a Jesucristo y Jesucristo es el único hijo de Dios. Por tanto, indirectamente ellos son el instru­mento de Dios, ¿cómo podrían ser pues falibles? Pero la vida no es lógica. Tu Dios mismo es una ficción. El que Jesucristo sea el unigénito de Dios, es otra ficción. Y la infalibilidad del Papa es simplemente ridícula.

 

Cuando Galileo descubrió que no era el Sol el que giraba al­rededor de la Tierra, sino que era la Tierra la que giraba alrededor del Sol -era ya viejo, setenta y cinco u ochenta años, casi en su lecho de muerte-, fue llevado ante la presencia del Papa. Y el Papa le dijo: "Antes de morir desdícete de lo que afirmas porque va en contra de lo que dice la Biblia. Y todo lo que va contra la Biblia, es falso porque la Biblia es la palabra de Dios".

Galileo era un gran científico y tengo un enorme respeto por él. A su edad y a las puertas de la muerte seguía teniendo un gran sentido del humor.

Él dijo: "No hay problema, lo cambiaré; escribiré en mi libro exactamente lo que está escrito en la Biblia -que el Sol gira al­rededor de la Tierra pero he de decir claramente lo siguiente: ni el Sol ni la Tierra van a leer mi libro. En realidad, la Tierra seguirá moviéndose alrededor del Sol".

"¿Y por qué insistís? Tengo las pruebas, he dedicado mi vida a la investigación y todos los que tienen una mente científica están de acuerdo conmigo. Tarde o temprano tendréis que estar también de acuerdo conmigo porque uno no puede mantenerse en contra de la verdad por mucho tiempo."

El Papa dijo: "No podemos tolerar nada que vaya en contra de la Biblia por la simple razón de que si algo de lo que dice resulta falso, entonces la infalibilidad de Dios desaparece. Y si Dios mismo es falible, ¿qué pasará con Jesucristo? ¿Y con el Papa? Y si Dios ha escrito una falsedad, ¿quién sabe?, puede ser que haya escrito muchas otras. No podemos permitirlo".

Durante trescientos años los Papas han estado luchando dura­mente contra todos y cada uno de los descubrimientos científicos de la verdad. Nadie puede salir victorioso contra la verdad, pero lo han intentado con todas sus fuerzas. Es la única religión que ha peleado contra la ciencia; ésta es una de las razones funda­mentales por las que estoy en contra del Papa.

Incluso ahora continúan oponiéndose a la ciencia sabiendo perfectamente que saldrán derrotados y que es una batalla perdida. Y continúan llamándose infalibles.

Es sorprendente cómo la gente puede tener tan poca vergüenza. Es hora de que aprendan.

­Ellos sacrificaron y quemaron a Juana de Arco por orden del Papa, porque él la declaró bruja. ¿En base a qué, a qué razona­miento, a qué revelación? ¿Sólo porque el Papa lo diga, tiene que ser cierto? La palabra del Papa es ley; la palabra del Papa es la verdad. Quemaron a una gran mujer, valerosa e inteligente, que había luchado por la libertad de su país y que había ganado para éste la libertad. Sintieron celos de que una mujer se hiciera tan notable que incluso el Papa quedara en un segundo plano.

Fue quemada por celos; no había cometido pecado. Toda Eu­ropa se conmovió y lentamente empezó a levantar la voz contra su muerte. Pero tuvieron que pasar casi trescientos años para que la voz de la gente fuera escuchada y otro Papa declarara a Juana de Arco una gran santa.

Un Papa la quema viva, por bruja -tenía relaciones carnales con el diablo- y después de trescientos años, otro Papa -su su­cesor, representante del mismo Jesucristo y de Dios- declara que era una santa. Sus restos fueron exhumados y ahora son venera­dos, y una hermosa catedral se yergue en su memoria. Ahora ya no se la llama simplemente Juana de Arco, sino Santa Juana de Arco.

  El Papa viaja continuamente por todo el mundo, predicando­ particularmente en los países de Oriente donde la gente es muy pobre y donde va a volverse más y más pobre cada día -que el control de la natalidad es contrario a Dios, que cualquier método que impida el nacimiento de un niño es contrario a Dios. Pero el Papa no está interesado en que la gente viva mejor, sin pasar ham­bre. La gente no debería morir por falta de agua, de alimento.

Y te sorprenderá saber que por una parte el Papa habla contra los métodos de control de la natalidad y por la otra, el Vaticano tiene una fábrica clandestina donde se fabrican píldoras anticon­ceptivas porque es un buen negocio y deja millones de dólares. ¿Llamas a esa gente, "religiosa"?

  El viaja por todo el mundo diciendo que los curas católicos, los obispos y cardenales, no deben inmiscuirse en la política, porque él quiere tener a los políticos a su favor. Y está demostra­do que él mismo envió a Polonia -a un partido político-       cien millones de dólares para luchar contra el comunismo, ¿no es esto política?

Y su interés por no controlar la natalidad es en realidad un interés por aumentar la población. Lo que suceda a la gente, no es el problema. Si la gente es pobre y pasa hambre puede fácil­mente ser convertida al cristianismo, en particular a la Iglesia Católica. Sus escuelas, sus hospitales, sus orfanatos, no son sino fábricas para convertir a la gente al catolicismo.

Es un hecho bien conocido hoy en día que para finales de siglo casi la mitad de la población mundial se estará muriendo de hambre. Es difícil de imaginar esa situación en la que un hombre de cada dos vaya a morir. Por todas partes habrá cadáveres sin que haya nadie para enterrarlos o llevarlos a la funeraria. De he­cho, morir será mejor que vivir entre tanto cadáver. El mundo entero apestará a muerte.

Los Papas no parecen estar interesados en salvar a la Humani­dad. Su principal interés consiste en convertir más y más gente a su religión, porque esa es su fuerza. Es pura política.

Toda la teología cristiana está basada en esas ideas estúpidas; llamarla religión es absurdo. Jesús nace de una madre virgen. Toda la ciencia médica contradice este hecho; no es posible. Pero éste es uno de sus fundamentos; si lo dejas de lado, el edificio entero del cristianismo se derrumba.

No han dado al mundo ningún método para elevar la cons­ciencia, no han producido gente Iluminada, pero bajo la red del catolicismo han atrapado a setecientos millones de personas. Es­tán llenos de creencias absurdas y aun cuando tienen ojos, no ven; tienen oídos, pero no oyen. Y si les dices algo, están dis­puestos a crucificarte. Están en contra de la crucifixión de Jesús, pero siempre están dispuestos a crucificarte si dices simplemente la verdad.

Dije en uno de mis discursos que la Santa Biblia era uno de los libros menos santos del mundo, pues tiene quinientas páginas de pornografía pura. Uno de mis amigos de América, al oír esto, compiló esas páginas y las publicó en un libro llamado X Rated Holy Bible. Y acabo de recibir unas citaciones desde "Kanpur". Diez asociaciones cristianas han iniciado un pleito en mi contra, por estar hiriendo sus sentimientos religiosos.

No puedo creer que la gente esté tan ciega. Si hay algo que hiere tus sentimientos religiosos, eso es tu Biblia; yo no tengo nada que ver con ella. Deberías decirle al gobierno que prohibie­ra la Biblia o la clasificara como literatura pornográfica.

No me estoy inventando nada. Esas quinientas páginas están allí, en la Biblia, y esas diez asociaciones deberían al menos haber ojeado sus Biblias para saber de qué estoy hablando; si no, ante los tribunales quedarán como absolutos estúpidos.

Ahora se están iniciando movimientos en todos los países para lograr que la homosexualidad sea declarada un gran crimen. Y todo el mundo sabe que el Papa Pablo VI era homosexual. Antes de ser Papa era el cardenal de Milán, y ya entonces, eso era un rumor vox populi. Todo Milán estaba sorprendido de verle siem­pre con su amigo, un hermoso joven. Aun conociéndose este he­cho, llegó a Papa. Y cuando fue nombrado Papa, su amigo fue llamado al Vaticano y se convirtió en su secretario. Comúnmente la secretaria es la amiga; aquí era algo diferente, pero la misma historia.

Y el Vaticano nunca ha negado esto. No pueden; es un hecho evidente. Pero si lo dices, significa que estás contra el Papa. Yo estoy sólo a favor de la verdad.

  Pero quizás esto empezó con la virginidad de María y el nacimiento de Jesús. Oí que...      

Ésta es una historia del futuro porque este Papa polaco tarda­rá mucho en morir. Comúnmente los Papas mueren en uno o dos años; pues para cuando son nombrados Papas, tienen ya alrede­dor de setenta y cinco años. Y probablemente esperaban que este polaco moriría también, pero no conocen a los polacos. Él se ha olvidado completamente de morir y está disfrutando su puesto enormemente; ningún otro Papa lo había hecho así.

Continuamente viaja por todo el mundo y el Vaticano está endeudándose. Se ha gastado en viajes nueve millones de dóla­res. Dos días antes de que fuera a Australia, la Reina británica había ido también. Gastaron más dinero en la visita del Papa a Australia que en la visita de la Reina de Inglaterra. Y ésta es la gente que dice: "Bienaventurados sean los pobres".

Pero finalmente el Papa polaco murió y fue al cielo con todos los honores. A las puertas del cielo San Pedro le detuvo y le dijo:

"Hola, no puedes entrar así como así, ¿quién eres?".

  El Papa le contestó: "Soy vuestro representante en la Tierra. Soy el Papa".

  San Pedro le dijo: "¿El Papa? ¿Nuestro representante? Nunca hemos oído hablar de ti".

  El Papa sorprendido le contestó: "¡Oh, bien! Tan sólo dile a Dios que ya estoy aquí. Él te dirá que me dejes entrar".

  San Pedro gritó: "Oiga, jefe, aquí hay un tipo diciendo que es el Papa, ¿le conoce?".

  Jesús contestó: "No, nunca oí hablar de él".

  San Pedro dijo: "Lo siento. No te puedo dejar entrar. Nadie de aquí te conoce".

  El Papa le dijo: "No puedes decirme que me vaya, soy el Papa en persona. Pregunta al Espíritu Santo. Seguro que él me cono­ce".

San Pedro gritó otra vez: "¡Oye, Paloma! Un tipo insiste en que le conoces. Dice que es el Papa".

Y el Espíritu Santo contestó: "¿El Papa? Claro que le conoz­co. Es el tipo que hizo correr esos sucios rumores entre María y yo. Échalo fuera".

Toda la religión se basa en un chiste verde.

Al Papa Pablo VI -que era homosexual- le sucedió el Papa Juan Pablo I. Era un hombre liberal e inteligente que ordenó in­vestigar a los cardenales y obispos pertenecientes a las Logias Masónicas, las cuales estaban prohibidas por la Iglesia Católica.

Estas Logias Masónicas tienen como miembros sólo a la gen­te más rica del mundo. Son sociedades secretas que realizan ri­tuales secretos. Habían sido condenadas por el cristianismo, por lo que ningún cura, obispo o cardenal, ni nadie con un puesto oficial podía ser miembro de una Logia Masónica. Sus rituales consisten en orgías sexuales y otra clase de actos repugnantes. Juan Pablo I ordenó investigar a los cardenales y obispos perte­necientes a estas logias. Descubrió que muchos altos jefes del Vaticano eran masones y ordenó que fueran destituidos.

¿Ves la hipocresía? Es la misma gente que promulgó la ley prohibiendo a los curas ser miembros de las Logias Masónicas, pero en el mismo Vaticano se descubrió que cardenales, obispos y arzobispos formaban parte de ellas. Y debido a que Juan Pablo I ordenó destituirles, toda la jerarquía y la burocracia católica se pusieron en contra de este hombre tan inteligente. En toda la his­toria del cristianismo, él es quizá el único Papa con algo de inte­ligencia, algo de humanidad, algo de comprensión.

Al mismo tiempo ordenó una investigación en el Banco del Vaticano, la cual reveló que el banco blanqueaba cada año cien­tos de millones de dólares provenientes de la mafia de las drogas, de la heroína.                                        

Estas son tus instituciones religiosas. El mismo Banco del Vaticano, cuya cabeza es el Papa, no es más que la mayor mafia organizada. ¡Cientos de millones de dólares procedentes de la heroína! Hablan y predican contra las drogas cuando entre basti­dores ellos mismos trafican con ellas.

También convocó una asamblea para anunciar que la Iglesia apoyaría el control de la natalidad. Realmente era un hombre de gran entendimiento; quería llamar a la píldora, la "píldora católi­ca". Pero antes de poder convocarla fue encontrado muerto en circunstancias sospechosas.

Fue asesinado. El gabinete del Vaticano declaró que murió de un paro cardíaco, pero eso es absolutamente falso, porque su pro­pio médico personal afirmó que su corazón estaba perfectamente y que nunca había tenido ningún problema. Y lo más significati­vo es que no llamaron a su médico personal. En su lugar, los respon­sables del Vaticano ordenaron inmediatamente embalsamar el ca­dáver e impidieron que su médico le examinara. También rehusa­ron la autopsia. No se expidió un certificado de defunción, de modo que hasta hoy, oficialmente continúa viviendo, puesto que no hubo certificado de defunción.

Y se hizo la autopsia después de haberlo embalsamado. Pero una vez que se embalsama un cadáver -después de extraerle la sangre del cuerpo y reemplazarla con sustancias químicas- re­sulta imposible averiguar si ha sido envenenado o qué fue lo que sucedió. Pero la situación es muy clara. Personas cercanas a él sostienen que los papeles que él tenía en la mano cuando el cuer­po fue descubierto, eran los de su testamento.

Dándose cuenta a media noche, de que había sido envenenado, de que iba a morir, habría tratado de escribir su testamento o contar lo que le había sucedido, lo que le habían hecho. Pero misteriosamente sus papeles desaparecieron al igual que el fras­co con su medicina.

Se cree que mezclaron veneno en su medicina y que él la tomó pensando que era su medicamento. Cuando el veneno empezó a surtir efecto, debió de haber tratado de escribir su testamento. Debió de haber tratado de contar que -según parecía- había sido envenenado y que se estaba muriendo. La gente que lo encontró primero, vio que era el testamento lo que apretaba en sus manos.

Y lo más sorprendente es que aun antes de que encontraran su cuerpo, se habían dado instrucciones de que el cadáver fuera embalsamado, porque la gente que estaba en la conspiración sa­bía que por la mañana sería necesario disponer de los embalsa­madores. Así que todo se preparó anticipadamente.

No fue una muerte accidental.

Le sucedió el Papa Juan Pablo II, el polaco, que prohibió to­dos los métodos de control de la natalidad, excepto el método del ciclo, aun cuando el Vaticano es en realidad dueño de una fábrica de píldoras anticonceptivas. También anuló la ley por la cual la Iglesia prohibía a los clérigos ser miembros de las Logias Masó­nicas. Y ascendió a Marcinkus, el jefe del Banco del Vaticano, al cargo de arzobispo y le nombró miembro de su círculo personal. Este hombre era el mismo hombre que dirigía la Mafia que blan­queaba el dinero de la heroína a través del banco.

En 1982, el arzobispo Marcinkus estuvo envuelto en un gran escándalo financiero cuando un banco italiano quebró. Uno de sus amigos de negocios fue encontrado ahorcado bajo el puente de Londres. Y otro colega -que había estado en la cárcel bajo el cargo de haber asesinado a un comisario de policía- murió al beber café con cianuro. Ellos eran los que podían haber testifica­do contra el arzobispo Marcinkus, ellos conocían todos los se­cretos; y ambos fueron asesinados.

Se dictó una orden de captura contra el arzobispo, pero el Vaticano es un gobierno independiente -de sólo ocho millas cuadradas- y el gobierno italiano no tiene poder para intervenir en él. Y el Papa ocultó a ese hombre dentro del Vaticano. La orden de busca y captura está esperando afuera. Estos son tus líderes religiosos.

El Papa polaco también ha estado reprendiendo severamente a sacerdotes de todo el mundo por intervenir en política, pero él mismo ordenó que millones de dólares del Vaticano fueran entre­gados al grupo Solidaridad, en Polonia, que luchaba contra el gobierno comunista.

Estoy en contra de las religiones organizadas porque en cuan­to algo sé convierte en una organización, empieza a perseguir sus propios intereses. Y la religión queda olvidada; otras cosas se vuelven más importantes. La verdad y la búsqueda de la verdad necesitan de tu entrega total; nada ha de interferir.

Una religión organizada se convierte en una prisión. Empieza a suministrarte doctrinas ya hechas y tu única función es creer en ellas, bien sean razonables y lógicas, o no lo sean. No estás auto­rizado para experimentar por ti mismo porque, ¿quién sabe?, po­drías encontrar algo que fuese contra la doctrina oficial.

Pero la doctrina oficial no puede convertirse en tu Ilumina­ción. La doctrina oficial puede hacer de ti un erudito, pero no puede hacerte sabio, no puede volverte intuitivo, no puede hacerte consciente de Dios.

Critico al Papa porque no sólo es la cabeza visible de una religión organizada, sino también la cabeza de un gobierno. No es gran cosa -sólo ocho millas cuadradas pero aun así, es re­conocido como Jefe de Estado, tiene representantes en la ONU, tiene embajadores en diferentes países.

La religión es algo tan elevado, y la política es algo tan bajo, que has de recordar esto: cuando se mezcla algo bajo con algo elevado, es siempre lo elevado lo que se corrompe, no lo bajo... Es siempre lo superior lo que pierde su calidad de ser superior; lo inferior no tiene nada que perder; no puede caer más bajo. Está ya en lo más bajo.

La religión y la política deben estar separadas. Y en cuanto la religión se organiza, se convierte en política. Por lo tanto, la religión jamás debe organizarse; ha de ser la búsqueda privada, per­sonal e íntima de cada uno.

  El individuo ha de tener al menos un área de su vida en la que pueda ser totalmente libre, sin que nadie decida por él, donde pueda abrir sus alas como un águila y volar por el cielo, sin cade­nas, sin ligaduras, sin obstáculos.

  La religión florece sólo en un corazón absolutamente libre de doctrinas, de creencias, de iglesias, de mezquitas.

  Quiero que todo el mundo sea religioso, pero no cristiano, ni católico, ni hindú, ni musulmán. Ser sólo religioso es suficiente.

¿No puedes ver estos simples hechos? La honestidad es la honestidad; no es ni cristiana ni hindú. La verdad es simplemente la verdad; no puede ser musulmana, ni cristiana. El amor es sim­plemente amor; no puede ser oriental, ni occidental. La compa­sión es compasión; no pertenece a ninguna raza, a ningún país, a ningún clima, no depende de la geografía ni de la historia. Estos son los ingredientes de una consciencia religiosa.

La meditación es simplemente científica, de la misma forma que lo es la física -sin preocuparte de si es hindú, o musulma­na- o la química -sin preocuparte de si es protestante, o católi­ca. Cuando vas al médico nunca miras si la medicina es hindú o budista.

La realidad interna es simplemente puro silencio. Allí flore­cen miles de flores, pero no pertenecen a ninguna organización. Son el fruto de tu búsqueda, de tu propio camino interno.

Fundamentalmente todas las religiones organizadas están pri­vando a la Humanidad de su religión, porque te desvían. Siempre te dirigen hacia afuera; su dios está lejos, en el cielo. Cuando, con las manos juntas, rezas mirando al cielo, no te das cuenta que nadie va a escucharte. De hecho, el que está orando, el que está vivo dentro de ti, el que respira en ti, ese es Dios.

Sólo tienes que descubrirlo. Está escondido en las capas de tu falsa personalidad. Encuéntralo en medio de tu inocencia y la vida se volverá puro gozo, una canción sin palabras, una danza, una celebración.

Y al final de tu celebración no habrá más que lágrimas de gratitud. No puedo ni pensar ni imaginarme que esas lágrimas de gratitud pertenezcan a una religión. Pertenecen al corazón indivi­dual, rebosante de gratitud hacia la Existencia.

 

 

Capítulo 4

Guerra y Paz

 

Osho:

Puesto que la paz fue oficialmente restablecida en el mundo, al final de la Segunda Guerra Mundial,

¿qué es lo que los polí­ticos han estado haciendo?

 

Nunca ha habido paz. En la historia sólo ha habido dos períodos:  el que denominamos guerra y el que llamamos paz, que es un disfraz. En realidad debíamos llamarlo “preparación para otra guerra".

Y tú me preguntas:

 

"Puesto que la paz fue oficialmente restablecida en el mundo, al final de la Segunda Guerra Mun­dial,

¿qué es lo que los políticos han estado haciendo?".

 

Los políticos han estado haciendo exactamente lo que siem­pre han estado haciendo: creando más conflictos, más inquietud, más discriminación, más armas destructivas, mientras se prepa­ran para la Tercera Guerra Mundial.

Una vez preguntaron a Albert Einstein: "Usted es el científico que ha descubierto la energía atómica. ¿Puede decirnos qué pa­sará en la Tercera Guerra Mundial?".

Einstein, con lágrimas en los ojos, dijo: “No me preguntéis acerca de la Tercera Guerra Mundial. No sé nada acerca de ella. Pero si queréis saber acerca de la Cuarta Guerra Mundial, puedo deciros algo".

El periodista que preguntaba se quedó sorprendido. Aquel hombre no decía nada acerca de la Tercera Guerra, pero estaba dispuesto a hablar de la Cuarta Guerra Mundial. Preguntó con curiosidad: "Por favor, dígame algo acerca de la Cuarta Guerra Mundial?

  Einstein dijo: "Sólo puedo decir una cosa: que nunca va a suceder. La tercera será la última Guerra Mundial".

  Para esta última guerra los políticos se han estado preparando desde que se declaró la paz tras la Segunda Guerra Mundial.

El político y su juego son las cosas más detestables que pue­das imaginarte. Estamos enfrentándonos a la oscuridad de la no­che y recuerdo ese viejo dicho: "Cuando la noche es más oscura, el amanecer está cercano". Pero no me atrevo a decir que tras esta noche oscura que nos rodea vaya a haber alguna aurora.

Sólo voy a decirte exactamente lo que ha estado sucediendo desde 1945 y de lo cual la gente está en la ignorancia absoluta. No se dan cuenta de que están sentados sobre un volcán listo para entrar en erupción en cualquier momento. Todos están ocu­pados con trivialidades y el problema real permanece oculto, como si no existiera.

Desde 1945 ha habido ciento cinco guerras en sesenta y seis países, todos ellos del Tercer Mundo. Uno necesariamente pre­gunta: ¿por qué en el Tercer Mundo? Estados Unidos y la Unión Soviética han ido tan lejos en el desarrollo de armas destructivas, que las armas usadas en la Segunda Guerra Mundial están anticua­das. Para ellos no son de utilidad. Tienen que ser vendidas; necesi­tan un mercado y el mercado sólo existe si hay guerras.

Estados Unidos manda armas a Pakistán; entonces, por lógi­ca, la India las importa de la Unión Soviética e igual ocurre en el Tercer Mundo. Un país compra material obsoleto a la Unión Soviética y el enemigo lo compra a los Estado Unidos. Es un buen negocio.

Y ellos no quieren detener las guerras, porque si así lo hicie­ran ¿cómo venderían esas armas en las que han invertido millo­nes de dólares? Y estos países pobres y sus políticos están dis­puestos a comprarlas aunque su gente muera de hambre. El se­tenta y cinco por ciento de su presupuesto se destina a la guerra.

Cada guerra ha durado un promedio de tres años y medio, así que, ¿quién dice que la paz ha sido establecida? Ciento cinco guerras en sesenta y seis países, con tres años y medio de duración, ¿y a eso lo llamas paz?

Las guerras han causado dieciséis millones de muertos. En la Segunda Guerra Mundial también hubo millones de muertos. Des­de entonces, se han matado dieciséis millones de personas en las guerras, ¿y aún continúas llamándolo paz?

Pero los políticos son tan astutos y la gente tan ciega que no ven lo que sucede a su alrededor. Siguen peleando por pequeñas cosas como ¿qué distrito pertenece a un determinado estado? Belgaum es un distrito aquí. Debería incluirse en Maharastra? Es un distrito que está en los límites entre Maharastra y Kamataka. Hay gente que pertenece a las dos lenguas y se ha estado matando entre sí sin interrupción durante tres décadas... y esta nimiedad no puede ser resuelta. De hecho, nadie quiere resolverlo, si no ¿cuál es el problema? Sólo un pequeño plebiscito, una votación neutral y la gente misma podría decidir a dónde quiere pertenecer. Pero al parecer, los políticos están interesados en que las disputas conti­núen para así ser necesarios.

Han muerto dieciséis millones y todavía en las escuelas y universidades se sigue repitiendo: "Vivimos en un período de paz". En realidad, la Guerra Mundial fue casi más pacífica; sólo murie­ron seis millones de judíos. La paz ha matado un número de personas tres veces mayor.

La mayoría de las guerras se han desarrollado en Asia. El que las guerras se desarrollen en otros países, es una de las estrategias de las naciones poderosas y sus políticos. Estados Unidos y la Unión Soviética han de luchar en Afganistán para que así la gente de Afganistán sea la que muera. Afganistán se convierte en un cementerio y Estados Unidas y la Unión Soviética salen bene­ficiados con la venta de armas. Envían expertos, armas, entrenan a los Afganos y éstos se matan entre sí. En un bando disponen de las armas americanas; por el otro de las rusas.

Nueve millones de civiles, desde Hiroshima, han muerto en guerras convencionales. En otros tiempos no se mataba a civiles. Esto es absurdo. Si los ejércitos luchan, es posible que mueran soldados, pero ahora parece que no hay sensibilidad, que no se razona: se mata a nueve millones de civiles. Ya pueden ser niños, o mujeres, o ancianos, sin tener nada que ver con la guerra. Pueden estar leyendo en la escuela, trabajando en la fábrica o, tal vez, cocinando en su casa.

Hace unos pocos días Ronald Reagan, sin razón alguna, atacó Libia, bombardeó la parte civil. Su meta era Gaddafi y como Gad­dafi tiene tres casas en la ciudad, las tres tuvieron que ser bombar­deadas. Y al atacarlo, otras casas fueron quemadas y destruidas.

Y recientemente, investigando se ha sabido que mientras el bom­bardeo tenía lugar, asesinos profesionales buscaban por toda Li­bia a Gaddafi, porque era posible que él no estuviera en su casa.

Así, pues, bombardearon a civiles mientras los asesinos bus­caban a Gaddafi. Sólo pudieron matar a su hija. Y ni Gaddafi ni los libios les habían hecho nada malo.

Y es una coincidencia que el mismo día que Inglaterra permi­tía a Ronald Reagan que la utilizase como base para bombardear a Libia, su Parlamento no me permitió permanecer en su aero­puerto -en la sala de espera- ni durante seis horas. ¡Porque soy un hombre peligroso! Pero a Ronald Reagan se le permitía utili­zar a Inglaterra para bombardear a un país inocente que no le había hecho ningún daño.

Ésta es la noche más oscura que la Humanidad ha encarado jamás.

El presupuesto de guerra anual es aproximadamente setecien­tos mil millones de dólares. Cada año quince millones de perso­nas mueren de desnutrición y enfermedades, mientras se gastan en guerras setecientos mil millones de dólares.

Cada minuto, treinta niños mueren por falta de alimentos y va­cunas de bajo costo y cada minuto un millón trescientos mil dóla­res de los fondos públicos se destinan mundialmente a gastos militares.

Parece que no estamos ya interesados en la vida; hemos deci­dido suicidamos. El hombre nunca ha estado en toda su historia tan a punto de suicidarse como ahora.

Doscientos cincuenta millones de niños no han recibido si­quiera la educación elemental; un solo submarino nuclear iguala el presupuesto anual de educación para ciento sesenta millones de niños en edad escolar en veintitrés países en desarrollo. ¡Un solo submarino! Y hay miles de submarinos navegando por los océanos alrededor del mundo, americanos y rusos, y cada subma­rino tiene armas nucleares. Seis veces más poderosas que todas las armas empleadas en la Segunda Guerra Mundial. Y son tan cos­tosas que podríamos haber proporcionado a nuestros niños edu­cación y alimento y nutrición. Pero eso no nos interesa.

Estos son los políticos que no hay que molestar, que quieren tener el control absoluto sobre la Humanidad, sin que nadie esté por encima de ellos.

Los bosques del mundo están desapareciendo a un ritmo de dieciocho a veinte mil hectáreas al año, un área equivalente a la mitad de California -y éste es uno de los estados más grandes de los Estados Unidos. En los próximos veinte o treinta años, todas las selvas tropicales habrán desaparecido, y las implicaciones son tremendas porque nos proveen de oxígeno y de vida. Si estas sel­vas siguen desapareciendo a ese ritmo, la Humanidad estará per­dida. ¿De dónde obtendrá el suficiente oxígeno?

Y por otro lado, todo el dióxido de carbono que se exhala es absorbido por estos bosques. Si estos bosques no estuvieran allí... y ya hay una capa espesa de dióxido de carbono acumulándose en el cielo, justo en el límite de la atmósfera. Y debido a esa capa, la temperatura de la atmósfera se está elevando. Ya está cuatro grados por encima de lo normal.   

Si todos los bosques desaparecen, la temperatura subirá tanto que pasarán dos cosas: primero, será imposible sobrevivir; se­gundo todo el hielo de los polos -norte y sur-, el que está en los Himalayas, en los Alpes y en otras montañas, empezará a de­rretirse y hará que todos los océanos se eleven mil metros. Inundará todas las ciudades y todos los países, cubrirá casi la Tierra entera y esta inundación no retrocederá.

Pero los políticos continúan haciéndolo. Hace unos meses es­tuve en Nepal. Nepal es el país más pobre del mundo, pero en vez de abandonar sus preparativos de guerra, ha vendido sus bos­ques -los eternos bosques de los Himalayas- a la Unión Sovié­tica. Y la Unión Soviética ha talado todas las laderas de las mon­tañas dejándolas peladas. Y para qué? Para hacer periódicos. ¿Qué necesidad hay de tantos periódicos? Casi siempre son las mismas noticias y ahora que se tienen mejores medios de comunicación, los periódicos están pasados de moda. Hay radio, hay televisión, ¿para qué seguir con los periódicos, destruyendo los bosques? Pues porque los políticos, los presidentes y prime­ros ministros, necesitan sus retratos en primera página; sus dis­cursos -que son sólo mierda- tienen que publicarse sin ningu­na consideración al daño que están causando.

En el mismo período, se espera un incremento de la población mundial de un treinta a un cuarenta por ciento; de cinco mil mi­llones a siete. Este incremento de población hará que se duplique la necesidad de agua en casi la mitad del mundo.

El alimento es también otro factor. Incluso el agua resultará escasa, puesto que se necesitará el doble, y no tenemos tanta agua potable. Además, el informe de las Naciones Unidas dice que un total de veinte millones de hectáreas al año de tierras de cultivo y pastoreo, son reducidas a un nivel cero de productividad. Más de mil especies de plantas y animales se extinguen cada año, y el número sigue en aumento. De uno a dos millones de personas en los países en desarrollo, sufren de envenenamiento agudo por pes­ticidas, y las muertes relacionadas con esos pesticidas son esti­madas en diez mil al año.

Oficiales de la Comisión de Planeamiento de la India recien­temente declararon: "Estamos al borde de un enorme desastre ecológico en la India, con las reservas de agua agotándose. Lo que sucedió en África va a suceder en la India en unas décadas".

La población sigue creciendo, la tierra se vuelve estéril, las re­servas de agua disminuyen más y más, y debido a la tala de bos­ques, los ríos que van desde Nepal a Bangladesh provocan inun­daciones como nunca antes se habían visto. Miles de personas mueren, miles de poblados desaparecen, porque esos enormes ár­boles hacían que los ríos fluyeran lentamente. Ahora, sin los ár­boles, los ríos se precipitan con tal fuerza que el océano no pue­de absorber el agua con rapidez. El agua retrocede y esto produce las inundaciones de Bangladesh.

Ni los políticos de la India ni los del Nepal están dispuestos a frenar la tala de árboles. Nadie tiene interés por la vida humana, nadie quiere ver cuáles deben ser nuestras prioridades.

Un país pobre como la India tiene un exceso de periódicos, de revistas absolutamente innecesarias. Y ese papel de imprenta no cae del cielo; hay que talar árboles. Árboles que tardaron en cre­cer ciento cincuenta, doscientos años, desaparecen.

¿Y qué se gana con esos periódicos?

Los políticos son los verdaderos criminales, no los que están en las cárceles. El mundo sería mucho mejor si hubiera un inter­cambio. Si todos los políticos fueran a la cárcel y los criminales ocuparan el puesto de los políticos, serían más humanos.

Hay muchos países que no declaran cuántos homosexuales tienen. La familia de una persona que ha muerto de SIDA, sobor­na al médico y obtiene un certificado de defunción por cáncer o por síncope cardíaco, porque la familia se encuentra más preocu­pada por su respetabilidad, por lo qué dirá la gente, "En tu fami­lia alguien ha muerto de SIDA".

Pero esconder los hechos significa que si el hombre estaba casado, su esposa pudo haber contraído la enfermedad, y si tenía hijos, pudieron nacer enfermos, y al no saberlo nadie, los de su entorno pueden contagiarse.

Porque esta enfermedad no es una enfermedad sexual común. Todo lo que salga del cuerpo, incluyendo las lágrimas, es porta­dor del virus. Si un niño llora y por amabilidad o compasión lo consuelas, corres peligro de contagiarte del SIDA. La saliva también es portadora del virus. Y la Humanidad entera es mantenida en la ignorancia. Incluso los besos deberían ser prohibidos por completo.

Hay una pequeña parte de la Humanidad -los esquimales, la gente que vive en Siberia- que son los únicos en la historia que nunca se besan. Cuando por primera vez vieron a los misioneros cristianos dando besos, no podían creérselo: "¡Qué sucia es esta gente. Mezcla su saliva con la del otro. ¿Son humanos o mons­truos?". Su método es mucho más científico e higiénico. No be­san para mostrar amor, porque más que amor puede ser muerte. Se frotan sus narices una contra otra. Es más limpio, excepto si tienes un resfriado.

Hace unos días se admitió que diez millones de personas es­tán afectadas por el SIDA y que ésta no es una cifra definitiva, porque algunos países -como la India- no tienen forma de sa­berlo. Sólo los países muy desarrollados son los están incluidos en esta cifra. Quizás cien millones más están sufriendo en los países subdesarrollados.

Por ejemplo, en África el SIDA es más frecuente que en nin­guna otra parte. Y nunca se ha sabido que los africanos sean ho­mosexuales, pero ellos tienen una extraña perversión: mantienen relaciones con mujeres, pero no frontalmente.

Hay gente en pequeñas aldeas alrededor del mundo que inclu­so hacen el amor con animales. Y ahora los animales están conta­giando el SIDA a través de su leche o su carne. Las cosas están ya fuera del control humano.

Los médicos no quieren -aun cuando saben que un paciente sufre del SIDA- decírselo al paciente, porque éste va a insistir en ser tratado. No existe tratamiento. Así que el médico prefiere decirle que tiene otra enfermedad y lo envía a otro especialista, pues estar en contacto con un paciente de SIDA es peligroso para los médicos y para las enfermeras.

En uno de los informes que he visto acerca de las cárceles, vi que el treinta por ciento de los reclusos son homosexuales -y éste no es un informe muy exacto; ésta es la cifra mínima que las autoridades han aceptado- ya que la gente que está presa duran­te veinte o treinta años sin poder tener relaciones con una mujer, está siendo forzada a la homosexualidad.

Lo más simple debería ser que no hubiera cárceles separadas para mujeres, ¿por qué tiene que haberlas? Los reclusos deberían estar mezclados, hombres y mujeres y el SIDA y la homosexuali­dad podrían ser evitados. Pero los políticos no dicen nada acerca de esto por miedo. Su objeto es decir únicamente lo que la gente quiere oír, aquello que no va contra sus prejuicios, contra su men­talidad tradicional, puesto que dependen de sus votos.

Por eso digo que la gente religiosa debería ser consultada por los políticos y que éstos deberían escuchar atentamente sus con­sejos. Pero Rajiv Gandhi dice que los religiosos no deben intervenir en la política. Los políticos sí pueden intervenir en los asuntos religiosos; en esto no hay dudas. Así sucede desgraciadamente y queda muy poco tiempo.

Yo albergaba muchas esperanzas -y aún las sigo teniendo-­ de que en una situación tan peligrosa, quizás el hombre desperta­ra. Pero hay tristeza en mi corazón porque veo que si no se hace nada, entonces el fin de este siglo va a ser nuestro final.

Y no sólo nuestro final, sino también el final de todo el sueño de la Existencia de crear el ser consciente. Ha tenido éxito sólo en este planeta. Hay millones de estrellas y en cada una hay doce­nas de planetas; sólo en este pequeño planeta el milagro ha suce­dido. No sólo la vida existe, sino también la consciencia. No sólo la consciencia existe, sino gente que ha alcanzado la supre­ma culminación de la consciencia: un Gautama Buda, un Sócra­tes, un Pitágoras, un Chuang Tzu.

Al desaparecer la vida en este pequeño planeta, el universo entero se volverá tan pobre, que pasarán millones de años antes de volver a alcanzar el punto en que la consciencia pueda encon­trar el camino hasta la Iluminación.

La tristeza no es por mí; yo estoy absolutamente satisfecho. La muerte no puede quitarme nada. Siento tristeza por toda la Humanidad, pues su muerte destruirá la oportunidad de que se Ilumine, de que se vuelva feliz y de que descubra su sentido y su significado. Ha vivido en la oscuridad, ¿va a morir también en la oscuridad?

Quisiera que al menos mi gente no perdiera el tiempo pospo­niendo su propio crecimiento, pues los políticos están absoluta­mente preparados para destruirse unos a otros, para destruirlo todo. Su ansia de poder ha llegado al clímax. Antes de que triun­fen cometiendo un suicidio global, por lo menos debes llegar a conocer al Dios que existe dentro de ti.

Debes compartir tu gozo y tu silencio y tu risa con aquellos con quienes entres en contacto. No se puede dar un mejor regalo a los amigos, a los conocidos, a los hijos.

El tiempo es escaso y el trabajo tremendo, pero si eres valero­so, puedes aceptar el desafío. No dependas de los políticos; ellos no pueden hacer nada, ni siquiera son conscientes de lo que es­tán haciendo a la Humanidad, hacia qué oscuridad la están lle­vando.

 

 

Capítulo 5

No hay Noticias

 

 

 

Osho:

¿Podrías comentar este hermoso poema de Rumi que tanto me gusta?

 

Afuera, la helada noche del desierto;

dentro, esta otra noche, cálida y acogedora.

Deja que el paisaje se cubra de áspera corteza;

aquí dentro tenemos un plácido jardín.

La Tierra ha estallado, aldeas y ciudades;

queda sólo un globo calcinado y atrasado.

Las noticias que nos llegan

están llenas de pesar por el futuro,

pero la verdadera noticia es

que aquí dentro no hay noticias.

 

El poema de Mevlana Jalaludin Rumi es hermoso. Sus pala­bras son siempre hermosas. Es uno de los poetas más importan­tes y es también un místico. Es una rara combinación. Hay millo­nes de poetas en el mundo y sólo unos pocos místicos, pero un hombre que es ambos, es muy difícil de encontrar. Rumi es una rara flor. Fue tan gran poeta como místico. Por eso su poesía no es solamente poesía, no es sólo una bonita combinación de pala­bras. Encierra un tremendo significado y apunta hacia la verdad suprema. No es un entretenimiento; es Iluminación.

 

Él dice:

 

Afuera la helada noche del desierto;

dentro, esta otra noche, cálida y acogedora.

 

Afuera no es el espacio en el que debes estar. Afuera, eres un extraño; dentro estás en casa. Afuera, está la helada noche del desierto. Dentro, es cálido, dulce y acogedor.

Pero pocos son lo suficientemente afortunados para ir de afuera hacia dentro. Se han olvidado completamente de que tienen un hogar dentro de sí; lo buscan en donde no está. Durante toda su vida lo buscan, pero siempre en el exterior; nunca se detienen a mirar dentro.

 

Deja que el paisaje se cubra de áspera corteza;

aquí dentro tenemos un plácido jardín.

 

No te preocupes por lo que suceda en el exterior, en el interior hay un jardín siempre presto a darte la bienvenida.

 

La Tierra ha estallado, aldeas y ciudades;

queda sólo un globo calcinado y arrasado.

Las noticias que nos llegan

están llenas de pesar por el futuro,

pero la verdadera noticia

es que aquí dentro no hay noticias.

 

Esta última frase proviene de un antiguo dicho: "El no tener noticias es una buena noticia". Yo nací en un pueblecito donde el cartero venía sólo una vez a la semana y la gente temía recibir una carta. Se alegraban cuando veían que no había nada para ellos. Y de vez en cuando llegaba un telegrama para alguno. Tan solo el rumor de que alguien había recibido un telegrama conmocionaba tanto a todo el pueblo, que todos acudían al único hombre ins­truido que sabía leer. Todos estaban asustados. ¿Un telegrama? Eso quería decir "malas noticias". De otro modo, ¿para qué gas­tar dinero en un telegrama?

Aprendí desde mi niñez que el no tener noticias es una buena noticia. La gente era feliz cuando no recibía noticias de sus pa­rientes o amigos. Esto quería decir que todo iba bien.

 

Rumi dice:

Las noticias que nos llegan

están llenas de pesar por el futuro,

pero la verdadera noticia

es que aquí dentro no hay noticias.

 

Todo está en silencio y todo es hermoso, plácido, lleno de gozo, como siempre lo ha estado. No hay ningún cambio, por lo tanto, no hay noticias.

Dentro está el eterno éxtasis, por y para siempre.

Te diré de nuevo que estas líneas pueden volverse una reali­dad en tu vida. Antes de que esto suceda debes alcanzar dentro de ti el lugar donde nunca ha habido noticia alguna, donde todo está eternamente igual, donde la primavera no llega ni se va, sino que siempre permanece, donde ha habido flores desde un principio -si es que hubo un principio- y va a haberlas hasta el final -si es que va a haber un final-. En realidad, no hay principio ni final y el jardín es frondoso, verde, y está lleno de flores.

Antes de que el mundo exterior sea destruido por tus políticos, entra en tu mundo interior. Ese es el único sitio seguro que queda, el único refugio frente a las armas nucleares, ante el suici­dio global, contra todos estos idiotas que ostentan tanto poder destructor.

Al menos puedes salvarte a ti mismo.

Tenía esperanzas, pero al pasar los días me he ido convenciendo más y más de la estupidez del hombre. Aún tengo algunas, pero se deben sólo a mi viejo hábito; realmente mi corazón ha aceptado el hecho de que sólo unos cuantos pueden ser salvados. La Humanidad entera está decidida a destruirse a sí misma. Y esta gente... si tú les dices cómo pueden ser salvados, te van a crucificar; te apedrearán hasta matarte.

Mientras, viajo por todo el mundo y aún me río, pero con una cierta tristeza. Todavía danzo con vosotros, pero ya no con el mismo entusiasmo que hace diez años.

Parece que los más elevados poderes de la consciencia son impotentes contra los inferiores y sucios poderes de los políti­cos. Lo más elevado es siempre frágil, como una rosa; la puedes destruir con una piedra. No significa que la piedra sea superior a la rosa; es sólo que la piedra no es consciente de lo que hace.

La muchedumbre no es consciente de lo que hace y los políticos pertenecen a la muchedumbre. Son sus representantes. Y cuan­do un ciego guía a otros ciegos, es casi imposible despertarlos, porque el problema no es sólo que están dormidos, sino que tam­bién están ciegos.

No hay ya tiempo para sanar sus ojos. Hay suficiente tiempo para despertarlos, pero no para sanar sus ojos. Así que ahora, me dedico por completo a mi gente. Éste es mi mundo, porque los que están conmigo sé que pueden estar dormidos, pero no son ciegos.

Pueden ser despertados.

 

 

Parte 2

 

... aquí dentro tenemos un plácido jardín.

Jalaludin Rumi

 

 

Capítulo 6

¿Quién le Pone el Cascabel al Gato?

 

Osho:

Has dicho que no tienes interés por lo exterior, que no te interesa la política.

Sin embargo, hablas con frecuencia sobre política y políticos, haciéndonos comprender los problemas del mundo.

¿Puedes comentar esto?

 

Yo no tengo ningún interés en el mundo exterior, ni en la política, pero tengo un inmenso interés en ti. Tú estás viviendo en un mundo enfermo, sucio, con un pie en la tumba. Y yo no quiero que te ahogues en este mundo enfermo.

Por esto hablo contra tantas cosas. A mí me interesáis voso­tros, mis sannyasins. Hablo en contra de la política porque no quiero que mis sannyasins ignoren quiénes son los verdaderos cri­minales de este mundo. Por eso hablo contra los sacerdotes y las religiones, porque no quiero que caigas en ninguna trampa. Tie­nes que darte cuenta de quiénes son los auténticos criminales. El problema consiste en que creemos que estos grandes criminales son grandes dirigentes, sabios, santos, mahatmas y les tenemos un gran respeto en todo el mundo. No puedes imaginarte que sean criminales. Por eso tengo que insistir continuamente, todos los días.

Debes darte cuenta de que ellos son los criminales. En reali­dad los criminales que están en la cárcel no le han hecho ningún daño al mundo. Al­guien asesina a un hombre, otro roba algo; eso no es nada. Un solo Adolf Hitler mata a millones de personas. Ahora bien, ese hombre contiene en sí mismo tanta maldad, que se necesitarían millones de criminales para hacer un sólo Hitler.

Así que tengo que desenmascarar a toda esta gente, porque ellos son los culpables. Por ejemplo, es fácil comprender que quizás sean los políticos la causa de muchos problemas -gue­rras, asesinatos, masacres, gente que es quemada viva- pero se hace mucho más difícil comprenderlo cuando se trata de líderes religiosos, porque nadie ha levantado una mano contra ellos. Du­rante siglos han sido respetados y a medida que el tiempo pasa, su respetabilidad va en aumento. La tarea más difícil para mí es hacerte consciente de que esa gente -a sabiendas o no, eso no es lo que importa- ha creado este mundo.

Ahora, en todo el mundo se habla sobre el SIDA, pero aquí es el único lugar donde se afirma que es una enfermedad religiosa; en ninguna otra parte se dice esto. Por lo contrario, los curas dicen que es un castigo de Dios. Y la gente les creerá; creerá que es un castigo por la homosexualidad. Pero nadie se pregunta cómo surgió la homosexualidad o quién es el responsable de ella.

Y la gente no tiene la suficiente inteligencia para relacionar los hechos. No pueden asociar el hecho de que son las religiones las que han estado enseñando al hombre a permanecer célibe. Ellas son la raíz y la causa de todas las perversiones sexuales. Así que, si debe castigarse a alguien, no es a los homosexuales. Si alguien debe ser castigado, son esos dirigentes religiosos que han estado predicando el celibato. La homosexualidad es sólo un subproducto de la enseñanza del celibato.

Los periodistas que vienen aquí se escandalizan porque no pensaban que yo iba a culpar a las religiones por el SIDA. Ellos no alcanzan a verlo. Piensan que son mundos diferentes. No lo son. Y a menos que llegues a ver la causa real, no podrás luchar con el problema que ha surgido.

Ahora bien, lo primero que se necesita es que todos los gobiernos declaren ilegal, criminal, el celibato. En lugar de esto, hacen lo opuesto: declaran ilegal a la homosexualidad. La homo­sexualidad es un síntoma, no es la causa. Si conviertes a la homo­sexualidad en algo ilegal, entonces la gente empezará a hacer el amor con animales, lo cual no es ilegal. Tampoco es algo nuevo, es tan antiguo como el hombre. No pueden encontrar una mujer, no pueden encontrar un hombre, pero sí pueden disponer de un pobre animal. Si declaras ilegal la homosexualidad, si la convier­tes en delito -como lo es ahora en Texas- el homosexual busca­rá otra perversión que quizá traiga una enfermedad aún peor que el SIDA. Uno nunca sabe cuales pueden ser las consecuencias.

La gente debería darse cuenta de que no se puede ir en contra de la naturaleza, y cualquiera que enseñe a ir en contra de la naturaleza es enemigo de la gente.

A mí no me interesa ninguna religión, porque todas son pura basura; no me interesa la política porque no tengo ninguna ambición. Sólo la critico para que te des cuenta de las verdaderas cau­sas, -para que no te engañes como todo el mundo se engaña. Cuando algo se opone a la mente tradicional, ésta se conmociona.

Ahora bien, convertir la homosexualidad en un acto ilegal hará que ésta se extienda rápidamente. Y lo que se ha hecho en Texas se hará en todas partes de América y en otros países, porque los gobiernos son completamente estúpidos. Simplemente comien­zan a luchar con los síntomas y nadie se preocupa de las causas.

Y el hecho es que nadie quiere ver las causas porque son de tal naturaleza que superan su capacidad. Si empezaran a investigar las causas, quizás se demostraría que ellos mismos forman parte de esas causas. Los curas pueden ser parte de la causa. El Papa pue­de ser parte de la causa. Jesucristo podría ser la piedra fundamen­tal. Es mejor no meterse en esas cosas. Simplemente ocúpate del síntoma y empieza a luchar contra él. Reprime el síntoma.

Cuando reprimes el síntoma por un lado, estalla por el otro y se aleja cada vez más de la naturaleza.

La primera perversión se alejaba de la naturaleza, la segunda perversión se está alejando más, y la tercera perversión se alejará todavía mucho más. Y el hombre se sentirá cada vez más desgra­ciado porque ya no puede encontrar el camino de regreso. Las cosas se han vuelto demasiado complejas para que la gente nor­mal pueda volver otra vez a lo natural. Así que quiero que te des cuenta de que jamás hay que luchar contra los síntomas.

En Los Ángeles muere una persona cada día de SIDA y nadie parece saber qué hacer. En realidad, el mundo exterior está en tal estado que para ellos es muy difícil hacer algo. Y, ¿quién le pondrá el cascabel al gato? Ese es el problema.

Nosotros podemos hacerlo. No es demasiado complicado.

Conoces la vieja historia del gato que todos los días cazaba los ratones de la casa, hasta que finalmente los ratones se reunie­ron y decidieron que debían hacer algo. Un ratón joven, sin expe­riencia del mundo, dijo: "Es muy sencillo. Sólo hay que atar un cascabel al cuello del gato de forma que vaya donde vaya, podamos escondernos en nuestros agujeros. Así no podrá encontrar­nos". Una solución perfecta. Pero surgió un problema: ¿Quién le ataría el cascabel?

He contado esta historia varias veces. El joven ratón que dijo, "Atémosle el cascabel", agregó, "Yo lo haré. No os preocupéis". Los otros ratones dijeron sorprendidos: "Pero esta historia viene contándose desde siempre y siempre termina así. Por tanto, el que diga, "Yo lo haré" irá en contra de la tradición, contra la historia misma". Justo aquí es donde termina la historia, aquí es donde va el punto final.

A lo que el ratoncito contestó: "Ya no es así porque voy todos los días a una farmacia. Está justo al lado de la casa. Todo lo que necesitamos son algunas pastillas para dormir que yo puedo traer y poner en la leche del gato. Vosotros dadme el cascabel y yo me las arreglaré". ¡Y se las arregló! Sólo un par de pastillas para dormir y la historia cambió. Después de beberse la leche, el gato se quedó dormido, roncando y el joven ratón hizo su trabajo a la perfección.

Pero ésta es mi contribución a la historia. No está en ninguna parte y quiero hacer lo mismo con respecto a la Humanidad. Po­demos atar el cascabel alrededor del cuello del gato. No tenemos nada que perder.

Y quiero que os deis cuenta de todo. Antes de dejaros quiero que seáis conscientes para que no caigáis en las mismas trampas en las que toda la civilización, toda la sociedad, ha caído.

 

 

Capítulo 7

Sobre el Poder

 

Osho:

Por favor háblanos sobre el abuso del poder.

 

Hay una famosa frase de un filósofo inglés: "El poder corrom­pe; el poder absoluto corrompe absolutamente",

Yo no estoy de acuerdo con él. Mi análisis es totalmente dis­tinto. Todo el mundo está lleno de violencia, codicia, ira, pasión, pero al no tener poder es fácil hacerse pasar por santo. Para ser violento es necesario ser poderoso. Para satisfacer tus pasiones, tienes que ser poderoso.

Así, cuando el poder cae en tus manos, todos los perros que en ti dormían comienzan a ladrar. A la menor oportunidad, el poder se convierte en tu alimento. No es el poder el que corrompe, tú estás corrompido. El poder sólo expone tu corrupción. Quie­res matar a alguien, pero no tienes poder para hacerlo; si tuvieras poder, matarías.

No es el poder el que te corrompe, tú llevas la corrupción dentro de ti. El poder simplemente te da la oportunidad de hacer todo lo que querrías hacer.

El poder en manos de un hombre como Buda, no corrompe nada; por el contrario, ayuda a la Humanidad a elevar su cons­ciencia. El poder en manos de Genghis Khan, mata, viola muje­res, quema viva a la gente. Aldeas enteras son quemadas; no se permite a la gente escapar. No es el poder... este hombre, Genghis Khan, tiene que haber albergado todos estos deseos.

Casi es como cuando llega la lluvia y empiezan a crecer diferentes plantas; pero diferentes plantas tienen diferentes flores. Sea lo que fuere lo que está oculto en tus semillas, sea cual fuere tu potencial, el poder te brinda la oportunidad. La mayor parte de los seres humanos viven tan inconscientemente que cuando llegan al poder tienen la oportunidad de satisfacer todos sus instin­tos inconscientes. Entonces, ya no les importa si matan o envene­nan a la gente...

Me preguntas sobre el abuso del poder. Se abusa del poder cuando se tienen sucios deseos, herencia de los animales.

En un mundo mejor, lo primero debería ser... Desperdiciamos casi un tercio de la vida educando a nuestros niños. En ese lapso de tiempo habría que dedicar algunos momentos a limpiar su inconsciente de forma que cuando se graduaran en la universidad y alcanzaran algún tipo de poder -uno será comisario de policía, otro gobernador y otro primer ministro- al no tener veneno en su inconsciente, al no ser ya destructivos, no podrían abusar del poder. Y entonces, ¿quién más podría hacerlo?

El poder es neutral. Durante un año, mis sannyasins en Italia han estado tratando de conseguirme una visa de turista sólo por tres semanas; y hace un año que esperan. Las autoridades aún no han sido capaces de tomar una decisión. Finalmente, hace algunos días llegó una carta: en un año la vieja solicitud ha perdido validez y se necesita una nueva solicitud.

Se llenó otra solicitud -que yo firmé- y justamente ayer el embajador italiano me informó que me habían otorgado un visado de turista para diez días, pero bajo ciertas condiciones. Las condiciones son: "Informar en qué fecha, a qué hora y desde qué aeropuerto va a salir de la India. En qué fecha, a qué hora y en qué aeropuerto va a aterrizar en Italia. Y lo mismo para el regreso. Ya en Italia, en cualquier ciudad en que se encuentre, debe primero presentarse a la Comisaría de Policía e informar de cuánto tiempo va a permanecer en dicha ciudad. Además, antes de dejar la ciudad, debe presentarse de nuevo a la policía para notificarles su marcha. En la ciudad siguiente debe hacer lo mismo".

Le he dicho a Anando que escriba una carta al primer ministro italiano diciendo: "Hace sólo algunos meses usted estuvo de vi­sita en la India. ¿Qué condiciones le pusieron? Y ¿en cuántas comisarías de policía tuvo que presentarse? Además, ¿piensa usted que soy un asesino, o un terrorista, o acaso llevo bombas y dinamita? Háganos saber cuándo piensa volver a la India para que podamos prepararle una recepción realmente estupenda. Me niego a poner un pie en su tierra a menos que usted se disculpe por exigirme estas condiciones. Y aun así, no me ha concedido el visado para tres semanas, sino sólo para diez días. Por lo general se otorgan visados de tres meses y nadie ha oído jamás que se exigiera el cumplimiento de condiciones como esas".

Le dije a Anando que también le escribiera lo siguiente: "Pa­rece ser que Benito Mussolini aún no ha muerto. Su país no es un país democrático; es todavía fascista. Estas condiciones indican sin duda alguna, una mente fascista".

"Así que iré a Italia sólo si usted se disculpa públicamente, o iré a Italia cuando usted ya no esté en el poder. Y mi gente allí, tratará de asegurarse por todos los medios posibles de que usted no esté en el poder. Espere tan sólo a que haya nuevas elecciones, porque en Italia tengo miles de sannyasins y esto es un insulto para mis miles de sannyasins italianos".

El Papa viene a la India; el presidente y el primer ministro van a recibirle al aeropuerto y no se le pide que en cada ciudad que visite se presente en las correspondientes comisarías de policía. Él mismo ha estado aquí. Pero la próxima vez, si viene como primer ministro, sólo tiene que informamos de a qué hora y en qué aeropuerto aterrizará para que de este modo podamos res­ponder a sus condiciones.

A esta gente no la ha corrompido el poder. Es de por sí corrupta; el poder simplemente actualiza su corrupción.

El poder en sí, es neutral. En manos de un hombre bueno, es una bendición. En manos de un hombre inconsciente, es una maldición. Pero durante miles de años hemos condenado el poder, sin pensar que el poder no debe ser condenado. Es la gente la que tiene que depurarse totalmente de cualquier instinto que tenga oculto, porque todo el mundo, en algún momento, tendrá algún tipo de poder.

No es necesario que sea un gran poder. Simplemente puedes estar sentado en una estación de trenes, vendiendo boletos, pero eso también te da poder. Estás de pie frente a la ventanilla y el hombre ni siquiera te mira; continúa revolviendo su carpeta y puedes ver que no hace nada importante; sencillamente está tra­tando de demostrarte cuál es tu lugar. Incluso el peón sentado fuera de la oficina del recaudador, se comporta como si fuese el presidente del país. Así que no se trata de qué lugar ocupes; estés donde estés, tendrás algún tipo de poder.

Aurangzeb, uno de los emperadores musulmanes de India, era tan impaciente que no pudo esperar a que su padre muriese o envejeciese para sucederle. Encarceló a su propio padre y se con­virtió en emperador.

Su padre se había mantenido ocupado toda la vida. Ahora, sentado en su celda, envió un mensaje a su hijo: "Por lo menos, búscame treinta muchachos para que pueda enseñarles el sagrado Corán”.

Y el comentario que Aurangzeb hizo a sus cortesanos es muy significativo. Les dijo: "Ese viejo no quiere soltar el poder. Aho­ra ya no es el emperador. Pero con esos treinta estudiantes... en­señándoles el sagrado Corán, recuperará su poder".

Los psicólogos dicen, que las personas que tienen miedo de competir en la vida y hacerse poderosos eligen un camino más simple: se convierten en maestros de escuela. Niños pequeños... puedes acosarles, golpearles, a pesar de que es ilegal; pero suce­de en todo el país.

Justamente el otro día estuve leyendo un informe describien­do casos similares... pero el gobierno sigue ocultándolos. Es la primera vez que se ha reconocido, porque esta vez el resultado fue demasiado grave: unos maestros golpearon a unos niños con tanta dureza que les dejaron sordos de por vida.

Un niño, encadenado por su propio padre, ha permanecido casi diez años atado a un pilar de su casa. Se ha convertido casi en un animal. No puede ponerse de pie, sólo puede moverse a cuatro patas y debido a que fue forzado a vivir en la oscuridad, ha perdido la vista.

Incluso los padres usan su poder. Los profesores usan su po­der, los maridos usan su poder, las esposas usan su poder. No importa cuál sea tu posición.

Si la Humanidad llega a comprender la profundidad de las raíces psicológicas y cambia el inconsciente del hombre en forma tal que no haya semillas, podrá seguir lloviendo poder, pero no habrá ya flores de corrupción. De otro modo, el poder siempre será mal utilizado, se abusará de él. Y no se puede eliminar el poder de manos de la gente; alguien debe ser madre, alguien debe ser padre, alguien debe ser profesor.

El único modo es limpiar el inconsciente de la gente con la meditación, llenar su ser interior de luz. Sólo la meditación te da un corazón limpio, que no puede ser corrompido. Entonces no se abusará más del poder, sino que este poder podrá ser una bendi­ción, será creativo.

De este modo harás algo que haga la vida más amable, más digna de ser vivida, harás más hermosa la Existencia.

Pero ese gran día aún no ha llegado. Y si haces un esfuerzo para que ese día llegue, toda la gente adicta al poder estará en tu contra. Se me ha preguntado una y otra vez: "¿Por qué todo el mundo está en tu contra?".

Ellos son gente adicta al poder y yo estoy tratando de conver­tir al hombre en un estanque de serenidad, de paz y silencio, de amor y éxtasis.

 

 

Capítulo 8

El Político

 

Osho:

¿Es posible para un político ser un hombre religioso, o para un hombre religioso ser un político?

 

Es absolutamente imposible para un político ser un hombre religioso, porque los caminos de la política y de la religión son diametralmente opuestos.

Tienes que entender que no es cuestión de agregar algo a tu personalidad, la religión no es una adición. Si eres político, puedes ser además pintor, ser poeta, ser músico; estas son adiciones.

La política y la música no son diametralmente opuestas; al contrario, la música puede ayudarte a ser mejor político. Será relajante, te ayudará a descargarte del peso de todo el día y de las ansiedades que un político tiene que sufrir. Pero la religión no es una adición; es una dimensión diametralmente opuesta. Así que, primero tienes que entender al político, entender exactamente lo que significa.

El político es un hombre enfermo, psicológicamente enfermo, espiritualmente enfermo.

Físicamente puede estar perfectamente bien. En general lo está, pues todo el peso recae en su psique. Es fácil de ver. En cuanto el político pierde el poder, empieza a perder la salud física. ¡Qué extraño! Cuando estaba en el poder, cargado de ansiedades y ten­siones, estaba físicamente perfecto.

En cuanto pierde el poder, desaparecen también las ansieda­des; las tendrá otro. Su psique queda aliviada, pero al descargarse, todas las enfermedades recaen sobre su cuerpo.

El político -fisiológicamente hablando- sufre sólo cuando pierde el poder; por lo demás, los políticos tienden a vivir mucho y a estar físicamente bien. Es extraño, pero la razón es que toda su enfermedad es absorbida por su psique y cuando la psique absorbe todas las enfermedades entonces el cuerpo vive sin nin­guna carga. Pero si la psique se libera de todas las enfermedades, ¿dónde irán a parar? Por debajo de tu existencia psíquica está tu existencia física; toda enfermedad se manifiesta en el cuerpo. Los políticos sin poder, mueren al cabo de poco tiempo; los políticos en el ejercicio del poder viven más tiempo. Este hecho es conoci­do, pero su causa, no.

Entonces, lo primero que debes comprender es que el político es un hombre psicológicamente enfermo y que la enfermedad psi­cológica tiende a convertirse en enfermedad espiritual cuando ésta se intensifica, cuando la psique no puede ya contenerla. Y entonces, ¡cuidado! Si el político está en el poder, su enfermedad psíquica está destinada a extenderse a su ser espiritual porque él está conteniendo su enfermedad a fin de que no se extienda hacia abajo. Es su poder -al que él considera su tesoro- y no permiti­rá que se desplome.

Yo le llamo enfermedad; para él es su "fantasía de poder". Vive para esto, no tiene otro propósito. Cuando está en el poder contiene con firmeza su enfermedad, pero al desconocerlo todo respecto al ámbito de lo espiritual, tiene sus puertas abiertas. No puede cerrarlas porque no tiene ni idea de que exista algo más allá de su mente. Cuando está en el poder, llega un momento en que su enfermedad psicológica, si se intensifica, desborda su psi­que y alcanza su espiritualidad. Cuando no está en el poder, no tiende a aferrarse a esa estupidez. Ahora ya sabe lo que es, ahora es consciente de que no valía la pena aferrarse a él. Y de todas maneras, ¿para qué aferrarse? El poder se ha perdido, ahora él es un don nadie.

De pura desesperación, se relaja. Tal vez debería decir que la relajación le llega automáticamente. Ahora puede dormir, puede salir a caminar por las mañanas; puede chismorrear, jugar al aje­drez, puede hacer lo que quiera.

Psíquicamente se va aflojando; las puertas que ha mantenido cerradas entre su psique y su cuerpo empiezan a abrirse y ahora su cuerpo va a sufrir. Puede que tenga un ataque cardíaco, puede enfermar de cualquier cosa; todo es posible. Su enfermedad psíqui­ca fluirá hacia la parte más débil de su cuerpo. Pero mientras está en el poder, fluye hacia arriba, hacia su ser, del cual no tiene consciencia.

¿Y cuál es la enfermedad?

La enfermedad es el complejo de inferioridad.

Toda persona que se interesa por el poder sufre de un comple­jo de inferioridad. En lo más íntimo de su ser, se siente sin valor, inferior a los demás.

Y ciertamente; de alguna forma, todo el mundo es inferior. No eres un Yehudi Menuhin, pero no necesitas sentirte inferior por ello. Nunca trataste de serlo y además no es asunto tuyo. Yehudi Menuhin tampoco es como tú; entonces ¿cuál es el problema? ¿Dónde está el conflicto?

Pero la mente política sufre una herida debido a su inferiori­dad y el político continúa hurgando en su herida. Intelectualmente -no es un Alberto Einstein- siempre se compara con gigantes ­y psicológicamente no es un Sigmund Freud... Si te comparas con los gigantes de la Humanidad siempre te sentirás completa­mente humillado, sin valor.

Este sentimiento de carencia de valor puede re­solverse de dos formas: una es a través de la religión y la otra es por medio de la política.

La política no lo elimina, solamente lo cubre. Es el mismo hombre enfermo el que se siente inferior, es el mismo hombre el que ocupa el cargo de presidente. Pero el solo hecho de sentarte en una silla presidencial, ¿qué diferencia puede producir en tu situación interior? El ego es muy sutil y escurridizo y el político está enfermo debido a su ego. Puede encubrir la herida convir­tiéndose en presidente, primer ministro... Puede tapar su herida, pero la herida está ahí. Puedes engañar a todo el mundo, pero ¿cómo puedes engañarte a ti mismo? Tú sabes que está ahí, eres tú quien la ha escondido.

Y ésta es la situación de los políticos: sólo pus, heridas, inferioridad, sentimientos de inutilidad.

Sí, él ha ido subiendo cada vez más y más y en cada peldaño subsistía la esperanza de que en el próximo, la herida desapare­cería.

Es la inferioridad lo que crea la ambición, porque tu ambición es simplemente un esfuerzo por demostrar tu superioridad. La ambición no es más que el intento de demostrar tu superioridad. Pero, ¿para qué esforzarte en demostrar tu superioridad a menos que estés sufriendo un complejo de inferioridad?

En mi familia todos eran políticos, excepto mi padre. Todos me decían: "¿Por qué no te inscribes en el partido? ¿Por qué no votas? ¿Por qué desperdicias así tu energía? Si te dedicaras a la política, podrías llegar a ser presidente o primer ministro".

Yo les contestaba: "Os habéis olvidado completamente de con quién estáis hablando. No me siento inferior. Entonces, ¿por qué tendría que desperdiciar mi vida siendo presidente? Es como si vosotros quisierais operarme de cáncer sin tener yo cáncer; es extraño. ¿Por qué operarme innecesariamente? Vosotros sufrís de algún complejo de inferioridad y estáis pro­yectando vuestro complejo sobre mí. Estoy perfectamente bien como soy. Estoy absolutamente agradecido a la Existencia, me encuentre donde me encuentre, ¡pase lo que pase! Nunca he pedi­do otra cosa, así que no hay forma de desilusionarme".

Ellos decían: "Hablas de cosas extrañas. ¿Qué es este "com­plejo de inferioridad?” Y ¿qué tiene que ver este complejo con la política?".

"No entendéis de psicología elemental ni tampoco vuestros grandes políticos saben nada de ella", les decía yo. "Todos estos grandes políticos del mundo son gente enferma y optan por con­tinuar tapando sus heridas. Sí, pueden engañar a otros. Cuando Jimmy Carter sonríe, te engaña, pero ¿cómo puede Jimmy Carter engañarse a sí mismo? Él sabe que sólo es un movimiento de los labios. No hay nada dentro, no hay sonrisa.

La gente llega al más alto peldaño de la escala y allí se da cuenta de que ha desperdiciado toda su vida. Ha llegado, pero ¿a dónde? Ha llegado al lugar por el que estaba luchando y no ha sido una batalla fácil, luchó con uñas y dientes, destrozando por el camino a otros, usándoles como medio y pisándoles la cabeza.

Has llegado al final de la escalera, y ¿qué has ganado? Sim­plemente has desperdiciado toda tu vida. Pero incluso para acep­tar esto se necesita un gran valor. Es mejor continuar sonriendo y manteniendo la ilusión; así por lo menos otros pensarán que eres un gran hombre.

Tú sabes muy bien quién eres. Eres exactamente el mismo de antes, quizás peor, porque toda esta lucha, toda esta violencia, te ha hecho peor.

Has perdido toda tu humanidad. Ya no eres un ser.

Te has alejado tanto... Gurdjieff solía decir que no todas las personas tienen un alma, por la sencilla razón, de que... no es literalmente verdad, pero él solía decir: "No todas las personas tienen alma, sólo algunas personas que descubren su ser la tie­nen. Los demás están simplemente viviendo una ilusión porque las escrituras dicen y todas las religiones predican que se nace con un alma".

  Gurdjieff fue muy drástico. Dijo: ''Todo esto es una estupi­dez; tú no has nacido con alma, tienes que merecerla, ganarla".

  Y yo entiendo lo que él quería decir; aunque yo no diría que naciste sin alma.

  Naciste con un alma, pero esta alma es sólo potencial, y lo que Gurdjieff dijo es exactamente lo mismo.

Tienes que actualizar ese potencial. Tienes que ganar el alma.

Tienes que merecerla.

El político se da cuenta de esto cuando toda su vida se ha ido por el desagüe. Ahora, o bien lo confiesa... lo cual le resulta ab­solutamente estúpido porque estaría confesando que toda su vida ha sido la vida de un idiota.

Las heridas no se curan cubriéndolas.

La religión cura.

Las palabras meditación y medicina tienen la misma raíz. La medicina es para el cuerpo; la meditación es para el alma.

Es medicinal, es una cura.

Tú me preguntas, "¿Puede un político ser religioso?" Permaneciendo en la política es imposible. Si la deja, ya no es un polí­tico y puede entonces convertirse en un hombre religioso.

No estoy haciendo divisiones, no estoy impidiendo a los po­líticos ser religiosos. Lo que estoy diciendo es que mientras sean políticos no pueden ser religiosos, porque son dimensio­nes distintas.

O curas tu herida, o la ocultas; no es posible hacer ambas cosas. Y para curarla tienes que destaparla, no cubrirla. Descú­brela, conócela, entra profundamente en ella, súfrela.

Lo que necesitas es explorar todo tu ser sin prejuicios, sin condenas, porque encontrarás muchas cosas que te han dicho que son malas, pecaminosas. Así que no te acobardes, déjalas ahí. Sencillamente, no es necesario condenarlas.

Has empezado a explorar. Sólo fíjate en lo que hay ahí. Fíjate y sigue adelante. No lo condenes, no le pongas una etiqueta. No prejuzgues, ni a favor, ni en contra, porque eso es lo que te impi­de explorar. Tu mundo interno se cierra inmediatamente, te pones tenso: "En mí hay algo que va mal". Vas hacia dentro y ves algo; te da miedo porque es algo malo: codicia, lujuria, rabia, celos... ¡Dios mío! ¡Todas esas cosas en mí! Es mejor no entrar.

Por eso millones de personas no entran en su interior. Simple­mente se sientan en el umbral, fuera de su casa. Viven toda su vida en el portal. ¡Eso es vivir en el porche! Nunca abren la puer­ta de su casa... y la casa tiene muchas habitaciones, es un pala­cio. Si entras, te encontrarás con muchas cosas que los demás te han dicho que están mal. Tú no lo sabes, sencillamente di: "Soy un ignorante. No sé quién es el que está aquí dentro. Sólo he venido a explorar, a hacer un reconocimiento". Y uno que ins­pecciona no necesita tomarse la molestia de juzgar si algo está bien o mal, simplemente sigue mirando, vigilando, observando.

Y te sorprenderá la más extraña experiencia. Detrás de lo que hasta ahora habías llamado amor, se encuentra escondido el odio. Sólo toma nota...

Lo que hasta ahora has venido llamando humildad, tiene al ego escondido detrás. Toma nota...

Si alguien me pregunta: "¿Eres un hombre humilde?", no puedo decir: "Lo soy", porque sé que la humildad es sólo el ego cabeza abajo. No soy un egoísta, ¿cómo puedo entonces ser humilde?

¿Me comprendes? Es imposible ser humilde sin tener un ego. Y una vez que comprendes -como te decía que ambos van juntos-, lo extraordinario sucede.

En el momento en que ves que tu amor y tu odio, tu humildad y tu ego, son uno, se evaporan.

No debes hacer absolutamente nada. Has descubierto su se­creto. Ese secreto les ayudaba a permanecer dentro de ti. Conoces su secreto; ahora ya no hay para ellos un lugar donde escon­derse. Entra en ti, una y otra vez, y cada vez encontrarás ahí menos cosas. La multitud que hay en ti se estará marchando, las masas empiezan a dispersarse y no está lejano el día en que te dejarán solo y ya no habrá nadie; el vacío está en tus manos. Y de repen­te, estás curado.

No hagas ninguna comparación, porque tú eres tú, y el otro es el otro. ¿Por qué debería compararme con Yehudi Menuhin o con Pablo Picasso? No veo la necesidad... ellos hacen sus cosas, yo hago las mías; ellos gozan haciendo lo suyo... quizás sea porque con respecto a otro, no puedo asegurar nada. Pero estoy seguro de mí mismo, estoy seguro de que disfruto de cualquier cosa que hago o dejo de hacer.

Sólo puedo estar seguro respecto a mí.

Y si sigues explorando tu mundo interior sin condenas, sin apegos, sin pensar en absoluto, sólo observando los hechos, todo empieza a desvanecerse. Y llega un día en que te quedas solo; la multitud se ha ido. Y en ese momento, por primera vez, sientes, comprendes, lo que supone curarte psíquicamente.

  Y desde la sanación psíquica se abre la puerta para la curación espiritual.

  No necesitas abrirla tú; se abre por sí misma. Con sólo llegar al centro psíquico, la puerta se abre. Ha estado esperándote, tal vez durante muchas vidas. Cuando llegas, la puerta inmediata­mente se abre y desde esa puerta no sólo te ves a ti mismo, sino que contemplas toda la Existencia, todas las estrellas, el cosmos entero.

Por lo tanto puedo afirmar rotundamente que ningún político puede llegar a ser religioso a menos que deje la política. Entonces deja de ser un político y lo que estoy diciendo ya no se refiere a él.

 

 

También has preguntado,

"¿Puede un hombre religioso con­vertirse en un político?".

 

Esto es aún más imposible que lo ante­rior, porque para él no hay motivo alguno para llegar a serlo. Si la inferioridad es la causa que te lleva a la ambición, ¿cómo puede entonces un hombre religioso convertirse en un político? No hay nada que le mueva a ello. Pero ha sucedido de vez en cuando en el pasado y puede volver a suceder en el futuro, así que deja que te cuente...

En el pasado fue posible porque el mundo estaba dominado por la monarquía. De vez en cuando, el hijo del rey podía resultar un poeta. Es muy difícil que un poeta llegue a ser el presidente de América, ¿quién le escucharía? La gente pensaría que está loco y les parecería un hippie. ¿No puede arreglarse a sí mismo y está tratando de arreglar al mundo?

Pero en el pasado esto fue posible debido a la monarquía. El último emperador de la India, del cual los británicos tomaron el poder, fue un poeta -por esto los británicos lograron ocupar la India- Bahadurshah Zafar, uno de los mejores poetas urdus. Ahora no es posible que un poeta llegue a ser emperador; fue sólo un accidente que naciera como hijo de un emperador.

De la misma forma, en los antiguos días de la monarquía del hemisferio occidental fue posible que apareciese un hombre como el emperador romano Marco Aurelio. Era un hombre religioso, pero esto fue sólo accidental. Marco Aurelio no podría ser hoy día presidente o un primer ministro, porque no iría por ahí pi­diendo votos, no mendigaría, ¿para qué?

En la India ha sucedido unas cuantas veces. Ashoka, uno de los grandes emperadores de la India fue un gran científico.

De modo que en el pasado fue posible gracias a la monarquía. Pero con la monarquía, también algunos idiotas llegaron a reyes, algunos locos llegaron a reyes; todo es posible. No estoy a favor de la monarquía; simplemente digo que con la monarquía fue posible que un hombre religioso, accidentalmente, se convirtiera en emperador.

La democracia no va a durar mucho tiempo porque el político es un ignorante comparado con un científico; está ya en manos del científico.

El futuro pertenece a los científicos, no a los políticos. Esto significa que vamos a tener que cambiar la palabra "de­mocracia". Yo tengo una palabra mejor: "meritócracia".

El mérito será el factor decisivo. Gobernar no dependerá de los votos que consigas lanzando toda clase de promesas y espe­ranzas, sino de tu mérito; tu verdadero valor en el mundo cientí­fico, decidirá. Y cuando el gobierno llegue a manos de los científicos, todo será posible porque yo he llamado a la ciencia, la "religión objetiva"; y a la religión, la "ciencia subjetiva".

Una vez en manos de la ciencia, el mapa del mundo será dife­rente porque entonces ¿por qué razón tendrían que pelear un cien­tífico soviético y un científico americano? Ambos trabajarán en los mismos proyectos; será mucho más rápido si lo hacen juntos. Es pura estupidez que en todo el mundo, en cada nación, se estén repitiendo los mismos experimentos. ¡Es increíble! Toda esa gente unida podría hacer milagros; dividida, lo encarece todo.

Por ejemplo, si Albert Einstein no hubiese escapado de Ale­mania, ¿quién hubiera ganado la Segunda Guerra Mundial? ¿Pien­sas que la hubiesen ganado América, Gran Bretaña y Rusia? No. La huida de un solo hombre -Albert Einstein- al escapar de Ale­mania, forjó la historia. Nombres sin importancia como Roosevelt, Churchill, Stalin, Hitler, no significan nada. Este hombre lo hizo todo, porque creó la bomba atómica. Escribió una carta a Roosevelt diciendo: "Tengo preparada la bomba atómica. A me­nos que la utilice no habrá forma de ganar la guerra".

Se arrepintió de esto toda su vida, pero esa es otra historia... Pudo haber dirigido esa carta a otro en vez de a Roosevelt, a Adolfo Hitler, y toda la historia hubiese sido diferente, totalmente diferente.

El futuro está en manos de los científicos. No está muy lejos. Ahora existen armas nucleares y los políticos no pueden estar controlándolo todo, no saben nada de ellas, ni siquiera el ABC.

Tarde o temprano el mundo estará en manos de gente con los méritos suficientes. Primero pasará a manos de los científicos. Lo puedes considerar casi como una predicción: el mundo pasará a depender de los científicos. Y desde ahí, se abrirá una nueva dimensión. Tarde o temprano el científico invitará al sabio, al santo, a que le ayude porque él solo no podrá arreglárselas.

El científico no es capaz de dirigirse a sí mismo. Puede mane­jarlo todo, menos a sí mismo. Alberto Einstein puede conocer todo lo referente a las estrellas del universo, pero no sabe nada acerca de su propio centro.

Éste será el futuro: de los políticos a los científicos, de los cientí­ficos al hombre religioso. Pero esa será una clase de mundo total­mente diferente. El hombre religioso no pedirá nada. Tú tendrás que pedírselo a él. Tú tendrás que solicitarlo. Y si ellos sienten que eres sincero y que existe una necesidad, es posible que ac­túen en el mundo. Pero recuerda que no será en absoluto política.

Así que deja que lo repita: el político puede llegar a ser reli­gioso si abandona la política; si no, es imposible que lo sea.

El hombre religioso puede llegar a formar parte del mundo político solamente si la política cambia toda su estructura. De otro modo es imposible para un religioso involucrarse en políti­ca. No puede ser un político.

Pero según están evolucionando las cosas, es absolutamente seguro que el mundo tendrá que ser dirigido por científicos y que después de éstos tendrá que pasar a manos de los místicos. Sólo en manos de los místicos estarás a salvo. El mundo puede ser realmente un paraíso.

En realidad no hay otro paraíso, a menos que hagamos uno aquí.

 

 

Capítulo 9

El Sacerdote

 

 

­Un antiguo cuento.

Un diablillo va corriendo a ver a su jefe. Temblando le dice al viejo demonio, "Hay que hacer algo inmediatamente, porque en la Tierra un hombre ha encontrado la Verdad. Y si la gente cono­ce la Verdad, ¿qué pasará con nuestra profesión?".

  El viejo diablo "se rió y dijo, "Siéntate y descansa, no te preocupes. Todo se arreglará, ya tenemos gente allí".

Pero él dijo: "Vengo de allí y no he visto ni a uno solo de los nuestros”.

El viejo le contestó: "Los curas son mi gente. Ya han rodeado al hombre que encontró la Verdad. Ahora serán los mediadores entre el hombre de la Verdad y las masas. Harán templos, escribi­rán escrituras, interpretarán, y lo distorsionarán todo. Pedirán a la gente que adoren y recen. Y en todo este lío, la verdad se perderá. Éste es mi viejo método; siempre ha dado resultado".

 

Los sacerdotes no son amigos de la religión que representan; son sus grandes enemigos, porque la religión no necesita mediadores. Entre tú y la Existencia la relación es inmediata. Todo lo que tienes que aprender es cómo entender el lenguaje de la Exis­tencia.

La Existencia sólo conoce un lenguaje: el del silencio.

Si tú puedes estar también en silencio, podrás entender la verdad, el significado de la vida, el significado de todo lo que existe. Y no hay nadie que pueda interpretarlo por ti. Cada uno tiene que encontrarlo por sí mismo. Nadie puede hacerlo por ti; pero eso es lo que los curas han estado haciendo durante siglos. Ellos se han inter­puesto entre tú y la Existencia como una Muralla China.

Si la gente comienza a acercarse a la realidad sin que nadie la guíe, sin que nadie le diga lo que es bueno y lo que es malo, sin que nadie le dé un mapa que tenga que seguir, millones de perso­nas serían capaces de comprender la Existencia, porque el latido de nuestro corazón es también el latido del universo. Nuestra ­vida es una parte de la totalidad de la vida.

No somos foráneos, no venimos de alguna otra parte; estamos creciendo con la Existencia. Somos una parte esencial de Ella; sólo tenemos que estar lo bastante silenciosos como para poder escuchar aquello que no puede ser expresado en palabras: la música de la Existencia. Una vez que comienza a penetrar en nues­tro corazón, llega la transformación y ese es el único camino para que alguien se torne religioso; no por ir a la iglesia, ni por leer las escrituras, que son hechas por el hombre. Pero los sacerdotes han hecho creer -falsamente- que sus sagradas escrituras fue­ron escritas por Dios. La sola idea es simplemente estúpida. Mira esas escrituras, no encontrarás ninguna firma de Dios en ellas.

Cada escritura lleva intrínsecamente la evidencia de haber sido es­crita por el hombre; y por un hombre muy estúpido, muy primitivo.

Las escrituras son hechas por el hombre, las estatuas de Dios son hechas por el hombre, los templos y las iglesias también; pero miles de años de condicionamientos les han conferido una cierta inviolabilidad. Y no hay nada sagrado ni santo en ellas. Los sacerdotes, más que nadie, han estado engañando al hombre. Ésta es la peor profesión del mundo, incluso peor que la prostitu­ción. Por lo menos las prostitutas te dan algo a cambio; los sacer­dotes simplemente te dan bla, bla, bla. No tienen nada para darte. Y esto no es todo. Siempre que alguien  ha alcanzado la verdad, los sacerdotes están en su contra. Obviamente tienen que estarlo, porque si la verdad es reconocida por la gente, millones de curas en el mundo se quedarían sin empleo. Y su empleo es absolu