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02-Nudos de energía

El camino de la sanación es una vía real auténtica y necesaria para tu evolución personal y por tanto planetaria. Casi cualquier tipo de terapia es un buen camino por dónde empezar y en especial las terapias energéticas. La energía se va moviendo de un sitio para otro y casi que de lo primero que tenemos que hacer es procesar nuestros miedos. Lo primero que debemos hacer en una terapia craneosacral es realizar un estudio diagnóstico sobre la persona a tratar. Este estudio lo podemos hacer todo lo amplio que queramos. Yo personalmente puedo hacer un estudio radiestésico todo lo amplio y complejo que queramos hacer el paciente y yo. Se pueden sacar muchos datos relacionados sobre la salud integral de la persona, sin importar el tiempo y el espacio. Dicho estudio se puede ampliar tanto filogenéticamente como ontogenéticamente, ósea, la evolución desde el nacimiento de la persona a la evolución de la especia humana. Todo puede ser importante, pero me centrare en algunos datos más relevantes y que más puedan ayudar en la sanación y recuperación global de la persona. En esencia la terapia craneosacral es una ciencia y un arte. Es el arte de la escucha atenta, profunda, intuitiva e inteligente. Una ciencia, como decía Sutherland “si conoces el mecanismo, la técnica es fácil”.

Es el gozo en la palpación de las pulsaciones básicas de la vida, donde el terapeuta sintoniza y escucha los patrones de esta pulsación, los movimientos, ritmos, frecuencias y vibraciones intrínsecas del cuerpo. El terapeuta es capaz de apreciar sus patrones de resistencia, compresión o congestión. Escuchar la expresión natural de la salud, la vida y su inteligencia.

A través de la escucha atenta se escucha a ambos: la expresión de la salud inherente del cuerpo y la liberación de las resistencias en sus tejidos, huesos, fascias y fluidos.

El terapeuta sintonizando con la expresión de la salud facilitará la reserva vital del sistema y sus recursos energéticos

Los patrones de resistencia, la congestión, los desequilibrios en los movimientos y en las funciones del cuerpo pueden ser percibidos y tratados mediante la palpación. Los tratamientos se realizan mediante un toque con escucha suave y profunda, siendo tiempo diagnóstico y terapéutica.

Los terapeutas aprendemos a apreciar las diferentes manifestaciones de la respiración primaria y sintonizar con las relaciones de este sistema con el cuerpo. Se aprende a apreciar profundamente la naturaleza de la forma y su función en correspondencia con la información dinámica del movimiento sutil.

El terapeuta se capacita para poder observar, conocer y comprender las resistencias y restricciones dentro del Impulso Rítmico Craneal (IRC)

Aprendemos a comprender la naturaleza del proceso de sanación (autocuración) y el papel del Aliento de Vida a través del (IRC) en estos procesos sanadores.

El terapeuta aprende a sintonizarse con el Aliento de Vida, su expresión a través de la fluctuación del líquido cerebroespinal y las manifestaciones de su “potencia sanadora inherente”.

Se aprende a sentir al cuerpo humano como una unidad, cuyo movimiento de vida inherente es una expresión del Aliento de Vida mismo.

Hace más de un siglo, nace la Osteopatía en EEUU de la mano de A.Taylor Still. Esta medicina se edifica al margen de la medicina tradicional de entonces, basándose en el conocimiento profundo de la anatomía y el funcionamiento corporal, y cuya terapéutica. se apoya única y exclusivamente en un tratamiento manual, sin mediar ni aparatos, medicinas u otros medios que no sean las manos del terapeuta y el cuerpo del paciente.

Uno de sus discípulos observo la peculiaridad de la caja craneal, y se planteó desde un principio de que, si existían unas suturas craneales que separaban los diferentes huesos del cráneo y no se producía una calcificación de dichas suturas hasta avanzada edad, quizás sería porque algún tipo de funcionalidad debían tener en mantener separados los huesos craneales, y se planteó de que quizás fuera algún movimiento entre ellos. Así estudio la caja craneal durante más de tres décadas hasta publicar su primer trabajo, en el que estableció los ejes de movimiento entre los huesos craneales y las correspondencias que existían con el resto del cuerpo.

Desde entonces, en que acuño el termino Aliento de Vida para la expresión máxima de la esencia de SER en forma de mareas, otros discípulos y profesionales han trabajado en la materia, Rollin Becker, James Jealous, Viola Frymann, H. Magoun, etc. De la Osteopatía craneal como se le denomina a esta vía de trabajo, se trascendió este mismo trabajo a otros profesionales terapéuticos no Osteopatía, y estos a su vez crearon sus propias esculelas o difundieron los conceptos y bases del modelo craneal, de los cuales también han salido grandes profundizadores del trabajo, Mike Boxhall, Franklin Sills, Michael Kern, etc.

De la evolución de ese trabajo, es lo que hoy podemos denominar Terapia y/ Osteopatía Craneosacral. De modelo terapéutico, sin embargo, existen dos niveles de trabajo. Por un lado, el trabajo más biomecánico, que corresponde como su propio nombre indica, al tratamiento mediante técnicas o métodos mecánicas en la "corrección" de las disfunciones corporales. Ello se gestiona desde una perspectiva diagnostica, y un tratamiento específico. Por otro lado, existe el nivel biodinámica. En este nivel, no existen patrones ni protocolos de tratamiento. Desde la biodinámica, se trata de ir por debajo de la disfunción, con el fin de que emerja la salud por sus propios medios, no por interferencia terapéutica. De este modo nos aseguramos, de no desplazar las disfunciones ni de enmascararlas. Trabajar desde la biodinámica solo requiere un respeto y la escucha profunda del proceso del paciente. En la biodinámica, se trabaja la PRESENCIA como proceso de toma de CONCIENCIA PLENA del SER.

En ese estado, solo existe QUIETUD. Desde la Quietud emerge una nueva disposición y orden que regula nuestro estado de SER. Y esto es trabajo Biodinámica.

Cuando nos vemos afectados por una "enfermedad", es porque nuestro equilibrio corporal se ha perdido y no ese agente de "enfermedad" el que nos produce el desequilibrio. Desde esta perspectiva, la Biodinámica Craneosacral no trata enfermedades o dolencias, sino al PACIENTE.

Esta caída drástica del voltaje se producía sólo cuando el proceso de trata­miento tenía éxito. Si no se obtenía un alivio duradero del dolor, el voltaje del paciente volvía normalmente a su elevado valor anterior. Hasta que no se encontraba la postura exacta del cuerpo, el voltaje no caía. Otro aspecto muy útil que descubrimos durante esa época fue que cuando el paciente estaba en la postura terapéutica correcta para aliviar el dolor, no sólo caía el voltaje total del cuerpo del paciente, sino que la actividad rítmica de su sistema sacrocraneal también se paraba de pronto completamente. Yo no tenía al pa­ciente en la posición correcta, el ritmo del sistema sacrocraneal no se paraba. Cuando se paraba, no volvía a funcionar hasta que se había liberado el calor y el pulso terapéutico había descendido por debajo de la percepción. Esta es otra razón por la que pienso que el sistema sacrocraneal es el "núcleo" del ser total. Así me parece cuando estoy haciendo lo correcto con el paciente. ¿Cómo hacemos para encontrar la postura correcta para aliviar el dolor corpo­ral? Yo sinceramente no lo sé. Puedo describir lo que creo que hacemos, pero todavía estamos abiertos a otras ideas. Según lo veo, estos tejidos corporales retie­nen un recuerdo de la posición en la que estaba el cuerpo cuando éste fue dañado. 

 

Cuando yo coloco mis manos sobre el cuerpo del paciente intento asegurar calla­damente a estos tejidos que vamos a hacer lo que ellos desean que hagamos. También trato de pensar en poner energía en el cuerpo del paciente. Yo sé que esto está pasando porque hemos medido las elevaciones de voltaje y las reducciones de resistencia en parámetros eléctricos durante estas sesiones de tratamiento. Después, intento ser muy sensible y oponerme a las fuerzas gravitacionales sobre el cuerpo del paciente, de forma que puede obtenerse el equilibrio de tensiones entre los grupos de músculos antagonistas como si pensara que estamos en un ambien­te libre de gravedad. Una vez que esto ocurre, sigo el equilibrio hasta que el sistema sacrocraneal cesa su actividad abruptamente. Entonces sé que estamos en la postura correcta para que ocurra algo bueno. Inicialmente, yo realizaba todo intuitivamente. Queda para mis médicos amigos documentar científicamente lo que ha estado pasando.

Volviendo a la cuestión. Después de muchas tormentas de ideas, a veces ami­gables y tranquilas, y otras veces acaloradas y apasionadas, llegamos al acuerdo de una posible vía por la que tenía efecto este proceso de tratamiento. Diseñamos un modelo con el que podíamos trabajar. Este modelo explicaba la mayoría de los hechos que nosotros habíamos estado observando y experimentando.

El Nudo de Energía: Un Modelo

La idea es ésta. Cuando ocurre un accidente, la energía de esta lesión o acciden­te entra en el cuerpo. Las leyes de la termodinámica nos enseñan que esa energía no puede crearse ni destruirse. También nos enseñan que la tendencia natural de las partículas (átomos y moléculas) y de la energía es el desorden. Este desorden se llama "entropía". Cuando entra energía externa en tu cuerpo durante un accidente o un golpe. Esta energía está por encima de lo normal. El método usual de inyectar o introducir energía en tu cuerpo es por un golpe o una colisión con algo. Decidimos llamar a esta energía exterior "energía de lesión". Cuando esta "energía de lesión" se introduce en ti, penetra en tus tejidos a una profundidad que está determinada por la cantidad de fuerza procedente de la co­lisión y por la densidad de los tejidos. También se puede pensar en esta fuerza como en el momento del golpe. Esta fuerza o momento es amortiguada o contra­rrestada por la densidad o viscosidad de los tejidos que está intentando penetrar. Así un golpe sobre el pié o el tobillo (tal como el que vimos en nuestro paciente que tuvo el accidente aéreo) puede penetrar a través de la pierna hasta la pelvis. Cuando alcanza la profundidad de máxima penetración, se para y forma una "bola" localizada de energía extraña o externa que no pertenece a ese punto. Si tu cuerpo es vital y capaz, la energía del golpe puede ser disipada y puede ocurrir una cura­ción normal. Si tu cuerpo es incapaz de disipar esa energía, la energía se compacta en una bola que se reduce más y más para minimizar el área de interrupción de la función del tejido en tu cuerpo. Como la energía del golpe está cada vez más comprimida y localizada, la desorganización dentro de esta energía comprimida se incrementa. Esto se convierte en un Nudo de Energía en tu cuerpo. Este Nudo de Energía puede y de hecho provoca dolores y pérdida de vitalidad en el sitio en donde se ubica dentro de tus tejidos. He liberado Nudos de Energía de los pulmones, eliminando infecciones bronquiales recurrentes. En una ocasión liberé un Nudo de Energía del pecho de una persona y se observó una normalización del electrocardiograma y la finalización de un dolor de pecho (angina). Estos Nudos de Energía pueden provenir de varias direcciones y deberse a varias razones. Una vía frecuente de entrada a los pulmones es a través de la espalda. Los Nudos de Energía en la vejiga se producen por una caída de espaldas. El que he mencionado en el corazón provino de una caída desde un sitio elevado sobre la nalga derecha. ¿Cómo sabemos por dónde ha entrado el Nudo de Energía? Porque el cuerpo, cuando se trata siguiendo la forma que he descrito, adoptará la postura en la que estaba cuando se produjo el golpe. El calor saldrá por el sitio por el que entró. El punto de salida del calor muestra ese punto de entrada. ¿Qué es lo que produce que el cuerpo requiera la postura precisa para una liberación terapéutica del Nudo de Energía? El Dr. Karni y yo postulamos que la forma más fácil para que salga la "energía del golpe" es por el mismo camino por el que había entrado. El camino de U entrada debe ser recto para que se produzca la salida. Cuando el cuerpo cambia su postura después de la entrada, el camino de entrada se tuerce. Para que ef camino de entrada se convierta en camino de salida, debe ser enderezado de nuevo. La única forma de obtener un camino recto de nuevo es que el cuerpo asuma la misma postura en la que estaba cuando se produ­jo el golpe original. Los tejidos recuerdan esta posición. Esto ayudará a guiar al cuerpo del paciente a corregir su postura si tú, el terapeuta, eres muy perceptivo y sensible a las sutilezas del cuerpo del paciente.

También pienso que la energía que tú suministras al paciente a través de tu tacto bien intencionado (lo que se muestra con una elevación del voltaje en el paciente) ayuda a activar los mecanismos auto correctores del paciente. Es posible, después de haber ganado experiencia con estas técnicas, liberar Nudos de Energía sin utilizar la postura del cuerpo del paciente como factor facilitador, pero este enfoque requiere un trabajo mucho mayor por tu parte. Esto requiere la utilización de tu propia energía para someter la energía del cuerpo del paciente que está recubriendo el Nudo de Energía. Esto es un enfoque mucho menos natural. Requiere que juzgues si merece la pena someter al mecanismo de defensa del paciente. Debemos ser cuidadosos en este enfoque de sometimiento. Cuando el terapeuta somete las defensas del paciente, es mucho más fácil que ocurran fallos. Siempre es mejor trabajar a favor del cuerpo del paciente que en su contra. Vuelta a la Memoria de los tejidos y Más.

 

 

El cuerpo cuenta una historia

El cuerpo nunca miente, ya que su forma refleja quiénes somos por dentro. Si llevamos la cabeza baja, tenemos los hombros encogidos, el pecho cerrado y los pies pesados, todo ello puede mostrar sentimientos de debilidad y resignación. Por el contrario, si portamos la cabeza erguida, los hombros abiertos, respiramos con facilidad y caminamos con paso ligero, todo ello indicará confianza y vitalidad. El modo en que nos presentamos ante el mundo está condicionado por nuestras creencias, miedos y emociones, y los tejidos corporales mismos adoptan una forma determina-da para apoyar este estado mental. Tanto nuestros traumas físicos y psicológicos, y nuestras experiencias, como nuestros pensamientos y sentimientos más profundos y nuestro carácter se manifiestan en el modo en que nuestros cuerpos adoptan patrones estructurales. Tal y como Marilyn Ferguson señala, «a lo largo de los años nuestros cuerpos se convierten en autobiografías andantes que hablan, tanto a extraños como a amigos, de las cargas y tensiones de nuestras vidas». Las improntas de cualquier experiencia abrumadora permanecen contenidas en el cuerpo como inercia, que queda fijada por la imposibilidad de acceder a los recursos que nos liberarían de ellas, afectando la capacidad del cuerpo de expresar su salud intrínseca.

 

¿Cómo se introduce la infelicidad en la célula?

Cada vez es más ampliamente aceptado el hecho de que los pensamientos y sentimientos tienen una relación directa con el cuerpo. En el nuevo campo de la psico-neuro-inmunología se han descubierto una serie de mecanismos corporales a través de los cuales se establecen estas conexiones. Por ejemplo, ha sido descubierta una relación entre nuestros estados psicológicos y el modo en que se activa nuestra respuesta inmunológica. Actualmente se sabe que existen una serie de mecanismos de feedback que traducen experiencias psicológicas en funcionamientos físicos. Una investigación realizada por el Dr. Pritbin en la Universidad de Stanford demuestra cómo patrones habituales de pensamiento pueden crear surcos neurales en el córtex del cerebro. Los patrones mentales se convierten literalmente en surcos anatómicos en el cerebro, que influencian el modo en que el sistema nervioso central expresa su motilidad y, de esta manera, afectan al movimiento de los tejidos y fluidos relacionados con él. En mi experiencia, una mente abierta se refleja en una cabeza «abierta»; es decir, una cabeza relativamente libre de resistencias a la expresión del movimiento respiratorio primario. A menudo he percibido como una estrechez y cerrazón dentro del cráneo y de las expresiones faciales formaban parte de una actitud estrecha de un individuo de mente cerrada. Según un viejo proverbio africano, «Todo lo que hay en el corazón, se refleja en la cara».

 

El reflejo en las mareas

En un nivel profundo de funcionamiento, las expresiones rítmicas del Aliento de Vida son un barómetro claro y preciso de nuestros procesos mentales y emocionales. De este modo, percibiremos que la cualidad de las fases del movimiento respiratorio primario es clara, vital y suave cuando están presentes la alegría, serenidad y felicidad. Por el contrario, cuando hay tristeza, miedo o desaliento, la respiración primaria muestra restricciones, debilidad o estancamiento. Una falta de confianza se puede manifestar como vacilación, y la ansiedad como temblor. Algunos terapeutas establecen incluso una correspondencia entre los estados mentales y emocionales y el modo en que el movimiento craneosacral expresa sus ciclos rítmicos de flexión y extensión. La flexión craneosacral (con la expansión de lado a lado) se puede aso-ciar con la acción y la extroversión, mientras que la fase de extensión corresponde a la pasividad e introversión. Dependiendo de cómo han sido crea-do los patrones inerciales en los tejidos del cuerpo, la persona podrá tener una estructura predominantemente en flexión o en extensión. A su vez, esta predominancia del movimiento craneosacral hacia la flexión o la extensión puede estar asociada con estados mentales. De todos modos, estas cualidades de movimiento son generalizaciones que no siempre se aplican a cada caso particular.

 

Feedback circular

La fragmentación del movimiento respiratorio primario se correlaciona con una fragmentación del funcionamiento de la totalidad de la persona. Los patrones fisiológicos y las experiencias emocionales se perpetúan mutuamente. La influencia de la mente en la materia y de la materia en la mente parece ser un sistema de feedback circular, en el cual cada uno afecta al otro. A medida que encarnamos las experiencias psicológicas, los patrones corporales fijados influencian nuestra experiencia. Lo que denominamos conciencia y nuestra expresión física son un continuo. Cuando nuestro continuo mente-cuerpo-emoción se alinea armoniosamente, el Aliento de Vida se manifiesta con integridad y equilibrio.

 

Experiencia emocional

Las lesiones físicas pueden estar asociadas con emociones particulares. Si los tejidos se contraen para protegernos de la tensión o el trauma, los sentimientos que tenemos en ese momento pueden permanecer como elemento presente en la con-tracción. Las emociones fuertes y poderosas como el terror o la desesperanza contribuyen en el desarrollo de la inercia. La impronta de una emoción a menudo juega un papel significativo en el mantenimiento de un patrón inercial. De este modo, un fulcro puede incluir tejidos, fluidos y potencias que se han vuelto inerciales y contener, al mismo tiempo, emociones, sentimientos, creencias y puntos de vista que han quedado igualmente atrapados.

 

Experiencias congeladas

Aunque es natural e inevitable experimentar sufrimiento en nuestras vidas, este puede quedar atrapado en el cuerpo y continuar mostrándose en ciclos repetitivos como experiencias congeladas, si no somos capaces de liberarnos de ellas. De este modo, cargamos con nuestras experiencias físicas y emocionales como si fuera un equipaje extra que formara parte intrínseca de nuestras vidas. Esto, a menudo, ocurre a nivel inconsciente. Cualquier tensión nueva que tengamos que enfrentar se verá coloreada por nuestro condicionamiento previo. Como es bien sabido, vemos el mundo según el color de las gafas con las que lo estamos mirando. Por ello nuestras respuestas ante situaciones nuevas parecerán un disco ralla-do, que sigue reacciones preestablecidas que nos mantienen atrapados en el pasado en lugar de permanecer abiertos y movernos en el presente. Como consecuencia de ello, la expresión de nuestra matriz original de salud se verá fragmentada.

 

Reacciones desmedidas

En ocasiones, nuestros traumas previos se ven reestimulados con un mínimo de provocación. Si existe demasiada energía o potencia acumuladas detrás de un patrón inercial, nuestras reacciones serán muy poderosas. Si además existen emociones intensas asociadas a este patrón, nuestra res-puesta podrá ser como la de una bomba de relojería preparada para estallar en cualquier momento. De este modo, al reestimular viejos traumas, nuestras reacciones emocionales pueden ser desmedidas y desproporcionadas. Los casos de extrema sensibilidad y frecuentes estallidos emocionales son buenos ejemplos de ello.

 

El papel del tejido conjuntivo

Aunque la inercia psicológica se puede manifestar en cualquier parte del cuerpo, parece que el tejido conjuntivo juega un papel especialmente importante en el almacenamiento de estas experiencias como memorias tisurales. La interconexión de fascias a lo largo del cuerpo ofrece a menudo un medio muy apropiado para el almacena-miento de las energías emocionales atrapadas. Por ejemplo, la rabia contenida puede manifestarse en un diafragma restringido como tensión en el plexo solar, que a su vez puede conducir a problemas digestivos y dolor de espalda. La interconexión de las fascias mantiene esta situación. Cuando se accede a estados de equilibrio en los tejidos fascia-les, las fuerzas inerciales que mantienen este tipo de contracciones pueden resolverse. Habitualmente, en este momento, las emociones asociadas surgen a la superficie.

 

Las memorias de los tejidos

Para resumir, podemos decir que nuestras emociones, actitudes y patrones de estructura y función se reflejan, estimulan y mantienen entre sí. Las experiencias emocionales y las creencias psicológicas dan forma a los tejidos del cuerpo y estos, a su vez, nos predisponen a expresar ciertas emocionales y actitudes. El cuerpo y la mente se sostienen mutuamente. Cuando los pensamientos y emociones fluyen libremente, nuestras experiencias pueden ir y venir sin apegos. Sin embargo, las experiencias psicológicas repetitivas o que nos sobrepasan pueden volverse inerciales y, de este modo, almacenarse en el cuerpo en forma de memoria en los tejidos. Según Ken Dychtwald, el cuerpo se convierte en «un almacén de emociones y creencias». Las fuerzas inerciales que quedan atrapadas pueden mantener las memorias en los tejidos mucho después de que el suceso estresante haya ocurrido. De este modo, las emociones siguen repitiéndose cíclica-mente sin llegar a resolverse. Consecuentemente, un fulcro inercial puede estar compuesto por una serie de capas distintas: Contener una contracción que afecta al movimiento de tejidos y fluidos, junto con emociones asociadas que han quedado envueltas en los tejidos y, a su vez, todo ello estar siendo mantenido por fuerzas subyacentes que se han vuelto inerciales. A menudo las emociones y actitudes son los elementos que juegan el papel más importante en el mantenimiento de la inercia de los tejidos. Esta inercia sólo se podrá disipar si encontramos los recursos, el espacio y las habilidades para liberar las experiencias atrapadas. El elemento fundamental del tratamiento craneosacral reside en crear las condiciones que permitan soltar estas experiencias. Para ello, es fundamental acumular y favorecer la expresión de nuestros recursos intrínsecos. Este proceso en ocasiones implica tomar conciencia de la emoción asociada con la inercia, pero no siempre es necesario. Muchas veces, las cosas se disuelven... si estamos preparados para ello. Por otro lado, la recapitulación de las emociones traumáticas, en lugar de ser un acto terapéutico, puede retraumatizarnos, si no tenemos los recursos para revivir estas experiencias manteniendo un claro sentido de nosotros mismos.

 

MICHAEL KERN es terapeuta Craneosacral, Osteópata y Naturópata con consulta en Londres. Es cofundador de la Craniosacral Therapy Educational Trust (Fundación Educativa para la Terapia Craneosacral) en Inglaterra, profesor del Colegio de Osteópatas, de la Asociación Craneal Internacional y de la Universidad de Westminster. También imparte cursos de Terapia Craneosacral en Estados Unidos, Suiza e Italia.

 

Las terapias es una herramienta tan valiosa que es una pena dejarla solo para los enfermos